Índice
Índice 7 Capítulo I: ¡Historicemos siempre! 16 La perspectiva del marxismo clásico y sus relecturas 16 La producción social, hacia una propuesta de intepretación materialista 16 PARTE I: Marcos culturales 17 El desciframiento de la praxis. Marxismo y hermenéutica en Fredric Jameson 17 PARTE II: Marcos sociales 29 Contra los robinsonianos: el movimiento histórico
en el marxismo clásico 30 PARTE III: Marcos literarios 46 El movimiento desde la literatura hacia las relaciones sociales 46 Parte IV”: Entre lo social y lo literario 56 Benjamin y Gramsci: fragmentos de una lógica de dominación 56 PARTE V: Horizontes de lectura 74 Los tres horizontes jamesonianos 74 Nuestros horizontes críticos 81 Capítulo II: Crimen y sociedad, una no-historia del relato policial en Argentina 88 Las novelas de Martelli en perspectiva 88 Los comienzos del género:
literatura de bandidos y relatos de enigma 91 Crimen organizado, thriller político y espionaje 97 Los 60 y 70, el thriller político en argentina 100 Los ‘80 y 90, democracia y negocios criminales 110 Continuidad y dispersión del relato policial 118 Capítulo III Contradicciones, traición y subversión temporal en Los tigres de la memoria y El Cabeza 125 Las organizaciones delictivas y la contradicción 125 Los tigres de la memoria, /a organización delictiva 131 y los asedios del poder 131 El Cabeza: La traición como signo de la rebelión 137 Tesis sobre el pasado en subversión 153 Temporalidad en subversión en E/ Cabeza 156 Redención del pasado en Los tigres de la memoria 164
Capítulo IV: Literatura pirata en Gersernaní y relatos de rebelión en Gente del Sur
Parte I: El escritor y la rebelión, una travesía literaria hacia el delito Modos de producción literaria, modos de producción social Discontinuidad y enunciación
Parte II: Getsemaní, de la derrota al delito
Traiciones superpuestas: coherencia de toda contradicción Literatura y transgresión
Capítulo V: La subversión del relato en La muerte del hombrecito
La organización del relato
Las organizaciones delictivas
Las ficciones de la traición
Narración, utopía y traición
La subversión de la técnica literaria
203 205 213 218 220 223
Capítulo VI Las tradiciones revolucionarias y el género policial argentino en Los muros azules
Modos de producción en pugna, ¿independencia o socialismo?
Del delito como producción social al modo de producción
El Estado autoritario o el borramiento de la autoridad narrativa
Los géneros, una perspectiva abierta Las ficciones de Martelli en perspectiva subversiva
227 230 234 238 244 254
Humo. Carbonilla, tinta china, vela, acrílico sobre papel
La interpretación múltiple
“Innumerables son los relatos existentes” decía Roland Barthes, al tiempo que señalaba la multiplicidad y superposición de narraciones en todos los aspectos de las materias significantes, en todas las épocas y lugares a través de la historia de la humanidad (1970: 9). Y donde haya una ficción que se vierte en palabras, podemos agregar, hay una lectura o una “escucha” en sentido amplio —teniendo en cuenta el origen de las tradiciones narrativas vinculadas a la oralidad—. Incluso si convenimos que las imágenes o las artes escénicas y plásticas también soportan una trama narrativa, podemos afirmar que su expectación activa produce un movimiento de lecturainterpretación, o “traducción” de sentidos en el choque de culturas y temporalidades. Es decir, a la interpretación puede adjudicarse el mismo carácter universal que Barthes atribuye a los relatos, pero en una potencialidad multiplicadora, porque para cada narración existe una ted infinita de lecturas que activan series de sentidos disímiles e incluso virtualmente discordantes, que circulan en todos los espacios de la discursividad social, desde el recinto informal de una charla de café hasta la esfera súper especializada de una conferencia académica, parafraseando nuevamente al autor de Mythologies. En el entorno de tal universalidad de la interpretación transnacional, transhistórica y transcultural como los relatos (Barthes, 1970), definimos nuestra perspectiva y proponemos un método que ofrece una serie de instrumentos renovados para el abordaje de la literatura policial.
