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MS I CURIOSAS NOTICIAS DEL RIO DE CHILE SANTIAGO DE CHILE. — IMPRENTA ERCILLA, DUARTE 9. iraní un DEL REYNO DE CHILE Y DE LAS MISIONES I MINISTERIOS 01 EJERCITA EN ÉL LA COMPAÑÍA DE JESÚS A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO DIOS-HOMBRE Y A LA SANTÍSIMA VÍRJEN Y MADRE MARÍA SEÑORA DEL CIELO Y DE LA TIERRA Y A LOS SANTOS JOSÉ, JOAQUÍN, ANA, SUS PADRES Y AGÜELOS ALONSO DE OVALLE DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS, NATURAL DE SANTIAGO DE CHILE, Y SU PROCURADOR A ROMA Reimpresa con una Introducción biográfica y algunas notas POR J. T- MEDINA TOMO I EN ROMA, p0r Francisco Gauallo, D.DCXLV Con licencia de los Superiores INTRODUCCIÓN —HH— Si ya no fuera que la Histórica relación del Reino de Chile es una de las obras mas escasas de nuestra literatura colonial, el hecho de constituir (aparte de su importancia) el monumento literario mas cabal que de aquella época nos ha quedado, jus tificaría de sobra su reimpresión. vué su autor el jesuita Alonso de Ovalle, hijo de don Fran cisco Rodríguez del Manzano y Ovalle, capitán español oriundo de Salamanca, que llegó a Chile a principios del año de 1600, a cargo de un destacamento de soldados que enviaba a este país el Gobernador de Buenos Aires.
A poco de establecido en Santiago, casóse con doña María Pastene de Astudillo y Lantadilla, nieta de Juan Bautista Pas- VI INTRODUCCIÓN tené, que tan buenos servicios prestara en el mar al conquista dor Pedro de Valdivia, i Naciéronle de este matrimonio dos hijos varones, en 1601, Alonso y Tomas, destinado el primero a suceder a su padre co mo heredero de un mayorazgo y de una cuantiosa encomienda de indios, adquirida en el valle de la Ligua. No habia por aquellos años otro colejio en que los magnates de la capital pudiesen dar a sus hijos la corta educación que era de estilo que el que los jesuitas rejentaban. Los jóvenes Ovalle cursaban en él gramática, oyendo, junto con las lecciones del profesor, las continuas prédicas que se les hacia sobre los peligros del mundo, la vanidad del fausto, y el temor de Dios.
Y en verdad que los buenos jesuitas tenían so brada razón para hablar asi' a aquellos mancebos que paseaban la ciudad en buenos corceles, deslumbrando por lo brillante de sus arreos, -lo ostentoso de sus trajes y lo rico de sus joyas. Muy luego la perspicacia de losmaestros adivinó en el ma yor de aquellos jóvenes una espléndida conquista para la Or den: rico, noble, emparentado, ¡de cuánto provecho no podria serles! Por fortuna para ellos, Alonso de Ovalle era dócil, de jénio suave y naturalmente inclinado a las cosas relijiosas. En aquella época contaba ya diez y siete años y comenzaba su padre con este motivo a reunir alguna hacienda para que con decoro hiciese el viaje a España a tomar posesión del ma- 1 Sobre la familia del Padre Ovalle podemos consignar los datos siguientes: Su padre descendía de Men Rodríguez de Sanahría. y él era hijo de Suero Alonso Rodríguez del Manzano y de Inés de Ovalle.
Capitulo I
Del sitio, clima, y división del Reino de Chile. El reino de Chile, último remate de la Austral América, que por la parte del Norte se continúa con el del Perú, comienza del grado 25 al polo antártico, pasado al trópico de Capricornio; y corre de largo 500 leguas hasta el estrecho de Magallanes, que está en 54 grados, y la tie rra que llaman del Fuego, que es la parte austral del mismo estrecho, y corre hasta 59. Estiéndese por lo ancho su jurisdicion hasta 150 leguas de leste a oeste, porque aunque lo mas ancho de lo que propiamente se llama Chile no pasa de 20 a 30 leguas, que son las que se contienen en tre el mar y la famosa cordillera nevada, de que hablaremos en su lu gar, en las divisiones que se hicieron del ámbito y jurisdicion délos gobiernos de las Indias Occidentales, le arrimó el rey las dilatadas pro vincias de Cuyo, las cuales emparejan en la lonjitud con las de Chile, y las exceden en latitud dos tanto mas.
