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Derecho natural, historia y razones para actuar: la contribución de Alasdair MacIntyre al pensamiento jurídico

Rafael Ramis Barceló · 2012

178,195 words · about 12 h 29 min to read

Period artwork: Interior of the Bodleian Library, 1845
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Licence: CC BY-NC-ND 4.0 · repository export licence (DOAB) · Ramis Barceló, Rafael (2012), Derecho natural, historia y razones para actuar: la contribución de Alasdair MacIntyre al pensamiento jurídico, open access publisher - licensed CC BY-NC-ND 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/)

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Author
Rafael Ramis Barceló
Language
Spanish
Published
2012
Length
178,195 words · about 12 h 29 min
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Digital text
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CC BY-NC-ND 4.0 · repository export licence (DOAB)

 

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  2. Índice about 2 h 17 min
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Derecho natural, historia y razones para actuar Rafael Ramis Barceló La contribución de Alasdair MacIntyre al pensamiento jurídico

Derecho natural, historia y razones para actuar

Derecho natural, historia y razones para actuar La contribución de Alasdair MacIntyre al pensamiento jurídico Rafael Ramis Barceló UNIVERSIDAD CARLOS III DE MADRID

Índice

3. LA ÉTICA: ENTRE LA HISTORIA, LA POLÍTICA Y LA CIEN- 4.1.1. El fracaso del proyecto ilustrado y sus consecuen- 4.1.4. Recapitulación: el derecho natural y los desacuer- 4.3.2. La justicia en la tradición aristotélico-tomista . . . . 5.1. Razones para la acción, dilemas morales y derecho natural 5.1.2. Narrative Ethics, Virtue Ethics and Natural Law . .

5.1.3. Plain Persons and Moral Philosophy: Rules, Vir- 5.1.4. Community, Law, and the Idiom and Rhetoric of 5.2.1. La (débil) conexión con la filosofía política y la teo- 5.3.2. Una breve consideración sobre Dependent Ratio- 5.4.3. “Theories of Natural Law in the Culture of Ad- 6. LA HISTORIA DEL DERECHO NATURAL: TEOLOGÍA, FI- 6.1. “How Can We Learn What Veritatis Splendor Has to Teach?” 6.2. “Laws, Goods, and Virtues: Medieval Resources for Modern 6.2.1. “Natural Law as Subversive: The Case of Aquinas” 6.2.2. “Natural Law against the nation-state: or the possibility of the common good against the actuality of the 6.2.3. “The Virtues of Practice Against the Efficency of 6.3.1. Tomás de Aquino como centro de la tradición ca-

6.5. “Danish Ethical Demands and French Common Goods:

PrefaciO Alasdair MacIntyre es un autor conocido y reconocido en el ámbito de la Filosofía, en particular entre los cultivadores de la Filosofía moral y política. Su dominio del derecho, a diferencia de otras disciplinas, es más bien tangencial, aunque no puede decirse lo mismo de los fundamentos históricos, filosóficos, sociológicos y politológicos del derecho. De hecho, esta es, tal vez, la mayor riqueza de la obra del profesor escocés, pero también su mayor dificultad, pues exige del jurista variados conocimientos interdisciplinares y no pocas nociones de metodología de las ciencias sociales. MacIntyre puede resultar inasible para muchos lec - tores que, por lo general, bien acaban por plegarse a sus juicios, o bien los tachan de cambiantes y desordenados.

