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LA INDUSTRIA DEL OOBRE EN US PROVINCIAS DE ATACAMA Y COQUIMBO. APUNTES DE VIAJE. Xj-A. INDUSTRIA DEL COBRE EN LAS PROVINCIAS DE ATACAMA Y COQUIMBO T LOS GRANDES Y VALIOSOS DEPÓSITOS CARBONÍFEROS DE LOTA Y CORONEL EN LA PROVINCIA DE CONCEPCIÓN. POR FRANCISCO MARCIAL ARACENA. IMPRENTA DEL NUEVO MERCURIO CALLE DE LA VICTORIA, NÚJIS. 138 Y 140. ID E XD I C-A.T O EIA ji|<m |p m\m\m "fwtma Señar ; Wígnese aceptar el hundirle, trabajo que hoi doi a lux corno un homenaje sincero tributado al ameno) prolijo y con= cienzudo historiador de nuestraindustria minera ■ quedando con esto; verdaderamente reconocido por la exquisita lenevolen = cía empleada, para con El Autor^ Valparaíso, Marzo 1." de 1884. ADVERTENCIA. El modesto trabajo que hoi damos a luz, ayudados por la jene rosa cooperaciou de tres o cuatro caballeros amantes del progreso de nuestra patria, representado en una gran parte por la impor tancia real e intrínseca que tiene entre nosotros el ramo de la industria minera, ha sido ya, en su mayor parte, publicado en El Estandarte Católico, bajo el rubro de Apuntes de Viaje, desde el 9 de Mayo al 20 de Diciembre del año próximo pasado.
De modo, pues, que la publicación que aparece hoi a la luz, no es un trabajo que pueda reputarse nuevo. Únicamente hemos tratado de reunir o compilar en un volumen los diversos artículos sueltos y descompajinados que en el año último dimos a la es tampa. Para esto hemos aumentado proporcionalmente cada capí tulo, segun la importancia de las materias en ellos contenidas con nuevos datos y detalles mas precisos, y que antes no pudieron' tener cabida en las estrechas columnas de un diario tal cual ha brían sido nuestros mas lejítimos deseos. El título mismo de esta publicación se encargará de indicar claramente su objeto: ella no es histórica ni científica, porque fuera de que ya otros primero que nosotros han llevado a cabo esta tarea en mejores condiciones y con un éxito mas brillante. seria también un trabajo mui superior a nuestras propias fuerzas, y se encontraría en abierta pugna con los propósitos que perseguimos en este primer trabajo de nuestra juventud, ADVERTENCIA.
Con estos antecedentes, y no abrigando otros móviles que el deseo mas sincero de concurrir con nuestro pequeño grano de arena al adelanto material de nuestra patria, pedimos encareci damente la induljencia de nuestros lectores. El Autor. Valparaíso, Marzo 1.° de 1884. INTRODUCCIÓN. Escrito el presente libro por móviles de desinteresado patrio tismo y el vehemente deseo de propender al desarrollo y bienes tar de la industria minera en el norte y sur de la República, su joven y modesto autor, so capa de modestos "Apuntes", ha hecho un trabajo vasto, concienzudo y bien nutrido, que al propio tiem po de llevar el aliento a nuestra desfallecida riqueza fósil y mi neralójica, hace su persona, su labor y su talento acreedores a la estimación de sus conciudadanos. La serie de viajes dispendiosos y molestos, las investigaciones minuciosas hechas con laudable tesón en los lugares mismos, el cuerpo, en fin, de estos trabajos prácticos que aparecieron en for ma de cartas esparcidas y reproducidas en algunos de nuestros diarios, y que el señor Aracena, minero e industrial del norte, iba elaborando en las jornadas de su laborioso itinerario, aparecen ahora convertidas en libro, mediante la jenerosa cooperación de tres o cuatro ciudadanos amantes del progreso y engrandecimien to del pais, y sin cuyo estímulo eficaz habría sido fruto mas que imposible de llevar a la prensa en la forma compacta, útil y de propaganda que hoi reviste.
