Read here

La flor de los recuerdos (México)

José Zorrilla · 1855 · Free in the US

58,481 words · about 4 h 6 min to read

Period artwork: Interior of the Bodleian Library, 1845
About this edition

Free in the US: this text is in the public domain in the United States; it may still be in copyright elsewhere.

Licence: PD-US · Published in 1855 (before 1931): public domain in the United States. Text and transcription from es Wikisource by Wikisource contributors (transcription licensed CC BY-SA 4.0; contributors: https://es.wikisource.org/w/index.php?title=La_flor_de_los_recuerdos_(México)&action=history). · Wikisource contributors

Text from Wikisource and set out for reading on screen; no words of the book are rewritten or summarized. How RedLectern is built

About this book

Author
José Zorrilla
Language
Spanish
Published
1855
Length
58,481 words · about 4 h 6 min
Sections
53 reader sections
Text
Digital text
Rights
Public domain in the United States

 

Contents (53)
  1. 02 about 3 min
  2. II. Al Exmo. señor CONDE DE LA CORTINA Y DE CASTRO about 3 min
  3. III. LAS ROSAS MEXICANAS about 3 min
  4. 05 about 1 min
  5. 06 about 7 min
  6. II. under 1 min
  7. III. A bordo del Paraná about 3 min
  8. IV. about 3 min
  9. 10 about 6 min
  10. I. about 1 min
  11. II. about 1 min
  12. III. about 1 min
  13. IV. about 2 min
  14. V. Correspondencia al señor D. J. M. Torres-Caicedo about 7 min
  15. 16 about 2 min
  16. 17 about 12 min
  17. A S.M.I. Eugenia about 1 min
  18. II. about 1 min
  19. III. about 1 min
  20. IV. about 1 min
  21. V. about 1 min
  22. I. LOS GENIOS about 1 min
  23. II. LAS FLORES about 1 min
  24. III. LOS PAJAROS. about 1 min
  25. IV. EL POETA. about 1 min
  26. 27 about 16 min
  27. 28 about 26 min
  28. II. LITERATURA Y ARTES about 14 min
  29. 30 about 40 min
  30. III. POETAS MEXICANOS about 2 min
  31. 32 about 3 min
  32. 33 about 2 min
  33. 34 about 3 min
  34. 35 about 4 min
  35. 36 about 1 min
  36. 37 about 9 min
  37. 38 about 6 min
  38. 39 about 1 min
  39. 40 about 1 min
  40. 41 about 8 min
  41. 42 about 2 min
  42. 43 about 5 min
  43. 44 about 8 min
  44. 45 about 1 min
  45. 46 about 1 min
  46. 47 about 2 min
  47. 48 about 1 min
  48. 49 about 1 min
  49. 50 about 1 min
  50. 51 about 11 min
  51. 52 about 3 min
  52. IV. about 7 min
  53. 54 about 1 min

Continue:

02

INTRODUCCIÓN Y PROSPECTO

I

se da de una semilla Que en el jardin del alma me puso el Criador: El corazon es su árbol: su flor es muy sencilla, Mas brota en ramilletes de inestinguible olor. De este árbol misterioso las ramas y raíces Se estienden del terreno del alma en derredor, Fecundizando, ricos de aromas y matices, Racimos de capullos de la viviente flor.

Sus ramas no dan hojas, producen solo flores; Botones inodoros en la niñez gentil, Se abrieron en capullos de espléndidos colores Cuando empezó á nutrirlos la sávia juvenil. Cargado de follage y henchido de fragancia, Desarrollóse el árbol en plenitud viril, Y al fin reventó, fruto de su mejor sustancia, La flor de mis amores entre sus flores mil.

La flor de mis recuerdos, eterna siempreviva, Florece en todo clima, terreno y estacion: Ni el tiempo la deshoja, ni el viento la derriba: Sus tallos no perecen, pues como el alma son. sus pétalos fragantes contienen una esencia, La cual, siendo del árbol producto y nutricion, Cuando del árbol caë, le da nueva existencia; Pues siempre de recuerdos se nutre el corazon.

El genio del poeta bajo su sombra nace; Crisálida adherida á la corteza de él, Se torna mariposa que de sus flores se hace La revoltosa amiga, la compañera fiel. Más tarde entre sus ramas su forma y alas deja, Como su pluma el fénix, como el reptil su piel, Y tórnase versátil y luminosa abeja que entre sus flores labra su deliciosa miel.

Entonces afanada, prolífica, sonora, Constante susurrando trabaja su panal, Y en cada flor que liba, la esencia que atesora Convierte en una gota de bálsamo vital; Y entónces no encontrando su corazon estrecho Recinto suficiente para tesoro tál, Derrama sobre un libro la miel que hay en su pecho, Jarron lleno de esencia, de inspiracion raudal.

