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Compendio de historia de América

Diego Barros Arana · 1865 · Scanned text

384,725 words · about 26 h 56 min to read

Period artwork: Interior of the Bodleian Library, 1845
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About this book

Author
Diego Barros Arana
Language
Spanish
Published
1865
Length
384,725 words · about 26 h 56 min
Sections
94 reader sections
Text
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Rights
Public Domain Mark 1.0

 

Contents (94)
  1. Front matter about 3 min
  2. Capitulo I about 11 min
  3. Capitulo II about 38 min
  4. Capitulo III. 29 about 29 min
  5. Capitulo IV about 30 min
  6. Capitulo I about 12 min
  7. Capitulo II about 35 min
  8. Capitulo III about 39 min
  9. Capitulo IV about 35 min
  10. Capitulo V about 33 min
  11. Capitulo VI about 31 min
  12. Capitulo VII about 32 min
  13. Capitulo VIII about 24 min
  14. Capitulo IX about 43 min
  15. Capitulo X about 43 min
  16. Capitulo XI about 19 min
  17. Capitulo XII. 259 about 17 min
  18. Capitulo XIII about 20 min
  19. Capitulo XIV about 42 min
  20. Capitulo XV about 41 min
  21. Capitulo XVI about 36 min
  22. Capitulo XVII about 17 min
  23. Capitulo XVIII about 31 min
  24. Capitulo XIX about 11 min
  25. Capitulo XX about 35 min
  26. Capitulo II. El Antiguo under 1 min
  27. Capitulo III. El under 1 min
  28. Capitulo IV. Los Otros Indios De under 1 min
  29. Capitulo I. Esploraciones De Los Normandos Al Norte De La under 1 min
  30. Capitulo II under 1 min
  31. Capitulo III. Descubrimiento Del Nuevo-mundo under 1 min
  32. Capitulo IV. Tercer Viaje De Colon under 1 min
  33. Capitulo V Descubrimientos De Los Portugueses under 1 min
  34. Capitulo VI. Conquista De Las Principales Islas about 1 min
  35. Capitulo VIII. La Esclavitud De Los Indios under 1 min
  36. Capitulo IX under 1 min
  37. Capitulo X. Conquista De under 1 min
  38. Capitulo XI. Conquista De La under 1 min
  39. Capitulo XII. Conquista De Nueva-granada under 1 min
  40. Capitulo XIII. Conquista De Venezuela under 1 min
  41. Capitulo XIV. Conquista Del under 1 min
  42. Capitulo XV under 1 min
  43. Capitulo XVI. Guerras Civiles under 1 min
  44. Capitulo XVII. Conquistas De Las Provincias Arjentinas under 1 min
  45. Capitulo XVIII. Conquista De Chile about 1 min
  46. Capitulo XIX. Conquista Del Brasil under 1 min
  47. Capitulo XX. Conquista about 1 min
  48. Capitulo I about 41 min
  49. Capitulo II about 28 min
  50. Capitulo III about 27 min
  51. Capitulo IV about 22 min
  52. Capitulo V about 18 min
  53. Capitulo I about 28 min
  54. Capitulo II about 29 min
  55. Capitulo III about 39 min
  56. Capitulo IV about 41 min
  57. Capitulo V about 40 min
  58. Capitulo VI. Capitulo VI about 1 h 5 min
  59. Capitulo VII about 45 min
  60. Capitulo VIII about 56 min
  61. Capitulo IX. 287 about 51 min
  62. Capitulo X about 1 h 14 min
  63. Capitulo XI about 56 min
  64. Capitulo XII about 31 min
  65. Capitulo XIII about 42 min
  66. Capitulo XIV about 37 min
  67. Capitulo XV about 19 min
  68. Capitulo XVI. Capitulo XVI about 16 min
  69. Capitulo XVII about 10 min
  70. Capitulo XVIII. 479 about 42 min
  71. Capitulo XIX , 503 about 42 min
  72. Capitulo I. Divisiones under 1 min
  73. Capítulo II under 1 min
  74. Capítulo III under 1 min
  75. Capítulo IV. Colonias Portuguesas under 1 min
  76. Capítulo V. Colonias Inglesas under 1 min
  77. Capítulo I under 1 min
  78. Capítulo II. Independencia De Los Estados-unidos under 1 min
  79. Capítulo III. Primeros under 1 min
  80. Capítulo IV under 1 min
  81. Capítulo V. Independencia De under 1 min
  82. Capítulo VI about 1 min
  83. Capítulo VIII about 1 min
  84. Capítulo IX under 1 min
  85. Capítulo X. La Independencia De Chile about 1 min
  86. Capítulo XI. La under 1 min
  87. Capítulo XII under 1 min
  88. Capítulo XIII under 1 min
  89. Capítulo XIV under 1 min
  90. Capítulo XV under 1 min
  91. Capítulo XVI under 1 min
  92. Capítulo XVII under 1 min
  93. Capítulo XVIII under 1 min
  94. Capítulo XIX under 1 min

