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Últimos dias coloniales en el Alto-Perú

Gabriel René-Moreno · 1896 · Scanned text

267,383 words · about 18 h 43 min to read

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About this book

Author
Gabriel René-Moreno
Language
Spanish
Published
1896
Length
267,383 words · about 18 h 43 min
Sections
17 reader sections
Text
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Rights
Public Domain Mark 1.0

 

Contents (17)
  1. Front matter about 20 min
  2. Capítulo II El Aezobispo De about 26 min
  3. Capítulo III about 13 min
  4. Capítulo IV El about 18 min
  5. Capítulo V El about 26 min
  6. Capítulo VI about 13 min
  7. Capítulo VII about 12 min
  8. Capítulo VIII about 3 h 59 min
  9. Capítulo IX about 47 min
  10. Capítulo XI Ios Altopebttanos about 22 min
  11. Capítulo XII X--a about 24 min
  12. Capítulo XIII about 39 min
  13. Capítulo XIV El Isi-a-t-a-lioio about 29 min
  14. Capítulo XV T about 44 min
  15. Capítulo XVI Los Oidobes about 33 min
  16. Capítulo XVII about 1 h 23 min
  17. Capítulo XIX Los Caelotinos about 7 h 15 min

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Front matter

ÚLTIMOS DIAS COLONIALES EN EL ALTO-PERÚ POR GABRIEL RENE -MORENO (Publicado in los "Anales de la Unitersidad") SANTIAGO DE CHILE IMPRENTA CERVANTES bandera, 73 I7.S41- — IMP- Cervantes, Bandera, 73. «IHIlBlBIH^SSS^P ÚLTIMOS DIAS COLONIALES EN EL ALTO-PERÚ — -6@*-. — PRIMERA PARTE Arzobispo nuevo CAPÍTULO PRIMERO Xm*. capital del Ai/ro-í'Biinír 1804 I Los sucesos que se reputaban los mas notables del siglo i que conseguían ajitar mas profundamente los ánimos, eran tres durante la era colonial en la ciudad de La Plata, Charcas o Chuquisaca, capital hoi de Bolivia con el nombre de Sucre: la exaltación al trono i la jura de un nuevo monarca español, la muerte del arzobispo i el recibimiento solemne de su sucesor, la llegada del peninsular promovido por S. M. a la presidencia de Charcas. A revestir de importancia estas novedades contribuían no poco las circunstancias de ser ellas nada frecuentes, i de ocasio nar demostraciones públicas capaces de interrumpir en el vecindario la apatía de su vida ordinaria.

Pero a la época en que comienzan las crónicas que vamos a apuntar, esos tres acontecimientos se agruparon para sucederse con una inmediación que les dio el viso de simultáneos, se verificaron en consorcio de circunstancias lejanas o esternas singularmente estraordinarias, i trajeron consigo en el Alto- Perú mudanzas tan vastas, radicales i duraderas, que, si por causas notorias no fueron únicas ni esclusivas en aquesta colo nia de América, fueron tales como los veinte i cinco mil habitantes de La Plata jamas las pudieron entonces imajinarse ni soñar (i). II No era en verdad considerable esta masa de pobladores; pero las guerras de la conquista, la administración pública i la dulzura del clima se empeñaron en hacer de La Plata una cuá druple corte eclesiástica, forense, literaria i social, formada esta última con las familias de los altos funcionarios coloniales, i con las de los mineros acaudalados que buscaban allí el hol gado descanso de sus años i fatigas.

I lo habian conseguido. "Pueblo pobren. la llamaba desde Lima en 1768 un autor, i decaído de su opulencia de otros tiempos; de suerte que ape nas hai en él a quienes elejir de alcaldes i demás oficios conse jiles, ni quienes sirvan los de rejidores; i en términos que el correjidor de Potosí lo es también de La Plata, donde mui raras veces reside (2). Grandes alternativas de la suerte sobrevinieron, no hai duda, a Chuquisaca; pero no queda rastro alguno en los anales de la colonia que esplique ni confirme tamaño abatimiento. (1) El doctor Moreno en su Vida i Memorias calculó la población hasta en 18,000 habitantes; pero aquí se verán en seguida cálculos mas aproxima tivos que la elevan a mas de 20,000. (2) Cosme Bueno, Descripción de las Provincias pertenecientes al Arzobis pado de la Plata.

