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Cádiz en la Guerra de la Independencia: cuadro histórico

Adolfo de Castro · 1862 · Free in the US

33,629 words · about 2 h 21 min to read

Period artwork: Interior of the Bodleian Library, 1845
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Author
Adolfo de Castro
Language
Spanish
Published
1862
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33,629 words · about 2 h 21 min
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COMENDADOR DE LA REAL ÓRDEN AMERICANA DE ISABEL LA CATÓLICA, CONDECORADO CON LA CRUZ DE 1ª CLASE DE LA ÓRDEN CIVIL DE LA BENEFICENCIA, GEFE SUPERIOR HONORARIO DE ADMINISTRACION DE HACIENDA, GEFE DE ADMINISTRACION CIVIL, GOBERNADOR CESANTE DE PROVINCIA, CONSEJERO PROVINCIAL DE CÁDIZ, ACADEMICO CORRESPONDIENTE DE LA REAL DE LA HISTORIA, Y DE LA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS, Y DE NÚMERO DE LA DE BELLAS ARTES DE ESTA CIUDAD.

Se ha trazado este pequeño libro para ofrecerlo á S. M. la Reina en su visita á Cádiz. El Excmo. Ayuntamiento, atendiendo al alto interés con que esta Augusta Señora mira las glorias nacionales, nada ha creido mas oportuno que presentarle en nombre de la ciudad un cuadro de lo que esta fué en la guerra de la independencia. La ejecucion de tan noble idea, se ha confiado al autor de este escrito.

Si bien algunas de sus noticias están consignadas en la Historia de Cádiz y su provincia, no por eso dejan de ir acompañadas de nuevas y hasta hoy desconocidas particularidades, á mas de hechos que comunmente en historias se omiten por poco graves; y que sin embargo merecen ser sabidos, si se quieren comprender mejor.

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No es estéril el ruego del amigo, la manifestacion del deseo del buen español, que quería que la lira de Floralbo Corintio hiciese resonar sus acentos en la eterna roca de Cádiz. Escribe y publica Sanchez esta bellísima oda á la salida de una expedicion, que de Cádiz parte á combatir á los franceses: (1)

El undoso mar, cubierto Un pueblo inmenso se agolpa De las velas españolas, En la muralla y paseo, Enfrena sus bravas olas Que con la vista y deseo Con atenta admiracion: Acompañándolos ván. A los buques numerosos Su valor al suyo juntan, Van los vientos halagando: A la suya su esperanza: Van ufanos gobernando Uno es el odio y venganza, Tan gloriosa expedicion. Uno el gozo y el afan. Salen: aléjase el puerto, Corred, corred animosos El contrario se estremece: A los campos de la gloria, Su rabia impotente crece Y con la dulce victoria, Sin poderlos detener. Hijos de España, tornad. ¿Qué haré? el mariscal pregunta En vuestro baldon estriba Viendo próxima su ruina; Nuestro infame cautiverio: Y la próxima colina En vuestro honor el imperio Le responde: Perecer. De la hispana libertad. A coronar va la patria Vuestras sienes victoriosas: Los hijos, padres y esposas A cantar vuestro loor. Y las bellas gaditanas Entre sus cándidos brazos ¡Oh qué suavísimos lazos! A premiaros con su amor.

Los franceses, despues de la batalla de Chiclana, procuran hacer otras pruebas del alcance de sus granadas. El dia 13 de Marzo dirijen algunos tiros desde la Cabezuela; pero sus piezas, como acontece en este sitio, no pueden resistir largo tiempo tanto esfuerzo; y así á cada uno de ellos se va el alcance minorando.

Todo en este asedio da ocasion para provocar los chistes de los gaditanos, cuya condicion es proverbialmente alegre. Matan las granadas solo un gato y un perro: rompen ya las narices de un ángel de madera, que sostiene una lámpara, ya una cama de un religioso de San Juan de Dios, que venturosamente no duerme en ella el instante aquel, no obstante ser entrada la noche. Los muchachos cantan y repiten por las calles, aludiendo á la batalla del Cerro del Puerco, esta copla que es muy solemnizada por los mayores y que por muchos dias se entona por do quiera.

Tres mil franceses murieron En la batalla del Cerro; Pero han logrado en desquite Que una bomba mate un perro.