La hipótesis principal de este trabajo se traza en torno a la categoría del delito, considerada desde de su lugar en la productividad social, que permite reescribir interpretativamente algunos rasgos de la organización de la sociedad y sus contradicciones en la literatura. En las novelas de Juan Carlos Martelli que analizamos -Gente del Sur, Getsemaní, Los tigres de la memoria, El Cabeza, La muerte de un hombrecito y Los muros azules- la transgresión se revela en la forma de “delitos organizados”, instalada en lo social a partir de comunidades delictivas atravesadas por la traición. Esto conduce a una indagación sobre los modos de producción en contraposición, desde del delito como operador de lectura representado en los textos al modo de una rama productora de ganancias y relaciones sociales. Las corporaciones ilegales que atraviesan nuestras novelas concentran intereses diversos, ocasionalmente compartidos, que traducen a la ficción conflictos económicos y políticos. A su vez, los mecanismos de la producción literaria pueden resignificarse interpretando alegóricamente la matriz de lectura del género policial, revelando una zona de interferencias entre la literatura y la propiedad, un conjunto de transgresiones en la red discursiva.
De este modo, proponemos un análisis crítico del corpus desde las nociones de producción social, modo de producción y delito empleadas aquí como instrumentos teórico-metodológicos en la construcción de un modelo interpretativo. Para esto, revisamos en profundidad las categorías del materialismo histórico atinentes a nuestra lectura, y las redefinimos en relación a la crítica cultural. Nos centramos en la propuesta de Fredric Jameson, en diálogo con otros autores que abordan objetos culturales desde una perspectiva marxista: Antonio Gramsci, Terry Eagleton, Bertolt Brecht, Walter Benjamin y otros.
Nuestra lectura del materialismo histórico, además, procura recuperar la tradición crítica y transformadora de lo social en que este se sostiene desde sus orígenes, sin caer en el determinismo de las teorías del reflejo. El marxismo se propone, desde sus inicios, la lectura histórica de las categorías científicas en relación con las formaciones sociales que las sustentan, oponiéndose al primer mecanicismo representado por la intención de la burguesía de explicar sus relaciones sociales como naturales y eternas (Miseria de la filosofia, La ideología alemana). A su vez, en el área de los estudios de la enunciación, Valentín N. Voloshinov problematiza estas concepciones de la historia y lo social respecto al lenguaje. Para este autor, el signo ideológico funciona a la manera de un Jano bifronte que alberga una contradicción en tanto representante de lo reaccionario de una ideología dominante y por tanto, estabilizador de un sentido anterior que constituye una “verdad” inmutable (Voloshinov, 2009: 48). De modo que la historización! crítica es el signo de nuestra lectura del marxismo y de los procedimientos de construcción del lenguaje literario, de ahí que retomamos corrientes de la teoría fuertemente ligadas al desciframiento de las tendencias al cambio y el movimiento histórico.
Para Jameson, el análisis de la contradicción en lo social es parte de la interpretación sistematizada en los estudios literarios. De esta forma, el ideologema del delito y la contradicción social constituyen los puntos de partida para repensar al género policial como matriz de lectura y a la vez reescritura del código maestro de “modo/s de producción”. Comenzando con la conceptualización de este género literario, construimos la relación texto-complejidad de lo social que incorpora la lectura diacrónica y la movilidad de los sentidos profundamente históricos y contingentes. En nuestro trabajo el policial es un código interpretativo que opera desde el ideologema del delito productivo y permite problematizar la ligazón con el/los modo/s de producción o formación/es social/es. A su vez, la narración como mecanismo ficcionalizado e incorporado a los textos mediante la perspectiva del delincuente nos permite reflexionar sobre la producción literaria en el espacio de lo delictivo, paralelamente al desarrollo del misterio y la clandestinidad como procedimientos de construcción del relato. En este punto resultarán pertinentes las lecturas de Walter Benjamin en relación a las dinámicas entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción que modifican la técnica literaria en favor de lograr una
1 Si bien el sentido de este término es equivalente al de “historiar”, preferimos usar “historizar” porque incorporamos allí los significados aludidos por Fredric Jameson en Documentos de cultura. Documentos de barbarie. La narrativa como acto socialmente simbólico, vinculados a su lectuta del marxismo.
