Orígenes de la novela, Tomo II (part 4 of 6)
[1080] G., y quedó jurando que si me tomaua en algun lugar o boluia más alli, que me acabaria; y ansí yo nunca más bolui allá.
[1081] G., aquellas falsarias.
[1082] G., en.
[1083] G, los saçerdotes y cleriçia.
[1084] G., andauan paseandose por alli, y otros cantando en el coro.
[1085] G. Marauillauame que.
[1086] G, imitassen.
[1087] G., tienen en la montaña.
[1088] G., escriue Luçiano.
[1089] G., ximios o monas, y para esto los vistio todos de grana, y andando vn dia metidos en el teatro en su dança con vn maestro de aquel exerçiçio al qual los encomendó, se allegó a lo ver vn philosopho que conoçia bien el natural de aquel animalexo y echóles vnas nuezes en el medio del corro donde andauan dançando, y los ximios como conoçieron ser nuezes, fruta apropriada a su golosina, desamparando el teatro, corro y maestro se dieron a tomar de la fruta.
[1090] G., no dezia missa en todo el año, y que se mantenia él y vna gran familia que tenía, de la renta de su dignidad.
[1091] G., añade: que dezian ser arçediano.
[1092] G., haziendole.
[1093] G., podais.
[1094] y ansi nos salimos.
[1095] G., a su compañia.
[1096] G., passando.
[1097] G., no açertar a la casa de la verdad.
[1098] G., prision y carçel.
[1099] G., contar.
[1100] G., herirla.
[1101] G., nosotros la dauamos.
ARGUMENTO DEL DEÇIMO NONO CANTO[1102]
En el deçimo nono canto que se sigue el auctor trata del trabajo y meseria que ay en el palaçio y seruiçio de los prinçipes y señores, y reprehende a todos aquellos que teniendo alguna habilidad para algun offiçio en que ocupar su vida, se priban de su bienauenturada libertad que naturaleza les dio, y por viuir en viçios y profanidad se subjetan al seruiçio de algun Señor.
GALLO. MIÇILO.
GALLO.--Muchas son las cosas, o ¡Miçilo! que en breue te he narrado, en diuersos estados de la vida aconteçidas. Caydas y leuantamientos, yerros, engaños de todas las condiçiones de los hombres, las quales como honbre esperimentado te lo he con palabras trabajado pintar, tanto que en algunos aconteçimientos te ha pareçido estar presente, por te conplazer y agradar, y por hazer el trabajo de tu vida que con tu flaqueza se pudiese compadeçer; y ya querria que me dixesses qué te pareçe de quanto te he mostrado, quanto sea verdad el tema de mi dezir que tomé por fundamento para te probar quanto esté corrompida la regla y orden de vibir en los honbres y quan torçido vaya todo el comun. Deseo agora de ti saber quál es el estado que en el mundo te pareçe más contento y más feliz, y de dónde se podria dezir que mi thema, fundamento y proposiçion tenga menos cabida y de que no se pueda de todo en todo verificar. Habla, yo te ruego, tu pareçer: porque si por falta de esperiençia te pareçiere a ti que de algun estado no se pueda con justa razon dezir, yo trabajaré como bien esperimentado de te desengañar; y quiero que oy passemos en nuestra conuersaçion mostrandote que ya en el mundo no aya estado ni lugar que no esté deprabado, y en que el honbre pueda parar sin peligro y corroto de su viuir.
MIÇILO.--Por çierto, gallo, yo puedo con gran razon gloriarme de mi feliçidad, pues entre todos los mortales alcançé tenerte a ti en mi familiar conuersaçion, lo qual tengo por pronostico de mi futura beatitud. No puedo sino engrandeçer tu gran liberalidad, de la qual has comigo vsado hasta aqui, y me admira tu esperiençia y gran saber, y prinçipalmente aquella eloquençia con que tantas y tan diuersas cosas me has narrado; en tanta manera que a todas me has hecho tan presente como si passaran por mí. He visto muy bastantemente la verdad de tu thema y proposiçion, en que propusiste probar todos los honbres tener engaño y en ningun estado auer rectitud. Preguntasme agora te diga qué dubda o perplegidad aya en mi spiritu de que me puedas satisfazer. Çiertamente te quiero confesar vn pensamiento notable que tuue desde mi juuentud; y; avn agora no estoy libre dél; y es que siempre me admiró el estado de los ricos y poderosos prinçipes y señores del mundo; no solamente estimandolos en mi coraçon a ellos por bienauenturados como a poseedores y señores de aquellas riquezas, aparatos y familias que poseyan[1103], pero aun me tuuiera por bienauenturado si como ministro y criado de alguno de aquellos mereçiera yo frequentar su familiaridad, seruiçio y conuersaçion. Porque aunque no estuuiera yo en el punto de la bienauenturança que ellos tienen como poseedores y señores, a lo menos me contentara si por criado y apaniguado yo pudiera gozar de aquella poca feliçidad y contento que dan aquellos aparatos y riquezas a solo el que los ve; y lo mesmo tengo agora, en tanta manera, que si me faltasses a me entretener la vida miserable que padezco me yria para allá, prinçipalmente viendome tan perseguido de pobreza que me pareçe muchas vezes, que viuir en ella no es vibir, pero muy miserable muerte[1104], y me ternia por muy contento si la muerte me quisiesse lleuar antes que passar en pobreza acá.
GALLO.--Admirado me has, ¡o Miçilo! quando auiendote mostrado hasta agora tanta diuersidad de cosas y los grandes infortunios que esten anejos y como naturales a todos los estados de los honbres, a solo el de los ricos tienes inclinada la afiçion, a los quales el trabajo es tan natural; y más me marauillo quando quexandote de tu estado feliçissimo diçes que por huyr de la pobreza ternias por bien trocar tu libertad y nobleza de señor en que agora estás por la seruidumbre y captiuerio a que se someten los que viuen de salario y merçed de algun rico señor; yo condeno este tu deseo y pensamiento por el mas herrado y miserable que en el mundo ay, y ansi confio que tu mesmo te juzgaras por tal quando me acabes de oyr. Porque en la verdad yo en otro tiempo fue desa tu opinion, y por experiençia lo gusté y me subjeté a esa miseria; y te hago saber, por el Criador, que acordarme agora de lo que en aquel estado padeçí se me vienen las lagrimas a los ojos, y de tristeza se me aflixe el coraçon, como de acordarme[1105] de auerme visto en vna muy triste y profunda carçel, donde todos los dias y noches aherrojado en grandes prisiones, en lo obscuro y muy hondo de vna torre, amarrrado de garganta, de manos y pies passé en lagrimas y dolor; ansi aborrezco acordarme de aquel tienpo que como sieruo subjete a señor mi libertad; que se me espeluçan los cabellos, y me tienblan los mienbros como si me acordasse agora de vna gran tenpestad en que en el golfo de Ingalaterra, y otra que en el archipielago de Greçia en otro tienpo passé. Quando me acuerdo de aquella contrariedad de los vientos que de todas partes nos herian el nauio, el mastel y antena roto y las velas echadas al mar, ya sin remo ni gouernalle ni juizio que lo pudiesse regir. Vernos subir vna vez por vna ola que por una gran montaña de agua nos lleuaua a las estrellas, y despues desçendir a los abismos, y façilmente boluernos a cubrir de agua otra ola que venia por sobre puente y plaza del nauio como si ya sorbido el caxco nadaramos a pie por el mar. ¡Hay! que no lo puedo dezir sin sospiro; quando me acuerdo vernos yr con toda la furia que los vientos nos podian lleuar a enuestir con el nauio en vna muy alta roca que parecia fuera del agua, y por comiseraçion de Dios incharse tanto el mar, que cubierta la roca de agua fuemos lleuados por çima en gran cantidad sin alcançar a picar el nauio en ella. Por lo qual, ¡o Miçilo! porque no te puedas quexar en algun tienpo de mí, que te fue mal amigo y consejero, y que viendote inclinado a ese yerro y opinion no aconsejé bien descubriendote el veneno que en este miserable çeuo está ascondido, y el daño que despues de tragado el ançuelo tiene en sí la meluca y bocado que alli deseais comer. Mas antes quiero que teniendo el manxar en la boca bomites la sangre con el dolor antes que prendiendo la punta en el paladar miserablemente arroxes la vida[1106]. Antes que vengas en este peligro te quiero amonestar como amigo, descubriendote la perdiçion[1107] que en este miserable estado de sieruo está ascondido porque en ningun tienpo te puedas quexar de mí: y si lo que yo te dixere no fuere verdad, si lo probar quisieres, entonçes dirás con justa razon que soy el más fabuloso mentiroso que en el mundo ay, y no te fies otra vez de mí; y todo lo que en este proposito dixere quiero dezir prinçipalmente por ti, Miçilo, por satisfaçer a tu perplegidad; y despves quiero que tanbien entiendan por si todos quantos en el mundo son, los quales son dotados de naturaleza de alguna habilidad para aprender, o que saben ya algun arte mechanica, la qual tomada por officio cotidiano, trabajando a la contina se puedan mantener. O aquellos que en alguna manera se les comunicó por su buen natural alguna sçiençia, gramatica, rectorica, o philosophia. Estos tales mereçian ser escupidos y negados de su naturaleza si dexando el exerçiçio y ocupaçion destas sus sçiençias y artes que para la conseruaçion de su bienauenturada libertad les dio, si repudiada y echada de si se lançan en las casas de los prinçipes y ricos honbres a seruir por salario, preçio, xornal y merçed. Con solos aquellos no quiero al presente hablar que el vulgo llama truhanes, chocarreros, que tienen por offiçio lisonjear para sacar el preçio miserable. Que estos tales son locos, neçios, bobos: y porque sé que en los tales ha de aprouechar poco[1108] mi amonestaçion dexarlos he, pues naturaleza los dexó privados del sumo bien, que es de juiçio y razon con que pudiessen diçernir la verdad, y ansi pues ella los dexó por la hez y escoria de los honbres que crió, no la quiero con mi buen consejo al presente repugnar ni contradezir, corrrigiendo lo que ella a su proposito formó; y tanbien porque estos tales son tan inutiles y tan sin habilidad que si les quitassemos por alguna manera este su modo de viuir no restaua sino abrirles el sepulcro en que los enterrar; y ansi ellos por esta causa no les es alguna culpa ni injuria si afrontados y vituperados de sus señores sufren sin sentir con tal que les paguen su xornal vilissimo y interes. Viniendo pues al proposito de nuestra intinçion, harto pienso que haré oy, Miçilo, si con mi elocuençia destruyere aquellas fuertes razones que tienen a ti y a los semejantes secaçes, peruertida y conuençida vuestra intinçion; porque neçesariamente han de ser de doblada efficaçia las mias, pues a las vuestras tengo de echar de la posession y fortaleza en que estauan señoreadas hasta aqui, y deuo mostrar ser flacas y de ningun valor y que de aqui adelante no tengais los tales con qué os escusar, encubrir y defender. Quanto a lo primero dizes tú, Miçilo, ser tan brauo enemigo la pobreza en el animo generoso, que por no le poder sufrir te quieres acoger a los palaçios y casas de los poderosos y ricos honbres, en cuya seruidunbre te piensas enrriquezer viuiendo por merçed, preçio, y xornal. ¿Dizes esto, Miçilo?
MIÇILO.--Eso digo, gallo, ser ansi; y no solo yo, pero quantos honbres en el mundo ay.
GALLO.--Por çierto, Miçilo, ya que tienes aborreçida la pobreza en tanta manera que más querrias morir que en ella vibir; yo no hallo quanto remedio os sea para huyr della lançaros a la seruidunbre del palaçio, ni me fatigaria mucho en persuadir a los que esa vida seguis por remedio de vuestra neçesidad el valor y estima en que la propria libertad se deue tener. Pero si yo veo por experiençia que el palaçio no es a los tales menesterosos sino como vn xaraue, o flaca mediçina que algun medico da al enfermo por entretenerle en la vida quedando sienpre el fuego y furia[1109] de la enfermedad en su vigor, ansi que yo no podré apobrar vuestra opinion[1110]. ¿Si sienpre con el palaçio queda la pobreza, sienpre la neçesidad del reçebir, sienpre la ocasion del pedir y tomar? Si avn en aquel estado del palaçio nada ay entonces que se guarde, ninguna que sobre, ninguna que se reserue, pero todo lo que se da y que se reçibe, todo es menester para el ordinario gasto y avn sienpre falta y nunca la neçesidad suple lo que se reçibe[1111], por mejor se deuria tener, Miçilo, aueros quedado en vuestra pobreza con esperança que algun dia os alegrara la prospera fortuna, que no auer venido a estado y causas en que la pobreza se conserua y cria, y avn augmenta como es en la vida que por remedio escogeis. En verdad que el que viuiendo en seruidunbre le pareçe huyr la pobreza no puedo sino afirmar que grandemente a sí mesmo se engaña, pues sienpre veo al tal menesteroso y miserable y en neçesidad de pedir, y que le den.
MIÇILO.--Yo quiero, gallo, responder por mí y por aquellos que la neçesidad los trae a este vibir, con los quales comunicando muchas vezes con mucho gusto y plazer me solian dezir los fundamentos y razones con que apoyauan y defendian su opinion, que a muchos oy dezir que seguian aquella vida del palaçio porque a lo menos en ella no se temia la pobreza, pues que conforme a la costumbre de otros muchos honbres trabajauan auer su cotidiano mantenimiento de su industria y natural soliçitud, porque ya venidos a la vejez, quando las fuerças faltan por flaqueza o enfermedad, esperan tener alli en qué se poder mantener.
GALLO.--Pues veamos agora si esos dizen la verdad. Mas antes me pareçe que con mucho mayor trabajo ganan esos tales el mantenimiento que quantos en el mundo son. Porque lo que alli se gana hase de alcançar con ruegos; lo qual es más caro que todo el trabajo, sudor y preçio conque en el mundo se pueda comprar. Quanto más que avn quieren los señores que se trabaje y se sude el salario; y de cada dia se les augmentan dos mil negoçios y ocupaçiones[1112] para el cunplimiento de las[1113] quales no basta al honbre la natural salud y buena dispusiçion para los acabar[1114]; por lo qual es neçesario venir a enfermedad y flaqueza y cuando los señores[1115] sienten a sus criados que por su indispusiçion no los pueden seruir y abastar a sus negoçios los despiden de su seruiçio, casa y familia[1116]. De manera que claramente ves ser engañados por esa razon, pues les acarreó el palaçio más miseria, enfermedad y trabajo, lleuauan[1117] quando a él fueron.
MIÇILO.--Pues dime agora tú gallo; pues no te pareçe que los miseros como yo sin culpa podrian elegir y seguir aquella vida por gozar (siquiera) de aquel deleyte y contentamiento que da vibir en aquellas anchas y espaçiosas casas, habitaçion y morada de los dioses y de sola persona real? enhastiados y mohinos destas nuestras miserables y ahumadas choças que más son pozilgas de puercos que casas y habitaçion de honbres; y ansi mouidos[1118] someternos a su seruiçio, avnque no se goze alli de más que de la vista de aquellos marauillosos tesoros que estan en aquellos suntuosos aparadores de oro[1119] y de plata, bagillas y tapetes y otras admirables riquezas que entretienen al honbre con sola la vista en deleyte y contentamiento, y avn comiendo y beuiendo en ellos, casi en esperança de los comer y tragar?
GALLO.--Esto es, Miçilo, lo verdadero que primero se auia de dezir, que es causa prinçipal que mueue a los semejantes honbres a trocar su libertad por seruidumbre, que es la cobdiçia y ambiçion de solo gustar y ver las cosas profanas, demasiadas y superfluas; y no el ir a vuscar (como primero deçiades) lo neçesario y conueniente a vuestra miseria[1120], pues eso mejor se halla[1121] en vuestras choças y pobres[1122] casas aunque vaçias[1123] de tesoro, pero ricas por libertad, y esas esperanças que dezis que prometen los señores con la conuersaçion de su generosidad, digo que son esperanças vanas, y de semejante condiçion que las promesas con que el amante mançebo entretiene a su amiga, que nunca le falta vna esperança que la dar de algun suçeso, o herençia que le ha de venir, porque la vanidad de su amor, no piensa poderla conseruar sino con la vana esperança de que algun tienpo[1124] ha de tener grandes tesoros que la dar, y ansi ambos dos confiados de aquella vanidad llegan a la vejez mantenidos de solo el deleyte que aquella vana esperança les dio, abiertas las bocas hasta el morir, y se tienen estos por muy satisfechos porque gozaron de vn contentamiento que les entretubo el viuir, avnque con trabajo y miseria. Desta manera se an los que viben en el palaçio, y avn es de mejor condiçion la esperança destos miseros amantes que la de que se sustentan los que viuen de salario y merçed, porque aquellos permaneçen en su señorio y libertad, y estos no. Son como los compañeros de Ulixes, que transformados por Cyrçes en puercos rebolcandose en el suçio çieno estimauan en más gozar de aquel presente deleyte y miserable contentamiento que ser bueltos a su humano natural.
MIÇILO.--¿Y no te pareçe, gallo, que es gran feliçidad y cosa de gran[1125] estima y valor tener a la contina comunicaçion y familiaridad con ylustres, generosos prinçipes y señores, aunque del palaçio no se sacasse otro bien ni otro prouecho, ni otro interes?
GALLO.--Ha, ha, ha.
MIÇILO.--¿Y de qué te ries, gallo?
GALLO.--Porque nunca oí cosa más digna de reyr. Porque yo no ternia por cosa más vana que comunicar y asistir al Rey más prinçipal que en el mundo ay, si otro interes no se sacasse de alli: ¿pues no me sería igual trabajo en la vida que auer de guardar tanto tienpo aquel respeto, aquel sosiego y asiento, miramiento y seueridad que se deue tener ante la presençia y acatamiento de la gran magestad del Rey? Agora, pues que emos tratado de las causas que les traygan a estos a vibir en tal estado de seruidunbre[1126], vengamos agora a tratar los trabajos, afrentas y injurias que padeçen para ser por los señores elegidos en su seruiçio, y para ser preferidos a otros que estan oppuestos con el mesmo deseo al mesmo salario; y tanbien veremos lo que padeçen en el proçeso de aquella miserable vida, y al[1127] fin en que acaban[1128]. Quanto a lo primero es neçesario que si has de entrar a viuir con algun señor, que vn dia y otro vayas y vengas con gran continuaçion su casa, y que nunca te apartes de sus vmbrales y puerta, aunque te tengan por enojoso y importuno, y aunque con el rostro y con el dedo te lo den a ententer, y aunque te den con la puerta en los ojos no te has de enojar, mas antes has de disimular, y comprar con dineros al portero la memoria de tu[1129] nonbre, y que al llegar a la puerta no le seas importuno. Demas desto es nesçesario que te vistas de nueuo con más sumptuosidad y costa que lo sufren tus fuerças conforme a la magestad[1130] del señor que pretendes[1131] seruir. Para lo qual conuiene que, o vendas tu hazienda[1132], o te empeñes para delante pagar del salario[1133] si al presente no tienes qué vender, y con esto has de vestirte del color y corte que sepas que más vsas o le aplaze al señor[1134] porque en cosa ninguna no discrepes ni passes su voluntad, y tanbien has de mirar que le acompañes con gran cordura do quiera que fuere, y que mires si has de yr adelante, o detrás: en que lugar, o mano. Si has de yr entre los prinçipales, o con la trulla y comunidad de familia por hazer pompa y aparato de gente; y con todo esto has de sufrir con paçiençia aunque passen muchos dias sin que tu amo te quiera mirar a la cara, ni echarte de ver, y si alguna vez fueres tan dichoso que te quisiere mirar, si te llamare y te dixere qualquiera cosa que él quisiere, o se le viniere a la boca, entonçes verás te cubrir de vn gran sudor, y tomarte vna gran congoja, que se te çiegan los ojos de vna súbita turbaçion, prinçipalmente quando ves los que estan al rededor que se ryen viendo tu perplegidad y que mudo no sabes qué dezir. En tanta manera que a vna cosa que acaso te pregunta respondes vn gran disparate por verte cortado, lleno de empacho[1135]. Y a este embaraço de naturaleza llaman los virtuosos que delante estan verguença, y los desuergonçados lo llaman temor[1136] y los maliçiosos dizen que es neçedad y poca esperençia; y tú, miserable, quando has salido tan mal desta primera conuersaçion de tu señor quedas tan mohino y acobardado que de descontento te aborreçes, y despues de auerte fatigado muchos dias y auer passado muchas noches sin sueño con cuydado de asentar y salir con tu intinçion y quando ya has padeçido mil tormentos y aflicçiones, injurias y afrentas, y no por alcançar vn reyno en posesion, o vna çiudad, sino solamente vn pobre salario de çinco mil marauedis, ya que algun buen hado te faboreçio, al cabo de muchos dias vienen a informarse de ti y de tu habilidad[1137], y esta esperiençia que de tu persona[1138] se haze no pienses que le es poca vfaneza y presunçion al[1139] señor, porque le es gran gloria quererse seruir[1140] de honbres cuerdos y habiles[1141] para qualquiera cosa que se les encomiende; y avn te has de aparejar que han de hazer examen y informaçion de tu vida y costunbres. ¡O desuenturado de ti! que congojas te toman quando piensas si por maliçia de vn ruyn vezino que quiera informar de ti vna ruyn cosa, o que quando moço passó por ti alguna liuiana flaqueza, y por no te ver auentajado, por tener enuidia de tus padres, o linaje informa mal de ti, por lo qual estás en ventura, de ser desechado y excluido; y tanbien como acaso tengas algun opositor que pretenda lo que tú y te contradiga, es neçesario que con toda su diligencia rodee todas las cabas y muros por donde pueda contraminar y abatir tu fortaleza.
Este tal ha de examinarte la vida y descubrirte lo que esté muy oculto y enterrado por la antigüedad del tienpo[1142] y sabida alguna falta, o miseria, ha de procurar con toda su industria porque el Señor lo sepa. Que tengo por mayor el daño que resulta en tu persona saber el señor tu falta verdadera, o impuesta, que no el prouecho que podra resultar de seruirse de ti todos los dias de su vida. Considera ¡o Miçilo! al pobre ya viejo y barbado traerle en examen su cordura, su linaje, costunbres y ser; de lo que ha estudiado, qué sabe, qué ha aprendido; y si estaua en opinion de sabio hasta agora, y con ello cunplia, agora ha de mostrar lo que tiene verdadero. Agora, pues, pongamos que todo te suçeda bien y conforme a tu voluntad. Mostraste tu discreçion y habilidad[1143] y tus amigos, vezinos y parientes todos te faboreçieron y informaron de ti bien. El señor te reçibio; la muger te açepto; y al mayordomo despensero y ofiçiales y a toda la casa plugo con tu venida. En fin vençiste. ¡O bienauenturado vençedor[1144] de vna gran vitoria!; mereçes ser coronado como a trihunfador de vna antigua Olinpia[1145], o que por ti se ganó el reyno de Napoles o pusiste sobre el muro la vandera en la Goleta. Razon es que reçibas el premio y corona igual á tus méritos, trabajos y fatigas. Que de aqui adelante vibas descansado, comas y bebas sin trabajo de la abundançia del señor, y como suelen dezir, de oy más duermas a pierna tendida. Mas ante todo esto es al reues. Porque de oy más no has de sosegar a comer ni a beber. No te ha de vagar, dormir ni pensar vn momento con oçio en tus proprias miserias[1146] y neçesidades; porque sienpre has de asistir a tu señor, a tu señora, hijos y familia. Sienpre despierto, sienpre con cuydado, sienpre soliçito de agradar más a tu señor, y quando todo esto huuieres hecho con gran cuydado, trabajo y soliçitud te podrá dezir tu señor que heziste lo que eras obligado, que para esto te cogio por su salario y merçed, porque si mal siruieras te despidiera y no te pagara, porque él no te cogio para holgar. En fin mil cuydados, trabajos y pasiones, desgraçias y mohinas te suçederan de cada dia en esta vida de palaçio; las quales no solamente no podra sufrir vn libre y generoso coraçon exerçitado en vna[1147] virtuosa ocupaçion, o estudio de buenas letras, pero aun no es de sufrir de alguno que por pereza, cobdiçia y ambiçion desee comunicar aquellas grandeças y sumptuosidades agenas que de si no le dan algun otro interes más que[1148] verlas con admiraçion sin poderlas poseer. Agora quiero que consideres la manera que tienen estos señores para señalar el salario que te han de dar en cada vn año por tu seruiçio. El procura que sea a tienpo y a coyuntura y con palabras y maneras que sean tan poco que si puede casi le siruas de valde, y pasa ansi que ya despues de algunos dias que te tiene asegurado y que a todos tus parientes y amigos y a todo el pueblo has dado a entender que le sirues ya, quando ya siente que te tiene metido en la red y muestras estar contento y hufano y que preçias de le seruir, vn dia señalado, despues de comer hazete llamar delante de[1149] su muger y de algunos amigos iguales a él en edad, auariçia y condiçion, y estando sentado en su[1150] silla como en teatro, o tribunal, limpiandose con vna paja los dientes hablando con gran grauedad y seueridad te comiença a dezir. Bien has entendido, amigo mio, la buena voluntad que emos tenido a tu persona, pues teniendote respeto te preferimos en nuestra compañia y seruiçio a otros muchos que se nos ofreçieron y pudieramos reçebir. Desto, pues, has visto por esperiençia la verdad no es menester agora referirlo aqui, y ansi por el semejante tienes visto el tratamiento, orden y ventajas que en estos dias has tenido en nuestra casa y familiaridad. Agora, pues, resta que tengas cuenta con nuestra llaneza, poco fausto, que conforme a la pobreza de nuestra renta viuimos recogidos, humildes como çiudadanos en ordinario comun. De la mesma manera querria que subjetasses el entendimiento a viuir con la mesma humildad, y te contentasses con aquello poco que por ti podemos hazer del salario comun[1151], teniendo antes respeto al contentamiento que tu persona terna de seruirme a mí, por[1152] nuestra buena condiçion, trato y familiaridad; y tambien con las merçedes, prouechos y fabores que andando el tienpo te podemos hazer. Pero razon es que se te señale alguna cantidad de salario y merçed, y quiero que sea lo que te pareçiere a ti. Di lo que te pareçera, porque por poco no te querria desgraçiar. Esto todo que tu señor te ha dicho te pareçe tan gran llaneza y fabor que de valde estás por le seruir, y ansi enmudeçes vista su liberalidad; y porque no ve que no quieres dezir tu pareçer soys conçertados que lo mande vno de aquellos que estan alli viejos, auarientos, semejantes y criados de la moçedad con él. Luego el terçero te comiença a encareçer la buena fortuna que has auido en alcançar a seruir tan valeroso señor. El qual por sus meritos y generosidad todos quantos en la çiudad ay le desean seruir y tú te puedes tener por glorioso, pues todos quedan enuidiosos[1153] deseando tu mesmo bien; avnque[1154] los fabores y merçedes que te puede cada dia hazer son bastantes para pagar qualquiera seruiçio sin alguna comparaçion, porque parezca que so color y titulo del salario te pueda[1155] mandar, reçibe agora çinco mil maravedis en cada vn año con tu raçion; y no hagas caudal desto que en señal de açeptarte por criado te lo da para vnas calças y vn jubon, con protestaçion que no parará aqui, porque más te reçibe a titulo de merçed, debajo del qual te espera pagar; y tú confuso sin poder hablar lo dexas ansi, arrepentido mil vezes de auer venido a le seruir, pues pensaste a trueque de tu liberdad remediar con vn razonable salario toda tu pobreza y neçesidades con las quales te quedas como hasta aqui, y avn te ves en peligro que te salgan más. Sy dizes que te den más, no te aprouechará y dezirte han que tienes ojo a solo el interes y que no tienes confiança ni respeto al señor; y avnque ves claro tu daño no te atreues[1156] despedir, porque todos diran que no tienes sosiego ni eres para seruir vn señor ni para le sufrir; y si dixeres el poco salario que te daua, injuriaste, porque diran que no tenias meritos para más. Mira batalla tan miserable y tan infeliz. ¿Que harás? Neçesitaste a mayor neçesidad; pues por fuerça has de seruir confiado solo de la vana esperança de merçed, y la mayor es la que piensa la que te haze en se seruir de ti, porque todos estos señores tienen por el prinçipal articulo de su fe, que los hizo tan valerosos su naturaleza, tan altos, de tanta manifiçençia y generosidad que el soberano poder afirman tenersele[1157] vsurpado. Es tanta su presunçion que les paraece que para solos ellos y para sus hijos y desçendientes es poco lo que en el mundo ay, y que todos los otros honbres que en el mundo viben son estiercol, y que les basta solo pan que tengan qué comer, y el sol que los quiera alunbrar, y la tierra que los quiera tener sobre sí; y teniendo ellos diez y veynte[1158] cuentos de renta y más, no les pareçe vn marauedi: y si hablan de vn clerigo que tiene vn beneffiçio que le renta çien ducados, o mil, santiguanse con admiraçion: y preguntan a quien se lo dize si aquel beneffiçio tiene pie de altar; qué puede valer; y muy de veras tienen por opinion que para ellos solos hizo naturaleza el feysan, el francolin, el abutarda, gallina y perdiz y todas las otras aues preçiadas, y tienen muy por çierto que todo hombre es indigno de lo comer. Es, en conclusion, tanta su[1159] soberuia y ambiçion destos que tienen por muy aueriguado que todo honbre les deue a ellos salario por quererse dellos seruir; ya que has visto como eligen los hombres a su proposito, oye agora cómo se han contigo en el discurso de tu seruiçio. Todas sus promesas verás al reues, porque luego se van hartando y enhadando de ti, y te van mostrando con su desgraçia y desabrimiento que no te quieren ver, y procuran dartelo a entender en el mirar y hablar y en todo el tratamiento de tu persona. Dizen que veniste tarde al palaçio y que no sabes seruir y que no ay otro hombre del palaçio sino el que vino a él de su niñez. Si tiene la mujer o hija moça y hermosa, y tú eres moço y gentil hombre tiene de ti zelos, y vibe sobre auiso recatandose de ti: mirate a las manos, a los ojos, a los pies. Mandan al mayordomo que te diga vn dia que no entres en la sala y comunicaçion del señor, y otro dia te dize que ya no comas en la mesa de arriba, que te bajes abajo al tinelo a comer, y si porfias por no te injuriar mandan al paje que no te dé silla en que te asientes, y tu tragas destas injurias dos mil por no dar al vulgo mala opinion de ti. ¡Quanta mohina y pesadumbre reçibes en verte ansi tratar! y ves la nobleza de tu libertad trocada por vn vil salario y merçed. Verte llamar cada hora criado y sieruo de tu señor. ¿Qué sentira tu alma quando te vieres tratar como a más vil esclauo que dineros costó? Que criado y sieruo te han de llamar; y no te puedes consolar con otra cosa sino con que no naçiste esclauo, y que cada dia te puedes libertar si quisieres, sino que no lo osas hazer porque ya elegiste por vida el seruir, y quando ya el mundo y tu mal hado te ven ya desabrido y medio desesperado, o por manera de piedad, o por te entretener y prendarte para mayor dolor, date vn çevo muy delicado, vna dieta cordial como a honbre que está para morir, y suçede que se van los señores vn dia a holgar a vna huerta, o romeria, mandan aparejar la litera en que vaya la señora y auisan a toda la gente que esté a punto, que han todos de caualgar; y quando está a cauallo el señor y la señora está en la litera, mandate la señora a gran priesa llamar. ¿Que sentira tu alma quando llega el paje con aquel fabor? Estás en tu cauallo enjaezado a toda gallardia y cortesania, y luego partes con vna braua furia por ver tu señora qué te quiere mandar[1160]. Y ella haziendose toda pedaços de delicadeça y magestad te comiença a dezir: Miçilo, ven acá; mira que me hagas vna graçia, vn soberano seruiçio y plazer. Haslo de hazer con buena voluntad, porque tengo entendido de tu buena diligençia y buena inclinaçion que a ti solo puedo encomendar vna cosa tan amada de mi[1161], y de ti solo se puede fiar. Bien has visto quanto yo amo a la mi armenica perrica graçiosa; está la miserable preñada y muy çercana al parto, por lo qual no podre sufrir que ella se quede acá. No la oso fiar[1162] destos mal comedidos criados que avn de mi persona no tienen cuydado, quanto menos se presume que ternan de la perrilla, avnque saben que la amo como a mí. Ruegote mucho que la traigas en tus manos delante de ti con el mayor sosiego que el cauallo pudieres lleuar, porque la cuytada no reçiba algun daño en su preñez; y luego el buen Miçilo reçibe la perrilla encomendada a su cargo de lleuar, porque casi lloraua su señora por se la encomendar, que nunca a las tales se les ofreçe fabor que suba de aqui. ¡Qué cosa tan de reyr será ver vn escudero gallardo, graçioso, o a vn honbre honrrado de barba larga y grauedad lleuar por medio de la çiudad vna perrica miserable delante de sí, que le ha de mear y ensuçiar sin echarlo él de ver! y con todo esto quando se apean y la señora demanda su armenica no le faltará alguna liuiana desgraçia que te poner por no te agradeçer el trabajo y afrenta que por ella pasaste. Dime agora, Miçilo, ¿quál hombre ay en el mundo por desuenturado y miserable que sea, que por ningun interes de riqueza ni tesoro que se le prometa, ni por gozar de grandes deleytes que a su imaginaçion se le antojen auer en la vida del palaçio, trueque la libertad, bien tan nunca bastantemente estimado de los sabios, que dizen que no ay tesoro con que se pueda comparar; y viban en estos trabajos, vanidades, vurlerias y verdaderas niñerias del mundo en seruidumbre y captiuerio miserable? ¡Quál será, si de seso totalmente no está pribado, y mira sienpre con ojos de alinde las cosas, con que todas se las hazen muy mayores sin comparaçion? ¿Quién es aquel que teniendo algun offiçio, o arte mecanica, avnque sea de vn pobre çapatero como tú, que no quiera más con su natural y propria libertad con que naçio ser señor y quitar y poner en su casa conforme a su voluntad, dormir, comer, trabajar y holgar quando querra, antes que a voluntad agena viuir y obedeçer?
MIÇILO.--Por çierto, gallo, conuençido me tienes a tu opinion por la efficaçia de tu persuadir, y ansi digo de hoy más que quiero más vibir en mi pobreza con libertad que en los trabajos y miserias del ageno seruiçio viuir por merçed. Pero pareçe que aquellos solos seran de escusar, a los quales la naturaleza puso ya en edad razonable y no les dio offiçio en que se ocupar para se mantener. Estos tales no pareçe que seran dignos de reprehension si por no padeçer pobreza y miseria quieren seruir.
GALLO.--Miçilo, engañaste; porque esos muchos más son dignos de reprehension, pues naturaleza dio a los honbres muchas artes y offiçios en que se puedan ocupar, y a ninguno dexó naturaleza sin habilidad para los poder aprender; y por su oçio, negligençia y viçio quedan torpes y neçios y indignos de gozar del tesoro inestimable de la libertad; del qual creo que naturaleza en pena de su negligençia los privó; y ansi mereçen ser con vn garrote vivamente castigados como menospreçiadores del soberano bien. Pues mira agora, Miçilo, sobre todo, el fin que los tales han. Que quando han consumido y empleado en esta suez y vil trato la flor de su edad, ya que estan casi en la vejez, quando se les ha de dar algun galardon, quando pareçe que han de descansar, que tienen ya los miembros por el seruiçio contino inhabiles para el trabajo; quando tienen obligados a sus señores a alguna merçed, no les falta vna brizna, vna miserable ocasion para le despegar de sí. Dize que por tener grande edad le perdio el respeto que le deuia como a señor. O que le trata mal sus hijos; o que quiere mandar más que él; y si eres moço leuantate que te le quieres echar con la hija, o con la muger; o que te hallaron hablando con vna donzella de casa en vn rincon. De manera que nunca les falta con que infame y miserablemente los echar, y avn sin el salario que siruio, y donde penso el desuenturado del sieruo que auia proueydo a la pobreza y neçesidad en que pudiera venir se ofreçio de su voluntad a la causa y ocasion de muy mayor, pues echado de aquellas agenas casas viene forçado al hospital. Alli viejos los tales y enfermos y miserables los dan de comer y beber y sepoltura por limosna y amor de Dios. Resta agora, Miçilo, que quieras considerar como cuerdo y auisado animo todo lo que te he representado aqui, porque todo lo esperimenté y passó por mí. No çeues ni engañes tu entendimiento con la vanidad de las cosas desta vida, que talmente suelen engañar, y mira bien que Dios y naturaleza a todos crian y produçen con habilidad y estado de poder gozar de lo bueno que ella crió, si por nuestro apetito, oçio y miseria no lo venimos a perder, y de aqui adelante contentate con el estado que tienes, que no es çierto digno de menospreçiar.
MIÇILO.--¡O gallo bienauenturado! que bienauenturado me has hecho oy, pues me has auisado de tan gran bien; yo te prometo nunca serte ingrato a benefiçio de tanto valor. Solo te ruego no me quieras desamparar que no podre viuir sin ti; y porque es venido el dia huelga, que quiero abrir la tienda por vender algun par de çapatos de que nos podamos mantener oy.
Fin del deçimo nono canto del gallo.
NOTAS:
[1102] G., canto del gallo.
[1103] G., poseen.
[1104] G., morir.
[1105] G., acordarsseme.
[1106] G., el daño que despues de tragado el çeuo en el anzuelo está, y teniendo la meluca en la boca para la tragar no te la hago echar fuera antes que prendiendo la punta en tu paladar bomites la sangre y vida con dolor.
[1107] G., el veneno.
[1108] G., no ha de aprouechar mi.
[1109] G., fuerça.
[1110] G., ¿como podre yo aprobar vuestra opinion?
[1111] G., se suple.
[1112] G., pleytos.
[1113] G., los.
[1114] G., poder soliçitar.
[1115] G., los sienten.
[1116] G., y casa.
[1117] G., trabajo, y por el consiguiente más miseria y enfermedad que lleuan.
[1118] G., deuen desear aquella vida, por solo el deleyte y contentamiento que da vibir en aquellas anchas y espaçiosas casas, habitaçion de dioses y de sola persona Real y inçitados de aquellas grandes esperanças que prometen aquellos poderosos señores con su real y generosa conuersaçion.
[1119] G., por gozar solamente de aquellos marauillosos tesoros, aparadores de oro.
[1120] G., al cunplimiento de vuestra neçesidad.
[1121] G., hallara.
[1122] G., propias.
[1123] G., pobres.
[1124] G., día.
[1125] G., grande.
[1126] G., en tal vida.
[1127] G., a la.
[1128] G., acaben.
[1129] G., porque se acuerde de tu.
[1130] G., dignidad.
[1131] G., que vas a.
[1132] G., patrimonio.
[1133] G., seruiçio.
[1134] G., a tu amo.
[1135] G., que te aconteçe que preguntandote el señor que hombre fue el rey Tholomeo, respondas tu que fue hermano y marido de Clopatra; o otra cosa que va muy lexos de la intinçion de tu señor.
[1136] G., dizen que es temor.
[1137] G., de tu habilidad, persona y linaje.
[1138] G., y esta pesquisa que de ti.
[1139] G., a tu.
[1140] G., que digan que se sirue.
[1141] G., sabios y cuerdos.
[1142] G., oculto y sonoliento.
[1143] G., tu saber, cordura y discreçion.
[1144] G., trihunfador.
[1145] G., mereçes, no de roble o arrayan como los otros en la Olimpia.
[1146] G., cosas.
[1147] G., alguna.
[1148] G., de.
[1149] G., ante.
[1150] G., vna gran.
[1151] G., quanto a grandes salarios.
[1152] G., con.
[1153] G., inuidiosos.
[1154] G., pues.
[1155] G., puede.
[1156] G., osas.
[1157] G., les tienen.
[1158] G., çinquenta.
[1159] G., la.
[1160] G., que te manda tu señora.
[1161] G., que yo tanto amo.
[1162] G., confiar.
ARGUMENTO DEL VIGESSIMO Y VLTIMO CANTO
En este vigessimo canto el auctor representa a Demophon, el qual viniendo vn dia a casa de Miçilo su vezino a le visitar le halló triste y afligido por la muerte de su gallo, y procurando dexarle consolado se vuelue a su casa.
DEMOPHON. MIÇILO.
DEMOPHON.--¡O Miçilo! vezino y amigo mio, ¿qué es la causa que ansi te tiene atormentado por cuydado y miserable aconteçimiento? veote triste, flaco, amarillo con representaçion de philosopho, el rostro lançado en la tierra, pasearte por este lugar obscuro dexado tu contino offiçio de çapateria en que tan a la contina te solias ocupar con eterno trabajo, ¿consumes agora el tiempo en sospiros? Nuestra igual edad, vezindad y amistad te obliga a fiar de mí tus tan miserables cuydados; porque ya que no esperes de mí que cunpliese tus faltas ayudarte he con consejo; y si todo esto no estimares, bastarte ha saber que mitiga mucho el dolor comunicar la pena, prinçipalmente contandose a quien en alguna manera por propria la sienta. ¿Qué es de tu belleza y alegria, desemboltura y comunicaçion con que a todos tus amigos y vezinos te solias dar de noche y de dia en çenas y combites y fuera dellos? ya son pasados muchos dias que te veo recogido en soledad en tu casa que ni me quieres ver ni hablar, ni visitar como solias.
MIÇILO.--¡O mi Demophon! mi muy caro hermano y amigo. Solo esto quiero que como tal amigo de mí sepas, que no sin gran razon en mí ay tan gran muestra de mal. Prinçipalmente quando tienes de mí bien entendido que no qualquiera cosa haze en mí tan notable mudança, pues has visto en mí auer disimulado en varios tienpos notables toques de fortuna y infortunios tan graues que a muy esforçados varones huuieran puesto en ruyna, y yo con igual rostro los he sabido passar. Avnque comunmente se suele dezir que al pobre no ay infortunio, que aunque esto sea ansi verdad no dexamos de sentir en nuestro estado humilde lo que al anima le da a entender su natural. Ansi que tengo por çierto, Demophon, que no ay igual dolor de perdida ni miseria que con gran distançia se compare con el mio.
DEMOPHON.--Mientras más me le has encareçido más me has augmentado la piedad y miseria que tengo de tu mal; de donde naçe en mí mayor deseo de lo saber. Por tanto no reserues en tu pecho tesoro tan perjudiçial, que no hay peor espeçie de auariçia que de dolor. Por çierto en poco cargo eres a naturaleza pues pribandote del oro y riquezas, de pasiones y miserias fue contigo tan liberal que en abundançia te las comunicó. Dime porqué ansi te dueles, que no podré consentir lo passes con silençio y disimulaçion.
MIÇILO.--Quiero que ante todas las cosas sepas, ¡o Demophon! que no es la que me fatiga falta de dineros para que con tus tesoros me ayas de remediar, ni de salud para que con medicos me la ayas de restituir. Ni tanpoco me aflixo por mengua que me hagan las tus vasijas, ni aparatos y arreos de tapetes y alhajas con que en abundançia te sueles seruir. Pero faltame de mi casa vn amigo, vn conpañero de mis miserias y trabajos y tan igual que era otro yo; con el qual poseya yo todos los tesoros y riquezas que en el mundo ay; faltame, en conclusion, vna cosa, Demophon, que con ningun poder ni fuerças tuyas la puedes suplir: por lo qual me escuso de te la dezir, y a ti de la saber.
DEMOPHON.--No en vano suelen dezir, que al pobre es proprio el filisofar, como agora tú; yo no creo que has aprendido esa retorica en las scuelas de Athenas, con que agora de nueuo me encareçes tu dolor: ni sé qué maestro has tenido della de poco acá.
MIÇILO.--Ese maestro se me murio, cuya muerte es causa de mi dolor.
DEMOPHON.--¿Quien fue?[1163].
MIÇILO.--Sabras, amigo, que yo tenia vn gallo que por mi casa andaua estos dias en conpañia destas mis pocas gallinas que las albergaua y recogia y defendia como verdadero marido y varon. Suçedio que este dia de carnestolendas que passó, vnas mugeres desta nuestra vezindad, con temeraria libertad, habiendo solamente cuenta, y pareçiendoles que era el dia priuillegiado me entraron mi casa estando yo ausente, que cautelosamente aguardaron que fuesse ansi, y tomaron mi gallo y lleuaronle al campo, y con gran grita y alarido le corrieron arroxandosele las vnas a las otras: y como quien dize[1164], daca el gallo, toma el gallo, les quedauan las plumas en la mano. En fin fue pelado y desnudo de su adornado y hermoso vestido; y no contentas con esto, rendiendosele el desuenturado sin poderles huyr, confiandose de su inoçençia: pensando que no pasara adelante su tirania y[1165] crueldad, subjetandoseles con humildad, pensando que por esta via las pudiera conuençer y se les pudiera escapar, sacaron de sus estuches cuchillos, y sin tener respecto alguno a su inoçençia le cortaron su dorada y hermosa çeruiz, y de comun acuerdo hiçieron çena opulenta dél.
DEMOPHON.--Pues ¿por faltarte vn gallo te afliges tanto que estás por desesperar? Calla que yo lo quiero remediar con embiarte otro gallo criado en mi casa, que creo que hará tanta ventaja al tuyo quanta haze mi despensa a la tuya para le mantener.
MIÇILO.--¡O Demophon! quanto viues engañado en pensar que mi gallo perdido con qualquiera otro gallo se podria satisfazer.
DEMOPHON.--¿Pues qué tenia más?
MIÇILO.--Oyeme, que te quiero hazer saber que no sin causa me has hallado philosopho rectorico oy.
DEMOPHON.--Dimelo.
MIÇILO.--Sabras que aquel gallo era Pythagoras el philosopho, eloquentissimo varon, si le has oydo dezir.
DEMOPHON.--Pythagoras, muchas vezes le oy dezir. Pero dime ¿cómo quieres que entienda que el gallo era Pythagoras: que me pones en confusion?
MIÇILO.--Porque si oyste dezir de aquel sapientissimo philosopho, tambien oyrias dezir de su opinion.
DEMOPHON.--¿Quál fue?
MIÇILO.--Este afirmó que las animas passauan de vn cuerpo a otro. De manera que dixo que muriendo vno de nosotros luego desanparando nuestra alma este nuestro cuerpo en que vibio se passa a otro cuerpo de nueuo a viuir: y no sienpre a cuerpo de honbre. Pero aconteçe que el que agora fue rey passar[1166] a cuerpo de vn puerco, vaca ó leon, como sus hados y suçeso[1167] lo permiten, sin el alma lo poder evitar; y ansi el alma de Pythagoras despues aca que naçio auia viuido en diuersos cuerpos, y agora viuia en el cuerpo de aquel gallo que tenia yo aqui.
DEMOPHON.--Esa manera de dezir ya la oy que la afirmaua él. Pero era un mentiroso, prestigioso y embaydor, y tanbien como el era efficaz en el persuadir y aquella gente de su tienpo era sinple y ruda, façilmente les hazia creer qualquiera cosa que él quisiesse soñar.
MIÇILO.--Çierto es yo que ansi como lo dezia era verdad.
DEMOPHON.--¿Como ansi?
MIÇILO.--Porque en aquel gallo me habló y me mostró en muchos dias ser él.
DEMOPHON.--¿Que te habló? Cosa me cuentas digna de admiraçion. En tanta manera me marauillo de[1168] lo que dices por cosa nueua que sino huuiera conoçido tu bondad y sinçera condiçion pensara yo agora que estauas fuera de seso y que como loco deuaneas. O que teniendome en poco pensauas con semejantes sueños vurlar de mí. Pero por Dios te conjuro ¡o Miçilo! y por nuestra amistad, la qual por ser antigua entre nos[1169] tiene muestra de deydad, me digas muy en particular todo lo que en la verdad es.
MIÇILO.--¡O Demophon! que sin lagrimas no te lo puedo dezir, porque sé yo solo lo mucho que perdi. Auianme tanto faboreçido los hados que no creo que en el mundo haya sido honbre tan feliz como yo. Pero pareçeme que este fabor fue para escarneçer de mí, pues me comunicaron tan gran bien con tanta breuedad, que no parece sino que como anguila se me deleznó. Solamente me pareçe que entendí mientra le tuue en le apretar en el puño para le poseer, y quando pense que le tenía con alguna seguridad se me fue. Tanbien sospecho que los hados me quisieron tentar si cabia en mí tanto bien, y por mi mala suerte no fue dél mereçedor; y porque veas si tengo razon de lo encareçer, sabras que en él tenía yo toda la consolaçion y bienauenturança que en el mundo se podia tener. Con él pasaua yo mis trabajos de noche y de dia: no auia cosa que yo quisiesse saber o auer que no se me diesse a medida de mi voluntad. El me mostró la vida de todos quantos en el mundo ay: lo bueno y malo que tiene la vida del rey y del çiudadano, del cauallero, del mercader y del labrador. El me mostró quanto en el çielo y el infierno ay, porque me mostró a Dios y todo lo que gozan los bienauenturados allá. En conclusion ¡o Demophon! yo perdi vn tesoro que ningun poderoso señor en el mundo más no pudo poseer.
DEMOPHON.--Por çierto tengo, ¡o Miçilo! sentir con mucha razon el gran mal que te han hecho esas mugeres en pribarte de tanto bien, quando queriendo satisfazer a sus vanos apetitos, çelebrando sus lasçiuas y adulteras fiestas no perdonan cosa dedicada ni reseruada por ningun varon, con tanto que executen su voluntad. No miraron que tú no eras honbre con quien tal dia se suelen festejar, y que por tu edad no entras en cuenta de los que çelebran semejantes fiestas. Que los moços ricos subjetos al tirano y lasçiuo[1170] amor, enpleados en las contentar no les pueden negar cosa que haga a su querer, y ansi por[1171] los entretener les demandan en tales dias cosas curiosas, en el cumplimiento de las quales conoçen ellas su mayor y más fiel enamorado y seruidor; y ansi agora dandoles a entender que para su laçiuia no los han menester en el tienpo que entra[1172] de la quaresma, mostrando gran voluntad de se contener pelan aquellos gallos en lugar de la juuentud; mostrando menospreçiar su gallardia por ser tienpo santo el que entra, y que no se quieren dellos en este tienpo seruir; y ansi, burlando dellos, pelan aquellos gallos en su lugar, dando a entender que los tengan en poco, pues pelados de toda su pluma y hazienda en el tienpo pasado que les fue disimulado el luxuriar, ya, recogiendose a la santidad, los dexan[1173]; ¡o animal tirano y ingrato a todo bien!; que en todas sus obras se preçian mostrar su mala condiçion. ¿Y no vian que tú no estauas en edad para vurlar de ti?
MIÇILO.--Y avn por conocer yo bien esa verdad ni me casé, ni las quise ver; y avn no me puedo escapar de su tirania, que escripto me dizen que está que no ay honbre a quien no alcançe siquiera la sombra de su veneno y maldiçion. Solamente me lastima pensar que ya que me auian de herir no fue de llaga que se pudiesse remediar. Quitaronme mi consejero, mi consuelo y mi bien. Avn pluguiesse a Dios que en este tienpo tan santo se recogiessen de veras y sin alguna fiçion[1174] tratassen de veras la virtud. Ayunar, no beber, ni comer con tanta disoluçion, no se afeytar, ni vestirse tan profanamente, ni vurlar, ni mofar como en otro qualquiera tienpo comun[1175]. Pero vemos que sin alguna rienda viben el dia de quaresma como qualquiera otro. Son sus fiestas las que aborreçe Dios, porque no son sino para le ofender.
DEMOPHON.--Por çierto, Miçilo, espantado estoy de ver la vurla destas vanas mugeres; con quantas inuençiones[1176] passan su tienpo, y quantas astuçias vsan para sacar dineros de sus amantes. Prinçipalmente en estos pueblos grandes de villas y çiudades; porque estas cosas no las saben los aldeanos[1177], ni ha llegado del todo la maliçia humana por allá. Por çierto cosas ay de gran donayre que se inuentan en estos pueblos grandes[1178]; con las quales los inuentores dellas entretienen sus cosas, y hazen sus hechos[1179] por su proprio fin de cada qual y interes; por çierto que me tienen de cada dia en más admiraçion. Prinçipalmente en este pueblo donde ay tanta concurrencia de gentes, o por causa de corte Real o por[1180] chançelleria; porque la diuersidad de estrangeros haze dar en cosas, y inuentar donayres que confunden el ingenio auerlas solamente de notar. Quantas maneras de santidades fingidas, romerias, bendiçiones y peregrinaçiones. Tanto hospital, colejios de santos y santas; casas de niños y niñas é hospitales de viejos. Tanta cofradia de disçiplinantes de la cruz y de la pasion, y proçesiones. Tanto pedigueño de limosnas, que más son los que piden que son los pobres que lo[1181] quieren[1182] reçebir.
MIÇILO.--Por çierto, Demophon, tú tienes mucha razon y vna de las cosas de que yo estoy más confuso es de ver que en este nuestro lugar, siendo tan noble y el más prinçipal de nuestra Castilla, donde[1183] ay más letrados y honbres más agudos en la conuersaçion y cosas del mundo y cortesanía, y en estas flaquezas y engaños que se ofreçen[1184], son todos en vn común más façilmente arroxados y derrocados que en todos quantos en otros pueblos ay; y avn engañados para lo aprobar, auctorizar y seguir[1185]. Que se atreua vn honbre a entrar aqui en este pueblo donde está la flor de cordura y agudeça y discreçion, y que debajo de vn habito religioso engañe a todo estado eclesiastico y seglar, diziendo que hará boluer los rios atras, y hará cuaxar el mar, y que forçará los demonios que en los infiernos estan, y que hará[1186] parir quantas[1187] mugeres son, quanto quiera que de su naturaleza sean esteriles y que no puedan conçebir[1188], y que en esto vengan a caer todos los más prinçipales y generosos prinçipes y señores, y se le vengan a rendir quantas dueñas y donzellas viben en este lugar[1189]. Que se sufra vibir en este pueblo vn honbre que debajo de nonbre de Juan de Dios, no se le çierre puerta de ningun Señor ni letrado, ni se le niegue cosa alguna que quiera demandar, y después le quemen públicamente por sometico engañador. Pues, ¿no se ha disimulado tanbien un clerigo que auia sido primero frayle veynte años, al qual por tener muestra de gran santidad le fue encargado aquel colegio de niñas? tal sea su salud qual dellas cuenta dio. ¿En que está esto, amigo?
DEMOPHON.--A tu gallo quisiera yo, Miçilo que lo huuieras preguntado antes que a mí porque él te supiera mejor satisfazer. Pero para mi bien creo que en alguna manera deuo de açertar; que creo que de los grandes pecados que ay en este lugar[1190] viene esta comun confusion, o çeguedad. Que como no hay en este pueblo más prinçipal ni más comun que pecados y ofensas de Dios; pleytos, hurtos, vsuras, mohatras, juegos, blasfemias, symonias, trapazas y engaños, y despues desto una puteria general, la qual ni tiene punto, suelo, ni fin. Que ni se reserua dia, ni fiesta, quaresma, ni avn Semana Santa ni pasqua en que se çese[1191] de exerçitar como offiçio conueniente a la republica, permitido y aprobado por neçesario en la ley, en pena deste mal nos çiega Dios nuestros entendimientos, orejas y ojos, para que auisandonos no entendamos, y oyendo no oyamos, y con ojos[1192] seamos como çiegos que palpamos la pared. En tanta manera somos traydos en çeguedad que estamos rendidos al engaño muy antes que se ofrezca el engañador. Hanos hecho Dios escarnio, mofa y risa a los muy chicos[1193] niños de muy tierna edad. ¿En qué lugar por pequeño que sea se consentira, o disimulará lo mucho, ni lo muy poco que se disimula y sufre aqui? ¿Dónde hay tanto juez sin justiçia como aqui? ¿Dónde tanto letrado sin letras como aqui? ¿Dónde tanto executor sin que se castigue[1194] la maldad? ¿Dónde tanto escribano, ni más comun el borron? Que no ay honbre de gouierno en este pueblo que trate más que su proprio interes, y como más se auentajará. Por esto permite Dios que vengan vnos zarlos, o falsos prophetas que con embaymientos, aparençias y falsas demostraçiones nos hagan entender qualquiera cosa que nos quieran fingir. Y lo que peor es, que quiere Dios que despues sintamos más la risa que el interes en que nos engañó.
MIÇILO.--Pues avn no pienses, Demophon, que la vanidad y perdiçion destas liuianas mugeres se le ha de passar a Dios sin castigo; que yo te oso afirmar por cosa muy çierta y que no faltará. Que por ver Dios su disoluçion, desemboltura, desuerguença y poco recogimiento que en ellas en este tiempo ay; visto que ansi virgines como casadas, viudas y solteras, todas por vn comun viben muy sueltas y muy disolutas en su mirar, andar y meneo, muy curiosas, y que por la calle van con vn curioso passo en su andar, descubierta su[1195] cabeça y cabello con grandes y deshonestas crenchas; muy alto y estirado el cuello, guiñando con los ojos a todos quantos topan[1196] haziendo con sus cuerpos lasçivos meneos. Por esta su comun deshonestidad sey çierto que verna tienpo en el qual ha de hazer Dios vn gran castigo en ellas; pelarse han de todos sus cabellos, haciendolas a todas caluas[1197]; y será tienpo en que les quitará Dios todos sus joyeles, sortixas, manillas, zarzillos, collares, medallas, axorcas y apretadores de cabeça. Quitarles ha los[1198] partidores de crenchas, tenaçicas, salsericas, redomillas y platericos[1199] de colores, y todo genero de afeytes, sahumerios, guantes adouados, sebos y vnturas de manos y otros olores. Alfileres, agujas y prendederos. Quitarles ha las camisas muy delgadas, y los manteos, vasquiñas, briales, saboyanas, nazarenas y reboçinos, y en lugar de aquellos sus cabellos encrespados y enrrifados les dara pelambre y caluez, y en lugar de aquellos apretadores y xoyeles que les cuelgan de la frente les dara dolor de cabeça, y por çinta de caderas de oro muy esmaltadas y labradas, les dara sogas de muy aspero esparto con que se çiñan y aprieten; y por aquellos sus muy curiosos y sumptuosos atauios de su cuerpo les dara siliçio; y desta manera hará Dios que lloren su lasçiuia y desorden, y que de su luxuria y deshonestidad hagan graue penitençia. Entonçes no aura quien las quiera por su hidiondez y miseria; en tanto que siete mugeres se encomendarán a vn varon y él de todas huyrá menospreçiandolas y aborreçiendolas como de gran mal.
DEMOPHON.--Gran esperiençia tengo ser todo lo que dizes verdad; por lo qual verna este mal por justo castigo[1200] de Dios; y tanbien tienen los varones su parte de culpa, y avn notable, por darles tanta libertad para vsar ellas mal destas cosas, y avn de si mesmas sin les yr a la mano; por lo qual permite Dios que ellos viban injuriados y infames por ellas. Que avn ellos no tienen modo ni rienda en su viuir, teniendo respeto a su estado y fuerças de cada qual[1201]. Que todos passan y se quieren adelantar a la calidad de su persona[1202] y deçendençia de linaxe, en el traxe, comer y beber y manera de familia y seruiçio y porque nos entendamos quiero deçendir a particular. Que se hallará vn escriuano vil de casta y jaez, que quiere justar, correr sortixa y jugar cañas y otros exerçiçios de caualleros en conpañia de los más poderosos y generosos de toda la Corte[1203] y acerça de su offiçio (al[1204] qual indignamente subio) no sabe más tratar, ni dar razon que el asno que está roznando en el prado. Pareçeme que vna de las cosas que nuestro Rey, prinçipe y señor auia de proueer en esta su republica sería de un particular varon de gran seueridad, el qual fuesse çensor general de todas las vidas y costunbres de los honbres de la republica, como lo fue aquel Caton famoso çensor en la republica romana, y a la contina se procurasse informar de la vida y costunbres de cada vno; y quando supiesse de alguno por alguna informaçion, de su desorden y mal viuir, hasta ser informado de su casa, trato y conuersaçion de su muger, familia, comer y beber, entonçes le auia de enbiar a llamar a su casa y corregirle de palabras asperas y vergonçosas, poniendole tasa y orden y modo de viuir; y sino se quisiesse enmendar le enbiasse[1205] desterrado de la republica como hombre que la infamaua y daua ocasion que por su mal viuir entre los estrangeros se tuuiesse de nuestra republica deprabada opinion; y ansí por el semejante el tal juez y censor fuesse cada dia passando las calles de la çiudad mirando con gran atençion el traxe del vno, el oçio del otro, la ocupaçion y habla y conuersaçion de todos en particular y general; y a la contina entendiesse en los arrendar, enmendar y corregir, porque çiertamente del hierro y falta del particular viene la infamia de[1206] todo el comun; y ansi por el consiguiente viene a tenerse en el vniuerso por infame y corrompida vna naçion. Todo está ya deprabado y corrompido, Miçilo; y ya no lleua este mal otro remedio, sino que enbie Dios vna general destruiçion del mundo como hizo por el diluvio en el tienpo de Noe y renouando el honbre darsele ha de nuevo la manera y costumbres y[1207] viuir; porque los que agoro estan nesçesariamente han de yr de mal en peor; y solamente te ruego, Miçilo, por nuestra buena y antigua amistad, que por este triste suçeso tuyo, ni por otra cosa que de aduersa fortuna te venga no llores, ni te aflixas más, porque arguye y muestra poca cordura en[1208] vn tan honrrado hombre como tú, pues en morirte tú se auentura más, y la falta que el gallo hizo a tu buena compañia y consolaçion la procuraré yo suplir con mi hazienda, fuerças y cotidiana conuersaçion. De la qual espero adquirir yo gran interes, pues vn buen vezino y amigo con ningun tesoro del mundo se puede comparar.
MIÇILO.--Por çierto gran consuelo me ha sido al presente tu venida ¡o Demophon! de la qual si pribado fuera por mi miserable suerte y fortuna yo pensara en breue pereçer[1209]. Pero ya lo que me queda de la vida quiero tomar a ti por patron; al qual trabajaré regraçiar en quanto podre, porque espero que la falta del gallo se me recompensará con tu buena conuersaçion, y aun confio que tus buenas obras se auentajarán en tanta manera que me forçarán de oy más a le oluidar.
DEMOPHON.--Mucho te agradezco ¡o Miçilo! el respeto que tienes a mi persona, pues ansi conçedes con agradeçimiento mi petiçion. Y pues es hora ya de nos recoger queda en paz.
MIÇILO.--Y tú, Demophon, ve con Dios.
FIN DEL CROTALON DE CHRISTOPHORO GNOSOPHO Y DE LOS INGENIOSOS SUEÑOS DEL GALLO DE LUCIANO FAMOSO ORADOR GRIEGO
NOTAS:
[1163] G., es.
[1164] G., suelen dezir.
[1165] G., tirana.
[1166] G., passa.
[1167] G., susçeso.
[1168] G., me admira.
[1169] G., nosotros.
[1170] G., al liuiano.
[1171] G., para.
[1172] G., por entrar el tienpo.
[1173] G., gallardía de oy más; y tanbien pelando aquellos gallos muestran a los mançebos tenerlos en poco, pues pelados de todas sus plumas y hazienda en el tienpo passado, agora fingiendo recogimiento y santidad, dizen que no los han menester.
[1174] G., fingir nada.
[1175] profanamente, y viuir con tanta disoluçion como en otro qualquiera tienpo del año.
[1176] G., maneras de inuençion.
[1177] G., por los pueblos pequeños.
[1178] G., que se inuentan de cada dia.
[1179] G., su hecho.
[1180] G., o de.
[1181] G., la.
[1182] G., quieran.
[1183] G., prinçipal que ay en el reyno, pues de contino reside en él la Corte, y a esta causa ay en él.
[1184] G., estas cosas.
[1185] G., arroxados y avn engañados que todos quantos otros pueblos ay.
[1186] G., profieresse de hazer.
[1187] G., las.
[1188] G., parir.
[1189] G., y mandan a sus mujeres y parientas se vayan para el zarlo embaydor, para que haga dellas lo que querra.
[1190] G., pueblo.
[1191] G., dexe.
[1192] G., y viendo.
[1193] G., pequeño.
[1194] G., execute.
[1195] G., la.
[1196] G., encuentran en la calle.
[1197] G., y sera que hara que se pelen de todos sus cabellos y que se hagan todas caluas.
[1198] G., sus.
[1199] G., platelicos.
[1200] G., pago.
[1201] Viuir en su estado y fuerças de cada qual siendo casados.
[1202] G., sus personas.
[1203] G., çiudad.
[1204] G., en el.
[1205] G., fuesse.
[1206] G., en.
[1207] G., de.
[1208] G., de.
[1209] G., feneçer.
LOS SIETE LIBROS DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
DIRIGIDA AL MUY ILLUSTRE SEÑOR DON JUAN DE CASTILLA DE VILLANOUA,
SEÑOR DE LAS BARONÍAS DE BICORB Y QUESA
EPÍSTOLA
AL MUY ILLUSTRE SEÑOR DON JUAN DE CASTELLA DE BILLANOUA, SEÑOR DE LAS BARONÍAS DE BICORB Y QUESA, DE GEORGE DE MONTEMAYOR.
Aunque no fuera antigua esta costumbre, muy illustre Señor, de dirigir los autores sus obras a persona de cuyo valor ellas lo recibiessen, lo mucho que V. M. meresce assi por su antigua casa, y esclarecido linaje, como por la gran suerte y valor de su persona, me mouiera á mí y con muy gran causa a hazer esto. Y puesto caso que el baxo estilo de la obra, e el poco merescimiento del autor della, no se auia de estender a tanto, como es dirigirlo á V. M., tampoco tuuiera otro remedio, sino este, para ser en algo tenida. Porque las piedras preciosas no reciben tanto valor del nombre que tienen, pudiendo ser falsas y contrahechas, como de la persona en cuyas manos estén. Supplico á vuestra merced debaxo de su amparo y correction recoja este libro assi como el estrangero autor della recogido: pues que sus fuerças no pueden con otra cosa seruir a vuestra merced. Cuya uida y estado nuestro Señor por muchos años acresciente.
AL DICHO SEÑOR
Mecena fue de aquel Maron famoso particular señor y amigo caro, de Homero, (aunque finado) el belicoso Alexandro, gozó su ingenio raro: Y así el de Villanoua generoso del lusitano autor ha sido amparo, haciendo que un ingenio baxo y falto hasta las nubes suba, y muy más alto.
DE DON GASPAR DE ROMANI, AL AUTOR
Soneto.
Si de Madama Laura la memoria Petrarca para siempre ha leuantado y a Homero assi de lauro ha coronado escribir de los griegos la uictoria: Si los Reyes tambien para más gloria vemos que de contino han procurado que aquello que en la uida han conquistado en muerte se renueve con su historia, Con mas razon serás, ¡o, excelente Diana!, por hermosa celebrada, que quantas en el mundo hermosas fueron. Pues nadie meresció ser alabada, de quien asi el laurel tan justamente merezca más que quantos escriuieron.
HIERÓNYMO SANT PERE, Á GEORGE DE MONTEMAYOR
Soneto.
Parnaso monte, sacro y celebrado: museo de Poetas deleytoso, venido a parangon con el famoso paresceme que estás desconsolado. --Estoylo, y con razon; pues se han passado las Musas, y su toro glorioso, á este que es mayor monte dichoso, en quien mi fama, y gloria se han mudado. Dichosa fué en extremo su Diana, pues para ser del orbe más mirada mostró en el monte excelso su grandeza. Allí vive en su loa soberana, por todo el uniuerso celebrada, gozando celsitud, que es más que alteza.
ARGVMENTO DESTE LIBRO
En los campos de la principal y antigua ciudad de Leon, riberas del rio Ezla, huuo una pastora llamada Diana, cuya hermosura fué extremadissima sobre todas las de su tiempo. Esta quiso y fue querida en extremo de un pastor llamado Sireno: en cuyos amores hubo toda la limpieza, y honestidad possible. Y en el mismo tiempo, la quiso más que si, otro pastor llamado Syluano, el qual fué de la pastora tan aborrecido, que no auia cosa en la uida á quien peor quisiesse. Sucedió pues, que como Sireno fuesse forçadamente fuera del reyno, a cosas que su partida no podía escusarse, y la pastora quedase muy triste por su ausencia, los tiempos y el coraçon de Diana se mudaron; y ella se casó con otro pastor llamado Delio, poniendo en oluido el que tanto auia querido. El qual, viniendo despues de un año de ausencia, con gran desseo de ver á su pastora, supo antes que llegasse como era ya casada. Y de aqui comiença el primero libro, y en los demás hallaran muy diuersas historias, de casos que verdaderamente han succedido, aunque van disfraçados debaxo de nombres y estilo pastoril[1210].
LIBRO PRIMERO
DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Baxaua de las montañas de Leon el oluidado Sireno, á quien amor, la fortuna, el tiempo, tratauan de manera, que del menor mal que en tan triste uida padescía, no se esperaua menos que perdella. Ya no lloraua el desuenturado pastor el mal que la ausencia le prometia, ni los temores de oluido le importunauan, porque vía cumplidas las prophecías de su recelo, tan en perjuyzio suyo, que ya no tenía más infortunios con que amenazalle. Pues llegando el pastor a los verdes y deleitosos prados, que el caudaloso rio Ezla con sus aguas va regando, le vino a la memoria el gran contentamiento de que en algun tiempo allí gozado auia: siendo tan señor de su libertad, como entonces subjecto a quien sin causa lo tenía sepultado en las tinieblas de su oluido. Consideraua aquel dichoso tiempo que por aquellos prados, y hermosa ribera apascentaua su ganado, poniendo los ojos en solo el interesse que de traelle bien apascentado se le seguía, y las horas que le sobrauan gastaua el pastor en solo gozar del suaue olor de las doradas flores, al tiempo que la primauera, con las alegres nueuas del uerano, se esparze por el uniuerso; tomando a uezes su rabel, que muy polido en un çurron siempre traíaces una çampoña, al son de la qual componía los dulces versos con que de las pastoras de toda aquella comarca era loado. No se metia el pastor en la consideracion de los malos, o buenos successos de la fortuna, ni en la mudança y uariacion de los tiempos; no le passaua por el pensamiento la diligencia, y codicias del ambicioso cortesano, ni la confiança y presuncion de la Diana celebrada por solo el uoto y parescer de sus apassionados: tampoco le daua pena la hinchaçon, y descuydo del orgulloso priuado. En el campo se crió, en el campo apascentaua su ganado, y ansi no salian del campo sus pensamientos, hasta que el crudo amor tomó aquella possession de su libertad, que él suele tomar de los que más libres se imaginan. Venia pues el triste Sireno los ojos hechos fuentes, el rostro mudado, y el coraçon tan hecho a sufrir desuenturas, que si la fortuna le quisiera dar algun contento fuera menester buscar otro coraçon nueuo para recebille. El uestido era de un sayal tan aspero como su uentura, un cayado en la mano, un çurron del brazo yzquierdo colgando. Arrimose al pie de un haya, començo a tender sus ojos por la hermosa ribera, hasta que llegó con ellos al lugar donde primero auia uisto la hermosura, gracia, honestidad de la pastora Diana, aquella en quien naturaleza sumó todas las perfeciones, que por muchas partes auia repartido. Lo que su coraçon sintio imaginelo aquel que en algun tiempo se halló metido entre memorias tristes. No pudo el desuenturado pastor poner silencio á las lagrimas, ni escusar los sospiros que del alma le salian. Y boluiendo los ojos al cielo, començo a dezir desta manera: ¡Ay, memoria mia! enemiga de mi descanso, no os ocuparades mejor en hazer me oluidar desgustos presentes, que en ponerme delante los ojos contentos passados? ¿Qué dezis, memoria? Que en este prado vi á mi señora Diana. Que en el comence a sentir lo que no acabaré de llorar. Que junto a aquella clara fuente, cercada de altos y verdes sauces, con muchas lagrimas algunas vezes me juraua, que no auia cosa en la vida, ni noluntad de padres, ni persuasion de hermanos, ni importunidad de parientes que de su pensamiento le[1211] apartasse. Y que quando esto dezia, salian por aquellos hermosos ojos vnas lagrimas, como orientales perlas, que parescian testigos de lo que en el coraçon le quedaua, mandandome só pena de ser tenido por hombre de baxo entendimiento, que creyesse lo que tantas vezes me dezia. Pues espera vn poco, memoria, ya que me aueis puesto delante los fundamentos de mi desuentura (que tales fueron ellos, pues el bien que entonces passé, fué principio del mal que ahora padezco) no se os oluiden, para templar me este descontento, de poner me delante los ojos vno a vno, los trabajos, los desassossiegos, los temores, los recelos, las sospechas, los celos, las desconfianças, que aun en el mejor estado no dexan al que verdaderamente ama. ¡Ay, memoria, memoria, destruydora de mi descanso! ¡quan cierto está responder me, qu'el mayor trabajo que en estas consideraciones se passaua, era muy pequeño, en comparacion del contentamiento que a trueque dél recebia; Vos, memoria, teneis mucha razon, y lo peor dello es tenella tan grande. Y estando en esto, sacó del seno un papel, donde tenia embueltos vnos cordones de seda verde y cabellos[1212] y poniéndolos sobre la verde yerua, con muchas lagrimas sacó su rabel, no tan loçano como lo traía al tiempo que de Diana era fauorescido, y començo a cantar lo siguiente:
¡Cabellos, quanta mudança he visto despues que os vi y quan mal paresce ahí esta color de esperança! Bien pensaua yo cabe ellos (aunque con algun temor) que no fuera otro pastor digno de verse cabe ellos. ¡Ay, cabellos, quantos dias la mi Diana miraua, si os traya, ó si os dexaua, y otras cien mil niñerias! Y quantas vezes llorando ¡ay!, lagrimas engañosas, pedia celos, de cosas de que yo estaua burlando. Los ojos que me matauan, dezid, dorados cabellos, ¿que culpa tuue en creellos, pues ellos me assegurauan? ¿No vistes vos que algun dia, mil lagrimas derramaua hasta que yo le juraua, que sus palabras creya? ¿Quien vió tanta hermosura en tan mudable subjecto? y en amador tan perfecto, quien vio tanta desuentura? Oh, cabellos ¿no os correys, por venir de ado venistes, viendo me como me vistes en uerme como me veys? Sobre el arena sentada de aquel rio la ui yo do con el dedo escriuió: antes muerta, que mudada. Mira el amor lo que ordena, que os uiene hazer creer cosas dichas por mujer, y escritas en el arena.
