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La memoria transgeneracional

Maura Rossi · 2017

153,108 words · about 10 h 43 min to read

Period artwork: Interior of the Bodleian Library, 1845
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Licence: CC BY 4.0 · repository export licence (OAPEN) · Rossi, Maura (2017), La memoria transgeneracional, open access publisher - licensed CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/)

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Author
Maura Rossi
Language
Spanish
Published
2017
Length
153,108 words · about 10 h 43 min
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La memoria transgeneracional

Presencia y persistencia de la guerra civil en la narrativa española contemporánea

Maura Rossi

Prefacio

Para quienquiera que se acerque al tema de la guerra civil española y de sus plurívocas recreaciones, tanto en la literatura como en las artes visuales, resultan indudablemente familiares las palabras del fotógrafo húngaro Robert Capa, quien comentaba el oficio de la cámara advirtiendo que “[i]f your pictures aren't good enough, you're not close enough” (Capa, 2001: xi). Dándole la vuelta a las palabras del que fue uno de los puntos de mira preferentes en lo que se refiere a los grandes conflictos del Siglo XX, podría decirse que la eficacia de toda reproducción de un acontecimiento real — más aún si se trata de un hecho reciente y controvertido como la contienda de 1936-1939 — se mide según su autor resulte capaz de adoptar una distancia adecuada, que, a la vez, no resulte tan marcada como para ocultarle o difuminarle el referente — tal y como sugería Capa —, ni le deslumbre por colocarle demasiado cerca de aquel, desde un punto de vista tanto material como emocional.

La asombrosa proliferación del tópico mnemónico en múltiples capas de la sociedad española actual — la política, la social, la comercial, la artística — parece sugerir que el recuerdo común de la guerra civil sigue planteándose como un discurso fragmentado y punzante, a pesar de los tres cuartos de siglo que separan la fecha en la que escribo de la época bélica. En semejante contexto, la narrativa destaca como espejo permeable de los heterogéneos impulsos de cuestionamiento de la memoria compartida procedentes del ámbito cívico, a la vez que se plantea como sintaxis motriz, capaz de impulsar y coagular su recomposición.

El presente trabajo de investigación se presenta como un análisis y sondeo crítico de la representación literaria de la guerra civil y de su legado político y mnemónico, configurada desde una “distancia” específica — y especial —, que va identificada con la perspectiva de las generaciones segunda y tercera. Objeto de mi estudio es la ficción elaborada a partir de mediados de los años Noventa por autores nacidos después del conflicto, coincidiendo su escritura— y recepción — con el surgimiento paulatino de esos x Prefacio movimientos políticos y sociales que hasta la fecha siguen abogando por una renegociación puntual y radical del recuerdo compartido de la guerra. Para una sociedad notablemente mnemo-consciente como la de la España actual — que en los meses en los que finalizo mi trabajo se encuentra en una peculiar encrucijada entre el 40° aniversario de cerrarse la larga etapa franquista (en 2015) y el 80” aniversario del comienzo de la contienda (en 2016) —, me ha parecido particularmente sugerente la profundización del papel que el texto literario desempeña con vistas a la superación — psicológica, histórica, política — de ese antecedente traumático que es la guerra civil, “atascado” hasta la fecha en un nivel tanto personal como colectivo. Más en detalle, moviéndome de la registración de una persistencia obstinada e inequívoca del tópico guerracivilista dentro de la narrativa peninsular más reciente, he intentado relacionar las obras literarias que he considerado con el entorno político, sociológico y discursivo del que se originan y en que se desenvuelven, con el objetivo final de sistematizar y comentar las modalidades, estrategias y finalidades que sobrentienden a la ficcionalización del conflicto por parte de quien, a la hora de empuñar la pluma, no cuenta con una memoria “en primera persona” de los acontecimientos. Blanco preferente de mi lectura ha sido el cuestionamiento del sintagma “literatura de la memoria”, un tecnicismo crítico acuñado para comentar la ficción entregada por los testigos y necesariamente sometido a un replanteamiento radical en las últimas dos décadas, conforme resulta re-significado y activado con vistas a la elaboración polisémica del trauma.