participación cada vez más activa del lector en la configuración de los sentidos.
Simultáneamente, rescribir un modo de interpretar el género desde esta perspectiva implica también revisar los posibles antecedentes y líneas de dis/continuidad del policial tal como se despliega en la literatura argentina. Por eso incluimos en nuestro trabajo un capítulo donde rastreamos el uso de la categoría de delito como producción social en la literatura nacional desde las primeras décadas del siglo XX hasta la actualidad. Esto posibilitará un diálogo intertextual con algunos autores centrales de la literatura argentina de los últimos dos siglos, desde Roberto Arlt y Jorge Luis Borges a Germán Maggiori, pasando por Ricardo Piglia, entre otros, en cuyos textos encontramos elementos que dialogan con las ficciones de Martelli.
La obra de Juan Carlos Martelli es tan diversa como los intereses testimoniados en sus textos autobiográficos. Unas memorias inéditas que alternan relatos de sus experiencias de viaje y de escritura con recetas de cocina dan cuenta de su actitud transgresora hacia lo discursivo, pensada desde un recorrido profesional que va desde el psicoanálisis a la literatura y que incluye la actividad de publicista, editor y periodista en importantes medios gráficos. La necesidad de este trabajo está trazada por la convicción de que su obra tiene mucho que aportar a la lectura del pasado histórico y literario, pero también a la perspectiva de una lectura sobre el futuro de lo social. Los guiños semánticos y discursivos que orientan la interpretación hacia las posibilidades de transformación social son demasiados como para centrarnos solamente en una lectura crítica de la abyección social que los personajes de sus novelas ostentan. La traición es, en la obra de este autor, un modo alegórico de plantear la rebelión en un código transgresor, que impulsa del delito a las asociaciones revolucionarias. De modo que el presente trabajo es un recorrido de lecturas profundamente subjetivas y centralmente sociales, que ponen en juego intereses atravesados por la misma paradoja, es decir, tan específicamente individuales como pretendidamente insertos en una trama de discursos colectivos.
Este trabajo comenzó a delinearse a fines del año 2010, en una librería de la ciudad de Rosario, ante el hallazgo casual de una edición de E/ Cabeza, reimpresa como parte de la colección Variaciones en rojo dirigida por Jorge Lafforgue. Desde allí, un largo rastreo para localizar el resto de los textos del autor (entre librerías de usados, libreros anticuarios y rincones escondidos de bibliotecas públicas de varias ciudades argentinas) nos expuso el verdadero contacto entre la función detectivesca y la del crítico o investigador en literatura, ya que ambos descubren, en el caso difícil de resolver, el origen del placer descifrador. Finalmente, Marina Martelli nos proporcionó el importantísimo acceso a textos inéditos y pistas de la exploración que subyacen en estas páginas. Agradecemos de manera muy especial su colaboración, confianza y disposición, así como también el aporte de sus ilustraciones para estas páginas.