Capítulo I
De Coquimbo al Huasco. Causas que motivaron nuestras escursiones mineras. — Alternativas y contrariedades. — Una resolución aceptada. — A bordo del infortunado "Loa". — Un adiós. — Espléndido panorama. — La Serena divisada desde la borda de un vapor. — Impresiones. — Un hermoso romance.— A la Serena. — Descripción del padre Rosales que hace de la Serena. — En marcha. — El puerto del Huasco. — Su aspecto. — Espantosa soledad y monotonía. — Establecimiento de fundiciones de cobre y el mineral de las "Arenillas". — Principio del desierto. — El valle del Huasco. — Impresiones que ofrece el desierto y la parte austral de Chile. — La cuna de Caupolican y Lautaro en el Sur, en verdadera antítesis con la de Almeida y Lujan en el Norte. — El desierto cantado. — Riqueza mineralójioa que encierran Vallenar y Freirina. — Sensible adormecimiento de la industria minera en estas rejiones. — Minerales mas conocidos. — "Camarones." — "La Jarilla" y su tenaz empresario. — "Agua Amarga" y el procedimiento Foret y C.a — "Tunas" y su valiente sostenedor. — Mina "Domeyko", — Porvenir brillante para aquellas rejiones. - Los héroes del trabajo, I. En 1877, aquejados por una molesta enfermedad, abandoná bamos las aulas diarias y arrojábamos los libros a un rincón, donde la polilla y la telaraña se encargarían de dar cuenta de ellos en el mas breve tiempo, con el propósito de ir en busca de nuevos horizontes, ansiosos de saborear mas gratas impresiones.
Mas ¿a dónde iríamos a encontrar esos nuevos horizontes, a saborear esas gratas impresiones? Nos encontrábamos en la silenciosa y poética ciudad de la Se rena, la reina del Norte, así como Concepción, su digna rival, lo es del Sur, tantas veces pintada con brillantes coloridos por en tusiasmados viajeros y cantada por inspirados poetas. ¿Dirijiríamos nuestros pasos al Sur, a saborear esas gratas im presiones en los campos vírjenes y poéticos de la Araucanía, hasta ese entonces no domada, o tenderíamos nuestras alas en dirección al Norte, a extasiarnos en ese vasto piélago, tétrico y desnudo de toda vejetacion, que se llama el Desierto de Atacama? Hó aqui el problema importantísimo para nosotros, y que en aquella fecha apremiante se nos presentaba. II. Verdaderamente, esta cuestión que a la simple vista habría sido de facilísima resolución, puesto que no habríamos tenido ne cesidad de emplear cifras aritméticas y signos aljebraicos, ni mucho menos que tomar una regla y un compás para trazar al guna figura jeométrica, nos tuvo, sin embargo, por espacio de algunos meses divagando en un mar preñado de hipótesis y alternativas diversas.
Pero, al fin, a Dios gracias, el problema fué resuelto, y no se imajine el lector complaciente que fué el Parto de los Montes. Optamos por el norte, quisimos recorrer sus famosos páramos, visitar sus minas inagotables de cobre y plata, frecuentar sus poblaciones y principales centros industriales venidos a la vida por la abundancia de aquellas dos sustancias mineral ójicas, estudiar de cerca su industria minera, su movimiento comercial, su espíritu fabril, en una palabra, nos propusimos examinar una a uua las diversas arterias de ese gran centro minero que se llama el Desierto de Atacama. Este fué nuestro propósito anhelante en aquella fecha, y creemos haberlo conseguido en una gran parte. III. A las 5 P. M. de un dia jueves, en los comienzos de 1878, nos encontrábamos cómodamente instalados abordo del vapor Loa, tan infortunado mas tarde en la guerra cruenta y tenaz que he mos sostenido por espacio de cinco largos años contra el Perú y Bolivia.