Debido al intento de abordar desde una perspectiva polidireccional la naturaleza proteica y — a la vez — escurridiza tanto de la materia abarcada en este trabajo como de sus manifestaciones narrativas, he repartido mi argumentación en dos macro-secciones, de las cuales la primera se centra en la configuración de una reflexión metodológica y teórica sobre la memoria como hipercategoría semiótica, con una atención específica hacia su ocurrencia reiterada en la novela y el relato españoles de los últimos veinte años. La segunda sección se presenta, en cambio, como un análisis textual fundamentado en el estudio de cuatro novelas que he considerado especialmente representativas desde el punto de vista tanto estético como temático, a saber, La voz dormida de Dulce Chacón (2002); El corazón helado de Almudena Grandes (2007); ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil! de Isaac Rosa (2007); y Ayer no más de Andrés Trapiello (2012).

Prefacio xi

En el primer capítulo he dibujado un marco pluridisciplinar y diacrónico de la “memoria”, interpretada como un objeto hermenéutico complejo e “inquieto” que, según me parece, cabe definir de manera híbrida, sincronizando observaciones de talante neuropsicológico, filosófico y sociológico. En particular, me he detenido en la vinculación intrínseca entre memoria y trauma, proponiéndome descifrar los mecanismos — conscientes e inconscientes — que sobrentienden al juego acompasado entre recuerdos, olvidos y alteraciones desde el punto de vista tanto individual como colectivo. Finalmente, con vistas al análisis de la memoria de la guerra civil dentro de la sociedad española — declinado en mi estudio a partir de su proyección literaria —, he reflexionado alrededor del sintagma “memoria histórica”, cuya validez fáctica he querido medir según su impacto en el ámbito cívico, más que confutando al pie de la letra la imposible síntesis conceptual — y metodológica — entre las dos unidades de significado que lo componen. La confrontación inicial con aportaciones heterogéneas y transnacionales alrededor del hiperónimo “memoria” — entre otras, los estudios de Halbwachs, Connerton, Nora, Hobsbawm, Assmann, Le Goff, Foucault, Juliá — apunta a intersecar la realidad española con el debate internacional acerca del almacenamiento post-traumático de los acontecimientos históricos, fraguado en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y continuamente actualizado a raíz de los conflictos más recientes.

En el segundo capítulo he reunido observaciones específicamente circunstanciadas al caso español, arrancando con una reflexión diacrónica alrededor de las distintas representaciones de la guerra civil propuestas desde los discursos dominantes del franquismo, de la transición y de la edad contemporánea. El cuadro que resulta es una articulada encrucijada entre factores históricos, sociales, jurídicos y emotivos, dentro de la cual la literatura capta — e intenta enmendar — un aplazamiento continuo de la confrontación directa con el pasado, junto a la ambigua supervivencia de este bajo la forma de una inestabilidad latente en el seno de la sociedad peninsular. En particular, me he centrado en el relevo generacional que se observa entre los narradores a medida que desaparece la memoria comunicativa del conflicto — es decir, la que corre a cargo de los testigos — y se impone una elaboración ficcional a la vez mediada por la memoria ajena — la de los padres y abuelos — e interferida por una politización gradualmente enquistada de la materia guerracivilista.

xii Prefacio

Con la finalidad de enmarcar los rumbos oscilantes de la narrativa española contemporánea en lo que se refiere a su faceta mnemógena, me he apoyado en las teorías sobre la “postmemoria” de Marianne Hirsch (2012), a través de las cuales he comentado la idiosincrasia implícita entre el carácter “memorialista” de la escritura más reciente y la supuesta “ilegitimidad” perspectivista de la mirada diferida, que es condición vital propia de los autores que he incluido en mi corpus. He pasado luego a definir el impacto del mercado editorial y cultural en la actual cosificación polidireccional de la memoria, reseñando sus emanaciones más populares — desde la literatura de alto consumo hasta la telenovela y el videojuego — e interpretando la avalancha de productos relacionados con el legado de los años 1936-1939 no como un fenómeno determinado por la mera convergencia de factores económicos, sino, más bien, como la manifestación de una necesidad insistente de confrontación con el pasado, en el ámbito tanto personal como colectivo. A tal propósito, he recurrido al concepto de hauntologie acuñado por Jacques Derrida para profundizar la faceta “espectral” de la narrativa contemporánea, en lo que se refiere tanto a la ficcionalización del “pasado que vuelve” como a la subsistencia de un sólido entramado intertextual que destaca la naturaleza palimpséstica de la escritura postmnemónica. Al mismo tiempo, me he medido con algunos membretes formales fabricados por la crítica (o por los mismos autores) desde el último tercio del siglo pasado — “novela histórica”, “nueva novela histórica”, “relato real”, entre otros — deteniéndome especialmente en la relación que la nueva escritura de la memoria entretiene con el concepto de representación de la realidad. Abogando por un acercamiento más denotativo que etiquetacional, he cerrado el capítulo ahondando en dos elementos sobresalientes de la narrativa contemporánea de la memoria, a saber, la tematización del esquema relacional entre el pasado y el presente, y la representación ficcional de la polimorfa violencia de antaño, que he intentado descifrar investigando las respectivas modalidades de representación.

