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Sesión de la Comisión Conservadora, en 27 de setiembre de 1833
SesiónCLChile|1833|09|27|texto
CUENTA
Se da cuenta:
De un oficio en que S. E. el Presidente de la República comunica que queda instruido de la formacion de la Mesa. (Anexo núm. 310. V. sesion del 4 de la Comision Conservadora.)
De otro oficio en que el mismo Majistrado comunica haber mandado tomar razon del acuerdo relativo a la subsistencia de los empleados de Secretaría en sus puestos. (Anexo núm. 311. V. sesion del 4 de la Comision Conservadora.)
De una acusacion entablada por don Joaquin Prieto Warnes contra don Cárlos Rodríguez i fundada en que el acusado ha hecho varias imputaciones al Presidente de la República en una carta publicada en Lima i dirijida a los Editores de El Mercurio de Valparaiso. (Anexo núm. 312. V. sesiones del 17 de Junio de 1828 i del 4 de Octubre de 1833.)
ACUERDOS
Se acuerda:
Autorizar al Presidente de la Cámara para retirarse de la Sala por ser tio carnal del ofendido.
ACTA
Se abrió con los señores Vial, Barros, Egaña, Elizalde, Gandarillas e Izquierdo.
Aprobada el acta de la anterior, se dió cuenta de dos comunicaciones del Presidente de la República, avisando por la primera quedar instruido de que la Comision Conservadora dió principio a sus funciones el 4 del que ríje i elejido su Presidente, Vice i Secretario, i por la segunda, hase mandado tomar razon en las oficinas que corresponden, del acuerdo que se le comunicó sobre que los empleados en la Secretaría continúen con las mismas dotaciones, hasta la siguiente reunion estraordinaria del Congreso; se mandaron archivar.
De un escrito de don Joaquin Prieto i Warnes, acusando a don Cárlos Rodríguez ante la Comision Conservadora por varias imputaciones que hace a su padre el Excelentísimo Señor Presidente de la República, en la carta que públicó en Lima el 30 de Abril del presente año, dirijida a los editores de El Mercurio de Valparaiso. El Señor Presidente pidió a la Sala le permitiese retirarse, pués por la calidad de tio carnal del ofendido no debía conocer en este negocio. Se accedió a ello, i puesto después en discusion, se acordó no hacer la declaracion que se solícita hasta instruirse por el Secretario de la Cámara de Diputados, si el acusado es actualmente miembro, pasándosele para el efecto oficio por esta Secretaría, i de que el espresado don Cárlos, es el autor del impreso acusado, haciéndolo reconocer a él mismo; i se levantó la sesion. —bcnbio:Diego Antonio Barros Fernández, Vice-Presidente. —Elizalde, Secretario.
ANEXOS
Núm. 310
Quedo instruido por la comunicacion de V. E. 4 del que rije, haber dado principio a sus sesiones la Comision Conservadora i elejido a V. E. para Presidente, al Señor don Diego Antonio Barros para Vice-Presidente i al señor don Fernando Antonio Elizalde para Secretario.
Dios guarde a V. E. -Santiago, Setiembre 7 de 1833. —. —Joaquin Tocornal. —Al Excmo. Señor Presidente de la Comision Conservadora
Núm. 311
He mandado tomar razon en las oficinas que corresponde del acuerdo que V. E. me comunica con fecha 4 del que rije, para que los empleados de esa Secretaría continúen con las mismas dotaciones que les estaban asignadas, mientras se reúne el Congreso en sesiones estraordinarias. Lo comunico a V. E. en contestacion.
Dios guarde V. E. —Santiago, Setiembre 7 de 1833. —. —Joaquin Tocornal. —Al Excmo. Señor Presidente de la Comision Conservadora.
Núm. 312
Lima, 30 de Abril de 1833.
Señores:
La seguridad i el honor de nuestra Nacion i el mió me han puesto en estos dias la pluma en la mano, como os impondréis por mis escritos que a la fecha van en camino para ésa. Cuando tan sagrado deber me impelió a salir a la palestra, no creí ni remotamente tener que batirme con vosotros o con vuestros corresponsales.
Vuestro número 1,332 me pone en este caso, i yo no puedo desentenderme de la indispensable obligacion que he contraido de sostener a todo trance el decoro i la tranquilidad de mi Patria, contra los facciosos que se empeñan en hacerla el ridículo juguete de sus ruines aspiraciones. Con este propósito me he impuesto tambien el cargo de abstraer a los escritores de esa República de toda injerencia en los asuntos de ésta, como a los de aquí en los de allá.