Nuestra investigación se desarrolló en el marco de una beca doctoral otorgada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas a partir de 2014 para la carrera del Doctorado en Letras de la Facultad de Filosofía y Humanidades (Universidad Nacional de Córdoba- Argentina). Agradecemos la atenta dirección del Dr. Jorge A. Bracamonte, que orientó con generosidad nuestro trabajo de investigación, proporcionando una guía invaluable en el recorrido de nuestra carrera doctoral, y en trayectos anteriores y posteriores. A la Dra. María del Carmen Marengo, co-directora, por el compromiso y el esfuerzo sostenido en estos años. Agradecemos también la atenta devolución del jurado que evaluó positivamente este estudio en 2018, conformado por la Dra. Elisa Calabrese, la Dra. Silvia Barei y el Dr. Martín Kohan, quienes aportaron primordiales reflexiones, revisiones y sugerencias que fueron incorporadas a esta versión. Fundamentalmente, expresamos nuestro agradecimiento a Manuel Loyola, y en su nombre a los editores de Ariadna, que trabajaron para hacer posible esta edición.
A nuestros compañeros del equipo de investigación “Otredades y cambios en el sistema literario argentino”, con quienes participamos de los mismos recorridos de lectura y espacios de trabajo, conformando una ted solidaria de intercambios. Particularmente a Eugenia Argañaraz, Mariana Lardone y Ana Cremona, por el aporte de bibliografía, los fructíferos y amistosos diálogos literarios y extra académicos.
Asimismo, algunas de las líneas aquí desarrolladas forman parte de intereses suscitados por nuestro trabajo en las cátedras de Teoría y Metodología Literaria 1 y Literatura Argentina III de la Escuela de Letras. Agradecemos a todos los profesores y colegas ayudantes-alumnos y adscriptos de dichos espacios. Especialmente, a la Lic. María Lidia Fassi, por impulsar tantas lecturas, y por su dedicación a nuestra formación en docencia e investigación. A Daniel Gaido, por sus generosos aportes bibliográficos y académicos.
Finalmente, agradecemos a la familia y amigos, sin la colaboración y el apoyo cotidiano de ellos, la dedicación a nuestra investigación hubiera sido imposible. A Marcelo, por sus pacientes lecturas, su interés permanente y la construcción de nuestras bibliotecas, a Graciela por proporcionar innumerables colecciones literarias que llenan esas bibliotecas y rastrear libros inconseguibles, ambos impulsaron incansablemente este y otros proyectos. A Nano, por compartir trayectos de vida y admitir la invasión libresca del hogar. A Julia, por sus relatos que alimentaron nuestra pasión por la narración desde la infancia. A Jimena y Franco, por caminar lejanas ciudades con pesados tomos destinados a nutrir este trabajo. Á Emilse por sus infinitos intentos de pulir nuestro estilo argumentativo. A Sebastián y Matcela, por su disponibilidad siempre atenta. Y a todos los sobrinos que llenan de futuro nuestros horizontes.
Arrastre. Carbonilla, tinta china, acrílico sobre papel
Capítulo I: ¡Historicemos siempre! La perspectiva del marxismo clásico y sus relecturas
La producción social, hacia una propuesta de interpretación materialista
¿Qué entendemos por “historizar”? ¿Por qué apelar a un gesto preeminentemente histórico para enmarcar la interpretación? El libro Documentos de cultura, documentos de barbarie. La narrativa como acto socialmente simbólico (1979) tiene en nuestra investigación el alcance de un manual para la hermenéutica materialista, definida en el cruce de los métodos interpretativos y la teoría marxista. La consigna “¡Historicemos siempre!” con que Jameson abre el “Prefacio”, se vuelve premisa ideológica y alcanza un sentido metodológico conforme avanzamos en la convicción de que descifrar lo histórico implica descubrir las cambiantes “leyes” que movilizan el desarrollo social. El objetivo es poner a la interpretación en el centro, configurándola como reescritura de un texto literario en términos de un código maestro que es, en última instancia, una conceptualización articuladora de varios niveles, complejidades y temporalidades en choque en el/los modo/s de producción (Jameson, 1989: 11).