El comentario específico de cuatro novelas que he desdibujado a continuación, en la segunda parte, responde a un doble objetivo. En primer lugar, el intento de poner a prueba las consideraciones y propuestas críticas formuladas en el primer apartado, ensayando el método analítico esbozado y deteniéndome en las peculiaridades de cada texto. En segundo lugar, la

Prefacio xiii intención de presentar las cuatro obras como una muestra ejemplificativa de las numerosas — y asistemáticas — directrices que se desprenden del núcleo temático de la memoria, declinado de manera polifacética y, al parecer, lejos de resultar agotado. Al igual que la bibliografía primaria utilizada en los apartados precedentes, las novelas, dispuestas en la tesis en orden cronológico de publicación, han sido seleccionadas sobre la base de un criterio misceláneo, según el cual he tratado de ensamblar la alta difusión entre el público español (y en ocasiones incluso internacional) y un reconocimiento sólido de cierta relevancia literaria por parte de la crítica. Desde la perspectiva emotivo-sentimental que sobrentiende a la elaboración de La voz dormida y El corazón helado hasta la compleja discusión ética delineada en Ayer no más, pasando por el llamamiento a una (necesaria) meta-literatura expuesto en ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!, los textos han fungido de terreno de averiguación, configurando la iconografía de la literatura actual de la memoria como una compleja taracea, compacta desde el punto de vista macro-temático, pero notablemente variegada en lo que atañe a las formas y matices de sus narrativizaciones.

Evidentemente, el resultado de las reflexiones planteadas en el texto está lejos de constituir un punto final, escasamente útil y razonablemente inalcanzable para el acercamiento a una franja semiótica que, al juntar literatura contemporánea y materia mnemónica, se presenta como doblemente aérea. Se traduce, más bien, en la definición de un “corte” que he juzgado especialmente útil para cartografiar una terra que no es incognita, pero que a menudo pone trabas a sus exploradores debido a su naturaleza enmarañada, plurívoca y cambiante.

Concluyo estas líneas dirigiendo mi más sincero agradecimiento a los miembros de la plantilla de lengua y literatura española e hispanoamericana del Dipartimento di Studi Linguistici e Letterari de la Universidad de Padua, caldo de cultivo estimulador e irrenunciable para mis ideas, intuiciones y también desvaríos. Gracias especialmente a Donatella Pini, quien dirigió la tesis doctoral de la que proceden las páginas que vienen a continuación, encauzándome sin forzarme y asesorándome en todo momento en la gestión de mi propia, peculiar “distancia”. A Gabriele Bizzari, por sus comentarios decisivos a medio camino y por guiarme acompañándome de cerca en la investigación sobre literatura contemporánea. Gracias a los xiv Prefacio profesores Antonina Paba, Francis Lough, Corinne Cristini e José Domingo Dueñas Lorente, por leer las primeras versiones de este trabajo y proporcionarme imprescindibles sugerencias. Finalmente, a quienes dentro y fuera de la academia han asistido al desarrollo mi proyecto dedico todos sus resultados, agradeciéndoles sobre todo las charlas y momentos que nada han tenido que ver con la memoria de la guerra civil española y su transposición literaria.

