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Elementos de jeografía física ... Segunda edicion, revisada i completada

Diego Barros Arana · 1874 · Scanned text

158,122 words · about 11 h 4 min to read

Period artwork: Interior of the Bodleian Library, 1845
About this edition

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About this book

Author
Diego Barros Arana
Language
Spanish
Published
1874
Length
158,122 words · about 11 h 4 min
Sections
14 reader sections
Text
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Rights
Public Domain Mark 1.0

 

Contents (14)
  1. Front matter about 29 min
  2. Capitulo 1 about 1 min
  3. Capítulo I about 26 min
  4. Capitulo II about 20 min
  5. Capitulo III about 7 min
  6. Capítulo III about 10 min
  7. Capitulo I about 1 min
  8. Capítulo IV about 1 h 17 min
  9. Capítulo V about 29 min
  10. Capítulo VI about 1 h 16 min
  11. Capítulo VII about 1 h
  12. Capítulo VIII about 1 h 55 min
  13. Capítulo IX about 49 min
  14. Capítulo XI about 2 h 44 min

Continue:

Front matter

ELEMENTOS PE jeografía física, PC*- si 1 1$ ■ ;! OBUA DJSSTIHADA A LA KKSEÍfANZA DEL KAMO KS EL INSTITUTO NACIONAL, I M-ROBAJ'A POR LA UNIV1 USI1*>AD. ,,, ,, n i ••vi: ,'ctadn SANTIAGO: LIBRERÍA CENTRAL DE RAVMOKOÍ SERVAN CALLE DE HÚÉBFANOS I BANB ELEMENTOS DE jeografía física. SANTIAGO: IMPRENTA ANDRÉS BELLO Plazuela de la Merced. ELEMENTOS DE jeografía física, POR liega Ijarrog Irana. OBKA DESTINADA A LA ENSEÑANZA DEL RAMO EN EL INSTITUTO NACIONAL, I APROBADA I'OR LA UNIVERSIDAD. Segunda edición, revisada i completada. SANTIAGO.- LIBRERÍA CENTRAL DE RAYMONO I SERVAT- CALLE DE HUÉRFANOS I BANDERA, Siendo esta obra propiedad ele los editores, todo ejemplar que no Ucee su firma será reputado como falsificado. ADVERTENCIA. Solo el deseo de dar mas importancia i desarrollo a la enseñanza de la jeografía lisien me ha estimulado a em prendéroste trabajo.

Antes de acometerlo, busqué en va lió, entre muchos tratados escritos en francés o cu inglés, uno que traducir a nuestro idioma. Algunos de esos libros eran demasiado científicos, i exijiau para ser com prendidos, latos conocimientos anteriores. Otros eran defi cientes en sus noticias sobre la América, o contenían so bre esta parte errores numerosos i notables. Otros, por lin, al paso qne daban gran desarrollo a ciertas mate rias, trataban algunas de ellas muí a la lijera, o no teninn en la disposición de las diversas partes de la obra el mé todo indispensable para hacer mas fácil su estudio. Des pués de haber examinado muchos de esos libros, me con vencí de que era necesario escribir uu tratado bajo un plan diferente i nuevo. Como una obra de esta naturaleza cm superior a mis fuerzas, comeneé por estudiar detenida i prolijamente las diversas materias de que debe tratar un libro de jeogra fía física.

Para ello he tenido una ventaja inapreciable: lie podido disponer de la biblioteca del instituto Nacional que posee la colecciou mas eseojida, i mui probablemen te, la mas rica que existe en Chile eu libros de ciencias exactas i naturales, sobre, todo modernos. Aparte délos libros especiales que debían servirme «le guía, he podido consultar los escritos de Agassiz, Arago, Babiuct. Elie VI de Beaumont, Becquerel, Beudant, Boussingault, de Can dolle, Cuvier, Dove, Herschel, Humboldt, Kaemtz, La croix, Lyell, Maury, Moigno, d'Orbigny, Pouillet, Qua trefagues, Quetelet, Ritter i Tyndall; i alguuas grandes compilaciones como Les comptes rendas de FAcadémie des sciencesde Paris, la revista alemana de jeografía del doctor Petterman, i Vannée géographique, importante revis ta cielos trabajos jeográficos de cada año, publicada por M. Vivien de Saint-Martin.

