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El movimiento estudiantil de La Plata en los tempranos sesenta (1955-1966) O la historia de una guerra fría también propia
El movimiento estudiantil de La Plata en los tempranos sesenta (1955-1966) O la historia de una guerra fría también propia
Esta publicación ha sido sometida a evaluación interna y externa organizada por las instituciones editoras.
Parte I La ruptura del “consenso antiperonista”
Capítulo I Los años cuarenta y cincuenta: peronismo, Guerra Fría y dinámicas internas Durante los años de gobiernos peronistas, la postura del movimiento reformista (y aquí podemos incluir a intelectuales y profesores/as identificados con él) fue de férrea oposición. Algunos elementos que nos permiten comprenderla son de índole internacional, pues nos encontramos con una escena global marcada por la dicotomía democracia/fascismo a partir de la cual los reformistas (y muchos otros actores, como los partidos políticos de izquierda y el radicalismo) ubicaron al peronismo como caso nacional del segundo fenómeno (Graciano, 2005; Califa, 2014; Pis Diez, 2018). En este marco, todas las políticas universitarias del peronismo fueron no solo rechazadas por antirreformistas, sino también directamente identificadas con un modelo autoritario de universidad. 17 Es que medidas como las intervenciones universitarias, las designaciones de autoridades antirreformistas y las ilegalizaciones de organismos estudiantiles operaron como elementos concretos que apuntalaron aquella lectura. Además, durante los años cuarenta y hasta 1955, la mayor parte del reformismo universitario fue un actor político enfrentado al gobier- 17 Esas políticas universitarias iban desde una nueva forma de designación de autoridades y un nuevo lugar político a los estudiantes, hasta la ponderación de los aspectos de democratización social de los estudios. Todo ello se plasmará en las dos leyes dictadas durante el peronismo, la 13031 de 1947 y la 14297 de 1953. De una visión articulada de tales normativas, y sin obviar los matices entre ambas, proviene el uso del concepto de modelo de universidad peronista. Ver Graciano (2005), Pronko (2000) y Pis Diez (2019). Este apartado está basado en Pis Diez (2018).
no y una pieza fundamental del bloque conformado por partidos como la Unión Cívica Radical (UCR) y el Partido Socialista (PS). Pero cabe decir algo más.
Ya desde fines de 1940, el movimiento estudiantil estaba marcado por otro tipo de disidencias: aquellas insertas en la lógica de la Guerra Fría pero atravesadas y resignificadas en función de importantes elementos locales, como fueran la Reforma Universitaria, el nacionalismo y el peronismo/antiperonismo. Como nos indican estudios recientes, la historia de la Guerra Fría ha comenzado a ser escrita quitando el foco de la política internacional norteamericana, sin por ello restarle la importancia que le cabe. Así, los nuevos estudios sobre la Guerra Fría en América Latina proponen una mirada sobre los factores internos (políticos, históricos, culturales) que habrían dado forma a un impacto local y particular de aquella contienda global (Rey T ristán, 2012; Marchesi, 2017). Debatiendo incluso alrededor de una cronología latinoamericana del período (Pettinà, 2018), se propone observar qué significó el conflicto para las sociedades latinoamericanas, cómo fue experimentado por sus actores y en qué medida modificó posiciones, discursos, trayectorias y vidas (Harmer, 2014). Haciendo parte de este debate, en el campo de la historia nacional diversas obras recientes proponen volver sobre la polarización peronismo/antiperonismo y su inscripción en la dinámica de la Guerra Fría (Galván, 2018). Ahora bien, esto no puede pensarse sin poner sobre la mesa la constitución de un anticomunismo con larga historia en la Argentina y en América Latina. Por ejemplo, para Marina Franco (2019: 186) el anticomunismo fue un elemento central de la construcción ideológica inicial del peronismo, junto con el nacionalismo y, en menor medida, el antiliberalismo. De la misma forma, el anticomunismo fue un componente de peso en los discursos de los sectores liberales antiperonistas durante los años cuarenta y cincuenta, e incluso marcó la política de los gobiernos que siguieron a 1955 así como también, agregamos, el accionar de actores representantes de esa posición (como los partidos políticos y una parte del movimiento estudiantil). En los inicios de 1950, un sector mayoritario del reformismo de la UNLP cuajó con el anticomunismo y el antiperonismo en torno a dos banderas: la defensa de la libertad y la crítica a los totalitarismos. En este capítulo inicial buscamos reconstruir algo del clima de ideas que marcó a las universidades y la política argentina en los tempranos años cincuenta, en vistas a ilustrar la historia argentina, que iniciamos en 1955 pero puede comenzar mucho antes.
