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Enemistad política y diferencia sexual en la masacre de Bahía Portete

Margarita María Martínez Osorio · 2015

48,263 words · about 3 h 23 min to read

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Licence: CC BY-NC-ND 4.0 · repository export licence (OAPEN) · Martínez Osorio, Margarita María (2015), Enemistad política y diferencia sexual en la masacre de Bahía Portete, SciELO Books - Editorial Universidad del Rosario - licensed CC BY-NC-ND 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/)

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Author
Margarita María Martínez Osorio
Language
Spanish
Published
2015
Length
48,263 words · about 3 h 23 min
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Rie

+ Universidad del

Rosario

Capítulo I. El conflicto en bahía Portete

la configuración de una enemistad política „s.s.s... 23 La tensión paramilitares-wayús y la teoría

del conflicto de Schmitt db 24 Los paramilitares como enemigos de los wayús: la

amenaza a la forma de vida o existencia wayú 29 Enemigo verdadero y enemigo absoluto: el conflicto

de bahía Portete y la guerra de partisanos... 44 Conclusiones: entre el teórico del conflicto y

el teórico reduccionista deniernanincinian 61

Capítulo II. El hermano wayú: irreductibilidad, diferencia y desnaturalización ..essssssssssssccsssccsescssscesse 69 ¿Quién es el enemigo paramilitar? La pureza conceptual de Schmitt y los retos al concepto de lo pollito nia dpi 70

El hermano-enemigo wayú y la hostilidad IS Uta La desnaturalización del berto noia Conclusiones: el concepto de hermano-enemigo y sus potencialidades para pensar el conflicto en bahia Portete rara

Capítulo III. Hermanos y hermanas wayús: Las mujeres wayús: enemigas de los paramilitares ... La diferencia sexual: retos al concepto de lo político y caracterización de la enemistad de bahía Portete cesado laa El “punto de vista feminista” y la diferencia sexual: la experiencia de género y las nuevas miradas A A R La violencia sexual en contra de las mujeres wayús: el significado social de los cuerpos y el Conclusiones: ver el conflicto de bahía Portete desde la violencia sexual...

Conclusiones. La hermana y lo político...s..ssssssssscssssesssee.

86 101

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Agradecimientos

Quisiera aprovechar este espacio para contar brevemente la historia detrás de quien escribe esta tesis: a mitad de mi carrera había tomado la decisión de no seguir estudiando filosofía, porque sentía que las preocupaciones que, en un inicio, me habían motivado a escoger el camino de la academia y de la filosofía como proyecto de vida no estaban siendo satisfechas. Sentía que la discusión filosófica se enfrascaba en asuntos meramente conceptuales cuya relevancia para estudiar los problemas de violencia, de conflicto armado y de desigualdades sociales no era muy clara. En ese momento, llegué a pensar que me había equivocado de carrera, pues mis intereses por estudiar y analizar el conflicto colombiano y las injusticias que diariamente se derivan de él no se reflejaban en lo que estaba leyendo cada semana para mis clases. Justo en el momento en que ya había tomado la decisión de abandonar filosofía y pasarme a estudiar historia, Beira Aguilar (mi tutora) e Iván Mahecha me comentaron que en el semestre 2010-IT iban a dictar una clase sobre filosofía política feminista; siempre me han interesado las cuestiones relacionadas con el género y por eso me animé a tomar el curso, con muchas expectativas sobre lo que podría aportarme, no sólo en relación con los conocimientos teóricos que iba adquirir en ella, sino -y sobre todo- frente a la crisis profesional por la que estaba pasando. En efecto, esa clase me devolvió al mundo de la filosofía y de allí surgen las preocupaciones consignadas en esta tesis. El trabajo que Beira e Iván asignaron para mitad de semestre consistía en analizar la masacre de bahía Portete a la luz de las herramientas proporcionadas por las teóricas feministas que habíamos estudiado en clase. Desde ese momento comenzó mi compromiso con el caso de los wayús y con una filosofía política vinculada con los conflictos y las violencias vividas por los actores sociales reales. Esta tesis es, entonces, la síntesis de un proceso largo de dudas, incertidumbres y búsquedas: al escribirla iba encontrándome nuevamente con el tipo de preocupaciones e inquietudes que me impulsaron a elegir a la filosofía como carrera profesional y pude entender lo que, en un momento, me condujo a querer desistir.