Cae el opósito de este reino diametralmente sobre tierras de la spece ría de la Corona de Portugal en el meridiano que pasa entre la isla Trapobana, que es Zeilan, y el cabo de Comorin, en el cual meridiano al norte de la línea equinocial, en la población que estuviere desde 26 gra dos septentrionales, los hombres que allí habitaren, serán propiamente antípodas de los de Chile, y los que habitan de 37 hasta 44 de lo mas occidental de la Nueva Guinea, estarán asimismo diametralmente, con los que viven en Castilla; mas como aun no está descubierto, no se sabe si es agua o tierra, pero sábese que cae en la parte de la demarcación de la Corona de Castilla, y en su opósito, y que está al oeste de Chile 1700 leguas. Está todo este reino en tercero, cuarto, y quinto clima, y así la parte que cae en el tercero clima tiene el dia y la noche, cuando mas crecen, trece horas, y la parte que cae en el quinto tiene catorce, algo mas, al con trario de Europa, por ser su opuesto aunque no diametral.
El mayor dia del año es el de Santa Lucía, y el menor es el de San Bernabé: tienen allí siempre el sol a la banda del norte, y las sombras a la del sur- Este es el sitio y lugar del reino de Chile, el cual tiene por vecino a la banda del norte las provincias de Atacama, y las ricas minas de plata de Potosí, que dan principio al reino del Perú; y por la opuesta del sur, los mares que caen debajo del Polo, y las islas que en ellos se han descubierto. Abraham Ortelio quiso decir, que por esta parte del sur se avecindaba a Chile una tierra, que se continuaba con la Nueva Guinea, y duró esta opinión hasta que tuvimos el desengaño de los que habiendo pasado al mar del Sur por el estrecho de San Vicente, que llaman del Maire, bojeando toda la Tierra Austral, que se dice del Fuego, y volvien do al mar del norte por el estrecho de Magallanes, probaron evidente mente, que dicha tierrra era isla separada del todo de cualquiera otra, como se verá mas adelante en su lugar.
Al oriente tiene Chile por vecino a Tucuman, y Buenos Aires, con quien corriendo al nordeste, se continúa el Paraguay y Brasil. Al poniente tiene al mar del Sur, que segun Antonio de Herrera en la historia jeneral de las Indias es todo el que se incluye entre sus costas, y las del reino de la China. El cual mar comienza en la tierra que llaman Áu rea Quersoneso, que se dice la isla de Samatra o Malaca, y tiene de lar go de éste a oeste, entre las dichas dos costas de Chile y China, dos mil y setecientas leguas. Segun esto, podemos dividir este reino en tres partes: la primera, y principal, la que se comprende entre la cordillera nevada y mar de sur, la cual se llama propiamente Chile: la segunda, las islas, que por este mar están sembradas por toda la costa hasta el estrecho de Magalla nes; y la tercera, que contiene las provincias de Cuyo, que están de la otra banda de la Cordillera, y se estiende por lo largo hasta el mismo estrecho, y por lo ancho hasta los confines de Tucuman.