En la Universidad de La Plata, a comienzos de 1948, asume como interventor Carlos Rivas, lo que inaugura un período que va a extenderse hasta el año 1954, con diversas autoridades pero con una serie de características comunes que se mantenían en torno a la consolidación de las políticas universitarias peronistas. Por un lado, con Rivas se instaló en la universidad platense un clima de “optimismo”, “normalidad” y “compenetración con la doctrina peronista”, cuya base era más bien una suerte de derrota del cuerpo universitario opositor, más o menos lograda en los años anteriores. La Ley Universitaria 13031 plasmó una serie de transformaciones institucionales que desarmaron importantes conquistas reformistas (la participación estudiantil en el gobierno, por ejemplo) en un contexto en que la situación del movimiento estudiantil reformista era, desde 1946, de desmovilización, debido a la clausura de los centros estudiantiles y la prohibición de las reuniones políticas. De la misma manera, tuvieron lugar diversas normativas que promovían la democratización social de la universidad: la política de becas y, luego, la supresión de los aranceles; en la UNLP , las creaciones del comedor universitario en 1949 y del Departamento de Acción Social en 1948, entre otros. No obstante, la oposición del estudiantado reformista hacia la política universitaria peronista no tenía grises. Buena parte de los militantes reformistas de la UNLP pertenecían, adherían o simpatizaban con la UCR, el PS y el PC; luego y en menor medida, con el anarquismo y el trotskismo. Estas orientaciones nacionales nos marcan dos corrientes reformistas que, de acuerdo con la coyuntura y a dichas orientaciones, actuaron en conjunto o no. Por un lado, la conformada por militantes de la Federación Juvenil Comunista (FJC) y adherentes, con presencia en seis facultades de un total de ocho y referentes como Otto Vargas Jorge Braindwaiman y Jaime Gluzmann. Luego, las agrupaciones constituidas por estudiantes independientes, radicales, socialistas, anarquistas de la Unión Socialista Libertaria de La Plata y en menor medida, trotskistas del Grupo Obrero Marxista.18 Mayoritario en todas las facultades, este segundo espacio dirigió la FULP durante toda la década peronista en convivencia con los comunistas. Hasta los primeros años cincuenta, ambas líneas competían en los centros y en la FULP , en un contexto de desmovilización estudiantil y actuación, recordemos, clandestina. En la ciudad de La Plata, 1949 dio señales de una incipiente reactivación, pues frente a una serie de conflictos sindicales, los/as jóvenes universitarios prestaron su apoyo a quienes aparecían como eventuales aliados en la oposición: los huelguistas gráficos de 1949, los marítimos en 1950 o los ferroviarios en 1951.