Escribir esta monografía me llevó a enfrentarme conmigo misma, con mis dudas y mis incertidumbres respecto a lo que la filosofía podía proporcionarme y, aunque fue un proceso muy personal y solitario en muchas ocasiones, siempre tuve a mi lado a personas que fueron mi polo a tierra y a las que les agradezco infinitamente por acompañarme en la consolidación de este proyecto de tesis tan importante para mí. En principio, las palabras se quedan cortas para darle las gracias a Beira, una persona que, más que mi tutora, fue mi guía y mi amiga incondicional. Sus comentarios, sus palabras de ánimo, la confianza que depositó en mí y el hecho de que estuviera a mi lado a pesar de la distancia entre países, son cosas que siempre van a estar en mí y que marcaron profundamente mi carrera profesional. De igual manera, quisiera agradecer a Wilson Herrera por escucharme cada vez que lo necesité, por leerme y por hacerme comentarios muy pertinentes frente a lo que quería desarrollar en mi tesis. También le debo mi gratitud a Carlos Patarroyo por acompañarme durante el proceso de realización del proyecto; sus sugerencias, críticas y comentarios enriquecieron mis planteamientos y me llamaron la atención sobre cuestiones importantes de las que no me había percatado. Y a Adolfo Chaparro quiero darle las gracias por sugerirme a Derrida como una buena forma para plantear y desarrollar el problema de la diferencia sexual. Por otra parte, esta tesis no hubiera funcionado sin el apoyo incondicional de mi mamá, sin sus palabras de ánimo constantes y sin la confianza que durante todo el tiempo puso en mí y en mis ideas. Gracias también a mi tía Gloria por transmitirme fortaleza y mostrarme que vale la pena levantarse cada día para luchar por las causas personales. A Sebastián Hernández, por escuchar mis largos discursos sobre filosofía, historia y feminismo durante horas, por recordarme constantemente que esto valía la pena y por haber sido mi fiel guerrero en las batallas que emprendí en las primeras etapas de este proceso. Agradezco también la compañía de Manuela y Juan Pablo, su apoyo y su interés por mis opiniones. A Camila, a Natalia, a Juan y a Sebastián Pérez les doy las gracias por ser mis amigos durante el tiempo de universidad y por estar dispuestos a apoyarme y a escucharme cuando más lo necesitaba. Finalmente, a Andrea, Laura, Mafe, Rocío y Carvi les debo todo mi aprecio por siempre estar ahí para mí, por estar a mi lado en los momentos difíciles y por darme fuerza para seguir adelante con mi tesis y con mi camino profesional.

Introducción

En la mañana del 18 de abril de 2004 un grupo de aproximadamente 50 paramilitares del Frente Contrainsurgencia Wayuu, comandados por alias Pablo”, algunos wayús del lugar e individuos que portaban uniformes del ejército irrumpieron en la región de bahía Portete en la Guajira colombiana con el objetivo de torturar y asesinar a las lideresas y líderes de la comunidad wayú que habitaba la zona. Con lista en mano y con la guía proporcionada por los wayús que los acompañaban, estos actores armados dejaron como saldo cuatro mujeres muertas (Margoth, Rosa, Diana y Reina), un hombre (Rubén Epinayú) y los restos incinerados de una persona cuyo sexo no se pudo determinar. No satisfechos con matar, mutilar y violar, los paramilitares también destruyeron el cementerio wayú, sacaron a los muertos de sus tumbas y ubicaron los restos de los individuos masacrados en distintos lugares considerados emblemáticos para la vida en comunidad del grupo indígena atacado.