No acabara tan presto Sireno el triste canto, si las lagrimas no le fueran a la mano, tal estaua como aquel a quien fortuna tenia atajados todos los caminos de su remedio. Dexó caer su rabel, toma los dorados cabellos, bueluelos a su lugar, diziendo: ¡Ay, prendas de la más hermosa, y desleal pastora, que humanos ojos pudieron ver! Quan a vuestro saluo me aueis engañado. ¡Ay, que no puedo dexar de veros, estando todo mi mal en aueros visto! Y quando del çurron sacó la mano, acaso topó con una carta, que en tiempo de su prosperidad Diana le auia embiado; y como lo vio, con vn ardiente sospiro que del alma le salia, dixo: ¡Ay, carta, carta, abrasada te vea, por mano de quien mejor lo pueda hazer que yo, pues jamas en cosa mia pude hazer lo que quisiesse; malhaya quien ahora te leyere! Mas ¿quien podra hazerlo? Y descogiendola vio que dezia:
CARTA DE DIANA A SIRENO
Sireno mio, quan mal suffriria tus palabras, quien no pensasse que amor te las hazia dezir! Dizes me que no te quiero quanto deuo, no sé en que lo uees, ni entiendo cómo te pueda querer mas. Mira que ya no es tiempo de no creerme, pues vees que lo que te quiero me fuerça a creer lo que de tu pensamiento me dizes. Muchas vezes imagino que assi como piensas que no te quiero, queriendote mas que a mi, assi deues pensar que me quieres teniendo me aborrescida. Mira, Sireno, que'l tiempo lo ha hecho mejor contigo, de lo que al principio de nuestros amores sospechaste, y quedando mi honra a saluo, la qual te deue todo lo del mundo, no auria cosa en él, que por ti no hiziesse. Suplicote quanto puedo, que no te metas entre zelos y sospechas, que ya sabes quan pocos escapan de sus manos con la uida, la qual te dé Dios con el contento que yo te desseo.
¿Carta es esta, dixo Sireno sospirando, para pensar que pudiera entrar oluido en el coraçon donde tales palabras salieron? ¿Y palabras son estas para passallas por la memoria, al tiempo que quien las dixo, no la tiene de mí? ¡Ay, triste, con quanto contentamiento acabé de leer esta carta, quando mi señora me la embió, y quantas vezes en aquella hora misma la bolui a leer. Mas págola ahora con las setenas: y no se suffria menos, sino venir de vn extremo a otro: que mal contado le seria a la fortuna, dexar de hazer comigo, lo que con todos haze. A este tiempo por vna cuesta abaxo, que del aldea venia al verde prado, vio Sireno venir vn pastor su passo a passo, parandose a cada trecho, vnas vezes mirando el cielo, otras el verde prado y hermosa ribera, que desde lo alto descubria: cosa que mas le augmentaua su tristeza, viendo el lugar que fue principio de su desuentura: Sireno le conoscio, y dixo buelto el rostro hazia la parte de donde venia: ¿Ay, desuenturado pastor, aunque no tanto como yo, en qué han parado las competencias que comigo trayas por los amores de Diana? y los disfauores que aquella cruel te hazia, poniendolos a mi cuenta? Mas si tú entendieras que tal havia de ser la summa, quánto mayor merced hallaras que la fortuna te hazia, en sustentarte en un infelice estado, que a mí en derribarme dél, a tiempo que menos lo temia? A este tiempo el desamado Syluano tomó vna çampoña, y tañendo vn rato, cantaua con gran tristezza estos versos:
Amador soy, mas nunca fuy amado; quise bien, y querré, no soy querido; fatigas passo, y nunca las he dado; sospiros di, mas nunca fuy oydo: quexarme quise, y no fuy escuchado, huyr quise de amor, quedé corrido; de solo oluido, no podré quexarme, porque aun no se acordaron de oluidarme. Yo hago a todo mal solo vn semblante, jamas estuue oy triste, ayer contento, no miro atras, ni temo yr adelante; vn rostro hago al mal, o al bien que siento. Tan fuera voy de mi, como el dançante, que haze a qualquier son mouimiento, y ansí me gritan todos como a loco; pero segun estoy aun esto es poco. La noche a vn amador le es enojosa, quando del dia atiende bien alguno: y el otro de la noche espera cosa qu'el dia le haze largo y importuno; con lo que vn hombre cansa, otro reposa, tras su desseo camina cada vno, mas yo siempre llorando el dia espero: y en viendo el dia, por la noche muero. Quexarme yo de amor, es escusado: pinta en el agua, o da bozes al viento: busca remedio en quien jamas le ha dado que al fin venga a dexalle sin descuento. Llegaos a él a ser aconsejado, dirá os un disparate y otros ciento. Pues quién es este amor? Es una sciencia que no la alcança estudio ni experiencia. Ama a mi señora a su Sireno; dexaua a mí, quiça que lo acertaua: yo triste a mi pesar, tenia por bueno, lo que enla vida y alma me tocaua. A estar mi cielo algun dia sereno, quexara yo de amor si le añublaua, mas ningun bien diré que me ha quitado, ved cómo quitará lo que no ha dado. No es cosa amor, que aquel que no lo tiene hallará feria a do pueda comprallo, ni cosa que en llamandola, se uiene, ni que le hallareys, yendo á buscallo: Que si de uos no nace, no conuiene pensar que ha de nascer de procurallo: y pues que jamas puede amor forçarse, no tiene el desamado que quexarse.
No estaua ocioso Sireno, al tiempo que Syluano estos versos cantaua, que con sospiros respondia a los vltimos accentos de sus palabras, y con lagrimas solennizaua lo que dellas entendia. El desamado pastor, despues que vuo acabado de cantar, se començo a tomar cuenta de la poca que consigo tenia: y como por su señora Diana auia oluidado todo el hato y rebaño, y esto era lo menos. Consideraua que sus seruicios eran sin esperanza de galardon, cosa que a quien tuuiera menos firmeza, pudiera facilmente atajar el camino de sus amores. Mas era tanta su constancia que puesto en medio de todas las causas que tenia de oluidar a quien no se acordaua dél, se salia tan a su saluo dellas, y tan sin perjuyzio del amor que a su pastora tenia, que sin miedo alguno cometia qualquiera imaginación[1213] que en daño de su fe le sobreuiniesse. Pues como viό Sireno junto a la fuente, quedó espantado de velle tan triste, no porque ignorasse la causa de su tristeza, mas porque le paresció, que si él huuiera rescebido el mas pequeño fauor que Sireno algun tiempo rescibio de Diana, aquel contentamiento bastara para toda la uida tenelle. Llegó se a él, y abraçandose los dos, con muchas lagrimas se boluieron a sentar encima de la menuda yerba: y Syluano començo á hablar desta manera: ¡Ay, Sireno, causa de toda mi desuentura, o del poco remedio della, nunca Dios quiera que yo de la tuya reciba uengança, que quando muy a mi saluo pudiesse hacello no permitiria el amor que a mi señora Diana tengo, que yo no fuesse contra aquel en quien ella con tanta voluntad lo puso. Si tus trabajos no me duelen, nunca en los mios haya fin: si luego que Diana se quiso desposar, no se me acordo que su desposorio y tu muerte auian de ser a vn tiempo, nunca en otro mejor me vea que este en que aora estoy. Pensar deues, Sireno, que te queria yo mal, porque Diana te queria bien y que los fauores que ella te hazia eran parte para que yo te desamasse: Pues no era de tan baxos quilates mi fe, que no siguiesse a mi señora, no solo en quererla, sino en querer todo lo que ella quisiesse. Pesarme de tu fatiga, no tienes porque agradescermelo: porque estoy tan hecho a pesares que aun de bienes mios me pesaria, cuanto más de males agenos.
No causó[1214] poca admiracion a Sireno las palabras del pastor Syluano; y ansi estuuo un poco suspenso, espantado de tan gran suffrimiento y de la qualidad del amor que a su pastora tenia. Y boluiendo en si, le respondio[1215]. Por ventura, Syluano, has nascido tú para exemplo de los que no sabemos suffrir las aduersidades que la fortuna delante nos pone? O acaso te ha dado naturaleza tanto animo en ellas que no solo baste para suffrir las tuyas, mas que aun ayudes a sobrelleuar las agenas? Veo que estás tan conforme con tu suerte, que no te prometiendo esperança de remedio, no sabes pedille mas de lo que te da. Yo te digo, Syluano, que en ti muestra bien el tiempo, que cada dia va descubriendo nouedades muy agenas de la imaginacion de los hombres. O quánta más embidia te deue tener este sin ventura pastor, en verte suffrir tus males, que tú podrias tenelle a él al tiempo que le veias gozar sus bienes. ¿Viste los fauores que me hazia? Viste la blandura de palabras, con que me manifestaua sus amores? Viste como lleuar el ganado al rio, sacar los corderos al soto, traer las ouejas por la siesta a la sombra destos alisos, jamas sin mi compañia supo hazello? Pues nunca yo vea el remedio de mi mal, si de Diana esperé, ni desseé, cosa que contra su honrra fuesse, y si por la ymaginacion me pasaua, era tanta su hermosura, su valor, su honestidad, y la limpieza del amor que me tenia, que me quitauan del pensamiento qualquiera cosa que en daño de su bondad imaginaua[1216]. Esto creo yo por cierto, dixo Syluano sospirando: porque lo mesmo podré affirmar de mi. Y creo que no vuiera nadie que en Diana pusiera los ojos, que osara dessear otra cosa, sino verla y conuersarla. Aunque no sé si hermosura tan grande, en algun pensamiento, no tan subiecto como el nuestro, hiziera algun excesso, y mas si como yo un dia la vi, acertara de vella, que estaua sentada contigo, junto a aquel arroyo, peinando sus cabellos de oro: y tú estauas teniendo el espejo, en que de quando en quando se miraua. Mas no sabiades los dos, que os estaua yo acechando deste aquellas matas altas, que estan junto a las dos enzinas: y aun se me acuerda de los uersos que tú le cantaste, sobre auerle tenido el espejo en quanto se peinaua. Cómo los vuiste a las manos, dixo Sireno? Syluano le respondió: El otro dia siguiente hallé aqui vn papel, en que estauan escritos, y los leí, y aun los encomende a la memoria. Y luego vino Diana por aqui llorando, por auellos perdido, y me preguntó por ellos; y no fue pequeño contentamiento para mí, ver en mi señora lagrimas que pudiesse[1217] remediar. Acuerdome, que aquella fue la primera vez que de su boca oí palabra sin yra, y mira quan necessitado estaua de su fabor[1218], que de decirme ella que me agradecía darle lo que buscaba, hize tan grandes reliquias[1219] que mas de un año de grandisimos males desconte por aquella sola palabra, que traya alguna apariencia de bien. Por tu uida, dixo Sireno, que digas los uersos, que dizes que yo le canté, pues los tomaste de coro. Soy contento, dixo Syluano, de esta manera dezian.
De merced tan extremada ninguna deuda me queda, pues en la misma moneda, señora, quedays pagada. Que si gozé estando alli viendo delante de mi rostro, y oyos soberanos: vos tambien viendo en mis manos lo que en vuestros ojos vi. Y esto no os parezca mal, que de vuestra hermosura vistes sola la figura, y yo vi lo natural. Vn pensamiento extremado, jamas de amor subjetado, mejor uee, que no el captiuo, aunque el uno uea lo biuo, y el otro lo debuxado.
Qvando esto acabó Sireno de oyr, dixo contra Syluano: plega a Dios, pastor, que el amor me dé esperança de algun bien impossible, si ay cosa en la vida con que yo mas facilmente la passasse que con tu conuersacion, y si agora en estremo no me pesa que Diana te aya sido tan cruel, que siquiera no mostrasse agradecimiento a tan leales seruicios, y a tan verdadero amor como en ellos has mostrado. Syluano le respondio sospirando. Con poco me contentara yo, si mi fortuna quisiera; y bien pudiera Diana, sin offender á lo que a su honra, y a tu fe deuia darme algun contentamiento, mas no tan solo huyó siempre de darmele, mas aun de hazer cosa por donde imaginasse que yo algun tiempo podria tenelle. Dezia yo muchas vezes entre mí: Aora esta fiera endurescida no se enojaria algun dia con Sireno, de manera que por vengarse dél, fingiesse favorescerme a mi? Que vn hombre tan desconsolado, y falto de fauores, aun fingidos los ternia por buenos. Pues quando desta tierra te partiste, pense verdaderamente, que el remedio de mi mal me estaua llamando a la puerta, y que el oluido era la cosa más cierta, que despues de la ausencia se esperaua, y más en coraçon de muger. Pero quando despues vi las lagrimas de Diana, el no reposar en la aldea, el amar la soledad, los continuos sospiros, Dios sabe lo que senti. Que puesto caso que yo sabia ser el tiempo vn medico muy aprouado para el mal que la ausencia suele causar, vna sola hora de tristeza no quisiera yo que por mi señora passara, aunque della se me siguieran a mí cien mil de alegria. Algunos dias, despues que te fuyste, la vi junto a la dehesa del monte, arrimada a vna enzina, de pechos sobre su cayado, y desta manera estuuo gran pieça antes que me viesse. Despues alçó los ojos, y las lagrimas le estoruaron verme. Deuia ella entonces imaginar en su triste soledad, y en el mal que tu ausencia le hazia sentir, pero de ay a vn poco (no sin lagrimas, acompañadas de tristes sospiros) sacó vna çampoña, que en el çurron traya; y la començo a tocar tan dulcemente, que el valle, el monte, el rio, las aues enamoradas, y aun las sierras de aquel espesso bosque quedaron suspensas, y dexando la çampoña al son que ella auia tañido, començo esta cancion:
Cancion. Ojos que ya no veys quien os miraua, (quando erades espejo en que se via) qué cosa podreys ver que os dé contento? Prado florido y verde, do algun dia por el mi dulce amigo yo esperaua, llorad comigo el graue mal que siento. Aqui me declaró su pensamiento, oyle yo cuytada, mas que serpiente ayrada, llamandole mil vezes atreuido. Y el triste alli tendido[1220], paresce que es ahora, y que lo veo, y aun esse es mi desseo, ¡ay si lo viesse yo, ay tiempo bueno! ribera vmbrosa, qué es del mi Sireno? Aquella es la ribera, este es el prado, de alli parece el soto y valle vmbroso, que yo con mi rebaño repastaua. Veys el arroyo dulce y sonoroso, a do pascia la siesta mi ganado quando el mi dulce amigo aqui moraua. Debaxo aquella haya verde estaua, y veys alli el otero a do le vi primero, y a do me vio: dichoso fue aquel dia, si la desdicha mia, vn tiempo tan dichoso no acabara. O haya, o fuente clara, todo está aquí, mas no por quien yo peno. Ribera vmbrosa, qu'es de mi Sireno? Aqui tengo un retrato que me engaña, pues veo a mi pastor quando lo veo, aunque en mi alma está mejor sacado: Quando de verle llega el gran desseo de quien el tiempo luego desengaña, a aquella fuente voy, que está en el prado, Arrimolo a aquel sauze y a su lado me assiento (ay amor ciego) al agua miro luego, y veo a mí y a él, tomo la via quando él aqui viuia. Esta inuencion vn rato me sustenta, despues caygo[1221] en la cuenta y dize el coraçon, de ansias lleno: ribera vmbrosa, qu'es d'el mi Sireno? Otras vezes le hablo, y no responde y pienso que de mí se esta vengando, porque algun tiempo no le respondia, Mas digole yo triste assi llorando: hablad, Sireno, pues estays adonde jamas ymaginó mi fantasia. No veys, dezi, que estays n'el alma mia? Y él todavia callado y estarse alli a mi lado: en mi seso le ruego que me hable: ¡qué engaño tan notable pedir a una pintura lengua o seso! ¡ay tiempo, que en un peso está mi alma y en poder ageno! ribera umbrosa, qu'es del mi Sireno? No puedo jamas yr con mi ganado, quando se pone el sol, a nuestra aldea, ni desde ella uenir a la majada, Sino por donde, aunque no quiera, uea la choça de mi bien tan desseado, ya por el suelo toda derribada: Allí me assiento un poco y descuidada do ouejas y corderos, hasta que los uaqueros me dan bozes diziendo: ha pastora, en que piensas aora, y el ganado pasciendo por los trigos? mis ojos son testigos por quien la yerua crece al ualle ameno; ribera umbrosa, qu'es d'el mi Sireno? Razon fuera, Sireno, que hizieras a tu opinion más fuerça en la partida pues que sin ella te entregué la mia: ¿Mas yo de quién me quexo? ¡ay, perdida! ¿pudiera alguno hazer que no partieras si el hado o la fortuna lo queria?
No fue la culpa tuya ni podria creer que tú hiziesses cosa con que offendiesses a este amor tan llano y tan sencillo, ni quiero presumillo, aunque aya muchas muestras y señales; los hados desiguales me an anublado vn cielo muy sereno; ribera vmbrosa, qu'es del mi Sireno? Cancion mira que vays adonde digo, mas quedate comigo, que puede ser te lleue la fortuna a parte do te llamen importuna.
Acabado[1222] Syluano la amorosa cancion de Diana, dixo a Sireno (que como fuera de si estaua oyendo los uersos que despues de su partida la pastora auia cantado): quando esta cancion cantaua la hermosa Diana, en mis lagrimas pudieran ver si yo sentia las que ella por tu causa derramaua: pues que no queriendo yo della entender que la auia entendido, dissimulando lo mejor que pude (que no fue poco podello hazer) llegueme adonde estaua. Sireno entonces le atajó diziendo: Ten punto, Syluano; ¿que vn coraçon, que tales cosas sentia pudo mudar fe? O constancia, o firmeza, y quantas pocas uezes hazeis assiento sobre coraçon de hembra, que quanto mas subiecta está á quereros, tanto mas propuesta[1223] para oluidaros. Y bien creya yo que en todas las mugeres auia esta falta, mas en mi señora Diana, jamas pensé que naturaleza auia dexado cosa buena por hazer. Prosiguiendo pues Syluano por su historia adelante, le dixo: Como yo me llegase más adonde Diana estaua, vi que ponia los ojos en la clara fuente, adonde prosiguiendo su acostumbrado officio, començó a dezir. Ay ojos y quanto más presto se os acabaran las lagrimas que la ocasion de derramabas; ay mi Sireno, plega a Dios que antes que el desabrido inuierno desnude el verde prado de frescas y olorosas flores, y el ualle ameno de la menuda yerua, y los arboles sombrios de su uerde hoja, uean estos ojos tu presencia tan desseada de mi anima, como de la tuya deuo ser aborrecida. A este punto alçó el diuino rostro, y me uido: trabajó por disimular el triste llanto, mas no lo pudo hazer, de manera que las lagrimas no atajassen el passo a su disimulacion. Leuantose a mi, diziendo: Sientate aqui, Syluano, que asaz vengado estás, y a costa mia. Bien paga esta desdichada lo que dizes que a su causa sientes si es uerdad que es ella la causa. Es possible, Diana, (le respondi) que eso me quedaua por oyr? En fin, no me engaño en dezir, que nasci para cada dia discubrir nueuos generos de tormentos, y tú para hazerme más sinrazones, de las que en tu pensamiento pueden caber. Aora dudas ser tú la causa de mi mal? Si tú no eres la causa d'el, quién, sospechas que mereciesse tan gran amor? O qué coraçon auria en el mundo si no fuesse el suyo, a quien mis lagrimas no vuiessen ablandado? E a esto añadi otras muchas cosas, de que ya no tengo memoria. Mas la cruel enemiga de mi descanso, atajó mis razones, diziendo: Mira, Syluano, si otra vez tu lengua se atreue a tratar de cosa tuya y a dexar de hablarme en el mi Sireno, a tu plazer te dexaré gozar de la clara fuente donde estamos sentado. Y tú no sabes que toda cosa que en mi pastor no tratare, me es aborrescible y enojosa? y que a la persona que quiere bien, todo el tiempo que gasta en oyr cosa fuera de sus amores le parece mal empleado? Yo entonces, de miedo que mis palabras no fuessen causa de perder el descanso que su vista me offrescia, puse silencio en ellas, y estuue alli vn gran rato gozando de ver aquella hermosura sobrehumana, hasta que la noche se dexó venir (con mayor presteza de lo que yo quisiera) y de alli nos fuymos los dos con nuestros ganados al aldea. Sireno sospirando, le dixo: grandes cosas me has contado (Syluano) y todas en daño mio; desdichado de mí, quán presto vine a esperimentar la poca constancia que en las mugeres ay. Por lo que los deuo me pesa. No quisiera yo, pastor, que en algun tiempo se oyere dezir, que en vn vaso, donde tan gran hermosura y discrecion juntó naturaleza, hubiera tan mala mixtura, como es la inconstancia que comigo ha usado. Y lo que más me llega al alma, es que el tiempo le a de dar a entender lo mal que comigo lo ha hecho: lo qual no puede ser sino a costa de su descanso. ¿Cómo le ua de contentamiento despues de casada? Syluano le respondió: dizenme algunos que le ua mal, y no me espanto, porque como sabes, Delio su esposo, aunque es rico de los bienes de fortuna, no lo es de los de naturaleza, que en esto de la disposicion ya ves quan mal le va. Pues de otras cosas de que los pastores nos preciamos, como son tañer, cantar, luchar, jugar al cayado, baylar con las mozas el Domingo, paresce que Delio no ha nascido para más que mirallo. Aora pastor (dixo Sireno) toma tu rabel y yo tomaré mi çampoña, que no ay mal que con la musica no se passe, ni tristeza que con ella no se acresciente. Y templando los dos pastores sus instrumentos con mucha gracia y suauidad començaron a cantar lo siguiente.
SYLVANO Sireno, en qué pensauas, que mirandote estaua desde el soto, y condoliendome de uer con el dolor qu'estás quexandote?
Yo dexo mi ganado alli, atendiendome, que en quanto el claro sol no ua encubriendose bien puedo estar contigo entreteniendome. Tu mal me di[1224] pastor, que el mal diziendose se passa a menos costa, que callandolo, y la tristeza en fin va despidiendose. Mi mal contaria yo, pero contandolo, se me acrecienta, y más en acordarseme de quan en vano, ay triste, estoy llorandolo. La vida a mi pesar veo alargarseme, mi triste coraçon no ay consolarmele, y vn desusado mal veo acercarseme. De quien medio esperé, vino a quitarmele, mas nunca le esperé, porque esperandole, pudiera con razon dexar de darmele. Andaua mi passion sollicitandole, con medios no importunos, sino licitos, y andaua el crudo amor ella estoruandole, Mis tristes pensamientos muy solicitos de vna á otra parte reboluiendose, huyendo en toda cosa el ser illicitos, pedian a Diana, que pudiendose dar medio en tanto mal, y sin causartele se diesse: y fuesse vn triste entreteniendose. Pues qué hizieras, di, si en vez de dartele te le quitare? ay triste, que pensandolo, callar querria mi mal, y no contartele. Pero despues (Sireno) ymaginandolo vna pastora inuoco hermosissima, y ansi va a costa mia en fin passandolo.
SIRENO
Syluano mio, vna afeccion rarissima, vna verdad que ciega luego en viendola, vn seso, y discrecion excelentissima: con una dulce habla, que en oyendola, las duras peñas mueue enterneciendolas, qué sentiria un amador perdiendola? Mis ouejuelas miro, y pienso en viendolas quantas uezes la uía repastandolas y con las suias propias recogiendolas. Y quantas uezes la topé lleuandolas, al rio por la siesta, a do sentandose, con gran cuidado estaua alli contandolas? Despues si estaua sola, destocandose, vieras el claro sol embidiosissimo de sus cabellos, y ella alli peinandose, Pues (o Syluano amigo mio carissimo) quantas uezes de subito encontrandome se le encendia aquel rostro hermosissimo. Y con qué gracia estaua preguntandome que como auia tardado, y aun riñiendome y si esso m'enfadaua halagandome. Pues quantos dias la hallé atendiendome en esta clara fuente, y yo buscandola por aquel soto espesso, y deshaziendome, Cómo qualquier trabajo en encontrandola de ouejas y corderos, lo oluidauamos hablando ella comigo, y yo mirandola. Otras uezes (Syluano) concertauamos la çampoña y rabel con que tañiamos, y mis uersos entonce alli cantauamos. Despues la flecha y arco apercebiamos y otras uezes la red, y ella siguiendome jamas sin caça a nuestra aldea boluiamos. Assi fortuna anduuo entreteniendome que para mayor mal yua guardandome, el qual no terná fin, sino muriendome.
SYLUANO
Sireno, el crudo amor que lastimandome jamas cansó, no impide el acordarseme de tanto mal, y muero en acordandome. Miré a Diana, y ui luego abreuiarseme el plazer y contento, en solo uiendola, y a mi pesar la uida ui alargarseme, O quantas uezes la hallé perdiendola, y quantas uezes la perdi hallandola, y yo callar, suffrir, morir sirviéndola[1225]? La uida perdí yo, quando topandola miraua aquellos ojos, que ayradissimos boluia contra mí luego en hablandola. Mas quando los cabellos hermosissimos descogia y peinaua, no sintiendome se me boluian los males sabrosissimos. Y la cruel Diana en conosciendome boluia como fiera, que encrespandose arremete al leon, y deshaziendome. Vn tiempo la esperança, ansi burlandome mantuuo el coraçon entreteniendole, mas el mismo despues desengañandome, burló del esperar, y fue perdiendole.
No mucho despues que los pastores dieron fin al triste canto, uieron salir dentro el arboleda que junto al rio estaña, una pastora tañendo con una çampoña, y cantando con tanta gracia y suauidad como tristeza: la qual encobria gran parte de su hermosura (que no era poca) y preguntó Sireno, como quien auia mucho que no repastaua por aquel valle, quién fuesse[1226]. Syluano le respondió: esta es una hermosa pastora, que de pocos dias acá apascienta por estos prados, muy quexosa de amor, y segun dize con mucha razon, aunque otros quieren dezir, que ha mucho tiempo que se burla con el desengaño. Por uentura, dixo Sireno, está en su mano el desengañarse? Si, respondió Syluano, porque no puedo yo creer, que ay muger en la uida, que tanto quiera que la fuerça del amor le estorue entender si es querida, o no.
De contraria opinion soy. De contraria (dixo Syluano) pues no te irás alabando, que bien caro te cuesta auerte fiado en las palabras de Diana, pero no te doy culpa, que ansi como no ay a quien no uença su hermosura, assi no aurá a quien sus palabras no engañen. ¿Cómo puedes tú saber esso, pues ella jamas te engañó con palabras, ni con obras? Verdad es (dixo Syluano) que siempre fuy della desengañado, mas yo osaria jurar (por lo que despues acá ha sucedido) que jamas me desengañó a mi, sino por engañarte a ti. Pero dexemos esto, y oyamos esta pastora que es gran amiga de Diana, y segun lo que de su gracia y discreccion me dizen, bien meresce ser oyda. A este tiempo llegaua la hermosa pastora junto a la fuente, cantando este soneto.
Soneto.
Ya he uisto yo a mis ojos más contento y he uisto mas alegre el alma mia, triste de la que enfada do algun dia con su uista causó contentamiento. Mas como esta fortuna en un momento os corta la rayz del alegria, lo mismo que ay de vn es, a un ser solia, ay de un gran plazer a un gran tormento. Tomaos allá con tiempos, con mudanças, tomaos con mouimientos desuariados, vereys el coraçon quan libre os queda. Entonces me fiaré yo en esperanças, quando los casos tenga sojuzgados y echado un clauo al exe de la rueda.
Despues que la pastora acabó de cantar se uino derecha a la fuente adonde los pastores estauan, y entretanto que uenia, dixo Syluano (medio riendo) no hagas sino hazer caso de aquellas palabras, y acceptar por testigo el ardiente sospiro con que dió fin a su cantar. Desso no dudes (respondió Sireno) que tan presto yo la quisiera bien como aunque me pese creyera todo lo que ello me quisiera dezir. Pues estando ellos en esto llegó Seluagia, y quando conoscio a los pastores, muy cortesemente los saludó, diziendo: Qué hazeys, o desamados pastores, en este verde y deleytoso prado? No dizes mal, hermosa Seluagia, en preguntar qué hazemos (dixo Syluano) hazemos tan poco para lo que deuiamos hazer, que jamas podremos concluyr cosa que el amor nos haga dessear? No te espantes desso, dixo Seluagia, que cosas ay que antes que se acaben, acaban ellas a quien las dessea. Syluano respondio: a lo menos si hombre pone su descanso en manos de muger, primero se acabará la uida, que con ella se acabe cosa con que se espere recebille. Desdichadas destas mugeres (dixo Seluagia) que tan mal tratadas son de uuestras palabras. Mas destos hombres (respondio Syluano) que tanto peor lo son de uuestras obras. Puede ser cosa más baxa, ni de menor ualor, que por la cosa más liuiana del mundo, olvideys uosotras a quien más amor ayais tenido? Pues ausentaos algun dia de quien bien quereys, que a la buelta aureys menester negociar de nueuo. Dos cosas siento, dixo Seluagia, de lo que dizes, que uerdaderamente me espantan, la vna, es que ueo en tu lengua al reues de lo que de tu condicion tuue entendido siempre, porque imaginaua yo quando oya hablar en tus amores, que eras en ellos vn Fenix, y que ninguno de quantos hasta oy an querido bien, pudieron llegar al estremo que tú as tenido, en querer a una pastora que yo conosco, causas harto sufficientes para no tratar mal de mugeres, si la malicia no fuera más que los amores. La segunda es que hablas en cosa que no entiendes, porque hablar en oluido, quien jamas tuuo esperiencia dél, más se deue atribuir a locura que a otra cosa. Si Diana jamas se acordo de ti, cómo puedes tú quexarte de su oluido? A ambas cosas, dixo Syluano, pienso responderte, si no te cansas en oyrme. Plega a Dios que jamas me uea con más contento del que aora tengo, si nadie, por más exemplo que me trayga puede encarecer el poder que sobre mi alma tiene aquella desagradescida, y desleal pastora (que tú conoces, y yo no quisiera conocer) pero quanto mayor es el amor que le tengo, tanto más me pesa, que en ella aya cosa que pueda ser reprehendida; porque ay está Sireno, que fue más fauorescido de Diana que todos los del mundo lo an sido de sus señoras y lo ha oluidado de la manera que todos sabemos. A lo que dizes, que no puedo hablar en mal, de que no tengo esperiencia, bueno seria que el medico no supiesse tratar de mal que él no uuiesse tenido, y de otra cosa, Seluagia te quiero satisfazer, no pienses que quiero mal a las mugeres, que no ay cosa en la uida a quien más dessee seruir: mas en pago de querer bien, soy tratado mal, y de aqui nasce dezillo yo, de quien es su gloria causarmele. Sireno que auia rato que callaua, dixo contra Seluagia. Pastora, si me oyesses, no pornias culpa a mi competidor (o hablando mas propriamente, a mi charo amigo Syluano) dime, por qué causa soys tan mouibles, que en un punto derribais a un pastor de lo más alto de su uentura, a lo más baxo de su miseria? Pero sabeys a qué lo atribuyo? a que no teneys uerdadero conoscimiento de lo que traeys entre manos; tratays de amor, no soys capazes de entendelle, ved cómo sabreys aueniros con el. Yo te dixo Sireno (dixo Seluagia) que la causa porque las pastoras oluidamos, no es otra, sino la misma porque de uosotros somos oluidadas. Son cosas que el amor haze y deshaze: cosas que los tiempos y los lugares las mueuen o las[1227] ponen silencio: mas no por defecto del entendimiento de las mugeres, de las quales ha auido en el mundo infinitas que pudieran enseñar a uiuir a los hombres, y aun los enseñaran a amar, si fuera el amor cosa que pudiera enseñarse. Mas con todo esto, creyo que no ay mas baxo estado en la uida, que el de las mugeres: porque si os hablan bien, pensays que estan muertas de amores; si no os hablan, creeys que de alteradas y fantasticas lo hazen; si el recogimiento que tienen no haze a nuestro proposito, teneys lo por hypocresia: no tienen desemboltura que no os parezca demasiada: si callan, dezis que son necias, si hablan, que son pesadas: y que no ay quien las suffra, si os quieren todo lo del mundo, creeys que de malas lo hazen, si os oluidan, y se apartan de las occasiones de ser enfamadas, dezis que de inconstantes y poco firmes en un proposito. Assi que no está en más pareceros la muger buena, o mala, que en acertar ella a no salir jamas de lo que pide uuestra inclinacion. Hermosa Seluagia (dixo Sireno) si todas tuuiessen ese entendimiento y biueza de ingenio, bien creo yo que jamas darian occasion a que nosotros pudiessemos quexarnos de sus descuydos. Mas para que sepamos la razon que tienes de agrauiarte de amor, ansi Dios te de el consuelo que para tan graue mal es menester, que nos cuentes la hystoria de tus amores, y todo lo que en ellos hasta aora te ha succedido (que de los nuestros sabes más de lo que nosotros te sabremos dezir) por uer si las cosas que en él as passado te dan licencia para hablar en ellos tan sueltamente. Que cierto tus palabras dan a entender ser tú la más esperimentada en ellos, que otra jamas aya sido. Seluagia le respondio: si yo no fuere (Sireno) la más esperimentada, seré la más mal tratada que nunca nadie penso ser, y la que con más razon se puede quexar de sus desuariados effectos, cosa harto sufficiente para poder hablar en él. Y porque entiendas por lo que passé, lo que siento de esta endiablada passion, poned un poco uuestras desuenturas en mano del silencio, y contaros he las maiores que jamas aueys oydo.
En el ualeroso y inexpugnable reino de los Lusitanos, ay dos caudalosos rios que cansados de regar la mayor parte de nuestra España, no muy lexos el vno del otro entran en el mar Oceano, en medio de los quales ay muchas y muy antiguas poblaciones, a causa de la fertilidad de la tierra ser tan grande, que en el uniuerso no ay otra alguna que se yguale. La uida desta prouincia es tan remota y apartada de cosas que puedan inquietar el pensamiento, que si no es quando Venus, por manos del ciego hijo, se quiere mostrar poderosa, no ay quien entienda en más que en sustentar una vida quieta, con sufficiente mediania, en las cosas que para passalla son menester. Los ingenios de los hombres son aparejados para passar la uida con assaz contento, y la hermosura de las mugeres para quitalla al que mas confiado biuiere. Ay muchas casas por entre las florestas sombrias, y deleytosos ualles: el termino de los quales siendo proueydo de rocio del soberano cielo, y cultiuado con industria de los habitadores dellas, el gracioso uerano tiene cuydado de offrecerles el fruto de su trabajo, y socorrerles a las necessidades de la uida humana. Yo uiuia en una aldea que está junto al caudaloso Duero (que es vno de los dos rios que os tengo dicho) adonde está el suntuosissimo templo de la diosa Minerua, que en ciertos tiempos del año es uisitado de todas o las más pastoras y pastores que en aquella prouincia biuen. Començando un dia, antes de la celebre fiesta a solemnizalla las pastoras y nymphas, con cantos y hymnos muy suaues, y los pastores con desafios de correr, saltar, luchar, y tirar la barra, poniendo por premio para el que uictorioso saliere, quales una guirnalda de uerde yedra, quales una dulce çampoña, o flauta, ó un cayado de nudoso fresno, y otras cosas de que los pastores se precian. Llegando pues el dia en que la fiesta se celebraua, yo con otras pastoras amigas mias: dexando los seruiles, y baxos paños, y uistiendonos de los mejores que teniamos, nos fuymos el dia antes de la fiesta determinadas de uerlas aquella noche en el templo, como otros años lo soliamos hazer. Estando pues como digo en compañia de estas amigas mias, uimos entrar por la puerta, una compañia de hermosas pastoras, a quien algunos pastores acompañauan: los quales dexandolas dentro, y auiendo hecho su deuida oracion, se salieron al hermoso ualle, por que la orden de aquella prouincia era que ningun pastor pudiesse entrar en el templo, más que a dar la obediencia, y se boluiesse luego a salir, hasta que el dia siguiente pudiessen todos entrar a participar de las cerimonias y sacrificios que entonces hazian. Y la causa desto era, porque las pastoras y Nimphas quedassen solas y sin ocasion de entender en otra cosa, sino celebrar la fiesta regozijandose vnas con otras, cosas que otros muchos años solian hazer, y los pastores fuera del templo en vn uerde prado que alli estaua, al resplandor de la nocturna Diana. Pues auiendo entrado los pastores que digo en el suntuoso templo, despues de hechas sus oraciones y de haber offrescido sus offrendas delante del altar, junto a nosotros se assentaron. Y quiso mi uentura que junto a mi se sentasse una dellas para que yo fuesse desuenturada todos los dias que su memoria me durasse[1228]. Las pastoras venian disfraçadas, los rostros cubiertos con unos uelos blancos y presos en sus chapeletes de menuda paja subtilissimamente labrados con muchas guarniciones de lo mismo tan bien hechas y entretexidas, que de oro no les lleuara uentaja. Pues estando yo mirando la que junto a mi se auia sentado, ui que no quitaua los ojos de los mios, y quando yo la miraua, abaxava ella los suyos fingiendome quererme uer sin que yo mirasse en ello. Yo desseaua en estremo saber quién era, por que si hablasse comigo, no cayesse yo en algun yerro a causa de no conocella. Y todauia todas las uezes que yo me descuydaua, la pastora no quitaua los ojos de mí, y tanto que mil uezes estime por hablalla[1229], enamorada de unos hermosos ojos que ella solamente tenia descubiertos. Pues estando yo con toda la atencion possible, sacó la más hermosa y la más delicada mano, que yo despues acá he uisto, y tomandome la mia, me la estuuo mirando un poco. Yo que estaua más enamorada della de lo que se podria dezir, le dixe: Hermosa y graciosa pastora, no es sola essa mano, la que aora está aparejada para seruiros, mas tambien lo está el coraçon, y el pensamiento de cuya ella es. Ysmenia (que assi se llamaua aquella que fue causa de toda la inquietud de mis pensamientos) teniendo ya imaginado hazerme la burla que adelante oireys, me respondio muy baxo, que nadie lo oyesse: graciosa pastora, soy yo tan uuestra, que como tal me atreui a hazer lo que hize, suplicoos que no os escandalizeys, porque en uiendo uuestro hermoso rostro, no tuue más poder en mi. Yo entonces muy contenta me llegué más a ella, y le dixe (medio riendo). ¿Cómo puede ser, pastora, que siendo uos tan hermosa os enamoreys de otra que tanto le falta para serlo, y más siendo muger como uos? Ay pastora, respondió ella, que el amor que menos uezes se acaba es este, y el que más consienten passar los hados, sin que las bueltas de fortuna ni las mudanças del tiempo les vayan a la mano. Yo entonces respondi: si la naturaleza de mi estado me enseñara a responder a tan discretas palabras, no me lo estoruara el desseo que de seruiros tengo: mas creeme, hermosa pastora, que el proposito de ser uuestra, la muerte no será parte para quitarmele. Y despues desto los abraços fueron tantos, los amores que la vna á la otra nos deziamos, y de mi parte tan uerdaderos, que ni teniamos cuenta con los cantares de las pastoras, ni mirauamos las danças de las Nymphas, ni otros regozijos que en el templo se hazia[1230]. A este tiempo importunaua yo a Ysmenia que me dixesse su nombre, y se quitasse el reboço, de lo qual ella con gran dissimulacion se escusaua y con grandissima astucia mudaua proposito. Mas siendo ya passada media noche, y estando yo con el mayor desseo del mundo de verle el rostro, y saber cómo se llamaua, y de adónde era, comence a quexarme d'ella, y a dezir que no era possible que el amor que me tenia fuesse tan grande, como con sus palabras me manifestaua: pues auiendole yo dicho mi nombre, me encubria el suyo, y que cómo podia yo biuir, queriendola como la queria, si no supiesse a quién queria, o adónde auia de saber nueuas de mis amores? E otras cosas dichas tan de veras que las lagrimas me ayudaron a mouer el coraçon de la cautelosa Ysmenia, de manera que ella se leuantó: y tomandome por la mano me apartó hazia una parte, donde no auia quien impedir nos pudiesse y començo a dezirme estas palabras (fingiendo que del alma le salian). Hermosa pastora, nascida para inquietud de un espiritu, que hasta aora ha biuido tan esento quanto ha sido possible, quien podra dexar de dezirte lo que pides auiendote hecho señora de su libertad? Desdichado de mí, que la mudança del habito te tiene engañada aunque el engaño ya resulta en daño mio. El reboço que quieres que yo quite, ues lo aqui donde lo quito, dezirte he mi nombre, no te haze mucho al caso, pues aunque yo no quiera me uerás mas uezes de las que tú podras suffrir. Y diziendo esto, y quitandose el reboço, vieron mis ojos un rostro que aunque el aspecto fuesse un poco uaronil, su hermosura era tan grande que me espantó. E prosiguiendo Ysmenia su plática, dixo: y por que, pastora, sepas el mal que tu hermosura me ha hecho, y que las palabras que entre las dos como de burlas han passado son de ueras: sabe que yo soy hombre y no muger, como antes pensauas. Estas pastoras que aqui uees por reyrte comigo (que son todas mis parientas) me han uestido desta manera que de otra no pudiera quedar en el templo, a causa de la orden que en esto se tiene. Quando yo hube entendido lo que Ysmenia me auia dicho, y le ui como digo en el rostro, no aquella blandura, ni en los ojos aquel reposo que las donzellas por la mayor parte solemos tener, crey que era uerdad lo que me dezia, y quedé tan[1231] fuera de mi, que no supe qué respondelle. Todauia contemplaua aquella hermosura tan estremada, miraua aquellas palabras que me dezia con tanta dissimulacion (que jamas supo nadie hazer cierto de lo fingido como aquella cautelosa y cruel pastora). Vime aquella hora tan presa de sus amores, y tan contenta de entender que ella lo estaua de mi, que no sabria encarecello, y puesto caso que de semejante passion hasta aquel punto no tuuiesse experiencia (causa harto sufficiente para no saber dezilla) todavia esforzandome lo mejor que pude la hablé desta manera: Hermosa pastora, que para hazerme quedar sin libertad, o para lo que la fortuna se sabe, tomaste el habito de aquella que el de amor a causa tuya ha professado, bastara el tuyo mismo para uencerme sin que con mis armas proprias me vieras rendido. Mas quién podra huir de lo que la Fortuna le tiene solicitado? Dichosa me pudiera llamar si uuieras hecho de industria lo que a caso hiziste: porque a mudarte el habito natural, para solo verme y dezirme lo que desseauas, atribuyeralo yo a merecimiento mio y a grande afeccion tuya, mas ver que la intencion fue otra aunque el efecto aya sido el que tenemos delante, me haze estar no tan contenta como lo estuuiera, a ser de la manera que digo. Y no te espantes, ni te pese deste tan gran desseo: por que no ay mayor señal de una persona, querer todo lo que puede, que dessear ser querida de aquel a quien ha entregado toda su libertad. De lo que tú me as oydo podras sacar, qual me tiene tu uista. Plegue a Dios que vses tambien del poder que sobre mi as tomado, que pueda yo sustentar el tenerme por muy dichosa hasta la fin de nuestros amores, los quales de mi parte, no lo ternán en quanto la uida me durare. La cautelosa Ysmenia me supo tambien responder a lo que dixe, y fingir las palabras que para nuestra conuersacion eran necessarias, que nadie pudiera huyr del engaño en que yo cay, si la fortuna de tan difficultoso laberinto con el hilo de prudencia no le sacara. Y assi estuuimos hasta que amanescio, hablando en lo que podria imaginar, quien por estos desuariados casos de amor ha passado. Dixome que su nombre era Alanio, su tierra Gallia, tres millas de nuestra aldea: quedamos concertados de uernos muchas uezes. La mañana se uino, y las dos nos apartamos con más abraços, y lagrimas, y sospiros de lo que aora sabré dezir. Ella se partio de mi, y boluiendo atras la cabeça por uerla, y por uer si me miraua, ui que se yua medio riendo, mas crey que los ojos me auian engañado. Fuese con la compañia que auia traydo, mas yo bolui con mucha más porque lleuaua en la imaginacion los ojos del fingido Alanio, las palabras con que su vano[1232] amor me auia manifestado, los abraços que dél auia recebido, y el crudo mal de que hasta entonces no tenia experiencia. Aora aueys de saber, pastores, que esta falsa y cautelosa Ysmenia tenia un primo, que se llamaua Alanio, a quien ella más que a si queria: porque en el rostro, y ojos, y todo lo demas se le parecia, tanto que si no fueran los dos de genero differente, no uuiera quien no juzgara el uno por el otro. Y era tanto el amor que le tenia que quando yo a ella en el templo le pregunté su mismo nombre, auiendome de dezir nombre de pastor, el primero que me supo nombrar fue Alanio: porque no ay cosa más cierta, que en las cosas súbitas encontrarse la lengua con lo que está en el coraçon. El pastor la queria bien mas no tanto como ella a él. Pues quando las pastoras salieron del templo para boluerse a su aldea, Ysmenia se halló con Alanio su primo, y él por usar de la cortesia que a tan grande amor como el de Ysmenia era deuida, dexando la compañia de los mancebos de su aldea, determinó de acompañarla (como lo hizo) de que no poco contentamiento recibio Ysmenia, y por darsele a él en alguna cosa, sin mirar lo que hazia, le contó lo que comigo auia passado, diziendoselo muy particularmente, y con grandissima risa de los dos, que tambien le dixo, como yo quedaua, pensando que ella fuesse hombre, muy presa de sus amores. Alanio quando aquello oyo, dissimuló lo mejor que él pudo, diziendo que auia sido grandissimo donayre. Y sacandole todo lo que comigo auia passado que no faltó cosa, llegaron a su aldea. E de ay a ocho dias (que para mí fueron ocho mil años) el traydor de Alanio (que assi lo puedo llamar con más razon que él ha tenido de oluidarme), se uino a mi lugar, y se puso en parte donde yo pudiesse uerle, al tiempo que passaua con otras zagalas a la fuente que cerca del lugar estaua. E como yo lo uiese, fue tanto el contentamiento que recibi, que no se puede encarescer, pensando que era el mismo que en habito de pastora auia hablado en el templo. E luego yo le hize señas que se uiniesse hazia la fuente a donde yo yua y no fue menester mucho para entendellas. El se uino, y allí estuuimos, hablando todo lo que el tiempo nos dio lugar: y el amor quedó (a lo menos de mi parte) tan confiado que aunque el engaño se descubriera, (como de ay a poco dias se descubrio) no fuera parte para apartarme de mi pensamiento. Alanio tambien creo que me queria bien, y que desde aquella hora, quedó preso de mis amores, pero no lo mostró por la obra tanto como deuia. Assi que algunos dias se trataron nuestros amores con el mayor secreto que pudimos, pero no fue tan grande, que la cautelosa Ysmenia no lo supiesse: y uiendo qne ella tenia la culpa, no solo en auerme engañado, mas aun en auer dado causa a que Alanio descubriendole lo que passaua, me amasse a mi, y pusiesse a ella en oluido, estuuo para perder el seso, mas consolose con parezelle, que en sabiendo yo la uerdad, al punto oluidaria. Y engañauase en ello, que despues le quise mucho más, y con muy mayor obligacion. Pues determinada Ysmenia de deshazer el engaño, que por su mal auiame hecho, me escriuio esta carta:
CARTA DE YSMENIA PARA SELUAGIA
Seluagia, si a los que nos quieren tenemos obligacion de quererlos, no ay cosa en la uida a quien más deua que a ti, pero si las que son causa que seamos oluidadas deuen ser aborrescidas, a tu discrecion lo dexo. Querria te poner alguna culpa, de auer puesto los ojos en el mi Alanio, mas ¿qué hare desdichada, que toda la culpa tengo yo de mi desuentura? Por mi mal te ui. ¡O Seluagia! bien pudiera yo escusar lo que passé contigo, mas en fin desembolturas demasiadas las menos uezes succeden bien. Por reyr una hora con el mi Alanio, contandole lo que auia passado, lloraré toda mi uida, si tú no te dueles d'ella. Suplicote quanto puedo, que baste este desengaño, para que Alanio sea de ti oluidado, y esta pastora restituyda en lo que pudieres, que no podras poco, si amor te da lugar a hazer lo que suplico.
Quando yo esta carta ui, ya Alanio me auia desengañado de la burla que Ysmenia me auia hecho, pero no me auia contado los amores que entre los dos auia, de lo qual yo no hize mucho caso, porque estaua tan confiada en el amor que mostraua tenerme, que no creyera jamas, que pensamientos passados, ni por venir, podrian ser parte para que él me dexasse. Y porque Ysmenia no me tuuiesse por descomedida, respondi a su carta desta manera:
CARTA DE SELUAGIA PARA YSMENIA
No sé, hermosa Ysmenia, si me quexe de ti, o si te dé gracias, por auerme puesto en tal pensamiento, ni creo sabria determinar quál destas cosas hazer, hasta que el successo de mis amores me lo aconseje. Por vna parte me duele tu mal, por otra veo que tú saliste al camino a recebille. Libre estaua Seluagia al tiempo que en el templo la engañaste, y aora está subiecta a la uoluntad de aquel a quien tú quesiste entregalla. Dizesme que dexe de querer a Alanio: con lo que tú en esse caso harias, puedo responderte. Vna cosa me duele en estremo, y os uer que tienes mal de que no puedes quexarte, el qual da muy mayor pena a quien lo padesce. Considero aquellos ojos con que me uiste, y aquel rostro que despues de muy importunada me monstraste, y pesame que cosa tan parescida al mi Alanio, padezca tan estraño descontento. Mira qué remedio este para poder auello en tu mal. Por la liberalidad que comigo has usado en darme la más preciosa joya que tenias, te beso las manos. Dios quiera que en algo te pueda seruir. Si uieres allá el mi Alanio, dile la razon que tiene de quererme; que ya él sabe la que tiene de oluidarte. Y Dios te dé el contentamiento que desseas, con que no sea a costa del que yo recibo en uerme tan bien empleada.
No pudo Ysmenia acabar de leer esta carta, porque al medio della, fueron tantos los sospiros y lagrimas que por sus ojos derramaua, que penso perder la uida llorando. Trabajaua quanto podia porque Alanio dexasse de querer, y buscaua para esto tantos remedios, como él para apartarse donde pudiesse uerla. No porque la queria mal, mas por parecelle que con esto me pagaua algo de lo mucho que me deuia. Todos los dias que en este proposito biuio, no vuo alguno que yo dexasse de uerle: porque el camino que de su lugar al mio auia jamas dexaua de ser por él passado. Todos trabajos tenia en poco, si con ellos le parescia que yo tomaua contento. Ysmenia los dias que por él preguntaua, y le dezian que estaua en mi aldea, no tenia paciencia para suffrillo. E con todo esto no auia cosa que más contento le diesse, que hablalle en él. Pues como la necessidad sea tan ingeniosa que uenga a sacar remedios donde nadie penso hallarlos, la desamada Ysmenia se auenturó a tomar uno, qual pluguiera a Dios, que por el pensamiento no le passara, y fue fingir que queria bien a otro pastor llamado Montano, de quien mucho tiempo auia sido requerida. Y era el pastor con quien Alanio peor estaua: y como lo determinó, assi lo puso por obra por uer si con esta subita mudança podria atraer a Alanio a lo que desseaua, porque no ay cosa que las personas tengan por segura, aunque la tengan en poco, que si de subito la pierden, no les llegue al alma el perdella. Pues como uiesse Montano que su señora Ysmenia tenia por bien de corresponder al amor que él tanto tiempo le auia tenido, ya oyreys[1233] lo que sintiria. Fue tanto el gozo que recibio, tantos los seruicios, que le hizo, tantos los trabajos en que por causa suya se puso, que fueron parte juntamente con las sin razones que Alanio le auia hecho, para que saliesse uerdadero, lo que fingiendo la pastora auia començado; y puso Ysmenia su amor en el pastor Montano con tanta firmeza, que ya no auia cosa a quien más quisiesse que a él, ni que menos deseasse uer que al mi Alanio. Y esto le dio ella a entender lo mas presto que pudo, paresciendole, que en ello se vengaua de su oluido, y de auer puesto en mí el pensamiento. Alanio aunque sintio en estremo el ver a Ysmenia perdida por pastor con quien él tan mal estaua, era tanto el amor que me tenia, que no daua a entenderlo quanto ello era. Mas andando algunos dias, y considerando que él era causa de que su enemigo fuesse tan favorescido de Ysmenia, y que la pastora ya huía de uelle (muriendose no mucho antes quando no le ueia) estuuo para perder el seso por enojo, y determinó de estorbar esta buena fortuna de Montano. Para lo qual començo nueuamente de mirar a Ysmenia, y de no uenir a uerme tan publico como solia ni faltar tantas uezes en su aldea, porque Ysmenia no lo supiesse. Los amores entre ella y Montano yuan muy adelante, y los mios con el mi Alanio, se quedauan atras todo lo que podian, no de mi parte, pues sola la muerte podria apartarme de mi proposito, mas de la suya, que jamas pense uer cosa tan mudable. Porque como estaua tan encendido en colera con Montano, la qual no podia ser executada, sino con amor en la su Ysmenia, y para esto las uenidas a mi aldea era gran impedimiento, y como el estar ausente de mi, le causasse oluido, y la presencia de la su Ysmenia grandissimo amor, el boluio a su pensamiento primero, y yo quedé burlada del mio. Mas con todos los seruicios que a Ysmenia hazia, los recados que le embiaua, las quexas que formaua della, jamas la pudo mouer de su proposito, ni uuo cosa que fuesse parte para hazelle perder un punto d'el amor que a Montano tenia. Pues estando yo perdida por Alanio, Alanio por Ysmenia, Ysmenia por Montano, succedio que a mi padre se le offresciessen ciertos negocios sobre las dehesas del Estremo, con Phileno, padre del pastor Montano; para lo qual los dos uinieron muchas uezes a mi aldea, y en tiempo que Montano, o por los sobrados fauores que Ysmenia le hazia (que en algunos hombres de baxo espiritu causan fastidio) o porque tambien tenia celos de las diligencias de Alanio, andaua ya un poco frio en sus amores. Finalmente que él me uio traer mis ouejas a la majada, y en uiendome començo a quererme, de manera (segun lo que cada dia yua moustrando) que ni yo a Alanio, ni Alanio a Ysmenia, ni Ysmenia a él, no era possible tener mayor afection. Ved qué estraño embuste de amor. Si por uentura Ysmenia yua al campo, Alanio tras ella, si Montano yua al ganado, Ysmenia tras él, si yo andaua al monte con mis ouejas, Montano tras mi. Si yo sabia que Alanio estaua en un bosque donde solia repastar, allá me yua tras el. Era la más nueua cosa del mundo oyr cómo dezia Alanio sospirando, ¡ay Ysmenia!, y cómo Ysmenia dezia ¡ay Seluagia!, y cómo Seluagia dezia ¡ay Montano! y cómo Montano dezia ¡ay mi Alanio! Succedio que un dia nos juntamos los quatro en una floresta, que en medio de los dos lugares auia, y la causa fue, que Ysmenia auia ydo a uisitar unas pastoras amigas suyas, que cerca de alli morauan; y quando Alanio lo supo, forçado de su mudable pensamiento, se fue en busca della, y la halló junto a un arroyo, peinando sus dorados cabellos. Yo siendo auisada por un pastor, mi uecino, que Alanio yua a la floresta del ualle (que assi se llamaua) tomando delante de mí unas cabras que en un corral junto a mi casa estauan encerradas, por no yr sin alguna occasion, me fuy donde mi desseo me encaminaua, y le hallé a él llorando su desuentura, y a la pastora riendose de sus escusadas lagrimas, y burlando de sus ardientes sospiros. Quando Ysmenia me uio, no poco se holgo comigo, aunque yo no con ella; mas antes le puse delante las razones que tenia para agrauiarme del engaño passado; de las quales ella supo escusarse tan discretamente, que pensando yo que me deuia la satisfaction de tantos trabajos, me dio con sus bien ordenadas razones a entender, que yo era la que le estaua obligada, porque si ella me auia hecho una burla, yo me auia satisfecho tan bien que no tan solamente le auia quitado a Alanio, su primo, a quien ella auia querido mas que a si, mas que aun tan aora tambien le traya al su Montano muy fuera de lo que solia ser. En esto llegó Montano, que de una pastora amiga mia, llamada Solisa, auia sido auisada que con mis cabras uenia a la floresta del ualle. E quando alli los quatro discordantes amadores nos hallamos, no se puede dezir lo que sentíamos, porque cada uno miraua a quien no queria que le mirasse. Y preguntaua al mi Alanio la causa de su oluido; él pedia misericordía a la cautelosa Ysmenia, Ysmenia quexauase de la tibieza de Montano; Montano de la crueldad de Seluagia. Pues estando de la manera que oys, cada uno perdido por quien no le queria, Alanio al son de su rabel començo a cantar lo siguiente:
No más, nympha cruel: ya estas vengada, no prueues tu furor en un rendido: la culpa a costa mia está pagada. Ablanda ya esse pecho endurescido, y resuscita un alma sepultada en la tiniebla escura de tu oluido; que no cabe en tu ser, ualor y suerte, que un pastor como yo pueda offenderte. Si la ouejuela siempre ua huyendo de su pastor, colerico y ayrado, y con temor acá, y allá corriendo, a su pesar se alexa del ganado; mas ya que no la siguen, conosciendo que es más peligro auerse assi alexado, balando buelue al hato temerosa, será no recebilla justa cosa. Leuanta ya essos ojos que algun dia, Ysmenia, por mirarme leuantauas, la libertad me buelue que era mia, y un blando coraçon que me entregauas. Mira (Nympha) que entonces no sentia aquel senzillo amor que me mostrauas, ya triste lo conozco y pienso en ello, aunque ha llegado tarde el conoscello. ¿Cómo que fue possible, di, enemiga, que siendo tú muy más que yo culpada, con titulo cruel, con nueua liga, mudasses fe tan pura y estremada? ¿Qué hado, Ysmenia, es este que te obliga a amar do no es possible ser amada? Perdona, mi señora, ya esta culpa, pues la occasion que diste me desculpa. ¿Qué honra ganas, di, de auer uengado vn yerro a causa tuya cometido? ¿qué excesso hize yo, que no he pagado, qué tengo por suffrir, que no he suffrido? ¿Qué animo cruel, qué pecho ayrado, qué coraçon de fiera endurescido, tan insuffrible mal no ablandaria, sino el de la cruel pastora mia? Si como yo he sentido las razones, que tienes, o has tenido de oluidarme: las penas, los trabajos, las passiones, el no querer oyrme, ni aun mirarme, llegasses a sentir las occasiones, que sin buscallas yo, quissiste darme: ni tú ternias que darme más tormento, ni aun yo más que pagar mi atreuimiento.
Ansi acabó mi Alanio el suaue canto y aun yo quisiera que entonces se me acabara la uida, y con mucha razon, porque no podria llegar a más la desuentura, que a uer yo delante mis ojos aquel que más que a mí queria, tan perdido por otra, y tan oluidado de mí. Mas como yo en estas desuenturas no fuese sola, dissimulé por entonces, y tambien porque la hermosa Ysmenia, puestos los ojos en el su Montano, començaua a cantar lo siguiente:
¡Qvan fuera estoy de pensar en lágrimas escusadas, siendo tan aparejadas las presentes, para dar muy poco por las passadas! Que si algun tiempo trataua de amores de alguna suerte, no pude en ello offenderte, porque entonces m'ensayaua, Montano, para quererte. Enseñauame a querer, suffria no ser querida: sospechaua quan rendida, Montano, te auia de ser, y quan mal agradescida. Ensayéme como digo, a suffrir el mal de amor: desengañese el pastor que compitiere contigo, porque en balde es su dolor. Nadie se quexe de mi, si me quiso, y no es querido; que yo jamas he podido querer otro sino a ti, y aun fuera tiempo perdido. Y si algun tiempo miré, miraua, pero no uia; que yo, pastor, no podia dar a ninguno mi fe, pues para ti la tenia. Vayan sospiros a cuentos, bueluanse los ojos fuentes, resusciten accidentes: que passados pensamientos no dañarán los presentes. Vaya el mal por donde va, y el bien por donde quisiere: que yo yre por donde fuere, pues ni el mal m'espantará, ni aun la muerte si uiniere.
Vengado me auia Ysmenia del cruel y desleal Alanio, si en el amor que yo le tenia cupiera algun desseo de vengança, mas no tardó mucho Alanio en castigar a Ysmenia, poniendo los ojos en mí, y cantando este antiguo cantar.
Amor loco ¡ay amor loco! yo por uos, y uos por otro. Ser yo loco, es manifiesto: por uos ¿quien no lo será? que mayor locura está en no ser loco por esto; mas con todo no es honesto que ande loco, por quien es loca por otro. Ya que uiendoos, no me ueys, y moris porque no muero, comed aora a mi que os quiero con salsa del que quereys y con esto me hareys ser tan loco, como uos loca por otro.
Qvando acabó de cantar esta postrera copla, la estraña agonia en que todos estauamos no pudo estoruar que muy de gana no nos riessemos, en uer que Montano queria que engañasse yo el gusto de miralle, con salsa de su competidor Alanio, como si en mi pensamiento cupiera dejarse engañar con apariencias de otra cosa. A essa hora comence yo con gran confiança a tocar mi çampoña, cantando la cancion que oyreys; porque a lo menos en ella pensaua mostrar (como lo mostre) quanto mejor me auia yo auido en los amores, que ninguno de los que alli estauan.
Pves no puedo descansar a trueque de ser culpada, guardeme Dios de oluidar, más que de ser oluidada. No solo donde ay oluido no ay amor ni puede auello, mas donde ay sospecha dello no ay querer, sino fingido. Muy grande mal es amar, do esperança es escusada; mas guardeos Dios de oluidar, que es ayre ser oluidada. Si yo quiero, ¿por que quiero, para dexar de querer? ¿que más honrra puede ser, que morir del mal que muero? El biuir para oluidar, es uida tan afrentada, que me está mejor amar, hasta morir de oluidada.
Acabada mi cancion, las lagrimas de los pastores fueron tantas, especialmente las de la hermosa pastora Ysmenia, que por fuerça me hizieron participar de su tristeza, cosa que yo pudiera bien escusar, pues no se me podia atribuir culpa alguna de mi gran desuentura (como todos los que alli estauan, sabian muy bien). Luego a la ora nos fuymos cada uno a su lugar, porque no era cosa que a nuestra honestidad conuenia estar a horas tan sospechosas fuera dél. E al otro dia mi padre sin dezirme la causa, me sacó de nuestra aldea, y me ha traydo a la nuestra, en casa de Albania mi tia, y su hermana, que uosotros muy bien conoceys, donde estoy algunos dias ha, sin saber qué aya sido la causa de mi destierro. Despues acá entendi, que Montano se auia casado con Ysmenia, y que Alanio se pensaua casar con otra hermana suya, llamada Syluia. Plega a Dios que ya que no fue mi uentura podelle yo gozar, que con la nueua esposa se goce, como yo desseo (que no seria poco) porque el amor que yo le tengo, no suffre menos, sino dessealle todo el contento del mundo. Acabado de dezir esto la hermosa Seluagia començo a derramar muchas lagrimas: y los pastores le ayudaron a ello por ser un officio de que tenian gran esperiencia. E despues auer gastado algun tiempo en esto, Sireno le dixo: hermosa Seluagia, grandissimo es tu mal, pero por muy mayor tengo tu discrecion. Toma exemplo en males agenos, si quieres sobrelleuar los tuyos; y porque ya se haze tarde, nos uamos a la aldea, y mañana se passe la fiesta junto a esta clara fuente donde todos nos juntarémos. Sea assi como lo dizes (dixo Seluagia) mas porque aya de aqui al lugar algun entretenimiento, cada uno cante una cancion, segun el estado en que le tienen sus amores. Los pastores respondieron que diera ella principio con la suya: lo qual Seluagia començo a hazer, yendose todos su passo a passo hazia la aldea.
Zagal, quien podra passar uida tan triste y amarga, que para biuir es larga, y corta para llorar? Gasto sospiros en uano, perdida la confiança: siento que está mi esperança con la candela en la mano. ¡Que tiempo para esperar que esperança tan amarga, donde la uida es tan larga, quan corta para llorar! Este mal en que me ueo, yo le merezco ¡ay perdida! pues uengo a poner la uida en las manos del desseo. Jamas cesse el lamentar[1234]; que aunque la uida se alarga, no es para biuir tan larga quan corta para llorar.
Con un ardiente sospiro, que del alma le salia, acabó Seluagia su cancion, diziendo: Desuenturada de la que se uee sepultada entre celos y desconfianças, que en fin le pornan la uida a tal recaudo, como dellos se espera. Luego el oluidado Sireno començo a cantar al son de su rabel esta cancion:
Ojos tristes, no lloreys, y si llorades pensad, que no os dixeron verdad, y quiça descansareys. Pues que la imaginacion haze causa en todo estado, pensá que aun soys bien amado, y teneys menos passion: Si algun descanso quereys, mis ojos, imaginad, que no os dixeron uerdad, y quiça descansareys. Pensad que soys tan querido, como algun tiempo lo fuystes. Mas no es remedio de tristes imaginar lo que ha sido. Pues ¿qué remedio terneys, ojos? alguno pensad, si no lo pensays, llorad: o acabá, y descansareys.
Despues que con muchas lagrimas el triste pastor Sireno acabó su cancion, el desamado Syluano desta manera dio principio a la suya.
Perderse por ti la uida, zagala, será forçado, mas no que pierda el cuydado despues de auerla perdida. Mal que con muerte se cura muy cerca tiene el remedio, mas no aquel que tiene el medio en manos de la uentura. E si este mal con la uida no puede ser acabado qué aprouecha a un desdichado uerla ganada, o perdida? Todo es uno para mi esperança, o no tenella: que si oy me muero por uella mañana porque la ui. Regalara yo la uida, para dar fin al cuydado, si a mi me fuera otorgado, perdella en siendo perdida.
Desta manera se fueron los dos pastores en compañia de Seluagia, dexando concertado de uerse el dia siguiente en el mismo lugar; y aqui haze fin el primer libro de la hermosa Diana.
Fin del primer libro de la Diana.
NOTAS:
[1210] En la edición de Milán, «debaxo de nombres pastorales».
[1211] Le en la edición de Venecia, 1585, y en otras. La en la rarísima de Milán.
[1212] Y qué cabellos, añade, á modo de paréntesis, la de Milán.
[1213] Así en la edición de Milán. Ignorancia en la de Venecia.
[1214] M., causaron.
[1215] M., desta manera.
[1216] M., imaginasse.
[1217] M., que yo pudiesse.
[1218] M., de favores.
[1219] Todo esto falta en la edición de Venecia, y se ha tomado de la de Milán.
[1220] M., rendido.
[1221] M., cayo.
[1222] M., acabando.
[1223] M., prompta está.
[1224] Así en M. La de Venecia y otras dicen en mirar mi pastor, lo cual no hace sentido.
[1225] M., así. V., sintiéndola,
[1226] M., fuesse.
[1227] Les en la edición de Milán.
[1228] M., turasse.
[1229] M., hablelle.
[1230] M., hazían.
[1231] V., quedara.
[1232] Falta el vano en la edición de Venecia y otras. Está en la de Milán.
[1233] M., veis.
[1234] M., Mas no cese el lamentar.
LIBRO SEGUNDO DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Los pastores ya, que por los campos del caudaloso Ezla apascentauan sus ganados, se començauan a mostrar cada uno con su rebaño por la orilla de sus cristallinas aguas tomando el pastor, antes que el sol saliesse, y aduirtiendo el mejor lugar, para despues passar la calurosa fiesta, quando la hermosa pastora Seluagia por la cuesta que de la aldea baxaua al espesso bosque, uenia trayendo delante de si sus mansas ouejuelas, y despues de auellas metido entre los arboles baxos y espessos, de que alli auia mucha abundancia, y uerlas ocupadas en alcançar las más baxuelas ramas, satisfaziendo el hambre que trayan, la pastora se fue derecha a la fuente de los alisos, donde el dia antes, con los dos pastores auia passado la siesta. E como uio el lugar tan aparejado para tristes imaginaciones, se quiso aprouechar del tiempo, sentandose cabe la fuente, cuya agua con la de sus ojos acrescentaua. Y despues de auer gran rato imaginado, començo a dezir: ¿Por uentura, Alanio, eres tú aquel, cuyos ojos nunca ante los mios ui enxutos de lagrimas? ¿Eres tú el que tantas uezes a mis pies ui tendido, pidiendome con razones amorosas, la clemencia que yo por mi mal usé contigo? ¿Dime pastor (y el mas falso que se puede imaginar en la uida) es uerdad que me querias, para cansarte tan presto de quererme? Deuias imaginar, que no estaua en más oluidarte yo, que en saber que era de ti oluidada: que officio es de hombres, que no tratan los amores, como deuen tratarse, pensar que lo mismo podran acabar sus damas consigo, que ellos an acabado. Aunque otros uienen a tomallo por remedio, para que en ellas se acresciente el amor. Y otros porque los celos, que las mas uezes fingen, uengan a subjectar a sus damas: de manera que no sepan, ni puedan poner los ojos en otra parte, y los más uienen poco a poco a manifestar todo lo que de antes fingian, por donde muy más claramente descubren su deslealtad. E uienen todos estos estremos a resultar en daño de las tristes, que sin mirar los fines de las cosas, nos uenimos a afficionar, para jamas dexar de quereros, ni uosotros de pagarnoslo tan mal, como tú me pagas lo que te quise y quiero. Assi que qual destos ayas sido, no puedo entendello. E no te espantes, que en los casos de desamor entienda poco, quien en los de amor está tan exercitada. Siempre me mostraste gran honestidad en tus palabras, por donde nunca menos esperé de tus obras. Pense que un amor, en el qual me dauas a entender que tu desseo no se estendia a querer de mí más que quererme, jamas tuuiera fin; porque si a otra parte encaminaras tus desseos no sospechara firmeza en tus amores. ¡Ay triste de mí! que por temprano que uine a entenderte, ha sido para mí tarde. Venid nos acá, mi çampoña, y passare con uos el tiempo, que si yo con sola uos lo uuiera pasado, fuera de mayor contento para mí; y tomando su çampoña, començo a cantar la siguiente cancion:
Aguas que de lo alto desta sierra, baxays con tal ruydo al hondo ualle porqué no imaginays la que del alma destilan siempre mis cansados ojos, y que es la causa, el infelice tiempo, en que fortuna me robo mi gloria? Amor me dió esperança de tal gloria, que no ay pastora alguna en esta sierra, que assi pensasse de alabar el tiempo pero despues me puso en este ualle de lagrimas, a do lloran mis ojos no uer lo que estan viendo los del alma. ¿En tanta soledad, qué haze un alma que en fin llegó a saber que cosa es gloria? ¿o a donde boluere mis tristes ojos, si el prado, el bosque, el monte, el soto y sierra el arboleda y fuentes deste ualle no hazen oluidar tan dulce tiempo? ¿Quien nunca imaginó que fuera el tiempo verdugo tan cruel para mi alma? ¿o qué fortuna me apartó de un ualle, que toda cosa en el me daua gloria? hasta el hambriento lobo, que a la sierra subia, era agradable ante mis ojos. ¿Mas qué podran, fortuna, uer los ojos, que ueian su pastor en algun tiempo baxar con sus corderos, de una sierra, cuya memoria siempre está en mi alma? ¡o fortuna enemiga de mi gloria! ¡cómo me cansa este enfadoso ualle! ¿Mas cuando tan ameno y fresco valle, no es agradable a mis cansados ojos, ni en él puedo hallar contento, gloria, ni espero ya tenelle en algun tiempo? ued en qué estremo deue estar mi alma: ¡o quien boluiese á aquella dulce sierra! ¡O alta sierra, ameno y fresco ualle do descansó mi alma, y estos ojos! dezid: uerme he algun tiempo, en tanta gloria.