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HISTORIA DE AMÉRICA. HISTORIi D! «MCA POR ::z:*: barros mu. Oka aprutad* por la Univmidad di Chile para la inseñaíza di esta ramo id lo* colejios. Partes I i II. AMÉRICA INDÍJENA. -DESCUBRIMIENTO I CONQUISTA. SANTIAGO, IMP. DEL FERROCARRIL, CALLE DE LA BANDERA. N." 39. — 1865 — De algunos años a «esta parte se ha desarrollado en el mundo literario un gusto particular por el estudio de la historia americana. Escri tores distinguidos, prolijos investigadores se han ocupado en estudiar concienzudamente di versos períodos de la historia del nuevo mundo i han dado a luz algunas obras llenas de cien cia, verdaderos monumentos del arte, que han llamado la atención de los hombres ilustrados de todo los paises. Hasta ahora, los historiadores han trazado solo cuadros preciosos, pero limitados a ciertos períodos i a determinados pueblos.

Como es fácil comprender, se han buscado con preferencia los sucesos mas interesantes o dramáticos para formar obras de lectura agradable a la vez que instructiva. A este jénero de trabajos per tenecen, entre otros, los de Prescott, Irving, Bancroft, Alaman, Restrepo, Baralt, Amunáte gui, Mitre, Varnhagen, etc. Hai otra especie de estudios de menos agra do talvez, pero no de menor importancia. For man ésta las disertaciones de erudición histórica, contraidas a discutir i esclarecer diversas cuestiones poco conocidas o mal estudiadas. El barón de Humboldt puede ser considerado INTRODUCCIÓN. el primero éntrelos trabajadores de este j enero. A su lado, aunque en un rango inferior, deben colocarse los coleccionistas i editores de documentos que, como Navarrete, Ternaux Compans, Kingsborough i otros, han contribui do a ilustrar la historia americana.

Pero las principales fuentes históricas son todavía los historiadores primitivos, testigos i actores muchas veces de los sucesos que na rran, o instruidos de ellos por la tradición re ciente, cuando el tiempo no lo habia adultera do. El lector encuentra en ellos ese colorido especial de la época, esa animación casi imita table i ese interés que forman el principal atractivo de la historia. Desgraciadamente, no existe todavía una historia jeneral i uniforme de todos los pueblos americanos. Falta uña obra que abreviar pai*a componer un compendio. La obra de Ro bertson, la mejor sin eluda en su jenero, está limitada solo al descubrimiento i conquista de algunos paises. Para escribir un testo destina do a la enseñanza de la historia americana, es necesario que el autor consulte i estudie gran variedad de obras, i que en muchas ocasio nes haga por sí mismo la investigación que cumple hacer a los trabajadores de primera mano.

Capitulo I

Primitivos habitantes de América. Oscuridad del oríjen de los primitivos habitantes de América Hipótesis mas probable. — Etnografía de los pueblos americanos.— Lenguas.— Naciones civilizadas de América. Oscuridad del oríjen de los primitivos habitan tes de América. — "El problema de la primera población de la América no es del resorte de la historia, así como las cuestiones sobre el oríjen de las plantas i de los anima les, i sobre la distribución de los jérmenes orgánicos no son del resorte de las ciencias naturales. La historia, remon tándose a las épocas mas remotas, nos muestra casi todas las partes del globo ocupadas por hombres que se creen aboríjenes porque ignoran su filiación. En medio de una multitud de pueblos que se han sucedido mezclándose unos con otros, es imposible reconocer con exactitud la primera base de la población, este oríjen primitivo mas allá del cual comienza el dominio de las tradiciones cosmogónicas ( 1 ).**■ Apesar de la profunda verdad que encierra esta opinión de un ilustre sabio, la historia se ha ocupado con frecuencia de averiguar como i cuando fué poblada la América.

