Historia de América desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días, tomo I (part 3 of 3)
Alabanzas, que no escatimamos, merece Vasco de Gama por su peligrosa y heroica expedición; pero las empresas de Colón y de Magallanes son más importantes. Gama es sólo continuador de arriesgados viajes, mientras Colón y Magallanes se lanzaron a descubrimientos completamente nuevos. Gama casi no se separó de la costa, en tanto que Colón y Magallanes atravesaron océanos ignotos y tenebrosos; Gama fué nombrado por su propio Gobierno y escogió la gente entre sus compatriotas, y Colón y Magallanes eran extranjeros que ofrecieron sus servicios a monarcas que no les conocían y que les dieron tripulantes revoltosos y desobedientes. Por último, Gama, más afortunado que Colón y Magallanes, tuvo la suerte de que un gran poeta, Camoens, cantase su expedición en el hermoso poema Os Luisiadas.
Por la expedición de Vasco de Gama pudo comprenderse que, si se quería continuar el comercio con la India, era necesario, dada la enemiga de los árabes, el empleo de importantes escuadras o de buques armados en guerra. Los reyes de Portugal siguieron conducta diferente a los Reyes Católicos.
De la segunda expedición nombraron jefe a Pedro Alvarez Cabral; pero conservaron la dirección suprema a Vasco de Gama, quien dispuso y dirigió los preparativos, fijó el derrotero, señaló la conducta que debía seguirse con el soberano de Calcuta, previno terminantemente que no se saltara en tierra sin tener rehenes a bordo y señaló la época en que debía salirse de Portugal. Acordóse--repetimos--nueva expedición, siendo el plan del Gobierno establecerse permanentemente en la costa de Malabar; pero dejando ya las expediciones a la India, pasamos a reseñar las dirigidas al Nuevo Mundo. Si importantes fueron los viajes de los portugueses, no lo fueron menos los de los españoles. De Vasco de Gama pasamos a Alonso de Ojeda.
La primera expedición de Alonso de Ojeda salió del puerto de Cádiz, según Vespucio, el 18 de mayo de 1499, y según Las Casas y Herrera el 20 del mismo mes y año[585], dirigiéndose a las Canarias y atravesando el Océano, llegó a las playas de Surinam, descubrió la embocadura del Esequibo, que llamó Río Dulce, luego el delta del Orinoco, siguiendo después las huellas de Colón. Estuvo en la isla de la Trinidad, en cuya costa meridional dispuso que desembarcasen veintidós hombres armados. Los naturales, aunque eran caribes, no hicieron oposición alguna. Atravesó el golfo de Paria y la Boca del Dragón, siguió descubriendo hasta el golfo de las Perlas, visitó la isla Margarita, reconoció los islotes de los Frailes, que están a nueve millas al Norte y al Este de la citada isla, yendo a recalar al cabo Isleos (hoy cabo Codera), fondeando en la ensenada de Corsarios, que denominó Aldea vencida. Continuó reconociendo toda la costa de puerto en puerto, según declaró el piloto Morales en el pleito del Almirante, hasta el Puerto Flechado (hoy de Chichirivichi), donde tuvo que pelear con algunos indios. Desde la Vela del Coro se dirigió a la isla de Curazao, y allí los expedicionarios quedaron sorprendidos de la gran estatura de los indígenas, designando por esto a la isla con el nombre de la de los Gigantes. El día 9 de agosto llegaron al cabo de San Román, que llamaron con dicho nombre por ser la festividad de dicho santo, pasando inmediatamente a la aldea de Coquibacoa, en el golfo de Venezuela, que así denominaron los expedicionarios al ver la gente en viviendas construídas sobre estacadas en el agua cerca de la costa oriental de dicho golfo, pues tales construcciones les recordaron la situación de Venecia, edificada sobre las lagunas del Adriático. Desde el golfo penetraron los barcos (24 de agosto) en el lago de Maracaibo, cuya estrecha entrada llamó Ojeda puerto de San Bartolomé. Siguiendo más adelante se presentó la escuadra (16 de septiembre) en el cabo de la Vela (península de Guajira), al Oeste del citado golfo. Allá lejos divisaron los exploradores alta montaña que denominaron Monte de Santa Eufemia y que era casi seguramente una cumbre de la sierra nevada de Santa Marta. Desde el cabo de la Vela pasó la escuadra a Haití (23 de septiembre).
[585] Cuéntase que era grande su destreza y agilidad en todos los ejercicios corporales. Un día que la reina Isabel se había subido a la Giralda de Sevilla con la idea de ver desde tanta altura la gente que estaba al pie de la torre, Ojeda anduvo hasta el extremo de una viga que salía 20 pies de la torre, volviéndose con paso rápido y con toda tranquilidad. También se cuenta que desde el suelo arrojó una naranja hasta el punto más alto de la torre, dando con ello una prueba de la fuerza extraordinaria de su brazo.
Aunque el Almirante dispuso que Francisco Roldán fuese contra Ojeda, no llegaron a las manos por la astucia del último. Salió Ojeda para las Lucayas (febrero de 1500), y luego, en las tierras que recorrió, robó 232 indígenas para venderlos como esclavos en España (mediados de junio del citado año). Tuvo la fortuna Alonso de Ojeda de llevar en su importante y famosa expedición como piloto al vizcaino Juan de la Cosa[586] y también al florentino Américo Vespucio[587]. Los dos lograron renombre eterno en la historia del descubrimiento del Nuevo Mundo. El primero, esto es, Juan de la Cosa, después del viaje, hizo el primer mapa de América, y Vespucio escribió pintoresca relación del citado viaje. Contestando Ojeda a la pregunta que le dirigieron como testigo en el pleito que se seguía contra los hijos del Almirante, se ocupó de sus descubrimientos y terminó diciendo lo que sigue: que en este viaje trujo consigo a Juan de la Cosa, piloto, e Américo Vespuche e otros pilotos.
[586] Residía a la sazón en el Puerto de Santa María.
[587] Este fué el primer viaje realizado por el célebre italiano, siendo, por tanto, apócrifo el que hizo--según algunos--dos años antes, o sea el 1497.
En dicha expedición, es de creer que--como escribe Pedro Mártir--se dió la vuelta a Cuba, por cuanto Juan de la Cosa, en su famoso mapa, la pone como isla, sin embargo de que algunos años antes declaró, bajo juramento solemne, que pertenecía al continente asiático. Aportó Ojeda a la bahía de Cádiz unos doscientos esclavos, y en aquella ciudad vendió muchos. Además, trajo piedras preciosas, buena cantidad de perlas y granos de oro. El beneficio de la expedición fué escaso o de poca importancia, pues, pagados todos los gastos, se repartieron unos 500 ducados entre 55 personas. La verdad es que era tan grande el deseo de adelantar en los descubrimientos como el de adquirir riquezas.
Mayores beneficios o ganancias produjo, bajo el punto de vista mercantil, la expedición que hizo, pocos días después, otro insigne navegante, Pero Alonso Niño, natural de Moguer. Era piloto de la carrera de Indias y compañero de Cristóbal Colón en su primero y tercer viaje. Careciendo de dinero suficiente, hubiese malogrado la empresa sin el auxilio del sevillano Luis Guerra, el cual dió medios a Niño para armar una carabela de cincuenta toneles, con la condición de que Cristóbal, hermano del dicho Luis, dirigiese también la expedición. Alonso Niño y Cristóbal Guerra, se hicieron a la vela en Palos, llevando 33 hombres, el mes de junio de 1499. Tocó el barco en la costa de la América Central, donde Guerra y Niño, con anuencia de los indios, cortaron y cargaron palo del Brasil, no lejos del golfo de Paria, pasando luego por la Boca del Dragón. Al salir de las bocas del Dragón se vieron rodeados de diez y ocho canoas de caribes, teniendo que disparar varios tiros de artillería para ahuyentar a aquellos bárbaros. Los nuestros se dirigieron a la isla de la Margarita, donde adquirieron perlas y fueron los primeros españoles que desembarcaron en ella. Pasaron a tierra de Curiana (hoy Cumaná), entrando en un puerto (tal vez el de Mochima o el de Manare). Allí vieron un pueblo de ochenta casas, y habiendo bajado a tierra, pudieron conseguir que los naturales les diesen algunas perlas. Dirigiéronse a otra población mayor, en la cual se detuvieron tres meses: agosto, septiembre y octubre. Asegurados del carácter pacífico de los indios, bajaron a tierra, siendo recibidos con amistosas demostraciones. Las casas estaban hechas con maderos hincados en tierra y cubierta la techumbre con hojas de palma. En los espesos bosques vieron animales salvajes, como también ciervos, venados y conejos. No tenían bueyes, ni ovejas, ni cabras. Se alimentaban de pan de maíz o de raíces, de ostras, de aves, de animales salvajes y no salvajes. Físicamente considerados llamaban la atención por el color obscuro del rostro, por sus labios gruesos y por sus cabellos crespos y largos. Para conservar blanca la dentadura masticaban frecuentemente cierta hierba. Las mujeres cuidaban de la agricultura y de las cosas de la casa, en tanto que los hombres se ocupaban de la caza y del juego. Eran ellas muy laboriosas y ellos diestros cazadores. Cariñosos con los españoles, permutaban con gusto sus objetos de oro y sus perlas por las bujerías de los nuestros.
Como indicasen que el oro venía de una provincia llamada Cauchieto, que estaba al Occidente, allá se dirigieron los nuestros; llegaron el 1.º de noviembre de 1499. Desde Cumaná a Cauchieto habría unas seis jornadas, y como cada jornada puede conjeturarse de seis a siete leguas, la distancia era de 36 a 42 leguas. Sumamente dóciles los naturales de Cauchieto, venían en sus canoas a la nave, trayendo el oro propio de su país y los collares de perlas que adquirían de los de Curiana. En la tierra hallaron plantaciones de algodón.
Continuaron navegando más de diez días hasta que lograron encontrar hermoso lugar con casas y fortalezas. Después de peligrosa navegación les fué grato llegar a país tan agradable y de vegetación tanta. Allí las huertas y jardines eran tan bellos que uno de los viajeros no tuvo inconveniente en decir que jamás había visto paraje más delicioso. Intentaron desembarcar, oponiéndose a ello unos dos mil indios con macanas, arcos y flechas. No dejó de extrañarles semejante novedad. Retrocedieron a Curiana y allí volvieron a hacer nuevo acopio de perlas, algunas del tamaño de las tan celebradas de Oriente. Según Mártir, a quien sigue Muñoz, el 6 de febrero de 1500 tomaron la vuelta para España[588], y a los sesenta y un días de navegación arribaron buenos y contentos al puerto gallego de Bayona. El beneficio del viaje fué de alguna consideración y sirvió de cebo para que algunos se dispusiesen a nuevas empresas.
[588] Otros dicen que el 13.
A principios de diciembre del mismo año de 1499, Vicente Yáñez Pinzón, célebre compañero del Almirante, se hizo a la vela en el puerto de Palos con rumbo a las Indias. Llevaba cuatro carabelas que había podido armar con la ayuda de su sobrino Arias Pérez y de otros parientes y amigos. Acompañábanle los afamados pilotos Juan de Quintero, Juan de Umbría y Juan de Jerez, también antiguos compañeros de Cristóbal Colón. Pasaron las Canarias, cruzaron el Atlántico, no sin que recia borrasca llenase de terror a nuestra gente, y llegaron a encontrar la costa americana sobre los 8° de latitud Sur; dicha tierra--pues tanto era el deseo que tenían de encontrarla--recibió el nombre de Santa María de la Consolación. Tiempo adelante se llamó aquel lugar cabo de San Agustín, algo al Sur de Pernambuco (Brasil)[589]. Vicente Yáñez Pinzón desembarcó con escribano y testigos, tomando posesión del país en nombre de Castilla. En los dos primeros días no vieron hombre alguno; posteriormente se les presentaron algunos de elevada estatura y desnudos por completo. Eran uraños y bastante belicosos. Continuaron los españoles hacia el Ecuador, y en la boca de un río, donde hicieron aguada, tuvieron que pelear con los indios, a los cuales castigaron enérgicamente, aunque con la pérdida de diez españoles. Compraron, por tanto, cara la victoria.
[589] Antiguo documento atribuye el descubrimiento del Brasil a Juan Ramalho en 1490.
¿Tomó parte Américo Vespucio en dicha expedición? El relato del segundo viaje de Vespucio es exactamente el mismo que el de Lepe, si bien es de extrañar que no cite el nombre del jefe, ni haya conformidad en las fechas de partida ni de llegada de la una y de la otra. Sea de ello lo que quiera, lo cierto es que el cabo de San Agustín, visitado dos veces por Vespucio, adquirió suma importancia por haber servido de base, una vez fijada la situación, para determinar el meridiano de demarcación entre los descubrimientos y conquistas de los españoles y de los portugueses.
Consideremos la expedición portuguesa de Pedro Álvarez Cabral. Este insigne marino, llevando como capitanes a Bartolomé Díaz, el descubridor del Cabo de Buena Esperanza, y a Nicolás Coelho, el compañero de Vasco de Gama, al frente de una flota compuesta de 10 buques mayores y tres menores, salió del puerto de Lisboa el día 9 de marzo del año 1500. La corriente ecuatorial llevó los buques, no hacia Calcuta, como se proponía Cabral, sino a las playas del Brasil. Dada, pues, la dirección que llevaban las expediciones marítimas de los portugueses, es evidente que un poco antes o un poco después habían de descubrir la América Meridional, aunque el proyecto de Colón no hubiese encontrado apoyo en los Reyes Católicos.
De modo, que, huyendo de las gruesas mareas del Cabo de las Tormentas, y buscando mejores vientos para doblarlo, se fué engolfando la armada hacia Occidente. Navegaron de este modo, según Gaspar Correa, cronista de la India, para que os ventos lhe fossem mais largos pera navegar pera o cabo. «La capitana, añade el ilustre escritor, que iba delante, vió tierra a barlovento un domingo al amanecer, de lo que hizo señal disparando un falconete, y fué corriendo por ella y descubriéndola, que era gran costa y tierra nueva que nunca había sido vista, y estando cerca, corriendo al largo de ella, vieron grandes arboledas a orillas del mar, y por el interior grandes montes y serranías, y ríos muy anchos y grandes ensenadas, y siendo ya tarde vieron una gran bahía, en la que el capitán mayor entró sondando. Y hallando buen fondeadero dió fondo, y así lo hizo toda la armada. El capitán mayor botó un esquife al agua, y lo mismo hicieron los capitanes, y fueron a ver al capitán mayor, el cual mandó a Nicolás Coelho en su esquife con el piloto moro que fuese a tierra y viese si podía venir al habla con la gente de ella; y fué con diez hombres que llevaban lanzas y ballestas, porque aún no había escopetas, y saltó a tierra y halló poblaciones de chozas, en las que encontró gentes blancas y bárbaras, desnudas completamente, así los hombres como las mujeres. Algunos hombres vestían telas de malla de algodón y se adornaban con plumas de aves de variados colores y muy hermosas que hay en el país, especialmente papagayos, grandes como patos, con plumas de muchos colores. Eran tan pacíficos los habitantes que no huían, ni hacían daño, ni tenían armas; sólo unos arcos grandes con flechas de caña... No tenían en las casas ropa alguna, sino únicamente redes de hilo de algodón, que ataban por las puntas, las colgaban y dormían en ellas. Nadie podía entender la lengua de aquellos habitantes. La mayor parte de los árboles tenían una madera roja, la cual, echada en agua, la teñía de hermoso rojo; y se hallaron en esta tierra otras cosas que no describo y que después se descubrieron.»
Siguiendo con no poco trabajo su ruta, llamóles la atención que el agua del mar se convirtiera en dulce en un espacio bastante dilatado; era que se encontraban en la desembocadura del río Marañón, llamado después de las Amazonas y de Orellana. Desagua por dos brazos principales divididos por la isla de Marajó (San Juan de las Amazonas). De tantas y tan largas fatigas pudieron descansar en la mencionada isla, cuyos habitantes les recibieron con señales de buena amistad. Retiráronse de aquellos sitios porque el prororaca, fenómeno del Amazonas y de otros ríos, puso en gran peligro las carabelas, llegando felizmente al golfo de Paria. En el camino tocaron con pequeños y pobres pueblecillos, y con grupos de indios errantes, quienes huían asustados y tímidos a cobijarse en la espesura de los bosques o en la cima de las montañas. Habremos de notar que los habitantes de Paria, tan buenos y dóciles con el Almirante Cristóbal Colón, se dispusieron a la sazón a pelear con los españoles.
Marcharon a la Española, a donde llegaron el 23 de junio, pasando luego a la Isabela, llamada por los indios Saometo o Jumeto, y en seguida a los bajos de Babura (tal vez Babueca), teniendo la desgracia de perder dos carabelas (julio de 1500). Con las otras dos tomaron el camino de España, llegando a Palos el 30 de septiembre. Entre otras cosas trajeron piedras que se calificaron de finos topacios y gran cantidad del palo de tinte; también animales raros, llamando especialmente la atención el conocido con el nombre de zarigüeya.
Al mismo tiempo que salía Pinzón del puerto de Palos, se disponía Diego de Lepe a emprender igual viaje con dos carabelas. Llegó cerca del cabo de San Agustín, que llamó Rostro Hermoso. Desde allí llevó, con corta diferencia, el mismo derrotero que Pinzón, esto es, por delante del Marañón a la tierra de Paria. En el Marañón cautivó algunos naturales, y él perdió algunos hombres. El mayor fruto de esta expedición fué, no sólo haber doblado el cabo de San Agustín, sino haber dado a conocer que la costa de la nueva tierra firme continuaba por el Sudoeste. De tal descubrimiento, hecho ya por Pinzón, hizo Lepe un mapa para el obispo Fonseca, según declaró el piloto Andrés de Morales en el pleito del Almirante. Recordaremos en este lugar que el citado mapa fué consultado andando el tiempo por Juan Díaz de Solís. Es de justicia referir que Lepe descubrió al Sur más tierra que otro alguno en aquella época, y aun de diez o doce años adelante. El mérito de nuestro navegante no deja de tener importancia. En empresa tan arriesgada le sirvieron de guía Bartolomé García, genovés; Andrés García Valdín, García de Vedía y el famoso piloto Bartolomé Roldán.
Lepe regresó por Haití a España, donde debió llegar antes de noviembre de 1500, y murió en Portugal, según declaró el piloto Andrés de Morales en el citado pleito del Almirante.
«El capitán mayor, con otros capitanes bajó a tierra, donde estuvo cinco días, y los hombres que penetraron más en el interior, no hallaron quien les hiciese daño alguno.» Con los indígenas se establecieron cordiales relaciones. Asistieron aquéllos con gran recogimiento al santo sacrificio de la misa. Portugueses y brasileños construyeron una cruz muy grande de madera, que colocaron cerca de la playa, adorándola con mucha devoción unos y otros. Celebráronse también fiestas populares. Si los indios bailaban al son de la yanubia y eran el encanto de los portugueses, éstos, en cambio, daban conciertos de guitarra durante las deliciosas noches tropicales, y eran la alegría de los indios. Uno de los tripulantes, llamado Diego Díaz, homem mui prazenteiro, dice el cronista, mostró muchas habilidades en la playa. El 3 de mayo, día en que celebra la iglesia la Invención de la Santa Cruz, salió Cabral de aquellas costas que dió el nombre de Tierra de Santa Cruz y que poco después se llamó Brasil.
Mandó Cabral al rey D. Manuel un buque, en el cual iban los productos y las riquezas de aquella tierra. Como lastre trajo el buque uns paos vermelhos aparados que eran muy pesados é que chamarâo brasil per sua vermelhidâo ser fina como brasa. Aquel palo dió nombre al país. No huelga decir aquí que si Vicente Yáñez Pinzón, Diego de Lepe o algún otro descubrieron el Brasil, sólo el descubrimiento de Cabral produjo sus frutos.
Desde el Brasil, y llevando como segundo al castellano Sancho de Tóvar[590], se dirigió, al través del Océano, al cabo de Buena Esperanza, en cuyas cercanías se fueron cuatro buques a pique, entre ellos el de Bartolomé Díaz. Vino a morir navegante tan insigne junto al cabo por él descubierto. Pedro Alvarez Cabral marchó a Mozambique y después a Quiloa, y el 2 de agosto llegó a Melinde, con cuyo soberano estableció Cabral, como antes Vasco de Gama, relaciones de amistad. En esta ocasión dió también aquel soberano dos prácticos, los cuales condujeron la flota en diez y seis días a la India. El 23 de agosto estaban en las Andiedivas; allí permanecieron dos semanas calafateando los barcos y tomando agua dulce. Pronto se rompieron las buenas relaciones de Cabral con el Samorin, hasta el punto que, la gente del pueblo, excitada por los moros, atacó los almacenes de los portugueses y mató al factor y a algunos más, teniendo Cabral que disparar todo un día sus cañones contra la ciudad e incendiar 15 buques dentro del puerto.
[590] Sancho de Tóvar debía encargarse de la jefatura, si Cabral fallecía en la expedición.
En lugar de dirigirse Cabral a Calcuta, marchó con su flota más al Sur, a Cochin, cuyo soberano le invitó a pasar a su capital y puerto, donde hizo su cargamento de especias, como también en Collam, al Sur de Cochin, pues este soberano o rajá se manifestó de igual manera amigo de los portugueses. Pasaron luego a Cananor, esperando que el rajá del país tuviese con ellos el mismo generoso comportamiento que antes había tenido con Vasco de Gama. No se equivocaron, pues allí completaron los cargamentos con canela y gengibre. El 16 de enero de 1501 se hizo la flota a la vela, tocó en Melinde, se detuvo en Mozambique y después de varios sucesos, más adversos que favorables, entró en Lisboa en el mes de octubre de 1501.
CAPÍTULO XXVI
EXPEDICIÓN DE RODRIGO DE BASTIDAS.--EXPEDICIÓN DE ALONSO DE OJEDA.--VIAJES DE AMÉRICO VESPUCIO, AL SERVICIO DE PORTUGAL.--COLÓN Y VESPUCIO EN SEVILLA.--VESPUCIO AL SERVICIO DE ESPAÑA.--ORIGEN DEL NOMBRE AMÉRICA.--EXPEDICIONES DE CRISTÓBAL Y LUIS GUERRA, Y DE JUAN DE LA COSA.--REAL CÉDULA EN FAVOR DE BASTIDAS.--CAPITULACIÓN HECHA CON OJEDA.--CAPITULACIÓN CON YÁÑEZ PINZÓN.--VIAJES DE YÁÑEZ PINZÓN Y DE SOLÍS.--PRIVILEGIO EN FAVOR DE NICUESA Y DE LA COSA.--VIAJES DE OJEDA Y DE NICUESA.--LA ESPAÑOLA, CUBA Y PUERTO RICO EN AQUELLOS TIEMPOS.--EXPEDICIÓN DE PONCE DE LEÓN A LA FLORIDA Y LUEGO A BIMINÍ.--PÉREZ DE ORTUBIA EN BIMINÍ Y PONCE DE LEÓN EN PUERTO RICO.
Rodrigo de Bastidas, vecino y escribano de la ciudad de Sevilla, en el arrabal de Triana, salió de la citada población en el mes de octubre del año 1501. Llevaba en su compañía a Juan de la Cosa, vizcaíno, «que por entonces era el mejor piloto que por aquellos mares había»[591]. Acompañó a Cristóbal Colón en uno de sus viajes, y acababa de recorrer con Ojeda las costas de Venezuela. La primera tierra que visitó Bastidas fué una isla, a la que dió el nombre de Verde, situada entre la Guadalupe y la Tierra Firme. Visitó el golfo de Venezuela y los territorios al Sur y Oeste de la comarca de Coquibacoa. Desde el cabo de la Vela continuó sus descubrimientos; tocó en la costa de la sierra nevada de Santa Marta, pasó la desembocadura del río de la Magdalena, avistó el puerto de la galera de Zamba y el de Cartagena, la isla de Barú y las de San Bernardo, y siguiendo su derrota al Sur y al Oeste descubrió la isla Fuerte y la Tortuguilla, el puerto de Cispata y río Sinú, punta Caribana, entrando en el golfo de Darién o de Urabá. Costeó el istmo de Darién hasta la punta de San Blas o puerto de Escribanos, llamado así porque--como hemos dicho--Bastidas había desempeñado el mencionado cargo en Sevilla. Debemos notar que Bastidas estuvo en el puerto de Escribanos o del Retrete y del Nombre de Dios antes que Cristóbal Colón, pues el descubridor del Nuevo Mundo no llegó allí hasta el 26 de noviembre de 1502. El trazado de la costa septentrional de la América del Sur se completó con el viaje del escribano de Sevilla.
[591] Las Casas, lib. II, cap. 2.º
Conocedor Bastidas del carácter de los indígenas, comerció hábilmente con ellos, logrando recoger abundante cantidad de oro y perlas. Tuvo que volver a la Isla Española y fondear en la isleta llamada del Contramaestre, porque sus barcos fueron agujereados por el broma (caracol que horada e inutiliza la quilla de las embarcaciones). Salió para Cádiz, viéndose obligado a causa de los temporales y de las averías de sus barcos, a arribar al cabo de la Canongía, donde permaneció un mes. Dióse otra vez a la vela; mas también hubo de dirigirse, por la repetición de recias borrascas, hacia el puerto de Xaragua (hoy Puerto Príncipe). Allí, continuando los malos tiempos, perdió sus navíos, cuyo valor, con los esclavos, oro, brasil y otras cosas que conducían, era de consideración. Las riquezas que se pudieron salvar fueron llevadas a Santo Domingo, «y allí--dice el P. Las Casas--las vide yo entonces y parte del oro que había habido»[592]. Bobadilla, a la sazón gobernador de la Española, le sometió a juicio, porque, según se decia, había malgastado grandes cantidades en hacer rescates y ventas con la gente de Xaragua y otras. Se le mandó a España y entró en Cádiz (septiembre de 1502).
[592] Lib. II, cap. II.
Compadecidos los reyes del intrépido navegante, en premio de sus servicios le concedieron pequeña pensión vitalicia sobre los frutos procedentes de la provincia de Urabá y de la llamada del Cenú, sobre la bahía del mismo nombre. Igual pensión se concedió al piloto Juan de la Cosa. Las Casas dice que Bastidas vino en la flota que traía a Bobadilla y en un navío que pudo libertarse de la tormenta[593], aunque no preso, como aseguró Oviedo[594].
[593] Lib. II, cap. V.
[594] Lib. III, cap. VIII.
Alonso de Ojeda emprendió en enero de 1502 su segundo viaje, habiendo obtenido del Gobierno la concesión de los territorios que forman el golfo de Maracaibo con el título de gobernador de Coquibacoa. Con los buques de Santa María de la Antigua, Santa María de la Granada, la Magdalena y Santa Ana, mandados respectivamente por García de Ocampo o del Campo, Juan de Vergara, Pedro de Ojeda y Hernando de Guevara, pasó Alonso de Ojeda por la Gran Canaria y por la isla de la Gomera, arribando a la isla de Santiago en Cabo Verde, donde se detuvo ocho o diez días. Llegó al golfo de Paria, descubriendo después muchas tierras. La primera que descubrió fué el lugar que llamaron los anegados o anegadizos de Paria. Mientras se limpiaban los buques, pudo la gente recoger corta cantidad de perlas y dos o tres clases de gomas de mucho color. Viéronse caníbales que habitaban allí, los cuales mataron a un cristiano, teniendo Ojeda que tomar sus medidas, temeroso de ser atacado.
Ya habilitados los cuatro navíos, salieron el 11 de marzo de 1502. Antes de llegar a la Margarita, se separó Guevara con su carabela Santa Ana y anduvo perdido algunos días. El 14 se dirigió Ojeda al puerto de la Codera, al cual llegó Guevara en la mañana del 15, no encontrando las dos naos la Magdalena y Santa María de la Granada porque habían marchado en busca del citado Guevara. Cansado de esperar Alonso de Ojeda salió del puerto de la Codera y siguiendo la costa hizo alto en una tierra que los indios llamaban Curiana y él le dió el nombre de Valfermoso. Pocos días después llegaron la Magdalena y Santa María de la Granada.
Convencidos de la necesidad de establecer una colonia, se dedicaron a la realización de la idea, tomando a viva fuerza de los naturales del país todo lo que les era indispensable. Los pobres indios se vieron robados y quemadas sus casas, llegando los españoles a matar unos siete u ocho en la refriega; de los nuestros fué muerto el escribano de una carabela, Juan de Guevara. Ojeda se cruzó de brazos ante las tropelías cometidas por Vergara y Ocampo, quienes hubieron de apoderarse de algunas indias. Después de algunos sucesos de menos importancia y después de recorrer costeando algunos puertos, siempre buscando el vellocino de oro, Ojeda, deseoso de hacer asiento y población, se detuvo en el puerto de Santa Cruz, que debió ser el conocido hoy con el nombre de Bahía-honda. De modo que en la parte Oriental del golfo de Venezuela resolvió Ojeda fundar la colonia, que no pudo llevar a cabo, ya por las hostilidades de los indígenas, ya por el motín de los tripulantes capitaneados por Vergara y Ocampo.
Decían los enemigos de Ojeda que éste en sus frecuentes incursiones en tierra de indios se apoderaba de todo lo que podía y no daba parte a Guevara y a Ocampo. Además, la gente estaba fatigada, el trabajo era grande, la ración escasa y la estación cruel; además temían que los navíos, comidos de la broma, se fueran a pique antes de poder salir de allí para la Isla Española. Los resentimientos y aun enemiga entre los partidarios de Ocampo y de Vergara por un lado y los de Ojeda por otro, eran cada vez mayores. Con la excusa de que Ojeda viese el pan que Ocampo había traido en su último viaje de Jamaica, acordaron detenerle en el navío para conducirlo a disposición del gobernador de la Española. Decían Vergara y Ocampo que tomaban tal determinación por los deservicios que Ojeda había hecho y también porque se guardaba todas las ganancias para sí. Intentó huir Ojeda para presentarse en Santo Domingo; pero le cargaron de cadenas. Debió suceder todo esto a últimos de mayo o comienzos de junio de 1502. Salieron del puerto de Santa Cruz y llegaron en los primeros días de septiembre a la provincia de Haniguayaga, donde Vergara y Ocampo entregaron a Ojeda. Se hizo cargo de él el comendador Gallego, trasladándole a la ciudad de Santo Domingo. De la sentencia, dada en 4 de mayo del año siguiente, apeló Ojeda ante SS. AA. y los señores de su Consejo, siendo absuelto en Segovia a 8 de noviembre de 1503. No habiendo reclamado de la sentencia la parte contraria, mandaron los reyes en Medina del Campo a 5 de febrero de 1504 darle la ejecutoria.
El rey D. Manuel de Portugal envió a Sevilla al florentino Juan Bartolomé del Giocondo para hacer proposiciones a Américo Vespucio, a quien deseaba atraer a su servicio. Hízose de rogar el insigne marino, aceptando al fin las proposiciones y marchó a Portugal[595]. En mayo de 1501 salió del puerto de Lisboa en una escuadra, tal vez en calidad de astrónomo, pues era diestro como ninguno para determinar por medio del cuadrante la latitud de un lugar. No conocemos el nombre del jefe que mandaba la expedición. Sabemos que siguieron los expedicionarios la costa de Africa hasta más allá del Cabo Verde y luego atravesaron el Océano con rumbo más al Oeste. Cerca del Ecuador espantosa tempestad detuvo dos meses a los buques en el camino, no llegando a la costa americana hasta el 16 de agosto. Casi desde el cabo de San Roque marcharon en dirección Sudoeste, pasando el cabo de San Agustín el 28 del mismo mes; el día de San Miguel se descubrió el río de este nombre y el 4 de octubre el río de San Francisco. Recorrieron la costa descubierta por Cabral, conociendo que dicha costa no era de una isla, sino de un continente. Pasaron el río que llamaron de Santa Lucía y que debe ser el conocido hoy con el nombre de Río Doce (13 de octubre), llegando el 21 al cabo de Santo Tomás. Descubrieron la boca de la bahía del Río Janeiro, tal vez el 1.º de enero de 1502, el 6 la ensenada de los reyes, el 22 el puerto de San Vicente, poco después Cananea, el 22 de abril playas deshabitadas y llenas de arrecifes, probablemente las de Patagonia e islas de Falkland, atravesando en seguida el Océano en busca de Sierra Leona. En la costa de Sierra Leona hizo quemar uno de los tres buques porque estaba inservible, marchando a las Azores con los dos restantes y entrando en Lisboa el 7 de septiembre de 1502.
[595] Otros dicen que no hubo tales proposiciones y creen que tomó parte en los viajes sin contar con el Rey.
Tuvo este tercer viaje de Vespucio bastante utilidad para los conocimientos geográficos. Había recorrido la cuarta parte del mundo. Sus descripciones de la rica naturaleza tropical, de la belleza del firmamento y la certeza de haber llegado viendo costa por lo menos hasta los 50 grados de latitud Sur, dieron no poca fama a Vespucio. También merece fama dicho marino porque fué el primero que anunció la idea de ir a la India dirigiéndose desde Portugal al Sudoeste para doblar el continente americano, cuya idea realizó diez y seis años después Magallanes.
Otra expedición en que Vespucio tomó parte la mandaba Gonzalo Coelho; se componía de seis buques y zarpó de Lisboa el 10 de junio del año 1503. Desde Sierra Leona tomó rumbo al Sudoeste encaminándose a la costa del Brasil y teniendo pronto el sentimiento de ver el naufragio del buque principal (la Capitana), que tropezó en una roca, junto a una isla poco apartada de dicha costa. Los buques, cada uno por su lado se dirigieron a la bahía de Todos los Santos o sólo Bahía, como vulgarmente se la llamaba. Aguardó Vespucio con su buque y otro a los tres restantes; mas viendo que no llegaban, se hizo a la vela, siguió la costa hacia el Mediodía y fundó a los 18° de latitud Sur la primera colonia en el Brasil, con 24 hombres de la tripulación del buque que le acompañaba y que allí había encallado. Cargó un buque de palo de Brasil y salió para Portugal el 2 de abril, llegando a Lisboa el 18 de junio de 1504. El encargo que Vespucio llevaba de ir a la India fracasó completamente.
Desde Lisboa marchó Vespucio a Sevilla, donde vió a Colón en febrero de 1505, tratándose ambos como compañeros de infortunio y víctimas de la ingratitud de los reyes. Cristóbal Colón escribió a su hijo: «Vespucio me ha hecho favores. La fortuna ha sido adversa a este hombre de bien, como a muchos otros.» Aprovechando Fernando el Católico la estancia de Vespucio en Sevilla, intentó atraérselo. Comenzó haciéndole un regalo el 11 de abril de 1505; algunos días después Felipe el Hermoso le concedió derecho de ciudadanía española. Desde entonces fué fiel a su patria adoptiva. Se dice que hizo último viaje a América, no consiguiendo extender ya sus descubrimientos anteriores. El año 1508 se le nombró piloto del reino con 200 ducados de sueldo, con la obligación de examinar a los que aspiraban al título de pilotos. Hizo algunos mapas, no conservándose ninguno original, aunque sí la copia del del Nuevo Mundo (Tabula terræ novæ), publicado en la edición de Ptolomeo hecha en Estrasburgo, año 1513. Murió en Sevilla el 22 de febrero de 1512. (Apéndice X).
Se ha dicho y repetido hasta la saciedad que si Colón tuvo la desgracia de morir en Valladolid olvidado de todos, Vespucio, más afortunado, cinco años antes de su muerte, vió que al nuevo continente se le daba en su honor el nombre de América. Es cierto que Colón murió olvidado en la ciudad del Pisuerga, y también lo es que el Nuevo Mundo recibió el nombre de América en honor de Américo Vespucio, uno de los primeros exploradores de aquellas tierras; pero cuya fama es bastante menor que la de Cristóbal Colón. El nombre de América, aplicado al conjunto de las regiones que forman el Nuevo Mundo, aparece, por vez primera el 1507, en un opúsculo publicado en Saint Dié (Lorena) por jóvenes del Gymnase Vosgien, asociación de literatos e impresores constituída con el apoyo y protección del duque de Lorena. El citado nombre, bajo la primitiva forma de Amerrique fué introducido en la Cosmographiæ Introductio, capítulo IX, por Hylacomylus (o sea Waldseemüller), profesor de Geografía de Saint Dié.
Trasladaremos a este lugar las palabras de Waldseemüller: «Pero ahora estas partes (Europa, Asia y Africa), han sido más extensamente exploradas, y otra cuarta parte ha sido descubierta por Américo Vespucio (como se verá luego); y no veo qué razón impediría llamarla Amerige o América, esto es, tierra de Américo, según el nombre de su descubridor Américo, varón de sagaz ingenio, así como Europa y Asia traen sus nombres de mujeres. Su situación y las costumbres de sus habitantes, se comprenderán claramente por las dos navegaciones de Américo, que siguen»[596]. Dícese que el primero que se opuso a que se diera al nuevo continento el nombre de Américo, fué el insigne Miguel Servet, condenado a la hoguera en Ginebra por Calvino. Waldseemüller primero y la costumbre después pudieron más que la honrada protesta de Servet, y el nombre de América pasó lentamente al dominio público. Son raros los mapas del siglo XVI, en que los nuevos territorios se señalen como independientes del Asia y se les denomine América. En los citados mapas, además del nombre América, se hallan otros, como Terranova, Brasil, Santa Cruz, Atlántide, Peruana y Nueva India. Ya en el siglo XVII se admitió por todos la denominación de América. «Ni presión oficial--escribe Reclus--ni la intervención de famosos escritores, intervinieron en la paulatina adopción de la palabra; proviene de los mismos pueblos. La eufonía entra por mucho en la acogida favorable que obtuvo de los idiomas europeos: merced a esta eufonía, la enumeración de los continentes, termina de una manera agradable al oído: Europa, Asia, Africa y América. En los anales de la humanidad, ya tan llenos de injusticias, la cadencia de las sílabas ha contribuído a que prevalezca una injusticia más»[597].
[596] Nunc vero et haec partes sunt latius lustrate et alia quarta pars per Americum Vesputium (ut in sequentibus audietur) inventa est: quam non video un quis iure vetet ab Americo inventore sagacis ingenii viro Amerigem quasi Americi terram sine Americam dicendam: cum et Europa et Asia a mulieribus sua sortita sunt nomina. Eius situm et gentis mores ex bis binis Americi navigationibus que sequntur liquide intellige datur.
[597] Geografía Universal, América del Norte, etc., págs. 2 y 3.
Del escritor norteamericano Charles F. Lummis son las palabras que copiamos: «Llamar América a este continente en honor de Amérigo Vespucio fué una injusticia, hija de la ignorancia, que ahora nos parece ridícula; pero de todos modos, también fué España la que envió el varón cuyo nombre lleva el Nuevo Mundo»[598].
[598] Los exploradores españoles del siglo XVI en América, pág. 60.
Continuando el relato de las expediciones a las Indias, salieron dos en el año 1504: una mandada por Cristóbal y Luis Guerra, y otra a las órdenes de Juan de la Cosa. Las dos expediciones, después de haber saqueado las costas de Venezuela y de apoderarse de cuanta gente pudieron para venderla en seguida, sufrieron no pocos trabajos y terribles desgracias. Naufragaron varios buques junto al golfo de Darién, viéndose los expedicionarios en grandes apuros, sin exceptuar el hambre y las enfermedades. De los 200 individuos que salieron en ambas expediciones, pudieron llegar unos 40 a Jamaica, luego a Haití y, por último, a España. «En ese año de 1504--dice Reclus--cuando Colón dejó el Nuevo Mundo para ya no volver a él, conocíase en su mayor parte la costa oriental de los dos continentes, en tanto que el mar de las Antillas, la primera región descubierta, no se había explorado sino por la parte meridional. Desde el descubrimiento de las islas de Bahama por Colón, transcurrieron veinticinco años antes que las naves españolas penetrasen en el golfo de México, a no ser costeando la isla de Cuba. Para los españoles era poco importante la metódica exploración de las costas del Nuevo Mundo; lo que buscaban eran mares abundantes en perlas o bien tierras ricas en oro y esclavos»[599].
[599] Ibidem, pág 24.
La capitulación que los Reyes Católicos hicieron con Juan de la Cosa, se firmó en Medina del Campo el 14 de febrero de 1504[600]. Concedieron los reyes que el citado navegante pudiese ir a las tierras e islas de las Perlas, al golfo de Urabá y a otras islas y tierra firme del mar Océano que están descubiertas o por descubrir, siempre que no fuesen de las que descubrió Cristóbal Colón, ni de las islas y tierra firme que pertenecían al rey de Portugal. Exigían los reyes a Juan de la Cosa la quinta parte de todo lo que encontrase, y le dejaban las otras cuatro partes para que pudiera disponer de ellas a su voluntad. Le concedieron tomar seis o más indios de los que dejó en la Isla Española Rodrigo de Bastidas para llevarlos a las tierras del golfo de Urabá, como también a Juan Buenaventura, si quisiera ir con él; además podría tomar agua, leña u otros bastimentos, pagando por ellos lo que valieren. Le autorizaron para que él y los que le acompañasen, edificaran casas y pueblos, y cultivaran heredades. Mandáronle terminantemente que no llevase consigo a ningún extranjero. Hizo el viaje en cuatro navíos, y al Rey, por el quinto que le pertenecía de ganancias, le correspondieron 491.708 maravedís. A la Cosa se le concedieron 50.000 maravedís vitalicios.
[600] Archivo de Indias.--E. 139.--C. 1.--Colec. de doc. inéd., etc., tomo XXXI.
En la capitulación que se hizo con Alonso de Ojeda en Medina del Campo y con fecha 30 de septiembre de 1504[601], se disponía que el citado Ojeda podia ir a las tierras e islas de las Perlas, al golfo de Urabá, a la tierra antes descubierta por el mismo navegante y a otras islas y tierra firme del mar Océano, siempre que no fuesen de las descubiertas nuevamente por Colón (las cuales se hallan más allá de los lugares visitados antes por el mismo Ojeda y Rodrigo de Bastidas) ni de las que pertenecen al rey de Portugal. En las dichas tierras se le autorizaba para «resgatar é aber de otras qualesquier manera oro é plata é guanines é otros metales é alxofar é piedras preciosas, é mostruos é serpientes é animales é pescados, é aber especierias é droguerías é otras qualesquier cosas de qualquier género é nombre que sean, en tanto que non podays traer esclavos, salvo los questan en la isla de Santo Domingo é isla Fuerte, é en los puertos de Cartagena en las islas de Barú que se dicen Caníbales.» Mandaban los reyes que levantase una fortaleza donde antes la había hecho, o en otra parte que fuera más conveniente.
[601] Archivo de Indias.--E.139.--C. 1.º--Colec. de doc. inéd., etc., tomo XXXI, págs. 258-272.
