Dedicatoria
El maestro Fray Luis de León en el Libro de Job a la muy religiosa madre Ana de Jesús, carmelita descalza.
Todos padecen trabajos, porque el padecer es debido a la culpa, y todos nacen en ella; pero no los padecen todos de una misma manera, porque los malos a su pesar y sin fruto, los buenos con utilidad y provecho. Y de los buenos, unos con paciencia, y otros con gozo y alegría, que es proprio efecto de la gracia del Evangelio, de que Sant Pablo dice en su persona: Ya nos gozamos en las tribulaciones. De éstos es V. R. y las demás de su Orden, que descansan cuando padecen por mostrar lo que aman. Que el amor de Cristo que arde en sus almas, mostrándose, descansa, y padeciendo, se muestra; y ansí padecen con gozo; y si no padecen, tienen hambre de padecer y la descubren siempre que pueden, y en todo lo que pueden. Y de ella nace agora mandarme V. R. le declare el Libro de los sucesos y razonamientos de Job. Que como los valientes soldados gustan de conocer los hechos hazañosos de los que fueron, ansí V. R., en esta milicia de paciencia que profesa, desea reconocer este ejemplo excelente, que tal es el de Job, como por su escritura parece. La cual escritura es útil de muchas maneras: porque no sólo es historia, sino doctrina y profecía; porque, demás de que nos cuenta los azotes de Job y su paciencia, también nos compone las costumbres y nos profetiza algunos misterios venideros; y esto en verso y en forma de diálogo, porque más se guste y mejor se imprima.
Verdad es que el estilo poético y la mucha antigüedad de la lengua y del libro le hacen muy escuro en no pocos lugares. Mas esta escuridad vencerá con sus oraciones V. R., que obligada es a favorecerme con ellas, pues pone este peso en mis hombros. En que hago tres cosas: una, traslado el texto del libro por sus palabas, conservando, cuanto es posible, en ellas el sentido latino y el aire hebreo, que tiene su cierta majestad; otra, declaro en cada capítulo más extendidamente lo que se dice; la tercera, póngole en verso, imitando muchos santos y antiguos que en otros libros sagrados lo hicieron y pretendiendo por esta manera aficionar algunos al conocimiento de la Sagrada Escritura, en que mucha parte de nuestro bien consiste, a lo que yo juzgo.
Pues ansí como no sabemos con certidumbre el autor de este libro, que unos dicen que Moisés y otros que antes de Moisés, ansí V. R. ha de tener por sin duda que es libro sagrado y canónico. En el cual el Espíritu Santo nos cuenta, lo primero, la virtud y prosperidad de Job; lo segundo, su azote, y lo tercero, las razones que pasó con unos compañeros suyos que, viniendo a consolarle, se pusieron a reprenderle, que es la mayor dificultad que en él hay, porque muchas veces parece que Job y sus compañeros dicen lo mismo, siendo los intentos contrarios. Para cuyo entendimiento advertimos que Job, querellándose, dio a entender que padecía sin culpa; de que, ofendidos sus compañeros, porfían que se engaña y que es pecador. Y pruébanlo así:
Dios es justo; luego castiga a solos los pecadores. Tú eres castigado de Dios; luego eres pecador.
Y sobre este argumento, como sobre quicio, se rodea todo lo que dicen los primeros tres compañeros. Y en lo que más se detienen es en probar, lo primero, «que es la justicia de Dios», que a la verdad es lo más cierto y lo menos necesitado de prueba. Mas insisten en ello porque, a su parecer, lo demás nace de allí por fuerza de consecuencia. Y pruébanlo con hacer claro por diversas maneras que Dios es bueno y sabio y poderoso, diciendo grandezas de la bondad de Dios y de su saber y poder. Porque el ser injusto uno siempre le viene, o de saber poco o de poder menos o de ser mal inclinado; que, como se sabe, las fuentes de todo lo malo son o flaqueza o ignorancia o malicia. A esto responde Job, y en lo que responde confiésales esta primera parte, que toca a la justicia de Dios; y no sólo la confiesa, mas él también la prueba y se extiende en decir maravillas de estos divinos atributos. Pero niégales lo que de ellos coligen, y persevera en defender su inocencia, y les prueba que no son pecadores todos los que Dios en esta vida castiga. En que, en suma, afirma dos cosas:
Una: No siempre castiga Dios en esta vida a los pecadores, ni son pecadores todos los que Dios en ella aflige.