Como bien ha reconstruido María Estela Spinelli (2005), la posición del comunismo frente al régimen de 1943 fue de radical oposición; incluso, lo caracterizaron como una “dictadura militar nazi fascista” con intereses oligárquicos e imperialistas. La participación en el frente electoral de 1946 encuentra razones en dicho diagnóstico, dado por el enfrentamiento de la democracia contra el nazismo, ubicándose ellos bajo la primera bandera. Pero, a diferencia de otros sectores antiperonistas, el PC comenzó a elaborar una visión más compleja del fenómeno que se expresó en el análisis crítico de la derrota electoral de febrero de 1946, el reconocimiento del apoyo obrero hacia Juan Domingo Perón y en un proceso de revisión de su línea política. Así las cosas, en el mundo universitario los comunistas quedaron enfrentados a aquellos núcleos del reformismo que mantuvieron la línea de oposición intransigente hacia el gobierno. Pero esto no era todo. Al factor nacional (las posiciones frente al peronismo) debe sumarse un contexto internacional ya no sumido en la “guerra mundial” contra el fascismo, sino en la Guerra Fría y el 18 El grupo de estudiantes trotskistas era pequeño. Entre ellos se cuenta a Alberto Plá, de Humanidades, y a Oscar Valdovinos, de Derecho; este último, vicepresidente de la FULP en 1950. Ambos formaron parte del grupo platense conducido por Ángel Bengochea, quien fundó, junto con Nahuel Moreno y otros núcleos, el Grupo Obrero Marxista y el Partido Obrero Revolucionario en 1948. Según Hernán Camarero (2013), en La Plata, hacia 1947, el GOM contaba con alrededor de 50 integrantes y once células, donde se encontraban Plá, Valdovinos, José Speroni y Milicíades Peña.
enfrentamiento entre los antes aliados.19 Este elemento nos habla de un novedoso marco ideológico a partir del cual hacia 1950, socialistas y radicales adoptaron una postura anticomunista común.
Las divergencias entre ambas tendencias del reformismo se harán insalvables mediando el año 1952. Ese año tuvo lugar una maniobra de acercamiento por parte de los comunistas universitarios hacia la Confederación General Universitaria (CGU). La CGU había surgido hacia la segunda mitad del año 1950, con sus respectivas regionales, con importantes medios materiales a su favor y con un estatuto oficial de espíritu nacionalista, católico y anticomunista que manifestaba una adhesión plena a la Doctrina Peronista y una orientación dada por el objetivo de contrarrestar a una FUA defensora de “valores caducos”, el liberalismo y el reformismo. El 20 de septiembre de 1950 surgió la Federación Gremial Universitaria de La Plata y en noviembre de 1950 se realizó el acto de lanzamiento nacional en el T eatro Colón de la ciudad de Buenos Aires. Las entidades reformistas no tardaron en manifestar su desprecio hacia la creación de las gremiales peronistas, entendidas al mismo tiempo como competidoras y como espacios que no representaban realmente al estudiantado. Con mejores oportunidades políticas y mayor cantidad de recursos, la CGU era un rival insoslayable que iba desde el campo gremial y político hasta el terreno de la representación internacional. 20 Pocas cosas quedaban por fuera de las coordenadas políticas de entonces. Como ha observado Claudio Panella (2014), las páginas del periódico oficial de la CGU (Actitud) se encontraban impregnadas 19 Dice el entonces militante Otto Vargas: “Fueron años muy especiales; va a comenzar la guerra de Corea; el mundo va a ir a la Guerra Fría y a la división total en dos bandos. Eso en la universidad se reflejó directamente. Hasta ese momento los comunistas habían tenido la política de la Unión Democrática y tenían una política de relaciones bastante estrechas con los socialistas, los radicales, etc. Cuando se produce la división de la Guerra Fría todos, la mayoría de estos radicales, socialistas, e incluso trotskistas, los pocos trotskistas que había […] todos estos van a pasar al anticomunismo feroz, y los comunistas vamos a quedar aislados, con muy pocos aliados” (Andrade, 2007: 14.). 20 Al día de hoy, los trabajos empíricos sobre la CGU son realmente escasos. Pueden verse más datos para la UNLP en Pis Diez (2018). Ferrero (2009) realiza una buena reconstrucción para la UNC y Califa (2014) para la UBA; sin embargo, no hay trabajos centrados en la experiencia, y los prejuicios en la literatura son muchos. Ver también Acha (2018).
de peronismo, nacionalismo y catolicismo militantes, pero también de un fuerte tono anticomunista, muy especialmente en los análisis sobre la política internacional. Esto no quedaba solo en las páginas de Actitud, sino que se proyectaba a las alianzas y las construcciones internacionales. La CGU propició la creación de la OMU como entidad tercerista frente a la Unión Internacional de Estudiantes, de filiación comunista, y al Secretariado Coordinador de Uniones Nacionales de Estudiantes (CO-SEC), liberal y anticomunista, al cual estaba adherida la FUA.