Cabe decir, como rasgo general, que Alasdair MacIntyre es un filósofo muy singular, si se le compara con otros miembros de su generación: en su biografía conviven –y a veces, coexisten– los rasgos más sobresalientes de las tradiciones analítica, marxista y continental que, salvando las distancias, definen los intereses filosóficos del siglo XX. En MacIntyre se puede ver, en toda su riqueza y también en su crudeza, los avatares de la filosofía del siglo XX, así como también la falta de diálogo entre tres tradiciones que, con contadas excepciones, se han ido encerrando en un ámbito cada vez más dogmático e hiperespecializado. Creo que el profesor escocés tiene casi siempre las mismas preocupaciones, pero su vasto repertorio de métodos y disciplinas hace que se encuentren en un proceso continuo de cambio: es un motto perpetuo, una continua indagación en las mismas cuestiones, desde ángulos distintos y haciendo frente a las respuestas de sus amigos, compañeros y detractores. Su evolución filosófica puede resumirse mostrando que desde joven ha sido un autor protoaristotélico, aunque primero lo fue de manera más inconsciente, y después de forma más deliberada. Su transición hacia el tomismo no es sino un modo particular de avanzar en su visión protoaristotélica y de enriquecer unas ideas que ya estaban in nuce en los años sesenta y setenta, tal y como podrá verse en los capítulos siguientes. El libro intenta mostrar que MacIntyre no puede tratar temas jurídicos hasta que consigue resolver el problema de las razones para actuar. Parte de un respeto escrupuloso hacia la metodología analítica y hacia la filosofía de Kant, que separa conocimiento y decisión, ser y deber ser, razón teórica y razón práctica. Toda la obra de juventud está destinada a mostrar que dicha escisión puede superarse desde los presupuestos de la tradición filosófica prekantiana (de Sócrates a Hume) o bien desde la postkantiana (Hegel y Marx).

Descartada la última por su reduccionismo explicativo, sólo queda la primera. MacIntyre se dedica a mostrar como (casi) todos los autores desde Sócrates hasta Hume piensan sobre el hombre de carne y hueso, sujeto a deliberaciones, pasiones o afectos, que constituyen un antecedente explicativo de su acción. Para el escocés, todos estos filósofos defienden que la razón humana delibera, razona o siente y que es capaz de explicar sus actuaciones a través de estos antecedentes.

Desde Kant, todos estos antecedentes existen, pero no deben tomarse en cuenta a la hora de explicar la actuación. El sujeto debe ser totalmente libre de cualquier antecedente que pueda influir en su decisión y ésta debe tomarse en base a criterios meramente formales, tales como el imperativo categórico o las máximas de la experiencia que, en su caso, lo desarrollan.

MacIntyre se opone a esta filosofía de cuño subjetivista, porque considera que a partir de Kant y de Reid (hacia 1780) el discurso filosófico empieza a perder como referente al ser humano de carne y hueso y toma como punto de discusión al sujeto trascendental, de manera que la antropología y la psicología no versan sobre un ser humano real y existente, sino sobre un sujeto inexistente.

De ahí que es necesario entender el problema de las razones para la acción como una cuestión que debe tratarse desde un punto de vista analítico e histórico a la vez. En los capítulos 1 y 2 de este libro se analiza la cuestión de las razones para la acción como la pregunta principal que MacIntyre intenta contestar a lo largo de su juventud. El análisis de la obra de Hume, de Marx y de los filósofos analíticos del siglo XX permite encontrar una serie de antecedentes que cristalizan en su formulación de la ética y del derecho natural.

En concreto, las obras de Anscombe, Von Wright y Hart permiten a MacIntyre una aproximación a una tertia via entre Wittgenstein y Aristóteles que acaba siendo el centro de su filosofía de la acción y la clave para encontrar finalmente unas razones para actuar en la búsqueda de los “bienes internos a las prácticas”, tal y como puede verse en los capítulos 3 y 4. Mientras tanto, MacIntyre historiza el problema de las razones para actuar y busca en él la respuesta a la pregunta de por qué ha desaparecido la virtud. El segundo capítulo de este libro da cuenta de esa búsqueda y de la identificación del liberalismo como el culpable de la pérdida de una ética material, sustituyéndola por una concepción formalista. De la ética formalista surge una justicia también formalista, meramente política y que no alcanza a resolver los desacuerdos morales, sino a través de la proliferación legislativa.

After virtue, su obra más conocida, acaba sosteniendo estas ideas elaboradas durante los años setenta y mostrando que si la combinación entre el proceso ilustrado y el liberalismo ha sido un fracaso, cabe volver al aristotelismo como ética de la virtud. En ella la justicia es una virtud ética y exige la presencia de un derecho natural que ponga las bases normativas de una justicia que opera conforme a los “bienes internos” de las prácticas.

