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Historia de la Espedición Libertadora del Perú, 1817-1822

Gonzalo Bulnes · 1887 · Scanned text

367,067 words · about 25 h 42 min to read

Period artwork: Interior of the Bodleian Library, 1845
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About this book

Author
Gonzalo Bulnes
Language
Spanish
Published
1887
Length
367,067 words · about 25 h 42 min
Sections
22 reader sections
Text
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Rights
Public Domain Mark 1.0

 

Contents (22)
  1. Front matter about 49 min
  2. Capitulo II about 1 h 3 min
  3. Capítulo II under 1 min
  4. Capítulo III La Alianza En about 9 min
  5. Capitulo III about 1 h 1 min
  6. Capitulo IV about 24 min
  7. Capítulo IV about 48 min
  8. Capitulo V about 3 min
  9. Capítulo V about 37 min
  10. Capítulo VI about 15 min
  11. Capitulo VI about 40 min
  12. Capítulo VII about 6 min
  13. Capitulo VII about 2 h 3 min
  14. Capitulo VIII about 26 min
  15. Capítulo VIII about 22 min
  16. Capítulo IX about 54 min
  17. Capítulo X El about 31 min
  18. Capitulo X about 29 min
  19. Capítulo XI about 38 min
  20. Capitulo XI about 41 min
  21. Capitulo XII about 18 min
  22. Capítulo XII about 13 h 27 min

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HISTORIA DE LA ESPEDICION LIBERTADORA DEL PERO HISTOEIA DE U HMI UBI UBI DEL PERÚ (1817—1822) F O IR C3- O 3ST Z .A. T_, O B"Ú"Liq-ES SANTIAGO DE CHILE RAFAEL JOVER, EDITOR CALLE DE LA BANDERA, NÚM. 73 1S87 Es propiedad del Editor. Queda hecho el depósito exijido por la lei. "Imprenta Cervantes" Santiago, Bandera SEÑORA DOÑA Yictoria $ul)erca¡3eau^ Se Vicuña Afael^enna JSeñorá: Permítame poner su nombre al frente de estas pajinas. Es Ud. el reflejo vivo del hombre ilustre que ocupa un lugar prominente en nuestra historia contemporánea. Este libro le pertenece bajo muchos respectos. Él dio los niveles de la personalidad militar de San Martin, i casi me atrevería a decir que presentó a la Ee pública Arjentina al ilustre ausente que estaba condenado a la proscripción del olvido (1). Sea a la vez, señora, tributo de mi admiración al hombre es clarecido que lloran con Ud. la Patria i las letras nacionales. goiíz&lo BÚLissaes (i) Me leíiero al brillante trabajo histórico del señor Vicuña Mackenna, titulado El jeneral don José de San Martin.

INTRODUCCIÓN -^~-Q*CfX3^r— Me propongo referir !a historia de los esfuerzos realizados por Chi le i las Provincias Unidas del Rio de la Plata en obsequio de la libertad del Perú, o mas propiamente, recordar una parte de aquellos memorables trabajos. Puede decirse que hasta 181 7 la revolución arjentina permaneció estacionaria en sus fronteras. Los ejércitos de la ciudad de Buenos Aires, que se conquistó con usura el título de "heroica", soportaron con incierta fortuna una lucha de siete años, que no tuvo carácter de cisivo, porque el territorio en que operaban estaba demasiado lejos de las capitales que representaban las dos causas que se disputaban el predominio en la América del sur. Los hombres mas ilustres de la historia arjentina se engolfaron en aquel abismo sin avanzar la solu ción de la contienda.

Las fronteras de la revolución eran azotadas periódicamente por las tropas reales, i ya sea que el aluvión se contuviese en la línea divisoria de ambos paises o que las aguas desbordadas de las mesetas del Alto Perú se desparramasen sobre el suelo arjentino, en uno i otro caso no se veia el término de aquella situación, porque ni el virrei podia llegar a Buenos Aires, ni las tropas independientes amenazar a Lima. A la vista de ese cuadro confuso, tuvo el jeneral San Martin la ins piración afortunada que constituye su inmortalidad. Comprendió que el complemento de la revolución arjentina era cruzar los Andes chile nos, dominar el mar con una escuadra i desembarcar con un ejército cerca de Lima. Esta idea envuelve tres etapas, tres jornadas jigantescas: ESPEDICION LIBERTADORA Chile, la escuadra i el ejército libertador.

