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CAMPAÑA DEL EJÉRCITO CHILENO (MUÍ U C0NFEDEUG10K PERO-BOLIVMA E3ST CAMPAÑA DEL EJÉRCITO CHILENO CONTRA LA CONFEDERACIÓN PERÚ-BOLIVIANA :e:st 1837 MEMORIA PRESENTADA A LA UNIVERSIDAD DE CHILE POR RAION S0T0MAY0R VALDES, Miembro académico de la Facultad de FilosopIa i Humanidades de dicha Universidad i correspondiente de la Real Academia Española 1896 SANTIAGO DE CHILE IMPRENTA CERVANTES BANDERA, 73 17,936- — Imp Cervantes, Bandera, 73. CAMPAÑA 1 EJÉRCITO CHILI CONTRA LA CONFEDERACIÓN PERÚ -BOLIVIANA EN 1837 INTRODUCCIÓN Los sucesos que abarca esta Memoria, se desenvolvieron en un breve período de tiempo, durante el cual la República i su Gobierno demostraron una suma de habilidad, de patriotismo, de firmeza i de virtudes cívicas, como jamas talvez en ninguna otra ocasión i como apenas seria posible hallar parecido ejemplo en la historia de los mas heroicos pueblos.
No bien desembarazada la República de las dificultades con siguientes al ensayo de un nuevo orden político, que habia comenzado en 1830; con una población escasa, con pobres recursos, con un ejército diminuto, que apenas era suficiente para guarnecer las fronteras de los bárbaros i alguna que otra plaza interior, vióse comprometida en una guerra exterior con un enemigo evidentemente mucho mas poderoso, pero cuyo poder, fundado en la usurpación i en el prestijio de la fuerza, bien lejos de poner miedo a los hombres que gobernaban nues tra República, solo sirvió de excitar su celo i su grandeza de alma i levantar sus miradas políticas a una altura digna de los mas grandes hombres de Estado. Después de la primera expedición libertadora del Perú, en la que tan señalada parte tomó Chile, para asegurar la indepen dencia i autonomía del continente sud-americano; después de erijidas las diversas naciones a que la gran guerra de emanci pación dio lugar, la política exterior del Gobierno de Chile sabiamente habíase ceñido a cultivar amistosas relaciones con todas ellas, a observar una perfecta neutralidad lo mismo en sus conflictos intestinos, que en sus cuestiones internacionales, no sin ofrecer oportunamente en muchos casos su consejo i su mediación amistosa, para allanar dificultades i conjurar peligros en beneficio de la armonía i de la paz común.
Durante algún tiempo el rasgo dominante de la política del Gobierno chileno fué favorecer la industria nacional i asegurar i extender el comercio de la República, particularmente con las demás naciones hispano-americanas. Con este propósito habia conseguido ajustar en 1835 con el Gobierno del Perú, presidido a la sazón por el jeneral Orbegoso, un tratado de amistad i comercio en que se estipularen mutuas franquicias sobre el pié de perfecta igualdad. Mas, antes de que este pacto fuese ratificado por el Gobierno del Perú, alzábase en aquella República, lisiada de revoluciones, un nuevo caudillo, el audaz Salaverry, que en pocos dias se señoreó de casi todo el pais, dejando a Orbegoso arrinconado en el departamento de Arequipa. Salaverry se apresuró a acreditar un Ministro diplomático para ante el Gobierno de Chile, que con la mira de observar neutralidad, no vaciló en reconocerlo como a representante de un Gobierno de hecho, sin perjuicio de reconocer al Plenipotenciario que poco después le enviaba Orbegoso desde Arequipa, pues en realidad el Perú estaba dividido entre dos gobiernos.