Las ideas de delito, producción social y modo de producción estructuran tanto la construcción de nuestro problema como el método de su abordaje, la perspectiva desde la cual construimos el objeto y los instrumentos para dar cuenta de su análisis. Reformular exhaustivamente estas nociones, revelando las operaciones interpretativas que suponen y las posibilidades de lectura que proyectan, implica configurar un marco interpretativo organizado en torno a la matriz que enuncia Fredric Jameson respecto a su “hermenéutica materialista”, aunque en diálogo con otros autores y profundamente adaptado al corpus de textos martellianos. Nuestro objeto de investigación, por tanto, es el cruce entre la literatura y los modos de producción, las contradicciones que atraviesan los textos literarios reescritos en un código interpretativo que apunta a las transformaciones sociales. El método propuesto responde a la práctica discursiva que se reconoce a sí misma dentro la crítica literaria, es decir, no es una lectura de la historia, aunque se articula indisolublemente con esta.
Por su parte, la profundización en las líneas teóricas que reelabora Jameson nos lleva a revisar, para construir nuestra perspectiva, algunos textos de autores clásicos de la tradición materialista, y de críticos literarios como Gyórgy Lúcaks, Walter Benjamin, Bertolt Brecht, Mijaíl Bajtín, Terry Eagleton, Antonio Gramsci y otros. Nuestro modelo interpretativo se constituye en estos cruces para proponer una lectura de la narrativa policial de Juan Carlos Martelli en torno al delito, categoría a la vez mediadora y organizadora de las relaciones entre la literatura y sus operaciones de sentido en el ámbito de lo social. Otras categorías teóricas como fuerzas de producción y relaciones de producción, totalidad y modo de producción serán retomadas en función de revisar las operaciones interpretativas que propondremos sobre las obras literarias. Primero, revisaremos las relecturas actuales del marxismo vinculadas al autor que nos ocupa, Jameson, para prefigurar el modo en que se construye nuestra perspectiva.
PARTE I: Marcos culturales
El desciframiento de la praxis. Marxismo y hermenéutica en Fredric Jameson
Totalidad y lucha de clases
El marxismo es retomado incesantemente desde diversos escenarios de las teorías sociales actuales. Múltiples disciplinas señalan sus límites o su productividad para el abordaje de los objetos específicos de su campo, y hasta cuando se logra sortear la más mínima referencia al autor de El capital, este parece manifestarse simbólicamente en su ausencia. Sin embargo, desde finales del siglo XX se vienen sosteniendo los más firmes fundamentos, al interior de los ambientes académicos, sobre la insuficiencia de esta filosofía para resolver los problemas actuales planteados por las ciencias sociales. Hay quienes adjudican este rechazo al agotamiento de paradigmas totalizantes y a la primacía de la fragmentación en el entorno del posmodernismo y la crisis de los “socialismos reales” —de la cual se derivaría, sin solución de continuidad, una crisis generalizada de la teoría marxista—. En el reciente volumen de CLACSO, La teoría marxista hoy (2006), varios autores revelan hasta qué punto conviene a las ideologías dominantes el abandono de las categorías analíticas clásicas del marxismo, ya que esto implica dejar de lado al menos dos de los conceptos primordiales para la transformación en el plano de la praxis: el de “Lucha de clases” y el de “modo de producción”.
En dicho volumen, Sabrina Gonzalez atribuye la persistencia de los detractores de Marx a la cada vez más pronunciada crisis del capitalismo, que, contrariamente a lo que estos afirman, reforzaría las tesis más importantes del marxismo referentes a la crítica de esta formación social (Gonzalez, 2006: 16-17). También en esa recopilación, Atilio Borón confirma la demostrada incapacidad del capitalismo para resolver los problemas atinentes a su propio funcionamiento, a su vez, sostiene que lejos de haberse agotado, el marxismo se ha entiquecido y reafirmado con el desarrollo de las relaciones sociales y sus contradicciones en la historia (Borón, 2006: 36). Á esto se suma que la más importante de sus contribuciones, la teoría de la plusvalía, no ha sido aún refutada, de allí que la construcción metodológica del autor de El capital no puede ser descartada, pues las tesis centrales de esta configuración teórica se mantienen y complejizan en las formulaciones actuales (Borón, 2006: 40).