Capitulo II

CREACIÓN DE LA ESCUADRA Importancia de la escuadra para la cousa revolucionaría de Sud-América. —II. Comisión de don Manuel H. Aguirre a los Estados Unidos para comprar buques. — III. Trabajos de Aguirre en los Estados Unidos i sus resultados. — IV. Misión de Álvarez Condarco a Londres con el mismo objeto. — V. Misión ríe don Miguel Zañarlu a Buenos Aires. — VI. Trabajos del gobierno de Chile en 1817 i 18:8 para organizar la escuadra. — VIL La María Isabel, I El dominio del Pacífico era el complemento de la revolución sud-americana. Hasta 18 17 la acción de los gobiernos indepen dientes se habia circunscrito a la posesión de las tierras sin que hubieran intentado disputar formalmente a la Esjjaña el predo minio del ancho camino por donde arrojaba a la hoguera de la lucha el combustible de sus recursos i de sus ejércitos.

Chile tuvo la gloria de ser el primero que realizó ese pensamiento. El dominio del mar era para toda la América del sur, una necesidad impuesta por el desarrollo de la revolución. Su suerte seria efímera mientras la España pudiera enviar sus ejércitos en convoyes de buques mercantes o débilmente custodiados. Cualquiera reacción que se esperimentase en el gobierno de la ESPEDICION LIBERTADORA metrópoli, refluiría en América como una nueva tentativa de re cuperar por las armas el imperio colonial. La estabilidad de la causa de Sud-América quedaría sometida a los vaivenes de la opinión española, i su inmensa cintura de costas a merced de un ataque de sus obstinados dominadores. La revolución tenia que dilatarse en el mar so pena de su cumbir. Hasta ese momento la atención de los gobiernos indepen dientes se habia concentrado en la guerra terrestre, lo que se esplica rjor las condiciones en que se habia desarrollado la lu cha.

Bolívar batallaba en las montañas i llanuras del interior de Colombia, i por consiguiente, no podia pensar en el mar, que era una necesidad posterior subordinada a la victoria. Las Provincias Unidas del Rio de la Plata habian localizado la lucha en las fronteras del Alto Perú, a gran distancia del mar; i Buenos Aires se habia acostumbrado a mirar de ese lado el peligro que amenazaba su causa. El mar no habia figurado como elemento activo en la lucha de su emancipación. Las tentativas de vasallaje habian venido de Lima, i el espíritu público miraba las provincias limítrofes del Alto Perú como el palen que natural de la lucha contra el poder español. Para Chile el dominio del Pacífico era una necesidad de fácil percepción. Chile mas bien que un pais es una costa. La comunicación entre las diversas secciones de su territorio no puede hacerse con facilidad sino por mar.

Sus fronteras naturales le crean una incomunicación casi absoluta con los paises vecinos, i aislándolo dentro de inaccesibles linderos dan a su nacionalidad una fisonomía especial. Las aguas lo envuelven por dos de sus costados, i por el norte el desierto o sea el mar de arena, que encierra en su estéril seno peligros mayores que los que se ocul tan en las profundidades del océano. El mar es la dilatación de nuestra raza en el espacio i en el porvenir. Sucedía en Chile al revés de lo que pasaba en las demás na ciones de América. Los ejércitos enviados a dominarlo habian tenido que tomar la ruta marítima, i el virrei del Perú, que era el representante de la resistencia contra la revolución de Chile, habia cuidado de mantener espedito el camino de nuestras costas. La escuadra era el único medio de cerrar la era de las inva siones, i en este sentido la garantía de la independencia.

Era, sin embargo, una empresa colosal que parecía superior a los medios de acción de que disponía un gobierno pobre i un pais esquilmado. Pero se vinculaban a su realización intereses tan considerables i que afectaban de un modo tan vivo la suerte de dos paises, que la obra pudo realizarse. Para Chile era el afianzamiento de su reciente victoria i la estabilidad de la revolución; para las Provincias Unidas del Rio de la Plata el medio de alejar la guerra de sus fronteras, desde que era natural que el virrei reconcentrase sobre su capital amenazada los ejércitos que ocupaban el Alto Perú; i para uno i otro el medio de consagrar la alianza amenazando el foco poderoso que alimentaba la ho guera de la resistencia realista. Jamas obra mas colosal se im puso a la actividad de un gobierno, ni causa alguna pudo aunar mejor los intereses de dos pueblos unidos en nombre de una necesidad suprema. 1 1 Empapados en estas ideas los directores de la guerra no die ron a la victoria de Chacabuco !a importancia que le asignaba el entusiasmo popular.