MacIntyre rápidamente deja esta visión aristotélica basada en la excelencia, para dar paso a una concepción más amplia de la ética, de la justicia y del derecho natural, fundamentada en Santo Tomás. Para el Aquinate, el catálogo de las virtudes no sólo está pensado para la exce - lencia, sino para abarcar también muchos aspectos más de la vida de las personas, entre ellos, su debilidad, fragilidad… Así, la justicia pasa a des - componerse en una gran multitud de virtudes como la humildad, la fidelidad, la misericordia, etc.

Esta visión, asociada a la idea wittgensteiniana de las prácticas, da lugar a una concepción del derecho natural en la que, en vez de seguir el intelectualismo aristotélico-tomista, busca un naturalismo menos cognoscitivista, fundamentado en las costumbres y en el sentido común. Estas ideas de Wittgenstein, asociadas a otras de Hart, hacen que MacIntyre no siga la senda típica del tomismo analítico, sino que se sitúe muy cerca de Maritain.

En los capítulos 5 y 6 del libro se examinan con detalle sus argumentos y al final, en un diálogo con las tesis del autor, se plantean una serie de problemas que tiene la tensión entre Wittgenstein y la tradición aristotélico-tomista. Si MacIntyre es un crítico perspicaz de los demás filósofos, su concepción del derecho natural resulta problemática, aunque presenta un conjunto de ideas interesantes que tal vez puedan ser desa - rrolladas por él mismo (o por sus discípulos) en el futuro. MacIntyre descuella tanto como filósofo moral como historiador de las ideas jurídicas y políticas. De ahí que esta obra, pese a su clara orientación filosófica, muestre las facetas del escocés como filósofo moral, filósofo del derecho e historiador de las ideas jurídicas. El historicismo, cada vez más acusado en su obra, sirve para perfilar con gran agudeza algunos temas candentes para el filósofo y para el historiador del derecho: la génesis del Estado moderno, los problemas del “Estado-Nación”, los “derechos humanos” y su relación con el derecho natural… De ahí que los destinatarios de este libro sean preferentemente tres: los especialistas en filosofía moral, en filosofía del derecho y en historia del derecho. Asimismo, por sus conexiones y ramificaciones, los politólogos y sociólogos pueden encontrar en esta obra abundantes reflexiones sobre la génesis política y social del derecho y del Estado de nuestros días. Los seis capítulos de este libro pretenden ser la reconstrucción del pensamiento jurídico de MacIntyre. En ellos se encuentra una exposición ordenada de las ideas que se hallan diseminadas en sus trabajos. He procurado separar la presentación de su obra y la crítica a la misma, que se encuentra en el diálogo final.

Este diálogo representa una reconsideración crítica de algunas ideas de MacIntyre. Si a lo largo de los seis capítulos intento ser muy descriptivo y no insertar mis propios comentarios más que cuando es imprescindible hacerlo, el diálogo intenta conversar constructivamente con MacIntyre apuntando algunas ideas que considero insuficientemente argumentadas, así como también destacando los puntos fuertes de su discurso.