En la batalla de Chiclana mataron los franceses el caballo del general inglés, nuestro aliado. En cambio en el Cerro de Santa Ana de aquella villa, dias despues, una granada nuestra dió muerte al general Senarmont, y en el castillo de Santa Catalina del Puerto á un general de artillería, á otro de ingenieros, y á un coronel de aquel arma.

(1) Es la de D. Manuel de la Peña.

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Todo, en verdad, es motivo de burla. En Cádiz tienen que pelear contra dos clases de armas: las mortíferas y las ridículas. Con risa sarcástica se reciben las órdenes del Intruso , sus mandatos, sus intimaciones: con befa, se trata de su vida: con befa igualmente de los medios de terror que emplean sus tropas contra Cádiz.

Y es tal la desgracia de los franceses y de José, que cuando quieren amedrentar con estragos, los estragos, en vez de horror, vienen á causar la risa de los sitiados.

Insu rgentes y bandidos siempre llama José Napoleon á los españoles que lo combaten. En 1811 se fija en las esquinas de Moguer un decreto suyo, en que recomienda á los mariscales del imperio que traten con dulzura á los pueblos que dominen, y en que ya no designa como insurgentes y rebeldes á nuestros soldados , sino reconociéndolos por lo que son. Léese y comentase en un café de Cádiz esta nueva; y uno de los poetas, que tanto contribuyen en esta ciudad al entusiasmo patrio, improvisa estos versos, muy celebrados:

Cual insurgente y bandido Era el patriota llamado; Pero el nombre de soldado Por fuerza le han concedido. Nombre tan esclarecido Digno de sus glorias es; Mas no basta: el vil francés Nuevo elogio lo ha de dar, Y si hoy le vió militar, Héroe le verá despues.

Llega á Cádiz en este tiempo D. Manuel Jimenez Guazo: habia sido uno de los primeros que en 1808 desnudaron la espada contra los franceses el dos de mayo. Se habia hallado en la defensa de Zaragoza, donde peleó denodadamente: en Sevilla fué oficial de la Secretaría de la Junta Central; y con permiso de ella, consiguió alzar un cuerpo de tropas con el nombre de la Cruzada. Pelean en 1810, y al fin, tras grandes penalidades viene en Julio del siguiente año á esta ciudad Jimenez Guazo, tremola en ella su bandera de la Cruzada y la tremola con igual solemnidad que religion. La Regencia habia concedido algunos auxilios á sus gentes; pero los apuros del erario no permiten entonces facilitar haberes para el prest de los cruzados. De su sueldo mantiene Jimenez Guazo á 20, cuando son ya 400 los que se han juntado bajo el estandarte de la Cruzada. El obispo de Sigüenza y varios religiosos y presbíteros protejen esta empresa: conmueven á muchos á alistarse para la Cruzada, á semejanza de otros tiempos, las exhortaciones que en las principales iglesias de Cádiz por varias noches dirijen al pueblo oradores sagrados de valía. Sale de Cádiz Jimenez Guazo con sus cruzados y en la Serranía de Ronda y en los contornos de Málaga, ofende con su pequeña hueste, que es de las mas aguerridas y arriesgadas y de un modo tenaz, á los enemigos. Oficialmente se denomina Jimenez Guazo comandante. de la Cruzada del obispado de Málaga. Mas tarde, cuando Granada es libre de la opresion francesa, nombra su diputado en córtes á Jimenez Guazo por la fama de su singular patriotismo y extraña vida. Se pre

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senta en Cádiz y en las córtes, contuso desde la última accion de guerra en que se halló, que fué para él la mas obstinada y peligrosa. Su extravagante vestido, sus grandes bigotes, una gran espada, especie de mandoble, que siempre lleva ceñida, en recuerdo de sus hechos militares, la insignia de antiguo cruzado al pecho y la religiosidad que inusitadamente exagera teniéndose por hombre de otros dias, le atraen los sarcasmos de la gente juvenil, alegre y bulliciosa, que le da el titulo del nuevo Quijote . (1) Pero a pesar de esta rara manera de vivir, proceder y pelear, Jimenez Guazo no está poseido del entusiasmo por la religion y por la patria, sino por el delirio del entusiasmo mismo que sabe producir grandes cosas, por mas que algunas salgan del natural Orden y sorprendan y muevan á risa á veces. Mas tarde fue nombrado oficial del Ministerio de Gracia y Justicia, sin que se sepan mas acciones de él, cuerdas, útiles ó extrañas.