Por su parte, Javier Amadeo realiza un recorrido por las teorías más importantes en la trayectoria del pensamiento crítico que abordamos, desde los clásicos del marxismo occidental (desarrollado luego del fracaso de las revoluciones anticapitalistas en Europa posteriores a la Revolución rusa y caracterizado por el divorcio entre teoría y práctica) hasta el marxismo anglosajón, pasando por la Escuela de Frankfurt, la filosofía de la praxis gramsciana, la Escuela de Budapest lucakcsiana y otras. En ese contexto, la formulación de Jameson se destacaría por la originalidad de sus construcciones teóricas, aunque su propuesta teórica se despliega al modo de un “idealismo” refugiado en el ámbito académico y que se extrae de las luchas sociales “del mundo exterior” (Amadeo, 2006: 91):
El proyecto intelectual de Jameson se dirige en un sentido opuesto al de los debates sobre el posmodernismo, que privilegian la fragmentación y la incertidumbre. Jameson propone una interpretación totalizante del arte posmoderno como la forma cultural que adopta una nueva era del capitalismo mundial. Sin embargo, sus análisis socio-históricos son recuperados en tanto tentativas de descripción de las características de la cultura contemporánea por tradiciones universitarias que están en las antípodas del materialismo de Jameson y de su anticapitalismo radical (Amadeo, 2006: 91).
En relación a lo citado, aquí pretendemos revisar los modos de interpretación propuestos por el crítico norteamericano para resignificarlos en función de sus herencias teóricas vinculadas al marxismo.
La crítica argentina ha recorrido la conocida teoría de la postmodernidad de Jameson en no pocas ocasiones para dar cuenta de los fenómenos culturales y literarios vinculados a dicha conceptualización histórico-metodológica. Entre los textos más importantes en esa línea podemos mencionar la introducción de Eduardo Grúner al libro Estudios culturales. Reflexiones sobre multiculturalismo (2003), que retomaremos más adelante. Inicialmente quisiéramos destacar algunas ideas que desarrolla Jorge Bracamonte en su artículo “Los usos de Marx en Jameson, en diálogo con Althusser y Balibar” (2012), en relación al texto que guía nuestro esquema metodológico (la Introducción de Jameson a Documentos de cultura documentos de barbarie. La narrativa como acto socialmente simbólico —The Political Uncoscions. Narrative as a Socially Symbolic Act-).
Allí la vinculación de Jameson con Althusser parte de la revalorización del marxismo como ciencia desde la teoría del conocimiento. Por lo tanto, la propuesta de Jameson se presenta, según Bracamonte, como una auténtica Filosofía de la Historia, que sin perder de vista las críticas de Althusser al historicismo, gravita en torno a la importancia del marxismo como sistema de interpretación. De manera que lo central en su análisis es la rearticulación de lo textual y del lugar clave del lenguaje en la hermenéutica materialista que el autor norteamericano formula. La premisa de la lucha de clases retomada en este contexto juega un papel medular en función de la posibilidad de redimensionar la relación entre base y superestructura, y más específicamente, el fondo antagonístico de lo dialógico. Así es que la redefinición de lo simbólico en Jameson tiene lugar sobre la base de una lectura de “lo real” en relación al materialismo histórico como método epistemológico.
En este sentido, si hablamos de los usos en torno al método de una historización radical, bien vale contextualizar la producción del manual jamesoniano —que, por su estilo polémico dialoga con el Manifesto comunista de Marx y Engels (Bracamonte, 2012: 57), y por el gesto epistemológico de construcción de categorías teóricas, con Para leer El capital de Althusser y Balibar— encabezado por la mencionada introducción titulada “Sobre la interpretación”. Citamos las palabras del autor en este punto:
Por lo dicho, “Sobre la interpretación” resulta un síntoma de una disputa por la legitimidad de los usos de Marx en la escena teórica de los estudios culturales y literarios de fines de la década de 1970: implica un esfuerzo por retomar la tradición de Marx, para legitimar en la misma la nueva propuesta jamesoniana y así, sin dejar de dialogar polémicamente con los usos de Marx en el estructuralismo y posestructuralismo sobre todo, busca superar con un modelo teórico marxista los límites que Jameson ve en aquellas propuestas (Bracamonte, 2012: 62).