Otra: Yo no he pecado de manera que merezca el mal que padezco.
Y cuando afirma esto último, aguzado del dolor y de la porfía de los que sin razón le condenan, parece alguna vez que excede en palabras, volviéndose a Dios y pidiéndole que se ponga con él a juicio y averigüe aqueste azote con él. Por lo cual, a lo último, sale Eliú, el cuarto de los amigos, y no aprobando las razones de los primeros, condena a Job por otra razón nueva, diciendo que, a lo menos, peca en ponerse con Dios a juicio. Y ansí lo que pretende es probar, no que fue pecador, sino que se debe Job sujetar a Dios y callar y tener por bueno lo que hace. Y pruébalo de aquesta manera:
Las obras de Dios, y lo que pretende en lo que hace, no lo puede saber el hombre;
Luego debe con paciencia juzgar bien de lo que Dios hace, y no pedirle razón de ello.
La primera de estas dos cosas, de que la segunda necesariamente se sigue, pudo Eliú probarla con ejemplos palpables de las cosas que Dios hace, y no las entendemos los hombres; mas no la prueba por esta vía, antes, multiplicando razones impertinentes, la escurece y confunde. Y ansí Eliú no erró en lo principal de su intento y en lo que probar pretendía, sino en no acertar a probarlo. Por donde Dios, a la fin, se descubre, y lo primero, reprende a Eliú de que una cosa tan clara como es no penetrar el hombre las obras y los juicios de Dios, no supo probarla; y lo segundo, vuelto a Job, le prueba con razones claras lo que confundía Eliú con palabras escuras. Y ansí el intento de Dios es el mismo de Eliú: persuadir a Job que tenga por bueno lo que hace con él y no quiera saber por qué causa lo hace, ni pedirle cuenta a razón. Y arguye como Eliú argüía:
El hombre no puede alcanzar las obras de Dios ni sus fines;
Luego debe con paciencia juzgar bien de lo que Dios hace, y no pedirle cuenta.
Y lo primero de esto prueba Dios en su discurso por manifiesta manera, haciendo alarde de muchas cosas que traemos entre las manos, que las hace Él, y el hombre, aunque las ve, no las entiende; como son las obras naturales y ordinarias. De donde necesariamente concluye que, si no conocemos lo ordinario que Él hace, mucho menos podremos alcanzar lo extraordinario y los fines secretos que en ello sigue. Job reconoce su exceso luego, y humíllase. Y Dios, que sabía su sencillez y bondad y que había defendido con verdad su inocencia, no se enoja con él, y enójase con sus tres amigos, porque hablaron mal en tres cosas: una, que impusieron a Job que era malo; otra, que afirmaron que Dios no azota aquí sino a solos los malos; la tercera, que de estas dos mentiras quisieron quedar por justo, si quedaba Job por bueno, o si no se valiera de apoyos tan flacos y tan falsos.
Esto, pues, bien entendido, en las escuridades de este Libro dará mucha luz.
El cual libro comienza así:
Capítulo I
1. Un varón fue en la tierra de Hus, su nombre Job, y fue este varón sencillo y derecho, y temeroso de Dios y esquivador de lo malo.
2. Y naciéronle siete hijos y tres hijas.
3. Y fue su posesión siete mil ovejas, y tres mil camellos, y quinientos pares de bueyes, y quinientas asnas, y familia mucha mucho; y fue este varón grande sobre todos los hijos de Oriente.
4. Y iban sus hijos y hacían banquete en casa de cada uno su día; y enviaban y llamaban las tres hermanas suyas a comer y a beber con ellos.
5. Y era ansí; cuando daban su vuelta los días del banquete, enviaba Job y santificábalos, y madrugaba de mañana y alzaba ofrendas al número de todos. Porque decía Job: Si por caso pecaron mis hijos, y bendijeron a Dios en su corazón. Ansí hacía Job continamente.
6. Y fue un día y vinieron los hijos de Dios, y vino también Satanás entre ellos.
7. Y dijo Dios a Satanás: ¿De dónde vendrás? Y respondió Satanás a Dios, y díjole: De cercar por la tierra y de pasearme en ella.
8. Y dijo Dios a Satanás: ¿Por ventura pusiste tu corazón sobre mi siervo Job, que no como él en la tierra, varón sencillo, y recto y temeroso de Dios y esquivador de lo malo?