En el informe de la masacre elaborado por Memoria Histórica! se registra lo sucedido en bahía Portete y se afirma que el accionar paramilitar responde a la pretensión por controlar los recursos económicos de la Alta Guajira. El puerto de bahía Portete “[...] ha sido entrada y salida de mercancía de contrabando” (Colombia, Centro Nacional de Memoria Histórica 2010, 43) desde el periodo colonial y eso resultaba atractivo para un grupo armado cuya actividad se definía, entre otras cosas, por los negocios ilegales del narcotráfico y el intercambio de armas y municiones. Entonces, el puerto de bahía Portete se mostraba ante los paramilitares como un escenario provechoso para comerciar drogas y armas y para, además, recibir ganancias adicionales al obtener el monopolio sobre las actividades comerciales que los wayús habían llevado a cabo por años y que les proporcionaban amplios beneficios monetarios. Así las cosas, y en vista de que los wayús se opusieron a la incursión paramilitar en la región y a su intención de monopolizar las actividades comerciales históricamente manejadas por este grupo indígena, los actores armados decidieron llevar a cabo la masacre, con el fin de intimidar a los wayús para que

1. El centro de Memoria Histórica es una entidad pública de nivel nacional que tiene como fin “reunir y recuperar todo el material documental, testimonios orales y por cualquier otro medio relativos a las violaciones de que trata el artículo 147 de la Ley de Víctimas y restitución de Tierras” (Colombia, Centro de Memoria Histórica, s. f.). Las funciones de Memoria Histórica se integran en el marco de la reparación y el derecho a la verdad que tienen las víctimas del conflicto armado colombiano, y como parte de esto, también se sostienen sobre el principio de que la ciudadanía en general puede consultar y disponer de la información relacionada con la violencia, el conflicto y la historia de su país.

renunciaran a su lucha por el puerto. Y, en efecto, después de las muertes y las torturas, la comunidad wayú dejó bahía Portete por miedo a otra arremetida paramilitar. Alias Pablo? y sus compañeros cumplieron su cometido: obtuvieron el control sobre el territorio de los wayús.

Uno de los elementos centrales para entender el conflicto de bahía Portete y la ruptura que generó en la comunidad es el hecho de que Chema Bala, un indígena wayú, se alió con los paramilitares para efectuar la masacre en contra de su propio pueblo. Según lo registrado en el informe de Memoria Histórica, la disputa por el monopolio de las actividades del puerto no era algo nuevo para los wayú; por el contrario, era un conflicto que se venía gestando mucho antes de la incursión paramilitar y en el que estaban involucradas diversas familias indígenas que reclamaban su derecho a la propiedad del puerto. Una de esas familias era la de Chema Bala. La tensión entre los diferentes clanes wayús alrededor de la posesión de las actividades comerciales de la zona fue aprovechada por los paramilitares: al llegar a bahía Portete y conocer las particularidades de la disputa por el puerto, este grupo armado comenzó a generar alianzas con las familias enfrentadas para, de esta manera, ir adquiriendo poder al involucrarse directamente en el conflicto. En este contexto, la alianza que tuvo mayor peso y fue decisiva en el momento de la masacre fue la entablada con Chema Bala: este indígena, junto con sus hermanas, participaron en la planeación y ejecución de la masacre, indicándoles a los paramilitares a quién debían matar y cómo debían hacerlo, con el fin de generar mayor impacto en la comunidad y, así, poder dominar el tan codiciado puerto comercial. Las víctimas de la masacre se refieren a esta alianza y a sus nefastas consecuencias como una “herida en lo más profundo de su ser” (Colombia, Centro Nacional de Memoria Histórica 2010, 208).

