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Capitulo Primero Los Oríjenks De La Moneda En America
La ciencia económica tiene su teoría sobre los oríjenes de la moneda. Según esta teoría, la moneda ha sido en sus orí j enes un fruto de jeneración espontánea de la vida económico-social, en aquellos pueblos donde ha existido la propiedad privada i se ha establecido una cierta división del trabajo por medio del cambio o trueque de productos.
A medida que se desarrolla el comercio, van prestijiándose especialmente algunas mercaderías por el hecho de ser más fácilmente comerciables que las demás; i estas mercaderías empiezan, de esta manera, a desempeñar por sí solas las funciones monetarias.
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La moneda es, en esta primera etapa de su vida, una mercadería que, como las demás, está destinada al consumo, i cuyo valor, como el valor de las demás mercaderías, nace de los usos mismos de ella.
Después, a medida que se desa.rrollan las prácticas monetarias i con la intervención del Estado que establece el curso legal de la moneda, se va acentuando de tal manera el carácter de moneda de estas mercaderías que desempeñan funciones monetarias, que puede aún llegarse a prescindir por completo de sus usos como mercaderías o sea a prescindirse de sus cualidades intrínsecas para satisfacer necesidades del consumo, como sucede con la moneda divisionaria, i, en más alto grado aún, con el papel moneda. El carácter de mercadería que tiene en im principio la moneda queda dominado por el carácter de medio de cambio, medio de pagos i medida de valores que caracterizan a la moneda propiamente tal.
¿Qué nos dice la historia americana acerca de la comprobación de esta teoría?
A la llegada a América de los europeos con Cristóbal Colón a la cabeza, los pueblos americanos de civilización más avanzada no habían pasado aún aquella primera etapa de la vida monetaria en la cual no hai moneda propiamente tal, sino que, a lo más, tenían ciertas mercaderías de más fácil comercio que las demás, las cuales desempeñaban, en forma incipiente, funciones monetarias.
En el antiguo Méjico, que constituyó la civilización más avanzada del continente Norte-Americano, el cambio o trueque directo de mercaderías por mercaderías estaba mui jeneralizado en el comercio. Sin embargo, de entre todas las mercaderías que pasaban
9* * •••••«•^ por los mercados de Méjico, había algunas de ellas ' que se preferían en los cambios i servían en cierta manera, al decir de los historiadores, como monedas. Estas mercaderías eran: una especie de cacao, unos pedazos de tela de algodón, oro en grano contenido en unas pequeñas plumitas trasparentes, ciertos trozos de cobre cortados en forma de T i otros de estaño (i).
Las almendras que producía el árbol del cacao eran, según los historiadores i cronistas de aquel tiempo, la mercadería que servía de preíeiencia para usos monetarios en aquella rejión meridional de Norte-América. Todo se compraba i se vendía por cacao. Los españoles que entraron con Cortés a Méjico encontraron que el Emperador tenía una gran riqueza almacenada en cacao (2). Sin embargo, parece que por lo menos gran parte de los tributos que pagaban los pueblos sometidos al monarca mejicano consistían en frutos, animales, minerales, plumas de ave, pieles, etc. (3).
Los primitivos pobladores de Nueva Inglaterra encontraron entre los indios el uso de ciertas conchuelas llamadas wampun que servían como monedas i a la vez como objetos de adorno ensartándolas cuidadosamente para formar con ellas cinturones i collares (4).
En la civilización incásica del imperio del Cuzco, en
el antiguo Perú, tan adelantada, por muchos conceptos, con relación a los demás pueblos de esta Amé-
(i) Francisco Saverio Clavijeio. Historia Antigua de México.
(2) J. T. Medina. Monedas usadas por los indics. Anales de la Universidad de Chile. 1910.
(3) Francisco Saverio Clavijero. Obra citada.
• • •. - . - ' . - — 10 — rica, no encontramos, sin embargo, ningún progreso en instituciones monetarias, debiéndose esto, según me parece, al carácter comunista de su organización económico-social. Parece, sin embargo, que Se servían de la coca como mercadería especial para el comercio con los pueblos vecinos. El oro i la plata no tenían en el Perú valor monetario alguno; los indíjenas sólo estimaban estos metales «por su hermosura i resplandor, para ornato i servicio de las casas reales i templos del sol i casas de las vírjenes» (i).