Con sultáronse primeramente las tradiciones de los indíjenas: fueron estudiadas sus costumbres e instituciones, i comparán dolas con las de los pueblos del antiguo continente se creyó hallar la filiación de los primitivos americanos. Este medio (1) Humboldt, Vues des cordilléres et monuments des peuples indigé nes de TAmérique, tom. I, Introduction. de investigación mui poco seguro, en que se toman como coincidencias nacidas de un mismo oríjen las prácticas, preocupaciones! usos que son inherentes a cierto estado de civilización, llevó a los historiadores a fundar las teorías mas opuestas. Se ha escrito que los americanos^ decendian de los judios dispersados después de la destrucción de Jerusalén; que provenian de los fenicios i cartajineses arrojados a las costas de América por una tempestad, o que traian su oríjen de los tártaros i mogoles, fijando al efecto hasta la época en que debian aquellos haber hecho su emigración.

Otros supusieron que el continente americano habia estado unido antiguamente al Asia, i que violentas convulsiones volcánicas habian roto las tierras de comunicación, formando así los innumerables archipiélagos de la Oceania. Hipótesis mas probable. — Solo en los últimos años se ha aplicado al estudio de esta cuestión elementos mas seguros de investigación, la filolojia i la historia natural. Las escavaciones jeolójicas practicadas en el sur del Brasil i en los valles del Ohio, del Mississipi i de la Florida i los restos humanos hallados en estado fócil (2), dieron al hombre americano una antigüedad en que no se sospechaba. Por algún tiempo creyeron algunos sabios que el nuevo mundo habia sido la cuna del jénero humano; pero las investigaciones subsiguientes revelaron que en otras rejiones del globo existian restos humanos déla misma antigüedad.

Pa ra hallar una solución al problema del oríjen de los primitivos habitantes de América, se ha apelado al estudio de sus lenguas i de la fisiolojía. La investigación científica ha conducido a los sabios a asentar como verdad probada la unidad del jénero humano, i se ha señalado el Asia como su patria común, de donde han salido las tribus humanas para poblar las soledades mas remotas. Pero ¿cómo han podido efectuarse estas emigraciones? ¿Cómo el hombre, desprovisto de los elementos que le ha suministrado la civilización moderna, ha podido cruzar los mares? "Pickering, miembro de una comisión científica norte-americana, se pregunta dónde comienzan i dónde aca ban el Asia i la América; i en efecto, el navegante que costeando las islas Aleucianas pasa de Kamtchatka a la península de Aliaska, se encuentra mui embarazado para determinar el límite de ambos continentes.

La población (2) Lyell, L'aneienneté de l'homme prouvée par la géologie, traduit par Chaper, Paris 1864, chap. III, páj. 40. ed. s. PARTE i. — CAPITULO i. 3 de América por el noroeste fué, pues, mui fácil. Al noreste, por la Islanda i la Groenlandia, las' inmigraciones de Euro pa en América no eran mas difíciles. "Pero estos dos puntos no son los únicos por donde ha debido efectuarse la población del nuevo mundo. Se cono ce hoi mejor que antes la marcha i la complicación de los movimientos de la atmósfera i de los mares. Donde nuestros predecesores no vieron mas que la gran corriente ecua torial, que iba directamente del este al oeste, sabemos ahora que existen contra corrientes dirijidas en sentido contrario. Los marinos modernos han descubierto nuevos rios que corren en el seno de los mares, i en particular han encon trado uno que pasando por el sur del Japón se dirije a las costas de América.

La corriente de Tressan ha arrastrado hasta las costas de California algunos juncos, o naves chi nescas, abandonados, así como el gulf stream habia arrojado a la playa de las Azores los frutos, los maderos labrados, i las canoas destrozadas que llevaron al corazón de Colon la convicción de que era posible hallar tierras navegando ha cia el occidente de Europa. Esta corriente, si ha sido cono cida de una nación de navegantes, ha podido i debido con ducir sus naves de Asia a América, así como ha podido arrastrar a California las embarcaciones imperfectas de algunos pueblos menos hábiles para luchar contra el mar. En fin, la gran corriente ecuatorial del Atlántico ha podi do mui bien llevar a la América meridional i al golfo de Méjico cierto número de hombres arrancados a las costas de África ; pero en todo caso, estos hechos han debido ser mucho mas raros, porque la mayor parte de las poblaciones litorales del África parece haberse dedicado mui poco a la navegación" (3).