¿Qué pasó ese 18 de abril de 2004 en bahía Portete? ¿Cómo entender las lógicas que llevaron a tales actos de violencia y sevicia en contra de los wayús? ¿Qué puede decir la filosofía al respecto? El filósofo francés Jacques Derrida afirma que en el mundo contemporáneo, en el que nuevas guerras, nuevos conflictos y nuevas violencias están haciendo presencia en diferentes contextos y de diversas maneras, la filosofía debe recurrir a estrategias que puedan responder a la “urgencia política e histórica” (Derrida 1998b, 97) de los nuevos tiempos. “No es ya tiempo de tomar su tiempo”, dice Derrida, “nos sentimos, pues, es verdad, llamados “en directo” a respuestas o responsabilidades inmediatas” (Derrida 1998b, 97), añade. Para Derrida, la filosofía política debe poner en suspenso el intento por articular sistemas conceptuales puros, completamente armónicos en su interior, para dar paso a una filosofía que responda a los tiempos de urgencia y que sea útil para pensar y problematizar lo que está pasando en el mundo político con los actores reales de las comunidades concretas. Es tiempo de atender el llamado de urgencia y pensar el mundo contemporáneo con las herramientas de la filosofía: desde esta perspectiva, es deber del filósofo político tomar los marcos teóricos y ponerlos a dialogar con la realidad política, tomarlos como herramientas de análisis susceptibles de ser puestas a prueba y repensadas, y no como reliquias que hay que conservar intactas y aisladas de cualquier tipo de influencia que las pueda impactar.

Derrida apunta, entonces, a pensar en los conceptos de la filosofía política como instrumentos para darle un lenguaje a las violencias contemporáneas, y a partir de allí, comenzar a problematizarlas y a pensar en caminos que puedan conducir a su resolución. En este proceso, los conceptos pueden sufrir cambios, replantearse o mostrarse como inútiles a la hora de leer los fenómenos; esto es inevitable: la realidad siempre le recordará al filósofo “[...] la irreductibilidad de aquello que se mantiene más allá [del] discurso mismo [...]” (Derrida 1998b, 100), es decir, la imposibilidad de capturar de manera absoluta todas las lógicas que se mueven en lo político. Pero de eso se trata: de poner a dialogar a los conceptos con la realidad; esto involucra, por un lado, recurrir a los conceptos como herramientas para entender los conflictos contemporáneos, y por el otro, examinar cómo dichos conflictos les imponen retos a los conceptos y los obligan a repensarse para que sean más adecuados en relación con la realidad a la que intentan atender. Este proceso es el que puede caracterizarse alrededor de la expresión acuñada por Ángela Uribe, “filosofía en tiempos de penuria”? (Uribe Botero 2005, 23): una filosofía que pone sus herramientas a disposición de la comprensión de casos concretos vividos por actores sociales puntuales y que está dispuesta a repensarse

2 Esta expresión hace eco del planteamiento de Hannah Arendt según el cual somos “hombres en tiempos de oscuridad” (Arendt 1990).

constantemente, con el fin de ser útil a la hora de atender a las demandas y exigencias de cada conflicto.

Así las cosas, presento un caso: la masacre de bahía Portete en contra del pueblo wayú. Y he seleccionado un marco teórico que puede proporcionar herramientas provechosas en el momento de dar cuenta de ciertas lógicas de guerra y de conflicto que parecen estar presentes en ese conflicto concreto: la teoría de lo político de Carl Schmitt. Este texto tiene, entonces, dos objetivos generales: en primer lugar, examinar las potencialidades y limitaciones del concepto de lo político de Schmitt a la hora de entender las particularidades del caso de bahía Portete; y, en segundo lugar, señalar que las reflexiones de Derrida con respecto a lo político, junto con la metodología del punto de vista feminista, pueden ser puntos de partida provechosos para futuras investigaciones que se propongan cubrir las limitaciones del concepto de lo político de Schmitt.