El tiempo dirá si el resultado ha correspondido a mi empresa, i en su consecuencia, voi a dar principio, acometiendo a vuestros corresponsales.
Bajo el artírulo Correspondencia, insertais una diatriba injuriosísima contra el señor Presidente de esta República i contra su primer Ministro. Ella principia por las atroces palabras siguientes: El Gobierno actual del Perú proteje a los autores de los libelos que aparecen con frecuencia en Lima contra la administracion que rije nuestra República.
Vuestros corresponsales, para apoyar tan escandalosa blasfemia, se valen de que han llegado a sus manos algunos números de El Espectador de esta capital; de que su autor principia el número 4.º por un artículo en que se propone relacionar los acontecimientos políticos en Chile, desde el año de 27, sin otro objeto que el de aglomerar ridiculas i miserables calumnias contra los primeros funcionarios de la administracion que actualmente rije; de que el escritor es don Pedro Chappuis, que no tiene opinion propia i que no escribe sino cuando hai quien le pague i de que no puede ser el pueblo de Lima el que lo compre, porque nada le interesan (en el sentido que ellos indican) las ocurrencias políticas de Chile ni las cualidades de las personas que componen su administracion; ni tampoco los chilenos confinados, porque si ellos quisiesen, escribirían sin incurrir en los torpes errores cronolójicos i clásicas contradicciones del señor Chappuis.
Sin otros antecedentes, sacan vuestros corresponsales esta violenta i majistral consecuencia: Luego el Gobierno es el único que lo puede pagar i que lo paga. ¡Qué tal lójica, señores Editores! ¿Es exacta la consecuencia? ¿Por qué nada interesan al pueblo de Lima las ocurrencias políticas de Chile, le interesan al señor Presidente Gamarra? Esto era preciso haber probado para que correspondiese la deduccion.
¿I qué interés tiene este señor en vuestros bienes o males? ¿Qué utilidad le resulla? ¿Qué puede esperar? Nada mas, en mi concepto, que celebrar nuestra felicidad i deplorar nuestro infortunio, que es lo único que le permiten los deberes de su actual posicion. Sin embargo, vuestros corresponsales, mui satisfechos de sus peregrinas anteriores observaciones, nos dicen de voz en cuello que deben ser creidos aun por aquéllos que no tengan noticia de que el Gobierno del Perú dió quinientos pesos a Chappuis porque escribiese un periódico i que, habiendo publicado el primer número de El Espectador, se marchó a la hacienda de Montalvan, de donde se le hizo volver a Lima a continuar la redaccion.
¡Qué mala fé tan horrorosa, señores Editores, la de vuestros corresponsales!
Perdonadme que os hable con esta claridad o no me perdoneis porque lo hago mui de caso pensado para herirles i obligarles a desdecirse, si se penetran de la lijereza de su criminal injusticia i si se conserva aun en ellos algun rasgo de magnanimidad, lo acrediten de un modo terminante; pues entre las glorias del hombre no hai gloria como vencerse, o para precisarles a que repliquen a lo que les contesto, si apesar de todo se muestran renitentes en su caprichosa duplicidad.
¿De dónde han habido la noticia de los quinientos pesos i de la marcha a la hacienda de Montalvan? Sin duda que ellos tendrán al señor Gamarra, a mas de malvado, por un loco que arroja su dinero por la ventana, venga o nó al caso. Si él había dado quinientos pesos a Chappuis, ¿como es posible creer se fuese éste a la hacienda de Montalvan, que no es de aquel señor, sino en el dia poseída por don Bernardo O'Higgins i que sufriera se le despreciase con hacer semejante viaje inconsulto él, sin embargo de la obligacion pendiente?
Por otra parte, habiéndose leido los números de El Espectador debe haberse observado que el primero se publicó el 20 de Diciembre i el segundo el 2 de Enero. Si Chappuis, dado a luz el uno, se marchó a Montalvan, no había tiempo para que de regreso a Lima saliese el otro en su fecha. Solo de viaje a aquella hacienda hai cuatro dias de camino, que en ida i vuelta hacen ocho; a estos agreguen Uds. al menos uno o dos que se pasarían sin saberse la salida de Chappuis para hacerlo llamar, otros tantos que es de suponerse estaría en la hacienda, igual término se emplearía en la redaccion del papel i el mismo en su impresion; de donde resulta que no había tiempo suficiente para que saliese el 2 de Enero.