En Junio de 1811 desembarca en Cádiz la 1ª division de infantería del 5.° ejército, que acaba de adquirir laureles inmortales en la batalla de la Albuera, una gloria mas del ilustre general Castaños. Conmuévese la ciudad, al ver la desnudez de los soldados: fórmase una suscricion, y con ella costéase el vestuario de que tanto aquellos necesitan. Por gratitud y como la mayor honra se pide á la Regencia que uno de los regimientos lleve el nombre de Cádiz . Es el elegido el del Gen e r a 1, creado al empezar la guerra.

La Junta de Gobierno acoje con entusiasmo esta idea, en representacion de la ciudad. «Aceptando, decia, esta delicada fineza del. general Castaños, se honrará Cádiz de que una parte de los valientes, que tanto se distinguieron en la famosa batalla de los campos de la Albuera, continúe sacrificándose por la patria bajo el nombre y banderas de un pueblo, que á ningun otro cede en lealtad.»

Las banderas del regimiento llevan en sus ángulos las armas de Cádiz: son un don que las señoras de esta ciudad ofrecen á aquellos valientes. Bendícense y entréganse estas banderas el dia 27 de Octubre en la Santa Iglesia Catedral, con asistencia de la Junta superior de Gobierno y el Ayuntamiento y las señoras que habian costeado y bordado aquellas insignias de honor y que habian hecho con sus propias manos los vestidos de los soldados, el pueblo en fin, que habia contribuido con sus haberes á tan digna empresa. No puede ser mas hermoso y noble el espectáculo. Las señoras de Cádiz desde los instantes primeros de la guerra habian contribuido con sus trabajos personales al bien de nuestros soldados. En Agosto de 1808 vistieron al regimiento de Logroño, cosiendo todas las prendas por sus propias

(1) El Diario Mercantil de Cádiz, en que escribia don Pablo de Jérica, cuando era diputado publicó en 1813 el siguiente epigrama contra Jimenez Guazo

Al verle tan terrible chafarote, Orden de la Cruzada en el costado, Y cual dragon descomunal bigote, Todo el mundo lo hubiera comparado Al inmortal manchego D. Quijote; Pero ¡cuánto se hubiera equivocado! Porque el Quijote tuvo gran talento Y el mortal de que hablo es un jumento!

Contra el Marqués de Villa-Panés, íntimo amigo de Jimenez y que escribia un periódico en sentido contrario á las ideas liberales, se publicaron muchos versos satíricos. Entre ellos está aquel celebrado epigrama de don Pablo de Jérica:

"En Cádiz estás Marqués Y metido á cortesano" Dijo un quidam jerezano A nuestro invicto Panés. "En vivir aquí, buen hijo, Que estás engañado siento: No es aqueste tu elemento: Esto es córte, no cortijo."

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manos, no acostumbradas á telas tan ásperas. En Octubre del mismo año, cosieron cincuenta mil camisas, costeados los lienzos por donativos del pueblo de esta ciudad y destinados á aliviar el estado de desnudez en que el ejército del general Castaños se hallaba. Continuaron en tan beneméritas tareas durante la campaña, y mas aun durante el sitio, ampliando aquellas á la formacion de sacos de todas clases para los parapetos y las municiones, y de hilas, sábanas y almohadas para los hospitales.

En 1811 trataron de formar una asociacion: el primer pensamiento es de la señora doña Engracía Coronel, secundada por las marquesas de Villafranca y de Casa Rávago. Apruébase en 19 de Octubre esta institucion por el Consejo de Regencia, é instálase en 19 de Noviembre bajo la presidencia de la Marquesa de Villafranca, quien dirige á aquellas nobles heroinas de la caridad y del amor de la patria palabras tan conmovedoras como estas: «Estos tristes, afanados por nuestro bien, desfigurados por el cansancio, el hambre y la sed, están desnudos. Mientras nosotras descansamos en nuestras casas, ellos velan al raso, sufriendo el viento, el agua, la nieve y el hielo, todo porque no sea interrumpido nuestro sosiego por el clarin amenazador ó por el cañon y la bomba enemiga.

«Consideremos estas verdades, y penetradas de estas ideas, convirtamos nuestras casas en talleres de vestuario para la tropa. En adelante, nuestras manos no deberán emplearse en otra cosa que en las útiles y respetuosas necesidades del ejército y de los que sufren en los hospitales.»