Capítulo II El Aezobispo De

!,.&. PLATA I8O4— l80Ó I Así habian trascurrido lentamente mas de dos centurias i media en la segunda capital del virreinato del Rio de la Plata, cuando con los primeros años del presente siglo, la apartada existencia de dicha capital hubo de entrar con rapidez en los disturbios del nuevo destino a que la llamaban, de un lado los designios de la Providencia, i de otro su rango i antecedentes históricos. Mas, antes de pasar al período sangriento de las pruebas i aventuras inusitadas, los habitantes comenzaron a decir adiós a lo pasado, despidiéndose para siempre de sus sen cillas impresiones coloniales. El 25 de Marzo de 1804 fué ocasión de presenciar, con alar ma por la última vez, un gran suceso de entonces: la muerte del arzobispo. Después de una larga carrera de virtudes ejemplares, el dulce, devoto, i benéfico frai Josef Antonio de San- Alberto acababa de exhalar el postrimer suspiro, en medio de la consternación jeneral del virreinato i del llanto incontenible de la ciudad metropolitana.

Mas bien que en cualquier otro caso, la estraordinaria alar ma de este acontecimiento hubiera sido natural hasta en nuestros dias. Si sus fervorosos feligreses, sus escritores panejiristas i la tradición popular disciernen reverentes la diadema de la santidad a San-Alberto, la fria posteridad no podrá resistir ante las pruebas, para declararle el mas ilustre entre los pre lados que supieron ilustrar verdaderamente la mitra de La Plata. Nacido en la villa de Fresno, en Aragón, educado i entrado de relijioso en Calatayud a los quince años, i dando muestras de un jenio persuasivo i edificante "desde que fué amaneciendo en él el dia de la razón, n San-Alberto habia pasado de predi cador de Carlos III a obispo de Córdoba, en Tucuman, i de ahí, el año 1785, al arzobispado de La Plata. Habia rejido am bas diócesis con lenidad para con los demás i con celo estricto para consigo mismo, visitándolas por entre mil penalidades, predicando con unción i sin descanso, i remediando el hambre i los males con una caridad tan suave en los modos como inagotable en las obras.

La grei platense le amaba tiernamente como a un padre. Él mismo lo cuenta con sencillez familiar; i no hai mejor testimo nio para sorprender la verdad tocante a los humildes de cora zón, que el testimonio de ellos mismos. "Desde el año pasado, dice hablando de su promoción al obispado de Almería, que llegó esta noticia vaga, se movieron todos los cuerpos, vecindario, nobleza i Universidad, i sin decir me nada hicieron sus respectivas representaciones al rei. Cuan do llegó el correo i se esparció la voz de que ya me habia llegado el nombramiento para Almería, se renovaron los cla mores i las lágrimas: mi casa parecía un enjambre: me pasaron oficio casi todos los cuerpos clamándome para que no aceptase. No sé qué haria quien los oyera, i mucho mas si leyere los oficios de los colejios, monasterios, mis niñas huérfanas, mis PP. de la congregación!

Estimo yo mas, hermano mió, esta satisfacción i amor de las jentes a su prelado, que toda la Alme ría i los obispados todos de España., (i). A fuer de carmelita descalzo, San- Alberto vivia en la mora da de los arzobispos de La Plata como un monje por la pobre za, el cilicio i la oración; pero también como un filántropo del siglo por el trabajo i la beneficencia. En todo el poderío del sumo sacerdocio metropolitano murió como un mendigo del hospital, en cuja prestada (2). Sus rentas anuales pasaban de 50000 fuertes, i sus espolios no llegaron a 100 (3). Quedan todavía en Catamarca, Córdoba, Chuquisaca i Cocha bamba los colejios de niñas huérfanas que fundó con sus libera lidades. ¡Cosa singular! San-Alberto iba personalmente a las escuelas a esplicar su Catecismo Rejio sobre las obligaciones del vasallo, donde se preguntaba i respondía: "¿Quién es superior al rei? ¡Solo Dios!..