El pais miraba ese grande acontecimien to como una solución; pero ellos, preocupados del dilatado plan que empezaba a realizarse, eran menos entusiastas, midiendo nó lo hecho sino lo que quedaba por hacer. Así se esplica que el jeneral O'Higgins, en vez de entregarse a las espansiones del jú bilo al presenciar la disolución del ejército español en Chacabu co, esclamara tristemente: "¡Este triunfo i cien mas se harán insignificantes si no dominamos la marin Desde su instalación en el gobierno se consagró a reunir apu radamente algunos fondos para invertirlos en la adquisición de buques, i con el poco dinero que los españoles atemorizados no se cuidaron de sacar de la tesorería de Santiago, i por medio de ESTEDICION LIBERTADORA empréstitos forzosos i de secuestros de bienes, consiguió reunir cien mil pesos que puso a disposición de San Martín para que fuese a Buenos Aires a contratar la construcción de buques en los Estados Unidos.

Le estendió poderes acreditándolo como ájente del gobierno de Chile, autorizándolo para delegar su representación i para comprometer la firma del nuevo Estado. Segun parece, le dio ademas un pliego firmado i en blanco, para que lo llenase con el nombre del ájente en quien delegase su comisión. Se ha dicho que San Martin fué a Buenos Aires como pleni potenciario chileno i el término es exacto porque llevó la repre sentación pública de este gobierno, si bien su autoridad de jeneral vencedor le daba un título mas alto i una soberanía mas efectiva que la de las autoridades creadas a su sombra. Es el hecho que tan luego como San Martin recibió los fon dos que se pudieron reunir, tomó su mula de viaje i, huyendo de toda demostración popular, se puso en camino de Mendoza. Ademas de los cien mil pesos en onzas llevaba una carta del jeneral O'Higgins para el presidente de los Estados Unidos, que debia servir de credencial al ájente que se acreditase en Buenos Aires.

Hai motivos para suponer que aquel viaje repentino tuvo tam bién por objeto escusarse con el gobierno de su pais de la nece sidad de cumplir aquella parte de sus instrucciones que consi deraba, o difíciles de ejecutar, o espuestas a inconvenientes. De ese modo, guiado por nobles móviles e impulsado por la idea jenerosa de la libertad del continente, el vencedor de Chacabuco atravesó por segunda vez las empinadas cumbres que eran tes tigos de su victoria, acompañado de su baquiano favorito i de un ayudante de campo. El 10 de mayo se despidió de sus compañeros de armas con las siguientes palabras: "Individuos del ejército de los Andes: "Vuestro bien i el de la América me obligan a separarme de vosotros por mui pocos dias. Los excelentísimos directores de los Estados de Chile i Provincias Unidas así lo exijen por el ínte res jeneral: en el entretanto, queda con el mando en jefe del ejér cito el excelentísimo señor brigadier don Bernardo O'Higgins (el mismo que os condujo a la victoria): bajo su dirección estoi seguro que competirán vuestra subordinación i disciplina con la rectitud i acierto de sus disposiciones.

Así es que si al apartarme de vosotros me es inseparable un justo sentimiento, éste queda calmado con la persuasión de las altas virtudes del interino jefe i del honor que siempre os ha caracterizado. Por dos meses, a mas tardar, se despide de vosotros vuestro amigo i compañero. — San Martin. n Después de un rápido viaje a caballo por las pampas arjenti nas, tan inmensas como su destino i el horizonte de su espíritu, el afortunado guerrero llegó a Buenos Aires, donde fué objeto de la admiración que despertaba su reciente campaña. Pueyrre don, que estaba de acuerdo con él respecto de la necesidad de espedicionar al Perú, convino en facilitarle los medios cíe llegar a Lima, la Jerusalén de la nueva cruzada americana (1). (1) Pueyrredon daba as! cuenta a O'Higgins de la llegada de San Martin: "Buenos Aires, 31 tle marzo de iSiy.