No solo allega recursos la Junta de Señoras de la ciudad de Cádiz, sino que por medio de proclamas exhorta á las de América , exhorta á las de España, á prestarles auxilio en empresa tan patriótica. Viste y equipa completamente al regimiento de Guadix, al escuadron de artillería volante, al primer batallon de guardias españolas, á los empleados en las fuerzas sutiles de mar y las tropas de marina embarcadas; y alista por último en 13 dias cuantas prendas el regimiento de artillería necesita. 660.527 rs. vn. logran invertir las señoras en tales objetos; y á tal punto llega su amor á los leales que se sacrifican por la independencia de la patria, que cuando en Abril de 1812, despues de haber equipado al regimiento do Guadix, fuerte de 850 plazas, asisten al acto de la bendicion de la bandera, ofrecen una comida á la tropa, comida que ellas mismas sirven en el Hospital de Mugeres. Tales son los eminentes servicios do la Junta patriótica de damas de San Fernando.

Al comenzar el año 1812, Cádiz sigue siendo la Córte de las Españas: mas aun, esta isla viene á ser la España misma. De aquí continúan saliendo expediciones para la reconquista de la nacion. Lo que es Cádiz en este tiempo, se explica por el dicho vulgar de los caleseros, que con su natural gracejo andaluz, cuando algun pasagero extraña el subido precio que se le pide por ir en calesa á la Isla, al cerro de los mártires ó á Sancti-Petri, suelen responder: «Considere V., señorito, que adonde voy á llevarlo es á la frontera de Francia.» Reside en Cádiz el embajador extraordinario de Inglaterra, Enrique Wellesley, el conde de Priole, ministro plenipotenciario de las Dos Sicilias, don José de Souza Holstein, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de

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Portugal y don Pedro Gravina, arzobispo de Nicea, nuncio de su Santidad.

Las Córtes han votado la Constitucion de la Monarquía. Nuevos en el sistema representativo los diputados, habian establecido en el código algunas prescripciones impracticables ó peligrosas. Pero esta obra, que ha quedado como monumento histórico de una época de gloria, merece el respeto por las circunstancias en que se escribió, porque es la expresion de la sencilla buena fé con que lo discutieron nuestros mayores, y porque es el oríjen de nuestras instituciones monárquico-constitucionales.

Determínase que el Código se publique solemnemente el 19 de marzo. La víspera es firmada la Constitucion por los diputados. Al siguiente júrase en las Córtes por los mismos y por la Regencia, que se presenta acompañada de una comitiva numerosa de grandes de España, embajadores de las potencias aliadas, generales y otras personas de distincion. Desde las Córtes dirígense todos el 19 procesionalmente á la Iglesia del convento del Cármen, donde se canta una misa y Te-Deum. Toda la tropa está sobre las armas, y cubre la carrera desde la Iglesia de San Felipe, por las calles de Santa Inés, y Torre, plaza de San Antonio y calles de Linares y Alameda hasta el convento.

Desde el dia anterior el palacio de la Regencia se halla adornado magníficamente, así como las casas capitulares y la portada de las Córtes. Los edificios de las embajadas de. Inglaterra y Portugal, ostentan transparentes, en que se ven varios Hércules con las mazas limpiando de fieras y tiranos la tierra.

A las puertas del Consistorio, de la Aduana, de San Antonio y de las Córtes, músicas militares alegran con sus sones.

Son los dias de José Bonaparte. En ambas orillas, el mar y el Sancti-Petri por medio, están arboladas las opuestas banderas: allí por el rey intruso: aquí por la jura de la Constitucion. Con salvas de artillería se solemnizan ambos acontecimientos, y á la misma hora en el Puerto de Santa María, residencia del cuartel general francés y en Jerez de la Frontera, capital del Departamento, así como en la ciudad de Cádiz por contrarios motivos, todos los altos funcionarios concurren á una misa y un Te-Deum.

Depositados yacen en el templo del Cármen los restos del duque de Alburquerque, que murió embajador en Lóndres: depositados tambien los de don Federico Gravina. De este modo asisten al acto mas solemne de la independencia española el salvador de Cádiz y el héroe de Trafalgar.