A este tiempo Syluano estaua con su ganado entre unos myrthos que cerca de la fuente auia, metido en sus tristes imaginaciones; y quando la boz de Seluagia oyó, despierta como de un sueño, y muy atento estuuo a los uersos que cantaua. Pues como este pastor fuesse tan mal tratado de amor, y tan desfauorecido de Diana, mil uezes la passion le hazia salir de seso, de manera, que oy se daua en dezir mal de amor, mañana en alaballe, un dia en estar ledo, y otro en estar más triste que todos los tristes; oy en dezir mal de mugeres, mañana en encarecellas sobre todas las cosas. Y ansi biuia el triste una uida, que seria gran trabajo dalla a entender; y más a personas libres. Pues auiendo oydo el dulce canto de Seluagia, y salido de sus tristes imaginaciones, tomó su rabel, y començo a cantar lo siguiente:
Cansado esta de oyrme el claro rio, el ualle y soto tengo importunados: y estan de oir mis quexas ¡o amor mio! alisos, hayas, olmos ya cansados: inuierno, primauera, otoño, estio, con lagrimas regando estos collados, estoy a causa tuya, o cruda fiera, ¿no auria en esta boca vn nó, si quiera? De libre me heziste ser catiuo, de hombre de razon, quien no la siente, quesiste me hazer de muerto, biuo, y alli de biuo muerto encontinente: De afable me heziste ser esquiuo: de conuersable, aborrescer la gente: solia tener ojos, y estoy ciego, hombre de carne fuy, ya soy de fuego. ¿Qué es esto coraçon, no estays cansado? ¿aun ay más que llorar? ¿dezi, ojos mios? mi alma, ¿no bastaua el mal passado? lagrimas, ¿aun hazeys crecer los ríos? entendimiento, ¿vos no estays turbado? sentido, ¿no os turbaron sus desuios? ¿pues cómo entiendo, lloro, veo y siento, si todo lo ha gastado ya el tormento? ¿Quién hizo a mi pastora ¡ay, perdido! aquel cabello de oro, y no dorado, el rostro de cristal tan escogido, la boca de un rubi muy estremado, el cuello de alabastro, y el sentido muy más que otra ninguna leuantado? ¿por qué su coraçon no hizo ante de cera, que de marmol y diamante? Vn dia estoy conforme a mi fortuna, y al mal que me ha causado mi Diana, el otro el mal me afflige y importuna, cruel la llamo fiera, y inhumana, y assi no hay en mi mal orden alguna, lo que oy affirmo, niegolo mañana: todo es assi, y passo assi una uida, que presto uean mis ojos consumida.
Cuando la hermosa Seluagia en la boz conoscio al pastor Syluano, se fue luego a él, y recebiendose los dos con palabras de grande amistad, se assentaron a la sombra de un espesso myrtho, que en medio dexaba vn pequeño pradezuelo[1235] más agradable por las hermosas y doradas flores de que él estaua matizado, de lo que sus tristes pensamientos pudieran dessear. Y Syluano començó a hablar desta manera: No sin grandissima compassion se deue considerar, hermosa Seluagia, la diuersidad de tantos y tan desusados infortunios, como succeden a los tristes que queremos bien. Mas entre todos ellos ninguno me paresce que tanto se deue temer, como aquel que succede despues de auerse uisto la persona en un[1236] buen estado. Y esto como tú ayer me dezias, nunca llegué a sabello por experiencia. Mas como la uida que passo es tan agena de descanso, y tan entregada a tristezas, infinitas uezes estoy buscando inuenciones para engañar el gusto. Para lo qual me uengo a imaginar muy querido de mi señora, y sin abrir mano desta imaginacion me estoy todo lo que puedo, pero despues que llego a la uerdad de mi estado, quedo tan confuso que no sé decillo; porque sin yo querello, me uiene a faltar la paciencia. Y pues la imaginacion no es cosa que se pueda suffrir, ued qué haria la uerdad? Seluagia le respondió: Quisiera yo, Syluano, estar libre desta passion, para saber hablar en ella, como en tal materia seria menester. Que no quieras mayor señal de ser el amor mucho, o poco, la passion pequeña o grande, que oilla dezir al que la siente. Porque nunca passion bien sentida, pudo ser bien manifestada con la lengua del que la padesce. Ansi que estando yo tan subjecta a mi desuentura, y tan quexosa de la sin razon que Alanio me haze, no podré dezir lo mucho que dello siento. A tu discrecion lo dexo, como a cosa de que me puedo muy bien fiar. Syluano dixo sospirando. Aora yo, Seluagia, no sé qué diga, ni qué remedio podria auer en nuestro mal. ¿Tú por dicha sabes alguno? Seluagia respondió, ¿y como aora lo sé? Sabes qué remedio, pastor? Dexar de querer. ¿Y esso podrias tú acabarlo[1237] contigo? (dixo Syluano). Como la fortuna, o el tiempo lo ordenasse (respondio Seluagia). Aora te digo (dixo Syluano muy admirado) que no te haria agrauio en no auer manzilla de tu mal, porque amor que está subjecto al tiempo, y a la fortuna, no puede ser tanto que dé trabajo a quien lo padece. Seluagia le respondió. ¿Y podrias tú, pastor, negarme, que sería possible auer fin en tus amores, o por muerte, o por ausencia, o por ser fauorescido en otra parte, y tenido en más tus seruicios? No me quiero (dixo Syluano) hazer tan hypocrita en amor, que no entienda lo que me dizes ser possible, mas no en mí. Y mal aya el amador que aunque a otros uea succederles, y la manera que me dizes, tuuiere tan poca constancia en los amores, que piense poderle a él succeder cosa tan contraria a su fe. Yo muger soy (dixo Seluagia) y en mí uerás, si quiero, todo lo que se puede querer. Pero no me estorua esto imaginar, que en todas las cosas podria auer fin, por más firmes que sean porque officio es del tiempo, y de la fortuna andar en estos mouimientos tan ligeros, como ellos lo han sido siempre; y no pienses, pastor, que me haze dezir esto el pensamiento de oluidar aquel que tan sin causa me tiene oluidada, sino lo que desta passion tengo esperimentado. A este tiempo oyeron un pastor, que por el prado adelante uenia cantando, y luego fue conocido[1238] ser el oluidado Sireno, el qual uenia al son de su rabel cantando estos uersos:
Andad mis pensamientos do algun dia os yuades de vos muy confiados, vereys horas y tiempos ya mudados, vereys que uuestro bien passó: solia. Vereys que en el espejo a do me uia y en el lugar do fuystes estimados, se mira por mi suerte y tristes hados aquel que ni aun pensallo merescia. Vereys tambien cómo entregué la uida a quien sin causa alguna la desecha, y aunque es ya sin remedio el graue daño dezilde (si podeis) á la partida que allá prophetizaua mi sospecha, lo que ha cumplido acá su desengaño.
Despues que Sireno puso fin a su canto, uido como hazia el uenia la hermosa Seluagia, y el pastor Syluano, de que no recibio pequeño contentamiento, y despues de auerse recebido, determinaron yrse a la fuente de los alisos, donde el dia antes auian estado. Y primero que allá llegassen (dixo Syluano). Escucha, Seluagia, ¿no oyes cantar? Sí oigo (dixo Seluagia) y aun paresce mas de una boz. ¿Adonde será? (dixo Sireno). Paresceme (respondió Seluagia) que es en el prado de los laureles por donde passa el arroyo que corre desta clara fuente. Bien será que nos lleguemos allá, y de manera que no nos sientan los que cantan, porque no interrumpamos la musica. Vamos (dixo Seluagia) y assi su passo a passo se fueron hazia aquella parte donde las bozes se oyan: y escondiendose entre unos arboles, que estauan junto al arroyo: uieron sobre las doradas flores assentadas tres nimphas, tan hermosas, que parescia auer en ellas dado la naturaleza clara muestra de lo que puede. Venian uestidas de unas ropas blancas labradas por encima de follajes de oro: sus cabellos, que los rayos del sol oscurescian, rebueltos a la cabeça, y tomados con sendos hilos de orientales perlas, con que encima de la crystallina frente se hazia una lazada, y en medio della estaua una aguila de oro, que entre las vñas tenia un muy hermoso diamante. Todas tres de concierto tañian sus instrumentos tan suauemente, que junto con las diuinas bozes no parescieron sino musica celestial, y la primera cosa que cantaron, fue este villancico:
Contentamientos de amor que tan cansados llegays, si uenis ¿para que os uays? Aun no acabays de uenir despues de muy desseados, cuando estays determinados de madrugar y partyr, si tan presto os aueys d'yr, y tan triste me dexays, placeres, no me ueays. Los contentos huyo dellos, pues no me uienen a uer más que por darme a entender lo que se pierde en perdellos, y pues ya no quiero uellos, descontentos, no os partays, pues bolueys despues que os uays.
Despues que uuieron cantado, dixo la una, que Dorida se llamaua: Cinthia[1239], ¿es esta la ribera adonde un pastor llamado Sireno anduuo perdido por la hermosa pastora Diana? La otra le respondio: esta sin duda debe ser: porque junto a vna fuente, que está cerca de este prado, me dizen que fue la despedida de los dos digna de ser para siempre celebrada, segun las amorosas razones que entre ellos passaron. Cuando Sireno esto oyó quedó fuera si en uer que las tres nimphas tuuiessen noticia de sus desuenturas. Y prosiguiendo Cinthia dixo: Y en esta misma ribera ay otras muy hermosas pastoras y otros pastores enamorados, adonde el amor ha mostrado grandissimos effectos, y algunos muy al contrario de lo que se esperaua. La tercera, que Polidora se llamaua, le respondio: cosa es essa de que yo no me espantaria, porque no ay successo en amor por auieso que sea, que ponga espanto a los que por estas cosas han passado. Mas dime, Dorida, ¿cómo sabes tú de essa despedida? Selo (dixo Dorida) porque al tiempo que se despidieron junto a la fuente que digo lo oyó Celio, que desde encima de un roble les estaria acechando, y la puso toda al pie de la letra en uerso, de la misma manera que ella passó; por esso si me escuchays, al son de mi instrumento pienso cantalla. Cinthia le respondio: hermosa Dorida, los hados te sean fauorables, como nos es alegre tu gracia y hermosura, y no menos sera oyrte cantar cosa tanto para saber. Y tomando Doria su harpa, començo a cantar desta manera:
Canto de la nimpha. Ivnto a una uerde ribera, de arboleda singular, donde para se alegrar otro que mas libre fuera, hallara tiempo y lugar: Sireno, un triste pastor, recogia su ganado, tan de ueras lastimado quanto burlando el amor descansa el enamorado. Este pastor se moria por amores de Diana, una pastora loçana que en hermosura excedia la naturaleza humana, la qual jamas tuuo cosa que en si no fuese estremada, pues ni pudo ser llamada discreta, por no hermosa: ni hermosa por no auisada. No era desfauorecido, que a serlo quiça pudiera con el uso que tuuiera, suffrir despues de partido, lo que de absencia sintiera: Que el coraçon desusado, de suffrir pena, o tormento, si no sobra entendimiento, qualquier pequeño cuydado le cautiua el suffrimiento. Cabe un rio caudaloso, Ezla por nombre llamado, andaua el pastor cuytado de absencia muy temeroso, repastando su ganado: Y a su pastora aguardando está con graue passion, que estaua aquella sazon su ganado apacentando en los montes de Leon. Estaua el triste pastor en quanto no parescia, imaginando aquel dia en que el falso dios de Amor dio principio a su alegria: Y dize viendose tal: el bien que el amor me ha dado ymagino yo cuytado, porque este cercano mal lo sienta despues doblado. El sol por ser sobre tarde con su fuego no le offende, mas el que de amor depende, y en el su coraçon arde mayores llamas enciende. La passion lo combidaua, la arboleda le mouia, el rio parar hazia, el ruyseñor ayudaua a estos uersos que dezia.
Cancion de Sireno. Al partir llama partida el que no sabe de amor, mas yo le llamo un dolor que se acaba con la uida. Y quiera Dios que yo pueda esta uida sustentar, hasta que llegue al lugar donde el coraçon me queda; porque el pensar en partida me pone tan gran pauor que a la fuerça del dolor no podra esperar la uida. Esto Sireno cantaua y con su rabel tañia, tan ageno de alegria, quel llorar non le dejaua pronunciar lo que dezia. Y por no caer en mengua si le estorua su passion, accento, o pronunciacion, lo que empezaua la lengua acabaua el coraçon. Ya despues que vuo cantado, Diana vió que venia tan hermosa, que vestia de nueua color el prado, donde sus ojos ponia. Su rostro como vna flor, y tan triste que es locura pensar que humana criatura juzgue qual era mayor, la tristeza o hermosura. Muchas uezes se paraua bueltos los ojos al suelo, y con tan gran desconsuelo otras uezes los alçaua que los incaua en el cielo: Diziendo con más dolor, que cabe en entendimiento: pues el bien trae tal descuento, de oy más bien puedes, amor, guardar tu contentamiento. La causa de sus enojos muy claro alli la mostraua; si lagrimas derramaua preguntenlo a aquellos ojos con que a Sireno mataua. Si su amor era sin par, su ualor no lo encubria, y si la absencia temia pregúntelo a este cantar que con lagrimas dezia:
Cancion de Diana No me diste, o crudo amor el bien que tuue en presencia, sino porque el mal de absencia me parezca muy mayor. Das descanso, das reposo, no por dar contentamiento, mas porque esté el suffrimiento algunos tiempos ocioso. Ved qué inuenciones de amor darme contento en presencia, porque no tenga en absencia reparo contra el dolor. Siendo Diana llegada donde sus amores uio, hablar quiso y no habló[1240], y el triste no dixo nada, aunque el hablar cometio: Quanto auia que hablar, en los ojos lo mostrauan, mostrando lo que callauan, con aquel blando mirar con que otras uezes hablauan. Ambos juntos se sentaron, debaxo un myrtho florido, cada uno de otro uencido por las manos se tomaron, casi fuera de sentido: Porque el plazer de mirarse, y el pensar presto no uerse, los hazen enternescerse de manera que a hablarse, ninguno pudo atreuerse, Otras uezes se topauan en esta uerde ribera, pero muy de otra manera el toparse celebrauan, que esta que fue la postrera: Estraño effecto de amor verse dos que se querian, todo quanto ellos podian y recebir mas dolor, que al tiempo que no se uian. Via Sireno llegar el graue dolor de absencia, ni alli le basta paciencia, ni alcança para hablar de sus lagrimas licençia. A su pastora miraua, su pastora mira a él, y con un dolor cruel la habló, mas no hablaua que el dolor habla por él. ¿Ay, Diana, quien dixera, que quando yo más penara que ninguno imaginara, en la hora que te uiera mi alma no descansara? ¿En qué tiempo y qué sazon, creyera (señora mia) que alguna cosa podria causarme mayor passion que tu presencia alegria? ¿Quién pensara que estos ojos algun tiempo me mirassen, que, señora, no atajassen, todos los males y enojos que mis males me causassen? Mira, señora, mi suerte, si ha traydo buen rodeo; que si antes mi desseo me hizo morir por uerte, ya muero porque te veo. Y no es por falta de amarte, pues nadie estuuo tan firme, mas por porque suelo uenirme a estos prados a mirarte, y aora uengo a despedirme: Oy diera por no te uer, aunque no tengo otra uida, esta alma de ti uencida solo por entretener el dolor de la partida. Pastora, dame licencia que diga que mi cuydado sientes en el mismo grado, que no es mucho en tu presencia mostrarme tan confiado. Pues Diana, si es asi, ¿cómo puedo yo partirme? ¿o tú cómo dexas yrme? ¿o cómo uengo yo aqui sin empacho a despedirme? Ay Dios, ay pastora mia, ¿cómo no ay razon que das para de ti me quexar? ¿y cómo tú cada dia la ternás de me oluidar? No me hazes tú partir esto tambien lo dire, menos lo haze mi fe: y si quisiesse dezir quien lo haze: no lo sé. Lleno de lagrimas tristes, y a menudo sospirando estaua el pastor hablando estas palabras que oystes, y ella las oye llorando: a responder se offrescio, mil uezes lo cometia, mas de triste no podia y por ella respondio el amor que le tenía. A tiempo estoy, o Sireno, que dire mas que quisiera: que aun que mi mal s'entendiera tuuiera, pastor, por bueno, el callarlo, si pudiera. Mas ay de mí desdichada, uengo a tiempo a descubrillo, que ni aprovecha dezillo para escusar mi jornada, ni para yo despidillo. ¿Porqué te uas, di, pastor, porqué me quieres dexar donde el tiempo y el lugar, y el gozo de nuestro amor, no se me podra oluidar? ¿Que sentiré, desdichada, llegando a este ualle ameno, cuando diga: ¡ah tiempo bueno, aqui estuue yo sentada, hablando con mi Sireno! Mira si será tristeza, no uerte, y uer este prado, de arboles tan adornado, y mi nombre en su corteza, por tus manos señalado: o si aurá igual dolor, que el lugar adó me uiste, uerle tan solo, y tan triste, donde con tan gran temor tu pena me descubriste. Si esso duro coraçon se ablanda para llorar ¿no se podria ablandar para uer la sin razon, que hazes en me dexar? Oh, no llores, mi pastor, que son lagrimas en uano; y no esta el seso muy sano de aquel que llora el dolor, si el remedio está en su mano. Perdoname, mi Sireno, si te offendo en lo que digo, dexa me hablar contigo en aqueste valle ameno, do no me dexas comigo. Que no quiero ni aun burlando uerme apartada de ti: ¿No te uayas, quieres, di? duelate ora uer llorando los ojos con que te ui». Volvio Sireno a hablar, dixo: ya deues sentir si yo me quisiera yr, mas tú me mandas quedar, y mi uentura partir. Viendo tu gran hermosura, estoy, señora, obligado, a obedecer te de grado; mas triste, que a mi uentura he de obedeçer forçado. Es la partida forçada, pero no por causa mia, que qualquier bien dexaria por uerte en esta majada, do ui el fin de mi alegria. Mi amo aquel gran pastor, es quien me haze partir, a quien presto uea uenir tan lastimado de amor, como yo me siento yr. Oxala estuuiera aora, porque tú fueras seruida, en mi mano mi partida como en la tuya, señora, está mi muerte y mi uida. Mas creeme que es muy en uano, segun contino me siento passarte por pensamiento que pueda estar en mi mano, cosa que me dé contento. Bien podria yo dexar mi rebaño y mi pastor, y buscar otro señor: mas si el fin voy a mirar no conuiene a nuestro amor: Que dexan lo este rebaño, y tomando otro qualquiera, dime tú de que manera podré uenir sin tu daño por esta uerde ribera: Si la fuerça desta llama me detiene, es argumento que pongo en ti el pensamiento: y uengo a uender tu fama, señora, por mi contento. Si dizen que mi querer en ti lo puedo emplear, a ti te uiene a dañar ¿que yo qué puedo perder? ¿o tú qué puedes ganar? La pastora a esta sazon respondió con gran dolor: Para dexarme, pastor, ¿cómo has hallado razon, pues que no la ay en amor? Mala señal es hallarse, pues vemos por esperiencia, que aquel que sabe en presencia dar desculpa de absentarse, sabra suffrir el absencia. Ay triste, que pues te uas, no sé qué será de ti, ni sé que será de mi, ni si allá te acordaras, que me uiste o que te ui? Ni sé si recibo engaño, en auerte descubierto este dolor que me ha muerto: mas lo que fuere en mi daño, esto sera lo más cierto. No te duelan mis enojos, vete, pastor, a embarcar, passa de presto la mar, pues que por la de mis ojos tan presto puedes passar. Guardete Dios de tormenta, Sireno mi dulce amigo, y tenga siempre contigo la fortuna mejor cuenta, que tú la tienes comigo. Muero en uer que se despiden mis ojos de su alegria, y es tan grande el agonia que estas lagrimas me impiden dezirte lo que queria. Estos mis ojos, zagal, antes que cerrados sean ruego yo a Dios que te uean; que aunque tú causas su mal ellos no te lo dessean. Respondió: señora mia, nunca viene solo vn mal, y vn dolor aunque mortal siempre tiene compañia, con otro mas principal. Y assi uerme yo partir de tu vista y de mi uida, no es pena tan desmedida, como verte a ti sentir tan de veras mi partida. Mas si yo acaso oluidare los ojos en que me vi, oluidese Dios de mi, o si en cosa imaginare, mi señora, si no en ti. Y si agena hermosura causare en mí mouimiento, por vna hora de contento me trayga mi desuentura cien mil años de tormento. E si mudare mi fe por otro nueuo cuydado, cayga del mejor estado que la fortuna me dé en el más desesperado. No me encargues la venida, muy dulce señora mia, porque assaz de mal sería tener vo en algo la uida fuera de tu compañia. Respondiole: oh mi Sireno, si algun tiempo te oluidare, las yeruas que yo pisare por aqueste ualle ameno se sequen quando passare. Y si el pensamiento mio en otra parte pusiere, suplico a Dios que si fuere con mis ouejas al rio se seque quando me uiere. Toma, pastor, vn cordon que hize de mis cabellos, porque se te acuerde en uellos que tomaste possession de mi coraçon y dellos. Y este anillo as de lleuar do estan dos manos asidas, que aunque se acaben las uidas, no se pueden apartar dos almas que estan vnidas. Y él dixo: que te dexar no tengo, si este cayado y este mi rabel preciado, con que tañer y cantar me uias por este prado: Al son dél, pastora mia, te cantaua mis canciones, contando tus perfecciones, y lo que de amor sentia en dulces lamentaciones. Ambos a dos se abraçaron, y esta fue la uez primera, y pienso fue la postrera porque los tiempos mudaron el amor de otra manera. E aunque a Diana le dio pena rauiosa y mortal la ausencia de su zagal, en ella misma halló el remedio de su mal.
Acabó la hermosa Dorida el suaue canto, dexando admiradas á Cinthia y Polidora en uer que una pastora fuesse vaso donde amor tan encendido pudiesse caber. Pero tambien lo quedaron de imaginar cómo el tiempo auia curado su mal, paresciendo en la despedida sin remedio. Pues el sin uentura Sireno en quanto la pastora con el dulce canto manifestaua sus antiguas cuytas y sospiros, no dexaua de darlos tan a menudo, que Seluagia y Syluano eran poca parte para consolalle, porque no menos lastimado estaua entonces, que al tiempo que por él avian passado. Y espantose mucho de uer que tan particularmente se supiesse lo que con Diana passado auia. Pues no menos admiradas estaban Seluagia, y Syluano, de la gracia con que Dorida cantaua y tañia. A este tiempo las hermosas nimphas, tomando cada una su instrumento, se yuan por el uerde prado adelante, bien fuera de sospecha de podelles acaecer lo que aora oyreys. E fue, que auiendose alexado muy poco de adonde los pastores estauan, salieron de entre unas retamas altas, a mano derecha del bosque, tres saluages, de extraña grandeza y fealdad. Venían armados de coseletes y celadas de cuero de tigre. Eran de tan fea catadura, que ponian espanto, los coseletes trayan por braçales unas bocas de serpientes, por donde sacauan los braços que gruessos y uellosos parescian, y las celadas uenian a hazer encima de la frente unas espantables cabeças de leones, lo demas trayan desnudo, cubierto de espesso y largo uello, unos bastones herrados de muy agudas puntas de azero. Al cuello trayan sus arcos, y flechas, los escudos eran de unas conchas de pescado muy fuerte. E con una increyble ligereza arremeten a ellas diziendo: a tiempo estays, o ingratas y desamoradas Nimphas, que os obligaua la fuerça a lo que el amor no os ha podido obligar, que no era justo que la fortuna hiziesse tan grande agrauio á nuestros captiuos coraçones como era dilatalles tanto su remedio. En fin tenemos en la mano el galardon de los sospiros, con que a causa uuestra, importunauamos las aues, y animales de la escura y encantada selua donde habitamos, y de las ardientes lagrimas con que haziamos crescer el impetuoso, y turbio rio que sus temerosos campos ua regando. E pues para que quedeys con las uidas, no teneys otro remedio, sino dalle, a nuestro mal, no deys lugar a que nuestras crueles manos tomen uengança de la que de nuestros affligidos coraçones aueys tomado. Las nimphas con el subito sobresalto, quedaron tan fuera de si, que no supieron responder a las soberuias palabras que oyan, sino con lagrimas. Mas la hermosa Dorida, que más en si estaua que las otras, respondió: Nunca yo pense que el amor pudiera traer a tal estremo a un amante, que viniesse a las manos con la persona amada. Costumbre es de couardes tomar armas contra las mugeres: y en un campo donde no hay quien por nosotras puede responder, sino es nuestra razon. Mas de una cosa (ó crueles) podeys estar seguros, y es, que nuestras amenazas no nos harán perder un punto de lo que a nuestra honestidad deuemos, y que más facilmente os dexaremos la uida en las manos, que la honra. Dorida (dixo uno dellos) a quien de mal tratarnos ha tenido poca razon no es menester escuchalle alguna. E sacando el cordel al arco que al cuello traya, le tomó sus hermosas manos, y muy descomedidamente se las ató, y lo mismo hizieron sus compañeros a Cinthia y a Polidora. Los dos pastores y la pastora Seluagia, que atonitos estauan de lo que los saluages hazian, uiendo la crueldad con que a las hermosas nimphas tratauan, y no pudiendo suffrillo, determinaron de morir o defendellas. E sacando todos tres sus hondas proueydos sus zurrones de piedras salieron al uerde prado, y comiençan a tirar a los saluages, con tanta maña y esfuerço, como si en ello les fuera la uida. E pensando occupar a los saluages, de manera que en quanto ellos se defendian, las nimphas se pusiessen en saluo, les dauan la mayor priessa que podian, mas los saluages recelosos de lo que los pastores imaginauan, quedando el uno en guarda de las prisioneras, los dos procurauan herirlos ganando tierra. Pero las piedras eran tantas, y tan espessas, que se lo defendian. De manera que en quanto las piedras los duraron, los saluages lo passaban mal, pero como despues los pastores se occuparon en baxarse por ellas, los saluages se les allegauan con sus pesados alfanges en las manos, tanto que ya ellos estauan sin esperança de remedio. Mas no tardó mucho que de entre la espessura del bosque, junto a la fuente donde cantauan, salio una pastora de tan grande hermosura y disposicion, que los que la uieron quedaron admirados. Su arco tenia colgado del braço yzquierdo y vna aljaua de saetas al hombro, en las manos un baston de syluestre enzina, en el cabo del qual auia una muy larga punta de azero. Pues como assi uiesse las tres Nimphas, la contienda entre los dos saluages, y los pastores, que ya no esperauan, sino la muerte, poniendo con gran presteza vna aguda saeta en su arco, con tan grandissima fuerza y destreza la despidio, que al uno de los saluages se la dexó escondida en el duro pecho. De manera que la de amor, que el coraçon le traspassaua, perdio su fuerça, y el saluage la uida a bueltas della. Y no fue perezosa en poner otra saeta en su arco, ni menos diestra en tiralla, pues fue de manera, que acabó con ella las passiones enamoradas del segundo saluage, como las del primero auia acabado. Y queriendo tirar al tercero, que en guarda de las tres Nimphas estaua, no pudo tan presto hazello, que él no se uiniesse a juntar con ella, queriendo la herir con su pesado alfange. La hermosa pastora alçó el baston, y como el golpe descargasse sobre las barras del fino azero que tenia, el alfange fue hecho dos pedaços: y la hermosa pastora le dio tan gran golpe con su baston, por encima de la cabeça, que le hizo arrodillar y yuntandole[1241] con la azerada punta a los ojos, con tan gran fuerça le apreto, que por medio de los sesos se lo passó a la otra parte: y el feroz saluage dando vn espantable grito, cayó muerto en el suelo. Las nimphas viendose libres de tan gran fuerça, y los pastores y pastora de la muerte de la qual muy cerca estauan: y viendo cómo por el gran esfuerço de aquella pastora, ansi vnos como otros auian escapado, no podian juzgarla por cosa humana. A esta hora, llegandose la gran pastora a ellas, las començo a desatar las manos, diziendoles: No merescian menos pena que la que tienen, o hermosas nimphas, quien tan lindas manos osaua atar, que mas son ellas para atar coraçones, que para ser atadas. Mal ayan hombres tan soberuios, y de tan mal conoscimiento, mas ellos, señoras, tienen su pago, y yo tambien le tengo en aueros hecho este pequeño seruicio, y en auer llegado a tiempo que a tan gran sin razon pudiesse dar remedio, aunque a estos animosos pastores, y hermosa pastora, no en menos se deue tener lo que an hecho, pero ellos y yo estamos muy bien pagados, aunque en ello perdieramos la vida, pues por tal causa se auenturaua. Las nimphas quedaron tan admiradas de su hermosura y discrecion, como del esfuerço que en su defensa auia mostrado. E Dorida con un gracioso semblante le respondió: Por cierto, hermosa pastora, si vos segun el animo y valentia que oy mostrastes no soys hija del fiero Marte, segun la hermosura lo deueys ser de la deesa Venus, y del hermoso Adonis, y si de ninguno destos, no podeys dexallo de ser de la discreta Minerua, que tan gran discretion no puede proceder de otra parte, aunque lo mas cierto deue ser aueros dado naturaleza lo principal de todos ellos. E para tan nueua y tan grande merced, como es la que auemos recebido, nueuos y grandes auian de ser los seruicios con que deuia ser satisfecha. Mas podria ser que algun tiempo se osfresciesse ocasion, en que se conosciesse la voluntad que de seruir tan señalada merced tenemos. E porque paresce que estays cansada, vamos a la fuente de los alisos, que está junto al bosque, y alli descansareys. Vamos señora (dixo la pastora) que no tanto por descansar del trabajo del cuerpo, lo desseo, quanto por hablar en otro, en que consiste el descanso de mi anima y todo mi contentamiento. Esse se os procurará aqui con toda la diligentia possible (dixo Polidora) porque no aya a quien con mas razon procurar se deua. Pues la hermosa Cinthia se boluio a los pastores, diziendo: Hermosa pastora, y animosos pastores, la deuda, y obligacion en que nos aueys puesto, ya la veys, plega a dios que algun tiempo la podamos satisfazer, segun que es nuestro desseo. Seluagia respondió: A estos dos pastores, se deuen, hermosas nimphas, essas offertas, que yo no hize mas de dessear la libertad, que tanta razon era que todo el mundo desseasse. Entonces (dixo Polidora): ¿Es este el pastor Sireno tan querido algun tiempo, como aora oluidado de la hermosa Diana: y esse otro su competidor Syluano? Si (dixo Seluagia). Mucho me huelgo (dixo Polidora) que seays personas a quien podamos en algo satisfazer lo que por nosotras aueys hecho. Dorida muy espantada dixo: ¿qué cierto es éste Sireno? Muy contenta estoy en hallarte, y en auerme tú dado ocasion a que yo busque a tu mal algun remedio, que no será poco. Ni aun para tanto mal bastaria siendo poco, dixo Sireno. Aora vamos a la fuente (dixo Polidora) que allá hablaremos mas largo. Llegados que fueron a la fuente lleuando las nimphas en medio a la pastora se assentaron entorno della; y los pastores a peticion de las nimphas se fueron a la aldea a buscar de comer, porque era ya tarde, y todos lo auian menester. Pues quedando las tres nimphas solas con la pastora, la hermosa Dorida començó a hablar desta manera.
Esforçada y hermosa pastora, es cosa para nosotras tan estraña ver una persona de tanto ualor y suerte, en estos ualles y bosques apartados del concurso de las gentes, como para ti será uer tres Nimphas solas, y sin compañia que defendellas pueda de semejantes fuerças. Pues para que podamos saber de ti lo que tanto desseamos, forçado será merçello primero con dezir quien somos: y para esto sabras, esforçada pastora, que esta Nimpha se llama Dorida, y aquella Cinthia, y yo Polidora: viuimos en la selua de Diana, adonde habita la sabia Felicia, cuyo offiçio es dar remedio a passiones enamoradas: y veniendo nosotros de visitar a una Nimpha su parienta, que biue desta otra parte de los puertos Galiçianos, llegamos á este valle vmbroso y ameno. E paresçiendonos el lugar conueniente para passar la calorosa siesta, a la sombra de estos alisos y verdes lauros, embidiosas de la harmonia que este impetuoso arroyo por medio del verde prado lleua, tomando nuestros instrumentos, quisimos imitada, e nuestra ventura, o por mejor dezir, su desuentura, quiso que estos saluages, que segun ellos dezian, muchos dias ha que de nuestros amores estauan presos, vinieron a caso por aqui. Y auiendo muchas vezes sido importunadas de sus bestiales razones, que nuestro amor les otorgassemos, y viendo ellos que por ninguna uia les dauamos esperança de remedio, se determinaron poner el negoçio a las manos, y hallando nos aqui solas, hizieron lo que vistes al tiempo que con vuestro socorro fuimos libres. La pastora que oyó lo que la hermosa Dolida auia dicho, las lagrimas dieron testimonio de lo que su affligido coraçon sentia, y boluiendose a las Nimphas, les començo a hablar desta manera:
No es amor de manera (hermosas Nimphas de la casta diosa) que pueda el que lo tiene tener respecto a la razon, ni la razon es parte para que un enamorado coraçon dexe el camino por do sus fieros destinos le guiaren. Y que esto sea uerdad, en la mano tenemos la experiençia, que puesto caso que fuessedes amadas destos saluages fieros, y el derecho del buen amor no daua lugar a que fuessedes dellos offendidas, por otra parte, vino aquella desorden con que sus varios effectos haze, a dar tal industria, que los mismos que os auian de seruir, vos offendiessen. E porque sepays que no me muero solamente por lo que en este valle os ha succedido, os dire lo que no pense dezir, sino a quien entregué mi libertad, si el tiempo, o la fortuna dieren lugar a que mis ojos le vean, y entonçes vereys, cómo en la escuela de mis desuenturas deprendi a hablar en los malos successos de amor, y en lo que este traydor haze en los tristes coraçones que subjectos le estan. Sabreys pues, hermosas Nimphas, que mi naturaleza es la gran Vandalia, provincia no muy remota desta adonde estamos, nascida en una ciudad llamada Soldina: mi madre se llamó Delia, y mi padre Andronio, en linaje y bienes de fortuna los más prinçipales de toda aquella prouinçia. Acaescio pues que como mi madre auiendo muchos años que era casada, no tuuiesse hijos (y a causa desto biuiesse tan descontenta, que no tuuiesse un dia de descanso) con lagrimas y sospiros cada hora importunaua el çielo, y haziendo mil ofrendas y sacrifiçios, suplicaua a Dios le diesse lo que tanto desseaua, el qual fue seruido, vistos sus continuos ruegos y oraçiones, que siendo ya passada la mayor parte de su edad, se hiziesse preñada. El alegria que dello reçibio juzguelo quien despues de muy deseeada una cosa, la uentura se la pone en las manos. E no menos partiçipó mi padre Andronio deste contentamiento porque lo tuuo tan grande, que seria impossible podelle encarescer. Era Delia mi señora affiçionada a leer historias antiguas, en tanto estremo, que si enfermedades, o negoçios de grande importançia no se lo estoruauan, jamas passaua el tiempo en otra cosa. E acaescio que estando, como digo, preñada, y hallandose una noche mal dispuesta, rogo a mi padre que le leyesse alguna cosa, para que occupando ella el pensamiento, no sintiesse el mal que la fatigaua. Mi padre que en otra cosa no entendia, sino en dalle todo el contentamiento possible, le començo a leer aquella hystoria de Paris, quando las tres Deas[1242] se pusieron a juyzio delante dél, sobre la mançana de la discordia. Pues como mi madre tuuiesse que Paris auia dado aquella sentençia apassionadamente, y no como deuia, dixo que sin duda él no auia mirado bien la razon de la diosa de las batallas, porque preçediendo las armas a todas las otras qualidades, era justa cosa que se le diesse. Mi señor respondio que la mançana se auia de dar a la más hermosa, y que Venus lo era más que otra ninguna, por lo qual Paris auia sentençiado muy bien, si despues no le succediera mal. A esto respondio mi madre, que puesto caso que en la mançana estuuiesse escrito se diesse a la más hermosa, que esta hermosura no se entendia corporal, sino del ánima: y que pues la fortaleza era una de las cosas que más hermosura le dauan, y el exerçiçio de las armas era un acto exterior desta virtud, que a la diosa de las batallas le deuia de dar la mançana, si Paris juzgara como hombre prudente y desapassionado. Assi que, hermosas Nimphas, en esta porfia estuuieron gran rato de la noche, cada uno alegando las razones más a su proposito que podia. Estando en esto, uino el sueño a uençer a quien las razones de su marido no pudieron. De manera que estando muy metida en su disputa, se dexó dormir. Mi padre entonçes se fue a su aposento, y a mi señora le paresçio, estando durmiendo, que la diosa Venus venia a ella, con un rostro tan ayrado, como hermoso, y le dezia: Delia, no sé quien te ha mouido ser tan contraria de quien jamas lo ha sido tuya. Si memoria tuuiesses del tiempo que del amor de Andronio tu marido fuyste presa, no me pagarias tan mal lo mucho que me deues: pero no quedarás sin galardon; yo te hago saber que pariras vn hijo y vna hija, cuyo parto no te costará menos que la vida, y a ellos costará el contentamiento lo que en mi daño as hablado: porque te çertifico que seran los más desdichados en amores, que hasta su tiempo se ayan uisto. E dicho esto, desaparesçio, y luego se le figuró a mi señora madre que venia a ella la diosa Pallas, y con rostro muy alegre le dezia: Discreta y dichosa Delia, ¿con qué te podré pagar lo que en mi fauor contra la opinion de tu marido esta noche has alegado, sino con azerte saber, que pariras vn hijo y vna hija los mas venturosos en armas que hasta su tiempo aya auido? Dicho esto luego desaparescio, despertando mi madre con el mayor sobresalto del mundo: y de ay a un mes, poco más o menos pario a mi, y a otro hermano mio, y ella murio de parto, y mi padre del grandissimo pesar que vuo murio de ay a pocos dias. E porque sepays (hermosas Nimphas) el estremo en que amor me ha puesto, sabed que siendo yo muger de la qualidad que aueys oydo, mi desuentura me ha forçado que dexe mi habito natural, y mi libertad, y el debito que a mi honrra deuo, por quien por ventura pensará que la pierdo, en ser de mí bien amado. Ved qué cosa tan escusada para vna muger ser dichosa en las armas, como si para ellas se vuiessen hecho. Deuia ser porque yo (hermosas Nimphas) les pudiesse hazer este pequeño seruiçio, contra aquellos peruersos; que no lo tengo en menos que si la fortuna me començasse a satisfazer algun agrauio de los muchos que me ha hecho.
Tan espantadas quedaron las Nimphas de lo que oyan, que no le pudieron responder, ni repreguntar cosas de las que la hermosa pastora dezia. Y prosiguiendo en su historia, les dixo: Pues como mi hermano y yo nos criassemos en un monasterio de monjas, donde vna tia mia era abadessa, hasta ser de edad de doze años, y auiendolos cumplidos, nos sacassen de alli: A él lleuaron a la corte del magnanimo y inuencible Rey de los Lusitanos (cuya fama, y increyble bondad tan esparzida está por el vniuerso) a donde, siendo en edad de tomar armas, le succedieron por ellas cosas tan auentajadas y de tan gran esfuerço, como tristes y desuenturadas por los amores. E con todo esso fue mi hermano tan amado de aquel inuictissimo Rey, que nunca jamás le consintio salir de su corte. La desdichada de mí, que para mayores desuenturas me guardauan mis hados, fue[1243] lleuada en casa de vna aguela mia (que no deuiera, pues fue causa de biuir con tan gran tristeza, qual nunca muger padescio). Y porque (hermosas Nimphas) no ay cosa que no me sea forçado dezirosla, ansi por la grand uirtud, de que vuestra estremada hermosura da testimonio, como porque el alma me da que aueys de ser gran parte de mi consuelo: sabed que como yo estuuiesse en casa de mi aguela, y fuesse ya de quasi diezisiete años, se enamoró de mí un cauallero que no biuia tan lexos de nuestra posada que desde un terrado que en la suya auia no se viesse un jardin adonde yo passaua lar tardes del uerano. Pues como de alli el desagradescido Felis uiesse a la desdichada Felismena (que este es el nombre de la triste que sus desuenturas está contando) se enamoró de mí, o se fingio enamorado. No sé quál me crea, pero sé que quien menos en este estado creyere más acertará. Muchos dias fueron los que Felis gastó en darme a entender su pena: y muchos más gasté yo en no darme por hallada que él por mi la padesciesse: y no sé cómo el amor tardó tanto en hazerme fuerça que le quisiesse; deuio tardar, para despues uenir con mayor impetu. Pues como yo por señales, y por passeos, y por musicas, y torneos, que delante de mi puerta muchas uezes se hazian, no mostrasse entender que de mi amor estaua preso, aunque desde el primero dia lo entendi: determinó de escriuirme. Y hablando con una criada mia, a quien muchas uezes auia hablado, y aun con muchas dadiuas ganado la noluntad, le dio una carta para mí. Pues uer las saluas que Rosina (que assi la llamauan) me hizo primero que me la diesse, los juramentos que me juró, las cautelosas palabras que me dixo, porque no me enojasse, cierto fue cosa de espanto. E con todo esso se la bolui arrojar a los ojos, diziendo: Si no mirasse a quien soy, y lo que se podria dezir, esse rostro que tan poca uerguença tiene, yo le haria señalar, de manera que fuesse entre todos conoscido. Mas porque es la primera uez, basta lo hecho, y auisaros que os guardeys de la segunda. Paresceme que estoy aora viendo (dezia la hermosa Felismena) cómo aquella traydora de Rosina supo callar, dissimulando lo que de mi enojo sentio: porque la vierades (o hermosas Nimphas) fingir vna risa tan dissimulada, diziendo: Iesus, señora, yo para que ryessemos con ella la di a nuestra merçed, que no para que se enojasse dessa manera: Que plega a Dios, si mi intençion ha sido dalle enojo, que Dios me le dé el mayor que hija de madre aya tenido. Y a esto añadio otras muchas palabras, como ella las sabia dezir, para amansar el enojo que yo de las suyas auia reçebido: y tomando su carta, se me quitó delante. Yo despues de passado esso començe de imaginar en lo que alli podria uenir, y tras esto, paresce que el amor me yua poniendo desseo de ver la carta; pero tambien la verguença estoruaua a tornalla a pedir a mi criada, auiendo passado con ella lo que os he contado. Y assi passé aquel dia hasta la noche en muchas variedades de pensamientos. Y quando Rosina entró a desnudarme; al tiempo que me queria acostar. Dios sabe, si yo quisiera que me boluiera a importunar, sobre que reçibiesse la carta: mas nunca me quiso hablar, ni por pensamiento en ella. Yo por ver si saliendole al camino, aprouecharia algo, le dixe: ¿ansi, Rosina, que el señor Felis sin mirar más, se atreue a escreuirme? Ella muy secamente me respondio: Señora, son cosas que el amor trae consigo: suplico a vuestra merçed me perdone, que si yo pensara que en ello le enojaua, antes me sacara los ojos. Qual yo en entonçes quedé, Dios lo sabe: pero con todo esso dissimulé, y me dexó quedar aquella noche con mi deseo, y con la ocasion de no dormir. Y assi fue, uerdaderamente ella fue para mi la mas trabajosa y larga, que hasta entonces auia passado. Pues uiniendo el dia: y más tarde de lo que yo quisiera, la discreta Rosina entró a darme de uestir, y se dexó adrede caer la carta en el suelo. Y como la vi le dixe: ¿qué es esto que cayó ay? Muestralo aca. No es nada, señora, dixo ella. Ora muestralo aca, dixe yo, no me enojes o dime lo que es. Iesus, señora, dixo ella, ¿para qué lo quiere uer? la carta de ayer es. No es por çierto, dixe yo, muestrala acá por ver si mientes. Aun yo no lo vue dicho, quando ella me la puso en las manos, diziendo: mal me haga Dios si es otra cosa. Yo aunque la conoci muy bien, dixe: en verdad que no es esta, que yo la conozco, y de algun tu enamorado deue ser: yo quiero leella, por ver las neçedades que te escriue; abriendola vi que dezia desta manera:
Señora: siempre imaginé que vuestra discreçion me quitara el miedo de escreuiros, entendiendo sin carta lo que os quiero: mas ella misma ha sabido tan bien dissimular, que alli estuuo el daño, donde pense que el remedio estuuiesse. Si como quien soys juzgays mi atreuimiento, bien sé que no tengo vna hora de vida: pero si lo tomays segun lo que amor suele hazer, no trocaré por ella mi esperança. Suplicoos, señora, no os enoje mi carta, ni me pongays culpa por el escreuiros, hasta que experimenteys si puedo dexar de hazerlo. Y que me tengais en possession de vuestro, pues todo lo que puede ser de mí, está en vuestras manos, las quales beso mil bezes.
Pues como yo viesse la carta de mi don Felis, o porque la leí en tiempo que mostraua en ella quererme más que a si, o porque de parte de esta ánima cansada auia disposiçion para imprimirse en ella el amor de quien me escreuia: yo començe a querelle bien, y por mi mal yo lo començe, pues auia de ser causa de tanta desuentura. E luego pidiendo perdon a Rosina de lo que antes auia passado, como quien menester la auia para lo de adelante: y encomendandole el secreto de mis amores, bolui otra vez a leer la carta, parando a cada palabra un poco, y bien poco deuio de ser, pues yo tan presto me determiné, aunque ya no estaua en mi mano, el no determinarme: y tomando papel y tinta, le respondi desta manera.
No tengas en tan poco, don Felis, mi honra que con palabras fingidas pienses perjudicalla. Bien sé quien eres y vales, y aun creo que desto te aurá nascido el atreuerte, y no de la fuerça que dizes que el amor te ha hecho. E si es ansi como me afirma mi sospecha, tan en vano es su trabajo, como tu valor y suerte, si piensas hazerme yr contra lo que a la mia deuo. Suplicote que mires quán pocas uezes succeden bien las cosas que debaxo de cautela se comiençan, y que no es de cauallero entendellas de una manera, y dezillas de otra. Dizesme que te tengo en possession de cosa mia. Soy tan mal condiçionada que aun de la esperiençia de las cosas no me fio quanto más de tus palabras. Mas con todo esto tengo en mucho lo que en la tuya me dizes, que bien me basta ser desconfiada, sin ser tambien desagradescida.
Esta carta le embié que no deuiera, pues fue occasion de todo mi mal, porque luego començo a cobrar osadia para me declarar más sus pensamientos, y a tener ocasion para me pedir que le hablasse: en fin (hermosas Nimphas) que algunos dias se gastaron en demandas, y en respuestas, en los quales el falso amor hazia en mí su acostumbrado offiçio: pues cada hora tomaua más possession desta desdichada. Los torneos se tornaron[1244] a renouar, las musicas de noche jamas cessauan, las cartas, los amores nunca dexauan de yr de una parte a otra, y ansi passó casi un año: al cabo del qual, yo me vi tan presa de sus amores, que no fui parte para dexar de manifestalle mi pensamiento, cosa que él desseaua mas que a su propia uida. Quiso pues mi desuentura, que al tiempo en que nuestros amores más ençendidos andauan, su padre lo supiesse, y quien se lo dixo se lo supo encarescer de manera, que temiendo no se casasse conmigo, lo embió a la corte de la gran princessa Augusta Cesarina, diziendo que no era justo que un cauallero moço y de linage tan prinçipal, gastasse la moçedad en casa de su padre, donde no se podian aprender sino los viçios de que la ociosidad es maestra. El se partio tan triste, que su mucha tristeza le estoruó auisarme de su partida, yo quedé tal quando lo supe, qual puede imaginar quien algun tiempo se vio tan presa de amor, como yo por mi desdicha lo estoy. Dezir yo aora la vida que passaua en su ausencia, la tristeza, los sospiros, las lagrimas, que por estos cansados ojos cada dia derramaua no sé si podré: que pena es la mia, que aun dezir no se puede, ved cómo podra suffrirse: Pues estando yo en medio de mi desuentura, y de las ansias que la ausencia de don Felis me hazia sentir, paresciendome que mi mal era sin remedio, y que despues que en la corte se viesse, a causa de otras damas de más hermosura, y qualidad, tambien de la ausençia que es capital enemiga del amor, yo auia de ser oluidada: determiné auenturarme a hazer lo que nunca muger penso. Y fue vestirme en habito de hombre, y yrme a la corte, por ver aquel en cuya vista estaua toda mi esperança, y como lo pense, ansi lo puse por obra, no dandome el amor lugar a que mirasse lo que a mí propria deuia. Para lo qual no me faltó industria, porque con ayuda de vna grandissima amiga mia y thesorera de mis secretos que me compró los vestidos que yo le mandé, y un cauallo en que me fuesse, me parti de mi tierra, y aun de mi reputacion (pues no puedo creer que jamas pueda cobralla) assi me fue derecha a la corte, passando por el camino cosas que si el tiempo me diera lugar para contallas, no fueran poco gustosas de oyr. Veynte dias tardé en llegar, en cabo de los quales llegando donde desseaua, me fuy a posar vna casa la más apartada de conuersaçion que yo pude. Y el grande desseo que lleuaua de ver aquel destruydor de mi alegria, no me dexaua imaginar en otra cosa, sino en cómo, o de dónde podia velle. Preguntar por él a mi huesped no osaua, porque quiça no se descubriesse mi venida. Ni tampoco me parescia bien yr yo a buscalle: porque no me succediesse alguna desdicha, a causa de ser conoscida. En esta confusion passé todo aquel dia hasta la noche, la qual cada hora se me hazia un año. Y siendo poco más de media noche, el huesped llamó a la puerta de mi aposento, y me dixo que si queria gozar de una musica que en la calle se daua, que me leuantasse de presto, y abriesse una ventana. Lo que yo hize luego, y parandome en ella, oí en la calle vn page de don Felis, que se llamaua Fabio (el qual luego en la habla conosçi) cómo dezia a otros que con el yuan: Ahora, señores, es tiempo, que la dama está en el corredor sobre la huerta tomando el frescor de la noche. E no lo vuo dicho, quando començaron a tocar tres cornetas y un sacabuche, con tan gran concierto, que parescia una musica celestial. E luego començo una boz cantando a mi parescer lo mejor que nadie podria pensar. E aunque estuue suspensa en oyr a Fabio, en aquel tiempo ocurrieron muchas imaginaciones, todas contrarias a mi descanso, no dexé de aduertir a lo que se cantaua, porque no lo hazian de manera que cosa alguna impidiesse el gusto que de oyllo se reçebia, y lo que se cantó primero, fue este romance:
Oydme, señora mia, si acaso os duele mi mal, y aunque no os duela el oylle, no me dexeys de escuchar; dadme este breue descanso porque me fuerçe a penar: ¿no os doleys de mis sospiros, ni os enternesce el llorar, ni cosa mia os da pena ni la pensays remedyar? ¿Hasta quando mi señora, tanto mal ha de durar? no está el remedio en la muerte, sino en vuestra voluntad, que los males que ella cura, ligeros son de passar: no os fatigan mis fatigas ni os esperan fatigar: de uoluntad tan essenta ¿qué medio se ha de esperar y esse coraçon de piedra cómo lo podré ablandar? Bolued, señora, estos ojos que en el mundo no ay su par. Mas no los boluays ayrados si no me quereys matar, aunque de una y de otra suerte matays con solo mirar.
Despues que con el primero concierto de musica vuieron cantado este romance, oí tañer vna dulçayna, y vna harpa, y la boz del mi don Felis. El contento que me dio el oylle, no ay quién lo pueda imaginar: porque se me figuró que lo estaua oyendo en aquel dichoso tiempo de nuestros amores. Pero despues que se desengañó la imaginacion, viendo que la musica se daua a otra, y no a mí, sabe Dios si quisiera más passar por la muerte. Y con un ansia que el anima me arrancaua, pregunté al huesped, si sabía a quién aquella musica se daua. El me respondio, que no podia pensar a quien se diesse, aunque en aquel barrio biuian muchas damas y muy principales. Y quando vi que no me daua razon de lo que preguntaua, bolui a oyr el mi don Felis, el qual entonçes començaba al son de una harpa que muy dulçemente tañia a cantar este soneto:
Soneto.
Gastando fue el amor mis tristes años en vanas esperanças, y escusadas: fortuna de mis lagrimas cansadas, exemplos puso al mundo muy estraños. El tiempo como autor de desengaños, tal rastro dexa en él de mis pisadas que no aurá confianças engañadas, ni quien de oy más se quexe de sus daños. Aquella a quien amé quanto deuia, enseña a conoscer en sus amores, lo que entender no pude hasta aora, Y yo digo gritando noche y dia: ¿no veys que os desengaña, o amadores, amor, fortuna, el tiempo, y mi señora?
Acabado de cantar este soneto, pararon vn poco tañiendo quatro vihuelas de arco, y un clauicordio tan concertadamente, que no sé si en el mundo pudiera auer cosa más para oyr, ni que mayor contento diera, a quien la tristeza no tuuiera tan sojuzgada como a mí: y luego començaron quatro bozes muy acordadas a cantar esta cançion:
Cancion.
No me quexo yo del daño que tu uista me causó, quexome porque llegó a mal tiempo el desengaño. Iamas ui peor estado, que es el no atreuer ni osar, y entre el callar y hablar, verse un hombre sepultado: y ansi no quexo del daño, por ser tú quien lo causó, sino por ver que llegó a mal tiempo el desengaño. Siempre me temo saber qualquiera cosa encubierta porque sé que la más cierta, más mi contraria ha de ser: y en sabella no está el daño, pero sela a tiempo yo que nunca jamas siruio de remedio, el desengaño.
Acabada esta cançion, començaron a sonar muchas diuersidades de instrumentos, y bozes muy excellentes conçertadas con ello, con tanta suauidad, que no dexaran de dar grandissimo contentamiento a quien no estuuiera tan fuera dél como yo. La musica se acabó muy cerca del alua, trabajé de ver a mi don Felis, mas la escuridad de la noche me lo estoruó. Y viendo cómo eran ydos, me volvi a acostar, llorando mi desuentura, que no era poco de llorar, viendo que aquel que más queria me tenia tan oluidada, como sus musicas dauan testimonio. Y siendo ya hora de leuantarme, sin otra consideraçion, me sali de casa, y me fuy derecha al gran palaçio de la princessa, adonde me paresçio que podria uer lo que tanto desseaua, determinando de llamarme Valerio si mi nombre me preguntassen. Pues llegando yo a una plaça, que delante del palaçio auia, començe a mirar las ventanas y corredores, donde ui muchas damas tan hermosas, que ni yo sabria aora encaresçello, ni entonces supe más que espantarme de su gran hermosura, y de los atauios de joyas, y inuençiones de uestidos y tocados que trayan. Por la plaça se passeauan muchos caualleros muy ricamente vestidos, y en muy hermosos cauallos, mirando cada vno a aquella parte donde tenia el pensamiento. Dios sabe si quisiera yo uer por alli a mi don Felis, y que sus amores fueran en aquel çelebrado palaçio, porque a lo menos estuuiera yo segura de que él jamas alcançara otro gualardon de sus seruiçios sino mirar y ser mirado: y algunas uezes hablar a la dama a quien siruiesse, delante de cien mil ojos, que no dan lugar a más que esto. Mas quiso mi uentura, que sus amores fuessen en parte donde no se pudiesse tener esta seguridad. Pues estando yo junto a la puerta del gran palaçio, vi vn page de don Felis, llamado Fabio, que yo muy bien conoscia: el qual entró muy de priessa en el gran palaçio, y hablando con el portero que a la segunda puerta estaua, se boluio por el mismo camino. Yo sospeché que avia uenido a saber si era hora que don Felis uiniesse á algún negoçio de los que de su padre en la corte tenía: y que no podria dexar de uenir presto por alli. Y estando yo imaginando la gran alegria que con su uista se me aparejaua, le vi venir muy acompañado de criados, todos muy ricamente vestidos, con una librea de un paño de color de çielo, y faxas de terçiopelo amarillo, bordadas por ençima de cordonzillo de plata, las plumas azules y blancas y amarillas. El mi don Felis traya calças de terçiopelo blanco recamadas, y aforradas en tela de oro azul: el jubon era de raso blanco, recamado de oro cañutillo, y vna cuera de terçiopelo de las mismas colores y recamo, una ropilla suelta de terçiopelo negro, bordada de oro y aforrada en raso azul raspado, espada, daga, y talabarte de oro, una gorra muy bien adereçada de vnas estrellas de oro, y en medio de cada vna engastado un grano de aliofar gruesso, las plumas eran azules, amarillas y blancas, en todo el uestido traya sembrados muchos botones de perlas: venia en un hermoso cauallo rucio rodado, con unas guarniçiones azules y de oro, y mucho aliofar. Pues quando yo assi le vi, quedé tan suspensa en velle, y tan fuera de mí con la subita alegria, que no sé cómo lo sepa dezir. Verdad es, que no pude dexar de dar con las lagrimas de mis ojos alguna muestra de lo que su vista me hazia sentir: pero la verguença de los que alli estauan, me lo estoruó por entonçes. Pues como don Felis llegando a palaçio, se apeasse y subiesse por vna escalera, por donde yuan al aposento de la gran prinçessa, yo llegué a donde sus criados estauan, y viendo entre ellos a Fabio, que era el que de antes auia visto, le aparté, diziendole: Señor, ¿quién es este cauallero que aqui se apeó, porque me paresce mucho a otro que yo he visto bien lexos de aqui? Fabio entonces me respondio: Tan nueuo soys en la corte, que no conosceys a don Felis? Pues no creo yo que ay cauallero en ella tan conoscido. No dudo desso, le respondi, más yo dire quán nueuo soy en la corte, que ayer fue el primer dia que en ella entré. Luego no hay que culparos, dixo Fabio: sabed que este cauallero se llama Don Felis, natural de Vandalia, y tiene su casa en la antigua Soldina, está en esta corte en negoçios suyos y de su padre. Yo entonçes le dixe: suplicoos me digais porqué trae la librea destas colores. Si la causa no fuera tan publica y lo callara (dixo Fabio) mas porque no ay persona que no lo sepa, ni llegareys a nadie que no os lo pueda dezir, creo que no dexo de hazer lo que deuo en deziroslo. Sabed que él sirue aqui a una dama que se llama Çelia, y por esto trae librea de azul, que es color de çielo, y lo blanco y amarillo que son colores de la misma dama. Quando esto le oí, ya sabreys quál quedaria, mas dissimulando mi desuentura le respondi. Por çierto esta dama le deue mucho, pues no se contenta con traer sus colores, mas aun su nombre proprio quiere traer por librea, hermosa deue de ser. Sí es por çierto, dixo Fabio, aunque harto más lo era otra a quien él en nuestra tierra seruya, y aun era más fauorescido de ella que desta lo es. Mas esta uellaca de ausençia deshaze las cosas quo hombre piensa que estan mas firmes. Quando yo esto le oy, fueme forçado tener cuenta con las lagrimas: que a no tenella, no pudiera Fabio dexar de sospechar alguna cosa, que a mí no estuuiere bien.
Y luego el page me preguntó, cuyo era, y mi nombre, y adonde era mi tierra. Al qual yo respondi, que mi tierra era Vandalia, mi nombre Valerio, y que hasta entonpes no biuia con nadie. Pues desta manera (dixo él) todos somos de una tierra, y aun podriamos ser de una casa, si uos quisiessedes: porque don Felis mi señor, me mandó que le buscasse un page. Por esso si uos quereys seruirle, uedlo. Que comer, y beuer, uestir, y quatro reales para jugar, no os faltarán: pues moças, como unas reynas, aylas en nuestra calle: y uos que soys gentil hombre, no aurá ninguna que no se pierda por uos. Y aun sé yo que una criada de un canonigo uiejo harto bonita, que para que fuessemos los dos bien proveydos de pañizuelos y torreznos, y uino de sant Martin, no auriades menester más, que de seruirla. Quando yo esto le oy, no pude dexar de reyrme en uer quan naturales palabras de page eran las que me dezia. Y porque me paresçio, que ninguna cosa me conuenia más para mi descanso que lo que Fabio me aconsejaua, le respondi: Yo a la uerdad, no tenia determinado de seruir a nadie: mas ya que la fortuna me ha traydo a tiempo, que no puedo hazer otra cosa paresceme que lo mejor sera biuir con nuestro Señor: porque deue ser cauallero más afable y amigo de sus criados, que otros. Mal lo sabeys, me respondió Fabio. Y os prometo, a fe de hijo dalgo (porque lo soy: que mi padre es de los Cachopines de Laredo) que tiene don Felis mi señor de las mejores condiçiones que aueys uisto en nuestra uida, y que nos haze el mejor tratamiento, que nadie haze a sus pages, si no fuessen estos negros amores, que nos hazen passear mas de lo que querriamos, y dormir menos de lo que hemos menester, no auria tal señor. Finalmente (hermosas Nimphas) que Fabio habló a su señor don Felis en saliendo: y él mandó que aquella tarde me fuesse a su posada: yo me fuy, y él me reçibió por su page, haziendome el mejor tratamiento del mundo, y ansi estuue algunos dias, uiendo lleuar y traer recaudos de una parte a otra: cosa que era para mí sacarme el alma, y perder cada hora la paçiençia. Passado un mes, uino don Felis a estar tambien conmigo, que abiertamente me descubrió sus amores, y me dixo desd'el principio dellos, hasta el estado en que entonces estauan, encargandome el secreto de lo que en ellos passaua, diziendome cómo auia sido bien tratado della al principio, y que despues se auia cansado de fauorescelle. Y la causa dello auia sido, que no sabia quien le auia dicho de unos amores que él auia tenido en su tierra, y que los amores que con ella tenia, no era sino por entretenerse, en quanto los negocios que en corte hazia no se acabauan. Y no ay duda (me dezia el mismo don Felis) sino que yo los començe, como ella dize, mas agora Dios sabe si ay cosa en la uida a quien tanto quiera. Quando yo esto le oy dezir, ya sentireys, hermosas Nimphas, lo que podria sentir. Mas con toda la dissimulaçion possible respondi: Mejor fuera, señor, que la dama se quexara con causa, y que esso fuera ansi, porque si essa otra a quien antes seruiades, no os meresçio que la oluidassedes, grandissimo agrauio le hazeys. Don Felis me respondio: no me da el amor que yo a mi Celia tengo lugar para entendello ansi, mas antes me pareçe que me le hize muy mayor en auer puesto el amor primero en otra parte, que en ella. Dessos agrauios (le respondi) bien sé quién se lleua lo peor. Y sacando el desleal una carta del seno, que aquella hora auia reçebido de su señora, me la leyó (pensando que me hazia mucha fiesta) la qual dezia desta manera:
CARTA DE ÇELIA A DON FELIS
«Nvnca cosa que yo sospechasse de nuestros amores, dio tan lexos de la uerdad queme diesse occasion de no creer más vezes a mi sospecha, que uuestra disculpa, y si en esto os hago agrauio, ponedlo a cuenta de uuestro descuydo, que bien pudierades negar los amores passados, y no dar occasion a que por uuestra confession os condenasse. Dezis que fuy causa que oluidassedes los amores primeros: consolaos con que no faltará otra que lo sea de los segundos. Y asseguraos, señor don Felis, porque os certifico, que no ay cosa que peor esté a un cauallero, que hallar en qualquier dama occasion de perderse por ella. Y no dire más, porque en males sin remedio, el no procurarselo es la mejor».
Despues que uuo acabado de leer la carta, me dixo, ¿qué te parescen, Valerio, estas palabras? Paresceme, le respondi, que se muestran en ellas tus obras. Acaba, dixo don Felis. Señor, le respondi yo, parescer me han segun ellas os parescieren, porque las palabras de los que quieren bien, nadie las sabe tan bien juzgar como ellos mismos. Mas lo que yo siento de la carta, es que essa dama quisiera ser la primera, a la qual no deue la fortuna tratalla de manera que nadie pueda auer embidia de su estado. Pues ¿qué me aconsejarias? dixo don Felis. Si tu mal suffre consejo (le respondi yo) parescer me hya que pensamiento no se diuidiesse en esta segunda passion, pues a la primera se deue tanto. Don Felis me respondió (sospirando y dandome vna palmada en el ombro), o Valerio, qué discreto eres. Quán buen consejo me das, si yo pudiesse tomalle. Entremosnos a comer, que en acabando, quiero que lleues una carta mia a la señora Çelia, y uerás si meresçe que a trueque de pensar en ella, se oluide otro qualquier pensamiento. Palabras fueron estas que a Felismena llegaron al alma: mas como tenía delante sus ojos aquel a quien mas que a sí quería, solamente miralle era el remedio de la pena que qualquiera destas cosas me hazia sentir. Despues que uuimos comido, don Felis me llamó, y haziendome grandissimo cargo de lo que deuia, por auerme dado parte de su mal, y auer puesto el remedio en mis manos, me rogó le lleuasse una carta, que escrita le tenía, la qual él primero me leyó, y dezia desta manera:
CARTA DE DON FELIS PARA ÇELIA
«Dexase tan bien entender el pensamiento que busca ocasiones para oluidar a quien dessea, que sin trabajar mucho la imaginaçion, se uiene en conoscimiento dello. No me tengas en tanto, señora, que busque remedio para desculparte de lo que conmigo piensas usar, pues nunca yo llegué a ualer tanto contigo, que en menores cosas quesiesse hazello. Yo confessé que auia querido bien, porque el amor quando es uerdadero, no sufre cosa encubierta, y tú pones por occasion de oluidarme, lo que auia de ser de quererme. No me puedo dar a entender que te tienes en tan poco, que creas de mí poderte oluidar, por ninguna cosa que sea, o aya sido: mas antes me escriues otra cosa de lo que de mí sé tienes experimentado. De todas las cosas que en perjuizio de lo que te quiero imaginas, me assegura mi pensamiento, el qual bastará ser mal gualardonado, sin ser tambien mal agradescido».
Despues que don Felis me leyó la carta que a su dama tenía escrita, me preguntó si la respuesta me parescia conforme a las palabras que la señora Çelia le auia dicho en la suya, y que si auia algo en ella qué emendar. A lo qual yo le respondi: No creo, señor, que es menester hazer la emienda a essa carta, ni a la dama a quien se embia, sino a la que en ella offendes. Digo esto, porque soy tan affiçionado a los amores primeros que en esta uida he tenido, que no auria en ella cosa que me hiziesse mudar el pensamiento. La mayor razon tienes del mundo (dixo don Felis). Si yo pudiesse acabar comigo otra cosa de lo que hago: mas qué quieres, si la absençia enfrió esse amor, y ençendio este otro? Desta manera (respondi yo) con razon se puede llamar engañada aquella a quien primero quesiste, porque amor sobre que ausencia tiene poder, ni es amor, ni nadie me podra dar a entender que lo aya sido. Esto dezia yo con más dissimulaçion de lo que podria: porque sentia tanto verme oluidada de quien tanta razon tenía de quererme, y yo tanto queria, que hazia más de lo que nadie piensa, en no darme a entender. E tomando la carta, y informandome de lo que auia de hazer me fuy en casa de la señora Çelia, ymaginando el estado triste a que mis amores me auian traydo, pues yo mismo me hazia la guerra, siendome forçado ser intercessora de cosa tan contraria a mi contentamiento.
Pues llegando en casa de Çelia, y hallando vn page suyo a la puerta, le pregunté, si podia hablar a su señora. Y el page informado de mí cuyo era, le dixo a Çelia, alabandole mucho mi hermosura y disposiçion, y diziendole que nueuamente don Felis me auia reçebido. La señora Çelia le dixo: Pues a hombre reçebido de nueuo descubre luego don Felis sus pensamientos, alguna grande occasion deue auer para ello. Dile que entre y sepamos lo que quiere. Yo entré luego donde la enemiga de mi bien estaua: y con el acatamiento debido le besé las manos y le puse en ellas la carta de don Felis. La señora Çelia la tomó y puso los ojos en mí, de manera que yo le senti la alteraçion que mi uista le auia causado: porque ella estuuo tan fuera de sí, que palabra no me dixo por entonçes. Pero despues boluiendo un poco sobre sí, me dixo. ¿Que uentura te ha traydo a esta corte, para que don Felis la tuuiesse tan buena, como es tenerte por criado? Señora (le respondi yo) la uentura que a esta corte me ha traydo, no puede dexar de ser muy mejor de lo que nunca pense, pues ha sido causa que yo uiesse tan gran perfeçion y hermosura, como la que delante mis ojos tengo: y si antes me dolian las ansias, los sospiros y los continuos desassosiegos de don Felis mi señor, agora que he uisto la causa de su mal, se me ha conuertido en embidia la manzilla que dél tenía. Mas si es uerdad, hermosa señora, que mi uenida te es agradable, suplicote por lo que deues al grande amor que él te tiene, que tu respuesta tambien lo sea. No ay cosa (me respondio Çelia) que yo dexe de hazer por ti, aunque estaua determinada de no querer bien a quien ha dexado otra por mí. Que grandissima discreçion es saber la persona aprouecharse de casos agenos, para poderse ualer en los suyos. Y entonçes le respondi: No creas, señora, que auria cosa en la uida porque don Felis te oluidasse. E si ha oluidado a otra dama por causa tuya, no te espantes, que tu hermosura y discreçion es tanta, y la de la otra dama tan poca, que no ay para qué imaginar, que por auerla oluidado a causa tuya te oluidara a ti a causa de otra. ¿Y cómo (dixo Çelia) conosciste tú a Felismena, la dama a quien tu señor en su tierra seruia? Si conosci (dixe yo) aunque no tan bien como fuera neçesario, para escusar tantas desuenturas. Verdad es que era uezina de la casa de mi padre, pero uisto tu gran hermosura, acompañada de tanta gracia y discreçion, no ay porque culpar a don Felis, de auer oluidado los primeros amores. A esto me respondio Çelia ledamente y riendo. Presto has aprendido de tu amor a saber lisongear. A saber te bien seruir (le respondi) querria yo aprender, que adonde tanta causa hay para lo que se dize no puede caber lisonja. La señora Çelia tornó muy de ueras a preguntarme, le dixesse, qué cosa era Felismena. A lo qual yo le respondi. Quanto a su hermosura, algunos ay que la tienen por muy hermosa: mas a mí jamás me lo paresció. Porque la principal parte que para serlo es menester, muchos dias ha que le falta. ¿Que parte es essa? preguntó Çelia. Es el contentamiento (dixe yo) porque nunca adonde él no está puede auer perfecta hermosura. La mayor razon del mundo tienes (dixo ella) mas yo he uisto algunas damas, que les está tambien el estar tristes, y a otras el estar enojadas, que es cosa estraña: y uerdaderamente que el enojo, y la tristeza las haze más hermosas de lo que son. Y entonçes le respondi. Desdichada de hermosura, que ha de tener por maestro el enojo, o la tristeza; a mí poco se me entiende de estas cosas, pero la dama que ha menester industrias, mouimientos, o passiones para parecer bien, ni la tengo por hermosa, ni hay para qué contarla entre las que lo son. Muy gran razon tienes (dixo la señora Çelia) y no aura cosa, en que no la tengas, segun eres discreto. Caro me cuesta (respondi yo) tenelle en tantas cosas. Suplicote, señora, respondas la carta, porque tambien la tenga don Felis mi señor de reçebir este contentamiento por mi mano. Soy contenta (me dixo Çelia) mas primero me has de dezir, cómo está Felismena en esto de la discreçion, ¿es muy auisada? Yo entonçes respondi. Nunca muger ha sido más avisada que ella, porque ha muchos dias que grandes desuenturas le auisan[1245], mas nunca ella se auisa, que si ansi como ha sido auisada ella se auisasse, no auria uenido a ser tan contraria a sí misma. Hablas tan discretamente en todas las cosas (dixo Çelia) que ninguna haria de mejor gana, que estarte oyendo siempre. Mas antes (le respondi yo) no deuen ser, señora, mis razones, maniar para tan subtil entendimiento como el tuyo: y esto solo creo que es lo que no entiendo mal. No aurá cosa (respondio Çelia) que dexes de entender más, porque no gastes tan mal el tiempo en alabarme, como tu amo en seruirme, quiero leer la carta, y dezirte lo que as de dezir: y descogiendola, començo a leerla entre sí, estando yo muy atenta en quanto la leya, a los mouimientos que hazia con el rostro (que las más uezes dan a entender lo que el coraçon siente). Y auiendola acauado de leer, me dixo: Dí a tu señor: que quien tambien sabe dezir lo que siente, que no deue sentillo tan bien como lo dize. E llegandose a mí, me dixo (la boz algo más baxa): y esto por amor de ti, Valerio, que no porque yo lo deua a lo que quiero a don Felis, porque ueas que eres tú el que le fauoresces. Y aun de ahi nascio todo mi mal, dixe yo entre mí. Y besandole las manos, por la merçed que me hazia, me fuy a don Felis con la respuesta, que no pequeña alegria reçibió con ella. Cosa que a mí era otra muerte, y muchas vezes dezia yo entre mí (quando a casa lleuaua, o traya algun recaudo), ¡o desdichada de ti, Felismena, que con tus proprias armas te vengas a sacar el alma! ¡Y que uengas a grangear fauores, para quien tan poco caso hizo de los tuyos! Y assi passaua la uida, con tan graue tormento que si con la uista del mi don Felis no se remediara, no pudiera dexar de perdella. Más de dos meses me encubrio Çelia lo que me queria, aunque no de manera que no viniesse a entendello, de que no reçebi poco aliuio para el mal que tan importunamente me seguia, por parescerme que sería bastante causa para que don Felis no fuesse querido, y que podria ser le acaesciesse como a muchos, que fuerça de disfauores los derriba de su pensamiento. Mas no le acaescio assi, a don Felis, porque quanto más entendia que su dama le oluidaua, tanto mayores ansias le sacauan el alma. Y assi biuia la más triste vida que nadie podria imaginar: de la qual no me lleuaua yo la menor parte. Y para remedio desto, sacaua la triste de Felismena, a fuerça de braços, los fauores de la señora Çelia poniendolos ella todas las uezes que por mí se los embiaua, a mi cuenta. E si caso por otro criado suyo le embiaua algun recaudo, era tan mal reçebido, que ya estaua sobre el auiso de no embiar otro allá, sino a mí: por tener entendido lo mal que le succedia, siendo de otra manera: y a mí Dios sabe si me costaba lagrimas, porque fueron tantas las que yo delante de Çelia derramé, suplicandole no tratasse mal a quien tanto le queria, que bastara esto para que don Felis me tuuiera la maior obligaçion, que nunca hombre tuuo a muger. A Çelia le llegauan al alma mis lagrimas, assi porque yo las derramaua, como por parescelle que si yo la quisiera lo que a su amor deuia, no sollicitara con tanta diligençia fauores para otro: y assi lo dezia ella muchas ueces con una ansia, que parescia que el alma se le queria despedir. Yo biuia en la mayor confusion del mundo porque tenía entendido que sino mostraua quererla como a mí me ponia a riesgo que Çelia boluiesse a los amores de don Felis; y que boluiendo a ellos, los mios no podrian auer buen fin: y si tambien fingia estar perdida por ella, sería causa que ella desfauoresciesse al mi don Felis, de manera que a fuerça de disfauores perdiesse el contentamiento, y tras él la uida. Y por estoruar la menor cosa destas, diera yo cien mil de las mias, si tantas tuuiera. Deste modo se passaron muchos dias, que le seruia de tercera, a grandissima costa de mi contentamiento, al cabo de los quales los amores de los dos yuan de mal en peor, porque era tanto lo que Çelia me queria, que la gran fuerça de amor la hizo que perdiesse algo de aquello que deuia a sí misma. Y un dia despues de auer lleuado y traydo muchos recaudos, y de auerle yo fingido algunos, por no uer triste a quien tanto queria, estando supplicando a la señora Çelia con todo el acatamiento possible, que se doliesse de tan triste uida, como don Felis a causa suya passaua, y que mirasse que en fauorescelle, yua contra lo que a si misma deuia, lo qual yo hazia por uerle tal que no se esperaua otra cosa sino la muerte, del gran mal que su pensamiento le hazia sentir. Ella con lagrimas en los ojos, y con muchos sospiros me respondio: Desdichada de mí, o Valerio, que en fin acabo de entender quan engañada biuo contigo. No creya yo hasta agora, que me pedias fauores para tu señor, sino por gozar de mi uista el tiempo que gastauas en pedirmelos. Mas ya conozco, que los pides de ueras, y que pues gustas de que yo agora le trate bien, sin duda no deues quererme. O quán mal me pagas, lo que yo te quiero, y lo que por ti dexo de querer. Plega a Dios, que el tiempo me uengue de ti, pues el amor no ha sido parte para ello. Que no puedo yo creer que la fortuna me sea tan contraria, que no te dé el pago de no auella conoçido. E di a tu señor don Felis, que si biua me quiere uer, que no me uea, y tú, traydor enemigo de mi descanso, no parezcas más delante destos cansados ojos: pues sus lagrimas no han sido parte para darte a entender lo mucho que me deues. Y con esto se me quitó delante con tantas lagrimas, que las mias no fueron parte para detenella: porque con grandissima priessa se metio en un aposento, y cerrando tras si la puerta, ni bastó llamar, suplicandole con mis amorosas palabras, que me abriesse, y tomasse de mí la satisfaçion que fuesse seruida, ni dezille otras muchas cosas, en que se mostraua la poca razon que auia tenido de enojarse, para que quisiesse abrirme. Mas antes desde allá dentro me dixo (con una furia estraña): ingrato y desagradecido Valerio, el más que mis ojos pensaron uer, no me ueas, no me hables: que no hay satisfaçion para tan grande desamor, ni quiero otro remedio para el mal que me heziste, sino la muerte, la qual yo con mis proprias manos tomaré, en satisfaçion de la que tú mereçes. Y yo uiendo esto, me uine a casa del mi don Felis, con más tristeza de la que pude dissimular: y le dixe, que no auia podido hablar a Çelia, por çierta uisita en que estaua occupada. Mas otro dia de mañana supimos, y aun se supo en toda la çiudad, que aquella noche le auia tomado un desmayo con que auia dado el alma, que no poco espanto puso en toda la corte. Pues lo que don Felis sintio su muerte y quanto llegó al alma, no se puede dezir, ni ay entendimiento humano que alcançallo pueda: porque las cosas que dezia, las lastimas, las lagrimas, los ardientes sospiros eran sinumero. Pues de mí no digo nada, porque de una parte la desastrada muerte de Çelia me llegaua al alma, y de otra las lachrimas de don Felis me traspassauan el coraçon. Aunque esto no fue nada, segun lo que despues senti, porque como don Felis supo su muerte, la misma noche desparesció de casa, sin que criado suyo ni otra persona supiesse dél. Ya ueys, hermosas Nimphas, lo que yo sentiria: pluguiera a Dios que yo fuera la muerta, y no me sucediera tan gran desdicha, que cansada deuia estar la fortuna de las de hasta alli. Pues como no bastasse la diligençia que en saber del mi don Felis se puso (que no fue pequeña), yo determiné ponerme en este habito en que me ueys: en el qual ha mas de dos años, que he andado buscandole por muchas partes, y mi fortuna me ha estoruado hallarle, aunque no le deuo poco, pues me ha traydo a tiempo, que este pequeño seruicio pudiesse hazeros. Y creedme (hermosas Nimphas) que lo tengo (despues de la vida de aquel en quien puse toda mi esperança) por el mayor contento que en ella pudiera reçebir.