"Señor don Bernardo O'Higgins "Mi compañero i amigo mui apreciable: "Anteayer recibí la mui apreciable carta de usted del II del corriente, i ayer tuvo el placer de abrazar a nuestro digno San Martin, que aunque flaco ha llegado bueno. Conozco la importancia de esta entrevista para la pronta combinación de los medidas que deben preparar nuestras ulteriores empresas, i la he celebrado de tal modo que casi puedo pronosticar a usted bienes al pais i gloria a los que tenemos la honra de dirijir], >. "Han cesado los únicos cuidados en que me habia puesto su separación del ejército, desde que con su llegada he sabido que usted ha quedado encargado de su mando en jefe. Me persuado que, cuando usted reciba ésta, habrá ya salido Soler a virtud de mí orden; pero si por alguna escusa no lo hubiese hecho, ruego a usted que lo obli gue a dejar sin dilación el territorio de Chile: es enemigo del orden i de un corazón maligno.

"Mañana me voi con San Martin a mi casa de campo en San Isidro, para contraer nos sin distracciones a los objetos de su venida, i a su regreso, que será mui pronto, impondrá a usted él mismo verbalmente de todo — J. M. PUEYRREDON. 11 ESPEDICION LIBERTADORA El vencedor de Chacabuco llenó el poder en blanco que traía de Santiago, nombrando ájente del gobierno de Chile en los Estados Unidos para la comrjra de buques al ciudadano arjen tino don Manuel H. Aguirre, que lo fué a la vez del gobierno de Buenos Aires. El asunto se manejó con la mayor reserva al estremo de hacer actuar como secretario al ministro de la guerra jeneral don Matías Irigóyen. Se firmó un contrato (17 de abril de 18 17) entre San Martin i Aguirre, afianzado por Puey rredon, por el cual se le encargaba construir en los Estados Unidos dos fragatas de guerra de 34 cañones cada una, tripu larlas i equiparlas por cuenta del gobierno de Chile.

Al efecto, se le entregaron al contado los cien mil pesos que San Martin habia traído de Chile i se le ofreció remitirle antes de tres me ses cien mil mas. Se le autorizó para buscar en los Estados Unidos cualquiera cantidad de dinero por cuenta de Chile con un premio de 60 por ciento, ya fuera para el equipo de las dos fragatas o para adquirir dos buques mas de 18 a 24 cañones. Ademas llevó 25 patentes de corso del gobierno de Chile i otras tantas de las Provincias Unidas; encargo de contratar oficiales de marina, ofreciéndoles el sueldo que ganasen en la escuadra americana en tiempo de guerra i el 50 por ciento de las presas que hicieren. El comisionado hizo presente la necesidad de que se modifi casen en parte sus instrucciones, en lo que convino el gobierno de Buenos Aires, i en previsión de muerte, se le nombró como segundo al vista de aduana don Gregorio Gómez.

El gobierno arjentino que pretendía dar carácter diplomático a la misión de Aguirre quiso realzar la personalidad del ájente dándole el título de comisario de guerra i marina. Se le fijó un sueldo subido que seria pagado por cuenta del "remo de Chile,,, i se le asignó como premio estraordinario la suma de cien mil pesos "en el caso de tomarse a Lima con el auxilio de los buques mencionados.,, El director Pueyrredon no se limitó a autorizar el contrato con su garantía sino que lo facultó para tomar el dinero que necesitase de un empréstito de dos millones de pesos que se le-

CAPITULO II

43 vantaba en los Estados Unidos (i). Se espresaba en el contrato que los buques debian abrir la campaña con bandera chilena, por ser propiedad de este gobierno. En esos propios dias (el 19 de abril) San Martin i Pueyrre don firmaron un nuevo convenio con el comerciante norte-americano don Jorje Green, cuyas estipulaciones principales fueron las siguientes: El gobierno de Chile, afianzado por el de Bue nos Aires, se obligaba a comprar los buques que Green trajese por su cuenta de los Estados Unidos, bajo bandera americana, con un recargo de 25 por ciento de su precio de costo. Los oficiales continuarían en la marina de Chile con el carácter i sueldos que les correspondían en la de los Estados Unidos i tendrían derecho a las presas en la misma forma que los contra tados por Aguirre. Green tendría opción a un premio estraordinario de ciento treinta 'mil pesos por cada buque que enviase, pero pagadero en Lima "dentro de treinta dias contados desde la fecha en que esté esta ciudad en poder de nuestros ejércitos.,.

