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GUÍA ESPIRITUAL Que desembaraza al alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la interior paz
Por el Doctor Miguel de Molinos, Presbítero
y sacado a la luz por el Rdo. P. F. Juan de Santa María, Ministro Provincial de la Provincia de San Pedro de Alcántara, del Reino de Nápoles, de los Religiosos Menores de San Francisco
En Roma. Por Miguel Hércules. MDCLXXV. Con licencia de los Superiores.
Prefacio
El que lo saca a luz al lector sincero, la paz. Que el inquieto mundo dar no puede
Haec verba fidelissima sunt et vera (Apoc. 22)
Palabras fidelísimas y verdaderas son, lector sincero, las que en este pequeño libro rebosó (inspirado y aun impelido del Padre de los eternos resplandores) el corazón profundo y lleno de luz de un varón bueno. Palabras, vuelvo a decir, son fidelísimas y verdaderas; palabras de vida y de luz, las cuales, si deseas caminar derecho y seguro por el camino de la abundante justicia y equidad, serán antorcha inextinguible a tus pies y fanal siempre ardiente a tus pisadas.
No la vana ambición de la vanísima alabanza de los hombres ni algún otro humano motivo o terreno respeto tuvieron parte en la composición de esta obra o la tienen en la publicación: sólo el puro amor del aumento de la divina gloria, el limpio y ardiente deseo de promover la perfección cristiana movieron a quien escribió estas altas verdades a escribirlas y mueven a quien las publica a publicarlas.
Porque su autor (continuamente ocupado en el consuelo y gobierno de almas sin número, que Dios le fía, sin buscar ninguna por estarse en su soledad y desapego, que es el que anhela) escribió con pluma velocísima este tratado, sin más enseñanza que la de la santa oración, sin más lección y estudio que el interior tormento, que es la oficina donde se labra la verdadera sabiduría, sin más artificio que el interior impulso, y sin más reflexión e intento que el corresponder al eterno beneplácito y divina inspiración, y no ofendería la verdad si dijese violencia. Deseando, pues, que este libro saliese a la pública luz para común utilidad y guía de las dichosas almas que por la derecha senda de la negación de sí mismas caminan a las felicísimas y serenas alturas de la mística perfección, intenté repetidas veces con su autor me lo entregase, y no pudiendo conseguirlo, me valí de su espiritual guía, el cual, habiéndoselo pedido y leído, me lo entregó.
Yo he solicitado la impresión y he allanado algunas dificultades que en ella se han ofrecido, pareciéndome que se complace de esto aquel gran Padre de familias que no enciende tales antorchas para que estén inútilmente escondidas, sino para que ardan en su místico candelero, y también por saber el útil que de esto ha de resultar a los verdaderos espirituales y puramente místicos; porque no basta escribir de la divina influencia y de la pasiva e interior comunicación, como muchos altamente hasta ahora han escrito, si no se desembaraza el camino y se le descubren al alma las dificultades que pasan dentro de sí misma y la impiden la subida a este sublime estado. Este sólo ha sido el intento del autor, y parece que con singular acierto lo ha conseguido. Porque su doctrina es práctica, su luz es pura, su estilo, si sencillo, elevado, y su inteligencia clara, aunque profunda.
Lee pues, lector caro, con toda seguridad y alegría santa, mas juntamente con atención y consideración devota, este práctico libro de la interior vida, en el cual hallarás el maná escondido de la divina suavidad y dulzura, y el nombre y asunto nuevo de la interior paz, congrua y altamente explicado. Aquí hallarás la diferencia que hay de la meditación a la contemplación, de la adquirida a la infusa. Aquí se descubren las miserias del alma, las tentaciones del enemigo, sus astucias, enredos y sutilezas. y aquí finalmente hallarás las secretas sendas para alcanzar todas las virtudes y subir al alto monte de la contemplación, de la aniquilación, de la transformación e interior paz.
Si eres oveja, cándida y no errante, del Pastor divino y fielmente sigues su amoroso silbo conducido de esta espiritual Guía, entrarás en los suavísimos pastos de la bienaventurada, tranquilísima y amenísima suavidad interior, regada con los cristalinos torrentes de la indeficiente y divina luz que rebosa en este libro; y no sólo iluminará tu entendimiento, sino que también inflamará tu voluntad, y llenando de espiritual gordura tu alma, la dejará con ardientes deseos de reformarse y ser conformada a la imagen resplandeciente de la eterna verdad.