Pero el réjimen dominante en el incipiente comercio americano antes de la venida de los europeos consistía en el trueque directo de mercaderías unas contra otras, distinguiéndose entre éstas algunas per ser de más fácil comercio. Lo que en realidad ocurría, como lo ha hecho notar el Padre Accsta, era que para contratar i comprar los indios «no tenían dinero, sino trocaban unas cosas con otras, como de los antiguos refiere Homero i cuenta Plinio. Había algunas cosas de más estima, que corrían por precio en lugar de di-, ñero; i hasta el día de hoi dura entre los indios esta costumbre. Como en las provincias de Méjico usan el cacao, que es una frutilla en lugar de dinero, i con ella rescataban lo que querían. En el Perú sirve de lo mismo la cocoa, que es una hoja que los indios precian
mucho»
«Finalmente, su modo de contratar de los indios, su comprar i vender fué cambiar i rescatar cosas por cosas; i con ser los mercados grandísimos i frecuentísimos, no les hizo falta el dinero, ni había menester terceros, porque todos estaban mui diestros en saber
(i) Garcilaso déla Vega. Comentarios reales.
— licuante de que cosa era justo dar por tanto de otra cosa» (i).
En Chile indíjena, que era una rejión mucho más atrasada, no se encuentran rastros de usos monetarios. «Ni en los cronistas ni en los documentos hemos encontrado alusión alguna a monedas de cualquier especie que circulasen entre los indios. I que no existieran parece natural, cuando sabemos el estado de atraso en que se encontraban las tribus que poblaban el territorio» (2).
Cabe ahora preguntarse si, andando el tiempo, por el desarrollo progresivo de las instituciones americanas, se habría llegado hasta tener una verdadera i propia moneda. La conquista de América por los europeos interrumpió este proceso, i, por lo tanto, no nos es posible encontrar en su historia una confirmación de la teoría antedicha.
El tránsito hacia la moneda propiamente tal, con curso legal otorgado por el Estado, no se produjo, en este continente, por el proceso evolutivo del perfeccionamiento de las instituciones de orijen americano, sino que vino por la invasión europea del siglo XV. La moneda metálica acuñada fué introducida en América por el conquistador europeo, de tal maner^i que la historia monetaria de este continente arranca, se puede decir, desde la conquista i colonización por la Europa. El tránsito de aquel primer período en el cual la moneda no es sino una mercadería de más fácil comercio que las demás, hacia la moneda propiamente tal de curso legal, no se operó por la evolu-
(i) Historia de las ludias.. Madrid 1792 (2) J. T. Medina.
ción a que se refiere la teoría, sino por la trasplantación de las instituciones monetarias europeas. Las primeras monedas propiamente tales que circularon en América fueron las importadas por los conquistadoras del siglo XV.
Capitulo II El Sistema Monetario Europeo De La Época
COLONIAL
Una vez establecida la dominación europea en América, comenzó a organizarse la economía social de este continente sobre la base de la moneda. El uso de la moneda no estaba, por cierto, tan difundido en aquellos tiempos de la conquista de América como lo está al presente. En la Europa misma las prácticas monetarias eran mucho más limitadas, como que durante buena parte de la edad media ni los ejércitos eran pagados en dinero (i). Aquí en Chile, como en otras co-
(i) «Ningún soldado había disfrutado de sueldo de campaña, hasta el fuero del conde Don Sancho de Castilla; hasta este tiempo los jefes de las tropas así congregadas, subsistían de loque llevaba cada cual y más principalmente de lo que tomaban al enemigo». (Lafuente. Hist. íie España. Barcelona, 1888). En la primitiva Alemania «cada soldado se armaba a sí mismo y se encargaba de su mantenimiento». (T. von Wisser. Zeitschrift f ür Volkswirtschaft, 1904).
í lonias del continente, se hacía trabajar a los indíjenas poco menos que como a esclavos. El salario pagado en moneda era mui raro.