En tanto que los tambores y las cornetas y las músicas militares saludan á la Constitucion, que las campanas anuncian á Cádiz tan fausto acontecimiento, y que en el templo se oyen los cánticos sagrados, la batería de la Cabezuela hace fuego contra esta plaza, contestándole el castillo de Puntales, las obuseras de la Aguada y una bombardera inglesa. El castillo de Santa Catalina del Puerto, lanza sus tiros contra los barcos mercantes fondeados á su frente. Responden al fuego las bombarderas inglesas que están á la boca de la hahía.

Termina la ceremonia sin que una incesante y fuerte lluvia, aparte de los sitios de la solemnidad la entusiasmada concurrencia. Casi frente á la Iglesia del Cármen, un árbol de poca edad es tronchado por el viento, sirviendo de mal agüero para la Constitucion á los ojos de algunos este casual accidente.

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Continúan la lluvia y el fuego del enemigo, que alternan con el relámpago y el trueno.

A las tres de la tarde sale de las casas consistoriales otra comitiva. Es la que ha de publicar la Constitucion. Van en ella el general don Cayetano Valdés, que desde enero es capitan general gobernador de Cádiz, don José Montemayor y don Pedro María Garrido, oidores de la Audiencia territorial, establecida en esta ciudad, y los regidores perpétuos don José Serrano Sanchez, alguacil mayor, el conde de Casa-Rojas, brigadier de la Armada, don José María de Lila, coronel de ejército y el conde de Rio Molino, teniente de navío de la Armada. Además forman parte de la comitiva el secretario del acuerdo de la Audiencia y el del Ayuntamiento para extender testimonios de la ceremonia: los cuatro reyes de armas de 5. M. don Francisco Trapani, don Antonio de Losas, don Manuel Perez Dávila y don Gregorio Polo, un numeroso concurso de personas notables convidadas, música de timbales, y escolta de caballería y un gran piquete de tropa, compuesta de los batallones de voluntarios distinguidos de línea, de los de cazadores y de milicias urbanas.

Llega procesionalmente la comitiva al real palacio de la Aduana, por las calles Nueva, de San Francisco y Pedro Conde: sube á presencia de los Regentes don Cayetano Valdés, y recibe de mano del ministro de Gracia y Justicia un libro de la Constitucion, forrado en tafilete encarnado. Dirígese la comitiva al primer punto destinado para la publicacion del Código , que es en frente del palacio mismo. Allí se levanta un tablado donde hay un dosel con el retrato cubierto del rey don Fernando VII. Suben al tablado Valdés, los oidores, regidores y secretarios: colócanse en filas y los reyes de armas en los cuatro ángulos. Descúbrese el retrato y las tropas presentan las armas.

Entrega Valdés á uno de los secretarios el libro y este lo pasa á manos del mas antiguo de los reyes, quien, al terminar la lectura, lo vuelve al secretario y este al general. Cúbrese el retrato, y las tropas dejan de presentar las armas.

Sigue la comitiva por las calles del cuartel de Marina, Alameda y Bendicion de Dios á la plaza de la Cruz de la Verdad, donde está el segundo de los tablados; y se repite la ceremonia de la lectura. El tercero está en la plaza de San Antonio, adonde se dirige el séquito por la calle del Veedor: pasa desde allí por la calle de la Torre y Santa Inés al cuarto tablado en la plaza de San Felipe frente al palacio de las Córtes, y desde allí por las calles de San José, Ancha, Amargura, Plazuela de Loreto y San Francisco y calle del Consulado Viejo á la Aduana. Hecha de este modo la publicación, el general Valdés entrega, á presencia de los Regentes, al ministro de Gracia y Justicia el libro de la Constitucion y el testimonio de haberse solemnemente leido en la forma dispuesta.

Con vivas y toda clase de demostraciones de júbilo habia sido aclamada la Constitucion por el numeroso pueblo, que acudió á estos actos a pesar de la grande y porfiada lluvia. Apesar de ella los voluntarios distinguidos, los cazadores, los artilleros de extramuros y las milicias urbanas, todos, cual si fueran veteranos acostumbrados á las inclemencias del tiempo, permanecieron en sus puestos durante el dia y hasta bien entrada la noche, que vió el término de las ceremonias.

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Digno de notar es el desprecio con que por aquellos dias se habla de José Bonaparte. Una graciosa macarrónea publícase con el título de Pe pi n ad a. Celébrase mucho: su autor es don Francisco Sanchez Barbero, si bien, oculta su nombre. Así termina este caprichoso rasgo poético:

Currite Matritum, versilia, currite pronto; et Pepo de parte mea facitote mamolam. (1)

Pero nada tiene un sello tal de originalidad como la publicacion del Diario Mercanti1 el dia 19 de Marzo. No contiene otra cosa que una poesía y el anuncio del teatro.