Entra, entra, lector amantísimo, en este dichoso camino que te enseña esta fiel y luminosa Guía. Este es el camino de equidad de juicio y justicia. Camino de bendición, santificación y verdad. Camino de sabiduría, paz y fortaleza. Camino de quietud, luz y consejo. Estrecho solamente en las entradas, ancho en medio, y en el progreso y fin espaciosísimo.
Este es el camino de la verdadera latitud del corazón y de la real libertad de los hijos de Dios, fuera del cual toda anchura es estrechez; toda libertad, esclavitud; todo descanso, trabajo; toda paz, guerra; toda quietud, inquietud; toda alegría, falsa; toda felicidad, angustia; toda grandeza, vanidad; y todo alivio, aflicción de espíritu. Este es el santo e inmaculado camino, que segura y derechamente conduce a la vida eterna; y sin peligros, embarazos ni ofensas, guía a las altas y serenas cumbres del monte de la cristiana perfección. Monte todo bienaventurado y pacífico, todo tranquilo y luminoso, adonde no llegan las nubes de las humanas ceguedades y apetitos ni las inquietudes de las terrenas pasiones ni los vientos y tempestades de las humanas variaciones e inconstancias o de los temporales accidentes y sucesiones. A este bienaventurado término te conduce esta espiritual Guía. Mira cuántas y cuán grandes cosas se contienen en este pequeño libro. Dichoso tú, devoto lector, sino solamente lees, mas juntamente haces lo que en él leas. Vale.
Tu hermano, y siervo en Jesucristo crucificado.
Fray Juan de Santa María, Ministro Provincial.
Aprobaciones
Aprobación del Ilustrísimo y Reverendísimo Señor el Padre Fray Martín Ibáñez de Villanueva, de la Sagrada Religión de los Trinitarios calzados, Calificador de la Santa Inquisición en España, Examinador Sinodal del Arzobispado de Toledo Laureado en la Universidad de Alcalá y Catedrático deprima de Escoto en la misma Universidad, Obispo que fue de Gaeta, y dignísimo Arzobispo Rijoles.
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Aprobación del Reverendísimo P. Fray Francisco María de Bolonia, Calificador de la Santa Romana universal Inquisición, Consultor de otras congregaciones y Ministro General de toda la Orden de San Francisco.
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Aprobación del Reverendísimo P. Fray Domingo de la Santísima Trinidad, Calificador y Consultor del Santo Oficio de Malta, y Calificador de la Santa Romana universal Inquisición, General que fue de su Religión de Carmelitas descalzos, y hoy Definidor General y Rector del Seminario de las Misiones en el Convento de San Pancracio.
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Aprobación del Reverendísimo P. Fray Francisco Gerez, Predicador de su Majestad Católica, Examinador Sinodal que fue del Arzobispado de Sevilla, Provincial tres veces de su Sagrada Religión de los Capuchinos en la Provincia de Andalucía, y hoy Definidor General de toda su Religión.
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Aprobación del Reverendísimo P. Martín de Esparza, de la Compañía de Jesús, Catedrático de Teología de la Universidad de Salamanca y del Colegio Romano, Consultor de la Sagrada Congregación de Ritos, y Consultor y Calificador del Santo Oficio de Valladolid, y Calificador de la Santa Romana universal Inquisición.
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Aprobación del Reverendísimo P. Fray Diego de Jesús, Religioso descalzo del Orden de la Santísima Trinidad, Redención de Cautivos, Procurador General de la familia de España y Ministro del Convento de San Carlos de Roma.
Introducción
A quien leyere
No hay cosa más difícil en el mundo que agradar a todos ni más fácil y usada que censurar los libros que salen a la luz pública. Al común riesgo de entrambos daños salen sujetas todas las obras que se publican, sin excepción de ninguna, aunque amparadas de la mayor protección. ¿Qué será de este pequeño librito sin patrocinio, cuyo manjar, por místico y mal guisado, lleva consigo la común censura y el desabrimiento? Si no lo entiendes, lector amigo, no por eso lo censures.