Como podrá verse en el diálogo final y en las conclusiones, creo que MacIntyre tiene una visión global sobre el derecho natural, pero no está totalmente cerrada ni es completamente coherente, sino que deviene un conjunto de propuestas de interés, que tienen que matizarse, revisarse y concretarse más. Creo, con todo, que en ellas apunta hacia sendas que van a cobrar relevancia en las próximas décadas, en las que se tendrá que repensar la importancia del derecho natural, el valor material de la justicia y la manera de resolver materialmente los desacuerdos morales en sociedades cada vez más heterogéneas y multiculturales. Entre los aspectos más estilísticos cabe decir que, para evitar posibles interpretaciones erróneas, he preferido una lectura diacrónica de sus obras, tal y como se explica en el capítulo 1. Soy consciente de que resulta más monótona para el lector, pero también que permite una aproximación progresiva hacia las ideas jurídicas de MacIntyre, y que le ayuda a formarse una visión completa de las fuentes que maneja y de los debates en los que participa. He dejado las citas literales en inglés, extremo que puede facilitar la lectura del libro a personas no procedentes del área hispanohablante. En muy contados casos (en general, cuando la cita no era suficientemente extensa) he traducido algunas frases al español. Cabe decir, por último, que no utilizo las abreviaturas idem o ibidem, pues, habida cuenta de la gran cantidad de notas, he visto que puede resultar liosa para el lector. En los pocos casos en los que ya he citado la obra y sólo quiero recordarla sin referirme a ninguna página en concreto, uso cit. ibidem. Salvo esta excepción, cito in extenso y en cada caso el título de las obras (libros, artículos o recensiones) que comento. Si este libro tuviese un título ajustado a la realidad de lo que el lector va a encontrar en los capítulos siguientes, debería titularse “materiales para la reconstrucción y para el debate de las ideas de MacIntyre sobre la teoría de la acción, la justicia y el derecho natural”, un título más propio del siglo XVII que del siglo XXI.

El escocés es un autor que cada vez se ha ido aproximando más a la idea de derecho natural, pero sus escritos más elaborados sobre el tema se han desarrollado en la última década. Es, por lo tanto, un libro escrito desde la inmediatez y entendido, siempre precaria y provisionalmente, como “a work in progress”, calificativo en el que MacIntyre y yo hemos convenido.

Cierro mi estudio en 2010, consciente de que éste es un libro “pour provision”, en el sentido más cartesiano de la expresión. Estoy convencido de que a medida que transcurra el tiempo, muchas interpretaciones que aquí he sostenido tendrán que matizarse y corregirse. Sin duda, tendrá que ser revisada a la luz de los escritos que MacIntyre sigue elaborando y de la distancia hermenéutica que requiere todo trabajo de esta envergadura. * En el apartado de los agradecimientos procuraré ser deliberadamente muy breve, pues en caso contrario correría el peligro de que se convirtiera en un capítulo más largo que cualquiera de los siguientes. Este libro es el fruto principal de mi tesis doctoral, dirigida por el profesor Josep Maria Vilajosana, y defendida en la Facultad de Derecho de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona el día 10 de octubre de 2011 ante un tribunal formado por los profesores Ernesto Garzón Valdés, Alfonso Ruiz Miguel y José Juan Moreso.

Josep Maria Vilajosana tuvo el acierto de indicarme el interés que le suscitaba la obra de MacIntyre, pues había leído algunos trabajos de este autor y le parecía que debía estudiarse a fondo la conexión de su obra moral con el derecho. El primer agradecimiento, por lo tanto, corresponde a mi director de tesis, pues con su amistad y afecto me ha apoyado y ayudado de mil maneras desde el primer día en que nos conocimos. Sus propuestas siempre han sido constructivas y me dio desde el principio una libertad investigadora que pocos me hubiesen permitido. Por todas estas razones, no hubiera podido tener un director mejor. El profesor José Juan Moreso me mostró desde el primer momento su predisposición para incorporarme al Departamento de Derecho y al grupo de investigación de filosofía jurídica de la Universitat Pompeu Fabra. Ambas cosas, y también su comprensión en momentos decisivos son detalles que siempre agradeceré.