Dimos nuestro adiós a la Serena, a nuestro hogar y a nuestros buenos amigos, y por largas horas permanecimos apoyados en la borda de nuestra nave conductora contemplando extasiados el magnífico panorama que la ciudad recien abandonada tan pródi gamente nos ofrecía. IV. En efecto, la ciudad de la Serena, mirada desde la cubierta de una nave, es incomparable, se desarrolla májicamente en mil de talles caprichosos y pintorescos, a cual de todos mas cabal para alimentar la imajinacion ardiente y fácil de un artista o hacer arrancar cuerdas sonoras a la lira del poeta. ¿Cuántos poetas no han cantado a esa playa de blancas olas, a esos árboles de tupido follaje, a esas torres albas como la nieve, a esa Serena, en fin, dormida entre el Santa Lucía y la Vega, entre la Pampa y el Rio? Un inspirado poeta coquimbano cantaba a la Serena de 1540 no hace mucho, 1876, de la manera siguiente: Mas, cómo trocar en yermos Esas planicies inmensas Que ha vestido con sus galas La fecunda primavera? ¿Cómo agotar los arroyos Que al par que el cielo reflejan, Llevan la savia, la vida, Murmurando por do quiera? ¿Cómo arrasar de improviso El follaje de las selvas Donde las auras modulan Sus melodiosas cadencias? ¿Cómo decirle a las aves Que no canten, que se duerman, Si son felices viviendo En rejiones tan amenas?
V a las ondas de los mares, ¿Cómo mandarles que mueran Sin dejar blancas espumas De la playa en las arenas? ¡Imposible! es imposible Suprimir, naturaleza, La gracia de tus encantos, Siempre joven, siempre bella! Y después el poeta coquimbano entra a describir en su segundo Romance la sorpresa que esperimentaron don Pedro de Valdivia y don Francisco de Villagra, al llegar al valle que riega el manso Coquimbo, antes de fundar la Serena. Súbitamente la escena Como por encanto cambia, Que un valle anchuroso y fértil Arrebata sus miradas. No es el lujo de los trópicos Con su altiva exhuberancia: Mas suaves y dulces tintas El ancho horizonte bañan. Todo verdura es el campo, Todo perfumes el aura, Dulce armonía las aves, Suaves colores el alba. Y aunque de estío las brisas, Embriagadoras y cálidas, Del Coquimbo cristalino Rizan las límpidas aguas.
Robusta la primavera Su existencia dilataba, Luciendo los mil colores De sus espléndidas galas. Cada colina es un bosque Un jardín es toda falda, El campo un maizal inmenso, Y tendido a la distancia. El mar Pacífico luce Sus ondas verdes y mansas, Y al frente la cordillera Las nieves de sus montañas! (1). V. Y en los mismos años otro vate no menos entusiasta por la Serena, al pulsar la lira cantaba: Al borde de la mar, sobre colinas, Se alza gallarda la jentil Serena, Y se aduerme al arrullo que las olas Al morir a sus pies mansas elevau. Tiene a su frente un rio cuyas aguas Dan verdura a sus fértiles praderas, Y a su espalda de huertos y jardines Recibe las maguíficas esencias. (1) Don Benjamín Vicuña Solar, Romances, Las dos Serenas, publicados en loe años de 1876 y 1877 en el Aguinaldo de la Serena.
Pueblo entusiasta, varonil, ardiente, Noble en la paz, jigante en la pelea, Está al abrigo de un agreste monte Que es de su honor el digno centinela. El vio en sus faldas combatir un dia En fratricida y obstinada guerra A sus valientes hijos; y ¡ai! sin duda Mejor hubiera sido no los viera!... Quedaron en el campo como bravos, Regaron con su sangre aquella sierra; Y hoi, digno monumento de sus glorias, Sobre sus tumbas ese monte vela. Vírjen dormida al pié de sus colinas, Tranquilamente a su labor se entrega, Confiando en que a su izquierda está un océano Y una fértil campiña a su derecha. Al mar le pide cual sultana altiva Los objetos que exijen sus faenas; Y éste, sumiso cual esclavo humilde, Trae a sus playas cuanto pide ella. Sus campos con la industria han conseguido Dar a sus dueños abundantes rentas, Y el seno de sus montes escarpados Es fuente inagotable de riquezas.