Éste fué uno de los muchos servicios que el director de Bue nos Aires prestó a la formación de nuestra escuadra. Ese propio año, Pueyrredon contrató por cuenta de Chile la venida al Pa cífico de la fragata Santa Rosa, a hacer el corso contra el comer cio español. La tripulación del buque empezó por hacerlo con tra su propia oficialidad, apresándola i echándola a tierra cerca de Pichidangui a pretesto de que no era puro el ron que se les daba de ración. Después de numerosas correrías por los mares del norte, los sublevados solicitaron el perdón i el buque ingresó a nuestra es cuadra con el nombre de Chacabuco. La misión de Aguirre fué mas que una comisión de compra de buques. El gobierno de Buenos Aires lo nombró ájente pú blico de su pais ante los Estados Unidos, i le dio una investi dura mas lata que la comisión que le confiara el de Chile.

Asi mismo fué encargado de presentar personalmente al Presidente (1) Estos datos los hemos tomado del contrato celebrado en liuenos Aires el 17 de abril de 18 17 entre Pueyrredon i Aguirre, que orijinal tenemos a la vista (inédito). ESrEDICION LIBERTADORA de los Estados Unidos tres cartas que le servirían de credencia les: una de O'Higgins, otra de Pueyrredon i la siguiente del jeneral San Martin. "Excmo. señor Presidente de los Estados Unidos de Norte América. "Buenos Aires, 18 de abril de 1817. "Excmo. señor: "Encargado por el supremo director de las Provincias Uni das de Sud-América, del mando del ejército de los Andes, el cielo coronó mis esfuerzos con la victoria del 12 de febrero sobre los opresores del hermoso reino de Chile. Restaurados los sagrados derechos de la naturaleza en los habitantes de aquel pais por la influencia de las armas nacionales i el impulso eficaz de mi gobierno, la fortuna ha franqueado un campo favorable a nuevas empresas que aseguren el poder de la libertad i la ruina de los enemigos de la América.

"Para estos objetos el director supremo de Chile ha conside rado como instrumento principal el armamento naval en esos estados de una escuadrilla con destino al mar Pacífico, que uni da a las fuerzas que habrán de prepararse en el Rio de la Plata, concurra a sostenerlas ulteriores operaciones militares del ejér cito de mi mando en el continente meridional. I convencido de las ventajas que promete nuestra actual situación política, he repasado los Andes a concertar, entre otras cosas, las garantías de mi gobierno en esta capital en honor a las estipulaciones que celebre su íntimo aliado el Supremo Director de Chile para la ejecución del plan que se ha confiado a don Manuel Aguirre. " V. E., que tiene el honor de presidir a un pueblo libre por los mismos principios que hacen derramar sangre a los americanos del sur, espero se dignará prestar al comisionado aquella pro tección compatible con las relaciones actuales de ese gabinete teniendo la alta satisfacción de asegurar a V. E. que las armas de la patria, bajo mis órdenes, nada dejarán por hacer para dar consistencia i rclijiosidad a las promesas de ambos gobiernos.

"Me felicito de la ocasión agradable que se me ofrece para tributar a V. E. todo el homenaje del profundo respeto i consideración con que se honra en ser de V. E. su humilde servidor. — José de San Martin.,, Provistos de estos elementos, don Manuel H. Aguirre i don Gregorio Gómez se hicieron a la vela para los Estados Unidos. Luego que San Martin arregló los principales asuntos que determinaron su viaje a Buenos Aires, se puso, sin pérdida de tiempo, en marcha para Chile, a ocuparse de la creación del ejército, así como dejó iniciada la formación de la marina. A los dos meses de su salida volvió a Santiago, cumpliendo la pro mesa hecha a sus compañeros del ejército de los Andes. La ciudad se embanderó para recibirlo, i el glorioso soldado, can sado con las molestias de su largo viaje, pero sostenido por el recuerdo i el pensamiento de Lima, ocupó de nuevo su antiguo alojamiento en el palacio de los Obispos (palacio arzobispal).

III A pesar de que la relación de los esfuerzos hechos por los comisionados de Chile en la adquisición de buques sale del cua dro de este libro, queremos relatar a la lijera las incidencias de la misión de Aguirre por relacionarse con los preparativos déla campaña del Perú. El gobierno de Chile se empeñó por reunir aceleradamente los cien mil pesos que le ofreció enviar a los tres meses de su partida. El interés de O'Higgins por la formación de la escuadra se revela en su correspondencia. En junio de 1817, encontrándose en Concepción al frente del ejército, escribía a Aguirre: "Apenas fui instruido por el jeneral don José de San Martin antes de ver la de usted de 1 1 del anterior, de que a su delica deza i altos conocimientos se habia conferido la negociación in teresante de disponer una escuadra en Norte América que nos diese la dominación del Pacífico, cuando di por segura i acabada una empresa que indudablemente va a fijar la independencia de todo el mediodía.