Estoy también en deuda con mis compañeros del área de Filosofía del Derecho de la Universitat Pompeu Fabra, que –de maneras diversas– han contribuido a mi aprendizaje: Ricardo Caracciolo, Alberto Carrio, Paula Casal, Ricardo Cueva, Marisa Iglesias, Alfred Font, Jorge Malem, Josep Lluís Martí, David Martínez Zorrilla, Leticia Morales, José Ezequiel Páez, Diego M. Papayannis, José Luis Pérez Triviño, Jahel Queralt, Lorena Ramírez, Laura Roth, Hugo Seleme y Neus Torbisco. En particular, quisiera agradecer los buenos consejos que me dieron los profesores Jorge Malem y José Luis Pérez Triviño en el acto de la lectura del trabajo de Master. Asimismo en la comisión de doctorado de la UPF recibí de nuevo los valiosos consejos de los profesores Malem, Antoni Rubí y Aida Torres. Los seminarios del profesor Ernesto Garzón –un raro lujo– permitieron robustecer mi contacto con las fuentes clásicas y contemporáneas de la filosofía jurídica. Tengo que mencionar la deuda contraída con el profesor Tomàs de Montagut, quien, a partir de sus enseñanzas sobre “Historia del pensamiento jurídico”, supo atraer mi atención hasta la línea de trabajo interdisciplinar entre la historia, la filosofía y el derecho. Por sus atenciones también merecen una mención los compañeros del área de Historia del Derecho de la UPF: Montserrat Bajet, Josep Capdeferro, Elena Roselló y Alfons Aragoneses, así como los otros integrantes del Seminario Josep M. Font i Rius. Los profesores de la Universidad de Girona –en particular los visitantes en la UPF– me han ayudado con su amabilidad y buenos consejos.

También los profesores de la Universidad de Barcelona me han estimulado siempre. Agradezco de corazón la ayuda que me ha brindado incesantemente el profesor Víctor Méndez Baiges, cuyo magisterio –des - de el primer día en la Facultad de Derecho– ha sido tan cercano y riguroso como constante y dadivoso. Mención especial merecen los profesores Ricardo García Manrique, Carmelo Gómez y Xavier Pedrol, así como Héctor Silveira, de la Universitat de Lleida, que guiaron con acierto y con afecto mis primeros pasos en la Academia.

El profesor Juan Valero me enseñó todo el griego que sé y me ayudó a desentrañar muchos textos que MacIntyre comenta. Sus consejos sobrepasan lo que un maestro suele dar a un discípulo. Estoy en deuda con el profesor Alfonso Ruiz Miguel, que me ha dispensado siempre un trato cordial y familiar y ha leído muchos escritos que le he mandado. Sus observaciones, y en particular las que hizo en la lectura de tesis, me han resultado de gran provecho. Asimismo muestro mi gratitud hacia el profesor Josep-Ignasi Saranyana, quien me ha aconsejado con sabiduría. Agradezco también a mis compañeros de la Universitat de les Illes Balears su apoyo, y en particular su ayuda para obtener una licencia de estudios para desplazarme a la London Metropolitan University. El profesor Antonio Planas Rosselló, con su discreto y elegante savoir faire, me dio todo tipo de facilidades para concluir la tesis, sin dejar de pensar y trabajar conjuntamente en nuevos horizontes. Su generosidad y apoyo constituyen una deuda impagable.

El Dr. David Lorenzo me ayudó mucho en la recopilación de escritos macintyerianos. La profesora Margarita Mauri y su discípulo Ignasi Llobera me facilitaron algunos escritos en la fase final de redacción de la tesis. El profesor Manuel Fraijó, que guió sabiamente mis estudios sobre filosofía de la religión, supervisó mis estudios sobre ética y religión en el joven MacIntyre y, posteriormente, el examen de su relación con Grisez. El profesor Carlos Gómez orientó y revisó con su habitual elegancia mis incipientes trabajos sobre MacIntyre y el psicoanálisis, y la profesora Amelia Valcárcel me hizo algunas útiles indicaciones sobre la concepción ética y política del joven MacIntyre. A todos ellos, mi cordial gratitud. Agradezco, ahora más que nunca la ayuda que, desde Cambridge, me dispensó en un primer momento el Dr. Émile Perreau-Saussine, a quien se llevó una cruel e inesperada enfermedad en 2010, contando sólo con treinta y siete años. Con el infausto suceso se truncaron algunos proyectos comunes a medio plazo que, tal vez, algún día me anime a emprender individualmente. La casualidad, en forma de petición de comentario bibliográfico, me dio a conocer The Development of Ethics del profesor Terence Irwin. Dicha obra supuso una alethéia en mi interpretación de la historia de la ética y su influencia en la tesis es notoria. La amabilidad con la que este profesor oxioniense ha ido respondiendo a mis preguntas es digna del mayor encomio. Agradezco también los consejos y las críticas de la Dra. Maris Köpcke, de la Universidad de Oxford. Estoy en deuda con el Dr. Kelvin Knight, director del CASEP de la Facultad de Derecho de la London Metropolitan University. Me facilitó no sólo la posibilidad de intercambiar opiniones con distinguidos profeso - res británicos a través de mi estadía en el centro como Visiting Research Scholar, sino que me aconsejó doctamente en muchas cuestiones. Mustafa Ongun y Kim Redgrave me acogieron cálidamente en la London Met y me dieron valiosos consejos, no sólo académicos.