El sistema monetario implantado en las colonias americanas fué el de la circulación paralela del oro i de la plata que existía a la sazón en las metrópolis europeas, o sea el sistema llamado del bimetalismo. Tanto las monedas de oro como las de plata tenían curso legal o poder liberatorio ilimitado. Ambas clases de monedas eran también de libre acuñación; lo que significa que su valor se rejía por el valor del contenido de metal noble de cada moneda. •
Como en este sistema monetario se establece una relación de valor entre la plata i el oro, es interesante tener presente cual íué, por aquellos tiempos, esta relación de valor en los mercados europeos. He aquí un cuadro que manifiesta la relación media del valor entre ambos metales:
En jeneral, puede decirse que era preferido el oro para los pagos de valores más elevados por el mayor valor que siempre ha tenido este metal. En cambio para los pagos menores, especialmente en los del co-
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mercio al menudeo, eran mui preferidas las monedas de plata. El oro era también preferible pai^i^s pagos internacionales que se hacían en metálico por su menor costo de trasporte; i también lo era para los casos de atesoramientos privados por ser más fácilmente ocultable. Estos atesoramientos eran mui comunes en aquellos tienipos en que sólo por escepción existían bancos i en que las inseguridades eran a veces grandes.
No siempre se disponía^ en la circulación, de monedas de oro i de plata para ele j ir a voluntad entre ellas: a veces escaseaban aquéllas i otras veces éstas. Xa relación del valor entre ambos metales, en sus cotizaciones comerciales, solía ser distinta de la establecida por la lei, i esta diferencia ocasionaba la esportación de la moneda de mayor valor. Si el que tenía que hacer un pago podía por la lei elejir para ello la moneda de oro o la de plata, nada más natural que elijiese aquella que tenía un menor valor. En la práctica se manifestaban estas diferencias de valor por una prima o premio que se establecía en favor de la moneda de mayor valor, ha^ta que concluía por desaparecer de la circulación.
Obstinarse en mantener la relación l^gal existente, cuando se producía una diferencia entre esta relación i la comercial, recurriendo para esto a las prohibiciones de esportación i a otras medidas penales, era una política que no siempre daba resultados satisfactorios. Al producirse, pues, una prima en favor de las monedas de uno de los metales era necesario modificar el sistema monetario. Si la prima era en favor de las monedas de oro, el Gobierno tenía que modificar la relación de valor legal dando a las monedas de este metal un mayor valor con relación a las de plata, o bien disnáíUyendo el contenido metálico de ellas.
Cuando el fenómeno era inverso, o sea cuando el valor de la plata en el comercio era mayor que el que determinaba la lei, se solía acuñar moneda divisionaria o de vellón para que de esta manera no faltara moneda para los pagos menores. De hecho se establecía así un sistema análogo al patrón de oro moderno, aunque de derecho permanecía siempre el bimetalismo. Se podía también en este caso proceder a dar un mayor valor legal a las monedas de plata sin alterar ni su peso ni su lei de fino (como se hizo en España por pragmática de i6 de Mayo de 1737); o bien disminuir el contenido metálico de ellas.
Estas dificultades producidas por las diferencias ' entre el va lor c omercial i el valor legal de las monedas de ambos metales, fueron el gran inconveniente del sistema bimetálico, pues ocasionaban continuas alteraciones de él. Sólo se habrían podido salvar por medio de un acuerdo internacional, de manera que todos los Estados hubieran adoptado permanentemente la misma relación de valor; pero esto que en teoría es fácil de concebir, en la práctica era bien difícil de realizar.
El valor de las monedas reflejado en el nivel j eneral de los precios era mui elevado a la época de la conquista de América. Durante el siglo XVI se produjo, en Europa, un pronunciado movimiento de alza de los precios, o sea de baja delvalor de la moneda, en el cual influyó la producción de metales nobles de América que fué trasportada en su mayor parte a Europa.
Como el sistema monetario de las Repúblicas de
América, por lo menos de la mayor parte de ellas, ha sido una derivación del sistema que existía en España, a la época de la conquista, será interesante darlo a conocer aquí. Para que el lector se dé cuenta cabal de un sistema monetario bimetálico es esencial, darle el peso i la lei de fino de las monedas principales; i además la relación de valor legal existente entre «lias. Para esto no bastaría citar los textos de las pragmáticas u ordenanzas, o sea de las leyes i decretos de aquella época, es además indispensable referir estos pesos i leyes al sistema moderno de pesos i medidas, pues herían mui pocos los que pudieran darse hoi cuenta de los pesos i medidas usadas en aquellos tiempos.