La plata con el cobre rivalizan, Y el oro y el cobalto en anchas venas; Y en sus colinas fértiles mil flores Se alzan al asomar la primaveral Vírjen del norte, Serena hermosa, Perla preciosa De mi pais, Duerme tranquila Junto a la vega Que se desplega Cerca de tí. (1) 11 y con las encomiendas que el Gobernador les dio enno blecieron aquella ciudad, que por su sitio es de las mas apacibles, por estar a dos leguas de la mar (2), en un sitio muy alegre, ni alto ni vajo, de la mas agradable vega que se conoce, toda llena de mirtos y arraiaues, como si de propósito los ubieran allí plantado; va toda cuesta abajo, de manera que no impide la vista al mar, donde remata en una bien proporcionada Bahía regalada de mil jéneros de pezes y mariscos. Vana al valle un rio, si no grande, mui alegre y de lindas aguas, cou que se riegan sus cam pos y se fertilizan de manera que no tiene necesidad toda aquella comarca de que le venga de fuera casi ninguna cosa para la vida humana..."
(3). Hasta aquí lo copiado; demos remate a nuestras impresiones. Dos horas después, de la Serena solo quedaban pobres ves tijios. Sus elevadas torres, su verde follaje, sus vistosos edificios, como superpuestos unos sobre otros con admirable maestría, habían de saparecido simultáneamente, dejando entrever solo por entre los intersticios de los árboles algunas luces apenas perceptibles, se mejándose a las lúgubres candelillas de los cementerios o a las májicas luciérnagas de los desiertos. (1) Bernardo Argomedo, "A la Serena," 187G. (2) Indudablemente sufrió un error el autor de las líneas trascritas, al decir que el mar queda a dos leguas de la Serena, refiriéndose, como lo es en efecto, a la nueva ciudad, porque ésta solo dista de aquél unas diez o doce cuadras. (3) Rosales, Historia Jeneral del Reino de Chile, tom.
I, cap. XIX, libro III, pajina 431. LA INDUSTRIA DEL COBRE VI. Las ocho de la noche ha dado el reloj del vapor, y, por consi guiente, es hora de pasar al comedor a saborear una pobre taza de té. Solo en este recinto tuvimos oportunidad de conocer a nuestro compañero de camarote, el apreciable joven santiaguino don Antonio del Sol, que en busca de mejor clima se dirijia a la ciu dad de Copiapó. A las 9 P. M. el vapor levaba anclas, y después de pasar un par de horas en alegre charla, nos retirábamos a nuestro camarote donde pasamos sin novedad las ocho horas que el vapor emplea en recorrer las 93 millas que lo separa del puerto del Huasco. VIL Huasco es un pequeño puerto situado a los 28° 37' del meridia no de Greenwich y distante 93 millas al norte de Coquimbo, y a 288 de Valparaíso. Es a la vez el puerto principal de los departa mentos de Vallenar y Freirina, apesar de figurar en el rol de puerto menor.
Su fisonomía es humildísima, despojada de toda perspectiva halagadora. Su formación topográfica se reduce a una quebrada y angosta calle de reducida estension, del mas pésimo pavimento y de un aspecto ni siquiera mediano en sus edificios. El puerto del Huasco es el colmo de la tristeza y del re troceso. Su muelle para pasajeros es verdaderamente incómodo, y aun se le inferirla un gravísimo insulto al dársele el nombre de tal. Es rarísimo que alguna embarcación se vea al ancla en su si lenciosa rada, exceptuando los vapores de la carrera, y en aquella fecha solo el Isidora Cousiño, que embarcaba minerales de cobre, daba amparo a aquella vasta soledad. VIII. Cuenta con un extenso establecimiento de fundiciones de cobre perteneciente a la que fué casa de los señores Urmeneta y Errá zuriz, con cinco o seis hornos sistema reverbero antiguo, pero pa ralizado desde hace largos años por la escasez de minerales para fundir.