Oirá y leerá el hombre animal estas espirituales materias, pero no llegará, dice San Pablo, a comprenderlas: Animalis hamo non percipit ea, quae sunt spritus Dei (1 Ad Coro 2). Si las condenas, te condenas al número de los sabios de este siglo, de quienes dice San Dionisio que no les comunica Dios esta sabiduría como a los sencillos y humildes, aunque en el concepto del mundo sean ignorantes..
La ciencia mística no es de ingenio, sino de experiencia; no es inventada, sino probada; no leída, sino recibida, y así es segurísima y eficaz, de grande ayuda y colmado fruto.
No entra la ciencia mística en el alma por los oídos ni por la continua lección de los libros, sino por la liberal infusión del divino espíritu, cuya gracia se comunica con regaladísima intimidad a los sencillos y pequeños (Matth. 11).
Hay algunos doctos que no han leído jamás estas materias y algunos espirituales que hasta ahora no las han gustado, y por esto los unos y los otros las condenan; aquéllos por ignorancia y éstos por falta de experiencia.
Es cierto que a quien le falta la experiencia de esta dulzura no podrá juzgar de estos misteriosos secretos, antes bien se escandalizará, como suelen muchos, de oír las maravillas que usa el amor divino con las almas, por no ver en las suyas esas finezas. ¿Quién pondrá tasa a la bondad divina, cuya mano no está abreviada para hacer lo que en otros tiempos? No llama Dios por mérito al más fuerte, sino al más flaco y miserable, para que más resplandezca su infinita misericordia.
No es esta ciencia de teórica, sino de práctica, en don-de sobrepuja con grandísima ventaja la experiencia a la más avisada y despierta especulativa, y como los sabios puramente escolásticos no la experimentan, la condenan:
Hi autem quaecumque quidem ignorant blasphemant (Iudae 1). Por eso advirtió Santa Teresa a su padre espiritual que no tratase las materias espirituales sino con hombres que lo fuesen: Porque si no saben (dice) más de un camino, o se han quedado en el medio, no podrán así atinar (Vida, cap. 22).
Bien se conocerá que no tiene experiencia de esta práctica y mística ciencia el que condenara la doctrina de este libro, y que no ha visto a San Dionisio, San Agustín, San Gregorio, San Bernardo, Santo Tomás, San Buenaventura y otros muchos santos y doctores aprobados por la Iglesia, que aprueban, califican y enseñan, como experimentados, la práctica de esta doctrina.
Debe advertirse que la doctrina de este libro no instruye a todo género de personas, sino solamente a aquellas que tienen bien mortificados los sentidos y pasiones, y que están ya aprovechadas y encaminadas a la oración y llamadas de Dios al interior camino, a las cuales alienta y guía, quitándolas los impedimentos que embarazan el paso a la perfecta contemplación.
He procurado que el estilo de este libro sea devoto, casto y provechoso, sin exornación de pulidas frases, sin ostentación de elocuencias ni sutilezas teológicas; sólo he atendido a enseñar la verdad desnuda con humildad, sencillez y claridad.
No admire ver salir cada día a la luz del mundo nuevos libros espirituales, porque Dios tiene siempre que comunicar nuevas luces y las almas tienen siempre necesidad de estas instrucciones. Ni todo está dicho ni todo está escrito, y así habrá siempre que escribir hasta el fin del mundo. Admirables fueron las luces que Dios comunicó a su Iglesia por medio del Doctor Angélico Santo Tomás, y en la hora de su muerte dijo él mismo que le había comunicado su Majestad tanta luz en aquel instante, que era nada cuanto hasta entonces había escrito. Luego tiene y tendrá siempre Dios nuevas luces que comunicar, sin que se agote su infinito saber.
No deben acobardar las muchas y grandes penas del interior camino, porque lo que mucho vale, razón es que cueste. Ten buen ánimo, que no sólo las que aquí se representan, sino muchas más se superarán con la divina gracia e interior fortaleza.. No ha sido jamás mi intento tratar de la contemplación ni de su defensa, como muchos que docta y especulativamente han publicado enteros libros llenos de eficaces razones, de doctrinas y autoridades de los santos y de la Sagrada Escritura para desvanecer la opinión de los que la han condenado y condenan por no haberla experimentado ni aun especulativamente entendido.