Un apartado muy especial merece el profesor MacIntyre, a quien debo agradecerle la lectura minuciosa y detallada de todos los materiales que le envié y la paciencia que tuvo cuando mi depauperado inglés no alcanzaba a ilustrar las ideas que quería transmitirle. Espero que haya perdonado que un jovencito inexperto como yo acudiese a verle, en contra las buenas costumbres, con tantas pegas y observaciones. La juventud es atrevida, pero las críticas no están reñidas con el afecto y con la admira - ción intelectual.

Tuve la oportunidad de exponer algunas de las ideas que se contienen en este libro en el Congreso Mundial de Filosofía del Derecho, celebrado en Frankfurt durante el mes de Agosto de 2011. Participé en el workshop sobre derecho natural gracias a la invitación del profesor Francisco J. Contreras, cuya confianza y amistad debo agradecer siempre. En Frankfurt pude recibir consejos e intercambiar impresiones con los profesores Fernando Llano, Ana Marcos del Cano, Oscar Pérez de la Fuente, Marta Albert, Javier Blázquez, José Manuel Cabra, María Elósegui, Andrés Ollero, Aurelio de Prada, Ignacio Sánchez, Raúl Sanz, José A. Santos, José A. Seoane y Caridad Velarde.

Estoy en deuda muy especialmente con los profesores Manuel Atienza, Jesús Vega y Victoria Roca. Me dieron la oportunidad de exponer mis ideas en el afamado seminario iusfilosófico de la Universidad de Alicante. Allí recibí recomendaciones y sugerencias de gran valor por parte de los concurrentes, entre los que cabe destacar también a los profesores Juan Ruiz Manero, Josep Aguiló, Ángeles Ródenas e Isabel Lifante. La tesis fue escrita entre Barcelona, Mallorca y Londres. El jovial bullicio del Colegio Mayor Penyafort, unos pocos lugares retirados en la Illa de la Calma y algunas conversaciones londinenses –entre sandwiches y tazas de té– permitieron una gestación lenta y entrecortada, pero también provechosa por lo mucho que he ido aprendiendo (y sigo aprendiendo) durante este caminar a la vera de MacIntyre.

Del Colegio Mayor debo agradecer el apoyo de la Dirección y de tantos colegiales y amigos que no puedo nombrar aquí. Con todo, quede constancia de mi agradecimiento a José M. Bermudo, Montse Lavado, Oscar Flores y Alejandro González, con los que compartí –codo con codo– mucha responsabilidad, pero también momentos francamente inolvidables.

El profesor Manuel Martínez Neira –director de la colección que alberga el presente libro– merece un agradecimiento muy especial. Desde que nos conocimos ha ido depositando una confianza –casi ciega– en mis trabajos: entre otras muchas cosas, son impagables las facilidades que me ha proporcionado para publicar tanto éste como otros escritos. Aunque tal vez no todos los que lo merecen hayan sido mencionados con los adjetivos adecuados, agradezco sinceramente la ayuda de quienes, con sus palabras o con sus silencios, me ayudaron en todos los lugares que he indicado antes. En este sentido, cómo no, mis padres son –desde siempre– por su abnegada ayuda y su cariño, los que merecen la más afectuosa dedicatoria de éste y de todos los trabajos que voy escribiendo.