Capítulo II
— »»0¡» — La situación de la Confederación Perú-boliviana hacia este tiempo, parecía, bajo cierto aspecto, irse acentuando i solidifi cando. Los plenipotenciarios de las tres repúblicas confederadas habian dictado en Tacna (Mayo de 1837) el pacto o lei funda mental de esta nueva entidad política, a que habian dado orí jen el año anterior las leyes especiales dictadas por los respectivos congresos de los Estados ñor i sur peruanos i de Bolivia, bajo la positiva sujestion del vencedor de Yanacocha i de So cabaya. Las relaciones exteriores de la Confederación, reconocida o de hecho o formalmente por diversas e importantes naciones de 'ambos hemisferios, se hallaban en un pié satisfactorio i daban en cierto modo al nuevo Estado la sanción del derecho de jentes. En nota de 21 de Abril de 1837, fechada en Bogotá, el señor Cayetano Baluffi, obispo de Bagnor2a, acreditado como Inter nuncio extraordinario cerca del Gobierno de la Nueva Granada, i como Delegado Apostólico para las demás repúblicas de la América meridional, comunicaba al jeneral Santa Cruz la mi sión de que venia encargado por la Santidad de Gregorio XVIj i entre otras cosas le decia: "Antes de todo permítame V. E. que lo felicite por los brillantes triunfos que ha obtenido, con los que abatiendo la anarquía i la usurpación, ha consolidado la paz de los Estados peruanos; que le esprese mi júbilo por la excelsa dignidad que ha merecido de Supremo Protector de ambos, i que le vaticine toda prosperidad para su persona, para la República de Bolivia i para los otros pueblos confederados Acepte V. E. la espresion de mi sincera veneración, í procure que, si el mnndo lo mira como un héroe en la guerra i como un padre en la política, lo aplauda también como un bienhechor de la relijion...
(i) Desde Agosto de 1834 en que quedó sancionado i promul gado un tratado de amistad i comercio entre Francia i Bolivia, marcharon en mui buena armonía las relaciones de ambos paí ses. Santa Cruz como Presidente de Bolivia recibió del Rei de los franceses Luis Felipe la condecoración de gran oficial de la Lejion de Honor, i fueron también honrados con los diplomas de oficiales de la misma don Casimiro Olañeta i don Mariano José Serrano, que habian intervenido en la negociación del tratado. Santa Cruz añadió esta condecoración a la larga serie de títulos con que encabezaba los decretos supremos de su ad ministración. Aunque a mediados de 1837 la Confederación Perú-boliviana no estaba directa i solemnemente reconocida por la Francia, existia, no obstante, de hecho, entre ambas potencias las mismas buenas relaciones que ligaban a Bolivia con aquel reino; í el Protector, que hacia alarde de cortejar a los extranjeros, contaba con el apoyo de los franceses residentes en los Estados confederados.
Puede, pues, afirmarse que la Confe deración tenía las simpatías de la Francia. (1) El Eco del Protectorado de 12 de Julio de 1837, número 76. A las lisonjeras palabras del Delegado Apostólico hai que añadir todavía el obsequio de una medalla de oro con la efijie de Gregorio XVI, i de un rosado de piedras esquisitas que el mismo Papa habia enviado algunos meses antes a Santa Cruz como Presidente de Bolivia. (Memoria del Mi nistro de Estado en el despacho del Interior, i Relaciones Exteriores al Congreso de Bolivia, 1837. El Eco del Norte de 15 de Noviembre de 1837, número 40). En análoga í aun mas aventajada situación se hallaban las relaciones del Protector con Inglaterra. Para el cultivo de las relaciones comerciales el Gobierno de Bolivia tenia acreditado un cónsul jeneral en la Gran Bretaña, i el Gobierno de esta nación habia anunciado ya su resolución de constituir ajentes consulares en Bolivia.