Uds. dirán que sus corresponsales no estarían enterados para hacer estos cómputos, i yo lo creo mui bien, pués en lugar de Montalvan ponen "Moltavan", pero, para asentar proposicion tan avanzada, como la suya, debieron imponerse de todo. Su error no les salva la nota de calumniantes, porque es mui culpable i sin escusa. Tambien si el señor Presidente Gamarra daba 500 pesos con el fin que se le atribuye tan gratuitamente, no es de presumirse que los entregase personalmente al asalariado, sino a alguna persona de su confianza para el efecto. Si los corresponsales de Uds. lo sabían, debieron haber nombrado a ésta, indicando las razones en que se apoyaban para atribuir el oríjen a aquel señor. Cuando se habla al público en materia tan grave se le debe presentar como presuncion lo que la sea, i no como hecho lo que no lo es, ni hai motivo fundado para creerlo por tal.
Vuestros corresponsales, no sin artificio, i sin duda para darse el aire de imparcialidad, dicen que no demandarían para el Perú la imputacion que hacen al señor Gamarra, si estuviesen ciertos de que todos sus habitantes conocían al escritor; i esto me hace creer que solo un espíritu maligno les ha puesto la pluma en la mano, cuando se contradicen con tan descarada impudencia. Poco mas arriba en su comunicado, han dicho con relacion a Chappuis: en Chile i en el Perú, tambien se sabe ya que él no escribe sino cuando hai quien le pague; de consiguiente, su escusa en esta parte no es mas que un pretesto para dar mas sobre seguro i a brazo tendido el golpe.
Siguiendo en el mismo sistema, dicen: que la honra universal de los magistrados de una Nacion es propiedad de los hijos de ésta. Yo les probaré mas abajo perentoriamente que ellos no corresponden a su doctrina, cuando no han mirado por el honor de los suyos en lo mas delicado de su honor i del de la Nacion atrozmente injuriada en uno de los papeles a que se contraen; i por lo pronto me permitirán preguntarles ¿cómo quieren que los peruanos sean indiferentes al ultraje de su Jefe si la honra universal de los majistrados de una Nacion es propiedad de los hijos de ésta?
Ellos saben mui bien que los hechos a que se refieren vuestros corresponsales son absolutamente falsos. Don Pedro Chappuis, llegó a Lima de Montalvan, donde había estado ocho o diez meses, el 7 de Abril del año pasado, i después no ha vuelto. El vino a parar a la posada de don José Copola, conocida bajo el nombre de fonda francesa, media cuadra de la Merced. En ella permanece hasta ahora como yo que estaba alojado desde mi entrada en Lima, un dia antes que él.
Tambien es notorio que, desde el 1.º de Febrero, ha llevado el periódico titulado El Globo, en el que ha criticado las providencias administrativas del Gobierno; i por último, después de algunas insinuaciones que se manifiestan en varios números del mismo papel, por el del 23 aparece que un dia o dos antes de la llegada de vuestro Mercurio está intimado salir fuera del país. La órden aun no está revocada, ¡i quien sabe, señores, si vuestro Mercurio contribuya a hacerla inexorable, apesar de que el se ha enteramente decidido a una absoluta abstraccion de la política!
¿Si tendrán, señores, que reprenderse a sí mismos vuestros corresponsales el haber concurrido, por su indiscreta lijereza en escribiros, al infortunio de un hombre desgraciado en sus mas aflijentes circunstancias? No lo permita Dios i quiera mas bien mover el equitativo cotazon del señor Presidente de esta República en su favor, puesto que ya no puede ser del menor perjuicio, separándose de toda intervencion directa o indirecta en el actual órden de las cosas.
Después de todo esto, ¿habrá quién pueda pensar todavía que el señor Gamarra pagase su dinero para que hablasen tambien contra sus medidas gubernativas? Yo creo que ni aun vuestros corresponsales se atreverán ya a decirlo, si su temerario empeño no les ha prostituido hasta el fango de las mayores vilezas.