Capitulo 1

Figura i dimensiones de la tierra: sus movimientos. 1. Pruebas de la redondez de la Tierra. — '2. I. a redondez de la Tierra .-ul'Msie a pesar de loe montañas, -.;. Dimensiones de la Tierra. - 4. Su movimiento jíratorio. — 5. Su movimiento de traslación al rsdkidor del sol. — (i. Las estaciones. — 7. Divisiones convencionales de la esfera terrestre.— 8. Las runas jeográficas. 1.- -Los antiguos creiau que la Tierra era plana; sin em bargo, Pitagoras i muchos filósofos griegos, sin poseer los medios de comprobación que han conocido los modernos, re conocieron que era redonda; En efecto, sin necesidad «le lle gar a una demostración esperimenta!, lian piulido acumularse pruebas que demuestran esta vcrdail. Cuando un ¡baque qne llega de alta mar.se acerca alas ei>-tas, los primeros puntos visibles para las personas (pe se hallan eu él, son las cumbres mas elevadas délas montañas.

En seguida aparecen las cimas de las altas torres i tle los faros. ¡ solo mas tarde se vela ribera. Del mismo modo, un observador, que desde la orilla ve la llegada de un bu que, comienza por percibir la punta de los mástiles, en segui da las velas mas alias, después las te las lia jas, l por ultimo el '•aseo del buque, Si el l,iii|re se aleja de la orilla, se le ve de saparecer gradualmente eu un orden inverso. Si la Tierra fuese verdaderamente plana, a cualquiera distancia se reria por completo >el objeto que se observa, en Ingar dte hacerse gradualmente visible de la cima a la base. Otra prueba de la redondez de la Tierra se encuentra en la forma del horizonte. Se da este nombre (de una palabra grie ga que significa limitan a la linea que al rededor de nosotros limita la vista cuando nos encontramos en un cariipo abierto. En apariencia, la bóveda del cielo se une a la Tierra en esta _

Capítulo I

linea. En una llanura en que ningún accidente del terreno hace desaparecer su regularidad, el horizonte forma un círcu lo, cuyo centro ocupa el observador. En el mar, la configura ción circular del horizonte es mas evidente todavía. La su perficie de las aguas aparece como un vasto círculo, cuyos bordes se confunden con el azul del cielo. Si la Tierra fuese plana, el alcance de nuestras miradas no tendría otro límite que el que resulta de la debilidad de la vista; i entonces, con el ausilio de anteojos poderosos, se podria, en el mar so bre todo, ver a toda distancia, i no habría ninguna línea de demarcación que dividiese la ostensión terrestre en parte visible i en parte invisible. Pero lejos de eso, los mejo res anteojos no permiten a la vista pasar las barreras del ho rizonte. Cuando subimos auna montaña, i mejor aun cuando subi mos a una torre elevada que nos permite mirar a todos lados, i desde ahí dirij irnos nuestras miradas a las llanuras que la rodean, nos sentimos maravillados de la grande estensionque abraza la vista; porque desde esa elevada posición nosotros podemos mirar una mayor parte de la superficie curva de la Tierra.

Por esta misma razón, el aereonauta que atraviesa los aires en un globo, puede ver en un instante dado una porción mayor de la Tierra que el que la observa desde una torre o desde una montaña. Pero la redondez de la Tierra en su dirección de este a oeste ha sido probada de u-nmodo evidente que no deja lugar a duda. Desde 1521, el famoso viaje del portugués Hernando de Magallanes dejó esperimentalinente resuelta esta cuestión. Saliendo de los puertos de España, i navegando constante mente hacia el oriente, salvo las desviaciones que estaba obli gado i hacer a cansa de la configuración de los continentes, dio una vuelta entera a la tierra, i dejó comprobado un hecho que antes era admitido coirio una hipótesis. Si la redondez de la Tierra de oriente a occidente es in cuestionable, no lo es menos en su dirección de norte a sur.