De estas observaciones se deduce clai*amente que la América ha debido ser poblada por inmigraciones sucesivas, conclusión que está hasta cierto punto conforme con las primitivas tradiciones de los pueblos mas adelantados del nuevo mundo. Sin embargo, en este oríjen probable de la población americana parece haber predominado el elemen to asiático. "Las naciones de América, dice Humboldt, a escepcion de las que pueblan las inmediaciones del círculo (3) A. De Quatrefages Unité de íéspece humaine, chap. XXII. pac 406. — Brasseur de Bourbourg, Popol Vuh, le livre sacre de Vanii quité americaine, introduction, *¡ III, consigna algunas noticias de viajes efectuados de esta manera. polar, forman una sola raza, caracterizada por la conformación del cráneo, por el color del cutis, i por los cabellos lisos i lacios.

La raza americana tiene relaciones mui sensibles con la délos pueblos mogoles; sin embargo, los pueblos indíjenas del nuevo continente ofrecen en sus facciones, en su color mas o menos subido, i en la altura desutalJa, diferencias tan marcadas como las que se notan entre muchas naciones déla misma raza en el antiguo mundo.*-* Etnografía de los pueblos americanos. — Los conquistadores europeos del nuevo mundo encontraron, sin embargo, una gran variedad entre sus habitantes. Vivian estos divididos en tribus mas o menos numerosas, casi siempre aisladas entre sí, hablando diversas lenguas i observando prácticas diferentes. La ciencia moderna ha querido clasificar en diversas ramas a los primitivos habitantes de América; y tomando por punto de partida las lenguas i las costumbres, ha encontrado una inmensa multitud de pueblos a los cuales, si bien ha atribuido un oríjen común, no ha podido aun clasificar definitivamente en diferentes familias.

"Desde el polo norte hasta la Tierra del Fuego, casi no hai un matiz del color humano que no se manifieste en América, desde el negro hasta el amarillo. Los indíjenas, segun su nacionalidad, aparecen de color moreno aceitunado, moreno subido, bronceado, amarillo pálido, amarillo cobrizo, rojos, blancos, morenos, etc. Su estatura no varía menos. Entre la talla no diremos jigantesca, pero elevada del patagón, i la pequeñez de los changos, se encuentra una multitud de estaturas intermediarias. Las proporciones del cuerpo presentan las mismas diferencias : algunos pueblos tienen el rostro largo, como las tribus de las pampas, otros corto i ancho como los habitantes de los Andes peruanos. Lo mismo se observa en la forma i el volumen de la cabeza. Sin embargo, se nota entre los diferentes pueblos americanos un aire de parentesco, i ciertos rasgos jenerales que los distinguen de las razas del antiguo mundo" (4).

Estas diferencias han "dado lugar a las variadas clasificaciones etnográficas de los primitivos habitantes de Amé rica. Hasta ahora, como hemos dicho, no se ha lleo*ado a hacer una distribución definitiva; pero los estudios especiales que se han hecho en las dos Américas, han probado la variedad de tribus i de familias que constituían su primi- (4) Maury, La terre et Vhomme, chap. 7. ° , páj. 368. PARTE I. —

CAPITULO I.

tiva población. Separando a los habitantes de las rejiones circumpolares, ros esquimales, como hombres de raza diferente, se ha dividido al resto de los indíjenas americanos en ocho grandes ramas que a su vez han sido subdivididas en infinitas familias. Son estas: 1.*** La roja, que abraza todas las tribus estendidas en otro tiempo sobre el territorio de los Estados-Unidos : 2. ■■ La californian a, que ocupaba las rejion accidental de la América del norte : 3. ***- La mejicana : 4. **■ La caribe, que se estendia en las Antillas i en las rejiones septentrionales de la América del sur : 5. **** La guaraní, pobladora de una gran parte del Brasil : 6. "*• La peruana de los Andes, que formaba el vasto imperio de los Incas : 7. * La pampa, que se dilataba en la re jion oriental de la parte meridional de la América del sur ; 8. **■ La araucana que poblaba los dos lados de la estremidad meridional de la cordillera de los Andes.

Esta clasifica ción, por jeneral que sea, dista mucho de ser definitiva (5). Lenguas. — Estas ramas se dividen i se subdividen has ta lo infinito cuando se estudian i clasifican las lenguas i dia lectos americanos. Los filólogos han contado en el nuevo mundo mas de 438 lenguas diferentes, i mas de 2,000 dialec tos (6). "Las lenguas americanas ofrecen sin duda una gran desigualdad de desarrollo i de riqueza, segun el estado mas o menos uvanzado de los jmeblos que las hablan; pero nun ca aun tomando las formas mas complejas i engrosando su vocabulario, estas lenguas pierden un carácter de aglutina ción. Por elaborado que sea un idioma americano, guarda siempre su sello especial, lo que le quita toda flexibilidad; i hace mui incómodo su uso. Es incapaz de espresarlas ideas finas, sutiles i delicadas : puede ser rico en espresiones, pero carece de flexibilidad i de claridad.