No se crea que aquella está dedicada á celebrar la Constitucion y á sus autores, á pronosticar á todos la inmortalidad. La poesía empieza así:

» Al ínclito señor Pepe, rey (en deseo) de las Españas y (en vision) de sus Indias.

Salud, gran rey de la rebelde gente: salud, salud, Pepillo, diligente protector del cultivo de las uvas y catador experto de las cubas; hoy te celebra mi insurgente mano desde el grandioso emporio gaditano.

De esta suerte acaba:

Lo estoy palpando, un dia de tu trono vas rodando, y acaba tu gobierno en la Península, como el de Sancho remató en la ínsula.(2)

Es una poesía cruelmente satírica contra el rey intruso. La terminacion encierra una gran verdad. Estas son las burlas veras. No es mal profeta la poesía.

Y siendo tal el carácter de los sucesos, que en Cádiz ocurren, cuando en la córte de José Bonaparte se sabe la noticia de haberse publicado la Constitucion, al pasar mas de dos meses, entonces publica la Gaceta del 26 de mayo estas palabras, que demuestran hasta donde las ilusiones del monarca y sus adictos llegan.

»En el Puerto de Santa María, en el mismo momento en que las autoridades españolas y francesas se hallaban reunidas en la Iglesia para celebrar la festividad del rey N. S., y cuando se entonaba el cántico sagrado, todas las baterías de Cádiz y de la isla de Leon, hacian una salva en general con motivo de la Constitucion, como si la Asamblea, que la hubiese dictado, hubiese querido hacer homenaje á su legítimo soberano, reconocido por tal y por todas las naciones continentales, y por casi toda la española, y expiando de este modo sus yerros. En efecto, ¿no es de admirar que se haya escogido puntualmente el mismo dia y la misma hora en que se celebra la fiesta del rey para hacer esta presentacion. ¿Y no se puede inferir que algun motivo secreto ha contribuido á fijar su época? El tiempo nos manifestará lo fundado de esta presuncion.»

(1) Pepinada ab uno Conciso discípulo Merlinis macarrónico-poetalíter facta.

(2) Parece la poesía obra de Arriaza, y escrita calamo-currente. Hay sin embargo, que re cordar que don Pablo de Jérica escribia versos tambien, y era uno de los editores del Diario Mercantil. La poesía esta firmada por M a no l o.

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Solo puede explicarse un tan extraño juicio por la ignorancia verdadera de lo que en Cádiz sucede.

El 29 de marzo se publica en la isla de Leon el código constitucional, formadas las tropas en batalla en el prado de Torre-Alta. Vése en un tablado el retrato del rey, custodiado por un destacamento de Guardias de Corps. Las tropas hacen tres descargas, precedidas cada una de quince cañonazos. Colócanse luego las armas en pabellones; y los españoles pasan á convidar á los jefes, oficiales y soldados ingleses á un sencillo banquete, en que domina la alegría y en el que se entonan canciones patrióticas, al estruendo del cañon con que se anuncian los brindis de la mesa del general, y en medio de los sones de las bandas de música.

Acuerda la ciudad erigir un monumento á la jura de la Constitucion, formada en Cádiz, monumento que deberá erijirse frente al convento del Carmen, por estar allí el paseo de mayor concurrencia y para que pueda ser visto por los navegantes á la salida y á la entrada de este puerto. Aprueban las Córtes el pensamiento y ábrese por espacio de cuatro meses un certámen artístico en la ciudad sitiada.

Muere en esto el presidente de las Córtes don Vicente Morales de Duarez , alcalde de córte en la audiencia de Lima, (1) y diputado por el Perú. Las Córtes acuerdan que en sufragio de su alma se celebre un nocturno y misa en la Iglesia de los Carmelitas Descalzos el 7 de abril á las diez de la mañana con asistencia del cabildo de la Santa Iglesia Catedral. Concurren las Córtes mismas al acto, y tambien la Regencia con la etiqueta de estilo, saliendo formados de la sacristía del convento uno y otro cuerpo, y tornando á ella para disolverse, al punto que la solemnidad fuese terminada.