Quando las Nimphas acabaron de oyr a la hermosa Felismena, y entendieron que era muger tan principal, y que el amor le auia hecho dexar su habito natural, y tomar el de pastora, quedaron tan espantadas de su firmeza, como del gran poder de aquel tirano, que tan absolutamente se haze seruir de tantas libertades. E no pequeña lastima tuuieron de uer las lagrimas y los ardientes sospiros con que la hermosa donzella solenizaua la historia de sus amores. Pues Dorida, a quien más auia llegado al alma el mal de Felismena, y más affiçionada le estaua que a persona a quien toda su uida uuiesse conuersado, tomó la mano de respondelle, y començó a hablar desta manera: ¿Qué haremos, hermosa señora, a los golpes de la fortuna qué casa fuerte aurá adonde la persona pueda estar segura de las mudanças del tiempo? ¿Qué arnes ay tan fuerte, y de tan fino açero, que pueda a nadie defender de las fuerças deste tirano, que tan injustamente llaman amor? ¿Y qué coraçon ay, aunque más duro sea que marmol, que un pensamiento enamorado no le ablande? No es por çierto essa hermosura, no es esse ualor, no es essa discreçion, para que merezca ser oluidada de quien una uez pueda uerla: pero estamos a tiempo[1246], que merescer la cosa es principal parte para no alcançalla. Y es el crudo amor de condiçion tan estraña, que reparte sus contentamientos sin orden ni conçierto alguno: y alli da mayores cosas donde en menos son estimadas: medecina podria ser para tantos males, como son los de que este tirano es causa, la discreçion y ualor de la persona que los padesce. Pero ¿a quién la dexa tan libre, que le pueda aprouechar para remedio? ¿o quién podra tanto consigo en semejante passion, que en causas agenas sepa dar consejo, quanto más tomalle en las suyas proprias? Mas con todo eso, hermosa señora, te suplico pongas delante los ojos quién eres, que si las personas de tanta suerte y valor como tú no bastaren a suffrir sus aduersidades, ¿cómo las podrian suffrir las que no lo son? Y demas desto, de parte destas Nimphas, y de la mia, te suplico en nuestra compañia, te uayas, en casa de la gran sabia Feliçia, que no es tan lexos de aquí, que mañana a estas horas no estemos alli[1247]. Adonde tengo por aueriguado, que hallarás grandissimo remedio para estas angustias como lo han hallado muchas personas, que no lo merescian. De mas su sciencia, a la qual persona humana en nuestros tiempos no se halla que pueda ygualar su condiçion, y su bondad no menos la engrandesce, y haze que todas las del mundo, desseen su compañia. Felismena respondio: No sé (hermosas Nimphas) quién a tan graue mal puede dar remedio, si no fuesse el proprio que lo causa. Mas con todo esso no dexare de hazer uuestro mandado, que pues uuestra compañia es para mi pena tan gran aliuio, injusta cosa sería desechar el consuelo en tiempo que tanto lo he menester. No me espanto yo, dixo Çinthia, sino cómo don Felis, en el tiempo que le seruias, no te conoció en esse hermoso rostro, y en la gracia, y el mirar de tan hermosos ojos. Felismena entonces respondio: tan apartada tenia la memoria de lo que en mí auia uisto, y tan puesto en lo que ueya en su señora Çelia, que no auia lugar para esse conoscimiento. Y estando en esto, oyeron cantar los pastores que en compañia de la discreta Seluagia yuan por una cuesta abaxo los mas antiguos cantares que cada uno sabia, o que su mal le inspiraua, y cada qual buscaua el uillancico que más hazia a su proposito, y el primero que començo a cantar fue Syluano, el qual cantó lo siguiente:
Desdeñado soy de amor, guardeos Dios de tal dolor. Soy del amor desdeñado de fortuna perseguido; ni temo uerme perdido, ni aun espero ser ganado: un cuydado a otro cuydado me añade siempre el amor, guardeos Dios de tal dolor. En quexas me entretenia, ued qué triste passatiempo: ymaginaua que un tiempo, tras otros tiempos uenia: mas la desuentura mia mudóle en otro peor, guardeos Dios de tal dolor.
Seluagia que no tenia menos amor, o menos presumpçion de tenelle al su Alanio, que Syluano a la hermosa Diana, tan poco se tenia por menos agrauiada, por la mudança que en sus amores auia hecho, que Syluano en auer tanto perseuerado en su daño; mudando el primero verso, a este villançico pastoril, antiguo, lo començó a cantar aplicandolo a su proposito desta manera:
Di, ¿quién te ha hecho pastora sin gasajo y sin plazer, que tú alegre solias ser? Memoria del bien passado en medio del mal presente, ay del alma que lo siente, si está mucho en tal estado: despues que el tiempo ha mudado a vn pastor por me ofender, jamás he visto el plazer.
A Sireno bastara la cançion de Seluagia, para dar a entender su mal, si ella y Syluano, se lo consintieran: mas persuadiendole que él tambien eligiesse alguno de los cantares que más a su proposito huuiese oydo, començo a cantar lo siguiente:
Oluidastesme señora, mucho mas os quiero agora. Sin ventura yo oluidado me veo, no sé por qué, ved a quien distes la fe, y de quien la aueys quitado, El no os ama, siendo amado, yo desamado, señora, mucho más os quiero agora. Paresceme que estoy uiendo los ojos en que me ui, y uos por no uerme assi, el rostro estays escondiendo, y que yo os estoy diziendo: alça los ojos, señora, que muy mas os quiero agora.
Las Nimphas estuuieron muy atentas a las cançiones de los pastores, y con gran contentamiento de oyllos: mas a la hermosa pastora no le dexaron los sospiros estar oçiosa en quanto los pastores cantauan. Llegado que fueron a la fuente, y hecho su deuido acatamiento, pusieron sobre la yerua la mesa, y lo que del aldea auian traydo, y se assentaron luego a comer, aquellos a quien sus pensamientos les dauan lugar, y los que no, importunados de los que más libres se sentian, lo uuieron de hazer. E despues de auer comido, Polidora dixo ansi: Desamados pastores (si es licito llamaros el nombre que a uuestro pesar la fortuna os ha puesto) el remedio de uuestro mal está en manos de la discreta Feliçia, a la qual dio naturaleza lo que a nosotras ha negado. E pues ueys lo que os importa yr a uisitarla, pidoos de parte destas Nimphas, a quien este dia tanto seruiçio aueys hecho, que no rehuseys nuestra compañia, pues no de otra manera podeis reçebir el premio de uuestro trabajo: que lo mismo hará esta pastora, la qual no menos que uosotros lo ha menester. E tú, Sireno, que de un tiempo tan dichoso, a otro tan desdichado te ha traydo la fortuna, no te desconsueles: que si tu dama tuuiese tan çerca el remedio de la mala uida que tiene, como tú de lo que ella te haze passar, no seria pequeño aliuio para los desgustos y desabrimientos que yo sé que passan cada dia. Sireno respondió: Hermosa Polidora, ninguna cosa da la hora de agora mayor descontento, que auerse Diana uengado de mí, tan a costa suya, porque amar ella a quien no le tiene en lo que meresce, y estar por fuerça en su compañia, ueys lo que le deue costar; y buscar yo remedio a mi mal, hazerlo ía, si el tiempo, o la fortuna, me lo permetiessen, mas ueo que todos los caminos son tomados y no sé por donde tú y estas Nimphas pensays lleuarme a buscarle[1248]. Pero sea como fuere nosotros os seguiremos, y creo que Syluano y Seluegia harán lo mismo, si no son de tan mal conoscimiento, que no entiendan la merçed que a ellos y a mí se nos haze. Y remitiendose los pastores a lo que Sireno auia respondido, y encomendando sus ganados a otros, que no muy lexos estauan de alli, hasta la buelta, se fueron todos juntos por donde las tres Nimphas los guyauan.
Fin del segundo libro.
NOTAS:
[1235] M., pradecillo.
[1236] Falta el un en la edición de Milán.
[1237] M., acaballo.
[1238] Dellos añade la edición de Milán.
[1239] M., Hermana Cinthia.
[1240] M., quiso hablar, mas no habló.
[1241] M., apuntándole.
[1242] M. Deesas.
[1243] M., fui.
[1244] M., volvieron.
[1245] M., la avisan.
[1246] M., en tiempo.
[1247] M., allá.
LIBRO TERÇERO DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Con muy gran contentamiento caminauan las hermosas Nimphas con su compañia por medio de un espesso bosque, y ya que el sol se queria poner, salieron a un muy hermoso ualle, por medio del qual yua un impetuoso arroyo, de una parte y otra adornado de muy espessos salces y alisos, entre los quales auia otros muchos generos de arboles más pequeños, que enredandose a los mayores, entretexendose las doradas flores de los unos por entre las uerdes ramas de los otros, dauan con su uista gran contentamiento. Las Nimphas y pastores tomaron una senda que por entre el arroyo y la hermosa arboleda se hazia, y no anduuieron mucho espaçio, quando llegaron a un uerde prado muy espaçioso, a donde estaua un muy hermoso estanque de agua: del qual proçedia el arroyo que por el ualle con gran[1249] impetu corria. En medio del estanque estaua una pequeña isleta adonde auia algunos arboles por entre los quales se deuisaua una choça de pastores: alrededor della andaua un rebaño de ouejas, pasciendo la uerde yerua. Pues como a las Nimphas paresciesse aquel lugar aparejado para passar la noche que ya muy cerca venía, por unas piedras que del prado a la isleta estauan por medio del estanque puestas en orden, passaron todas, y se fueron derechas a la choça, que en la isleta parescia. Y como Polidora, entrando primero dentro, se adelantasse un poco, aun no huuo entrado, quando con gran priessa boluio a salir, y boluiendo el rostro a su compañia, puso un dedo ençima de su hermosa boca, haziendoles señas que entrassen sin ruido. Como aquello uiessen las Nimphas y los pastores, con el menes rumor que pudieron entraron en la choça: y mirando a una parte y a otra, uieron a un rincon un lecho, no de otra cosa sino de los ramos de aquellos salces, que en torno de la choça estauan, y de la uerde yerua, que junto al estanque se criaua. Ençima de la qual uieron una pastora durmiendo, cuya hermosura no menos admiraçion les puso, que si la hermosa Diana uieran delante de sus ojos. Tenia una saya azul clara, un jubon de una tela tan delicada, que mostraua la perfeçion y compas del blanco pecho, porque el sayuelo que del mesmo color de la saya era, le tenia suelto, de manera que aquel graçioso buelto se podia bien diuisar. Tenía los cabellos, que más ruuios que el sol parescian sueltos y sin orden alguna. Mas nunca orden tanto adornó hermosura, como la desorden que ellos tenian, y con el descuydo del sueño, el blanco pie descalço, fuera de la saya se le parescia, mas no tanto que a los ojos de los que lo mirauan paresciesse deshonesto. Y segun parescia por muchas lagrimas, que aun durmiendo por sus hermosas mexillas derramaua, no le deuia el sueño impedir sus tristes imaginaciones. Las Nimphas y pastores estauan tan admirados de su hermosura y de la tristeza que en ella conoscian, que no sabian qué se dezir, si no derramar lagrimas de piedad de las que á la hermosa pastora ueyan derramar. La qual estando ellos mirando, se boluio hazia un lado, diziendo con un sospiro que del alma la salia: ¡ay desdichada de ti, Belisa, que no está tu mal en otra cosa, sino en ualer tan poco tu uida, que con ella no puedes pagar las que por causa tuya son perdidas! Y luego con tan grande sobresalto despertó, que paresció tener el fin de sus dias presente, mas como uiesse las tres Nimphas, y las hermosas dos pastoras, juntamente con los dos pastores, quedó tan espantada, que estuuo un rato sin bolver en sí, boluiendo a mirallos, sin dexar de derramar muchas lagrimas, ni poner silençio a los ardientes sospiros que del lastimado coraçon embiaua, començo a hablar desta manera. Muy gran consuelo sería para tan desconsolado coraçon como este mio, estar segura de que nadie con palabras, ni con obras pretendiesse darmele, porque la gran razon, ¡o hermosas Nimphas! que tengo de biuir tan embuelta en tristezas, como biuo, ha puesto enemistad entre mí y el consuelo de mi mal. De manera que si pensasse en algun tiempo tenelle, yo misma me daria la muerte. Y no os espanteys preuenirme yo deste remedio, pues no ay otro para que me dexe de agrauiar del sobresalto que reçebi en ueros en esta choça (lugar aparejado no para otra cosa, sino para llorar males sin remedio), y esto sea auiso, para que qualquiera que a su tormento le esperare, se salga dél: porque infortunios de amor le tienen cerrado, de manera que jamás dexan entrar aqui alguna esperança de consuelo.
Mas ¿qué uentura ha guiado tan hermosa compañia do jamás se uio cosa que diese contento? ¿Quién pensays que haze cresçer la uerde yerua desta isla, y acresçentar las aguas que la çercan, si no mis lagrimas? ¿Quién pensays que menea los arboles deste hermoso ualle, sino la boz de mis sospiros tristes, que inchando el ayre, hazen aquello que él por sí no haria? ¿Porqué pensays que cantan los dulçes paxaros por entre las matas, quando el dorado Phebo está en toda su fuerça, sino para ayudar a llorar mis desuenturas? ¿A qué pensays que las temerosas fieras salen al uerde prado, sino a oyr mis continuas quexas? ¡Ay hermosas Nimphas! no quiera Dios que os aya traydo a este lugar uuestra fortuna para lo que yo uine a él, porque çierto paresce (segun lo que en él passó), no auelle hecho naturaleza para otra cosa, sino para que en él passen su triste uida los incurables de amor. Por esso si alguna de uosotras lo es, no passe más adelante: y vayase presto de aqui: que no sería mucho que la naturaleza del lugar le hiciesse fuerça. Con tantas lagrimas dezia esto la hermosa pastora, que no auia ninguno de los que alli estauan, que las suyas detener pudiesse. Todos estauan espantados de uer el spiritu que con el rostro y mouimientos daua a lo que dezia, que çierto bien pareçian sus palabras salidas del alma: y no se suffria menos que esto, porque el triste successo de sus amores, quitaua la sospecha de ser fingido lo que mostraua. Y la hermosa Dorida le habló desta manera: Hermosa pastora, ¿qué causa ha sido la que tu gran hermosura ha puesto en tal estremo? ¿Qué mal tan estraño te pudo hazer amor, que aya sido parte para tantas lagrimas acompañadas de tan triste y tan sola uida, como en este lugar deues hazer? Mas ¿qué pregunto yo? Pues en uerte quexosa de amor, me dizes más de lo que yo preguntarte puedo. Quesiste assegurar quando aqui entramos, de que nadie te consolasse: no te pongo culpa, officio es de personas tristes, no solamente aborrecer al consuelo, mas aun a quien piensa que por alguna uia pueda darsele. Dezir que yo podria darle a tu mal, ¿que aprouecha si él mismo no te da liçençia que me creas? Dezir que te aproueches de tu juyzio y discreçion bien sé que no le tienes tan libre, que puedas hazello. Pues ¿qué podría yo hazer para darte algun aliuio, si tu determinaçion me ha de salir al encuentro? De una cosa puedes estar çertificada, y es que no auria remedio en la uida, para que la tuya no fuesse tan triste, que yo dexase de dartele, si en mi mano fuesse. Y si esta uoluntad alguna cosa meresçe, yo te pido de parte de los que presentes están, y de la mia, la causa de tu mal nos cuentes, porque algunos de los que en mi compañia uienen, estan con tan gran neçessidad de remedio, y os tiene amor en tanto estrecho, que si la fortuna no los socorre, no sé que sera de sus uidas. La pastora que de esta manera uio hablar a Dorida, saliendose de la choça, y tomandola por la mano la lleuó cerca de una fuente que en un uerde pradezillo estaua, no muy apartado de alli, y las Nimphas y los pastores se fueron tras ellas, y juntos se assentaron en torno a la fuente, auiendo el dorado Phebo dado fin a su xornada, y la nocturna Diana principio a la suya, con tanta claridad como si el medio día fuera. Y estando de la manera que aueys oydo, la hermosa pastora le començó a dezir lo que oyreys.
Al tienpo (o hermosas Ninphas de la casta Diosa) que yo estaua libre de amor, oy dezir vna cosa que despues me desengañó la experiencia (hallandola muy al reues de lo que me certificauan). Dezian me que no auia mal que dezillo no fuese algun aliuio para el que lo padezia, y hallo que no ay cosa que más mi desuentura acresciente, que pasalla por la memoria y contalla a quien libre della se vee. Porque si yo otra cosa entendiese, no me atreueria a contaros la historia de mis males. Pero pues que es verdad, que contarosla no será causa alguna de consuelo á mi desconsuelo que son las dos cosas, que de mí son mas aborresçidas, estad atentas, y oyreys el mas desastrado caso que jamas en amor ha succedido. No muy lexos deste valle, hazia la parte donde el sol se pone, está vna aldea en medio de vna floresta, cerca de dos rios que con sus aguas riegan los arboles amenos cuya espressura es tanta que desde vna casa a la otra no se paresce. Cada vna dellas tiene su termino redondo, adonde los jardines en verano se visten de olorosas flores, de mas de la abundancia de la ortaliza, que alli la naturaleza produze, ayudada de la industria de los que en la gran España llaman Libres, por el antiguedad de sus casas y linages. En este lugar nasció la desdichada Belisa (que este nonbre saqué de la pila, adonde pluguiera a Dios dexara el anima). Aqui pues biuia vn pastor de los principales en hazienda y linage, que en toda esta prouincia se hallaua, cuyo nombre era Arsenio, el qual fue casado con una zagala la más hermosa de su tiempo: mas la presurosa muerte (o porque los hados lo permitieron o por euitar otros males que su hermosura pudiera causar) le cortó el hilo de la uida, pocos años despues de casada. Fue tanto lo que Arsenio sintió la muerte de su amada Florida que estuuo muy cerca de perder la uida: pero consolauase con un hijo que le quedara llamado Arsileo, cuya hermosura fue tanta que conpetia con la de Florida su madre. Y con todo, este Arsenio biuia la más sola y triste uida que nadie podria imaginar. Pues uiendo su hijo ya en edad conuenible para ponelle en algun exerçiçio uirtuoso, teniendo entendido que la ociosidad en los moços es maestra de uicios, y enemiga de virtud determinó embialle a la academia Salmantina con intençion que se exerçitasse en aprender lo que a los hombres sube a mayor grado que de hombres, y asi lo puso por obra. Pues siendo ya quinze años pasados que su muger era muerta, saliendo yo un dia con otras uezinas a un mercado, que en nuestro lugar se hazia, el desdichado de Arsenio me uio, por su mal, y aun por el mio, y de su desdichado hijo. Esta uista causó en él tan grande amor, como de alli adelante se paresció. Y esto me dió él a entender muchas uezes, porque ahora en el campo yendo a lleuar de comer a los pastores, aora yendo con mis paños al rio, aora por agua a la fuente, se hazia encontradizo conmigo. Yo que de amores aquel tiempo sabia poco, aunque por oydas alcançasse alguna cosa de sus desuariados effectos, unas uezes hazia que no lo entendia, otras uezes lo echaua en burlas, otras me enojaua de uello tan importuno. Mas ni mis palabras bastauan a defenderme dél, ni el grande amor que él tenía le daua lugar a dexar de seguirme. Y desta manera se passaron más de quatro años, que ni él dexaua su porfia, ni yo podia acabar conmigo de dalle el mas pequeño fauor de la uida. A este tiempo uino el desdichado de su hijo Arsileo del estudio, el qual entre otras ciencias que auia estudiado, auia florescido de tal manera en la poesia y en la musica, que a todos los de su tiempo hazia uentaja.
Su padre se alegró tanto con él que no ay quien lo pueda encarecer (y con gran razon) porque Arsileo era tal, que no solo de su padre que como a hijo deuia amalle, mas de todos los del mundo merescia ser amado. Y as si en nuestro lugar era tan querido de los principales dél y del comun, que no se trataua entre ellos sino de la discrecion, gracia, gentileza, y otras buenas partes de que su mocedad era adornada. Arsenio se encubria de su hijo, de manera que por ninguna uia pudiesse entender sus amores, y aunque Arsileo algun dia le viese triste, nunca echó de uer la causa, mas antes pensaua que eran reliquias que de la muerte de su madre le auian quedado. Pues desseando Arsenio (como su hijo fuese tan excelente Poeta) de aver de su mano vna carta para embiarme, y por hazer lo de manera que él no sintiese para quien era, tomó por remedio descubrirse a un grande amigo suyo natural de nuestro pueblo, llamado Argasto, rogandole muy encaresçidamente como cosa que para si auia menester, pidiese a su hijo Arsileo una carta hecha de su mano, y que le dixese que era para embiar lexos de alli a una pastora a quien seruia, y no le quería aceptar por suyo. Y asi le dixo otras cosas que en la carta auia de dezir de las que más hazian a su proposito. Argasto puso tan buena diligencia en lo que le rogó, que huuo de Arsileo la carta, importunado de sus ruegos, de la misma manera que el otro pastor se la pidió. Pues como Arsenio le uiese muy al proposito de lo que él deseaua, tuuo manera cómo uiniese a mis manos, y por ciertos medios que de su parte huuo, yo la recebi (aunque contra mi uoluntad) y vi que dezia desta manera.
CARTA DE ARSENIO Pastora, cuya uentura Dios quiera que sea tal, que no uenga a emplear mal tanta gracia y hermosura, y cuyos mansos corderos, y ovejuelas almagradas veas crecer a manadas por cima destos oteros. Oye a un pastor desdichado, tan enemigo de si, quanto en perderse por ti, se halla bien empleado; buelue tus sordos oydos, ablanda tu condiçion, y pon ya esse coraçon en manos de los sentidos. Buelue esos crueles ojos a este pastor desdichado, descuydate del ganado, piensa un poco en mis enojos, haz ora algun mouimiento, y dexa el pensar en ál, no de remediar mi mal, mas de uer como lo siento. ¡Quantas uezes has venido, al campo con tu ganado, y quantas uezes al prado, los corderos has traydo! Que no te diga el dolor, que por ti me buelue loco, mas ualeme esto tan poco, que encubrillo es lo mejor. ¿Con qué palabras dire, lo que por tu causa siento, o con qué conosçimiento se conosçera mi fe? ¿qué sentido bastará, aunque yo mejor lo diga, para sentir la fatiga que a tu causa amor me da? ¿Porqué te escondes de mi, pues conosces claramente, que estoy quando estoy presente, muy más absente de ti? quanto a mi por suspenderme, estando adonde tú estes, quanto a ti porque me uees, y estás muy lexos de uerme. Sabesme tan bien mostrar quando engañarme pretendes, al reues de lo que entiendes, que al fin me dexo engañar: mira sy hay que querer más, o ay de amor más fundamento, que biuir mi entendimiento con lo que a entender le das. Mira este estremo en que estoy, uiendo mi bien tan dudoso, que uengo a ser embidioso de cosas menos que yo: al aue que lleua el uiento, al pesce en la tempestad, por sola su libertad dare yo mi entendimiento. Veo mil tiempos mudados, cada dia hay nouedades, mudanse las voluntades, rebiuen los oluidados, en toda cosa hay mudança, y en ti no la vi jamás, y en esto solo uerás quan en balde es mi esperança. Passauas el otro dia por el monte repastando, sospiré imaginando, que en ello no te offendia: al sospiro, alçó un cordero la cabeça, lastimado: y arrojastele el cayado, ved qué coraçon de azero. ¿No podrias, te pregunto, tras mil años de matarme, solo un dia remediarme, o si es mucho, un solo punto? hazlo por uer como prueuo, o por uer si con fauores trato mejor los amores, despues matame de nueuo. Desseo mudar estado, no de amor a desamor, mas de dolor a dolor, y todo en un mismo grado: y aunque fuesse de una suerte el mal, quanto a la substançia, que en sola la circunstançia fuesse más, o menos fuerte. Que podria ser señora, que vna circunstançia nueua te diesse de amor más prueua, que te he dado hasta agora, y a quien no le duele vn mal, ni ablanda un firme querer, podria quiça doler otro que no fuesse tal. Vas al rio, uas al prado, y otras uezes a la fuente, yo pienso muy diligente, si es ya yda, o si ha tornado, si se enojará si voy, si se burlará si quedo, como me lo estorba el miedo, ved el estremo en que estoy. A Siluia tu gran amiga vó a buscar medio mortal, por si a dicha de mi mal, le has dicho algo, me lo diga: mas como no habla en ti, digo que esta cruda fiera, no dize a su compañera, ninguna cosa de mí. Otras uezes açechando de noche te ueo estar, con gracia muy singular mil cantarçillos cantando: pero buscas los peores, pues los oyo uno a uno, y jamás te oyo ninguno que trate cosa de amores. Vite estar el otro dia hablando con Madalena, contauate ella su pena, oxala fuera la mia: pense que de su dolor, consolaras a la triste, y riendo le respondiste: es burla, no hay mal de amor, Tú la dexaste llorando, yo llegueme luego alli, quexoseme ella de ti: respondile sospirando: no te espantes desta fiera, porque no está su plazer en solo ella no querer, sino en que ninguna quiera. Otras uezes te ueo yo hablar con otras zagalas, todo es en fiestas y galas, en quien bien o mal bayló, fulano tiene buen ayre, fulano es çapateador, si te tocan en amor echaslo luego en donayre. Pues guarte, y biue contento, que de amor y de uentura no hay cosa menos segura, que el coraçon más exempto: y podria ser ansi que el crudo amor te entregasse, a pastor que te tratasse como me tratas a mí. Mas no quiera Dios que sea, si ha de ser a costa tuya, y mi uida se destruya primero que en tal te uea: que un coraçon que en mi pecho está ardiendo en fuego estraño, más temor tiene a tu daño, que respecto a tu prouecho.
Con grandisimas muestras de tristeza, y de coraçon muy de ueras lastimado, relataua la pastora a Belisa la carta de Arsenio, ó por mejor dezir, de Arsileo su hijo: parando en muchos uersos y diziendo algunos dellos dos uezes: y a otros boluiendo los ojos al çielo, con una ansia que parescia que el coraçon se le arrancaua. Y prosiguiendo la historia triste de sus amores, les dezia: Esta carta (o hermosas Nimphas) fue principio de todo el mal del triste que la compuso, y fin de todo el descanso de la desdichada a quien se escriuió. Porque auiendola yo leydo, por çierta diligençia que en mi sospecha me hizo poner, entendi que la carta auia proçedido más del entendimiento del hijo, que de la afficion del padre. Y porque el tiempo se llegaua en que el amor me auia de tomar cuenta de la poca que hasta entonçes de sus effectos auia hecho, o porque en fin hauia de ser, yo me senti un poco más blanda que de antes: y no tan poco que no diese lugar a que amor tomasse possession de mi libertad. Y fue la mayor nouedad que jamás nadie uio en amores lo que este tyrano hizo en mí, pues no tan solamente me hizo amar a Arsileo, mas aun a Arsenio su padre. Verdades que al padre amaua yo por pagarle en esto el amor que me tenía, y al hijo por entregalle mi libertad, como desde aquella hora se la entregué. De manera que al uno amaua por no ser ingrata, y al otro por no ser más en mi mano. Pues como Arsenio me sintiesse algo más blanda (cosa que él tantos dias auia que desseaua), no huuo cosa en la uida que no la hiziesse por darme contento: porque los presentes eran tantos, las joyas y otras muchas cosas, que a mí pesaua uerme puesta en tanta obligaçion. Con cada cosa que me embiaua, uenia un recaudo tan enamorado, como él lo estaua. Yo le respondia no mostrandole señales de gran amor, ni tan poco me mostraua tan esquiua como solia. Mas el amor de Arsileo cada dia se arraigaua mas en mi coraçon, y de manera me occupaua los sentidos, que no dexaua en mi anima lugar ocioso. Succedió, pues, que una noche del uerano, estando en conuersaçion Arsenio y Arsileo con algunos uezinos suyos debaxo de un fresno muy grande, que en vna plaçuela estaua de frente de mi posada, començo Arsenio a loar mucho el tañer y cantar de su hijo Arsileo, por dar occasion a que los que con él estauan le rogassen que embiasse por una harpa a casa, y que alli tañesse, porque estaua en parte que yo por fuerça auia de gozar de la musica. Y como él lo penso, assi le uino a sucçeder, porque siendo de los presentes importunado, embiaron por la harpa y la musica se començo. Quando yo oí a Arsileo y senti la melodia con que tañia, la soberana gracia con que cantaua, luego estuue al cabo de lo que podia ser: entendiendo que su padre me queria dar musica, y enamorarme con las gracias del hijo. Y dixe entre mí: ¡Ay, Arsenio, que no menos te engañas en mandar a tu hijo que cante, para que yo le oyga, que embiarme carta escrita de su mano! A lo menos si lo que dello te ha de succeder, tú supiesses, bien podrias amonestar de oy más a todos los enamorados, que ninguno fuesse osado de enamorar a su dama con graçias agenas: porque algunas uezes, suele acontesçer enamorarse más la dama del que tiene la graçia, que del que se aprouecha de ella, no siendo suya. A este tiempo el mi Arsileo, con una graçia nunca oyda, començó a cantar estos uersos:
Soneto.
En este claro sol que resplandesçe en esta perfeçion[1250] sobre natura, en esa alma gentil, esa figura que alegra nuestra edad, y la enrriqueze hay luz que ziega, rostro que enmudeçe, pequeña piedad, gran hermosura, palabras blandas, condiçion muy dura, mirar que alegra y vista que entristeçe. Por eso estoy, señora, retirado, por eso temo ver lo que deseo, por eso paso el tiempo en contemplarte. Estraño caso, efecto no pensado, que vea el maior bien quando te veo, y tema el mayor mal si vo a mirarte.
Despues que huuo cantado el soneto que os he dicho, comenzó a cantar esta cançion, con graçia tan estremada, que a todos los que lo oian, tenia suspensos, y a la triste de mí más presa de sus amores que nunca nadie lo estuvo.
Alçé los ojos por veros, baxelos despues que os vi, porque no ay passar de alli, ni otro bien sino quereros. ¿Que más gloria que miraros, si os entiende el que os miró? Porque nadie os entendió que canse de contemplaros. Y aunque no pueda entenderos, como yo no os entendi, estará fuera de sí, quando no muera por veros. Si mi pluma otras loaua ensayose en lo menor, pues todas son borrador de lo que en vos trasladaua. Y si antes de quereros, por otra alguna escreui, creed que no es porque la ui, mas porque esperaua ueros. Mostrose en vos tan subtil naturaleza y tan diestra, que una sola façion vuestra hará hermosas çien mil. La que llega a pareceros en lo menos que en vos vi, ni puede pasar de alli ni el que os mira sin quereros. Quien ve qual os hizo Dios, y uee otra mui hermosa, parece que vee una cosa, que en algo quiso ser vos. Mas si os vee como ha de veros y como señora os vi, no hay comparaçion alli, ni gloria, sino quereros.
No fue solo esto lo que Arsileo aquella noche al son de su harpa cantó. Asi como Orfeo al tiempo que fue en demanda de su ninfa Euridice, con el suabe canto enterneçia las furias infernales, suspendiendo por gran espacio la pena de los dañados[1251]: asi el mal logrado mançebo Arsileo, suspendia, y ablandaua, no solamente los coraçones de los que presentes estauan, mas aun a la desdichada Belisa, que desde una açotea alta de mi posada le estaua con grande atencion[1252] oyendo. Y assi agradaua al çielo, estrellas y a la clara luna, que entonçes en su uigor y fuerça estaua, que en qualquiera parte que yo entonçes ponia los ojos, pareçe que me amonestaua que le quisiesse más que a mi uida. Mas no era menester amonestarmelo nadie, porque si yo entonçes de todo el mundo fuera señora me parescia muy poco para ser suya. Y desde alli, propuse de tenelle encubierta esta uoluntad lo menos que yo pudiesse. Toda aquella noche estuue pensando el modo que ternia en descubrille mi mal, de suerte que la uerguença no reçibiesse daño, aunque quando este no hallara, no me estoruara el de la muerte. Y como quando ella ha de uenir, las occasiones tengan tan gran cuydado de quitar los medios que podrian impedilla, el otro dia adelante, con otras donzellas mis uezinas me fue forçado yr a un bosque espesso, en medio del qual auia una clara fuente, adonde las mas de las siestas lleuauamos las uacas, assi porque alli pasciessen, como para que uenida la sabrosa y fresca tarde cogiessemos la leche de aquel dia siguiente, con que las mantecas, natas y quesos se auian de hazer. Pues estando yo y mis compañeras assentadas en torno de la fuente, y nuestras vacas echadas a la sombra de los vmbrosos y siluestres arboles de aquel soto, lamiendo los pequeñuelos bezerrillos, que juntos a ellas estauan tendidos, una de aquellas amigas mias (bien descuydada del amor que entonçes a mí me hazia la guerra) me importunó, so pena de jamás ser hecha cosa de que yo gustasse, que tuuiese por bien de entretener el tiempo cantando vna cançion. Poco me valieron escusas, ni dezilles que los tiempos y ocasiones no eran todos vnos, para que dexasse de hazer lo que con tan grande instançia me rogauan, y al son de vna çampoña, que la vna dellas començó a tañer, yo triste començe a cantar estos versos:
Passaua amor su arco desarmado los ojos baxos, blando y muy modesto, dexauame ya atras muy descuydado. Quán poco espaçio pude gozar esto; fortuna de embidiosa dixo luego: teneos amor, ¿porque passays tan presto? Boluió de presto a mi aquel niño çiego, muy enojado en verse reprendido: que no ay reprehension, do está su fuego. Estaua çiego amor, mas bien me vido: tan çiego le vea yo, que a nadie vea, que ansi çegó mi alma y mi sentido. Vengada me vea yo de quien dessea a todos tanto mal que no consiente vn solo coraçon que libre sea. El arco armó el traydor muy breuemente, no me tiró con xara enerbolada, que luego puso en él su flecha ardiente. Tomome la fortuna desarmada, que nunca suele amor hazer su hecho, sino en la más essenta y descuydada. Rompió con su saeta un duro pecho, rompió una libertad jamás subiecta, quedé tendida, y él muy satisfecho. ¡Ay uida libre, sola, y muy quieta! ¡Ay prado visto con tan libres ojos! ¡Mal aya amor, su arco y su saeta! Seguid amor, seguilde sus antojos, venid de gran descuido a vn gran cuydado, passad de un gran descanso, a mil enojos. Vereys quál queda un coraçon cuytado: que no ha mucho que estuuo sin sospecha de ser de un tal tyrano sojuzgado. Ay alma mia en lagrimas desecha, sabed suffrir, pues que mirar supistes: mas si fortuna quiso, ¿qué aprouecha? Ay tristes ojos, si el llamaros tristes no offende en cosa alguna el que mirastes, ¿do está mi libertad, do la pusistes? Ay prados, bosques, seluas que criastes tan libre coraçon como era el mio, ¿porqué tan grande[1253] mal no le estoruastes? ¡O apresurado arroyo, y claro rio, adonde beuer suele mi ganado inuierno, primauera, otoño, estio! ¿Porqué me has puesto, di, a tan mal recado, pues solo en ti ponia mis amores, y en este ualle ameno y uerde prado? Aqui burlaua yo de mil pastores, que burlarán de mi, quando supieren, que a esperimentar comienço sus dolores. No son males de amor los que me hieren, que a ser de solo amor, passallos hia, como otros mil que en fin de amores mueren. Fortuna es quien me aflige y me desuia los medios, los caminos y ocasiones, para poder mostrar la pena mia. ¿Cómo podra, quien causa mis passiones, si no las sabe dar remedio a ellas? Mas no ay amor do faltan sinrazones. A quanto mal fortuna, trae aquellas que haze amar, pues no ay quien no le enfade ni mar, ni tierra, luna, sol, ni estrellas. Sino a quien ama, no ay cosa que agrade, todo es assi, y assi fuy yo mezquina, a quien el tiempo estorua y persuade. Cessad mis uersos ya, que amor se indigna en uer quán presto dél me estoy quexando, y pido ya en mis males mediçina. Quexad, mas ha de ser de quando en quando, aora callad uos, pues ueys que callo, y quando veys que amor se ua enfadando, cessad, que no es remedio el enfadallo.
A las Nimphas y pastores parescieron muy bien los versos de la pastora Belisa, la qual con muchas lagrimas dezia, prosiguiendo la historia de sus males: Mas no estaua muy lexos de alli Arsileo quando yo estos uersos cantaua, que auiendo aquel dia salido a caça, y estando en lo más espeso del bosque passando la siesta, paresçe que nos oyó, y como hombre affiçionado a la musica, se fue su passo a passo entre una espesura de arboles, que junto a la fuente estauan: porque de alli mejor nos pudiesse oyr. Pues auiendo çessado nuestra musica, él se uino a la fuente, cosa de que no poco sobresalto reçebi. Y esto no es de marauillar, porque de la misma manera se sobresalta vn coraçon enamorado, con un subito contentamiento, que con una tristeza no pensada. El se llegó donde estauamos sentadas, y nos saludó con todo el comedimiento possible, y con toda la buena criança que se puede imaginar: que uerdaderamente (hermosas Nimphas) quando me paro a pensar la discreçion, graçia y gentileza del sin uentura Arsileo, no me paresçe que fueron sus hados y mi fortuna causa de que la muerte me lo quitasse tan presto delante los ojos, mas antes fue no meresçer el mundo gozar más tiempo de un moço a quien la naturaleza auia dotado de tantas y tan buenas partes. Despues que como digo, nos uuo saludado, y tuuo liçençia de nosotras, la qual muy comedidamente nos pidio, para passar la siesta en nuestra compañia, puso los ojos en mí (que no deuiera) y quedó tan preso de mis amores como despues se paresçio en las señales con que manifestaua su mal. Desdichada de mí que no uue menester yo de miralle para querelle, que tan presa de sus amores estaua antes que le uiesse como él estuuo despues de auerme uisto. Mas con todo esso, alçé los ojos para miralle, al tiempo que alçaua los suyos para uerme, cosa que cada uno quisiera dexar de auer hecho: yo porque la uerguença me castigó, y él porque el temor no le dexó sin castigo. Y para dissimular su nuevo mal, començó a hablarme en cosas bien diferentes de las que él me quisiera dezir, yo le respondi a algunas dellas, pero más cuidado tenía yo entonçes de mirar, si en los mouimientos del rostro, o en la blandura de las palabras mostraua señales de amor, que en respondelle á lo que me preguntaua. Ansi desseaua yo entonçes uelle sospirar, por me confirmar en mi sospecha: como si no le quisiera más que a mi. Y al fin no desseaua uer en él alguna señal que no la uiesse. Pues lo que con la lengua alli no me pudo dezir, con los ojos me lo dió bien a entender. Estando en esto las dos pastoras que conmigo estauan, se leuantaron a ordeñar sus vacas: yo les rogué que me escusassen el trabajo con las mias: porque no me sentia buena. Y no fue menester rogarselo más, ni a Arsileo mayor occasion para dezirme su mal: y no sé si se engañó, imaginando la occasion, porque yo queria estar sin compañia, pero sé que determinó de aprouecharse de ella. Las pastoras andauan occupadas con sus vacas, atandoles sus mansos bezerrillos a los pies, y dexandose ellas engañar de la industria humana, como Arsileo tanbien nueuamente preso de amor se dexaua ligar de manera que otro que la pressurosa muerte, no pudiera dalle libertad. Pues uiendo yo claramente, que quatro o cinco uezes auia cometido el hablar, y le auia salido en uano su comedimiento: porque el miedo de enojarme se le auia puesto delante, quise hablarle en otro proposito, aunque no tan lexos del suyo, que no pudiesse sin salir dél, dezirme lo que desseaua. Y assi le dixe: Arsileo, ¿hallaste bien en esta tierra? que segun en la que hasta agora has estado, aurá sido el entretenimiento y conuersaçion differente del nuestro: estraño te deues hallar en ella. El entonçes me respondió: no tengo tanto poder en mí, ni tiene tanta libertad mi entendimiento, que pueda responder a essa pregunta. Y mudandole el proposito, por mostralle el camino con las occasiones le bolui a dezir: an me dicho, que ay por allá muy hermosas pastoras, y si esto es ansi, quán mal te deuemos parescer las de por acá. De mal conoscimiento sería (respondió Arsileo) si tal confessasse: que puesto caso, que allá las ay tan hermosas como te han dicho, acá las ay tan auentajadas, como yo las he uisto. Lisonja es essa en todo el mundo (dixe yo medio riendo) mas con todo esto, no me pesa que las naturales estén tan adelante en tu opinion, por ser yo una dellas. Arsileo respondió: y aun essa sería harto bastante causa, quando otra no uuiesse, para dezir lo que digo. Assi que de palabra en palabra, me uino a dezir lo que desseaua oylle, aunque por entonçes no quise darselo a entender, mas antes le rogué, que atajasse el paso a su pensamiento. Pero reçelosa que estas palabras no fuesen causa de resfriarse en el amor (como muchas uezes acaesce que el desfauorescer en los principios de los amores, es atajar los passos a los que comiençan a querer bien) bolui a templar el desabrimiento de mi respuesta, diziendole: Y si fuere tanto el amor (o Arsileo) que no te dé lugar a dexar de quererme, en lo secreto: porque de los hombres de semejante discreçion que la tuya, es tenello aun en las cosas que poco importan. Y no te digo esto, porque de una, ni de otra manera te ha de aprouechar de más que de quedarte yo en obligaçion, si mi consejo en este caso tomares. Esto dezia la lengua, mas otra cosa dezian los ojos con que yo le miraua, y echando algun sospiro que sin mi liçençia daua testimonio de lo que yo sentia, lo qual entendiera muy bien Arsileo, si el amor le diera lugar. Desta manera nos despedimos, y despues me habló muchas uezes, y me escriuio muchas cartas, y vi muchos sonetos de su mano, y aun las más de las noches me dezia cantando, al son de su harpa, lo que yo llorando le escuchaua. Finalmente que venimos cada vno a estar bien çertificados del amor que el vno al otro tenía. A este tiempo, su padre Arsenio me importunaua de manera con sus recaudos y presentes, que yo no sabia el medio que tuuiesse para defenderme dél. Y era la más estraña cosa que se vió jamás: pues ansi como se yua más acrescentando el amor con el hijo, assi con el padre se yua más estendiendo el affiçion, aunque no era todo de vn metal. Y esto no me daua lugar a desfauorescelle, ni a dexar de reçebir sus recaudos. Pues viuiendo yo con todo el contentamiento del mundo, y viendome tan de veras amada de Arsileo, a quien yo tanto queria, paresçe que la fortuna determinó de dar fin a mis amores, con el más desdichado sucçesso, que jamás en ellos se ha visto, y fue desta manera: que auiendo yo conçertado de hablar con mi Arsileo vna noche, que bien noche fue ella para mí: pues nunca supe despues acá, qué cosa era dia, concertamos que él entrase en una huerta de mi padre, y yo desde vna ventana de mi aposento, que caya enfrente de vn moral, donde él se podia subir por estar más çerca, nos hablariamos: ¡ay desdichada de mí, que no acabo de entender a qué proposito le puse en este peligro, pues todos los dias, aora en el campo, aora en el rio. aora en el soto, llevando a él mis vacas, aora al tiempo que las traya a la majada, me pudiera él muy bien hablar, y me hablaua los más de los dias. Mi desuentura fue causa que la fortuna se pagasse del contento, que hasta entonçes me auia dado, con hazerme que toda la uida biuiesse sin él. Pues uenida la hora del conçierto y del fin de sus dias, y principio de mi desconsuelo, vino Arsileo al tiempo, y al lugar conçertado, y estando los dos hablando, en lo que puede considerar quien algun tiempo ha querido bien, el desuenturado de Arsenio su padre, las más de las noches me rondaua la calle (que aun si esto se me acordara, mas quitomelo mi desdicha de la memoria, no le consintiera yo ponerse en tal peligro); pero asi se me oluidó, como si yo no lo supiera. Al fin que él acertó a venir aquella hora por alli, y sin que nosotros pudiessemos velle, ni oylle, nos vió él, y conosçio ser yo la que a la ventana estaua, mas no entendió que era su hijo el que estaua en el moral, ni aun pudo sospechar quien fuesse, que esta fue la causa prinçipal de su mal successo. Y fue tan grande su enojo, que sin sentido alguno se fue a su posada, y armando una ballesta, y poniendola vna saeta muy llena de venenosa yerua, se uino al lugar do estauamos, y supo tan bien açertar a su hijo, como sino lo fuera. Porque la saeta le dio en el coraçon, y luego cayó muerto del árbol abaxo, diziendo: ¡Ay Belisa, quán poco lugar me da la fortuna para seruirte, como yo desseaua! Y aun esto no pudo acabar de dezir. El desdichado padre que con estas palabras conosció ser homiçida de Arsileo su hijo, dixo con una boz como de hombre desesperado: ¡Desdichado de mí, si eres mi hijo Arsileo que en la boz no paresçes otro! Y como llegasse a él, y con la luna que en el rostro le daua le deuisasse bien y le hallase que auia espirado, dixo: O cruel Belisa, pues que el sin ventura mi hijo, por tu causa, de mis manos ha sido muerto, no es justo que el desuenturado padre quede con la vida. Y sacando su misma espada, se dio por el coraçon de manera que en un punto fue muerto. O desdichado caso, o cosa jamás oida ni vista. ¡O escandalo grande para los oydos, que mi desdichada historia oyeren, o desuenturada Belisa, que tal pudieron uer tus ojos, y no tomar el camino que padre y hijo por tu causa tomaron! No paresciera mal tu sangre mixturada con la de aquellos que tanto desseauan seruirte. Pues como yo mezquina ui el desauenturado caso, sin más pensar, como muger sin sentido, me sali de casa de mis padres, y me uine importunando con quexas al alto çielo, y inflamando el ayre con sospiros, a este triste lugar (quexandome de mi fortuna, maldiziendo la muerte que tan en breue me auia enseñado a sufrir sus tiros) adonde ha seys meses que estoy sin auer uisto, ni hablado con persona alguna, ni procurado uerla. Acabando la hermosa Belisa de contar su infelice historia, començo a llorar tan amargamente, que ninguno de los que alli estauan, pudieron dexar de ayudarle con sus lagrimas. Y ella prosiguiendo dezia: Esta es (hermosas Nimphas) la triste historia de mis amores, y del desdichado sucçesso dellos, ved si este mal es de los que el tiempo puede curar? ¡Ay Arsileo, quantas vezes temi, sin pensar lo que temia! mas quien a su temor no quiere creer, no se espante, quando vea lo que ha temido, que bien sabia yo que no podiades dexar de encontraros, y que mi alegria no auia de durar más que hasta que su padre Arsenio sintiesse nuestros amores. Pluguiera a Dios que assi fuera que el mayor mal que por esso me pudiera hazer fuera desterrarte: y mal que con el tiempo se cura, con poca difficultad puede suffrirse. ¡Ay Arsenio, que no me estorua la muerte de tu hijo dolerme de la tuya, que el amor que continuo me monstraste, la bondad y limpieza con que me quisiste, las malas noches que a causa mia passaste, no suffre menos si no dolerme de tu desastrado fin: que esta es la hora que yo fuera casada contigo, si tu hijo a esta tierra no uiniera! Dezir yo que entonçes no te queria bien seria engañar el mundo, que en fin no hay muger que entienda que es uerdaderamente amada, que no quiera poco o mucho, aunque de otra manera lo dé a entender: ay lengua mia, callad que más aueys dicho de lo que os an preguntado. ¡O hermosas Nimphas! perdonad si os he sido importuna, que tan grande desuentura como la mia no se puede contar con pocas palabras. En quanto la pastora contaua lo que aueys oydo, Sireno, Syluano, Seluagia, y la hermosa Felismena, y aun las tres Nimphas fueron poca parte para oylla sin lagrimas: aunque las Nimphas, como las que de amor no auian sido tocadas, sintieron como mugeres su mal, mas no las circunstançias dél. Pues la hermosa Dorida uiendo que la desconsolada pastora no cesaua el amargo llanto, la començo a hablar diziendo: Cessen, hermosa Belisa, tus lagrimas, pues uees el poco remedio dellas: mira que dos ojos no bastan a llorar tan graue mal. Mas qué dolor puede auer, que no se acabe, o acabe al mismo que lo padesçe? Y no me tengas por tan loca que piense consolarte, mas a lo menos podria mostrarte el camino por donde pudiesse algun poco aliuiar tu pena. Y para esto te ruego, que uengas en nuestra compañia, ansi porque no es cosa justa que tan mal gastes la uida, porque adonde te lleuaremos podras escoger la que quisieres, y no aurá persona, que estorualla pueda. La pastora respondió: lugar me pareçia este harto conveniente para llorar mi mal y acabar en él la uida: la qual si el tiempo no me haze más agrauios de los hechos, no deue ser muy larga. Mas ya que tu uoluntad es essa, no determino de salir della en solo un punto: y de oy mas podeis (hermosas Nimphas) usar de la mia, segun a las uuestras les paresçiere. Mucho le agradesçieron todos auelles conçedido de irse en su compañia. Y porque ya eran más de tres horas de la noche aunque la luna era tan clara, que no echauan memos el dia çenaron de lo que en sus çurrones los pastores trayan, y despues de haber çenado, cada vno escogió el lugar de que más se contentó, passar lo que de la noche les quedaua. La qual los enamorados passaron con más lagrimas que sueño, y los que no eran reposaron del cansançio del dia.
Fin del terçero libro.
NOTAS:
[1248] M., buscalle.
[1249] M., grande.
[1250] M., perficion.
[1251] V., daños.
[1252] V., atreuimiento.
[1253] M., grave.
LIBRO CUARTO DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Ya la estrella del alua començaua a dar su acostumbrado resplandor, y con su luz los dulçes ruyseñores embiauan a las nuues el suaue canto, quando las tres Nimphas con su enamorada compañia, se partieron de la isleta, donde Belisa su triste uida passaua. La qual aunque fuese más consolada en conuersaçion de las pastoras y pastores enamorados, todauia le apremiaba el mal de manera que no hallaua remedio, para dexar de sentillo. Cada pastor le contaua su mal, las pastoras le dauan cuenta de sus amores, por uer si seria parte para ablandar su pena. Mas todo consuelo es escusado, quando los males son sin remedio. La dama disimulada yua tan contenta de la hermosura y buena graçia de Belisa, que no se hartaua de preguntalle cosas, aunque Belisa se hartaua de responderle a ellas. Y era tanta la conuersaçion de las dos, que casi ponia embidia a los pastores y pastoras. Mas no uuieron andado mucho, quando llegaron a un espesso bosque tan lleno de syluestres y espessos arboles, que a no ser de las tres Nimphas guiadas, no pudieran dexar de perderse en él. Ellas yuan delante por una muy angosta[1254] senda, por donde no podian yr dos personas juntas. Y auiendo ydo quanto media legua por la espessura del bosque, salieron a un muy grande, y espaçioso llano en medio de dos caudalosos rios, ambos çercados de muy alta y uerde arboleda. En medio dél paresçia una gran casa de tan altos y soberuios edifiçios, que ponian gran contentamiento a los que los mirauan, porque los chapiteles que por ençima de los arboles sobrepujauan, dauan de si tan gran resplandor, que pareçian hechos de un finissimo cristal. Antes que al gran palaçio llegassen, uieron salir dél muchas Nimphas de tan gran hermosura, que sería impossible podello dezir. Todas uenian[1255] uestidas de telillas blancas delicadas, texidas con plata y oro sotilissimamente, sus guirnaldas de flores sobre los dorados cabellos que sueltos trayan. Detras dellas uenia una dueña, que segun la grauedad y arte de su persona, parescia muger de grandissimo respecto, uestida de raso negro, arrimada a una Nimpha muy más hermosa que todas. Quando nuestras Nhimpas llegaron, fueron de las otras reçebidas, con muchos abraços, y con gran contentamiento. Como la dueña llegasse, las tres Nimphas le besaron con grandissima humildad las manos, y ella las reçibio, mostrando muy gran contento de su uenida. Y antes que las Nimphas le dixessen cosa de las que auian passado, la sábia Felicia (que asi se llamaua la dueña) dixo contra Felismena: hermosa pastora, lo que por estas tres Nimphas aueys hecho no se puede pagar con menos que con tenerme obligada siempre a ser en vuestro fauor: que no será poco, segun menester lo aueys, y pues yo sin estar informada de nadie, sé quien soys, y adonde os lleuan uuestros pensamientos, contodo lo que hasta agora os ha sucçedido, ya entendereys si os puedo aprouechar en algo. Pues tened animo firme, que si yo biuo vos uereys lo que desseays, y aunque ayays passado algunos trabajos, no ay cosa que sin ellos alcançar se pueda. La hermosa Felismena se marauilló de las palabras de Feliçia, y queriendo dalle las graçias que a tan gran promesa se deuian, respondio: Dyscreta señora mía (pues en fin lo aueys de ser de mi remedio) quando de mi parte no haya mereçimiento donde pueda caber la merçed que pensays hazerme, poned los ojos en lo que a vos misma deueys, y yo quedaré sin deuda, y uos muy bien pagada. Para tan grande mereçimiento como el vuestro (dixo Feliçia), y tan extremada hermosura, como naturaleza os ha conçedido, todo lo que por uos se puede hazer es poco. La dama se abaxó entonçes por besalle las manos, y Feliçia la abraçó con grandissimo amor, y boluiendose a los pastores y pastoras, les dixo: animosos pastores y discretas pastoras, no tengays miedo a la perseuerençia de nuestros males, pues yo tengo cuenta con el remedio dellos. Las pastoras y pastores le besaron las manos, y todos juntos se fueron al sumptuoso palaçio, delante del qual estaua una gran plaça çercada de altos açipreses todos puestos muy por orden, y toda la plaça era enlosada con losas de alabastro y marmol negro, a manera de axedrez. En medio della auia una fuente de marmol jaspeado, sobre quatro muy grandes leones de bronçe. En medio de la fuente estaua una columna de jaspe, sobre la qual quatro Nimphas de marmol blanco tenian sus assientos. Los braços tenian alçados en alto, y en las manos sendos uasos hechos a la romana. De los quales por vnas bocas de leones que en ellos auia, echauan agua. La portada del Palacio era de marmol serrado con todas las basas, y chapiteles de las columnas dorados. Y ansi mismo las vestiduras de las imagenes que en ellos auia. Toda la casa paresçia hecha de reluziente jaspe con muchas almenas, y en ellas esculpidas algunas figuras de Emperadores, y matronas Romanas, y otras untiguallas semejantes. Eran todas las ventanas cada vna de dos arcos, las çerraduras y clavazon de plata, todas las puertas de cedro. La casa era quadrada, y a cada canto auia una muy alta, y artifiçiosa torre. En llegando la aportada, se pararon a mirar su estraña hechura, y las imagenes que en ella auia, que más parescia obra de naturaleza que de arte, ni aun industria humana, entre las quales auia dos Nimphas de plata, que ençima de los chapiteles de las columnas estauan, y cada una de su parte tenian una tabla de alambre, con unas letras de oro, que dezian desta manera:
Qvien entra, mire bien como ha biuido y el don de castidad, si le ha guardado, y la que quiere bien, o le ha querido, mire si a causa de otro se ha mudado, y si la fe primera no ha perdido, y aquel primer amor ha conseruado, entrar puede en el templo de Diana, cuya virtud y graçia es sobrehumana.
Qvando esto vuo oydo la hermosa Felismena dixo contra las pastoras Beliza y Selvagia. Bien seguras me paresçe que podemos entrar en este sumptuoso palaçio de yr contra las leyes que aquel letrero nos pone. Sireno se atrauessó, diziendo: esso no pudiera hazer la hermosa Diana según ha ydo contra ellas, y aun contra todas las que el buen amor manda guardar. Feliçia dixo: no te congoxes, pastor, que antes de muchos dias te espantarás de auerte congoxado tanto por essa causa. Y trauados de las manos, se entraron en el aposento de la sábia Feliçia que muy ricamente estaua adereçado de paños de oro y seda de grandissimo ualor. Y luego que fueron entradas, la çena se aparejó, las mesas fueron puestas, y cada uno por su orden se sentaron junto a la gran sábia pastora. Felismena y las Nimphas tomaron entre sí a los pastores y pastoras: cuya conuersaçion les era en extremo agradable. Alli las ricas mesas eran de fino çedro, y los assientos de marfil, con paños de brocado; muchas taças y copas hechas de diuersas formas y todas de grandissimo preçio, las unas de uidrio artifiçiosamente labrado, otras de fino cristal, con los pies y asas de oro: otras de plata, y entre ellas engastadas piedras preçiosas de grandissimo ualor. Fueron seruidos de tanta diuersidad y abundançia de manjares, que es impossible podello dezir. Despues de alçadas las mesas entraron tres Nhimphas por la sala, una de las quales tañia un laud, otra una harpa, y la otra un salterio. Venian todas tocando sus instrumentos, con tan grande conçierto y melodia, que los presentes estauan como fuera de sí. Pusieronse a una parte de la sala, y los pastores y pastoras, importunados de las tres Nimphas, y rogados de la sábia Feliçia, se pusieron a la otra parte con sus rabeles y una çampoña, que Seluagia muy dulçemente tañia, y las Nimphas comenzaron a cantar esta cançion, y los pastores a respondelles de la manera que oyreys.
Nimphas.
Amor y fortuna, autores de trabajo y sin razones, más altas que la luna, pornan las affiçiones, y en esse mismo extremo la passiones.
Pastores.
No es menos desdichado aquel que jamas tuuo mal de amores, que el más enamorado, faltandole favores, pues los que sufren más, son los mejores.
Nimphas.
Si el mal de amor no fuera, contrario a la razon, como lo uemos, quiça que os lo creyera; mas uiendo sus extremos dichosa las que dél huyr podemos.
Pastores.
Lo más dificultoso cometen las personas animosas, y lo que está dudoso, las fuerças generosas, que no es honra acabar pequeñas cosas.
Nimphas.
Bien uee el enamorado, que el crudo amor no está en cometimientos, no en animo esforçado; está en unos tormentos, do los que penan más son más contentos.
Pastores.
Si algun contentamiento del graue mal de amor se nos recresçe, no es malo el pensamiento que a su passion se ofresce, mas antes es mejor quien más padesce.
Nimphas.
El más feliçe estado, en que pone el amor al que bien ama, en fin trae vn cuydado, que al seruidor, o dama ençiende allá en secreto uiua llama. Y el más fauoreçido, en un momento no es el que solia; que el disfauor, y oluido, el qual ya no temia silençio ponen luego en su alegria.
Pastores.
Caer de un buen estado, es una graue pena y importuna, mas no es amor culpado, la culpa es de fortuna, que no sabe exçeptar persona alguna. Si amor promete uida, injusta es esta muerte en que nos mete: si muerte conosçida, ningun yerro comete, que en fin nos uiene a dar lo que promete.
Nimphas.
Al fiero amor disculpan los que se hallan dél más sojuzgados, y a los esentos culpan, mas destos dos estados qualquiera escogera al de los culpados.
Pastores.
El libre y el captiuo hablar solo un lenguaje es escusado, uereys que el muerto, el biuo, amado, o desamado, cada uno habla (en fin) segun su estado.
La sábia Feliçia, y la pastora Felismena, estuuieron muy atentas a la musica de las Nimphas y pastores, y ansi mismo a las opiniones que cada uno mostraua tener, y riendose Feliçia contra Felismena, le dixo al oydo. ¿Quién creera, hermosa pastora, que las más destas palabras no os an tocado en el alma? Y ella con mucha le respondió: han sido las palabras tales, que al alma a quien no tocaren, no deue estar tan tocada de amor, como la mia. Feliçia entonçes (alçando un poco la boz) le dixo: En estos cassos de amor tengo yo una regla, que siempre la he hallado muy uerdadera, y es, que el animo generoso, el entendimiento delicado, en esto del querer bien lleua grandissima uentaja, al que no lo es. Porque como el amor sea uirtud, y la uirtud siempre haga assiento en el mejor lugar, está claro, que las personas de suerte serán muy mejor enamoradas, que aquellas a quien esta falte. Los pastores y pastoras, se sintieron de lo que Feliçia dixo, y a Syluano le paresçio no dexalla sin respuesta y assi le dixo: ¿En qué consiste, señora, ser el animo generosa y el entendimiento delicado? Feliçia (que entendio a donde tiraua la pregunta del pastor) por no descontentarle respondio: no está en otra cosa sino en la propria uirtud del hombre, como es en tener el juyzio viuo, el pensamiento inclinado a cosas altas, y otras uirtudes que nasçen con ellos mismos. Satisfecho estoy (dixo Syluano) y tambien lo deuen estar estos pastores, porque imaginauamos que tomauas (o discreta Feliçia) el ualor y uirtud de más atras de la persona misma, digolo porque asaz desfauorescido de los bienes de naturaleza está el que los va a buscar en sus passados. Todas las pastoras y pastores mostraron gran contentamiento de lo que Syluano auia respondido: y las Nymphas se rieron mucho, de cómo los pastores se yuan corriendo de la proposiçion de la sábia Feliçia, la qual tomando a Felismena por la mano, la metio en vna camara sola, adonde era su aposento. Y despues de hauer passado con ella muchas cosas, le dio grandissima esperança de conseguir su desseo, y el virtuoso fin de sus amores, con alcançar por marido a don Felis. Aunque tambien le dixo, que esto no podia ser sin primero passar por algunos trabajos, los quales la dama tenia muy en poco, viendo el galardon que dellos esperaua. Feliçia le dixo que los vestidos de pastora se quitasse por entonçes, hasta que fuesse tiempo deboluer a ellos; y llamando a las tres Nimphas que en su compañia auian venido, hizo que la vistiessen en su trage natural. No fueron las Nimphas perezosas en hazello, ni Felismena desobediente a lo que Feliçia le mandó. Y tomandose de las manos, se entraron en vna recamara, a vna parte de la qual estaua vna puerta, y abriendo la hermosa Dorida, baxaron por vna escalera de alabastro, a vna hermosa sala, que en medio della auia vn estanque de vna clarissima agua, adonde todas aquellas Nimphas se bañauan. Y desnudandose assi ellas como Felismena se bañaron; y peinaron despues sus hermosos cabellos, y se subieron a la recamara de la sábia Feliçia, adonde despues de auerse vestido las Nimphas, vistieron ellas mismas a Felismena, vna ropa, y basquiña de fina grana: recamada de oro de cañutillo y aljofar, y vna cuera, y mangas de tela de plata emprensada: en la basquiña y ropa, auia sembrados a trechos vnos plumages de oro, en las puntas de los quales auia muy gruessas perlas. Y tomandole los cabellos con vna çinta encarnada, se los reboluieron a la cabeça, poniendole un escofion de redezilla de oro muy subtil y en cada lazo de la red assentado con gran artifiçio vn finissimo rubí, en dos guedellas de cabellos, que los lados de la cristalina frente adornauan, le fueron puestos dos joyeles, engastados en ellos muy hermosas esmeraldas y zafires de grandissimo preçio. Y de cada vno colgauan tres perlas orientales, hechas a manera de vellotas. Las arracadas eran dos nauezillas de esmeraldas, con todas las xarçias de cristal. Al cuello le pusieron un collar de oro fino, hecho a manera de culebra enroscada, que de la boca tenía colgada una aguila, que entre las vñas tenía un rubí grande de infinito preçio. Quando las tres Nimphas de aquella suerte la uieron, quedaron admiradas de su hermosura, luego salieron con ella a la sala, donde las otras Nimphas y pastores estauan, y como hasta entonçes fuesse tenida por pastora, quedaron tan admirados, que no sabian qué dezir. La sábia Feliçia mandó luego a sus Nimphas, que lleuasen a la hermosa Felismena y a su compañia, a uer la casa y templo adonde estauan, lo qual fue luego puesto por obra, y la sábia Feliçia se quedó en su aposento. Pues tomando Polidora y Cinthia, en medio a Felismena, y las otras Nimphas a los pastores y pastoras, que por su discreçion eran dellas muy estimados se salieron en un gran patio: cuyos arcos y columnas eran de marmol jaspeado, y las basas y chapiteles de alabastro, con muchos follages a la romana dorados en algunas partes, todas las paredes eran labradas de obra mosayca: las columnas estaban assentadas sobre Leones, Orças, Tigres de arambre, y tan al biuo, que parescia, que querian arremeter a los que alli entrauan: En medio del patio auia un padron ochauado de bronzo, tan alto como diez codos, ençima del qual estaua armado de todas armas a la manera antigua, el fiero Marte, a quien los gentiles llamauan el dios de las batallas. En este padron con gran artifiçio estauan figurados los superbos esquadrones romanos a una parte y a otra los Cartagineses, delante el vno estaua el brauo Hanibal, y del otro el valeroso Sçipion Africano, que primero que la edad y los años le acompañassen, naturaleza mostró en él gran exemplo de uirtud, y esfuerço. A la otra parte, estaua el gran Marco Furio Camillo conbatiendo en el alto Capitolio por poner en libertad a la patria, de donde él hauia sido desterrado. Alli estaua Horaçio, Muçio Sceuola, el venturoso Consul Marco Varron, César, Pompeyo, con el magno Alexandro, y todos aquellos que por las armas acabaron grandes hechos, con letreros en que se declarauan sus nombres, y las cosas en que cada vno más se auia señalado. Un poco más arriba destos estaua vn cauallero armado de todas armas, con vna espada desnuda en la mano, muchas cabeças de moros debaxo de sus pies, con vn letrero que dezia:
Soy el Cid honra de España, si alguno pudo ser más, en mis obras lo veras.
Al otra parte, estaua otro cauallero Español, armado de la misma manera, alçada la sobre vista y con este letrero:
El conde fuy primero de Castilla, Fernan Gonzalez, alto y señalado, soy honra y prez de la española silla pues con mis hechos tanto la he ensalçado. Mi gran virtud sabra muy bien dezilla la fama que la vio, pues ha juzgado mis altos hechos, dignos de memoria, como os dira la Castellana historia.
Junto á este estaua otro cauallero de gran disposiçion y esfuerços, segun en su aspecto lo mostraua, armado en blanco, y por las armas sembrados muchos Leones y Castillos, en el rostro mostraua una çierta braueza, que casi ponia pauor en los que lo mirauan, y el letrero dezia ansi:
Bernardo del Carpio soy, espanto de los paganos, honra y prez de los christianos, pues que de mi esfuerço doy tal exemplo con mis manos: fama, no es bien que las calles mis hazañas singulares, y si acaso las callares, pregunten a Ronçesualles, qué fue de los doze pares.
A la otra parte estava vn valeroso capitan, armado de vnas armas doradas, con seys vandas sangrientas por en medio del escudo, y por otra parte muchas vanderas, y vn rey preso con vna cadena, cuyo letrero dezia desta manera:
Mis grandes hechos veran los que no los han sabido en que solo he meresçido, nombre de gran capitan, y tuue tan gran renombre en nuestras tierras y extrañas, que se tienen mis hazañas por mayores que mi nombre.
Iunto a este valeroso capitan, estaua vn cauallero armado en blanco, y por las armas sembradas muchas estrellas, y de la otra parte vn Rey con tres flordelises en su escudo, delante del qual él rasgaua ciertos papeles y vn letrero que dezia:
Soy Fonseca cuya historia en Europa es tan sabida, que aunque se acabó la uida, no se acaba la memoria. Fuy seruidor de my Rey, a mi patria tuue amor, jamas dexé por temor de guardar aquella ley, que el sieruo deue al señor.
En otro quadro del padron, estaua vn cauallero armado, y por las armas sembrados mucho escudos pequeños de oro, el qual en el ualor de su persona daua bien a entender el alta sangre de a do proçedia: los ojos puestos en otros muchos caualleros de su antiguo linaje, el letrero que a sus pies tenía dezia desta manera:
Don Luys de Vilanoua soy llamado del gran marques de Trans he proçedido, mi antiguedad, valor muy señalado, en Françia, Italia, España es conosçido, Bicorbe antigua casa es el estado, que la fortuna aora ha conçedido a un corazon tan alto, y sin segundo, que poco es para él mandar el mundo.