Í>E COQUIMBO AL HUASCO. 19 Este establecimiento fué construido para dar crecido impulso a las minas que se explotaban con regular éxito en el mineral de Arenillas, distante unas doce leguas al norte del puerto, mineral que no alcanzó a dar buenos resultados por el poco afianzamiento de sus beneficios, que solo se mostraban constantes a la superficie, o a una hondura relativamente pequeña, apareciendo el broceo a los pocos metros de profundidad en todos sus veneros. Hoi dia, tanto las minas mencionadas del mineral de Arenillas como el establecimiento del puerto, se encuentran totalmente pa ralizadas. IX. Con el fértilísimo valle del Huasco dá comienzo el tristísimo y desolado desierto de Atacama, el gran Sahara de la América del Sur; pero al propio tiempo el territorio que encierra en su seno las mas grandes riquezas en este suelo tan favorecido por la naturaleza que parece enseñorearse espléndidamente por todas par tes.
Las ciudades mediterráneas de Vallenar y Freirina encuéntran se como enclavadas en medio de aquel gran páramo, refrescado a medias por las diamantinas aguas del Huasco, que corren engol fadas por entre sauces y cañaverales y sus riberas bordadas pri morosamente por grandes planteles de alfalfa y una diversidad de hermosos huertos de árboles frutales. X. El valle del Huasco es uno de los mas amenos que hayamos tenido oportunidad de conocer en la larga faja de tierra que ha bitamos; es un encantador oasis que da vida y aliento a aquellas vastas serranías tostadas por los rayos de fuego de un sol verdaderamente tropical. Allí todo es hermosísimo, todo es poético: sus pintorescos bosques de sauces y arrayanes, si bosques pudieran denominarse en aquellas rejiones los grupos mas o menos estensos de estas clases de árboles u otros semejantes que a cada paso el viajero encuentra a lo largo del estrecho valle; sus alegres plantíos de florida alfalfa y crecido trébol que pueblan sobradamente ambas riberas del rio; sus numerosos huertos de árboles frutales de todas clases, y mas que todo esto todavía, el tranquilo murmurar de las fres cas y cristalinas aguas de su rio, que corren serpenteando graciosa mente por entre la crecida yerba y sus cañaverales, presentan el cuadro mas acabado y embelesador que el viajero pueda admirar en aquellas vastas soledades.
XI Verdaderamente, nunca fué tanta nuestra admiración y nuestro embeleso al recorrer por la vez primera, arrastrados por la veloz carrera de la locomotora, las hermosísimas campiñas rega das por el Maipo o el Cachapoal, por el Bio-Bio o el Laja, que cuando descendíamos después de penosa y prolongada marcha al alegre valle del Huasco, divisando en lontananza siquiera el tupido follaje de sus higueras o de sus sauces llorones; nunca nos impre sionaron mas los inmensos campos que se estienden al sur del Mapocho con sus doradas espigas y sus bosques impenetrables de árboles seculares y variadísimas enredaderas, que los pequeños potreros de crecida alfalfa con sus bosquecillos de sauces y cañaverales que se cultivan como por encanto en el estrecho valle que sirve de puerta de calle al desierto de Atacama. ¡Qué antítesis tan admirable!
Acá las vírjenes selvas que fueron inmortalizadas un dia por las grandiosas proezas del gran Caupolican y el ardoroso doncel de don Pedro de Valdivia, y allá las áridas rejiones removidas por la picota y el barreno de un Almeida o un Lujan! En el desierto todo aparece grande, todo se torna en sublime: la mas pequeña planta es admirable, la mas hermosa flor es her mosísima, al cactus mas vulgar se le colma de toda clase de cui dados y atenciones. ¡Felices aquellos mundos, repetimos, donde la existencia del hombre pasa tranquila y se recrea poderosamente como en el mas espléndido Edén! Por esto es que con tanta exactitud esclama un poeta que ha cantado en bien inspirados versos al desierto y sus bellezas: "Penoso es recorrer sus soledades Salvajes, infecundas, calcinadas, Y no encontrar un árbol, una fuente, Ni un refrijerio en la áspera jornada.