Entre tanto, a pesar del cambio político consumado en el Perú al dividirse esta república en dos Esta dos, continuó desempeñando en ella el consulado jeneral de la Gran Bretaña Mr. Belford Hinton Wilson, íntimo amigo i gran partidario de Santa Cruz. Wilson con casi todos los residentes ingleses en el Perú, prestaban decidido apoyo a la política del Protector, e influyeron eficazmente en el ánimo del gabinete de S. James, ha-ta arrancarle votos de ¡simpatía i aun aplausos a favor del Gobierno protectoral. Así en Mayo de 1837 el viz conde Palmerston, contestando ciertos oficios de Wilson, referentes a algunas reformas introducidas por el Gobierno pro tectoral en las leyes i reglamentos de comercio de los Estados peruanos, decia que estas medidas habian merecido la mas en tera aprobación del gabinete británico, el cual ordenaba al cónsul "espresar al Gobierno Perú-boliviano i personalmente a S. E. el jeneral Santa Cruz, el alto aprecio que ha merecido del Go bierno de S. M. la ilustrada política que es el norte de la admi nistración de S. E. ..
Mientras se daba cuenta de este lisonjero oficio al Protec tor, ausente entonces de Lima, el Gobierno del Estado nor peruano se apresuraba a contestar al cónsul Wilson, diciendo que la comunicación del vizconde Palmerston manifestaba "la sublime política con que el gabinete de S. James ha sabido apreciar los arreglos dictados por S. E. el Protector de la Con federación en los Estados sur i nor-peruanos, para mejorar el comercio i elevar el pais a su mayor engrandecimiento, no me nor que el alto aprecio i consideración que le merece el Go bierno Perú-boliviano i personalmente S. E. el jeneral Santa Cruz n I anadia que tan relevante prueba de ilustración i benevolencia de S. M. B. debían consolidar "de un modo per durable las francas relaciones de amistad i comercio que di chosamente se cultivan entre los Estados confederados i su Majestad el rei del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irían da.n (2) Así misino el gobierno de la Gran Bretaña, requerido expre samente por Santa Cruz para hacer el oficio de mediador entre el Perú i Chile, respondía en oficio de 22 de Julio de 1837 admitiendo gustosamente "el cargo, siempre que el Gobierno de Chile conviniese con el del Perú en solicitar los buenos oficios de S. M. B. (3) El Gobierno de Méjico, presidido por don José Justo Corro, al contestar el 30 de Enero de 1837, la carta-circular de 20 de Agosto de 1836 en que Santa Cruz habia comunicado a los de mas gobiernos el nuevo orden político del Perú i Bolivia, se con gratulaba por un suceso de tanta importancia i por el feliz desenlace del triste drama de guerra que por tanto tiempo ha bia presentado el Perú.
"Llamado V. E. (anadia) por el voto unánime de las nuevas secciones de esa República a rejir sus destinos, es de suponer que empiecen a participar los bienes de la paz i orden que había disfrutado Bolivia bajo el Gobierno de V. E. El sistema bien conocido i acreditado en siete años de una administración pacífica con todas las repúblicas de este continente, es una buena garantía de las relaciones francas i amistosas que V. E. siempre mantendrá con ellas.. (4). En carta de 31 de Enero de 1837, el jeneral don Francisco de (2) El Eco del Norte de 28 de Octubre de 1837, número 35. (3) El Eco del Norte de 22 de Noviembre de 1837, número 42. Parece que solo a mediados de Noviembre del 37 llegó a manos del Gobierno de Santa Cruz el oficio del gabinete de S. James sobre mediación. Como el 17 del mismo mes se desenlazaba la primera campaña de Chile contra la Confede ración por el tratado de Paucarpata, es natural que, por de pronto al me nos, el Gobierno protectoral creyese ya innecesaria la mediación de Ingla terra.