Tomo prestadas las palabras de Uribe para formular lo que pretendo hacer con los marcos teóricos sugeridos: “dado que la filosofía comporta una dimensión dialógica que le es esencial, mi invitación será [...] a escuchar aquello que algunos autores tendrían para decir sobre el caso que presento; a permitir que de lo dicho por cada uno de ellos quede algo que abra caminos para reflexionar acerca de la compleja situación que él devela” (Uribe Botero 2005, 25- 26). Schmitt, Derrida y las teóricas del punto de vista feminista dialogarán sobre el caso de bahía Portete; cada uno de estos marcos conceptuales tendrá herramientas que aportar para explicar qué pasó ese 18 de abril en la Alta Guajira y a partir de ese diálogo se generarán preguntas y problemas que complejizan la lectura del caso y que permiten advertir las diferentes lógicas y violencias que subyacen a él.

Por una parte, el concepto de lo político de Schmitt permite caracterizar lo sucedido en bahía Portete como un conflicto político, en el que se puso en juego la existencia de la forma de vida wayú. En este sentido, con base en la teoría de Schmitt se puede examinar el antagonismo que se generó entre los paramilitares y el pueblo wayú, se puede dar cuenta de lo que estaba en juego en dicho conflicto y de la manera como todo eso condujo a unas lógicas de guerra y violencia como las que se revelaron el día de la masacre. Para Derrida, aunque la teoría de Schmitt provee muchos elementos útiles para acercarse a los conflictos y las violencias contemporáneas, el concepto de lo político debe ampliarse e introducir la noción de guerra interna o guerra entre hermanos como parte de sus lógicas, con miras a que se puedan explicar las disputas que surgen al interior de una comunidad política; siguiendo a Derrida, las guerras que se desarrollan desde el antagonismo entre los hermanos de la misma comunidad suponen una escalada de violencia y una agudización de la hostilidad. En relación con el caso de bahía Portete, la sugerencia de Derrida de introducir la noción de “guerra entre hermanos” resulta pertinente, en tanto que posibilita pensar en la figura de Chema Bala como un elemento de relevancia en el desarrollo del conflicto por el puerto, y más aún, como una coyuntura que agudizó la disputa y conllevó al uso de la violencia extrema. Las reflexiones de Derrida contribuyen, entonces, a complejizar la lectura del caso a la luz del análisis de la guerra al interior de la comunidad wayú: la disputa no sólo se llevó a cabo entre los paramilitares y los wayús, sino entre los mismos hermanos wayús, y estos son matices que se deben considerar en una lectura del caso que pretenda darle un lenguaje al conflicto y a la violencia que se gestó allí.

Por otra parte, el caso presenta otra particularidad que no parece fácil de capturar con las herramientas proporcionadas por Schmitt y, aunque es sugerida por Derrida, se requiere un lenguaje que la dote de sentido y muestre la pertinencia de señalarla en el marco del concepto de lo político: tanto mujeres como hombres wayús se presentaron ante los paramilitares como sus enemigas y enemigos directos en la disputa por el puerto. Pero en el momento de atacarlos, los paramilitares establecieron una diferencia: mientras las mujeres wayús fueron intimidadas y vulneradas sexualmente, las violencias ejercidas sobre los hombres no estuvieron atravesadas por lo sexual. ¿Por qué esa diferencia en los métodos de intimidación? Y ¿por qué sería pertinente señalarla en una lectura del caso construída alrededor del concepto de lo político?