En tiempos de Carlos V la moneda de oro española emigraba hacia el estranjero. La relación de valor entre ambos metales, establecida en tiempos de los Reyes CatóHcos, que era de i : lo no estaba ya en concordancia con el valor comercial: el oro valía más. Se dio entonces un mayor valor a las monedas de oro, para que de esta manera la relación legal estuviera más de acuerdo con la comercial. He aquí la disposición del Emperador, de 1537:
«Mandamos que las coronas i escudos que ha vemos mandado i mandaremos labrar sean de lei de veinte i dos quilates (i), i que sesenta i ocho dellas pesen
(i) El oro puro o fino, es decir sin mezcla alguna de otro metal, se consideraba de 24 «quilates», i cada «quilate» tenia 4 «granos». Cada «quilate» era pues ig^ual a 1/24, lo que en milésimas da 41.6666; i cada <grano» igual a i /g6, lo que en milésimas da 10.4166.
La plata pura o fina se consideraba de 12 «dineros» de 24 «granos» oada uno. Cada «dinero» era pues igual a i /12 o sea en milésimas ^3-3333» i cada «grano» igual a i /288 o sea a 3.4722 milésimas.
De esta manera la palabra «grano», como lo observa el Dr. Alvarez, 2. — Sistema Monetario un marco de oro... i que valga el precio de cada corona trescientos i cincuenta maravedís».
Según esta disposición, la lei o título de las monedas de oro era de 22 «quilates» lo que equivale a 0.9166 de metal fino. Los «escudos» o monedas de oro se labrarían a razón de 68 por «marco» de oro con su aleación; i como el «marco» equivalía a 230.0465 gramos resulta que cada «escudo» contendría 3.383 gramos. En otros términos tenemos lo siguiente:
I «escudo» de oro=3.383 x 0.9166=3.099 gramos de fino =350 «maravedís».
Por lo tanto, cada «maravedí» de oro contenía 3.099 : 350=0.0088 gramos.
La principal moneda de plata era el «real», que existía ya en circulación en tiempo de los Reyes Católicos. La reforma de Carlos V, de que nos ocupamos, mantuvo esta moneda de plata sin modificación alguna. Era una moneda de la talla de 67 por marco de plata (2), con una lei de fino de 11 «dineros» i 4 «granos» (3) lo cual equivalía a 0.9305 de fino. Como el «marco» de plata tenía también 230.0465 gramos,, resulta que cada «reab contenía 3433 gramos de igual tenía como medida de la cantidad o lei de fino de los metales nobles^ dos significados: uno para la plata i otro para el oro. Además, comomedida de peso, el «grano» de oro era diverso del grano de plata. Cada «marco», de oro contenía 50 «castellanos», 400 «tomines» i 4,800 «granos»; i cada «marco» de plata contenía 8 «onzas», 64 «ochavas», 384 «tomines» i 4,608 «graíios».
(2) «La talla» era una espresión mui común en las leyes monetarias; significaba la cantidad de piezas monetarias que habían de sacarse por cada «marco» de metal con su aleación. El «marco» equivalía a 230,0465 gramos, i la talla de 67 piezas por marco equivalía a 3.433. gramos.
(3) Valores aproximados de algunas monedas hispano-americanas- Buenos Aires, 191 7.
lei. Esta moneda de «real» valía 34 «maravedís». En otros términos tenemos lo siguiente:
I «real» de plata=3.433X 0.9305=3.194 gramos de íino=34 «maravedís».
Por lo tanto, cada «maravedí» de plata contenía 3.194 : 34=0.0939 gramos.
La relación de valor entre la plata i el oro era, por consiguiente, la que sigue:
0.0939 : 0.0088 = 10.6
Las otras monedas de oro más importantes fueron «el doblón» de 8 «escudos» i «el doblón» de dos «escudos».