Hízose otra Capitulación o Asiento por el Rey Católico (24 de abril de 1505) con Vicente Yáñez Pinzón, que se firmó en Toro y por la cual se autorizaba a dicho navegante poblar la isla denominada San Juan, que se halla en el mar Océano, cerca de la Española[602]. Hace notar el Rey los buenos servicios hechos por Pinzón, principalmente en la conquista de la Isla Española y en el descubrimiento de otras tierras e islas en el mar Océano.
[602] Arch. de Indias.--E.139.--C. 1.º. Col. de doc. inéd., etc., tomo XXXI. págs. 309-317.
Después del cuarto viaje de Colón, se suspendieron por breve tiempo las expediciones de los castellanos, y decimos por breve tiempo, puesto que en el año 1506, Fernando el Católico autorizó a Vicente Yáñez Pinzón y a Juan Díaz de Solís para que emprendiesen un viaje marítimo. En efecto, llegaron a la isla de Guanaja, y navegando al Oeste, reconocieron el golfo de Honduras y una parte de la costa de Yucatán.
Andando el tiempo, Fernando V expidió Real cédula (23 de marzo de 1508), encargando a Pinzón y a Solís que procurasen descubrir un Estrecho--si dicho Estrecho existía, como opinaban algunos--al Norte de Yucatán, y por el cual se comunicasen los mares Atlántico y Pacífico. Con tal objeto salieron de Sanlúcar el 27 de junio de 1508: Como la península del Yucatán era a la sazón conocida imperfectamente, la cédula decía que irían «a la parte del Norte facia Occidente.» Y con el objeto de evitar rozamientos con Portugal, se les prohibía arribar a las posesiones del dicho reino, pues tales eran las palabras de la Real carta. «No tocareis (en el Brasil) so aquellas penas é casos en que caen é incurren los que pasan é quebrantan mandamientos semejantes, que es perdimiento de bienes é personas é nuestra merced.»
Afirma algún historiador que Yáñez Pinzón y Díaz de Solís, faltando a las instrucciones recibidas, en vez de navegar por la costa septentrional de América en busca del Estrecho, se dirigieron al Sur explorando las costas hasta los 40° de latitud. Así lo dice el cronista Herrera, cuyas palabras trasladaremos a este lugar: «Partieron de Sevilla el año pasado (1508), y desde las islas de Cabo Verde fueron a dar en la Tierra Firme, al cabo de San Agustín»[603]. No creemos que tenga razón Herrera, por cuanto se halla probado que obedientes a las órdenes que habían recibido, los insignes navegantes recorrieron sólo la costa de la América Central, pasando cerca de Santo Domingo a la ida, y entrando a la vuelta en la dicha población. De igual modo cuenta la expedición el P. Las Casas[604].
[603] Década I, lib. VI, cap. IX.
[604] Hist. de las Indias, lib. II, cap. XXXIX.
Fué de lamentar que las rivalidades entre Pinzón y Solís les obligasen a volver a España[605]. Llegaron a las playas españolas a últimos de octubre del año 1509. Formóseles proceso por la Casa de la Contratación, resultando culpable Solís, a quien se mandó preso a la cárcel de corte, e inocente Yáñez Pinzón. Posteriormente, habiendo quedado libre y absuelto de todos los cargos Solís, se le pagaron, con fecha de 24 de abril del año 1512, treinta y cuatro mil maravedís como recompensa del tiempo de su prisión y pleito, además del salario de piloto mayor, de cuya plaza tomó posesión por fallecimiento de Américo Vespucio, asentándosele en los libros sólo sesenta y cinco mil maravedís, porque los diez mil restantes se asignaron como pensión a la viuda de su antecesor[606].
[605] En un asiento o capitulación hecho en Granada el cinco de septiembre de mil quinientos treinta y uno, los reyes dicen a Vicente Yáñez Pinzón que, recordando que «por nuestro mandado é con nuestra licencia é facultad fuísteis a vuestra costa é minsion con algunas personas o parientes é amigos vuestros» a descubrir ciertas islas y Tierra firme «Tenemos por bien é queremos, que en quanto Nuestra merced é voluntad fuere, ayades é gocedes de las cosas que adelante en esta capitulacion serán declaradas ó contenidas...» Después de descubrir Islas y Tierra Firme llegaron al Cabo de San Vicente, no sin sufrir grandes trabajos y bastantes pérdidas.--Colec. de doc. inéd., tomo XXII, págs. 300-307.
[606] Archivo general de Indias.--Ext. de Muñoz.--Conde Roselly de Lorgues.--Vida de Cristóbal Colón, tomo III, pág. 709.
Con fecha nueve de junio de mil quinientos ocho años, Diego de Nicuesa, caballero muy querido en la corte de Castilla, y el famoso piloto Juan de la Cosa, en representación de Alonso de Ojeda, solicitaron del Rey (1509) permiso para fundar colonias en las Islas y Tierra Firme de América. Obtuvieron en seguida lo que deseaban. Dividióse dicha Tierra Firme, trazando una línea en el golfo de Darién, dando la parte oriental (Nueva Andalucía) a Alonso de Ojeda y la parte del Norte y la del Oeste (Castilla del Oro) a Nicuesa. La Nueva Andalucía, por tanto, comprendía desde el cabo de la Vela hasta la mitad del golfo de Urabá; la Castilla del Oro desde el golfo de Urabá hasta el cabo Gracias a Dios. Indispusiéronse ambos gobernadores (Ojeda y Nicuesa), resolviendo el conflicto Juan de la Cosa, quien fijó como límite de los dos gobiernos las bocas del Atrato o Río Grande del Darién, según entonces se le llamaba. Con el objeto de comenzar sus expediciones, Ojeda y Nicuesa se encaminaron a la Española.
Se disponía en la capitulación que los dos jefes pudiesen fletar en la Española los navíos que necesitasen, como también se les autorizaba para llevarse seiscientos hombres además de los doscientos que fuesen de Castilla. Mandábase a Fray Nicolás de Ovando, gobernador de la isla, que diese todo el favor y ayuda que necesitaran Ojeda y Nicuesa. Y terminaba ordenando a dicho Gobernador que guardase y cumpliese la citada capitulación. En el otoño del año 1509 salió Alonso de Ojeda llevando cuatro buques y 300 hombres de dotación; entre los últimos se encontraba el extremeño Francisco Pizarro. El piloto Juan de la Cosa iba de lugarteniente o de segundo de la expedición. Poco después se hizo también a la mar Diego de Nicuesa, hombre que contaba con más recursos que Ojeda, pues pudo llevar siete buques y unos 700 hombres.
Desembarcó Ojeda donde a la sazón se encuentra Cartagena (Colombia) y, no dando oídos a Juan de la Cosa, penetró en el país y cayó sobre la primera aldea que encontró, matando a los indios que se resistieron y llevándose prisioneros a los que pudo coger vivos. Cuando los españoles se entregaron al descanso, fueron sorprendidos por los caribes de las aldeas inmediatas, quienes les mataron, entre ellos a Juan de la Cosa, salvándose únicamente Ojeda, gracias a su gran escudo y a su destreza para parar los flechazos. Corrió Ojeda hacia la playa, donde se escondió por no poder llegar a sus buques. Afortunadamente acertó a pasar por la costa Nicuesa, que caminaba hacia las tierras que le habían sido concedidas. Al ver Nicuesa los buques sin jefe, determinó ir en busca de los expedicionarios con la gente de a bordo. Hallaron a Ojeda en lo más espeso de un manglar, extenuado por la fatiga y el hambre. Luego fueron al sitio de la lucha, donde encontraron el cadáver de Juan de la Cosa atado a un árbol y casi cubierto de flechas, hasta el punto que parecía un erizo.
Regresaron a los barcos, y mientras Nicuesa seguía su rumbo a Veragua, Ojeda se dirigió más al Oeste, donde, a orillas del golfo de Urabá, fundó, en los comienzos de 1510, una colonia defendida por un fuerte (San Sebastián) hecho de troncos de árboles[607]. En la fortaleza tuvieron que guarecerse los expedicionarios por temor a los indios caribes, que eran tan fieros como los de la costa de Cartagena. En apuro tan grande, fué no poca dicha para ellos cuando vieron llegar un buque cargado de víveres con gente aventurera y aun maleante. Ayudado Ojeda por los recién llegados, emprendió lucha tenaz con los salvajes, teniendo la desgracia de ser herido en un muslo con una flecha envenenada. Salvóse de la muerte haciendo cauterizar la herida con un hierro candente para prevenir los efectos inevitables del veneno, cubriéndola luego con paños empapados en vinagre. Ya curado, marchó a Haití en busca de recursos, dejando a Francisco Pizarro como jefe; pero con orden de marchar con su gente a Veragua, si no volvía en el plazo de cincuenta días. Desembarcó Ojeda en la costa meridional de Cuba, recorriendo luego unas 50 leguas por la playa, atravesando lagunas y marismas, hasta que con sus compañeros de desgracia, extenuado y medio muerto de hambre, pudo llegar a una aldea india, donde halló hospitalidad. Allí hizo construir una capilla dedicada a la Virgen, cuya imagen, pintada por un artista flamenco, regalo de su protector el obispo Fonseca, llevaba siempre pendiente del cuello. Los indios condujeron a Ojeda y a los suyos en una piragua hasta dejarlos en Haití. Por cierto que al llegar a Haití aquella gente deseosa de aventuras--cuyo jefe se llamaba Talavera, y que poco antes, según se ha dicho, había auxiliado a Ojeda contra los salvajes--cayó en poder de la justicia, pagando con la muerte las cuentas que tenía atrasadas. Ojeda fué absuelto; pero sin recursos y sin auxilio alguno, murió en la mayor pobreza, allá por el año 1515. Dícese que en su testamento dejó ordenado, en expiación de su orgullo, que se le enterrase en el umbral de la puerta del convento de San Francisco (isla de Santo Domingo) para que los que entrasen y saliesen del templo tuvieran que hollar su tumba.
[607] No deja de llamar la atención que, con fecha 28 de febrero de 1510, los reyes (Doña Juana y su padre Don Fernando) desde Madrid dirigiesen Real Cédula a Don Diego Colón, Almirante y gobernador de las Indias, para que, en lugar de los 600 hombres que a Nicuesa y Ojeda se les permitió sacar de la Isla Española, fuesen sólo 200, pues habían sido avisados que sacando los dichos 600 hombres recibiría la isla mucho daño.--Archivo de Indias.--E. 139.--C. 2.--Colec. de doc. inéd., etcétera, tomo XXXI, paginas 533-535.
La siguiente Real Provisión, dada por la reina Doña Juana y por su padre Don Fernando en la ciudad de Burgos el 5 de octubre de 1511, indica la mala opinión que se tenía de Alonso de Ojeda y de sus cómplices[608]. Dice así:
[608] Hallase el original en el Archivo de Simancas.
«Doña Juana, etc. A vos nuestros jueces de apelacion de las islas, Indias e tierra firme del mar Océano que residís en la isla Española, salud e gracia. Sepades de que yo he sido informada que Alonso de Hojeda seyendo nuestro gobernador de la provincia de Urabá, que es en la tierra firme del mar Océano, hizo muchos delitos e escesos, especialmente que estando en la dicha provincia hizo matar dos hombres, al uno degolló e a otro ahorcó, e hizo azotar otros dos hombres, e cortar la lengua a otro, e herrar a otro en la frente, e cortar dos dedos a otro, lo cual hizo e mandó hacer sin ser oídos a justicia, no guardándoles la orden del derecho; e diz que hizo nuevo juez y oficiales de justicia para los sentenciar y ejecutar, y dijo: que aunque fuésemos deservidos, sería gobernador en la provincia de Urabá, e que vernía a la dicha isla Española, e cortaría la cabeza al Almirante D. Diego Colon, nuestro visorey e gobernador de la dicha isla; e lo llamó traidor e otras palabras de injuria, e dijo que llevaría a D.ª María su mujer del dicho Almirante a la dicha provincia de Urabá, e que vernía la vía de la dicha isla Española e de San Juan, e que tomaría puercos e pan, e que procuraría de tomar alguna nao de las que fuesen o viniesen de Castilla a las dichas Indias e con esta intencion el dicho Alonso de Hojeda e Bernaldino de Talavera, vecino que fué de la dicha isla Española, habiéndose alzado con una nao e hurtado él e otros muchos vecinos de la dicha isla; e yéndose a Urabá en la dicha nao, salieron de la dicha provincia de Urabá con propósitos dañados de seguir un viaje a la dicha isla Española, como dicho es, e con tiempos e vientos contrarios diz que aportaron a la dicha isla de Cuba, donde diz que dicho Alonso de Hojeda hizo e cometió otros muchos delitos e desconciertos, e quel dicho Bernaldo de Talavera, después que en la dicha isla de Cuba entraron, se apartó de la compañía del dicho Alonso de Ojeda, e con la mayor parte de la gente que los susodichos llevaban en la dicha nao, se hizo jurar por capitan, e la dicha gente lo juró e puso de su mano alguaciles, no lo pudiendo hacer, e diz que ansí se entraron dicho Bernaldino de Talavera e los que le siguieron la tierra adentro por la dicha isla de Cuba, donde hicieron muchos delitos e escesos, maltratando los caciques e indios de ella, tomándoles sus haciendas e mantenimientos contra su voluntad, sin se lo pagar, e forzándoles las mujeres, sacandolas de su poder por fuerza para las traer consigo por sus mancebas, e hiriéndoles e injuriándoles grave e atrozmente...»
Encarga la Reina a los jueces que se informen de todo lo que hicieron en todas partes Ojeda, Talavera y demás personas; hecha la información procedan contra los culpantes e contra sus bienes imponiéndoles las mayores y más graves penas civiles y criminales[609].
[609] Véase la Real provisión en la Historia de Colón, de Roselly de Lorgues, tomo III, páginas 880-882.
Pasados los cincuenta días fijados por Ojeda, como poco antes se dijo, salió Pizarro con los dos buques que le habían dejado camino de Santo Domingo; pero uno de los barcos zozobró en una tempestad, y el otro, en el que iba Pizarro, ya a punto de hundirse, fué sustituido por un buque armado en el citado Santo Domingo.
Acerca del viaje de Nicuesa hemos de decir que, habiendo salido en noviembre de 1509 desde la costa, donde al presente se halla Cartagena, hacia el istmo de Darién y desde allí a Veragua, por la poca exactitud de una carta de marear dibujada por Bartolomé Colón, fué más lejos, teniendo la desgracia de perder todos sus buques. Habiendo logrado salvar la tripulación, se estableció en el puerto de Bastimentos, en cuyo lugar se fijó y denominó a la colonia Nombre de Dios. Cuentan que exclamó: «Detengámonos aquí en nombre de Dios»[610].
[610] Diego de Nicuesa fundó el fuerte de Nombre de Dios el 1509, trasladándose luego a San Felipe de Puertovelo. La ciudad de Nombre de Dios fué quemada por los ingleses (13 agosto 1596) y San Felipe se fundó por D. Francisco de Valverde y Mercado(20 marzo 1597). Col. de doc. inéd., etcétera, tom. IX, pág. 108.
Desde que Cristóbal Colón, en su primer viaje, tomó posesión de Haití (Isla Española) el 12 de diciembre de 1492, aquella fué la primera colonia europea en el Nuevo Mundo y la capital o centro del poder español en aquellas lejanas tierras.
Respecto a la isla de Cuba, descubierta también por Colón en su primer viaje (al anochecer del 27 de octubre del citado año), quedó casi olvidada por algún tiempo. Llamábanse siboneyes sus primitivos habitantes. En 1508 Nicolás Ovando, gobernador de la Española, mandó a Sebastián de Ocampo, con dos carabelas, para bojear a Cuba. Recorrió Ocampo la costa de Cuba y probó que era una isla. Ya en 1511, Diego Colón, gobernador de la Española, dispuso que Diego Velázquez, natural de Cuéllar (Segovia), fuera a poblar la mencionada isla. El cacique Hatuey trató de impedir el desembarco de los españoles; mas vencido hubo de retirarse a los montes, siendo al fin hecho prisionero y condenado a morir en la hoguera. Como un fraile franciscano le dijera que se hiciese cristiano, único modo de ir al cielo, el indígena contestó que no quería ir al cielo, porque allí iban los cristianos.
La isla de Puerto Rico, que descubrió Colón en su segundo viaje, fué explorada en el año 1500 por Juan Ponce de León, a quien recibió amistosamente el cacique Agueynaba. Ovando, noticioso de que en la isla de Borinquen se encontraba en abundancia el oro, mandó una expedición de 200 españoles bajo las órdenes de Juan Cerón; pero considerándose preterido Juan Ponce de León, acudió a los Reyes Católicos, quienes le nombraron gobernador de Puerto Rico. Tuvo que sofocar cerca de Añasco un levantamiento de los indios contra los encomenderos. Reedificó Ponce de León la villa de Sotomayor y fundó la de San Germán.
Los españoles establecidos en Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico, averiguaron la existencia de varias tierras situadas en la parte septentrional, donde, entre otras cosas maravillosas, había una fuente o río cuyas aguas tenían la virtud de remozar a los viejos que las bebían. Llevado de la curiosidad o de la idea de lucro. Juan Ponce de León, gobernador que había sido de Puerto Rico, armó tres naves y se hizo a la vela el 3 de marzo de 1512. Saliendo de la isla de Puerto Rico y corriendo al Noroeste cincuenta leguas, dió, el día 8, con los bajos de Babueca, reconociendo después las isletas de los Caicos, Yaguna, Amaguayo y Maniguá, llegando el 14 a Goanahaní, que situó en 25 grados, 40 minutos. Continuó navegando al Noroeste hasta que el Domingo de Pascua, 27, vió tierra que el mal tiempo no le permitió reconocer, continuando en la misma dirección hasta el 2 de abril que llegó a una isla llamada por los indios Cautío, y que él denominó Florida, ya por haberla descubierto en la pascua de flores, ya porque se ofreció a su vista llena de verdura, de árboles y flores. Desembarcó Punce de León y tomó posesión de ella a nombre del rey de España.
El día 8 continuó su derrota entre violentas corrientes, viéndose obligado a fondear cerca de tierra, no sin que una de las naves se perdiese de vista. Ponce no encontró buena acogida de parte de los indígenas, con los cuales tuvo que pelear; retiróse a un río que llamó de la Cruz, donde esperó en vano el bergantín perdido. El 8 de mayo dobló el cabo de Cañaveral, que él llamó de Corrientes por la fuerza que allí tienen. Reconociendo la costa halló hacia los 27 grados dos islas, una tercera más al Sur y una cadena de isletas que nombró los Mártires. Recorrió la costa sin notar que era tierra firme, encontrando en todas partes indios suspicaces, sumisos a veces y fieros otras.
Después de algunos días determinó dar la vuelta a la Española y a Puerto Rico. Al paso descubrió nuevas islas y reconoció otras vistas anteriormente. A un grupo de ellas dió el nombre de Tortugas por la abundancia que de ellas había, a otras denominó de la Vieja, porque sólo pudo ver una vieja india y que recogió en sus navíos. El 25 de julio se encaminó a Biminí, en cuya tierra se suponía que estaba la fuente prodigiosa; continuó navegando hasta que descubrió la isla de Bahama. Desde la isla de Bahama corriendo al Oeste cuarenta leguas, se encuentra, según Oviedo, la tierra de Biminí. Salió de Bahama con mucho trabajo el 6 de agosto, llegando el 16 a una de las islas Lucayas. En Guanimá compuso los navíos de sus averías, acordando allí que Juan Pérez de Ortubia con el piloto Antón de Alaminos y algunos indios prácticos se dirigiesen con un navío a reconocer la isla de Biminí, en tanto que él continuaba su viaje a Puerto Rico, a cuya isla llegó el 21 de septiembre. Pocos días después entró el otro navío que fué a Biminí, sin tener la fortuna de encontrar la fuente milagrosa; pero en cambio, halló una isla grande, con muchos árboles y abundantes aguas. Si este viaje fué de poca utilidad para Ponce de León, tuvo interés para la navegación que se hace por el canal de Bahama de regreso a España, y también por el descubrimiento de tantas isletas, bajos, restingas y canales, que hacen peligrosas las derrotas por aquellos mares.
[Ilustración:
FOTOTIPIA LACOSTE--MADRID.
VASCO NÚÑEZ DE BALBOA.]
CAPÍTULO XXVII
DESCUBRIMIENTO Y EXPLORACIÓN DEL GRANDE OCÉANO U OCÉANO PACÍFICO POR NÚÑEZ DE BALBOA.--BALBOA ANTES DEL DESCUBRIMIENTO.--FORMA PARTE DE LA EXPEDICIÓN DE ENCISO.--DESGRACIA DE ENCISO.--POLÍTICA DE BALBOA.--LUCHA ENTRE LOS AMIGOS DE ENCISO Y LOS DE BALBOA.--NICUESA EN SANTA MARÍA LA ANTIGUA.--HUYE DE SANTA MARÍA Y SU MUERTE.--ENCISO SALE PARA ESPAÑA.--BALBOA Y EL CACIQUE CARETA.--BALBOA PENETRA EN EL INTERIOR DEL PAÍS.--SU CARTA AL REY.--DESCUBRIMIENTO DEL PACÍFICO.--IMPORTANCIA DEL DESCUBRIMIENTO.--D. PEDRO ARIAS DÁVILA, GOBERNADOR DE LA COLONIA DE DARIÉN.--ENEMIGA ENTRE BALBOA Y PEDRARIAS.--BALBOA SE PRESENTA A PEDRARIAS.--MUERTE DE BALBOA.--PEDRARIAS TOMA LA PROVINCIA DE PAQUE.
Consideremos el descubrimiento del Océano Pacífico o mar del Sur en el año 1513, por Vasco Núñez de Balboa. Era Balboa natural de Jerez de los Caballeros (Badajoz), donde nació por el año 1475. Cuando apenas contaba veintiséis años formó parte de la expedición dirigida por Rodrigo de Bastidas. Partió de Sevilla en octubre de 1501, y tras feliz travesía arribó a las costas del Nuevo Mundo, recorriendo y explorando desde el Cabo de la Vela hasta el puerto de Nombre de Dios. Dió la escuadra en unos arrecifes, de los cuales pudieron salir los expedicionarios, no sin que las naves sufriesen averías de importancia. Balboa, como otros compañeros, llegaron a la isla Española, donde a la sazón era gobernador Don Francisco Bobadilla. Obtuvo autorización para permanecer en la isla en calidad de colono y se le concedieron terrenos y esclavos.
Deseaba Balboa salir de aquella situación tan contraria a sus inclinaciones. Pronto se le presentó ocasión propicia. El bachiller Martín Fernández de Enciso comenzó a reclutar gente en Santo Domingo para una expedición. Salió de la isla (febrero de 1510) con dos buques, 150 hombres, algunos caballos y muchas armas. Prohibió el gobernador que se embarcasen los que tuvieran alguna causa pendiente. En este caso se encontraba Núñez de Balboa; pero ayudado, no se sabe por quién, se hizo llevar a bordo dentro de una barrica, burlando de este modo la vigilancia de Bobadilla. En alta mar salió de su escondite. «Y de ese modo, teatral y picaresco, digno de un Gil Blas o de un Guzmán de Alfarache--escribe el Sr. Ruiz de Obregón--, comenzó Vasco Núñez de Balboa su camino de aventuras y de titánicas y legendarias empresas»[611].
[611] Vasco Núñez de Balboa, pág. 27.
Enciso, desgraciado como Ojeda y Nicuesa, hubo de naufragar en la Punta Caribana (extremo oriental del golfo de Darién). Murieron bastantes a manos de los indios, y los restantes, tristes y desalentados, no tuvieron más remedio que dirigirse por la playa a la colonia de San Sebastián de Urabá, la cual encontraron quemada y arrasada. Ánimo les dió Balboa con el anuncio de que pronto encontrarían las deseadas minas de oro. Resolvieron pasar al otro lado del golfo y fijarse allí, sin embargo de que aquella costa formaba parte del territorio cedido por el Rey a Nicuesa. En la márgen del río Darién les esperaba el cacique Cemaco, más ganoso de guerra que de paz. Se dispuso a pelear con los españoles. Después de poner en salvo, en la espesura del bosque a las mujeres, ancianos y pequeñuelos de la tribu, el cacique se colocó en la cima de inmediata montaña al frente de los suyos. Contra ellos fué Balboa que los venció fácilmente, haciéndoles muchos muertos y huyendo los demás a unirse con los que antes habían marchado al interior del país.
Desde entonces aquel puñado de valientes se dispusieron a quitar la jefatura a Enciso. Ellos habían fundado la colonia de Santa María la Antigua del Darién, y ellos, por tanto, tenían el derecho de nombrar jefe. Dijeron, para dar visos de legalidad al hecho, que Enciso y los pocos que le seguían, se hallaban, como enviados o delegados de Ojeda, sin derecho a ejercer autoridad, puesto que la nueva colonia estaba situada en tierras de la jurisdicción de Nicuesa. Tales razones no convencieron a los partidarios de Enciso; pero los de Balboa, importándoles poco las amenazas de sus enemigos, eligieron para alcaldes de la villa a Vasco Núñez de Balboa y a Juan Zamudio. Con el objeto de poner paz entre los dos bandos, hubo quien propuso nombrar jefe a Diego Nicuesa, no comprendiendo que con esta solución se descontentaba a los amigos de Balboa y a los de Enciso.
Llegó por entonces un navío español, mandado por Rodrígo Enríquez de Colmenares, en busca de Nicuesa, a quien llevaba soldados, municiones y víveres. Enterado Colmenares de las discordias interiores de la colonia, propuso que se nombrase jefe--como ya se había intentado--a Nicuesa, toda vez que Santa María se hallaba dentro de su propia jurisdicción. Accedieron a ello, aunque no de buena gana, los dos partidos enemigos, y al efecto, salieron algunos comisionados en busca de Nicuesa.
Llamado Nicuesa por Balboa para que se encargase del gobierno de Santa María, o habiéndose enterado por Colmenares de todo lo que ocurría en tierras que a él le había cedido el Rey, lo cierto es que abandonó Nombre de Dios con 60 hombres que le quedaban y se dirigió a la colonia de Santa María la Antigua. Refieren algunos cronistas que antes de presentarse Nicuesa en Santa María la Antigua pidiendo auxilio a Balboa, dos colonos del Darién llegaron a Nombre de Dios decididos a ofrecer el gobierno al citado Nicuesa, volviendo tan disgustados de la entrevista que dijeron lo siguiente: «Libertándonos de Enciso hemos salido de los dientes del lobo; pero vamos a caer en las garras de un tigre.» Desde entonces la colonia del Darién se mostró obediente a las órdenes que diera Balboa.
Llegó Nicuesa a Santa María y en el desembarcadero pudo oir la voz del procurador del pueblo que le decía que se tornase a su gobernación de Nombre de Dios. Otros cronistas dicen que se mostró tan pedante y orgulloso, que los de la ciudad no quisieron recibirle. No fueron atendidos los ruegos de Nicuesa, el cual rogaba que si no le querían por gobernador le tomasen por compañero; pero los de la ciudad se negaban a ello porque se entraría por la manga y saldría por el cabezón[612]. Insistió Nicuesa diciendo «que aquella tierra adonde estaban entraba en los límites de su gobernación, y que ninguno podía en ella poblar ni estar sin su licencia...»[613].
[612] Herrera, Década I, lib. VIII, cap. VIII.
[613] Ibidem.
Quieras que no quieras, le obligaron a zarpar el 1.º de marzo de 1511 con 17 de los suyos, «y nunca jamás pareció, ni hombre de los que con él fueron, ni adónde, ni cómo murió»[614].
[614] Ibidem.
Creyeron algunos que aportó a Cuba y que los indios le mataron, fundándose en que tiempo adelante unos marineros que naufragaron en la isla de Cuba encontraron la siguiente inscripción grabada en un árbol: Aquí feneció el desdichado Nicuesa; pero según el cronista Gomara la inscripción decía: Aquí anduvo perdido el desdichado Diego de Nicuesa. «Lo que se tuvo por más cierto es que como llevaba tan mal navío, y los mares de aquellas partes son tan bravos y vehementes, la misma mar lo tragaría fácilmente, o que perecería de hambre y de sed»[615].
[615] Ibidem.
Llegó su turno a Enciso, a quien se obligó a marchar en el primer navío que salió para España.
Es de justicia confesar que la gratitud no fué nunca norma de conducta del valiente extremeño. Dueño absoluto del poder Núñez de Balboa, como temiera que en la metrópoli se agitasen en contra suya los amigos de Enciso y Nicuesa, mandó a su fiel amigo Zamudio para que de todo diese cuenta al Rey[616]. Procuró Vasco Núñez de Balboa mantener buenas relaciones, lo mismo con los colonos que con los indios, pues necesitaba de los últimos, ya para que le trajesen oro, ya para que le facilitaran provisiones. No pudo conseguir, aunque en ello tuvo empeño, ganarse la voluntad del cacique Cemaco. En efecto; dicho cacique, que siempre andaba buscando ocasión para vengarse, hizo que algunos de los suyos diesen noticia a Balboa del mucho oro que se encontraba en la región denominada Dobayba, distante de allí unas treinta leguas, proponiéndose con el engaño atraer a los españoles hacia los bosques y caer allí sobre ellos. Balboa envió como explorador a Francisco Pizarro, el futuro conquistador del Perú, quien se vió sorprendido, y a malas penas él y su pequeña hueste pudieron salvarse, teniendo que volver a Santa María. El mismo Núñez de Balboa salió en persona al frente de unos cien hombres y llegó al pueblo de Coyba, residencia del cacique Careta. Apoderóse del pueblo, haciendo prisionero al cacique y a toda su familia; cayeron bajo su poder muchas provisiones y algún oro. Hízose la paz entre Balboa y Careta, recibiendo aquél en prenda una hija del cacique, joven bastante agraciada, la cual ejerció sobre nuestro héroe más influencia que debiera. Vasco Núñez y Careta se dirigieron contra el vecino cacique Ponca, quien se internó en los bosques próximos mientras que aquéllos entraban a saco en la población abandonada.
[616] En el mismo barco que marchó Zamudio salió también Enciso.
Otra expedición dispuso Balboa a Dobayba, lugar de muchas riquezas y abundante de oro, según se decía por los indios; sólo encontró, después de penosas jornadas, el territorio del cacique Mibeyba, cuyos habitantes vivían en las ramas y copas de los árboles, a causa de que el suelo estaba siempre inundado por las aguas de próximas lagunas. Consiguieron los españoles comunicarse con aquellos indios, ya cortando o ya quemando los troncos de los árboles más corpulentos; pero nadie les dió noticia del oro y riquezas que buscaban con tanto empeño como codicia.
Decidido Balboa a penetrar más en el interior, quiso amedrentar a los indígenas vecinos, lo que consiguió entrando a saco los pueblos de Cemaco y de Tichirí, cogiendo prisioneros algunos jefes guerreros, a los cuales hizo decapitar.
Por mediación de su amigo Careta, logró Balboa atraerse al poderoso Comagro. Uno de los hijos del citado cacique le dió noticia de un mar muy grande que se extendía al Sur, añadiendo que siguiendo las costas de dicho mar en dirección Sudeste se llegaría a una región habitada por gentes belicosas y donde abundaban las perlas y el oro. Es de creer que tales noticias se referían al Perú, siendo de advertir que entre los oyentes se hallaba Francisco Pizarro, valiente conquistador de aquellas tierras. No dejó de decirle también que, para llegar al mar del Sur, era preciso atravesar profundos pantanos, impetuosos ríos, espesos bosques y altas montañas, como de igual modo había que luchar con feroces indios de todas aquellas comarcas, habiendo de encontrar, a las seis jornadas a Tubanamá, cacique de instintos sanguinarios. «Nada podéis hacer--y estas fueron las últimas palabras que el indio de Comagro dijo a Núñez de Balboa--si no contáis por lo menos con 1.000 españoles armados como los que aquí tenéis».
Inmediatamente Vasco Núñez participó tales noticias a D. Diego Colón, gobernador de Santo Domingo, rogándole al mismo tiempo que empleara sus buenos oficios para que el Rey le mandase los 1.000 hombres que necesitaba para su empresa.
Después de tres años, escribió (21 enero 1513) Balboa al Rey censurando la política de Enciso. Entre otras cosas decía: «Ruego a V. A. que ordene que ningún bachiller en Derecho o en otra ciencia, a excepción de la Medicina, venga jamás a estas comarcas, bajo pena de un grave castigo, pues no viene aquí uno que no sea un demonio... y no sólo son malos en sí mismos, sino que además enseñan el mal a los demás, y tienen mil medios de multiplicar las discordias y los pleitos.»
No teniendo paciencia para esperar el resultado de sus gestiones cerca de D. Diego, se embarcó el 1.º de septiembre con dirección a Coyba. Al frente de los suyos y de los indígenas que puso Careta a su disposición marchó desde Coyba por angosta faja de tierra que separa los dos océanos y une las dos grandes partes del continente americano. Veinte días tardó Balboa en hacer el viaje, en cuyo tiempo hubo de recordar muchas veces la exactitud de las noticias que le diera el hijo del cacique. El 26 de septiembre de 1513 pudo contemplar de cerca una de las mayores cordilleras de los Andes. Al pie del alto pico estaba situado el pueblo del cacique Cuareca. Comenzaron a subir. A poco señalaron los guías una eminencia desde la cual ya se veía el inmenso Océano. Quería ser el primer español que lo contemplase. Fijo en esta idea, ordenó hacer alto, y habiendo mandado a los suyos que no se movieran de aquel sitio hasta que él les avisase, trepó hasta la cima de la montaña y tendió la vista sobre un mar sin límites. Cayó de rodillas, elevó sus manos al cielo y dió gracias a la Providencia por haberle concedido dicha tan grande. Ya pudo avisar a sus compañeros, quienes, como su jefe, elevaron a Dios sus oraciones. «Alabemos a Dios--dijo Balboa--que nos ha concedido ser los primeros en pisar esta tierra jamás hollada por planta de cristianos, y en contemplar ese mar jamás surcado por naves de dichos cristianos, ofreciéndonos la dicha de dilatar la doctrina del Evangelio y de llevar a cabo dilatadas conquistas.» Cortaron ramas de un árbol e hicieron con ellas una cruz, que pusieron en el mismo sitio donde poco antes se arrodilló Núñez de Balboa, amontonando en torno de ella algunas piedras a manera de pedestal. Postrados todos ante la divina insignia, uno de ellos, que era sacerdote, entonó el Te Deum laudamus. «Jamás, jamás--dice Wáshington Irving--ha subido al trono del Todopoderoso desde ningún lugar santificado, oblación más pura ni más sincera que la elevada en tan solemne momento desde la cúspide de aquella montaña, sublime altar de la naturaleza.»
Valderrábano, notario real y secretario de Núñez de Balboa, redactó un acta en presencia de «los caballeros, hidalgos y hombres de bien que concurrieron al descubrimiento del mar del Sur a las órdenes del muy noble señor capitán Vasco Núñez de Balboa, gobernador de Santa María y Adelantado de Tierra Firme.» Entre los que le acompañaban citaremos a Francisco Pizarro, Andrés Vara (clérigo) y Juan Mateos Alonso (Maestre de Santiago). Después de grabar en los árboles inmediatos al pedestal los nombres de los reyes de Castilla, comenzaron a bajar el monte para llegar a la playa. Tres días duró el descenso, no sin que se viesen acometidos por los indios de Chiapes. Hecha la paz con los citados indios, en cuyo pueblo de Chiapes dejó parte de su gente, acompañado de 26 hombres solamente y del cacique de aquella tierra con varios de sus guerreros--pues los enemigos se habían convertido en auxiliares--llegó a una bahía que denominó de San Miguel por haberla descubierto en el día de dicho santo. Era por la tarde cuando logró tocar en la costa y en ocasión que la marea había descendido. El agua se hallaba a la distancia de una media legua. Sentado con su acompañamiento a la sombra de los árboles, esperó la pleamar, y cuando llegó ésta, se levantó, vistió sus armas, tomó una bandera en que aparecía la imagen de la Virgen y debajo las armas de Castilla y de León, desnudó la espada y agitando en la otra mano la bandera, penetró en el mar hasta que el agua le llegó a las rodillas. Allí proclamó a los muy altos y poderosos reyes D. Fernando y Doña Juana, en cuyo nombre tomaba posesión de aquellos mares y de todas las tierras que bañaban, añadiendo que estaba pronto y preparado para defenderlas y mantenerlas. Si los 26 españoles que presenciaban el acto se sentían entusiasmados, los indios permanecían atónitos, no comprendiendo tales cosas.
Unos dos meses permaneció Vasco Núñez de Balboa en aquellos sitios, emprendiendo varias expediciones peligrosas. No sólo se había propuesto el descubrimiento del mar del Sur o Pacífico, sino también el de explorarlo y reconocer la costa, deseoso de encontrar el rico país anunciado por el hijo del cacique de Comagro y de otros indios, que después confirmaron lo dicho por aquél.
Con grandes trabajos pudo Balboa construir dos bergantines en la costa del Atlántico, los cuales transportó a la del Pacífico y se dió a la mar. Eran los primeros buques de construcción europea que surcaban aquellos mares y el primer hombre del antiguo mundo que navegaba por ellos. Anduvo hasta unas 20 leguas más allá del golfo de San Miguel y no descubrió el Perú porque vientos contrarios no le permitieron seguir aquella ruta, dirigiéndose entonces al archipiélago llamado por él de las Perlas, donde a la sazón trataba de construir otros dos bergantines. Aunque Balboa había recibido del Almirante Diego Colón, gobernador de Haití, nombramiento de jefe de la colonia, le remordía seguramente la conciencia por lo que hiciera con Enciso y con Nicuesa, y temía recibir malas noticias de la metrópoli, tal vez su deposición y aun su prisión. En efecto, los presentimientos de Balboa salieron ciertos. El obispo Fonseca, director del departamento de Indias, no le perdonaba el comportamiento que había tenido con Nicuesa, persona muy estimada por el prelado. Ignoraba, además, Fonseca el brillante descubrimiento del Pacífico y otra cosa para la corte del Rey de más importancia, cual era el envío de un buque con la relación de su atrevido viaje. 20.000 castellanos de oro y 200 de las mejores perlas. El 21 de enero de 1514 volvió a Santa María el descubridor del Pacífico, después de cuatro meses y veinte días de haber salido.
Don Pedro Arias de Avila (Pedrarias Dávila) fué nombrado gobernador de la colonia del Darién. Era hermano del conde de Puñonrostro y muy querido en la corte. Este anciano sexagenario se embarcó en Sanlúcar el 12 de abril de 1514 en 20 buques y llevando más de 1.500 hombres; desembarcó en Santa María la Antigua el 30 de junio del citado año. El nuevo gobernador de Castilla Aurífera, como quiso el Rey que se llamara la tierra descubierta y conquistada por Vasco Núñez de Balboa, llevaba consigo, además de su mujer, Doña Isabel de Bobadilla, sus hijos y servidumbre, a Juan de Ayora como vicegobernador, a Gaspar de Espinosa como alcalde mayor de Santa María, al bachiller Enciso como alguacil mayor (cargo que aceptó para vengarse de Balboa), a Fernández de Oviedo (autor después de la Historia general de las Indias) como veedor o inspector de las minas, a Alonso de la Fuente como tesorero real, y al franciscano Fr. Juan de Quevedo como obispo de la provincia del Darién. Cuando Pedrarias Dávila arribó a la colonia de Santa María la Antigua y supo que Balboa, con otros expedicionarios, había descubierto el mar del Sur, su ira no tuvo límites, comprendiendo desde aquel momento que Balboa, más que subordinado suyo, era odioso rival. Al enterarse luego de las cualidades de dicho caudillo, pudo apreciar su inteligencia y su valor. Desde aquel momento juró perder a Balboa. Mientras que Pedrarias veía cómo Balboa navegaba con dos bergantines, y pronto iba a tener cuatro, siendo querido de los españoles y respetado por los indios, él contemplaba desorganizada su expedición, muerta su gente de hambre o enferma por el clima, perdido casi el Darién y envalentonados los indígenas. Temía, además, que los colonos llegasen a quitarle el gobierno para dárselo a Balboa. La enemiga de Pedrarias Dávila a Núñez de Balboa no dejaba de tener fundamento. No hemos de negar a este propósito que Balboa--con fecha 16 de octubre de 1515--desde Santa María la Antigua, escribió a Fernando el Católico, dándole noticia de la mala gobernación de Pedrarias. Decíale--entre otras cosas peregrinas--que tanto el gobernador, como sus allegados y amigos, únicamente se cuidaban de tomar todo lo que podían y de matar cruelmente indios. Refiere que él (Núñez de Balboa), a la cabeza de unos 200 hombres, había penetrado en la provincia de Davaibe, cuyo cacique estaba receloso y alzado contra los cristianos. Averiguó que a las diez jornadas de allí se encontraban muchas minas de oro; pero hubo de volverse al Darién porque no halló de comer en aquella tierra, la cual estaba empobrecida a causa de la langosta. Obligáronle también a ello la actitud belicosa de los indios. Acerca del gobernador Pedrarias Dávila, afirmaba que era muy viejo y estaba enfermo, importándole poco que sus capitanes hurtasen oro y perlas en sus entradas en la tierra. Era aficionado a decir mal de los unos a los otros, codicioso, descuidado, suspicaz y envidioso. «Y por no ser más prolijo--añade--dejo de hazer saber a V. R. A. otras infinitas cosas, que consisten en su mala condicion, y que no había de caber en persona que tan gran cargo tiene y tanta y tan honrada gente ha de regir y administrar. Lo que a V. M. suplico, porque yo no sea tenido en posesion de maldiciente, es que mande tomar informacion desto que yo digo, de todas las personas que destas partes van, y verá V. A. claramente ser verdad todo lo que tengo dicho»[617]. Decía después que la tierra era muy rica, hermosa y sana.
[617] Archivo de Indias.--Patronato Real. Estante I, cap. I, legajo 26, núm. 5. Colección de doc. inéd. relativos al descubrimiento, conquista y colonización en América y Oceanía, tomo II, página 536.
Poco después Alonso de la Fuente y Diego Márquez escribieron una carta, con fecha 28 de enero de 1516, desde Darién, al citado monarca, manifestando que el gobernador Pedrarias Dávila había salido para la costa del Norte, desembarcando en el puerto de Acla. Allí--decían--dió comienzo a la edificación de una fortaleza y de un pueblo; pero habiendo enfermado gravemente, dió la vuelta al Darién, dejando encomendadas las obras a Lope Dolano. Igualmente--añadían--se está edificando otro pueblo en dicha costa y en el paraje de la isla de las Perlas. «En esta salida que hizo el dicho Gobernador muestra la gente mucho contentamiento de su conversacion, y segun del trato que dizen que ha hecho a los indios, creemos que, si su enfermedad tan continua no le hobiera impedido, que hobiera mucho aprovechado haber entrado por la tierra en las cosas que V. A. tiene mandado»[618]. «Y bien creemos--dicen los citados Puente y Márquez--que entretanto quel Obispo estoviere en estas partes, nunca cesarán pasiones o impedimentos al servicio de V. A. é al bien general de la tierra»[619].