Es justamente esta polémica con los usos postestructurales de Marx lo que predomina en el texto de Grúner, “El retorno de la teoría crítica de la cultura: una introducción alegórica a Jameson y Zizek” (2003). Allí la referencia a la Escuela de Frankfurt que exhibe el título es, más que un refuerzo a la idea de “retorno” presente en el mismo enunciado, un indicio de la revalorización de algunas concepciones que de allí derivan -y que han sido descartadas por las teorías posmodernas-, como la importancia de la práctica en el desarrollo del conocimiento, la centralidad del lenguaje en la cultura y la historia, y, fundamentalmente, la dimensión social del sentido vinculada al marxismo.
Esta referencia constituye un primer marco de significación respecto a los modos en que se retoma la teoría marxista, de la cual se distancian ya las corrientes intelectuales encabezadas por Raymond Williams y Stuart Hall entre otros —que estarían más atentos a los desarrollos postestructurales de Michel Foucault y Jaques Derrida, o Ernesto Laclau y Chantal Mouffe (Grüner, 2003: 20)—, y los señalamientos de las “antimarxistas” teorías poscoloniales (Grúner, 2003: 21). El objetivo de la hermenéutica materialista que abordaremos más adelante es resignificar este abanico dialógico del que habla Grüner, que parte desde dentro del marxismo y lo renueva reescribiendo las tradiciones de Louis
Althusser, Mijail Bajtín, Walter Benjamin, Theodor Adorno, Jean Paul Sartre y otros. Según el sociólogo argentino, hasta el psicoanálisis lacaniano contribuye a otorgar una “bocanada de aire fresco” a estas relecturas del marxismo, en medio de la proliferación de “antiteorías” del fin de las ideologías o de los grandes relatos (Grüner, 2003: 21).
La línea temporal dibujada por el año 1989 implicaría, más que la clausura de un marxismo supuestamente agotado, el comienzo de las “teorías del fin”, que son, en todo caso, correlato de la caída de los “socialismos reales” y no del desenlace del capitalismo. Según Grüner, el materialismo histórico no habría llegado a profundizar en un análisis de los socialismos —más allá de los desarrollos de León Trotsky y otros líderes de la oposición a lósif Stalin— ya que su horizonte es el de la teoría crítica del “capitalismo real”, y por esa razón no podría estar clausurado hasta tanto no se demuestre la desaparición del capitalismo. Cuando las condiciones de universalización creadas por la “globalización” del tardocapitalismo radicalizan el marco de posibilidades para la expansión prevista por Marx, no puede sino parecer paradójica la celebración de la fragmentación, calificada por el autor de la introducción que abordamos como “fetichismo ideológico”. Esta tendencia teórica es contextualizada en relación a ciertas formas de “carrerismo universitario” norteamericanas. En este punto, preferimos citar a Grüner para dar cuenta de las condiciones de persistencia de la filosofía marxista en la academia:
(...) la del marxismo, como la del psicoanálisis, no es (no debería ser) una mera supervivencia, como quien dice la supervivencia anómala de una especie que tendría que haberse extinguido y por lo tanto se conserva, en el mejor de los casos, en el zoológico exótico de algunas cátedras universitarias. Es la persistencia siempre renovada de una práctica transformadora y de una manera de pensar el mundo lo que está en juego. Que de la teoría crítica de la cultura —tal como podía postularla, por ejemplo, la mencionada Escuela de Frankfurt- se haya pasado a los Estudios Culturales, es algo más que la simple adaptación de una moda norteamericana, o que la simple disputa por la inclusión en el mercado de los financiamientos académicos. Es, además de eso, el síntoma de la sustitución de un intento de puesta en crisis de las hegemonías culturales en su conjunto por la observación etnográfica de las dispersiones y fragmentaciones político-sociales y discursivas producidas por el capitalismo tardío y expresadas en su “lógica cultural”, como ha etiquetado Jameson al así llamado “posmodernismo” (Grúner, 2003: 26-27) [Los subrayados son del texto original].