En este libro frágil arraiga el árbol santo De los recuerdos mios: él es mi corazon: Yo anido entre sus ramas y entre sus flores canto Moriscas serenatas, en cuyo estraño són Mi voz recorre todos los tonos y las claves Que encuentra en la armonía de la ancha creacion, Desde los dulces píos del canto de las aves Hasta el rugido ronco del rápido aquilon.

Yo soy la rica abeja que labro y atesoro Para verterla luego mi nutritiva miel: Yo soy la mariposa cuyas alillas de oro Desprenden los aromas del nardo y el clavel. Yo soy aquel poeta cuyo cantar sonoro Acordes acompañan el pastoril rabel, El caracol marino y el tarabúk del moro, La lira de la Grecia y el harpa de Israël.

Yo soy, átomo frágil á quien el viento mueve, Insecto susurrante que zumba sin cesar. El trobador errante del siglo diez y nueve Que cruza mar y tierras en brazos del azar. Yo voy, de mi fé mártir, mas fiel á mi destino, Los pueblos alegrando con mi pueril cantar, Y por dó quiera francos encuentro en mi camino Amigos que me esperan y hospitalario hogar.

Yo en medio de sus hijos ante su hogar me siento, Y con su vaso bebo, y como de su pan; Me cuentan sus pesares y su pesar ahuyento Con mis canciones, hijas de mi ignorado afan: Porque tambien de penas arrastro yo mi carga; ¡Ay! ¿sobre quién no pesa la maldicion de Adan? Mas dan para mí solo mis penas hiel amarga; Las canto, y miel y flores para los otros dan.

Yo voy por donde paso desparramando historias, Ya tristes, ya risueñas, de lágrimas ó amor: Yo cuento á los que viven las mágicas memorias De aquellos que vivieron en época mejor. Yo canto á las doncellas tiernisimos cantares, Yo cuento á los guerreros los fastos del valor, Yo entono sacros himnos al pié de los altares, Y cojo en todas partes ó siembro alguna flor.

Tál es el libro mio: un ramo de mil flores En diferentes climas cogidas al azar, Al que coronan Leila la flor de mis amores Y Fátima la perla de su agitado mar. Tal es mi libro: un cuento por mil pasajes roto, Un ramo de recuerdos, ofrenda hecha al pasar Al pueblo Mexicano: de gratitud un voto Del que es mi alma templo, mi corazon altar.

II. Al Exmo. señor CONDE DE LA CORTINA Y DE CASTRO

Con un puñado de silvestres flores, Dón de mi gratitud, de mi fé prenda, Pobres de olor y escasas de colores, Tegí la relacion de esta leyenda: De mi humilde jardin son las mejores, De mi sincero corazon la ofrenda; Y al dárselas al pueblo Mexicano, Quiero que pasen por tu noble mano.

Tú que por sus alcázares penetras Como en el gabinete de sus damas, Que amparador y alumno de las letras, Hijos ó amigos á sus sabios llamas: Tú que las obras del saber perpetras Con los favores que sobre él derramas, Presentarás el libro que te fio, Prestando autoridad al nombre mio.

Tú que me introdujiste en sus salones, Llévale al camarín de las hermosas: Dílas que son mis nómades canciones De la luz de sus ojos mariposas; Dílas que en el monton de sus renglones Encontrarán sus nombres entre rosas, Y que en muestra de hidalga cortesía Un poeta galan se las envía.

Más esplícito sé: dí á las doncellas, A los viejos de su honra tutelares Y á los esposos de las damas bellas, que no encierran veneno mis cantares, Que mis flores son castas, que con ellas La corrupcion no asalta sus hogares: Porque es el libro que dejarle quiero, Homenaje cortés de un caballero.

Al monge austero, al sacerdote grave Y al Pastor del católico rebaño, Dirás que en este libro nada cabe Ni de la fé, ni la moral en daño: Que es obra de un autor de quien se sabe Que, á la impiedad de su centuria estraño, La religion d Jesu-Cristo santa Con fé profesa y con audacia canta.

A los poëtas cuya noble lira Resonó generosa en mi alabanza, Dí cuánto orgullo y gratitud me inspira, Cuán honda fé, cuán plácida esperanza Ver que por mí su corazon respira Cariño fraternal y confianza: Recuerda que á sus muestras de cariño Llorando abrí mi corazon de niño.