Lo que es mui digno de notarse es la facilidad i confianza con que el jeneral Santa Cruz ofrecía en sus conflictos con Chile ya la mediación, ya la garantía, ya el arbitraje de diversas potencias estranjeras, lo cual revela que en todos estos casos procedía en el convencimiento de que las simpa tías de esas potencias estaban por el Gobierno de la Confederación i contri buirían a afianzar el orden político de cosas que el Gobierno de Chile inten taba destruir. (4) El Eco del Protectorado. Mayo 13 de 1837, número 59. Paula Santander, Presidente de la Nueva Granada, habia contes tado también en términos bastante amigables i satisfactorios el referido autógrafo circular de Santa Cruz, no sin insinuar, em pero, el deber en que están los gobernantes i los hombres de alto influjo político, de respetar i consolidar el réjimen de libertad que desde su independencia proclamaron los pueblos ame ricanos.
"A los hombres notables de esos paises, que por antiguos e importantes servicios han adquirido popularidad e influencia, (decia Santander) í mas que a nadie, a V. E , que se halla inves tido de la suma del poder público, i que debe conocer a fon do los deseos i las verdaderas exijencías nacionales, está reser vada la parte principal i mas gloriosa en esta obra benéfica de rejeneracion política i social para un gran pueblo, que de muchos años atrás se adhirió a los principios que constituyen el dogma político de la América, i -.creedor ya al reposo que le propor cionará un buen sistema de gobierno. V. E. hará imperecedero su nombre, si consigue, como lo procurará sin duda, salvar para siempre al Perú de la anarquía i del despotismo, cooperando a su reorganización sobre bases liberales estables, dando un fuerte im pulso a la marcha de las instituciones i apoyándolas con su influ jo i con su esperiencia; i me prometo que no serán en este pun to ilusión las esperanzas justas de mis compatriotas i mias.n (5) El Presidente Santander, cuya opinión privada i personal no era favorable a las empresas de Santa Cruz, (6) creyó tai vez, dada su situación política de aquellos dias, hacer lo bastante para su honra de caudillo republicano, con aludir al dog ma político de la A mérica, es decir, al sistema democrático, i con insinuar como un deber primordial de los caudillos i gobernantes el acatar i realizar este dogma.
Con los Estados Unidos de la América del Norte, con el Bra sil i, en jeneral, con las demás naciones americanas, si se escep tuan Chile i la República Arjentina, las relaciones del Gobierno (5) El Eco del Protectorado de 10 de Mayo de 1837, número 58. (6) El jeneral Santander consignó esta opinión en carta particular que dirijió a don Ventura Lavalle, Encargado de Negocios de Chile en el Ecua dor. (Correspondencia oficial de Lavalle). de la Confederación Perú-boliviana descansaban en cierta buena intelijencia i cordialidad, i es justo reconocer que en este resultado fué parte mui principal la política sagaz con que el Protec tor procuró siempre disfrazar su egoísmo i ambición personal i hacer plausible su administración a los ojos del mundo (7). Conviene tomar en cuenta otras circunstancias i condiciones de mas entidad que daban al Gobierno protectoral todo el colo rido ¡ las apariencias de un poder fuerte i comparativamente for midable.
Los tres Estados confederados reunían una población que pasaba de 4.000,000 de habitantes. En 1837 la renta ordi naria de los dos Estados peruanos alcanzó a 5.300,000 pesos (8), i la de Bolivia a i.8oo,oco; de suerte que las entradas fiscales de la Confederación importaron 7.100,000 pesos. El Protector, con el objeto de proveer abundantemente su caja de guerra, imponía a los empleados públicos i pensionistas de todo jénero adscritos al Estado, un descuento de 10 por ciento sobre sus sueldos i pensiones, con cargo de devolución; dictaba las medidas mas apremiantes para que los recaudadores de impuestos en el Perú enterasen las sumas en que estaban atrasados, i aun im ponía cupos, con cierta cautela, por vía de empréstito forzoso, a algunos capitalistas. Para economizar gastos de subvención a favor de algunos establecimientos de beneficencia i poder to davía usar los fondos que les pertenecían, mandaba organi- (7) Santa Cruz cuidó ademas de ganarse apolojistas i defensores en ¡a prensa extranjera.