Padua, 30 de marzo de 2016

CAPÍTULO 1 Mapeando lo impalpable: la memoria como medio de retención del pasado

De entre todas las facultades y peculiaridades psíquicas que definen al ser humano, la memoria se coloca, sin duda, entre aquellas de más compleja definición. Uno de los elementos que dificultan cualquier tarea de racionalización hermenéutica alrededor de su naturaleza es, en primer lugar, su carácter escurridizo y multiforme, que hace que la elaboración mnemónica, al realizarse en el marco de la sensibilidad individual, presente modalidades cambiantes y expresiones heterogéneas. En segundo lugar, si bien se asume que desde un punto de vista estrictamente teórico “as a form of awareness, memory is wholly and intensely personal” (Lowenthal, 1985: 194), desde finales del Siglo XIX la acepción del término “memoria” ha sobrepasado sus fronteras esencialmente subjetivas para alcanzar el estatuto de hecho cultural y social, elaborado y, en consecuencia, influyente dentro de un marco no ya personal, sino colectivo.

Desde una perspectiva “intrusa” en un ámbito científico en el que no se encasilla mi especialización esencialmente literaria, el presente capítulo tiene la intención de explorar unas pautas teóricas que he juzgado necesarias para abordar el objeto preferente de mi estudio, aquí concebido a la vez como medida de fijación de un acontecimiento traumático como es la guerra civil española de 1936-1939, y como material de construcción narrativa, tanto con vistas a la constitución social de una identidad común basada en una versión compartida del pasado, como en lo que atañe a la práctica literaria.

La memoria individual entre res cogitans y res extensa: la herencia finisecular

Pese a las objetivas dificultades de encuadre teórico que presenta como objeto semiótico, no es difícil notar la fascinación que la memoria ha suscitado desde los orígenes del pensamiento filosófico y ontológico hasta nuestros días. A este propósito, recuerda Josefina Cuesta (2008: 25-7) que las primeras reflexiones remontan a las páginas de textos sagrados como la Biblia o la Torah, y también se encuentran en las obras transmitidas por la antigüedad clásica. Tras un desarrollo diacrónico excepcionalmente rico y variado del concepto, cuando se empieza a abordar la memoria desde perspectivas novedosas es hacia finales del Siglo XIX, en un contexto de renovado interés hacia la centralidad del individuo. La peculiar encrucijada entre la supervivencia de ilusiones de omnipotencia y capacidad de control de raigambre positivista, junto al nacimiento progresivo de cierta inseguridad finisecular que, en una época de cambios políticos, sociales y culturales insta al ser humano a buscar respuestas no ya en el exterior, sino en los pliegues de su alma o de su cuerpo. Las dos dimensiones resultan exploradas respectivamente por la psicología — sobre todo freudiana — y por la anatomía, dos ciencias que hasta hoy en día siguen intentando parcelar el nebuloso dominio de la memoria y que desarrollan sus primeras especulaciones relativas a la capacidad humana de recuperar el pasado no a través de una visión “lineal” de la memoria, sino a partir del dato traumático.

Las investigaciones anatómicas de la segunda mitad del Siglo XIX muestran cierto afán por identificar el área específica del cerebro en la que se suponen almacenadas las imágenes y nociones del pasado que han quedado grabadas en la mente del individuo. “Tutto incominció nel 1861, quando Paul Broca scoprí il centro del linguaggio” (Bolzoni-Corsi, 1992: 351), es decir cuando, partiendo de la observación de sujetos afásicos, se aisla el centro del “immagazzinamento delle immagini mnemoniche delle articolazioni linguistiche” (Bolzoni-Corsi, 1992: 351), lo cual tan solo cartografía una entre las innumerables variedades del abanico mnemónico. Consecuentemente, se desarrolla en el ambiente científico una tendencia a distinguir entre varias tipologías de memoria, siempre buscando una sede anatómica para cada una de ellas, con el objeto de alcanzar el máximo nivel posible de diferenciación.

Desde el punto de vista biológico persiste, desde entonces, la tendencia a describir la memoria como a maintained representation of internal or external experience as constituted as modifications of neural structure and/or behavior. (Winn, 2001: 465 [énfasis mío])

En otras palabras, como una huella neurológica procedente de la experiencia, que acaba alterando el sistema fisiológico global. Si se quiere, para volver a introducir una lectura “traumática” del objeto de nuestro estudio, podría decirse que las experiencias individuales resultan grabadas bajo la forma de “cicatrices” en la estructura cerebral, lo cual implica que un recuerdo — por lo menos desde el punto de vista puramente material — no pueda suprimirse del todo del cerebro, aunque no se tenga constancia ni conciencia activa de su supervivencia.’ Asimismo, al tratar de descodificar las diferentes etapas del articulado proceso rememorador, la neurociencia actual tiende a definir la memoria como un three-stage process: encoding (or the acquisition of information), storage (or the retention of information over time) and retrieval (or accessing information previously encoded), [which may be i]mplicit or explicit. (Ramachandran, 2002: 773 [cursiva mía] )?