La jeneracion que le habia escuchado fué cabal mente la que se alzó contra el rei, sacudiendo para siempre el yugo del vasallaje. (1) Esta carta está citada en las Adiciones a la Historia Eclesiástica Jene ral del abate Ducreux, Madrid, 1808, viuda de Barco López; tomo VII, pajina 173. (2) Oración fúnebre pronunciada en la catedral de Charcas, por el canónigo doctor don Matías Terrazas, en las exequias del arzobispo don frai J oses Anto nio de San-Alberto. MS. Terrazas fué secretario i visitador jeneral de San- Alberto. Esta pieza es sin disputa la mejor de sus obras oratorias. (3) Ibid.— «El arzobispo tiene la suma de 60 000 pesos,» dice del ante cesor de San-Alberto un Informe reservado del Gobernador- Intendente de Po tosi sobre la nueva Real Ordenanza de Intendentes para el virreinato del Rio de La Plata.

Año 1783. MS.— Segun el Ouadrante de la distribución i valor de las Rentas Decimales del Arzobispado correspondientes al año 1803, MS. tocaron en bruto ese año a San-Alberto 48123 pesos 5 i medio reales. Los años malos comenzaban a empeorar desde entonces. Docto i piadoso a la vez, sus escritos ascéticos i doctrinales son hoi todavía en América i España pasto espiritual mui fre cuentado de los sacerdotes i personas devotas (i). II Dos años habian trascurrido desde el dia en que la gran campana mayor de la catedral, de aurora a aurora i con interme dios de treinta minutos, tañó las cuarenta i ocho campanadas que declaraban en sede vacante la arquidíócesis; i puesto que ni al mas encopetado criollo del gremio eclesiástico le era lícito allí aspirar al honor insigne de ocuparla, dos años también se habian pasado puramente en barruntos i cavilaciones, sobre el dichoso mortal presentado por el rei i preconizado por el papa para venir a cruzarse el sagrado palio.

A principios de 1805 súpose con toda certidumbre su nom bre; que el personaje residía a la sazón en la capital de Méjico consagrado obispo in partibus de Asura, i que en breve tomaría en Acapulco la fragata mercante Nuestra Señora de Guadalupe para dirijirse al Perú (2). Pasaban meses tras los meses sin que nadie acertara a esplicarse las demoras que, después de estos anuncios, esperimen taba en Méjico la venida del arzobispo (3), cuando en Abril (1) Véase en mi catálogo de libros i folletos, titulado Biblioteca Boliviana, la serie de obras de San-Alberto, que he tenido que consultar, i que he consultado con fruto, en cuanto a obtener noticias sobre su autor i sobre las cosas de su tiempo. (2) Registro copiador de oficios, edictos, cartas, etc, de don Benito María Moxó i de Francoli, desde que fué nombrado arzobispo de La Plata.

MS. Este precioso volumen en folio, de escritura nítida, llega a la pajina 385 i hasta el año 1808. Contiene ademas las cartas i oficios de importancia dirijidos a Moxó. Era del uso particular de éste. (3) Registro copiador... etc. — Expediente que contiene el Breve Apostólico, Real Cédula, Juramento y Poder del Muy Reverendo Arzobispo electo de esta metrópoli, doctor don Benito María Moxó y de Francoli... MS. — Segun carta suya al Secretario de Estado de Gracia i Justicia, don Antonio Caballero, su protector, aguardó con ansiedad i pesadumbre su real cédula desde Se tiembre de 1804 hasta Junio de 1805, a pesar de haber sido ésta espedida 9 de aquel mes i año. Pagó con tal motivo en falsos fletes cerca de GABKIEL RENE-MORENO 20 de 1806 un repique jeneral de campanas anunció al vecindario, que el pastor en carta desde Píura se ponía al habla con su cabildo metropolitano; i el interés i la curiosidad del público se redoblaron cuando dos meses después se sabia su arribo a Lima, i que no tardaría mucho en disponer su viaje al inte rior (1).