Cuando atravesamos una distancia considerable con rumbo de un polo a otro, esto es. de norte a sur o de sur a norte, nuevas estrellas aparecen gradualmente en la dirección en que avanzamos, i desaparecen en aquella parte de los cielos de que nos alejamos. Esto no puede suceder sino cuando el viajero se mueve en una superficie curva, en cuyo caso su ho rizonte se mueve con él. Podemos también concluir por analojia i después de estudiar la figura del Sol, de la Luna i de los planetas, que la Tierra tiene una forma semejante, esto es esférica. Pero este FIGURA I DIMENSIONES ])E LA TIEKKA. 5 hecho queda fuera de duda observando los eclipses de Luna, orijinados por la interposición de la Tierra entre aquel astro i el Sol. El borde de la sombra proyectada por la Tierra es siempre circular; i en las varias posiciones que en los perío dos sucesivos de los eclipses se han observado, la uniformi dad de la sombra es siempre la misma, i prueba que la Tierra tiene la forma de un globo. 2. — La redondez de la Tierra subsiste apesar de sns colo sales cadenas de montañas i de sus valles profundos; o mas claro, la Tierra es redonda, apesar de todas las desigualdades de su superficie, porque las mayores montañas no son nada respecto do la inmensidad de su volumen, como vamos a ver lo.

Figurémonos. la Tierra representada ponina esfera de dos metros de diámetro; en seguida, representemos en su super ficie, en un relieve exactamente proporcional, algunas de las principales montañas del globo. Ll monte mas elevado de la tierra es el Gaurisankar, «pie forma parte de la cadena del Himalaya, en el centro del Asia. Levanta sus, cimas de granito a 8,840 metros de altura. Para representarlo en el globo de dos metros de diámetro que hemos supuesto, seria menes ter colocar en la superficie de éste un grano de arena de un milímetro i -g de relieve. La jigantesca Clon tan a que nos ma ravillaba con su inmensidad, no es nada cuando se la compara a la Tierra; i no alcanza por cierto a interrumpir su esfe ricidad. :!. De todos los hechos establecidos se sigue que la superficie de la Tierra es curva eu toda dirección: pero sin embargo, no es rigorosamente esférica.

Huyghens i Newton, partiendo de la hipótesis de que nuestro globo existió primi tivamente en el estado fluido, hipótesis que ha sido corrobo rada por los estudios jeolójicos. demostraron que la super ficie de la tierra debia ser un elipsoide. Los arcos de un meridiano han sido medidos mas tarde en muchas partes de la tierra, del ecuador hacia los polos, -por distinguidos astróno mos de varias naciones, franceses en su mayor parte: el re sultado de estas mensuras demuestra que la curvatura «leí globo es mayor cerca del ecuador que cerca de los polos, o en otros términos, qne la Tierra es nías achatada en los polos que en el ecuador. La cosmografía da a conocer los grandes trabajos científicos que se han necesitado para determinar la verdadera forma del globo, así como la física ha compro bado por medio del péndulo la exactitud de las operaciones matemáticas.

De todos estos trabajos ha resultado la determinación de h\s medidas siguientes: la distancia del centro de la Tierra cu* irruí i. 6 i! uu íiolo, esto es lo que se llama radio polar, es de (i, 350 quilómetros: la distancia del centro al ecuador, oslo es el radio ecuatorial, es de fJ,877¡ la circunferencia de ún'uréi'i diano, 40,003,424 metros, i no 40.000,-000 como se creyó des pués de las primeras medidas: circunferencia ecuatorial, 40.070,376: superfieie total del globo r> 10.000,000 de qui lómetros cuadrados: i por último \oliiiin'ii «le ¡a Tierra. l,ns:1.000. lililí, litio de quilómetros cúbicos. 4. — Esta inmensa esfera no esi a inmóvil, como aparece a primera vista. Vamos a verlo. Consideremos por uu momento los fenómenos jenerales «le los movimientos de los cuerpos celestes. Por la mañana, el Sol se levanta eu el oriente, sube oblicuamente hacia la parte su perior de la estera celeste, i baja en la tarde hacia el occidente.

La Luna también, cuando esta visible, se levanta en el oriente, sigue una marcha semejante ala del Sol, i se pone en el occidente. Si en una noche despejada observamos el cielo, notaremos también un cambio continuo. Si miramos hacia el oriente, veremos algunas estrellas que se levantan: i si miramos al occidente muios otras que se ocultan, observamos ademas .pie las estrellas, asi" como el Sol. no se |e\ untan perpendi cilbil'iueule sino al sesgo; que siguen levantándose hasta cierta altura con iiiclinaoion hacia el norte, hasta un punto intermediario entre»el oriente i el occidente, i que en seguida bajan hacia el occidente, a un punto tlel sur equidistante de aquel de donde salieron. Pero si ini ramos Inicia, el sur, veremos algunas estrellas que no se ponen nunca, que describen un círculo sobre el horizonte ¡ (pie son llamadas circumpo lares.