La experiencia de largos años (por las muchas almas que se han fiado de mi insuficiencia para la conducción del interior camino a que han sido llamadas) me ha enseñado la grande necesidad que hay de quitarlas los embarazos, inclinaciones, afectos y apegos que totalmente las impiden el paso y el camino a la perfecta contemplación.
Todo este práctico libro se dirige a este principal intento, porque no basta asegurar el interior camino de la contemplación contra los que lo contradicen, si no se les quita a las almas llamadas y aseguradas los embarazos que las estorban el paso y espiritual vuelo; para cuyo fin me he valido más de lo que Dios por su infinita misericordia me ha inspirado y enseñado, que lo que la especulativa lección de los libros me ha administrado e instruido. Tal vez, aunque pocas, cito alguna autoridad de autor práctico y experimentado, para que se entienda que no es singular y rara la doctrina que aquí se enseña. Este, pues, ha sido mi primer blanco, no asegurar el interior camino, sino desembarazarlo. El segundo, instruir a los directores para que no estorben el curso a las almas llamadas por estas secretas sendas a la interior paz y suma felicidad. Quiera Dios, por su infinita misericordia, se consiga lo que tanto se desea. Ya sé que muchos por falta de experiencia han de censurar lo que aquí se enseña, pero fío en Dios se han de aprovechar algunas almas de las que su Majestad llama a esta ciencia, por cuyo fruto daré por bien empleado mi desvelo. Este ha sido el blanco único de mi deseo, y si Dios, como es constante, acepta y se sirve de estos puros deseos, quedaré contento, aunque rígidamente censurado.
Vale.
Proemio
Advertencia I
De dos modos se puede ir a Dios: el primero por meditación y discurso; el segundo, por pura fe y contemplación.
1. Dos modos hay de ir a Dios, uno por consideración y discurso, y otro por pureza de fe, noticia indistinta, general y confusa. El primero se llama meditación; el segundo, recogimiento interior o adquirida contemplación. El primero es de principiantes, el segundo de aprovechados. El primero es sensible y material, el segundo es más desnudo, puro e interior.
2. Cuando el alma está ya habituada a discurrir en los misterios, juntándose con la imaginativa y usando de imágenes corporales, siendo traída de criatura en criatura y de noticia en noticia (teniéndola muy corta de lo que desea) y de éstas al Criador, entonces la suele coger Dios de la mano (si no es que la llame a los principios y la introduzca sin discurso por el camino de la pura fe) y haciendo que deje atrás el entendimiento todas las consideraciones y discursos, la adelanta y saca de aquel estado sensible y material, y hace que debajo de una simple y oscura noticia de fe aspire sólo con las alas del amor a su esposo, sin que tenga ya necesidad para amarle de las persuasiones e informaciones del entendimiento, porque de ese modo sería muy corto su amor, muy pendiente de las criaturas, muy a gotas, y ésas, caídas a pausas y despacio.
3. Cuanto menos pendiere de criaturas y más estribare en sólo Dios y su secreta enseñanza, mediante la fe pura, más firme, durable y fuerte será el amor. Después que ya el alma ha adquirido la noticia que la pueden dar todas las meditaciones e imágenes corporales de las criaturas, si ya el Señor la saca de ese estado, privándola del discurso, dejándola en la divina tiniebla para que camine por el camino derecho y fe pura, déjese guiar y no quiera amar con la escasez y cortedad que ellas le informan, sino suponga que es nada cuanto todo el mundo y los más delicados conceptos de los entendimientos más sabios la pueden decir, y que la bondad y hermosura de su amado excede infinitamente a todo su saber, persuadiéndose que todas las criaturas son muy bozales para informarla y traerla al verdadero conocimiento de su Dios.
4. Debe, pues, pasar adelante con su amor, dejándose atrás todo su entender. Ame a Dios como es en sí, y no como se lo dice y forma su imaginación; y si no lo puede conocer como es en sí, ámelo sin conocerlo debajo de los velos oscuros de la fe; de la manera que un hijo que nunca ha visto a su padre, por lo que de él le han informado, a quien da todo crédito, le ama como si ya le hubiese visto.