Llamativamente, ni las caracterizaciones que el reformismo sostenía de la CGU, como tampoco el fuerte anticomunismo de esta, desalentaron a que, en 1952, una dirigencia temporal del PC ordenara a sus militantes el ingreso a los frentes estudiantiles del peronismo. De acuerdo con su impronta ideológica, la CGU se negó a aceptarlos. El episodio finalizó a los pocos meses, cuando desde la dirigencia partidaria se desarticuló tal política de alianzas. No obstante su escasa efectividad, la decisión comunista fue duramente criticada por el resto de los grupos reformistas, quienes la calificaron directamente de traición. Como ha sido reconstruido (Pis Diez, 2018: 89 y ss.), en la UNLP un episodio particular de enfrentamientos con la CGU acabó en la detención de quince estudiantes de la FULP y la deportación de dos de ellos, oriundos del Perú. Cuando la FULP acusó a la CGU por una supuesta responsabilidad en la última medida, los comunistas se posicionaron a favor de los peronistas. Por esto, algunos integrantes de las organizaciones comunistas de Ingeniería, Medicina y Química y Farmacia fueron expulsados de la Asamblea General de los centross de la FULP . Puede haber matizado posiciones el hecho de que, en la ciudad de La Plata, muchos/as militantes comunistas inicialmente se habían negado al ingreso, lo que retrasó e incluso impidió su concreción.
A partir de aquí, la relación de los reformistas con los comunistas se tornó irreversiblemente conflictiva, lo que dejó a estos últimos cada vez más aislados y en decrecimiento. 21 Pero al quedar en las 21 Para una visión que trascienda el ambiente universitario, ver Petra (2013). Para la autora, este episodio no solo redefinió violentamente la política de alianzas comunistas, sino direcciones de las federaciones y en buena parte de los centros un reformismo fervientemente antiperonista, una nueva etapa se abrió. Desde 1953, la política estudiantil estuvo dominada por el rechazo a los Cursos de Formación y Cultura Argentina y la organización de campañas electorales en Córdoba, La Plata, Buenos Aires y Litoral. Mientras los estudiantes cordobeses denunciaban su objetivo de “impartir obligatoriamente propaganda política” contraria a los “tradicionales principios democráticos”, la FULP manifestaba que “el estudiantado no reconoce la Doctrina Nacional Peronista como ley nacional” (Pis Diez, 2018: 87). La oposición de los grupos reformistas no logró interrumpir el desarrollo de los cursos; frente a esto, las acciones opositoras se trasladaron al interior de las aulas, al debate en torno a los contenidos y las afirmaciones de los/as profesores/as. Las principales disputas eran dadas contra el revisionismo histórico y la figura de Juan Manuel de Rosas y en defensa de los acontecimientos de mayo de 1810 y de la Batalla de Caseros. Favorece esta interpretación la campaña de la FUA contra la repatriación de los restos de Rosas. Afirmaba aquella en agosto de 1954: El revisionismo, hecho el clima a través de publicaciones y textos escolares, pretende reivindicar la figura trágica de Rosas y ensombrecer la memoria de quienes lucharon por el progreso y la organización institucional […] Rosas es la antítesis de Mayo. Mayo es la eclosión del espíritu democrático y liberal […] Solo pueden justificar a Rosas quienes pretenden exaltar el espíritu autoritario y liberticida en tiempo presente.22 Encontramos elementos que nos hablan sí de una politización específica que el reformismo de la UNLP atravesó por entonces: su inscripción en la lucha contra el fascismo, en la Argentina y el mundo, el anticomunismo, acentuado con el correr de los años cincuenta y la concepción de su tarea opositora como una responsabilidad insque también provocó el primer gran quiebre del “campo democrático” de la intelectualidad argentina” (ibídem: 101). 22 Datos obtenidos en “La FUA ante la campaña pro repatriación de los restos de Rosas”, agosto de 1954, en el documento Federación Universitaria de La Plata [CPM-Fondo DIPP- BA], Factor A, Mesa Estudiantil. Leg. 1.
cripta en una batalla histórica nacional contra el autoritarismo (representado antes por Rosas, ahora por Perón). Esto, en un contexto en el que las posibilidades de reunión y de trabajo gremial eran, para los centros de estudiantes y las organizaciones reformistas, casi nulas debido a la prohibición y persecución de la militancia.