A los cantares que en mi honor han hecho Responderá mi voz tal como pueda: Mas si por falta de vigor ó trecho Débil ó escasa mi cancion se queda. Díles que en cambio quedará en mi pecho Mi gratitud y su memoria leda: Que no atiendan al tono en que respondo, Sino del alma que les habla al fondo.

Si á las regiones del poder que debes Llevar mi libro juzgas, vé en buenhora; Mas cuando á sus alcázares le lleves, De ellos anuncia á la gentil señora Que yo, pájaro errante de alas leves, De lo hermoso cantor dó quier que mora, Voy á posar en su balcon mi vuelo Y á alzar mi voz de su hermosura al cielo.

Al vulgo le dirás… si por mal caso Das con vulgar y atrabiliaria gente, Que su calumnia vil intentó acaso Amancillar mi honor traidoramente; Pero que yo por entre el vulgo paso Sereno el corazon, alta la frente: Porque me escudan de su ruin malicia El sentido comun y la justicia.

Mas de haber descendido me arrepiento A la esfera vulgar: sobre ella salto. Rico de lealtad, de envidia exento, Sobrado de vigor, de miedo falto, No desplego mis alas á ese viento; No es esa mi region; vuelo mas alto; La espalda vuelvo sin temor ni encono: Cristiano, olvido; vencedor, perdono.

Y ahora ¡oh noble y cariñoso amigo! Que mi libro y mi fé dejo en tu mano De tu fé y amistad bajo el abrigo, Voy á abrir ante el pueblo Mexicano El tesoro de amor que va conmigo, De mis recuerdos el florido arcano: ¡Y plegue á Dios que dejen mis cantares Halagüeña memoria en sus hogares!

¡Y plegue á Dios que el gérmen de mi aliento Quede en el aire en armoniosas olas, Y arrulle sus oídos el acento De mis americanas barcarolas! ¡Y plegue á Dios que cuando el mar y el viento Me vuelvan á las playas Españolas, Queden tras mí como memorias gratas, Ecos de mi cantar, mis serenatas!

¡Y plegue á Dios que de la edad presente Viviendo en la memoria mis cantares, Pase mi nombre a la futura gente Ingerido en sus cantos populares, Y que los himnos que mi fé valiente Alza ante los católicos altares, Conserven en el pueblo Mexicano La fé sublime y el valor cristiano!

Y tu, Conde leal, que el libro mío Al mundo sacas y á la luz arrojas, Permite para tí que á su albedrío Consagre mi amistad algunas hojas. Quiero de mi jardin tosco y bravío Que un ramillete para tí recojas, Mas sin que estorbe que de mí recibas Esta mata feraz de siemprevivas.

Junto á la cabecera de tu lecho Ponlas: y cuando ya no esté contigo, Al recorrer el camarin estrecho, De nuestras horas de espansion testigo, Piensa que son las flores de mi pecho Cuya semilla morirá conmigo: Flores de mis recuerdos mas felices Que tienen en mi alma sus raíces.

III. LAS ROSAS MEXICANAS

MOTE.

De las flores preciosas Americanas, Dice que sois las rosas Las Mexicanas: Pues si sois tales, Yo soy la mariposa De los rosales.

ESTROFA I.

Balsámicas, gentiles, incomparables flores, Orgullo de este fértil Eden occidental, Sin par en el perfume, sin par en los colores, Cual hijas de su eterno calor primaveral: Hurís á quien animan la luz y los fulgores Del cielo y los volcanes de su país natal, Y á cuyos ojos prestan sus rayos vibradores Los astros centellantes el cielo tropical;

Las flores todas que dan las playas De Asia y Europa y Africa ví, Los amarantos de Nola y Bayas, De Fez y Tánjer los alhelís, Las rosas frescas de Alejandría, Los tulipanes de Abdúl-Medjid, Los azahares de Andalucía Y las camelias que ama París:

Y como sois famosas Las Mexicanas, Vengo á veros ¡oh rosas, Americanas! Y pues sois tales, Yo soy la mariposa De los rosales.

ESTROFA II.

Gazelas de estas áureas espléndidas montañas, Abejas luminosas de su feráz jardin, Palomas anidadas entre sus dulces cañas, Perlas del mar que brama de Méjico al confin; Yo soy el vagabundo poeta de las flores, Y os traigo un ramo de ellas, que aunque es ofrenda ruin, Acaso conquistarme podrá vuestros favores Por mariposa vuestra si me aceptais al fin.

Yo sé la historia de los amores De cuantas flores, vagando, ví, Y en versos dulces y arrulladores Como las áuras, la sé decir. Abrid, ¡oh rosas americanas! Vuestra corola fresca y gentil: Las mariposas son las hermanas De los poetas en mi país.