Reconozco íntimamente la jenerosidad de usted en posponerlo todo a los intereses del pais. Él mirará en usted a su libertador,, (i). Llegado Aguirre a los Estados Unidos, conferenció con el ministro de Estado Mr. Ricardo Bush sobre los objetos de su viaje en una entrevista que le fué concedida a título de "con versación informal,,. Aprovechó la ocasión para entregar las cartas a que nos hemos referido, las que no fueron contestadas; presentó sus credenciales de ájente público del gobierno de Bue nos Aires i privado del de Chile, y se le devolvieron con el pre testo de estar ausente el presidente. En el punto de mayor importancia de su comisión creyó encontrar cierta benevolencia de parte del ministro americano i hasta una declarada simpatía por la causa revolucionaria de Sud-América.

Hé aquí cómo tra duce esta impresión el mismo Aguirre, en una nota dirijida al gobierno de Washington: "Uno de los principales objetos confiados al comisionado era preparar en estos puertos (de acuerdo con este gobierno) buques armados en guerra capaces de protejer la espedicion militar compuesta de diez mil hombres i dispuesta en Santiago de Chile con destino a la capital del Perú, para establecer en aquel reino la emancipación política con la asistencia de sus naturales ya dispuestos para su ejecución, a lo que le contestó el honorable secretario las intenciones mas benéficas del Excmo. señor pre sidente hacia la justa causa de los americanos, asegurándole que se hallaba íntimameute penetrado de la sincera inclinación i afecto del Excmo. señor presidente hacia todos los naturales del continente americano, mas que hallándose estos estados con sus relaciones ya establecidas en Europa i particularmente median do un tratado de paz i amistad con el rei de España, no podia este gobierno tomar un partido abierto i directo en favor de las colonias españolas sin esponerse a un comprometimiento de (i) Carta de O'Higgins a Aguirre, escrita en Concepción el 4 de junio de 1817 (inédita). guerra; pero que podia (i aun seria protejida por este gobierno) disponer dichos buques en los términos que se necesitasen como especulación mercantil icón bandera neutral, supuesto que buques, cañones, armas i municiones eran materias de comercio permi tidas por las leyes del pais,, (i).

Conociendo lo ocurrido después i la actitud indiferente, por lo menos, que animó al gobierno norte-americano delante de los desesperados esfuerzos del ájente chileno para hacer zarpar los buques, es de creer que hubiese mala intelijencia en la interpre tación de esta conferencia o que se modificó el espíritu de la política de Washington. Si tal cosa sucedió, no seria de estrañar que jugase algún pa pel en esta lucha de influencias diplomáticas el territorio de la Florida, que pertenecía en aquel momento a la España des de 1781, por conquista hecha a los ingleses, i que forma hoi uno de los estados de la Union Americana. ¿Puso la España a los Estados Unidos el cebo de la Florida para ganarse su neutralidad i contener el jeneroso impulso que hacia simpatizar al pueblo yankee con los gloriosos esfuerzos de los americanos del sur, provocados con su ejemplo i estimu lados con el espectáculo de su vida nacional?

Es lo cierto que la España cedió, en 1821.a los Estados Uni dos ese opulento pedazo de territorio, que le pertenece desde entonces. La misión de Aguirre tropezó con estas dificultades diplomáticas i ademas con otras mas insuperables, provenientes de la falta de fondos. Sin embargo, hizo construir en los Estados Unidos dos fragatas, que fueron lanzadas al mar con los nom bres de Horacio i de Curiado. Cuando todo parecía allanado, empezó la hora de las dificultades. El gobierno de Chile se atrasó en reunir los cien mil pesos ofrecidos; el empréstito arjentino no se realizó por suma alguna, i el comisionado veia pasar el tiempo sin que los buques fuesen (1) Nota de Aguirre al gobierno de Washington, de 14 de noviembre de 1817 (inédita). puestos en franquía por sus armadores, que los retenían por cuenta de sus créditos.