Despues de auer particularmente mirado el padron, estos y otros muchos caualleros, que en él estauan esculpidos, entraron en vna rica sala, lo alto de la qual era todo de marfil, marauillosamente labrado: las paredes de alabastro, y en ellas esculpidas muchas historias antiguas, tan al natural, que verdaderamente paresçia que Lucreçia acabaua alli de darse la muerte, y que la cautelosa Medea deshazia su tela en la isla de Ithaca, y que la ilustre Romana se entregaua a la parca, por no ofender su honestidad, con la vista del horrible monstruo, y que la muger de Mauseolo estaua con grandissima agonia, entendiendo en que el sepulchro de su marido fuesse contado por vna de las siete marauillas del mundo. Y otras muchas historias y exemplos de mugeres castissimas, y dignas de ser su fama por todo el mundo esparzida, porque no tan solamente a alguna dellas paresçia auer con su uida dado muy claro exemplo de castidad, mas otras que con la muerte dieron muy grande testimonio de su limpieza: entre las quales estaua la grande española Coronel, que quiso mas entregarse al fuego, que dexarse vençer de un deshonesto apetito. Después de auer visto cada vna las figuras, y uarias historias, que por las paredes de la sala estauan, entraron en otra quadra más adentro, que segun su riqueza les paresçio que todo lo que auian visto era ayre en su comparaçion: porque todas las paredes eran cubiertas de oro fino, y el pauimiento de piedras preçiosas, entorno de la rica quadra estauan muchas figuras de damas españolas, y de otras naçiones, y en lo muy alto la diosa Diana, de la misma estatura que ella era, hecha de metal Corinthio, con ropas de caçadora, engastadas por ellas muchas piedras y perlas de grandissimo valor, con su arco en la mano, e su aljaua al cuello, rodeada de Nimphas más hermosas que el sol. En tan grande admiraçion puso a los pastores y pastoras, las cosas que alli veyan, que no sabian qué dezir: porque la riqueza de la casa era tan grande, las figuras que alli estauan tan naturales, el artifiçio de la quadra, y la orden que las damas que alli auia retratadas tenian, que no les paresçia poderse imaginar en el mundo cosa más perfecta. A una parte de la quadra estauan quatro laureles de oro esmaltados de uerde, tan naturales que los del campo no lo eran mas: y junto a ellos una pequeña fuente toda de fina plata: en medio de la qual estaua una Nimpha de oro, que por los hermosos pechos, vna agua muy clara echaua, y junto a la fuente sentado el çelebrado Orpheo, encantado de la edad que era al tiempo que su Euridiçe fué del importuno Aristeo requerida: tenía vestida vna cuera de tela de plata guarnesçida de perlas, las mangas le llegauan a medio braço solamente, y de alli adelante desnudos; tenia vnas calças hechas a la antigua, cortadas en la rodilla de tela de plata, sembradas en ellas vnas çitharas de oro, los cabellos eran largos y muy dorados sobre los quales tenía una muy hermosa guirnalda de laurel. En llegando a él las hermosas Nimphas, comenzó a tañer en una harpa que en las manos tenía, muy dulçemente, de manera que los que lo oyan, estauan tan agenos de si, que a nadie se le acordaua de cosa que por el uuiesse passado. Felismena se sento en un estrado, que en la hermosa quadra estaua todo cubierto de paños de brocado, y las Nimphas y pastoras entorno della, los pastores se arrimaron a la clara fuente. De la misma manera estauan todos oyendo al çelebrado Orpheo, que al tiempo que en la tierra de los Ciconios cantaua, quando Cipariso fue conuertido en Cipres y Atis en Pino. Luego començo el enamorado Orpheo al son de su harpa a cantar dulçemente, que no hay sabello dezir. Y boluiendo el rostro a la hermosa Felismena, dio prinçipio a los uersos siguientes:
CANTO DE ORPHEO Escucha, o Felismena, el dulçe canto de Orpheo, cuyo amor tan alto ha sido: suspende tu dolor, Seluagia, en tanto que canta tu amador de amor vençido; oluida ya, Belisa, el triste llanto, oyd a un triste (o Nimphas) que ha perdido sus ojos por mirar, y vos pastores dexad un poco estar el mal de amores. No quiero yo cantar, ni Dios lo quiera, aquel proçesso largo de mis males, ni quando yo cantaua de manera, que a mi traya las plantas y animales: ni quando a Pluton ui, que no deuiera, y suspendi las penas infernales, ni como bolui el rostro á mi señora, cuyo tormento aun biue hasta agora. Mas cantaré con boz suaue y pura, la grande perfeçion, la graçia estraña, el ser, valor, beldad sobre natura, de las que oy dan valor illustre a España: mirad pues, Nimphas, ya la hermosura de nuestra gran Diana y su compaña; que alli está el fin, alli vereys la suma de lo que contar puede lengua y pluma. Los ojos leuantad, mirando aquella que en la suprema silla está sentada, el sçeptro, y la corona junto a ella, y de otra parte la fortuna ayrada: esta es la luz de España, y clara estrella, con cuya absençia está tan eclipsada: su nombre (o Nimphas) es doña Maria gran Reyna, de Bohemia, de Austria Vngria. La otra junta a ella es doña Ioana, de Portugal Prinçesa, y de Castilla infanta, a quien quitó fortuna insana, el seçptro, la corona, y alta silla, y a quien la muerte fue tan inhumana, que aun ella assi se espanta y marauilla, de ver quan presto ensagrento sus manos en quien fue espejo y luz de Lusitanos. Mirad, Nimphas, la gran doña Maria, de Portugal infanta soberana, cuya hermosura y graçia sube oy dia a do llegar no puede vista humana: mirad que aunque fortuna alli porfia la vence el gran valor que della mana, y no son parte el hado, tiempo, y muerte, para vençer su grand bondad y suerte. Aquellas dos que tiene alli a su lado, y el resplandor del sol han suspendido, las mangas de oro, sayas de brocado, de perlas y esmeraldas guarnesçido: cabellos de oro fino, crespo ondado, sobre los hombros suelto y esparzido, son hijas del infante Lusitano, Duarte valeroso y gran Christiano. Aquellas dos Duquesas señaladas por luz de hermosura en nuestra España, que alli veys tan al biuo debuxadas con vna perfeçion, y graçia estraña, de Najara y de Sessa son llamadas, de quien la gran Diana se acompaña, por su bondad, valor y hermosura, saber, y discreçion sobre natura. ¿Ueys vn valor, no vista en otra alguna, ueys vna perfeçion jamas oyda, ueys una discreçion, qual fue ninguna, de hermosura y graçia guarnescida? ¿ueys la que está domando a la fortuna y a su pesar la tiene alli rendida? la gran doña Leonor Manuel se llama, de Lusitania luz que al orbe inflama. Doña Luisa Carrillo, que en España la sangre de Mendoça ha esclareçido: de cuya hermosura y graçia extraña, el mismo amor, de amor está uençido, es la que a nuestra Dea ansi acompaña que de la uista nunca la ha perdido: de honestas y hermosas claro exemplo, espejo y clara luz de nuestro templo. ¿Ueys una perfeçion tan acabada de quien la misma fama está embidiosa? ¿ueys una hermosura más fundada en graçia y discreçion que en otra cosa, que con razon obliga a ser amada porque es lo menos de ella el ser hermosa? es doña Eufrasia de Guzman su nombre, digna de inmortal fama y gran renombre. Aquella hermosura peregrina no uista en otra alguna sino en ella, que a qualquier seso apremia y desatina, y no hay poder de amor que apremie el della, de carmesí uestida y muy más fina de su rostro el color que no el de aquella, doña Maria de Aragon se llama, en quien se ocupará de oy más la fama. ¿Sabeys quién es aquella que señala Diana, y nos la muestra con la mano, que en graçia y discreçion a ella yguala, y sobrepuja a todo ingenio humano, y aun ygualarla en arte, en ser y en gala, sería (segun es) trabajo en uano? doña Ysabel Manrique y de Padilla, que al fiero Marte uenze y marauilla. Doña Maria Manuel y doña Ioana Osorio, son las dos que estays mirando cuya hermosura y graçia sobre humana, al mismo Amor de amor está matando: y esta nuestra gran Dea muy vfana, de ueer a tales dos de nuestro uando, loallas, segun son es escusado: la fama y la razon ternan cuydado. Aquellas dos hermanas tan nombradas cada una es una sola y sin segundo, su hermosura y graçias extremadas, son oy en dia un sol que alumbra el mundo, al biuo me paresçen trasladadas, de la que a buscar fuy hasta el profundo: doña Beatriz Sarmiento y Castro es una con la hermosa hermana qual ninguna. El claro sol que ueys resplandeçiendo y acá, y allá sus rayos ya mostrando, la que del mal de amor se está riendo, del arco, aljaua y flechas no curando, cuyo diurno rostro está diziendo, muy más que yo sabré dezir loando, doña Ioana es de Çarate, en quien vemos de hermosura y graçia los extremos. Doña Anna Osorio y Castro está cabe ella de gran valor y graçia acompañada, ni dexa entre las bellas de ser bella, ni en toda perfeçion muy señalada, mas su infelize hado vsó con ella de una crueldad no vista ni pensada, porque al ualor, linaje y hermosura no fuesse ygual la suerte, y la uentura. Aquella hermosura guarnecida de honestidad, y graçia sobre humana, que con razon y causa fue escogida por honra y prez del templo de Diana, contino uençedora, y no uençida su nombre (o Nimphas) es doña Iuliana, de aquel gran Duque nieta y Condestable, de quien yo callaré, la fama hable[1256]. Mirad de la otra parte la hermosura de las illustres damas de Valençia, a quien mi pluma ya de oy mas procura perpetuar su fama y su excelençia: aqui, fuente Helicona, el agua pura otorga, y tú, Minerua, enpresta sçiençia, para saber dezir quién son aquellas que no hay cosa que ver despues de vellas. Las cuatro estrellas ved resplandesçientes de quien la fama tal ualor pregona de tres insignes reynos desçendientes, y de la antigua casa de Cardona, de la vna parte Duques exçelentes, de otra el trono, el sçeptro, y la corona, del de Segorbe hijas, cuya fama del Borea al Austro, al Euro se derrama. La luz del orbe con la flor de España, el fin de la beldad y hermosura, el coraçon real que le acompaña, el ser, valor, bondad sobre natura, aquel mirar que en verlo desengaña, de no poder llegar alli criatura: doña Anna de Aragon se nombra y llama, a do por el amor, cansó la fama. Doña Beatrix su hermana junto della vereys, si tanta luz podeys miralla: quien no podré alabar, es sola ella, pues no ay podello hazer, sin agrauialla: a aquel pintor que tanto hizo en ella, le queda el cargo de poder loalla, que a do no llega entendimiento humano llegar mi flaco ingenio, es muy en vano. Doña Françisca d'Aragon quisiera mostraros, pero siempre está escondida: su vista soberana es de manera, que a nadie que la vee dexa con vida: por esso no paresçe. ¡Oh quién pudiera mostraros esta luz, que al mundo oluida, porque el pintor que tanto hizo en ella, los passos le atajó de meresçella. A doña Madalena estays mirando hermana de las tres que os he mostrado, miralda bien, uereys que está robando a quien la mira, y biue descuydado: su grande hermosura amenazando está, y el fiero amor el arco armado, porque no pueda nadie, ni aun miralla, que no le rinda o mate sin batalla. Aquellos dos luzeros que a porfia acá, y allá sus rayos uan mostrando, y a la exçelente casa de Gandia, por tan insigne y alta señalando, su hermosura y suerte sube oy dia muy más que nadie sube imaginando: ¿quién uee tal Margareta y Madalena, que tema del amor la horrible pena? Quereys, hermosas Nimphas, uer la cosa, que el seso más admira y desatina? mirá una Nimplia más que el sol hermosa, pues quién es ella, o él jamas se atina: el nombre desta fenix tán famosa, es en Valençia doña Cathalina Milan, y en todo el mundo es oy llamada la más discreta, hermosa y señalada. Alçad los ojos, y vereis de frente del caudaloso rio y su ribera, peynando sus cabellos, la exçelente doña Maria Pexon y Çanoguera cuya hermosura y gracia es euidente, y en discreçion la prima y la primera: mirad los ojos, rostro cristallino, y aquí puede hazer fin uuestro camino. Las dos mirad que están sobrepujando, a toda discreçion y entendimiento, y entre las más hermosas señalando se uan, por solo vn par, sin par ni cuento, los ojos que las miran sojuzgando: pues nadie las miró que biua essento: ¡ued qué dira quien alabar promete las dos Beatrizes, Vique y Fenollete! Al tiempo que se puso alli Diana, con su diuino rostro y excelente salió un luzero, luego una mañana de Mayo muy serena y refulgente: sus ojos matan y su uista sana, despunta alli el amor su flecha ardiente, su hermosura hable, y testifique ser sola y sin ygual doña Anna Vique. Bolued, Nimphas, uereys doña Teodora Carroz, que del valor y hermosura la haze el tiempo reyna y gran señora de toda discreçion y graçia pura: qualquiera cosa suya os enamora, ninguna cosa nuestra os assegura, para tomar tan grande atreuimiento, como es poner en ella el pensamiento. Doña Angela de Borja contemplando uereys que está (pastores) en Diana, y en ella la gran dea está mirando la graçia y hermosura soberana: Cupido alli a sus pies está llorando, y la hermosa Nimpha muy ufana, en uer delante della estar rendido aquel tyrano fuerte y tan temido. De aquella illustre cepa Çanoguera, salio una flor tan extremada y pura, que siendo de su edad la primauera, ninguna se le yguala en hermosura: de su excelente madre es heredera, en todo quanto pudo dar natura, y assi doña Hieronyma ha llegado en graçia y disceçion al sumo grado. ¿Quereys quedar (o Nimphas) admiradas, y uer lo que a ninguna dió uentura: quereys al puro extremo uer llegados ualor, saber, bondad y hermosura? mirad doña Veronica Marradas, pues solo uerla os dize y assegura que todo sobra, y nada falta en ella, sino es quien pueda (o piense) meresçella. Doña Luysa Penarroja uemos en hermosura y graçia más que humana, en toda cosa llega los estremos, y a toda hermosura uençe y gana: no quiere el crudo amor que la miremos y quien la uió, si no la uee, no sana: aunque despues de uista el crudo fuego en su vigor y fuerça buelue luego. Ya ueo, Nimphas, que mirays aquella en quien estoy continuo contemplando, los ojos se os yran por fuerça a ella, que aun los del mismo amor está robando: mirad la hermosura que ay en ella, mas ued que no çegueys quiçá mirando a doña Ioana de Cardona, estrella que el mismo amor está rendido a ella. Aquella hermosura no pensada que ueys, si uerla cabe en nuestro uaso: aquella cuya suerte fue estremada pues no teme fortuna, tiempo o caso, aquella discreçion tan leuantada, aquella que es mi musa y mi parnaso: Ioanna Anna, es Catalana, fin y cabo de lo que en todas por estremo alabo. Cabe ella está un estremo no uicioso, mas en uirtud muy alto y estremado, disposiçion gentil, rostro hermoso, cabellos de oro, y cuello delicado, mirar que alegra, mouimiento ayroso, juyzio claro y nombre señalado, doña Angela Fernando, aquien natura conforme al nombre dio la hermosura. Vereys cabe ella doña Mariana, que de ygualalle nadie está segura; miralda junto a la exçelente hermana, uereys en poca edad gran hermosura, uereys con ella nuestra edad ufana, uereys en pocos años gran cordura, uereys que son las dos el cabo y summa de quanto dezir puede lengua y pluma. Las dos hermanas Borjas escogidas, Hippolita, Ysabel, que estays mirando, de graçia y perfeçion tan guarnesçidas, que al sol su resplandor está çegando, miraldas y uereys de quantas uidas su hermosura siempre ua triumphando: mirá los ojos, rostro, y los cabellos, que el oro queda atras y passan ellos. Mirad doña Maria Çanoguera, la qual de Catarroja es oy señora, cuya hermosura y graçia es de manera, que a toda cosa uençe y la enamora: su fama resplandeçe por do quiera y su uirtud la ensalça cada hora, pues no ay qué dessear despues de uella, ¿quién la podrá loar sin offendella? Doña Ysabel de Borja está defrente y al fin y perfeçion de toda cosa, mira la graçia, el ser, y la exçelente color más biua que purpurea rosa, mirad que es de uirtud y graçia fuente, y nuestro siglo illustre en toda cosa: al cabo está de todas su figura, por cabo y fin de graçia y hermosura. La que esparzidos tiene sus cabellos con hilo de oro fino atras tomados, y aquel diuino rostro, que él y ellos a tantos coraçones trae domados, el cuello de marfil, los ojos bellos, honestos, baxos, uerdes, y rasgados, doña Ioana Milan por nombre tiene, en quien la uista pára y se mantiene, Aquella que alli ueys, en quien natura mostró su sçiençia ser marauillosa, pues no ay pasar de alli en hermosura, no ay más que dessear a una hermosa: cuyo ualor, saber, y gran cordura leuantarán su fama en toda cosa, doña Mençia se nombra Fenollete, a quien se rinde amor y se somete.
La cançion del çelebrado Orpheo, fue tan agradable a los oydos de Felismena, y de todos los que la oyan, que assi los tenia suspensos, como si por ninguno de ellos uuiera passado más de lo que presente tenian. Pues auiendo muy particularmente mirado el rico aposento, con todas las cosas que en él auia que uer, salieron las Nymphas por una puerta de la gran sala, y por otra de la sala a un hermoso jardin, cuya uista no menos admiraçion les causó que lo que hasta alli auian uisto, entre cuyos arboles y hermosas flores auia muchos sepulchros de nimphas y damas, las quales auian con gran limpieça conseruado la castidad deuida a la castissima diosa. Estauan todos los sepulchros coronados de enredosa yedra, otros de olorosos arrayhanes, otros de uerde laurel. De más desto auia en el hermoso jardin muchas fuentes de alabastro, otras de marmol jaspeado, y de metal, debaxo de parrales, que por ençima de artifiçiosos arcos estendian todas sus ramas, los myrthos hazian cuatro paredes almenadas, y por ençima de las almenas, paresçian muchas flores de jazmin, madreselua, y otras muy apazibles a la uista. En medio del jardin estaua una piedra negra, sobre quatro pilares de metal, y en medio de ella un sepulchro de jaspe, que quatro Nimphas de alabastro en las manos sostenian, entorno dél estauan muchos blandones, y candeleros de fina plata, muy bien labrados, y en ellos hachas blancas ardiendo. En torno de la capilla auia algunos bultos de caualleros, otros de marmol jaspeado, y de otras diferentes materias. Mostrauan estas figuras tan gran tristeza en el rostro, que la pusieron en el coraçon de la hermosa Felismena, y de todos los que el sepulchro veyan. Pues mirandolo muy particularmente, vieron que a los pies dél, en una tabla de metal que una muerte tenía en las manos, estaua este letrero:
Aqui reposa doña Catalina de Aragon y Sarmiento cuya fama, al alto çielo llega, y se auezina, y desde el Borea al Austro se derrama: matéla, siendo muerte, tan ayna, por muchos que ella ha muerto, siendo dama, acá está el cuerpo, el alma allá en el çielo, que no la meresçio gozar el suelo.
Despues de leydo el Epigramma, vieron cómo en lo alto del sepulchro estaua vna aguda de marmol negro, con vna tabla de oro en las vñas, y en ella estos uersos.
Qual quedaria (o muerte) el alto çielo sin el dorado Apollo y su Diana sin hombre, ni animal el baxo suelo, sin norte el marinero en mar insana, sin flor, ni yerua el campo y sin consuelo, sin el roçio d'aljofar la mañana, assi quedó el ualor, la hermosura, sin la que yaze en esta sepultura.
Quando estos dos letreros vuieron leydo, y Belisa entendido por ellos quién era la hermosa Nimpha que alli estaua sepultada, y lo mucho que nuestra España auia perdido en perdella, acordandosele de la temprana muerte del su Arsileo, no pudo dexar de dezir con muchas lagrimas: Ay muerte, quán fuera estoy de pensar, que me as de consolar con males agenos! Dueleme en estremo lo poco que se gozó tan gran ualor y hermosura como esta Nimpha me dizien que tenía, porque ni estaua presa de amor, ni nadie meresçio que ella lo estuuiesse. Que si otra cossa entendiera, por tan dichosa la tuuiera yo en morirse, como a mí por desdichada en uer, o cruda muerte, quan poco caso hazes de mi: pues lleuandome todo mi bien, me dexas, no para más, que para sentir esta falta. O mi Arsileo, o disçreçion jamás oyda, o el más claro ingenio que naturaleza pudo dar. ¿Qué ojos pudieron uerte, qué animo pudo suffrir tu desastrado fin? O Arsenio, Arsenio, Arsenio quan poco pudiste suffrir la muerte del desastrado hijo, teniendo más ocasion de suffrirla que yo? ¿Por qué (cruel Arsenio) no quesiste que yo partiçipasse de dos muertes, que por estoruar la que menos me dolia, diera yo çien mil vidas, si tantas tuuiera? A Dios, bienauenturada Nimpha, lustre y honrra de la real casa de Aragon, Dios dé gloria a tu anima, y saque la mia de entre tantas desuenturas. Despues Belisa vuo dicho estas palabras, y despues de auer uisto otras muchas sepulturas, muy riquissimamente labradas, salieron por una puerta falsa que en el jardin estaua, al verde prado: adonde hallaron a la sabia Feliçia, que sola se andaua recreando: la qual los reçibio con muy buen semblante. Y en quanto se hazia hora de çenar, se fueron a vna gran alameda, que çerca de alli estaua, lugar donde las Nimphas del sumptuoso templo, algunos dias salian a recrearse. Y sentados en un pradezillo, çercado de uerdes salzes, començaron a hablar vnos con otros: cada vno en la cosa que más contento le daua. La sábia Feliçia llamó junto a si al pastor Sireno, y a Felismena. La Nimpha Dorida, se puso con Syluano hazia vna parte del verde prado, y las dos pastoras, Seluagia, y Belisa, con las más[1257] hermosas Nimphas, Cinthia y Polydora, se apartaron haçia otra parte: de manera que aunque no estauan vnos muy lexos de los otros, podian muy bien hablar, sin que estoruasse vno lo que el otro dezia. Pues queriendo Sireno, que la platica, y conuersaçion se conformasse con el tiempo y lugar, y tambien con la persona a quien hablaua, començo a hablar desta manera: No me paresçe fuera de proposito, señora Feliçia, preguntar yo una cosa que jamás pude llegar al cabo del conosçimiento della: y es esta: Affirman todos los que algo entienden, que el uerdadero amor nasçe de la razon: y si esto es ansi, quál es la causa porque no hay cosa mas desenfrenada en el mundo, ni que menos se dexe gouernar por ella? Feliçia le respondió: Assi como essa pregunta es más que de pastor: assi era neçessario que fuesse más que muger la que a ella respondiesse, mas con lo poco que yo alcanço, no me paresçe que porque el amor tenga por madre a la razon, se ha de pensar que él se limite, ni gouierne por ella. Antes has de presuponer, que despues que la razon del conosçimiento lo ha engendrado las menos uezes quiere que lo[1258] gouierne. Y es de tal manera desenfrenado, que las más de las ueces uiene en daño y perjuyzio del amante, pues por la mayor parte, los que bien aman, se uienen a desamar a si mismos, que es contra razon, y derecho de naturaleza. Y esta es la causa, porque le pintan çiego, y falto de toda razon. Y como su madre Venus tiene los ojos hermosos, ansi él dessea siempre lo más hermoso. Pintanlo desnudo, porque el buen amor, ni puede dissimularse con la razon, ni encubrirse con la prudençia. Pintanle con alas, porque ueloçissimamente entra en el anima del amante: y quanto más perfecto es, con tanto mayor ueloçidad y enagenamiento de si mismo, va a buscar la persona amada: por lo qual dezia Euripides, que el amante biuia en el cuerpo del amado. Pintanlo ansi mismo flechando su arco, porque tira derecho al coraçon, como a proprio blanco, y tambien porque la llaga de amor, es como la que haze la saeta, o flecha en la entrada, y profunda en lo intrinseco del que ama. Es esta llaga difficil de uer, mala de curar, y muy tardia en el sanar. De manera, Sireno, que no deue admirarte, aunque el perfecto amor sea hijo de razon, que no se gouierne por ella, porque no hay cosa que despues de nasçida menos corresponda al origen de adonde nasçio. Algunos dizen, que no es otra la differençia entre el amor uiçioso, y el que no lo es, sino que el uno se gouierna por razon, y el otro no se dexa gouernar por ella, y engañanse: porque aquel exçesso, y impetu no es más propio del amor deshonesto, que del honesto: antes es vna propriedad de qualquier genero de amor: saluo que el uno haze la uirtud mayor y en el otro acresçienta mas el uiçio. Quién puede negar que en el amor que uerdaderamente se honesta, no se hallen marauillosos y exçessiuos effectos? Preguntenlo a muchos que por solo el amor de Dios no hizieron cuenta de sus personas, ni estimaron por él perder la uida (aunque sabido el premio que por ello se esperaua, no dauan mucho) pues quántos han procurado consumir sus personas, y acabar sus uidas, inflamados del amor de la uirtud, de alcançar fama gloriosa? Cosa que la razon ordinaria no permite, antes guia qualquiera effecto, de manera que la uida pueda honestamente conseruarse. Pues quántos exemplos te podria yo traer de muchos que por solo el amor de sus amigos, perdieron la uida, y todo lo más que con ella se pierde: Dexemos este amor, boluamos al amor del hombre con la muger. Has de saber, que si el amor que el amador tiene a su dama (aunque inflamado en desenfrenada affiçion) nasçe de la razon, y del uerdadero conosçimiento y juyzio: que por solas sus uirtudes la juyzgue digna de ser amada: que este tal amor (a mi paresçer, y no me engaño) no es illiçito, ni deshonesto, porque todo el amor desta manera, no tira a otro fin, sino a querer la persona por ella misma, sin esperar otro interesse ni galardon de sus amores. Ansi que esto es lo que me paresçe que se puede responder a lo que en este caso me has preguntado. Sireno entonces le respondio: Yo estoy, discreta señora, satisfecho de lo que desseaua entender, y ansi creo que lo estare (segun tu claro juyzio) de todo lo que quisiera saber de ti: aunque otro entendimiento era menester más abundante que el mio, para alcançar lo mucho que tus palabras comprehenden. Syluano, que con Polidora estaua hablando, dezia: Marauillosa cosa es (hermosa Nimpha) ver lo que sufre vn triste coraçon, que a los trançes de amor está subjecto, porque el menor mal que haze, es quitarnos el juyzio, perder la memoria de toda cosa, y henchir la de solo él: buelue ageno de si todo hombre, y proprio de la persona amada. Pues qué hará el desuenturado, que se vee enemigo de plazer, amigo de soledad, lleno de passiones, çercado de temores, turbado de spiritu, martyrizado del seso, sustentado de esperança, fatigado de pensamientos, affligido de molestias, traspassado de çelos, lleno perpetuamente de sospiros, enojos, y agrauios que jamás le faltan? Y lo que más me marauillo es que siendo este amor tan intolerable y estremado en crueldad, no quiera el spiritu apartarse dél ni lo procure: mas antes tenga por enemigo a quien se lo aconseja. Bien está todo (dixo Polidora) pero yo sé muy bien que por la mayor parte los que aman, tienen más de palabras que de passiones. Señal es essa (dixo Syluano) que no las sabes sentir, pues no las puedes creer, y bien paresçe que no has sido tocado deste mal, ni plega a Dios que lo seas: el qual ninguno lo puede creer, ni la calidad, y multitud de los males que dél proçeden, sino el que partiçipa dellos. ¿Cómo que piensas tú (hermosa Nimpha) que hallandose continuamente el amante confusa la razon, occupada la memoria, enagenada la fantasia y el sentido del exçessiuo amor fatigado, quedará la lengua tan libre que pueda fingir pasiones, ni mostrar otra cosa de lo que siente? Pues no te engañes en esso, que yo te digo que es muy al reues de lo que tú lo imaginas. Vesme aqui donde estoy que verdaderamente ninguna cosa ay en mi, que se pueda gouernar por razon, ni aun la podrá auer en quien tan ageno estuuiere de su libertad como yo: porque todas las subiectiones corporales dexan libre (a lo menos) la voluntad, mas la subjection de amor es tal, que la primera cosa que haze, es tomaros possesion della, y quieres tú, pastora, que forme quexas, y finja sospiros, el que desta manera se vee tratado? Bien paresçe en fin que estás libre de amor, como yo poco ha te dezia. Polidora le respondio: yo conozco, Syluano, que los que aman, reçiben muchos trabajos, y affliçiones, todo el tiempo que no alcançan lo que dessean: pero despues de conseguida la cosa desseada, se les buelue en descanso y contentamiento. De manera que todos los males que passan, más proceden del desseo, que de amor que tengan a lo que dessean. Bien paresçe que hablas en mal que no tienes experimentado (dixo Syluano) porque el amor de aquellos amantes cuyas penas çessan despues de auer alcançado lo que dessean, no proçede su amor de la razon, sino de un apetito baxo y deshonesto. Seluagia, Belisa y la hermosa Ciuthia, estauan tratando, quál era la razon, porque en absencia las más de las uezes se resfriaua el amor. Belisa no podia creer que por nadie passasse tan gran deslealtad, diziendo: que pues siendo muerto el su Arsileo, y estando bien segura de no uerle más, le tenía el mismo amor que quando biuia, que ¿cómo era possible, ni se podia suffrir, que nadie oluidasse en absençia los amores, que algun tiempo esperasse ver? La Nimpha Ciuthia le respondio: no podré, Belisa, responderte con tanta sufiçiençia como por uentura la materia lo requeria, por ser cosa que no se puede esperar del ingenio de vna Nimpha como yo. Mas lo que a mi me paresçe es que quando uno se parte de la presençia de quien quiere bien la memoria le queda por ojos: pues solamente con ella uee lo que dessea. Esta memoria tiene cargo de representar al entendimiento lo que contiene en sí, y del entenderse la persona que ama, uiene la uoluntad, que es la terçera potentia del ánima, a engendrar el desseo mediante el qual tiene el ausente pena por uer aquel que quiere bien. De manera que todos estos effectos se deriuan de la memoria, como de una fuente, donde nasçe el prinçipio del desseo. Pues aueys de saber aora, hermosas pastoras, que como la memoria sea una cosa, que cuanto más va, más pierde su fuerça y uigor oluidandose de lo que le entregaron los ojos: ansi tanbien lo pierden las otras potençias, cuyas obras en ella tenian su prinçipio, de la misma manera que a los rios se les acabaria su corriente, si dexassen de manar las fuentes adonde nasçen. Y si como esto se entiende en el que parte se entendiera tambien en el que queda. Y pensar tú, hermosa pastora, que el tiempo no curaria tu mal, si dexasses el remedio dél en manos de la sábia Feliçia, será muy gran engaño: porque ninguno ay, a quien ella no dé remedio, y en el de amores más que en todos los otros. La sábia Feliçia, que aunque estaua algo apartada, oyó lo que Cinthia dixo, le respondio: No seria pequeña crueldad poner yo el remedio, de quien tanto lo ha menester, en manos de medio tan espacioso, como es el tiempo. Que puesto caso que algunas uezes no lo sea, en fin, las enfermedades grandes, si otro remedio no tienen sino el suyo, se an de gastar tan despaçio que primero que se acaben, se acabe la uida de quien las tiene. Y porque mañana pienso entender en lo que toca al remedio de la hermosa Felismena, y de toda su compañia, y los rayos del dorado Apollo paresce que uan ya dando fin a su jornada, será bien que nosotros lo demos a nuestra platica, y nos uamos a mi aposento, que ya la çena pienso que nos está aguardando. Y ansi se fueron en casa de la gran sábia Feliçia, donde hallaron ya las mesas puestas, debaxo de unos uerdes parrales que estauan en un jardin que en la casa auia.[1259] Y acabando de çenar, la sábia Feliçia rogo a Felismena que contasse alguna cosa, ora fuesse hystoria, o algun acresçimiento, que en la prouinçia de Vandalia uuiesse sucçedido. Lo qual Felismena hizo, y con muy gentil graçia començo a contar lo presente:
En tiempo del ualeroso infante don Fernando, que despues fue Rey de Aragon, uuo un cauallero en España llamado Rodrigo de Naruaez: cuya uirtud y esfuerço fue tan grande, que ansi en la guerra, como en la paz alcançó nonbre muy prinçipal entre todos los de su tienpo, y señaladamente se mostró quando el dicho señor infante ganó de poder de los moros la çiudad de Antequera: dando a entender en muchas empresas y hechos de armas que en esta guerra sucçedieron, un animo muy entero, vn coraçon inuençible, y una liberalidad, mediante la qual el buen capitan no solo es estimado de su gente: mas aun la agena haze suya. A cuya causa meresçio que despues de ganada aquella tierra en recompensa (aunque desygual a sus exçelentes hechos) se le dio la alcaydia y defensa della. Y junto a esto, se le dió tambien la de Alora, donde estuuo lo más del tiempo, con çinquenta hidalgos escogidos a sueldo del rey, para defensa y seguridad de la fuerça. Los quales con el buen gouierno de su capitan emprendian muy ualerosas empresas en defençion de la fe christiana, saliendo con mucha honra dellas, y perpetuando su fama con los señalados hechos que en ellos hazian. Pues como sus animos fuessen tan enemigos de la oçiosidad, y el exerçiçio de las armas fuese tan acçepto al coraçon del ualeroso Alcayde, vna noche del uerano, cuya claridad y frescura de un blando viento combidaua a no dexar de gozalla, el Alcayde con nueue de sus caualleros, porque los demas quedassen en guarda de la fuerça armados a punto de guerra, se salieron de Alora, por uer si los moros sus fronteros se descuydauan, y confiados en ser de noche, passauan por algun camino, de los que çerca de la villa estauan. Pues yendo los nueue caualleros y su capitan ualeroso con todo el secreto possible, y con muy gran cuydado de no ser sentidos, llegaron a donde el camino por do yua se repartia en dos, y despues de tener su consejo, acordaron de repartirse çinco por cada uno, con tal orden que si los unos se uiessen en algun aprieto, tocando una corneta, serian socorridos de los otros. Y desta manera el Alcayde, y los quatro dellos echaron a la vna mano, y los otros çinco a la otra, los quales yendo por el camino, hablando en diuersas cosas y desseando cada vno dellos hallar en qué emplear su persona, y señalarse, como cada dia acostunbrauan hazer, oyeron no muy lexos de si vna boz de hombre que suauissimamente cantaua, y de quando en quando daua vn suspiro, que del alma le salia, en el qual daua muy bien a entender que alguna passion enamorada le occupaua el pensamiento. Los caualleros que esto oyeron, se meten entre un arboleda que cerca del camino auia, y como la luna fuesse tan clara que el dia no lo era más, uieron uenir por el camino donde ellos yuan un moro tan gentil hombre y bien tallado, que su persona daua bien a entender que deuia ser de gran linaje y esfuerço: uenia en un gran cauallo ruoçio rodado, uestida una marlota y albornoz de damasco carmesi, con rapaçejos de oro, y las labores dél çercadas de cordonçillos de plata. Traya en la cinta un hermoso alfanje con muchas borlas de seda y oro, en la cabeça una toca Tunezi de seda y algodon listada de oro y rapaçejos de lo mismo, la qual dandole muchas bueltas por la cabeça le seruia de ornamento y defensa de su persona. Traya una adarga en el braço yzquierdo muy grande, y en la derecha mano vna lança de dos hierros. Con tan gentil ayre, y continente uenia el enamorado moro, que no se podia más dessear, y aduertiendo a la cançion que dezia, oyeron que el romançe (aunque en arabigo le dixesse) era este:
En Cartama me he criado, nasçi en Granada primero, mas fuy de Alora frontero, y en Coyn enamorado. Aunque en Granada nasçi, y en Cartama me crié, en Coyn tengo mi fe, con la libertad que di, alli biuo adonde muero, y estoy do está mi cuydado, y de Alora soy frontero, y en Coyn enamorado.
Los cinco caualleros que quiça de las passiones enamoradas tenian poca experiençia, o ya que la tuuiessen, tenian más ojo al interesse que tan buena presa les prometia, que a la enamorada cançion del moro, saliendo de la emboscada, dieron con gran impetu sobre él; mas el valiente moro que en semejantes cosas era esperimentado (aunque entonces el amor fuesse señor de sus pensamientos) no dexó de boluer sobre sí con mucho animo, y con la lança en la mano, comiença a escaramuçar con todos los çinco christianos, a los quales muy en breue dió a conosçer que no era menos ualiente que enamorado. Algunos dizen que uinieron a él uno a uno, pero los que han llegado al cabo con la uerdad desta historia, no dizen sino que fueron todos juntos, y es razonable cosa de creer que para prendelle yrian todos, y que quando uiessen que se defendia, se apartarian los quatro. Como quiera que sea, él los puso en tanta neçessidad que derribando los tres, los otros dos cometian con grandissimo animo, y no era menester poco segun el ualiente aduersario que tenían, porque puesto caso que anduuiesse herido en un muslo, aunque no de herida peligrosa, no era su esfuerço de manera que aun las heridas mortales le pudiessen espantar, pues auiendo perdido su lança, puso las piernas al cauallo, haziendo muestra de huyr: los dos caualleros lo seguian, y él buelue a passar entrellos como un rayo, y en llegando a donde estaua uno de los tres quél auia derribado, se dexó colgar del cauallo, y tomando la lança se boluio a endereçar con gran ligereza en la silla. A esta hora, vno de los dos escuderos tocó el cuerno, y él se vino a ellos, y los traya de manera que si aquella hora el ualeroso Alcayde no llegara, lleuaran el camino de los tres compañeros que en el campo estauan tendidos. Pues como el Alcayde llegó, y vido que ualerosamente el moro se combatia tuuolo en mucho, y desseó en extremo prouarse con él, y muy cortesemente le dixo: Por çierto, cauallero, no es vuestra valentia y esfuerço de manera que no se gane mucha honra en uenceros, y si esta la fortuna me otorgasse no ternia mas que pedille: mas aunque sé el peligro a que me pongo con quien tan bien se sabe defender, no dexaré de hazello, pues que ya en el acometello no puede dexar de ganarse mucho. Y diziendo esto, hizo apartar los suyos, poniendose el vençido por premio del uencedor. Apartados que fueron, la escaramuça entre los dos ualientes caualleros se començo. El ualeroso Naruaez desseaua la victoria, porque la valentia del Moro le acresçentaua la gloria que con ella esperaua. El esforçado Moro, no menos que el Alcayde la desseaua, y no con otro fin, sino de conseguir el de su esperança. Y ansi andauan los dos tan ligeros en el herirse y tan osados en acometerse, que si el cansancio passado y la herida que el Moro tenía no se lo estoruara, con dificultad uuiera el Alcayde victoria de aquel hecho. Mas esto, y el no poder menearse su cauallo, muy claramente se la prometian, y no porque en el Moro se conosçiesse punto de couardia, mas como uio que sola esta batalla le yua la vida, la qual él trocara por el contentamiento que la fortuna entonçes le negaua, se esforço quanto pudo, y poniendose sobre los estriuos, dió al Alcayde vna gran lançada por ençima del adarga. El qual reçebido aquel golpe, le respondio con otro en el braço derecho, y atreuiendose en sus fuerças si a braços uiniessen, arremetió con él, y con tanta fuerça le abraçó que sacandolo de la silla, dió con él en tierra diziendo: Cauallero, date por mí uençido, si más no estimas serlo, que la vida en mis manos tienes. Matarme (respondio el Moro) está en tu mano como dizes, pero no me hará tanto mal la fortuna que pueda ser vençido, sino de quien mucho ha que me he dexado vençer, y este solo contento me queda de la prision a que mi desdicha me ha traydo. No miró el Alcayde, tanto en las palabras del moro, que por entonçes le preguntasse a qué fin las dezia, mas vsando de aquella clemençia que el uençedor ualeroso suele usar con el desamparado de la fortuna, lo ayudó a leuantar, y el mismo le apretó las llagas, las quales no eran tan grandes que le estoruassen a subir en su cauallo, y assi todos juntos con la presa tomaron el camino de Alora. El Alcayde lleuaua siempre en el moro puestos los ojos, paresçiendole de gentil talle y disposiçion, acordauase de lo que le auia uisto hazer, paresçiale demasiada tristeza la que lleuaua para un animo tan grande, y porque tambien se iuntauan a esto algunos sospiros, que dauan a entender más pena de la que se podia pensar que cupiera en honbre tan ualiente, y queriendose informar mejor de la causa desto le dixo: Cauallero, mira que el prisionero que en la prision pierde el animo, auentura el derecho de la libertad, y que en las cosas de la guerra, se an de reçebir las aduersas con tan buen rostro, que se merezca por esta grandeza de animo gozar de las prosperas, y no me paresçe que estos sospiros corresponden al ualor y esfuerço que tu persona ha mostrado, ni las heridas son tan grandes, que se auentura la uida, la qual no has mostrado tener en tanto, que por la honra no dexasses de oluidalla. Pues si otra ocasion te da tristeza, dimela, que por la fe de cauallero te juro, que use contigo de tanta amistad que jamas te puedas quexar de auermelo dixo. El moro oyendo las palabras del Alcayde, las quales arguyan un animo grande y magnanimo, y la offerta que le auia hecho de ayudallo, paresciole discreçion muy grande no encubrille la causa de su mal, pues sus palabras le dauan tan grande esperança de remedio, y alçando el rostro que con el peso de la tristeza lo lleuaua inclinado, le dixo: ¿Cómo te llamas cauallero, que tanto esfuerço me pones y sentimiento muestras tener de mi mal? Esto no te negaré yo, dixo el Alcayde, a mi me llaman Rodrigo de Naruaez, soy Alcayde de Alora y Antequera: tengo aquellas dos fuerças por el Rey de Castilla mi señor. Quando el moro le oyó esto, con un semblante algo más alegre que hasta alli, le dixo: En extremo me huelgo, que mi mala fortuna traya un descuento tan bueno, como es auerme puesto en tus manos, de cuyo esfuerço y uirtud muchos dias ha que soy informado, y aunque más cara me costasse la experiençia, no me puedo agrauiar, pues como digo, me desagrauia uerme en poder de una persona tan prinçipal. Y porque ser uençido de ti me obliga a tenerme en mucho, y que de mí no se entienda flaqueza sin tan gran occasion que no sea en mi mano dexar de tenella, suplicote por quien eres que mandes apartar tus caualleros, para que entiendas que no el dolor de las heridas, ni la pena de uerme preso, es causa de mi tristeza. El Alcayde oyendo estas razones al moro tuuolo en mucho, y porque en extremo desseaua informarse de su sospecha, mandó a sus caualleros que fuessen algo delante, y quedando solos los dos, el moro sacando del alma un profundo sospiro, dixo desta manera: Valeroso Alcayde, si la experiençia de tu gran uirtud no me la uuiese el tienpo puesto delante los ojos, muy escusadas serian las palabras que tu uoluntad me fuerça a dezir, ni la cuenta que te pienso dar de mi uida, que cada hora es çercada de mil desassosiegos y sospechas; la menor de las quales te paresçera peor que mil muertes. Mas como de una parte me assegure lo que digo, y de la otra que eres cauallero y que o auras oydo, ó avrá passado por ti semeiante passion que la mia, quiero que sepas que a mi me llaman Abindarraez el moço, a differençia de un tio mio, hermano de mi padre, que tiene el mesmo apellido. Soy de los abençerrajes de Granada, en cuya desuentura aprendi a ser desdichado, y porque sepas quál fue la suya, y de ay uengas a entender lo que se puede esperar de la mia: sabras que uuo en Granada un linaje de caualleros llamados abençerrajes; sus hechos y sus personas ansi en esfuerço para la guerra, como en prudençia para la paz, y gouierno de nuestra republica eran el espejo de aquel reyno. Los uiejos eran del consejo del Rey, los moços exerçitauan sus personas en actos de caualleria siruiendo a las damas y mostrando en sí la gentileza y ualor de sus personas. Eran muy amados de la gente popular, y no mal quistos entre la prinçipal, aunque en todas las buenas partes que un cauallero deue tener se auentajassen a todos los otros. Eran muy estimados del Rey, nunca cometieron cosa en la guerra ni el consejo, que la experiençia no correspondiesse a lo que dellos se esperaua, en tanto grado era loada su ualentia, libertad y gentileza, que se trajo por exemplo, uo auer abençerraje couarde, escasso, ni de mala disposiçion. Eran maestros de los trajes, de las inuençiones, la cortesia y seruiçio de las damas andaua en ellos en su uerdadero punto, nunca abençerraje siruio dama de quien no fuesse fauoresçido, ni dama se tuuo por digna deste nombre que no tuuiesse abençerraje por seruidor. Pues estando ellos en esta prosperidad y honra y en la reputaçion que se puede dessear, uino la fortuna embidiosa del descanso y contentamiento de los hombres, a deriballos de aquel estado, en el más triste y desdichado que se puede imaginar, cuyo prinçipio fue auer el Rey hecho çierto agrauio a dos abençerrajes, por donde les leuantaron que ellos con otros diez caualleros de su linaje se auian conjurado de matar al Rey y diuidir el reyno entre si, por uengarse de la injuria alli reçibida. Esta conjuraçion, ora fuesse uerdadera, o que ya fuesse falsa, fue descubierta antes que se pusiesse en execuçion, y fueron presos y cortadas las cabeças a todos, antes que uiniesse a notiçia del pueblo, el qual sin duda se alçara, no consintiendo en esta justiçia. Lleuandolos pues a iustiçiar, era cosa estrañissima uer los llantos de los unos, las endechas de los otros, que de conpassion de estos caualleros por toda la çiudad se hazian. Todos corrian al Rey, comprauanle la misericordia con grandes summas de oro y plata, mas la seueridad fue tanta, que no dio lugar a la clemençia. Y como esto el pueblo uio, los començo a llorar de nueuo; llorauan los caualleros con quien solian acompañarse, llorauan las damas, a quien seruian; lloraua toda la çiudad la honra y autoridad que tales çiudadadanos le dauan. Las bozes y alaridos eran tantos que paresçian hundirse. El Rey que a todas estas lagrimas y sentimiento çerraua los oydos, mandó que se executasse la sentençia, y de todo aquel linaje no quedó hombre que no fuesse degollado aquel dia, saluo mi padre y un tio mio, los quales se halló que no auian sido en esta conjuraçion. Resultó más deste miserable caso, derriballes las casas, apregonallos el Rey por traydores, confiscalles sus heredades y tierras, y que ningun abençerraje más pudiesse biuir en Granada, saluo mi padre y mi tio, con condiçion que si tuuiessen hijos, a los uarones embiassen luego en nasçiendo a criar fuera de la çiudad, para que nunca boluiessen a ella; y que si fuessen henbras, que siendo de edad, las casassen fuera del reyno. Quando el Alcayde oyo el estraño cuento de Abindarraez y las palabras con que se quexaua de su desdicha, no pudo tener sus lagrimas, que con ellas no mostrasse el sentimiento que de tan desastrado caso deuia sentirse. Y boluiendose al moro, le dixo: Por çierto, Abindarraez, tú tienes grandissima occasion de sentir la gran cayda de tu linaje, del qual yo no puedo creer que se pusiesseen hazer tan grande trayçion, y quando otra prueua no tuuiesse, sino proçeder della un honbre tan señalado como tú, bastaria para yo creer que no podria caber en ellos maldad. Esta opinion que tienes de mí, respondio el moro, Alá te la pague, y él es testigo que la que generalmente se tiene de la bondad de mis passados, es essa misma. Pues como yo nasçiesse al mundo con la misma uentura de los mios, me embiaron (por no quebrar el edicto del Rey) a criar a una fortaleza que fue de christianos, llamada Cartama, encomendandome al Alcayde della, con quien mi padre tenía antigua amistad, hombre de gran calidad en el reyno, y de grandissima uerdad y riqueza: y la mayor que tenia era una hija, la qual es el mayor bien que yo en esta uida tengo. Y Alá me la quite si yo en algun tiempo tuuiere sin ella otra cosa que me dé contento. Con esta me crié desde niño, porque tambien ella lo era, debaxo de un engaño, el qual era pensar que eramos ambos hermanos, porque como tales nos tratauamos y por tales nos teniamos, y su padre como a sus hijos nos criaua. El amor que yo tenia a la hermosa Xarifa (que assi se llama esta señora que lo es de mi libertad) no sería muy grande si yo supiesse dezillo; basta auerme traydo a tienpo que mil uidas diera por gozar de su uista solo vn momento. Yua cresçiendo la edad, pero mucho más cresçia el amor, y tanto que ya paresçia de otro metal que no de parentesco. Acuerdome que un dia estando Xarifa en la huerta de los jazmines conponiendo su hermosa cabeça, mirela espantado de su gran hermosura, no sé cómo me peso de que fuesse mi hermana. Y no aguardando más, fueme a ella, y con los braços abiertos, ansi como me uio, me salió a reçebir, y sentandome en la fuente iunto a ella, me dixo: Hermano, ¿cómo me dexaste tanto tienpo sola? Yo le respondia: Señora mia, gran rato ha que os busco: y nunca hallé quien me dixesse do estauades hasta que mi coraçon me lo dixo: mas dezidme agora, ¿qué çertedad teneys uos de que somos hermanos? Yo no otra (dixo ella) más del grande amor que os tengo, y uer que hermanos nos llaman todos y que mi padre nos trata a los dos como a hijos. Y si no fueramos hermanos (dixe yo) quisierades me tanto? ¿No ueys (dixo ella) que a no lo ser, no nos dexarian andar siempre juntos y solos, como nos dexan? Pues si este bien nos auian de quitar (dixe yo) más uale el que me tengo. Entonces encendiosele el hermoso rostro, y me dixo: ¿Qué pierdes tu en que seamos hermanos? Pierdo a mi y a uos (dixe yo). No te entiendo (dixo ella), mas a mí paresçeme que ser hermanos nos obliga a amarnos naturalmente. A mí (dixe yo) sola uuestra hermosura me obliga á quereros, que esta hermandad antes me resfria algunas uezes; y con esto abaxando mis ojos de empacho de lo que dixe, uila en las aguas de la fuente tan al proprio como ella era, de suerte que a do quiera que boluia la cabeça, hallaua su ymagen y trasunto, y la uia uerdadera transladada en mis entrañas. Dezia yo entonçes entre mí: Si me ahogassen aora en esta fuente a do ueo a mi señora, quánto más desculpado moriria yo que Narciso; y si ella me amasse como yo la amo, qué dichoso sería yo. Y si la fortuna permitiesse biuir siempre juntos, qué sabrosa uida sería la mia! Estas palabras dezia yo a mi mesmo, y pesárame que otro me las oyera. Y diziendo esto lebanteme, y boluiendo las manos hazia vnos jazmines, de que aquella fuente estaua rodeada, mezclandolos con arrayanes hize vna hermosa guirnalda, y poniendomela sobre mi cabeça, me bolui coronado y vençido; entonçes ella puso los ojos en mí más dulçemente al pareçer, y quitandome la guirnalda la puso sobre su cabeça, pareçiendo en aquel punto más hermosa que Venus, y boluiendo el rostro hazia mí, me dixo: ¿Qué te pareçe de mí, Abindarraez? Yo la dixe: Pareçeme que acabays de vençer a todo el mundo, y que os coronan por reyna y señora dél. Leuantandose me tomó de la mano, diciendome: Si esso fuera, hermano, no perdierades uos nada. Yo sin la responder la segui hasta que salimos de la huerta. De ahi algunos dias, ya que al crudo amor le pareçio que tardaua mucho en acabar de darme el desengaño de lo que pensaua que auia de ser de mí, y el tiempo queriendo descubrir la çelada, venimos a saber que el parentesco entre nosotros era ninguno, y asi quedó la afiçion en su verdadero punto. Todo mi contentamiento estaua en ella: mi alma tan cortada a medida de la suya, que todo lo que en su rostro no auia, me pareçia feo, escusado y sin prouecho en el mundo. Ya a este tiempo, nuestros pasatiempos eran muy diferentes de los pasados: ya la mirava con reçelo de ser sentido: ya tenia zelo del sol que la tocaba, y aun mirandome con el mismo contento que hasta alli me auia mirado, a mí no me lo pareçia, porque la desconfianza propia es la cosa más çierta en vn coraçon enamorado. Suçedio que estando ella vn dia junto a la clara fuente de los jazmines, yo llegué, y comenzando a hablar con ella no me pareçio que su habla y contenencia se conformaua con lo pasado. Rogome que cantasse, porque era vna cosa que ella muchas vezes holgaua de oyr: y estaua yo aquella ora tan desconfiado de mí que no creí que me mandaua cantar porque holgase de oyrme, sino por entretenerme en aquello, de manera que me faltase tiempo para deçille mi mal. Yo que no estudiaua en otra cosa, sino en hazer lo que mi señora Xarifa mandaua, comenze en lengua arabiga a cantar esta cançion, en la qual la di a entender toda la crueldad que della sospechaua:
Si hebras de oro son vuestros cabellos, a cuia sombra estan los claros ojos, dos soles cuyo çielo es vuestra frente; faltó rubí para hazer la boca, faltó el christal para el hermoso cuello, faltó diamante para el blanco pecho. Bien es el coraçon qual es el pecho, pues flecha de metal de los cabellos, iamas os haze que boluays el cuello, ni que deis contento con los ojos: pues esperad vn sí de aquella boca de quien miró jamas con leda frente. ¿Hay más hermosa y desabrida frente para tan duro y tan hermoso pecho? ¿Hay tan diuina y tan airada boca? ¿tan ricos y auarientos ay cabellos? ¿quién vio crueles tan serenos ojos y tan sin mouimiento el dulce cuello? El crudo amor me tiene el lazo al cuello, mudada y sin color la triste frente, muy cerca de cerrarse estan mis ojos: el coraçon se mueue acá en el pecho, medroso y erizado está el cabello, y nunca oyó palabra desa boca. O más hermosa y más perfecta boca que yo sabré dezir: o liso cuello, o rayos de aquel sol que no cabellos, o christalina cara, o bella frente, o blanco ygual y diamantino pecho, ¿quando he de uer clemencia en esos ojos? Ya siento el nó en el boluer los ojos, oid si afirma pues la dulce boca, mirad si está en su ser el duro pecho, y cómo acá y allá menea el cuello, sentid el ceño en la hermosa frente; pues ¿qué podre esperar de los cabellos? Si saben dezir no el cuello y pecho, si niega ya la frente y los cabellos, ¿los ojos qué haran y hermosa boca?
Pudieron tanto estas palabras que siendo ayudadas del amor de aquella a quien se dezian, yo ui derramar vnas lagrimas que me enternecieron el alma, de manera que no sabre dezir si fue maior el contento de uer tan uerdadero testimonio del amor de mi señora o la pena que reçibi de la ocasion de derramallas. Y llamandome me hizo sentar junto a si, y me comenzo a hablar desta manera: Abindarraez, si el amor a que estoy obligada (despues que me satisfize de tu pensamiento) es pequeño o de manera que no pueda acauarse con la uida, yo espero que antes que dejemos solo el lugar donde estamos, mis palabras te lo den a entender. No te quiero poner culpa de lo que las desconfianzas te hazen sentir, porque sé que es tan çierta cosa tenellas que no ay en amor cosa que más lo sea. Mas para remedio de esto y de la tristeza, que yo tenía en uerme en algun tiempo apartada de tí; de oy más te puedes tener por tan Señor de mi libertad, como lo serás no queriendo rehusar el vinculo de matrimonio, lo qual ante todas cosas impide mi honestidad y el grande amor que tengo. Yo que estas palabras oi, haçiendomelas esperar amor muy de otra manera, fue tanta mi alegria que sino fue hincar los hinojos en tierra besandole sus hermosas manos, no supe hazer otra cosa. Debajo de esta palabra viví algunos dias con maior contentamiento del que yo aora sabre dezir: quiso la ventura envidiosa de nuestra alegre vida quitarnos este dulce y alegre contentamiento, y fue desta manera: que el Rey de Granada por mejorar en cargo al Alcayde de Cartama, embiole a mandar que luego dexasse la fortaleza, y se fuesse en Coyn, que es aquel lugar frontero del uuestro, y me dexasse a mí en Cartama en poder del Alcayde que alli viniesse. Sabida esta tan desastrada nueua por mi señora y por mí, juzgad vos si en algun tiempo fuesses enamorado, lo que podriamos sentir. Juntamonos en un lugar secreto a llorar nuestra perdida y apartamiento. Yo la llamaua señora mia, mi bien solo, y otros diuersos nombres quel amor me mostraua. Deziale llorando: apartandose nuestra hermosura de mi, ¿tendreys alguna uez memoria deste uuestro captiuo? Aqui las lagrimas y sospiros atajauan las palabras, y yo esforçandome para dezir más, dezia algunas razones turbadas, de que no me acuerdo: porque mi señora lleuó mi memoria tras si. ¿Pues quién podra dezir lo que mi señora sentía deste apartamiento, y lo que a mi hazian sentir las lagrimas que por esta causa derramaua? Palabras me dixo ella entonçes que la menor dellas bastaua para dar en qué entender al sentimiento toda la uida. Y no te las quiero dezir (ualeroso Alcayde), porque si tu pecho no ha sido tocado de amor, te paresçerían impossibles; y si lo ha sido, ueriades que quien las oyesse, no podra quedar con la uida. Baste que el fin dellas fue dezirme que en auiendo occasion, o por enfermedad de su padre, o ausençia, ella me embiaria a llamar para que vuiesse effecto lo que entre nos dos fue conçertado. Con esta promessa mi coraçon se assossego algo, y besé las manos por la merçed que me prometia. Ellos se partieron luego otro dia, yo me quedé como quien camina por vnas asperas y fragosas montañas, y passandosele el sol, queda en muy escuras tinieblas: començe a sentir su ausençia asperamente, buscando todos los falsos remedios contra ella. Miraua las uentanas donde se solia poner, la camara en que dormia, el jardin donde reposaua y tenía la siesta, las aguas donde se bañaua, andaua todas sus estancias, y en todas ellas hallaua vna cierta representaçion de mis fatigas. Verdad es que la esperança que ma dio de llamarme me sostenia, y con ella engañaua parte de mis trabajos. Y aunque algunas uezes de uer tanto dilatar mi desseo, me causaua más pena, y holgara de que me dexaran del todo desesperado, porque la desesperacion fatiga hasta que se tiene por cierta, mas la esperança hasta que se cumple, el desseo. Quiso mi buena suerte que oy por la mañana mi señora me cumplio su palabra, embiandome, a llamar, con vna criada suya, de quien como de sí fiaua, porque su padre era partido para Granada, llamado del Rey, para dar buelta luego. Yo resusçitado con esta improuisa y dichosa nueua, aperçibime luego para caminar. Y dexando venir la noche por salir más secreto y encubierto, puseme en el habito que me encontraste el más gallardo que pude, por mejor mostrar a mi señora la vfania y alegria de mi coraçon. Por çierto no creyera yo que bastaran dos caualleros juntos a tenerme campo, porque traya a mi señora comigo, y si tú me vençiste no fue por esfuerço, que no fue possible, sino que mi suerte tan corta o la determinaçion del çielo, quiso atajarme tan supremo bien. Pues considera agora en el fin de mis palabras el bien que perdi y el mal que posseo. Yo yua de Cartama a Coyn breue jornada, aunque el desseo la alargaua mucho, el más vfano abencerraje que nunca se uio, yua llamado de mi señora, a uer a mi señora, a gozar de mi señora. Veo me agora herido, captiuo y en poder de aquel que no sé lo que hará de mí: y lo que más siento es que el término y coyuntura de mi bien se acabó esta noche. Dexame pues, christiano, consolar entre mis sospiros. Dexame desahogar mi lastimado pecho, regando mis ojos con lagrimas, y no juzgues esto a flaqueza, que fuera harto mayor tener animo para poder suffrir (sin hazer lo que hago) en tan desastrado y riguroso trançe. Al alma le llegaron al ualeroso Naruaez las palabras del moro, y no poco espanto reçibio del estraño sucçesso de sus amores. Y paresçiendole que para su negoçio, ninguna cosa podia dañar más que la dilaçion, le dixo a Abindarraez: quiero que ueas que puede más mi uirtud que tu mala fortuna, y si me prometes de boluer a mi prision dentro del terçero dia, yo te dare libertad para que sigas tu començado camino, porque me pesaria atajarte tan buena empresa. El abençerraje que aquesto oyó quiso echarse a sus pies, y dixole: Alcayde de Alora, si vos hazeys esso, a mi dareys la vida, y uos aureys hecho la mayor gentileza de coraçon que nunca nadie hizo: de mí tomad la seguridad que quisieredes por lo que me pedis, que yo cumplire con uos lo que assentare. Entonces Rodrigo de Naruaez llamó a sus compañeros, y dixoles: Señores, fiad de mí este prisionero, que yo salgo por fiador de su rescate. Ellos dixeron que ordenasse a su noluntad de todo, que de lo que él hiziesse serian muy contentos. Luego el Alcayde tomando la mano derecha a Abençerraje, le dixo: Vos prometeys como cauallero de uenir a mi castillo de Alora, a ser mi prisionero dentro del terçero dia? El le dixo: sí prometo: pues yd con la buena uentura; y si para nuestro camino teneys neçessidad de mi persona, o de otra cosa alguna, tambien se hará. El moro se lo agradesçio mucho, y tomó vn cauallo quel Alcayde le dió, porque el suyo quedó de la refriega passada herido, y ya yua muy cansado y fatigado de la mucha sangre que con el trabajo del camino le salia. Y buelta la rienda se fue camino de Coyn a mucha priessa. Rodrigo de Naruaez y sus compañeros se boluieron a Alora, hablando en la valentia y buenas maneras del abençerraje. No tardó mucho el moro, segun la priessa que lleuaua, en llegar a la fortaleza de Coyn, donde yendose derecho como le era mandado, la rodeó toda, hasta que halló una puerta falsa que en ella auia: y con toda su priessa y gana de entrar por ella, se detuuo un poco alli hasta reconosçer todo el campo por uer si auia de qué guardarse: y ya que uio todo sossegado tocó con el cuento de la lança a la puerta, porque aquella era la señal que le auia dado la dueña que le fue a llamar; luego ella misma le abrio, y le dixo: Señor mio, uuestra tardança nos ha puesto en gran sobresalto, mi señora ha gran rato que os espera, apeaos y subid a donde ella está. El se apeó de su cauallo, y le puso en un lugar secreto que allí halló, y arrimando la lança a una pared con su adarga y çimitarra, lleuandole la dueña por la mano, lo mas passo que pudieron, por no ser conosçidos de la gente del castillo, se subieron por una escalera hasta el aposento de la hermosa Xarifa. Ella que auia sentido ya su uenida, con la mayor alegria del mundo lo salió a reçebir, y ambos con mucho regozijo y sobresalto se abraçaron sin hablarse palabra del sobrado contentamiento, hasta que ya tornaron en si. Y ella le dixo: ¿En qué os aueys detenido, señor mio, tanto que uuestra mucha tardança me ha puesto en grande fatiga y confusion? Señora mia (dixo él) uos sabeys bien que por mi negligencia no aurá sido, mas no siempre sucçeden las cosas como hombre dessea, assi que si me he tardado, bien podeys creer que no ha sido más en mi mano. Ella atajandole su platica, le tomó por la mano, y metiendole en un rico aposento se sentaron sobre una cama que en él auia, y le dixo: He querido, Abindarraez, que ueays en qué manera cumplen las captiuas de amor sus palabras, porque desde el dia que uos la di por prenda de mi coraçon, he buscado aparejos para quitarosla. Yo os mandé uenir a este castillo para que seays mi prisionero como yo lo soy uuestra. He os traydo aqui para hazeros señor de mi y de la hazienda de mi padre, debaxo de nombre de esposo, que de otra manera ni mi estado, ni uuestra lealtad lo consentiria. Bien sé yo que esto será contra la uoluntad de mi padre, que como no tiene conosçimiento de uuestro ualor tanto como yo, quisiera darme marido más rico, más yo uuestra persona y el conosçimiento que tendreys con ella tengo por la mayor riqueza del mundo. Y diziendo esto baxó la cabeça, mostrando vn çierto y nueuo empacho de auerse descubierto y declarado tanto. El moro la tomó en sus braços, y besandole muchas uezes las manos, por la merçed que le hazia, dixole: Señora de mi alma, en pago de tanto bien como me offreçeys no tengo qué daros de nueuo, porque todo soy uuestro, solo os doy esta prenda en señal, que os reçibo por mi señora y esposa: y con esto podeys perder el empacho y verguença que cobrastes quando uos me reçebistes a mi. Ella hizo lo mismo, y con esto se acostaron en su cama, donde con la nueua experiençia ençendieron el fuego de sus coraçones. En aquella empresa passaron muy amorosas palabras y obras que son más para contemplaçion que no para escriptura. Al moro estando en tan gran alegria, subitamente vino vn muy profundo pensamiento, y dexando lleuarse del, parose muy triste, tanto que la hermosa Xarifa lo sentio, y de uer tan subita nouedad, quedó muy turbada. Y estando attenta, sintiole dar vn muy profundo y aquexado sospiro, reboluiendo el cuerpo a todas partes. No podiendo la dama suffrir tan grande offensa de su hermosura y lealtad, paresçiendo que en aquello se offendia grandemente, leuantandose un poco sobre la cama, con voz alegre y sossegada, aunque algo turbada, le dixo: ¿Qué es esto, Abindarraez? paresçe que te has entristeçido con mi alegria, y yo te oy sospirar, y dar solloços reboluiendo el coraçon y cuerpo a muchas partes. Pues si yo soy todo tu bien y contentamiento, cómo no me has dicho por quién sospiras, y si no lo soy, porqué me engañaste? si as hallado en mi persona alguna falta de menor gusto que imaginauas, pon los ojos en mi uoluntad que basta encubrir muchas. Si sirues otra dama dime quien es para que yo la sirua, y si tienes otra fatiga de que yo no soy offendida, dimela, que yo morire o te sacaré della. Y trauando dél con un impetu y fuerça de amor le boluio. El entonces confuso y auergonçado de lo que auia hecho, paresçiendole que no declararse sería darle occasion de gran sospecha, con un apassionado sospiro le dixo: Esperança mía, si yo no os quisiera más que a mí, no uniera hecho semejante sentimiento, porque el pensar, que comigo traya, suffriera con buen animo, quando yua por mi solo, más aora que me obliga a apartarme de uos, no tengo fuerças para sufrillo, y porque no esteys más suspensa sin auer porqué, quiero deziros lo que passa. Y luego le conto todo su hecho, sin que la faltasse nada, y en fin de sus razones le dixo con hartas lagrimas: De suerte, señora, que uuestro captiuo lo es tambien del Alcayde de Alora; yo no siento la pena de la prision, que uos enseñastes a mi coraçon a suffrir, mas biuir sin uos tendria por la misma muerte. Y ansi uereys que mis sospiros se causan más de sobra de lealtad, que de falta della. Y con esto, se tornó a poner tan pensatiuo y triste, como ante que començasse a dezirlo. Ella entonçes con un semblante alegre le dixo: No os congoxeys, Abindarraez, que yo tomo a mi cargo el remedio de vuestra fatiga porque esto a mí me toca, quanto mas que pues es uerdad que qualquier prisionero que aya dado la palabra de boluer a la prision cumplira con embiar el rescate que se le puede pedir, ponelde uos mismo el nombre que quisieredes, que yo tengo las llaues de todos los cofres y riquezas que mi padre tiene, y yo las pondre todas en uuestro poder, embiad de todo ello lo que os paresçiere. Rodrigo de Naruaez es buen cavallero y os dió vna vez libertad, y le fiastes el presente negoçio, por lo qual le obliga aora a usar de mayor uirtud. Yo creo se contentará con esto, pues teniendoos en su poder ha de hazer por fuerça lo mismo de rescataros por lo que él pidiere. El abençerraje le respondio: Bien paresçe, señora, que el amor que me teneys no da lugar que me aconsejeys bien, que çierto no caere yo en tan gran yerro como éste, porque si quando me uenia a uerme solo con uos estaua obligado a cumplir mi palabra, agora que soy uuestro se entiende más obligaçion. Yo mismo boluere a Alora y me pondre en las manos del Alcayde della, y tras hazer yo lo que deuo, haga la fortuna lo que quisiere. Pues nunca Dios quiera, dixo Xarifa, que yendo uos a ser preso, yo quede libre, pues no lo soy: yo quiero acompañaros en esta jornada; que ni el amor que os tengo, ni el miedo que he cobrado a mi padre de auelle offendido, me consentiran hazer otra cosa. El moro llorando de contentamiento la abraço y le dixo: Siempre vays, alma mia, acresçentandome las merçedes, hagase lo que uos quereys, que assi lo quiero yo. Con este acuerdo antes que fuesse de dia se leuantaron, y proueydas algunas cosas al viaje neçessarias, partieron muy secretamente para Alora. Ya amenesçia, y por no ser conosçida, lleuaua el rostro cubierto. Con la gran priessa que lleuauan llegaron en muy breue tiempo a Alora, y yendose derechos al castillo, como a la puerta tocaron, fue luego abierta por las guardas, que ya tenian notiçia de lo passado. El ualeroso Alcayde los reçibio con mucha cortesia, y saliendo a la puerta Abindarraez, tomando a su esposa por la mano, se fue a él y le dixo: Mira, Rodrigo, de Naruaez, si te cumplo bien mi palabra, pues te prometi de boluer un preso, y te traygo dos, que uno bastaua para uençer muchos. Ves aqui mi señora: juzga si he padesçido con justa causa, reçibenos por tuyos, que yo fio mi persona y su honra de tus manos. El Alcayde holgo mucho, y dixo a la dama: Señora, yo no sé de uosotros quál uençio al otro: mas yo deuo mucho a entrambos. Venid y reposareys en nuestra casa, y tenedla de aqui adelante por tal, pues lo es su dueño. Con esto se fueron a su aposento, y de ay a poco comieron, porque uenian cansados. El Alcayde preguntó al moro qué tal uenia de sus llagas. Paresçe (dixo el) que con el camino las tengo harto enconadas y con dolor. La hermosa Xarifa muy alterada desto, dixo: ¿Qué es esto, señor, llagas teneys uos que yo no sepa? Dixo el: Quien escapó de las uuestras en poco tendra todas las otras. Verdad es que de la escaramuça de la noche saqué dos pequeñas heridas, y el trabajo del camino y el no auerme curado me ha hecho algun daño, pero todo es poco. Bueno sera que os acosteys (dixo el Alcayde) y vendra un cyrujano que yo tengo aqui en el castillo y curaros ha. Luego la hermosa Xarifa le hizo desnudar, todauia alterada, pero con harto sossiego y reposo en su rostro, por no le dar pena mostrando que la tenía. El cyrujano uino, y mirandole las heridas dixo: Que como auian sido en soslayo no eran peligrosas, ni tardarian en sanar mucho, y con çierto remedio que luego le hizo, le mitigó el dolor, y de ay a quatro dias como le curaua con tanto cuydado estuuo sano. Acabando un dia de comer, el abençerraje dixo al Alcayde estas palabras: Rodrigo de Naruaez (segun eres discreto) por la manera de nuestra uenida aurás entendido lo demas, yo tengo esperança que este negoçio que aora tan dañado está se ha de remediar por tus manos. Esta es la hermosa Xarifa de quien te dixe es mi señora y esposa, no quiso quedar en Coyn de miedo de su padre, porque aunque él no sabe lo que ha passado, todauia se temio que este caso auia de ser descubierto. Su padre está aora con el Rey de Granada, y yo sé que el Rey te ama por tu esfuerço y uirtud aunque eres christiano. Suplicote alcançes dél que nos perdone auerse hecho esto sin su liçençia y sin que él lo supiesse: pues ya la fortuna lo rodeó y traxo por este camino. El Alcayde le dixo: Consolaos, señores, que yo os prometo como hijo dalgo, de hazer quanto pudiere sobre este negoçio, y con esto mandó traer papel y tinta, y determinó de escreuir una carta al Rey de Granada, que en uerdaderas y pocas palabras le dixesse el caso, la qual dezia assi:
Muy poderoso Rey de Granada, el Alcayde de Alora Rodrigo de Naruaez tu servidor besa tus reales manos, y digo que Abindarraez Abençerraje, que se crió en Cartama auiendo nasçido en Granada, estando en poder del Alcayde de la dicha fortaleza, se enamoró de la hermosa Xarifa su hija. Despues tú por hazer merced al Alcayde, le passaste á Coyn. Los enamorados por assegurarse se desposaron entre sí; y llamado el Abençerraje por el ausençia del padre della que contigo tienes, fue a su fortaleza, yo le encontre en el camino, y en çierta escaramuça que con él tuue en que se mostró muy valiente, esforçado y animoso, le gané por mi prisionero, y contandome su caso, apiadado y conmouido de sus ruegos, le hize libre por dos dias, él fue y se vió con su esposa, de suerte que en la jornada cobró a su esposa y perdio la libertad. Pues uiendo ella que el Abençerraje boluio a mi prision, quiso uenir con él, y assi estan aora los dos en mi poder. Suplico te no te offenda el nombre de Abençerraje, pues éste y su padre fueron sin culpa de la coniuraçion contra tu Real persona hecha, y en testimonio dello biuen ellos agora. A tu Alteza humildemente suplico el remedio destos tristes amantes se reparta entre ti y mí, yo perdonare su rescate dél, y libremente le soltaré, y manda tú al padre della, pues es tu vassallo, que a ella la perdone, y a él reçiba por hijo, porque en ello allende de hazerme a mí singular merçed, harás aquello que de tu uirtud y grandeza se espera.