Comenzando, pues, por laparte principal deeste reino, que propiamente llamamos Chile, confieso que me holgara mas hablaran de este país testi gos de fuera que le han visto, porque como mas libres de la calumnia de apasionados, a que están espuestos los que hablan de sus propias cosas, pudieran con menos temores encarecer las buenas calidades, de que fué N. S. servido dotarle; pues la común voz de los que de Europa han liegado a verle, es que su cielo y suelo, es lo mejor que han visto, en cuanto han andado (debe de ser cortesía que hacen a aquella tierra por el buen pasaje y agasajo, que a todos hace): lo que yo sé decir, es que aunque es tan parecida y semejante a Europa, que el que ha vivido en entrambas partes, no hace diferencia de launa a la otra sino en la opo sición de los tiempos de primavera y estio en una parte, cuando es otoño y invierno en la otra; tiene algunas propiedades, que verdadera mente la singularizan y hacen que merezca la buena opinión y estimación con que hablan de ella los historiadores y todos los que la han visto; porque, lo primero, el calor y el frió jeneralmente no es tan rigoroso como en Europa, particularmente hasta el grado 45, que de allí adelante corriendo al polo comienzan los frios excesivos.
Debe de causar este buen temple el sitio de la tierra, a quien haciendo lado por el oriente la cordillera, la abrigan por aquella parte sus altos montes, que son tan levantados como veremos después, y el mar que la baña por la del poniente la regala y recrea con sus frescas mareas el verano, las cuales a medio dia, o poco después han bañado ya toda la tierra, porque a estas horas han llegado ya ala falda de los montes: de manera que correspondiéndose en el estío con la mucha nieve, que en ellos hay todo el año; hacen tan fresco el aire, que a las tres o cuatro horas después de medio dia no se siente calor considerable, y como se esté a la sombra no se siente en ninguna hora del dia, ni de la noche, par ticularmente de 36 grados para arriba, donde se hecha la mesma ropa en la cama de verano que de ivierno, como acontece en la Concepción, donde ni el frió ni el calor aprietan a sus tiempos de manera que aflija ni haga daño.
La otra buena calidad de esta tierra es estar libre de rayos, porque jamás cae uno; algunos truenos se oyen alguna vez, pero estos muy de lejos en la cordillera; tampoco cae piedra el verano, ni se ven las tempestades que obligan en otras partes a clamorear las campanas, y exorcizar las nubes, ni en el invierno se continúan tanto como en otras tierras los dias pardos y nublados, antes lo ordinario en pasando el agua cero, que dura comunmente uno, dos o tres dias, se despeja el cielo de manera que parece que le han lavado y queda limpio sin que parezca en todo él una nube ni una mota, y esto con mucha brevedad, porque en estando el viento norte o tramontana, que es el que trae los nublados y causa allí las lluvias, sucede el sur, que en pocas horas las hace desa parecer, y entonces, si es de noche, cae la escarcha y hielo y amanece el sol mas claro que nunca.
No es de menos estima otra buena calidad que tiene este reino y es no hallarse en toda la tierra vívoras, serpientes, alacranes, escuerzos ni otros animales ponzoñosos, de manera que puede un hombre en el campo sentarse debajo de cualquier árbol, y revolcarse entre las yer bas sin temor de que le pique una araña; ni tampoco hai tigres, onzas, ni otras fieras a quien temer. Algunos leoncillos hay en algunas partes, que hacen algún daño al ganado menor, pero no a la jente, antes huyen de ella, y no solamente se ve esta limpieza de la tierra, en la que está habitada de los hombres, sino, lo que mas admira, en los bosques, que los hai espesísimos tle arboledas, y tan cerrados, que si no es a pié y con grandísima dificultad no se puede romper, ni dar un paso por ellos. Ponderando esta buena calidad, un hermano de los nuestros, grande escultor, que fué de España, le oí decir que habia andado tres meses continuos haciendo madera para labrar la iglesia de Santiago, y que habiendo entrado en varios bosques y quebradas donde no habia rastro ni señal de que hubiese jamas entrado en ellos hombre alguno, no to pó en todo este tiempo una araña, ni animal asqueroso de quien pudiese tener recelo o temor.