9. Y respondió Satanás a Dios, y dijo: ¿Por ventura de balde teme Job a Dios?
10. ¿Por ventura tú no pusiste sobre él, y sobre su casa y sobre todo lo que le pertenece a la redonda; hechuras de sus manos bendejiste, y su posesión creció en la tierra?
11. Mas empero plégate enviar tu mano, y loca en todo lo que te pertenece, sino en la cara te bendijere.
12. Y dijo Dios a Satanás: Ves; todo lo que le pertenece en tu mano; solamente no pongas tu mano en él. Y salió Satanás de delante de Dios.
13. Y fue un día; y sus hijos y sus hijas comían y bebían en uno en casa de su hermano el mayor.
14. Y un mensajero vino a, Job, y dijo: Las vacas araban y las asnas pacían junto a ellas.
15. Y sobrevino el sabeo, y tomólos; y a los mozos pasaron a cuchillo, y escapé tan solamente yo para que os lo notificase.
16. Aún éste hablaba, y viene otro y dice: Fuego de Dios cayó del cielo, y quemó las Ovejas y los mozos, y consumiólos; y escapé tan solamente yo solo para darte noticia de ello.
17. Aún éste hablaba, y vino otro y dijo: Los caldeos, hechos tres partes, acometieron a los camellos, y lleváronselos; y a los mozos pasaron a cuchillo, y escapé tan solamente yo solo para darte noticia de ello.
18. Aún éste hablaba, y vino otro y dijo: Tus hijos y tus hijas comían y bebían en casa de su hermano el mayor.
19. Y veis, un viento grande vino de la otra parte del desierto, y hirió en los cuatro cantones de la casa, y cayó sobre los mancebos y murieron; y escapé solamente yo para darte noticia de ello.
20. Y levantóse Job, y rompió su ropa y tresquiló su cabeza, y derrocóse en tierra y adoró.
21. Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. Dios lo dio, Dios lo tomó. ¡Sea el nombre del Señor bendito!
22. En todo esto no pecó Job, ni se enloqueció contra Dios.
Capítulo II
1. Y fue un día, y vinieron los hijos de Dios a asistir delante de Dios, y vino también Satanás entre ellos a asistir delante de Dios.
2. Y dijo Dios a Satanás: ¿Pues de dónde vendrás? Y respondió Satanás a Dios: De cercar en la tierra y de pasearme por ella.
3. Y dijo Dios a Satanás: ¿Por dicha pusiste tu corazón sobre mi siervo Job, que no como él en la tierra, varón simple y derecho y temeroso de Dios y esquivador de maldad, y aun agora asido a su bondad? Incitásteme contra él para afligirle de balde.
4. Y respondió Satanás a Dios y dijo: Pellejo por pellejo, y todo lo que es al hombre dará por su alma.
5. Plégate enviar tu mano, y tócale en el hueso y en la carne; sino en la cara te bendijere.
6. Y dijo Dios a Satanás.- Vesle en tus manos; solamente guarda su alma.
7. Y salió Satanás de delante de Dios, y plagó a Job con postemas malignas desde la planta de sus pies hasta su colodrillo.
8. Y tomó una costra de tierra para raerse con ella; y él sentado en medio del polvo.
9. Y díjole su mujer: ¿Hasta cuándo tú asido de tu bondad? Bendecir a Dios y morir.
10. Y díjole a ella: Como una de las tontas parlantes. También el bien recibimos de Dios; ¿y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job en sus labios.
11. Y oyeron tres amigos de Job toda esta calamidad que vino sobre él, y vinieron cada uno de su lugar. Elifaz, el temanés, y Bildad, el de Suhi, y Ofar, el nagmatés. Y juntáronse juntos para venir a visitarle y a consolarle.
12. Y alzaron los ojos de lueñe, y no le conocieron; y levantaron su grito y lloraron y rasgaron cada uno su vestidura, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo.
13. Y sentáronse con él en el suelo por siete días y siete noches, y no hubo quién le hablase palabra; que vieron que grande mucho su dolor.