Con esta carta despachó vno de sus escuderos. El cual llegando hasta el Rey, se la dio, él la tomó, y sabiendo cuya era, holgo mucho, porque a este solo christiano amaua por su ualor y persona, y en leyendola, boluio el rostro, y uio al Alcayde de Coyn, y tomandole a parte, le dio la carta, diziendole: lee esta carta, y él la leyo, y en uer lo que passaua, reçibio gran alteraçion. El Rey dixo: No te congoxes, aunque tengas causa; que ninguna cosa me pedira el Alcayde de Alora, que pudiendo la hazer, no la haga, y ansi te mando uayas sin dilaçion a Alora, y perdones a tus hijos, y los lleues luego á tu casa, que en pago deste seruiçio yo te haré siempre merçedes. El Moro lo sintio en el alma, más uiendo que no podia passar del mandado de su Rey, boluiendo de buen continente, y sacando fuerças de flaqueza, como mejor pudo, dixo que ansi lo haria. Partiose lo más presto que pudo el Alcayde de Coyn, y llegó a Alora, a donde ya por el escudero se sabía lo que passaua, y fue muy bien reçebido. El Abençerraje y su hija paresçieron ante él con harta uerguença, y le besaron las manos, e los reçibio muy bien, y les dixo: No se trate de cosas passadas; el Rey me mandó hiziesse esto, yo os perdono el aueros casado, sin que lo supiesse yo; que en lo demás, hija, nos escogistes mejor marido que yo os lo supiera dar. Rodrigo de Naruaez holgo mucho de uer lo que passaua, y les hazia muchas fiestas y banquetes. Vn dia acabando de comer, les dixo: Yo tengo en tanto auer sido alguna parte para que este negoçio esté en tan buen estado, que ninguna cosa me pudiera hazer más alegre, y ansi digo que sola la honra de aueros tenido por mis prisioneros, quiero por el rescate desta prisión: vos, Abindarraez, sois libre, y para ello teneys liçençia de yros donde os pluguiere, cada y cuando que quisieredes. El se lo agradesçio mucho, y ansi se adereçaron para partir otro dia, acompañandolos Rodrigo de Naruaez, salieron de Alora, y llegaron a Coyn donde se hizieron grandes fiestas y regozijos a los desposados, las quales fiestas pasadas, tomando los un dia a parte el padre, les dixo estas palabras: Hijos, agora que sois señores de mi hazienda, y estais en sosiego, razon es que cumplays con lo que deueys al Alcayde de Alora, que no por auer usado con uosotros de tanta uirtud y gentileza, es razon pierda el derecho de vuestro rescate, antes se le deue (si bien se mira) muy mayor, yo os quiero dar quatro mil doblas zaenes, embiadselas, y tenedle desde aqui adelante, pues lo meresçe, por amigo, aunque entre él y uosotros sean las leyes diferentes. El Abençerraje se lo agradesçio mucho, y tomandolas, las embió a Rodrigo de Naruaez, metidas dentro de un mediano y rico coffre, y por no mostrarse de su parte corto y desagradecido, juntamente le embió seys muy hermosos y enjaezados cauallos, con seys adargas y lanças, cuyos hierros y recatones eran de fino oro. La hermosa Xarifa le escriuio una muy dulce y amorosa carta, agradesçiendole mucho lo que por ella auia hecho. Y no queriendo mostrarse menos liberal y agradesçida que los demas, le embió una caxa de açipres muy olorosa, y dentro en ella mucha y muy preçiosa ropa blanca para su persona. El Alcayde ualeroso tomó el presente, y agradesçiendolo mucho a quien se lo embiaua, repartio luego los cauallos y adargas y lanças por los hidalgos que le acompañaron la noche de la escaramuça, tomando uno para sí, el que más le contentó, y la caxa de açipres, con lo que la hermosa Xarifa le auia embiado, y boluiendo las quatro mil doblas al mensajero, le dixo: Deçid a la señora Xarifa, que yo recibo las doblas en rescate de su marido, y a ella le siruo con ellas para ayuda de los gastos de su boda, porque por sola su amistad trocaré todos los intereses del mundo, y que tenga esta casa por tan suya como lo es de su marido. El mensajero se boluio a Coyn, donde fue bien reçibido, y muy loada la liberalidad del magnanimo capitan, cuyo linaje dura hasta aora, en Antequera, correspondiendo con magnificos hechos al origen donde proçeden. Acabada la historia, la sábia Feliçia alabó mucho la graçia, y buenas palabras con que la hermosa Felismena la auia contado, y lo mismo hizieron las que estaban presentes, las cuales tomando liçençia de la sábia se fueron a reposar.
Fin del cuarto libro.
NOTAS:
[1254] V., angusta.
[1255] M., venir.
[1256] En la edición de Milán se intercalan aquí las cuatro octavas siguientes:
A Plania Lampuñana más hermosa que l' hermosura misma, y más perfeta, mirad, pastores, y vereis la cosa que más animos rinde y los subjeta. Mirad por una parte quán graçiosa, por otra ved quán grave y quán discreta: y vereis de las partes hecho un todo, que a todas las del mundo exçede el modo. Aquella clara luz que rresplandeçe de modo que el sol huye y se le esconde, doña Artemisa es sola, qu'engrandeçe la insigne y alta cosa de Vizconde. La flor de Italia es ella y quien mereçe estar adonde está: que bien rresponde linaje a hermosura y gentileza y a quanto pudo dar naturaleza Mirad Barbara Estanga, a quien s'inclina no solo Amor, sino Minerva y Marte, donde hay tanta beldad que s'imagina que solo paró alli natura y arte: su discreçion, su platica divina para escreuilla soi muy poca parte: ni bastan las çien lenguas de la fama para saber loar tan alta dama. ¿Quién es aquella fénis do ha mostrado su fuerza y su poder naturaleza? ¿Quién es la que hoy al mundo ha despojado de gran valor, virtud, bondad, grandeza? ¿Quién es esta, dezid, do se han sumido la hermosura, graçia y gentileza? Doña Luisa de Lugo y de Mendoza a quien la poca edad no haze moza.
[1257] Falta el más en la edición de Milán.
[1258] Le en la edición de Milán.
[1259] En la edición de Milán termina aquí el libro 4.º con estas palabras: «Y acabando de çenar, y tomando liçençia de la sabia Feliçia, se fué cada uno al aposento que aparejado le estaba».
Falta, por consiguiente, toda la historia de Abindarráez, que es adición, hecha en ediciones posteriores á la muerte de Jorge de Montemayor.
LIBRO QUINTO DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Otro dia por la mañana, la sábia Felicia leuantó, y se fue al aposento de Felismena, la cual halló acabandose de vestir, no con pocas lagrimas, paresçiendole cada hora de las que alli estaua mil años. Y tomandola por la mano, se salieron a vn corredor que estaua sobre el jardin, adonde la noche antes hauian çenado, y hauiendole preguntado la causa de sus lagrimas, y consolandola con dalle esperança que sus trabajos aurian el fin que ella deseaua, le dixo: Ninguna cosa hay oy en la vida más aparejada para quitalla a quien quiere bien, que quitalle con esperanças inçiertas el remedio de su mal: porque no ay hora, en quanto desta manera biue, que no le parezca tan espaçiosa quanto las de la vida son apressuradas. Y porque mi desseo es, que el nuestro se cumpla, y despues de algunos trabajos, consigays el descanso que la fortuna os tiene prometido, uos partireys desta uuestra casa, en el mismo habito en que veniades, quando a mis Nimphas defendistes de la fuerça que los fieros saluages les querian hazer. Y tened entendido, que todas las vezes que mi aiuda y fauor os fuera neçessario, lo hallareys sin que ayays menester embiarmelo a pedir: assi que (hermosa Felismena) vuestra partida sea luego, y confiad en Dios que vuestro desseo aurá buen fin: porque si yo de otra suerte lo entendiera, bien podeys creer, que no me faltarán otros remedios para hazeros mudar el pensamiento, como a algunas personas lo he hecho. Muy grande alegria reçibio Felismena, de las palabras, que la sábia Feliçia le dixo, a las quales respondio: No puedo alcançar (discreta señora) con qué palabras podria encaresçer, ni con qué obras podria seruir la merçed que de vos reçibo. Dios me llegue a tiempo en que la experiençia os dé a entender mi desseo. Lo que mandays pondre yo luego por obra, lo cual no puede dexar de suçederme muy bien: siguiendo el consejo de quien para todas las cosas sabe dallo tan bueno. La sabia Feliçia la abraçó, diziendo: yo espero en Dios, hermosa Felismena, de veros en esta casa con más alegria de la que lleuais. Y porque los dos pastores y pastoras nos estan esperando, razon será que vaya a dalles el remedio que tanto an menester. Y saliendose ambas a dos a vna sala hallaron a Syluano, y a Sireno, y a Belisa, y a Seluagia, que esperandolos estauan, y la sábia Feliçia dixo a Felismena: Entretened (hermosa señora) nuestra compañia entre tanto que yo uengo: y entrandole en un aposento, no tardó mucho en salir, con dos uasos en las manos de fino cristal con los pies de oro esmaltados, y llegandose a Sireno, le dixo: Oluidado pastor, si en tus males uuiera otro remedio, si no este, yo te lo[1260] buscara con toda diligençia possible, pero ya que no puedes gozar de aquella que tanto te quiso, sin muerte agena, y está este en mano de solo Dios, es menester que reçibas otro remedio para no dessear cosa que es imposible alcançalla. Y tú, hermosa Seluagia, y desamado Syluano, tomad esse uaso, en el qual hallareys grandissimo remedio para el mal passado, y prinçipio para grandissimo contento: del qual uosotros estays bien descuydados. Y tomando el uaso, que tenía en la mano yzquierda, le puso en la mano a Sireno, y mandó que lo beuiesse, y Sireno lo hizo luego, y Seluagia y Syluano beuieron ambos el otro: y en este punto cayeron todos tres en el suelo adormidos, de que no poco se espantó Felismena, y la hermosa Belisa, que alli estaua, a la qual dixo la sábia Feliçia: no te desconsueles (o Belisa) que aun yo espero de uerte tan consolada como la que más lo estouiere. Y hasta que la uentura se canse de negarte el remedio que para tan graue mal as menester, yo quiero que quedes en mi conpañia. La pastora le quiso besar las manos por ello, Feliçia no lo consintio: mas antes la abraçó, mostrandole mucho amor. Felismena estaua espantada del sueño de los pastores, y dixo a Feliçia: paresçe me, señora, que si el descanso destos pastores está en dormir, ellos lo hazen de manera, que biuiran los más descansados del mundo. Feliçia le respondio: No os espanteys desso: porque el agua que ellos beuieron, tiene tal fuerça ansi la una, como la otra, que todo el tiempo que yo quisiere, dormiran, sin que baste ninguna persona a despertallos. Y para que ueays si esto es ansi, prouá a llamarlo. Felismena llegó entonces a Syluano, y tirándole por vn braço, le començo a dar grandes bozes, las quales aprouecharon tanto, como si las diera a un muerto: y lo mismo le auino con Sireno y Seluagia, de lo que Felismena quedó assaz marauillada. Feliçia le dixo: pues más os marauillareys despues que se despierten, porque uereys una cosa la más estraña que nunca imaginastes; y porque me paresçe que el agua deue auer obrado lo que es menester, yo quiero despertar, y estad atenta, porque oyreys marauillas. Y sacando un libro de la manga, se llegó a Sireno: y en tocandole con él sobre la cabeça, el pastor se leuantó luego en pie con todo su juyzio, y Feliçia le dixo: Dime, Sireno, si acaso uiesses la hermosa Diana con su esposo, y estar los dos con todo el contentamiento del mundo riendose de los amores que tú con ella auias tenido, qué harias? Sireno respondio: Por çierto señora, ninguna pena me darian, antes les ayudaria a reyr de mis locuras passadas. Feliçia le replicó: ¿y si acaso ella fuera ahora soltera y se quisiera casar con Syluano y no contigo, qué hiziera? Sireno le respondio: yo mismo fuera el que tratara de conçertallo. ¿Qué os parece (dixo Feliçia contra Felismena) si el agua sabe desatar los nudos, que este peruerso de amor haze? Felismena respondio: jamas, pudiera creer yo, que la sçiençia de una persona humana pudiera llegar a tanto como esto. Y boluiendo á Sireno, le dixo: ¿qué es esto, Sireno? Pues las lagrimas y sospiros con que manifestauas tu mal, tan presto se an acabado? Sireno le respondio: pues que los amores se acabaron, no es mucho que se acabase lo que ellos me hazian hazer. Felismena le boluio a dezir: ¿y que es possible, Sireno, que ya no quieres bien más a Diana? El mismo bien le quiero (dixo Sireno) que os quiero a uos, y a otra qualquiera persona, que no me aya offendido. Y viendo Feliçia quán espantada estaua Felismena de la subita mudança de Sireno, le dixo: Con esta mediçina curara yo, hermosa Felismena, vuestro mal, y el vuestro, pastora Belisa, si la fortuna, no os tuuiera guardadas para muy mayor contentamiento de lo que fuera ueros en nuestra libertad. Y para que ueays quán differentemente ha obrado en Syluano y en Seluagia la mediçina bien será despertarlos, pues basta lo que han dormido. Y poniendo el libro sobre la cabeça a Siluano se leuantó, diziendo: ¡O hermosa Seluagia, quán gran locura ha sido, auer empleado en otra parte el pensamiento despues que mis ojos te uieron! ¿Qué es esso Syluano, dixo Feliçia, teniendo tan presto el pensamiento en tu pastora Diana, tan subitamente le pones ahora en Seluagia? Syluano le respondio: Discreta señora, como el nauio anda perdido por la mar sin poder tomar puerto seguro, ansi anduuo mi pensamiento en los amores de Diana todo el tiempo que la quise bien, mas agora he llegado a un puerto, donde plega a Dios que sea tan bien recebido, como el amor que yo le tengo lo meresçe. Felismena quedó tan espantada del segundo genero de mudança que uio en Syluano, como del primero que en Sireno auia uisto, y dixole riendo: pues qué hazes, que no despiertas a Seluagia, que mal podra oyr tu pena una pastora que duerme? Siluano entonces tirandole del braço le començo a dezir a grandes bozes: Despierta, hermosa Seluagia, pues despertaste mi pensamiento del sueño de las ignorancias passadas. Dichoso yo, pues la fortuna me ha puesto en el mayor estado que se podia dessear: ¿qué es esto, no me oyes, o no quieres responderme? Cata que no suffre el amor que te tengo, no ser oydo. O Seluagia, no duermas tanto, ni permitas que tu sueño sea causa que el de la muerte dé fin á mis dias. Y viendo que no aprouechaua nada llamarla, començo a derramar lagrimas en tan gran abundançia, que los presentes no pudieron dexar de ayudalle, mas Feliçia dixo: Syluano amigo, no te afflijas, que yo haré que responda Seluagia, y que la respuesta sea tal, como tú desseas; y tomandole por la mano, le metio en un aposento, y le dixo: No salgas de ay, hasta que te llame. Y luego boluio a do Seluagia estaua, y tocandola con el libro despertó, como los demas auian hecho. Feliçia le dixo: Pastora, muy descuydada duermes. Seluagia respondio: Señora, qué es del mi Syluano? no estaua él junto conmigo? Ay Dios, quién me lo lleuó de aqui? Si boluiera? Y Feliçia le dixo. Escucha, Seluagia, que paresçe que desatinas: as de saber que el tu querido Alanio está a la puerta, y dize que ha andado por muchas partes perdido, en busca tuya, y trae liçençia de su padre para casarse contigo. Essa liçençia (dixo Seluagia) le aprouechará a él muy poco, pues no la tiene de mi pensamiento. Syluano qué es dél? Adonde está? Pues como el pastor Syluano oyó hablar a Seluagia, no pudo suffrir sin salir luego á la sala donde estaua, y mirandose los dos con mucho amor, lo confirmaron tan grande entre sí, que sola la muerte bastó para acaballo, de que no poco contentamiento reçibio Sireno, y Felismena, y aun la pastora Belisa. Feliçia les dixo: Razon será, pastores y hermosa pastora, que os boluays a vuestros ganados, y tened entendido que mi fauor jamas os podra faltar, y el fin de vuestros amores será quando por matrimonio cada uno se ayunte con quien dessea. Yo terné cuydado de auisaros, quando sea tiempo, y vos (hermosa Felismena) aparejaos para la partida, porque mañana cumple que partays de aqui. En esto entraron todas las Nimphas por la puerta de la sala, las cuales ya sabian el remedio que la sábia Feliçia auia puesto en el mal de los pastores: de lo cual reçibieron grandissimo plazer, mayormente Dorida, Cinthia, y Polidora: por auer sido ellas la principal ocasion de su contentamiento. Los dos nueuos enamorados no entendian en otra cosa, sino en mirarse uno a otro, con tanta afecçion y blandura como si uuiera mil años que vuieran dado prinçipio a sus amores. Y aquel dia estuuieron alli todos, con grandissimo contentamiento, hasta que otro dia de mañana, despidiendose los dos pastores, y pastora, de la sábia Feliçia, y de Felismena, y de Belisa, y assi mismo de todas aquellas Nimphas, se boluieron con grandissima alegria a su aldea, donde aquel mismo dia llegaron. Y la hermosa Felismena que ya aquel dia se auia uestido en trage de pastora, despidiendose de la sábia Feliçia, y siendo muy particularmente auisada de lo que auia de hazer, con muchas lagrimas la abraçó, y acompañada de todas aquellas Nimphas, se salieron al gran patio, que delante de la puerta estaua, y abraçando a cada vna por si, se partio por el camino donde la guiaron. No yua sola Felismena este camino, ni aun sus imaginaciones la dauan lugar a que lo fuesse, pensando yua en lo que la sábia Feliçia le auia dicho, y por otra parte considerando la poca ventura que hasta alli auia tenido en sus amores, le hazia dudar de su descanso. Con esta contrariedad de pensamientos yua lidiando, los quales aun que por vna parte la cansauan, por otra la entretenian, de manera que no sentia la soledad del camino. No vuo andado mucho por en medio de vn hermoso valle, quando a la cayda del Sol, vio de lexos vna choça de pastores, que entre vnas enzinas estaua a la entrada de vn bosque, y persuadida de la hambre, se fue hazia ella, y tambien porque la fiesta començaua de manera que le seria forçado passalla debaxo de aquellos arboles. Llegado a la choça, oyó que vn pastor dezia a vna pastora que cerca dél estaua assentada: No me mandes, Amarilida, que cante, pues entiendes la rayon que tengo de llorar todos los dias que el alma no desampare estos cansados miembros; que puesto caso que la musica es tanta parte para hacer acresçentar la tristeza del triste, como la alegria del que más contento biue, no es mi mal de suerte, que pueda ser disminuydo, ni accresçentado, con ninguna industria humana. Aqui tienes tu çampoña, tañe, canta, pastora, que muy bien lo puedes hazer: pues que[1261] tienes el coraçon libre y la voluntad essenta de las subiecçiones de amor. La pastora le respondio: no seas, Arsileo, auariento de lo que la naturaleza con tan larga mano te ha conçedido: pues quien te lo pide sabra complazerte en lo que tú quisieres pedille. Canta si es possible aquella cançion que a petiçion de Argasto heziste, en nombre de tu padre Arsenio, quando ambos seruiades a la hermosa pastora Belisa. El pastor le respondio: Estraña condiçion es la tuya (o Amarilida) que siempre me pides que haga lo que menos contento me da. ¿Qué haré que por fuerça he de complazerte, y no por fuerça, que assaz de mal aconsejado seria quien de su voluntad no te siruiesse? Mas ya sabes cómo mi fortuna me va a la mano, todas las vezes que algun aliuio quiero tomar: o Amarilida, viendo la razon que tengo de estar contino llorando me mandas cantar? Por qué quieres ofender a las ocasiones de mi tristeza? Plega a Dios que nunca mi mal vengas a sentillo en causa tuya propia, porque tan a tu costa no te informe la fortuna de mi pena. Ya sabes que perdi a Belisa, ya sabes que biuo sin esperanza de cobralla: por qué me mandas cantar? Mas no quiero que me tengas por descomedido, que no es de mi condiçion serlo con las pastoras á quien todos estamos obligados a complazer. Y tomando un rabel, que çerca de sí tenía, le començo a templar, para hazer lo que la pastora le mandaua. Felismena que açechando estaua oyó muy bien lo que el pastor y pastora passauan: quando vio que hablauan en Arsenio y Arsileo, seruidores de la pastora Belisa, a los cuales tenía por muertos, segun lo que Belisa auia contado a ella, y a las Nimphas y pastores, quando en la cabaña de la isleta la hallaron, uerdaderamente penso lo que veya ser alguna vision, o cosa de sueño. Y estando atenta, uio como el pastor començo a tocar el rabel tan diuinamente, que paresçia cosa del cielo: y auiendo tañido vn poco, con vna boz más angelica, que de hombre humano, dio prinçipio a esta cançion:
¡Ay vanas esperanças, quantos dias anduue hecho sieruo de vn engaño, y quán en vano mis cansados ojos con lagrimas regaron este valle! pagado me an amor y la fortuna, pagado me an, no sé de qué me quexo. Gran mal deuo passar, pues yo me quexo, que hechos á sufrir estan mis ojos los trances del amor, y la fortuna: ¿sabeys de quien me agrauio? de un engaño de una cruel pastora deste valle, do puse por mi mal mis tristes ojos. Con todo mucho deuo yo a mis ojos, aunque con el dolor dellos me quexo, pues ui por causa suya en este valle, la cosa más hermosa que en mis dias, jamas pense mirar, y no me engaño: preguntenlo al amor y la fortuna. Aunque por otra parte la fortuna, el tiempo, la ocasion, los tristes ojos, el no estar reçeloso del engaño, causaron todo el mal de que me quexo: y ansi pienso acabar mis tristes dias, contando mis passiones a este valle. Si el rio, el soto, el monte, el prado, el valle, la tierra, el cielo, el hado, la fortuna, las horas, los momentos, años, dias, el alma, el coraçon, tambien los ojos, agrauian mi dolor, quando me quexo, ¿por qué dizes pastora que me engaño? Bien sé que me engañé, más no es engaño, porque de auer yo uisto en este ualle tu estraña perfecçion, jamas me quexo, sino de ver que quiso la fortuna dar a entender a mis cansados ojos, que allá uernia el remedio tras los dias. Y son pasados años, meses, dias, sobre esta confiança y claro engaño: cansados de llorar mis tristes ojos, cansado de escucharme el soto, el valle, y al cabo me responde la fortuna, burlandose del mal de que me quexo. ¿Mas o triste pastor, de qué me quexo, si no es de no acabarse ya mis dias? ¿por dicha era mi esclaua la fortuna? ¿halo ella do pagar, si yo me engaño? ¿no anduuo libre, essento en este ualle? ¿quién me mandaua a mi alçar los ojos? ¿Mas quién podra tambien domar sus ojos o cómo biuire si no me quexo, del mal que amor me hizo en este ualle? mal aya un mal que dura tantos dias, mas no podra tardar, si no me engaño, que muerte no dé fin a mi fortuna. Venir suele bonanças tras fortuna, mas ya nunca veran jamas mis ojos: ni aun pienso caer en este engaño, bien basta ya el primero de quien quexo, y quexaré, pastora, quantos dias durare la memoria deste ualle. Si el mismo dia, pastora, que en el ualle dio causa que te uiesse mi fortuna, llegara el fin de mis cansados dias, o al menos uiera esquiuos essos ojos: çessara la razon con que me quexo, y no pudiera yo llamarme a engaño. Mas tú determinando hazerme engaño quando me uiste luego en este ualle, mostrauaste benigna, ved si quexo contra razon de amor, y de fortuna; despues no sé por qué buelues tus ojos, cansarte deuen ya mis tristes dias. Cançion de amor, y de fortuna quexo: y pues duró vn engaño tantos dias, regad ojos, regad el soto, el ualle.
Esto cantó el pastor con muchas lagrimas, y la pastora lo oyó con grande contentamiento de uer la graçia con que tañia y cantaua: mas el pastor despues que dio fin a su cançion, soltando el rabel de las manos, dixo contra la pastora: ¿Estás contenta, Amarilida, que por solo tu contentamiento, me hagas hazer cosa que tan fuera del mio es? Plega a Dios (o Alteo) la fortuna te trayga al punto a que yo por tu causa he uenido: para que sientas el cargo en que te soy por el mal que me hiziste. O Belisa, quién ay en el mundo, que más te deua que yo? Dios me trayga a tiempo que mis ojos gozen de ver tu hermosura, y los tuyos vean si soy en conosçimiento de lo que les deuo. Esto dezia el pastor con tantas lagrimas que no vuiera coraçon por duro que fuera, que no se ablandara. Oyendole la pastora, le dixo: Pues que ya (Arsileo) me has contado el prinçipio de tus amores, y cómo Arsenio tu padre fue la prinçipal causa de que tu quisiesses bien á Belisa, porque siruiendola él, se aprouechaua de tus cartas y cançiones, y aun de tu musica (cosa que él pudiera muy bien escusar) te ruego me cuentes cómo la perdiste. Cosa es essa (le respondio el pastor) que yo querria pocas vezes contar, mas ya que es tu condiçion mandar me hazer y dezir aquello en que más pena recibo, escucha, que en breues palabras te lo dire. Auia en mi lugar vn hombre llamado Alfeo, que entre nosotros tuuo siempre fama de grandissimo nigromante, el qual quería bien a Belisa primero que mi padre la començasse a seruir, y ella no tan solamente no podia velle, mas aun si le hablauan en él, no auia cosa que más pena le diesse. Pues como éste supiesse un conçierto que entre mí y Belisa auia, de ylla a hablar desde ençima de vn moral, que en una huerta suya estaua, el diabolico Alfeo hizo a dos espiritus que tomasse el uno la forma de mi padre Arsenio, y el otro la mia, y que fuesse el que tomó mi forma al conçierto, y el que tomó la de mi padre uiniesse alli, y le tirasse con una ballesta, fingiendo que era otro, y que uiniesse él luego, como que lo auia conosçido, y se matase de pena de auer muerto a su hijo, a fin de que la pastora Belisa se diesse la muerte, uiendo muerto a mi padre y a mí, o a lo menos hiziesse lo que hizo. Esto hazia el traydor de Alfeo, por lo mucho que le pesaua de saber lo que Belisa me queria, y lo poco que se le daua por él. Pues como esto ansi fue hecho, y a Belisa le paresçiese que mi padre y yo fuessemos muertos, de la forma que he contado, desesperada se salio de casa, y se fue donde hasta agora no se ha sabido della. Esto me conto la pastora Armida, y yo uerdaderamente lo creo, por lo que despues acá ha suçedido. Felismena que entendio lo que el pastor auia dicho, quedó en extremo marauillada, paresçiendole que lo que dezia lleuaua camino de ser assí, y por las señales que en él vio vino en conosçimiento de ser aquel Arsileo, seruidor de Belisa, al qual ella tenía por muerto, y dixo entre si: No sería razon que la fortuna diesse contento ninguno a la persona, que lo negasse a vn pastor que tambien lo mereçe, y lo ha menester. A lo menos, no partiré yo deste lugar, sin darsele tan grande, como lo reçebira con las nueuas de su pastora. Y llegandose a la puerta de la choça, dixo contra Amarilida: Hermosa pastora, a vna sin ventura que ha perdido el camino, y aun la esperança de cobralle, no le dierades licencia para que passasse la fiesta en este vuestro aposento? La pastora quando la vio, quedó tan espantada de ver su hermosura, y gentil disposiçion, que no supo respondelle: empero Arsileo le dixo: por çierto, pastora, no falta otra cosa para hazer lo que por vos es pedido, sino la posada no ser tal como vos la meresceys, pero si desta manera soys seruida, entrá que no aura cosa que por seruiros no se haga. Felismena le respondió: Esas palabras (Arsileo) bien paresçen tuyas, mas el contento que yo en pago dellas te dexaré, me dé Dios a mí en lo que tanto ha que desseo. Y diziendo esto, se entró en la choça, y el pastor y la pastora se leuantaron, haziendole mucha cortesia, y boluiendose a sentar todos, Arsileo le dixo: por ventura, pastora, ha os ha dicho alguno mi nombre, o aueys me uisto en alguna parte antes de aora? Felismena le respondió: Arsileo, más sé de ti de lo que piensas, aunque estés en trage de pastor, muy fuera de como yo te ui, quando en la academia Salamantina estudiauas. Si alguna cosa ay que comer, mandamela dar, porque despues te dire vna cosa que tú muchos dias ha que desseas saber. Esso haré yo de muy buena gana (dixo Arsileo) porque ningun seruiçio se os puede hazer, que no quepa en vuestro meresçimiento. Y descolgando Amarilida y Arsileo sendos çurrones, dieron de comer a Felismena, de aquello que para sí tenian. Y despues que vuo acabado, deseando Felismena de alegrar a aquel que con tanta tristeza biuia, le empeço a hablar desta manera: No ay en la vida (o Arsileo) cosa que en más se deua tener, que la firmeza, y más en coraçon de muger adonde las menos vezes suele hallarse, mas tambien hallo otra cosa, que las más vezes son los hombres causa de la poca constançia que con ellos se tiene. Digo esto, por lo mucho que tú deues a vna pastora que yo conozco, la qual si agora supiesse que eres biuo, no creo que auria cosa en la uida que mayor contento le diesse. Y entonçes, le començo a contar por orden todo lo que auia passado, desde que mató los tres saluages, hasta que uino en casa de la sábia Felicia. En la qual cuenta, Arsileo oyo nueuas de la cosa que más queria, con todo lo que con ella auian passado las Nimphas, al tiempo que la hallaron durmiendo en la isleta del estanque, como atras aueys oydo, y lo que sintio de saber que la fe que su pastora le tenía jamas su coraçon auia desamparado, y el lugar cierto donde la auia de hallar, fue su contentamiento tan fuera de medida, que estuuo en poco de ponelle a peligro la vida. Y dixo contra Felismena: ¿qué palabras bastarian (hermosa pastora) para encaresçer la gran merçed que de vos he reçebido, o qué obras para poderos la seruir? Plega a Dios que el contentamiento, que vos me aueys dado, os dé él en todas las cosas que vuestro coraçon dessea. O mi señora Belisa, que es posible, que tan presto he yo de ver aquellos ojos, que tan gran poder en mí tuuieron? Y que despues de tantos trabajos me auia de sucçeder tan soberano descanso? Y diziendo esto con muchas lagrimas tomaua las manos de Felismena, y se las besana. Y la pastora Amarilida hazia lo mesmo, diziendo: verdaderamente (hermosa pastora) vos aueys alegrado vn coraçon el más triste que yo he pensado ver, y el que menos meresçia estarlo. Seys meses ha, que Arsileo biue en esta cabaña la más triste vida que nadie puede pensar. Y vnas pastoras que por estos prados repastan sus ganados (de cuya compañía yo soy) algunas uezes le entrauamos a ver y a consolar, si su mal sufriera consuelo. Felismena le respondio: no es el mal de que está doliente, de manera que pueda reçebir consuelo de otro, sino es de la causa dél o de quien le dé las nueuas que yo aora le he dado. Tan buenas son para mí, hermosa pastora (le dixo Arsileo) que me han renouado un coraçon enuegeçido en pesares. A Felismena se le entrenesçio el coraçon tanto de uer las palabras que el pastor dezia, y de las lagrimas, que de contento lloraua, quanto con las suyas dió testimonio, y desta manera estuuieron alli toda la tarde, hasta que la fiesta fue toda passada, que despidiendose Arsileo de las dos pastoras, se partio con mucho contento, para el templo de Diana, por donde Felismena le auia guiado.
Syluano y Seluagia con aquel contento que suelen tener los que gozan despues de larga ausençia de la vista de sus amores, caminauan hazia el deleytoso prado, donde sus ganados andauan pasçiendo, en compañia del pastor Sireno; el qual aunque yua ageno del contentamiento que en ellos ueya, tambien lo yua de la pena que la falta dél suele causar. Porque ni él pensaua en querer bien ni se le daua nada en no ser querido. Syluano le dezia: Todas las uezes que te miro (amigo Sireno) me paresçe que ya no eres el que solias: mas antes creo que te has mudado, juntamente con los pensamientos. Por una parte casi tengo piedad de ti, y por otra, no me pesa de verte tan descuydado de las desuenturas de amor. ¿Por qué parte (dixo Sireno) tienes de mí manzilla? Syluano le respondio. Porque me paresçe, que estar vn hombre sin querer, ni ser querido, es el más enfadoso estado, que puede ser en la vida. No ha muchos dias (dixo Sireno) que tú entendias esto muy al reues, plega a Dios que en este mal estado me sustente a mí la fortuna, y a ti en el contento que reçibes con la vista de Seluagia. Que puesto caso, que se puede auer embidia de amar, y ser amado de tan hermosa pastora: yo te aseguro que la fortuna no se descuyde de templaros el contento que reçebis con vuestros amores. Seluagia dixo entonces: no será tanto el mal que ella con sus desuariados sucçesos nos puede hazer, quanto es el bien de verme tan bien empleada. Sireno le respondió: Ah Seluagia, que yo me he visto tambien querido quanto nadie puede verse, y tan sin pensamiento de ver fin a mis amores, como vosotros lo estays aora: Mas nadie haga cuenta sin la fortuna, ni fundamento sin considerar las mudanças de los tiempos. Mucho deuo a la sábia Feliçia, Dios se lo pague, que nunca yo pense poder contar mi mal en tiempo que tan poco lo sintiesse. En mayor deuda le soy yo (dixo Seluagia) pues fue causa que quisiesse bien a quien yo jamas dexe de uer delante mis ojos. Syluano dixo boluiendo los suyos hazia ella: essa deuda, esperança mia, yo soy el que con más razon la deuia pagar, a ser cosa que con la vida pagar se pudiera. Essa os dé Dios, mi bien (dixo Seluagia) porque sin ella la mia sería muy escusada. Sireno viendo las amorosas palabras que se dezian, medio riendo les dixo: No me paresçe mal que cada uno se sepa pagar tan bien que ni quiera quedar en deuda, ni que le deuan, y aun lo que me paresçe, es que segun las palabras que unos a otros dezis, sin yo ser el terçero, sabriades tratar nuestros amores. En estas y otras razones passauan los nueuos enamorados y el descuydado Sireno el trabajo de su camino, al qual dieron fin al tiempo que el sol se queria poner, y antes que llegassen a la fuente de los Alisos, oyeron vna boz de una pastora, que dulçemente cantaua: la qual fue luego conosçida, porque Syluano en oyendola, les dixo: Sin duda es Diana, la que junto a la fuente de los Alisos canta. Seluagia respondio: Verdaderamente aquella es, metamonos entre los myrthos, junto a ella, porque mejor podamos oylla. Sireno les dixo: Sea como nosotros ordenaredes, aunque tiempo fue que me diera mayor contento su musica, y aun su vista que no agora. Y entrandose todos tres por entre los espesos myrthos, ya que el sol se queria poner, vieron junto a la fuente a la hermosa Diana, con tan grande hermosura, que como si nunca la vuieran visto, ansi quedaron admirados: tenía sueltos sus hermosos cabellos, y tomadas atras con una çinta encarnada, que por medio de la cabeça los repartia. Los ojos puestos en el suelo y otras vezes en la clara fuente, y limpiando algunas lagrimas, que de quando en quando le corrian, cantaua este romançe.
Quando yo triste nasçi, luego nasçi desdichada: luego los hados monstraron mi suerte desuenturada, el sol escondió sus rayos, la luna quedó eclipsada, murio mi madre en pariendo, moça hermosa, y mal lograda: el ama que me dio leche, jamas tuuo dicha en nada, ni menos la tune yo, soltera ni desposada. Quise bien, y fuy querida: oluidé, y fuy oluydada: esto causó vn casamiento, que a mí me tiene cansada. Casara yo con la tierra, no me viera sepultada entre tanta desuentura que no puede ser contada. Moça me casó mi padre, de su obediençia forçada: puse a Sireno en oluido que la fe me tenía dada, pago tan bien mi descuydo qual no fue cosa pagada. Celos me hazen la guerra, sin ser en ellos culpada: con çelos uoy al ganado, con çelos a la majada, y con çelos me leuanto contino a la madrugada: con çelos como a su mesa, y en su cama só acostada, si le pido de que ha çelos, no sabe responder nada; jamas tiene el rostro alegre, siempre la cara inclinada, los ojos por los rincones, la habla triste y turbada, ¡cómo biuira la triste que se uee tan mal casada!
A tiempo pudiera tomar a Sireno el triste canto de Diana, con las lagrimas que derramaua cantando y la tristeza de que su rostro daua testimonio, que al pastor pusieran en riesgo de perder la uida, sin ser nadie parte para remedialle, mas como ya su coraçon estaua libre de tan peligrosa prision, ningun contento reçibio con la uista de Diana, ni pena con sus tristes lamentaçiones. Pues el pastor Syluano, no tenía a su paresçer porque pesalle de ningun mal que a Diana sucçediesse; visto como ella jamas se auia dolido de lo que a su causa auia passado. Sola Seluagia le ayudó con lagrimas, temerosa de su fortuna. Y dixo contra Sireno. Ninguna perfecçion, ni hermosura puede dar la naturaleza, que con Diana largamente no la aya repartido: porque su hermosura no creo yo que tiene par, su graçia, su discreçion, con todas las otras partes que una pastora deue tener. Nadie le haze uentaja, sola una cosa le faltó, de que yo siempre le vue miedo, y esto es la ventura: pues no quiso dalle compañia con que pudiesse passar la uida, con el descanso que ella meresçe. Sireno respondio: quien a tantos le ha quitado, justa cosa es que no le tenga. Y no digo esto, porque no me pese del mal desta pastora, sino por la grandissima causa que tengo de dessearsele. No digas esso (dixo Seluagia) que yo no puedo creer que Diana te aya ofendido en cosa alguna. ¿Qué offensa te hizo ella en casarse, siendo cosa que estaua en la uoluntad de su padre, y deudos, más quen la tuya? Y despues de casada, qué pudo hazer por lo que tocaua a su honra, sino oluidarte? cierto, Sireno, para quexarte de Diana más legitimas causas auia de auer que las que hasta aora emos uisto, Siluano dixo: Por cierto, Sireno, Seluagia tiene tanta razon en lo que dize que nadie con ella se lo puede contradizir. Y si alguno con causa se puede quexar de su ingratitud, yo soy: que la quise todo lo que se puede querer, y tuuo tan mal conosçimiento, como fue el tratamiento que vistes que siempre me hazia. Seluagia respondio, poniendo en él unos amorosos ojos, y dixo: Pues no erades uos mi pastor para ser mal tratado, que ninguna pastora ay en el mundo, que no gane mucho en que uos la querays. A este tiempo Diana sintio que çerca della hablauan, porque los pastores se auian descuydado algo de hablar, de manera que ella no les oyesse: y leuantandose en pie miró entre los myrthos y conosçio los pastores y pastora que entre ellos estaba asentada. Los quales uiendo que auian sido uistos, se unieron a ella, y la resçibieron con mucha cortesia, y ella a ellos, con muy gran comedimiento, preguntandoles adonde auian estado. A lo qual, ellos respondieron con otras palabras, y otros mouimientos de rostro, de lo que respondian a lo que ella solia preguntalles: cosa tan nueua para Diana, que puesto caso que los amores de ninguno dellos le diessen pena, en fin le pesó de uerlos tan otros de lo que solian; y más quando entendio en los ojos de Syluano el contentamiento que los de Seluagia le dauan, y porque era ya hora de recogerse, y el ganado tomaua su acostumbrado camino hazia el aldea, ellos se fueron tras él: y la hermosa Diana dixo contra Sireno: muchos dias ha (pastor) que por este valle no te he visto: más ha (dixo Sireno) que a mí me yua la vida que no me viesse quien tan mala me la ha dado, mas en fin no da poco contento hablar en la fortuna passada el que ya se halla en seguro puerto. En seguro te paresçe, dixo Diana, el estado en que agora biues? No deue ser muy peligroso (dixo Sireno), pues yo oso hablar delante de ti desta manera. Diana respondio: nunca yo me acuerdo verte por mí tan perdido, que tu lengua no tuuiesse la libertad que aora tiene. Sireno le respondio: tan discreta eres en imaginar esso, como en todas las otras cosas. Por qué causa? (dixo Diana) Porque no ay otro remedio, dixo Sireno, para que tú no sientas lo que perdiste en mí, sino pensar que no te quería yo tanto que mi lengua dexasse de tener la libertad que dizes. Mas con todo esso plega a Dios (hermosa Diana) que siempre te dé tanto contento quanto en algun tiempo me quesiste, que puesto caso que ya nuestros amores sean passados, las reliquias que en el alma me han quedado bastan para dessearte yo todo el contentamiento posible. Cada palabra dessas para Diana era arrojalle vna lança, que Dios sabe si quisiera ella más yr oyendo quexas, que creyendo libertades, y aunque ella respondia a todas las cosas, que los pastores le dezian, con çierto descuydo, y se aprouechaua de toda su discreçion para no dalles á entender que le pesaua de uer los tan libres, todavia se entendia muy bien el descontento que sus palabras le dauan. Y hablando en estas y otras cosas, llegaron al aldea, a tiempo que de todo punto el sol auia escondido sus rayos, y despidiendose unos de otros, se fueron a sus posadas.
Pues boluiendo a Arsileo, el qual con grandissimo contentamiento, y desseo de uer a[1262] su pastora, caminaua hazia el bosque donde el templo de la diosa Diana estaua, llegó junto a vn arroyo, que çerca del sumptuoso templo por entre unos uerdes alisos corria, a la sonbra de los quales se asento, esperando que uiniesse por alli alguna persona, con quien hiziesse saber a Belisa de su uenida, porque le paresçia peligroso dalle algun sobresalto, teniendolo ella por muerto. Por otra parte el ardiente desseo que tenía de uerla no le daba lugar a ningun reposo. Estando el pastor consultando consigo mismo el consejo que tomaria, uio uenir hazia si una Nimpha de admirable hermosura, con un arco en la mano, y una aljaua al cuello: mirando a una y a otra parte, si auia alguna caça en qué emplear una aguda saeta, que en el arco traya puesta. Y quando uio al pastor se fue derecha a él, y él se leuantó, y le hizo el acatamiento que a tan hermosa Nimpha deuia hazerse. Y de la misma manera fue della reçibido, porque ésta era la hermosa Polidora, una de las tres que Felismena, y los pastores libraron del poder de los saluages, y muy affiçionada a la pastora Belisa. Pues boluiendose ambos assentar sobre la uerde yerua, Polidora le preguntó de qué tierra era, y la causa de su uenida. A lo qual Arsileo respondio: Hermosa Nimpha, la tierra donde yo nasçi me ha tratado de manera, que paresçe que me hago agrauio en llamarla mía, aunque por otra parte le deuo más de lo que yo sabria encaresçer. Y para que yo te diga la causa que tuuo la fortuna de traerme a este lugar, sería menester que primero me dixesses, si eres de la compañia de la sábia Feliçia, en cuya casa me dizen que está la hermosa pastora Belisa (causa de mi destierro) y de toda la tristeza que la ausençia me ha hecho suffrir. Polidora respondio: de la compañia de la sábia Feliçia soy y la mayor amiga dessa pastora que has nombrado que ella en la uida puede tener, y para que tambien me tengas en la misma posession, si aprouechasse algo, aconsejarte hya, que siendo posible oluidalla, que lo hiziesses. Porque tan imposible es remedio de tu mal, como del que ella padesçe, pues la dura tierra come ya aquel de quien con tanta razon lo esperaua. Arsileo le respondio: Será por uentura esse que dizes que la tierra come, su seruidor Arsileo? Si por çierto, dixo Polidora, esse mismo es el que ella quiso más que a sí, el que con más razon podemos llamar desdichado, despues de ti, pues tienes puesto el pensamiento en lugar donde el remedio es imposible. Que puesto caso que jamas fuy enamorada, yo tengo por aueriguado, que no es tan grande mal la muerte, como el que deue padesçer la persona que ama a quien tiene la uoluntad empleada en otra parte. Arsileo le respondio: Bien creo, hermosa Nimpha, que segun la constançia y bondad de Belisa, no será parte la muerte para que ella ponga el pensamiento en otra cosa, y que no aurá nadie en el mundo que de su pensamiento le quitasse. Y en ser esto ansi, consiste toda mi bienauenturança. ¿Cómo, pastor (le dixo Polidora) queriendola tú de la manera que dizes, está tu feliçidad en que ella tenga en otra parte tan firme el pensamiento? Essa es nueua manera de amor, que yo hasta agora no he oydo. Arsileo le respondio: para que no te marauilles, hermosa Nimpha, de mis palabras, ni de la suerte del amor que a mi señora Belisa tengo, está un poco atenta, y contarte he lo que tú jamas pensaste oyr, aunque el prinçipio dello te deue auer contado essa tu amiga y señora de mi coraçon. Y luego le conto desdel prinçipio de sus amores, hasta el engaño de Alfeo con los encantamientos que hizo, y todo lo demas que destos amores hasta entonçes auia sucçedido, de la manera que atras lo he contado, lo qual contaua el pastor, aora con lagrimas cansadas de traer a la memoria sus desuenturas pasadas, aora con sospiros que del alma le salian, imaginando lo que en aquellos passos su señora Belisa podia sentir. Y con las palabras y mouimientos del rostro, daua tan grande spirito a lo que dezia, que a la Nimpha Polidora puso en grande admiraçion, mas quando entendio que aquel era uerdaderamente Arsileo, el contento que desto reçibio, no se atreuia dallo a entender con palabras, ni aun le paresçia que podria hazer más que sentillo. Ved qué se podia esperar de la desconsolada Belisa, quando lo supiesse! Pues poniendo los ojos en Arsileo, no sin lagrimas de grandissimo contentamiento le dixo: Quisiera yo (Arsileo) tener tu discreçion y claridad de ingenio para darte a entender lo que siento del allegre sucçesso que a mi Belisa le ha soliçitado la fortuna, porque de otra manera sería escusado pensar yo que tan baxo ingenio como el mio, podria dallo a entender. Siempre yo tuue creydo que en algun tiempo la tristeza de mi Belisa se auia de boluer en grandissima alegria, porque su hermosura y discreçion, juntamente con la grandissima fe que siempre te ha tenido, no meresçia menos. Mas por otra parte tuue temor que la fortuna no tuuiesse cuenta con dalle lo que yo tanto le desseaua. Porque su condiçion es, las más de las uezes, traer los sucçessos muy al reues del desseo de los que quieren bien. Dichoso te puedes llamar, Arsileo, pues mereçiste ser querido en la vida, de manera que en la muerte no pudiesses ser oluidado. Y porque no se sufre dilatar mucho tan gran contentamiento a vn coraçon que tan neçessitado dél está, dame liçençia para que yo vaya a dar tan buenas nueuas a tu pastora, como son las de tu vida y su desengaño. Y no te vayas deste lugar, hasta que yo buelua con la persona que tú más deseas ver, y con más razon te lo meresçe. Arsileo le respondio: hermosa Nimpha, de tan gran discreçion y hermosura como la tuya, no se puede esperar sino todo el contento del mundo. Y pues tanto desseas darmele, haz en ello tu voluntad, que por ella me pienso regir, ansi en esto, como en lo de más que sucçediere. Y despidiendose vno de otro, Polidora se partio a dar la nueua a Belisa, y Arsileo la quedó esperando a la sombra de aquellos alisos; el qual por entretener el tiempo en algo, como suelen hazer las personas que esperan alguna cosa que gran contento les dé, sacó su rabel, y començo a cantar desta manera.
Ya dan buelta el amor y la fortuna, y vna esperança muerta, o desmayada la esfuerça cada vno,[1263] y la assegura.
Ya dexan infortunios la posada de vn coraçon en fuego consumido, y una alegria viene no pensada.
Ya quita el alma al luto, y el sentido la posada apareja a la alegria, poniendo en el pesar eterno oluido.
Qualquiera mal de aquellos que solia passar quando reynaua mi tormento, y en fuego del ausençia me ençendia.
A todos da fortuna tal descuento, que no fue tanto mal del mal passado, quanto es el bien, del bien que agora siento.
Bolued, mi coraçon sobresaltado de mil desassosiegos, mil enojos: sabed gozar si quiera un buen estado.
Dexad vuestro llorar, cansados ojos, que presto gozareys de uer aquella, por quien gozó el amor de mis despojos.
Sentidos que buscays mi clara estrella, embiando acá y allá los pensamientos, a uer lo que sentis delante della?
A fuera soledad y los tormentos, sentidos a su causa, y dexen desto mis fatigados miembros muy essentos.
O tiempo no te pares, passa presto, fortuna, no le estorues su uenida: ay Dios? que aun me quedó por passar esto?
Ven mi pastora dulçe, que la uida que tú pensaste que era ya acabada, está para seruirte aperçebida.
No uienes, mi pastora desseada? ay Dios, si la ha topado, o se ha perdido en esta selua de arboles poblada?
O si esta Nimpha que de aqui se ha ydo quiça que se oluidó de yr a buscalla: más no, tal voluntad no suffre oluido.
Tú sola eres pastora adonde halla mi alma su descanso y su alegria, por qué no vienes presto a asseguralla?
¿No vees como se ua passando el dia, y si se passa acaso sin yo verte, yo boluere al tormento que solia, y tú de veras llorarás mi suerte?
Quando Polidora se partió de Arsileo, no muy lexos de alli topó a la pastora Belisa, que en compañia de las dos Nimphas, Cinthia y Polidora, se andaua recreando por el espesso bosque; y como ellas la viessen venir con grande priesa, no dexaron de alborotarse paresçiendoles que yua huyendo de alguna cosa de que ellas tambien les cumpliesse de[1264] huyr. Ya que uuo llegado vn poco más cerca, la alegria que en su hermoso rostro uieron las asseguró, y llegando a ellas, se fue derecha a la pastora Belisa, y abraçandola, con grandissimo gozo y contentamiento le dixo: Este abraço (hermosa pastora) si uos supiessedes de qué parte uiene, con mayor contento le reçibiriades del que aora teneys. Belisa le respondio: de ninguna parte (hermosa Nimpha) él puede uenir, que yo en tanto le tenga, como es de la vuestra, que la parte de que yo lo pudiera tener en más, ya no es en el mundo, ni aun yo deuria querer biuir, faltandome todo el contento que la uida me podia dar. Essa uida espero yo en Dios, dixo Polidora, que uos de aqui adelante terneys con más alegria de la que podeys pensar. Y sentemonos a la sombra deste uerde aliso, que grandes cosas traygo que deçiros. Belisa y las Nimphas se assentaron, tomando en medio a Polidora, la qual dixo a Belisa: Dime, hermosa pastora, tienes tú por çierta la muerte de Arsenio y Arsileo? Belisa le respondio, sin poder tener las lagrimas: Tengola por tan çierta, como quien con sus mismos ojos la uio, uno atrauessado con una saeta, y al otro matarse con su misma espada. Y qué dirias (dixo Polidora) a quien te dixesse, que estos dos que tú uiste muertos, son biuos, y sanos, como tú lo eres? Respondiera yo a quien esso me dixesse (dixo Belisa) que ternía desseo de renouar mis lagrimas, trayendomelos a la memoria, o que gustaua de burlarse de mis trabajos. Bien segura estoy (dixo Polidora) que tú esso pienses de mí pues sabes que me han dolido más que a ninguna persona que tú lo ayas contado. Mas dime, quién es un pastor de tu tierra, que se llama Alfeo? Belisa respondio: El mayor hechizero y encantador que ay en nuestra Europa: y aun algun tiempo, se preçiaua él de seruirme. Es hombre (hermosa Nimpha) que todo su trato y conuersaçion es con los demonios a los quales él haze tomar la forma que quiere. De tal manera que muchas uezes pensays que con vna persona a quien conosçeys, estays hablando, y vos hablays con el demonio a que él haze tomar aquella figura. Pues has de saber, hermosa pastora, dixo Polidora, que esse mismo Alfeo con sus hechizerias, ha dado causa al engaño en que hasta agora has biuido, y a las infinitas lagrimas que por esta causa has llorado porque sabiendo él que Arsileo te auia de hablar aquella noche que entre uosotros estaua conçertado, hizo que dos spiritus tomassen las figuras de Arsileo y de su padre, y queriendote Arsileo hablar, passasse delante de ti lo que uiste. Porque paresçiendote que eran muertos, desesperasses, o a lo menos, hiziesses lo que heziste. Quando Belisa oyo lo que la hermosa Polidora le auia dicho, quedó tan fuera de sí, que por vn rato no supo respondelle; pero boluiendo en si, le dixo, Grandes cosas, hermosa Nimpha, me has contado, si mi tristeza no me estoruasse creellas. Por lo que dizes que me quieres, te suplico que me digas de quién has sabido, que los dos que yo vi delante de mis ojos muertos, no eran Arsenio y Arsileo? De quién? (dixo Polidora) del mismo Arsileo. Cómo Arsileo? Respondió Belisa. Que es posible que el mi Arsileo está biuo? y en parte que te lo pudiesse contar? Yo te diré quán posible es, dixo Polidora, que si uienes comigo, antes que lleguemos a aquellas tres hayas, que delante de los ojos tienes, te lo mostraré. Ay Dios, dixo Belisa, qué es esto que oyo? Que es verdad, que está alli todo mi bien? Pues qué hazes (hermosa Nimpha) que no me lleuas a uerle? No cumples con el amor que dizes siempre me as tenido. Esto dezia la hermosa pastora, con vna mal segura alegria, con vna dudosa esperança de lo que tanto deseaua, mas leuantandose Polidora, y tomandola por la mano, juntamente con las Nimphas Cinthia, y Dorida, que de plazer no cabian en ver el buen suçesso de Belisa, se fueron hazia el arrroyo, donde Arsileo estaua. Y antes que allá llegassen, vn templado ayre, que de la parte de donde estaua Arsileo venia, les hirio con la dulçe boz del enamorado pastor en los oydos, el qual aun a este tiempo no auia dexado la musica: mas antes començó de nueuo a cantar esta mote antiguo, con la glosa que el mismo alli a su proposito hizo.
VENTURA, UEN Y DURA
Glosa.
Qué tiempos, que mouimientos, qué caminos tan estraños, qué engaños, qué desengaños, qué grandes contentamientos nasçieron de tantos daños: todo lo sufre vna fe y un buen amor lo assegura, y pues que mi desuentura, ya de enfadada se fue, ven, ventura, uen y dura. Sueles, ventura, mouerte con ligero mouimiento, y si en darme este contento no ymaginas tener fuerte, más me uale mi tormento; que si te vas al partir, falta el seso y la cordura: mas si para estar segura te determinas venir, ven, ventura, uen y dura. Si es en uano mi uenida, si acaso biuo engañado, que todo teme vn cuytado, no fuera perder la uida consejo más açertado? o temor, eres estraño, siempre el mal se te figura, mas ya que en tal hermosura no puede caber engaño, ven, ventura, uen y dura[1265].
Qvando Belisa oyó la musica de su Arsileo, tan gran alegría llegó a su coraçon, que sería imposible sabello dezir, y acabando de todo punto de dexar la tristeza que el alma le tenía occupada, de adonde procedia su hermoso rostro no mostrar aquella hermosura de que la naturaleza tanta parte le auia dado, ni aquel ayre y graçia, causa prinçipal de los sospiros del su Arsileo, dixo con vna tan nueua graçia y hermosura que las Nimphas dexó admiradas: Esta sin duda es la boz del mi Arsileo, si es verdad, que no me engaño en llamarle mío. Quando el pastor vio delante de sus ojos la causa de todos sus males passados, fue tan grande el contentamiento que reçibió, que los sentidos, no siendo parte para conprehendelle en aquel punto, se le turbaron de manera que por entonçes no pudo hablar. Las Nimphas sintiendo lo que en Arsileo auio causado la vista de su pastora, se llegaron a él a tiempo que suspendiendo el pastor por vn poco lo que el contentamiento presente le causaua, con muchas lagrimas dezia: O pastora Belisa, con qué palabras podré yo encaresçer la satisfacçion que la fortuna me ha hecho de tantos y tan desusados trabajos, como a causa tuya, he passado? O quién me dara un coraçon nueuo, y no tan hecho a pesares como el mío, para reçebir vn gozo tan estremado, como el que tu uista me causa? O fortuna, ni yo tengo más que te pedir, ni tú tienes más que darme. Sola una cosa te pido. Ya que tienes por costumbre, no dar a nadie ningun contento estremado, sin dalle algun disgusto en cuenta dél, que con pequeña tristeza, y de cosa que duela poco, me sea templada la gran fuerça de la alegria, que en este dia me diste: O hermosas Nimphas, ¿en cuyo poder auia de estar tan gran thesoro, sino en el vuestro, adonde pudiera él estar mejor empleado? Alegrense vuestros coraçones con el gran contentamiento, que el mio resçibe: que si algun tiempo quesistes bien, no os paresçerá demasiado. O hermosa pastora, por qué no me hablas? ha te pesado por ventura de ver al tu Arsileo? ha turbado tu lengua, el pesar de auello uisto, o el contentamiento de velle? Respondeme, porque no sufre lo que te quiero yo estar dudoso de cosa tuya? La pastora entonçes le respondio: muy poco sería el contento de verte (o Arsileo) si yo con palabras pudiesse dezillo. Contentate con saber el extremo en que tu fingida muerte me puso, y por él verás la gran alegria en que tu vida me pone. Y viniendole a la pastora, al postrero punto destas palabras, las lagrimas a los ojos, calló lo mas que dezir quisiera: a las quales las Nimphas enternesçidas de las blandas palabras que los dos amantes se dezian, les ayudaron. Y porque la noche se les açercaua, se fueron todos juntos hazia la casa de Feliçia, contandose vno a otro lo que hasta alli auian passado. Belisa preguntó a Arsileo por su padre Arsenio: y el respondio que en sabiendo que ella era desaparesçida, se auia recogido en una heredad suya, que está en el camino, a do biue con toda la quietud posible, por auer puesto todas las cosas del mundo en oluido, de que Belisa en extremo se holgó, y assi llegaron en casa de la sábia Feliçia donde fueron muy bien reçebidos. Y Belisa le besó muchas vezes las manos, diziendo que ella auia sido causa de su buen suçesso, y lo mismo hizo Arsileo, a quien Feliçia mostro gran voluntad de hazer siempre por él lo que en ella fuesse.
Fin del quinto libro.
NOTAS:
[1260] Le en la edición de Milán.
[1261] Falta el que en la edición de Milán.
[1262] Falta el á en la edición de Milán.
[1263] Cada cual, en la edición de Milán.
[1264] Falta el de en la edición de Milán.
[1265] En la edición de Milán, siempre tura en vez de dura.
LIBRO SEXTO DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Despues que Arsileo se partio, quedó Felismena con Amarilida la pastora que con él estaua, pidiendose vna a otra cuenta de sus vidas, cosa muy natural de las que en semejantes partes se hallan. Y estando Felismena contando a la pastora la causa de su venida, llegó a la choça vn pastor de muy gentil disposiçion y arte: aunque la tristeza paresçia que le traya encubierta gran parte della. Quando Amarilida le vio, con la mayor presteza que pudo se leuantó para yrse, mas Felismena la trauó de la saya, sospechando lo que podia ser, y le dixo: No sería justo (hermosa pastora) que esse agrauio reçebiesse de ti, quien tanto desseo tiene de seruirte, como yo. Mas como ella porfiasse de yrse de alli, el pastor con muchas lagrimas dezia: Amarilida, no quiero que teniendo respecto a lo que me haze suffrir, te duelas deste desuenturado pastor, sino que tengas cuenta con tu gran valor y hermosura, y con que no ay cosa en la uida que peor esté a una pastora de tu qualidad, que tratar mal a quien tanto la[1266] quiere. Mira, Amarilida mia, estos cansados ojos, que tantas lagrimas han derramado, y uerás la razon que los tuyos tienen de no mostrarse ayrados contra este sin uentura pastor. ¡Ay que me huyes por no uer la razon que tienes de aguardarme! Espera, Amarilida, oyeme lo que digo, y siquiera no me respondas. ¿Qué te cuesta oyr a quien tanto le ha costado uerte? Y boluiendose a Felismena con muchas lagrimas le pedia que no le dexasse yr: la qual importunaua con muy blandas palabras a la pastora, que no tratasse tan mal a quien mostraua quererla más que a sí: y que le escuchasse pues en ello auenturaua tan poco. Mas Amarilida respondio: Hermosa pastora, no me mandeys oyr a quien dé más credito a sus pensamientos que a mis palabras. Cata que este que delante de ti está, es uno de los desconfiados pastores, que se sabe, y de los que mayor trabajo dan a las pastoras que quieren bien. Filemon dixo contra Felismena: Yo quiero (hermosa pastora) que seas el juez entre mi y Amarilida, y si yo tengo culpa del enojo que comigo tiene, quiero perder la vida. E si ella la tuuiera, no quiero otra cosa, sino que en paga desto, conozca lo que me deue. De perder tú la vida (dixo Amarilida) yo estoy bien segura, porque ni a ti te quieres tanto mal, que lo hagas, ni a mí tanto bien, que por mi causa te pongas en auentura de perder la vida. Mas yo agora quiero, que esta hermosa pastora juzgue, vista mi razon y la tuya, quál es más digno de culpa entre los dos. Sea assi (diso Felismena) y sentemonos al pie desta verde haya, junto al prado florido que delante los ojos tenemos, porque quiero ver la razon, que cada vno tiene, de quexarse del otro. Despues que todos se vuieron assentado sobre la uerde yerua, Filemon començo a hablar desta manera: Hermosa pastora, confiado estoy, que si acaso has sido tocada de amores, conoçeras la poca razon que Amarilida tiene de quexarse de mí y de sentir tan mal de la fe que le tengo, que venga a ymaginar lo que nadie de su pastor imaginó. Has de saber, hermosa pastora, que quando yo nasçi, y aun ante mucho que nasçiesse, los hados me destinaron para que amasse esta hermosa pastora que delante mis tristes y tus hermosos ojos está, y a esta causa he respondido con el effecto de tal manera, que no creo que ay amor como el mio, ni ingratitud como la suya. Sucçedio, pues, que seruiendola desde mi niñez, lo mejor que yo he sabido, aurá como çinco o seis meses, que mi desuentura aportó por aqui a vn pastor llamado Arsileo, el qual buscaua vna pastora, que se llama Belisa, que por çierto mal suçesso, anda por estos bosques desterrada. Y como fuesse tanta su tristeza, sucçedio que esta cruel pastora que aqui veys, o por mançilla que tuuo dél, o por la poca que tiene de mí, o por lo que ella se sabe, jamas la he podido apartar de su compañia. Y si acaso le hablaua en ello paresçia que me queria matar, porque aquellos ojos que alli veys, no causan menos espanto, quando miran, estando ayrados, que alegria, quando estan serenos. Pues como yo estuuiesse tan occupado, el coraçon de grandissimo amor, el alma de vna affeçion[1267] jamas oyda, el entendimiento de los mayores çelos, que nunca nadie tuuo, quexauame a Arsileo con sospiros, y a la tierra con amargo llanto: mostrando la sin razon que Amarilida me hazia. Ha le causado tan grande aborresçimiento auer yo imaginado cosa contra su honestidad que por vengarse de mi, ha perseuerado en ello hasta aora, y no tan solamente haze esto, mas en viendome delante sus ojos, se va huyendo como la medrosa çierua de los hambrientos lebreles. Ansi que por lo que deues a ti misma, te pido que juzgues, si es bastante la causa que tiene de aborresçerme y si mi culpa es tan graue, que merezca por ella ser aborresçido. Acabado Filemon de dar cuenta de su mal, y de la sin razon que su Amarilida le hazia, la pastora Amarilida començo a hablar desta manera: Hermosa pastora, auerme Filemon, que ahi está, querido bien (a lo menos auerlo mostrado) sus seruicios an sido tales, que me sería mal contado dezir otra cosa; pero si yo tambien he desechado, por causa suya, el seruiçio de otros muchos pastores, que por estos valles repastan sus ganados, y zagales a quien naturaleza no ha dotado de menos graçia que a otros, el mismo puede dezillo. Porque las muchas uezes que yo he sido requestada, y las que he tenido la firmeza que a su fe deuia, no creo que ha sido muy lexos de su presençia, mas no auia de ser esto parte para que él me tuuiesse tan en poco que ymaginasse de mí cosa contra lo que a mí misma soy obligada; porque si es ansi, y él lo sabe, que a muchos que por mí se perdian, yo he desechado por amor dél, ¿cómo auia yo de desechar a él por otro? ¿O pensaua en él, o en mis amores? Cien mil uezes me ha Filemon açechado, no perdiendo pisada, de las que el pastor Arsileo y yo dauamos por este hermoso ualle, mas él mismo diga si algun dia oyó que Arsileo me dixesse cosa que supiesse a amores, o si yo le respondia alguna que lo paresçiesse ¿Qué dia me vio hablar Filemon con Arsileo, que entendiesse de mis palabras otra cosa, que consolalle de tan graue mal como padesçia? Pues si esto auia de ser causa que sospechasse mal de su pastora, ¿quién mejor puede juzgarlo que él mismo? Mira, hermosa Nimpha, quan entregado estaua a sospechas falsas y dudosas ymaginaçiones, que jamas mis palabras pudieron satisfazelle, ni acabar con él que dexasse de ausentarse deste ualle, pensando él que con ausençia daria fin a mis dias, y engañose, porque antes me paresçe que lo dio al contentamiento de los suyos. Y lo bueno es que aun no se contentaua Filemon de tener çelos de mí, que tan libre estaua como tú, hermosa pastora, aurás entendido, más aun lo publicaua en todas las fiestas, bayles, luchas, que entre los pastores desta sierra se hazian. Y esto ya tú conosçes, si uenia en mayor daño de mi honra que de su contentamiento. En fin, él se ausentó de mi presençia, y pues tomó por mediçina de su mal cosa que más se lo ha acresçentado, no me culpe si me he sabido mejor aprouechar del remedio de lo que él ha sabido tomalle. Y pues tú, hermosa pastora, as uisto el contento que yo reçebi, en que dixesses al desconsolado Arsileo nueuas de su pastora, y que yo misma fuy la que le importuné que luego fuesse a buscalla, claro está que no podia auer entre los dos cosa de que pudiessemos ser tan mal juzgados, como este pastor inconsideradamente nos ha juzgado. Ansi que esta es la causa de yo me auer resfriado del amor que a Filemon tenía, y de no me querer más poner a peligro de sus falsas sospechas, pues me ha traydo mi buena dicha a tiempo, que sin forçarme a mí misma, pudiesse muy bien hazello. Despues que Amarilida vuo mostrado la poca razon que el pastor auia tenido de dar credito a sus ymaginaçiones y la libertad en que el tienpo le auia puesto (cosa muy natural de coraçones essentos), el pastor le respondio desta manera: No niego yo (Amarilida) que tu bondad y discreçion no basta para desculparte de qualquiera sospecha. ¿Mas quieres tú por uentura hazer nouedades en amores, y ser inuentora de otros nueuos effectos de los que hasta agora auemos uisto? ¿Quándo quiso bien vn amador, que qualquiera occasion de çelos, por pequeña que fuesse, no le atormentasse el alma, quanto más siendo tan grande como la que tú con larga conuersaçion y amistad de Arsileo me ha dado? ¿Piensas tú, Amarilida, que para los çelos son menester çertidumbres? Pues engañaste, que las sospechas son las prinçipales causas de tenellos. Creer yo que querias bien a Arsileo por via de amores, no era mucho, pues el publicallo yo, tan poco era de manera que tu honra quedasse offendida: quanto más que la fuerça de amor era tan grande, que me hazia publicar el mal de que me temia. Y puesto caso que tu bondad me assegurasse, quando a hurto de mis sospechas la consideraua, todavia tenía temor de lo que me podia suçeder, si la conuersaçion yua delante. Quanto a lo que dizes que yo me ausenté, no lo hize por darte pena, sino por uer si en la mia podria auer algun remedio, no uiendo delante mis ojos a quien tan grande me la daua, y tambien porque mis importunidades no te la causassen. Pues si en buscar remedio para tan graue mal, fuy contra lo que te deuia: ¿qué más pena que la que tu ausençia me hizo sentir? ¿O qué más muestra de amor que no ser ella causa de oluidarte? ¿Y qué mayor señal del poco que comigo tenias, que auelle tú perdido de todo punto con mi ausençia? Si dizes que jamas quisiste bien a Arsileo, aun esso me da a mi mayor causa de quexarme, pues por cosa en que tan poco te yua, dexauas a quien tanto te desseaua seruir. Ansi que tanto mayor quexa tengo de ti, quanto menos fue el amor que a Arsileo has tenido. Estas son (Amarilida) las razones, y otras muchas que no digo, que en mi fauor puedo traer: las quales no quiero que me ualgan, pues en caso de amores suelen ualer tan poco. Solamente te pido que tu çlemençia y la fe que sienpre te he tenido, esten, pastora, de mi parte, porque si ésta me falta, ni en mis males podra auer fin, ni medio en tu condiçion. Y con esto el pastor dio fin a sus palabras, y prinçipio a tantas lagrimas, que bastaron juntamente con los ruegos, y sentençia que en este caso Felismena dio, para que el duro coraçon de Amarilida se ablandasse, y el enamorado pastor boluiesse en graçia de su pastora: de lo qual quedó tan contento, como nunca jamas lo estuuo, y aun Amarilida no poco gozosa de auer mostrado quán engañado estaua Filemon en las sospechas que della tenía. Y despues de auer passado alli aquel dia con muy gran contentamiento de los dos confederados amadores, y con mayor desassosiego de la hermosa Felismena, ella otro dia por la mañana se partio dellos, despues de muy grandes abraços, y prometimientos de procurar siempre la una de saber del buen sucçesso de la otra.
Pues Sireno muy libre del amor, y Seluagia y Syluano muy más enamorados que nunca, la hermosa Diana muy descontenta del triste sucçesso de su camino, passaua la uida apasçentando su ganado por la ribera del caudaloso Ezla: adonde muchas uezes, topandose unos a otros, hablauan en lo que mayor contento les daua. Y estando un dia la discreta Seluagia con el su Syluano junto a la fuente de los alisos, llegó acaso la pastora Diana, que uenia en busca de un cordero que de la manada se le auia huydo, el qual Syluano tenía atado a un myrtho, porque quando alli llegaron, le halló beuiendo en la clara fuente, y por la marca conosçio ser de la hermosa Diana. Pues siendo, como digo, llegada y resçebida de los dos nueuos amantes, con gran cortesia se assento entre la uerde yerua, arrimada a uno de los alisos que la fuente rodeauan, y despues de auer hablado en muchas cosas, le dixo Syluano: ¿Cómo (hermosa Diana) no nos preguntas por Sireno? Diana entonces le respondio: Como no querria tratar de cosas passadas, por lo mucho que me fatigan las presentes: tienpo fue que preguntar yo por él le diera más contento, y aun a mí el hablalle, de lo que a ninguno de los dos aora nos dara, mas el tienpo cura infinitas cosas que a la persona le paresçen sin remedio. Y si esto assi no entendiesse, ya no auria Diana en el mundo, segun los desgustos y pesadumbres que cada dia se me offreçen. No querra Dios tanto mal al mundo (respondio Seluagia), que le quite tan grande hermosura como la tuya. Essa no le faltará en quanto tú biuieres (dixo Diana) y adonde está tu graçia y gentileza muy poco se perderia en mí. Sino miralo por el tu Syluano, que jamas pensé yo que él me oluidara por otra pastora alguna, y en fin me ha dado de mano por amor de ti. Esto dezia Diana, con una risa muy graçiosa, aunque no se reya destas cosas tanto, ni tan de gana, como ellos pensauan. Que puesto caso que ella uuiesse querido a Sireno más que a su uida, y a Syluano le uuiesse aborresçido, más le pesaua del oluido de Syluano, por ser causado de otra, de cuya vista estaua cada dia gozando con gran contentamiento de sus amores, que del oluido de Sireno, a quien no mouia ningun pensamiento nueuo. Quando Syluano oyó lo que Diana auia dicho, le respondio: Oluidarte yo, Diana, seria escusado, porque no es tu hermosura y ualor de los que oluidarse pueden. Verdad es que yo soy de la mi Seluagia: porque de más de auer en ella muchas partes, que hazello me obligan, no tuuo en menos su suerte, por ser amada de aquél a quien tú en tan poco tuuiste. Dexemos esso (dixo Diana) que tú estás muy bien empleado, y yo no lo miré bien, en no quererte como tu amor me lo meresçia. Si algun contento en algun tienpo desseaste darme, ruegote todo quanto puedo que tú y la hermosa Seluagia canteys alguna cançion por entretener la fiesta: que me paresçe que comiença de manera que será forçado passalla debaxo de estos alisos, gustando del ruydo de la clara fuente, el qual no ayudará poco a la suavidad de vuestro canto. No se hizieron de rogar los nueuos amadores, aunque la hermosa Seluagia no gustó mucho de la platica que Diana con Syluano auia tenido. Mas porque en la cançion pensó satisfazer al son de la çampoña que Diana tañía, començaron los dos a cantar desta manera:
Zagal alegre te ueo, y tu fe firme y segura. --Cortome amor la uentura a medida del desseo. ¿Qué desseaste alcançar, que tal contento te diesse? --Querer a quien me quisiesse, que no hay más que dessear. Essa gloria en que te ueo, tienes la por muy segura. --No me la ha dado uentura para burlar al desseo. ¿En quanto estuuiese firme[1268], moririas sospirando? --De oyllo dezir burlando estoy ya para morirme. ¿Mudarias (aunque feo) viendo mayor hermosura? --No porque sería locura pedirme más el desseo. ¿Tienesme tan grande amor, como en tus palabras siento? --Esso a tu meresçimiento lo preguntarás mejor. Algunas uezes lo creo, y otras no estoy muy segura. --Solo en eso la uentura haze offensa a mi desseo. Finge que de otra zagala te enamoras más hermosa. --No me mandes hazer cosa, que aun para fingida es mala. Muy más firmeza te ueo, pastor, que a mi hermosura. --Y a mí muy mayor uentura que jamas cupo en desseo.