Esta monografía apunta a plantear estas preguntas en el marco de la teoría política de Schmitt y a sugerirlas como caminos investigativos futuros que pueden proporcionar herramientas para capturar la complejidad de los conflictos y el modo como el género interviene en ellos como un elemento determinante en su definición. Derrida, en Políticas de la amistad, sugiere que la conceptualización schmittiana debería tomar en consideración una noción que capturara la importancia de pensar en lo político desde la diferencia sexual y propone la construcción de un nuevo concepto que dé cuenta de ello, a saber: el de hermana. En este contexto, mi propósito es indagar por la pertinencia de una noción como la de hermana para dar cuenta de la diferencia sexual en el conflicto de bahía Portete y sugerir estas reflexiones como centrales para la articulación de investigaciones futuras. La metodología del punto de vista feminista y su aplicación por parte del feminismo radical de Catharine Mackinnon proveen herramientas que posibilitan el planteamiento de esos problemas y que dejan abiertos nuevos horizontes para pensar los conflictos políticos. Por eso, la conclusión de este texto, en lugar de ser un cierre, es una apertura que sugiere posibilidades para pensar en lo político desde otras Ópticas y otros lenguajes que puedan responder a realidades antes no consideradas y que parecen ser cruciales en el desarrollo de los conflictos humanos concretos.

Guía de lectura

La monografía está compuesta de tres capítulos. El primero de ellos tiene por objetivo realizar un ejercicio de aplicación de conceptos: lo que se pretende en esta parte es examinar las potencialidades de la teoría de Carl Schmitt para dar cuenta de la disputa de bahía Portete. En virtud de esto, a partir del lenguaje schmittiano se caracterizará al conflicto wayú-paramilitares como el producto de una enemistad política y se mostrarán las consecuencias que se derivan de denominarlo de esa manera. El segundo capítulo recoge las reflexiones de Derrida alrededor del concepto de lo político de Schmitt, con el fin de poner de manifiesto la complejidad del caso. Se introducirá la noción de “guerra entre hermanos” y, con ello, se mostrará que el antagonismo al interior de la misma comunidad wayú generó las lógicas de guerra y violencia absolutas que se efectuaron en la masacre. Por último, el tercer capítulo tiene por objetivo plantear vías investigativas futuras que posibiliten la introducción de la diferencia sexual como un elemento relevante a la hora de pensar en lo político y en el modo en que este concepto da cuenta del caso de bahía Portete.

Capítulo I El conflicto en bahía Portete: la configuración de una enemistad política

El presente capítulo tiene por objetivo utilizar las herramientas proporcionadas por el concepto de lo político de Schmitt para entender lo sucedido en bahía Portete. Esta primera parte está pensada como un ejercicio de aplicación de conceptos:? lo que se pretende es dar cuenta de ciertas lógicas de guerra y enemistad que parecen estar presentes en el caso a partir de las reflexiones sobre el conflicto articuladas por Schmitt. Así las cosas, se argumentará a favor de la idea según la cual la disputa entre paramilitares y wayús fue un conflicto político en el que la existencia de la comunidad indígena se vio amenazada directamente por un enemigo externo y en el que el carácter de la enemistad fue absoluto, lo cual implicó el uso de violencia extrema con el fin de eliminar al enemigo. En la última sección de este capítulo, se esbozarán ciertas

3 Estetexto parte de un supuesto: la filosofía política “[...] puede y debe jugar un rol en el debate público” [traducción propia] (Applied Philosophy s. f.). Así, las teorías de la filosofía política deben disponer de sus conceptos para explicar, entender y dar cuenta de las situaciones políticas del mundo contemporáneo. En este sentido, cuando digo que realizaré un ejercicio de “aplicación de conceptos” me refiero a que mostraré las potencialidades y limitaciones de la teoría de Schmitt en el momento de entender ciertas lógicas que se gestaron en el conflicto de bahía Portete.

limitaciones de la teoría de Schmitt a la hora de acercarse a lo acaecido en bahía Portete y, con ello, se introducirán las reflexiones a seguir en los capítulos subsiguientes.