Capítulo II
1. Y después abrió ansí Job su boca, y maldijo a su día.
2. Y clamó Job, y dijo: ¡Perezca el día en que yo naciera, y la noche que dijo: Concebido varón!
3. Aquel día sea escuridad; no le busque Dios de arriba, y no resplandezca sobre él la claridad.
4. Entúrbiele escuridad y tiniebla; more sobre él muerte; asómbrele amargura.
5. A aquella noche tómela tiniebla; no se ayunte con días de año, y en cuenta de meses no venga.
6. Aquella noche sea solitaria; no venga canto en ella.
7. Maldíganla los que maldicen el día dispuestos a despertar a leviathán.
8. Entenebrézcanse las estrellas de su noche; espere luz y no, y no vea alboradas de mañana.
9. ¿Por qué no cerró las Puertas de mi vientre, y encubrió lacería de mis ojos?
10. ¿Por qué del vientre no muriera; y del vientre saliera y expirara luego?
11. ¿Para qué me anticiparon las rodillas? ¿Y para qué tetas que mamé?
12. Porque agora yaciera y sosegara; durmiera entonces, reposo a mí.
13. Con reyes y consejeros de la tierra, los que edifican despoblados para sí.
14. O con príncipes, señores de oro, los que hinchen las casas de plata.
15. O como abortado escondido no fuera; como chiquitos que no vieron luz.
16. Allí malos cesaron de hacer alboroto: y allí reposaron alcanzados de fuerza.
17. Juntamente los encarcelados sosegaron, no oyeron voz de acreedor.
18. Pequeño, y grande allí ellos; y esclavo horro de su señor.
19. ¿Para qué se dará al desastrado luz, y vida a amargos de corazón?
20. ¿A los que esperan la muerte, y no ella, buscáronla más que tesoro?
21. ¿A los que se alegran con regocijo, y se gozan cuando hallan sepultura?
22. ¿A varón a quien su camino le fue encubierto, y le cubijó Dios con tiniebla?
23. Porque antes de mi pan mi sospiro viene, y corren como agua mis gemidos.
24. Que temor temí, y vínome, y lo que temí vino a mí.
25. ¿No me apacigüé, y no me sosegué, y no reposé? Y vino temblor.
Capítulo IV
1. Y respondió Elifaz, el temanés, y dijo:
2. ¿Por ventura si tentáremos a hablarte, enojarte has; y detener palabras quién podrá?
3. ¿Veis? Avisabas a muchos, y manos flojas esforzabas.
4. Caído levantaron tus palabras, y rodillas encorvadas esforzabas.
5. ¿Por qué agora vino a ti, y cansaste; tocó fasta ti, y fuiste turbado?
6. De cierto tu temor, tu fortaleza, tu esperanza, y perfección de tus carreras.
7. Miembra, ruégote, ¿quién limpio, y se perdió? ¿Y cuándo derecheros fueron cortados?
8. Como vi a los que aran maldad y siembran desventura segarlo.
9. A resuello de Dios perecen; a espíritu de su nariz se consumen.
10. Bramido de león y voz de leona, y dientes de leoncillos son arrancados.
11. Tigre perece sin presa, y hijos de león se esparcen.
12. Y a mí palabra como a hurtadillas, y tomó mi oreja partecilla de ella.
13. En espeluzos de visiones de noche, en caer adormecimiento sobre varones;
14. Pavor me aconteció y temblor, y hizo espavorecer mucho mis huesos.
15. Y sopló sobre mis faces, pasó y fizo erizar pelos de mi carne.
16. Estuvo, y no conocí su vista; semejanza ante mis ojos, callada voz oí.
17. ¿Por ventura varón más que Dios te justificará? ¿Si más que su Hacedor se alimpiará varón?