La persistencia de este carácter tan distintivo en las lenguas americanas es uno de los indicios menos equívocos de que las poblaciones (5) Entre la multitud de trabajos que existen sobre la etnografía americana se distinguen: jChomme americain de VAmerique mcri dionale, par Alcide D'Orbigny, 2 vol. i North americain indians by Geo. Catlin, 2 vol, notable particularmente por el primor de sus gra bados. (6) Véase el Atlas ethnographique du globe, par A. Balbi, Paris 1826. — El mas completo de los catálogos de ¡as lenguas americanas que se haya publicado jamas es el del erudito profesor alemán Hermana É. Ludewig, dado a luz con el título de The literature os americun ahoriginal language, London 1858. AMERICA. 6 que los hablan están unidas por un parentesco común. En lugar de desligar su pensamiento de la concepción confusa bajo la cual se habia presentado, los indios americanos no han hecho mas que insistir sobre la primera tendencia.

No solo se han aglutinado las palabras sino que éstas han sufrido cambios que las han desfigurado completamente. El empleo constante de la aglutinación da a las lenguas de la América la apariencia de tener palabras mui largas, aun que los elementos que componen esas palabras sean mono sílabos o disílabos" (7). A pesar de estas coincidencias, las leguas americanas ofrecen infinitas variedades, no tanto en su construcción como en sus vocabularios. En los primeros tiempos de la conquista, los castellanos buscaban un intérprete entre los indíjenas, o alguno de ellos estudiaba ciertas palabras para darse a entender eiv las espediciones subsiguientes ; pero luego notaban con sorpresa que apenas habian andado unas cuantas leguas, o se habian trasladado de una isla a otra, encontraban pueblos cuyo idioma les era completa tamente desconocido.

Este fenómeno de la inmensa variedad de idiomas, único en el mundo, llamó la atención de los toscos soldados castellanos, i ha preocupado seriamente a los sabios modernos (8). Naciones civilizadas de America. — En medio de ese conjunto de tribus bárbaras que constituían la población indíjena de América, se habian formado lentamente sociedades i estados que alcanzaron a cierto grado de civili zación. A poca distancia de los bosques donde se ocultaban salvajes desnudos i feroces, se habian levantado imperios poderosos en que las artes i la industria eran cultivadas con esmero i en que comenzaban a aparecer los primeros jérmenes de las ciencias. La civilización naciente estaba reconcentrada en tres puntos del inmenso territorio de la (7) Maury, La terre et Vhomme, chap. VIII, pag. 416.— Para com prender mejor este sistema de aglutinación, basta citar un ejemplo.

Nicalchihua significa en mejicano yo construyo mi casa, i se compone de ni, cal i chiliua, que significan yo, casa, hago. El nembre del emperador Moteuhzoma (vulgarmente Moctezuma) es compuesto de un mo do análogo Aemo-zoma, que significa él se enfada i de Theuli que signi fica señor, se enfada como señor. Véase la disertación que sobreesté punto ha hecho D'Orbygny, L'homme americain, tom. I, chap. III. (8) Entre los estudios que se han hecho sobre las lenguas aboríje .nes de la América puede consultarse con provecho el artículo titulado Zangues americaines, publicado por M. Aubin en la Enoyclopedie du XIX siécle. PARTE I. —

CAPITULO I.

7 América ; pero en los tres habia tomado caracteres esencialmente orijinales, i mui diferentes de los que distinguen la civilización europea. En el valle de Anahuac se levantaba el imperio mejicano, poderoso por su organización i sus riquezas, i pequeños estados confederados que robustecían su poder. En la América del sur se habia formado el estenso imperio de los incas, que después de grandiosas conquistas, se estendia rápidamente. Estos dos grandes imperios, estaban aislados por decirlo así por elevadas montañas i por climas mortíferos. Ambos habian crecido i desarrolládose sin tener noticias de la nación rival de su grandeza i de su poder que se levantaba en el mismo continente. En medio de ellos, en las rejiones que hoi forman la república de Colombia, existia una nación menos poderosa i menos civilizada, la de los chibchas o muiscas que tenia también una civilización propia, pero que habria sido absorbida por los poderosos señores del Perú si la existencia del imperio de estos se hubiera prolongado algunos siglos mas.