Los poetas de Oriente Son mariposas Que anidan muellemente Bajo las rosa: Y pues sois tales, Yo soy la mariposa De los rosales.

ESTROFA III.

Yo os traigo solo flores y trobas, muy sencillas Como regalo tosco de bárbaro Oriental; Pues aunque sér me dieron y nombre las Castillas, Habito los desiertos del árabe arenal. Sus tribus me adoptaron, y al aceptar el traje, La lengua y las costumbres de su region natal, Su instinto vagabundo, su condicion salvage Pegáronme á despecho del coazon lëal.

Poeta moro, vengo de Oriente A oir los cantos de esta region: Bardo cristiano, vengo á Occidente Las maravillas á ver de Dios. Mariposilla sin compañera, Vengo saltando de flor en flor, Puse de las gálias en la ribera Se queda preso mi corazon.

Poeta ó mariposa, De amor perdida Paso de rosa en rosa Mi inquieta vida: Y en ansias tales Vago solo y sin rumbo Por los rosales.

ESTROFA IV.

Por eso mezcla estraña de moro y de cristiano, De bárbaro y de culto, católico y gentil, Del árabe salvaje y el noble castellano La lengua y los cantares confundo veces mil. Por eso en doble estilo, ya culto, ya villano, Os canto al són del harpa ó al són del tamboril, Y en este ramillete que os da mi torpe mano, Mezclé todas las flores del bosque y del pensil.

Y en esta fácil alegoría, Y en este canto de estraño són Os da las flores del alma mia, Cristiana ó mora, mi inspiracion. Hurís Aztecas, lindas sultanas, Abridme al paso vuestro balcon: Rosas, el cáliz abrid lozanas Al manso arrullo de mi cancion.

Mariposilla, dadme Vuestros olores: Trovador, aceptadme Mis gayas flores; Y perenales Para mí darán rosas Vuestros rosales.

ESTROFA V.

Hermosas, no á mi oferta cerreis la mano arisca Sultanas, no el oido cerreis a mi cancion; Para vosotras templo mi guzla berberisca, Y dejo por vosotras en mi mansion morisca A la que tiene sola mi fé y mi corazon. Hurís de este Eden rico de aromas, luz y oro, Si á cuentos y cantares teneis aquí aficion, De cuentos y cantares juntemos un tesoro: Yo os dejaré los mios en mi dialecto moro, Y llevaré los vuestros á mi oriental region.

Y de mis flores con la semilla Haced, hermosas, aquí un plantel; Yo de los mares á la otra orilla Vuestros rosales trasplantaré. mi gracil hurí africana, La que de mi alma guarda el vergel Vuestros rosales cuidará ufana, Y yo á su sombra reposaré.

Rosas de mis recuerdos, En los pensiles De la Europa, capullos Dareis á miles: Y allá en mis males Sombrearán mis recuerdos Vuestros rosales

05

Este libro está dividido en dos partes.

La primera es un Album de viaje, en el cual he consignado las primeras impresiones recibidas al atravesar el Atlántico. Esta primera parte no estaba destinada á ver la luz en América. Hay estendidas sobre sus hojas opiniones locas, alucinaciones hijas de una imaginacion exaltada hasta el delirio, memorias y esperanzas secretas de un corazon enamorado, correspondencias en fin puramente personales, que no deberian entrar bajo el dominio del público; pero mis amigos me han hecho comprender que pueblo mexicano, que me ha acogido con tan cordial hospitalidad y tan obsequiosa benevolencia, tenia derecho á que yo le abriera, no solo mi Album, sino mi corazon; y siendo aquel la llave de éste, yo se la entrego sin vacilar al imprimir este libro. Publicado aquí, podrá parecer á algunos una especulacion mezquina ó una servil adulacion, cuando lean en él los nombres de ciertas personas: pero los que conocen la agreste independencia de mi carácter, no creerán ni lo uno ni lo otro: y en cuanto á los comentarios é interpretaciones del vulgo desocupado y murmurador, jamás los he tomado en cuenta.

Digo en la introduccion, que esta primera parte de , es un ramillete ofrecido al pueblo mexicano, que me ha prodigado generoso mas obsequios que los que merece mi pobre reputacion literaria, y no es otra cosa: un homenaje de gratitud al público en general, un tributo rendido á la hermosura y amabilidad de las mexicanas, un testimonio de fraternidad para los poetas de este país, y una prenda de buena memoria para mis amigos. La segunda parte de la Flor de los recuerdos contendrá algunas leyendas históricas y tradicionales de esta region; pero por razones que me son absolutamente personales, debe ser impresa fuera de la República.