Ca Na Mira, Pòrtol, 28 de Enero de 2012.

eTaPas, MéTOdO y PrObleMas Este primer capítulo está centrado en la exposición del pensamiento de MacIntyre al hilo de su biografía. Pretende ser una visión general de su obra, con independencia del tema de la filosofía del derecho. Salvo algunos casos específicos (filosofía analítica, marxismo, iusnaturalismo analítico…), no me detendré en una exposición de conjunto de cada corriente ideológica en la que participa MacIntyre, sino que creo que es suficiente con lo apuntado en éste.

En primer lugar, intentaré estudiar la periodificación de su obra y apuntar la tesis de que no existen grandes diferencias entre las conclusiones de la juventud y de la madurez en su obra. Pese al testimonio que ofrece en los últimos años, MacIntyre es un pensador que se encuentra siempre más cómodo en los referentes de la Antigüedad que de la Modernidad, y en su obra aparece un acuerdo permanente con las líneas básicas del pensamiento griego de Sócrates a Aristóteles. Seguidamente, pasaré a mencionar brevemente las influencias que MacIntyre recibe durante toda su carrera, aludiendo a su búsqueda incesante de fuentes, autores y corrientes para responder a sus interrogantes. Por último, me referiré a la metodología de estudio a lo largo de toda la tesis. 1.1. Periodificación del pensamiento de MacIntyre En una publicación de la década de los noventa, MacIntyre resumió su trayectoria biográfica1 e intelectual de la siguiente forma: 1 La mayoría de estudios biográficos sobre MacIntyre se centran en tres entre-

“My ancestry is Scots and Irish. I have taught in British universities and, from 1970, in American ones, most recently at Notre Dame 1988-94, and from 1995 at Duke University. My philosophical development has had three stages. Until 1970 my work had an eclectic quality, sometimes fruitfully, sometimes less so. My interest in questions about the truth of the tenets of orthodox Christianity and of Marxism was in tension with what I had learned –often inadequately– from Frege and Wittgenstein. I thought it philosophically important to study concepts in context as socially and historically embodied in activities and practices. My work in this period was published in A Short History of Ethics 1966 and the es - says in Against the Self images of the Age 1971.

In an interim period I became aware of the defects of the Short History, while also working out further the critique which had underpinned his rejection of Marxism. This rejection did not entail any change in my negative view of late twen - tieth-century bureaucratized consumer capitalism and the liberal individualism which is its dominant ideology. What did change was my view of how the moral philosophy which informs that ideology had been generated of the fragmentation of an older moral tradition concerning human goods, virtues and the social relationships in and through which goods can be pursued, of which the classical expression is the ethics of Aristotle. I also returned to the problems of rational theology, both in metaphysics and in discussion of the relation between Christian theism and modem secular societies.

The first of these lines of enquiry resulted in After Virtue 1981 (2nd edn 1984). The two lines of enquiry together resulted in a recognition that it is from the standpoint of a thomistic aristotelianism which is able to learn from the central debates of recent philosophy, that the issues confronting contemporary moral philosophy can best be understood. I have continued the project initiated in After Virtue of considering how one particular tradition of moral enquiry may succeed or fail in vindicating its claims to rational superiority over its rivals, both in Whose Justice? Which Rationality? 1988 and in Three Rival Versions of Moral Enquiry 1990. This made it necessary for me to pay particular attention to the adequacy or otherwise of different conceptions of rationality, incommensurability and, especially, truth. My work in progress focuses on these issues in two very vistas que el filósofo concedió en los años noventa: “An interview with Alasadair MacIntyre”, Cogito, 5 (1991), pp. 67-73, y “Nietzsche or Aristotle?” en The American Philosopher: Conversations with Quine, Davidson, Putnam, Nozick, Danto, Rorty, Cavell, MacIntyre, and Kuhn, entrevistado por G. Borradori Chicago (University of Chicago Press, 1994), pp. 137-52, reproducida también en K. Knight, The MacIntyre reader (Indiana, University of Notre Dame, 1998) por la que citaré, y la entrevista con D. Nikulin, “Wahre Selbsterkenntnis durch Verstehen unserer selbst aus der Perspektive anderer”, Deutsche Zeitschrift für Philosophie, 44 (1996), pp. 671-683, que citaré por una traducción inglesa.

different contexts: that of Aquinas’s treatment of truthfulness; and that provided of a study of Edith Stein and Heidegger2”.