Capítulo II Un breve escenario inicial (1955-1956) Para cualquier trabajo que se proponga investigar la trayectoria de algún sujeto político en la Argentina de los años sesenta, la coyuntura de 1955 es insoslayable. En la universidad en particular, es una de las fechas que abre un período de “refundación”, de desperonización y normalización institucional. Los interrogantes que nos abre este proceso son claves para comprender la historia posterior del movimiento estudiantil: cómo actuó dicho actor en el marco del golpe, qué elementos sobresalen en la posición antiperonista, qué posiciones se definieron hacia el gobierno de la autoproclamada Revolución Libertadora, cuáles eran las características de la universidad a reconstruir, qué continuidades supuso respecto del modelo reformista y qué críticas presentó hacia el modelo peronista. Atendiendo a aquellos interrogantes, presentamos aquí el análisis de un paradójico escenario inicial, pues si bien es presentado como el principio de una nueva etapa, de un dejar atrás “todo vestigio del período anterior”, es también el momento en el que las acciones del pasado vienen a ocupar un lugar definitorio.
El escenario inicial El 16 de septiembre de 1955, un movimiento armado puso fin al gobierno de Juan Domingo Perón. El gobierno militar, presidido por el general Eduardo Lonardi, estuvo acompañado por sectores de la élite económica, partidos y espacios políticos de todo signo (radicales, conservadores y socialistas, cristianos y grupos nacionalistas) y la Iglesia católica. Esta confluencia agrupaba dos corrientes político-militares, los nacionalistas-católicos y los liberales, cuyo punto de diferencia central estaba dado no tanto por la oposición al gobierno peronista (de cuya destitución participaron ambas) sino por su proyecto de futuro, esto es, la manera como se proponían manejar la herencia de Perón.23 Apoyado en la primera fracción, el presidente provisional intentó hacer realidad la consigna “ni vencedores ni vencidos” y desarrollar un gobierno de transición para llamar rápidamente a elecciones. Spinelli (2005, 2013) encuentra aquí una suerte de bloque antiperonista “tolerante”, que reconocía al peronismo como una etapa de cambios sociales y económicos, malogrados por los supuestos de personalismo y demagogia del líder. Durante el interregno de Lonardi, la presencia de asesores y ministros nacionalistas y católicos fue un dato resistido por la fracción liberal. Este comportamiento generó sospechas y descontentos en el ala más antiperonista de las Fuerzas Armadas y en la mayor parte de los partidos políticos, pues el proyecto de Lonardi iba en contra del plan de desperonización radicalizado que reclamaban buena parte de las fuerzas políticas otrora opositoras.
Considerando el ámbito educativo, Buchbinder (2005) plantea que el gobierno militar procuró mantener una alianza relativamente equilibrada: si bien el Ministerio de Educación fue entregado a los sectores católicos, que colocó al antiguo militante Atilio Dell’Oro Maini a la cabeza, en las 23 Según Potash (1982), los grupos y sectores que formaban parte del gobierno no compartían un mismo enfoque respecto de los problemas del momento. En un extremo estaban los democráticos, que se identificaban con las tradiciones liberales, opositores a Perón desde el comienzo. Querían desmantelar el aparato político peronista, reducir el poder de la CGT y reconstruir la vida política sobre la base de los partidos antiperonistas. De acuerdo con Estela Spinelli, estamos hablando de antiperonistas “radicalizados”. En el otro extremo estaban los católicos nacionalistas, que habían dado la bienvenida a la elección de Perón en 1946, a muchas cosas de su primer gobierno y solo al final se volvieron contra él. Proyectaban reorganizar la vida política sobre la base de un “peronismo sin Perón”. Agrega Carlos Altamirano que los nacionalistas significaron para los liberales la admiración por el movimiento de junio de 1943 y las experiencias fascistas europeas; esta inspiración, más la política apaciguadora de Lonardi, dieron fuerza a las sospechas de que el elenco entonces gobernante no se proponía desmontar totalmente la maquinaria del “totalitarismo peronista” (2001: 50-51).