En su recinto de misterios lleno Un cielo siempre azul, un sol que abrasa Solo se encuentra, y valles dilatados, Rocas de fuego y pavorosa calma! Y alguna vez al declinar la tarde Después de un dia de jornada larga, Llegar se suele a un valle perfumado Oculto entre asperísimas montañas. ¡Oh! qué ambiente tan puro se respira! Qué hermosa luz, qué atmósfera tan clara En el recinto de sus verdes prados Al rumor blando de sus dulces aguas! Tal es el Huasco el pintoresco oasis; En medio de él un pueblo se levanta A la orilla de un rio trasparente Y a la sombra de sauces y de cañas" (5). El atrevido minero que habita aquellas rejiones del desierto, llega al fin a familiarizarse decididamente con aquella monotonía que espanta, con aquella aridez que aterra y aquel sol abrasador que derrite. 7\'o podría, por consiguiente, trocar estoparajes por las frescas y sombrías campiñas regadas por el Maule o el Tingui ririca, o vice-versa.
(5) Walker Martínez, "El Proscripto." Al menos, esto es lo que a nosotros no9 ha pasado recientemente. XIII. La riqueza metalífera que encierran los departamentos de Va llenar y Freirina es harto conocida, para que nosotros pense mos en escribir su historia, y especialmente su riqueza cobrífera> cuyos minerales a medio fundir se vendían a cuatro o cinco pesos el quintal en los principios del presente siglo. Tal como aconte ciera en la misma época, mas o menos, en la ciudad de la Serena •y sus alrededores, como mas adelante lo haremos notar. El viajero o el excursionista como nosotros que se proponga re correr eu todos sus ámbitos el extenso departamento de Vallenar y sus contornos, desde su pequeño puerto de Huasco Bajo, donde existe un establecimiento de fundición de cobre, como ya lo he mos visto, hasta su límite mas avanzado al oriente, podrá encon trar a cada paso los vestijios de antiguos establecimientos de este mismo jénero, ora con sus grandes escoriales simplemente, revuel tos y payajueados, o manteniendo en pié todavía las paredes ve tustas y ruinosas de sus edificios.
Todos estos escombros revelan una opulencia ya pasada, una riqueza metalífera que en su ma yor parte ha desaparecido cou el trascurso del tiempo, que todo destruye, que todo aniquila, menos la pujanza y el ardor del hom bre para remover las entrañas de la tierra. XIV. Apesar de haber sido el departamento de Vallenar un territo rio inmensamente rico en minerales de cobre y plata, no hace aun muchos años, y como su crecido número de importantísimo centros mineros esparcidos en todas direcciones se encargarían de confirmarlo plenamente, arrastra, sin embargo, hoi dia, una exis tencia tan raquítica como ficticia, si se quiere, debido al gran debilitamiento en que ha caido su industria minera. Muchos de sus principales centros mineros alcanzaron a adquirir eu época mas ri sueña para nuestra minería, una verdadera celebridad por la abun dancia del cobre producido, como aconteció con San Bartolo, La Ramada, Mollaca, La Totora, San Antonio, Camarones, El Cobre, Pajonales, La Jarilla, El Morado, Las Arenillas, El Labrcd y veinte mas ,que hoi apenas han podido conservar siquiera el nombre y el recuerdo de lo que fueron.