Está mui bien que vuestro señor Presidente don Joaquin Prieto jamás haya desmerecido la estimacion pública que, vuestros corresponsales dicen, se puso adquirir como bueno i honrado militar; como patriota distinguido i como ciudadano virtuoso; pero es mui estraño que, cuando ellos asientan que si en una época no obtuvo las confianzas del Gobierno, vivió relegado al olvido por la nota de amigo de don Bernardo O'Higgins; i que si esta solo pudo perjudicarle, ya reconocerá cuan poco digno ha sido de su aprecio el que después de haberle dañado con la influencia de su nombre como amigo , se ha convertido en protector del que le calumnia vilmente; puesto que si los ataques del sucio Espectador, como dicen vuestros corresponsales, al Jeneral Prieto, no los aprobase O'Higgins, no franquearía su casa i su mesa a Chappuis, su adecuado amigo; pero, sin embargo, no se atreven a decir que aquél pague a éste ni que esté devorado de una envidia que no puede disimúlar para maquinar contra el ilustre Jeneral Prieto; i estas dos imputaciones se las hacen mas bien al señor Gamarra. Esto sí es peregrino. Cansa ya examinar tan en detalle la conducta de los corresponsales. Ya siento el haberme metido en ello; pero, sin embargo, es preciso continuar al menos por si consigo que, en lo sucesivo, se eviten tan temerarias imposturas i que sean mas circunspectos los hombres que se atreven a presentar al público sus producciones. ¿Por qué motivo puede tener envidia el señor Gamarra al señor Prieto? ¿Ha sido jamás su rival? ¿Han estado alguna vez juntos en campaña? ¿Se conocen ni aun de vista? ¿No son ambos Presidentes cada uno en su respectiva República? El de ésta no tiene treinta mil pesos, segun creo, de renta anual, cuando el otro solo goza de doce? Para que haya lugar a envidias es preciso suponer algunas ventajas en el envidiado, i por lo espuesto, yo no diviso ningunas en vuestro señor Prieto, i deseo que Uds. tengan la bondad de apuntármelas. Si es cierto lo que Uds. dicen en su nota editorial que allá circulan libremente las filípicas de aquí contra ese Gobierno, tambien corren en Lima las horrorosas de allá; i si no traslado a las lástimas, con la agregacion de que aquí se escribe contra el Gobierno mismo, casi directamente o en términos alegóricos, como deben Uds. haberse desengañado leyendo El Telégrafo i El Penitente, fuera de otros muchos papeles sueltos que hasta los muchachos pregonan por las calles, cuando en los periódicos de Chile novemos mas que elojios i milagros del gobernante. Mucho mas podría decir, pero temo ofender talvéz a mi inculpable país, i esto sería mi mayor sentimiento.
Tambien se hacen cargo los corresponsales del periódico titulado La Verdad, de 9 de Febrero; i sin conocer que el artículo a que se diríjen es del andaluz don José Joaquin Mora, como se los probaré mui luego, se contraen a lo que no deben, injuriando a los peruanos en jeneral i mui en particular a uno de los mas respetables, i se desentienden ellos i Uds. SS. EE. de la mas atroz injuria con que aquel hombre ingrato ultraja el honor i bien merecido crédito de nuestra comun Patria.
Nadie me ha dicho que Mora sea el autor del comunicado de La Verdad, ni mucho menos se lo he visto yo escribir, pero por el estilo me parece indudable que él es el redactor, i voi a fundarme para que me digan Uds, si tengo razon o nó. En él son notables las palabras siguientes: desterrados i desvergüenzas —en indecentes bufonadas —muñecos hinchados de orgullo —de aquella caricatura —con esa augusta desnudez del suelo chile no —desplega sus virtudes i su civilizacion —robando vacas —que hacer en sus suntuosas tolderías —estos honoríficos antecedentes —gastado ya el terciopelo —cuya locura estaba demostrada como una proposicion de Euclides —ilustrado pueblo bajo de Valparaiso —el asesinato nacional —los homicidas eran hijos de Arauco, i con decir esto ha dicho todo —usurpadores ambiciosos —desvastadores de su sustancia —entonamiento bufonesco —regateado de precio de la desercion —compañías mercantiles —lójias conspiradoras —bolsas de los monopolistas —trazan sus amos —mas dignos los hombres que rijan la suerte de aquella desgraciada Nacion -los sucesos caminan a paso acelerado —veremos.