1 La neurociencia habla a veces de “memory traces”, es decir “physical [or] chemical substrate[s] in the nervous system for a given form or aspect of memory” (Thompson en Adelman-Smith, 1999: 1141).

2 Actualmente la ciencia mantiene que el conjunto de acciones que se acaba de ilustrar es el resultado de la interacción entre varias entidades fisiológicas — regiones cerebrales, médula espinal, aparato sensorial — y, al mismo tiempo, de la simultaneidad acompasada entre procesos internos y externos respecto al individuo, que se combinan variablemente a la hora de hacer recurso al pasado. Se mantiene la existencia de espacios cerebrales más especializados que otros en la realización de una u otra operación mnemónica; no obstante, se niega su exclusividad en favor de una perspectiva más integradora y centrada en la concurrencia entre aportaciones heterogéneas.

Ahora bien, hasta ahora podría inferirse del dato neurológico que la memoria queda concebida como la facultad que pone al hombre en relación con el ambiente que le rodea, ya que le permite someter su contexto a la introspección y modular luego sus acciones y reacciones sobre la base de la experiencia. Es más, por sus características básicas la memoria personal define e identifica al sujeto de una manera parecida a lo que haría la información genética, ya que es propia específicamente de cada individuo, tiene un correspondiente biológico y proporciona informaciones alrededor de la configuración anímica de quien la ejerce.*

En lo que se refiere, en cambio, al acercamiento a la quaestio mnemónica propuesto por el que hacia finales del siglo llegaría a denominarse psicoanálisis, podría decirse que la perspectiva freudiana constituye un planteamiento complementario respecto al estudio de talante anátomo-fisiológico que, pese a proporcionar una serie consistente de datos descriptivos alrededor de la facultad mnemónica, falla en lo que atañe al elemento predictivo, ya que no resulta capaz de informar de manera satisfactoria alrededor de los usos y modalidades de retención de la memoria.* El estudio de la Erinnerung propuesto por la escuela austriaca resulta particularmente productivo en lo que atañe a la descripción y a la divulgación científica del interés hacia la materia, hasta el punto que, según sostiene Gérard Namer,

3 Puede intuirse que las codificaciones son distintivas de cada sujeto porlo menos por dos razones. La primera atañe al hecho de que nunca se dan recorridos vitales integralmente coincidentes: personas distintas presentan vivencias diferenciadas aunque solo sea por detalles diminutos, lo cual impide que el mismo caudal mnemónico resulte asumido más de una vez. En segundo lugar, es preciso considerar que la sensibilidad personal — otro elemento de compleja definición desde el punto de vista tanto biológico como psicológico — hace que la selección de los fragmentos a depositar bajo la forma de huellas neuronales resulte específica e irrepetible para cada individuo.

4 Según registraba ya Bergson (2011) en Materia y memoria, el conocimiento de la anatomía cerebral, por pormenorizado que fuera, entre otros límites no conseguía dar cuenta de la jerarquización entre los recuerdos; de la selección que cada sujeto opera a la hora de codificar la realidad circunstante; y de la capacidad de reconocer el mismo elemento en ocasiones distintas, aunque sometido a variaciones de menor o mayor entidad respecto a la primera vez que se nos presentó.

toda la cultura europea, hasta la guerra de 1914, podría considerarse en esencia como un interrogante sobre la memoria. En Viena, de 1880 a 1917, el cuestionamiento de la memoria está en el corazón de la cultura y, desde Viena, se extiende a toda Europa. (en Cuesta, 1998: 35)

El ámbito a partir del cual los psicoanalistas empiezan a elaborar una intensa profundización del dato mnemónico es el estudio y el tratamiento de la sintomatología histérica, que se intenta explicar por medio de la postulación de una relación conflictiva entre el sujeto afectado y un trauma referido a su propio pasado. Tras las primeras observaciones, anota Freud que las manifestaciones de la histeria could be interpreted as symbolic representations of traumatic memories that could not be recalled because of the meaning, for the subject, of the content of the memories. (en Harré-Lamb, 1986: 312)

En términos prácticos, el trastorno psíquico resulta interpretado como la consecuencia de un recuerdo traumático reprimido, que, al resultar rechazado de la esfera consciente, desahoga su potencial perturbador bajo la forma de comportamientos neuróticos. La terapia consiste, entonces, en volver a acercar al paciente a la experiencia que su mente se empeña en eliminar de su estado vigilante, ayudándole a asumirla sin dejarse destruir por el potencial negativo y perturbador asociado con ella.