[618] Col. de Doc. inéd., etc., tomo I, pág. 541.
[619] Ibidem, pág. 548.
Después de breve expedición por las costas inmediatas y de corta estancia en las islas de las Perlas, regresó Vasco Núñez al río de las Balsas donde esperaría los refuerzos que había pedido a Pedrarias.
Cuenta Herrera que en este corto viaje, una noche que Balboa contemplaba pensativo el cielo, en compañía de algunos soldados, se fijó en una estrella, la cual le hubo de recordar cierto pronóstico que años atrás le había hecho micer Codro, astrólogo italiano. Consistía en que la noche que viese aquella estrella en el sitio donde a la sazón se encontraba y con aquellos destellos rojizos intermitentes que entonces despedía, su vida estaría amenazada de mucho peligro; mas si lograba escapar de él, su nombre, acompañado de la fama, recorrería el mundo. Balboa, habiendo contado esto a los que le rodeaban, se burló de los adivinos, no pudiendo creer que el horóscopo de Codro se iba a cumplir muy pronto.
Andrés Garabito, lugarteniente y hombre de toda la confianza de Balboa, fué el denunciador de su jefe. Veamos el motivo: «Su intimidad con Balboa daba lugar a que viese con frecuencia y tratase con confianza a la hermosa hija de Careta, manceba de aquél. Prendado de ella, se atrevió a cortejarla, y sorprendido en cierta ocasión por Balboa, éste le insultó y humilló con dureza en presencia de la india. Ciego de cólera y despecho, juró Garabito vengarse, y en el acto escribió secretamente a Pedrarias, manifestándole que Balboa no pensaba casarse con su hija[620], sino con la india que tenía en su compañía; que había fingido aceptar aquel honroso enlace para adormecer los justos recelos del gobernador y tener así más libertad de acción en la ejecución de sus planes, y que se proponía declararse independiente, rebelándose contra Pedrarias y contra el Rey, tan pronto como estuviesen en disposición de navegar los cuatro bergantines que estaba construyendo[621]. Creyó Pedrarias lo que se le denunciaba y se dispuso a castigar a su enemigo. Los amigos de Balboa juzgaron que era conveniente avisarle lo que ocurría: uno de ellos, Hernández Argüello, cometió la torpeza de escribir una carta, aconsejando al citado Vasco Núñez que se hiciese a la mar sin perder tiempo y le ofrecía obtener la protección y ayuda de los frailes gerónimos, a la sazón poderosos en España. Carta tan imprudente--no sabemos cómo--cayó en poder del vengativo y suspicaz gobernador del Darién. Llamó Pedrarias a Balboa, que estaba entonces en la isla de las Tortugas, y, sospechando que no quisiera venir, despachó tras la carta a Francisco Pizarro con gente armada para que le prendiese, donde quiera que le encontrase. Inmediatamente que Balboa recibió la carta, se puso en camino. Cuando se hallaba cerca de Acla, le dijeron que Pedrarias estaba muy indignado con él; pero Balboa, confiado en su inocencia, continuó su camino. Encontró a Francisco Pizarro con la gente que le iba a prender y le dijo: «¿Qué es esto, Francisco Pizarro? No soliades vos así salirme a recibir.» Llegó a Acla y fué reducido a prisión. Formóle proceso el licenciado Espinosa, alcalde mayor, en virtud del cual los jueces le condenaron a muerte, que sufrió con otros cuatro el 12 de enero de 1519. Contaba a la sazón cuarenta y cuatro años. Los vecinos de Acla vieron llegar al patíbulo que se levantaba en la plaza uno de los más ilustres capitanes--tal vez el primero--después de Colón. Se le acusó de haber dado muerte a Diego de Nicuesa, de la prisión y agravios del bachiller Enciso y muy especialmente como traidor al Rey y usurpador de las tierras de la Real Corona. Marchaba tranquilo y resignado al suplicio; pero al oir--como en otro tiempo D. Alvaro de Luna en la plaza del Ochavo de Valladolid--que se le condenaba por traidor y usurpador de los territorios de la Real Corona, exclamó indignado: «Mentira; siempre he sido leal, sin más pensamiento que el de aumentar al Rey sus dominios»[622].
[620] Por mediación de Fray Juan de Quevedo, Balboa pidió en matrimonio a María, hija de Pedrarias.
[621] Ruiz de Obregón, ob. cit., págs. 147 y 148.
[622] «Esta es la justicia (gritaba el pregonero) que manda hacer el Rey, nuestro señor, y Pedrarias, su lugarteniente, en su nombre, a estos hombres, por traidores y usurpadores de tierras pertenecientes a la Real Corona.»
«Esta pérdida fué muy sentida, por ser Vasco Núñez capitán prudente, animoso y liberal, y que eternamente será estimado por uno de los capitanes más memorables de las Indias...»[623]. Al cabo de cuatrocientos años la posteridad ha hecho justicia al insigne navegante. Creemos que en el mismo sitio donde fué ajusticiado, se levantará pronto su estatua. Bien la merece, pues la gigantesca obra de Colón fué completada por el descubrimiento de Vasco Núñez de Balboa. El obispo Fray Bartolomé de las Casas en su Brevissima relacion de la destruycion de las Indias[624], dice de Pedrarias Dávila, sin nombrarlo, lo que a continuación copiamos: «El anno de mil é quinientos é catorce: passo a la terra firme un infelice gobernador: crudelissimo tirano: sin alguna piedad ni aun prudencia: como un instrumento del furor divino.» Fué decapitado Vasco Núñez de Balboa, el gran descubridor del Océano Pacífico, con no pequeño daño del poder de España en América, pues ninguno de sus sucesores valía lo que él. Ingrato había sido Balboa con Enciso y cruel con Nicuesa; pero no se olvide que el gobernador de Haití le dió el nombramiento de jefe de la colonia. Aun sin esto la sentencia de Pedrarias fué bárbara e inicua. Vasco Núñez de Balboa, valiente, tenaz en sus propósitos, inteligente y de clarísimo ingenio, nacido para mandar y dirigir una empresa, lo mismo pacífica que belicosamente, parecía destinado a elevar el poder de España en aquellas tierras a una gran altura. «Era--dice Antonio de Herrera--muy bien entendido y sufridor de trabajos, hombre de mucho ánimo, prudente en sus resoluciones, muy generoso con todos, discreto para obrar, tan hábil para mandar a los soldados como intrépido para conducirlos a la pelea, en la que nunca vacilaba en ocupar el puesto de mayor peligro.» Añade, para retratarle físicamente, que «era bien alto y dispuesto de cuerpo, de buenos miembros y fuerzas, y de gentil rostro y pelo rubio.» Pedro Mártir le llama egregius digladiator. Las Casas, después de repetir casi literalmente lo escrito por Herrera, dice por su cuenta que «Dios le reservaba para muy grandes cosas.»
[623] Herrera, Década II, lib. II, cap. XXII.
[624] Impreso en la ciudad de Sevilla el año 1552.
Inmediatamente después de Vasco Núñez de Balboa fueron decapitados Valderrábano, Botello, Hernán Muñoz y el mismo Argüello. Fray Juan de Quevedo y Gaspar Espinosa pidieron al gobernador que indultara a Argüello. Negóse Pedrarias, como antes les había negado la misma gracia en favor de Balboa. Ya de noche «y a poco--dice el señor Ruiz de Obregón--oyóse en las tinieblas un golpe seco y siniestro, que anunció a los espectadores que todo había terminado, pereciendo también a manos del verdugo aquella inocente víctima de su afecto a Balboa y de su imprudencia»[625].
[625] Ibidem, pág. 161.
Terminemos, por último, este capítulo, reseñando la toma de posesión realizada por Pedrarias Dávila en la provincia de Paque (costa del Sur) el año de 1519. Estando Pedrarias, teniente general y gobernador de Castilla Aurífera, en la boca de un estero que se halla en la citada provincia, con los capitanes Francisco Pizarro, Bartolomé Pimienta (piloto), Bartolomé de Bastidas y otras muchas personas, en presencia de los escribanos Luis Ponce y Cristóbal de Mozolay, tomó en su mano derecha una bandera de tafetán blanco, en la cual estaba figurada la imagen de Nuestra Señora, y poniéndose de rodillas como todos los presentes, dijo en altas voces: «¡Oh, Madre de Dios!, amansa a la mar, e haznos dignos de estar y andar debaxo de tu amparo, debaxo del cual te plega descubramos estas mares e tierras de la mar del Sur, e convirtamos las gentes dellas a nuestra santa fee católica».
Pedrarias Dávila, teniente general de los reinos e tierra firme de Castilla del Oro, gobernador e capitán general dellos por la reyna doña Juana y el rey D. Carlos su hijo, ordenó que los escribanos Ponce y Mozolay diesen fe de haber tomado posesión «de toda la costa de la tierra nueva e de la mar del Sur, e de todos los puertos y entradas e caletas e abras que hay en toda ella, y de todas las islas e ínsolas de cualquier manera o calidad o condicion que sean, que están en la dicha costa e mar del Sur, e de todas las provincias e tierra o tierras, que están aguas vertientes a la dicha mar». Luego dijo estas palabras: «En nombre de los dichos reyes nuestros señores e de sus subcesores de la corona real de Castilla, corto árboles e rozo la yerba que está en esta dicha tierra, y entro en el agua de la dicha mar del Sur, corporalmente e poniéndome de pies en ella, e huello la dicha tierra nueva e aguas de la dicha mar del Sur». Todos los capitanes y demás individuos presentes manifestaron que se hallaban dispuestos a defender y resistir la citada posesión; también los escribanos dieron fe y testimonio de todo lo sucedido[626].
[626] Archivo de Indias. Patronato Real. Est. I, caj. I, leg. 26, núm. 13. Colec. de doc. inéd., etc., tom. II, págs. 549-556.
CAPÍTULO XXVIII
EXPEDICIÓN DE JUAN DÍAZ DE SOLÍS.--SEGUNDO VIAJE DE SOLÍS.--EXPEDICIÓN DE FRANCISCO HERNÁNDEZ DE CÓRDOVA.--VIAJE DE JUAN DE GRIJALBA A YUCATÁN.--FAMOSO VIAJE DE FERNANDO DE MAGALLANES ALREDEDOR DEL MUNDO.--JUAN SEBASTIÁN EL CANO.
Ibase a descubrir el hermoso país del Río de la Plata. En tanto que el Rey Católico parecía haber olvidado los descubrimientos, los portugueses hallaron en Malaca rico comercio constituído por el clavo y la nuez moscada. D. Fernando hubo de decidirse al fin a mandar una expedición, recayendo el nombramiento de jefe de ella en Juan Díaz de Solís, antes al servicio de Portugal y a la sazón muy quejoso de la conducta que aquel gobierno había seguido con él. Mendes de Vasconcellos, embajador portugués en España, por encargo del rey D. Manuel, visitó varias veces al Rey Católico--pues a los portugueses les tenía en mucho cuidado el tratado de Tordesillas--replicando siempre D. Fernando «que su propósito era conservar la mayor armonía con su hijo el de Portugal; que su mayor deseo era no dejar ninguna manera de conflictos a sus nietos; y que si ahora era viejo y no estaba para reyertas en los escasos días que le quedaban de vivir, mucho sería su contento si al irse del mundo dejase asegurada de un modo firme la paz de su casa.» Vasconcellos escribía luego a su soberano diciéndole: «que todo no pasaba de muy buenas palabras». El embajador portugués no descansaba un momento. Convencido que nada sacaba de provecho con sus visitas al Rey Católico, llamó a Solís repetidas veces, no sólo para repararle en sus agravios contra Portugal, sino principalmente para averiguar lo que hubiese de cierto en la expedición a Malaca. Pensaba el monarca lusitano que la citada expedición podía ocasionar la ruina del comercio portugués en Asia, dada la intrepidez y deseo de riqueza de la marina mercante española. Por entonces, habiendo muerto en Sevilla (1512) Américo Vespucio, nombró el rey Piloto Mayor del Reino a Solís. El nombramiento acrecentó los temores de Vasconcellos, quien no paró hasta tener larga entrevista en Logroño, el 30 de agosto, con Solís, de la cual sacó que el ilustre navegante estaría en disposición de hacerse a la mar en abril del próximo año con tres barcos, uno de 170 toneladas, otro de 80 y el tercero de 40, con el objeto «de ver y demarcar los verdaderos límites de las posesiones castellanas que por las alturas de la Malaca debían caer en dominio español.» D. Manuel y su embajador insistieron con D. Fernando y Solís, dando por resultado que el Rey Católico escribiera a Hurtado de Mendoza, quien con el soberano portugués arreglaría el asunto. Mientras el embajador español tranquilizaba a la corte de Lisboa, D. Fernando decía a los oficiales de la Casa de Contratación que había suspendido el viaje a la Especería. Los aprestos hechos para aquella empresa se utilizarían en la exploración de las costas de Tierra Firme. ¿Fué el cansancio de los años lo que obligó a D. Fernando a modificar sus planes? ¿Fué el amor paterno, pues nietos suyos eran los hijos de D. Manuel? Tal vez ni lo uno ni lo otro, llegándose a sospechar que todo había sido obra de Solís.
Dícese también que la expedición que el citado piloto mayor hizo en 1512 fué preparada y por cuenta de él mismo. Ignoramos quién dió el dinero para armar las carabelas y tampoco sabemos el día cierto en que Solís se hizo a la vela. Tocó en el cabo de San Agustín, continuó su camino y llegó al puerto de Maldonado (departamento hoy del Uruguay), habitado por los charrúas. Apenas desembarcó, tomó posesión del país, no sin que los indígenas manifestasen cierta admiración por las ceremonias que hicieron al tomar dicha posesión. Cuando se hallaba ocupado en adquirir datos acerca de la topografía y extensión de aquella tierra, furiosa tempestad le obligó a alejarse de la costa, perdiendo uno de los buques de la flota. Volvió Solís a España. De aquella expedición se ignora también el día de llegada.
Expedición tan próspera animó a D. Fernando a despachar a Solís, con el cual hizo asiento (24 noviembre 1514). Solís se hizo a la vela en el puerto de Lepe (8 octubre 1515) con tres naves, encaminándose a Santa Cruz de Tenerife. Salió de Santa Cruz, llegó al cabo de San Agustín y ancló en el puerto de Río Janeiro (1.º enero 1516). Continuó corriendo la costa hasta el cabo de Santa María, pasó las islas de Lobos, llegó a Maldonado (2 de febrero), a cuyo puerto denominó de Nuestra Señora de la Candelaria. Continuó su viaje, remontando el curso del río, dando el nombre de río de los Patos a la parte comprendida entre los 35° hasta los 34 y 1/3, y siguió adelante, franqueando el abra, cuyas aguas son dulces, y por ello llamó mar dulce a su caudal. Continuó aguas arriba con la menor de sus carabelas, y después de haber dejado atrás una isla que bautizó con el nombre de Martín García, en recuerdo de haber muerto allí un piloto así llamado, dió fondo en las costas de la colonia. Acompañado del factor Marquina, del contador Alarcón, del grumete Francisco del Puerto y de 50 marineros, desembarcó en el país, siendo recibido por los indígenas a flechazos y pedradas. Allí murieron Solís, Marquina, Alarcón y algunos marineros. Francisco del Puerto fué herido y prisionero. Los pocos sobrevivientes huyeron a la costa, donde se precipitaron a los botes y remando llegaron a la carabela. Los charrúas les persiguieron hasta la misma orilla del mar. Los españoles de la carabela acordaron partir en busca de los compañeros que habían dejado atrás, y todos juntos, dirigidos por el piloto Francisco de Torres, dispusieron la retirada. Desde que franquearon el cabo de Santa María, fuerte temporal hizo naufragar una de las carabelas, muriendo gran parte de sus tripulantes e internándose el resto a la ventura. En la bahía de los Inocentes se proveyeron de madera brasil (palo de Fernambuco), y a fines de agosto de 1516 llegaron a las costas de la península. Poco antes se había mandado a Europa el primer cargamento de dicha madera. La noticia de la feliz llegada de los expedicionarios se comunicó a los gobernadores del reino el 4 de septiembre. Cinco meses después Portugal reclamó contra los expedicionarios, pidiendo su inmediato castigo. Consistió todo el provecho de este viaje en unos 500 quintales de brasil, 66 cueros de lobos marinos y una esclavita. Expedición tan desgraciada, y la muerte del rey don Fernando el Católico (1516), contribuyeron con sobrada razón a que por entonces, o mejor dicho, en algunos meses no se pensara en viajes al Río de la Plata. Recuerdos tan tristes apenas duraron un año.
Importante fué la expedición realizada por Francisco Hernández de Córdova en el año 1517. Reunidos 110 compañeros españoles en Cuba, acordaron, con beneplácito de Diego Velázquez, gobernador de aquélla isla, nombrar por capitán a Francisco Hernández de Córdova, hombre rico, para descubrir nuevas tierras. Con tres barcos dirigidos por los pilotos Antón de Alaminos, Camacho de Triana y Juan Alvarez, salió Hernández de Córdova de la Habana (8 de febrero). A los doce días doblaron el cabo de San Antonio, navegando hacia donde se pone el sol; después de terrible tormenta, y al cabo de veintiún días de navegación, vieron tierra que antes nadie había descubierto. Desde los navíos vieron un pueblo grande que denominaron El gran Cairo. Una mañana llegaron algunos indios en cinco canoas y el jefe de esta gente o cacique les rogó que fuesen a su pueblo; allí se encaminaron los españoles; pero cuando habían penetrado en el monte cayeron sobre ellos los indígenas arrojándoles flechas y piedras. Huyeron vencidos por los nuestros, no sin sufrir unos y otros algunas pérdidas. En aquél país encontraron algún oro. Siguieron navegando hacia el poniente, descubriendo puntas, bajos, ancones y arrecifes, y luego, a los quince días, un pueblo importante, y cerca de él espaciosa ensenada. Llamaron al pueblo Domingo de Lázaro, porque fué descubierto en un día de estos; los indios le denominaban Quimpech, y los castellanos, tiempo adelante, cambiaron el nombre por el de Campeche. También los naturales de aquella tierra les condujeron a su pueblo, donde los sacerdotes (Papas) trajeron sahumerios como a manera de resina (copal). En braseros de barro arrojaron leña, y dirigiéndose a los castellanos les dijeron que antes que aquella leña se quemase, los matarían. Retiráronse a toda prisa costa adelante; mas luego desembarcaron en un pueblo que se llamaba Potonchan, cuyo cacique les atacó con tales bríos que sucumbieron 50 de los nuestros, dos prisioneros y muchos heridos, encontrándose entre los últimos el capitán Hernández de Córdova, quien recibió doce flechazos. Acordaron regresar a Cuba, deteniéndose al cabo de tres días para tomar agua en un estero o río. El agua era salada y mala, y habiendo en aquél sitio muchos lagartos, diéronle el nombre de El Estero de los Lagartos. Se encaminaron a la Florida, y ya en ella el piloto Alaminos, con 20 soldados, bajó a tierra. Dijo el piloto que hacía diez o doce años que allí estuvo con Ponce de León. Cogieron agua muy buena; mas los indios cayeron sobre los españoles e hirieron algunos. Entre los heridos se hallaba el piloto Alaminos. Embarcáronse con el agua tan deseada, pasaron por las isletas que llaman de los Mártires y llegaron al puerto de Carenas o de la Habana. Después que Hernández de Córdova dió a Velázquez noticia de las nuevas tierras descubiertas, se retiró a la villa de Sancti Spíritus, muriendo a los diez días de resultas de sus heridas[627].
[627] Bernal Díaz del Castillo, Historia de los sucessos de la conquista de la Nueva España, capítulos I-VI, págs. 1-5.
Consideremos la importantísima expedición realizada por el capitán Juan de Grijalba, preparada y dispuesta también por Velázquez. Grijalba llevaba por piloto mayor a Antonio de Alaminos, y formaba parte de ella Pedro de Alvarado. Salieron de Matanzas el 20 de abril de 1518, entraron en el de Carenas el 22 y se dirigieron pocos días después al cabo de San Antonio. El 3 de mayo reconocieron la isla de Cozumel, que el capitán, por la solemnidad del día, denominó de Santa Cruz. Siguió nuestra armada la costa. Pudieron contemplar los castellanos una tierra tan productora como bella, poblada de pacíficos indios. El día 6 Grijalba, acompañado de 100 hombres armados y de un clérigo, saltó a tierra, llegó a una torre que se levantaba no lejos del mar, y subiendo a ella, tomó posesión en nombre de Su Alteza[628].
[628] De dicha torre, dice Oviedo lo siguiente: «Era un edefiçio de piedra, alto é bien labrado. En el çircuyto tenia diez é ocho gradas, é subidas aquestas, avia una escalera de piedra que subia hasta arriba, é todo lo demás de la torre paresçia maçiço. En lo alto, por de dentro, se andaba alrededor por lo hueco de la torre a manera de caracol, é por de fuera en lo alto tenia un andén, por donde podían estar muchas gentes. Esta torre era esquinada, y en cada parte tenia una puerta, por donde podían entrar dentro, y dentro avia muchos ydolos.» Lib. 17, cap. 9.
Encontraron los españoles algunos indios, con los cuales conversaron, desapareciendo los últimos al poco tiempo. Visitaron los nuestros varios pueblos, cuyos edificios parecían hechos por españoles. También hallaron muchos colmenares, abundando, por consiguiente, la cera y la miel. Había, del mismo modo, liebres y conejos, y, según los indios, se criaban puercos, ciervos y otros muchos animales monteses.
El 7 de mayo salieron de Cozumel, y, habiendo atravesado quince millas de golfo, se encontraron en la isla de Yucatán. Vieron en seguida tres pueblos de numeroso vecindario, formados de muchas casas de piedra, torres muy grandes y bastantes casas de paja. Corrieron algún tiempo por la costa, y allá, muy lejos, divisaron un pueblo tan grande, «que la ciudad de Sevilla no podría parecer mayor ni mejor, y se veía en él una torre muy grande.» Salieron de la isla de Yucatán, volviendo a la de Cozumel o Santa Cruz, donde se proveyeron de agua y alimentos. Pasaron por segunda vez a la isla de Yucatán y anduvieron por la costa, encontrando una hermosa torre, habitada--según se decía--por mujeres, tal vez de raza de Amazonas. Llegaron al país del cacique Lázaro, tierra ya visitada en el año anterior por Hernández de Córdova. En aquella isla cogieron agua en un pozo, donde también hubo de cogerla el mismo Hernández de Córdova, y, después de obtener algunos obsequios de oro, cuyo valor era escaso, recibieron repetidas veces la orden de retirarse. «Pusieron en medio del campo un tiesto con cierto sahumerio, diciéndonos que nos fuéramos antes que aquel sahumerio se consumiese, que de no hacerlo así nos darían guerra. Y acabado el sahumerio nos empezaron a tirar muchas flechas...»[629]. Reñido fué el combate, muriendo varios indios y heridos algunos españoles.
[629] Itinerario escrito por el capellán mayor de la dicha armada.
Abandonaron el 29 de mayo el pueblo del cacique Lázaro, recorrieron algunas tierras y el 31 encontraron un puerto muy bueno, que llamaron Puerto Deseado, permaneciendo en él doce días, alimentándose de exquisito pescado y encontrando también conejos, liebres y ciervos. Posteriormente descubrieron una tierra denominada Mulua y un río, cuya agua dulce penetraba seis millas mar adentro. Pusiéronle por nombre Río de Grijalba. Seguidos de muchos indios, unas veces en actitud pacífica y otras veces amenazadores y belicosos, llegaron a ver unas sierras altas, donde nace el río, y «esta tierra parece ser la mejor que el sol alumbra.» Luego siguió costeando la armada y los expedicionarios saltaron a una isleta que llamaron Isla de los Sacrificios: en ella hallaron algunos edificios de cal y arena, bastante grandes, y un trozo de edificio de dicha materia, «conforme a la fábrica de un arco antiguo que está en Mérida, y otros edificios con cimientos de la altura de dos hombres, de diez pies de anchos y muy largos; y otro edificio de hechura de torre, redondo, de quince pasos de ancho, y encima un mármol como los de Castilla, sobre el cual estaba un animal a manera de león, hecho asimismo de mármol, y tenía un agujero en la cabeza en que ponían los perfumes; y el dicho león tenía la lengua fuera de la boca, y cerca de él estaba un vaso de piedra con sangre, que tendría ocho días, y aquí estaban dos postes de altura de un hombre, y entre ellos había algunas ropas labradas de seda a la morisca, de las que llaman almaizares; y al otro lado estaba un ídolo con una pluma en la cabeza, con el rostro vuelto a la piedra arriba dicha, y detrás de este ídolo había un montón de piedras grandes; y entre estos postes, cerca del ídolo, estaban muertos dos indios de poca edad, envueltos en una manta pintada; y tras de las ropas estaban otros dos indios muertos, que parecía haber tres días que lo fueron, y los otros dos de antes llevaban al parecer veinte días muertos. Cerca de estos indios muertos y del ídolo había muchas cabezas y huesos de muerto, y había también muchos haces de pino, y algunas piedras anchas sobre las que mataban a los dichos indios»[630].
[630] Itinerario, etc.
Fueron obsequiados por los indios con perfumes, con tortas y pasteles de gallina, con mantas de algodón pintadas de diversos colores. Trajeron oro fundido en barras y varias joyas de dicho metal. Cogían el oro de los ríos y lo fundían en una cazuela. Cuando llegó el momento de marcharse, los indios abrazaban a los españoles y daban señales de tristeza. En piedras preciosas era tierra muy rica. Entre las muchas piedras de gran valor, se hallaba una, destinada a Diego Velázquez, que valía más de dos mil castellanos. Continuaron navegando cerca de la costa, encontrando, ya gente pacífica, ya gente fiera. Rota una tabla de la nave capitana, fué preciso componerla, y con este objeto desembarcaron todo lo que tenía dentro y también toda la gente en el puerto que se llama de San Antonio. Permanecieron quince días en el dicho puerto hasta componer la nave. Dirigiéronse a un pueblo, siendo recibidos con mucho cariño por los indios, quienes les dieron de comer gallinas y les enseñaron mantas y bastante oro. Habiendo dejado el puerto; se encaminaron a Champoton, pueblo de tristes recuerdos, por cuanto en él fueron muertos por los indios algunos de la armada de Hernández de Córdova. A un tiro de ballesta de la costa se levantaba una torre, que fué ocupada por los nuestros, deseosos de vengar la muerte de sus compatriotas. Acordóse al fin seguir adelante, siempre descubriendo nuevas tierras, llegando el 5 de septiembre al pueblo de Lázaro, donde intentaron proveerse de agua, leña y maíz. Engañados por algunos indios se alejaron de la costa, hasta dar en una celada, donde 300 les esperaban armados, y con los cuales tuvieron que pelear. Salieron de allí el 8 de septiembre, navegaron algunos días, consiguiendo entrar en el puerto de Jaruco el 4 de octubre. En el día 9, serenado ya el temporal, se trasladaron los navíos al puerto de Matanzas, teniendo la dicha de encontrar al capitán Cristóbal de Olid, que por orden de Velázquez había ido con un navío en busca de Grijalva.
Velázquez hizo que se reuniesen todos en la ciudad de Santiago para aprestar de nuevo los buques y continuar sus expediciones. Entonces Juan de Grijalva le presentó exacta relación de todos los sucesos de su jornada, relación que luego se presentó al Rey. Hacía constar nuestro intrépido navegante que había descubierto una isla llamada Ulúa, cuya gente vestía ropas de algodón, habitaba casas de piedra y tenía sus leyes y ordenanzas. Añadía--y esto le llamó mucho la atención--que adoraban una cruz de mármol, blanca y grande, la cual tenía encima una corona de oro; «y dicen que en ella murió uno que es más lúcido y resplandeciente que el Sol.» Muestran su ingenio los indios de aquella isla en algunos vasos de oro y en mantas de algodón con figuras de pájaros y animales de varias clases. «Y es de saberse que todos los indios de la dicha isla están circuncidados, por donde se sospecha que cerca se encuentran moros y judíos, pues afirmaban los dichos indios que allí cerca había gentes que usaban naves, vestidos y armas como los españoles; que una canoa iba en diez días adonde están, y que puede ser viaje de unas trescientas millas.» Aquí termina el Itinerario de la isla de Yucatán, escrito por el capellán de la Armada[631].
[631] Joaquín García Icazbalceta, Colección de documentos para la Historia de México, tom. I, págs. 281 y 308.--Obra impresa el 1858.
El portugués Hernando de Magallanes[632] salió de Sanlúcar (20 septiembre 1519) con el mismo rumbo que cuatro años antes había llevado Solís. En su juventud había pasado a la India (1505) con el virrey Don Francisco de Almeida, distinguiéndose por su valor y prudencia en la conquista de Mambaza y Quiloa. En la conquista de Malaca adquirió gloria inmortal, salvando la vida del general Diego López de Sequeira y de las tripulaciones de los buques. Cinco años después, por orden de Alfonso de Alburquerque, y con el cargo de capitán de una de las tres naves, salió de Malaca en demanda de las Molucas. Posteriormente, creyendo que el rey de Portugal no había premiado sus servicios, pasó a España y se ofreció a Carlos I.
[632] Nació en Oporto el 1470. En el año 1517 se trasladó desde Portugal a España.
Aceptó sus ofrecimientos el Emperador, encomendando la dirección de la empresa a Magallanes y Rui Falero, nombrando tesorero de la Armada, a Luis de Mendoza; veedor general, a Juan de Cartagena, y maestre en la nao Concepción, a Juan Sebastián de El Cano. Las naves se llamaban la Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago. La escuadra llegó sin novedad a las Canarias en seis días. Zarparon el 2 de octubre y pronto comenzaron las reyertas entre Magallanes y algunos jefes. Los castellanos no perdonaban su nacionalidad al valeroso capitán, distinguiéndose como el más imprudente de aquéllos Juan de Cartagena. Magallanes le hizo prisionero, encargando su custodia a Luis de Mendoza. El 8 de diciembre avistó la escuadra la costa del Brasil y el 13 fondeó en Río Janeiro, donde hizo acopio de víveres. El 27 zarpó a lo largo de la costa con rumbo al OSO. El 10 de enero de 1520 llegó al cabo de Santa María y continuó navegando el río de la Plata. El 7 de febrero volvió a salir al Océano y el 24 descubrió extensa bahía, a la que dió Magallanes el nombre de San Matías (hoy Bahía Nueva). Soportaron los buques recios temporales, y el 31 de marzo entró la armada en el puerto de San Julián. Como Magallanes indicase que se proponía invernar allí, estalló terrible insurrección, dirigida por Luis de Mendoza y Gaspar de Quesada, quienes pusieron en libertad a Juan de Cartagena. En seguida se declararon en rebelión las naves San Antonio, Concepción y Victoria, mandadas, respectivamente, por Quesada, Cartagena y Mendoza. Magallanes, al verse desobedecido por las dos terceras partes de su armada, se decidió a pelear sin temor a nada ni a nadie.
Todos los medios le parecían buenos si con ellos conseguía su objeto. Envió a la Victoria al alguacil Gómez de Espinosa con seis hombres armados secretamente, los cuales mataron a Mendoza, y con el auxilio de otros quince hombres que mandó Magallanes, se hicieron dueños de la nao. Atemorizados los otros dos jefes, no hicieron resistencia, pudiendo Magallanes tomar la Concepción y San Antonio. Hizo decapitar a Gaspar de Quesada y ordenó que fuesen abandonados en aquella costa inhospitalaria Juan de Cartagena y al capellán Sánchez de la Reina, que había tomado parte en la conjuración. Tales hechos acaecieron en el puerto de San Julián. Perdióse navegando a lo largo de costa unas cincuenta leguas la carabela Santiago que mandaba Serrano: salvados sus tripulantes, volvieron casi muertos de hambre y de frío al puerto de San Julián. En aquellos lugares vieron por primera vez salvajes de gran estatura, que tomaron por gigantes, y a los cuales dieron el nombre de patagones, por el enorme tamaño de sus pies.
Magallanes, pasado el invierno, continuó su viaje. Nombró capitán de la San Antonio a Mezquita, de la Concepción a Juan Serrano y de la Victoria a Duarte Barbosa. El 24 de agosto del mencionado año de 1520 salió de San Julián, llegando a mares completamente desconocidos. El 21 de octubre divisó un cabo, que denominó de las Once mil Vírgenes, detrás del cual se encontró el Estrecho que buscaba[633]. No quiso pasar adelante el piloto portugués Esteban Gómez, quien dijo: «Pues que hemos hallado el Estrecho para pasar a las Molucas, volvámonos a Castilla para traer otra armada, porque hay gran golfo que pasar, y si nos tomasen algunos días de calmas o tormentas pereceríamos todos.» Magallanes le replicó del siguiente modo: «Aunque tuviese que comer los cueros de las vacas con que van forradas las entenas, he de pasar adelante y descubriré lo que he prometido al Emperador.» Por primera vez surcaron el Estrecho los españoles en veinte días sin ver habitante alguno; sólo de noche en la costa del Sur distinguieron muchas hogueras, y por ello llamaron aquella tierra Tierra del Fuego. Una de las veces que se separaron los buques, Esteban Gómez sublevó la tripulación de la nao San Antonio, puso preso al capitán Alvaro de Mezquita, se dirigió a la costa de Guinea y desde aquí al puerto de las Muelas de Sevilla, donde fondeó el 6 de Mayo.
[633] Recordó seguramente que Colón, en su segundo viaje, dió a unas islas el mismo nombre.
El 27 de noviembre Magallanes, con las naves Trinidad, Victoria y Concepción, salió al Océano Pacífico. Abandonaba aquel Estrecho, llamado por él de Todos los Santos, en recuerdo de la fiesta que celebra la Iglesia al comenzar el mes de noviembre; pero que la posteridad le ha dado el nombre de Magallanes.
Durante el mes de noviembre navegó en demanda de más bajas latitudes, no sin ser combatido por gruesas borrascas. El 24 de enero de 1521 descubrió una isla desierta, a la que llamó de San Pablo, y el 4 de febrero otra isla, también desierta, que denominó de los Tiburones. El 13 de Febrero cortó la equinoccial por los 147° de longitud Oeste. A mediados de marzo dió vista a las islas de los Ladrones (hoy Marianas) y luego al archipiélago de San Lázaro (en la actualidad las Filipinas). Fondeó la armada en la isleta de Mazaguá y prosiguió a la isla de Cebú; allí halló víveres en abundancia a cambio de cascabeles y cuentas de vidrio. Reconocióse el rey de Cebú vasallo del de España. Peleando Magallanes con el soberano de Mactan, porque éste, si se hallaba dispuesto a acatar al rey de España, no quería obedecer al de Cebú, que era igual a él, recibió nuestro héroe una herida en la pierna, y posteriormente un flechazo que le causó la muerte (26 agosto 1521). «Aun muriendo--escribe Pigafetta en su Relación--volvió, bajo los golpes de los fieros indios, varias veces la cara hacia nosotros, como para convencerse de que quedábamos a salvo, y como si solamente se resistiese con tanta tenacidad para sacrificarse por nosotros. Así cayó nuestro ejemplo, nuestra antorcha, nuestro consuelo y jefe fidelísimo.» «Era--dice el Dr. Sophus Ruge--, no solamente un soldado valiente y sufrido, que mejor que ningún otro soportó durante largos meses el hambre y toda clase de privaciones, sino también un marino inteligente que quiso que sus pilotos tuviesen siempre en cuenta las indicaciones de la aguja de marear, cosa nada generalizada en su tiempo, para no apartarse de la verdadera ruta de las Molucas. La prueba más brillante de su grande numen y de su valor impertérrito, está en haber sido el primero que emprendió una circunnavegación del globo y realizó la parte más difícil de ella. La grandeza y la importancia de esta empresa no fueron durante mucho tiempo apreciadas como merecían, a causa, en primer lugar, de la rivalidad entre Portugal y España. En Portugal no se apreciaron porque Magallanes servía al país vecino, y en España no se tuvieron en la debida estima, porque era portugués»[634].
[634] Dr. Sophus Ruge, Historia de la época de los descubrimientos geográficos, págs. 196 y 197.--Oncken, Historia Universal, tomo VII.
«Estuvo adornado--escribe nuestro Fernández Navarrete--de grandes virtudes y mostró su valor y constancia en todas las adversidades: su honra y pundonor contra las seducciones cortesanas; su lealtad y exactitud en el cumplimiento de sus tratados y obligaciones; su prudencia y moderación para oir siempre el dictamen ajeno; su arrojo e intrepidez (que acaso rayó en temeridad) en las batallas y combates; su severidad con los malvados; su indulgencia con los seducidos e inocentes; su resignación en las privaciones, igualándose en ellas con el último marinero; su instrucción en la náutica y en la Geografía, al concebir un plan discretamente combinado para el descubrimiento del Estrecho y completamente desempeñado, venciendo para ello los obstáculos que presentaba la naturaleza, las contradicciones e intrigas de los poderosos y de las pasiones turbulentas de los hombres: si se halló el Estrecho o el paso de la comunicación de los dos mares; si se dió la primera vuelta al mundo, con asombro de los coetáneos; si por este medio se surcaron mares y mares, se descubrieron islas y tierras desconocidas hasta entonces facilitándose el comercio y trato, la civilización y cultura de sus habitantes; si las ciencias hallaron nuevos objetos para extender la esfera de los conocimientos humanos, todo se debió a Magallanes.»
Sucedió a Magallanes su primo Duarte Barbosa, que también al poco tiempo fué muerto por los indios, y con él los capitanes de las naos Trinidad, Concepción y Victoria.
Desde Cebú marchó la flota a la inmediata isla de Bohal, y como no hubiera gente para manejar los tres bajeles, se quemó la Concepción, que estaba en peores condiciones. Siguieron su camino y fondearon en la costa NE. de Mindanao; más adelante llegaron a Borneo en el mes de julio. En Borneo fueron espléndidamente obsequiados, y allí obtuvieron noticias exactas de las Molucas. El jefe de la escuadra, Juan de Carballo, que sucedió a Duarte Barbosa, tuvo la desgracia de dejar a su hijo y a otros dos españoles en poder de los indígenas: temiendo una traición de los indios, zarpó a principios de agosto en demanda de las Molucas.
Destituído Carballo de la jefatura, volvió a su condición de piloto, siendo elegido general Gómez Espinosa y capitán de la Victoria el ilustre Juan Sebastián de El Cano. El 8 de noviembre se hallaba entre las islas de Mare y Tidore, que eran del archipiélago de las Molucas. El rey de Tidore fué amigo leal de los españoles. Cargaron las naves de especiería; pero cuando se iban a dar a la vela se descubrió en la Trinidad una vía de agua por la quilla. Acordóse entonces que El Cano con la nao Victoria se dirigiera a España. Salió de Tidore el 21 de diciembre con sesenta hombres de tripulación, inclusos 13 indios. Temporales, tormentas y borrascas se sucedían unas a otras; arroz y agua era el alimento de aquellos desgraciados navegantes; extenuados por el hambre y las fatigas, llegaron el 1.º de julio de 1522 al puerto de Santiago de las islas de Cabo Verde, pertenecientes al rey de Portugal. No encontrando allí la protección que esperaban, se hicieron a la mar. Contaba El Cano con sólo 22 hombres, pues los demás habían muerto durante la navegación; antes de llegar a España murieron otros cuatro. El 15 de agosto pasó por entre las Azores, el 4 de septiembre avistó el cabo de San Vicente y el 6 llegó a Sanlúcar de Barrameda. Tres años menos catorce días había durado el viaje; la Victoria había cortado cuatro veces la equinoccial y recorrido 14.000 leguas; y Juan Sebastián de El Cano había dado el primero la vuelta al mundo[635].
[635] Véase discurso leido en el Ateneo de Madrid, por D. Pedro Novo y Colson el 17 de marzo de 1892.
CAPÍTULO XXIX
EXPEDICIÓN DE ESPINOSA: FÚNDASE PANAMÁ.--EXPEDICIONES ORDENADAS POR PEDRARIAS.--GIL GONZÁLEZ DÁVILA SE DIRIGE A NICARAGUA.--CIUDADES FUNDADAS POR HERNÁNDEZ DE CÓRDOVA.--ANDAGOYA EN EL PERÚ.--SEGUNDO VIAJE DE GONZÁLEZ DÁVILA DESDE SANTO DOMINGO A NICARAGUA Y YUCATÁN.--EXPEDICIÓN DE CRISTÓBAL DE OLID: SU MUERTE.--PEDRO DE ALVARADO SALE DE MÉXICO PARA GUATEMALA.--EXPEDICIÓN DE RODRIGO DE BASTIDAS A COLOMBIA.--EXPEDICIÓN A VENEZUELA.--NUEVA CÁDIZ.--FAMOSA EXPEDICIÓN DE FRANCISCO DE ORELLANA AL RÍO AMAZONAS.--LUCHAS DE ORELLANA CON LOS INDÍGENAS.--LAS AMAZONAS.--IMPORTANCIA DE LA EXPEDICIÓN.--SEGUNDA EXPEDICIÓN DE ORELLANA: DESGRACIAS DE ESTE NAVEGANTE Y SU MUERTE.
Espinosa, sucesor del insigne cuanto desgraciado Vasco Núñez de Balboa en la costa del Pacífico (y que lo mismo el uno que el otro se hallaban bajo el mando superior de Pedrarias Dávila, gobernador del Darién) con cuatro bergantines y la correspondiente tripulación y fuerza armada, fundó en 1519 la colonia de Panamá, a la cual Carlos V concedió en 1521 el título y fueros de ciudad[636]. Espinosa sometió a la corona de España los territorios del istmo, y Bartolomé Hurtado recorrió la costa del Pacífico hasta el golfo de Nicoya a los 10° de latitud Norte.
[636] Panamá estuvo primero en otro sitio, como media legua del que hoy tiene, a donde los vecinos se mudaron por la comodidad del puerto.--Colec. de doc. inéditos, tomo IX, pág. 80. Tiempo adelante, Felipe II, comprendiendo lo poco saludable que era el clima de Panamá, mandó construir nueva ciudad dos leguas más al Oeste.
Las expediciones que después ordenó Pedrarias de Avila, se dirigían hacia el Noroeste, al contrario de las de Balboa, que se encaminaron al Sur. Haremos sucinta relación de las expediciones de Gil González Dávila y de Francisco Hernández de Córdova. También daremos noticia de las que Hernán Cortés encargó a Cristóbal de Olid y a Francisco de las Casas, llamando la atención, especialmente, la del capitán Pedro de Alvarado.