Ellas se hermanan mui bien con estas otras de El Mercurio Peruano de 6 del presente: Conspiracion tramada en favor del Jeneral O'Higgins —tono misterioso —Zenteno que no se ha prostituido como otros ni ha olvidado los deberes de la gratitud —un plan trazado por los hombres mas marcantes —depositar en su mano la suerte de la República —proyecto que existía i que existe i que existirá hasta su consumación —la Nacion entera llama a O'Higgins como el único que puede emanciparla —yugo afrentoso que la agobia —degradación que la contamina —ilustrada administracion —O'Higgins es un peso para los chilenos honrados —acusacion de negra ingratitud —reo la inmensa mayoría de la Nacion —el fundador de la libertad chilena —aseguran con datos infalibles —dos chilenos. Mora se ha confesado autor de éstas por un soneto que me dirijió sobre su firma en su Mercurio del 13. El no pudo negarlo. Se vió de cuerpo entero en mi Alcance i en su frenético despecho reconoció las últimas. Luego si son hermanas él es el lejítimo padre de unas i otras.
He aquí, señores Editores, lo que vuestros corresponsales no conocieron al escribiros, i por esto sin advertirlo, proporcionaron a ese antipático de la felicidad americana nuevo motivo de ejercitar su constante empeño en dividirnos. ¿Qué interés tienen vuestros corresponsales ni qué les va ni les viene en la felicidad o infelicidad de los indíjenas de esta República? ¿Salen acaso a su defensa por equidad o conmiseracion? ¿Les mueve a esta empresa algun principio filosófico? ¿Pagan ellos ni un maravedi de la contribucion que dicen horrorosa? ¿Los indíjenas les han nombrado sus curadores? ¿No elijen tambien al Congreso sus Diputados, que deben interesarse en el alivio de su suerte, si es desgraciada? ¿No es únicamente a esa Augusta Corporacion a quien corresponde determinar lo conveniente en la materia? ¿I si es así, como lo es en realidad, porqué increpar a la administracion la existencia de los males aun cuando sea cierto que los naturales los sufran? Si es verdad que el señor Ministro Pando, en su memoria a las Cámaras de 1831, hizo presente el monto de la exhibicion, este era su deber, como el de ellas disminuirlo si era excesivo, i si podía hacerse sin perjuicio de mayores males.
Si de nada vale a la situacion actual de la clase que vuestros corresponsales llaman abyecta, el recuerdo de la sabiduría de sus instituciones al tiempo de la conquista, qué les importa, ni en qué les ofende la comparacion con la desnudez del suelo chileno?
La jeneracion actual nada tiene de comun con los araucanos. Desde la conquista hasta lo presente, no han sido ni son otra cosa que una horda de facinerosos, vagabundos, indomesticables, oríjen de muchos males. En la revolucion han auxiliado mas bien a los realistas que a nosotros. Ellos son el receptáculo de todos los malvados que se acojen a sus tolderías para invadir i robar al pacífico labrador i demás honrados ciudadanos que padecen las desgracias de tenerlos por vecinos. Tambien son la causa principal de que se conserven en la República tropas veteranas para acometer a los Gobiernos i turbar la tranquilidad, cuando se les antoja. Si no fuera por eso, ya talvéz se habrían despedido. Concluida la guerra de la Independencia no tienen laureles que segar; i nos libraríamos de la nota de injuriosos a la dignidad de la especie humana, apareciendo como creyentes de que no puede haber quietud en la sociedad sin mercenarios.
Ved ahí los bienes que nos resultan de los que vuestros corresponsales llaman héroes, cuyos hechos son i serán monumentos de gloriosa memoria, en su sentir! No hai tales héroes. Sin virtudes no hai libertad, i sin libertad, no hai heroicidad. Los bárbaros feroces no las tienen ni pueden considerarse de otro modo que como unos salteadores incorrejibles. Sobre todo, dígase lo que se quiera, al tiempo de la conquista todos los indios desde el Cabo de Hornos hasta el Mechasebe, no eran sino miserables, imbéciles. Unos creían que las lentejas eran viruelas, i otros que el jinete i el caballo eran una misma persona, etc., etc. Si después algunas tribus han mejorado su condicion, los araucanos i los charruas parece que la han empeorado por su constante disposicion a los crímenes.
Si Ercilla, por ejercitar su musa, pintó a algunos como héroes, no es tiempo ya de acordarse de ellos. Nuestra gloriosa revolucion nos ha proporcionado entre nuestros conciudadanos, hombres verdaderamente dignos de ese glorioso i honorífico título.