A este tiempo baxaua Sireno del aldea, á la fuente de los alisos, con grandissimo desseo de topar a Seluagia, o a Syluano. Porque ninguna cosa por entonçes le daua más contento que la conuersaçion de los dos nueuos enamorados. Y paseando por la memoria los amores de Diana, no dexaua de causalle soledad el tiempo que la auia querido, no porque entonçes le diesse pena su amor, mas porque en todo tienpo la memoria de un buen estado causa soledad al que le ha perdido. Y antes que llegasse a la fuente, en medio del uerde prado, que de myrthos y laureles rodeado estaua, halló las ouejas de Diana, que solas por entre los arboles andauan pasçiendo, so el amparo de los brauos mastines. Y como el pastor se parasse a mirallas, ymaginando el tienpo en que le auian dado más en que entender que las suyas proprias; los mastines con gran furia se uinieron a él, mas como llegassen y dellos fuesse conosçido, meneando las colas y baxando los pescueços que de agudas puntas de azero estauan rodeados, se le echaron a los pies, y otros se empinauan con el mayor regozijo del mundo. Pues las ouejas no menos sentimiento hizieron, porque la borrega mayor, con su rustico çençerro, se uino al pastor, y todas las otras guiadas por ella, o por el conosçimiento de Sireno, le çercaron alrededor, cosa que él no pudo uer sin lagrimas, acordandosele que en compañía de la hermosa pastora Diana auia repastado aquel rebaño. Y uiendo que en los animales sobraua el conosçimiento que en su señora auia faltado, cosa fue ésta, que si la fuerça del agua que la sabia Feliçia le auia dado, no le uuiera hecho oluidar los amores, quiça no uuiera cosa en el mundo que le estoruara boluer a ellos. Mas uiendose çercado de las ouejas de Diana, y de los pensamientos que la memoria della ante los ojos le ponia, començo a cantar esta cançion al son de su loçano rabel.
Passados contentamientos ¿qué quereys? dexadme, no me canseys.
Memoria, ¿quereys oyrme? los dias, las noches buenas, paguelos con las setenas, no teneys más que pedirme, todo se acabó en partirme, como ueys, dexadme, no me canseys.
Campo uerde, ualle vmbroso, donde algun tiempo gozé, ved lo que despues passé, y dexadme en mi reposo: si estoy con razon medroso, ya lo ueys, dexadme, no me canseys.
Vi mudado un coraçon, cansado de assegurarme, fue forçado aprouecharme, del tiempo, y de la occasion; memoria do no ay passion, ¿qué quereys? dexadme, no me canseys.
Corderos y ouejas mias, pues algun tiempo lo fuistes, las horas lentas o tristes passaronse con los dias, no hagays las alegrias que soleys, pues ya no me engañareys.
Si uenis por me turbar, si uenis por consolar, ya no hay mal que consolar: si uenis por me matar, bien podeys, matadme y acabareys.
Despues que Sireno vuo cantado, en la boz fue conosçido de la hermosa pastora Diana y de los dos enamorados, Seluagia y Syluano. Ellos le dieron bozes, diziendo que si pensaua passar la fiesta en el campo, que alli estaua la sabrosa fuente de los alisos, y la hermosa pastora Diana, que no seria mal entretenimiento para passalla. Sireno le respondio que por fuerça auia de esperar todo el dia en el campo, hasta que fuesse hora de boluer con el ganado a su aldea, y viniendose adonde el pastor y pastoras estauan, se sentaron en torno de la clara fuente, como otras uezes solian. Diana, cuya uida era tan triste qual puede ymaginar quien uiesse una pastora la más hermosa y discreta que entonces se sabia, tan fuera de su gusto casada, siempre andaua buscando entretenimientos para passar la uida hurtando el cuerpo a sus imaginaçiones. Pues estando los dos pastores hablando en algunas cosas tocantes al pasto de los ganados y al aprouechamiento dellos, Diana les rompio el hilo de su platica, diziendo contra Syluano: Buena cosa es, pastor, que estando delante la hermosa Seluagia trates de otra cosa, sino de encaresçer su hermosura y el gran amor que te tiene: dexa el campo, y los corderos, los malos, o buenos sucçessos del tiempo y fortuna, y goza, pastor, de la buena que has tenido, en ser amado de tan hermosa pastora, que adonde el contentamiento del spirito es razon que sea tan grande, poco al caso hazen los bienes de fortuna. Siluano entonces le respondio: Lo mucho que yo, Diana, te deuo, nadie lo sabría encaresçer, como ello es, sino quien huuiese entendido la razon que tengo de conoçer esta deuda, pues no tan solo me enseñaste a querer bien, mas aun aora me guyas y muestras vsar del contentamiento que mis amores me dan. Infinita es la razon que tienes de mandarme que no trate de otra cosa, estando mi señora delante, sino del contento que su vista me causa, y assi prometo de hacello, en quanto el alma no se despidiere destos cansados miembros. Mas de una cosa estoy espantado, y es de ver como el tu Sireno buelue a otra parte los ojos, quando hablas; paresçe, que no le agradan tus palabras, ni se satisfaçe de lo que respondes. No le pongas culpa (dixo Diana) que hombres descuydados y enemigos de lo que a si mismos deuen, esso y más harán. ¿Enemigo de lo que a mí mismo deuo? (respondia Sireno). Si yo jamas lo fuy, la muerte me dé la pena de mi yerro. Buena manera es essa de desculparte. ¡Desculparme yo, Sireno (dixo Diana) si la primera culpa contra ti no tengo por cometer, jamas me vea con más contento, que el que agora tengo! Bueno es que me pongas tú culpa por auerme casado, teniendo padres. Mas bueno es (dixo Sireno) que casasses teniendo amor. ¿Y qué parte (dixo Diana) era el amor, adonde estaua la obediencia que a los padres se deuia? ¿Mas qué parte (respondio Sireno) eran los padres, la obediençia, los tiempos, ni los malos ó fauorables sucçessos de la fortuna, para sobrepujar vn amor tan verdadero, como antes de mi partida me mostraste? Ah Diana, Diana, que nunca yo pense que vuiera cosa en la uida que vna fe tan grande pudiera quebrar: quanto más, Diana, que bien te pudieras casar, y no olvidar a quien tanto te queria. Mas mirandolo desapassionadamente, muy mejor fue para mí ya que te casauas, el oluidarme. ¿Por qué razon (dixo Diana?) Porque no ay (respondio Sireno) peor estado que es querer vn pastor á una pastora casada: ni cosa que más haga perder el seso, al que uerdadero amor le tiene. Y la razon dello es, que como todos sabemos, la principal passion, que a un amador atormenta, despues del desseo de su dama son los çelos. Pues qué te paresçe, que será para un desdichado que quiere bien, saber que su pastora está en braços de su uelado, y él llorando en la calle su desuentura: Y no para aqui el trabajo, mas en ser un mal que no os podeys quexar dél, porque en la hora que os quexaredes, os ternan por loco, o desatinado. Cosa la más contraria al descanso que puede ser: que ya cuando los çelos son de otro pastor que la sirua, en quexar de los fauores que le haze y en oyr desculpas, passays la vida, mas este otro mal es de manera que en un punto la perdereys, sino teneys cuenta con uuestro desseo. Diana entonçes respondio: Dexa essas razones, Sireno, que ninguna neçesidad tienes de querer, ni ser querido. A trueque de no tenella de querer (dixo Sireno) me alegro en no tenella de ser querido. Estraña libertad es la tuya (dixo Diana). Mas lo fue tu oluido (respondio Sireno), si miras bien en las palabras que a la partida me dixiste, mas como dizes, dexemos de hablar en cosas passadas, y agradezcamos al tiempo y a la sábia Feliçia las presentes, y tú, Syluano, toma tu flauta y templemos mi rabel con ella, y cantaremos algunos versos: aunque coraçon tan libre como el mio, ¿qué podra cantar, que dé contento a quien no le tiene? Para esto yo te dare buen remedio, dixo Syluano. Hagamos cuenta que estamos los dos de la manera que esta pastora nos traya al tiempo que por este prado esparzimos nuestras quexas. A todos paresçio bien lo que Syluano dezia, aunque Seluagia no estaua muy bien en ello, mas por no dar a entender çelos donde tan gran amor amor conosçia, calló por entonçes y los pastores començaron a cantar desta manera:
SYLUANO Y SIRENO
Si lagrimas no pueden ablandarte, (cruel pastora) ¿qué hara mi canto, pues nunca cosa mia vi agradarte? ¿Qué coraçon aurá que suffra tanto, que vengas a tomar en burla y risa, vn mal que al mundo admira y causa espanto? ¡Ay çiego entendimiento, que te auisa amor, el tiempo y tantos desengaños, y siempre el pensamiento de una guisa! Ah pastora cruel, ¿en tantos daños, en tantas cuytas, tantas sin razones me quieres ver gastar mis tristes años? De vn coraçon que es tuyo, ¿ansi dispones? vn alma que te di, ¿ansi la tratas, que sea el menor mal suffrir passiones?
SIRENO
Vn ñudo ataste amor, que no desatas, es çiego, y çiego tú, y yo más çiego, y çiega aquella por quien tú me matas. Ni yo me vi perder vida y sossiego: ni ella vee que muero a causa suya, ni tú, que estó abrasado en biuo fuego. ¿Qué quieres crudo amor, que me destruya Diana con ausençia? pues concluye con que la vida y suerte se concluya. El alegria tarda, el tiempo huye, muere esperança, biue el pensamiento, amor lo abreuia, alarga y lo destruye. Verguença me es hablar en un tormento que aunque me aflija, canse y duela tanto, ya no podria sin él biuir contento.
SYLUANO
O alma, no dexeys el triste llanto, y vos cansados ojos, no os canse derramar lagrimas tristes: llorad pues uer supistes la causa prinçipal de mis enojos.
SIRENO
La causa prinçipal de mis enojos, cruel pastora mia, algun tiempo lo fue de mi contento: ay triste pensamiento, quan poco tiempo dura vna alegria.
SYLUANO
Quan poco tiempo dura vna alegria y aquella dulce risa, con que fortuna acaso os ha mirado: todo es bien empleado en quien auisa el tiempo y no se auisa.
SIRENO
En quien auisa el tiempo y no se auisa, haze el amor su hecho, mas ¿quién podra en sus casos auisarse, o quién desengañarse? ay pastora cruel, ay duro pecho.
SYLUANO
Ay pastora cruel, ay duro pecho, cuya dureza estraña no es menos que la graçia y hermosura, y que mi desuentura, ¡quán a mi costa el mal me desengaña!
SYLUANO
Pastora mia, más blanca y colorada que blancas[1269] rosas por abril cogidas, y más resplandesçiente, que el sol, que de oriente por la mañana assoma a tu majada ¿cómo podré biuir si tú me oluidas? no seas mi pastora rigurosa, que no está bien crueldad a vna hermosa.
SIRENO
Diana mia, más resplandesçiente, que esmeralda, y diamante a la vislumbre, cuyos hermosos ojos son fin de mis enojos, si a dicha los rebuelues mansamente, assi con tu ganado llegues a la cumbre de mi majada gordo y mejorado, que no trates tan mal a vn desdichado.
SYLUANO
Pastora mia, quando tus cabellos a los rayos del sol estás peynando, no vees que lo escuresçes, y a mi me ensoberuesçes que desde acá me estoy mirando en ellos, perdiendo ora esperança, ora ganando? assi gozes, pastora, esa hermosura, que des vn medio en tanta desuentura.
SIRENO
Diana cuyo nombre en esta sierra los fieros animales trae domados, y cuya hermosura, sojuzga a la ventura, y al crudo amor no teme y haze guerra sin temor de occasiones, tiempo, hados, assi gozes tú tu hato y tu majada, que de mi mal no biuas descuydada.
SYLUANO
La fiesta, mi Sireno, es ya passada, los pastores se uan a su manida, y la cigarra calla de cansada. No tardará la noche, que escondida está, mientra que Phebo en nuestro cielo su lumbre acá y allá trae esparzida. Pues antes que tendida por el suelo veas la escura sombra, y que cantando de ençima deste aliso está el mochuelo, Nuestro ganado vamos allegando, y todo junto alli lo lleuaremos, a do Diana nos está esperando.
SIRENO
Syluano mio, vn poco aqui esperemos, pues aun del todo el sol no es acabado y todo el dia por nuestro le tenemos. Tiempo ay para nosotros, y el ganado tiempo ay para lleualle al claro rio, pues oy ha de dormir por este prado; y aqui cesse, pastor, el cantar mio.
En quanto los pastores cantauan, estaua la pastora Diana con el rostro sobre la mano, cuya manga cayendose un poco, descubria la blancura de un braço, que a la de la nieue escuresçia, tenía los ojos inclinados hacia el suelo, derramando por ellos vnas espaçiosas lagrimas, las quales dauan a entender de su pena más de lo que ella quisiera dezir: y en acabando los pastores de cantar con vn sospiro, en compañia del qual paresçia auersele salido el alma se leuantó, y sin despedirse dellos, se fue por el valle abaxo, entrançando sus dorados cabellos, cuyo tocado se le quedó preso en vn ramo al tiempo que se leuantó. Y si con la poca manzilla que Diana de los pastores auia tenido, ellos no templaran la mucha que della tuuieron, no bastara el coraçon de ninguno de los dos a podello suffrir. Y ansi, unos con otros, se fueron a recoger sus ouejas, que desmandadas andauan, saltando por el verde prado.
Fin del sexto libro.
NOTAS:
[1266] Le en la edición de Milán.
[1267] Afición en la edición de Milán.
[1268] M., Si yo no estuviese firme.
[1269] Ambas, por errata patente, en la edición de Milán y en otras.
LIBRO SEPTIMO DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Despues que Felismena vuo puesto fin en las differençias de la pastora Amarilida y el pastor Filemon, y lo dexó con proposito de jamas hazer el vno cosa de que otro tuuiese occasion de quexarse, despedida dellos, se fue por el valle abaxo por el qual anduuo muchos dias, sin hallar nueua que algun contento le diesse, y como todauia lleuaua esperança en las palabras de la sábia Feliçia, no dexaua de passalle por el pensamiento, que despues de tantos trabajos se auia de cansar la fortuna de perseguilla. Y estas ymaginaçiones la sustentauan en la grauissima pena de su desseo. Pues yendo vna mañana por en medio de vn bosque, al salir de vna assomada que por ençima de vna alta sierra paresçia, vio delante si vn verde y amenissimo campo, de tanta grandeza, que con la vista no se le podia alcançar el cabo, el qual doze millas adelante, yua a fenesçer en la falda de vnas montañas, que quasi no se paresçian: por medio del deleytoso campo corria vn caudaloso rio, el qual hazia vna muy graçiosa ribera, en muchas partes poblada de salzes, y verdes alisos, y otros diuersos arboles: y en otras dexaua descubiertas las cristalinas aguas recogiendose a vna parte vn grande y espaçioso arenal que de lexos más adornaua la hermosa ribera. Las mieses que por todo el campo paresçian sembradas, muy çerca estauan de dar el desseado fruto, y a esta causa con la fertilidad de la tierra estauan muy cresçidos, y meneados de vn templado viento hazian vnos verdes, claros, y obscuros, cosa que a los ojos daua muy gran contento. De ancho tenía bien el deleytoso y apazible prado tres millas en partes, y en otras poco más, y en ninguna auia menos desto. Pues baxando la hermosa pastora por su camino abaxo, vino a dar en vn bosque muy grande de verdes alisos, y azebuches assaz poblado, por enmedio muchas casas tan sumptuosamente labradas, que en gran admiraçion le pusieron. Y de subito fue a dar con los ojos en vna muy hermosa çiudad, que desde lo alto de vna sierra que de frente estaua, con sus hermosos edifiçios, venia hasta tocar con el muro en el caudaloso rio que por medio del campo passaua. Por ençima del qual estaua la más sumptuosa y admirable puente, que en el vniuerso se podia hallar. Las casas y edifiçios de aquella çiudad insigne eran tan altos, y con tan gran artifiçio labrados, que paresçia auer la industria humana mostrado su poder. Entre ellos auia muchas torres y piramides, que de altos se leuantauan a las nuues. Los tenplos eran muchos, y muy sumptuosos, las casas fuertes, los superbos muros, los brauos baluartes, dauan gran lustre a la grande y antigua poblaçion, la qual desde alli se diuisaba toda. La pastora quedó admirada de ver lo que delante los ojos tenía, y de hallarse tan çerca de poblado, que era la cosa que con gran cuydado huya[1270]. Y con todo esso se assento vn poco a la sombra de vn oliuo, y mirando muy particularmente, lo que aueys oydo, viendo aquella populosa çiudad, le vino a la memoria la gran Soldina su patria y naturaleza, de adonde los amores de don Felis la trayan desterrada: lo qual fue ocasion para no poder passar sin lagrimas, porque la memoria del bien perdido, pocas vezes dexa de dar ocasion a ellas. Dexado pues la hermosa pastora aquel lugar, y la çiudad a mano derecha, se fue su passo a passo por vna senda que junto al río yua, hazia la parte, donde sus cristallinas aguas con vn manso y agradable ruydo, se yban a meter en el mar Oçeano. Y auiendo caminado seys millas por la graçiosa ribera adelante, vio dos pastoras, que al pie de vn roble a la orilla del rio passauan la fiesta: las quales aunque en la hermosura tuuiessen vna razonable mediania, en la graçia y donayre auia vn estremo grandissimo: el color del rostro moreno, y graçioso: los cabellos no muy ruuios, los ojos negros: gentil ayre y graçioso en el mirar: sobre las cabeças tenian sendas guirnaldas de verde yedra, por entre las hojas entretexidas muchas rosas y flores. La manera del vestido le paresçio differente del que hasta entonçes auia visto. Pues leuantandose la vna con grande priessa a echar vna manada de ouejas, de vn linar adonde se auian entrado, y la otra llegado a dar a beuer a vn rebaño de cabras al claro rio se boluieron a la sombra del vmbroso fresno. Felismena que entre vnos juncales muy altos se auia metido, tan çerca de las pastoras, que pudiesse oyr lo que entre ellas passaua, sintio que la lengua era Portuguesa, y entendio que el reyno en que estaua, era Lusitania, porque la una de las pastoras dezia con graçia muy estremada en su misma lengua a la otra, tomandose de las manos: Ay Duarda, quan poca razon tienes de no querer a quien te quiere más que a si: quánto mejor te estaria, no traer mal a vn pensamiento tan occupado en tus cosas. Pesame que a tan hermosa pastora la falte piedad, para quien en tanta neçesidad está della. La otra, que algo más libre paresçia, con çierto desden, y vn dar de mano, (cosa muy natural de personas libres), respondia: ¿quieres que te diga, Armia? si yo me fiare otra uez de quien tan mal me pagó el amor que le tuue, no terná él la culpa del mal que a mi desseo me sucçediere. No me pongas delante los ojos seruiçios que esse pastor algun tiempo me aya hecho, ni me digas ninguna razon de las que él se da para mouerme, porque ya passó el tiempo en que sus razones le ualian. Él me prometio de casarse comigo, y se casó con otra. ¿Qué quiere aora? ¿o qué me pide esse enemigo de mi descanso? ¿dize que pues su muger es finada, que me case con él? No querra Dios que yo a mí misma me haga tan gran engaño: dexalo estar, Armia, dexalo: que si él a mi me dessea tanto como dize, esse desseo me dara uengança dél. La otra le explicaua con palabras muy blandas, juntando su rostro con el de la essenta Duarda, con muy estrechos abrazos: ay pastora, y cómo te está bien todo quanto dizes; nunca desseé ser hombre, sino aora para quererte más que a mí. Mas dime, Duarda ¿porqué has tú de querer, que Danteo biua tan triste vida? El dize que la razon con que dél te quexas, essa misma tiene para su disculpa. Porque antes de que se casasse, estando contigo vn dia junto al soto de Fremoselle te dixo: Duarda, mi padre quiere casarme, ¿qué te paresçe que haga? y que tú respondiste muy sacudidamente: ¿Cómo, Danteo, tan vieja soy yo o tan grande poder tengo en ti, que me pidas paresçer y liçençia para tus casamientos? Bien puedes hazer lo que tu voluntad y la de tu padre te obligare, porque lo mismo haré yo: y que esto fue dicho con vna manera tan estraña de lo que solia como si nunca te vuiera passado por el pensamiento quererle bien. Duarda le respondio: ¿Armia, eso le llamas tú disculpa? Si no te tuuiera tan conosçida, en este punto perdia tu discreçion grandissimo credito comigo. ¿Qué auia yo de responder a vn pastor que publicaua que no auia cosa en el mundo, en quien sus ojos pussiese sino en mí?, quanto más, que no es Danteo tan ignorante que no entendiesse en el rostro y arte con que yo esso lo respondi, que no era aquello lo que yo quesiera respondelle. ¡Qué donayre tan grande fue toparme el vn dia antes que esso passasse junto a la fuente, y dezirme con muchas lagrimas: porqué, Duarda, eres tan ingrata a lo que te desseo, que no te quieres casar comigo, a hurto de tus padres: pues sabes que el tiempo les ha de curar el enojo que desso reçibieren? Yo entonçes le respondi: contentate, Danteo, con que yo soy tuya, y jamas podré ser de otro, por cosa que me sucçeda. Y pues yo me contento con la palabra que de ser mi esposo me as dado, no quieras que a trueque de esperar un poco de tiempo más, haga vna cosa que tan mal nos está; y despedirse él de mi con estas palabras, y al otro dia dezirme que su padre le queria casar, y que le diesse liçençia: y no contento con esto, casarse dentro de tres dias. Paresçe te pues, Armia, que es ésta algo suffiçiente causa, para yo vsar de la libertad, que con tanto trabajo de mi pensamiento tengo ganada? Estas cosas (respondio la otra) façilmente se dizen y se passan entre personas que se quieren bien, mas no se han de lleuar por esto tan a cabo, como las lleuas. Las que se dizen (Armia) tienes razon, mas las que se hazen, ya tú lo vees, si llegan al alma de las que queremos bien. En fin, Danteo se casó, pesame mucho que se le lograsse poco tan hermosaa pastora: y mucho más de ver que no ha vn mes que la enterró, y ya començan a dar bueltas sobre él pensamientos nueuos. Armia le respondia: Matóla Dios: porque en fin Danteo era tuyo, y no podria ser de otra. Pues si esso es ansi (respondio Duarda) que quien es de vna persona, no puede ser de otra, yo la hora de aora me hallo mia, y no puedo ser de Danteo. Y dexemos cosa tan escusada como gastar el tiempo en esto. Mejor será que se gaste en cantar vna cançion, y luego las dos en su misma lengua, con mucha gracia, començaron a cantar lo siguiente:
Os tempos se mudarão a vida se acabará: mas a fe sempre estara, onde meus olhos estão.
Os dias, y os momentos, as horas, con suas mudanças, inmigas son desperanças, y amigas de pensamentos: os pensamentos estão a esperança acabará, a fe, me não deixará por honrra do coraçon.
He causa de muytos danos duuidosa confiança que a vida sen esperança ja não teme desenganos, os tempos se vem e vão, a vida se acabará, mas a fe não quererá, hazer me esta semrazão.
Acabada esta cançion, Felismena salio del lugar a donde estaua escondida y se llegó adonde las pastoras estauan, las quales espantadas de su graçia y hermosura, se llegaron a ella, y la reçibieron con muy estrechos abraços, preguntandole de que tierra era y de adonde uenia. A lo qual la hermosa Felismena no sabia responder, mas antes con muchas lagrimas les preguntaua, qué tierra era aquella en que morauan. Porque de la suya la lengua daua testimonio ser de la prouinçia de Vandalia, y que por çierta desdicha uenia desterrada de su tierra. Las pastoras portuguesas con muchas lagrimas la consolauan, doliendose de su destierro, cosa muy natural de aquella naçion, y mucho más de los habitadores de aquella prouinçia. Y preguntandoles Felismena, qué çiudad era aquella que auia dexado hazia la parte donde el rio, con sus cristallinas aguas apressurando su camino, con gran impetu uenia, y que tambien desseaua saber, qué castillo era aquel que sobre aquel monte mayor que todos estaua edificado y otras cosas semejantes. Y una de aquellas, que Duarda se llamaua, le respondio, que la çiudad se llamaua Coymbra, vna de las más insignes y prinçipales de aquel reyno, y aun de toda la Europa, ansi por la tierra comarcana a ella, la qual aquel caudaloso rio, que Mondego tenía por nombre, con sus cristalinas aguas regaua. Y que todos aquellos campos que con gran impetu yua discurriendo, se llamauan el campo de Mondego, y el castillo que delante los ojos tenian, era la luz de nuestra España. Y que este nombre le conuenia más que el suyo proprio, pues en medio de la infidelidad del Mahometico Rey Marsilio, que tantos años le auia tenido çercado, se auia sustentado, de manera que siempre auia salido uençedor, y jamas uençido, y que el nombre que tenía en lengua Portuguesa era Montemor o uelho, adonde la uirtud, el ingenio, ualor, y esfuerço, auian quedado por tropheo de las hazañas, que los habitadores dél, en aquel tiempo auian hecho; y que las damas que en él auia, y los caualleros que lo habitauan, floresçian oy en todas las uirtudes que ymaginar se podian. Y assi le conto la pastora otras muchas cosas de la fertilidad de la tierra, de la antiguedad de los edifiçios, de la riqueza de los moradores, de la hermosura y discreçion de los Nimphas y pastores, que por la comarca del inexpunable castillo habitauan, cosas que a Felismena pusieron en gran admiraçion, y rogandole las pastoras que comiesse (porque no deuia uenir con poca necessidad dello) tuuo por bien de acçeptallo. Y en quanto Felismena comia de lo que las pastoras le dieron, la vian derramar algunas lagrimas, de que ellas en estremo se dolian. Y queriendole pedir la causa, se lo estoruó la boz de un pastor, que muy dulçemente al son de un rabel cantaua, el qual fue luego conosçido de las dos pastoras, porque aquel era el pastor Danteo, por quien Armia terçiaua con la graçiosa Duarda. La qual con muchas lagrimas, dixo a Felismena: Hermosa pastora, aunque el manjar es de pastoras, la comida es de Prinçesa: qué mal pensaste tú, quando aqui uenias, que auias de comer con musica! Felismena entonçes le respondio: No auria en el mundo (graçiosa pastora) musica más agradable para mí, que vuestra uista y conuersaçion, y esto me daria a mí mayor ocasion para tenerme por Prinçesa, que no la musica que dezis. Duarda respondio: Más auia de ualer que yo quien esso meresçiesse, y más subido de quilate auia de ser su entendimiento para entendello, mas lo que fuere parte del desseo, hallarse ha en mí cumplidamente. Armia dixo contra Duarda: Ay Duarda, cómo eres discreta, y quanto más lo serias si no fuesses cruel. ¿Hay cosa en el mundo como esta que por no oyr a aquel pastor que está cantando sus desuenturas, está metiendo palabras en medio, y occupando en otra cosa el entendimiento? Felismena entendiendo quién podia ser el pastor en las palabras de Armia, las hizo estar atentas, y oylle, el qual cantaua al son de su instrumento esta cançion, en su misma lengua.
Sospiros, minha lembrança não quer, porque uos não uades que o mal que fazem saudades se cure com esperança.
A esperança não me ual, polla causa en que se tem, nem promete tanto bem, quanto a saudade faz mal; mas amor, desconfiança, me deron tal qualidade, que nem me mata saudade, nem me da uida esperança.
Errarão se se queyxarem os olhos con que eu olhey, porque eu não me queyxarey, en quanto os seus me lembraren, nem poderá auer mudança, jamas en minha uontade, ora me mate saudade, ora me deyxe esperança.
A la pastora Felismena supieron mejor las palabras del pastor, que el combite de las pastoras, por que más le pareçia que la cançion se auia hecho para quexarse de su mal, que para lamentar el ageno. Y dixo, quando le acabó de oyr. ¡Ay, pastor, que uerdaderamente paresçe que aprendiste en mis males, a quexarte de los tuyos! Desdichada de mí, que no ueo ni oyo cosa, que no ponga delante la razon que tengo, de no dessear la uida, mas no quiera Dios que yo la pierda, hasta que mis ojos vean la causa de sus ardientes lagrimas. Armia dixo a Felismena: Paresçeos (hermosa pastora) que aquellas palabras meresçen ser oydas, y que el coraçon de adonde ellas salen se deue tener en más de lo que esta pastora lo tiene? No trates, Armia (dixo Duarda) de sus palabras, trata de sus obras, que por ellas se ha de juzgar el pensamiento del que las haze. Si tú te enamoras de cançiones, y te paresçen bien sonetos hechos con cuydado de dezir buenas razones, desengañate que son la cosa de que yo menos gusto reçibo, y por la que menos me çertifico, del amor que se me tiene. Felismena dixo entonçes fauoresçiendo la razon de Duarda: Mira, Armia, muchos males se escusarian, y muy grandes desdichas no uernian en effecto, si nosotras dexassemos de dar credito a palabras bien ordenadas, y razones compuestas de coraçones libres, porque en ninguna cosa ellos muestran tanto serlo, como en saber dezir por orden un mal, que quando es uerdadero, no ay cosa más fuera della. Desdichada de mí, que no supe yo aprouecharme deste consejo. A este tiempo, llegó el pastor Portugues, donde las pastoras estauan, y dixo contra Duarda, en su misma lengua: A pastora, se as lagrimas destes olhos, y as magoas deste coração, são pouca parte para abrandar a dureza, com que sou tratado, não quero de ti mays, senão que minha conpanhia por estos campos te não o seja importuna, ne os tristes uersos que meu mal junto a esta hermosa ribeira me faz cantar, te den occasião denfadamento. Passa, hermosa pastora, a sesta a sombra destes salguyeros, que ho teu pastor te leuará as cabras a o rio, y estará a o terreyro do sol, en quanto ellas nas cristalinas agoas se banharen. Pentea, hermosa pastora, os teus cabellos douro iunto a aquella clara fonte donde uen ho ribeyro que çerca este fremoso prado, que eu irey en tanto em tanto a repastar teu gado, y ter y conta com que as ouelhas não o entren nas searas que ao longo desta ribeyra estão. Desejo que não tomes traballho en cousa nenhua, nen eu descanso em quanto em cousas tuas não trabalhar. Si isto te paresçe pouco amor, dize tú en que te poderey mostrar ho bem que te quero: que nao ha amor final da pessoa dizer uerdade, en qualquer cousa que diz, que offreçerse ha esperiençia dela. La pastora Duarda entonçes respondio: Danteo, se he uerdade que ay amor no mundo, eu ho tiue contigo, e tan grande como tú sabes, jamays nenhun pastor de quantos apascentão seus gados pollos campos de Mondego, e beben as suas claras agoas, alcançou de mí nem hua so palabra conque tiuesses occasião de queyxarte de Duarda, nem do amor que te ella sempre mostrou, a ninguen tuas lagrimas, e ardentes sospiros mays magoarão que a mi, ho dia que te meus olhos não uiam, jamays se leuantauan a covsa que lhes desse gosto. As uacas que tú guardauas erão mays que minhas, muytas mays uezes (reçeosa que as guardas deste deleytoso campo lhes nam impedissem ho pasto) me punha eu desde aquelle outeyro, por uer se pareçião do que minhas ouelhas erão por mi apasçentadas, nem postas em parte onde sem sobresalto pasçessen as eruas desta fermosa ribeyra: isto me danaua a mí tanto en mostrarme sojeyta, como a ti em haçerte comfiado. Bem sey que de minha sogeicão naçeu tua confiança y de tua confiança hazer o que fizeste. Tu te casaste con Andresa, cuja alma este en gloria, ¿qué cousa he esta, que algum tempo não pidi a Deos, antes lhe pidi uingança dela, y de ti? eu passe y despoys de uosso casamento, o que tú e outros muytos saben, quis minha fortuna que a tua me não desse pena. Deyxa me goxar de minha liberdade, y não esperes que comigo poderas ganhar o que por culpa tua perdeste. Acabando la pastora la terrible respuesta que aueys oydo, y queriendo Felismena meterse en medio de la differençia de los dos, oyeron a una parte del prado muy gran ruydo, y golpes como de caualleros que se conbatian: y todos con muy gran priessa se fueron a la parte donde se oyan, por uer qué cosa fuesse. Y uieron en una isleta que el rio con una buelta hazia, tres caualleros que con uno solo se combatían: y aunque se defendia ualientemente, dando a entender su esfuerço y ualentia, con todo esso los tres le dauan tanto qué hazer, que la ponian en neçessidad de aprouecharse de toda su fuerça. La batalla se hazia a pie, y los cauallos estauan arrendados a unos pequeños arboles que alli auia. Y a este tiempo ya el cauallero solo tenía uno de los tres tendido en el suelo, de un golpe de espada, con el qual le acabó la uida: pero los otros dos, que muy ualientes eran, le trayan ya tal, que no se esperaua otra cosa sino la muerte. La pastora Felismena, que uio aquel cauallero en tan gran peligro, y que si no le socorriesse, no podria escapar con la uida, quiso poner la suya a riesgo de perdella, por hazer lo que en aquel caso era obligada, y poniendo una aguda saeta en su arco, dixo contra uno dellos: Teneos afuera, caualleros, que no es de personas que deste nombre se preçian, aprouecharse de sus enemigos con uentaja tan conosçida. Y apuntandole a la uista de la çelada, le acertó con tanta fuerça, que entrandole por los ojos passó de la otra parte, de manera que aquel uino muerto al suelo. Quando el caualllero solo uio muerto a uno de sus contrarios, arremetio al terçero con tanto esfuerço, como si entonçes començara su batalla, pero Felismena le quitó de trabajo, poniendo otra flecha en su arco, con la qual, no parando en las armas, le entró por debaxo de la tetilla yzquierda, y le atrauesso el coraçon de manera que el cauallero lleuó el camino de sus compañeros. Quando los pastores vieron lo que Felismena auia hecho, y el cauallero vio de dos tiros matar dos caualleros tan valientes, ansi vnos como otros quedaron en extremo admirados. Pues quitandose el cauallero el yelmo, y llegandose a ella, le dixo: Hermosa pastora, con qué podre yo pagaros tan grande merced, como la que de vos he reçibido en este dia, si no en tener conosçida esta deuda para nunca jamas perdella del pensamiento? Quando Felismena vio el rostro del cauallero, y lo conosçio, quedó tan fuera de si, que de turbada casi no le supo hablar: mas boluiendo en si, le respondio: Ay don Felis, que no es ésta la primera deuda en que tú me estás, y no puedo yo creer, que ternás della el conosçimiento que dizes, sino el que de otras muy majores has tenido. Mira a qué tiempo me ha traydo mi fortuna y tu desamor, que quien solia en la çiudad ser seruida de ti con torneos y iustas, y otras cosas con que me engañauas (o con que yo me dexaua engañar) anda aora desterrada de su tierra y de su libertad, por auer tú querido vsar de la tuya.
Si esto no te trae a conosçimiento de lo que me deues, acuerdate que vn año te estuue siruiendo de page, en la corte de la prinçesa Çesarina: y aun de terçero contra mí misma, sin jamas descubrirte mi pensamiento, por solo dar remedio al mal que el tuyo te hazia sentir. O quantas vezes te alcançé los fauores de Celia tu señora, a gran costa de mis lagrimas! Y no lo tengas en mucho, que quando estas no bastaran, la vida diera yo a trueque de remediar la mala que tus amores te dauan. Si no estás saneado de lo mucho que te he querido, mira las cosas que la fuerza del amor me ha hecho hazer. Yo me sali de mi tierra, yo te vine a seruir, y a dolerme del mal que suffrias, y a suffrir el agrauio que yo en esto reçebia: y a trueque de darte contento, no tenía en nada biuir la más triste vida que nadie vivio. En trage de dama te he querido, como nunca nadie quiso, en habito de page te serui, en la cosa más contraria a mi descanso, que se puede ymaginar: y aun aora en trage de pastora vine a hazerte este pequeño seruiçio. Ya no me queda más que hazer, sino es sacrificar la vida a tu desamor, si te pareçe que deuo hacello, y que tú no te has de acordar de lo mucho que te he querido, y quiero: la espada tienes en la mano, no quieras que otro tome en mí la vengança de lo que te merezco. Quando el cauallero oyó las palabras de Felismena, y conoçio todo lo que dixo, auer sido ansi: el coraçon se le cubrio, de ver las sin razones que con ella auia vsado: de manera, que esto y la mucha sangre que de las heridas se le yua, fueron causa de vn subito desmayo cayendo a los pies de la hermosa Felismena, como muerto. La qual con la mayor pena que ymaginarse puede, tomandole la cabeça en su regaço, con muchas lagrimas que sobre el rostro de su cauallero destilaua, començo a dezir: ¿qué es esto, fortuna? ¿es llegado el fin de mi uida, junto con la del mi don Felis? Ay don Felis, causa de todo mi mal, si no bastan las muchas lagrimas que por tu causa he derramado, y las que sobre tu rostro derramo, para que bueluas en ti: qué remedio terna esta desdichada, para que el gozo de uerte no se le buelua en ocasion de desesperarse? Ay mi don Felis, despierta si es sueño el que tienes, aunque no me espantaria si no lo hiziesses, pues jamas cosas mias te le hizieron perder. Y en estas y otras lamentaçiones estaua la hermosa Felismena, y las otras pastoras Portuguesas le ayudauan quando por las piedras que pasauan a la isla, vieron uenir una hermosa Ninpha, con un uaso de oro, y otro de plata en las manos, la qual luego de Felismena fue conosçida, y le dixo: Ay Dorida, quién auia de ser, la que a tal tiempo socorriesse a esta desdichada, sino tú? Llegate acá, hermosa Nimpha, y uerás puesta la causa de todos mis trabajos en el mayor que es possible tenerse. Dorida entonçes le respondio: Para estos tiempos es el animo, y no te fatigues, hermosa Felismena, que el fin de tus trabajos es llegado, y el prinçipio de tu contentamiento; y diziendo esto, le echó sobre el rostro de una odorifera agua, que en el uaso de plata traya, la qual le hizo boluer en todo su acuerdo, y le dixo: Cauallero, si quereys cobrar la vida, y dalla a quien tan mala, a causa vuestra, la ha passado, beued del agua deste uaso. Y tomando don Felis el uaso de oro entre las manos, beuio gran parte del agua que en él venía. Y como vuo un poco reposado con ella, se sintio tan sano de las heridas que los tres caualleros le auian hecho, y de la que amor, a causa de la señora Çelia, le auia dado, que no sentia más la pena que cada uno dellas le podian causar que si nunca las uuiera tenido. Y de tal manera se boluio a renouar el amor de Felismena, que en ningun tiempo le paresçio auer estado tan biuo como entonçes: y sentandose ençima de la verde yerua, tomó las manos a su pastora, y besandoselas muchas uezes, dezia: Ay, Felismena, quán poco haria yo en dar la uida a trueque de lo que te deuo: que pues por ti la tengo, muy poco hago en darte lo que es tuyo. Con qué ojos podra mirar tu hermosura, el que faltandole el conosçimiento, de lo que te deuia, osó ponellos en otra parte? Qué palabras bastarian para disculparme, de lo que contra ti he cometido? Desdichado de mí, si tu condiçion no es en mi fauor, porque ni bastara satisfaçion, para tan gran yerro, ni razon, para disculparme de la grande que tienes de oluidarme? Verdad es, que yo quise bien a Çelia y te oluidé: mas no de manera, que de la memoria se me passasse tu valor y hermosura. Y lo bueno es, que no sé a quién ponga á parte de la culpa que se me puede attribuyr, porque si quiero ponella a la poca edad que entonçes tenía, pues la tuue para quererte, no me auia de faltar para estar firme en la fe que te deuia. Si a la hermosura de Çelia, muy clara está la ventaja que a ella, y a todas las del mundo tienes. Si a la mudança de los tiempos, esse auia de ser el toque donde mi firmeza auia de mostrar su valor. Si a la traydora de ausencia, tan poco paresçe bastante disculpa, pues el desseo de verte, auia estado ausente de sustentar tu imagen en mi memoria. Mira, Felismena, quán confiado estoy en tu bondad y clemençia, que sin miedo te oso poner delante las causas que tienes de no perdonarme. Mas qué haré para que me perdones, o para que despues de perdonado, crea que estás satisfecha? Vna cosa me duele más que quantas en el mundo me pueden dar pena, y es, ver que puesto caso que el amor que me has tenido, y tienes, te haga perdonar tantos yerros, ninguna vez alçaré los ojos a mirarte que no me lleguen al alma los agrauios que de mí has recibido. La pastora Felismena que uio a don Felis tan arrepentido, y tan buelto a su primero pensamiento, con muchas lagrimas le dezia, que ella le perdonaua, pues no suffria menos el amor que siempre le auia tenido: y que ansi pensara no perdonalle, no se vuiera por su causa puesto a tantos trabajos, y otras cosas muchas con que don Felis quedó confirmado en el primer amor. La hermosa Nimpha Dorida, se llegó al cauallero, y despues de auer passado entre los dos muchas palabras y grandes offresçimientos de parte de la sábia Feliçia, le suplicó, que él, y la hermosa Felismena se fuessen con ella al tenplo de la Diana, donde los quedaua esperando con grandissimo desseo de verlos. Don Felis lo conçedio: y despedido de las pastoras Portuguesas (que en extremo estauan espantadas, de lo que auian visto) y del affligido pastor Danteo, tomando los cauallos de los caualleros muertos, las quales sobre tomar a Danteo el suyo, le auian puesto en tanto aprieto, se fueron por su camino adelante, contando Felismena a don Felis con muy gran contento lo que auia passado, despues que no le auia visto, de lo qual él se espantó estrañamente, y espeçialmente de la muerte de los tres saluages, y de la casa de la sábia Feliçia y suçesso de los pastores y pastoras, y todo lo más que en este libro se ha contado. Y no poco espanto lleuaua don Felis, en ver que su señora Felismena le vuiesse seruido tantos dias de page, y que de puro diuertido en el entendimiento, no la auia conosçido, y por otra parte, era tanta su alegria, de verse de su señora bien amado, que no podia encubrillo. Pues caminando por sus jornadas, llegaron al templo de Diana, donde la sábia Feliçia los esperaua, y ansi mismo los pastores Arsileo, y Belisa, y Syluano, y Seluagia, que pocos dias auia que eran alli venidos. Fueron reçebidos con muy gran contento de todos, espeçialmente la hermosa Felismena, que por su bondad, y hermosura de todos era tenida en gran possession. Alli fueron todos desposados con las que bien querian, con gran regoçijo, y fiesta de todas las Nimphas, y de la sábia Feliçia, a la qual no ayudó poco Sireno en su venida, aunque della se le siguio lo que en la segunda parte deste libro se contará, juntamente con el sucçesso del pastor, y pastora Portuguesa, Danteo y Duarda.
FIN DE LOS SIETE LIBROS DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
NOTAS:
[1270] M., de que con mayor cuidado andaua huyendo.
LA DIANA ENAMORADA
CINCO LIBROS QUE PROSIGUEN LOS VII DE MONTEMAYOR
POR GASPAR GIL POLO
A LA MUY ILUSTRE SEÑORA DOÑA HIERONYMA DE CASTRO Y BOLEA, &. GASPAR GIL POLO.
Tanto le importa á este libro tener de su parte el nombre y favor de V. S., que de otra manera no me atreviera á publicarle, ni aun á escribirle. Porque según es poco mi caudal, y mucha la malicia de los detractores, sin el amparo de V. S. no me tuviera por seguro. Suplico á V. S. reciba y tenga por suya esta obra, que aunque es servicio de poca importancia, habido respecto al buen ánimo con que se le ofresce y á la voluntad con que libros semejantes por Reyes y grandes señores fueron recebidos, no se ha de tener por grande mi atrevimiento en hacer presente desta miseria, mayormente dándome esfuerzo para ello la esperanza que tengo en la nobleza, benignidad y perfecciones de V. S. que para ser contadas requieren mayor espíritu y más oportuno lugar. El cual, si por algún tiempo me fuese concedido, en cosa ninguna tan justamente habría de emplearse como en la alabanza y servicio de V. S. Cuya muy ilustre persona y casa nuestro Señor guarde y prospere con mucho aumento. De Valencia á nueve de Hebrero M. D. LXIV.
A LA ILUSTRISSIMA Y EXCELENTISSIMA SEÑORA MIA LUISA DE LORENA, PRINCESA DE CONTI.
En un siglo tal como el que agora posseemos, en el cual el trato es tan doblado, y tan lleno de todas miserias, ¿quién se podrá escapar de las mordaces y perniciosas lenguas, que todo su ejercicio es buscar tachas en lo más apurado; sirviéndose de las colores más falsas y engañosas, sin acordarse de los ya passados, á los cuales la virtud les dió el nombre de dorados, porque se admitía en ellos cualquiera trabajo, recibiendo las intenciones, y perdonando á los talentos, como dones que Dios reparte á su voluntad? De manera, señora mia, que yo como persona tan necessitada dellos, y en este siglo, buscando amparo, me subí en el teatro deste mundo, y queriéndome arrojar en él, me determiné entregarme en unas manos que me defendiessen de las injurias del tiempo. Y assi volviendo los ojos por una y otra parte, por ver á quien me encomendaría para que me librasse de las lenguas murmuradoras de los mal intencionados espíritus, y no viendo alma ni cuerpo más propio que el de V. E. para este efecto, siendo persona que á todo el mundo enamora, con justa y debida razón se le debe la más enamorada Diana encomendar, echándome en el abrigo dessas tan ilustríssimas partes, con la confianza de que recibirá la voluntad de la mano del curioso que ha tomado el trabajo de tornarme á poner á luz, por mandamiento de personas que hallaron la traza y el estilo muy curioso, y que se iba á escurecer del todo, por no se hallar ya este tratado en el mundo. Ea, señora mía, abra esos brazos, y enciérreme en esse pecho, como tan insigne y inexpugnable fortaleza, en la qual vivirá mi alma de todos los ya dichos espíritus malinos descuidada y defendida con solo el saber que V. E. es su protectora; y con tal confianza vivirá rogando á Dios por la conservación de la persona Ilustrissima de V. E. que viva un millón de años, amparando á las que se le encomiendan, y particularmente á los del sexo que tiene aún su particular consideración.
La muy humilde servidora de V. E. que le besa los pies,
Diana Enamorada.
DE DON ALONSO GIRÓN Y DE REBOLLEDO
Soneto.
LECTOR. DIANA.
Buen libro, Diana. En todo extremo es bueno. ¿Qué sientes dél? Placer de andar penada. ¿Y qué es la pena? Amar cosa olvidada. ¿Y el gozo? Ver por cuya industria peno. ¿Es Jorge ó Perez? No, que es muy terreno amarme á mí. ¿Qué cosa hay más alzada? Hacerme GASPAR GIL enamorada, que lo estoy ya más dél que de Syreno. ¿En qué tuvo primor? En verso y prosa. ¿Quién juzga eso? Ingenios delicados. ¿Tanta luz da? Alumbra todo el suelo. ¿Cuál quedará su patria? Muy dichosa. ¿Y los poetas todos? Afrentados. ¿Y él cómo se dirá? POLO del cielo.
SONETO DE HIERONYMO SAMPER
De fieras armas la inmortal historia cessa por celebrar simples pastores; canta GASPAR GIL POLO sus amores, y en ello no consigue menos gloria. A Marte da querellas la victoria, por ver que calla POLO sus loores, fama y honor á Palas dan clamores, viendo que da á Diana tal memoria. Dejad, númenes sacros, tal querella; que Apolo ha prometido á su Diana poeta el más famoso é importante: Y dióle al gran GIL POLO, que por ella con grave estilo y gracia soberana dulce canción en las veredas cante.
DE MIGUEL JUAN TÁRREGA
Soneto.
Con la tuba Meonia y Mantuana su canto GASPAR GIL había acordado con tal furor, que el son ya era llegado desde el Indico Gange hasta la Tana. Mandóle en esto Apolo que á Diana, dejando el canto de Mavorte airado, cantasse al son que Píndaro ha cantado: tanto le es dulce el nombre de su hermana. Y ansi le dió la lira, en que él tañía siendo pastor de Admeto, y alegrando los prados y aguas del dichoso Amphryso. Y el sacro nombre Apolo á POLO dando, con usado favor dar honra quiso al que mayor renombre merescía.
HERNANDO BONAVIDA, CIUDADANO VALENCIANO
Al lector.
Ovidio á su Corynna celebraba con los sabrosos versos que escribía, dos mil hermosos cantos componía Propercio que á su Cynthia sublimaba. Con las dulces canciones que cantaba, á su Laura Petrarca engrandescía, y destos cada cual con lo que hacía al famoso laurel al fin llegaba. A lauro el Lusitano ha ya llegado á Diana pintando muy ufana, mas POLO de otra suerte os la ha pintado: Aquí veréis una obra sobrehumana, y cuán bien el laurel POLO ha ganado, pues Proserpina es la otra, ésta Diana.
LIBRO PRIMERO DE DIANA ENAMORADA
Después que el apassionado Syreno con la virtud del poderoso liquor fué de las manos de Cupido por la sabia Felicia libertado, obrando Amor sus acostumbradas hazañas, hirió de nuevo el corazón de la descuidada DIANA, despertando en ella los olvidados amores, para que de un libre estuviesse captiva, y por un essento viviesse atormentada. Y lo que mayor pena le dió fué pensar que el descuido que tuvo de Syreno había sido ocasión de tal olvido, y era causa del aborrescimiento. Deste dolor y de otros muchos estaba tan combatida, que ni el yugo del matrimonio, ni el freno de la vergüenza fueron bastantes á detener la furia de su amor, ni remediar la aspereza de su tormento, sino que sus lamentables voces esparciendo, y dolorosas lágrimas derramando, las duras peñas y fieras alimañas enternescía. Pues hallándose un día acaso en la fuente de los alisos, en el tiempo del estío, á la hora que el sol se acercaba al medio día, y acordándose del contento que allí en compañía del amado Syreno muchas veces había recebido, cotejando los deleites del tiempo passado con las fatigas del presente; y conosciendo la culpa que ella en su tormento tenía, concibió su corazón tan angustiada tristeza, y vino su alma en tan peligroso desmayo, que pensó que entonces la deseada muerte diera fin á sus trabajos. Pero después que el ánimo cobró algún tanto su vigor, fué tan grande la fuerza de su passión, y el ímpetu, con que amor reinaba en sus entrañas, que le forzó publicar su tormento á las simples avecillas, que de los floridos ramos la escuchaban, á los verdes árboles, que de su congoja paresce que se dolían, y á la clara fuente, que el ruido de sus cristalinas aguas con el son de sus cantares acordaba. Y assí con una suave zampoña cantó desta manera:
Mi sufrimiento cansado del mal importuno y fiero, á tal extremo ha llegado, que publicar mi cuidado me es el remedio postrero. Siéntase el bravo dolor, y trabajosa agonía de la que muere de amor, y olvidada de un pastor que de olvidado moría.
¡Ay, que el mal que ha consumido la alma que apenas sostengo, nasce del passado olvido, y la culpa que he tenido causó la pena que tengo! Y de gran dolor reviento, viendo que al que agora quiero, le di entonces tal tormento, que sintió lo que yo siento y murió como yo muero.
Y cuando de mi crüeza se acuerda mi corazón, le causa mayor tristeza el pesar de mi tibieza, que el dolor de mi passión. Porque si mi desamor no tuviera culpa alguna en el presente dolor, diera quejas del Amor é inculpara la Fortuna.
Mas mi corazón esquivo tiene culpa más notable, pues no vió de muy altivo, que Amor era vengativo y la Fortuna mudable. Pero nunca hizo venganza Amor, que de tantas suertes deshiciese una esperanza, ni Fortuna hizo mudanza de una vida á tantas muertes.
¡Ay, Syreno, cuán vengado estás en mi desventura, pues después que me has dejado, no hay remedio á mi cuidado, ni consuelo á mi tristura! Que según solías verme desdeñosa en solo verte, tanto huelgas de ofenderme, que ni tú podrás quererme, ni yo dejar de quererte.
Véote andar tan essento, que no te ruego, pastor, remedies el mal que siento, mas que engañes mi tormento con un fingido favor. Y aunque mis males pensando, no pretendas remediallos, vuelve tus ojos, mirando los míos, que están llorando, pues tú no quieres mirallos.
Mira mi mucho quebranto, y mi poca confianza para tener entre tanto no compassión de mi llanto, mas placer de tu venganza. Que aunque no podré ablandarte, ni para excusar mi muerte serán mis lágrimas parte, quiero morir por amarte y no vivir sin quererte.
No diera fin tan presto la enamorada Diana á su deleitosa música, si de una pastora, que tras unos jarales la había escuchado, no fuera de improviso estorbada. Porque viendo la pastora, detuvo la suave voz, rompiendo el hilo de su canto, y haciendo obra en ella la natural vergüenza, le pesó muy de veras que su canción fuesse escuchada, ni su pena conoscida, mayormente viendo aquella pastora ser extranjera, y por aquellas partes nunca vista. Mas ella, que de lejos la suavissima voz oyendo, á escuchar tan delicada melodía secretamente se había llegado, entendiendo la causa del doloroso canto, hizo de su extremadíssima hermosura tan improvisa y alegre muestra, como suele hacer la nocturna luna, que con sus lumbrosos rayos vence y traspassa la espessura de los escuros ñublados. Y viendo que Diana había quedado algo turbada con su vista, con gesto muy alegre le dijo estas palabras:--Hermosa pastora, grande perjuicio hice al contento que tenía con oirte, en venir tan sin propósito á estorbarte. Pero la culpa desto la tiene el deseo que tengo de conoscerte, y voluntad de dar algún alivio al mal de que tan dolorosamente te lamentas; al cual, aunque dicen que es excusado buscalle consuelo, con voluntad libre y razón desapassionada se le puede dar suficientemente remedio. No dissimules conmigo tu pena, ni te pese que sepa tu nombre y tu tormento, que no haré por esso menos cuenta de tu perfición, ni juzgaré por menor tu merescimiento.
Oyendo DIANA estas palabras estuvo un rato sin responder, teniendo los ojos empleados en la hermosura de aquella pastora, y el entendimiento dudoso sobre qué respondería á sus grandes ofrescimientos y amorosas palabras; y al fin respondió de esta manera: Pastora de nueva y aventajada gentileza, si el gran contento que de tu vista recibo, y el descanso que me ofrescen tus palabras, hallara en mi corazón algún aparejo de confianza, creo que fueras bastante á dar algún remedio á mi fatiga, y no dudara yo de publicarte mi pena. Mas es mi mal de tal calidad, que en comenzar á fatigarme, tomo las llaves de mi corazón y cierro las puertas al remedio. Sabe que yo me llamo DIANA, por estos campos harto conoscida; conténtate con saber mi nombre, y no te cures de saber mi pena: pues no aprovechará para más de lastimarte, viendo mi tierna juventud en tanta fatiga y trabajo. Este es el engaño, dijo la pastora, de los que se hacen esclavos del Amor, que en comenzalle á servir, son tan suyos, que ni quieren ser libres, ni les paresce possible tener libertad. Tu mal bien sé que es amar, según de tu canción entendí, en la cual enfermedad yo tengo grande experiencia. He sido muchos años captiva, y agora me veo libre; anduve ciega, y agora atino al camino de la verdad; passé en el mar de amor peligrosas agonías y tormentos, y agora estoy gozando del seguro y sosegado puerto; y aunque más grande sea tu pena, era tan grande la mía. Y pues para ella tuve remedio, no despidas de tu casa la esperanza, no cierres los ojos á la verdad ni los oídos á mis palabras. Palabras serán, dijo DIANA, las que gastarán en remediar el Amor, cuyas obras no tienen remedio con palabras. Mas con todo querría saber tu nombre, y la ocasión que hacia nuestros campos te ha encaminado, y holgaré tanto en sabello, que suspenderé por un rato mi comenzado llanto, cosa que importa tanto para el alivio de mi pena. Mi nombre es ALCIDA, dijo la pastora, pero lo demás que me preguntas no me sufre contallo la compassión que tengo de tu voluntaria dolencia, sin que primero recibas mis provechosos, aunque para ti desabridos remedios. Cualquier consuelo, dijo DIANA, me será agradable, por venir de tu mano, con que no sea quitar el amor de mi corazón: porque no saldrá de allí, sin llevar consigo á pedazos mis entrañas. Y aunque pudiesse, no quedaría sin él, por no dejar de querer al que siendo olvidado, tomó de mi crueldad tan presta y sobrada venganza. Dijo entonces ALCIDA: Mayor confianza me das agora de tu salud, pues dices que lo que agora quieres, en otro tiempo lo has aborrescido, porque ya sabrás el camino del olvido, y ternás la voluntad vezada al aborrescimiento. Cuánto más que entre los dos extremos de amar y aborrescer está el medio, el cual tú debes elegir. DIANA á esto replicó: Bien me contenta tu consejo, pastora, pero no me paresce muy seguro. Porque si yo de aborrescer he venido á amar, más fácilmente lo hiciera si mi voluntad estuviera en medio del amor y aborrescimiento, pues teniéndome más cerca, con mayor fuerza me venciera el poderoso Cupido. A esto respondió ALCIDA: No hagas tan gran honra á quien tan poco la meresce, nombrando poderoso al que tan fácilmente queda vencido, especialmente de los que eligen el medio que tengo dicho: porque en él consiste la virtud, y donde ella está, quedan los corazones contra el Amor fuertes y constantes. Dijo entonces DIANA: Crueles, duros, ásperos y rebeldes dirás mejor, pues pretenden contradecir á su naturaleza, y resistir á la invencible fuerza de Cupido. Mas séanlo cuanto quisieren, que á la fin no se van alabando de la rebeldía, ni les aprovecha defenderse con la dureza. Porque el poder del amor vence la más segura defensa, y traspassa el más fuerte impedimento. De cuyas hazañas y maravillas en este mesmo lugar cantó un día mi querido Syreno, en el tiempo que fué para mí tan dulce, como me es agora amarga su memoria. Y bien me acuerdo de su canción, y aun de cuantas entonces cantaba, porque he procurado que no se me olvidassen, por lo que me importa tener en la memoria las cosas de Syreno. Mas esta que trata de las proezas del Amor, dice:
Soneto.
Que el poderoso Amor sin vista acierte del corazón la más interna parte; que siendo niño venza al fiero Marte, haciendo que enredado se despierte. Que sus llamas me hielen de tal suerte, que un vil temor del alma no se aparte, que vuele hasta la aérea y summa parte, y por la tierra y mar se muestre fuerte. Que esté el que el bravo Amor hiere ó captiva vivo en el mal, y en la prisión contento, proezas son que causan grande espanto. Y el alma, que en mayores penas viva, si piensa estas hazañas, entretanto no sentirá el rigor de su tormento.
Bien encarescidas están, dijo ALCIDA, las fuerzas del amor; pero más creyera yo á Syreno, si después de haber publicado por tan grandes las furias de las flechas de Cupido, él no hubiesse hallado reparo contra ellas, y después de haber encarescido la estrechura de sus cadenas, él no hubiesse tenido forma para tener libertad. Y ansí me maravillo que creas tan de ligero al que con las obras contradice á las palabras. Porque harto claro está que semejantes canciones son maneras de hablar, y sobrados encarescimientos, con que los enamorados venden por muy peligrosos sus males, pues tan ligeramente se vuelven de captivos libres y vienen de un amor ardiente á un olvido descuidado. Y si sienten passiones los enamorados, provienen de su mesma voluntad, y no del amor: el cual no es sino una cosa imaginada por los hombres, que ni está en cielo, ni en tierra, sino en el corazón del que la quiere. Y si algún poder tiene, es porque los hombres mesmos dejan vencerse voluntariamente, ofresciéndole sus corazones, y poniendo en sus manos la propia libertad. Mas porque el Soneto de Syreno no quede sin respuesta, oye otro que paresce que se hizo en competencia dél, y oíle yo mucho tiempo ha en los campos de Sebetho á un pastor nombrado Aurelio; y si bien me acuerdo decía así:
Soneto.
No es ciego Amor, mas yo lo soy, que guío mi voluntad camino del tormento; no es niño Amor, mas yo que en un momento espero y tengo miedo, lloro y río. Nombrar llamas de Amor es desvarío, su fuego es el ardiente y vivo intento, sus alas son mi altivo pensamiento y la esperanza vana en que me fío. No tiene Amor cadenas, ni saëtas, para prender y herir libres y sanos, que en él no hay más poder del que le damos. Porque es Amor mentira de poetas, sueño de locos, ídolo de vanos: mirad qué negro Dios el que adoramos.
¿Parescete, DIANA, que debe fiarse un entendimiento como el tuyo en cosas de aire, y que hay razón para adorar tan de veras á cosa tan de burlas como el Dios de Amor? El cual es fingido por vanos entendimientos, seguido de deshonestas voluntades, y conservado en las memorias de los hombres ociosos y desocupados. Estos son los que le dieron al Amor el nombre tan celebrado que por el mundo tiene. Porque viendo que los hombres por querer bien padescían tantos males, sobresaltos, temores, cuidados, recelos, mudanzas y otras infinitas passiones, acordaron de buscar alguna causa principal y universal, de la cual como de una fuente nasciessen todos estos efectos. Y assí inventaron el nombre de Amor, llamándole Dios, porque era de las gentes tan temido y reverenciado. Y pintáronle de manera que cuando veen su figura tienen razón de aborrescer sus obras. Pintáronle muchacho, porque los hombres en él no se fíen; ciego, porque no le sigan; armado, porque le teman; con llamas, porque no se le lleguen, y con alas, para que por vano le conozcan. No has de entender, pastora, que la fuerza que al Amor los hombres conceden, y el poderío que le atribuyen, sea ni pueda ser suyo: antes has de pensar que cuanto más su poder y valor encarescen, más nuestras flaquezas y poquedades manifiestan. Porque decir que el Amor es fuerte, es decir que nuestra voluntad es floja, pues permite ser por él tan fácilmente vencida; decir que el Amor tira con poderosa furia venenosas y mortales saetas, es decir que nuestro corazón es descuidado, pues se ofresce tan voluntariamente á recebirlas; decir que el Amor nuestras almas tan estrechamente captiva, es decir que en nosotras hay falta de juicio, pues al primer combate nos rendimos, y aun á veces sin ser combatidos, damos á nuestro enemigo la libertad. Y en fin, todas las hazañas que se cuentan del Amor no son otra cosa sino nuestras miserias y flojedades. Y puesto caso que las tales proezas fuesen suyas, ellas son de tal calidad que no merescen alabanza. ¿Qué grandeza es captivar los que no se defienden, qué braveza acometer los flacos, qué valentía herir los descuidados, qué fortaleza matar los rendidos, qué honra desasossegar los alegres, qué hazaña perseguir los malaventurados? Por cierto, hermosa pastora, los que quieren tanto engrandescer este Cupido, y los que tan á su costa le sirven, debieran por su honra dalle otras alabanzas; porque con todas estas el mejor nombre que gana es de cobarde en los acometimientos, cruel en las obras, vano en las intenciones, liberal de trabajos y escaso de gualardones. Y aunque todos estos nombres son infames, peores son los que le dan sus mesmos aficionados, nombrándole fuego, furor y muerte; y al amar llamando arder, destruirse, consumirse y enloquecerse; y á sí mesmos nombrándose ciegos, míseros, captivos, furiosos, consumidos y inflamados. De aquí viene que todos generalmente dan quejas del Amor, nombrándole tirano, traidor, duro, fiero y despiadado. Todos los versos de los amadores están llenos de dolor, compuestos con suspiros, borrados con lágrimas y cantados con agonía. Allí veréis las sospechas, allí los temores, allí las desconfianzas, allí los recelos, allí los cuidados y allí mil géneros de penas. No se habla allí sino de muertes, cadenas, flechas, venenos, llamas, y otras cosas que no sirven sino para dar tormento, cuando se emplean, y temor, cuando se nombran. Mal estaba con estos nombres Herbanio, pastor señalado en la Andalucía, cuando en la corteza de un álamo, sirviéndole de pluma un agudo punzón, delante de mí escribió este
Soneto.
Quien libre está, no viva descuidado, que en un instante puede estar captivo, y el corazón helado y más esquivo tema de estar en llamas abrasado. Con la alma del soberbio y elevado tan áspero es Amor y vengativo, que quien sin él presume de estar vivo, por él con muerte queda atormentado. Amor, que á ser captivo me condenas, Amor que enciendes fuegos tan mortales, tú que mi vida afliges y maltratas: Maldigo dende agora tus cadenas, tus llamas y tus flechas, con las cuales me prendes, me consumes y me matas. Pues venga agora al soneto de tu Syreno á darme á entender que la imaginación de las hazañas del Amor basta á vencer la furia del tormento: porque si las hazañas son matar, herir, cegar, abrasar, consumir, captivar y atormentar, no me hará creer que imaginar cosas de pena alivie la fatiga, antes ha de dar mayores fuerzas á la passión, para que siendo más imaginada, dure más en el corazón, y con mayor aspereza le atormente. Y si es verdad lo que cantó Syreno, mucho me maravillo que él, recibiendo, según dice, en este pensamiento tan aventajado gusto, tan fácilmente le haya trocado con tan cruel olvido como agora tiene, no sólo de las hazañas de Cupido, pero de tu hermosura, que no debiera por cosa del mundo ser olvidada.
Apenas había dicho Alcida de su razón las últimas palabras, que DIANA, alzando los ojos, porque estaba con algún recelo, vió de lejos á su esposo Delio, que bajaba por la halda de un montecillo, encaminándose para la fuente de los alisos, donde ellas estaban. Y ansi, atajando las razones de Alcida, le dijo: No más, no más, pastora, que tiempo habrá después para escuchar lo restante y para responder á tus flojos y aparentes argumentos. Cata allá que mi esposo Delio desciende por aquel collado, y se viene para nosotras; menester será que, por dissimular lo que aquí se trataba, al son de nuestros instrumentos comencemos á cantar, porque cuando llegue se contente de nuestro ejercicio. Y ansí, tomando ALCIDA su cítara y DIANA su zampoña, cantaron desta manera:
Rimas provenzales.
ALCIDA
Mientras el sol sus rayos muy ardientes con tal furia y rigor al mundo envía, que de Nymphas la casta compañía por los sombríos mora y por las fuentes. Y la cigarra el canto replicando, se está quejando, pastora canta, con gracia tanta, que enternescido de haberte oído, el poderoso cielo de su grado fresco licor envíe al seco prado.
DIANA
Mientras está el mayor de los planetas en medio del oriente y del ocaso, y al labrador en descubierto raso más rigurosas tira sus saetas. Al dulce murmurar de la corriente de aquesta fuente, mueve tal canto, que cause espanto, y de contentos los bravos vientos, el ímpetu furioso refrenando, vengan con manso espíritu soplando.
ALCIDA
Corrientes aguas, puras, cristalinas, que haciendo todo el año primavera, hermoseáis la próspera ribera con lirios y trepadas clavellinas, el bravo ardor de Phebo no escaliente tan fresca fuente, ni de ganado sea enturbiado licor tan claro, sabroso y raro, ni del amante triste el lloro infame sobre tan lindas aguas se derrame.
DIANA
Verde y florido prado, en do natura mostró la variedad de sus colores con los matices de árboles y flores, que hacen en ti hermosíssima pintura. En ti los verdes ramos sean essentos de bravos vientos; medres, crezcas en hierbas frescas, nunca abrasadas con las heladas, ni dañe á tan hermoso y fértil suelo el gran furor del iracundo cielo.
ALCIDA
Aquí de los bullicios y tempesta de las soberbias cortes apartados, los corazones viven reposados, en sosegada paz y alegre fiesta, á veces recostados al sombrío á par del río, do dan las aves cantos suaves, las tiernas flores finos olores, y siempre con un orden soberano se ríe el prado, el bosque, el monte, el llano.
DIANA
Aquí el ruido que hace el manso viento, en los floridos ramos sacudiendo, deleita más que el popular estruendo de un numeroso y grande ayuntamiento, adonde las superbas majestades son vanidades: las grandes fiestas, grandes tempestas; los pundonores, ciegos errores, y es el hablar contrario y diferente de lo que el corazón y el alma siente.
ALCIDA
No tiende aquí ambición lazos y redes, ni la avaricia va tras los ducados, no aspira aquí la gente á los estados, ni hambrea las privanzas y mercedes: libres están de trampas y passiones los corazones; todo es llaneza, bondad, simpleza, poca malicia, cierta justicia; y hacer vivir la gente en alegría concorde paz y honesta medianía.
DIANA
No va por nuevo mundo y nuevos mares el simple pastorcillo navegando, ni en apartadas Indias va contando de leguas y monedas mil millares. El pobre tan contento al campo viene con lo que tiene, como el que cuenta sobrada renta, y en vida escasa alegre passa, como el que en montes ha gruesas manadas, y ara de fértil campo mil yugadas.
Sintió de lejos DELIO la voz de su esposa Diana, y como oyó que otra voz lo respondía, tuvo mucho cuidado de llegar presto, por ver quién estaba en compañía de Diana. Y ansi, corca de la fuente, puesto detrás un grande arrayán, escuchó lo que cantaban, buscando adrede ocasiones para sus acostumbrados celos. Mas cuando entendió que las canciones eran diferentes de lo que él con su sospecha presumía, estuvo muy contento. Pero todavía la ansia que tenía de conoscer la que estaba con su esposa le hizo que llegasse á las pastoras, de las cuales fué cortésmente saludado, y de su esposa con un angélico semblante recebido. Y sentado cabe ellas, ALCIDA le dijo: Delio, en gran cargo soy á la fortuna, pues no sólo me hizo ver la belleza de Diana, mas conoscer al que ella tuvo por merescedor de tanto bien, y al que entregó la libertad: que según es ella sabia, se ha de tener por extremado lo que escoge. Mas espántome de ver que tengas tan poca cuenta con la mucha que contigo tuvo Diana en elegirte por marido, que sufras que vaya tan sólo un passo sin tu compañía, y dejes que un solo momento se aparte de tus ojos. Bien sé que ella mora siempre en tu corazón; mas el amor que tú le debes á Diana no ha de ser tan poco que te contentes con tener en el alma su figura, pudiendo también tener ante los ojos su gentileza. Entonces DIANA, porque Delio respondiendo no se pusiesse en peligro de publicar el poco aviso y cordura que tenía, tomó la mano por él y dijo: No tiene Delio razón de estar tan contento de tenerme por esposa, como tú muestras estar por haberme conoscido, ni de tenerme tan presente que se olvide de sus granjas y ganados, pues importan más que el deleite que de ver la belleza que falsamente me atribuyes se pudiera tomar. Dijo entonces ALCIDA: No perjudiques, Diana, tan adrede á tu gentileza, ni hagas tan grande agravio al parescer que el mundo tiene de ti, qué no paresce mal en una hermosa el estimarse, ni le da el nombre de altiva moderadamente conoscerse. Y tú, Delio, tente por el más dichoso del mundo, y goza bien el favor que la Fortuna te hizo, pues ni dió ni tiene que dar cosa que iguale con ser esposo de Diana. Atentamente escuchó DELIO las palabras de ALCIDA, y en tanto que habló, la estuvo siempre mirando, tanto que á la fin de sus dulces y avisadas razones se halló tan preso de sus amores, que de atónito y pasmado no tuvo palabras con qué respondelle, sino que con un ardiente suspiro dió señal de la nueva herida que Cupido había hecho en sus entrañas. A este tiempo sintieron una voz, cuya suavidad los deleitó maravillosamente. Paráronse atentos á escuchalla, y volviendo los ojos hacia donde resonaba, vieron un pastor que muy fatigado venía hacia la fuente á guisa de congojado caminante, cantando desta manera:
Soneto.
No puede darme Amor mayor tormento, ni la Fortuna hacer mayor mudanza; no hay alma con tan poca confianza, ni corazón en penas tan contento. Hácelo Amor, que esfuerza el flaco aliento, porque baste á sufrir mi malandanza, y no deja morir con la esperanza la vida, la aflicción ni el sufrimiento. ¡Ay, vano corazón! ¡Ay, ojos tristes! ¿por qué en tan largo tiempo y tanta pena nunca se acaba el llanto ni la vida? ¡Ay, lástimas! ¿no os basta lo que hecistes? Amor ¿por qué no aflojas mi cadena, si en tanta libertad dejaste Alcida?.