No es fácil pintar cómo latieron los corazones cuando poco después, entre los oficios de cortesía que dirijió el prelado a las autoridades, circulaba de mano en mano en Chuquisaca una carta escrita de su puño al rector de la Universidad, de la cual era el prelado cancelario nato. Ya no cabiaduda: eran esos sus carac teres, esa su firma, esa la voz de su pensamiento, esa una pren da que era como un algo de él mismo. ¡Cuántas novedades no debian aguardarse de sus proyectos de reforma en el clero i en la enseñanza! (2) III La verdad es que estos anuncios eran por sí solos un acontecimiento. Desde el meridiano oriental de demarcación con el Brasil hasta el mar Pacífico, i desde las pampas arjentinas i el Para guai hasta el Madera i el lago de Titicaca, no habia mitrado en el sitial de los altares que no fuera su sufragáneo.

En tan dilatada provincia eclesiástica no se habian celebrado mas que pesos. Mientras tanto confirmó mas de 70000 personas i escribió sus Car tas Mejicanas i el Apéndice, que junto con un volumen de su Viaje a Vera cruz, fueron enviados desde Lima de obsequio a Godoy pidiéndole que autorizara su impresión en la imprenta real. (i) Registro copiador.— -Tin carta a Caballero, fechada en Lima a 20 de Mayo de 1806, dice Moxó: «El dia S del corriente llegué a esta capital de todo el Perú, habiendo salido del puerto de Acapulco el 23 de Diciembre último, desembarcado en Guayaquil en 2 de Febrero, i en el Tumbes en 10 del mismo, desde donde he continuado mi camino por tierra hasta esta ciudad.» (2) Carta apologética de la breve arenga, que el rector de la Universidad hizo al Iltmo. señor Arzobispo con motivo de su reciente arribo a esta ciudad.

MS. Anónimo, 20 páj. en 4.0 dos concilios; i siendo cada vez mas patentes los abusos i co rruptelas en puntos de disciplina i costumbres introducidos en toda la unjida grei de operarios, bien pudiera ser que el conde corado metropolitano viniese trayendo de lo alto órdenes e instrucciones, para congregar en torno suyo en la ciudad de La Plata a los obispos de Buenos Aires, Asunción, Tucuman, Santa Cruz i La Paz (i). Los curas i tenientes de las 164 parroquias de la arquidíóce sis (2), con el anuncio quedaron notificados de aprontar al pre- (1) Es célebre el último concilio platense denominado de los tres 7. Acerca de él se tienen, aun entre las jentes del estado eclesiástico, escasas i contradictorias noticias. Fué convocado por el arzobispo don Pedro Mi guel Argandoña Pasten i Salazar el 29 de Julio de 1771, i quedó canónica mente clausurado en 1777.

Se abrió solemnemente el 12 de enero de. 1774, con la asistencia del referido metropolitano i de los obispos: don Manuel Antonio de la Torre, de Buenos Aires; don Francisco Ramón de Herboso, de Santa Cruz; don Gregorio Francisco de Campos, de La Paz; don Manuel Moscoso, de Tucuman; don Juan José Priego, del Paraguai. El arzobispo Argandoña murió durante el concilio en 1775, i le sucedió el obispo de Santa Cruz, Herboso, en 1776. Este mismo año murió también el obispo de Buenos Aires. De suerte que el concilio fué terminado por solos dos obispos i el arzobispo Herboso. En 1628 el arzobispo don Fernando Arias de Ugarte habia celebrado otro concilio provincial en Chuquisaca. (2) Alcedo en su Diccionario asigna 188 curatos; pero no se puede poner en duda el número 164 que resulta de la Guia de forasteros del Virrei nato de Buenos Aires para el año de 1S03; dispuesta con permiso del Superior Gobierno por el señor Visitador General de Real Hacienda de estas Provincias D. Diego de la Vega, i vol. 12. °, Buenos Aires.