Consideremos la expedición a Nicaragua. En los primeros años del siglo XVI se hallaba en Panamá un hidalgo de la ciudad de Avila, que se llamaba Gil González Dávila, antiguo criado del obispo Fonseca, presidente del Consejo de Indias. Autorizóle el Rey para llegar hasta las islas de la Especería, auxiliándole con algunos recursos. Marchó a Castilla del Oro y se presentó al gobernador Pedrarias, quien no tuvo para él las consideraciones que esperaba. Se decidió a construir naves y comenzó a cortar la madera en Acla para llevarla al otro mar. Aunque muchos le indicaron que su idea era descabellada, insistió en su propósito y obligó a su gente a transportar los materiales a través de las montañas del istmo, teniendo el sentimiento de ver morir más de la mitad de su gente en tan penoso trabajo. Cuando la expedición se iba a hacer a la vela, se notó que las maderas de los buques estaban podridas y las embarcaciones, por tanto, no servían para nada. Aquel hombre tenaz decidió hacer otros barcos, y puso manos a la obra en la isla de las Perlas. Por entonces hizo las paces con Pedrarias. El 21 de enero de 1522 salió de la isla de las Perlas, teniendo que desembarcar pronto porque los cuatro buques necesitaban reparos de importancia. Continuó su expedición por tierra, mientras que el piloto Andrés Niño hacía la reparación de los barcos. Gil González atravesó parte del territorio de la actual República de Costa Rica y entró en los dominios de un cacique nombrado Nicarao, de donde vino el nombre de Nicaragua. Recorrió los lagos de Nicaragua y de Managua; pero comprendiendo que no tenía elementos para establecer una colonia, dió la vuelta a Panamá.
Veamos cómo en una carta relataba al Emperador sus expediciones: «Andando yo en este medio tiempo por la tierra adentro, sosteniéndome y tornando cristianos muchos caciques e indios, de causa de pasar los ríos e arroyos muchas veces a pie y sudando, sobrevínome una enfermedad de tollimiento en una pierna, que no podía dar un paso a pie, ni dormir las noches ni los días, de dolor, ni caminar, puesto que me llevaban en una manta atada en un palo, muchas veces, indios e cristianos en los hombros, de la cual manera caminé hartas jornadas; pero por causa que caminar desta manera me era el caminar muy dificultoso, y por las muchas aguas entonces hacía, que era invierno, hobe de parar en casa de un cacique muy principal, aunque con harto cuidado de velarnos; el cual cacique tenía su pueblo en una isla que tenía diez leguas de largo y seis de ancho, la cual hacía dos brazos de un río, el más poderoso que yo aya visto en Castilla, en el cual pueblo tomé la casa del cacique por posada, y era tan alta como una mediana torre hecha a manera de pabellón armada sobre postes y cubierta con paja; y en medio de ella hicieron para do yo estuviese una cámara para guardarme de la humidad, sobre postes, tan alta como dos estados y dende a quince días que llegué llovió tantos días, que crecieron los ríos tanto, que hicieron toda la tierra una mar, y en la casa do yo estaba, que era lo más alto, llegó el agua a dar a los pechos a los hombres». «Otro día... me dijeron que el cacique me esperaba en su pueblo de paz, y llegado, aposentóme en una plaza y casas del alrededor della, y luego me presentó parte de quince mil castellanos, que en todo me dió, y yo le dí una ropa de seda y una gorra de grana y una camisa mía y otras cosas de Castilla, muchas; y en dos o tres días que se le habló en las cosas de Dios, vino a querer ser cristianos él y todos sus indios e mugeres, en que se babtizaron en un día 9.017 ánimas chicas y grandes... Pasados los ocho días me partí a una provincia que está seis leguas adelante, donde hallé seis pueblos, legua y media o dos leguas uno de otro, de cada dos mil vecinos cada uno; después de abelles enbiado a decir el mensaje y cosas que a este cacique Nicaragua, e aposentádome en un pueblo dellos, y despues de venirme todos los señores dellos a ver y héchome presente de oro y esclavos y comida, como es su costumbre, y como ya ellos sabían que Nicaragua y sus indios se avían tornado cristianos, casi sin hablar se lo vinieron a querello ser.»[637]
[637] Carta del capitán Gil González Dávila a S. M. el Emperador Carlos V, Rey de España, sobre su expedición a Nicaragua, Santo Domingo, 6 de marzo de 1524. Publicada por D. Manuel M. de Peralta en su libro Costa Rica, Nicaragua y Panamá en el siglo XVI; su historia y sus límites.--Madrid, Imp. de M. Ginés Hernández, 1883.
Enterado Pedrarias Dávila de estos descubrimientos, equipó algunas naves que puso bajo el mando de Francisco Hernández de Córdova, capitán de su guardia, con encargo de fundar colonias en aquellas regiones. A fines de 1523 salió Hernández de Córdova de Panamá, desembarcó en el golfo de Nicoya y fundó, no lejos de la costa, una ciudad que denominó Bruselas, donde había estado el pueblo indígena de Orotina y que desapareció al poco tiempo. Pasó a la provincia de Nequecheri, sosteniendo rudas batallas con los indígenas. Fundó la ciudad de Nueva León, levantando en ella un templo y una fortaleza. Armó un bergantín que había llevado en piezas y con él recorrió el lago y descubrió el caudaloso río de San Juan, que desemboca en el mar de las Antillas. Del mismo modo que antes había fundado Nueva León cerca de la bahía de Fonseca, fundó después Nueva Granada en el extremo Noroeste del lago de Nicaragua. Hernández de Córdova hizo que los religiosos que con él iban, acompañados de un capitán y algunos soldados, recorriesen la tierra con el objeto de convertir y bautizar a los indios. Avanzó hacia el territorio de Honduras, llegando cerca de Olancho. Al saber González Dávila que se aproximaba Hernández de Córdova, resolvió defender con las armas lo que consideraba como propiedad suya. Orgulloso Hernández de Córdova con sus conquistas, quiso hacerse independiente (siguiendo el camino que Balboa y otros subordinados de Pedrarias); pero sus capitanes Hernando de Soto y Compañón se opusieron a ello y se retiraron a Panamá. Es de advertir que a medida que prosperaba Panamá, disminuía Santa María la Antigua, que fué abandonada del todo en 1524. Cuando Pedrarias tuvo noticia de la traición que le hacía su subordinado, reunió sus mejores tropas y se presentó de improviso en Nicaragua, y reduciendo a prisión al jefe rebelde, le hizo decapitar en Nueva León el 1526.
Bajo el gobierno de Pedrarias de Ávila y por orden suya, Andagoya emprendió (1522) desde el golfo de San Miguel, en el istmo de Panamá, una expedición a las costas del Sur, llegando--según dijo en su relación--a una provincia que llamaban Birú y corrompido el nombre se dijo Pirú. Encontró Andagoya bastante poblado el país y la gente guerrera; pero a pesar de no pocos obstáculos, penetró en el interior y recogió preciosos datos acerca de los territorios situados más al Sur y el poderoso imperio que allí existía. Como el estado de su salud no le permitiese seguir adelante, encargó empresa tan importante a Francisco Pizarro.
En la primavera de 1524 salió Gil González de Ávila, de la ciudad de Santo Domingo para Nicaragua y Yucatán, siguiendo la costa oriental del istmo. Llegó a la embocadura del río Ulea, a cuya ría llamó Puerto de Caballos, porque allí hubo de arrojar algunos para aligerar de peso el buque. Siguiendo la costa por tierra hacia el Este, llegó al cabo de Honduras, y volviendo al Sur, se dirigió por tierra al lago de Nicaragua. Encontró en aquellos lugares algunos aventureros españoles que formaban parte de la expedición que para conquistar el país había mandado Pedrarias Dávila a las órdenes de Francisco Fernández de Córdova. Gil González quitó a sus compatriotas (que eran inferiores en número a los españoles que él llevaba) las armas y el oro que habían reunido, regresando al Puerto de Caballos, donde se hallaban los buques.
Sorprendióle encontrar en el Puerto de Caballos a Cristóbal de Olid, enviado de Hernán Cortés, quien le llamó intruso y le hizo prisionero, alegando que aquel país pertenecía a México. Olid pobló, catorce leguas más abajo de Puerto de Caballos, la villa del Triunfo de la Cruz, extendiéndose luego por el país, con no poco contento de los naturales. De otras partes vinieron a Olid malas nuevas. Hernán Cortés, noticioso de que Cristóbal de Olid no le obedecía, envió contra él a Francisco de las Casas. Pelearon Olid y Casas; mas luego vinieron a un acuerdo. Cuando parecía que todo estaba en paz, ocurrió sangriento suceso. Casas se arrojó sobre Olid y le hirió con un cuchillo en la garganta, y Luis González le dió con una daga, en tanto que Mercado, otro conjurado, le tenía por detrás. Pudo escapar Olid, si bien murió en seguida a causa de las heridas. «Y de esta manera--escribe Herrera--acabó la valentía y confianza de Cristóbal de Olid, capitán famoso, de los más famosos de las Indias, si a la postre no mudara la mucha fe que siempre tuvo a Cortés»[638]. Muerto Cristóbal de Olid, Francisco de las Casas proveyó todos los oficios del pueblo en otras personas.
[638] Década III, lib. V, cap. XIII.
Anteriormente se ha dicho que Hernán Cortés, conquistador de México, al mismo tiempo que encomendó la conquista de Honduras a los capitanes Olid y las Casas, encargó de la de Guatemala al capitán Pedro de Alvarado. De esta famosa conquista se tratará más adelante.
Digno, por varios conceptos, de especial mención, es el viaje realizado por Rodrigo de Bastidas a Tierra Firme[639] en 1525[640]. Con fecha del 6 de noviembre de 1524, desde Madrid, el Rey concedió a Rodrigo de Bastidas, vecino de la ciudad de Santo Domingo de la Isla Española, que poblase la provincia y puerto de Santa Marta, la cual se halla en Castilla del Oro (parte de la Tierra Firme en la actual Colombia). La había de poblar dentro de dos años, haciendo en ella un pueblo que lo menos debería tener cincuenta vecinos. Pondría en la citada provincia granjerías é crianzas, llevando al presente 200 vacas, 300 puercos, 25 yeguas y otros animales de cría.
[639] En Tierra Firme se formaron después el virreinato de Nueva Granada y la Capitanía general de Caracas; al presente las Repúblicas de Venezuela, Colombia o Nueva Granada y Ecuador.
[640] Es el mismo escribano de Sevilla que en 1501--como ya se dijo en el capítulo XXVI de este tomo--hubo de salir de España y realizó famoso viaje por tierras americanas.
Dió el Rey a Bastidas el título de Adelantado y le concedió que pudiese «repartir los solares é aguas é tierras de la dicha tierra a los vecinos y pobladores della como a vos os pareciere, con tanto que lo hayais de hacer con parecer de los Nuestros oficiales que a la sazón allí residieren.» De igual modo le facultó para que hiciese una fortaleza con el objeto de defenderse de los indios caribes. También le concedió otras mercedes y libertades, no sin encargarle que tratara a los indios como «libres é industriados en las cosas de Nuestra Fe», pues «haciendo lo contrario caereis en Nuestra indignacion y Mandaremos ejecutar en vuestra persona y bienes las penas en que por ello oviéredes incurrido»[641]. Bastidas se dirigió a Castilla del Oro (1525) y echó los cimientos de una ciudad, a la que le dió el nombre de Santa Marta. Hombre de carácter dulce, contrajo amistosas relaciones con algunos caciques, de los cuales obtuvo grandes cantidades de oro. Como luego se negara a repartir los citados despojos, sus compañeros, capitaneados por el miserable Juan de Villafuerte, le dieron de puñaladas, hiriéndole gravemente. Mandados los conjurados a Santo Domingo, allí fueron sentenciados a muerte; también al poco tiempo, de resultas de sus heridas, murió Bastidas en la isla de Cuba.
[641] Colec. de doc. inéd., etc., tomo XXII, págs. 98-106.
Noticiosos algunos habitantes de la Isla Española (Santo Domingo) de que Alonso de Ojeda, Pedro Alonso Niño y otros habían recogido gran cantidad de perlas en aguas de las islas de Margarita y Cubagua, fundaron una colonia en el último lugar, primer establecimiento español en Venezuela. Si el comienzo de la colonia fué próspero por la abundancia de perlas, pronto decayó a causa de la disminución de la pesca, la cual era mayor en las islas de Coche y Margarita. Aunque en el año de 1523 pasó aquella aldea a la categoría de ciudad, con el nombre de Nueva Cádíz; aunque los neogaditanos hicieron ostentación de poder cuando en 1528 fueron atacados, con escaso valor y poco empuje, por filibusteros franceses, la ciudad llevó vida raquítica y miserable hasta el 1543, en que fué arrasada por un vendaval, quedando al poco tiempo despoblada.
Consideremos el descubrimiento del río de las Amazonas en el año 1541 por Francisco de Orellana. Procede recordar que Orellana ayudó eficazmente a Francisco Pizarro en la conquista del Perú. Luego Gonzalo, el menor de los hermanos Pizarro, nombrado gobernador de Quito en el año 1540, emprendió atrevida expedición en busca de riquezas. Pasó los Andes Orientales y bajó el río Napo, llegando quizá hasta la catarata del Caudo. Allí, en medio de selvas intransitables y careciendo de alimentos, se encontró en situación tristísima. Construyó un barco y nombró capitán a Orellana, natural de Trujillo. Por algún tiempo el buque en el río y las tropas en las orillas continuaron la misma marcha, hasta que Orellana pasó adelante con orden de buscar provisiones. Pasaron días y días. Gonzalo, considerando inútil aguardar más tiempo la vuelta de Orellana, volvióse a Quito con su gente diezmada por las calenturas y el hambre. Entonces supo la desgraciada muerte de su hermano y la lucha entre el joven Almagro y Vaca de Castro, representante el último del Gobierno de la Metrópoli.
Orellana, con su buque que tenía a bordo 50 hombres de tropa y dos clérigos, bajó por el río Napo, encontrando la primera aldea india el 8 de enero de 1541. Habiéndole dicho los indígenas que se hallaban próximos a un río mucho más caudaloso, dispuso construir otro buque, que pronto estuvo listo. Acabado el bergantín y hechas las reparaciones necesarias en el viejo barco y después de proveerse de tortugas, gallinas y pescado que facilitaron los indios, siguió su navegación[642]. El 24 de abril de 1541 salió del Asiento de Aparia. Nuestros sufridos navegantes caminaron 80 leguas sin hallar indio de guerra y luego penetraron en despoblados, continuando su camino alimentándose sólo de hierbas y de maíz tostado.
[642] Véase Herrera, Década VI, lib. IX, cap. II.
El 6 de mayo llegaron a un Asiento alto y se detuvieron para pescar, y el 12 del mismo mes arribaron a las provincias de Machiparo, donde tuvieron que resistir las acometidas de belicosos indios. Continuaron su camino río abajo, siempre peleando, distinguiéndose por su bravura Cristóbal de Aguilar, Blas de Medina y Pedro de Ampudia. Seguidos los castellanos por muchas canoas de indios, pudieron llegar a la confluencia de tres ríos, siendo el Marañón el mayor de ellos.
«El 26 de febrero echaron ancla y bajaron a tierra, donde fueron recibidos pacíficamente por los indígenas, sin otro inconveniente que sufrir--como escribió el cura Carvajal--la plaga egipcia de los mosquitos. Más adelante sufrieron los ataques de tribus belicosas, viéndose obligados a permanecer en el centro de la corriente donde eran menos molestados, pues la humedad había inutilizado la pólvora que llevaban y las cuerdas de sus ballestas. La víspera de la Santísima Trinidad llegaron a la embocadura de un río que procedía de la izquierda y que por aquel lado era el mayor de los afluentes del Amazonas, y al cual, unos llamaron de la Trinidad, porque se descubrió en la mencionada víspera, y otros río Negro, porque sus aguas parecían negras como tinta»[643]. Pasando el río Negro encontraron bastante más abajo el territorio de los paguanas, en el que Orellana sostuvo diferentes combates con los indígenas. El 7 de junio se hallaba en el país de los picotas, nombre que dió porque en las orillas vió cabezas humanas clavadas en picas.
[643] Dr. Sophus Ruge, Historia de los descubrimientos geográficos, pág. 187. Oncken, Historia Universal, tom. VII.
Algunos días después encontraron una comarca tributaria de las coniapayaras, la cual estaba gobernada por 10 ó 12 mujeres Amazonas. Eran--según Carvajal--altas, robustas, de tez clara y llevaban sus cabellos en largas trenzas. Iban desnudas, armadas con arcos y flechas, notándose por sus facciones y por su aspecto que parecían proceder de una raza septentrional. Atacaron valerosamente a los españoles y murieron en la pelea siete u ocho de ellas. Como se encontrasen varias aldeas gobernadas por mujeres, recibió el río el nombre de las Amazonas, que actualmente conserva. Debió Orellana encontrar estas mujeres belicosas junto a la embocadura del Yamunda. Gomara califica de disparates lo que refiere Orellana de las Amazonas, añadiendo lo siguiente: «Que las mujeres anden allí con armas y peleen, no es mucho, pues en Paria, que no es muy lejos, y en otras muchas partes de Indias lo acostumbraban; ni creo que ninguna mujer se corte y queme la teta derecha para tirar el arco, pues con ella lo tiran muy bien, ni creo que maten o destierren sus propios hijos, ni que vivan sin marido, siendo lujuriosísimas. Otros, sin Orellana, han levantado semejante hablilla de Amazonas después que se descubrieron las Indias, y nunca tal se ha visto ni se verá tampoco en este río. Con este testimonio, pues, escriben y llaman muchos río de las Amazonas, y se juntaron tantos para ir allá.» En la citada embocadura del Yamunda se reembarcó Francisco de Orellana, calculando ya haber recorrido más de 1.400 leguas. Bajó otras 150 y halló (24 de junio) un país poblado, que recibió el nombre de San Juan. Pasó en seguida cerca de varias islas, de las que salieron más de 200 piraguas tripuladas por 30 ó 40 indios cada una. Orellana, aunque con algunas pérdidas, rechazó sus ataques. Supo que todas aquellas islas obedecían a Caripuna, y por ello dió a todo el archipiélago el nombre de aquel jefe. Notó por primera vez en el río el influjo de las mareas. Desembarcó en el país de Chipayo para reparar su nave, y allí sostuvo nuevo combate con los indígenas. Dióse a la vela el 8 de agosto, y el 26 de dicho mes llegó al golfo de Paria, en el Océano Atlántico Ecuatorial, no sabiendo dónde estaba ni adonde debía dirigirse, confiando solamente en la misericordia divina. Los dos buques doblaron, según Acuña, el llamado Cabo Norte, a 200 leguas de la Trinidad, anclando (11 de septiembre) en la isla de Cubagua, junto a la de las Perlas o sea Margarita, donde fueron recibidos por sus compatriotas.
Orellana había navegado durante ocho meses, recorriendo--si no mentían sus cálculos--1.800 leguas, desde que verificó su embarque en el Amazonas hasta su salida al Océano Atlántico. En línea recta las 1.800 leguas, quedarían reducidas a 700. El ilustre extremeño, sin pensarlo siquiera, había descubierto y explorado el mayor río de la América del Sur. «Este viaje novelesco--escribe el Dr. Sophus Ruge--no tiene igual en la historia, a no ser el que hizo en el pasado decenio el célebre Stanley, por el río Congo en Africa»[644]. «Sin piloto ni astrolabio--dice el Sr. Coroleu--había hecho por regiones ignotas y pobladas de indómitos salvajes una travesía igual en línea recta a la distancia de 2.800 kilómetros, descubriendo el río más caudaloso del mundo. No sin razón se ha dicho que en la historia de los descubrimientos geográficos no hay ningún episodio comparable a éste por su heroica grandeza y por la importancia de sus resultados. Pero aquella expedición había pasado inauditos trabajos, cuya narración era para entibiar el entusiasmo de los más animosos exploradores. La obra de Orellana sólo podía continuarse disponiendo de grandes medios que no suelen tener a mano los simples particulares»[645]. Orellana, desde la citada isla de Cubagua envió al Rey minuciosa relación de su atrevido viaje, marchando después con sus compañeros a la isla de Haití, y a la cual llegó en 20 de diciembre de 1541.
[644] Oncken, Hist. Universal, tom. VII, pág. 188.
[645] América, Historia de su colonización, etc., tomo II, pág. 85.
Orellana intentó colonizar el inmenso territorio descubierto, y a este fin pasó a España el 1542, logrando lo que deseaba del gobierno de Carlos V. Llamó al país que iba a colonizar Nueva Andalucía, porque así como Andalucía estaba regada por el Guadalquivir, el río más caudaloso de España, aquella región estaba regada por el Amazonas, la corriente más poderosa del Nuevo Mundo. También encontró apoyo en el país, consiguiendo para la ejecución de su proyecto cuatro buques y 400 hombres, con los cuales salió el 11 de mayo de 1545 de Sanlúcar de Barrameda[646]. Tras larga y penosa navegación arribó a las Canarias, en cuyo punto perdió una de sus naves y 148 hombres. Tres meses residió en Tenerife y dos en Cabo Verde, viendo sus tripulaciones diezmadas por la sed, y una tempestad le arrebató otro navío y 70 compañeros de viaje. Habiendo llegado a la embocadura del Marañón, subió por el río unas 100 leguas, saltando a tierra para construir un barco con los restos de una de sus naves; perdió allí 57 hombres víctimas del hambre, y 30 leguas más arriba se hizo pedazos su último navío. Detúvose algún tiempo y continuó luego su viaje, buscando siempre la corriente principal del Amazonas; murieron otros 17 españoles luchando con los indígenas ribereños, y también el mismo Orellana, de dolor y de pena, en las cercanías de Montealegre, en el territorio de los manoas. La viuda de Orellana y los demás expedicionarios bajaron por el río, y arrojados por el mar a las costas de Caracas llegaron, por último, a la isla Margarita[647].
[646] Otros dicen que el 1544.
[647] Véase Diccionario Hispano-Americano, cuaderno 347, pág. 298.
CAPÍTULO XXX
EXPEDICIÓN DE JUAN DA NOVA.--SEGUNDA EXPEDICIÓN DE VASCO DE GAMA A LA INDIA.--EXPEDICIONES DE ALFONSO Y DE FRANCISCO DE ALBURQUERQUE.--FRANCISCO DE ALMEIDA ES NOMBRADO VIRREY DE LA INDIA.--GOBIERNO DE ALFONSO DE ALBURQUERQUE: TOMA DE GOA Y DE MALACA.--SUCESORES DE ALBURQUERQUE.--VASCO DE GAMA VIRREY DE LA INDIA: SU MUERTE.--SUCESORES DE VASCO DE GAMA.--LOS PORTUGUESES EN LAS MOLUCAS.--ANTONIO DE ABREU SALE PARA LAS MOLUCAS.--AVENTURAS DE SERRAO.--VIAJE DE TRISTÁN DE MENESES.--VIAJE DE ANTONIO BRITO.--PORTUGUESES Y ESPAÑOLES EN TIDOR.--GOBIERNO DE BRITO.--GOBIERNO DE GARCÍA ENRÍQUEZ.
Antes de haber regresado Alvarez Cabral del Brasil y de la India--como se dijo en el capítulo XXV--el Gobierno portugués formó una escuadra compuesta de cuatro buques, la cual salió a la mar el 5 de marzo del año 1501 bajo el mando del marino gallego Juan da Nova.
En su expedición Juan da Nova consiguió resultados mercantiles tan satisfactorios como la anterior de Cabral. Descubrió a los 8° de latitud Sur una isla que llamó de la Concepción, y que dos años después, creyendo Alburquerque que él era el primer descubridor, le dió el nombre de la Ascensión. El 7 de julio llegó a la bahía de San Braz, al Este del Cabo de Buena Esperanza; en agosto estuvo en Mozambique, después en Melinde y luego en Cananor. Dirigióse contra una escuadra del soberano de Calcuta, que intentaba impedirle el paso, echando a pique catorce buques. Regresó a Cochin y a Cananor, pudiendo en estos puntos llenar las bodegas de sus naves y capturando luego en el camino dos barcos de musulmanes cargados de especias, de cuya mercancía se hizo dueño. A su regreso descubrió una isla a la que dió el nombre de Santa Elena; isla que, según Barros, parece haber sido colocada en aquel punto por Dios para dar nueva vida a todos los que vienen de la India, porque allí se encuentra agua excelente y otros refrescos en abundancia. Juan da Nova dió fondo en el puerto de Lisboa el 11 de noviembre de 1502.
Después de la expedición de Nova, y sin embargo de que la ganancia material no fué poca, se pensó por el gobierno si convenía o no continuar aquel comercio con la India o limitarse al de la costa de Africa con los negros, que era más fácil y menos costoso y comprometido. Tuvo el Rey muchas conferencias con sus consejeros, decidiéndose al fin proseguir los viajes, no sin castigar duramente a los musulmanes. Se decidieron a ello, ya por las ventajas comerciales, ya--y esto era lo más importante--por convertir aquellas regiones al cristianismo.
Nueva expedición se encargó a Vasco de Gama, llevando a sus órdenes a Sodré, la cual se componía de 20 buques, con 800 individuos armados. El 10 de febrero de 1502 salió Vasco de Gama con 15 buques, y el 1.º de abril su sobrino Esteban de Gama con cinco buques. Casi al mismo tiempo llegaron ambas secciones al término de su viaje. En Mozambique recibió Vasco de Gama señaladas pruebas de amistad del jeque, que ya no era el mismo de antes; en Quiloa, admiró la ciudad, que contaba con unos 12.000 habitantes, rodeada de bosques de naranjos, limoneros, granados e higueras. Las casas estaban hechas de cal y canto con azoteas y un piso superior de madera. Sometióse el jeque, que era árabe, y se obligó a pagar al rey de Portugal un tributo anual de 500 meticales en oro (584 cruzados), y consintió en que se izara en la torre de su palacio la bandera portuguesa. De Quiloa marchó Vasco de Gama a Melinde, a cuyo rajá, amigo de los portugueses, le invitó a una gran fiesta a bordo de sus buques. Continuó Gama su viaje y en el mes de agosto encontró a su sobrino Esteban con tres barcos y luego halló los dos restantes en las islas Andiedivas. Detúvose en Baticola, puerto perteneciente al reino de Bisnaga, y allí le dieron un suministro de arroz para su gente. Siguiendo su ruta a Cananor, apresó, saqueó y quemó un buque que regresaba de la Meca con peregrinos y mercancías. Tuvo Gama audiencia solemne con el rajá de Cananor, a quien exigió que rompiese sus relaciones mercantiles con Calcuta. Antes de llegar a Calcuta recibió embajadas del Samorin ofreciéndole la paz; mas fueron tantas las exigencias del portugués, que el soberano indio no pudo acceder a ellas. Entre otras, pidió que el Samorin expulsase de la ciudad más de 4.000 familias de árabes del Cairo y de la Meca establecidas allí. Sin atender razones de ninguna clase, cañoneó dos veces a Calcuta, destruyendo muchas casas. El Samorin entonces se dispuso a una guerra a muerte. Mientras tanto Vasco de Gama se encaminó a Cochin, celebrando un tratado de comercio con el rajá y recibiendo amistosa embajada de la madre del soberano de Collam. Habiendo hecho su cargamento en Cochin y Collam, pasó a Cananor en los comienzos de febrero de 1503. Pasado algún tiempo emprendió su viaje de regreso, no sin dejar a Sodré con cinco buques mayores y dos carabelas en el mar Índico, ora para tener en jaque al Samorin, ora para proteger a los príncipes aliados. Llegó Gama a Lisboa en septiembre de 1503.
Ni Vicente Sodré tuvo en jaque al soberano de Calcuta, ni protegió a los príncipes amigos. El Samorin atacó por mar y por tierra al rajá de Cochin, apoderándose del reino. Entretanto, el jefe de las fuerzas portuguesas había ido a Guzerat y luego a la costa meridional de Arabia, teniendo la desgracia de que furiosa tempestad destruyese parte de sus buques, incluso el suyo, muriendo las dotaciones cerca de las islas de Curia-Muria. Después de esta catástrofe, que ocurrió en el mes de julio o de agosto del 1503, volvió a la India y se situó en las Andiedivas, esperando refuerzos de su país.
Pronto iban a llegar los refuerzos con tanta ansia esperados. El 6 de abril de 1503 se hicieron a la vela desde Portugal a la India tres buques al mando del insigne Alfonso de Alburquerque, llamado el Grande por los historiadores portugueses, y otros tres dirigidos por Francisco de Alburquerque, primo de Alfonso. Así describe al primero de estos capitanes uno de sus compatriotas: «Alfonso de Alburquerque era--dice--de estatura mediana y de exterior agradable. Su larga cara, de tez fresca y nariz aguileña, estaba adornada de hermosa barba, blanca con el tiempo, que le llegaba a la cintura, dándole aspecto venerable. Sabía perfectamente el latín y era prudente lo mismo en sus palabras que en sus escritos. Era amado y a su vez temido, sin que su benevolencia degenerara en parcialidad, ni sus reprensiones en dureza. Cumplía siempre la palabra que daba, aborrecía la impostura y amaba la justicia. Por mar y por tierra recibió muchas heridas, probando con su sangre que no rehuía ningún peligro. Liberal hasta el exceso, cedía el botín a sus capitanes, porque siempre se cuidaba más de la gloria que de la adquisición de riquezas.» A Alfonso de Alburquerque acompañaba el valeroso capitán Duarte Pacheco Pereira, y a Francisco de Alburquerque, Nicolás Coelho, ya conocido desde el primer viaje de Vasco de Gama.
Las dos flotas llegaron en agosto a la costa de Malabar, primero Francisco, el cual, con la ayuda de los buques que habían quedado de la escuadra de Sodré, se dirigió a Cananor y Cochin. Cuando llegó Alfonso, ambos jefes reinstalaron en su capital y dominios al rajá de Cochin y levantaron en aquella población una ciudadela. Alfonso hizo sus compras en Collam y Francisco en Cochin. A fines de enero salió Alfonso de la India, dejando a su primo Francisco todavía ocupado en las compras; fondeó el 3 de septiembre en el puerto de Lisboa. Francisco de Alburquerque salió de la India el 5 de febrero. Sorprendido por una tempestad en la costa Oriental del Africa, pereció juntamente con Nicolás Coelho, salvándose sólo la tripulación de un buque de los de la escuadra de Sodré. Entre tanto, Duarte Pacheco Pereira, que se había quedado en la India, sostenía lucha empeñada y tenaz con el Samorin de Calcuta. Luego Duarte fué nombrado administrador de los establecimientos portugueses en la costa de Guinea; mas el Rey, dando crédito a calumniadores, dispuso que cargado de cadenas fuese conducido a Portugal, muriendo en la mayor miseria. El inspiradísimo Camoens compara al infeliz Duarte con Belisario y censura con acritud al Rey por su ingratitud, injusticia y codicia[648].
[648] Os Lusiadas, X, 22 a 25.
Nombrado virrey de la India Francisco de Almeida, bajo su mando aumentó extraordinariamente el comercio de Portugal. Alfonso de Alburquerque fué nombrado capitán general y gobernador de la India. Lo mismo bajo el gobierno del uno que del otro, no dejaron los portugueses de pelear con los naturales del país. En estas grandes y continuadas luchas la fortuna sonrió algunas veces a los indios. También reinaba cierto desconcierto y falta de armonía entre los capitanes portugueses. En el Consejo general que celebraron los capitanes bajo la presidencia de Alburquerque (12 de octubre de 1510), Fernando de Magallanes se opuso a los planes de su jefe, lo cual fué motivo para que, contrariado el dicho Magallanes y luego no atendido por el rey D. Manuel, abandonase la India y se pusiera al servicio de España. El 20 de noviembre del citado año, Alburquerque, al frente de una escuadra compuesta de 23 buques con 1.600 individuos de tropa, se presentó a la vista de Goa y comenzó el ataque. El 25 de noviembre tomó la ciudadela por asalto y en seguida la ciudad. Los portugueses acuchillaron con verdadera crueldad a los musulmanes, lo mismo a los hombres que a las mujeres y a los niños. Comprendieron los portugueses que para hacer de Goa el centro del comercio entre el Occidente y la India anterior, necesitaban apoderarse también de Malaca. El 1.º de julio de 1511 se puso enfrente de Malaca. El sultán Mahmud encargó la dirección de la defensa de la plaza a su hijo; pero, después de valerosa resistencia, cayó Malaca a mediados de agosto. A los mahometanos, lo mismo que en Goa, no se les dió cuartel. Portugal, pues, se estableció en la India, cuyos príncipes, aunque de mala gana, reconocieron la soberanía de aquella nación.
La impresión que causó en Europa la conquista de Malaca, fué inmensa. El rey D. Manuel escribió al Papa, con fecha 6 de junio de 1513, participándole las conquistas de la India; León X respondió con el breve Significavit nobis, de 5 de septiembre del mismo año. Como el sultán de Egipto no cesara de excitar a los príncipes indios para que se levantasen contra los portugueses, prestándoles también auxilios de buques y tropas, el rey D. Manuel instó al capitán general que emprendiese una expedición al mar Rojo, con el objeto de cerrar, tal vez en absoluto, el camino más importante del comercio árabe con la India. En los comienzos del año 1513 preparó Alburquerque la expedición, aunque sin prometerse felices resultados, indicándolo así la comunicación que pasó a sus capitanes, diciéndoles que el rey D. Manuel le había mandado diferentes veces hacer aquella expedición, exigiéndole, por último, que la realizase en seguida.
Púsose en camino el 18 de febrero del citado año con 20 buques, 1.700 soldados portugueses y 800 soldados indios. En el puerto de Soco (isla de Socotora), hizo provisión de agua dulce, penetró en aquel mar interior que separa dos continentes, dirigiéndose a la ciudad de Aden, que entonces, como al presente, era la llave del mar Rojo. A Aden llevaban los buques malabares los productos de la India, y a Aden acudían a hacer sus compras los comerciantes árabes. El gobernador de Aden se llamaba Aben-abdel-vahal, que se preparó a resistir a los portugueses. Comenzó la lucha, teniendo que retirarse Alburquerque ante el decidido arrojo de los árabes. Aunque con ánimo de volver a la lucha con más fuerzas, se dirigió a ocupar algunas islas del mar Rojo, encaminándose hacia la de Camarán, situada en el golfo Arábigo y cerca de la ciudad de Lohaya (a los 15°, 51' de latitud Norte y 40° 32' de longitud Este del Meridiano de Greenwich). En la isla abundan los pozos de agua dulce. Permaneció algún tiempo en ella Alburquerque; mas aquel clima cálido le causó muchas bajas, decidiéndose al fin a dar la vuelta a la India. El 13 de julio pasó por Aden, y el 4 de agosto tocó en el puerto de Diu, cuyo gobernador, Melec Eias, le permitió el establecimiento de una factoría. Siguió ejemplo tan generoso el emperador de Calcuta. Entonces los portugueses, correspondiendo a la amistad de los indios, levantaron el bloqueo de las costas, dieron pasaportes a los buques mercantes mahometanos y el comercio volvió a florecer. Al año siguiente (1514), Pedro de Alburquerque, sobrino del capitán general, fué a Ormuz para cobrar el tributo anual; y Jorge de Alburquerque se dirigió con tropas frescas a Malaca, de cuya defensa hubo de encargarse.
Cuando Alfonso de Alburquerque se ocupaba en arreglar los asuntos interiores de la India, recibió carta del Rey, ordenándole que marchase inmediatamente para Ormuz. Allá se encaminó, partiendo desde Goa el 21 de febrero de 1515 con 27 buques, 1.500 soldados portugueses y 700 indios. Aunque reinaba en Ormuz Rais Nordin, viejo y débil, el verdadero gobernador era el persa Rais Ahmed, su sobrino. Ya estaba decidido Ahmed a reconocer la soberanía del shah de Persia, única manera de librarse del tributo molesto impuesto por los portugueses; mas lo impidió la oportuna llegada de Alburquerque el 26 de marzo. Dueño el capitán general de la ciudadela, nombró gobernador de ella a su sobrino Pedro. En seguida, comprendiendo que Ahmed era un obstáculo para sus planes, le hizo matar, restableciendo en su antiguo poderío al anciano Rais Nordin, si bien los portugueses dominaban con su flota el mar y desde la ciudadela a Ormuz. Dió muestras Alfonso de Alburquerque de hábil político, mandando una embajada a Ismail, shah de Persia, estableciéndose la más cordial amistad. Contribuyó a ello la enemiga que a causa de la religión había entre persas y árabes, pues los primeros eran mahometanos siitas y los segundos mahometanos sunnitas. Enfermo el capitán general de disentería, oyendo el parecer de los médicos, se decidió a volver a la India, zarpando de Ormuz en los primeros días de noviembre. Al pasar por la costa de Omán, cerca de Calhat, recibió la noticia por un barco árabe que venía de Diu, que el Rey, desconociendo sus relevantes méritos, le había quitado el mando, siendo nombrado sucesor suyo Lope Soarez. Con amargura exclamó entonces: «¿Capitán general López Soarez? ¿No había otro? ¿Y el Rey me envía con el caracter de capitanes y secretarios a hombres como Diego Méndez y Diego Pereira, a quienes por sus delitos he enviado yo presos a Portugal? Por servir al Rey me he enemistado con esta gente, y ahora por amor de ellos me retira su confianza.» Deseaba por momentos llegar a Goa, donde encontraría cartas que le explicasen su destitución y en las cuales esperaba por lo menos que el Rey reconociera sus méritos. Por consejo de sus amigos escribió a Don Manuel su última carta: «Señor--le decía--estas son las últimas palabras que dirijo a V. M., agobiado por la desgracia, después de tantas relaciones como le he escrito con alegría y brío. Dejo aquí un hijo (natural) Blas Alburquerque, y suplico a V. M. premie en él mis méritos. Los asuntos de la India hablarán por sí y por mí.» Alburquerque murió a la vista de Goa el 16 de diciembre de 1515, cuando contaba sesenta y tres años.
Ingrato fué el rey Don Manuel con el más notable de los caudillos portugueses en la India. Los enemigos de Alburquerque le calumniaron diciendo que quería hacerse soberano independiente de los citados territorios, como lo indicaba los nombramientos que hizo en favor de sus sobrinos, confiándoles la defensa de Malaca y de Ormuz. Jamás pensó Alburquerque en ello, proponiéndose solamente nombrar en las citadas plazas jefes de su confianza para mejor conservarlas en la corona de Portugal. Alburquerque era justiciero, enérgico, generoso y valiente hasta la temeridad. Así como Alejandro el Macedónico procuró que jóvenes griegos se casasen con mujeres asiáticas, Alburquerque favoreció los matrimonios de los portugueses con jóvenes indias. A cada nuevo matrimonio regalaba de los fondos públicos 18.000 reis; a los portugueses que se establecían en el país repartió las casas y campos de los musulmanes expulsados. Lo mismo que Colón, pensó en proyectos absurdos y extravagantes; el genovés quiso conquistar la Palestina, y el preclaro hijo de Portugal, entre otros proyectos, tuvo el de hacer una expedición al mar Rojo, conquistar a Medina y llevarse los huesos de Mahoma, con el objeto de obtener después en cambio el Santo Sepulcro de Jerusalén, rescatándole del poder de los infieles. Los tres primeros sucesores de Alburquerque no valían lo que él. Lope Soarez (1515-1519) y Diego López de Sequeira (1519-1521) sufrieron algunos reveses, como también Duarte de Meneses. Murió Don Manuel el Grande el 13 de enero de 1521, sucediéndole su hijo Juan III; el nuevo monarca nombró como sucesor de Meneses, con el título de virrey, al muy ilustre Vasco de Gama. El 23 de septiembre llegó el nuevo virrey a Goa, dedicándose inmediatamente a examinar la administración, harto desorganizada. Por desgracia, murió el 24 de diciembre de 1524 en Cochin, y como Colón, fué sepultado en un convento de San Francisco[649].
[649] Trasladáronse sus restos a Portugal, año 1538, y sepultados en Vidigueira, donde el populacho destruyó el sepulcro el 1840.
Enrique de Meneses sucedió a Vasco de Gama, que murió el 1526; después gobernó Lope Vaz de Sampayo, y en seguida Nuño de Acuña (1528-1538), terminando con él los grandes gobernadores de la India. Coronóse de gloria en la conquista de la plaza de Diu, ciudad importante y puerto formidable del reino de Guzerat. Dicha conquista ocasionó guerra sangrienta con los turcos, los cuales tuvieron empeño en reconquistarla. García de Noronha, sucesor de Nuño de Acuña, llegó a Goa el 11 de septiembre de 1538 con una escuadra. No guardó consideración alguna a su antecesor, hasta el punto que, pretextando de que le hacían falta todos los buques, no quiso darle uno para su viaje de regreso. «El hombre--escribe el Sr. Sophus Ruge--que había ensanchado y engrandecido el poder de Portugal tan gloriosamente, el que había levantado las fortalezas de Diu, Basein y Chalí, que según Barros, eran tan importantes como Ormuz, Malaca y Goa, conquistadas por Alburquerque, tuvo que contratar a su costa un barco para salir de la India»[650]. Nuño de Acuña tuvo que prolongar su estancia en Cananor hasta enero de 1538, y, cuando se embarcó, llevaba el germen de próxima muerte. En efecto, siete semanas después falleció. Preguntándole en sus últimos momentos si quería que llevasen su cadáver a Portugal, contestó: «Si Dios tiene determinado que muera en el mar, quiero que el mar sea mi tumba. La patria que tan ingrata se ha portado conmigo, no debe conservar mis huesos.» También Publio Escipión, el vencedor de Aníbal, terminó sus días en voluntario destierro, y al tiempo de morir prohibió a sus parientes que llevasen su cuerpo a aquella ingrata patria por la cual tanto había peleado y en la que reposaban las cenizas de sus antepasados.
[650] Ob. cit., pág. 78.
Respecto al establecimiento de los portugueses en las Molucas (Oceanía), después que el gran Alburquerque se hubo apoderado de Malaca, envió a Antonio de Abreu con tres buques para visitar las Molucas o islas de las especias (Halmaheza o Gilolo, Ternate y Tidor. Ceram, Amboina, Banda y otras). Zarparon en diciembre de 1511 y fueron a la costa septentrional de Java, luego a Amboina y por último a Banda. Descubiertas las Molucas, último objeto de la política mercantil de Portugal, Abreu regresó a Malaca y después a Portugal, en tanto que Francisco Serrao, capitán de uno de los citados tres barcos[651], pasaba a Ternate y se hacía amigo del Sultán del país, el cual era el más poderoso de las Molucas, pues cada isla tenía su jefe o soberano propio. Sucedió que un barco malayo con carga de especias y que varó en la playa de Java, llevó la noticia a Malaca (1513) de las aventuras de Serrao. Entonces se despachó a Antonio de Miranda de Azevedo con una escuadra para ir a buscar a Serrao y demás compatriotas. Llegó Azevedo, quien se encontró con que los dos sultanes rivales de Ternate y de Tidor, que habían oído las hazañas de los portugueses, solicitaron su amistad, y ambos le ofrecieron terreno para establecerse en su isla respectiva, creyendo cada uno poder vencer a su rival con el auxilio de los extranjeros. No aceptó el ofrecimiento Miranda de Azevedo, quien se limitó por lo pronto a cumplir la orden que se le había dado, llevándose la tripulación y dejando a Serrao en Ternate. Entre las cartas que dió a Miranda para que éste las llevase a sus amigos de la India, se halla una dirigida a Fernando de Magallanes, en la cual exageraba la distancia de Malaca a las Molucas. Esta carta tuvo consecuencias de gran importancia, porque no dudando Magallanes de la veracidad de un amigo y creyendo exactas las distancias, tuvo como cierto que las Molucas se hallaban más allá del Meridiano fijado como límite entre los descubrimientos de españoles y portugueses. Fundándose en estos hechos, determinó ir a las Molucas desde España, siguiendo la ruta occidental, y tomar posesión de ellas en nombre del Rey Carlos I.