18. Ves: en sus sirvientes no se afirma, y en sus ángeles halló torcimiento.
19. Cuantos más moradores de casas de lodo, su cimiento de los cuales en polvo; son desmenuzados como polilla.
20. De mañana a tarde son deshechos: por no haber quien ponga mientes para siempre perecerán.
21. Lo que resta, quitárseles ha; morirán, y no en sabiduría.
Capítulo V
1. Llama, pues, si hay quien te responda; ¿y a quién de los sanctos te volverás?
2. Porque al loco degüella saña, y al tonto mata envidia.
3. Yo vide loco arraigado, y maldije súbito su belleza.
4. Alejaránse sus hijos de la salud, y serán quebrantados en la puerta, y no tendrán defensor.
5. Cuya segada el hambriento comerá, y el armado lo tomará, y sedientos beberán su haber.
6. Porque no saldrá del polvo vanidad, y de tierra no fructificará quebranto.
7. Que el hombre nacido es para laceria; y los hijos de la ave para ensalzarse volando.
8. Por donde yo buscaría a Dios, y con Dios pondría mi habla.
9. Hacedor de grandezas, sin pesquisa, de maravillas hasta no cuente.
10. Dador de lluvia sobre faces de tierra; enviador de aguas sobre faces de plazas.
11. Para poner bajos en altura, y enlutados ensalzaron salud.
12. Desbaratador de pensamientos de resabidos; no harán sus manos sotileza.
13. Prendedor de sabios en su mismo aviso, y consejo de perversos es deshecho.
14. De día encontrarán tinieblas, y como noche palparán en la siesta.
15. Y salvó de cuchillo de su boca dellos, y de mano de fuerte al pobre.
16. Y fue al mendigo esperanza, y el torcimiento cerró su boca.
17. ¡Ea!, bienaventurado varón, que lo reprehendió Dios, y castiguerio del Abastado no aborrezcas.
18. Porque él hará doler, y suelda; llagará, y sus manos melecinarán.
19. En seis angustias te escapará, y en siete no tocará mal en ti.
20. En hambre te redimió de muerte, y en pelea de mano de espada.
21. De azote de lengua serás escondido, y no temerás correría cuando viniere.
22. Del asolamiento y de la fambre te reirás, y de alimaña de tierra no temerás.
23. Porque con piedras del campo tu liga, y alimaña del campo se apaciguará a ti.
24. Y sabrás que paz tu tienda, y visitarás tu morada, y no pecarás.
25. Y sabrás que mucha tu simiente, y tus pimpollos como yerba de la tierra.
26. Vendrás con sazón a la huesa, y como montón de mieses es alzado a su tiempo.
27. Ves; esto pesquisámoslo, ansí ello; óyelo, y tú aprehende para ti.
Capítulo VI
1. Y respondió Job, y dijo:
2. ¡Ojalá pesando fuese pesada mi saña y mi quebranto, y en balanzas se levantasen a una!
3. Porque entonces más que arena de mares pesaría, por donde mis palabras son asollozadas.
4. Porque saetas del Poderoso conmigo, cuya ponzoña bebe mi espíritu; turbaciones de Dios se pusieron en orden contra mí.
5. ¿Por ventura gime cebro sobre heno, o si brama buey sobre su pesebre?
6. ¿Si será comido lo desabrido sin sal, o si hay gusto en lo que es morir puro?
7. Lo que rehusó de tocar mi alma, eso como; los dolores pan mío.
8. ¡Quién diese que viniese mi demanda, y lo que espero me lo diese Dios!
9. Comenzó Dios, quebránteme; suelte la mano y despedáceme.
10. Y sería más mi conhorte, que asándome con dolor no se apiade, que no contradiré palabras de Sancto.
11. ¿Cuál fuerza mía, o cuál mi fin? ¿Cuándo ensancharé mi alma?
12. ¿Por dicha fuerza de piedras mi fuerza? ¿Por dicha mi carne de bronce?
13. No mi ayuda en mí, y mi necesario es alanzado de mí.
14. Quien se desata de su compañero el temor de Dios deja.
15. Mis hermanos se pasaron como arroyo, como avenida de arroyos se pasaron.
16. Que temen la helada, y en ellos cae y se esconde el hielo y la nieve.
17. En la hora que se pasan son [acabados] agotados; en escalentando fueron desechos de su lugar.
18. Torceránse caminos de su carrera; caminarán a nada, y perecerán.
19. Consideraron sendas de Temán, caminos de Sabá; esperad en ellos.
20. Avergonzáronse porque se confiaron; vinieron hasta aquí y quedaron corridos.
21. Que agora sois venidos; vedes quebranto, y temedes.
22. Si dije: ¿Traed a mí, y de vuestra hacienda pechad por mí?
23. ¿O escapadme de mano de angustiador, y de mano de fuertes me redemid?
24. Avezadme, y yo callaré; y lo que erré hacedlo entender a mí.
25. ¿Por qué son violentadas palabras de derechez? ¿Qué reprehenderá reprehensor de vosotros?
26. ¿Por dicha no es ansí, que para reprehender palabras pensades, y para el viento palabras perdidas?