El Glove de Londres se hizo notable, desde las primeras dificultades entre Chile i el Protector, por los virulentos ataques contra el primero, i sus apasionadas defensas en favor del segundo. Los mismos acree dores de Chile en Londres, bastante descontentos ya, a causa de la inso lucion de sus créditos, fueron azuzados a hacer manifestaciones insultantes al Gobierno chileno, a quien en reuniones públicas i en artículos de la prensa calificaron de tramposo. (8) Estado nor-peruano, 3.100,000 pesos. Id. sur-peruano, 2.200,000 pesos. Manifiesto: <r.El Jeneral Santa Cruz esplica su conducta pública» etc. Quito 1840, páj. 71. En este mismo documento afirma Santa Cruz que el comercio internacional del Perú se desarrolló extraordinariamente bajo su administración, i que los mercados de aquel pais fueron mejor surtidos de toda especie de mercaderías, incluso las harinas i otros artículos alimenti cios, después de suspendido el comercio con Chile. zar loterías públicas en cada uno de los departamentos del Es tado sud-peruano, a fin de proveer a la subsistencia de dichos institutos.
(9) Sin dejar de ostentar, en medio de las atenciones déla guerra, un gran interés en favor de la instrucción pública i demás objetos de común utilidad, i pronto siempre a anticipar medidas i decretos de una celosa administración, cuidaba, em pero, de no comprometer los fondos públicos en este jénero de mejoras, sino para el tiempo en que presumía que habian de terminar los conflictos de la guerra exterior. El Gobierno protectoral era, pues, rico y fuerte comparativa mente con los dos Estados que le habian declarado la guerra. Sin embargo, algo como una grave dolencia se iba apoderando del vasto cuerpo de la Confederación, dolencia cuyos síntomas se hicieron mas precisos i alarmantes desde que el pacto fede ral apareció publicado en las columnas de El Eco del Protecto rado. "Publicamos hoi (habia dicho el periódico oficial del Pro tector de 17 de Mayo de 1837) el Pacto de la Confederación negociado en Tacna por los ministros plenipotenciarios de las tres naciones.
Era nuestra intención reservar su publicación para cuando lo ratificasen los Gobiernos respectivos. Pero la impaciencia que ha manifestado el público por saber las condiciones de esta gran innovación, nos obliga a ceder a este justo i patriótico deseo. Por otra parte, el pacto tiene en favor de su ratificación, todas las garantías que pueden darle el acierto de sus disposiciones, i la ilustración i patriotismo de los que lo han negociado. Producto de necesidades imperiosas i largo tiempo sentidas; resultado de largas meditaciones i de un reconocimiento práctico de las circunstancias locales; afianzado en la opinión jeneral de que han sido dignos intérpretes los nueve distinguidos patriotas cuyos nombres figuran al pié de aquel importante documento, sus disposiciones pueden ya mirarse como el principio animador de nuestra idea política, como la piedra fundamental de la nueva familia de que somos miembros, i como la raiz del árbol frondoso de nuestra prosperidad. m (10) Esta violenta i mal meditada alabanza del pacto federal, era una imprudente intimación a los poderes llamados a ratificarlo (9) Decreto de 10 de Setiembre de 1837.— El Eco del Norte, número 29.
(10) Nota B del Apéndice. en los tres Estados, i a la misma opinión pública, deseosa de conocerlo i que, en verdad, ninguna injerencia habia tenido ni en el pacto, obra exclusiva de Santa Cruz, ni en la constitución de la Asamblea de Tacna, nombrada también por Santa Cruz. "El pacto de Tacna (decia mas tarde el jeneral don Luis José Orbegoso, cómplice principal en la erección de la Confe deración perú-boliviana) vino a correr el velo que hasta en tonces cubría las miras del jeneral Santa Cruz, porque puso de manifiesto que no se trataba de tal Confederación, sino de mal apel'idar con su nombre un sistema abusado, entera mente opuesto a las luces del siglo, a los principios adoptados por todo el continente americano. Este sistema consistía en sujetar tres millones de hombres a la voluntad de uno solo, en que tanto el Perú como Bolivia debían perder sus derechos i sacrificar su soberanía...