[651] Francisco Serrao no solamente tuvo la desgracia de que naufragara el buque que sacó de Malaca, sino que también perdió otro adquirido en Banda.
El portugués Tristán de Meneses en el año 1518 llegó a las Molucas, encontrándose con Serrao en Ternate. Aunque el sultán de la citada isla se ofreció a construir una factoría para los portugueses, Meneses no aceptó el ofrecimiento, diciendo que su Rey le había mandado sólo a comprar especias. Llenó su buque y tres más del país, dando el mando de los últimos a Serrao, a Simón Correa y a Duarte da Costa. Terrible tempestad dispersó la flotilla poco después de haber salido de Ternate, teniendo que cobijarse Meneses en Banda, y los tres barcos del país regresaron a las Molucas. Meneses se dirigió luego a las Molucas en busca de sus compañeros, a quienes encontró en lucha con los indígenas y llevando, desgraciadamente, la peor parte; entonces marchó a Amboina, completó su cargamento y regresó solo a Malaca. Serrao pudo librarse de la muerte que sufrieron las tripulaciones de los buques citados en la isla de Batian y se quedó en Ternate.
Conocidos semejantes hechos en Lisboa, el Gobierno decidióse a enviar respetable escuadra a las Molucas, confiando el mando a Antonio Brito. Salió Brito de Portugal el año 1521 y después de sufrir terrible tempestad, pudo llegar en febrero de 1522 a la isla de Banda; luego a la de Batian, donde castigó a sus habitantes por la muerte que dieron a los de la escuadra de Meneses; y al pasar por delante de Tidor, vió con sorpresa a los españoles establecidos en la isla. Allí averiguó que dos buques de una expedición mandada por Magallanes, ya al servicio de Carlos I, había llegado a Tidor, siendo bien recibidos por el sultán de la isla, hasta el punto de haberse quedado en calidad de factor, después que se marcharon los dos barcos, Juan de Campos. Brito dispuso que Campos fuera a Ternate, isla siempre fiel a los portugueses, donde debió haber muerto el famoso capitán Serrao. Si estuvo acertado Brito haciendo construir una fortaleza a la que dió el nombre de San Juan Bautista, cerca de la ciudad, mereció severas censuras por haber intervenido en el gobierno interior y supremo de la isla. Como para nuestro objeto no tienen interés tales hechos, recordaremos que durante el gobierno de Brito en las Molucas llegó Jorge de Meneses, habiendo salido de Malaca el 22 de agosto de 1526, a un puerto de Borneo, pasó después entre Joló y Mindanao, viniendo a parar a la costa Septentrional de la Nueva Guinea, isla que se halla al Este de las Molucas. Meneses, descubridor de la Nueva Guinea, arribó a Ternate en mayo de 1527. Desde Ternate mandó también Brito una flota que descubrió la isla de Célebes, la cual se halla al O. de las Molucas, y cuyos habitantes no dejaron desembarcar a los portugueses, quienes a su regreso a Ternate, fueron llevados por el monzón a la playa de una de las islas Marianas o de los Ladrones, descubiertas ya entonces por Magallanes y situadas al E. de Filipinas. Relevado Brito, fué nombrado para sucederle García Henríquez. Más adelante los españoles dirigieron expediciones a aquellas lejanas tierras, mereciendo entre todos el primer lugar el guipuzcoano Miguel López de Legazpi.
APÉNDICES
A
Entre los que censuraron con más acritud la dominación española, se hallan los sabios D. Jorge Juan y D. Antonio Ulloa. Después de la expedición científica que en el año 1735 hicieron los mencionados marinos españoles en compañía de los franceses MM. Godin, Bouger y la Condamine, aquéllos se dedicaron a estudiar el estado social del Perú. «Ellos viajaron de pueblo en pueblo, indagando por todas partes cuanto podía conducir a su intento, tomando informe de las personas más desinteresadas, inteligentes y rectas, sobre aquellas cosas cuyo conocimiento no podían adquirir por su propia experiencia, y procurando siempre descubrir la verdad con la calificación de las noticias y con la repetición o examen de los sucesos»[652].
[652] Noticias secretas de América, publicadas por David Barry, parte I, prólogo III. Londres, 1826.
Trasladaremos a este lugar algunos párrafos de la citada obra. Afirman Jorge Juan y Ulloa que los indios que se llaman libres se hallaban en peor situación que los esclavos africanos, añadiendo luego: «La tiranía que padecen los indios nace de la insaciable hambre de riquezas que llevan a las Indias los que van a gobernarlos, y como éstos no tienen otro arbitrio para conseguirlo que el de oprimir a los indios de cuantos modos puede suministrarles la malicia, no dejan de practicar ninguno, y combatiéndolos por todas partes con crueldad, exigen de ellos más de lo que pudieran sacar de verdaderos esclavos suyos».[653]. «Los indios son unos verdaderos esclavos en aquellos países, y serían dichosos si no tuvieran más de un amo a quien contribuir lo que ganan con el sudor de su trabajo; pero son tantos, que al paso que les importa cumplir con todos, no son dueños de lo más mínimo que con tanto afán y trabajo han adquirido...»[654]. «La iniquidad es todavía mayor en los casos de justicia, pues nada desean más aquellos jueces que una ocasión de querella o riña para dejarlos enteramente arruinados...»[655]. «Es dicho común de los hombres más juiciosos y timoratos de aquellos países, que si los indios llevan por Dios los trabajos que pasan durante su vida, serían dignos de que al punto que espirasen los canonizase la iglesia por santos; el continuo ayuno, la perpetua desnudez, la constante miseria, la interminable opresión y el castigo exorbitante que sufren desde que nacen hasta que mueren, es más que suficiente penitencia para satisfacer en este mundo todos los pecados que les puedan ser imputados»[656]. «Siempre que caminábamos, era la regular diversión en la molestia de la jornada, la conversación de los indios que nos servían de guías; y lo primero que nos informaban era sobre la familia que tenía el cura del pueblo a donde nos encaminábanos, siendo bastante el preguntar cómo se portaba la mujer del cura, para que ellos nos instruyesen en el número de las que le habían conocido, los hijos e hijas que habían tenido en cada una, sus linajes y hasta las más pequeñas circunstancias de lo que con ellas sucedía en los pueblos»[657].
[653] Ob. cit., segunda parte, pág. 231.
[654] Ibidem, pág. 238.
[655] Ibidem, pág. 239.
[656] Ibidem, pág. 292.
[657] Ob. cit., pág. 349.
«Cuando nosotros pasábamos (año 1741) por aquel pueblo (Lambayeque) para Lima, sucedió que un simple clérigo tuvo atrevimiento para intentar apalear al Corregidor porque fué a su casa a sacar un reo que acababa de dar de puñaladas a un vecino y se había retirado a ella; en fin, allí es donde no hay poder para que exerca el suyo la justicia»[658]. «Cuando pasamos por Panamá se hallaba aquella Audiencia en un estado tan corrompido y tan desacreditada la justicia, que entre los sujetos que formaban aquel tribunal, había uno (cuyo desahogo sobresalía al de los demás), el cual tenía a su cargo el ajustar los pleitos y convenirse con los interesados en el importe de la gracia que se les había de hacer»[659]. «Entre los vicios que reinan en el Perú, el concubinaje, como más escandaloso y más general, deberá tener la primacía. Todos están comprendidos en él, europeos, criollos, solteros, casados, eclesiásticos, seculares y regulares...»[660]. «Pero lo que se hace más notable es que los conventos estén reducidos a públicos burdeles...»[661].
[658] Ibidem, pág. 447.
[659] Ibidem, pág. 464.
[660] Ibidem, pág. 490.
[661] Ibidem, pág. 494.
B
PROVISIÓN DE LOS REYES MANDANDO SUSPENDER EL CONOCIMIENTO DE LOS NEGOCIOS Y CAUSAS CRIMINALES CONTRA LOS QUE VAN CON CRISTÓBAL COLÓN FASTA QUE VUELVAN[662].
[662] Archivo de los duques de Veragua.--Colec. de doc. inéd., etc., tomo XIX, págs. 465-467.
Don Fernando e Doña Isabel, por la gracia de Dios Rey e Reina de Castilla, de Leon, de Aragon, de Secilia, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaen, de los Algarbes, de Algeciras, de Gibraltar e de las Islas de Canarias: Condes de Barcelona; Señores de Vizcaya e de Molina; Duques de Atenas e de Neopatria; Condes de Rosellon e de Cerdania; Marqueses de Oristan e de Gociano: A los de Nuestro Consejo e Oidores de la Nuestra Abdencia, Corregidores, Asistentes, Alcaldes e Alguaciles, Merinos e otras Justicias cualesquier de cualesquier Cibdades e Villas e Logares de los nuestros Reinos e Señoríos, e a cada uno e cualquier de Vos a quien esta Nuestra Carta fuese mostrada, o su traslado signado de Escribano publico, salud e gracia. Sepades que Nos mandamos ir a la parte del Mar Oceano a Cristobal Colon a facer algunas cosas complideras a Nuestro servicio, e para llevar la gente que ha menester en tres carabelas que lleva, diz que es necesario dar seguro a las personas que con el fueren, porque de otra manera no querrian ir con el, al dicho viage; e por su parte Nos fue soplicado que ge lo Mandasemos dar, o como la Nuestra Merced fuere; e Nos tovimoslo por bien. E por la presente damos seguro a todas e cualesquier personas que fueren en las dichas carabelas con el dicho Cristobal Colon en el dicho viage que hace por Nuestro mandado a la parte del dicho Mar Oceano, como dicho es, para que no les sea fecho mal ni daño ni desaguisado alguno en sus personas ni bienes, ni en cosa alguna de lo suyo, por razón de ningun delito que hayan fecho ni cometido fasta el dia desta Nuestra Carta, e durante el tiempo que fueren e estubieren alla con la venida a sus casas e dos meses despues. Porque vos Mandamos a todos, e a cada uno de Vos en vuestros logares e jurisdiciones, que no conoscais de ninguna cabsa criminal tocante a las personas que fueren con el dicho Cristobal Colon en las dichas tres carabelas, durante el tiempo susodicho; porque Nuestra Merced e voluntad es, que todo ello este asi suspendido. E los unos ni los otros no fagades ni fagan ende al por alguna manera, so pena de la Nuestra Merced e de diez mil maravedis para la Nuestra Camara a cada uno que lo contrario ficierede. E demas Mandamos a cualquier Escribano publico que para esto fuere llamado que deende al que vos la mostrase testimonio signado con su signo, porque Nos Sepamos en como se cumple Nuestro mandado. Dada en la Nuestra Cibdad de Granada a treinta dias del mes de Abril, Año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil e cuatrocientos e noventa y dos años.--Yo el Rey.--Yo la Reina.--Yo Joan de Coloma, secretario del Rey e de la Reina Nuestros Señores, la fice escrebir por su mandado.--(Esta firmada.)
En las espaldas está sellada en papel con cera colorada, y tiene las notas siguientes:--Acordada su firma.--Rodericus, Doctor.--(Esta firmado.)--Francisco de Madrid, Chanciller.--(Esta firmado.)--Derechos nihil.--(Esta rubricado).
Del mismo modo, antes de partir Cristóbal Colón a su tercer viaje, los Reyes Católicos, mediante Real Provisión de 22 de junio de 1497, concedieron indulto a todos los súbditos y naturales de estos reinos que hubiesen cometido cualquier delito, con algunas excepciones, con tal que fuesen en persona a servir en la Isla Española a sus expensas, por cierto tiempo.
«Los condenados a pena de muerte eran indultados totalmente pasando allí sólo dos años, y uno únicamente de estancia en la misma libraba de todas las condenas y penas inmediatas a la última. De esta manera, exceptuados los casos de herejía, lesa magestad, incendio y falsificación de moneda, todos los estafadores, perjuros, falsarios, ladrones y asesinos, yendo a sus costas a la Española, podían volver plenamente rehabilitados a Castilla al cabo del tiempo ya dicho...»[663].
[663] Véase conde Roselly de Lorgues, Cristóbal Colón, tomo I, págs. 411 y 412.
C
REAL CÉDULA DADA EN MADRID 15 DE ABRIL DE 1540[664].
El Rey: Por quanto Nos somos informados, que en la Provincia de Tierra Firme, llamada Castilla del Oro, ay echa Ordenanza, usada y guardada, para que a los negros que se alzaren se les corten los miembros genitales, y que a acaescido cortarselos a algunos, y morir dello, lo qual demás de ser cosa mui deshonesta, y de mal exemplo, se siguen otros inconvenientes, é visto por los del nuestro Consejo de las Indias: Fué acordado que devia mandar dar esta mi cédula en la dicha razon por la qual proivimos y defendemos que de aquí adelante en manera alguna no se egecute la dicha pena de cortar los dichos miembros genitales, que si necesario es, por la presente rebocamos qualquier Ordenanza que cerca de lo suso dicho esté echa, y mandamos a los nuestros oydores de la nuestra Audiencia é Chanzilleria Real de la dicha Provincia de Tierra Firme, y al Reverendo en Christo Padre Obispo de la dicha Provincia que ordenen la pena que se deve dar a los negros que se alzaren, y envien al dicho nuestro Consejo de las Indias relacion de la pena que assi acordaren que se les dé, y entre tanto que la envian y se ve, y se provee lo que convenga, Mandamos a las nuestras Justicias de la dicha Provincia que cada, y quando se alzaren los dichos esclavos negros ó cometieren otro delito, los castiguen conforme al delito que hicieren.--Fray García Cardenalis Hispalensis.
[664] Arch. hist. nac.--Cedulario índico, tom. IX. núm. 256, págs. 147 v.ª y 149.
D
De una carta de D. Francisco Pi y Margall dirigida a los Estados Unidos de América, trasladamos aquí lo que creemos más interesante en el asunto de que se trata[665].
[665] Publicóse dicha carta en El Nuevo Régimen de 28 de agosto de 1909, y se volvió a publicar en el mismo periódico el 31 de diciembre de 1915.
«Me dirijo a tí, República del Norte, desde una nación que te ultraja y te odia, por creerte cómplice de los insurrectos de Cuba. Si respecto a Cuba de algo debiera yo acusarte, sería de haberte conducido sobradamente remisa y floja. ...América para los americanos; ese ha de ser tu criterio y tu grito de combate.
Como de los europeos es Europa, de los americanos ha de ser América. No consentirían los europeos colonias ni en sus playas ni en sus islas, y no hay razón para que los americanos las consientan en las suyas. Siete siglos llevaron en Europa los árabes, y no se paró hasta arrojarlos a las costas de Africa; seis siglos llevan en Europa los turcos, y se conspira incesantemente para rechazarlos al Asia. Por dos veces ha intentado Rusia en este siglo apoderarse de Constantinopla...
Europa anda como nunca desalada por ejercer imperio sobre extrañas gentes. No obró en siglo alguno con mayor descaro ni mayor violencia.
Ve ahora los principios que invoca para sus conquistas. Te detallaré a continuación los medios que emplea.
Hoy, como en el siglo XVI, tiene por principio inconcuso que las tierras ignoradas son del que las descubre. En vista de este principio, Colón, al llegar a Guanahaní, bajó a la costa, enarboló el estandarte de Castilla, tiró de la espada, y por ante escribano tomó posesión de la isla. En virtud de este principio hicieron otro tanto los demás descubridores de América. Hasta del mar del Sur u Océano Pacífico tomó posesión en parecida forma Vasco Núñez de Balboa. Metióse en el agua hasta las rodillas, llevando embrazado el escudo, en una mano la espada, en la otra el pendón de Castilla, y por ante escribano tomó posesión corporal y real, no sólo de aquel mar, sino también de sus tierras y sus costas, y sus puertos y sus islas, y los reinos y provincias anexos. Se aplica hoy este principio con una exageración muy semejante a la de Vasco Núñez. Se toma posesión apenas se ha puesto el pie, en un lugar de Africa, de territorios inmensos que no se ocuparán en años, tal vez en siglos. Se la toma de lo que no se domina, bautizándolo con el nombre de zonas de influencia.
El principio es evidentemente falso. Podrá ocuparse lo que otro no ocupe, no lo que ocupen pueblos cultos o bárbaros. Se ocupan en este caso tierras y hombres, cosa que no prescriben la dignidad ni la naturaleza de seres racionales y libres. Las tierras que se ocupan, constituye, por otra parte, la patria de los que las pueblan: no hay derecho a quitársela, lo hay tanto menos en hombres que se consideran obligados a defender en todo tiempo y a todo trance la integridad de su patria; ¿cómo se han de considerar con derecho a defenderla si están siempre dispuestos a violar la integridad de la patria ajena?
Un pueblo no puede cambiar su condición porque otro lo descubra. El descubrimiento es para él completamente extraño, tan extraño, que ni aun descubridor se considera. Recibe el pueblo descubridor como recibía antes los de sus alrededores; y, si por acaso lo ve de otro color o con otras condiciones, lo mira con curiosidad y aun lo agasaja, mientras no lo ve con ánimo hostil y en son de guerra. Entre el pueblo descubridor y el descubierto cabe que se establezcan relaciones de amistad y de comercio, nunca de vasallaje.
Descubrió Europa la América y se creyó con derecho a sojuzgarla; si América hubiese descubierto a Europa, ¿habría reconocido Europa en América el derecho de someterla?
El principio es antihumano, irracional, absurdo. ¿No parece mentira que lo aplique aún Europa, blasonando, como blasona, de ser la más culta parte del mundo?
* * * * *
Sigue aún Europa otro principio. Colonizar es civilizar, dice; porque amo la civilización, llevo mis soldados a las tierras de Africa y a las de apartadas regiones.
¿No cabe, según esto, civilizar sino por la violencia? La Historia lo desmiente. Siglos vivieron en nuestras costas los fenicios y los griegos sin lucha ni contiendas. Cuando fuimos nosotros a América, hasta con alborozo nos recibieron los habitantes de Haití; a creernos bajados del cielo llegaron. Desvivíanse aquellos hombres por servir a Colón, sobre todo cuando encalló en sus playas una de nuestras naves. Bajaron más tarde Orellana por el Amazonas y Ochagana por el Apure, sin que los hostilizaran, antes bien, los recibieron con agrado los pueblos de las orillas.
En la América del Norte compró Guillermo Penn tierras a los delawares, y cuando los delawares quisieron faltar al compromiso, tuvo en su defensa a los iroqueses.
En México, ¿quién duda que Hernán Cortés habría podido establecer buenas relaciones entre nosotros y los aztecas, si en vez de haber ido allí con aparato de guerra se hubiese limitado a presentarse como un embajador de don Carlos? Aun habiendo entrado en Tenochtitlan con infantes, caballos, arcabuces y cañones, habría podido enlazar pacíficamente los dos pueblos, si no se hubiese empeñado en poner aquella nación bajo la obediencia del rey de España y obligarla al pago de tributos.
Por el bárbaro sistema de conquista hirió Europa los sentimientos y destruyó la civilización de los pueblos cultos y no domó, en cambio, los salvajes, vivos y enérgicos, aun después de cuatro siglos, así en América como en Oceanía.
Por el comercio se debe ganar a los pueblos y no por la destrucción y la guerra. Aun los más salvajes acogen bien a sus semejantes cuando no tienen razón de temerlos. Son en general más humanitarios y menos egoístas que nosotros, y no nos rechazan. Los escandinavos, en sus primeras excursiones a las islas y costas Orientales de América, no encontraron, como es sabido, en los indígenas la menor resistencia.
¡La conquista medio de civilización! A nosotros, los españoles, nos conquistaron los cartagineses, los romanos, los godos y los árabes, y en este siglo los franceses, que llegaron a tener aquí un Rey en el trono; debiéramos ser y no somos el pueblo más culto de la tierra. Ni fueron los romanos vencedores los que en los antiguos tiempos civilizaron a los griegos vencidos, sino los griegos vencidos los que civilizaron a sus vencedores. Ni fué aquí tampoco la gente goda la que nos civilizó a nosotros, sino nosotros los que hubimos de civilizar a la gente goda.
Cuando en nuestros pocos años de esplendor fuimos a América y la conquistamos, lejos, por otro lado, de civilizarla, destruímos la civilización de México y el Perú, sin hacerlos más felices, antes oprimiéndoles bajo el peso de males como en los anteriores, ni en los posteriores siglos los registra la historia. De tal manera fuimos su azote, que se nos supuso escogidos por Dios para instrumento de sus venganzas. Vivía el Perú precavido contra las malas cosechas, y el hambre y nosotros suprimimos incesantemente las precauciones. Eran los mejicanos gente dócil y los hicimos díscolos. ¿Dimos después al uno ni al otro pueblo mayor libertad? Respondan las encomiendas. No compensa el bien que pudimos hacerles, los horribles males que les infligimos.
Destruímos civilizaciones que debimos limitarnos a corregir, y poco o nada pudimos hacer en mucho tiempo con los pueblos salvajes. Los hay todavía después de cuatro siglos, en las dos Américas. No se los trae a la civilización; se los va aniquilando.
No es fácil que sean otros los resultados. Lo primero que procura el conquistador es asegurar su conquista, reduciendo los vencidos poco menos que a la servidumbre. Piensa a continuación en hacerle fuente de riqueza para su pueblo, y ya condena los indígenas a rudos e ímprobos trabajos, ya les arrebata la hacienda, ya los agobia con excesivos tributos, que los aisla y los condena a que no se surtan de otros productos que los de su agricultura y de su industria. Un monopolio en nuestra pró hicimos nosotros del comercio de América durante siglos. Si en el país conquistado hace el pueblo conquistador mejoras, atendiendo a sus intereses, y no al de los vencidos, las realiza.
En el terreno moral no pone ahinco el conquistador, sino en fanatizar a los indígenas. Ve en el fanatismo un medio de consolidar su obra, y lo utiliza. Los somete a continuas prácticas religiosas, y de ahí que le presente como imagen de Dios al sacerdote. Esto hicimos nosotros en toda América, y esto en las islas Filipinas.....
La instrucción ¡cuán poco la desarrollaron los conquistadores! Ven en ella un enemigo; ven, por el contrario, en la ignorancia otro medio de mantener sometidos a sus vasallos. Ya que den la primera enseñanza, la neutralizan, esclavizando el pensamiento, y tal vez cerrando a piedra y lodo las fronteras para los libros de otros pueblos...
Ciega en su afán de dominación, Europa rara vez consulta la voluntad de los que intenta poner bajo su dominio. Emplea, aquí la fuerza; allí el más punible dolo; y al otro día de haber tomado posesión de sus usurpaciones, castiga hasta con la pena de muerte a los que se le rebelan. De bandoleros y de foragidos los acusa ella, que para sojuzgarlos no ha ejercido sino actos de bandolerismo. Tutora se llama luego de sus oprimidas gentes, y no encuentra nunca razón de emanciparlas. Si después de siglos se alzan por su independencia, de ingratas las califica y como criminales vuelve a tratarlas. Años y años lucha por retenerlas, sin perdonar sacrificios de oro y sangre. ¿Qué no debiste sufrir tú por conseguir la libertad que tanto te ha engrandecido? ¿Qué no debieron sufrir las colonias que nosotros teníamos de México a Chile? Debieron nacer hombres del temple de Washington y de Bolívar para que América pudiera sacudir el yugo de sus seculares opresores...
Haz tú de América la antítesis de Europa, República de Washington. Trabaja cuanto puedas por arrojar de tu continente hasta la sombra de la monarquía. Presta, presta, como antes te dije, tu influjo y tus armas a las colonias que luchan por su independencia. Te lo exige la Humanidad y te lo exige tu historia. Negar a los pueblos de la América española el derecho a la independencia, decía, el año 1821, una Comisión de tu Congreso, sería renunciar a la nuestra; no olvides nunca estas palabras.
No olvides tampoco las que escribió Bolívar en su programa del 2 de Agosto de 1824: La libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo. Defiende y escuda esa libertad donde quiera que esté en peligro. En Europa, no sólo hay aún naciones regidas por el absolutismo; en las libres es aún de temer que el absolutismo renazca...
Así termina la notabilísima carta: «¡República de Washington! Cansada de tu aislamiento, te ingieres ya en los negocios de Europa a la manera de la Europa misma. Apártate de tan cenagoso camino y sigue el que podrá llevarte a la regeneración del mundo. Tú tienes hoy en tus manos la fuerza, la libertad, la industria, la ciencia. Tu poder te impone deberes que no puedes dejar de cumplir sin violar los fueros de la Humanidad y los de la Justicia. Aun la cuestión social puedes resolver por la anchurosa vía que te está abierta.
F. PI Y MARGALL.
Madrid, 10 de noviembre de 1896.»
E
GONZALO FERNÁNDEZ DE OVIEDO.
Nació Gonzalo Fernández de Oviedo en Madrid en agosto de 1478. A los trece años entró al servicio del príncipe Don Juan, y a la muerte de dicho heredero de la Corona logró continuar en la corte y servir a los Reyes Católicos. Adquirió gran amistad con Diego y Fernando, hijos de Cristóbal Colón, como también con Vicente Yáñez Pinzón, Fray Nicolás de Ovando y otros personajes. Estuvo en Italia y recorrió algunas poblaciones de España. Asistió en Dueñas (Palencia) al casamiento de Don Fernando el Católico con Doña Germana, y fué testigo de las diferencias entre dicho Don Fernando y Don Felipe el Hermoso. El emperador Carlos V le honró mucho y le mandó escribir la Historia General y Natural de Indias.
Hizo su primera expedición al Nuevo Mundo, saliendo del puerto de Sanlúcar el 11 de abril de 1514. En la misma expedición, y tal vez en el mismo barco, iba también Bernal Díaz del Castillo; volvió a España en el año siguiente. Varias veces hizo los mismos viajes, siendo perseguido y preso por la inquina que siempre le tuvo Pedro Arias de Avila (Pedrarias Dávila), gobernador del Darién.
Entre sus obras figuran, en primer término, las dos siguientes:
Sumario de la Natural Historia de las Indias (1525).
Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar Océano (1535 y 1557).
El asunto de ambas es el mismo; pero debe preferirse la segunda, que se halla más completa y con más cuidado escrita. Consta dicha obra de cincuenta libros. «Aunque la Historia General y Natural de las Indias no satisfaga hoy todas las exigencias de la crítica, siempre presentará a nuestra vista el maravilloso efecto que en nuestros abuelos produjo el espectáculo de un Nuevo Mundo, y descubrirá a los extraños mil ignorados tesoros»[666].
[666] Amador de los Ríos, _Vida y escritos de Gonzalo Fernández de Oviedo_, fol. CVI, en la _Historia General y Natural de las Indias_, tomo I.
FERNANDO COLÓN.
Fernando Colón nació en Córdoba el 15 de agosto de 1488[667]. Creció y se educó entre príncipes. Cuando llegó a tener la edad necesaria para el caso, él y su hermano Diego fueron nombrados pajes del príncipe D. Juan, hijo de los Reyes Católicos. Habiendo muerto prematuramente D. Juan y antes de emprender su tercer viaje el Almirante, Fernando, acompañado de su hermano Diego, marcharon desde Sevilla a la corte para continuar siendo pajes de la Reina Católica.
[667] Otros dicen que el veintitantos de septiembre.
Salía ya Fernando casi de la adolescencia cuando marchó a las Indias en compañía de su padre. Si en su niñez había recibido en Sevilla los insultos de los enemigos del Almirante, en este cuarto viaje pudo conocer la fiereza de algunos indios, la furia de las tempestades, la destrucción de varios navíos, el hambre en la Jamaica, la rebelión de los Porras y otros sucesos tan poco halagüeños.
A su vuelta de América, padre e hijo se detuvieron algunos meses en la citada ciudad andaluza para descansar de las fatigas que pasaron durante el viaje.
Posteriormente hizo segunda expedición al Nuevo Mundo.
Además de sus viajes a las Indias recorrió Europa, Asia y Africa, y estuvo en Italia, Flandes y Alemania en compañía del Emperador. Todos estos viajes fueron aprovechados, pues adquirió profundos conocimientos en Cosmografía, Náutica, Matemáticas e Historia Natural.
Su generosidad le llevó a establecer en Sevilla una Academia y Colegio, al cual dejó su Biblioteca, que a fuerza de trabajo y paciencia llegó a reunir muchos volúmenes. También comenzó la fábrica de suntuoso edificio fuera de los muros de la ciudad y próximo al Guadalquivir, que la muerte le impidió ver acabada y que destinaba a los citados Colegio y Academia.
Los muchos trabajos que sufrió durante su vida, los frecuentes viajes en países de diferente clima, la escasez y mala calidad a veces de los alimentos debilitaron su salud y abreviaron su existencia, la cual terminó a las doce del día en la ciudad de Sevilla el 12 de julio de 1539. Otorgó su testamento en dicho día 12.
La Historia del Almirante, publicada después de otras producciones suyas notables, fué escrita para desvanecer los errores que se habían dicho y propagado acerca del descubridor del Nuevo Mundo.
Dicha obra, escrita en castellano, fué traducida al toscano por Alfonso de Ulloa; pero habiéndose perdido toda aquella edición, de la lengua de Toscana pasó a la de Castilla, siendo recopilada con los historiadores primitivos de Indias en tres tomos en folio, ilustrados con eruditas notas y copiosos índices por D. Andrés González Barcia, del Consejo y Cámara de S. M. Divídese en ciento ocho capítulos.
La mencionada obra, que indudablemente tiene mucha importancia, termina dando noticia de los padecimientos que a la vuelta del Nuevo Mundo sufrió el Almirante a causa de las tempestades; en una de ellas (19 de octubre de 1504) se rompió el árbol mayor del buque y en otra la contramesana. En mayo de 1505 pasó el Almirante a la corte. Ya había muerto D.ª Isabel, muerte que sintió D. Cristóbal porque ella era la que le apoyaba y favorecía, pues si D. Fernando le recibió con muestras de cariño y le ofreció volverle a poner en su estado, su intención era no dejar el absoluto dominio de lo conquistado y proveer a su voluntad los oficios que le tocasen. Triste, contrariado y enfermo, se retiró a la ciudad del Pisuerga, falleciendo el 20 de mayo de 1506.
F
LEYES QUE TENÍAN LOS INDIOS DE LA NUEVA ESPAÑA, ANAHUAC O MÉXICO, SEGÚN FRAY ANDRÉS DE ALCOBIZ.
Si el hijo del principal era tahur, y vendía lo que su padre tenía, o vendía alguna suerte de tierra, moría por ello secretamente ahogado; y si era macehual, era esclavo.
Si alguno toma de los magueyes para hacer miel, y son de veinte, págalos con las mantas que los jueces dicen; y si no las tiene, ó es de más magueyes, es esclavo o esclavos.
Quien pide algunas mantas fiadas o emprestadas, y no las paga, es esclavo.
Si alguno hurta alguna red de pescar, págala con mantas; y si no las tiene, es esclavo.
Si alguno hurta alguna canoa, paga tantas mantas cuantas vale la canoa; y si no las tiene, es esclavo.
Si alguna esclava pequeña, que no es de edad para hombre, alguno la toma, es esclavo el que se echó con ella, si muere; de otra manera paga la cura.
Si llevó a vender su esclava a Escapuzalco, do era la feria de los esclavos, y el que se la compró le dió mantas, y él las descojó y se contentó de ellas, si después se arrepiente, vuelva las mantas.
Si alguno quedó pequeñito y los parientes le venden, y se sabe después cuando es mayor, sacan los jueces las mantas que les parecen para dar al que lo compró, y queda libre.
Si algún esclavo se huye y se vende a otra persona, pareciendo, se vuelva a su dueño, y pierde lo que dió por él.
Si alguno se echa con esclava, y muere estando preñada, es esclavo el que con ella se echó; y si pare, el parto es libre y llévalo el padre.
Si algunos vendieron algún niño por esclavo, y después se sabe, todos los que en ello entendieron son esclavos, y dellos dan uno al que lo compró, y los otros los reparten entre la madre de quien era el niño que vendieron, y entre el que lo descubrió.
Los que dan bebedizos para que otra muera, muere por ello a garrotazos, y si la muerta era esclava, era esclava la que los daba.
Si hurtaban las mazorcas de maíz, de veinte arriba, moría por ello; y si menos, pagaba alguna cosa por ello.
El que arrancaba el maíz antes de granado, moría por ello.
El que hurtaba el yete, que es una calabaza atada con unos cueros colorados por la cabeza, con unas borlas de pluma en el cabo, de que usan los señores, y traen en ellas polvos verdes, que son tabaco, moría el que lo hurtaba a garrotazos.
El que hurtaba algún chalchuy en cualquier parte, era apedreado en el tianguez, porque ningún hombre bajo lo podía tener.
El que en el tianguez hurtaba algo, los del tianguez lo mataban a pedradas.
El que salteaba en el camino, era apedreado públicamente.
Era ley que el papa que se emborrachaba, en la casa do le hallaban borracho, lo mataban con unas porras, y el mozo por casar que se emborrachaba, era llevado a una casa que se decía telpuchcalli, y allí le mataban con garrotes; y el principal que tenía algún cargo, si se emborrachaba, quitábanle el oficio, y si era valiente hombre, le quitaban el título de valiente.
Si el padre pecaba con su hija, morían ahogados con garrote, echada una soga al pescuezo.
El que pecaba con su hermana moría ahogado con garrote, y era muy detestable entre ellos.
Si una mujer pecaba con otra, las mataban ahogándolas con garrotes.
El papa que era hallado con alguna mujer, le mataban secretamente con un garrote, e le quemaban, e derribábanle su casa, y tomábanle todo lo que tenía, y morían todos los encubridores que lo sabian y callaban.
No bastaba probanza por el adulterio, si no los tomaban juntos, y la pena era que públicamente los apedreaban.
Algunas destas leyes no son auténticas, porque se sacaron de un librillo de indios no auténtico, como estotras que se siguen, las cuales son verdaderas.
En esto que se sigue no se trata más de decir y contar las leyes que los indios de Nueva España tenían en cuatro cosas: la primera, es de los hechiceros y salteadores; la segunda, es de la lujuria; la tercera, es de las guerras; la cuarta, es de los hurtos.
CAPÍTULO PRIMERO, QUE TRATA DE LOS HECHICEROS Y SALTEADORES.
Era ley que sacrificasen, abriéndolo por los pechos, al que hacía hechicerías para que viniese algún mal sobre alguna ciudad.
Era ley que ahorcasen al hechicero que con hechizos ponía sueño a los de la casa para poder entrar más seguro a robar.
Ahorcaban a los salteadores de los caminos y castigaban muy reciamente.
Ahorcaban al que mataba con bebedizos. Ahorcaban a los que por los caminos, por hacer mal, se fingían ser mensajeros de los señores.
CAPÍTULO DOS, QUE TRATA DE LA LUJURIA.
Ahorcaban al que se echaba con su madre por fuerza; y si ella era consentidora de ello, también la ahorcaban a ella, y era cosa muy detestable.
Ahorcaban a los hermanos que se echaban con sus hermanas.
Ahorcaban a los que se echaban con su entenada, y a ella también, si había consentido.
Tenía pena de muerte el que pecaba con su suegra. Apedreaban a las que habían cometido adulterio a sus maridos, juntamente con el que con ella había pecado. A ninguna mujer ni hombre castigaban por este pecado de adulterio, si sólo el marido della acusaba, sino que había de haber testigos y confesión de los malhechores; y si estos malhechores eran principales, ahogábanlos en la cárcel.
Tenía pena de muerte el que mataba a su mujer por sospecha o indicio, y aunque la tomase con otro, sino que los jueces lo habían de castigar.
En algunas partes castigaban al que se echaba con su mujer después que le oviese fecho traición.
Por la ley no tenía pena el que se echaba con la manceba de otro, exceto si había ya mucho tiempo que el otro la tenía, y por haber mucho que estaban juntos eran entre sus vecinos tenidos por casados.
Ahorcaban al puto o somético y al varón que tomaban en hábito de mujer.
Mataban al médico o hechicera que daba bebedizos para echar la criatura la mujer preñada, y asimismo a la que lo tal tomaba para este efecto.
Desterraban y tomaban los vestidos y dábanle otros castigos recios a los papas que tomaban con alguna mujer; y si había pecado contra natura los quemaban vivos en algunas partes y en otras los ahogaban o los mataban de otra manera.
CAPÍTULO TERCERO, QUE TRATA DE LAS LEYES QUE HABÍA EN LAS GUERRAS.
Cuando algún pueblo se rebelaba, enviaban luego los señores de los tres reinos, que era México y Tezcuco y Tlacopan, secretamente a saber si aquella rebelión procedía de todo el pueblo o sólo por mandado y parecer del señor de tal pueblo: y si esta rebelión procedía solamente del señor de tal pueblo, enviaban los señores de los tres reinos sobredichos, capitanes y jueces que públicamente justiciaban a los señores que se rebelaban y a los que eran del mismo parecer; y si esta rebelión era por parecer y voluntad de todo el pueblo, requeríanlos muchas veces a que fuesen subjetos como antes y tributasen; y si después de muchas veces requeridos no querían subjetarse, entonces dábanles ciertas rodelas y ciertas armas en señal de amenazas, y apregonaban la guerra a fuego y a sangre; pero de tal manera que en cualquier tiempo que saliesen de paz los tales rebeldes, cesaban la guerra.
Era ley que degollasen a los que en la guerra hacían algún daño a los enemigos sin licencia del capitán, o acometían antes, o se apartaban de la capitanía.
Tenía pena de muerte el que en la guerra quitaba la presa a otro.
Tenía pena de muerte y de perdimiento de bienes y otras muy graves penas, el señor o principal que en algún baile o fiesta o guerra sacaba alguna divisa que fuese como las armas y divisas de los señores de México y Tezcuco y Tlacopan, que eran los tres reyes principales, y algunas veces había guerra sobre ello.
Hacían pedazos y perdía todos los sus bienes y hacían esclavos a todos sus parientes, al que era traidor, avisando a los enemigos en la guerra, avisándoles de lo que se concertaba o platicaba contra ellos.
CAPÍTULO CUARTO, QUE TRATA DE LOS HURTOS.
Hacían esclavo al que era ladrón, si no había gastado lo hurtado; y si lo había gastado, moría por ello, si era cosa de valor.
El que en el mercado hurtaba algo, era ley que luego públicamente en el mismo mercado le mataban a palos.
Ahorcaban a los que hurtaban cantidad de mazorcas de maíz o arrancaban algunos maizales, exceto si no era de la primera renglera que estaba junto al camino, porque desta tenían los caminantes licencia de tomar algunas mazorcas para su camino.
Era ley, y con rigor guardada, que si algún indio vendía por esclavo algún niño perdido, que hiciesen esclavo al que lo vendía, y su hacienda partían en dos partes; la una parte daban al niño, y la otra parte al que lo había comprado; y si los que lo habían vendido eran más de uno, a todos los hacían esclavos.
ESTAS SON LEYES DIVERSAS.
Tenían pena de muerte los jueces que hacían alguna relación falsa al señor superior en algún pleito, y asimismo los jueces que sentenciaban a alguno injustamente.
Ahorcaban y muy gravemente castigaban a los hijos que gastaban mal la hacienda que sus padres les habían dejado, o deshacían para gastar mal, o destruían las armas o joyas o cosas señaladas que los padres les habían dejado; y asimismo tenían esta pena y castigo los que quedaban por tutores de algunos menores, si no daban buena cuenta a los hijos de los bienes de sus padres difuntos.
Tenía pena de muerte el que quitaba o apartaba los mojones y términos o señales de las tierras y heredades.
El modo que tenían de castigar a sus hijos y hijas siendo mozos, cuando salían viciosos y desobedientes y traviesos, era trasquilarlos y traerlos maltratados, y punzarles las orejas y los muslos y brazos.
Era cosa muy vedada y reprendida y castigada el emborracharse los mancebos hasta que fuesen de cincuenta años, y en algunas partes había penas aseñaladas.
Hacían esclavo al que vendía alguna tierra ajena o que tuviese depositada, sin licencia.
Era ley que el esclavo que estaba preso y se soltaba de la prisión y iba a palacio, en entrando que entrase en el patio era libre de la servidumbre, y como libre podía andar seguro.
Era costumbre entre ellos que los hijos de los señores y hombres ricos en siendo de siete años, poco más o menos, entraban en los templos a servicio de los ídolos, adonde servían barriendo y haciendo fuego delante de los templos y salas y patios; y echaban los enciensos en los fuegos y servían a los papaguaques; y cuando eran negligentes o traviesos o desobedientes, atábanles las manos y pies, y punzábanles los muslos con unas puyas y los brazos y los pechos, y echábanlos a rodar por las gradas abajo de los templos pequeños; y más es de saber, que en México y ansi mismo en Tezcuco y Tacuba había tres Consejos; el primero era Consejo de las cosas de guerra; el segundo era adonde había cuatro oidores para oir los pleitos de la gente común; el tercero era el Consejo adonde se averiguaban los pleitos que entre señores y caballeros se ofrecían, o entre pueblos sobre señorios o por términos, y deste Consejo en ciertas cosas señaladas daban parte al Señor, que eran como casos reservados a estos reyes y señores de estos tres reinos que arriba están dichos.
ESTAS SON LAS LEYES POR LAS CUALES CONDENABAN A ALGUNO A QUE FUESE ESCLAVO.
Hacían pedazos y perdía todos sus bienes y hacían esclavos todos sus parientes al que era traidor, avisando a los enemigos en la guerra, avisándoles de lo que se concertaba o platicaba en el real contra ellos[668].
[668] Esta ley es la misma que la última del capítulo tercero; la única diferencia es que se añade las palabras en el real.
Hacían esclavo al que había hecho algún hurto en cantidad, si aún no lo había gastado.
Era ley que si algún indio vendía por esclavo a algún niño perdido, y ansimismo hacían esclavos a todos los que lo habían vendido, si eran muchos.
Hacían esclavo al que vendía alguna tierra ajena o que tuviese depositada, sin licencia[669].