Felipe II introdujo después nuevas modificaciones en el sistema monetario. Dadas las variaciones de la relación de valor comercial entre el oro i la plata, era forzoso introducir modificaciones en el sistema monetario para impedir la esportación de las monedas de uno u otro metal. El Doctor J. Alvarez nos enumera las siguientes alteraciones de la relación de valor legal entre ambos metales, decretadas por el gobierno español: en 1537 se estableció la de i : 10.60; en 1567 (bajo Felipe II) la de I : 12.13; en 1609 la de i : 13.39; en 1652 la de i : 14.47; en 1686 la de i : 16.64; i en en 1728 la de I : 16 (i). A estas hai que agregar las siguientes: en 1737 se.estableció la relación de i : 15.07; en 1772 la de I : 15; i en 1779 la de i : 16.
(j) Valores aproximados de algunas monedas hispano-americanas. Buenos Aires, 191 7.
Capitulo III Orijbn Del Peso Hispano-americano
Los sistemas monetarios implantados en América poT los conquistadores europeos, fueron en jeneral los mismos que a la fecha existían en Europa. Las metrópolis europeas implantaron en las colonias de América sistemas monetarios basados en el que ellas mismas tenían. Pero diversas circunstancias llevaron al uso de ciertas monedas especiales, que han sido características de América, como ser el «pesoí»^ que ha; servido de unidad monetaria en casi todos los sistemas de las Repúblicas de este continente.
El «pesoi> llegó a jeneralizarse de tal manera por toda la América, que a la época de la independencia se impuso como unidad monetaria, no sólo de las Repúblicas hispano-americanas, sino también de la anglo-sajona de Norte*América i del Canadá. El 4(pesoi^ ha sido pues el gran projenitor de los sistemas monetarios americanos.
El nombre de «peso» con que se designó esta moneda proviene de la costumbre de usar en los pagos, como si fuera una moneda acuñada, un determinado peso de metal. «Acostumbrados los españoles a usar su moneda, introdujeron en la colonia los nombres, valores i subdivisiones que les eran familiares; pero como no tenían suñciente moneda española, ni fábrica de ella, empezaron por hacer sus operaciones con metal en pasta; i en vez de entregar, por ejemplo, un castellano, daban el peso de un castellano. Esto introdujo la costumbre de pedir por una cosa cierto peso de metal preciso que ofrecía el comprador; i de aquí nació la palabra que sirve todavía para designar la unidad de nuestro sistema monetario» (Pablo Macedo. — ^Méjico).
Análogo en cierto modo ha sido el orijen histórico de las monedas denominadas en Europa, «libra», «marco», «onza», etc., que provienen de las medidas de peso que tenían esos nombres.
El «peso castellano» de aquellos primeros tiempos de la vida colonial era un peso oro. Según dice el Doctor Alvarez, los términos «peso oro» i «castellano» se usaron cómo sinónimos. Este «peso oro» fué también la primera unidad monetaria usada en Chile en la época de la conquista, como puede verse en el capítulo siguiente.
¿Cuál era el contenido metálico de este «peso»? Por disposición de Carlos V de 1537 ^^^e «peso oro» equivalía a 556 «maravedís» de la lei de ñno de 22^ «quilates», lei que equivale a 0.937 de fino. Como debían sacarse 50 de estos «pesos» por cada marco de metal fino con su aleación, resulta que cada «peso» de estos llamados «castellanos» debía contener 4.6 gramos de oro de una lei.de fino de 0.937.
I no solamente se usó, en aquella época, el «peso oro» de 556 «maravedís», sino también, como lo constata el Padre Rosales, se usó en Chile el de 450 «maravedís». El escritor peruano Alejandro Garland dice al respecto: «Este peso era el corriente durante los primeros años de la conquista i es a esta moneda, . cuyo valor monetario, era de 450 «maravedís», a la que se refieren los cronistas e historiadores de la época» (i).
Este mismo escritor peruano manifiesta que se usaron por aquella época otros tipos de pesos oro, como ser el de 14 «reales» i 14 «maravedís», o sea de 490 «maravedís».
Pero estos «pesos castellanos» de oro no fueron los projenitores del «peso» unidad monetaria hispanoamericana, cuyo orijen estudiamos. Este «peso» desciende de una moneda de plata múltiple del antiguo -«real» español que, como vimos en el capítulo anterior, era una moneda de la talla de 67 por marco, lo que equivalía a 3.433 gramos, la cual existía ya en tiempos de Alfonso el Sabio (1252-1284). Como el «peso» de plata tenía 8 «reales», con las leyes de fino i con los pesos de las monedas establecidas en tiempos de Carlos V, que ya hemos visto, resulta que esta moneda debía pesar 27.464 gramos de una lei de 0.9305 de fino. Esta lei de fino fué modificada en varias ocasiones. Refiriendo el valor de esta moneda de plata a ^«maravedís», a razón de 34 «maravedís» por cada «real», resultan 272 «maravedís».