06

LA FLOR Y LA PERLA

La flor de mis recuerdos –– la perla de mi amor Están en mí arragaidas –––– en sola una raíz: Iguales en quilates, –––––– iguales en valor, La flor es una perla, ––––– la perla es una flor: Amor da sér con ambas ––––– al corazon feliz.

Felices serán ambas, –––––– florones de mi amor, Asidas mientras duren ––––– á la comun raíz, Tan solo de mi alma ––––––– tomando su valor: Mas antes que se aparte ––– mi perla de mi flor, Acabe con mis dias –––––––– amor tan infeliz!

I.

Léila, ¿por qué el jardin del alma mia No da mas que la flor de tus amores, Hoy que al influjo de tu amor debia Átomos germinar procreadores, Cuando su tierra sin cultura un dia Generosa y feraz dió tantas flores? Hoy vierte en ella fecundante riego De tu amor el benéfico rocío, Hoy de tus ojos la calienta el fuego… Ay! y se vuelve mi jardin bravío, Y si brota una flor se agosta luego; Y ó sus raices el gusano hiere, O quema el hielo su gentil corola, O entre yerbas parásitas se muere Falta de jugo, sin olor y sola. ¿Por qué, siendo el amor fuente de vida, La tierra de mi sér no está florida? ¿Por qué, siendo el amor del entusiasmo, La inspiracion y el movimiento gérmen, En inaccion y estúpido marasmo Mi inspiracion y mi entusiasmo duermen?

Ansia febril mi espíritu atormenta; Honda inquietud mi corazon devora; Duda tenaz en mi alma se aposenta, Y el insaciable amor que en sí atesora, La inspiracion del genio no alimenta En mi alma en otro tiempo creadora. Ay! bajo el peso de su férrea planta Un génio melancólico la oprime, La poesía mi pesar no espanta, Me irritan humorístico antojos, Se me arrasan en lágrimas los ojos, Y la cancion espira en mi garganta.

Ambiciosa de luz mi inteligencia, Va tras la luz y en las tinieblas cäe, Y en la rabia febril de la impotencia Lucha mi corazon consigo mismo, Sintiendo con pavor que á sí le aträe Del hastío mortal el hondo abismo. ¿Es que se estingue de mi fé la llama? ¿Es que se seca mi raudal de vida? ¿Es que no vive el corazon que ama, O es que tal vez mi juventud es ida? No ¡vive Dios! Yo siento que mi pecho Es á mi osado corazon estrecho: Rico de fé, de vida, de esperanza, De su silencio é inaccion se admira, Y su inaccion á comprender no alcanza, Y en el silencio é inaccion suspira; Pero no es que me falte confianza En mi fé ni en mi amor: no es que mi esencia Se evapora fugaz en mi impotencia: Es que mi aflige la estrechez de Europa, Es que me hastía su labrado suelo, Es que me abruma su plomizo cielo Y amarga me es de su placer la copa. Es que en Paris, de la pereza esclavo, Me revuelvo en un círculo mezquino, Cual tigre jóven, vigoroso y bravo Preso en la trampa dó á enjaularse vino. Es que en Paris me debilito inerme Falto del aura y libertad nativa, Cual ave atada que en su percha duerme Al mismo dueño que la halaga esquiva. Es que en Paris, salvaje peregrino Atajada en mitad de mi camino, En la molicie sin placer me acabo, Y su pálido sol no me dá al cabo Un solo rayo de calor divino. Es que la farsa ruin de sus festejos, Sus circos de carton y de oropeles, Monumentos de talco y rapacejos, Son grandes ante el gas y los espejos, Bellos por el poder de los pinceles; Mas sus fiestas de pólvora y de viento, Su pomposo espectáculo vacio De fé, de corazon, de sentimiento, ¿Qué dan á corazones como el mio Que les pueda servir de nutrimento? Nada: la luz, la atmósfera, las flores, Cuanto en Paris en derredor me gira, Desde su religion á sus amores, Todo á estraviar al corazon conspira, Todo le induce á confusion y errores: Eco que miente, viento que se trueca, Agio, especulacion, farsa, mentira, Que envejeciendo al corazon le seca.