27. También sobre huérfano alanzáis, y se la armáis a vuestro compañero.
28. Y agora quered, comenzad; atendedme, ved si miento en vuestra cara.
29. Tornad a responder os ruego, y no haya porfía; tornad, mas guárseme justicia en ella.
30. No habrá en mi lengua torcimiento, ni en mi paladar sonará necedad.
Capítulo VII
1. ¿Por ventura no es guerra la del hombre sobre la tierra, y como días de mercenario días suyos?
2. Como siervo desea solombra, y como alquiladizo espera su obra.
3. Ansí me heredé meses de vanidad, y noches de laceria se aparejaron a mí.
4. Si yazgo, digo, ¿cuándo me levantaré? Y espero la tarde y hártome de dolores hasta la noche.
5. Vestida es mi carne de gusanos, y con terrones de polvo mi cuero se secó, y hizo aborrecible.
6. Mis días me volaron más que de tejedor (es cortada la tela) y consumiéronse sin esperanza.
7. Miémbrate que es viento mi vida; no tornarán mis ojos a ver cosa buena.
8. No me catará ojo de veedor; tus ojos en mí, y no yo.
9. Acabóse la nube y pasóse; ansí quien desciende al infierno no subirá.
10. No tornará más a su casa, y no le conocerá más su lugar.
11. Por tanto, yo no vedaré mi boca, fablaré con angustia de mi espíritu; querellarme he con amargura de mi alma.
12. ¿Si mar yo, si culebro, que pones carcelería sobre mí?
13. Si digo, conhortarme ha mi lecho, aliviaráme en mi querella mi cama.
14. Y con sueños me quebrantaste, y con visiones me pusiste en espanto.
15. Y escogió ahogamiento mi alma, y muerte mis huesos.
16. Despechéme, no más viviré: contiénete de mí, que son nada mis días.
17. ¿Qué es el hombre para que le engrandezcas, y para que pongas en él tu corazón?
18. Y visítasle a las alboradas, y por momentos le pruebas.
19. ¿Hasta cuándo no aflojarás de mí? ¿No me aflojarás hasta tragar mi saliva?
20. Pequé: ¿qué haré a ti, Guardador de los hombres? ¿Por qué me pusiste por encuentro a ti, y fui sobre mí por carga?
21. ¿Por qué no alzas mi rebeldía, y faces pasar mi delicto? Porque agora yaceré en polvo, amenazarme has, y no yo.
Capítulo VIII
1. Y respondió Bildad, el sohí, y dijo:
2. ¿Hasta cuándo hablarás esto, y de espíritu grande palabras de tu boca?
3. ¿Por ventura Dios tuerce el juicio? ¿Y si el Abastado tuerce justicia?
4. Si tus hijos pecaron a Él, y enviólos la mano de su pecado.
5. Si tú madrugares a Dios, y suplicares al Abastado.
6. Si limpio y derecho tú; cierto luego despertará sobre ti, y apaciguará la morada de tu justicia.
7. Y será tu principio poco, y tu postrimería crecerá mucho.
8. Que pregunta agora a la generación primera, y dispónte a pesquisar de tus padres.
9. Porque de ayer nosotros, y no sabemos; porque sombra nuestros días sobre la tierra.
10. De cierto ellos te avezarán, hablarán a ti, y de su corazón sacarán palabras.
11. Si crecerá junco en no cieno, ¿crecerá junquera sin aguas?
12. Aun él en su árbol y no cortado, y antes de toda yerba se seca.
13. Ansí caminos de todos los que olvidan a Dios, y esperanza de falsario parecerá.
14. Que despreciará su desatino, y casa de araña su fiucia.
15. Estribará sobre su casa, y no estará; trabará en ella, y no se levantará.
16. Verde y jugoso él delante del sol, y sobre su huerto su pimpollo saldrá.
17. Sobre montón sus raíces serán enredadas; casa de piedras morará.
18. Si los tragaren de su lugar, y diga en él: No te olvide.
19. ¿Ves? Ese gozo de su carrera, y de polvo otro pimpollecerá.
20. ¿Ves? Dios no aborrece perfecto, ni esforzará mano de malos.