En jeneral, para todas las noticias estadísticas del estado eclesiástico, sigo en este párrafo la autoridad de este opúsculo que emana de fuentes oficiales. — En las «Adiciones i Co rrecciones», que con mejor estudio pone Alcedo al fin del tomo I (palabra Charcas, p. 777), ratifica el número de 188 curatos. — En un cuadro de la población indíjena del arzobispado, inserto en la «Razón que da D. José de Orellana, contador de Retasas, de los indios de todas clases que se consideran existentes en los Arzobispados i Obispados, etc.» (Memorias de los Virreyes del Perú, t. IV, Apéndice), aparecen 136 curas en la arquidíócesis de La Plata por los años 1756. Este total debe entenderse con respecto a las parroquias de indíjenas. — «Quién (arzobispo de Charcas) ha visitado los ciento y cinqüenta y cuatro curatos que hay en ellas (las doce provincias déla arquidíócesis)*-» San- Alberto, Carta Pastoral de 1790, páj. 306. — No debe olvidarse que entonces como ahora, tanto en los curatos llamados de pro moción como en los de término, habia a veces de uno a tres tenientes,lado la obvención anual de 20 o 30 mil pesos fuertes, mas o menos, segun el rendimiento de las primicias del año; i la real junta de diezmos, encabezada por el presidente de Charcas don Ramón García León de Pizarro, ya sabia a quién tenia en adelante que entregar los 30 o 40 mil pesos fuertes (1), mas o menos también segun el beneficio de las minas i las cosechas, correspondientes cada año a la cuarta decimal de la mitra de La Plata.

Los catorce vicarios, (2) acostumbrados al grato absolutismo de la sede vacante, se estremecieron de seguro en sus poltro nas cochabambinas de baqueta labrada; i punto menos es probable que sintieran, en el muelle carmesí de sus sillones, el vicario capitular i los 18 canónigos del coro metropolitano, que en adelante iban quizá a echar menos la blanda i no tur bada libertad de treinta i cuatro meses. Atentos los cometidos especiales i facultades no ordinarias de que solían venir investidos los obispos de América, el próxi mo advenimiento tampoco podia ser indiferente en la ciudad a los 17 dominicos, a los 40 franciscanos, a los 13 recoletos de propaganda, a los 12 mercedarios, a los 16 juandedianos, a los 8 felipenses i al prior i único habitante del convento de San Agustín. (1) «Mis rentas fijas no pasan de veinte y cuatro mil pesos i las obvencio nales de diez y ocho mil.-» Carta de abril 9 de 1809 en el Expediente original sobre la carta del M. R. Arzobispo escrita al cura de Cochabamba doctor Car dona, y presentada a este Superior Tribunal.

MS. (2) De Yamparaez, Tomina, Pilaya, Oruro, Paria, Sicasica, Potosi, Porco, Chichas, Chayanta, Lipez, Cochabamba, Tarija i Carangas. — Aunque jeneralmente los documentos oficiales, al mencionar la provincia de La Plata en el virreinato de Buenos Aires, dan por sentado que sus términos i jurisdicción coinciden con los de la arquidíócesis del mismo nombre, el caso debe entenderse con las dos limitaciones siguientes, mui obvias en las leyes, pero no siempre tenidas en cuenta por los escritores: la nueva pro vincia o intendencia de Potosí estaba dentro de la arquidíócesis, como asi mismo la ciudad de Cocnabamba con su cercado; mientras que en el orden civil estos últimos (Cochabamba 1 su cercado) fueron agregados a la in tendencia o provincia de Santa Cruz, la que con sus partes propias i el resto de las provincias cochabambinas formaba el obispado de Santa Cruz.