¡Léila de mis entrañas! si del mio Quieres guardar incólume, seguro El hondo amor y el generoso brio, Si quieres rodëar de eterno muro El jardin y la flor de mis amores Y eternizar la flor de tu belleza, Déjame ir á buscar cielo mas puro, Playas de mejor luz, campos mejores, Mas rica y mas feraz naturaleza, Donde tejer con verdaderas flores Vívidas de color, ricas de olores, Una guirnalda á tu gentil cabeza. Déjame, Léila, atravesar los mares, Y como los errantes trovadores Buscar de inspiracion nuevos veneros Y enviarte sin cesar nuevos cantares: Y como los andantes caballeros Que en nombre de su Dios y de su dama Se lanzaban por montes y senderos A eternizar su amor, su fé y su fama, Con hechos de valor dignos de gloria Que dejar a los siglos venideros Escritos en los fastos de la historia, Así de mar en mar, de playa en playa, De ciudad en ciudad, de risco en risco, Con el hechizo de mi ciencia gaya Y al dulce són de mi laüd morisco, Déjame, Léila, que entendiendo vaya El éco de tu nombre berberisco. Déjame que mi voz le desparrame Por la region feliz del Nuevo Mundo: Y cuando en ella sin cesar te llame Y en el silencio virginal, profundo, De aquel Eden cautivo entre horizontes Que destellan el ópalo y el oro, Y con tu nombre arábigo reclame Las aves que en sus selvas hacen nido, Tu nombre dulce y mi contar sonoro Aprenderán y ensayarán á solas Los ágiles sinsontes, El rojo cardenal y el tocoloro: Y de tu nombre al són jamas oido Los fosfóricos peces del Atlántico Llegarán á prestar atento oido Al suave nombre y al estraño cántico, Mostrando por encima de la olas Los curvos lomos y movibles colas. Sí, dejame partir á esas regiones De inspiracion, de luz y de armonía, Donde entienden aún los corazones De la fé y el amor la pöesía.

Es un afan que sin cesar me acosa; Mi corazon de libertad sediento Necesita region mas luminosa, Mayor y mas vivífico elemento, Tierra y vegetacion mas vigorosa, Vírgen, lozana, exhuberante, bella, Que no destroce del mortal la mano, Que no estropée del mortal la huella, Que ostente en fin el lujo soberano Que el Señor al crearla puso en ella.

Fé, de mi inspiracion engendradora, Audacia de mis años juveniles, De mi atrevida fé mantenedora, que me arrancásteis cánticos á miles Con delirio febril, volved ahora Que me siento con fuerzas varoniles, Resolucion tenaz y voz sonora: La última vez para cantar os llamo El Dios que adoro y la mujer que amo. Volved: pero volved mas vigorosas, Indómitas, salvajes, Con las y con garras poderosas Capaces de llevarme á otros parajes Donde con mas vigor naturaleza Produzca colosal cedros por rosas, Céibas por olmos, palmas por maleza, Lagos por fuentes, rios por arroyos, Y donde con titánica grandeza Cráteres de volcan abra por hoyos. ¡Gracias, genios de luz, á quien perdidos Para siempre creí! tornar os veo Aún á mis antojos sometidos: ¡Gracias, pues todavía no sois idos, Pues acudis aún á mi deseo! Fé de mi juventud, ya en mis entrañas Tu fuego siento arder: ya el alma mía De celestial fulgor siento que bañas: Génio de mi exaltada pöesía, Ya percibo otra vez que me acompañas. ¡Vamos! ya tengo luz, ya tengo guía. ¡Vamos! ceñíos mi laüd con flores A la desnuda espalda: en vuestros hombros Llevadme de un bajel sobre la popa, Y vamos á buscar climas mejores. Partamos: arrancadme de esta Europa Atestada de crímenes y escombros. ¡A América! en su luz bañarme quiero! Vamos á esa region de los gigantes Donde acompañen mi cantar postrero Las ondas de sus golfos espumantes, El fuego de los trópicos ardientes, Y el estridor de sus peñascos rotos Por el ronco raudal de sus torrentes Y el temblor de sus hondos terremotos. De gloria y fé mi corazon sediento Necesita beber otros raudales De inspiracion y fé: mi osado aliento Respirar necesita en otro viento, Luchar con los aurados vendabales, Y el espacio y la luz del firmamento Disputa á las águilas caudales. Yo necesito un mundo cual le hizo Su Criador: espléndido, sellado De la virginidad con el hechizo, No este mundo servil desfigurado Por el poder del hombre antojadizo. Quiero una tierra donde no domine La civilizacion con sus patrañas, Dó la fé y la creencia no estermine Del corazon humano, y no adoctrine Los pueblos con hipótesis estrañas; Una tierra de fuego y poesía, En cuyos hondos precipicios huecos Correspondan al són de la voz mía Ruidos medrosos y gigantes écos; Sembrada de peligros y de azares, Poblada de salvajes alimañas, De pájaros y plantas á millares, Dó sienta bajo peñas seculares Laba y oro correr por sus entrañas: Donde á la faz de Dios mi pié camine Bajo un cielo radiante que ilumine Mares sin fin, atlánticas montañas. Yo necesito un mar que airado ruja, Una estacion preñada de huracanes, Una tierra horadada por volcanes Que con torrentes y cascadas muja Y que á mis piés estremecida cruja Sacudida por brazos de Titanes. Allí, á lo menos gozaré la tierra En todo el lujo y esplendor y encanto Y pöesia y libertad que encierra; Y allí en mi duelo ó mi placer estremos Alzaré una oracion en vez de un canto, Y á Dios veré, cuyo semblante santo Bajo las brumas de Paris no vemos.