21. Hasta que se hincha de risa tu boca, y tus labios de jubilación.
22. Quien te aborreciere vestirá desprecio, y tienda de malos no ella.
Capítulo IX
1. Y respondió Job, y dijo:
2. De cierto conozco que es ansí: ¿y cómo se justificará varón con Dios?
3. Si le placiera entrar en baraja con él, no le responderá de mil uno.
4. Sabio de corazón, y fuerte de fuerza, ¿quién se endureció contra él, y quedó en paz?
5. Arranca montes, y no supieron que los trastornó con furor.
6. Estremece tierra de lugar suyo, y sus columnas se espantarán.
7. Dice al sol, y no nacerá; sobre estrellas pondrá sello.
8. Extiende cielos Él solo, y huella sobre las alturas del mar.
9. Hace Sietestrello, Orión y Cabrillas y retraimientos del Ábrego.
10. Hace grandezas hasta que no pesquisa, y maravillas hasta que no cuento.
11. Veis; vendrá sobre mí, y no veré; pasará, y no le entenderé.
12. Preguntará, ¿y quién se la volverá? ¿O quién le dirá qué es lo que haces?
13. Dios, a cuyo furor resiste nadie, debajo de Él opresos los apoyos del mundo.
14. ¿Cuánto más responderle yo y razonar de pensado con Él?
15. Que si justo fuere, no responderé; rogaré al que me juzga.
16. Si llamare y me respondiere, no creeré que escucha mi voz.
17. Que con tempestad me quebrantará; y amontonará mis heridas sin causa.
18. No me deja tomar aliento; mas hártame de amarguras.
19. Si para fuerte, fuerte Él; si para juicio, ¿quién atestiguará por mí?
20. Si me justificare, mi boca me condenará, entero yo, y torceráme.
21. Sencillo yo, y no lo conoce mi alma; aborreceré mi vida.
22. Uno es ello, y por tanto digo, perfecto, y malo Él los consume.
23. Si azota, mate súbito; de prueba de buenos no escarnezca.
24. Tierra es dada en mano de impío; faces de sus jueces cubre, si no, ¿a dó Él?, ¿quién Él?
25. Mis días se aligeraron más que correo; huyeron, no vieron bien.
26. Pasaron como naves de fruta, como águila que vuela a comida.
27. Si me digo, olvidaréme de mi querella; mudo mi rostro, y el dolor se me esfuerza.
28. Temo todas mis obras; sé que no me perdonarás.
29. Pues si ansí soy malo, ¿para qué me trabajaré en vano?
30. Aunque me lave con aguas de nieve, y alimpie con limpieza mis palmas;
31. Entonces en el lodazar me ensuciarás; y aborrecerme han mis paños.
32. Porque no es varón como yo, que le responda, y que vengamos a una a juicio.
33. No hay entre nos razonador que ponga su mano entre ambos nos.
34. Aparte de mí su vara, y su miedo no me turbe.
35. Hablaré sin temor, que yo ansí no conmigo.
Capítulo X
1. Enfadada mi alma de mi vida, dejaré sobre mí mi querella, hablaré en amargura de mi alma.
2. Diré al Señor: no condenes; fazme saber, ¿por qué barajas conmigo?
3. ¿Si bueno a Ti, que me oprimas y repruebes trabajo de tus palmas, y sobre consejo de malos resplandezas?
4. ¿Si ojos de carne a Ti, y si ves como es el ver de los hombres?
5. ¿Si como días de hombre tus días; si tus años como años de varón?
6. ¿Qué pesquises mi maldad e inquieras mi pecado?
7. Con saber Tú que no he hecho maldad, y no hay quien de mano tuya me desafierre.
8. Tus manos me figuraron y me ficieron a la redonda, ¿y desfacerme has?
9. Miémbrate agora que como lodo me ficiste, y que al polvo me farás tornar.
10. ¿Por ventura no me vaciaste como leche y me cuajaste como queso?
11. De cuero y carne me vestiste, y con huesos y nervios me compusiste.
12. Vida y merced hiciste conmigo, y tu providencia guardó mi espíritu.
13. Esto guardaste en tu corazón, supe que esto contigo.
14. Si pequé, guardármelo has, y de mi delicto no me limpias.
15. Si malvado fui, ¡guay de mí! Y si justo fui, no levantaré cabeza harto de afrenta; mira mi aflicción.
16. Por la soberbia como león vinieses a mí, y revolvieses y maravilloso fueses en mí.
17. Renovases tus testigos contra mí y se acrecentase tu saña conmigo.
18. Y ¿por qué me sacaste del vientre? Expirara, y ojo no me viera.
19. Como si nunca fuera, hubiera sido del vientre llevado a la sepultura.
20. ¿Por ventura no son poco mis días? Afloja de mí, y plañiré un poco.
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The end
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