Estas palabras explican, según su testimonio personal, las tres etapas de su pensamiento filosófico. Antes de conocerlas y explicar detenidamente cada una de ellas, conviene hacer un somero apunte biográfico de los primeros años del autor, de modo que puedan entenderse mejor sus orígenes familiares y su formación intelectual.

Alasdair Chalmers MacIntyre nace el 12 de Enero de 1929 en Glasgow en el seno de una familia acomodada, de tradición presbiteriana. Su enseñanza primaria discurre en Irlanda del Norte, donde recibió mucho influjo de la cultura gaélica, el cual se le transmite fundamentalmente a través de historias épicas tradicionales 3. Estas historias tienen, como explica el propio MacIntyre, un importante contrapunto en la mentalidad burguesa, que acentúa los rasgos individualistas. La bicefalia entre dos mundos es un importante precedente que permanecerá durante bue - na parte de su vida. Éste es el testimonio autobiográfico que ha querido transmitir en su madurez intelectual. Asimismo, el autor destaca su admiración y añoranza por la comunidad rural y la tradición local, en la que se compartían una serie de valores arraigados: “Long before I was old enough to study philosophy I had the philosophical good fortune to be educated in two antagonistic systems of belief and attitude. On the one hand, my early imagination was engrossed by a Gaelic oral culture of farmers and fishermen, poets and storytellers, a culture that was in large part already lost, but to which some of the older people I knew still belonged with pan of themselves. What mattered in this culture were particular loyalties and ties to kinship and land. To be just was to play one’s assigned role in the life of one’s local community. Each person’s identity derived from the person’s place in their community and in the conflicts and arguments that constituted its ongoing (or of Véase T. Mautner (ed.) [A Philosophical Self-portrait], A Dictionary of Philosophy by (Oxford, Blackwell, 1995) p. 252.

Algunos resúmenes interesantes sobre la formación intelectual de MacIntyre son: “A short history of Alasdair MacIntyre” en C. S. Lutz, Tradition in the ethics of Alasdair MacIntyre. Relativism, Thomism and Philosophy (Lexington Books, 2004) y T. D. D’Andrea, Tradition, Rationality and Virtue, The Thought of Alasdair MacIntyre (London, Ashgate Publishing, 2006), pp. xvi y ss. En español, puede verse F. J. de la Torre Díaz, El modelo de diálogo intercultural de Alasdair MacIntyre (Dykinson, Madrid, 2001), pp. 16-19.

the time of my childhood no longer ongoing) history. Its concepts were conveyed through its histories. On the other hand, I was taught of other older people that learning to speak or to read Gaelic was an idle, antiquarian pastime, a waste of time for someone whose education was designed to enable him to pass those examinations that are the threshold of bourgeois life in the modern world”4. MacIntyre cursa los estudios universitarios en el Queen Mary College de Londres, lugar en el que perfecciona mucho el estudio de las Lenguas clásicas y las humanidades –principalmente, Filosofía, Historia y Literatura. A partir del año 1948 se vincula progresivamente a diferen - tes corrientes dentro del marxismo, con las que compartió su crítica al liberalismo. MacIntyre confiesa que por influencia de George Thompson, su profesor de Griego5, acaba afiliándose al Partido Comunista británico, adscribiéndose al ala trotskista. Su breve –pero intensa– singladura comunista está marcada por su creciente enfrentamiento con el oficialismo estalinista, hasta que, finalmente, es expulsado y pasa a formar parte de un grupo crítico en torno a la revista The New Reasoner . En 1949 acaba los estudios de cultura clásica y en el año 1951 obtiene el doctorado en Filosofía en la Universidad de Manchester6.

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