Apenas acabó ALCIDA de oir la canción del pastor, que conosciendo quién era, toda temblando, con grande priessa se levantó, antes que él llegasse, rogándoles á Delio y Diana que no dijessen que ella había estado allí, porque le importaba la vida no ser hallada ni conoscida por aquel pastor, que como la misma muerte aborrescía. Ellos le ofrescieron hacello ansi, pesándoles en extremo de su presta y no pensada partida. Alcida, á más andar, metiéndose por un bosque muy espesso que junto á la fuente estaba, caminó con tanta presteza y recelo como si de una cruel y hambrienta tigre fuera perseguida. Poco después llegó el pastor tan cansado y afligido, que pareció la Fortuna, doliéndose dél, habelle ofrescido aquella clara fuente y la compañía de Diana para algún alivio de su pena. Porque como en tan calorosa siesta, tras el cansancio del fatigoso camino, vido la amenidad del lugar, el sombrío de los árboles, la verdura de las hierbas, la lindeza de la fuente y la hermosura de Diana, le paresció reposar un rato aunque la importancia de lo que buscaba y el deseo con que tras ello se perdía no daban lugar á descanso ni entretenimiento. DIANA entonces le hizo las gracias y cortesías que conforme á los celos de Delio, que presente estaba, se podían hacer, y tuvo grande cuenta con el extranjero pastor, assí porque en su manera le paresció tener merescimiento, como porque le vido lastimado del mal que ella tenía. El pastor hizo grande caso de los favores de Diana, teniéndose por muy dichoso de haber hallado tan buena aventura. Estando en esto, mirando Diana en torno de sí, no vió á su esposo Delio, porque enamorado, como dijimos, de Alcida, en tanto que Diana estaba descuidada, empleándose en acariciar el nuevo pastor, se fué tras la fugitiva pastora, metiéndose por el mesmo camino con intención determinada de seguilla, aunque fuesse á la otra parte del mundo. Atónita quedó Diana de ver que faltasse tan improvisamente su esposo, y assi dió muchas voces repitiendo el nombre de Delio. Mas no aprovechó para que él desde el bosque respondiesse, ni dejasse de proseguir su camino, sino que con grandíssima priessa caminando, entendía en alcanzar la amada Alcida. De manera que Diana, viendo que Delio no parescía, mostró estar muy afligida por ello, haciendo tales sentimientos, que el pastor por consolarla le dijo: No te vea yo, hermosa pastora, tan sin razón afligida, ni des crédito á tu sospecha en tan gran perjuicio de tu descanso. Porque el pastor que tú buscas no ha tanto que falta que debas tenerte por desamparada. Sosiégate un poco, que podrá ser que estando tú divertida, convidado del sombrío de los amenos alisos y de la frescura del viento, que los está blandamente meneando, haya querido mudar asiento, sin que nosotros lo viéssemos, porque temía quizá no le contradijéssemos; ó por ventura le ha tanto pesado de mi venida, y tuviera por tan enojosa mi compañía, que ha escogido otro lugar donde sin ella pueda pasar alegremente la siesta.
A esto respondió DIANA: Gracioso pastor, para conoscer el mal que maltrata tu vida, basta oir las palabras que publica tu lengua. Bien muestras estar del Amor atormentado, y vezado á engañar las amorosas sospechas con vanas imaginaciones. Porque costumbre es de los amadores dar á entender á sus pensamientos cosas falsas é impossibles, para hacer que no dén crédito á las ciertas y verdaderas. Semejantes consuelos, pastor, aprovechan más para señalar en ti el pesar de mi congoja que para remediar mi pena. Porque yo sé muy bien que mi esposo Delio va siguiendo una hermosíssima pastora, que de aquí se partió, y según la afición con que estando aquí la miraba y los suspiros que del alma le salían, yo que sé cuán determinadamente suele emprender cuanto le passa por el pensamiento, tengo por cierto que no dejará de seguir la pastora, aunque piense en toda su vida no volver ante mis ojos. Y lo que más me atormenta es conoscer la dura y desamorada condición de aquella pastora, porque tiene un alma tan enemiga del amor, que desprecia la más extremada beldad y no hace caso del valor más aventajado. Al triste pastor en este punto paresció que una mortal saeta le travesó el corazón, y dijo: ¡Ay de mí, desdichado amante! ¿con cuánta más razón se han de doler de mí las almas que no fueren de piedra, pues por el mundo busco la más cruel, la más áspera y despiadada doncella que se puede hallar? Duélete de veras, pastora, de tu esposo, que si la que él busca tiene tal condición como ésta, corre gran peligro su vida de perderse. Oyendo DIANA estas palabras, acabó de conoscer su mal, y vió claramente que la pastora, que en ver este pastor tan prestamente huyó, era la que él por todas las partes del mundo había buscado. Y era ansí, porque ella huyendo dél, por no ser descubierta ni conoscida, había tomado hábito de pastora. Mas dissimuló por entonces con el pastor, y no quiso decille nada de esto, por cumplir con la palabra que á Alcida había dado al tiempo de partirse. Y también porque vió que ella gran rato había que era partida, corriendo con tanta presteza por aquel bosque espessíssimo, que fuera impossible alcanzalla. Y publicar al pastor esto, no sirviera para más de dalle mayor pena. Porque aquello fatiga más, cuando no se alcanza, que dió alguna esperanza de ser habido. Pero como DIANA deseasse conoscellos y saber la causa de los amores dél y del aborrescimiento della, le dijo: Consuela, pastor, tu llanto, y cuéntame la causa dél; que por alivio desta congoja holgaré de saber quién eres y oir el processo de tus males; porque por la conmemoración dellos te ha de ser agradable, si eres verdadero amante, como creo. El entonces no se hizo mucho de rogar, antes, sentándose entrambos junto á la fuente, habló de esta manera:
No es mi mal de tal calidad que á toda suerte de gentes se pueda contar; mas la opinión que tengo de tu merescimiento y el valor que tu hermosura me publica me fuerzan á contarte abiertamente mi vida, si vida se puede llamar la que de grado trocaría con la muerte.
Sabe, pastora, que mi nombre es Marcelio, y mi estado muy diferente de lo que mi hábito señala. Porque fuí nascido en la ciudad Soldina, principal en la provincia Vandalia, de padres esclarecidos en linaje y abundantes de riquezas. En mi tierna edad fuí llevado á la corte del rey de lusitanos, y allí criado y querido, no sólo de los señores principales della, mas aun del mismo rey, tanto que nunca consintió que me partiesse de su corte, hasta que me encargó la gente de guerra que tenía en la costa de Africa. Allí estuve mucho tiempo capitán de las villas y fortalezas que él tiene en aquella costa, teniendo mi proprio assiento en la villa de Ceuta, donde fué el principio de mi desventura. Allí, por mi mal, había un noble y señalado caballero, nombrado Eugerio, que tenía cargo por el rey del gobierno de la villa, al cual Dios, allende de dalle nobleza y bienes de fortuna, le hizo merced de un hijo nombrado Polydoro, valeroso en todo extremo, y dos hijas llamadas Alcida y Clenarda, aventajadas en hermosura. Clenarda en tirar arco era diestríssima, pero Alcida, que era la mayor, en belleza la sobrepujaba. Esta de tal manera enamoró mi corazón, que ha podido causarme la desesperada vida que passo y la cruda muerte que cada día llamo y espero. Su padre tenía tanta cuenta con ella, que pocas veces consentía que se partiesse delante sus ojos. Y esto impedía que yo no le pudiesse hacer saber lo mucho que la quería. Sino que las veces que tenía ventura de vella, con un mirar apassionado y suspiros que salían de mi pecho sin licencia de mi voluntad, le publicaba mi pena. Tuve manera de escrebille una carta, y no perdiendo la ocasión que me concedió la fortuna, le hice una letra que decía ansí:
CARTA DE MARCELIO PARA ALCIDA
La honesta majestad y el grave tiento, modestia vergonzosa, y la cordura, el sossegado y gran recogimiento, Y otras virtudes mil, que la hermosura, que en todo el mundo os da nombre famoso, encumbran á la más suprema altura, En passo tan estrecho y peligroso mi corazón han puesto, hermosa Alcida, que en nada puedo hallar cierto reposo. Lo mesmo que á quereros me convida, el alma ansí refrena, que quisiera callar, aunque es á costa de la vida. ¿Cuál hombre duro vido la manera conque mirando echáis rayos ardientes, que no enmudezca allí y callando muera? ¿Quién las bellezas raras y excelentes vido de más quilate y mayor cuenta que todas las passadas y presentes, Que en la alma un nuevo amor luego no sienta, tal que la causa dél le atierre tanto que solamente hablar no le consienta? Tanto callando sufro, que me espanto que no esté de congoja el pecho abierto y el corazón deshecho en triste llanto. Esme impossible el gozo, el dolor cierto, la pena firme, vana la esperanza: vivo sin bien, y el mal me tiene muerto. En mí mesmo de mí tomo venganza, y lo que más deseo, menos viene, y aquello que más huyo, más me alcanza. Aguardo lo que menos me conviene, y no admito consuelo á mi tristura, gozando del dolor que el alma tiene. Mi vida y mi deleite tanto dura cuanto dura el pensar la gran distancia que hay de mí á tal gracia y hermosura. Porque concibo en la alma una arrogancia de ver que en tal lugar supe emplealla, que el corazón esfuerzo y doy constancia. Pero contra mí mueve tal batalla vuestro gentil y angélico semblante, que no podrán mil vidas esperalla. Mas no hay tan gran peligro que me espante, ni tan fragoso y áspero camino, que me estorbe de andar siempre adelante. Siguiendo voy mi proprio desatino, voy tras la pena y busco lo que daña, y ofrezco al llanto el ánimo mezquino. Perpetuo gozo alegra y acompaña mi vida, que penando está en sossiego, y siente en los dolores gloria extraña. La pena me es deleite, el llanto juego, descanso el suspirar, gloria la muerte, las llagas sanidad, reposo el fuego. Cosa no veo jamás que no despierte y avive en mí la furia del tormento, pero recibo en él dichosa suerte. Estos males, señora, por vos siento, destas passiones vivo atormentado con la fatiga igual al sufrimiento. Pues muévaos á piedad un desdichado, que ofresce á vuestro amor la propia vida, pues no pide su mal ser remediado, mas sólo ser su pena conoscida.
Esta fué la carta que le escribí, y si ella fuera tan bien hecha como fué venturosa, no trocara mi habilidad por la de Homero. Llegó á las manos de Alcida, y aunque de mis razones quedó alterada, y de mi atrevimiento ofendida; pero al fin, tener noticia de mi pena hizo, según después entendí, en su corazón mayor efecto de lo que yo de mi desdicha confiaba. Comencé á señalarme su amante, haciendo justas, torneos, libreas, galas, invenciones, versos y motes por su servicio, durando en esta pena por espacio de algunos años. Al fin de los cuales Eugerio me tuvo por merescedor de ser su yerno, y por intercessión de algunos principales hombres de la tierra me ofresció su hija Alcida por mujer. Tratamos que los desposorios se hiciesen en la ciudad de Lisbona, porque el rey de lusitanos en ellos estuviesse presente; y assí, despachando un correo con toda diligencia, dimos cuenta al rey de este casamiento, y le suplicamos que nos diesse licencia para que, encomendando nuestros cargos á personas de confianza, fuéssemos allá á solemnizarlo. Luego por toda la ciudad y lugares apartados y vecinos se extendió la fama de mi casamiento, y causó tan general placer, como á tan hermosa dama como Alcida y a tan fiel amante como yo se debía. Hasta aquí llegó mi bienaventuranza, hasta aquí me encumbró la fortuna, para después abatirme en la profundidad de miserias en que me hallo. ¡Oh, transitorio bien, mudable contento; oh, deleite variable; oh, inconstante firmeza de las cosas mundanas! ¿Qué más pude recibir de lo que recibí y qué más puedo padescer de lo que padezco? No me mandes, pastora, que importune tus oídos con más larga historia, ni que lastime tus entrañas con mis desastres. Conténtate agora con saber mi passado contentamiento, y no quieras saber mi presente dolor, porque está cierta que ha de enfadarte mi prolijidad y de alterarte mi desgracia. A lo cual respondió DIANA: Deja, Marcelio, semejantes excusas, que no quise yo saber los sucessos de tu vida para gozar sólo de tus placeres, sin entristecerme de tus pesares, antes quiero dellos toda la parte que cabrá en mi congojado corazón. ¡Ay, hermosa pastora, dijo MARCELIO, cuán contento quedaría si la voluntad que te tengo no me forzasse á complacerte en cosa de tanto dolor! Y lo que más me pesa es que mis desgracias son tales que han de lastimar tu corazón cuando las sepas, que la pena que he de recebir en contallas no la tengo en tanto que no la sufriesse de grado á trueco de contentarte. Pero yo te veo tan deseosa de sabellas, que me será forzado causarte tristeza, por no agraviar tu voluntad. Pues has de saber, pastora, que después que fué concertado mi desventurado casamiento, venida ya la licencia del rey, el padre Eugerio, que viudo era, el hijo Polydoro, las dos hijas Alcida y Clenarda y el desdichado Marcelio, que su dolor te está contando, encomendados los cargos que por el rey teníamos á personas de confianza, nos embarcamos en el puerto de Ceuta, para ir por mar á la noble Lisbona á celebrar, como dije, en presencia del rey el matrimonio.
El contento que todos llevábamos nos hizo tan ciegos, que en el más peligroso tiempo del año no tuvimos miedo á las tempestuosas ondas que entonces suelen hincharse, ni á los furiosos vientos, que en tales meses acostumbran embravecerse; sino que, encomendando la frágil nave á la inconstante fortuna, nos metimos en el peligroso mar, descuidados de sus continuas mudanzas é innumerables infortunios. Mas poco tiempo passó que la fortuna castigó nuestro atrevimiento, porque antes que la noche llegasse, el piloto descubrió manifiestas señales de la venidera tempestad. Comenzaron los espessos ñublados á cubrir el cielo, empezaron á murmurar las airadas ondas, los vientos á soplar por contrarias y diferentes partes. ¡Ay, tristes y peligrosas señales! dijo el turbado y temeroso piloto; ¡ay, desdichada nave, qué desgracia se te apareja, si Dios por su bondad no te socorre! Diciendo esto vino un ímpetu y furia tan grande de viento, que en las extendidas velas y en todo el cuerpo de la nave sacudiendo, la puso en tan gran peligro, que no fué bastante el gobernalle para regirla, sino que, siguiendo el poderoso furor, iba donde la fuerza de las ondas y vientos la impelía. Acabó poco á poco á descararse la tempestad, las furiosas ondas cubiertas de blanca espuma comienzan á ensoberbecerse. Estaba el cielo abundante lluvia derramando, furibundos rayos arrojando y con espantosos truenos el mundo estremesciendo. Sentíase un espantable ruido de las sacudidas maromas, y movían gran terror las lamentables voces de los navegantes y marineros. Los vientos por todas partes la nave combatían, las ondas con terribles golpes en ella sacudiendo, las más enteras y mejor clavadas tablas hendían y desbarataban. A veces el soberbio mar hasta el cielo nos levantaba y luego hasta los abismos nos despeñaba, y á veces espantosamente abriéndose, las más profundas arenas nos descubría. Los hombres y mujeres á una y otra parte corriendo, su desventurada muerte dilatando, unos entrañables suspiros esparcían, otros piadosos votos ofrescían y otros dolorosas lágrimas derramaban. El piloto con tan brava fortuna atemorizado, vencido su saber de la perseverancia y braveza de la tempestad, no sabía ni podía regir el gobernalle. Ignoraba la naturaleza y origen de los vientos, y en un mesmo punto mil cosas diferentes ordenaba. Los marineros, con la agonía de la cercana muerte turbados, no sabían ejecutar lo mandado, ni con tantas voces y ruido podían oir el mandamiento y orden del ronco y congojado piloto. Unos amainan la vela, otros vuelven la antena, otros añudan las rompidas cuerdas, otros remiendan las despedazadas tablas, otros el mar en el mar vacian, otros al timón socorren, y en fin todos procuran defender la miserable nave del inevitable perdimiento. Mas no valió la diligencia, ni aprovecharon los votos y lágrimas para ablandar el bravo Neptuno. Antes cuanto más se iba acercando la noche, más cargaron los vientos y más se ensañaron las tempestades.
Venida ya la tenebrosa noche, y no amansándose la fortuna, el padre EUGERIO, desconfiado de remedio, con el rostro temeroso y alterado, á sus hijos y yerno mirando, tenía tanta agonía de la muerte que habíamos de passar, que tanto nos dolía su congoja como nuestra desventura. Mas el lloroso viejo, rodeado de trabajos, con lamentable voz y tristes lágrimas decía de esta manera: ¡Ay, mudable Fortuna, enemiga del humano contento, tan gran desdicha le tenías guardada á mi triste vejez! ¡Oh, bienaventurados los que en juveniles años mueren, lidiando en las sangrientas batallas, pues no llegando á la cansada edad no vienen á peligro de llorar los desastres y muertes de sus amados hijos! ¡Oh, fuerte mal; oh, triste sucesso! ¿Quién jamás murió tan dolorosamente como yo, que esperando consolar mi muerte con dejar en el mundo quien conserve mi memoria y mi linaje, he de morir en compañía de los que habían de solemnizar mis obsequias? Oh, queridos hijos, ¿quién me dijera á mí, que mi vida y la vuestra se habían de acabar á un mesmo tiempo y habían de tener fin con una misma desventura? Querría, hijos míos, consolaros; mas ¿qué puede deciros un triste padre, en cuyo corazon hay tanta abundancia de dolor y tan grande falta de consuelo? Mas consolaos, hijos; armad vuestras almas de sufrimiento, y dejad á mi cuenta toda la tristeza, pues allende de morir una vez por mí, he de sufrir tantas muertes cuantas vosotros habéis de passar. Esto decía el congojado padre con tantas lágrimas y sollozos, que apenas podía hablar, abrazando los unos y los otros por despedida, antes que llegasse la hora del perdimiento. Pues contarte yo agora las lágrimas de Alcida, y el dolor que por ella yo tenía, sería una empresa grande y de mucha dificultad. Sólo una cosa quiero decirte: que lo que más me atormentaba, era pensar que la vida que yo tenía ofrescida á su servicio hubiesse de perderse juntamente con la suya. En tanto la perdida y maltratada nave con el ímpetu y furia de los bravos ponientes, que por el estrecho passo que de Gibraltar se nombra rabiosamente soplaban, corriendo con más ligereza de la que á nuestra salud convenía, conbatida por la poderosa Fortuna por espacio de toda la noche y en el siguiente día, sin poder ser regida con la destreza de los marineros, anduvo muchas leguas por el espacioso mar Mediterráneo, por donde la fuerza de los vientos la encaminaba.
El otro día después paresció la Fortuna querer amansarse; pero volviendo luego á la acostumbrada braveza, nos puso en tanta necessidad que no esperábamos una hora de vida. En fin, nos combatió tan brava tempestad, que la nave, compelida de un fuerte torbellino, que le dió por el izquierdo lado, estuvo en tan gran peligro de trastornarse, que tuvo ya el bordo metido en el agua. Yo que vi el peligro manifiesto, desciñéndome la espada, porque no fuesse embarazo, y abrazándome con Alcida, salté con ella en el batel de la nave. Clenarda, que era doncella muy suelta, siguiéndonos, hizo lo mesmo, no dejando en la nave su arco y aljaba, que más que cualesquier tesoros estimaba. Polydoro abrazándose con su padre, quiso con él saltar en el batel como nosotros; mas el piloto de la nave y un otro marinero fueron los primeros á saltar, y al tiempo que Polydoro con el viejo Eugerio quiso salir de la nave, viniendo por la parte diestra una borrasca, apartó tanto el batel de la nave, que los tristes hubieron de quedar en ella, y de allí á poco rato no la vimos, ni sabemos della, sino que tengo por cierto que por las crueles ondas fué tragada, ó dando al través en la costa de España, miserablemente fué perdida. Quedando, pues, Alcida, Clenarda y yo en el pequeño esquife, guiados con la industria del piloto y de otro marinero, anduvimos errando por espacio de un día y de una noche, aguardando de punto en punto la muerte, sin esperanza de remedio y sin saber la parte donde estábamos. Pero en la mañana siguiente nos hallamos muy cerca de la tierra, y dimos al través en ella. Los dos marineros, que muy diestros eran en nadar, no sólo salieron á nado á la deseada tierra, pero nos sacaron á todos, llevándonos á seguro salvamiento. Después que estuvimos fuera de las aguas, amarraron los marineros el batel á la ribera, y reconosciendo la tierra donde habiamos llegado, hallaron que era la isla Formentera, y quedaron muy espantados de las muchas millas que en tan poco tiempo habiamos corrido. Mas ellos tenían tan larga y cierta experiencia de las maravillas que suelen hacer las bravas tempestades, que no se espantaron mucho del discurso de nuestra navegación. Hallámonos seguros de la Fortuna, pero tan tristes de la pérdida de Eugerio y Polydoro, tan mal tratados del trabajo y tan fatigados de hambre, que no teníamos forma de alegrarnos de la cobrada vida.
Dejo agora de contarte los llantos y extremos de Alcida y Clenarda por haber perdido el padre y hermano, por passar adelante la historia del desdichado sucesso que me acontesció en esta solitaria isla; porque después que en ella fuí librado de la crueldad de la Fortuna, me fué el Amor tan enemigo, que paresció pesarle de ver mi vida libre de la tempestad, y quiso que al tiempo que por más seguro me tuviesse, entonces con nueva y más grave pena fuesse atormentado. Hirió el maligno Amor el corazón del piloto, que Bartofano se decía, y le hizo tan enamorado de la hermosura de Clenarda, su hermana de Alcida, que por salir con su intento olvidó la ley de amicicia y fidelidad, imaginando y efectuando una extraña traición. Y fué assí, que después de las lágrimas y lamentos que las dos hermanas hicieron, acontesció que Alcida, cansada de la passada fatiga, se recostó sobre la arena, y vencida del importuno sueño se durmió. Estando en esto le dije yo al piloto: Bartofano amigo, si no buscamos qué comer, ó por nuestra desdicha no lo hallamos, podemos hacer cuenta que no habernos salvado la vida, sino que habernos mudado manera de muerte. Por esso querría, si te place, que tú y tu compañero fuéssedes al primer lugar que en la isla se os ofresciere para buscar qué comer. Respondió BARTOFANO: Harto hizo la Fortuna, señor Marcelio, en llevarnos á tierra, aunque sea despoblada. Desengáñate de hallar qué comer aquí, porque la tierra es desierta y de gentes no habitada. Mas yo diré un remedio para que no perezcamos de hambre. ¿Ves aquella isleta que está de frente, cerca de donde estamos? Allí hay gran abundancia de venados, conejos, liebres y otra caza, tanto que van por ella grandes rebaños de silvestres animales. Allí también hay una ermita, cuyo ermitaño tiene ordinariamente harina y pan. Mi parescer es que Clenarda, cuya destreza en tirar arco te es manifiesta, passe con el batel á la isla para matar alguna caza, pues el arco y flechas no le faltan, que mi compañero y yo la llevaremos allá; y tú, Marcelio, queda en compañía de Alcida, que será posible que antes que se despierte volvamos con abundancia de fresca y sabrosa provisión.
Muy bien nos paresció á Clenarda y á mí el consejo de Bartofano, no cayendo en la alevosía que tenía fabricada. Mas nunca quiso Clenarda passar á la isleta sin mi compañía, porque no osaba fiarse en los marineros. Y aunque yo me excusé de ir con ella, diciendo que no era bien dejar á Alcida sola y durmiendo en tan solitaria tierra, me respondió que, pues el espacio de mar era muy poco, la caza de la isla mucha y el mar algún tanto tranquilo, porque en estar nosotros en tierra había mostrado amansarse, podíamos ir, cazar y volver antes que Alcida, que muchas noches había que no había dormido, se despertasse. En fin; tantas razones me hizo que, olvidado de lo que más me convenía, sin más pensar en ello, determiné acompañada, de lo cual le pesó harto á Bartofano, porque no quería sino á Clenarda sola, para mejor efectuar su engaño. Mas no le faltó al traidor forma para poner por obra la alevosía: porque dejada Alcida durmiendo, metidos todos en el esquife, nos echamos á la mar, y antes de llegar á la isleta, estando yo descuidado y sin armas, porque todas las había dejado en la nave, cuando salté de ella por salvar la vida, fuí de los dos marineros assaltado, y sin poderme valer, preso y maniatado.
Clenarda, viendo la traición, quiso de dolor echarse en el mar; mas por el piloto fué detenida antes; apartándola á una parte del esquife, en secreto le dijo: No tomes pena de lo hecho, hermosa dama, y sossiega tu corazón, que todo se hace por tu servicio. Has de saber, señora, que éste Marcelio, cuando llegamos á la isla desierta, me habló secretamente y me rogó que te aconsejase que passasses para cazar á la isla, y cuando estuviéssemos en mar, encaminasse la proa hacia Levante, señalándome que estaba enamorado de ti y quería dejar en la isla á tu hermana, por gozar de ti á su placer y sin impedimento. Y aquel no querer acompañarte era por dissimulación y por encubrir su maldad. Mas yo, que veo el valor de tu hermosura, por no perjudicar á tu merescimiento, en el punto que había de hacerte la traición, he determinado serte leal y he atado á Marcelio, como has visto, con determinación de dejarle ansí á la ribera de una isla que cerca de aquí está y volver después contigo adonde dejamos á Alcida. Esta razón te doy de lo hecho; mira tú agora lo que determinas.
Oyendo esto Clenarda, creyó muy de veras la mentira del traidor, y túvome una ira mortal, y fué contenta que yo fuesse llevado donde Bartofano dijo. Mirábame con un gesto airado, y de rabia no podía hablarme palabra, sino que en lo íntimo de su corazón se gozaba de la venganza que de mí se había de tomar, sin nunca advertir el engaño que se le hacía. Conoscí yo en Clenarda que no le pesaba de mi prisión, y ansí le dije: ¿Qué es esto, hermana? ¿tan poca pena te paresce la mía y la tuya que tan presto hicieron fin tus llantos? ¿Quizá tienes confianza de verme presto libre para tomar venganza de estos traidores? Ella entonces, brava como leona, me dijo que mi prisión era porque había pretendido dejar á Alcida y llevarme á ella, y lo demás que el otro le había falsamente recitado. Oyendo esto sentí más dolor que nunca, y ya que no pude poner las manos en aquellos malvados, los traté con injuriosas palabras; y á ella le di tal razón, que conosció ser aquella una grande traición, nascida del amor de Bartofano. Hizo Clenarda tan gran lamento, cuando cayó en la cuenta del engaño, que las duras piedras ablandara; mas no enternesció aquellos duros corazones.
Considera tú agora que el pequeño batel por las espaciosas ondas caminando largo trecho con gran velocidad habría corrido, cuando la desdichada Alcida despertándose sola se vido, y desamparada volvió los ojos al mar y no vido el esquife; buscó gran parte de la ribera, y no halló persona. Puedes pensar, pastora, lo que debió sentir en este punto. Imagina las lágrimas que derramó, piensa agora los extremos que hizo, considera las veces que quiso echarse en el mar y contempla las veces que repitió mi nombre. Mas ya estábamos tan lejos, que no oíamos sus voces, sino que vimos que con una toca blanca, dando vueltas en el aire con ella, nos incitaba para la vuelta. Mas no lo consintió la traición de Bartofano. Antes con gran presteza caminando, llegamos á la isla de Ibiza, donde desembarcamos, y á mí me dejaron en la ribera amarrado á una anchora que en tierra estaba. Acudieron allí algunos marineros conoscidos de Bartofano, y tales como él, y por más que Clenarda les encomendó su honestidad, no aprovechó para que mirassen por ella, sino que dieron al traidor suficiente provisión, y con ella se volvió á embarcar en compañía de Clenarda, que á su pesar hubo de seguille, y después acá nunca más los he visto, ni sabido dellos.
Quedé yo allí hambriento y atado de pies y manos. Pero lo que más me atormentaba, era la necessidad y pena de Alcida, que en la Formentera sola quedaba, que la mía luego fué remediada. Porque á mis voces vinieron muchos marineros, que siendo más piadosos y hombres de bien que los otros, me dieron qué comiesse. E importunados por mí, armaron un bergantín, donde puestas algunas viandas y armas se embarcaron en mi compañía, y no passó mucho tiempo que el velocíssimo navío llegó á la Formentera, donde Alcida había quedado. Mas por mucho que en ella busqué y di voces, no la pude hallar ni descubrir. Pensé que se había echado en el mar desesperada ó de las silvestres fieras había sido comida. Mas buscando y escudriñando los llanos, riberas, peñas, cuevas y los más secretos rincones de la isla, en un pedazo de peña hecho á manera de padrón hallé unas letras escriptas con punta de acerado cuchillo, que decían:
Soneto.
Arenoso, desierto y seco prado, tú, que escuchaste el son de mi lamento, hinchado mar, mudable y fiero viento, con mis suspiros tristes alterado. Duro peñasco, en do escripto y pintado perpetuamente queda mi tormento, dad cierta relación de lo que siento, pues que Marcelio sola me ha dejado. Llevó mi hermana, á mí puso en olvido, y pues su fe, su vela y mi esperanza al viento encomendó, sedme testigos, Que más no quiero amar hombre nascido, por no entrar en un mar do no hay bonanza, ni pelear con tantos enemigos.
No quiero encarescerte, pastora, la herida que yo sentí en el alma cuando leí las letras, conosciendo por ellas que por ajena alevosía y por los malos sucessos de Fortuna quedaba desamado, porque quiero dejarla á tu discreción. Pero no queriendo vida rodeada de tantos trabajos, quise con una espada traspassar el miserable pecho, y assí lo hiciera si de aquellos marineros con obras y palabras no fuera estorbado. Volviéronme casi muerto en el bergantín, y condescendiendo con mis importunaciones, me llevaron por sus jornadas camino de Italia, hasta que me desembarcaron en el puerto de Gayeta, del reino de Nápoles, donde preguntando á cuantos hallaba por Alcida, y dando las señas della, vine á ser informado por unos pastores que había llegado allí con una nave española, que passando por la Formentera, hallándola sola, la recogió, y que por esconderse de mí se había puesto en hábito de pastora. Entonces yo, por mejor buscarla, me vestí también como pastor, rodeando y escudriñando todo aquel reino, y nunca hallé rastro della hasta que me dijeron que huyendo de mí, y sabiendo que tenía della información, con una nave genovesa había passado en España. Embarquéme luego en su seguimiento, y llegué acá á España, y he buscado la mayor parte della, sin hallar persona que me diesse nuevas desta cruel, que con tanta congoja busco. Esta es, hermosa pastora, la tragedia de mi vida, esta es la causa de mi muerte, este es el processo de mis males. Y si en tan pesado cuento hay alguna prolijidad, la culpa es tuya, pues para contarle por ti fuí importunado. Lo que te ruego agora es que no quieras dar remedio á mi mal, ni consuelo á mi fatiga, ni estorbar las lágrimas que con tan justa razón á mi pena son debidas.
Acabando estas razones comenzó Marcelio á hacer tan doloroso llanto y suspirar tan amargamente, que era gran lástima de vello. Quiso Diana darle nuevas de su Alcida, porque poco había que en su compañía estaba, pero por cumplir con la palabra que había dado de no decillo, y también porque vió que le había de atormentar más, dándole noticia de la que en tal extremo le aborrescía, por esso no curó de decille más de que se consolasse y tuviesse mucha confianza, porque ella esperaba velle antes de mucho muy contento con la vista de su dama. Porque si era verdad, como creía, que iba Alcida entre los pastores y pastoras de España, no se le podía esconder, y que ella la haría buscar por las más extrañas y escondidas partes della. Mucho le agradesció Marcelio á Diana tales ofrescimientos, y encargándole mucho mirasse por su vida, haciendo lo que ofrescido le había, quiso despedirse della, diciendo que passados algunos días pensaba volver allí, para informarse de lo que habría sabido de Alcida; pero Diana le detuvo, y le dijo: No seré yo tan enemiga de mi contento que consienta que te apartes de mi compañía. Antes, pues de mi esposo Delio me veo desamparada, como tú de tu Alcida, querría, si te place, que comiesses algunos bocados, porque muestras haberlo menester, y después desto, pues las sombras de los árboles se van haciendo mayores, nos fuéssemos á mi aldea, donde con el descanso que el continuo dolor nos permitirá, passaremos la noche, y luego en la mañana iremos al templo de la casta Diana, do tiene su assiento la sabia Felicia, cuya sabiduría dará algun remedio á nuestra passión. Y porque mejor puedas gozar de los rústicos tratos y simples llanezas de los pastores y pastoras de nuestros campos, será bien que no mudes el hábito de pastor que traes, ni des á nadie á entender quién eres, sino que te nombres, vistas y trates como pastor.
Marcelio, contento de hacer lo que Diana dijo, comió alguna vianda que ella sacó de su zurrón, y mató la sed con el agua de la fuente, lo que le era muy necessario, por no haber en todo el día comido ni reposado, y luego tomaron el camino de la aldea. Mas poco trecho habían andado, cuando en un espesso bosquecillo, que algún tanto apartado estaba del camino, oyeron resonar voces de pastores, que al son de sus zampoñas suavemente cantaban; y como Diana era muy amiga de música, rogó á Marcelio que se llegassen allá. Estando ya junto al bosquecillo, conosció Diana que los pastores eran Tauriso y Berardo, que por ella penados andaban, y tenían costumbre de andar siempre de compañía y cantar en competencia. Y ansí Diana y Marcelio, no entrando donde los pastores estaban, sino puestos tras unos robledales, en parte donde podían oir la suavidad de la música, sin ser vistos de los pastores, escucharon sus cantares. Y ellos, aunque no sabían que estaba tan cerca la que era causa de su canto, adevinando cuasi con los ánimos que su enemiga les estaba oyendo, requebrando las pastoriles voces, y haciendo con ellas delicados passos y diferencias, cantaban desta manera:
TAURISO
Pues ya se esconde el sol tras las montañas, dejad el pasto, ovejas, escuchando las voces roncas, ásperas y extrañas que estoy sin tiento ni orden derramando. Oid cómo las míseras entrañas se están en vivas llamas abrasando con el ardor que enciende en la alma insana la angélica hermosura de Diana.
BERARDO
Antes que el sol, dejando el hemisphero, caer permita en hierbas el rocío, tú, simple oveja, y tú, manso cordero, prestad grata atención al canto mío. No cantaré el ardor terrible y fiero, mas el mortal temor helado y frío, con que enfrena y corrige el alma insana la angélica hermosura de Diana.
TAURISO
Cuando imagina el triste pensamiento la perfección tan rara y escogida, la alma se enciende assí, que claro siento ir siempre deshaciéndose la vida. Amor esfuerza el débil sufrimiento, y aviva la esperanza consumida, para que dure en mí el ardiente fuego, que no me otorga un hora de sossiego.
BERARDO
Cuando me paro á ver mi bajo estado y el alta perfección de mi pastora, se arriedra el corazón amedrentado y un frío hielo en la alma triste mora. Amor quiere que viva confiado, y estoilo alguna vez, pero á deshora al vil temor me vuelvo tan sujeto, que un hora de salud no me prometo.
TAURISO
Tan mala vez la luz ardiente veo de aquellas dos claríssimas estrellas, la gracia, el continente y el asseo, con que Diana es reina entre las bellas, que en un solo momento mi deseo se enciende en estos rayos y centellas, sin esperar remedio al fuego extraño que me consume y causa extremo daño.
BERARDO
Tan mala vez las delicadas manos de aquel marfil para mil muertes hechas, y aquellos ojos claros soberanos tiran al corazón mortales flechas, que quedan de los golpes inhumanos mis fuerzas pocas, flacas y deshechas, y tan pasmado, flojo y débil quedo, que vence á mi deseo el triste miedo.
TAURISO
¿Viste jamás un rayo poderoso, cuyo furor el roble antiguo hiende? Tan fuerte, tan terrible y riguroso es el ardor que la alma triste enciende. ¿Viste el poder de un río pressuroso, que de un peñasco altíssimo desciende? Tan brava, tan soberbia y alterada Diana me paresce estando airada. Mas no aprovecha nada para que el vil temor me dé tristeza, pues cuanto más peligros, más firmeza.
BERARDO
¿Viste la nieve en haldas de una sierra con los solares rayos derretida? Ansí deshecha y puesta por la tierra al rayo de mi estrella está mi vida. ¿Viste en alguna fiera y cruda guerra algún simple pastor puesto en huida? Con no menos temor vivo cuitado, de mis ovejas proprias olvidado. Y en este miedo helado merezco más, y vivo más contento, que en el ardiente y loco atrevimiento.
TAURISO
Berardo, el mal que siento es de tal arte, que en todo tiempo y parte me consume, el alma no presume ni se atreve; mas como puede y debe comedida le da la propria vida al niño ciego, y en encendido fuego alegre vive, y como allí recibe gran consuelo, no hay cosa de que pueda haber recelo.
BERARDO
Tauriso, el alto cielo hizo tan bella esta Diana estrella, que en la tierra con luz clara destierra mis tinieblas, las más escuras nieblas apartando; que si la estoy mirando embelesado, vencido y espantado, triste y ciego los ojos bajo luego, de manera que no puedo, aunque quiera, aventurarme á ver, pedir, dolerme ni quejarme.
TAURISO
Jamás quiso escucharme esta pastora mía, mas persevera siempre en la dureza, y en siempre maltratarme continua su porfía. ¡Ay, cruda pena; ay, fiera gentileza! Mas es tal la firmeza que esfuerza mi cuidado, que vivo más seguro que está un peñasco duro contra el rabioso viento y mar airado, y cuanto más vencido, doy más ardor al ánimo encendido.
BERARDO
No tiene el ancho suelo lobos tan poderosos cuya braveza miedo pueda hacerme, y de un simple recelo, en casos amorosos, como cobarde vil vengo á perderme. No puedo defenderme de un miedo que en mi pecho gobierna, manda y rige; que el alma mucho aflige y el cuerpo tiene ya medio deshecho. ¡Ay, crudo amor; ay, fiero! ¿con pena tan mortal cómo no muero?
TAURISO
Junto á la clara fuente, sentada con su esposo la pérfida Diana estaba un día, y yo á mi mal presente tras un jaral umbroso, muriendo de dolor de lo que vía: él nada le decía, mas con mano grossera trabó la delicada á torno fabricada, y estuvo un rato assí, que no debiera; y yo tal cosa viendo, de ira mortal y fiera envidia ardiendo.
BERARDO
Un día al campo vino aserenando al cielo la luz de perfectíssimas mujeres, las hebras de oro fino cubiertas con un velo, prendido con dorados alfileres; mil juegos y placeres passaba con su esposo; yo tras un mirto estaba, y vi que él alargaba la mano al blanco velo, y el hermoso cabello quedó suelto, y yo de vello en triste miedo envuelto.
En acabando los pastores de cantar, comenzaron á recoger su ganado, que por el bosque derramado andaba. Y viniendo hacia donde Marcelio y Diana estaban, fué forzado habellos de ver, porque no tuvieron forma de esconderse aunque mucho lo trabajaron. Gran contento recibieron de tan alegre y no pensada vista. Y aunque Berardo quedó con ella atemorizado, el ardiente Tauriso con ver la causa de su pena encendió más su deseo. Saludaron cortésmente las pastoras, rogándoles que, pues la Fortuna allí los había encaminado, se fuessen todos de compañía hacia la aldea. Diana no quiso ser descortés, porque no lo acostumbraba, más fué contenta de hacello ansí. De modo que Tauriso y Berardo encargaron á otros pastores que con ellos estaban que los recogidos ganados hacia la aldea poco á poco llevassen, y ellos, en compañía de Marcelio y Diana, adelantándose, tomaron el camino. Rogóle Tauriso á Diana que á la canción que él diría respondiesse; ella dijo que era contenta, y ansí cantaron esta canción:
TAURISO. Zagala, ¿por qué razón no me miras, di, enemiga?
DIANA. Porque los ojos fatiga lo que ofende al corazón.
TAURISO. ¿Qué pastora hay en la vida que se ofenda de mirar?
DIANA. La que pretende passar sin querer ni ser querida.
TAURISO. No hay tan duro corazón que un alma tanto persiga.
DIANA. Ni hay pastor que contradiga tan adrede á la razón.
TAURISO. ¿Cómo es esto que no tuerza el amor tu crueldad?
DIANA. Porque amor es voluntad, y en la voluntad no hay fuerza.
TAURISO. Mira que tienes razón de remediar mi fatiga.
DIANA. Esa mesma á mí me obliga á guardar mi corazón.
TAURISO. ¿Por qué me das tal tormento y qué guardas tu hermosura?
DIANA. Porque tú el seso y cordura llamas aborrescimiento.
TAURISO. Será porque sin razón tu braveza me castiga.
DIANA. Antes porque de fatiga defiendo mi corazón.
TAURISO. Cata que no soy tan feo como te cuidas, pastora.
DIANA. Conténtate por agora con que digo que te creo.
TAURISO. ¿Después de darme passión me escarnesces, di, enemiga?
DIANA. Si otro quieres que te diga, pides más de la razón.
En extremo contentó la canción de Tauriso y Diana, y aunque Tauriso por ella sintió las crudas respuestas de su pastora, y con ellas grande pena, quedó tan alegre con que ella le había respondido, que olvidó el dolor que de la crueldad de sus palabras pudiera rescebir. A este tiempo el temeroso BERARDO, esforzando el corazón, hincando sus ojos en los de Diana á guisa de congojado cisne, que cercano á su postrimería, junto á las claras fuentes va suavemente cantando, levantó la debil y medrosa voz, que con gran pena del sobresaltado pecho le salía, y al son de su zampoña cantó ansí:
Tenga fin mi triste vida, pues, por mucho que lloré, no es mi pena agradescida ni dan crédito á mi fe.
Estoy en tan triste estado, que tomara por partido de ser mal galardonado solo que fuera creído.
Mas aunque pene mi vida, y en mi mal constante esté, no es mi pena agradescida ni dan crédito á mi fe.
Después de haber dicho Berardo su canción, pusieron los dos pastores los ojos en Marcelio, y como era hombre no conoscido, no osaban decille que cantasse. Pero, en fin, el atrevido Tauriso le rogó les dijesse su nombre, y si era possible dijesse alguna canción, porque lo uno y lo otro les sería muy agradable. Y él, sin dalles otra respuesta, volviéndose á Diana, y señalándole que su zampoña tocasse, quiso con una canción contentallos de entrambas las cosas. Y después de dado un suspiro, dijo ansí:
Tal estoy después que vi la crueldad de mi pastora, que ni sé quién soy agora ni lo que será de mí.
Sé muy bien que, si hombre fuera, el dolor me hubiera muerto, y si piedra, está muy cierto que el llorar me deshiciera.
Llámanme Marcelio á mi, pero soy de una pastora, que ni sé quién soy agora ni lo que será de mí.
Ya la luz del sol comenzaba á dar lugar á las tinieblas, y estaban las aldeas con los domésticos fuegos humeando, cuando los pastores y pastoras, estando muy cerca de su lugar, dieron fin á sus cantares. Llegaron todos á sus casas contentos de la passada conversación, pero Diana no hallaba sossiego, mayormente cuando supo que no estaba en la aldea su querido Syreno. Dejó á Marcelio aposentado en casa de Melibeo, primo de Delio, donde fué hospedado con mucha cortesía, y ella, viniendo á su casa, convocados sus parientes y los de su esposo, les dió razón de cómo Delio la había dejado en la fuente de los alisos, yendo tras una extranjera pastora. Sobre ello mostró hacer grandes llantos y sentimientos, y al cabo de todos ellos les dijo que su determinación era ir luego por la mañana al templo de Diana, por saber de la sabia Felicia nuevas de su esposo. Todos fueron muy contentos de su voluntad, y para el cumplimiento della le ofrescieron su favor; y ella, pues supo que en el templo de Diana hallaría su Syreno, quedó muy alegre del concierto, y con la esperanza del venidero placer dió aquella noche á su cuerpo algún reposo, y tuvo en el corazón un no acostumbrado sossiego.
Fin del libro primero.
LIBRO SEGUNDO DE DIANA ENAMORADA
Es el injusto Amor tan bravo y poderoso, que de cuanto hay en el mundo se aprovecha para su crueldad, y las cosas de más valor le favorescen en sus empresas. Especialmente la Fortuna le da tanto favor con sus mudanzas, cuanto él ha menester para dar graves tormentos. Claro está lo que digo en el desastre de Marcelio, pues la Fortuna ordenó tal acontescimiento, que de su esposa Alcida forzado hubo de dar crédito á una sospecha tal que, aunque falsa, tenía muy cierto ó á lo menos aparente fundamento; y dello se siguió aborrescer á su esposo, que más que á su vida la quería, y en nada le había ofendido. De aquí se puede colegir cuán cierta ha de ser una presunción, para que un hombre sabio le deba dar entera fe: pues ésta, que tenía muestras de certidumbre, era tan ajena de verdad. Pero ya que el Amor y Fortuna trataron tan mal á Marcelio, una cosa tuvo que agradescelles, y fué que el Amor hirió el corazón de Diana, y Fortuna hizo que Marcelio en la fuente la hallasse, para que entrambos fuessen á la casa de Felicia y el triste passasse sus penas en agradable compañía. Pues llegado el tiempo qué la rubicunda Aurora con su dorado gesto ahuyentaba las nocturnas estrellas, y las aves con suave canto anunciaban el cercano día, la enamorada Diana, fatigada ya de la prolija noche, se levantó para emprender el camino deseado. Y encargadas ya sus ovejas á la pastora Polyntia, salió de su aldea acompañada de su rústica zampoña, engañadora de trabajos, y proveído el zurrón de algunos mantenimientos, bajó por una cuesta, que de la aldea á un espesso bosque descendía, y á la fin della se paró sentada debajo unos alisos, esperando que Marcelio, su compañero, viniesse, según que con él la noche antes lo había concertado. Mas en tanto que no venía, se puso á tañer su zampoña y cantar esta
Canción.
Madruga un poco, luz del claro día, con apacible y blanda mansedumbre, para engañar un alma entristescida. Extiende, hermoso Apolo, aquella lumbre, que á los desiertos campos da alegría, y á las muy secas plantas fuerza y vida. En ésta amena silva, que convida á muy dulce reposo, verás de un congojoso dolor mi corazón atormentado, por verse ansí olvidado de quien mil quejas daba de mi olvido: la culpa es de Cupido, que aposta quita y da aborrescimiento, do ve que ha de causar mayor tormento.
¿Qué fiera no enternesce un triste canto? ¿y qué piedra no ablandan los gemidos que suele dar un fatigado pecho? ¿Qué tigres ó leones conducidos no fueran á piedad oyendo el llanto que quasi tiene mi ánimo deshecho? Sólo á Syreno cuento sin provecho mi triste desventura, que della tanto cura como el furioso viento en mar insano las lágrimas que en vano derrama el congojado marinero, pues cuanto más le ruega, más es fiero.
No ha sido fino amor, Syreno mío, el que por estos campos me mostrabas, pues un descuido mío ansí le ofende. ¿Acuérdaste, traidor, lo que jurabas sentado en este bosque y junto al río? ¿pues tu dureza agora qué pretende? ¿No bastará que el simple olvido emiende con un amor sobrado, y tal, que si al passado olvido no aventaja de gran parte (pues más no puedo amarte, ni con mayor ardor satisfacerte) por remedio tomar quiero la muerte?
Mas viva yo en tal pena, pues la siento por ti, que haces menor toda tristura, aunque más dañe el ánima mezquina. Porque tener presente tu figura da gusto aventajado al pensamiento de quien por ti penando en ti imagina. Mas tú á mi ruego ardiente un poco inclina el corazón altivo, pues ves que en penas vivo con un solo deseo sostenida, de oir de ti en mi vida siquiera un no en aquello que más quiero. ¿Mas qué se ha de esperar de hombre tan fiero?
¿Cómo agradesces, dime, los favores de aquel tiempo passado que tenías mas blando el corazón, duro Syreno, cuando, traidor, por causa mía hacías morir de pura envidia mil pastores. ¡Ay, tiempo de alegría! ¡Ay, tiempo bueno! Será testigo el valle y prado ameno, á do de blancas rosas y flores olorosas guirnalda á tu cabeza componía, do á veces añadía por sólo contentarte algún cabello: que muero de dolor pensando en ello. Agora andas essento aborresciendo la que por ti en tal pena se consume: pues guarte de las mañas de Cupido. Que el corazón soberbio, que presume del bravo amor estarse defendiendo, cuanto más armas hace, es más vencido. Yo ruego que tan preso y tan herido estés como me veo. Mas siempre á mi deseo no desear el bien le es buen aviso, pues cuantas cosas quiso, por más que tierra y cielos importuna, se las negó el Amor y la Fortuna. Canción, en algún pino ó dura encina no quise señalarte, mas antes entregarte al sordo campo y al mudable viento: porque de mi tormento se pierda la noticia y la memoria, pues ya perdida está mi vida y gloria.
La delicada voz y gentil gracia de la hermosa Diana hacía muy clara ventaja á las habilidades de su tiempo: pero más espanto daba ver las agudezas con que matizaba sus cantares, porque eran tales, que parescían salidas de la avisada corte. Mas esto no ha de maravillar tanto los hombres que lo tengan por impossible: pues está claro que es bastante el Amor para hacer hablar á los más simples pastores avisos más encumbrados, mayormente si halla aparejo de entendimiento vivo é ingenio despierto, que en las pastoriles cabañas nunca faltan. Pues estando ya la enamorada pastora al fin de su canción, al tiempo que el claro sol ya comenzaba á dorar las cumbres de los más altos collados, el desamado Marcelio, de la pastoril posada despedido para venir al lugar que con Diana tenía concertado, descendió la cuesta á cuyo pie ella sentada estaba. Vióle ella de lejos, y calló su voz, porque no entendiesse la causa de su mal. Cuando MARCELIO llegó donde Diana le esperaba, le dijo: Hermosa pastora, el claro día de hoy, que con la luz de tu gesto amaneció más resplandeciente, sea tan alegre para ti como fuera triste para mí si no le hubiesse de passar en tu compañía. Corrido estoy en verdad de ver que mi tardanza haya sido causa que recibiesses pesadumbre con esperarme; pero no será este el primer yerro que le has de perdonar á mi descuido, en tanto que tratarás conmigo. Sobrado sería el perdón, dijo DIANA, donde el yerro falta: la culpa no la tiene tu descuido, sino mi cuidado, pues me hizo levantar antes de hora y venir acá, donde hasta agora he passado el tiempo, á veces cantando y á veces imaginando, y en fin entendiendo en los tratos que á un angustiado espíritu pertenescen. Mas no hace tiempo de deternos aquí, que aunque el camino hasta el templo de Diana es poco, el deseo que tenemos de llegar allá es mucho. Y allende de esto me paresce que conviene, en tanto que el sol envía más mitigados los rayos y no son tan fuertes sus ardores, adelantar el camino, para después, á la hora de la siesta, en algún lugar fresco y sombrío tener buen rato de sossiego. Dicho esto, tomaron entrambos el camino, travesando aquel espesso bosque, y por alivio del camino cantaban deste modo:
MARCELIO
Mudable y fiero Amor, que mi ventura pusiste en la alta cumbre, do no llega mortal merescimiento. Mostraste bien tu natural costumbre, quitando mi tristura, para doblarla y dar mayor tormento. Dejaras descontento el corazón: que menos daño fuera vivir en pena fiera que recebir un gozo no pensado, con tan penosas lástimas borrado.
DIANA
No te debe espantar que de tal suerte el niño poderoso tras un deleite envíe dos mil penas. Que á nadie prometió firme reposo, sino terrible muerte, llantos, congojas, lágrimas, cadenas. En Libya las arenas, ni en el hermoso Abril las tierras flores no igualan los dolores con que rompe el Amor un blando pecho, y aun no queda con ello satisfecho.
MARCELIO
Antes del amoroso pensamiento ya tuve conoscidas las mañas con que Amor captiva y mata. Mas él no sólo aflige nuestras vidas, mas el conoscimiento de los vivos juicios arrebata. Y el alma ansí maltrata, que tarde y mal y por incierta vía allega una alegría, y por dos mil caminos los pesares sobre el perdido cargan á millares.
DIANA
Si son tan manifiestos los engaños con que el Amor nos prende, ¿por qué á ser presa el alma se presenta? Si el blando corazón no se defiende de los terribles daños, ¿por qué después se queja y se lamenta? Razón es que consienta y sufra los dolores de Cupido aquel que ha consentido al corazón la flecha y la cadena: que el mal no puede darnos sino pena.
Esta canción y otras cantaron, al cabo de las cuales estuvieron ya fuera del bosque, y comenzaron á caminar por un florido y deleitoso prado. Entonces dijo DIANA estas palabras: Cosas son maravillosas las que la industria de los hombres en las pobladas ciudades ha inventado, pero más espauto dan las que la naturaleza en los solitarios campos ha producido. ¿A quién no admira la frescura deste sombroso bosque? ¿quién no se espanta de la lindeza de este espacioso prado? Pues ver los matices de las libreadas flores, y oir el concierto de las cantadoras aves, es cosa de tanto contento que no iguala con ello de gran parte la pompa y abundancia de la más celebrada corte. Ciertamente, dijo MARCELIO, en esta alegre soledad hay gran aparejo de contentamiento, mayormente para los libres, pues les es licito gozar á su voluntad de tan admirables dulzuras y entretenimientos. Y tengo por muy cierto que si el Amor, que agora, morando en estos desiertos, me es tan enemigo, me diera en la villa donde yo estaba la mitad del dolor que agora siento, mi vida no osara esperado, pues no pudiera con semejantes deleites amansar la braveza del tormento. A esto no respondió DIANA palabra, sino que, puesta la blanca mano delante sus ojos, sosteniendo con ella la dorada cabeza, estuvo gran rato pensosa, dando de cuando en cuando muy angustiados suspiros, y á cabo de gran pieza dijo ansí: ¡Ay de mí, pastora desdichada! ¿qué remedio será bastante á consolar mi mal, si los que quitan á los otros gran parte del tormento acarrean más ardiente dolor? No tengo ya sufrimiento para encubrir mi pena, Marcelio; mas ya que la fuerza del dolor me constriñe á publicarla, una cosa le agradezco, que me fuerza á decirla en tiempo y en parte en que tú solo estés presente, pues por tus generosas costumbres y por la experiencia que tienes de semejante mal, no tendrás por sobrada mi locura, principalmente sabiendo la causa della. Yo estoy maltratada del mal que te atormenta, y no olvidada como tú de un pastor llamado Syreno, del cual que en otro tiempo fuí querida. Mas la Fortuna, que pervierte los humanos intentos, quiso que, obedesciendo más á mi padre que á mi voluntad, dejasse de casarme con él, y á mi pesar me hiciesse esclava de un marido que, cuando otro mal no tuviera con él sino el que causan sus continuos é importunados celos, bastaba para matarme. Mas yo me tuviera por contenta de sufrir las sospechas de Delio con que viera la preferencia de Syreno, el cual creo que por no verme, tomando de mi forzado casamiento ocasión para olvidarme, se apartó de nuestra aldea, y está, según he sabido, en el templo de Diana, donde nosotros imos. De aquí puedes imaginar cuál puedo estar, fatigada de los celos del marido y atormentada con la ausencia del amado. Dijo entonces MARCELIO: Graciosa pastora, lastimado quedo de saber tu dolor y corrido de no haberle hasta agora sabido. Nunca yo me vea con el deseado contento sino querría verle tanto en tu alma como en la mía. Mas, pues sabes cuán generales son las flechas del Amor, y cuán poca cuenta tienen con los más fuertes, libres y más honestos corazones, no tengas afrenta de publicar sus llagas, pues no quedará por ellas tu nombre denostado, sino en mucho más tenido. Lo que á mí me consuela es saber que el tormento que de los celos del marido recibías, el cual suele dar á veces mayor pena que la ausencia de la cosa amada, te dejará algún rato descansar, en tanto que Delio, siguiendo la fugitiva pastora, estará apartado de tu compañía. Goza, pues, del tiempo y acasión que te concede la fortuna, y alégrate, que no será poco alivio para ti passar la ausencia de Syreno libre de la importunidad del celoso marido. No tengo yo, dijo DIANA, por tan dañosos los celos, que si como son de Delio fueran de Syreno, no los sufriera con sólo imaginar que tenían fundamento en amor. Porque cierto está que quien ama huelga de ser amado, y ha de tener los celos de la cosa amada por muy buenos, pues son claras señales de amor, nascen dél y siempre van con él acompañados. De mí á lo menos te puedo decir que nunca me tuve por tan enamorada como cuando me vi celosa, y nunca me vi celosa sino estando enamorada. A lo cual replicó MARCELIO: Nunca pensé que la pastoril llaneza fuesse bastante á formar tan avisadas razones como las tuyas en cuestión tan dificultosa como es ésta. Y de aquí vengo á condenar por yerro muy reprobado decir, como muchos afirman, que en solas las ciudades y cortes está la viveza de los ingenios, pues la hallé también entre las espessuras de los bosques, y en las rústicas é inartificiosas cabañas. Pero con todo, quiero contradecir á tu parescer, con el cual heciste los celos tan ciertos mensajeros y compañeros del amor, como si no pudiesse estar en parte donde ellos no estén. Porque puesto que hay pocos enamorados que no sean celosos, no por eso se ha de decir que el enamorado que no lo fuere no sea más perfecto y verdadero amador. Antes muestra en ello el valor, fuerza y quilate de su deseo, pues está limpio y sin la escoria de frenéticas sospechas. Tal estaba yo en el tiempo venturoso, y me preciaba tanto dello, que con mis versos lo iba publicando, y una vez entre las otras, que mostró Alcida maravillarse de verme enamorado y libre de celos, le escribí sobre ello este
Soneto.
Dicen que Amor juró que no estaria sin los mortales celos un momento, y la Belleza nunca hacer assiento, do no tenga Soberbia en compañía. Dos furias son, que el bravo infierno envía, bastantes á enturbiar todo contento: la una el bien de amor vuelve en tormento, la otra de piedad la alma desvía. Perjuro fué el Amor y la Hermosura en mí y en vos, haciendo venturosa y singular la suerte de mi estado. Porque después que vi vuestra figura, ni vos fuistes altiva, siendo hermosa, ni yo celoso, siendo enamorado.
Fué tal el contento que tuvo mi Alcida cuando le dije este soneto, entendiendo por él la fineza de mi voluntad, que mil veces se le cantaba, sabiendo que con ello le era muy agradable. Y verdaderamente, pastora, tengo por muy grande engaño, que un monstruo tan horrendo como los celos se tenga por cosa buena, con decir que son señales de amor y que no están sino en el corazón enamorado. Porque á essa cuenta podremos decir que la calentura es buena, pues es señal de vida y nunca está sino en el cuerpo vivo. Pero lo uno y lo otro son manifiestos errores, pues no dan menor pesadumbre los celos que la fiebre. Porque son pestilencia de las almas, frenesía de los pensamientos, rabia que los cuerpos debilita, ira que el espíritu consume, temor que los ánimos acobarda y furia que las voluntades enloquesce. Mas para que juzgues ser los celos cosa abominable, imagina la causa dellos, y hallarás que no es otra sino un apocado temor de lo que no es ni será, un vil menosprecio del propio merescimiento y una sospecha mortal, que pone en duda la fe y la bondad de la cosa querida. No pueden, pastora, con palabras encarescerse las penas de los celos, porque son tales, que sobrepujan de gran parte los tormentos que acompañan el amor. Porque en fin, todos, sino él, pueden y suelen parar en admirables dulzuras y contentos, que ansí como la fatigosa sed en el tiempo caloroso hace parescer más sabrosas las frescas aguas, y el trabajo y sobresalto de la guerra hace que tengamos en mucho el sossiego de la paz, ansí los dolores de Cupido sirven para mayor placer en la hora que se rescibe un pequeño favor, y cuando quiera que se goze de un simple contentamiento. Mas estos rabiosos celos esparcen tal veneno en los corazones, que corrompe y gasta cuantos deleites se le llegan. A este propósito, me acuerdo que yo oí contar un día á un excelente músico en Lisbona delante del Rey de Portugal un soneto que decía ansi:
Quando la brava ausencia un alma hiere, se ceba, imaginando el pensamiento, que el bien, que está más lejos, más contento el corazón hará cuando viniere. Remedio hay al dolor de quien tuviere en esperanza puesto el fundamento; que al fin tiene algún premio del tormento, o al menos en su amor contento muere. Mil penas con un gozo se descuentan, y mil reproches ásperos se vengan con sólo ver la angélica hermosura. Mas cuando celos la ánima atormentan, aunque después mil bienes sobrevengan, se tornan rabia, pena y amargura.
¡Oh, cuán verdadero parescer! ¡Oh, cuán cierta opinión es ésta! Porque á la verdad, esta pestilencia de los celos no deja en el alma parte sana donde pueda recogerse una alegría. No hay en amor contento, cuando no hay esperanza, y no la habrá, en tanto que los celos están de por medio. No hay placer que dellos esté seguro, no hay deleite que con ellos no se gaste y no hay dolor que con ellos no nos fatigue. Y llega á tanto la rabia y furor de los venenosos celos, que el corazón, donde ellos están, recibe pesadumbre en escuchar alabanzas de la cosa amada, y no querría que las perfecciones que él estima fuessen de nadie vistas ni conocidas, haciendo en ello gran perjuicio al valor de la gentileza que le tiene captivo. Y no sólo el celoso vive en este dolor, mas á la que bien quiere le da tan continua y trabajosa pena, que no le diera tanta, si fuera su capital enemigo. Porque claro está que un marido celoso como el tuyo, antes querria que su mujer fuesse la mas fea y abominable del mundo, que no que fuesse vista ni alabada por los hombres, aunque sean honestos y moderados. ¿Qué fatiga es para la mujer ver su honestidad agraviada con una vana sospecha? ¿qué pena le es estar sin razón en los más secretos rincones encerrada? ¿qué dolor ser ordinariamente con palabras pesadas, y aun á veces con obras combatida? Si ella está alegre, el marido la tiene por deshonesta; si está triste, imagina que se enoja de verle; si está pensando, la tiene por sospechosa; si le mira, paresce que le engaña; si no le mira, piensa que le aborresce; si le hace caricias, piensa que las finge; si está grave y honesta, cree que le desecha; si rie, la tiene por desenvuelta; si suspira, la tiene por mala, y en fin, en cuántas cosas se meten estos celos, las convierten en dolor, aunque de suyo sean agradables. Por donde está muy claro que no tiene el mundo pena que iguale con esta, ni salieron del infierno Harpías que más ensucien y corrompan los sabrosos manjares del alma enamorada. Pues no tengas en poco, Diana, tener ausente el celoso Delio, que no importa poco para passar más ligeramente las penas del Amor. A esto DIANA respondió: Yo vengo á conoscer que esta passión, que has tan al vivo dibujado, es disforme y espantosa, y que no meresce estar en los amorosos ánimos, y creo que esta pena era la que Delio tenía. Mas quiero que sepas que semejante dolencia no pretendí yo defenderla, ni jamás estuvo en mí: pues nunca tuve pesar del valor de Syreno, ni fuí atormentada de semejantes passiones y locuras, como las que tú me has contado, mas sólo tuve miedo de ser por otra desechada. Y no me engañó de mucho este recelo, pues he probado tan á costa mía el olvido de Syreno. Esse miedo, dijo MARCELIO, no tiene nombre de celos, antes es ordinario en los buenos amadores. Porque averiguado está que lo que yo amo, lo estimo y tengo por bueno y merescedor de tal amor, y siendo ello tal, he de tener miedo que otro no conozca su bondad y merescimiento, y no lo ame como yo. Y ansí el amador está metido en medio del temor y la esperanza. Lo que el uno le niega, la otra se lo promete; cuando el uno le acobarda, la otra le esfuerza; y en fin las llagas que hace el temor se curan con la esperanza, durando esta reñida pelea hasta que la una parte de las dos queda vencida, y si acontesce vencer el temor á la esperanza, queda el amador celoso, y si la esperanza vence al temor, queda alegre y bien afortunado. Mas yo en el tiempo de mi ventura tuve siempre una esperanza tan fuerte, que no sólo el temor no la venció, pero nunca osó acometella, y ansi recibía con ella tan grandes gustos, que á trueque dellos no me pesaba recebir los continuos dolores; y fuí tan agradescida á la que mi esperanza en tanta firmeza sostenía, que no había pena que viniesse de su mano que no la tuviesse por alegría. Sus reproches tenía por favores, sus desdenes por caricias y sus airadas respuestas por corteses prometimientos.
Estas y otras razones passaron Diana y Marcelio prosiguiendo su camino. Acabado de travessar aquel prado en muy dulce conversación, y subiendo una pequeña cuesta, entraron por un ameno bosquecillo, donde los espessos alisos hacían muy apacible sombrío. Allí sintieron una suave voz que de una dulce lira acompañada resonaba con extraña melodía, y parándose á escuchar, conocieron que era voz de una pastora que cantaba ansí:
Soneto.
Cuantas estrellas tieue el alto cielo fueron en ordenar mi desventura, y en la tierra no hay prado ni verdura que pueda en mi dolor darme consuelo. Amor subjecto al miedo, en puro hielo convierte el alma triste ¡ay, pena dura! que á quien fué tan contraria la ventura, vivir no puede un hora sin recelo. La culpa de mi pena es justo darte á ti, Montano, á ti mis quejas digo, alma cruel, do no hay piedad alguna. Porque si tú estuvieras de mi parte, no me espantara á mí serme enemigo el cielo, tierra, Amor y la Fortuna.
Después de haber la pastora suavemente cantado, soltando la rienda al amargo y doloroso llanto, derramó tanta abundancia de lágrimas y dió tan tristes gemidos, que por ellos y por las palabras que dijo, conoscíeron ser la causa de su dolor un engaño cruel de su sospechoso marido. Pero por certificarse mejor de quién era y de la causa de su passión, entraron donde ella estaba y la hallaron metida en un sombrío que la espessura de los ramos había compuesto, assentada sobre la menuda hierba junto á una alegre fuentecilla, que de entre unas matas graciosamente saliendo por gran parte del bosquecillo, por diversos caminos iba corriendo. Saludáronla con mucha cortesía, y ella aunque tuvo pesar que impidiessen su llanto, pero juzgando por la vista ser pastores de merescimiento, no recibió mucha pena, esperando con ellos tener agradable compañía, y ansí les dijo: Después que de mi cruel esposo fuí sin razón desamparada, no me acuerdo, pastores, haber recebido contento que de gran parte iguale con el que tuve de veros. Tanto que, aunque el continuo dolor me obliga á hacer perpetuo llanto, lo dejaré por agora un rato, para gozar de vuestra apacible y discreta conversación. A esto respondió MARCELIO: Nunca yo vea consolado mi tormento, si no me pesa tanto del tuyo, como se puede encarescer, y lo mesmo puedes creer de la hermosa Diana, que ves en mi compañía. Oyendo entonces la pastora el nombre de Diana, corriendo con grande alegría la abrazó, haciéndole mil caricias y fiestas, porque mucho tiempo había que deseaba conoscella, por la relación que tenía de su hermosura y discreción. Diana estuvo espantada de verse acariciada de una pastora no conoscida; mas todavía le respondía con iguales cortesías, y deseando saber quién era, le dijo: Los aventajados favores que me heciste, juntamente con la lástima que tengo de tu mal, hacen que desee conoscerte; por esso decláranos, pastora, tu nombre, y cuéntanos tu pena, que después de contada verás nuestros corazones ayudarte á pasalla y nuestros ojos á lamentar por ella. La pastora entonces se escusó con sus graciosas palabras de emprender el cuento de su desdicha; pero en fin, importunada se volvió á sentar sobre la hierba, y comenzó assí:
Por relación de la pastora Selvagia, que era natural de mi aldea, y en la tuya, hermosa Diana, está casada con el pastor Sylvano, creo que serás informada del nombre de la desdichada ISMENIA, que su desventura te está contando. Yo tengo por cierto que ella en tu aldea contó largamente cómo yo en el templo de Minerva, en el reyno de Lusitanos, arrebozada la engañé, y cómo con mi proprio engaño quedé burlada. Habrá contado también cómo por vengarme del traydor Alanio, que enamorado della á mí me había puesto en olvido, fingí querer bien á Montano, su mortal enemigo, y cómo este fingido amor, con el conoscimiento que tuve de su perfección, salió tan verdadero, que á causa dél estoy en las fatigas de que me quejo. Pues passando adelante en la historia de mi vida, sabréis que como el padre de Montano, nombrado Fileno, viniesse algunas veces á casa de mi padre, á causa de ciertos negocios que tenía con él sobre una compañía de ganados, y me viesse allí, aunque era algo viejo, se enamoró de mí de tal suerte, que andaba hecho loco. Mil veces me importunaba, cada día sus dolores me decía; mas nada le aprovechó para que le quisiesse escuchar, ni tener cuenta con sus palabras. Porque aunque tuviera más perfección y menos años de los que tenía, no olvidara yo por él á su hijo Montano, cuyo amor me tenía captiva. No sabía el viejo el amor que Montano me tenía, porque le era hijo tan obediente y temeroso, que escusó todo lo possible que no tuviesse noticia dello, temiendo ser por él con ásperas palabras castigado. Ni tampoco sabía Montano la locura de su padre, porque él por mejor castigar y reprender los errores del hijo se guardaba mucho de mostrar que tenía semejantes y aun mayores faltas. Pero nunca dejaba el enamorado viejo de fatigarme con sus importunaciones que le quisiesse tomar por marido. Decíame dos mil requiebros, hacíame grandes ofrescimientos, prometíame muchos vestidos y joyas y enviábame muchas cartas, pretendiendo con ello vencer mi propósito y ablandar mi condición. Era pastor que en su tiempo había sido señalado en todas las habilidades pastoriles, muy bien hablado, avisado y entendido. Y porque mejor lo creáis, quiero deciros una carta que una vez me escribió, la cual, aunque no mudó mi intención, me contentó en estremo, y decía ansí:
CARTA DE FILENO Á ISMENIA
Pastora, el amor fué parte que por su pena decirte, tenga culpa en escrebirte quien no la tiene en amarte. Mas si á ti fuere molesta mi carta, ten por muy cierto que á mí me tiene ya muerto el temor de la respuesta.
Mil veces cuenta te di del tormento que me das, y no me pagas con más de con burlarte de mí. Te ríes á boca llena de verme amando morir, yo alegre en verte reir, aunque ríes de mi pena.
Y ansí el mal, en que me hallo, pienso, quando miro en ello, que porque huelgas de vello, no has querido remediallo. Pero mal remedio veo, y esperarle será en vano, pues mi vida está en tu mano y mi muerte en tu deseo.
Vite estar, pastora, un día cabe el Duero caudaloso, dando con el gesto hermoso á todo el campo alegría. Sobre el cayado inclinada en la campaña desierta, con la cerviz descubierta y hasta el codo remangada.
Pues decir que un corazón, puesto que de mármol fuera, no te amara, si te viera, es simpleza y sinrazón. Por esso en ver tu valor, sin tener descanso un poco, vine á ser de amores loco y á ser muerto de dolor.
Si dices que ando perdido, siendo enamorado y viejo, deja de darme consejo, que yo remedio te pido. Porque tanto en bien quererte no pretendo haber errado, como en haberme tardado tanto tiempo á conoscerte.
Muy bien sé que viejo estó, pero á más mal me condena ver que no tenga mi pena tantos años como yo. Porque quisiera quererte dende el día que nascí, como después que te vi he de amarte hasta la muerte.
No te espante verme cano, que á nadie es justo quitar el merescido lugar, por ser venido temprano. Y aunque mi valor excedes, no paresce buen consejo que por ser soldado viejo pierda un hombre las mercedes.
Los edificios humanos, cuantos más modernos son, no tienen comparación con los antiguos Romanos. Y en las cosas de primor, gala, asseo y valentía, suelen decir cada día: lo passado es lo mejor.
No me dió amor su tristeza hasta agora, porque vió que en un viejo, como yo, suele haber mayor firmeza. Firme estoy, desconocida, para siempre te querer, y viejo para no ser querido en toda mi vida.
Los mancebos que más quieren, falsos y doblados van, porque más vivos están, cuando más dicen que mueren. Y su mudable afición, es segura libertad, es gala, y no voluntad, es costumbre, y no passión.
No hayas miedo que yo sea como el mancebo amador, que en recebir un favor lo sabe toda la aldea. Que aunque reciba trescientos he de ser en los amores tan piedra en callar favores como en padescer tormentos.
Mas según te veo estar puesta en hacerme morir, mucho habrá para sufrir y poco para callar. Que el mayor favor que aquí, pastora, pretendo hacer, es morir por no tener mayores quejas de ti.
Tiempo, amigo de dolores, sólo á ti quiero inculparte, pues quien tiene en ti más parte menos vale en los amores. Tarde amé cosa tan bella, y es muy justo que pues yo no nascí, cuando nasció, en dolor muera por ella.
Si yo en tu tiempo viniera, pastora, no me faltara conque á ti te contentara y aun favores recibiera. Que en apacible tañer, y en el gracioso bailar los mejores del lugar tomaban mi parescer.
Pues en cantar no me espanto de Amphion el escogido, pues mejores que él han sido confundidos con mi canto. Aro muy grande comarca, y en montes proprios y extraños pascen muy grandes rebaños almagrados de mi marca.
¿Mas qué vale, ¡ay, cruda suerte! lo que es, ni lo que ha sido al sepultado en olvido y entregado á dura muerte? Pero valga para hacer más blanda tu condición, viendo que tu perfección al fin dejará de ser.
Dura estás como las peñas, mas quizá en la vieja edad no tendrás la libertad conque agora me desdeñas. Porque, toma tal venganza de vosotras el Amor, que entonces os da dolor cuando os falta la esperanza.