Las estrellas, aunque de diferente magnitud i brillo, aparecen todas a la misma distancia de nosotros, i un lijero exa men del ciclo nos revela el hecho de que las estrellas no se acercan o retiran unas de otras, sino que todas conservan la misma distancia relativa. Algunas estrellas, sin embargo, llamadas planetas, cambian de lugar, como la Luna, obede ciendo a ciertas leyes particulares. Juzgando por esta apariencia, un observador concluirá que la superficie cóncava, o la esfera de los cielos en que las es trellas pareceti estar tijas, jira en torno de un eje que se es tiende de norte a. sur, atravesando a la Tierra de un polo a otro. Ahora, si elejimos una estrella, si la observamos por medio d ■ un instrumento cuando se halla en el meridiano i en se:;"' da vemos el trascurso de tiempo que media para que vuelva a «.-olocarse en el mismo meridianos hallamos «pie es I [01 KA I DIMENSIONES DE I, A TIEltllA, 7 e 7, 'cumíenle ¿3 hura» DG iniuutos, i que en el mismo periodo tle lientpo todas las estrellas parecen describir círculos para lelos al rededor del eje del cielo; por lo que se puede decir que la esfera celeste hace una revolución en 23 horas 56 mi nutos, o lo que es lo misino un dia sideral.

Es evidente que el misino efecto se producirá si las lias permanecen inmóviles, i si la Tierra jira uniformemente sobro el mismo eje cu el mismo tiempo, pero eu una dirección opuesta. El observador que no tiene idea del movimiento de la Tierra, prefiere atribuirlo lodo al cambio de posición de las estrellas, esto es a una revolución diaria de la bóveda «■(• leste. Le pasa lo mismo que id «pie viaja en un ferrocarril, que le parece ver «pie los árboles de las orillas del caiuiuo, los posíc, las céreas, las casas se animan i corren eu un sen- I ido inverso «leí movimiento que le arrastra. Sin los sacudi mientos inevitables del tren, la ilusión seria completa. Una observación atenta ha demostrado, en efecto, que es la Tierra la que jira sobre sn eje. Vamos a indicarlo suma riamente. Ll Sol está a treiul i cuatro millones de leguas de noso tros.

Si cada dia hubiere !e dar una vuelta en torno de la tierra, tendría que recorrer mas de cien mi! leguas por íuinu lo. Esta incomprensible rapidez no es nada todavía. Las es trellas son otros lautos soles comparables al uúCstrp por el volumen i por el brillo; pero la distancia a que están coloca das, las hace aparecer tan pequeñas. La, mas uiinédiata treinta mil veces mas lejos que el Sol. Para hacer su revolución al rededor de la Tierra eu veinticuatro horas, esa estre lla debería recorrer cada minuto treinta mil veces cien leguas o lo que es lo mismo 520 mil'oues de leguas por segundo. f Puede concebirse «jue otras estrellas que están diez, cien, mil veces mas lejos todavía, describan cada veinticuatro horas, circuios ctiva inmensidad la razón no no acierta a com prender? Por otra parte, estando todos los astros colocados a diversas distancias de la tierra, tendremos que sus movimientos res pectivos, se verifican con una rapidez desigual, i que los qui están más cerca marchan con mayor lentitud, mientras los mas distantes recorren en el mismo tiempo distancias inmensamente íiiavores.

Esie mecanismo es mucho mas contrario a la ra/.on que el suponer que la tierra jira cada dia sobre su eje. Ademas, conviene recordar el volumen prodijioso del Sol, de algunos de los planetas, i de la mayor parte de los otros asiros. El Sol, como lia podido comprobarlo la ciencia astronóinica, es L 400,000 veces mas grande que la tierra; i mui probablemente muchas de las estrellas son mayores todavía. Xo puede pretenderse que esos jigautes, esos colosos ante los cuales la Tierra no es mas que un grano de arena, jiren en los abismos del cielo con una rapidez imposible, para dis tribuir a nuestro globo la luz i el calor. La observación del Sol practicada con el ausilio de un te lescopio, revela que ese astro inmenso tiene un movimiento jiratorio sobre un eje. Constantemente se ven sobre su superficie manchas de diversos tamaños que lo recorren de este a oeste, que aparecen en unos de sus bordes, atraviesan en un tiempo dado todo el hemisferio visible del astro, i desaparecen en el borde opuesto, para volver a aparecer por el oriente después de un trascurso de tiempo igual al que la mancha empleó en recorrer el hemisferio visible.