Todos estos centros mineros se extienden a uno y otro lado del estrecho valle que riega el Huasco, apartándose algunos has ta veinte leguas o mas al sur o mas al norte corno sucede con El Labral, y otros quedando a solo una o dos leguas de las riberas del rio. La Jarilla queda a una distancia relativamente enorme de Vallenar, al pié de la cordillera, lo que dificulta mucho su cons tante explotación. Camarones, en la actualidad, a duras pruebas dá siquiera seña les de vida, trabajándose pirquineramente. La Jarilla ha vuelto a revivir, mediante los continuos esfuerzos que para esto ha hecho el entendido minero, y ex-gobernador de Va llenar, don Sinforoso Volados. Efectivamente en 1881 este tenaz empresario dio principio a la planteacion de los trabajos en la ma yor parte de las minas de este importante centro minero, rico en metales platosos de leyes subidísimas, y para lo cual tuvo que sos - tener un prolongado y costoso pleito, qne para esto las minas son las mas apropósito, con los señores Ovalle y C.a, habiéndole sido en todo favorable.
No estará quizás lejano el dia en que La Jarilla vuelva a ser un verdadero emporio de riqueza, alentando los ánimos un tanto aba tidos de los tenaces mineros de esas rejiones. XV. En el mineral de plata dé Agua Amarga, descubierto en 1811, se han establecido igualmente en el mismo año trabajos importantes por cuenta de los señores Forent y C.a, a fin de beneficiar con mejores ventajas los metales fríos y de poca lei de sus desmontes, por un procedimiento nuevo entre nosotros, pues no es ni el antiguo procedimiento llamado por 'patio, usando nuestros conocidos y lejendarios trapiches, ni se asemeja tampo co al empleado por Stevenson entre nosotros por medio de sus tinas, o el de Krhonke que introdujo en Chile el año de 1865, y que hasta la fecha es el que se emplea con mas ventajas por nues tros mineros.
No hemos sabido posteriormente cuáles hayan sido los resulta dos obtenidos por el señor Forent; pero le deseamos un feliz éxito en su laboriosa empresa. A corta distancia del mineral de Agua Amarga se encuentra otro mineral de plata, el de Tunas, donde el laborioso e intelijente minero, señor don Nicolás Naranjo, con un tezon y empeño dignos del mayor elojio, ha logrado hacer surjir a su mina Domey ko, y de la cual ha sacado hasta ahora, desde su gran alcance operado el año de 1876, unos buenos miles de pesos. El señor Naranjo se propuso sacar plata de Tunas: mil incon venientes le salieron a su encuentro; luchó con todos ellos de una manera que podríamos apellidar heroica, pues que hubo época en que no contaba con un solo centavo para hacer frente a los fuertes desembolsos que su activo trabajo le demandaba.
Siguió, sin em bargo, adelante con paso firme y resuelto, redoblando si se quiere, sus continuados esfuerzos y desvelos, hasta que al fin, todos sus sa crificios fueron calmados con un rico alcance, figurando en el dia en el número de nuestros capitalistas. XVI. En jeneral, todo el extenso departamento de Vallenar, a una y otra banda de su fértil valle, vese cruzado por un gran número de ricos veneros de cobre, unos apenas reconocidos, completamente ignorados los mas, pero que solo esperan el capital y el brazo fir me del industrial y del minero como lo son y lo han sido los señores Naranjo, Montt, Ovalle, Abalos, Basco, Volados y tantos otros, que han podido ser considerados con justicia como los verdaderos creadores y sostenedores de la industria minera en aquellas importantes rejiones mineralójicas.
Por lo demás, no es aquí donde debemos prestar toda nuestra atención a los trabajos mineros emprendidos en grande escala, por estar toda su minería envuelta en el mas lamentable adormecimiento, sino en las otras rejiones de mas al norte y a donde mui en breve nos acompañará el lector induljente.