No es de despreciar otra particularísima gracia y ventaja de esta tie rra, y es que no cria ni consiente chinches no vi una jamás, y es esto mas de maravillar habiendo tantas de la otra banda de la cordillera, donde está la provincia de Cuyo, de donde las que talvez pasan entre la ropa y cajas de los pasajeros, al punto que reconocen el aire de Chile se mueren. Fué admirable la esperiencia que de esto hizo un curioso o mal intencionado que pasando de Cuyo a Chile trajo estos animalejos en parte bien acomodada donde se pudiesen conservar, y fué cosa ma ravillosa que apenas llegaron al valle de Aconcagua (que es el primero en que dan los que bajan la cordillera) cuando se murieron todos sin quedar ni una viva. No hablo de las minas de oro, ni de las muchas y delicadas aguas, que por pasar por ellas, son mui cordiales y saludables; no de la abun dancia de mantenimientos y yerbas medicinales, y otras particulares excelencias de la tierra, en que hace conocida ventaja a otras, por no confundir unas cosas con otras y porque se verán mejor hablando de cada cosa en particular cuando lleguemos a su lugar.
Fuera de estas ventajas que he apuntado, en todo lo demás es tan se mejante el clima y tierra de Chile a Europa, que no hallo diferencia ninguna, y es cosa muy de reparar, que en todo lo descubierto de la América no sé que haya rejion ni parte alguna que vaya en todo tan conforme con Europa, como ésta de Chile, porque en unas, como es el Brasil, Cartajena, Panamá, Portobelo y otras costas y tierras que están entre los trópicos, son continuos todo el año y excesivos los calores; en otras, como Potosí, las punas y" sierras del Perú, los frios; en otras hay un modo de invierno en que no llueve y llueve en verano en la fuerza del calor; otras hay donde no se coje trigo, vino, ni aceite; y otras donde si se dan estos jéneros, no se dan las frutas propias de Europa; pero Chile tiene, como Europa, sus seis meses de primavera y estío, y otros seis de otoño e invierno; no llueve el verano sino el invierno y todas las frutas y semillas que lleva Europa se dan también en Chile.
Lo que mas admira es que estando las tierras de Cuyo, Tucuman y Buenos Aires en la misma altura que la de Chile, se diferencien tanto de su clima y del de Europa, que aunque en el invierno hace grandísimo frió y heladas tan rigorosas que debajo de techo se hiela el agua, y en el campo se suelen morir de frió los animales, sin embargo no llue ve una gota en todo el invierno, ni se ve en todo él, particularmente en Cuyo, cubierto el sol sino siempre claro y hermoso; pero comienzan las aguas desde la primavera con tanta fuerza, que si duraran los aguaceros tanto como en Europa y Chile, anegaran la fierra, como de hecho la inundan el poco tiempo que duran de una hora o media, corriendo rios por las calles de las ciudades y convirtiendo los campos en mares por donde van las carretas dándolas el agua a las mazas, con ser bien altos, y en este tiempo caen rayos y mangas de piedras como huevos de gallina y de patos y aun como de avestruz, como lo he visto algunas veces.
Todas estas tormentas y variedades de tiempos embazan en los mon tes altos de la cordillera, donde hacen como en suerte muro, que lo son del reino de Chile, la última batería, sin adelantarse un paso, ni entrar en su jurisdicion, porque jamás se sienten en él estos rumores y tempestades, ni se ven estas alteraciones y torbellinos, sino un tiempo constante y apacible en todo el verano, primavera y otoño, con sus diferencias de mas o menos calor y de frió en el invierno, conforme a la diversidad de los tiempos, segun la cual asimismo son mayores o menores los dias y las noches, proporcionándose con la altura de los grados y curso del sol, de la misma suerte que en Europa, aunque en meses opuestos. De aquí se sigue, como advierten varios autores y lo muestra la es periencia, la grande semejanza que hay entre los hombres, animales, frutas y mantenimientos de Chile con los de Europa: quien ve lo uno y lo otro es buen testigo de esta verdad, y ninguno pasa de esta parte a aquella que no lo note.
He visto algunos caballeros que han pasado de España al Perú, y después de algunos años han ido a Chile con al gún cargo de gobierno u otro oficio de los que allí da el rey, y no es de cible las alegrías que hacen y contento que muestran por parecerlesque han vuelto a su patria, segun la gran semejanza que hallan entre el uno y otro país, así en el aire como en las comidas, que son mui sustan ciales, como lo reconocen los que nacieron y se criaron en clima mas cálido, los cuales cuando van a Chile, han menester pasar con mas so briedad y templanza de la acostumbrada hasta que po.co a poco se va haciendo el estómago a dijerir el exceso que reconoce en la mayor fuerza y sustancia de la comida.