(i) «Los medios circulantes en el Perú». Lima, 1908.
Esta fué la moneda de plata que se estendió después por el mundo entero i que, jeneralizándose en América, llegó a constituir la unidad monetaria de la mayor parte de los Estados que se formaron en ambos continentes. Se dio también a esta moneda otros nombres como los de «patacón», «peso fuerte» i «peso duro o grueso» de plata.
Estos «pesos» de plata acuñados en América, ya fuera en el Perú o en Méjico, no siempre tuvieron el mismo contenido metálico intrínseco determinado por las ordenanzas españolas. Según un escritor boliviano, los primeros «pesos» que se acuñaron en la Casa de Moneda de Potosí, fundada en 1572, llamados también «pesos cruz» o «macuquina», tuvieron 28.5 gramos de peso con lei de 0.931 de ñno (i); i los «pesos» de Méjico tenían una lei inferior (2).
(i) «Historia financiera de Bolivia» por Casto Rojas. La Paz, año MCMXVI. Esta lei de 931 milésimas de fino que da Rojas es sin duda la misma de 0.9305 que existía en España en tiempos de Carlos V,
(2) La real ordenanza de 9 de Junio de 1728 dice que en las casas de Moneda de Indias se ha faltado a la «puntualidad i observancia de la lei i peso de las monedas de plata» labrándose las monedas de Méjico con una lei i peso diferente del de las monedas labradas en Potosí. La lei de fino de las monedas de Méjico habría sido de 10 «dineros» i 22 «granos», al paso que la moneda de Potosí habría sido de ix «dineros» o poco más.
Según el autor español Pérez Requeijo, esta moneda se acuñó siempre con la lei de 10 dineros i 20 «granos», que reducida al sistema decimal equivale a 0.90277 de fino. En cuanto al peso de esta moneda, el mismo autor da el de 27.073 gramos. Es de advertir que el señor Pérez Requeijo se refiere únicamente a Méjico. («Economía monetaria»* Vallado lid, 1911). Se ve pues que Jos «pesos» de plata acuñados en las Casas de Monedas de América, no siempre tuvieron el mismo contenido metálico intrínseco.
Los primeros «pesos» plata acuñados en Chile, tuvieron según la ordenanza de 1728, como lo veremos en el Cap. IV, 27.064 gramos de peso con lei de 0,916 de fino.
En resumen, podemos decir que en los primeros tiempos de la conquista i colonización hispano-americana se usaron diversas clases de «pesos», refiriéndose todos ellos a un determinado peso de metal fino, ya sea de oro o de plata. Pero de estos «pesos» el que debe ser considerado como projenitor del «peso» unidad monetaria americana es el «peso» de plata de 8 «reales», cuyo contenido metálico alcanzaba más o menos a 27 gramos. Claro está que existiendo, como existía entonces, el sistema bimetálico, al «peso» plata correspondía también por la lei un valor en oro, cuyo contenido metálico dependía de la relación de valor existente entre el oro i la plata. Con la relación de valor que se fijó por ordenanza de Carlos V en 1537 que era de i : 10.6, el oro que correspondía al peso de 8 reales de plata, no alcanzaba a contener 2.5 gramos de oro fino.
Capitulo IV
LA MONEDA EN LA ÉPOCA COLONIAL DE CHILE HASTA LA INSTALACIÓN DE LA CASA DE MONEDA
Las Únicas monedas acuñadas que circularon en Chile, durante los primeros tiempos de la colonia, fueron las pocas que se importaban del Perú, donde existía el centro del comercio de España con la costa occidental de esta América, i donde residía el más alto representante de la autoridad española.