Capítulo II
Carrizal Alto y Cerro Blanco. Situación del puerto de Carrizal Bajo.— Distancia que lo separa del valle del Huasco y de Valparaíso. — La quebrada del Algarrobo y el puerto del Totoral. — Importancia de Carrizal Bajo. — Su retroceso. — Establecimiento Urmeneta y Errázuriz. — Causas que han influido poderosamente en su decadencia. — Carrizal Alto y su edad. — Su formación jeolójica y sus vetas. — La famosa mina "Mondaca" y su dueño primitivo. — Metales producidos antiguamente. — Su sistema de trabajo y los "capachos" y las "bateas" indíjenas. — Enfermedad de que adolecen las minas principales del pais. — Segundo dueño de la "Mondaca". — Proposición de venta. — Jestiones y pleitos. — Opinión de don José R. Ovalle sobre la expresada mina. — Trabajos emprendidos en la citada mina por este intelijente minero. —Suma invertida. — Un grande alcance. — Su agotamiento. — Los "caballos de piedra" y los "clavos de metal", — La lei del embudo y la balanza china. — Monomanía de nuestros mineros. — Otras minas importantes de Carrizal. — Hondura de todas ellas. — Sistema de trabajos y explotación seguido en la actualidad. — Importantes trasformaciones de la ciencia minera. — Reflexiones. — Cerro Blanco y su celebridad pasada.— Numerosos establecimientos de fundiciones de cobre. --Ferrocarril de Carrizal y Cerro Blanco.
I. Veintitrés millas al norte del puerto del Huasco, por mar, en cuéntrase situado el de Carrizal Bajo, a los 28° 5' del meridiano de Greenwich, y distante de Valparaíso 311 millas marinas, o si se quiere llevar a cabo la jornada al través del desierto de tostada y movediza arena que se extiende desde los Andes al Pacífico y desde la barranca setentrional del valle del Huasco a la márjen sur del rio Copiapó, las 23 millas marinas conviértense en 25 le- COBRE. guas largas de talle, por entre asperezas y sinuosidades de todas clases, y bajo los rayos de un sol que abrasa y calcina. II. En la medianía del camino nótase una profunda depresión del terreno que forma la quebrada del Algarrobo, donde existe, en su imite naciente, casi al pié de la cordillera, el conocido mineral de cobre La Jarilla, cuyas minas principales como ya lo hemos visto, han vuelto a ser rehabilitadas por el entendido y experto minero señor Volados.
Esta quebrada tiene por desembocadura el antiguo puerto del Totoral, convertido hoi en una miserable caleta habitada por una docena de pobrísimos changos o pescadores. III. Carrizal Bajo es puerto mayor, aunque estuvo al alcance de la podadera del honorable señor Ministro de Hacienda para conver tirlo en puerto menor, como aconteció desgraciadamente con Cha ñaral de las Animas. Bajo este punto de vista, Carrizal tiene un movimiento infini tamente mas superior y acentuado que el puerto del Huasco, tanto en su parte comercial, como pueblo activo y laborioso. En efecto, su estension, su aspecto topográfico así lo indican; su movimiento comercial revela palmariamente que es un centro de importancia vital en la provincia de Atacama; pero desgraciada mente, en el dia ha perdido gran parte de esa importancia, circunstancia que lo coloca en el martirolojio de los centros mineros, tan cruelmente azotados por la rápida decadencia de la industria minera en nuestro pais.
Diez o quince años atrás, Carrizal debió ser un puerto populoso y rico, recibiendo en primeras aguas, como se dice, los abundantes beneficios que irrogaban los minerales de Carrizal Alto y Cerro Blanco cuando éstos pasaban por el apojeo de toda su prosperidad, El establecimiento de fundición con que cuenta, perteneciente como el anterior, a los señores Urmeneta y Errázuriz, se encuen tra paralizado; pero en su lugar se ha construido otro, segun los adelantos modernos, en Canto del Agua, al pié del cerro del mi neral de Carrizal Alto, o sea a 10 leguas al oriente del puerto. existiendo otro en actual construcción en el mismo puerto por cuenta de la casa de los señores Gibbs e hijos. IV. Como dejamos dicho, el mineral de Carrizal Alto atraviesa en el dia por una tremenda crisis. Hoi no es ni sombra de su preponderancia pasada.
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