universidades nacionales reconoció como interlocutor a los sectores reformistas, laicos y liberales que habían militado en la oposición al gobierno peronista. Esta convivencia va a marcar una particularidad. Como había ocurrido en 1930 y en 1943, el golpe militar de septiembre de 1955 abrió una nueva etapa en la vida universitaria del país. Pero un elemento volvió particular esta coyuntura: los universitarios reformistas, fervientes opositores del pretérito gobierno, fueron reconocidos como interlocutores válidos por la gestión entrante. Profesores/as, egresados/as y estudiantes fueron considerados tanto en el armado de los gobiernos como en las normativas que iban a ordenar las casas de estudio. Ahora bien, no fueron pocas las disputas para que esto efectivamente sucediese, pues la esfera educativa dirigida por un elenco católico era un campo de luchas.
Apenas sucedido el golpe, las universidades nacionales fueron ocupadas por grupos de estudiantes en alianza con aquellos profesores/as y egresados/as que habían militado en la oposición al peronismo y se identificaban con los principios de la Reforma Universitaria. La casa de estudios platense no fue la excepción: el día 22 de septiembre una asamblea de la FULP decide ocupar las instalaciones centrales y las unidades académicas. Manifestando ejercer un “legítimo derecho”, una Junta Representativa se constituyó en “Gobierno estudiantil provisorio”, presidido por Jorge Ochoa (estudiante de Medicina y presidente de la FULP) y Jorge Blake (estudiante de Derecho y secretario de la FULP).24 Si bien los estudiantes no perdieron tiempo en comunicar a las autoridades nacionales la existencia de dicho órgano, su desarrollo fue más bien errático, pues el mismo día fuerzas militares solicitaron a los estudiantes desalojar las instalaciones. A pesar de los intentos de resistencia, y tras una segunda 24 En una nota enviada al presidente Eduardo Lonardi la FULP informaba que “dada la situación de acefalía y entendiendo ejercer un legítimo derecho, una Junta Representativa de la FULP se constituyó en “gobierno estudiantil provisorio”. Asimismo, solicita al Presidente que reconozca dicha autoridad estudiantil y que envíe una intervención del gobierno nacional para, en actuación conjunta, normalizar la casa de estudios. Además de los nombrados arriba, el gobierno estaba conformado por los delegados de los centros de estudiantes de Medicina, Derecho, Ingeniería, Económicas, Veterinarias, Química y Farmacia, Humanidades y Agronomía: Osvaldo Balbín, Roberto Irigoyen, Ruben Cerra, entre otros (El Argentino, 25/9/1955; El Día, 27/9/1955).
intimación policial, la FULP decidió abandonar el edificio “pero no el gobierno” (El Argentino, 25/9/1955) que ejercería desde otro domicilio. Pasados los días, el 29 del mismo mes, la entidad estudiantil volvió a ocupar el Rectorado, declaró el cese de todas las actividades y conformó un gobierno tripartito y paritario que tuvo una existencia de cinco días.
Quienes constituyeron la efímera experiencia eran parte del grupo de reformistas que marcó el tono político de la UNLP entre las décadas de 1940 y 1950. La lista de nombres no deja lugar a dudas: los tres estudiantes eran Eduardo Haramboure y Mario Tamarit (secretario de la FUA entre 1955 y 1956), de Medicina, y el militante socialista Emir Salvioli, de Ingeniería. Como graduados, encontramos a Eduardo Schaposnik (militante socialista y vicepresidente de la FUA en 1945), Ricardo Sangiácomo (futuro presidente del centro de graduados de Derecho) y René Barbich (presidente de la FULP en 1951). Por último, los tres profesores eran el radical Alfredo Calcagno y los libertarios Carlos Bianchi y Rafael Grindfeld (El Día, 5/10/1955).