El psicoanálisis freudiano se propone emprender el complejo viaje entre el estado consciente y el “Aqueronte” tanto a través de sesiones de diálogo con el paciente, como por medio de la inducción u observación de estados de semi-inconciencia, entre los que el preferente es el ensueño. * El objetivo es rescatar los recuerdos perdidos en algún que otro rincón de la mente, hacer que se patenticen y, entonces, suavizar su carácter amenazador por medio de la explicitación. No obstante, la reconciliación de un

5 La referencia va recuperada de la epígrafe virgiliana “flectere si nequeo superos, Acheronta movebo” escogida por Freud para encabezar la advertencia a la primera edición de La interpretación de los sueños (Freud, 1913 [la edición que he empleado reproduce el mote en la portadilla]).

individuo con sus experiencias dolorosas resulta dificultada por el hecho de que los mecanismos de ocultamiento de la psique difícilmente se muestran transparentes, sino que es necesario un complejo trabajo de exploración para acceder a esas porciones de la memoria que nos son parcialmente o totalmente vedadas. Al propósito, escribe Freud (1913: 7) en relación con el material onírico que

[t]hat all the material composing the content of the dream in some way originates in experience, that it is reproduced in the dream, or recalled, — this at least may be taken as an indisputable truth. Yet it would be wrong to assume that such connection between dream content and reality will be readily disclosed as an obvious product of the instituted comparison. On the contrary, the connection must be carefully sought, and in many cases it succeeds in eluding discovery for a long time.

La memoria, entonces, como dimensión liminar, cambiante y polimorfa, que se balancea entre lo consciente y lo inconsciente, el control y el descontrol, lo explícito y lo implícito. El olvido, en cambio, no ya como fallo del sistema mnemónico, sino más bien como un mecanismo de defensa, que, al esconder al estado consciente las partes del pasado que no lograríamos gestionar activamente en nuestra vida diaria, nos protege de “unwelcome, disruptive or socially unacceptable thoughts” (Harré-Lamb, 1986: 312).

Ahora bien, el modelo dicotómico de talante cartesiano — que defendía una clara oposición entre realidad física y dimensión espiritual — ya se iba sometiendo a revisión hacia finales del XIX en la mayoría de las disciplinas que asumían el hombre como objeto de sus estudios. No obstante, a la hora de compaginar la dimensión noética con la material, a menudo un componente acababa primando sobre el otro, como en el caso de las propuestas interpretativas que acabo de reseñar.

Un intento de nueva puesta en relación del alma con la materia interviene en la misma época desde la filosofía, ámbito en el cual el francés Henri Bergson, en su obra titulada Matière et mémoire, se plantea afferma[re] la realtà dello spirito, la realtà della materia, e tenta[re] di determinare il rapporto tra Puno e Paltra attraverso un esempio preciso, quello della memoria. (Bergson, 2011: 5)

La memoria se convierte entonces en punto preferente de observación de la intersección entre alma y cuerpo, ahora concebida como una relación de solidaridad cooperativa, pero en ningún caso de mutua predictibilidad. En la visión de Bergson, la facultad rememoradora se ancla en el pasado, pero se pone en acto a partir de estímulos colocados en el presente; por último, no menos significativamente, se proyecta hacia el futuro, orientando al hombre por medio de su carga experiencial, pero eximiéndose en todo momento de limitar su libre elección. Más en detalle, la memoria va estrechamente vinculada con un factor que afecta tanto la dimensión física como la espiritual, es decir la durée; en consecuencia, es un elemento que necesariamente cobra legitimidad y valor en virtud del paso del tiempo, pero es funcional — o disfuncional — al hic et nunc de cada individuo.