Ordenanza ¿t Intendentes de 1782. art. L°; Dcelar '¿¡chitesde 1783, art. 3.0 En cuanto a la colonia contemplativa, compuesta de 239 relijiosas con otras tantas mujeres de servidumbre en los tres monasterios, i de 155 entre beatas, recojidas, seglaras i cria das en los tres beaterios, uno se imajina hoi sin dificultad el ir i venir, esos dias, de los demandaderos-de-monjas, que propagan do en los claustros la chispa de la novelería, encendieron el característico asan obsequioso i ese prurito de veneración a los levitas del santuario que es allí el dominante; en ellas, sobre todo, en las santas madres, que habian amado con ternura en tusiasta i que lloraron sin consuelo al arzobispo San-Alberto, la custodia de cuyos restos se disputaron a porfía, i que se re partieron en seguida, para reliquia de sus templos, las sanda lias, el roquete, el sombrero i el bastón del difunto.

IV Mui importantes eran los establecimientos de enseñanza que desde luego quedaban bajo la dirección superior del nuevo prelado; i, por lo mismo, no eran pocos los espíritus que, en la natural previsión de mudanzas i nuevos arreglos, se sobrecojie ron en las aulas al saber la llegada a Lima, reconocimiento por real cédula i juramentación del arzobispo de La Plata. Antes que todos i sobre todos los colejios, estábale subordi nado el seminario de San Cristóbal. Fundado primitivamente por el deán i cabildo de la catedral metropolitana en sede vacante el año de 1595, bajóla advocación i título de Santa Isabel reina de Hungría, habia sido trasladado, en 1681, por el arzobispo doctor don Cristóbal de Castilla i Zamora, al sitio i casa contiguos a la iglesia catedral i palacio arzobispal, donde se conserva hasta el dia; i con tal motivo se titulaba de San Cristóbal i reconocía a aquel prelado por su patrono i funda dor (1).

Habia logrado el seminario varias reales cédulas en favor suyo; entre ellas dos espedidas por los años 1756 i 57, que le concedían privilejios de antigüedad i preferencia al colejio de (1) Vega, Guia de forasteros del Virreinato de Buenos Aires para el año dé 1803, arriba citado. San Juan Bautista de la ciudad. Por lo demás, los fines de su instituto no eran otros que los que asigna el concilio de Trento a los seminarios. Se enseñaba en él teolojía dogmática, escolástica i moral; leyes reales, civiles i canónicas; filosofía, gramática i latinidad. Tenia becas de número que se daban a discreción del rector a niños bien nacidos, con concepto a las rentas de la casa i con cargo de servicios de culto en la catedral. También admitía pensionistas. Demás del rector, vice-rector i ministro, que dirijian i administraban la casa, rejentaban la en señanza 9 maestros, 10 doctores i 10 pasantes (i).

El colejio de San Juan Bautista, llamado también Colejio Azul, era un internado, que a súplica del vecindario noble i principal de la ciudad, habia fundado en 162 1 el virrei del Perú, príncipe de Esquiladle. Se titulaba colejio real, reconociendo por patrón al príncipe reinante i por vice-patron a su virrei. Aunque seglar por su oríjen e instituto, el establecimiento fué puesto desde un principio bajo la dirección discrecional de los PP. de la Compañía de Jesús, para la educación i enseñanza de los hijos de los conquistadores, empleados coloniales i veci nos honorables de la ciudad. Con motivo de la espulsion de aquéllos pasó su gobierno al clero secular metropolitano, i por este medio a la tuición indirecta del arzobispo (2). A mas del rector, vice-rector i ministro, los empleados del Colejio Azul eran: 9 maestros, 10 doctores i 6 pasantes.

Sus 80 pensionistas estudiaban los mismos ramos que se cursaban en el seminario de San Cristóbal: pero no habia en él becas de número por falta de la dotación correspondiente (3). (1) Ibid. (2) Ibid. — Carta del Y. y R. S. Arzobispo,)/ obrados en la materia, sobre que se den las cáthedras, vacantes por la Espulsion, a los alumnos del Seminario de San Christóbal y a los del Colegio de. San Juan. 1767. MS. orijinal.— Ordenan zas del Real Colegio de San Juan Baptista de la ciudad de La Plata. Año de 1624. MS.— Reforma de las constituciones de la Real Universidad de San Fran cisco Xavier de la ciudad de La Plata. Año 1721. MS.— Visita del Real Cole gio de San Juan Bautista en la ciudad de La Plata. Año 1721. MS.— Los orijinales de estos tres documentos inéditos existen en la Biblioteca Nacio nal de Lima.