[669] Esta ley es la misma que la sexta de Estas son leyes diversas.
En algunas partes era ley que hacían esclavo al que había empreñado alguna esclava cuando la tal moría de parto, o por el parto quedaba lisiada.
Hacían esclavos a los que hurtaban cantidad de mazorcas de maíz en los maizales de los templos o de los señores.
Por otras cosas también hacían esclavos, mas eran arbitrarias; mas estas sobredichas eran leyes que ningún juez podía dispensar en ellas, si no era matando al que las cometía, por no hacerlo esclavo; y todo esto sobredicho es verdad porque yo las saqué de un libro de sus pinturas, adonde por pinturas están escritas estas leyes en un libro muy auténtico; y porque es verdad lo firmé de mi nombre.
Fecha en Valladolid a diez del mes de septiembre de mill y quinientos y cuarenta y tres años.--Fray Andrés de Alcobiz.
G
USOS Y COSTUMBRES DE LOS INCAS.[670]
[670] Archivo de Indias.--Colec. de doc. inéd., etc., tomo XXI, págs. 131-220.
En junio de 1571, ante el muy ilustre D. Francisco de Toledo, virrey, gobernador y capitán general del Perú, presidente de la Audiencia de los Reyes, se hizo la siguiente información: Que antes que los españoles--dijeron algunos indios ancianos--se apoderasen del Perú, los Incas, caciques e indios ricos hacían sus sepulturas en sitios retirados y escondidos, en las cuales disponían se enterrasen también parte de sus tesoros y riquezas. El lugar de las sepulturas sólo era conocido de las mujeres y buenos amigos del muerto, único modo de impedir el robo de dichos tesoros.
Como los Incas, caciques y principales indios pensaban que habían de resucitar y volver en cuerpo y alma a la tierra, por esta causa enterraban sus tesoros; tesoros que habían de gozar después que resucitasen.
Para servicio del Inca Guaynacapal y de otros Incas difuntos, tenían los indios algunos criados y ganados, pues consideraban aquéllos como si fueran vivos.
Con el objeto de que no se descubriesen los tesoros y riquezas de los Incas y caciques ricos, para el secreto hacían confianza de los viejos, entendiendo que éstos habían de morir presto y ya nadie sabría el lugar de la sepultura.
Adoraban los indios a diferentes dioses, siendo el principal de todos Viracocha, hacedor de todas las cosas[671]; también el Sol, Guanaconcí y otros Guacas e ídolos. Muchos indios e indias se ocupaban en servir a dichas divinidades.
[671] Garcilaso tiene por dios supremo a Pachacámac, y por dios inferior a Viracocha, y el P. Valera identifica a Pachacámac y Viracocha.
Oyeron decir los dichos testigos que Topa Inca Yupangui, conquistador del Perú, sacrifica niños a los dioses e ídolos, y ellos vieron que Guaynacapal hacía los mismos sacrificios a la salida del sol y al mediodía.
También ofrecían los Incas minas de oro y plata, ganados, etc., a sus dioses; bienes que eran guardados y aprovechados por empleados a quienes llamaban Camayos.
Además del dios Viracocha y de otros, los indios adoraban a algunas fuentes, árboles y piedras, porque en estas cosas se habían convertido los dioses.
Sin embargo, sólo Viracocha era el verdadero dios, pues los demás servían como intercesores y nada más.
Con el objeto de que los indios no se hiciesen holgazanes y por ende conspiradores o rebeldes, el dicho Guaynacapal Inca les hacía trabajar, ya abriendo caminos, ya cambiando el curso de los ríos o en otras cosas.
Por naturaleza el indio es holgazán y únicamente trabaja por temor al castigo.
Puede asegurarse del mismo modo que los naturales de este reino es gente de poco entendimiento, necesitando, por tanto, curador que los gobierne.
En tiempo de Guaynacapal eran escasos las cocas[672], y sólo las comía el Inca, el cual las mandaba como gran regalo a algunos caciques.
[672] La coca era un arbol del Perú cuyas hojas eran muy estimadas por los indios.
El mencionado Guaynacapal hacía que los indios trabajasen en las minas de oro, plata y otros metales.
Desde los tiempos de Topa Inca Yupangui, todos los curacas (hunos), que eran señores de diez mil indios, daban al dicho Inca un vaso de oro; los demás curacas y caciques mandaban a la corte y al servicio del Inca sus hijos mayores. También cada comarca o provincia enviaba a la corte un embajador para que enterase al Inca de todo lo que deseaba saber de la citada comarca.
Dijeron los indios informantes que Topa Inca Yupangui, padre de Guaynacapal, había muerto, ya viejo, en un pueblo que llaman Chincheso, en el camino del valle de Yucay, término del Cuzco, y que Guaynacapal murió en Quito, también anciano, y cuyo cuerpo trajeron a Cuzco.
Afirmaron del mismo modo, que los indios de los Andes, antes de la llegada de los españoles, comían carne humana, como también los de las provincias de los Chuncos y Chiriquanale.
Por último, dijeron que en las provincias de los Chinchas y del Collado había indios que cometían el pecado contra natura, a los cuales se les llamaba Oruas, que quiere decir hombre que hace de mujer, e iban vestidos como las mujeres y tenían los rostros afeitados.
H
PATRIA Y ORIGEN DE CRISTÓBAL COLÓN[673].
[673] El Imparcial del 27 y 29 de diciembre de 1912.
El muy distinguido periódico italiano Il Secolo, de Milán, en su número correspondiente al 23 de noviembre último, publica un notable artículo bajo el epígrafe de «Una gloria italiana che sfuma...», en el cual se trata la cuestión relativa a la patria de Colón y se intenta refutar un folleto del acreditado escritor cubano doctor Horta y Pardo, dedicado a demostrar que el descubridor de América era español y natural de Pontevedra. El erudito doctor aduce y comenta los diversos documentos y datos que yo tuve la honra de exponer en una conferencia ante la ínclita Sociedad Geográfica de Madrid acerca de tan extraordinario asunto, y añade otros sugeridos por el estudio del mismo. Pero el amable articulista de Il Secolo prescinde de puntos esenciales, pasa como sobre ascuas en cuanto a los que menciona, pues se limita a contestarlos con evidente ligereza y no ofrece en su refutación ninguna argumentación ni dato alguno de importancia, sin duda porque no los hay, deficiencia que procura encubrir acudiendo a un tono algo sarcástico, aunque desde luego reconoce lealmente que no existe completa certeza acerca del lugar en que nació Colón, bastándole para juzgar la circunstancia de que éste se haya declarado hijo de la hermosa ciudad de Génova.
Dicho articulista dedica casi toda su tarea al que suscribe, y empieza por la conocida habilidad de ponerme en berlina ante los lectores, afirmando que hago alarde de muchísimos títulos honoríficos y científicos, por cuya razón hay algún derecho a tomar en serio mis raciocinios. Esta inexactitud no puede ser mayor, puesto que carezco de tales títulos; de manera que nunca he hecho ni podido hacer alarde de ellos en ninguna ocasión, por escrito ni de palabra; con esto, no tengo más que decir acerca de mi modesta persona.
Y contando de antemano con la benevolencia de El Imparcial, paso a rectificar algunas de las demás inexactitudes en que Il Secolo incurre, y a contestar en serio a sus razonamientos, a fin de que la prensa italiana y de otras naciones, que seguramente habrán copiado el artículo del importante periódico milanés, obtenga elementos para formar juicio por el momento, porque me propongo dar muy pronto a la imprenta el libro prometido en mi citada conferencia, no habiéndolo hecho antes a causa de los achaques de mi vejez.
Lo primero que a propósito de dicha conferencia debo advertir es que una Sociedad científica tan ilustre, circunspecta y sabia como la Geográfica de Madrid, no habría de proporcionar a cualquier atrevido solemne ocasión para acometer una aventura desatinada, cual sería la de presentar a Colón como español, si el asunto no ofreciera por lo menos un aspecto de certidumbre digno de atención. No abrigo ahora el ridículo intento de hacer solidaria a la docta Corporación, directa o indirectamente, de mis ideas, sino demostrar con tan oportuna consideración que la teoría relativa a la patria española de Colón no es absurda, ni siquiera caprichosa.
No merecen comentario alguno las festivas frases que al ingenioso articulista de Il Secolo inspira la noticia de que he invertido treinta años en investigar antecedentes y en rebuscar documentos en los archivos, pues nunca ni a nadie he dicho semejante cosa; no tengo la culpa de que en este y en otros puntos se exagere mi labor por los propagandistas entusiastas, a quienes estoy muy reconocido. Tampoco es cierto que yo atribuya a un mal concepto acerca de los naturales de Galicia el hecho de haber ocultado Colón su verdadero origen y patria. No creo que hay necesidad grande o pequeña de rehabilitar a dicho país, que tiene una historia tan digna de aprecio y tan honrosa como cualquiera otra región de España; nada he dicho de esto en mis trabajos colonianos, ni puedo evitar que haya escritores susceptibles, llorones o impacientes. A pesar de la exactitud que encierra el proverbio de que nadie es profeta en su tierra, no se me ha ocurrido aplicarlo en este asunto; bastan los nombres de Susana, Jacob, otro Jacob, Benjamín, Abraham y Eliezer o Eleázar con el apellido Fonterosa, esto es, una familia de hebreos, expulsados precisamente en 1492, así como la circunstancia, entre otras especiales, de que los Colón de Pontevedra pertenecían a la clase ínfima del pueblo, para conjeturar las causas de que el primer Almirante de las Indias ocultase patria y origen y se engalanase con el título de navegante genovés, dado también que estos marinos italianos disfrutaban en el siglo XV, como en los anteriores, merecida fama y gozaban gran acogimiento en la corte de Castilla.
En otro enorme error cae el articulista de Il Secolo. Afirma nada menos que atribuyo el resuelto y constante apoyo que el P. Deza, oriundo de Galicia, dispensó a Colón, al hecho de que éste le comunicó en el secreto de la confesión su calidad de gallego. En ninguna ocasión, lugar ni escrito he aducido tal disparate, y para explicar en mi libro el motivo de dicha protección, estudio otras circunstancias de gran valor, fundándome en ciertas cartas de Colón a su hijo Diego.
Descartadas estas pequeñeces y prescindiendo de otras inexactitudes de escaso interés, entraré en el fondo del asunto. Por lo visto, para el citado articulista no tienen importancia diversos hechos que por ningún concepto deben ser desdeñados. La existencia en Pontevedra, en la generación anterior y en la coetánea de Colón, de personas con este apellido y con nombres de pila iguales a los de la familia histórica del Almirante, no significan gran cosa a su juicio; tampoco tiene ningún valor la circunstancia de aparecer a la vez en dicho pueblo el apellido Fonterosa, materno de Colón, en una familia hebrea, y la de constar unidos ambos apellidos en un documento oficial de 1437 para el pago de 24 maravedís, a pesar de la naturalísima y lógica reflexión de que apenas hay distancia de un matrimonio entre personas de las dos familias a una asociación de intereses, o viceversa, para que hubiese nacido Cristóbal de Colón y Fonterosa, descubridor del Nuevo Mundo. Carecen también de importancia, en concepto del articulista, la imposición de ciertos nombres pontevedreses a varios lugares de las Antillas; no sé qué diría si contemplase en las fotografías la gran semejanza que hay entre la bahía de Miel, en Baracoa (Cuba), bautizada por Colón con el nombre de Portosanto, y la ensenada que tiene este este mismo nombre en Pontevedra.
Il Secolo menciona otro hecho notabilísimo; pero no lo analiza ni lo comenta o explica, pasando sobre él, repito, como sobre ascuas, aunque observando que Colón había declarado ser genovés y llevado «durante mucho tiempo» (esto carece de justificantes) el apellido Colombo. El hecho a que me refiero es el siguiente: en la escritura de institución del mayorazgo, año de 1498, el Almirante declara en una cláusula que «salió de Génova» y «en ella nació» (frase singularmente construída); pero en otra manifiesta textualmente que «su verdadero» linaje es el de los llamados «de Colón», con «antecesores» llamados «de Colón», de cuya manera repudia la nacionalidad genovesa y el apellido Colombo. Estas dos declaraciones son contradictorias, y hay que elegir una de ellas. ¿Cuál? La solución no es dudosa, porque la primera, que el elocuente escritor señor marqués de Dosfuentes califica muy acertadamente de «heráldica», no ha podido comprobarse durante los cuatro siglos transcurridos, mientras que la segunda se halla cabalmente justificada por los documentos pontevedreses, en los cuales consta el apellido Colón precisamente con la preposición «de», así como esos «antecesores llamados de Colón», de la misma manera que se ve en la inscripción de principios del siglo XVI, grabada en piedra con letra gótica alemana, en que figura el mareante Juan «de Colón», existente en la iglesia de Santa María, de Pontevedra; inscripción que por cierto estuvo oculta hasta que recientemente fué derribado un antiguo altar del mismo templo, edificado a costa de los marineros.
Pero, además, ¿quién califica de «verdadero» a su linaje sino en presencia de otro supuesto o ficticio, como lo era para el Almirante el de los Colombo italianos? El gran marino no abrigaba seguramente ningún recelo acerca de que tales manifestaciones descubriesen su patria y origen, ya porque la escritura del mayorazgo habría de permanecer reservada en el archivo de su familia y no transcendería al público, ya porque acaso no ignoraba que en Pontevedra no existían más de uno o dos humildes marineros de su apellido, y que éstos no habrían de sospechar siquiera que el «glorioso marino genovés» tenía la misma sangre que ellos. Por esta razón, y tal vez en descargo de su conciencia, el descubridor de América dispuso que, en último caso, heredase el mayorazgo cualquier individuo llamado «de Colón» que hubiera aquí o «en otro cabo del mundo». Semejante frase en aquella época parece aludir a Galicia y su promontorio Finisterre y no a Italia en general o a Génova, Saona, Calví, etc., en particular, que están en el centro del Mediterráneo. ¿No era esta la ocasión lógica y precisa, si Colón fuera italiano, de que nombrase heredero en último término a cualquiera de los llamados Colombo? ¿Hay, pues, fundamentos sólidos para afirmar que los italianos de este apellido eran parientes del primer Almirante de las Indias?
El articulista no debiera admirarse de que yo conceda gran importancia a la afirmación de D. Fernando Colón, hijo y primer biógrafo del insigne navegante, el cual dice categóricamente que su padre «quiso hacer desconocidos e inciertos» su origen y patria. Esta afirmación se halla corroborada, pues resulta que las dos familias de Colón, la legítima y la de su amante Beatriz Enríquez, ignoraban en qué pueblo había nacido el Almirante, hasta el punto de que Pedro de Arana, buen amigo de éste y hermano de aquella dama, en la información de un expediente de las Ordenes militares, declara con respecto a Cristóbal Colón que «ha oído decir que es genovés, pero él no sabe de dónde es natural.» El mencionado articulista prescinde de estos antecedentes, como también prescinde de que Colón no dejó ningún escrito en italiano, y, en cambio, llamaba «nuestro romance» a la lengua castellana ocho años después de venir a España; de que los cronistas italianos de la época del descubrimiento, el genovés Gallo y el obispo Giustiniani, dicen que Bartolomé Colón nació en Lusitania; de que ningún escritor de aquellos tiempos determina el lugar del nacimiento de Colón ni da la menor noticia acerca de su vida anterior a la presentación en Castilla, sobre cuyo punto existen las mayores tinieblas, mientras que están bien conocidas las vidas de varios personajes italianos más antiguos y menos famosos que el gran navegante, y en fin, prescinde asimismo de otra multitud de hechos que omito para no cansar a los lectores.
Pero entonces, ¿qué es lo que tiene importancia para el articulista de Il Secolo en la cuestión que se discute? Pues, simplemente, la mencionada declaración heráldica de Colón sobre haber nacido en Génova y, además, un documento especial, conocido y estudiado por el distinguido escritor norteamericano Mr. Vignaud, fechado en dicha ciudad a 25 de agosto de 1479 y descubierto recientemente; papel curiosísimo por todo extremo y que, según veremos, debiera acompañar a otros que se guardan en la Casa municipal de aquella incomparable población, con respecto a los cuales, en cuatro libros diversos, dice el acreditado colombófilo Harrisse, también yanqui, que están al lado del violín de Paganini. Mencionaré dos detalles del citado documento: primero, que Colón nació en 1452, y segundo, que en 1479 era todavía ciudadano tejedor de Génova. Pues bien; ambos resultados son sencillamente inaceptables, a juzgar por los siguientes datos históricos: primero, Bernáldez, gran amigo de Colón, en su «Crónica de los Reyes Católicos», dice, y se comprueba por otros datos, que el Almirante falleció a los setenta años, «senectude bona»; y una Real cédula, expedida en febrero de 1506, concede permiso a Colón, en vista de su «ancianidad» y enfermedades, para viajar en mula ensillada y enfrenada. (Asensio, «Cristóbal Colón», tomo I, páginas 212-213). Nacido el Almirante en 1452, tendría cincuenta y cuatro años al fallecer en 1506; jamás en ninguna parte se ha llamado ni llama a esa edad senectud o ancianidad. Segundo, cuando Colón se presentó en Castilla, año 1484, era viudo y le acompañaba su hijo Diego, niño de ocho años, nacido en 1476. ¿Cómo podía ser ciudadano de Génova y tejedor de lanas el insigne marino, que se habría casado en Lisboa por lo menos en 1475 y consultado entonces su gran proyecto a Toscanelli desde la misma ciudad? Pensando, pues, piadosamente, resulta sólo que el Cristóforo Colombo de ese documento de 1479 no era el mismo Cristóbal Colón descubridor de América, el cual consigna, en una carta a los Reyes, incluída en su «Libro de las Profecías», que en 1501 contaba cuarenta años de navegación, y restando los ocho que permaneció en España antes de su primer viaje, resultaría que, nacido en 1452, como quiere el papel de que se trata, habría empezado a navegar, poco más ó menos... ¡antes de tener un año de edad! Siendo muy común en Italia el apellido Colombo, nada tendría de particular que en aquel país hubiera un Cristóforo Colombo distinto del gran marino, del mismo modo que hubo otro Cristobo de Colón en Pontevedra durante el siglo XV.
En mi citado libro patentizo el valor que puede concederse al texto de ciertos documentos; pero no terminaré este punto sin dedicar algunas palabras a la carta en castellano, que se dice de Colón, conservada en la Casa municipal de Génova, a fin de que por esa muestra los lectores y el articulista milanés se enteren de los singulares detalles que ofrecen aquéllos. En esa carta, fechada «a 2 de abril de 1502», Colón participa al magnífico Oficio de San Jorge que manda a su hijo D. Diego destine el diezmo de toda la renta de cada año a disminuir los impuestos que por las vituallas comederas se satisfacían a su entrada en Génova, dádiva verdaderamente espléndida. Ahora bien; nos encontramos aquí con una contradicción enorme, porque antes de emprender el cuarto viaje, el Almirante dió a su heredero un memorial de mandatos, a manera de disposición testamentaria, que comunicó a su íntimo amigo Fray Gaspar Gorricio «dos días después» de la fecha de aquella carta, esto es, «en 4 del mismo mes y año», en cuyo memorial, analizado minuciosamente y comprobado por el Sr. Fernández Duro en su «Nebulosa de Colón», no aparece, como tampoco en ningún otro documento, semejante concesión a Génova, ni consta que de ella se hayan preocupado poco ni mucho las autoridades y el vecindario de aquella ciudad. En la misma carta, Colón añade que «los reyes me quieren honrar más que nunca», precisamente cuando se le negaba el ejercicio de los cargos de virrey y gobernador de los países que había descubierto y se le imponía, para dicho cuarto viaje, la bochornosa condición de no desembarcar en la isla de Santo Domingo; he aquí cómo se le honraba más que nunca. ¿Qué concepto, pues, merece esta carta? Creo que está bien colocada al lado del falso y desatinado codicilo militar del Almirante.
En Italia se comprendió la absoluta necesidad de probar que la madre de Colón era italiana; pero por ninguna parte apareció el apellido Fonterosa. Por fin surgió un gran recurso para salir del atolladero: habiéndose encontrado documentos acerca de personas que tenían el apellido «Fontanarubea», una de ellas, padre de cierta Susana, se le traduce cómodamente convirtiéndolo en «Fontanarossa», con el pretexto de que ambas palabras tienen el mismo significado. De manera que siendo los italianos los únicos mortales que en este mundo pueden aspirar a la infalibilidad, sin duda el articulista de Il Secolo juzga que la tergiversación mencionada es incontrastable; y así, hay desahogo y manga ancha para la teoría colombina de Italia, mientras que para la coloniana de España son las dificultades y los escrúpulos.
Mucho tendría que decir aún sobre esta interesante cuestión; pero no debo abusar de la hospitalidad que El Imparcial me concede. Concluiré, pues, haciéndome cargo de la manifestación final de Il Secolo. Dice que «genovés o pontevedrino, Colón no habría arribado a su maravilloso descubrimiento si no le hubiese abierto camino el buen Pablo Toscanelli, cuya nacionalidad no constituye, ni ha constituído jamás, un punto histórico oscuro.» Esta reivindicación tiene el aspecto de una retirada, puesto que ya se trata de disminuir el mérito de Colón; perfectamente, pero conste que Toscanelli, en su correspondencia con el futuro Almirante, considera a éste natural de Lusitania. Se ve, por consiguiente, que en 1474 o 1475 Colón no decía que era genovés, ni aparentaba serlo, sino que se fingía portugués. Cierto es que Mr. Vignaud, citado por Il Secolo, califica de apócrifa a la mencionada correspondencia, sin presentar justificantes adecuados, en su libro titulado «La carta y el mapa de Toscanelli sobre la ruta de las Indias por el Oeste», criterio que he refutado en un artículo que La Ilustración Española y Americana me dispensó la merced de publicar. Si yo fuera sistemático en mi teoría coloniana, hubiera aceptado y secundado ese criterio, porque de semejante superchería o falsedad se deduciría lógicamente que, siendo de mano del propio Almirante la copia de la carta de Toscanelli hallada por Harrisse en las guardas de un libro que había pertenecido a Colón, éste presentaba al cosmógrafo florentino bien enterado de que la nacionalidad del temerario proyectista no era la italiana.
Por último, el distinguido articulista de Il Secolo censura sarcásticamente al sabio doctor Horta y Pardo (que posee, en efecto, muchos títulos honoríficos y científicos) por encargar a los lectores de su notable folleto que, en vista de los fundamentos que expone, tengan fe en la nacionalidad española del inmortal descubridor del Nuevo Mundo. Esa censura es injusta. Por mi parte tengo fe absoluta y «razonada» en que la gloria de Colón pertenece íntegra a España.--Celso García de la Riega.
I
CARTA DEL REY DE PORTUGAL A CRISTÓBAL COLÓN, DÁNDOLE SEGURIDADES PARA SU IDA A AQUEL REINO[674].
[674] Archivo de los Duques de Veragua.--Colec. de doc. inéd. relativos al descubrimiento, etc., t. XIX, págs. 459 y 460.
Marzo 20 de 1488.
En el sobrescrito dice: A Cristovam Colon Noso especial amigo en Sevilha.
Cristobal Colon. Nos Dom. Joham, per graza de Deos, Rey de Portugall e dos Algarbes; da aquem e da allem mar em Africa, Senhor de Guinea, vos enviamos muito saudar. Vimos a carta que Nos escribestes: e a boa vontade e afeizaon que por ella mostraaes teerdes a nosso servizo, vos agradecemos muito. E cuanto a vossa viuda, ca, certo, assi pollo que apontaaes como por outros respeitos para que vossa industra, e boe engenho Nos sera necessareo, Nos a desejamos e prazernos ha muito de visedes, porque em o que a vos toca se dara tal forma de que vos devaaes ser contente. E porque por ventura teerees algum rezeo de nossas justizas por razaon dalgunas cousas a que sejaaes obligado, Nos por esta nossa carta vos seguramos polla viuda, stada e tornada que nom sejaaes presso, retendo, acusado, citado nem demandado por nenhua cousa, ora seja civil, ora criminal de qualquier cualidade. E por ella mesma tanto vos rogamos e encomendamos que nossa viuda seja loguo e para isso non tenhaaes pejo algum: e egardecernos lo hemos e teeremos, muito en servizo. Scripta en Avis a veinte de marzo de mil cuatrocientos ochenta y ocho.--El Rey.
J
CAMINOS POSIBLES PARA DESCUBRIR AMÉRICA Y CAUSAS DE HABER SIDO EL MÁS IMPROBABLE, EL MÁS RÁPIDO Y FECUNDO[675].
[675] Resumen de la Conferencia dada en el Ateneo de Madrid (5 mayo 1892), por D. Eduardo León y Ortiz, Catedrático de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central.
Cuatro caminos se ofrecían--dice el Sr. León y Ortíz--para descubrir el Nuevo Continente, partiendo de Europa: uno natural o lógico, dos probables y otro muy improbable.
Era el del Nordeste, a causa de que por este lado linda Europa con Asia, y también por dicho lado sólo están separadas Asia y América por un Estrecho, el camino natural o lógico[676]. A seguirlo estaba llamado el pueblo ruso; pero lo impidieron justas y poderosas causas. Llegó el siglo XVII. En 1696, reinando Pedro el Grande, una banda de cosacos invadió la península de Kamtchatka, cuyo extremo meridional los dejaba enfrente de las islas Kuriles, al Sur de las cuales se hallan las del Japón[677].
[676] Pág. 10.
[677] Kamtchatka es una península montañosa de Siberia, entre los mares de Behring y de Okhotsk.
Requería la vasta extensión del territorio dominado establecer comunicación marítima entre sus distantes regiones, y al efecto, dispuso Pedro el Grande se prepararan dos flotas: una, desde Arcángel hacia Oriente, debía costear por el Norte la Siberia, y otra, saliendo de Kamtchatka, navegar hacia altas latitudes. Aunque no en vida del célebre Czar, quien murió a poco, ambas expediciones se intentaron. En la primera, por causa de los hielos, no se pasó de la desembocadura del Yenisei. Mejor éxito tuvo la segunda, emprendida en 1728. Mandada la flota por Behring, danés al servicio de Rusia, al cual acompañaba Tshirikof como segundo, pasó desde el río de Kamtchatka a la isla de San Lorenzo, y avanzando más hacia el polo, cruzó el Estrecho, designado después con el nombre de Behring, y penetró en el mar Glacial, desde donde volvió al punto de partida. Por haberse ceñido en todo el viaje demasiado a la costa de Asia, no divisaron la de América; pero esto no podía tardar en suceder. Al coronel Schestakof, que había manifestado cuánto importaba someter a los tschukches, situados en el extremo más oriental, se le confió la campaña que debía emprender desde el Kolima, mientras el capitán Paulustky avanzaría desde el Anadir y, secundando a ambos, el cosaco Krupishef combatiría por mar. Schestakof pereció en la pelea. Más afortunado Paulustky, batió a los enemigos y los persiguió por encima de los hielos, hasta trasponer el promontorio oriental de Asia, viendo entonces, con no poco júbilo, a lo lejos, una nueva costa, que también alcanzó a ver Krupishef, impelido hacia ella por una tempestad. Era dicha costa la de América.
Sucedió esto en 1731, y diez años adelante Behring y Tshirikof, salieron otra vez de Kamtchatka, proponiéndose descender al paralelo de 50° de latitud y navegar luego hacia Oriente, hasta dar con la costa americana. Separados a poco por un temporal, Tshirikof llegó a dicha costa por los 55° 36' de latitud, mientras Behring arribaba por los 60° hacia el Cabo de San Elías desde donde costeando pasó a la península de Aliaska y archipiélago de las Aleoutes. Cumpliéndose, pues, la ley del progreso, no hubiera dejado de alcanzarse América, así como no dejara de descubrirse China, en cuyas fronteras quedaron los rusos en el siglo anterior, según antes se dijo, ni el Japón, adonde arribaron en el mismo XVIII en que a América. En efecto, en 1732 naufragó en la costa de Kamtchatka un barco procedente de ese Imperio, y habiendo llegado a San Petersburgo la noticia, se despertó de nuevo avidez por los descubrimientos. Spangberg y Walton salieron por separado desde las islas Kuriles hacia las grandes islas del Japón, y en 1739 la bandera rusa ondeó por primera vez en los mares donde dos siglos antes lo habían realizado las de Portugal y España.
¡Qué triste camino el seguido por el Nordeste para llegar a América, y qué mísero hallazgo el encontrado en ella por ese camino! Cielo nebuloso y suelo cubierto de nieve es todo el paisaje ofrecido por la Siberia; y no era mejor el cuadro que Behring y Tshirikof contemplaran al pisar la parte más septentrional de América. Sucumbió el primero de frío y de tristeza en una estéril isla, designada después con su nombre. Tshirikof logró regresar a Kamtchatka, no sin haber perdido mucha parte de su gente recorriendo aquellas tierras inhospitalarias. Si no se hubiese sabido ya que tal región pertenecía a la América, fuente de riqueza y prosperidad para otras naciones, Rusia acaso no la hubiese abandonado, porque al fin era otra Siberia, mas el resto de Europa no se hubiera conmovido con el descubrimiento. Tal vez se escondiera allí un tesoro; pero tanta nieve lo cubría y tanta esterilidad lo rodeaba, que no hubiera apetecido buscarlo[678].
[678] Págs. 14, 15 y 16.
Camino probable era el del Noroeste, porque por esta parte y a distancias comparativamente no muy grandes, hay varias islas y tierras como escalonadas entre Europa y el continente americano.
Eran, para seguir este camino, los más a propósito por su situación geográfica y natural intrepidez, aquellos normandos o magioges, según los árabes los llamaban, que aparecieron en el siglo IX como sección rezagada de los bárbaros del Norte. Habitaban en la Cimbria y la Escandinavia, donde hoy se alzan los reinos de Dinamarca, Suecia y Noruega; mas, así que era pasado el invierno, dejaban sus ahumadas chozas, y acaudillados por los segundones de sus reyes, salían al mar ansiosos de esgrimir en alguna costa sus mazas estrelladas... Caían de improviso sobre las poblaciones que allí hubiera, y cuando no existían éstas, resonaba con sus hachazos la selva próxima y formada con sus troncos derribados una escuadrilla, remontaban algún río caudaloso hasta encontrar moradores a los cuales pudieran exigir cuantioso botín o la cesión de algún territorio, asiento para recabar después mayor riqueza o más extenso señorío. Así recorrieron las costas occidentales y meridionales de Europa, y si de las de España fueron rechazados, en otras se impusieron estos arrojados aventureros, que tanto horror causaron primeramente con sus crueldades de piratas y tanta admiración después con sus proezas de caballeros.
A Islandia (Iceland o tierra del hielo), isla por su posición geográfica más americana que europea, llegaron los normandos en el mismo siglo en que tan temible aparición hicieron en las costas de Europa. Unos cien años antes, a juzgar por algunos manuscritos y ruinas, parece había sido visitada por monjes irlandeses esa isla; pero su importancia histórica data desde que en las correrías a la ventura hechas por los normandos, y ya descubiertos por ellos el grupo de numerosas islas, que por la abundancia de rebaños llamaron Féroe, una tempestad en el año 860 arrojó a Naddod, que por estas islas viajaba, hacia aquella otra. Pocos años adelante revueltas interiores hicieron emigrar hacia la misma a varios nobles y caudillos noruegos bajo el mando de Ingolf. Imitáranlos otros y pronto en aquella tierra contigua al circulo polar se fundó otra Escandinavia, donde, andando el tiempo, no dejó de brillar cierta cultura. En el siguiente siglo, o sea el X, aún avanzaron más a Occidente, descubriendo un vasto país, al cual después, por el año 932, según unos, o el 982, según otros, se trasladó con Eriulfo y otros irlandeses, el noble noruego Erico Rauda o el Rojo. Era el nuevo país, el que por la hierba que lo cubría, llamaron tierra verde o Groenlandia.
Siguieron las tempestades desempeñando el papel de hábil piloto en esta serie de enlazados descubrimientos. Biorn, hijo del citado Eriulfo, llevado muy lejos hacia el Sudoeste, avistó playas desconocidas, donde no desembarcó entonces, porque pasada la tormenta, prefirió él enderezar el rumbo a Groenlandia; pero a las cuales al cabo de poco tiempo, en el año 1.000, procuró volver acompañado de Leif, hijo de Erico Rauda. Hallaron en este viaje una isla estéril y pedregosa, que por ello denominaron Hellulandia, y una ribera baja, arenosa y con muchos árboles, a la cual dieron significativo nombre de Marklandia. Dos días después arribaron a otra costa que tenía una isla al Norte de ella. Remontaron un río e invernaron a orillas de un lago de donde nacía. Era la isla fértil y abundaba en vides, como hizo reparar un marinero alemán que iba con los descubridores, quienes esa planta no conocían. Dieron por esto a dicho país el nombre de Vinlandia. El clima, comparado con el riguroso a que estaban acostumbrados, era suave, como correspondiente a latitud menos elevada, pues allí en los días más cortos el sol permanecía ocho horas sobre el horizonte. Como esto viene a ocurrir a la latitud de París, las regiones descubiertas podían ser la isla de Terranova y tierras próximas al golfo de San Lorenzo, o si esa duración del día se había fijado con alguna incertidumbre, comprenderían desde el país del Labrador hasta el cabo Cod y actuales estados de Massachussets, Rhode Island y Connecticut... Mas esos descubrimientos en la América septentrional, ni los hizo la verdadera Europa ni los supo siquiera. Fueron obra de islandeses y groenlandeses, y aunque ambos pueblos fuesen de origen normando, durante tres siglos vivieron independientes[679].
[679] Págs. 16, 17 y 18.
... Otro camino probable para llegar a América partiendo de Europa, era el del Sudoeste, desde el momento en que los marinos contaran con instrumentos que les permitieran dirigir con acierto su rumbo, sin precisión de costear.
Consta América de dos grandes regiones unidas por el itsmo de Panamá, y si la septentrional se acerca tanto a Asia que sólo queda separada de ella por el Estrecho de Bering, la meridional no se halla muy lejos del continente africano. Median desde el cabo Verde y las islas del mismo nombre a los cabos de San Roque y San Agustín unos 20 grados, distancia grande, sin duda, para naves temerosas de apartarse de las costas; pero nada excesiva para las que merced al astrolabio y a la aguja de marear, pudieran alejarse. Sólo faltaría entonces motivo que impulsara a navegar a esa distancia de la costa occidental de Africa; mas la experiencia o cierta sagacidad natural, adelantándose a ella, revelaría que el derrotero más seguro, si se quería evitar las grandes tormentas y altos mares desde el golfo de Guinea hasta el cabo de Buena Esperanza, era seguir desde las islas de cabo Verde a orza la derrota entre poniente y mediodía, conservándose de cinco a diez grados al Oeste del meridiano de cabo Verde, y llegados a elevada latitud austral, torcer ya hacia el terrible León o cabo de Buena Esperanza. En cuanto tal derrotero se siguiese, era muy fácil verse de pronto ante el Brasil. Así sucedió el 25 de abril de 1500 al portugués Pedro Alvarez Cabral[680].
[680] Págs. 23 y 24.
Cristóbal Colón siguió desde las islas Canarias el rumbo de Occidente. Muy improbable era descubrir por este camino tierra alguna, confiándose puramente a la casualidad. Desde las citadas islas Canarias, hasta el archipiélago de las Lucayas, corren, a una latitud de 24 a 28 grados, cerca de 58 de paralelo, es decir, unas mil cuarenta leguas. No era semejante trecho para recorrido a la ventura, y mucho menos en la época del descubrimiento, en que, si algo alentaba a lanzarse en el Atlántico, no costeando, sino mar adentro hacia Occidente, mucho más retraía de hacerlo. Pues si algún ánimo podían infundir, de una parte las costas lejanas, que una ilusión óptica fingía a veces desde las islas Canarias, y de otra parte las tierras occidentales, citadas en fábulas con visos de historia, si no era alguna de ellas historia desfigurada por la fábula, como la Atlántida imaginada por Platón, la gran isla Antilla, que mentaba Aristóteles, como descubierta por los cartagineses, y las dos islas de San Brandán y de las Siete Ciudades, de que se hablaba en piadosas leyendas de la Edad Media, bastaban a vencer todo aliento las dudas que gentes doctas abrigaban todavía acerca de que la tierra fuese esférica o de que, aun siéndolo, fuese posible la existencia humana en el hemisferio opuesto; y los temores que, sin entrar en tales razonamientos, sentían las gentes de menos letras, porque las engañosas costas, a veces distinguidas, nadie las encontraba, como si fuera obra de encanto producida por el ángel de las tinieblas, que, según antiguas consejas árabes, asomaba su negra mano en aquellos horizontes para apoderarse de las naves en el silencio y obscuridad de la noche[681]. Este tan improbable camino, era el que, seguido al calor de una idea, la de buscar la India por Occidente, llevaba a regiones cuya exploración sería rápida y fecunda...»
[681] Págs. 29 y 30.
Así terminaba su notable Conferencia el Sr. León y Ortiz: «Si en la Edad Antigua, los que ansiaban gloria, provecho o mayor noticia del mundo, decían: A la India, y en la Edad Media añadían: Al Catay y Cipango, también en la Edad Moderna se amplió el propósito, y A América dijeron a una voz viajeros, mercaderes, políticos, misioneros y capitanes»[682].
[682] Pág. 84.
L
LO QUE COSTÓ DESCUBRIR LA AMÉRICA[683]
[683] ABC del 5 de octubre de 1911.--Núm. 2.307.
Hace poco han sido encontrados en Génova documentos auténticos que permiten fijar de un modo exacto la suma empleada en el descubrimiento de América por Cristóbal Colón.
Al célebre navegante, como jefe de la expedición, le fué asignado un sueldo de 1.600 pesetas anuales.
Los capitanes de las dos carabelas que marcharon a las órdenes de Cristóbal Colón, cobraron 900 pesetas por año, y cada marinero fué contratado con el salario mensual de 50 reales.
El equipo de la flotilla sumó en total 14.000 pesetas. Los víveres (pan, vino, legumbres, carnes, etc.), costaron seis pesetas por mes y por cabeza.
Cuando regresó Cristóbal Colón, recibió 22.000 pesetas, a título de reembolso, por las cantidades que adelantó durante el viaje. Esa suma representa los gastos de la expedición, que duró desde 3 de agosto de 1492 a 4 de marzo de 1493.
Si a las 22.000 pesetas se añade la suma de 14.000 pesetas que, según hemos dicho, costó el equipo de la flota, resulta que uno de los más grandes descubrimientos de que se enorgullece la humanidad, ha costado 36.000 pesetas.
No puede darse nada más económico.
Las cifras que acabamos de citar han sido extraídas de los libros de los hermanos Pinzón, armadores de Palos, merced a los cuales pudo Cristóbal Colón realizar su viaje.
M
CARTA DE CRISTÓBAL COLÓN DIRIGIDA AL MAGNÍFICO SR. RAFAEL SÁNCHEZ, TESORERO DE LOS SERENÍSIMOS MONARCAS[684].
[684] Navarrete, Colección de los viajes y descubrimientos, etc., tom. I, págs. 179-195.
14 marzo 1493.
Conociendo que os será de placer que haya yo tenido feliz éxito en mi empresa, he dispuesto escribiros esta carta que os manifieste todos y cada uno de los sucesos ocurridos en mi viaje y los descubrimientos que han sido su resultado. Treinta y tres días después de mi salida de Cádiz arribé al mar de la India, donde hallé muchas islas habitadas por innumerables gentes, y de ellas tomé posesión a nombre de nuestro felicísimo Monarca a público pregón y aclamaciones, tremolando bandera y sin contradicción alguna; puse a la primera el nombre de San Salvador, en cuya protección confiado llegué así a ésta como a las demás; los indios la llaman Guanahanín. Dí también nuevo nombre a cada una de las otras, habiendo mandado que la una se llamase Santa María de la Concepción, otra la Fernandina, la tercera Isabela, la cuarta Juana, y así respectivamente las restantes. Luego que arribamos a la que acaba de nombrarse Juana, me adelanté un poco cerca de su costa hacia el Occidente, y la descubrí tan grande y sin límites, que no hubiera creído ser isla, sino más bien la provincia continental de Cathay...[685].
[685] Véase Conde Roselly de Lorgues, Cristóbal Colón, tomo III, págs. 132-137.
N
BULA DE ALEJANDRO VI[686].
[686] Véase Solórzano, Política Indiana, lib. 1, cap. X.
Alejandro Obispo, siervo de los siervos de Dios, A los ilustres Carisimo en Cristo hijo Rey Fernando, y muy amada en Cristo hija Isabel, Reina de Castilla, de León, de Aragón, de Sicilia y de Granada: salud y bendición apostólica. Lo que más, entre todas las obras, agrada a la Divina Majestad, y nuestro corazón desea, es que la Fe Católica y Religión Cristiana sea exaltada, mayormente en nuestros tiempos, y que en toda parte sea ampliada, y dilatada, y se procure la salvación de las almas, y las bárbaras naciones sean deprimidas y reducidas a esa misma Fe. Por lo cual, como quiera que a esta sacra silla de San Pedro, por favor de la divina clemencia (aunque indignos) hayamos sido llamados, conociendo de vos, que sois Reyes y Príncipes Católicos verdaderos, cuales sabemos que siempre habeis sido, y vuestros preclaros hechos (de que ya casi todo el mundo tiene entera noticia), lo manifiestan, y que no solamente lo deseais, mas con todo conato, esfuerzo, fervor y diligencia, no perdonando a trabajos, gastos y peligros, y derramando vuestra propia sangre lo haceis, y que habeis dedicado desde atrás a ello todo vuestro ánimo y todas vuestras fuerzas, como lo testifica la recuperación del Reino de Granada, que ahora con tanta gloria del divino nombre hicisteis, librándole de la tiranía sarracénica. Dignamente somos movidos (no sin causa) y debemos favorablemente y de nuestra voluntad concederos aquello, mediante lo cual, cada día con más ferviente ánimo, a honra del mismo Dios y ampliación del Imperio Cristiano, podais proseguir este santo y loable propósito de que nuestro inmortal Dios se agrada.