Las tropas de la casa Real están puestas sobre las armas, frente al templo, así como otros cuerpos de la guarnicion, los cuales hacen tres descargas, á que acompaña la artillería de la plaza, mientras que la campana de la ciudad anuncia al vecindario la piadosa y lúgubre ceremonia. Presencia todo un jóven granadino que el año anterior habia publicado en Lóndres su poema Zaragoza , y que acaba de ser aplaudido en el teatro de Cádiz por su comedia. L o que puede un empleo.

Es don Francisco Martinez de la Rosa. Al contemplar aquel espectáculo seguramente no imagina que su muerte ha de ser parecida á la de don Vicente Morales; porque ha de egercer igual cargo y ha de morir desempeñándolo, recibiendo iguales honores fúnebres y de órden de una Reina constitucional de España, de la segunda de las Isabeles.

Cuatro dias despues se entona en Cádiz un Te-Deum por la reconquista de Badajoz, y el 2 de mayo unas honras por las heróicas víctimas que en ese dia murieron en Madrid el año 8 por la libertad de la patria.

Como gran dia de la nacion española, la Academia de equitacion militar ofrece al pueblo una fiesta análoga á su instituto. La plaza, conocida hoy por de las Barquillas de Lope, en recuerdo de las anacreónticas célebres

(1) Murió en la casa número 3, plaza de San Antonio, el dia 4 de abril, recibiendo su cadáver sepultura al siguiente.

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que con ese nombre compuso Lope de Vega en Cádiz, inspirado sobre las peñas de la Caleta vecina, se cierra oportunamente para los ejercicios. Todos los padres de familia señalan el sitio que desean para sí y disponen tablados con bancos y sillas, sin mas condicion que iluminar al anochecer. Preséntanse dos cuadrillas, una de caballeros y otra de soldados, alumnos de la Academia. Entre los primeros están el duque de Rivas, su hermano y sucesor en el título don Angel de Saavedra, el conde Belveder, don Francisco Arteaga, de la casa de Valmediano, y otros señores no menos distinguidos. Córrense parejas y escaramuzas con todas las reglas del arte, y cintas, y derribánse finjidas cabezas de moros á los tiros de pistola y á los golpes d e sable. Entónanse en los intermedios canciones patrióticas por aficionados. Terminada la fiesta, se ilumina la plaza y se forman grupos de baile. Adornan la plaza vistosas decoraciones, distinguiéndose un cenotafio que el cuerpo de artillería dedica en honor de Daoiz y Velarde. El director de la Academia don Francisco de la Iglesia y Darrac es el mismo de esta fiesta, notable en un dia de luto; pero no digna de estrañeza en aquella época y en Cádiz.

Publícanse á favor de la libertad de imprenta varios periódicos, tales como el Telégrafo Americano, el Revisor Político, el Semanario Patriótico, la Gaceta de la Regencia, el Diario Mercantil, el Conciso, el Robespierre Español, amigo de las Leyes, el Redactor General, el Censor General, el Diario de la Tarde, el. Periódico Militar del Estado Mayor General. Estos se escriben al publicarse la Constitucion. Despues aparecen la Abeja Españ1a, el Imparcial, el Procurador General de la Nacion y del Rey el Tribuno Español, el Articulista, el Duende de los Cafés. Los diarios liberales distínguense por el tenaz é imposible empeño de querer concordar la nueva Constitucion con nuestras antiguas leyes, y con el modo de celebrarse las Córtes en remotos tiempos, todo para alejar la idea de que los escritos de los franceses sean los inspiradores de las doctrinas que se sustentan. Hasta un folleto se publica con el título del Tom is t a en las Córtes, en que se intenta probar que todas las doctrinas son tomadas de la pluma del angélico doctor Santo Tomás de Aquino.

Igualmente se publica un Diario de las Córtes, con la especial circunstancia de que su redactor principal es Fray Jaime Villanueva, padre maestro domínico y buen predicador y afamado.

A semejanza de aquel loco profeta de que las historias de la conquista de Méjico hablan, á semejanza de aquel otro, que en las alteraciones de Aragon contra Felipe II pronosticaba, hay uno en Cádiz demente ó maniático llamado Otero, de mucho ingenio y de gracia suma. Preciase de profeta y poeta improvisador.

Al mismo tiempo recorre por las noches los cafés y demás sitios de concur-

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rencia; y estimulado por los circunstantes, dá rienda suelta á su ingenio, improvisando versos y mas versos; de los cuales se conserva este apotegma:

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