5. El alma a quien se le ha quitado el discurso debe no violentarse ni buscar por fuerza noticia más clara o particular, sino sin yugos, ni arrimos de consuelos o noticias sensibles, con pobreza de espíritu y vacío de todo lo que su apetito natural le pide, estar quieta, firme y constante, dejando obrar al Señor, aunque se vea sola, seca y llena de tinieblas, que si bien le parecerá ociosidad, es sólo de su sensible y material actividad, no de la de Dios, el cual está obrando en ella la ciencia verdadera. Finalmente, tanto cuanto más sube el espíritu, tanto más se desarrima de lo sensible. Muchas son las almas que han llegado y llegan a esta puerta, pero pocas las que han pasado y pasan por falta de experimentada guía; y las que la tienen y han tenido, por no sujetarse con verdadero y total rendimiento.
6. Dirán que no amará la voluntad, sino que estará ociosa, si el entendimiento no entiende distinta y claramente; porque es asentado principio que no se puede amar sino lo que se conoce. A esto se responde que aunque el entendimiento no conoce distintamente, por discurso, imágenes y consideraciones, entiende y conoce por la fe oscura, general y confusa, cuyo conocimiento, aunque tan oscuro, indistinto y general, como es sobrenatural, es más claro y perfecto conocimiento de Dios que cualquiera noticia sensible y particular que en esta vida se puede formar, porque toda imagen corporal y sensible dista de Dios infinitamente.
7. Más perfectamente, dice San Dionisio, conocemos a Dios por negaciones que por afirmaciones. Más altamente sentimos de Dios conociendo que es incomprensible y sobre todo nuestro entender, que concibiéndole debajo de alguna imagen y hermosura criada, que es entenderle a nuestro modo tosco (Mistica Theolog. 1, 2). Luego más estima y amor se engendrará de este modo confuso, oscuro y negativo, que de otro cualquiera sensible y distinto; porque aquél es más propio de Dios y desnudo de criaturas, y éste, por el contrario, cuanto más depende de criaturas tanto, menos tiene de Dios.
Advertencia II
En qué se diferencia la meditación de la contemplación
8. Dice San Juan Damasceno, y otros santos, que la oración es una subida o levantamiento del entendimiento en Dios (De fide, lib. 3, cap. 24). Es Dios superior a todas las criaturas y no puede el alma mirarle y tratar con él, sino levantándose sobre todas ellas. Este amigable trato que el alma tiene con Dios, que es la oración, se divide en meditación y contemplación.
9. Cuando el entendimiento considera los misterios de nuestra santa fe con atención para conocer sus verdades, discurriendo sus particularidades y ponderando sus circunstancias para mover los afectos en la voluntad, este discurso y piadoso afecto se llama propiamente meditación.
10. Cuando ya el alma conoce la verdad (ora sea por el hábito que ha adquirido con los discursos o porque el Señor le ha dado particular luz) y tiene fijos los ojos del entendimiento en la sobredicha verdad, mirándola sencillamente, con quietud, sosiego y silencio, sin tener necesidad de consideraciones ni discursos ni otras pruebas para convencerse, y la voluntad la está amando, admirándose y gozándose en ella, ésta se llama propiamente oración de fe, oración de quietud, recogimiento interior o contemplación.
11. La cual dice Santo Tomás, y todos los maestros místicos, que es una vista sencilla, suave y quieta de la eterna verdad, sin discurso ni reflexión (2.2. q. 180, arto 3.° y 4.°). Pero si se alegra o mira los efectos de Dios en las criaturas; y entre ellas en la humanidad de Cristo Señor nuestro como más perfecta de todas, ésta no es perfecta contemplación, según aprueba Santo Tomás (allí mismo), pues todas ellas son medios para conocer a Dios como es en sí, y aunque la humanidad de Cristo nuestro Señor es el medio más santo y más perfecto para ir a Dios y el supremo instrumento de nuestra salud y la canal por donde recibimos todo el bien que esperamos, con todo esto la humanidad no es el sumo bien, el cual consiste en ver a Dios, pero como Jesucristo es más por su divinidad que por su humanidad, así el que piensa y mira siempre a Dios (como la divinidad está unida a la humanidad) siempre mira y piensa en Jesucristo, mayormente el contemplativo, en quien la fe es más sencilla, pura y ejercitada.