Engolfados vuestros corresponsales en las maravillas de sus héroes araucanos, no reparan en las injurias que vierten tan injustamente contra esta República. Ellos dicen: "El Perú dió soldados a los tiranos para oprimir a Chile". ¿Cuándo ha dado el Perú esos soldados? ¿Ignoráis que los peruanos deploraban tanto como nosotros nuestras desgracias? ¿No sucede siempre que los tiranos que oprimen las Naciones, mui contra la voluntad de éstas, se aprovechan de las circunstancias i de mil casualidades que son inherentes al destino que violentamente ocupan para sacrificar a los pueblos con sus propios habitantes? Si no lo creen así vuestros corresponsales deberán tambien decir que Chile le dió soldados a los tiranos para oprimir al Perú. En 1815 el Jeneral Osorio, al mando del coronel Maroto, envió de ésa tropas que obraron mui activamente contra las de Buenos Aires en el Alto-Perú, hoi Bolivia; i si hemos de estar al modo de raciocinar de vuestros corresponsales, será preciso decir que Chile dió soldados a los tiranos realistas para que lo oprimiesen a él mismo, i al feroz O'Higgins para que acabase con mi padre i mis hermanos i con otros muchos chilenos. Si yo así lo creyese, detestaría a Chile mas que al infierno; pero no soi capáz de hacerle tan atroz ofensa.
Vuestros corresponsales, señores, prosiguen: "Los jenerosos chilenos fueron a dar libertad al Perú" ¿Cuándo han dado esa libertad los chilenos? ¿Quién puede darla? Los hombres no dan libertad, señores; ella es un don de la naturaleza i de nadie mas. Si no es así, vuestros corresponsales podrán decir que cuando quitan la venda han dado ojos, i que cuando cortan la cuerda a un hombre atado, le han dado brazos i piernas. Yo creo, señores, de que vuestros corresponsales no saben lo que es libertad. Sus espresiones no son propias de republicanos, sino de monarcómacos como el andaluz charlatan, de aristócratas i estratócratas. Está mui bien, i es mui satisfactorio que los chilenos hubiesen venido en auxilio de sus hermanos los peruanos, para espulsar a los españoles; pero esto no autoriza para estarles refregando de un modo indigno ese deber, como un gran favor que mas bien resiente que otra cosa. Yo no querría que nadie me librase de la muerte i preferiría mas bien perecer, si me había de estar a cada rato echando en cara semejante gracia.
Que una seccion de América haya ayudado a otra en su lucha contra la España, mas bien ha pendido de las circunstancias que de otro principio. Si nosotros en 1810 tuvimos la dicha de que estuviese a la cabeza del Reino el ilustre i virtuoso ciudadano don Mateo del Toro i Zambrano, único de quien con menos impropiedad puede decirse el fundador de la libertad chilena, i que éste convocase al pueblo para dar principio a la revolucion, los peruanos tenían entonces a su frente al visir Abascal. Si hubiese sucedido a la inversa, talvéz éstos hubieran ido a auxiliarnos con mas gusto i menos ostentacion. Si los peruanos no hubieran querido romper sus cadenas ni veinte Ejércitos de Chile, como el que vino en 1820, podrían haber hecho nada. Ellos allanaron luego, con sus caudales i con sus personas, el buen éxito de la empresa; i por fin, con su preciosa sangre firmaron en Ayacucho su suspirada Independencia.
No es mi objeto oscurecer el relevante mérito de Chile, mi ilustre Patria, en su sagrada causa contra España. Yo sé mui bien que él fué el primero de los Estados de América que ayudó a los otros para el mismo fin. El mandó en 1811 tropas auxiliares a Buenos Aires, reclutas para formar un cuerpo veterano, i después pólvora i balas, con otros útiles de guerra. Regocíjese enhorabuena interiormente por la sólida gloria de haberlo hecho, pero no permita que escritores irreflexivos lo presenten con un aire de afeminada vanidad. Su proceder ha sido tanto mas sublime i heroico cuanto que la rejencia de Cádiz había reconocido su Junta Gubernativa, única que mereció su aprobacion, como lo dice el americano Mier en una de sus cartas al español Blanco sobre la Independencia de Venezuela, i yo digo ahora que eso fué debido a los esfuerzos de mi hermano materno Joaquin Fernández de Leiva, que murió aquí de oidor en lo criminal el año de 1814 i que en 1810 era Diputado suplente por Chile en las Cortes estiaordinarias de la isla de Leon. El nos escribió que el dia del juicio se sabría lo que había trabajado por conseguirlo. Esto no nos causó admiracion, porque ese era su deber, ni jamás lo cacareamos como otros que, con palabras, quieren cubrir sus grandes maldades. Si ahora lo digo, es porque viene al caso, en honor de mi país, i porque habiéndose querido insultarme en mi desgracia no he tenido el menor motivo por que abatitme. Si soi un tal absolutamente desconocido en el Perú, como me lo ha dicho el andaluz, es porque quiero serlo i no porque crea que desmerezco ser admitido en ninguna de las sociedades que envanecen a ese prófugo parvenú, cuando las presenta como por título de la importancia i tono que pretende darse.