(u) No sin disgusto habian visto los Estados peruanos cambiar bruscamente su lejislacion civil, mediante un decreto protecto ral, por los códigos novísimos de Bolivia, a los que Santa Cruz habia dado su nombre. Con mayor desagrado aun veian con fiada la guarnición de sus plazas principalmente al ejército boliviano, mas numeroso i fuerte que el peruano, i cuyo sosteni miento estaba a cargo del erario del Perú. Sabia bien el Protector que las provincias que formaban el Estado nor-peruano, habian recibido mal desde el principio su separación de las provincias del sur, i que era opinión jene ral que la división del antiguo Perú en dos Estados no habia tenido mas objeto que debilitar esta República i entregarla a la explotación de su vecina rival i a la ambición de su Presidente. Todo esto, sin embargo, no era para poner en cuidados al jene ral Santa Cruz, mientras pudiera contar con el apoyo de Bolivia i sobre todo con la obediencia i fidelidad de su ejército.
Des pués de la publicación del pacto de Tacna, el Protector, que conservaba las facultades autocráticas que le habian dado los congresos de Sicuaní i de Huaura sobre los Estados sud i nor peruanos, no habia dado muestras de querer constituir los Con- (n) Papeles o memorias inconclusas de Orbegoso, publicadas por Paz Soldán en su Historia del Perú Independiente, 1835 -1839. — Apéndice. gresos de una i otra república, a los cuales, como al de Bolivia, debia someterse la ratificación de la lei fundamental de la Con federación. Lo que pensaba en este particular el Protector, era un misterio. Pero sucedió que, apenas publicado el pacto de Tacna, la opinión pública de Bolivia se conmovió hondamente, i se hizo oir en protestas i censuras que no podian menos que impresionar el ánimo del Protector.
Se acercaba la época en que debia reunirse en Chuquisaca el Congreso de Bolivia, i para este caso esperaban los enemigos del pacto hacer valer su opinión. El Protector se alarmó profundamente tan pronto como com prendió que la carta fundamental de la Confederación Perú boliviana habia suscitado prevenciones adversas en la opinión pública de Bolivia. (12) Llegó a creer desquiciada su obra favori ta, si el Congreso de aquella República, que debia reunirse a principios de Agosto, no sancionaba el pacto en todas sus partes. Así procuró ante todo evitar esta reunión, temando por pretesto la guerra de Chile.
En carta fechada en Lima a 13 de Julio de 1837 i dirijida a don Andrés Torrico, que estaba en el Cuzco i presidia el Consejo ejecutivo del Estado sur-peruano después de instarle con urjencia que se trasladase inmediatamente a Chuquisaca, le decia: "Acabo de despachar un oficial con des pachos para el señor Calvo (el Vicepresidente de Bolivia) i con cartas para muchos diputados, aconsejándoles: i.° que no se reúna el Congreso hasta que cese la guerra i yo pueda dar le cuenta de mi conducta, del pacto de Confederación i de las grandes ventajas que hemos sacado de la campaña; 2° que se trabaje a toda costa por que el pacto sea aprobado íntegramente en caso de que se hubiese reunido i haya confianza en los diputados; 3.0 que se ponga en receso, si hubiese algún temor de que se pronunciase contra el pacto, que es lo mismo que si se pro nunciase por la política de los chilenos; 4.0 que en todo caso se sostenga el espíritu de orden i la armonía dentro del Congreso, i que no se haga cosa alguna que pueda poner al Congreso en contradicción con el Gobierno, i con la política que hemos sos- (12) Véase en la nota A del Apéndice, lo que Santa Cruz pensaba del espíritu público de Bolivia. tenido en el exterior.