12. Siempre que se alcanza el fin cesan los medios, y llegando al puerto la navegación. Así el alma, si después de haberse fatigado por medio de la meditación, llega a la quietud, sosiego y reposo de la contemplación, debe entonces cercenar los discursos y reposar quieta, con una atención amorosa y sencilla vista de Dios, mirándole y amándole, y desechando con suavidad todas las imaginaciones que se le ofrecen, quietando el entendimiento en aquella divina presencia, recogiendo la memoria, fijándola toda en Dios, contentándose con el conocimiento general y confuso que de él tiene por la fe, aplicando toda la voluntad en amarle, donde estriba todo el fruto.
13. Dice San Dionisio: En cuanto a vos, carísimo Timoteo, aplicándoos seriamente a las místicas especulaciones, dejad los sentidos y las operaciones del entendimiento, todos los objetos sensibles e inteligibles, y universalmente todas las cosas que son y las que no son, y en una manera no conocida e inefable, en cuanto al hombre es posible, levantaos a la unión de aquel que es sobre toda naturaleza y conocimiento (Mistica Theolog.). Hasta aquí el Santo.
14. Luego importa dejar todo el ser criado, todo lo que es sensible, todo lo que es inteligible y afectivo, y finalmente todo aquello que es y lo que no es, para arrojarse en el amoroso seno de Dios, que él nos volverá todo lo que habemos dejado, acompañado de fortaleza y eficacia para amarle más ardientemente, cuyo amor nos mantendrá dentro de este santo y bienaventurado silencio, que vale más que todos los actos juntos. Dice Santo Tomás: Es muy poco lo que el entendimiento puede alcanzar de Dios en esta vida, pero es mucho lo que la voluntad puede amar (1, 2, q. 27, arto 2).
15. Cuando el alma llega a este estado, debe recogerse toda dentro de sí misma, en su puro y hondo centro, donde está la imagen de Dios: allí la atención amorosa, el silencio, el olvido de todas las cosas, la aplicación de la voluntad con perfecta resignación, escuchando y tratando con él tan a solas como si en todo el mundo no hubiese más que los dos.
16. Con justa razón dicen los santos que la meditación obra con trabajo y con fruto; la contemplación sin trabajo, con sosiego, paz, deleite y mucho mayor fruto. La meditación siembra y la contemplación coge; la meditación busca y la contemplación halla; la meditación rumia el manjar, la contemplación le gusta y se sustenta con él.
17. Todo lo dijo el místico Bernardo sobre aquellas palabras del Salvador: Quaerite et invenietis, pulsate, et aperietur vobis. Lectio apponit ori solidum cibum, meditatio frangit, oratio saporem conciliat, contemplatio est ipsa dulcedo, quae iucundat, et reficit (De scala claustralium). Con esto se declara qué sea meditación y contemplación, y la diferencia que hay entre las dos.
Advertencia III
En qué se diferencia la contemplación adquirida y activa de la infusa y pasiva, y se ponen las señales por donde se conocerá cuándo quiere Dios pasar al alma de la meditación a la contemplación
18. Hay también dos maneras de contemplación, una imperfecta, activa y adquirida, otra infusa y pasiva. La activa (de la cual se ha hablado hasta ahora) es aquella que se puede alcanzar con nuestra diligencia, ayudados de la divina gracia; recogiendo las potencias, y sentidos, preparándonos para todo lo que Dios quisiere. Así lo dicen Rojas (Vit. spirit., cap. 19) y Arnaya (Confes., 47).
19. Encarga San Bernardo esta activa contemplación, hablando sobre aquellas palabras: Audiam quid loquatur in me Deus (Psal. 84). Y dice: Optimam partem elegit Maria, licet non minoris (fortasse) meriti sit apud Deum humilis conversatio Marthae, sed de electione Maria laudatur, quoniam illa omnino (quoad nos spectat) eligenda, haec vera si iniungitur, patienter est toleranda.
20. Encarga también Santo Tomás esta adquirida contemplación, con las siguientes palabras: Quanto hamo animam suam, vel alterius propinquius Deo coniungit, tanto sacrificium est Deo magis acceptum, unde magisacceptum est Deo, quod aliquis animam suam, et aliorum applicet contemplationi, quam actioni (2. 2. q. 182, arto 2). Palabras verdaderamente claras para cerrar la boca a los que condenan la adquirida contemplación.