Entendimos, que desde atrás aviades propuesto en vuestro ánimo, de buscar y descubrir algunas islas y tierras firmes remotas é incógnitas, de otros hasta ahora no halladas, para reducir los moradores y naturales de ellas al servicio de nuestro Redentor y que profesen la Fe Católica; y que por haber estado muy ocupados en la recuperación del dicho Reino de Granada no pudistes hasta ahora llevar a deseado fin este vuestro santo y loable propósito; y que finalmente, habiendo por voluntad de Dios cobrado el dicho Reino, queriendo poner en ejecución vuestro deseo, proveistes al dilecto hijo Cristóbal Colón, hombre apto y muy conveniente a tan gran negocio, y digno de ser tenido en mucho, con navíos y gente para semejantes cosas bien apercibidos, no sin grandísimos trabajos, costas y peligros, para que por la mar buscase con diligencia las tales tierras firmes, é islas remotas é incógnitas, a donde hasta ahora no se había navegado; los cuales, después de mucho trabajo, con el favor divino, habiendo puesto toda diligencia, navegando por el mar Océano, hallaron ciertas islas remotísimas y también tierras firmes, que hasta ahora no habían sido por otros halladas, en las cuales habitan muchas gentes que viven en paz; y andan, según se afirma, desnudas, y que no comen carne. Y a lo que los dichos vuestros mensajeros pueden colegir, estas mismas gentes, que viven en las susodichas islas y tierras firmes, creen que hay un Dios Creador en los cielos, y que parecen asaz aptos para recibir la Fe Católica, y ser enseñados en buenas costumbres; y se tiene esperanza que si fuesen dotrinados, se introduciría con facilidad en las dichas tierras é islas el nombre del Salvador y Señor nuestro Jesucristo. Y que el dicho Cristóbal Colón hizo edificar en una de las principales de las dichas tierras una torre fuerte, y en guarda de ella puso ciertos cristianos de los que con él habían ido, y para que desde allí buscasen otras islas y tierras firmes remotas é incógnitas, y que en las dichas islas y tierras ya descubiertas, se halla oro y cosas aromáticas, y otras muchas de gran precio, diversas en género y calidad. Por lo cual, teniendo atención a todo lo susodicho con diligencia, principalmente, a la exaltación y dilatación de la Fe Católica, como conviene a Reyes y Príncipes católicos, a imitación de los Reyes vuestros antecesores, de clara memoria, propusisteis, con el favor de la Divina clemencia, sujetar las susodichas islas y tierras firmes, y los habitadores y naturales de ellas, y reducirlos a la Fe Católica.
Así que Nos, alabando mucho en el Señor este vuestro santo y loable propósito, y deseando que sea llevado a debida ejecución y que el mismo nombre de nuestro Salvador se plante en aquellas partes, os amonestamos muy mucho en el Señor, y por el sagrado bautismo que recibistes, mediante el cual estais obligado a los Mandamientos apostólicos, y por las entrañas de misericordia de nuestro Señor Jesucristo, atentamente os requerimos que cuando intentaredes emprender y proseguir del todo semejante empresa, queráis y debáis con ánimo pronto y celo de verdadera fe, inducir los pueblos que viven en las tales islas y tierras, que reciban la Religión Cristiana, y que en ningún tiempo os espanten los peligros y trabajos, teniendo esperanza y confianza firme, que el Omnipotente Dios favorecerá felizmente vuestras empresas; y para que siéndoos concedida la liberalidad de la gracia apostólica, con más libertad y atrevimiento toméis el cargo de tan importante negocio, motu propio, y no a instancia de petición vuestra ni de otro que por vos Nos lo haya pedido, mas de nuestra mera liberalidad, y de ciencia cierta y de plenitud del poderío apostólico, todas las islas y tierras firmes halladas y que se hallaren descubiertas y que se descubriesen hacia el Occidente y Mediodía, fabricando y componiendo una línea del Polo Artico, que es el Septentrión, al Polo Antártico, que es el Mediodía; ora se hayan hallado islas y tierras firmes, ora se hayan de hallar hacia la India o hacia otra cualquier parte, la cual línea diste de cada una de las islas, que vulgarmente dicen de los Azores ó Cabo Verde, cien leguas hacia el Occidente y Mediodía. Así que todas sus islas y tierras firmes halladas y que se hallaren descubiertas y que se descubrieren del de la dicha línea hacia el Occidente y Mediodía, que por otro Rey ó Príncipe Cristiano no fueren actualmente poseídas hasta el día de nacimiento de nuestro Señor Jesucristo próximo pasado, del cual comienza el año presente de mil y cuatrocientos y noventa y tres, cuando fueron por vuestros mensajeros y capitanes halladas algunas de dichas islas, por la autoridad del Omnipotente Dios, a Nos en San Pedro concedida, y del vicariato de Jesucristo, que ejercemos en las tierras, con todos los señoríos de ellas, ciudades, fuerzas, lugares, villas, derechos, jurisdicciones y todas las pertenencias, por el tenor de las presentes las damos, concedemos y asignamos perpetuamente a vos, y a los Reyes de Castilla y de León, vuestros herederos y sucesores señores de ellas, con libre, lleno y absoluto poder, autoridad y jurisdicción: con declaración que por esta nuestra donación, concesión y asignación no se entienda, ni pueda entender, que se quite ni haya de quitar el derecho adquirido a ningún Príncipe cristiano que actualmente hubiere poseído las dichas islas y tierras firmes, hasta el susodicho día de Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Y allende de eso, os mandamos en virtud de santa obediencia, que así como también lo prometéis, y no dudamos por vuestra grandísima devoción y magnanimidad real que lo dejaréis de hacer, procuréis enviar a las dichas tierras firmes é islas, hombres buenos temerosos de Dios, doctos, sabios y expertos, para que instruyan los susodichos naturales y moradores en la Fe Católica y les enseñen buenas costumbres, poniendo en ello toda la diligencia que convenga.
Y del todo inhibimos a cualesquier personas, de cualquier dignidad, aunque sea Real é Imperial, estado, grado, orden ó condición, so pena de excomunión latæ sententiæ, en la cual por el mismo caso incurran, si lo contrario hicieren; que no presuman ir, por haber mercaderías, ó por otra cualquier causa, sin especial licencia vuestra y de los dichos vuestros herederos y sucesores, a las islas y tierras firmes halladas ó que se hallaren descubiertas, y que se descubrieren hacia el Occidente y Mediodía, fabricando y componiendo una línea desde el Polo Artico al Polo Antártico, ora las tierras firmes é islas sean halladas y se hayan de hallar hacia la India ó hacia otra cualquier parte, la cual línea diste de cualquiera de las islas, que vulgarmente llaman de los Azores y Cabo Verde, cien leguas hacia el Occidente y Mediodía, como queda dicho.
No obstante constituciones y ordenanzas Apostólicas, y otras cualesquiera que en contrario sean: confiando en el Señor, de quien proceden todos los bienes, Imperios y Señoríos, que encaminando vuestras obras, si proseguís este santo y loable propósito, conseguirán vuestros trabajos y empresas en breve tiempo, con felicidad y gloria de todo el pueblo Cristiano prosperísima salida. Y porque sería dificultoso llevar las presentes letras a cada lugar donde fuere necesario llevarse, queremos, y con los Motu y ciencia, mandamos, que a sus trasumptos, firmados de mano de Notario público, para ello requerido, y corroborados con sello de alguna persona constituída en dignidad Eclesiástica ó de algún Cabildo Eclesiástico, se les dé la misma fe en juicio, y fuera de él, y en otra cualquier parte, que se daría a las presentes, si fuesen exhibidas y mostradas. Así, que a ningún hombre sea licito quebrantar, ó con atrevimiento temerario, ir contra esta nuestra carta de encomienda, amonestación, requerimiento, donación, concesión, asignación, constitución, deprestación, decreto, mandado, inhibición, voluntad. Y si alguno presumiere intentarlo, sepa que incurrirá en la indignación del Omnipotente Dios y de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo. Dada en Roma en San Pedro, a cuatro de mayo del año de la Encarnación del Señor mil y quatrocientos y noventa y tres, en el año primero de nuestro Pontificado.
O
PROVISIÓN REAL ACRECENTANDO A COLÓN Y SUS DESCENDIENTES UN CASTILLO Y UN LEON MÁS EN SUS ARMAS POR PREMIO DE SUS SERVICIOS[687].
[687] Archivo de los Duques de Veragua.--Colec. de doc. inéd. relativos al descubrimiento, etc., tomo XIX, págs. 475-477.
Don Fernando e doña Isabel etc. Por facer bien e merced a vos don Cristobal Colon, Nuestro Almirante de las Islas e Tierra-Firme por Nuestro mandado descobiertas e por descobrir en el Mar Oceano en la parte de las Indias; acatando los muchos y leales servicios que Nos habeis fecho e esperamos que Nos fareis, especialmente en poner vuestra persona como la pusistes a mucho arrisco e trabajo en descobrir las dichas Islas; e por vos honrar e sublimar, e porque de vos e de vuestros servicios e linage e descendientes quede perpetua memoria para siempre jamas, habemos por bien, e es Nuestra Merced, e vos damos licencia e facultad para que podades traer e traigades en vuestros reposteros e escudos de armas e en las otras partes donde las quisieredes poner de mas de vuestras armas, encima dellas un Castillo e un Leon, que Nos vos damos por armas, conviene a saber: el castillo de color dorado en campo verde, en el cuadro del escudo de vuestras armas en lo alto a la mano derecha, y en el otro cuadro alto a la mano izquierda un Leon de purpura en campo blanco rampando de verde, y en el otro cuadro bajo a la mano derecha unas islas doradas en ondas de mar, y en el otro cuadro bajo a la mano izquierda las armas vuestras que soliades tener, las cuales armas sean conocidas por vuestras armas e de vuestros fijos e descendientes para siempre jamas. E por esta Nuestra Carta, Mandamos al Principe Don Joan, Nuestro muy caro e muy amado Fijo, e a los Infantes, Prelados, Duques, Marqueses, Condes, Maestres de los Ordenes, Ricos-Homes, Priores, Comendadores e Subcomendadores, Alcaldes de los Castillos e Casas Fuertes e llanas, e a los de Nuestro Consejo, Alcaldes, Alguaciles, Regidores, Caballeros, Jurados, Escuderos, Oficiales, Homes-buenos de todas las Ciudades e Villas e Lugares de los Nuestros Reinos e Señorios, que vos dejen e consientan traer e que traigades las dichas armas que Nos vos asi damos de suso nombradas e declaradas, e en ello vos non pongan ni consientan poner a vos ni a los dichos vuestros fijos e descendientes embargo ni contrario alguno; e si desto que dicho es, quisieredes Nuestra Carta de provision, Mandamos al Nuestro Chanciller e Notario e a los otros Oficiales que estan a la tabla de los Nuestros sellos, que vos la den, e libren, e pasen, e sellen. Dada en la Ciudad de Barcelona a veinte dias del mes de mayo, Año del Nascimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil cuatrocientos noventa y tres años.
CARTA REPREHENDIENDO LOS REYES A XOAN DE SORIA POR ABER TRATADO AL ALMIRANTE CON POCO ACATAMIENTO.
4 de agosto de 1493[688]
El Rey e la Reyna.
Xoan de Soria: Nos abemos sabido algunas novedades que allá abeys fecho, que non mirays e acatays al Almirante de las Indias como es rrazon e Nosotros lo queremos, de que Abemos Abido muncho enoxo; e porque Nos, queremos quel Almirante sea honrrado e acatado sigund el Título que le dymos, Nos, vos Mandamos que ansi lo fagays e vos conformeys con él, porque ello seremos servidos; e de lo contrario abriamos enoxo e lo mandariamos castigar.--De Barcelona, a quatro días de agosto de noventa e tres años.--(Está rubricado e sellado).
[688] Archivo de Indias. Colec. de doc. inéd., etc., tomo XXX, págs. 183 y 184.
P
TRATADO DE TORDESILLAS.
(Sobre límites, celebrado entre los Reyes de España y Portugal el 7 de junio de 1494)[689].
[689] Véase Guzmán Blanco, Documentos para la historia de la vida pública de Bolívar, tomo I, páginas 10-17.
Don Fernando y Doña Isabel, por la gracia de Dios Rey y Reyna de Castilla, de León, de Aragón y de Sicilia, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Córcega, de Murcia, de Jahén, del Algarbe, de Algezira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, conde y condesa de Barcelona, y señores de Vizcaya y de Molina, duques de Atenas y de Neopatria, condes de Rosellón y de Cerdaña, marqueses de Oristán y de Goceano, en una con el príncipe Don Juan, nuestro mui caro y mui amado hijo primogénito heredero de los dichos nuestros reynos y señorios. Por quanto, por don Henrique Henriques, nuestro mayordomo mayor, y don Guterre de Cárdenas, comisario mayor de León, nuestro contador mayor, y el doctor Rodrigo Maldonado, todos del nuestro Consejo, fué tratado, assentado y capitulado por Nos, y en nuestro nombre, y por virtud de nuestro poder, con el serenissimo don Juan, por la gracia de Dios rey de Portugal y de los Algarbes, de aquende y de allende el mar, en Africa señor de Guinea, nuestro muy caro y muy amado hermano, y con Ruy de Sosa, señor de Usagres y Berengel, y don Juan de Sosa su hijo, almotacén mayor del dicho serenissimo rey nuestro hermano, y Arias de Almadana, corregidor de los fechos civiles de su corte y del su desembargo, todos del Consejo del dicho serenissimo rey nuestro hermano, en su nombre y por virtud de su poder, sus embaxadores que a Nos vinieron, sobre la diferencia de lo que a Nos y al dicho serenissimo rey nuestro hermano pertenece, de los que hasta siete días deste mes de junio en que estamos, de la fecha desta escriptura está por descubrir en el mar Océano, en la qual dicha capitulación los dichos nuestros procuradores, entre otras cosas, prometieron que dentro de cierto término en ella contenido, Nos otorgariamos, confirmariamos, jurariamos, ratificariamos y aprobariamos la dicha capitulación por nuestras personas; é Nos queriendo cumplir é cumpliendo todo lo que asy en nuestro nombre fué asentado, é capitulado, é otorgado cerca de lo susodicho, mandamos traer ante Nos la dicha escriptura de la dicha capitulación y asiento para la ver y examinar, y el tenor della de verbo ad verbum es este que se sigue:
_En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre y Hijo y Espíritu Santo, tres personas realmente distintas y apartadas, y una sola esencia divina._
Manifiesto y notorio sea a todos quantos este público instromiento vieren, como en la villa de Tordesillas, a siete días del mes de junio, año del nascimiento de Nuestro Señor Jesu Christo de mil é quatrocientos é noventa é quatro años, en presencia de Nos los secretarios y escrivanos, é notarios públicos de yuso escritos, estando presentes los honrados don Henrique Henriques, mayordomo mayor de los muy altos y muy poderosos príncipes, señores don Fernando y doña Isabel, por la gracia de Dios rey y reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Sicilia, de Granada, etc., é don Guterre de Cárdenas, contador mayor de los dichos señores rey y reyna, y el doctor Rodrigo Maldonado, todos del Consejo de los dichos señores rey y reyna de Castilla, é de León, de Aragón, de Sicilia, é de Granada, etc., sus procuradores bastantes de la una parte, é los honrados Ruy de Sosa, señor de Usagres é Berengel, é don Juan de Sosa, su hijo, almotacén mayor del muy alto y muy excelente señor don Juan, por la gracia de Dios rey de Portugal, é de los Algarbes, de aquende é de allende el mar, en Africa señor de Guinea, é Arias de Almadana, corregidor de los fechos civiles en su corte, é del su desembargo, todos del Consejo del dicho señor rey de Portugal é sus embaxadores é procuradores bastantes, segund amas las dichas partes lo mostraron por las cartas é poderes, é procuraciones de los dichos señores sus constituyentes, de las quales su tenor de verbo ad verbum es este que se sigue:
Don Fernando y Doña Isabel, por la gracia de Dios rey y reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Sicilia, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdova, de Córcega, de Murcia, de Jahén, del Algarbe, de Algezira, de Gibraltar, de las Islas Canarias, conde y condesa de Barcelona, é señores de Vizcaya é de Molina, duques de Atenas é de Neopatria, condes de Rosellón é de Cerdaña, marqueses de Oristán é de Goceano. Por quanto el serenissimo rey de Portugal, nuestro muy caro é muy amado hermano, embió a Vos por sus embaxadores é procuradores a Ruy de Sosa, cuyas son las villas de Usagre é Berengel, é a don Juan de Sosa su almotacén mayor, é Arias de Almadana, su corregidor de los fechos civiles en su corte é del su desembargo, todos del su Consejo, para platicar é tomar asiento, é concordia con Nos, ó con nuestros embaxadores é procuradores, en nuestro nombre, sobre la diferencia que entre Nos y el dicho serenissimo rey de Portugal nuestro hermano, é sobre lo que a Nos y a él pertenece de lo que hasta agora está por descubrir en el mar Océano; por ende confiando de vos don Henrique Henriques, nuestro mayordomo mayor, é don Guterre de Cárdenas, comisario mayor de León, nuestro contador mayor, é el doctor Rodrigo Maldonado, todos del nuestro Consejo, que sois tales personas, que guardareis nuestro servicio, é bien, é fielmente hareis lo que por Nos vos fuere mandado é encomendado, por esta presente carta, vos damos todo nuestro poder complido, en aquella más apta forma que podemos é en tal caso se requiere, especialmente para que por Nos y en nuestro nombre é de nuestros herederos, é subcesores, é de todos nuestros reynos é señoríos, súbditos é naturales dellos, podais tratar, concordar é asentar, é facer trato é concordia con los dichos embaxadores del dicho serenissimo rey de Portugal, nuestro hermano, en su nombre, qualquier concierto, asiento, limitación, demarcación é concordia sobre lo que dicho es, por los vientos en grados de Norte, é del Sol, é por aquellas partes, divisiones, é lugares del Cielo, é de la mar, é de la tierra, que a vos bien visto fueren, é asy vos damos el dicho poder, para que podais dexar al dicho rey de Portugal, é a sus reynos é subcesores todos los mares é islas, é tierras que fueren ó estuvieren dentro de qualquier limitación é demarcación, que con él fincaren é quedaren; é otrosy vos damos el dicho poder, para que en nuestro nombre, é de nuestros herederos é subcesores, é de nuestros reynos é señoríos, é súbditos, é naturales dellos, podades concordar, é asentar, é recebir, é aceptar del dicho rey de Portugal, é de los dichos sus embaxadores, é procuradores en su nombre, que todos los mares, islas é tierras que fueren é estovieren dentro de la limitación é demarcación de costas, mares é islas é tierras, que quedasen é fincaren con Nos é con nuestros subcesores, para que sean nuestros é de nuestro señorío é conquista, é asy de nuestros reynos é subcesores dellos, con aquellas limitaciones é excepciones, é con todas las otras divisiones é declaraciones, que a vosotros bien visto fuere; é para que sobre todo lo que dicho es, é para cada una cosa é parte dello, é sobre lo a ello tocante, ó de ello dependiente, ó a ello anexo é conexo en qualquier manera, podais fazer é otorgar, concordar, tratar é recebir, é aceptar en nuesto nombre, é de los dichos nuestros herederos é subcesores, é de todos nuestros reynos, señoríos, é súbditos é naturales dellos, qualesquiera capitulaciones é contractos, escripturas, con qualesquier vínculos, abtos, modos, condiciones, obligaciones é estipulaciones, penas é submisiones, é renunciaciones, que vosotros quisieredes é bien visto vos fuere, é sobre ello podais fazer é otorgar, é fagais, é otorgueis todas las cosas, é cada una dellas, de qualquier naturaleza é calidad, gravedad é importancia que sean, ó ser puedan aunque sean tales, que por su condición requieran otro nuestro señalado é especial mandado, é de que se deviese de fecho é de derecho fazer singular é expresa mención, é que Nos seyendo presentes podriamos fazer é otorgar, é recebir; é otrosy vos demos poder complido, para que podais jurar, é jureis en nuestra ánima, que Nos é nuestros herederos, é subcesores, é súbditos, é naturales, é vassallos adquiridos é por adquirir, tornemos, guardaremos, é compliremos, é que ternán, guardarán é complirán realmente é con efecto todo lo que vosotros asy asentardes, capitulardes, é jurardes, é otorgardes, é firmardes, cesante toda cautela, fraude é engaño, ficción, simulación, é asy podais en nuestro nombre capitular é segurar, é prometer; que Nos en persona seguraremos, juraremos é prometeremos, é otorgaremos é firmaremos todo lo que vosotros en nuestro nombre, cerca lo que dicho es, segurardes é prometierdes é capitulardes, dentro de aquel término de tiempo que vos bien pareciere, é que lo guardaremos é compliremos realmente é con efecto, so las condiciones é penas é obligaciones contenidas en el contracto de las paces entre Nos y el dicho serenissimo Rey nuestro hermano fechas é concordadas, é so todas las otras que vosotros prometierdes, é asentardes, las quales desde agora prometemos de pagar, si en ellas incorriéremos, para lo qual todo é cada una cosa é parte dello, vos damos el dicho poder con libre é general administración, é prometemos é seguramos por nuestra fe y palabra real, de tener é guardar é complir Nos é nuestros herederos é subcesores, todo lo que por vosotros, cerca de lo que dicho es en qualquier forma é manera fuese fecho é capitulado é jurado, é prometido, é prometemos de lo haver por firme, rato é grato, estable é valedero agora é en todo tiempo jamás, é que no iremos ni vernemos contra ello ni contra parte alguna dello, Nos, ni nuestros herederos é subcesores, por Nos, ni por otras interpósitas personas, directe, ni indirecte, so alguna color, ni causa en juicio, ni fuera del, so obligación expresa, que para ello fazemos de todos nuestros bienes patrimoniales é fiscales, é otros qualesquier de nuestros vassallos, súbditos, é naturales, muebles y raizes, havidos é por hauer. Por firmeza de lo qual mandamos dar esta nuestra carta de poder, la qual firmamos de nuestros nombres, é mandamos sellarla con nuestro sello, dada en la villa de Tordesillas, a cinco días del mes de junio, año del nascimiento de nuestro señor Jesu Christo de mil quatrocientos é noventa é cuatro años.
Yo el Rey.--Yo la Reyna.
Yo Fernán Dalvres de Toledo, Secretario del Rey é de la Reyna, nuestros señores, la fize escrebir por su mando.
Don Juan, por la gracia de Dios rey de Portugal é de los Algarbes, de aquende, de allende el mar en Africa, é Señor de Guinea. A quantos esta nuestra carta de poder é procuración vieren, fazemos saber, que por quanto por mandado de los muy altos y muy excelentes, é poderosos príncipes el rey Don Fernando, é reyna Doña Isabel, rey é reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Sicilia, de Granada, etc., nuestros muy amados é preciados hermanos, fueron descobiertas é halladas nuevamente algunas islas, é podrían adelante descobrir é hallar otras islas é tierras, sobre las quales unas é las otras halladas, é por hallar, por el derecho é razón que en ello tenemos, podían sobrevenir entre Nos todos, é nuestros reynos é señoríos, súbditos é naturales dellos, debates é diferencias, que nuestro Señor no consienta, a Nos plazo, por el grande amor é amistad que entre Nos todos ay, é por se buscar, procurar é conservar mayor paz, é más firme concordia, é asuciego, que el mar en que las dichas islas están, y fueren halladas, se parta é demarque entre nos todos en alguna buena, cierta é limitada manera; y porque Nos al presente no podemos en ello entender en persona, confiando de vos Ruy de Sosa, señor de Usagres é Berengel, y don Juan de Sosa, nuestro almotacén mayor, y Arias de Almadana, correjidor de los fechos civiles en la nuestra corte, é del nuestro desembargo, todos del nuestro Consejo, por esta presente carta vos damos todo nuestro complido poder, abtoridad, é especial mandado, é vos fazemos é constituimos a todos juntamente, é a dos de vos é a uno in solidum si los otros en qualquier manera fueren impedidos, nuestros embaxadores é procuradores, en aquella más alta forma que podemos, é en tal caso se requier general y especialmente, en tal manera, que la generalidad no derrogue a la especialidad, ni la especialidad a la generalidad, para que por Nos y en nuestro nombre é de nuestros herederos é subcesores, é de todos nuestros reynos é señoríos, súbditos é naturales dellos podaís tratar, concordar, asentar, é fazer, trateis, concordeis, é asenteis é fagais con los dichos rey é reyna de Castilla, nuestros hermanos, ó quien para ello su poder tenga, qualquier concierto, asiento, limitación, demarcación, é concordia sobre el mar Océano, islas é tierra firme, que en el estovieren por aquellos rumos de vientos é grados de Norte é de Sol, é por aquellas partes, divisiones é lugares del cielo é del mar, é de la tierra, que vos bien parecier, é asy vos damos el dicho poder para que podais dexar, é dexeis a los dichos rey é reyna é a sus reynos é subcesores, todos los mares, islas, é tierras que fueren é estovieren dentro de qualquier limitación, é demarcación, que con los dichos rey é reyna quedaren, é asy os damos el dicho poder para en nuestro nombre, é de nuestros herederos é subcesores, é de todos nuestros reynos é señoríos súbditos é naturales dellos, podais con los dichos rey é reyna, ó con sus procuradores, concordar, asentar, recebir, é aceptar, que todos los mares, islas, é tierras, que fueren é estovieren dentro de la limitación, é demarcación de costas, mares, islas, é tierras que con Nos é nuestros subcesores fincaren, sean nuestros é de nuestro señorío é conquista, é asy de nuestros reynos é subcesores dellos, con aquellas limitaciones é excepciones de nuestras islas, é con todas las otras cláusulas é declaraciones, que vos bien parecier. El qual dicho poder damos a vos los dichos Ruy de Sosa, é Don Juan de Sosa, é Arias de Almadana, para que sobre todo lo que dicho es, é sobre cada una cosa, é parte dello, é sobre lo a ello tocante, ó dello dependiente, ó a ello anexo ó conexo en qualquier manera, podais fazer é otorgar, concordar, tratar, é distratar, recebir é aceptar en nuestro nombre, é de los dichos nuestros herederos é subcesores, é de todos nuestros reynos é señoríos, súbditos é naturales dellos, qualesquier capítulos é contratos é escripturas, con qualesquier vínculos, pactos, modos, condiciones, obligaciones, é estipulaciones, penas é submisiones, é renunciaciones que vos quisierdes, é a vos bien visto fueren, é sobre ello podaís fazer é otorgar, é fagais é otorgueis todas las cosas, é cada una dellas, de qualesquier naturaleza, calidad, gravedad é importancia que sean ó ser pueden, puesto que sean tales, que por su condición requieran otro nuestro singular é especial mandado é que se deviesse de fecho é de derecho fazer singular é expresa mención, é que Nos siendo presentes podriamos facer, é otorgar, é recebir; é otrosy vos damos poder complido, para que podais jurar, é jureis en vuestra ánima, que Nos é nuestros herederos é subcesores, súbditos é naturales é vasallos adquiridos, é por adquirir ternemos, guardaremos, é compliremos, ternán, guardarán é complirán realmente, é con efeto, todo lo que vos asy asentardes, capitulardes, jurardes, é otorgardes, é firmardes, cesante toda cautela, fraude, engaño, é fingimiento, é asy podais en nuestro nombre capitular, segurar é prometer, que Nos en persona seguraremos, juraremos, prometeremos, é firmaremos todo lo que vos en el sobredicho nombre, acerca de lo que dicho es, seguiardes, prometierdes, é capitulardes, dentro de aquel término de tiempo que vos bien parecier, é que lo guardaremos é compliremos realmente, é con efeto, so las condiciones, penas, é obligaciones contenidas en el contracto de las paces entre nos fechas, é concordadas, é so todas las otras que vos prometierdes, é asentardes en el dicho nombre, las quales desde agora prometemos de pagar, é pagaremos realmente, é con efeto, si en ellas incurrieremos, para lo qual todo, é cada una cosa, é parte dello, vos damos el dicho poder con libre y general administración, é prometemos é seguramos por nuestra fé real, de tener guardar é complir, é asy nuestros herederos é subcesores, todo lo que por vos acerca de lo que dicho es, en qualquier forma é manera que fuere fecho, capitulado, jurado é prometido, é prometemos de lo haver por firme, rato é grato, estable é valioso de agora para todo siempre, é que no iremos, ni vernemos, ni irán ni vernán contra ello, ni contra parte alguna dello en tiempo alguno, ni por alguna manera, por Nos, ni por sí, ni por interpósitas personas directe, ni indirecte, so alguna color ó causa en juicio, ni fuera del, so obligación expresa, que para ello fazemos de los dichos nuestros reynos é señoríos, é de todos los otros nuestros bienes patrimoniales, fiscales, é otros qualesquier de nuestros vasallos, súbditos é naturales, muebles é de raiz, avidos é por aver, en testimonio é fe de lo qual, vos mandamos dar esta nuestra carta firmada por Nos, é sellada de nuestro sello, dada en la nuestra cebdat de Lisbona a ocho dias de marzo.
Rui de Pina la fizo año del nascimiento de nuestro Señor Jesu Christo, de mil é quatrocientos é noventa é quatro años.
El Rei.
E luego los dichos procuradores de los dichos señores rey é reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Sicilia, de Granada, etc., é del dicho señor rey de Portugal, é de los Algarbes, etc., dixeron, que por cuanto entre los dicho señores sus constituyentes hai cierta diferencia, sobre lo que a cada una de las dichas partes pertenece, de lo que fasta oy día de la fecha desta capitulación está por descubrir en el mar Océano; por ende que ellos por bien de paz é concordia, é por conservación del debdo é amor, quel dicho señor rey de Portugal tiene con los dichos señor rey é reyna de Castilla, é de Aragón, etc., a sus Altezas plaze, é los dichos sus procuradores en su nombre, é por virtud de los dichos sus poderes, otorgaron é consintieron que se haga é señale por el dicho mar Océano una raya, ó línea derecha de polo a polo, convien a saber, del polo Artico al polo Antártico, que es de Norte a Sul, la qual raya ó línea se aya de dar, é de derecha, como dicho es, a trescientas é setenta leguas de las islas del Cabo Verde, hacia la parte del Poniente, por grados ó por otra manera, como mejor y más presto se pueda dar, de manera que no sean más é que todo lo que hasta aquí se ha fallado é descubierto, é de aquí adelante se hallare, é descubriere por el dicho señor rey de Portugal, é por sus navíos, así islas como tierra firme, desde la dicha raya é línea dada en la forma susodicha, yendo por la dicha parte del Levante, dentro de la dicha raya a la parte del Levante ó del Norte, ó del Sul della, tanto que no sea atravesando la dicha raya, que esto sea, é finque, é pertenezca al dicho señor rey de Portugal é a sus subcesores, para siempre jamás, é que todo lo otro, así islas como tierra firme, halladas y por hallar, descobiertas ó por descobrir, que son ó fueren halladas por los dichos señores rey é reyna de Castilla, é de Aragón, etc., é por sus navíos desde la dicha raya dada en la forma susodicha, yendo por la dicha parte del Poniente, después de pasada la dicha raya hacia el Poniente, ó el Norte, ó el Sul della, que todo sea, é finque, é pertenezca a los dichos señores rey é reyna de Castilla, de León, etc., é a sus subcesores, para siempre jamás. Item los dichos procuradores prometieron, é seguraron por virtud de los dichos poderes, que de oy en adelante no embiarán navíos algunos; convien a saber, los dichos señores rey é reyna de Castilla, é de León, é de Aragón, etc., por esta parte de la raya a la parte del Levante aquende de la dicha raya, que queda para el dicho señor rey de Portugal, é de los Algarbes, etc., ni el dicho señor rey de Portugal a la parte de la dicha raya, que queda para los dichos señores rey é reyna de Castilla, é de Aragón, etc., a descobrir é buscar tierras, ni islas algunas, ni a contratar, ni rescatar, ni conquistar en manera alguna; pero que si acaesciere, que yendo así aquende de la dicha raya los dichos navíos, de los dichos señores rey é reyna de Castilla, de León, é de Aragón, etc., fallasen qualesquier islas, ó tierras en lo que así queda para el dicho señor rey de Portugal, que aquello tal sea, é finque para el dicho señor rey de Portugal, é para sus herederos para siempre jamás, é sus Altezas gelo ayan de mandar luego dar é entregar. E si los navíos del dicho señor rey de Portugal fallasen qualesquier islas é tierras en la parte de los dichos señores rey é reyna de Castilla, é de León, é de Aragón, etc., que todo lo tal sea, é finque para los dichos señores rey é reyna de Castilla, de León, é de Aragón, etc., é para sus herederos para siempre jamás, é que el dicho señor rey de Portugal gelo haga luego de mandar, dar é entregar. Item, para que la dicha línea ó raya de la dicha partición se aya de dar, é de derecha, é la más cierta que ser podiere por las dichas trescientas é setenta leguas de las dichas islas del Cabo Verde hacia la parte del Poniente, como dicho es, concordado, é asentado por los dichos procuradores de amas las dichas partes, que dentro de diez meses primeros siguientes, contados desde el día de la fecha desta capitulación, los dichos señores sus constituyentes hayan de enviar dos ó quatro caravelas, convien a saber, una ó dos de cada parte, ó menos, segund se acordaren por las dichas partes que son necesarias, las quales para el dicho tiempo sean juntas en la isla de la gran Canaria; y embien en ellas cada una de las dichas partes, personas, así pilotos como astrólogos, é marineros, é qualesquier otras personas que convengan; pero que sean tantos de una parte, como de otra; y que algunas personas de los dichos pilotos, é astrólogos, é marineros, é personas que sepan, que embiaren los dichos señores rey é reyna de Castilla, é de León, é de Aragón, etc., vayan en el navío ó navíos que embiare el dicho señor rey de Portugal, é de los Algarbes, etcétera, é así mismo algunas de las dichas personas que embiare el dicho señor rey de Portugal, vayán en el navío ó navíos, que embiaren los dichos señores rey é reyna de Castilla é Aragón, tanto de una parte como de otra parte, para que juntamente puedan mejor ver é reconocer la mar, é los rumos, é vientos, é grados de Sol é Norte, é señalar las leguas sobredichas, tanto que para fazer el señalamiento é límite concurrirán todos juntos, los que fueren en los dichos navíos que embiaren amas las dichas partes, é llevaren sus poderes; los quales dichos navíos, todos juntamente continúen su camino a las dichas islas del Cabo Verde, é desde allí tomarán su rota derecha al Poniente hasta las dichas trescientas é setenta leguas, medidas como las dichas personas, que así fueren, acordaren que se deven medir, sin perjuicio de las dichas partes, y allí donde se acabaren se haga el punto é señal que convenga, por grados de sol ó de Norte, ó por singladura de leguas, ó como mejor se pudieren concordar. La cual dicha raya señalen, desde el dicho polo Artico al dicho polo Antártico, que es de Norte a Sul, como dicho es, y aquello que señalaren lo escrivan, é firmen de sus nombres las dichas personas que así fueren embiadas por amas las dichas partes, las quales han de llevar facultad é poderes de las dichas partes cada uno de la suya, para hacer la dicha señal é limitación; y fecha por ellos, seyendo todos conformes, que sea avida por señal é limitación perpetuamente para siempre jamás. Para que las dichas partes, ni alguna dellas, ni sus subcesores para siempre jamás no la puedan contradecir, ni quitar, ni remover en tiempo alguno, ni por alguna manera que sea, ó ser pueda. E si acaso fuere, que la dicha raya é límite de polo a polo, como dicho es, topare en alguna isla ó tierra firme, que al comienço de la tal isla ó tierra que así fuere hallada donde tocara la dicha raya se haga alguna señal ó torre; é que en derecho de la tal señal ó torre se continúe dende en adelante otras señales por la tal isla ó tierra en derecho de la dicha raya, los quales partan lo que a cada una de las partes perteneciera della, é que los súbditos de las dichas partes no sean osados los unos de pasar a la de los otros, ni los otros de los otros, pasando la dicha señal ó límite en la tal isla ó tierra.
Item, por quanto para ir los dichos navíos de los dichos señores rey é reyna de Castilla, de León, de Aragón, etc., de los reynos é señoríos a la dicha su parte allende de la dicha raya, en la manera que dicho es, es forzado que ayan de pasar por los mares desta parte de la raya que queda para el dicho señor rey de Portugal, por ende es concordado, é asentado que los dichos navíos de los dichos señores rey é reyna de Castilla, de León, de Aragón, etc., puedan ir é venir, y vayan é vengan libre, segura é pacificamente sin contradicción alguna por los dichos mares que quedan con el dicho señor rey de Portugal, dentro de la dicha raya en todo tiempo, é cada y quando sus Altezas, é sus subcesores quisieren, é por bien tuvieren; los quales vayan por sus caminos derechos, é rotas, desde sus reynos para qualquier parte, de lo que está dentro de su raya é límite, donde quisieren embiar a descubrir é conquistar, é contratar, é que lleven sus caminos derechos por donde ellos acordaren de ir para qualquier cosa de la dicha su parte, é de aquellos no puedan apartarse, salvo lo que el tiempo contrario los fiziere apartar; tanto que no tomen ni ocupen antes de pasar la dicha raya, cosa alguna de lo que fuere fallado por el dicho señor rey de Portugal en la dicha su parte, é si alguna cosa fallaren los dichos sus navíos antes de pasar la dicha raya, como dicho es que aquello sea para el dicho señor rey de Portugal, é sus Altezas gelo ayán de mandar luego dar é entregar. E porque podría ser que los navíos é gentes de los dichos señores rey é reyna de Castilla, é de Aragón, etc., ó por su parte avrán fallado hasta veinte días deste mes de junio en que estamos de la fecha desta capitulación, algunas islas é tierra firme dentro de la dicha raya, que se ha de fazer de polo a polo por línea derecha en fin de las dichas trescientas é setenta leguas contadas desde las dichas islas del Cabo Verde al Poniente, como dicho es; es concordado, é asentado, por quitar toda dubda, que todas las islas é tierra firme que sean falladas, é descubiertas en qualquier manera hasta los dichos veinte días deste dicho mes de junio, aunque sean falladas por los navíos é gentes de los dichos señores rey é reyna de Castilla, é de Aragón, etc., con tanto que sea dentro de las doscientas é cincuenta leguas primeras de las dichas trescientas é setenta leguas, contadas desde las dichas islas del Cabo Verde al Poniente hacia la dicha raya, en qualquier parte dellas para los dichos polos, que sean falladas dentro de las dichas doscientas é cincuenta leguas, haciéndose una raya ó línea derecha de polo a polo donde se acabaren las dichas doscientas é cincuenta leguas queden é finquen para el dicho señor rey de Portugal, é de los Algarbes, etc., é para sus subcesores é reynos para siempre jamás. E que todas las islas é tierra firme, que hasta los dichos veinte días deste mes de junio en que estamos, sean falladas ó descubiertas por los navíos de los dichos señores rey é reyna de Castilla, é de Aragón, etc., é por sus gentes, ó en otra qualquier manera dentro de las otras ciento é veinte leguas, que quedan para complimiento de las dichas trescientas é setenta leguas, en que ha de acabar la dicha raya, que se ha de fazer de polo a polo, como dicho es, en qualquier parte de las dichas ciento é veinte leguas para los dichos polos que sean falladas fasta el dicho día, queden é finquen para los dichos señores, rey é reyna de Castilla, é de Aragón, etc., é para sus subcesores, é sus reynos para siempre jamás, como es, y ha de ser suyo lo que es ó fuere fallado allende de la dicha raya, de las dichas trescientas é setenta leguas, que quedan para sus Altezas, como dicho es, aunque las dichas ciento é veinte leguas son dentro de la dicha raya de las dichas trescientas é setenta leguas que quedan para el dicho señor rey de Portugal, é de los Algarbes, etc., como dicho es. E si fasta los dichos veinte días desde dicho mes de junio, no son fallados por los dichos navíos de sus Altezas cosa alguna dentro de las dichas ciento é veinte leguas, é de allí adelante lo fallaren, que sea para el dicho señor rey de Portugal, como en el capítulo susoescripto es contenido. Lo qual todo que dicho es, é cada una cosa, é parte dello los dichos, don Henrique Henriques, mayordomo mayor, é don Guterre de Cárdenas, contador mayor, é doctor Rodrigo Maldonado, procuradores de los dichos muy altos é muy poderosos príncipes, los señores el rey é la reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Sicilia, é de Granada, etc., é por virtud del dicho su poder que de suso va incorporado, é los dichos Ruy de Sosa, é don Juan de Sosa, su hijo, é Arias de Almadana, procuradores é embaxadores del dicho muy alto é muy excelente príncipe el señor rey de Portugal é de los Algarbes, de aquende é allende, en Africa señor de Guinea, é por virtud del dicho su poder, que de suso va incorporado, prometieron é seguraron en nombre de los dichos sus constituyentes, que ellos é sus subcesores é reynos é señoríos para siempre jamás ternán, é guardarán, é complirán realmente, é con efeto, cesante todo fraude é cautela, engaño, ficción, é simulación, todo lo contenido en esta capitulación, é cada una cosa, é parte dello, é quisieron é otorgaron que todo lo contenido en esta dicha capitulación, é cada una cosa é parte della sea guardado é complido é executado como se ha de guardar é complir é executar todo lo contenido en la capitulación de las paces fechas é asentadas entre los dichos señores rey é reyna de Castilla, é de Aragón, etc., é el señor don Alfonso rey de Portugal, que santa gloria aya, é el dicho señor rey, que agora es de Portugal, su fijo, seyendo príncipe, el año que pasó de mil é quatrocientos é setenta é nueve años, é so aquellas mismas penas, vínculo é firmezas, é obligaciones, segund é de la manera que en la dicha capitulación de las dichas paces se contiene y obligaronse que las dichas paces ni alguna dellas, ni sus subcesores para siempre jamás no irán, ni vernán contra lo que de suso es dicho y especificado, ni contra cosa alguna ni parte dello directa, ni indirecta, ni por otra manera alguna en tiempo alguno, ni por alguna manera pensada, ó non pensada, que sea ó ser pueda; so las penas contenidas en la dicha capitulación de las dichas paces.