¡Sús! á América voy. —¡Oh Léila mia! Si en la mar ó la América me pierdo, Guarda el tesoro de mi amor, y fia Que al apagarse mi postrero dia Será tu nombre mi postrer recuerdo.

II.

{|

EL POETA. EL BARQUERO. EL POETA. EL BARQUERO. EL POETA. |}

Cruzaba el poeta la estensa bahía Mecido en los brazos de un alma ilusion, Cuando un luminoso fantástico génio Mas leve que el fresco marino vapor, Vogando en un copo de cándida espuma El rápido bote donde iba alcanzó. {| EL GENIO. EL POETA. EL GENIO. EL POETA. EL GENIO. EL POETA. EL GENIO. EL POETA. EL GENIO. EL POETA. EL GENIO. |}

Tal dijo al poeta la fé de su alma, Y al punto del aire y el mar en la cama Tornó á disiparse su blanca vision; Henchido el poeta de fé, y de alegría Cruzó la bahí Y el buque abordó.

III. A bordo del Paraná

Las cinco. ¡Partamos! Ya hierve el vapor; Ya el ancla levamos; Ya libres vogamos Entre humo y espuma y estruendo y pavor.

Ya rompe la quilla Por la agua revuelta, La máquina suelta Del buque acelera la marcha veloz: Ya de una á otra orilla La ría se ensancha; Como una avalancha Bajamos, las aguas turbando en redor.

La débil barquilla que al paso nos halla, Con la agua espumosa perdida batalla Del rastro que abierto dejamos en pos; Sobre ella meciéndose, Con canto grosero y accion libre y ruda, Con voz y con manos tenaz nos saluda Perdiéndose al lejos inglés pescador.

La gente marina, Sumisa y activa y atenta la oreja Al grito de mando, su buque apareja De un lento cantar al monótono són: Nosotros viajeros Que, al irnos, detrás de Inglaterra dejamos Tal vez cuanto habemos, tal vez cuanto amamos, Acaso lloramos oyendo su voz.

¿Quién sabe la historia Con cuya secreta doliente memoria Cada uno que parte en este momento Secreto tormento se dá al corazon? Tal vez al influjo Del fuego escondido de dentro que arde, Sin fé, arrepentida, nuestra alma cobarde Quisiera á la orilla volver con amor.

Voguemos: ya es tarde; El mar que nos sorbe Muy pronto en el orbe Va á aislarnos en medo de su honda estension He allí ya sus olas: Ya en él nos lanzamos, Ya en él navegamos Las olas hendiendo con hondo rumor. La tierra se pierde

Velada entre nieblas: La noche en tinieblas Nos sume… ya estamos á solas con Dios.

Uno tras otro en silencio La popa del Paraná Mis compañeros dejaron. Quién, no pudiendo quizás Con su tristeza, fué á solas En su cámara á llorar. Quién, mercader avariento, La futura utilidad Del viaje en cifras confusas Fué á solas á calcular. Quién, que á incógnitas regiones Sin fé ni esperanza va Emigrando de una patria Do no ha de volver jamás, Fué á ver si en brazos del sueño Olvida un punto su afan: Y quién, en fin, asaltado Del mareo, fué á buscar En su lecho á sus congojas Un momento de solaz. Yo, que ni cedo al mareo, Ni á avaricia comercial, Ni al recuerdo de una patria Que dejé por voluntad; Yo, cuyo cuerpo de barro Tan sujeto á mi alma está Que ahogo mi dolor físico Con mi früicion moral; Yo, cuya alma se revela Cautiva en mi cuerpo á andar, Cuyas pasiones convierten Mi corazon en volcan; Yo, á quien jamás satisface El deleite material, Que ni cuento lo que tengo, Ni necesito de hogar, Puesto que, huésped del mundo, Ciudadanos universal, Peregrino de la vida, Por la tierra y por la mar Voy cantares entonando En mi bien como en mi mal, Y por do quiera que voy Por mis cantares me dan Una alegre bienvenida Y una sonrisa al llegar, Una compañía amena Y franca hospitalidad… Pero que llevo en mí mismo Un enemigo fatal, Que me esclaviza tirano Y me atormenta tenaz, Que es mi propio corazon, Que destila sin cesar El acíbar para mí, La miel para los demás, Me quedo sobre cubierta A solas á devorar La hiel de mis pensamientos Que en él gotëando va. Mas esta hiel, por mis labios De mi pecho al rebosar, No mortíferos miasmas Por la tierra esparcirá; No irá las almas sencillas A traicion á emponzoñar Con su maligno veneno, Sino que suave saldrá Como depurada esencia En la forma de un cantar, Suspiro ardiente á los cielos De remontarse capaz En un cantar que, aunque libre, Independiente y audaz, Solo la fé y el consuelo, En las almas verterá, Pues bebe su inspiracion En tan divino raudal, que su són es un rocío Tan puro como el maná; Refleja el cielo en el fondo De su limpio manantial, Y á Dios vé, al beber sus aguas, La sedienta humanidad.