Al rededor de estas tres naciones, solo habia tribus salva jes, mas o menos groseras, que parecian destinadas a vivir perpetuamente en la barbarie cuando los conquistadores europeos pisaron las playas del nuevo mundo. -

Capitulo II

El antiguo Méjico. Oríjen déla civilización mejicana. — Los chichimecas. — Nuevas invasiones ; los aztecas o mejicanos. — Gobierno de los mejicanos. — Jerarquía social. — Rentas públicas. — Instituciones militares. — Industria i comercio. — Artes, ciencias i letras. — Relijion. — Costumbres. Oríjen de la civilización mejicana. — "La civilización primitiva de la América septentrional parece haber estendido sus beneficios, en los primeros tiempos de su existencia, a las diversas comarcas conocidas hoi con el nombre de estados de Tabasco, de Chiapas, de Oajcca i de Yuca tan, así como a las repúblicas actuales de Guatemala, San Salvador i Honduras. La multitud i la variedad de las rui nas que se encuentran en estas diversas comarcas, unidas al estudio de las tradiciones que se ligan a su pasado, han inspirado el pensamiento de buscar allí las primeras hue llas de esas antiguas naciones que rivalizan, por su cultura i su civilización, con los reinos del Asia antigua^Segun las tradiciones tzendales, las orillas del rio Tabasco i del Uzuamékica. macinta habrian sido testigos, muchos siglos antes de la era cristiana, de las maravillas operadas por Votan el mas antiguo de los lejisíadores americanos.

Votan apareció acompañado de aquellos a quienes la providencia destinaba para ser los fundadores de esa civilización. Votan, dice la tradición, es el primer hombre que Dios envió para dividir i distribuir estas tierras. Esta repartición anuncia una conquista o una colonización, i de todos modos la división del suelo, que es una de las primeras condiciones de la propiedad i por consiguiente de la civilización. Votan no venia, pues, a poblar el continente americano, que ya se hallaba poblado** (1). La historia de los fundadores de la civilización de aquellas rejiones, está envuelta en las mas oscuras tinieblas. El estudio de las grandiosas ruinas que quedan todavía en pié, hace creer que la construcción de los templos i monumentos de Yucatán i las rejiones vecinas, i por tanto la civilización de aquellos paises son coetáneas con la del antiguo Ejipto.

La dominación de los sucesores de Votan duró sin duda muchos siglos, hasta que llegaron del oriente pueblos de distinta raza, los toltecas, que entraron en el territorio de Anahuac, operando en él una transformación completa. Los toltecas practicaban la agricultura i las artes útiles, trabajaban los metales e inventaron un complicado pero curioso sistema cronolójico (2). Los chiciiimecas. — Los toltecas establecieron su capital en Tollan, o Tula como escriben los españoles. Hermo seáronla con suntuosos monumentos, i llegaron a formar un estado respetable, rejido teocráticamente. Pero su domina- (1) Braseurde Bourbourg, Histoire des nations cicüisées du Mexique et de tAmérique- Céntrale, tom. I, chap. II.— Este erudito viajero e historiador ha escrito cuatro gruesos volúmenes sobre la historia anti gua de Méjico, tres de los cuales están destioadcs a la investigación de la oscura historia de sus primitivos habitantes, consultando a? efec to los monumentos i pinturas mejicanos que se conservan, i las tradi ciones de los indíjenas.

Sus investigaciones, por prolijas i juiciosas que parezcan, no constituyen todavía la historia definitiva. (2) Como una prueba de la oscuridad de la historia primitiva de Méjico, señalaremos la lecha asignada al arribo de los toltecas al valle de Anahuac por dos prolijos historiadores. El abate Clavijero fija el año 684 de la era cristiana; mientras el abate Brasseur de Bourbour-» indica el año 279 antes de J.-C. La comparación de estas fechas revé" la mejor que una disertación, las tinieblas en que está envuelta aquella parte de la historia americana. PARTE I. —

CAPITULO II.