Como era mui escasa la cantidad de monedas acuñadas de que se disponía i, como el país era productor de oro desde los primeros tiempos de la conquista, se usaba como moneda el oro en polvo sacado de las minas i lavaderos. En 1551 el Cabildo de Santiago para evitar los abusos de que algunos mercaderes hacían víctimas a los indios, i para mejor fiscaUzar el pago del derecho del quinto, que las minas debían entonces al rei, prohibió el uso del oro en polvo i en su lugar exijió el del <toro fundido i marcado» (i). De esta manera se estableció la circulación de tejos o barretones de oro cuyo peso i lei era certificado por la marca que llevaban.
Los primeros años de nuestra vida colonial han sido llamados la «edad del oro», no porque fueran, como dice Vicuña Mackenna, la edad de oro que cantan los poetas, sino por el oro que producían nuestras minas que constituyó la mayor riqueza de esta pobre colonia. Como el oro se encontraba en estado nativo, la esplotación de las minas o lavaderos se reducía a estraer el rico metal, por medio del brazo de los indios. La plata aun no se explotaba, pues como no se la encontraba en estado nativo, sino que en combinación con otras sustancias, su esplotación requería procedimientos técnicos que el país no podía proporcionar en aquella época.
A pesar del uso del oro en polvo o en barras, las monedas españolas aparecen desde los primeros íiños como unidades de moneda, o sea como medida de valores (i). El «peso» de oro fué nuestra principal unidad monetaria durante los primeros tiempos de la conquista i de la colonia.
¿Cuánto valía este «peso oro» que aparece como
(i) B. Vicuña. «La edad de oro de Chile». Santiago, 1881. En el Perú, durante los primeros años de la conquista se usó también este sistema de ciiculación de los metales nobles en barras maicadas, de acuerdo con la orden de Carlos V de 1537 que dispuso qué «el oro i plata que se funda, se marque en el tejo o barretón por la lei que tenga i que por aquel precio, corra i pase». (A. Garland).
(2) Unos cuantos días depués de la fundación de Santiago, el i de Marzo de 1541, Pedro de Valdivia otorgaba a Juan Pinuel el titulo de escribano del Cabildo asignándole un salario de «doscientos pesos de oro anuales». (J. T. Medina. «Monedas Chilenas»).
nuestra principal unidad monetaria en aquellos primeros años de la conquista?
Medina publica la carta que im señor Morales de Albornoz dirije al rei, que consta del archivo de las Indias, en 20 de Febrero de 1585, en la que dice: «Vuestra Majestad fué servido de mandar que en este reino se hiciese la cuenta del oro por maravedís, i que por cada peso de a veinte i dos quilates i medio, valiese quinientos i cincuenta i seis maravedís». Efectivamente, éste era el valor dado por las ordenanzas de la época al «peso» de oro, i que, según hemos ya esplicado en el capítulo anterior, equivalía a 4.6 gramos de 0.937 de fino. También se usó aquí el, «peso» oro de 450 «maravedís», i como éstos eran «maravedís» de 34 por «real», resulta que cada peso de 450 «maravedís» equivalía a 13 «reales» i 8 «maravedís».
Este «peso castellano» de oro que se usó en los tiempos de la conquista no es, como ya lo observamos, el padre del peso unidad monetaria que se jeneraliza después i dura hasta el presente.
Hemos dicho que las únicas monedas acuñadas que circulaban en Chile en los primeros tiempos de la conquista i de la colonia, fueron las pocas que nos venían del Perú, donde existía Casa de Moneda desde 1558 i sobre todo desde 1572 en que se abrió la mui famosa Casa de Moneda de Potosí. I estas monedas eran a menudo reesportadas en pago de los j eneros i demás mercaderías que sólo del Perú podían proporcionarse los habitantes de Chile. La escasez de moneda acuñada era tanta que desde los primeros tiempos de la colonia, se solicitó de la metrópoli española la autorización para establecer en Santiago una Casa de Moneda que permitiera acuñar el oro que producía el paísl Varios documentos publicados por J. T. Medina en su obra sobre las «Monedas Chilenas», manifiestan estas quejas por la escasez de monedas i la aspiración de tener una Casa de Moneda propia, que no fué atendida por el Gobierno español hasta el año 1743. La metrópoli española perriíaneció sorda ante los clamores que partieron de Chile durante los dos primeros siglos de su existencia colonial. El virreinato de Lima, con su política de absorción, se oponía también a la pretensión de Chile de tener su propia Casa de Moneda
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