Para Bergson, la capacidad de recordar supone necesariamente una faceta corporal ya que el pasado no se puede asumir sino por medio de la percepción: las imágenes del mundo externo alcanzan los órganos sensoriales propagando una modificación neurológica que hace que el dato perceptivo se convierta en afectivo, es decir en modificador de la estructura material. Una vez que se haya producido la afección, la experiencia ya no se coloca fuera del hombre, sino que llega a sus adentros, donde se convierte en representación y queda almacenada en la mente, lista para ser actualizada. A estas alturas, según sostiene el filósofo, la conciencia descarta las representaciones que no desempeñan una función concreta hacia el presente, y las destierra a una porción sombría del alma, de donde volverán a la superficie de manera descontrolada. Por supuesto, no todas las memorias adquieren el mismo estatus ni desempeñan las mismas funciones, lo cual lleva a Bergson a suponer la existencia de dos “formas” mnemónicas, netamente diferenciadas y, al mismo tiempo, inevitablemente cooperantes. La primera es una memoria que más bien cobra las características de un hábito, es decir que se afirma por medio de la repetición de un mismo gesto, noción o conocimiento, y acaba desencadenando una serie de reacciones que podrían decirse automáticas. Su resultado final ya no es la representación del pasado, sino su resemantización, es decir una acción inducida que se desvincula paulatinamente del momento en que fue aprendida, para constituir instancias autónomas en la vida diaria. Para decirlo con las palabras de Paul Connerton (2006: 22-3), la memoria habitual de talante bergsoniano es a matter of our being able to do [previously learned] things [...] when the need to do so arises[;] we frequently do not recall how or when or where we have acquired the knowledge in question, often it is only by the fact of the performance that we are able to recognize and demonstrate to others that we do in fact remember.

La segunda tipología de memoria postulada por Bergson coincide con la capacidad de evocar una imagen — o una huella — relativa al pasado personal, lo cual desvincula al sujeto del automatismo implicado en la memoria-hábito y, en cambio, supone un recuerdo que puede recuperarse de formas cambiantes, alargando o disminuyendo la extensión temporal del acontecimiento original y prescindiendo de la necesidad y de los estímulos exteriores. Según opina el filósofo, si la primera tipología de memoria desencadena una acción, la segunda ocasiona, en cambio, una representación mental del pasado; más aún, mientras que la memoria-hábito repite, la memoria-imagen elabora y es la que más se escapa del control de la voluntad. En efecto, no se configura como recurso de libre acceso, como un simple “archivo” de los recuerdos, sino que cobra las características de un espejo deformante, que sí refleja la imagen de quien se le coloca delante, pero al mismo tiempo se apodera de ella y la devuelve alterada, en ocasiones incluso alejada de su referente.*

Bergson reconoce que la distinción propuesta en su obra no tiene sino una aplicación teórica, ya que las dos memorias, diferenciadas no por naturaleza, sino por intensidad, suelen hibridarse en la vida diaria y ocasionan constantes fenómenos de coalescencia. Por esta razón, el mismo límite entre la pura representación y la acción, entre el pensamiento y el movimiento y, en última instancia, entre el alma y el cuerpo se hace tan sombrío, liminar y confuso como la memoria misma.

6 Una definición de la memoria individual como “miroir troublé” aparece en la obra La mémoire collective elaborada por Maurice Halbwachs (1950: 5), pionero, como veremos, en el intento de trasladar la noción de memoria del individuo a los grupos sociales.

Los “trabajos” de la memoria traumatizada: olvidos, silencios y alteraciones

Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado. [...] Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer.

— JORGE LUIS BORGES, Funes el memorioso (1989: 488-90)

Según puntualiza Joél Candau (2008: 9), por lo general “existe consenso en reconocer que la memoria es menos una restitución fiel del pasado que una reconstrucción continuamente actualizada del mismo”. Al mismo tiempo, es ante todo un instrumento selectivo. Si bien es verdad que “[o]ur memories are erased completely only when we are dead” (Bugelski en Craighead-Nemeroff, 2000: 940), la presencia simultánea en la esfera consciente de todos los recuerdos adquiridos por un individuo es incompatible con la existencia misma, pues recordar sin ninguna clase de jerarquización y generalización supondría un procesamiento infinito de información y, por consiguiente, una “congestión” mnemónica letal. En palabras de Friedrich Nietzsche (2006: 17), “es determinantemente imposible vivir sin olvido”, lo cual explica por qué, según sintetiza Josefina Cuesta (2008: 72), además de “acumulativa”, la memoria también es, necesariamente, “limitada y selectiva”?

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