9 cion no fué durable: pueblos nuevos, los chichimecas, veni dos del norte, invadieron el valle de Anahuac i se estable cieron en él. Entre estas naciones habia algunas que desde tiempo atrás se encontraban en posesión de todos los ele mentos de la civilización, y que mostraban haber perteneci do a pueblos agrícolas, avanzados en las artes y las ciencias. Otros, aunque nómadesi cazadores, estaban unidos entre sí por los lazos de la sociabilidad i de instituciones que deno taban un estado anterior mui superior a la vida ordinaria de los salvajes. Por mas que los antiguos pobladores los con sideraran como bárbaros, ellos se juzgaron superiores a los conquistados, i por mucho tiempo se negaron a mezclar su raza para no alterar la pureza de su sangre (3). Siguiéron se largas guerras a la invasión de estos estranjeros, que los historiadores han querido esplicar buscando inútilmente la verdad 'en las tradiciones fabulosas de los indíjenas i en las pinturas i jeroglíficos de sus monumentos.

En esta lucha, la causa de la civilización obtuvo al fin un triunfo definitivo. NUEVA3 INVASIONES ; LOS AZTECA8 O MEJICANOS. — Nuevas invasiones de pueblos desconocidos vinieron mas tarde a aumentar el número de las naciones que poblaban el valle de Anahuac. Los mas conocidos de los pueblos invasores fueron los aztecas o mejicanos i los acolhuacanos, llamados mas jeneralmente tezcucanos, del nombre de su capital Tezcuco. Después de largas luchas, llegaron estos a formar una monarquía que existia aun a la época de la conquista española. El oríjen i las primeras espediciones de los aztecas o me jicanos están envueltos en fábulas que no es posible aceptar. Parece, sin embargo, que llegaron a los confines de Anahuac a principios del siglo XIII ; i que durante muchos años no tuvieron residencia fija, estableciéndose sucesivamente en diversos puntos de las inmediaciones del lago de Méjico.

La necesidad los hizo industriosos. Por orden de sus jefes, cor taron una gran cantidad de bambúes i otras cañas i construyeron lialsas espaciosas que cubrieron de plantas i de yerbas secas. Cada familia construyó sobre su balsa una choza que le servia de abrigo. A medida que se acababa el trabajo de una balsa, la retiraban de la ribera hacia el inte rior del lago para que sus habitantes no tuviesen que temer ninguna violencia inmediata de parte de sus enemigos. En seguida construyeron nuevas balsas, i cubriéndolos con una (3) Brasseur de Bourbourg, tom. I, liv. II, chap. III, pag. 192. HISOTRIA DE AMERICA. 10 lijera capa de tierra, sembraron legumbres i otras plantas alimenticias que crecieron prontamente. Tal fué el oríjen de los chinampas o jardines flotantes de los mejicanos. Estas poblaciones no tuvieron, sin embargo, un establecimiento fijo ; pero aumentándose considerablemente, los aztecas o mejicanos se vieron obligados a buscar una residencia esta ble ; i determinaron asentarse en el terreno mas elevado, i por tanto menos espuesto al desborde de las aguas.

Pueblo i guerreros rivalizaron en ardor para dar a esta localidad la apariencia de una ciudad. Desde luego, tomó el nombre de Mejico-Tenochtitlan, palabras que en la lengua aztsca tenian un significado conmemorativo. La primera era el nombre de un ídolo que representaba al dios de la guerra; la segunda, que es el nombre mas usado en los anales meji canos, recordaba segun unos la multitud de nopales que crecían en aquellos pantanos, segun otros el nombre del jefe azteca, Tenoch, que también significa nopal (4). La ciudad, tan humilde en sus principios, se acrecentó lentamente: construyéronse espaciosos palacios i templos monu mentales, i se estableció un orden admirable en su admi nistración. El naciente estado no tenia siquiera asegurada su indepen dencia cuando los tepanecas, pueblos situados al sur, des pués de ocupar el vecino estado de Tezcuco, fueron a sitiar la ciudad de Méjico.

El peligro común unió a estas dos naciones. La lucha fué tenaz: al cabo de ella, los tezcucanos habian arrojado a los enemigos de su territorio, i los meji canos habian ensanchado las fronteras de su imperio con los estados de los pueblos vencidos. La verdadera grandeza de Méjico comenzó con sus victorias. Afortunadamente, sus reyes celebraron una alianza ofensiva i defensiva con los señores de Tezcuco ; i a la sombra de esa alianza que siempre fué respetada, los mejicanos dilataron su dominación de uno a otro mar, i estendieron sus conquistas al sur hasta los confines de Guatemala i Nicaragua. Merced a la ha bilidad de sus reyes, i al carácter guerrero dei^ pueblo me- (4) Segun una tradición mejicana, aquel lugar recordaba a los azte cas las proezas de uno de sus antiguos jefes ■ i en él descubrieron un nopal, i al momento de su arribo una águila parada sobre esta planta maravillosa oprimiendo con sus garras una serpiente que destrozaba con su pico.