Estos son los mismos encargos que hago a usted para que los sostenga como apoderado mió i del ejérci to pacificador. "Nada ha ocurrido hasta ahora que sea mas grave i que pueda traer consecuencias de mas trascendencia. Si las resoluciones del Congreso nos fuesen favorables, i se aprobara el tratado de Con fedet ación, quedaríamos asegurados para diez años, i después de diez años nadie alteraría el sistema establecido: si al contra rio nos fueran sus votos desfavorables, quedaríamos bajo la in fluencia de nuestros enemigos que nos hacen la guerra porque no se haga la Confederación. Nuestro Congreso tiene pues en su mano la facultad de que venzamos o de hacernos derrotar... Es mui digna de considerarse la correspondencia que acer ca de este mismo punto cambiaron entre sí el jeneral Santa Cruz i el Vice-presidente de Bolivia don Mariano Enrique Cal vo.
Este boliviano, abogado de profesión, que habia comenzado su carrera pública en tiempo de la presidencia de Sucre i que en el primer período de la administración de Santa Cruz desempeñó el ministerio de gobierno, fué elejido Vice-presidente de Boli via en 1835, mediante la influencia de Santa Cruz, que obtuvo en tonces por segunda vez la presidencia. Calvo, hombre modesto i hasta tímido, íntimamente ligado a Santa Cruz por los lazos de la amistad i de la política, se hizo cargo del Gobierno de Bolivia desde que el Presidente emprendió la campaña de la pacificación del Perú i durante las vicisitudes i sucesos que obli garon a Santa Cruz a permanecer alejado de aquel Gobierno. Cuando el Congreso de Bolivia, reunido extraordinariamente en la villa de Tapacarí en Junio de 1836, aprobó dócilmente todos los actos de Santa Cruz, autorizándolo para llevar adelante los trabajos referentes a la Confederación Perú-boliviana, tuvo la ocurrencia de discernir ál Vice-presidente Calvo, sin duda por insinuaciones de aquél, el grado de jeneral de división del ejér cito de Bolivia, apesar de ser el agraciado completamente es traño a la profesión de las armas.
(13) (13) En el mensaje donde el Vice-presidente dio cuenta de su administra ción al Congreso de 1837, dijo con relación a este jeneralato: «.Permitidme, señores, que al concluir os ocupe un momento de mi per- Calvo fué consecuente con Santa Cruz i acató su voluntad en cuanto pudo. No por eso dejó, a fuer de hombre honrado, de exponer al Presidente las cosas i los hechos, segun los en tendía, usando de una franqueza a que creia tener derecho en el fuero de una íntima amistad i de una correspondencia confi dencial. "La opinión (escribia Calvo a Santa Cruz desde Sucre en carta de 3 de Julio de 1837) es tan universal, tan fuerte, tan pronunciada contra el pacto, que toda ponderación es corta. Nuestros enemigos ya no tienen necesidad de hablar contra él, i están callados, porque todos hablan i los bañan en agua olo rosa.
Verdad es que aquí se hará tal vez la cosa mas pública que en otras partes; pero cartas de la Paz, de Potosí i aun me dicen que de Cochabamba, son las que los han convencido de la jeneralidad de la repugnancia; i yo no lo dudo, porque todos, empezando de los prefectos i de los mas decididos amigos de usted, apenas leían el pacto, cuando esclamaban que todo lo sona. En el último dia de vuestra reunión extraordinaria, en Tapacarí i después de cerradas las sesiones, recibí el decreto por elique me disteis, en ei exceso de vuestras bondades, el título de Conservador de la paz, hacién dome al mismo tiempo jeneral de división del ejército permanente, i en jefe de la Guardia Nacional. Al colmarme de tan clásicas distinciones en los trasportes de vuestro entusiasmo por las glorias de la patria, sin duda olvi dasteis, señores, mi profesión, mi edad, mis dolencias, i hasta mi carácter personal Educado en la carrera del foro, i a los dos tercios de mi existencia achacosa, mi conciencia me grita que no puedo ser útil a mi patria como soldado, i con tal convencimiento hasta injusto seria conservar por mas tiempo un título que debe ser el premio esclusivo del valor 1 de las virtudes militares.