Me valgo de copias sacadas para mi uso por don Enrique To rres Saldamando. (3) Vega, Guia. \ Ocupaba este colejio por real disposición los hermosos claus tros de los espulsos. El tiempo no ha alterado todavía la ma jestad del edificio, ni los artesones coloridos de sus techumbres, ni el granito elegante de sus pilares amarillos, ni las baldosas i empinados sauces del patio, ni el murmullo inestinguible i ar monioso de su fuente central; pero en sus aulas languidece hoi en dia la enseñanza del colejio de Junin, falta de todos los me dios i ajentes que dan impulso, solidez i disciplina a los estu dios. Bajo la inspección inmediata del nuevo prelado quedó ade mas el colejio de San José de Niñas Huérfanas, que, fundado i rentado por el ilustre antecesor en beneficio del bello sexo para su educación, enseñanza de labores i ejercicios de relijion i piedad, se componía de una rectora, 12 maestras, 40 alumnas de número, otras tantas pensionistas, i de un número conside rable de niñas de la ciudad, que mañana i tarde entraban allí a aprender a leer, escribir i rezar gratuitamente (1).

V En cuanto a la real i pontificia Universidad de San Fran cisco Javier, fuerza es decir que sus doctores tomaron a pechos con entusiasmo la carta de su nato i mitrado cancelario. Fundado en 1623, el oríjen de este gremio literario i cientí fico estaba revestido con los dos títulos excelsos que, segun las ideas de la época, eran sobrados para dar a una institución cualquiera la mas amplia autoridad i preeminencia: una bula del papa i una cédula del rei. Gregorio XV en Agosto 8 de 1621, i Felipe III en Febrero 2 de 1622, habian erijido i con firmado junto con otras la Universidad, para mayor exaltación de la fe católica i triunfo de la justicia en el nuevo mundo (2). (1) /¿/(/.—¡Honra i prez a la jeneracion republicana i al nuevo gobierno de la patria libre, bajo cuyo cultivo, este bello plantel de la colonia, deje neró en simiente tan vana i perniciosa, que no ha mucho hubo de ser indis pensable arrancarle de raiz!

(2) Bula i cédula jenerales para América en favor de la Compañía de Jesús. GABRIEL RENE-MORENO Hasta el momento de su espulsion, los jesuitas habian sido en esta Universidad los directores supremos i esclusivos de las aulas i los claustros; i ellos solos habian dictado para el gobier no i réjimen de la escuela los primeros estatutos, de acuerdo con el espíritu i constituciones de la orden. Era simplemente una Universidad particular, como dicen los virreyes Manso de Ve lasco i Amat i Junient, i cuyos grados eran mui apreciables (i), pero que no daban privilejio de incorporación en la Universidad nacional de San Marcos de Lima (2). A la sazón ella se rejia interinamente por las constituciones de esta última; i, como por real cédula jeneral de Abril 10 de 1798, acababa de ser condecorada con los privilejios de la de Salamanca, es de creer que, desde entonces, los grados de la Universidad de San Francisco Javier no valiesen canónica i civilmente tan solo en la provincia eclesiástica del arzobispado i sus obispados sufragáneos, i en el distrito privativo de la Au diencia de Charcas, sino que también se admitiesen en Lima i en las Universidades reales de España.