La referencia a la hegemonía ubica el trasfondo de la cita anterior en relación a todo el universo gramsciano, que nos remite, a su vez, a la caracterización del marxismo como teoría de la práctica, y la filosofía como modo de concebir el mundo que orienta a ciertos modos de actuar sobre él. Retomaremos luego, en referencia a la hermenéutica, la ligazón entre materialismo y práctica que señala también José Manuel Romero.
Resta señalar que el propio Jameson, en “Sobre los Estudios Culturales”, el texto que sigue a la introducción de Grúner, contextualiza este tipo de producción académica en el seno de las relaciones de producción del conocimiento y también hace referencia a Gramsci. Esta vez, la alusión al teórico italiano no es usada para dar cuenta de la alianza de bloque histórico que implicaría la relación entre un grupo de intelectuales y ciertos estratos sociales, simo más bien para describir la política de microgrupos que apunta a representar identidades descentradas en la producción académica propia de los Estudios Culturales. Jameson también destaca el modo en que esta corriente de pensamiento responde a las ambiciones académicas de búsqueda de reconocimiento y hasta de efectivización en cargos y departamentos, dinámica que caracteriza una lógica hegemónica de resistencia a las teorías que recuperan el marxismo en la academia.
“Sobre los estudios culturales” plantea el objetivo de la construcción crítica de una especie de diagnóstico de estas disciplinas -tal como se materializa en la colección Cultural Studies que recoge conferencias presentadas en 1990 sobre este tema-. Para esto, se realiza un recorrido de los argumentos centrales que esgrimen las post-disciplinas? en rechazo del marxismo. El estilo de la ironía que se expresa principalmente en los subtítulos (Articulación: el manual del constructor de camiones”, “Intelectuales flotantes”) y en algunas consideraciones a lo largo del texto apunta a reestructurar el metacomentario hacia la crítica de las teorías ilustradas posmodernas, cuya pretensión intelectual es desarmada mediante el efecto de exacerbación de sus principales enunciados.
Pero lo que Grúner describe en la cita anterior es algo más que la ruptura entre la producción académica y el “compromiso político”, es el abandono de nociones teóricas como la de totalidad (representada por el modo de producción en la hermenéutica jamesoneana), o el lugar estructural de la lucha de clases en los análisis sociales en detrimento de las ideas de articulación, fragmentación y mezcla. El concepto de totalidad es especialmente rechazado por las teorías de la posmodernidad, a tono con esto, la referencia a la lucha de clases es reemplazada por otros tipos de conceptualizaciones ligadas a la redefinición y desconstrucción de lo identitario en detrimento de los discursos unitarios (Grüner, 2003: 31). No muy lejos del estilo del autor norteamericano, Grúner echa mano de un modo provocador para señalar las debilidades del posmodernismo, aunque termina rescatando ciertos elementos fundamentales de los Estudios culturales. Por ejemplo, las multiplicidades (antijidentitarias, señala el crítico, deben ser revalorizadas en diálogo con la categoría de totalidad, entendiendo por esta el modo de producción tal como lo define Jameson - que abarcaría no sólo las fuerzas productivas sino también las relaciones sociales y todas las formas que encuentra la lucha de clases en los niveles jurídico, político ideológico y cultural (Grúner, 2003: 33)-.
Grüner no evita en este texto la referencia al condicionamiento mutuo entre base y superestructura, y atribuye su funcionamiento cerrado y
2 Estas se definirían, principalmente, por su relación de distancia o acercamiento con ciertos conjuntos disciplinarios establecidos (Jameson, 2014).
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