Angustiado por estas dificultades, envió a Buenos Aires a su segundo don Gregorio Gómez, pero el dinero de Chile se cruzó con el emisario i llegó a Nueva York en marzo de 1 8 1 8. Las fragatas estaban construidas, equipadas, tripuladas por quinientos marineros i oficiales que traían despachos para in corporarse a la escuadra chilena. Conducían ademas algunas armas i útiles de guerra i, en una palabra, se encontraban listas para zarpar. En el momento final, el cónsul español en Nueva York de nunció el destino de los buques como una infracción de la neutralidad i persiguió la responsabilidad criminal dql ájente chileno ante los tribunales de justicia. Aguirre fué reducido a prisión junto con los capitanes i retenido en la cárcel cuatro dias, mientras el cónsul español sobornaba a la marinería para que se desertara, lo que equivalia en el hecho a desbaratar los tra bajos realizados.

Entretanto, el atribulado ájente, reducido a prisión i escaso de recursos, tenia que atender a los fuertes gastos que demandaban los buques, ya sea por el pago de las tripulaciones, gastos de rancho, etc. En tan apuradas circunstancias, solicitó el dictamen de una junta de abogados. Lajunta le aconsejó que hiciese falsas escrituras de venta de las embarcaciones a sus respectivos capitanes para que su salida fuese estimada como una especulación particular; que cargase en buques de comercio los cañones de las fragatas i los útiles de guerra para que salieran desarmadas del puerto americano, i que obtuviese una fianza para que los buques salieran de los astilleros. Exasperado con tantas dificultades, Aguirre se consideró vencido, i bajo el peso de estas contrariedades, decayó su ánimo fuerte i ofreció en venta las fragatas, que eran la base mas posi tiva de la espedicion del Perú, al gobierno norte-americano.

La siguiente nota es la espresion de sus angustias: "excmo. señor secretario de estado de gobierno de los Estados Unidos " Washington, 10 de agosto de 1818. "Honorable señor: "Por mis comunicaciones anteriores V. E. ha sido instruido del objeto principal de la comisión que se me confirió por el go bierno del estado de Chile, i la que era reducida a la compra o construcción de buques de guerra i demás útiles necesarios para el ejército de aquel estado. También ha sido V. E. informado de la esposicion que hice al señor secretario interino M. Richard Bush sobre ese particular, i de la contestación que tuve el honor de recibir del mismo señor; la misma que me ha servido de base para llenar los encargos de mi gobierno. En la ejecución de tales órdenes, siempre he tenido a la vista el principio: que aquellas no podian cumplirse sin la anuencia i consentimiento del señor presidente, i persuadido que la lei de 3 de mayo del año anterior autorizaba al mismo señor presidente para excepciones en casos particulares, solicité a V. E. por un oficio especial una informa ción o declaración que sirviere de regla a mi conducta.

Es cierto que nunca tuve la satisfacción de ser contestado sobre este particular, i que esta suspensión me situaba sobre un estado de duda que equivalía a una prohibición. En situación semejante, era mi deber llenar mi comisión marchando dentro de los límites de las leyes del pais, i previo el consejo de los mas instruidos juristas, ordené la construcción de dos fragatas de guerra en la ciudad de New York, con la intención de despacharlas a la América del sur como mercantes i con bandera neutral. Hallándose aquellos buques prontos a partir a su destino con la dotación regular a estilo de comercio, se rae comunicó una orden de arresto o prisión por el juez de los Estados Unidos residente en New York, comprendiéndose en la misma los res pectivos capitanes de los buques, i dándose por causal de tal ESrEDICION LIBERTADORA medida haber sido quebrantadas las leyes del pais i de haberse cometido delitos de alta traición; cuatro dias de una custodia inquisitorial precedieron a la declaración del juez sobre la inocencia de nuestra conducta, i de consiguiente, quedamos descargados de tan altos crímenes.

Desde entonces los enemiges naturales de mi pais han discurrido i ejecutado por viles medios de intriga el entorpecimiento de aquella espedicion, una vez seduciendo i corrompiendo los individuos de la tripulación de los buques, otras induciendo i promoviendo cuestiones directa o indirectamente con el fin de causar gastos en pleitos, detenciones i demoras; i, en fin, señor, calculando sobre el principio de agotar los recursos que se hallaban en mi poder, han conseguido reducirme a un estado que me es imposible proseguir sin la protección del gobierno jeneral o de los ciudadanos de estos estados; o decidirme por la venta de aquellos buques del modo que me sea posible, pareciéndome en este último caso que mi gobierno sufriría menos quebrantos con esta determi nación.

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