La tensión paramilitares-wayús y la teoría del conflicto de Schmitt

Schmitt es un pensador del conflicto. Tal y como lo afirma Chantal Mouffe, en la tradición de la filosofía política “algunos teóricos como Hannah Arendt perciben lo político como un espacio de libertad y deliberación pública, mientras que otros lo consideran como un espacio de poder, conflicto y antagonismo” (Mouffe 2009, 16). El pensamiento de Schmitt se ubica en esa segunda perspectiva, de acuerdo con la cual el conflicto es una dimensión insuperable de la existencia humana y cualquier intento por conceptualizar la manera como se constituyen y organizan las sociedades pasa inevitablemente por el antagonismo inherente a todas las relaciones sociales. En este sentido, una teoría que tome al conflicto como el eje de reflexión parte del reconocimiento de que el carácter de las relaciones entre grupos humanos es tal que el poder es un elemento constitutivo, definitorio e insuperable de la vida en sociedad (Mouffe 2003b, 112); prescindir de él supondría ignorar el desenvolvimiento de la historia humana o, en términos de Schmitt, sería negar lo que es, lo que realmente sucede cuando de relaciones humanas se trata. Obviar la dimensión conflictiva inherente a la condición de los seres humanos equivaldría a adoptar una actitud ingenua ante la realidad y, siguiendo a Schmitt, por más teorías normativas que dictaminen el “deber ser”, es indudable que en el plano de lo fáctico, la guerra, la hostilidad, el antagonismo y el poder son elementos constantes y determinantes en el desarrollo del mundo humano (Schmitt 1939, 179).

¿Por qué escoger una postura agonística -como la llamaría Mouffe- para acercarse a la masacre de bahía Portete? En principio, se puede decir que la masacre fue la expresión más contundente y violenta de un conflicto entre dos actores: los wayús y los paramilitares. Allí se pusieron en juego lógicas que amenazaban directamente la existencia de la comunidad wayú y que la enfrentaban con un actor que contradecía drásticamente sus valores, principios y formas de vida. En el informe elaborado por Memoria Histórica se resalta este hecho: “mientras que para los wayuu la importancia del territorio radica en que da sentido al orden social garantizando la sobrevivencia y herencia cultural y comunitaria, para los paramilitares el territorio es un escenario móvil para la guerra y el usufructo en procura de intereses económicos” (Colombia, Centro Nacional de Memoria Histórica 2010, 21-22). De acuerdo con lo señalado en la cita, una de las diferencias centrales entre los wayús y los paramilitares radica en la forma como conciben el territorio. Así, por un lado, el territorio de bahía Portete era codiciado por los paramilitares en virtud de su potencial comercial al tener un puerto marítimo caracterizado por ser un centro de contrabando desde la época colonial. Para los paramilitares, adquirir el monopolio de las actividades del puerto suponía, además de obtener el control sobre el intercambio ilegal de productos llevado a cabo por los wayús desde el periodo colonial, usar los circuitos comerciales abiertos por los wayús para sus propios fines vinculados con el narcotráfico (Colombia, Centro Nacional de Memoria Histórica 2010, 24). Pero, por otro lado, el valor que el territorio tiene para la comunidad wayú rebasa los intereses económicos o comerciales y, más bien, se postula como un referente cultural de vital importancia en su vida en comunidad. Como bien lo advierte Victoria, una wayú entrevistada por la politóloga María Ochoa Sierra, para los wayús el territorio guarda sus prácticas y su historia:

el territorio para el pueblo indígena no es el pedazo de tierra donde vive. Es todo, territorio es todo [...] la relación con el territorio es integral. No lo vemos de una forma de propiedad privada como lo ven ustedes los no indígenas [...] El pueblo wayú y otros necesitan el territorio para seguir existiendo como pueblos, para mantener nuestras tradiciones, para poder ejercer nuestro gobierno [...] (Ochoa Sierra 2011, 82)