21. Cuanto más el hombre propincuamente se llega a Dios o procura llegar su alma y la de otros, tanto es mayor y más acepto sacrificio para Dios, de donde se infiere (concluye el mismo Santo) que será en el hombre para Dios más agradable y acepta la aplicación de su alma y de las otras a la contemplación que a la acción. Ni se puede decir que hable aquí el Santo de la infusa contemplación, porque no está en mano del hombre aplicarse a la infusa, sino a la adquirida.
22. Aunque se dice que podemos nosotros introducirnos a la contemplación adquirida con la ayuda del Señor, con todo eso nadie de su motivo se ha de atrever a pasar del estado de meditación a éste sin consejo del experimentado director, el cual conocerá con claridad si es el alma llamada de Dios a este interior camino, o en falta del director, lo conocerá la misma alma por algún libro que trate de estas materias, enviado de la divina providencia para descubrir lo que sin conocer experimentaba dentro de su interior. Pero aunque se asegurara por la luz del libro a dejar la meditación por la quietud de la contemplación, siempre le quedará un ardiente deseo de ser más perfectamente instruida.
23. y para que lo sea en este punto, quiero darla las señales por donde conocerá esta vocación a la contemplación. La primera y principal es no poder meditar, y si medita es con notable inquietud y fatiga, mientras no provenga de la indisposición del cuerpo, ni desazón del natural, ni de humor melancólico, ni sequedad nacida de la falta de preparación.
24. Conoceráse que no es ninguna de estas faltas, sino vocación verdadera, cuando se le pasa un día, un mes y muchos meses sin poder discurrir en la oración. Llévala el Señor al alma por la contemplación (dice la Santa Madre Teresa) y queda el entendimiento muy inhabilitado para meditar en la pasión de Cristo, que como la meditación es todo buscar a Dios, como una vez se halla y queda acostumbrada el alma por obra de la voluntad a volverle a buscar, no quiere cansarse con el entendimiento (Moradas, 6, cap. 7). Hasta aquí la Santa.
25. La segunda señal es que, aunque le falta la devoción sensible, busca la soledad y huye la conversación. La tercera, que la lección de los espirituales libros le suele dar tedio, porque no le hablan de la interior suavidad que está dentro de su interior, sin que lo conozca. La cuarta, que si bien está privada del discurso, con todo esto se halla con propósito firme de perseverar en la oración. La quinta” que reconocerá un conocimiento grande y confusión de sí misma, aborreciendo la culpa y haciendo de Dios más alta estima.
26. La otra contemplación es perfecta e infusa, en la cual (como dice Santa Teresa) habla Dios al hombre, suspendiéndole el entendimiento y atajándole el pensamiento, y tomándole (como dicen) la palabra de la boca, que aunque quiera no puede hablar si no es con mucha pena. Entiende que sin ruido de palabras le está enseñando este divino Maestro, suspendiéndole las potencias, porque entonces antes dañarían que aprovecharían si obrasen. Gozan sin entender cómo gozan. Está el alma abrasándose en amor, y no entiende cómo ama; conoce que goza de lo que ama, y no sabe cómo lo goza; bien entiende que no es gozo, que alcanza el entendimiento a desearlo; abrázale la voluntad sin entender cómo, mas no pudiendo entender algo, ve que no es éste bien que se puede merecer con todos los trabajos que se pasen juntos por ganarle en la tierra. Es don del Señor de ella y del Cielo, que en fin da como quien es y a quien quiere y como quiere. En lo cual su Majestad es el que todo lo hace, que es obra suya sobre nuestro natural. (Camino de perfección, cap. 25.) Todo es de la Santa Madre. Por donde se infiere que esta contemplación perfecta es infusa, la cual da el Señor graciosamente a quien quiere.
Advertencia IV
Asunto de este libro, que es desarraigar la rebeldía de nuestra propia voluntad para alcanzar la interior paz
27. El camino de la interior paz es ajustarnos en todo con lo que la divina voluntad dispone: In omnibus debemus subjicere voluntatem nostram voluntati divinae, haec est enim pax voluntatis nostrae, ut sit per omnia conformis voluntati divinae (Hugo Cardinalis in Psal. 13). Los que todo quieren que suceda y se haga conforme a su gusto no han llegado a conocer este camino (Viam pacis non cognoverunt, Psal. 13) ni quieren andar por él, y así viven una vida amarga y desabrida, siempre inquietos y alterados, sin encontrar con el camino de la paz, que es el de la total conformidad con la divina voluntad.
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