Este movimiento regular de las manchas del Sol no puede esplicarse de otro modo que por un movimiento de rotación; i eu efecto, las mas prolijas observaciones han demostrado que ese astro verifica una revolución completa en 25 dias \. La Luna presenta siem pre la misma faz a la tierra; i este hecho no puede esplicarse sino por medio de una revolución efectuada sobre su eje en un mes lunar. La observación de los planetas mas inmediatos a nosotros, algunos de los cuales son inmensamente mayores que la Tierra, ha manifestado que tienen también un movimiento jiratorio en torno de su eje. Xo hai motivo, pues, para no admitir que la Tierra tiene uu movimiento idéntico, ejecutado con" toda regularidad i de una manera insensible para nosotros. Pero la ciencia no se ha limitado a conjeturas, por funda das i convincentes que sean.

La rotación de la tierra en tor no de un eje que pasa por los polos, ha sido demostrada di rectamente por la célebre esperiencia de León Foucault. Este ilustre físico ¡ranees ha construido un péndulo, que no es ne cesario esplicar aqui, eu el cual se ve que el plano de oscila ción, en lugar de permanecer invariable, cambia de posición, lo que revela el movimiento de la Tierra, Hai ademas un fenómeno meteorolójico conocido con el nombre de vientos alisios, que no puede esplicarse sino reconociendo el movimiento rotatorio de la Tierra. Esta rotación del globo se efectúa, como hemos dicho, cu poco menos de 24 horas, i produce la alternativa del dia i de la -toche. Este movimiento se ejecuta de occidente a oriente, como la mayor parte de los movimientos celestes de nuestro sistema, i por consiguiente en sentido inverso del movimiento aparente del Sol.

Cuaudo vemos que este astro se levanta por f'IGLKA I DIMENSIONES DE LA TIERRA. la mañana en el oriente i se dirijo hacia el oeste, es porque creemos la Tierra inmóvil, En realidad es el Sol el que esta inmóvil; i nuestro globo, jirando sobre sí mismo de oeste a este, presenta sucesivamente delante del disco solar todos los inultos de su superficie. De este modo, se produce el dia para la rejion que ve el Sol, i la noche para la rejion opuesta. Siendo la Tierra un cuerpo esférico, su movimiento unifor me será mas rápido en las partes de su superficie que están mas distantes del eje en torno del cual se verifica ese movimiento. En los polos, se efectúa con una lentitud doble a la que emplea el puntero que marca las horas en la esfera de un reloj; pero a los 60 grados del Ecuador, o lo que es lo mismo, a los 30 grados del polo, cada punto de la superficie de la tierra recorre cerca de 1-t quilómetros por minuto; í en el ecuador la rapidez será doble todavía, es decir de cerca de 28 quilómetros, o mas exactamente de 461 metros por se gundo. ó. — La observación de la marcha del Sol durante un año cutero, nos hace ver que ademas del inovimicdto aparente de cada dia, ese astro tiene otro movimiento anual, también aparente.

Supongamos que vivimos en el 21 de diciembre. Eu ninguna época del ano el dia es mas largo para nosotros. El Sol se levanta antes de las cinco de la mañana: a medio dia se coloca casi sobre nuestras cabezas; después de las siete llega al horizonte por el oeste. Efectuando esta observación en un punto situado mucho mas al sur, en el cabo de Hornos, por ejemplo, veríamos que el Sol se levanta a las tres de la mañana para ponerse a las nueve de la noche. Acercándose aun mas a las rej iones polares llegaríamos a un punto en que las horas de la salida i de la entrada del Sol se confunden, de tal suerte que el astro se oculta un instante bajo el horizonte i reaparece luego. Por fin, mas cerca del polo asistiríamos al niaguífico espectáculo de un Sol que no se pone, que jira al rededor del e-pectador semanas, meses enteros, sin desapare cer bajo el horizonte, i que permanece igualmente visible de dia i de noche.