Descargadme, pues, señores, de este insoportable peso i del rubor que me causan insignias inmerecidas Al protestaros, señores, que hoi es el último dia que me presento como jeneral, permitidme que os conjure una i mil veces porque admitáis la cordial i firme renuncia que hago ante vosotros, asegurándoos que esta gracia valdrá tanto para mí como la de haberme titulado Conservador de la paz, que no puede ser mayor i que demanda toda mi gratitud » La renuncia, sin embargo, no fué admitida, o mas bien, no se alcanzó a tratar de ella en el Congreso del 37, que suspendió pronto sus sesiones, por ras circunstancias que luego diremos, i el titulo de jeneral continuó dándo sele a Calvo en los documentos ofi;iales i hasta en la correspondencia privada. perdia Bolivia No es esto lo peor. Como el único argumento suerte que se podia hacer para calmar los ánimos, es la confianza que debe tenerse en el bolivianismo de usted, hasta se duda de él, i se dice que si usted la inspira entre nosotros no puede inspirarla lejos, i mucho menos teniendo que considerar los Es tados Peruanos, que siempre son mas fuertes que Bolivia, i dos contra uno, esté usted o no a la cabeza de la Federación Me es sensible comunicárselo; pero peor sería ocultarlo Los mismos encarnizados apóstoles contra el pacto, que lo están de buena sé, si les preguntan qué ven o esperan después de su reprobación, responden tristemente que caos i nada mas.
Pero en la mala acojida universal que ha tenido el pacto, ya no pue de ser remedio ni paliativo el aprobarlo, porque al atacarlo, se han tocado razones que afectan demasiado las masas; por ejem plo, la continua saca de soldados al Perú (con destino al Perú) para sostener este ominoso pacto. Así, mi querido compadre, veo que es preciso renunciar a él; i si usted pudiese venir por acá al tiempo del Congreso, tocaría lo mismo Lo que debe ocupar nuestra atención es hacer un vado para salir de este pan tano, es decir, dar una larga a la negativa que dé tiempo a usted a abandonar el Perú, sin violencia i sin un total abandono de los buenos peruanos que están comprometidos en nuestra causa, o buscar un medio de endulzar la negativa. El Arzobispo, que le escribe i que es el único a quien he participado que le hago esta comunicación, parece que opina que se podrá trabajar en su aprobación parcial, modificando los artículos que mas han chocado, como elección de Presidente de cada Estado, la délos Supremos, la facultad de presentar proyectos de lei a los Con gresos; i en tal caso trabajaríamos porque al menos pasase lo de la supremacía militar, que es el alma del pacto.
También se me ha ocurrido que podíamos fijar un término menor al perío do que debe durar el primer Protector que se elija. Algún otro me .ha indicado que podíamos hacer que este Congreso adop tase el pacto, como meras bases que deberia sancionar la Lejis latura del año 39, como para suplir las formalidades que no pu dieron observarse en el Congreso de Tapacarí. Si a usted se le ocurre algún otro medio que consiga el mismo fin, puede usted indicármelo para trabajar en su adopción con todo el empeño que corresponde, en la intelijencia que para dar lugar a recibir oportunamente sus contestaciones, pienso no someter el pacto al Congreso en los primeros dias de su instalación, pasándolo recien al Consejo de Estado a fines del corriente. "La maldita guerra de Portales es la que ha pervertido la opinión, que sin ese desgraciado incidente, no habria llegado jamas a ponerse en el estado en que tan repentinamente se ha puesto.
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