CAPITULO 11
De los cuatro tiempos del ano: trátase en particular del invierno, y primavera, de las flores, y algunas yerbas medicinales. Los cuatro tiempos del año que se ven en Europa de primavera, estío, otoño, e invierno, se gozan también en Chile con la misma proporción, y diferencia de sus duraciones, aunque no corren a una en el encuentro de los tiempos; porque la primavera comienza de mediado agosto, y dura todo setiembre, otubre, y mediado noviembre; de aquí comienza el estío, y se continúa todo diciembre, enero, y mediado febrero, que da principio al otoño, el cual prosigue el mes de marzo, abril y mitad de mayo, que es cuando el invierno comienza a encapotarse y a descargar su furia sobre la tierra, desnudando los árboles de sus hojas y cu briendo los campos de escarcha y hielo, de que amanecen de ordinario todos blancos, aunque luego a dos horas de sol se derrite, si bien en los dias pardos se suelen conservar los carámbanos, continuándose de un dia para otro, y dura la fuerza del invierno el mes de junio, julio y par te de agosto.
Rara vez baja la nieve a los valles, porque aunque laque cae es tanta que sube muchas picas en alto, y empareja en algunas partes de la cordillera lo mas hondo de las quebradas con sus cumbres; se contiene toda dentro de los montes, donde, como en pozos o cajas, se conserva todo el año para proveer a la inmensidad de rios, fuentes y arroyos que se descuelgan de sus cumbres y corren por los valles y riberas de la tierra hasta el mar, fertilizándola con la abundancia de frutos que logra el otoño y enriquece aquel reino. Pero sin embargo de no nevar sino pocas veces en los llanos, hace en ellos tan grandes frios, que no son mayores en muchas partes de la Eu ropa; lo cual previene asi de la altura del polo en que está toda esta tierra, como de la vecindad de la cordillera, de donde soplan unos vientos tan sutiles y penetrantes que algunas veces son insufribles, y así son siempre mas templadas las riberas del mar y sus comarcas, si bien, para contrapeso, son aquí mas rigorosas las tempestades de vientos, porque llegando éstas ya cansadas y con menos fuerza a lo mas dentro de la tierra, no la azotan, ni atormentan con tanto rigor.
Para reparo de este frió crió Dios en todo este país dilatados y espesos montes de espinos, que es la leña usual de toda la comarca de Santiago y de otros valles, y es a manera de la de encinas, aunque mas dura, y el corazón, que es colorado, es incorruptible, y de ellos también se hace el carbón para las fraguas y otras oficinas; en otras partes sirven para estos efectos los robles, como es en el distrito de la Concepción, donde hay tantos, tan crecidos y tan gruesos, que aunque há tantos años que sirven a la vida humana, están hoy los bosques tan enteros y espesos que, penetrando un poco adentro, no se puede romper y esto a media legua de la ciudad; que la tierra mas adentro hay quebradas, donde no ha puesto el pié hombre alguno jamas, siendo así que ha sustentado sola aquella tierra de Penco mas de cien mil, como lo escriben los autores citados.
Aunque estos robles, como también los árboles frutales, pierden la hoja en el invierno, los mas de los silvestres la conservan, por tenerla muy gruesa, y aunque se cubren de escarcha y hielo, no las abrasa como a las hojas de otros árboles, antes las baña y la va derritiendo con los ra yos del sol y las deja mas hermosas y lozanas. Con \&¡_ primeras lluvias comienza luego la tierra a vestirse de verde, de manera que dentro de 20 o 30 dias se ven los campos cubiertos de yerba, y para mas hermosura nacen con ella unas florecitas pequeñas amarillas en tanta abun dancia, que parecen las vegas y los valles alfombras de verde y amarillo. Con las lluvias y primeras yerbas del invierno parece que se dispone la tierra al nuevo adorno y hermosura de las flores, con que a mediado agosto comienza la primavera a hermosearla, las cuales duran hasta que el sol comienza a apretar con sus calores por diciembre y nacen con tanta abundancia y de tantas especies, que parecen los campos pin tados y hacen una hermosísima vista.