En los primeros días de octubre, la designación de José Luis Romero como interventor de la UBA creó importantes expectativas en la UNLP . En el caso platense, la lista de candidatos elevada por la FULP fue completada con personalidades propuestas por otras entidades vinculadas al ámbito universitario, como la Acción Católica Universitaria y el Colegio Universitario Católico Femenino.25 El día 5 de octubre, el ministro de Educación, Atilio Dell’Oro Maini, nombró en su cargo al abogado Benjamín Villegas Basavilbaso, quien fuera interventor de la misma casa en el breve lapso de 1945 en que se sucedieron las elecciones de autoridades. El nombre del nuevo interventor no se encontraba entre las propuestas de los estudiantes, pero tampoco fue una iniciativa de los sectores y las organizaciones católicas. De innegable trayectoria antiperonista, este abogado y profesor universitario se erigió como una suerte de figura de consenso 25 La FULP propuso cuatro candidatos de “conducta moral y capacidad técnica indudable”: Gabriel Del Mazo, Carlos Bianchi, Aquiles Martínez Civelli y Pedro Boffi Boguero. Luego, por ejemplo, la Acción Católica Universitaria propuso a Carlos Casares y Faustino Legón (El Día, 1/10/1955; El Argentino, 30/9/1955).
entre los distintos actores de la comunidad platense. Aquí, tal como en la Universidad de Córdoba y un poco más lejos de lo sucedido en la UBA con José L. Romero, la terna propuesta por la FULP no fue considerada por las autoridades nacionales. Así y todo, esto no derivó en un descontento juvenil, sino en la aceptación de una figura que, según sus consideraciones, igualmente reunía las condiciones políticas y la trayectoria para ello. El día 5 de octubre, el acto de asunción de Villegas Basavilbaso contó no solo con el discurso del ministro Dell’Oro Maini; al inicio del evento, el estudiante Haramboure fue quien hizo entrega del gobierno de la casa de estudios al nuevo interventor.
El 7 de octubre fue promulgado el Decreto 477, que derogaba la legislación peronista y restablecía la histórica “Ley Avellaneda”, y el 478, que declaraba en comisión a todos los docentes de las universidades nacionales. Según el especialista Emilio Mignone (1998), la vuelta a la legislación de 1885 representó una suerte de medida provisoria cuyo propósito era reponer la autonomía universitaria, ausente en la legislación peronista, y permitir la constitución de las autoridades de los establecimientos. Su insuficiencia se advirtió pronto, por lo que ya en el mes de diciembre una nueva normativa iba a ser sancionada.
No pintaríamos el mapa completo del escenario inicial sin hacer mención a la efervescente actividad estudiantil de estos días. El mismo 25 de septiembre comenzó en las facultades la “recuperación” de los centros estudiantiles, es decir, el desmantelamiento de los organismos adheridos a una CGU con nula capacidad de resistencia y el reinicio de actividades públicas de los centross reformistas adheridos a la FULP . En consonancia, podemos marcar una segunda línea de acción más bien simbólica: a la par de la reorganización gremial fueron realizados numerosos actos en los cuales se sentaron posicionamientos sobre los temas del momento: la década anterior , la Reforma Universitaria y la universidad “nueva”. En los discursos de profesores/as, viejos militantes y dirigentes sobresalía una posición ideológica de corte liberal democrático, de fuerte énfasis en la defensa de las libertades políticas y la participación democrática, que se amalgamó bien con la reivindicación de los principios reformistas, los mismos que vendrían a asegurar aquellas libertades en el ámbito universitario. Una tercera línea de acción que denominamos académica-institucional nos permite dar cuenta de las primeras medidas que impulsó el estudiantado en las facultades: aquí la iniciativa se tradujo en “tomas simbólicas” de cátedras consideradas “reductos” del gobierno peronista y en la exclusión de docentes. Antes de la sanción del Decreto 478, que declaraba en comisión a los/as profesores, los/as estudiantes de facultades centrales como Humanidades y Físico Matemáticas enviaron telegramas a todos aquellos docentes considerados “personas no gratas”, mediante el cual se les indicaba que se “abstengan de presentarse o asistir a la facultad”. 26 El estado de movilización que el estudiantado mantenía era tal que cualquier medida debía contar con su beneplácito.