Su rector i 1 1 catedrá ticos enseñaban todas las facultades de las universidades ma yores (3). Sabido es, por lo demás, que concurrían a los cursos los jó venes de mas suposición de las dilatadas provincias compren didas entre Arequipa i Buenos Aires. ¡Qué mucho es que, hasta fines de 1803, no menos de 350 individuos se hubiesen gradua do de doctores en esta célebre fábrica de Minerva! (4). Ir a (1) Memorias de los Virreyes, t. IV, páj. 68. (2) Ibid, páj. 481. (3) Vega, Guia. — Las cátedras de prima en cánones, la de vísperas i la de Instituta fueron dotadas por el ilustre arzobispo Castilla i Zamora. Las demás permanecían sin dotación i aguardándola del rei. Los cursos se abrian el lunes posterior a la tercera semana de pascua de resurrección i duraban hasta Diciembre. (4) Miller. el cual visitó la ciudad metropolitana precisamente en esos dias postreros de la colonia que sirvieron de alborada a la república independiente, dice con mucha exactitud que Chuquisaca era «el Oxford del Perú.» Memorias, t. II, p. 278.— Dalence, Bosquejo estadístico... etc, cuadro III, páj. 94.— La juventud arjentina concurría a la Universidad de Chuqui saca, porque en la de Córdoba no se cursaba entonces jurisprudencia, ni se daban grados de esta facultad seglar.

De aquí es que tres famosos prtJhom- Chuquisaca a estudiar, era todavía a principios del siglo, en la capital del virreinato, algo como emprender un peregrinaje de seiscientas leguas castellanas en mula para obtener una patente r de omniciencia, o mas bien como una cruzada individual para ir a conquistar del mahometismo de la ignorancia el pozo de la sabiduría. No del campo libre de la literatura española, mas sí del cer cado académico de la cultura catalana, su nuevo cancelario ve nia trayendo ya consigo el saber variado i selecto que la poste ridad le reconoce, i esas glorias laureadas i condecoradas del doctorado i la cátedra, tan envidiables entonces, i que fueron las que excitaron la admiración del gremio universitario, sacando de quicio el entusiasmo escolar de los doctores. Nada habia que por sí solo brillase como el sol en el recien encumbrado literato; pero, a no dudarlo, era un sol el que, encima de su nombre i apellido, pintaban así su relación de méritos como las noticias epistolares i otros informes de España i Lima (1).

Penbres arjentinos de la revolución, Monteagudo, Castelli i Moreno, se educa ron i graduaron en Chuquisaca, junto con muchos otros letrados que figuraron en el congreso de Tucuman que proclamó la independencia del virreinato. Pero lo que a mi juicio atraia mayor número de estudiantes era la existencia en Chuquisaca de una Audiencia, con un distrito tan vasto que hacia del foro platense una escuela importante de jurisprudencia teóri ca i práctica. El auje que alcanzó su Academia Carolina es por eso compa rable en la América Meridional tan solo al de la de Lima. En Buínos Aires hubo a lo último Audiencia, mas no Universidad. (1) «¿Qué paralelo mas adecuado podia ofrecerse con nuestro amable Prelado que el de un Literato tan profundo, i universal como Alcuino, cuando su relación de méritos, a mas de las ciencias maiores, lo anuncia Profesor de Historia de antigüedades, de Poesía i Elocuencia?

Azpilcucta era un docto Jurisconsulto; pero carecía de aquellas preciosidades que constituyen las bellas letras i que distinguen hoi al Prelado de Charcas.» Juicio critico sobre las impugnaciones hechas a la Arenga. . . etc. MS. de que se hablará mas adelante. — .(Por lisonja todos entienden la adulación con mentira, o el aplauso no merecido. Ahora bien: léase toda la oración del Rector, i no se verá que se toque otra prenda del señor Arzobispo que la estension de sus conocimientos, la amenidad de su jenio, i su pericia en el Idioma Griego: que ni se le da otro epíteto que el de Sabio...» Carta apologética de la breve Arenga, que el Rector déla Universidad hizo al II tino, señor Arzobispo; con motidi de su reciente arribo á esta ciudad. MS. antes citado. GABRIEL RENE MORENO 28 sóse de la manera mas sincera, que el dia de su llegada a Chu quisaca iba a ser memorable para la posteridad, que haria época en los fastos de la Universidad de San Francisco Javier, i que una revolución gloriosa en la doctoral literatura se iba a seguir de cerca a tamaño acontecimiento (i).

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