Tal es de mi poesía La condicion: solo dá El acíbar para mí, La miel para los demás.

IV.

Reina la oscuridad en torno mio: Solo estoy del bajel sobre la popa Pálido de emocion, yerto de frio; Los ojos tiendo á la cercana Europa De quien me aleja el rápido navío, Y las tinieblas penetrar deseo; Pero ya nada en las tinieblas veo. Bajo mis piés el buque se estremece Por su máquina enorme sacudido, Y el oleaje desigual le mece Con temeroso ruido. Mónstruo de fuego y de rumor preñado, Pez que nada veloz sin piel ni escama, Ave que vuela rápida sin pluma, Leviatan que sin voz furioso brama, Avanza por sí mismo arrebatado Entre la mar, los cielos y la bruma, Dejando tras su curso vïolento Una estela en el mar de hirviente espuma, Y una columna de humo por el viento. Atónito é inmóvil, en el pasmo Que embargaba mi sér en tal momento, Sin dejarme ceder al entusiasmo Ni al temor admiraba yo á mis solas Del hombre la ambicion y atrevimiento Que domina los vientos y las olas, Rey de la creacion, y burla osado Y atraviesa contento Uno y otro elemento Para ver una fiesta ó un mercado, Por alargar un dia su memoria, Por una chispa de soñada gloria O tal vez de oro vil por un puñado. Contemplaba embebido el movimiento De la elevada esbelta arboladura Del Paraná que se mecia lento, Y sobre el fondo azul del firmamento Se destacaba móvil é insegura, Sin cesar oscilando sobre el fondo Del estrellado cielo y del mar hondo La triple cruz y la ondulante cofa De sus tres masteleros envergados, ramilletes del mar, del viento mofa, Cual gigante y fantástico esqueleto Que en sus inmensos brazos El espacio abarcar anhela inquieto, Y entre ellos, esquivando sus abrazos, Pasan, sin alzar són ni dejar huellas, Del ambiente impalpable los pedazos Y el resplandor fugaz de las estrellas. Muy pronto esa tenaz melancolía Que el solitario mar inspira al alma, Mortal angustia se tornó en la mia, Y de su paz interrumpió la calma, Y estinguió con mi fé mi poesía, Miré dentro y en torno de mí mismo, Y al verme de la mar y el firmamento Perdido ir por entre el doble abismo, Solo, sin fé y á la merced del viento, Temblé como un cobarde, eché de menos La abandonada tierra, y como un niño Que necesita el maternal cariño, De lágrimas sentí mis ojos llenos. Surgieron mil imágenes estrañas En mi calenturienta fantasía, E hirió un pesar profundo mis entrañas; Sentí á la fé mi corazon cerrado, Mi alma al despecho y al terror abierta, Me arrepentí del viaje comenzado, Y exánime, febril, desesperado, Llorando me tendí sobre cubierta. Y entonces ¡ay de mí! yerto de asombro Y con hondo pavor sentí á mi lado Tenderse, pié con pié y hombro con hombro, Dos genios de inmortal naturaleza Creados de los cielos en la alteza, Mas con Luzbel caidos de los cielos: El espíritu ruin de la Y el demonio rabioso de . Yo percibí, de pánico transido, De estos horribles genios la influencia; Sentí que cada cual por un oído Con negras frases de infernal sentido Vertia su veneno en mi existencia; Y en aquel cuarto de hora de agonía, Oí que de este modo me decía Cada cual de los genios por su lado, Y de cada palabra se esprimia Una gota de hiel que me caía Dentro del corazon atribulado.

The opening of the book is shown; the full text loads in the reader.

Loading the full text…