La reorganización y la desperonización Pasados los primeros días de ocupaciones, con un nuevo marco legal e interventores nombrados en todas las universidades nacionales, comenzó la desperonización oficial de la educación superior argentina. Federico Neiburg (1999) y Buchbinder (2005) coinciden en señalar que en 1955 la comunidad académica argentina estaba fragmentada en dos sectores irreconciliables, cuyas líneas de demarcación no remitían a cuestiones de índole universitaria o académica, sino a los posicionamientos frente a la política nacional. Es así que en la llamada reestructuración de las universidades operó una lógica doble y contradictoria: si la desperonización fue enunciada desde los principios de la “universalidad” (de las leyes de la racionalidad, 26 En la Facultad de Humanidades fueron declaradas personas no gratas Ruben Cartier (luego, intendente de la ciudad entre mayo de 1973 y julio de 1975, cuando fue asesinado por un comando parapolicial), Joaquín Pérez, Arturo Cambours Ocampo, Rodolfo Agoglia (decano de la Facultad entre 1954 y 1955 y luego, entre 1973 y 1974, rector normalizador de la UNLP), entre otros. En Ingeniería, en la lista de aquellas personas sobresale Carlos Pascali, miembro de FORJA y rector de la UNLP entre 1952 y 1953. También en Veterinarias y en la Escuela Superior de Bellas Artes se confeccionaron estas listas (El Argentino, 5/10/1955, 9/10/1955 y 31/10/1955).
la igualdad y del mérito académico) el espacio universitario nunca dejó de conformarse cual “campo de batalla” político. Así, la desperonización significó definir los límites de un espacio enunciado como “universal, igualitario y democrático”, pero excluyendo algunos individuos y facilitando la entrada de otros a partir de sus identificaciones políticas y, más concretamente, su conducta ante el peronismo. Con autoridades nombradas y un marco legal definido comenzó la reestructuración de la UNLP en todos sus aspectos: académico, institucional, político y simbólico. Una de las primeras medidas que realizó Villegas Basavilbaso fue el nombramiento de nuevas autoridades para las facultades, escuelas y colegios de la UNLP , que finalizó el día 25 de octubre. Sin perder iniciativa, tempranamente los diversos centros y la FULP emitieron posiciones y comunicados con nombres propuestos para dichos cargos. En este punto y tal como había sucedido frente a la elección de Rector-Interventor, el protagonismo del estudiantado fue más bien ambiguo. Si bien en algunos casos (Agrarias, Química y Farmacia, Medicina o Veterinarias) los nombramientos se correspondieron con sus propuestas e incluso se llegaron a considerar una “conquista”, en facultades con fuerte peso político del estudiantado, como Derecho, Ingeniería o Humanidades, las propuestas no fueron contempladas. No obstante, en general se trató de personalidades con trayectoria “aceptable”, es decir, no solo ligadas al ambiente universitario y con importante currículum académico, sino también al mundo de la militancia reformista de los años treinta y cuarenta.27 A partir de octubre, la desperonización en las universidades avanzó por dos carriles paralelos. Por un lado, si consideramos un aspecto de corte simbólico e institucional, fueron anulados nombres, cursos y títulos honorarios establecidos entre 1946 y 1955. Particularmente, cabe resaltar la revocación de aquella ordenanza que en 27 Los ejemplos de esto abundan, y sin contar a los integrantes de aquel grupo de universitarios ya mencionado, agregamos: el interventor de Medicina, Del Carril, había sido consejero académico entre 1945 y 1946; Antonio Pepe, interventor de Química y Farmacia, ocupó el mismo cargo entre 1938 y 1940; quien asumió la intervención en la Escuela de Periodismo, Pascual Cafasso, había sido presidente de la FULP en 1937 y director de la revista Renovación; el socialista Juan Manuel Villareal, nombrado interventor en la biblioteca, fue en 1931 presidente de la FUA e integrante de las revistas Estudiantina y Ateneo Estudiantil.
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