De ahí que se pueda hablar de conflicto: la lógica paramilitar de conquista territorial para provecho económico choca con la valoración del territorio como referente cultural, pues el arraigo territorial de los wayús les impedía a los paramilitares gozar de un monopolio total sobre bahía Portete. En otras palabras, en vista de que el significado del territorio en la comunidad wayú no se reduce a sus potencialidades económicas o comerciales, sino que involucra prácticas, creencias y significados que competen directamente a lo que se considera valioso en la constitución de la comunidad wayú, abandonar el territorio al dejarlo en potestad paramiliar implicaba renunciar a un elemento central en su modo de vida y en la configuración de su identidad o de lo que significa “ser wayú”. El interés económico paramilitar entra en conflicto con el interés por mantener la existencia de la comunidad wayú en su territorio ancestral. Y aunque, en un comienzo, algunos wayús generaron alianzas con paramilitares, con el fin de obtener protección frente a disputas intrafamiliares que se estaban gestando alrededor del puerto, el conflicto paramilitares-wayús se aguzó en el momento en que los primeros explicitaron su deseo por el dominio territorial total de bahía Portete, lo cual implicaba la pérdida de la soberanía del pueblo wayú sobre el territorio que ancestralmente le había pertenecido y a partir del cual articulaba su modo de vida, sus costumbres y sus creencias. En esta última etapa, el conflicto adquirió el carácter de un juego de suma cero: o los paramilitares expulsaban a los wayús del territorio o viceversa, pero no había posibilidad alguna de convivencia o conciliación entre las dos lógicas enfrentadas.

Una teoría política que ubique al conflicto en el centro de la reflexión sobre la organización y configuración de las sociedades humanas tendría mucho que decir frente al caso de bahía Portete. Se trata de una situación concreta en la que se pueden advertir dos actores luchando por la defensa de su concepción territorial y en la que la hostilidad, la posibilidad de la guerra y el poder se ponen de presente. Pero además de la dimensión conflictiva de este caso, a los teóricos agonísticos, y en particular a Schmitt, les resultaría atractiva la posibilidad de estudiar la masacre de bahía Portete, en la medida en que es en lo fáctico o en el examen de situaciones reales que la noción de conflicto y el concepto de lo político derivado de ella adquieren sentido.* Hasso Hofmann ha dicho que “Schmitt domina como ningún otro teórico del Estado el arte de conceptualizar situaciones, conflictos y desarrollos” (citado por Corbetta, 2002, 237), y es que, en efecto, el concepto de lo político schmittiano no proporciona una definición exhaustiva o de contenido sobre lo que significa que una situación sea política; por el contrario, Schmitt establece un criterio para identificar un conflicto político que es susceptible de ponerse a prueba o dotarse de contenido en las situaciones puntuales vividas por grupos humanos particulares. Siguiendo a Montserrat Herrero López, “la inspiración de los escritos de Schmitt es siempre la historia concreta” (Herrero López 1997, 233). Es en el examen de lo que es, de las diversas maneras de existir de las comunidades humanas, donde lo político y el conflicto se dotan de contenido y obtienen su significado concreto. Entonces, hay

+ Alolargo del presente texto se advertirá una tensión entre dos supuestos de la teoría de Schmitt: por un lado, se encuentra la idea según la cual lo político se restringe al marco de los Estados entendidos como unidades políticas consolidadas y reconocidas como tal. Desde esta perspectiva, todo conflicto que no se ajuste a estos límites, no es propiamente político. Por otro lado, Schmitt también defiende que el mundo político es un pluriverso, en tanto que existen diversas formas de vida que entran en conflicto unas con otras con el fin de mantener su existencia. Así, teóricos como Mouffe y Derrida señalan que en este “segundo Schmitt” hay una preocupación por entender los conflictos políticos reales; independientemente de si se restringen o no al marco de los Estados, la noción de pluriverso abre la posibilidad de examinar los conflictos, enemistades y antagonismos que se presentan constantemente en diversos contextos. Siguiendo el espíritu del “segundo Schmitt”, este capítulo se propone estudiar un conflicto no desarrollado en el marco de Estados soberanos a partir de las herramientas conceptuales de la teoría del conflicto de Schmitt.

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