Una vez en particular me acuer do que yendo camino vi tanta diversidad de estas flores unas encarna das, otras azules, amarillas, coloradas, pajizas, moradas columbinas y de otros varios colores, que poniéndome acontarlas, movido de la admi ración de tanta variedad, como la que se veta, conté hasta 42 especies y diferencias en muy poco tiempo: no cuento en este número las domésticas que se cultivan en los jardines y huertos, los claveles, rosas, alelíes, tirasoles, azahar, sinamomo, floripondios, azucenas, amapolas, escobi llas, altramuces, granadillo y otras muchas diferencias de las que se crian como acá en Europa; solo hablo de las del campo, las cuales son jeneralmente muy olorosas, y sacan de ellas las aguas que llaman de ánjeles, por la suavidad de su fragancia, con la cual llenan el aire de suavísimo olor, el cual se siente mas en particular cuando sale el sol y se pone, y no ayudan poco a la fragancia de los campos las mismas yer bas, que son muy aromáticas y odoríferas, y suelen mezclarlos cogollos de ellas con las mismas llores para destilar las aguas de olor.
No se puede creer la fuerza con que la tierra arroja y produce estas yerbas, que es tanta, que en muchas partes no se distinguen los campos incultos de los mismos sembrados, porque están tan lozanos como si hubieran arado la tierra y dispuéstola para sembrarla; y al paso que se van continuando las lluvias, va ahijando la yerba con tal fuerza y pujanza, que por el mes de noviembre y diciembre se ha espesado ya y entre tejídole de manera que rompe un caballo con dificultad por ella, dándo le en algunas partes a las cinchas. La mostaza, nabo, yerbabuena, hinojo y trébol y otras que en Europa veo sembrar y cultivar por la debida estima que de ellas se hace, nacen en Chile por los campos sin ningún beneficio humano y con tanta abundancia que algunas de ellas se continúan por muchas leguas y son el pasto mas común de los ganados, y la mostaza crece y engruesa tanto que he visto mucha como el brazo y tan alta y copada que parece árbol, y he andado muchas leguas por mostazales que cubren los hombres a caballo, donde nidifican las aves y se crian pájaros, como en los que nos supone y pinta el Evangelio, ita ut volucres cxli veniant, et habiten! in ra mis eius.
Hay muchas yerbas muy medicinales y de grandes virtudes conocidas solamente de los indios que llaman machis, que son sus médicos, los cuales las ocultan particularmente de los españoles, a quienes por gran de amistad comunican la virtud de una u otra, reservando para sí la ciencia de las demás, la cual pasa solo de padres a hijos; y son estos médicos o machis muy estimados, así de los indios como también de los mismos españoles, que los llaman en el mayor aprieto de sus enferme dades, y experimentan admirables curas y efectos que hacen solamente con sus simples, los cuales aplican en mucho menos cantidad a los es pañoles que a los indios, por no ser de tan robusta complexión como ellos. Vi uno de los nuestros a quien atormentaba mucho el mal de corazón y era menester andar siempre acompañado con otros porque no se des peñase de los corredores y se matase; luciéronse con él todos los reme dios que la caridad religiosa y ciencia de los médicos pudo inventar, pero sin efecto, porque cada dia crecia mas la pasión y corría mayor peligro su vida; supieron los nuestros que doce leguas de allí estaba un indio machi de mucha fama, enviaron por él, e informado de la enfer medad, le aplicó de cierta yerba tanta cantidad como el tamaño de una uña, y echándola en un poco de vino, se la dio a beber, y fué de tanta eficacia, que le quitó el mal como con la mano y no le volvió mas todo el tiempo que le conocí.