Repitiendo la observación durante seis meses, se verá que el Sol se aleja poco a poco hacia el norte, que cada dia sale mas tarde i se pone mas temprano, que el astro luminoso pierde parte de su brillo, sus rayos una gran cantidad de su calor i que el 21 de junio tenemos el dia mas corto i la noche mas larga del año. En esta época, la noche es continua en el polo austral, así como seis meses antes el dia no era inte rrumpido. En seguida, el Sol vuelve a acercarse al sur en la misma forma que se ha alejado, i los dias comienzan a alargar. Un observador colocado en él licmislcrio norte de nues tro globo reconocerá que los mismos hechos tienen lugar alli, pero en un orden inverso, esto es que nuestros dias mas largos corresponden a los mas cortos del otro hemisferio, i vice versa. Está aparenté resolución anual del sol se esplica fácilmente por medio de otro hecho que la astronomía ha demostrado palmariamente, i que se puede comprobar observando la marcha de los planetas, que son cuerpos en todo semejantes a la tierfa.

El globo terrestre, jirando constantemente, en tomo de su eje. cambia de lugar i circula al rededor del Sol, que, por su poder de atracción, lo mantiene eu una órbita inmu table. En un año, esto es 365 dias i un cuarto, la tierra ejecuta una vuelta completa en esa órbita para recomenzarla in definidamente. I!. — Así como la rotación diaria de la tierra en torno de sn eje produce la sucesión de los dias i de las noches, su revolu ción anual al rededor del sol produce la variación de las esta ciones!, i con ella la mayor o menor durai-ion de los dias i tic las noches: Si el eje de la tierra, fuera perpendicular al plano de la órbita que describe al rededor del Sol, es evidente <]uela parte del globo alumbrada por este astro se estenderia invaria blemente de un polo al otro, i qne los dias i las noches serian o.Ya'etnmeiite compuestos de doce horas en los dos hemisferios.

Pero lío sucede así: el eje de la tierra esta un poco inclinado, siempre en el mismo sentido i del mismo lado, de manera que se le puede considerar, a lo menos por lo que respe'-ta a los cambios de los dias i de las estaciones, que conserva tina di rección constante, esto es, que permanece paralelo a sí mismo cu toda la estension de la órbita. Resulta de aquí que, a con secuencia de esta inclinación del eje de la tierra, el globo presenta un grado de inclinación que cambia con respecto al sol. Dos veces durante el curso del año, el 20 de marzo i el 22 de setiembre, eslá dispuesto de tal manera que los rayos so'ares caen perpendicularmente sobre el ecuador: en los otros perio dos de la revolución anual, el sol alumbra alternativamente uno de los polos i deja al otro sumido en la oscuridad. El hemisferio septentrional recibe la mayor cantidad de luz i de calor desde el 22 de marzo hasta el 23 de setiembre; mientras que el hemisferio meridional goza de esa misma ventaja eu los seis meses restantes. 7. -El conocimiento de esta revolución pertenece propia mente al estudio de la cosmografía, i sale por esto misino de los límites de la jeografía física.

Pertenece también a aquo 11a Ciencia el conocimiento de las divisiones imajinarias del FIGURA I !>í.\IK.\'sih>'!',s DE LA TIERRA. 11 -lobo ipic sirven para facilitar su estudio. Creemos, sin em bargo, indispensable el iiulicar aquí sumariamente esas di ■ isi'ines para facilitar la inteli jeiicia de las nociones subsi •.- .lientos. La Tierra, como liemos visto; es un cuerpo redondo semejante a una esfera, i de abi le viene el nombre de esfera li rres/ie. eon que se la designa frecuentemente. Se llama eje dé la tierra la línea ima jinaria «pie pasa por el centro de la tie rra, en torno de la cual hace su rotación diurna. Los polos son las estreinidailes tle este eje. A uno se le da el nombre de poli b'iri'ul. át lira, ueili o septentrional; i al otro A da polo austral, aufui lien, su¡- o uní idio/ial.

Como la tierra es una esfera, toda sección de este globo por un plano forma necesariamente un círculo. Se distinguen dos especies de círculos, los rirruios ma.rimos, que dividen la tie rra en dos partes iguales i los círculos menores, que la dividen en partes desiguales. Los círculos máximos pueden ser in finitos: pero hai dos de ellos «pie tienen grande aplicación en el estudio de la jeografía, el eciécidor i el meridiano. El ecuador resulta, de la intersección de la estera terrestre, por lili plailó «pie paga por su centro i qne es pefpi nilietilar a su eje Divide, pues, la tierra, en dos hemisferios, a saber, el lu ulisfriu liaren/, ui/iea. norte o septenlil'Oiul, i el hemisferio aus tral, auletrlica, sur o lueiídi nuil, que es opuesto al precedente l'jl ci lUidor licué también el nombre de linea eq'tiinoccial, Tpor «pie en la rejion por donde pasa, las noches son constante mente iguales a los dias.