Brasseur de Bourbourg, liv. VII, chap. IV, tom. II, pag. 445 i siguientes, reúne hábilmente ésta i muchas otras tradiciones, con signadas ya en su mayor parte en la obra del padre Torquemada que lleva por título Monarquía Indiana. PARTE I. —

CAPITULO II.

jicano, la tribu que dos siglos atrás habia llegado errante al valle de Anahuac, i habia construido sus primeras cabañas en medio de los pantanos para sustraerse a la persecusion de sus enemigos, formaba a principios del siglo XVI un po deroso imperio. Gobierno de los mejicanos. — La historia del imperio mejicano propiamente dicho, es mucho mas segura que la de las naciones que lo precedieron en la dominación del te rritorio de Anahuac. No está exenta, sin embargo, de fábu las i de, vacíos ; pero su organización política i social nos es casi perfectamente conocida. El imperio mejicano era una federación de tres reinos, cada uno de los cuales se habia formado por la aglomeración voluntaria o forzada de muchas tribus de una mis :a familia. Estos reinos eran el de los aztecas, cuya capital estaba en Tenochtitlan (Méjico); el de los tezcucanos, cuyo rei residia en Tezcuco, al lado oriental del lago; i en fin el pe queño reino de Tlacopan, llamado por los españoles Tacuba.

En su oríjen, estos tres reinos tenian un rango igual; pero al arribo de los conquistadores europeos, el emperador mejicano ejercía sobre los príncipes confederados una supremacía incontestable. Consultábalos en las circunstancias difí ciles, pero se puede decir que ellos no eran mas que los pri meros de sus vasallos. El gobierno de los aztecas era una monarquía electiva. Cuatro de los señores principales, elejidos entre la nobleza desde el reinado precedente, desempeñaban las funciones de electores en unión de los dos soberanos aliados. El sobera no era elejido entre los hermanos del rei muerto, i a falta de éstos entre sus sobrinos, de manera que la elección recaía siempre en una misma familia, i en un individuo que se hu biera distinguido en la guerra. De este sistema de elección resultaba que los candidatos habian recibido una educación que los hacia aparentes para la dignidad real i que la edad de los elejidos garantizaba al estado de los inconvenientes de una minoridad, permitiendo, ademas, apreciar de ante mano la capacidad del nuevo rei.

El elejido era instalado en medio de grandes ceremonias relijiosas ; pero para esto se esperaba que en una campaña se hubiera cojido suficiente número de cautivos para celebrar su entrada triunfal, i para ofrecer a los dioses las víctimas que exijian las sanguinarias supersticiones de los aztecas. Los reyes eran ausiliados en la dirección de los negocios por diferentes consejos, el primero de los cuales era com- AMÉRICA. puesto de los cuatro electores. Este consejo privado daba su parecer sobre el gobierno de las provincias, la admi nistración de las rentas i los otros asuntos de interés públi co. El poder lejislativo, sin embargo, pertenecía esclusiva mente al monarca. Este rasgo de despotismo estaba contrapesado en cierto modo por la organización de los tribunales. Cada uno de los principales distritos estaba sometido a un juez supremo, nombrado por el rei i que pronunciaba sus sentencias en úl tima instancia en las causas civiles i criminales.

De sus fa llos no se podia apelar ante ningún tribunal i ni aun ante el mismo rei. Sus funciones eran vitalicias; i el que usurpa ba las insignias de su cargo era castigado con la pena capital. Una corte, compuesta de tres miembros i dependientes de ese juez, estaba establecida en cada provincia. Pronun ciaba sus fallos en las causas civiles; pero en las causas criminales se podia apelar de sus decisiones ante el juez superior. Ademas, un cuerpo de majistrados inferiores, elejido por el pueblo mismo, estaba estendido en todo el pais. El juez culpable de haber recibido presentes, o de haberse dejado influenciar de alguna manera por las partes, era castigado con la pena capital. La misma pena recaia sobre el asesino, aun cuando la víctima fuese un esclavo. Los adúlteros, como entre los judíos, eran apedreados; i el robo segun la gravedad, era castigado con la esclavitud o la muerte.

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