Otros efectos he visto admirables de curas que cada dia hacen otros machis, particularmente contra veneno, que es la enfermedad en cuya cura son mas eminentes. Diré uno solo de un caballero que habia mu chos años que andaba muñéndose sin que ningún médico acertase ja mas con la raíz de su mal, que le tuvo muchas veces para morir. Hallándose una vez muy apretado hizo traer de muy lejos una mcha machi de gran fama (que también hai mujeres eminentes en este arte) y habiéndola regalado con un buen presente que la hizo y prometiéndola otros mayores, porque era muy rico y poderoso, comenzó ella a aplicar sus remedios y darle sus yerbas; y un dia, cuando le pareció que esta ba ya el cuerpo bien dispuesto para lanzar el veneno, hizo traer una gran fuente de plata, y delante de mucha jente, comenzando el caballero a sentir bascas en el estómago, hecho a vista de todos la ponzoña que mu cho tiempo antes le habian dado envuelta en unos cabellos, los cuales también lanzó y quedó bueno y sano, como me lo contó él mismo.
Aunque, como digo, son los indios tan cerrados en no querer comunicar la ciencia que tienen de las yerbas; sin embargo, obligados de bue nas razones y de la amistad con que algunos les saben ganar, comunican siempre alguna cosa, y con el tiempo y esperiencia se saben ya tantas que si yo quisiera referirlas fuera menester hacer un libro de solo esto, ni yo puedo acordarme de todas; diré solamente de tres que tengo mas presentes en la memoria por ser tan prodigiosas. Y sea la primera la famosa yerba que llaman quinchamali, la cual no se levanta del suelo mas de un jeme, y sus ramas se esparcen y recojen a manera de ramillete, y rematan en la punta cada una con una flor del color y hechura del azafrán, que se llama romi; esta yerba se arranca y con su raíz, y flor y ramas se cuece toda en agua, la cual, caliente, se da al enfermo, y entre otros efectos que obra, es uno espeler del cuerpo cualquier sangre extravenada, molida, o corrupta, y esto con mucha priesa y eficacia; y así en viéndose herido un indio la toma luego para que la sangre que no ha podido salir por la herida la espela antes que se aposteme y corrompa la demás.
Sucedió un caso en nuestro colejio de Santiago que bastaba él solo pa ra crédito de esta tan admirable yerba; y fué que habiendo ido un indio de los de nuestro servicio a la plaza donde se lidiaban los toros a verlos jugar, por su desgracia le cojió un toro y lo peloteó en el aire, derribóle y dejóle casi muerto; lleváronle a nuestra casa, llamaron al médico, y viéndole, dijo que aquel indio estaba ya muerto, porque no habia cosa que le pudiese aprovechar. Volvióse al padre ministro y díjole que pues no se perdía nada en ello, le diese la quinchamali y lo envolviesen en una sábana y lo dejasen estar algunas horas, ejecutóse así, y volviendo a su tiem po el padre ministro a visitarle por ver si se habia muerto, le halló vivo y libre de peligro, y la sábana toda llena de témpanos de sangre helada, que la yerba le habia hecho arrojar por los poros del cuerpo, y de allí a poco se levantó bueno y sano.
La segunda yerba, sea la que llamamos albahaquilla, y los indios culén, por tener las hojas semejantes a la albahaca, pero crece en matorrales tan altos que en algunas partes parecen árboles; es la hoja mui meloza y mui fragante, y ésta, machacada, se aplica a las heridasjpor de fuera, echando dentro de ellas algunas gotas de su zumo, y vense a cada paso admirables efectos de su eficacia y virtud. Contóme el capitán Sebastian García Carreto, fundador de nuestro noviciado de Bucalemu, que yendo por el campo embistieron a un perro que estimaba mucho otros cima rrones de los que andan por aquellos montes a sus aventuras, que le salieron al camino, y mordiéndole unos por un lado y otros por otro le dejaron hecho pedazos y degollado de una fiera herida que le hicieron en la garganta; cuando llegó este señor a socorrer su perro era ya tarde, porque estaba sin dar señal de vida.
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