Kl uu ríilíuiio resulta de la intersección de la esfera por un plano que pasa por el eje de la tierra. En consecuencia, sn plano es perpendicular al del ecuador, i divide a la tierra cu dos hemisferios, uno oriental i otro occidental. Los meridia nos, que se trazan en las carias jeográficas, dividen la esfera cu 860 grados que cortan el ecuador i que comienzan a con tarle desde cualquier punto. Asi, cuando se quiere determi nar la lonjitud de un lugar, es decir, la distancia de oriente a .poniente de un punto a otro, se conviene en referirse al meridiano de un lugar determinado. Cada pueblo lija como punto tic partida el meridiano que pasa por un lugar de su i torio. Asi, hai meridiano de Santiago, meridiano de Te la rife, etc. Las cartas jeográficas, para designar las lonjitu d-fcs de los lugares, toman como punto de partida el meridia no de Paris si son francesas, o el de (¡recínvich si son in glesas.

Los circuios menores son los püiyttklos. Se llama paralelo a todos los ci renitis, cuyos planos son perpendiculares al eje de la tierra, i por consiguiente paralelos al ecuador. Se cuentan noventa principales, equidistantes entre cada polo i el ecua dor, aunque entre dos de estos paralelos principales se puede suponer cuanto se quiera. Sirven para medir los grados de la titud, esto es, la distancia que hai entre el ecuador i los polos. Los círculos polares, cuyo nombre viene de inmediación al po lo, son también paralelos al ecuador, i reciben el nombre es pecial del polo cerca del cual se encuentran. Ambos están a 23° 27' 30" del polo respectivo i fijan el límite de la rejion polar que no recibe la luz del sol cuando este astro está en el hemisferio opuesto. Los trópicos son igualmente círculos paralelos al ecuador, i separados de éste por 23" 27' 30": ol del norte recibe el nombre de trópico de Cáncer i el del sur el de trópico de Capriczrnio.

Ambos marcan el límite de la rejion de la Tierra espuesta directamente a los rayos perpendiculares del Sol, o mas bien el espacio del globo en que se opera el movimiento aparente del sol al rededor de la Tierra. Los círculos polares i los trópicos dividen la esfera terres tre en cinco porciones que se llaman zonas, es decir, bandas. Las que están encerradas en cada círculo polar se hallan pri vadas del sol una parte del año o no reciben sus rayos sino mui oblicuamente: se denominan por esto zonas glaciales. La bauda circular comprendida entre los dos trópicos i que está cortada eu la mitad por el ecuador, tiene el nombre de zona intertropical, pero se la llama mas comunmente zona tórrida, porque recibe los rayos del Sol verticalmente. En fin, las otras dos zonas comprendidas encada hemisferio entre el cir culo polar i el trópico, aunque nunca tienen al Sol en una posición vertical, reciben sus rayos menos oblicuamente que las zonas glaciales i tienen mas o menos luz durante todo el año.

Se las llama zonas templadas. 8. Las cartas jeográficas están destinadas a representar la configuración jeneral de la Tierra, i mas propiamente la con figuración de los continentes i de los mares i de las posiciones respectivas de sus diversas partes. Para que una carta sea perfecta, es preciso que esas partes estén figuradas no solo en sus posiciones relativas sino en sus proporciones exactas. (Jomo la superficie de la Tierra, es esférica, es absolutamente imposible representar una sección considerable de ella eu una superficie plana, de tal modo qne las distancias entre los lugares ofrezcan las mismas proporciones que tendrían en una superficie esférica. Se deduce de aquí que solo en un globo se puede trazar una imájen verdadera de la Tierra i de las diferentes partes que la componen. Pero, como no es posible construir globos de un gran tamaño en que se señalen todos FIGURA I DIMENSIONES DE LA TIERRA. 13 los detalles jeográficos, o mas bien como los globos construi dos de esta manera serian de difícil manejo i no ofrecerían las comodidades de las cartas o mapas que sirven de ordinario para el estudio de la Tierra, los jeógrafos se han visto precisados a emplear diversos sistemas jeométric.os, segun el objeto que se proponen, porque ninguno de esos métodos es aplicable a todos los casos, i porque cada uno de ellos tiene sus ventajas i sus inconvenientes.

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