No dudo, señores Editores, que vuestros corresponsales hayan tenido mucha razon en resentirse por el execrable ultraje que se infiere a nuestro país en decir "que harto hace el Perú con reparar los despojos i rapiñas que sufrió de los que se han dicho sus libertadores," Ciertamente, esto es mui horroroso, porque si hubo talvéz algun maligno de aqué los que nunca faltan en los I paises mejor constituidos ni en los ejércitos mas bien disciplinados, que cometiese alguna depredacion, no hai el menor motivo para hacer que su iniquidad refluya contra el honor i crédito de todos. Sé muí bien que, por mi actual posicion, no me corresponde meterme a dictar i sostener los remedios que la gravedad del asunto exije; pero no dejaré de decir que deseo en el alma que el Gobierno de Chile, en vindicacion del honor nacional i de nuestros ilustres guerreros, reclame oficialmente una solemne reparacion; es decir, que obligue a confesar públicamente que no han habido tales despojos ni rapiñas, o que si las hubieron, pague él hasta el mas mínimo cuartillo, bien sea con dinero al contado, i con preferencia a todo otro gasto, o con el de la deuda que demanda; nombrándosele espresamente los pérfidos que cometieron tan infame crímen.
Chile se halla en esta responsabilidad por haber tenido, al tiempo de la espedicion, al frente de la República a un hombre que, paniaguado para sus inicuas miras con el que la vino mandando en jefe, no supo contenerle en los estrechos límites de su mision, i le consintió, a pesar de las instrucciones del Senado, el que se convirtiese en mandon absoluto de este país, bajo el suave nombre de protector. Si los peruanos hubiesen elejido libremente, como no debió habérseles impedido, las autoridades de su confianza, ellos se habrían puesto en hombres íntegros i firmes que hubieran prevenido toda exaccion violenta. Sin embargo, señores, de haber concedido la razon en esta parte a vuestros corresponsales, no les encuentro escusable, ni aun en medio de la mayor exaltacion que debo suponerles por su justa indignacion, para que imputen la injuria al señor Pando, i mucho menos para que le traten del modo tan cáustico como lo han hecho. El señor Pando es uno de los primeros estadistas del Perú, i cualquiera que lea sus escritos sabrá tributarle el debido homenaje que se merece. A primera visia se conoce que, a sus producciones, no solo concurre la cabeza sino tambien el corazon, i esto solo basta para probar que no es autor de la obra que se le atribuye. Vuestros corresponsales le tratan de corrompido i enemigo de Chile, i ¿en qué se funda para denigrarle tan atrozmente? Cuanto a lo primero, apesar de que debe tener enemigos, por los altos destinos que ha desempeñado, sin arrebatarlos, no se le ha calificado ninguno de aquellos hechos que hacen me recedores de ese epíteto a los que los cometen.
Aunque yo no tengo el honor de tratar al señor Pando, ni lo pretendo, no ignoro que posee todas las grandes cualidades que hacen recomendable a un hombre de honor e ilustre, i estoi informado de un hecho que me le hizo apreciable sin conocerle, que no es comun a todos, i desvanece victoriosamente las gratuitas imputaciones con que vuestros corresponsales se han avanzado en su vilipendio. En 1827 o 28 oí a su pariente don Ventura Blanco Encalada, hablando en elojio de este señor, decir (no recuerdo si con la carta en la mano) que le escribía, hallarse tan fastidiado de las cosas de por acá, que no distaría, si se le proporcionase, pasar a Chile a desempeñar en alguno de sus Ministerios el destino de oficial mayor. ¿Qué os parece, señores, este ejemplo de moralidad sublime, por el rango a que habían elevado al señor Pando sus talentos? ¿Es propio de un corrompido enemigo de Chile? A vuestros corresponsales toca la respuesta.
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