E la pena pagada ó non pagada, ó graciosamente remetida, que esta obligación ó capitulación, é asiento, quede é finque firme, estable, é valedera para siempre jamás, para lo qual todo asy tener é guardar é complir é pagar los dichos procuradores en nombre de los dichos sus constituyentes obligaron los bienes cada uno de la dicha su parte, muebles é raices, patrimoniales é fiscales é de sus súbditos é vasallos, havidos é por haver, é renunciaron qualesquier leyes, é derechos de que se puedan aprovechar las dichas partes, é cada una dellas para ir ó venir contra lo susodicho, ó contra alguna parte dello; é por mayor seguridad é firmeza de lo susodicho, juraron a Dios é a Santa María, é a la señal de la cruz, en que pusieron sus manos derechas é a las palabras de los Santos Evangelios doquier que más largamente son escriptos en ánima de los dichos sus constituyentes, que ellos y cada uno dellos ternán, é guardarán, é complirán todo lo susodicho, y cada una cosa, é parte dello realmente, é con efeto, cesante todo fraude, cautela é engaño, ficción é simulación, é no la contradirán en tiempo alguno, ni por alguna manera. So el qual dicho juramento juraron de no pedir absolución, ni relaxación del a nuestro muy Santo Padre, ni a otro ningún legado, ni prelado que ge la pueda dar, é aunque propio motu gela dé, no usarán della, ántes por esta presente capitulación suplican en el dicho nombre a nuestro muy Santo Padre, que a su Santidad plega confirmar, é aprovar esta dicha capitulación, segund en ella se contiene, é mandando expedir sobre ello sus bulas a las partes, ó a qualquiera dellas, que las pedieren, é mandando incorporar en ellas el tenor desta capitulación, poniendo sus censuras a los que contra ella fueren, ó pasaren, en qualquier tiempo que sea, é ser pueda. E asy mismo los dichos procuradores en el dicho nombre se obligaron so la dicha pena, é juramento dentro de ciento dias primeros siguientes, contados desde el dia de la fecha desta capitulación, darán la una parte a la otra, y la otra a la otra aprobación, é ratificación desta dicha capitulación, escriptas en pergamino, é firmadas de los nombres de los dichos señores sus constituyentes, é selladas con sus sellos de plomo, pendiente, é en la escriptura que ovieren de dar los dichos señores rey é reyna de Castilla, é Aragón, etc., aya de firmar, é consentir, é otorgar el muy esclarecido, é ilustrissimo señor el señor príncipe don Juan su hijo, de lo qual todo que dicho es, otorgaron dos escripturas de un tenor tal la una como la otra, las quales firmaron de sus nombres, é las otorgaron ante los secretarios, é escrivanos de yuso escriptos, para cada una de las partes la suya. E qualquiera que paresciere, vala como si ambas a dos pareciesen; que fueron fechas é otorgadas en la dicha villa de Tordesillas al dicho dia, é mes, é año susodicho. El comisario mayor don Henrique Ruy de Sosa, don Juan de Sosa, el doctor Rodrigo Maldonado, licenciatus Arias, testigos que fueron presentes, que vieron aquí firmar sus nombres a los dichos procuradores, é embaxadores, é otorgar lo susodicho é fazer el dicho juramento, el comisario Pedro de León, el comisario Fernando de Torres, vecinos de la villa de Vallid, el comisario Fernando de Gamarra, comisario de Tagra é Senete, contino de la casa de los dichos rey é reyna nuestros señores, é Juan Soares de Segueras é Ruy Leme, é Duarte Pacheco, contino, de la casa del señor rey de Portugal para ello procurados. E yo Fernán Dalvres de Toledo, secretario del rey é de la reyna nuestros señores, é del su Consejo, é escrivano de Cámara, é notario público en la su corte, é en todos los sus reynos é señoríos, fuy presente a todo lo que dicho es en uno con los dichos testigos, é con Estevan Vaes, secretario del dicho señor rey de Portugal, que por abtoridad que los dichos rey é reyna nuestros señores le dieron para dar fé deste abçon en sus reynos, que fué asy mismo presente a lo que dicho es, é a ruego é otorgamiento de todos los dichos procuradores, é embaxadores, que en mi presencia, é suya, aquí firmaron sus nombres, este público instromento de capitulación fize escrevir, el qual va escripto en estas seis fojas de papel de pliego entero escriptas de ambas partes con esta en que van los nombres de los sobredichos, é muy signo; é en fin de cada plana va señalado de la señal de mi nombre é de la señal del dicho Estevan Vaes, é por ende fize aquí mi signo, que es tal. En testimonio de verdad Fernán Dalvres. E yo el dicho Estevan Vaes, que por abtoridad que los dichos señores rey é reyna de Castilla, é de León, me dieron para fazer público en todos sus reynos é señoríos juntamente con el dicho Fernán Dalvres, a ruego, é requerimiento de los dichos embaxadores é procuradores a todo presente fuy, é per fe é certidumbre dello aquí de mi público señal la signé, que tal es.
La qual dicha escriptura de asiento é capitulacion, é concordia suso incorporada, vista é entendida por Nos, é por el dicho príncipe Don Juan nuestro hijo, la aprovamos, loamos, é confirmamos, é otorgamos, é ratificamos, é prometemos de tener, é guardar, é complir todo lo susodicho en ella contenido, é cada una cosa, é parte dello realmente ó con efeto, cesante todo fraude, é cautela, ficcion, é simulacion, é de no ir, ni venir contra ello, ni contra parte dello en tiempo alguno, ni por alguna manera que sea, ó ser pueda; é por mayor firmeza, Nos y el dicho príncipe Don Juan nuestro hijo, juramos a Dios, é a Santa María, é a las palabras de los Santos Evangelios do quier que más largamente son escriptas, é a la señal de la Cruz en que corporalmente posimos nuestras manos derechas en presencia de los dichos Ruy de Sosa, é Don Juan de Sosa, é licenciado Arias de Almadana, embaxadores é procuradores del dicho serenissimo Rey de Portugal, nuestro hermano, de lo asy tener é guardar, é complir, é a cada una cosa é parte de lo que a nos incumbe, realmente é con efeto, como dicho es, por Nos é por nuestros herederos é subcesores, é por los dichos nuestros reynos é señoríos, é súbditos é naturales dellos, so las penas é obligaciones, vínculos é renunciaciones en el dicho contracto de capitulacion, é concordia de suso escripto, contenidas: por certificación é corroboracion de lo qual, firmamos en esta nuestra carta nuestros nombres, é la mandamos sellar con nuestro sello de plomo pendiente en filos de seda a colores. Dada en la villa de Arévalo a dos días del mes de julio año del nascimiento de Nuestro Señor Jesu Christo de mil cuatrocientos noventa é cuatro años.
Yo el Rey.--Yo la Reyna.--Yo el Príncipe.
Y yo Fernan Dalvres de Toledo, secretario del Rey é de la Reyna nuestros señores, la fize escrebir por su mandado.»
* * * * *
Concluido el tratado el 7 de junio de 1494, fué ratificado por los Reyes de España en la villa de Arévalo el 2 de julio siguiente, y por el Rey de Portugal el 5 de septiembre de 1494 en Setuval.
Q
CARTA DE CRISTÓBAL COLÓN A LOS REYES CATÓLICOS, EXPONIENDO ALGUNAS OBSERVACIONES SOBRE EL ARTE DE NAVEGAR.--Granada, 6 de febrero de 1502[670].
[670] Cartas de Indias, págs. 7-10.--Madrid, 1877.
Muy altos y muy poderosos Reyes y Señores: Yo querria ser cabsa de placzer y holgura a Vuestras Alteças, que no de pesadumbre y hastio; mas como sé la afizion y deleyte que tienen a las cosas nuevas y dalgun interese diré de unas y otras, compliendo con su mandamiento, aquello que agora me venga a la memoria; y cierto non judguen dellas por el desaliño, mas por la intinzion y buen deseo, ya que en todo lo que fuere del servizio de Vuestras Alteças, non he de deprender de ningun otro lo que yo sé fazer por my mesmo; que si me faltaren las fuerzas y las fatigas me ryndieren, non desfallezerá en my ánima la voluntad como el más obligado y debdor que soy.
Los navegantes y otras gentes que tractan por la mar, tienen syempre mayor conoszimiento de las partidas particulares del mundo donde usan y fazen sus contractaciones más continuo, y por esto cada uno destos sabe mejor de lo que vee cada dia, que no lo otro que viene de años há años, y asy reszebimos con delectazion la relazion quellos mesmos nos fazen de lo que vieron y collejieron, como cierto allegamos más grande enseñanza de aquello que deprendemos por nuestra propia espirenzia.
Si resconozemos el mundo ser esférico, según el sentir de muchos escriptores que ansy lo afirman, o que la scienzia non faga asentar otra cosa con su auctoridad, no se deve entender que la templanza sea igual en un clyma, porque la diversidad es grande asy en la mar como en la tierra.
El sol syembra su ynfluenzia y la tierra la reszibe segun las concavidades o montañas que son formadas en ella, y bien que harto hayan scripto los antiguos sobre esto, así como Plinio[671], que dize que debaxo del norte ay tan suave templanza, que la gente que ally está jamas se muere, salvo por enfadamiento ó aborrimiento de vida, que se despeñan y voluntariamente se matan.
[671] Plinio tomó sus fabulosas noticias acerca de los hiperbóreos de los autores Hecateo, Heródoto, Pomponio Mela y otros.
Nos vemos aquy en España tanta diversydad de templanza, que non es menester el testimonio sobre esto de ninguna antigüedad del mundo: vemos aquy en Granada la syerra cubierta de nyeve todo el año, ques señal de grand frio, y al pie desta syerra son las Alpujarras donde es siempre suavisima tenplanza syn demasiado calor ny frio, y asy como es en esta provinzia, es en otras hartas en España, que se deja de dezir por la prolixidad dellas. Digo que en la mar acaesze otro tanto y en espezial en las comarcas de las tierras, y desto es en mayor conoszimiento los que continuo ally tractar, que no los otros que tractan en otras partes.
En el verano, en l'Andaluzia por muy cierto se tiene cada dia, después de ser el sol altillo, la virazon, ques viento que sale del poniente, esta vien muy suave y dura hasta la tarde; asy como esta virazon continúa en aquel tiempo en esta region, ansy continúa otros vientos en otras partes y en otras regiones diferentes el verano y el ynvierno. Los que andan continuo de Cadiz a Napoles, ya saben cuando pasan por la costa de Catalunia, segund la sazon, el viento que han de hallar en ella, y asymismo cuando pasan por el golfo de Narbona. Estos que han de yr de Cadiz a Napoles, si es tiempo de ynvierno, van a vista de cabo de Creo en Catalunia, por el golfo de Narbona: entonzes vienta muy rezio, y las vezes las naos conviene la obedezcan y corran por fuerza hasta Berueria, y por esto van más al cabo Creo, por sostener más la bolina y cobrar las Pomegas de Marsella o las yslas de Eres, y despues jamas se desabarcan de la costa hasta llegar donde quier. Si de Cadiz ovieren de yr a Napoles en tiempo de verano, navegan por la costa de Berueria hasta Cerdena, ansy como está dicho de la otra costa de la tramotana. Para estas navegaziones ay hombres señalados, que se an dado tanto a ello, que conoszen todos estos caminos y qué temporales pueden esperar, segund la razon del año en que fueren. Vulgarmente, a estos tales llamamos pylotos, que es tanto como en la tierra adalid; que bien que uno sepa muy bien el camino daqui a Fuenterrabia para llevar una hueste, ni lo sabe daqui a Lisbona. Esto mismo acaesze en la mar, que unos son pylotos de Flandes y otros de Levante, cada uno de la tierra donde más usa.
El tracto y tránsito d'España a Flandes mucho se continúa; grandes marineros ay que andan a este uso. En Flandes, en el mes de enero, están todas las naos despechadas para volver a sus tierras, y en este mes, de raro sale que no haya algunos estirones de brysa ques cernosdeste y nornordeste. Estos vientos, a este tiempo, no vienen amorosos, salvo salvajes y frios y fasta peligrosos: la distançia del sol y la calidad de la tierra son cabsa que se enjendre esto. Estas brysas no son estábiles, bien que asy no yerren el tiempo: los que navegan con ellas son presonas que se ponen a ventura y lo más de las veçes llegan con la mano en los cabellos. A estos, sy la brisa les falta y les haze fuerza otro viento, ponense en los puertos de Franzia o Ingalterra, hasta que venga otra marea que puedan salyr de los puertos.
La gente de la mar es cobdiziosa de dyneros y de volver a su casa, y todo lo aventuran syn esperar a ver quel tiempo sea firme. Cativo como estaba en cama, en otra tal ocasion dixe a Vuestras Alteças lo que pude de mayor seguridad desta navegazion, que era despues de ser el sol en Tauru, y renegar de fazer esta partida en la fuerza y más peligroso de ynvierno. Sy los vientos ayudan, muy corto es el tránsito, y non se debe de partir hasta tener buena certeza del viaje; y de acá se puede judgar dello, ques cuando se viere estar el çielo muy claro y salir el viento de la estrella de la tramotana y durar algunos dias, syempre en aquella alegria. Saben bien Vuestras Alteças lo que aconteszió el año de noventa y syete, cuando estaban en Burgos en tal congoxa por quel tiempo perseveraba crudo y se suçedian los estirones, que de enfadados se yban a Soria; y partida toda la corte un sabado, quedaron Vuestras Alteças para partir lunes de mañana; y a un çierto proposito, en aquella noche, en un escripto mio que envié a Vuestras Alteças, dezia: tal dia comenzó a ventar el viento; el otro dia no partirá la flota, aguardando sy el viento se afirme; partirá el miercoles, y el jueves o viernes será tant avant como la isla de Huict, y syno se meten en ella, serán en Laredo el lunes que viene, o la razon de la marineria es toda perdida. Este escripto mio, con el deseo de la venida de la Prinzesa, movió a Vuestras Alteças a mudar de proposito de no yr a Soria y espirmentar la opinion del marinero; y el lunes remaneszió sobre Laredo una nao que refusó de entrar en Huict, porque tenia pocos bastimentos.
Muchos son los juizios y fueron syempre en la mar y en la tierra en semejantes casos, y agora han de ser muchos los que hayan de navegar a las yslas descubiertas; y sy el camino es ya conoszido, los que hayan de tractar y contractar, con la perfizion de los ystrumentos y el aparejar de las naos, habran mayor conoszimiento de las cosas y de las tierras y de los vientos y de las epocas mas convenybles para sus usos, y más espirenzia para la seguridad de sus presonas.
La Sancta Trenydad guarde a Vuestras Alteças como deseo y menester habemos, con todos sus grandes estados y señoríos. De Granada, a seys de hebrero de mill y quinientos y dos años.
.S. .S.A.S. X M Y Xpo Ferens.
CARTA DE CRISTÓBAL COLÓN AL REVERENDO Y MUY DEVOTO PADRE FRAY D. GASPAR (GORRICIO), EN LAS CUEVAS DE SEVILLA[672].
[672] Navarrete, Colec. de los viajes, etc., tomo I, pág. 322.
Reverendo y muy devoto Padre: Si mi viaje fuera tan apropiado a la salud de mi persona y descanso de mi casa, como amuestra que haya de ber acrescentamiento de la Corona Real del Rey é de la Reina mis Señores, yo esperaría de vivir mas de cien gibileos. El tiempo no da lugar que yo escriba más largo. Yo espero que el portador sea persona de casa, que os dirá por palabra más que non se puede decir en mis papeles. También suplirá don Diego. Al Padre Prior y a todos los Religiosos pido por merced que se acuerden de mí en todas sus oraciones. Fecha en la isla de Janahica a 7 de julio de 1503.
Para lo que V. R. mandaré.
.S. .S.A.S. X M Y Xpo Ferens.
A MI MUY CARO FIJO DON DIEGO COLÓN. EN LA CORTE[673].
[673] Navarrete, Col. de los viajes, etc., tomo I, págs. 351 y 352.
Muy caro fijo: Diego Méndez partió de aquí lunes tres de este mes. Después de partido fablé con Amerigo Vespuchi, portador desta, el cual va allá llamado sobre cosas de navegación. El siempre tuvo deseo de me hacer placer: es mucho hombre de bien: sus trabajos no le han aprovechado tanto como la razón requiere. El va por mío y en mucho deseo de hacer cosa que redonde a mi bien, si a sus manos está. Yo non se de acá en que yo le emponga que a mí aproveche, porque non sé que sea lo que allá le quieren. El va determinado de hacer por mí todo lo que a él fuere posible. Ved allá en que puede aprovechar, y trabajad por ello, que él lo hará todo y fablará, y lo porná en obra; y sea todo secretamente porque non se haya dél sospecha. Yo, todo lo que se haya podido decir que toque a esto, se lo he dicho, y enformado de la paga que a mí se ha fecho y se haz. Esta carta sea para el Sr. Adelantado también, porque él vea en que puede aprovechar, y le avise dello. Crea Su Alteza que sus navíos fueron en lo mejor de las Indias y más rico: y si queda algo para saber más de lo dicho, yo lo satisfaré allá por palabra, porque es imposible a lo decir por escrito. Nuestro Señor te haya en su santa guardia.--Fecha en Sevilla a cinco de febrero (de 1505).
Tu padre que te ama más que a sí.
.S. .S.A.S. X M Y Xpo Ferens.
R
CÉDULA ADVIRTIENDO AL OBISPO DE BADAXOZ, QUE LOS INDIOS QUE VENIAN EN LAS CARABELAS, SE VENDAN EN ANDALUCÍA; E QUE APRESURE BERNAL DE PISA LA SALIDA DE LAS OTRAS CARABELAS PARA LAS INDIAS[674].
[674] Archivo de Indias.--Colec. de doc. inéd. relativos al descubrimiento, etc., tomo XXX, páginas 331 y 332.
12 de abril de 1495. El Rey e la Reyna.
Reverendo in Cristo Padre Obispo: Dempues de aberos escripto e ymbiado el despacho que os ymbiamos sobre lo que toca a las quatro carabelas que Mandamos agora ymbiar a las Indias, rrescebimos vuestra letra con un correo, por lo qual Nos faceis saber la venida de las otras quatro carabelas de allá, de lo qual obimos muncho plascer; e porque esperamos la venida de Torres con las cartas que de allá trae, non podemos agora escrebiros acá en ello. Cerca de lo que Nos escrebisteis de los indios que vienen en las carabelas, paréscenos que se podran vender mexor en Andalucía quen otra parte; debeislos facer vender como mexor os paresciere; y en la venida de Bernal de Pisa, debeis facer que se venga luego acá, e ymbiad algunas cosas que vengan con él para las traer a Nos.
Cuanto a las quatro carabelas que vos escrebimos que ymbiáredes agora, paréscenos que por la nescesidad de manthenimientos que los questan en las Indias thienen, debeis dar muncha priesa en la partida dellas; e porque con el mensaxero que ayer partió vos escrebimos largo, non ay agora más que descir. De Madrid a doce dias de abril de noventa e cinco. E vos encargamos que con estas quatro carabelas vaya Joan Aguado.
(Está rrubricado e sellado)
PROVISIÓN DE 30 DE OCTUBRE DE 1503[675].
[675] Abbad y Lasierra, Hist. de Puerto Rico, pág. 29, nota.--Puerto Rico, 1866.
Por una provisión dada en Segovia a 30 de octubre de 1503, la magnánima Isabel dió licencia para cautivar a los caribes y venderlos, así en Indias como en España y demás lugares que por bien tuviesen los traficantes. «Porque trayéndose a estas partes--decía la Provisión--é sirviéndose de ellos los cristianos, podrán ser más ligeramente convertidos é atraídos a nuestra santa fé católica.»
ORDEN DE LOS REYES MANDANDO SE ENTREGAREN A JUAN DE LEZCANO CINCUENTA INDIOS PARA DISTRIBUIRLOS EN LAS GALERAS DE SU MANDO[676].
[676] Arch. de Simancas.--Conde Roselly de Lorgues, Cristóbal Colón, tom. III, págs. 889 y 890.
El Rey é la Reina. Reverendo in Cristo padre obispo de Badajoz: porque para fornescer ciertas galeras que Juan de Lezcano, nuestro capitán en la nuestra armada, trae en nuestro servicio, habemos acordado de le mandar dar cincuenta indios, por ende Nos vos mandamos é encargamos que de los indios que vos ahí teneis, deis al dicho Juan de Lezcano ó a la persona quél con su carta por ellos enviare los dichos cincuenta indios que sean de edad de veinte fasta cuarenta años; é tomad su carta de pago ó de la persona quél por ellos enviase, nombrando en ella cuántos son los indios que así recibiere, é de qué edad cada uno, para que si los dichos indios hubieren de ser libres retorne al dicho Juan de Lezcano los que dellos toviere vivos, é si hobieren de ser cautivos, se les queden para en cuenta del sueldo quél dicho Juan de Lezcano hobiere de haber en la dicha armada, é se le descuente lo que en ellos montare, a los precios que cada uno dellos valieren, según la edad de cada uno dellos: fue fecha en la ciudad de Tortosa a trece de enero de noventa y seis años.--Yo el Rey, etc.
CLÁUSULA DEL TESTAMENTO QUE HIZO FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, OBISPO QUE FUÉ DE CHIAPA[677]
[677] El 17 de marzo de 1564, hallándose en el Monasterio de Nuestra Señora de Atocha (Madrid), presentó al escribano Gaspar Testa dicho testamento escrito, cerrado y sellado.
En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, é Hijo, y Espíritu Santo, un solo Dios verdadero: el obispo Fr. Bartolomé de las Casas, porque todo fiel cristiano debe dar testimonio de sí mismo al tiempo de su fin y muerte cuanto en sí fuere con la gracia de Dios, y en aquel paso tan peligroso ocurren muchos é grandes impedimentos, y por eso antes que en él me vea, digo que protesto morir y vivir lo que viviere en la santa fe católica de la Santísima Trinidad, Padre, y Hijo, y Espíritu Santo, creyendo é teniendo como creo y tengo todo aquello que cree y tiene la Santa Iglesia de Roma, y en esta fe y creencia protesto é afirmo que quiero vivir lo que me resta de la vida y hasta el fin della, que es la muerte inclusive, quiero en esta santa fe morir; é porque por la bondad y misericordia de Dios que tuvo por bien de elegirme por su ministro sin yo se lo merecer, para procurar y volver por aquellas universas gentes de las que llamamos Indias, poseedores y propietarios de aquellos reinos y tierras, sobre los agravios, males y daños nunca otros tales vistos ni oídos, que de nosotros los españoles han recibido contra toda razón é justicia, y por reducillos a su libertad prístina de que han sido despojados injustamente, y por librallos de la violenta muerte que todavía padecen, y perecen, como han perecido é despobládose por esta causa muchos millares de leguas de tierra, muchos dellos en mi presencia, y he trabajado en la corte de los reyes de Castilla, yendo y viniendo de las Indias a Castilla, y de Castilla a las Indias muchas veces, cerca de cincuenta años, desde el año de mil é quinientos y catorce, por solo Dios é por compasión de ver perecer tantas multitudes de hombres nacionales, domésticos, humildes, mansuetísimos y simplicísimos, y muy aparejados para recibir nuestra santa fe católica y toda moral doctrina y ser dotados de todas buenas costumbres, como Dios es testigo que otro interese nunca pretendí; por ende digo que tengo por cierto y lo creo así, porque creo y estimo que así lo terná la Santa Romana Iglesia, regla y mesura de nuestro creer, que cuanto se ha cometido por los españoles contra aquellas gentes, robos é muertes y usurpaciones de sus estados y señoríos de los naturales reyes y señores, tierras é reinos, y otros infinitos bienes con tal malditas crueldades, ha sido contra la ley rectísima inmaculada de Jesucristo y contra toda razón natural, é en grandísima infamia del nombre de Jesucristo y su religión cristiana, y en total impedimento de la fe, y en daños irreparables de las ánimas é cuerpos de aquellas inocentes gentes; é creo que por estas impías y celerosas é ignominiosas obras, tan injusta, tiránica y barbáricamente hechos en ellas y contra ellas, Dios ha de derramar sobre España su furor é ira, porque toda ella ha comunicado é participado poco que mucho en las sangrientas riquezas robadas y tan usurpadas y mal habidas, y con tantos estragos é acabamientos de aquellas gentes, si gran penitencia no hiciere, y temo que tarde ó nunca la hará, porque la ceguedad que Dios por nuestros pecados ha permitido en grandes y chicos, y mayormente en los que se arrean ó tienen nombre de discretos y sabios, y presumen de mandar el mundo por los pecados de ellos, y generalmente de toda ella; aun está, digo, esta obscuridad de los entendimientos tan reciente que desde setenta años que há que se comenzaron a escandalizar, robar é matar y extirpar aquellas naciones, no sea ya desta hoy advertido que tantos escándalos y infamias de nuestra santa fe, tantos robos, tantas injusticias, tantos estragos, tantas matanzas, tantos cautiverios, tantas usurpaciones de estados é señoríos ajenos, y finalmente tan universales asolaciones é despoblaciones hayan sido pecados y grandísimas injusticias.--El obispo Fr. Bartolomé de las Casas.
REPRESENTACIÓN DE FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS AL CONSEJO ACERCA DE LOS INDIOS DE GUATEMALA[678].
[678] Colec. de dóc. inéd., etc., tomo VII, págs. 162-167.
... «Otro intolerable agravio y daño padecen las gentes de las provincias de Guatemala y su distrito, y en toda la Nueva España, y así debe ser en las otras partes; y éste es el repartimiento ó perneamiento de los indios que se hace para que se vayan a alquilar y trabajar en las haciendas de los españoles. Vienen los indios de diez leguas a la ciudad ó al pueblo, métenlos en un corral como si fuesen carneros ó otras bestias, y allí un alguacil reparte a un español tantos, y a otros tantos. Aquél los toma de los cabellos violentamente y los lleva, como si llevara una bestia, y en llegando a su casa, quítale la manta que trae con que se cubre, y déjale en cueros, diciendo que porque no se le huya. Tiénelo en los trabajos que quiere ponerlo sin dalle de comer, durmiendo en un portal, muerto de frío, etc.»[679].
[679] Colec. de doc. inéd., etc., tomo VII, pág. 105.
REMEDIOS PARA LAS ISLAS ESPAÑOLA, CUBA, SANT JUAN Y JAMAICA, SEGÚN FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS[680].
[680] Págs. 106-109.
... «En cuanto a los indios, porque están muy destruídos y muy flacos y muy pocos, que de un cuento y cient mil ánimas que había en la Isla Española, no han dejado los cristianos sino ocho ó nueve mil, que todos los han muerto, es necesario que al presente los dejen holgar y recrearse de los trabajos incomparables pasados y tomar algunas fuerzas...»
CARTA DE GONZALO FERNÁNDEZ DE OVIEDO AL EMPERADOR, SOBRE LAS DISIDENCIAS ENTRE PIZARRO Y ALMAGRO (25 DE OCTUBRE DE 1537)[681].
[681] Colec. de doc. inéd. referentes al descubrimiento, conquista y colonización en América y Oceanía, tomo III, págs. 64-70.
Dícese en dicha carta lo siguiente: «Por cierto, muy bien es que el oro se les quite (a los indios) y se lleve a España, porque mijor estará en poder de hombres que no de bestias...»
PLATA QUE SE HA TRAÍDO DE LAS INDIAS, SEGÚN PINELO[682].
[682] Colec. de doc. inéd. relativos al descubrimiento, etc., tomo VIII, pág. 53.
Acerca de la plata--pues el oro, perlas y piedras preciosas, no se puede contar--que ha venido de las Indias a España, Antonio de León Pinelo, licenciado y relator del Supremo y Real Consejo de Indias, en su libro Del Paraíso en el Nuevo Mundo, libro III, que son más de tres mil y doscientos y cuarenta millones de pesos de ocho reales; y por cuenta aritmética, suponiendo que haya dos mil leguas desde las Indias a España, «se podía hacer un camino cubierto de barras de plata, de cuatro dedos de grueso y de catorce varas de ancho, con sólo la plata que han dado las Indias.»
REAL CÉDULA DEL 18 DE FEBRERO DE 1549[683].
[683] Cedulario índico, tomo X, núm. 562, págs. 330 y 330 v.ª
Dióse Real Cédula, desde Valladolid, con fecha 18 de febrero de 1549, firmada por Maximiliano y la Princesa, mandando que no se dejase pasar a las Indias ninguna persona casada como no fuera en compañía de su mujer.
REAL CÉDULA DEL 16 DE JULIO DE 1550[684].
[684] Archivo histórico nacional.--Cedulario índico de Ayala, letra E, núm. 16.
«Noticioso S. M. que a causa de averse encarecido los (esclavos) de Guinea é islas de Cabo Verde, se llevaban a Indias de las de Cerdeña, Mallorca, Menorca y otras partes de Levante, de los quales muchos eran de casta de Moros, y de grande inconveniente en tierra en que se empezaba a plantar la fee: Mandó a oficiales R^s de Sevilla no permitiesen pasar Negros de Levante, ni los que, aunque fuesen de Guinea, se huviesen criado con Moriscos. Véase tomo 16 de Reales Cédulas, fol. 396 b.º, núm. 673.»
CAPÍTULO DE ORDENANZA DE 19 DE NOVIEMBRE DE 1551[685].
[685] Arch. hist. nac.--Cedulario índico, tomo XI, núm. 43, págs. 29 v.ª y 30.
Otrosí, vista la desorden que en esa ciudad y sus términos ha habido y hay en los negros y negras, así libres como esclavos, de servirse de indios é indias muy sueltamente, y aun muchos de ellos las tienen por mancevas y las tratan mal y tienen opresas, y para remediar lo susodicho ordenaron y mandaron que ningun negro ni negra de aquí adelante de qualquier calidad y condición que sea, sea osado de tener y servirse de indio ni india en esa ciudad ni sus términos, sopena al negro que fuere allado tener india y servirse della le sea cortada su Naptura, y si sirviese de indio le sean dados 100 azotes públicamente, y si fuere esclava, por la primera vez le sean dados 100 azotes, y por la segunda cortadas las orejas, y si fuere libre, por la primera vez le sean dados 100 azotes y por la segunda destierro perpetuo de sus Reinos, y mas tenga el Alguacil ó persona en denunciar de lo suso derecho 10 pesos de pena, los quales le serán pagados de qualesquier bienes que se hallasen de los dichos negros ó negras, ó de gastos de justicia no se les hallando bienes, y porque lo contenido en esta Ordenanza haya más cumplimento ordenaron y mandaron que los tales señores de los tales esclavos y esclavas no consientan ni den lugar a que los tales esclavos tengan indias ni se sirvan dellas, y tengan muy gran cuidado de que así se haga, so pena de 100 pesos y que no puedan decir ni alegar que no lo saben ni que vino a su noticia.»
S
Sr. D. Juan Ortega Rubio.
Bilbao 29 de Julio de 1886.
Muy Sr. mío y de toda mi consideración y aprecio: He recorrido atentamente la obra de Canesi con el objeto de desempeñar cumplidamente el encargo que en su atenta carta me hizo V. hace días, sintiendo mucho no poder darle más noticias que las que van por separado sobre los puntos a que V. se refería. Muy poco es, como verá V., lo que dice de Colón Canesi; de Cervantes no hace mención siquiera; pero lo que más me extraña es que nada diga de los sucesos de los luteranos, movido, sin duda, a callarlos de algunos escrúpulos nacidos de temores o preocupaciones religiosas.
Deseando poder complacer a V. de nuevo en cualquier otra ocasión queda de V. affmo. s. s. q. b. s. m.,
FIDEL DE SAGARMINAGA.
Canesi.--Historia de Valladolid.--Libro V, cap. I.
Por horden de los Reyes se dió también principio aquel año al feliz descubrimiento de las Indias Occidentales por Christoval Colombo, que en lengua castellana decimos Colón, Cavallero genovés, ilustre progenitor de los Duques de Veragua, Marqueses de Jamaica; este, pues, argonauta insigne salió de Valladolid a esta conquista, y guiado de los papeles que le dexó en la isla de la Madera Rodrigo Faleyro, peritíssimo Marinero y gran cosmógrafo portugués, se dió a la vela viernes al amanecer tres de Agosto, acompañado de noventa compañeros (algunos dicen ciento y veinte) en tres Navíos del puerto de Palos de Moguer, junto a la costa del Algarve, aprestados con sólos diez y seis ó diez y siete mil ducados. (Aquí sigue una breve descripción del descubrimiento de América, que nada de particular ofrece, y luego refiriéndose a la residencia de Colón en Valladolid, que es lo que importa, dice lo siguiente): Diré algo de lo mucho que de él nos dexaron los Escriptores de aquellos tiempos, pues vivo y difunto honró esta Ciudad de Valladolid empeñado ya en sembrar al Cielo de almas, y con esta idea volvió a proseguir con infatigable celo el adelantamiento de su conquista, descubriendo tierras incógnitas, acompañado de su hermano D. Bartholomé y de mucha más gente que la primera vez, y lleno de triumphos se restituió a España, mereciendo que los Reyes le nombrasen por Almirante mayor, Virrey y Capitán general de las Indias por él descubiertas y por descubrir para él y los sucesores en su casa y Estado; y casó con D.ª Phelipa Muniz de Melo, Portuguesa de nación, y estando en Valladolid hizo Cobdicilo a diez y nueve de Mayo de mil quinientos seis, ante Pedro de Hinojedo, Escribano de Cámara de los Catholicos Reyes, que le dieron facultad para fundar el mayorazgo de su casa el año de mil quatrocientos y noventa y siete, y el título de Duque de Veraguas el de mil y quinientos seis, en que murió a veinte y seis de Mayo (algunos dicen a seis) en Valladolid, y sus huesos fueron trasladados a las Cuevas de Sevilla, donde se lee un Epitafio que traducido en el castellano idioma dice así en esta Octava.
Este poco compás que ves encierra aquel varón que dió tan alto vuelo, que no se contentó con nuestro suelo y por darnos un nuevo se destierra; dió riquezas inmensas a la tierra, innumerables ánimas al Cielo, halló donde plantar divinas leyes y prósperas Provincias a sus Reyes.
T
LOS PLEITOS DE D. DIEGO Y DE D. LUIS COLÓN[686].
[686] Duraron las negociaciones desde fin de enero hasta el 17 de abril de 1492. Esta fecha llevan las Capitulaciones.
Cristóbal Colón, antes de su muerte, para asegurarse de sus derechos como Almirante de las Indias, consultó a un letrado, el cual dió su opinión, después de estudiar las Capitulaciones de Santa Fe y todos los privilegios y mercedes concedidos por los reyes.
Dijo el letrado, «sin que en esto pueda haber engaño ni yerro», que a Don Cristóbal Colón pertenecían el tercio, el décimo y el octavo que produjesen las Indias descubiertas y por descubrir, esto es, un 55,80 por 100, además de las ventajas de justicia, oficios, nombramientos, etc.
Aceptó el Almirante el dictamen, y así lo consignó en su testamento.
A la muerte de Colón, su hijo y heredero D. Diego, fundándose en la citada consulta, hizo las correspondientes reclamaciones, que dieron lugar a pleitos, los cuales duraron muchos años.
En una petición sin fecha, que conservamos, suplica D. Diego que se le tenga por virrey y gobernador perpetuo de las Islas y Tierra Firme descubiertas y por descubrir, que se le entregue la gobernación de la isla de San Juan y de las provincias de Veragua y Urabá, que se le señale y libre salario como tal Almirante y virrey gobernador, que se le dé y pague gente armada para su guarda, que no intervengan los oficiales de la Casa de Contratación en los negocios de Indias sin el concurso de la persona o personas que el Almirante designe, que se le entregue el diezmo de cuanto produjeron las citadas Indias, etcétera.
Aunque la petición se ajustaba casi por completo a las Capitulaciones de Santa Fe, otorgar aquélla y reconocer la validez de las últimas, equivalía a enajenar para siempre la soberanía de todos los países descubiertos y por descubrir. Era evidente que D. Diego daba un alcance a las citadas Capitulaciones que los reyes no les dieron al estipularlas en el convenio de Santa Fe. Además, ¿podía la Corona, en nuestro sistema actual de legislación, otorgar tales mercedes?
Contestóse al Almirante que, según una ley dada en las Cortes de Toledo de 1480, no podía darse oficio alguno de justicia con carácter de perpetuidad, añadiendo que los dados anteriormente en esa forma debían entenderse otorgados de por vida; de modo que, aun en el caso de que los cargos concedidos a Colón lo hubiesen sido perpétuamente, por la ley dicha la concesión debía entenderse como hecha de por vida. Negada, pues, la petición principal, debían negarse todas las demás que de ella arrancaban.
A pesar de la negativa, merced a las gestiones que hicieron a su favor el duque de Alba[687], Rodríguez de Fonseca y el secretario Conchillos, se dispuso, por Real Cédula de 9 de agosto de 1508, que D. Diego marchara a las Indias y entendiese en la gobernación de ellas, «sin perjuicio del derecho de ninguna de las partes», y, aunque así lo hizo, en 9 de diciembre del mismo año otorgó poder a Juan de la Peña, criado y factor del dicho duque, para que le representase ante los tribunales e hiciere las diligencias necesarias en favor de sus intereses.
[687] El Almirante hubo de contraer matrimonio con una hija del duque de Alba.
El nombramiento de gobernador, hecho a favor de Don Diego, se hizo con arreglo a la Real Provisión de 29 de septiembre de 1509, esto es, con ciertas facultades y por el tiempo que la voluntad real fuere; pero el Almirante insistió en que se le nombrase virrey y gobernador perpetuo de las Indias descubiertas y por descubrir. A ello se opuso el fiscal, sosteniendo que en el segundo capítulo de los otorgados en Santa Fe el 17 de abril de 1492 se concedió el título de gobernador y virrey de las islas y Tierra Firme que se descubriesen a D. Cristóbal Colón; pero sólo a él y no a sus herederos, añadiendo que vacaron dichos oficios a la muerte del primer Almirante «y aun en su vida por deméritos y por usar mal de la merced que le fué fecha, y pasar a más de lo que le fué dado.»
Si examinando el texto de las Capitulaciones el fiscal estaba en lo cierto, don Diego presentó los traslados de dos privilegios: uno, de 23 de abril de 1492 confirmando lo capitulado en Santa Fe, y otro, de 30 de abril del mismo año, en el cual, al conceder a D. Cristóbal el uso de los mencionados títulos, se dice lo siguiente: «Seades nuestro almyrante e visorrey e governador en ellas e vos podades dende en adelante llamar e yntitular don e almirante e visorrey e governador dellas, et assy vuestros hijos e sucesores en el dicho oficio et cargo se puedan llamar e yntitular don e almyrante e visorrey e governador dellas.»
Estimó el fiscal que el último privilegio no alteraba las Capitulaciones, ni podía alterarlas; pero, dado que se entendiese como quería D Diego, resultaba contrario a las leyes. Replicó el Almirante.
El 5 de mayo de 1511 el Consejo Real, formado por los doctores Carvajal, Palacios Rubios y Cabrero, y los licenciados Zapata, Muxica, Santiago, Aguirre y Sosa firmaron la declaración o sentencia que a continuación copiamos: «1.º Que al Almirante y sus sucesores pertenecían la gobernación y administración de justicia, en nombre de los reyes, así de la Isla Española como de las otras islas que el Almirante D. Cristóbal Colón, su padre, descubrió en aquellos mares, y la de aquellas islas que por industria del dicho su padre se descubrieron, con título de virrey de juro y heredad para siempre jamás, para que por sí y sus tenientes y oficiales de justicia, conforme a sus privilegios, pudiesen ejercer y administrar la jurisdicción civil y criminal de las dichas islas, cómo y de la manera que los otros gobernadores y virreyes la usan y pueden y deben usar en los límites de su jurisdicción. 2.º Que la décima del oro y demás cosas pertenecía al Almirante D. Diego y a sus sucesores de juro y heredad, ahora y para siempre. 3.º Que no pertenecía parte ni cosa alguna al Almirante D. Diego y sus sucesores de los diezmos eclesiásticos. 4.º Que de las penas que pertenecían a la Cámara de sus Altezas no correspondía parte alguna al Almirante ni a sus sucesores, pero que pertenecían al Almirante y a sus oficiales las penas que por las leyes correspondían a las justicias y jueces. 5.º Que las apelaciones interpuestas de los alcaldes por elección o nombramiento de los Consejos, fuesen primeramente al Almirante y a sus tenientes y de ellos fuesen a sus Altezas y a sus Audiencias. 6.º Que sus Altezas podían poner en las islas jueces que conociesen de las apelaciones. 7.º Que también pertenecía a sus Altezas el nombramiento de regidores y jurados, fieles y procuradores y otros oficios de gobernación de dichas islas que deben ser perpetuos. 8.º Que la provisión de las escribanías pertenecía a sus Altezas, excepto las del juzgado del Almirante, que pertenecía a éste; pero debiendo poner notarios o escribanos de sus Altezas. 9.º Que sus Altezas podían mandar, cuando lo juzgasen conveniente, tomar residencia al Almirante y a sus oficiales, conforme a las leyes del reino. Y 10. Que a sus Altezas, y a quien su poder tuviese, y no al Almirante, pertenecía el repartimiento de los indios»[688].
[688] Becker y González, Los pleitos de Colón, págs. 210 y 211, en la Historia del Mundo, publicada por la Universidad de Cambridge, tomo XXIII.
Aprobóse la sentencia por Real provisión el 17 de julio del mismo año, y aunque el fiscal Pero Ruiz interpuso súplica, se confirmó aquélla por Real cédula de 5 de noviembre.
Tenaz D. Diego, volvió a continuar sus pleitos, pues con fecha 3 de enero de 1512 Juan de la Peña presentó un escrito para que se declarase que el Almirante no estaba obligado a hacer residencia, que los jueces nombrados por la Corona sólo podrían conocer en grado de apelación, que se declarase pertenecerle la gobernación del Darién y que se le autorizara para tomar en el repartimiento los indios que necesitase para su grangería. Se opuso el fiscal a estas pretensiones, replicó Peña en nombre del Almirante, acordando el Consejo que su Alteza proveería respecto a la residencia y que se recibiese el pleito a prueba por término de ciento veinte días--que luego se amplió hasta un año--lo relativo a la gobernación de Darién.
En tanto que probaba D. Diego con las declaraciones de 39 testigos cómo su padre había descubierto el Darién, formuló en 29 de diciembre de 1512 una protesta contra la sentencia dada en Sevilla el año anterior por el Consejo Real.
Continuaron los pedimentos y réplicas, llegando el atrevimiento del Almirante a «consignar en un memorial de agravios que contenía 42 capítulos, que le correspondía el gobierno absoluto, provisión de oficios, administración de justicia y percepción de rentas en la tierra extendida de polo a polo al Occidente de la línea trazada por el pontífice Alejandro VI, a las islas del Pacífico, y a más, si más se descubriese, sentando que no le alcanzaba el precepto legal de dar residencia de sus actos. Añadió en dichos documentos que los reyes de Castilla no tenían facultad para entender en el repartimiento de indios, ni para establecer tributos de cualquiera especie que fueran, toda vez que habrían de afectar al décimo y octavo de productos, pertenecientes al Almirantazgo por las Capitulaciones de Santa Fe, y afirmó, en fin, su derecho a percibir parte de los diezmos eclesiásticos y de las penas de Cámara, y a nombrar, no solamente los consejos de los pueblos, sino los capitanes de los navíos que fueran a las Indias»[689].
[689] Becker y González, Los pleitos de Colón, pág. 212, en la Historia del Mundo, publicada por la Universidad de Cambridge, tomo XXIII.
Sin embargo de peticiones tan exageradas y hasta imprudentes, continuaron las pruebas de testigos. Volvió a insistir el 15 de diciembre de 1515 en un nuevo memorial de agravios, con otros 42 capítulos, recayendo sentencia, dada en la Coruña el 17 de mayo de 1520. En dicha sentencia se disponía cómo habían de proveerse los oficios en Indias; se declaró que el Almirante tenía derecho de gobernador y virrey en todas las islas que su padre descubrió o por su industria se descubrieron; se dispuso que se guardase lo acordado é determinado acerca de los indios libres; se hizo constar que el Rey podía nombrar comisarios que procediesen contra el Almirante, bien que el proceso se había de remitir al Consejo Real para que administrasen justicia; se ordenó que no se tomase residencia al Almirante sino en ciertos casos, pero el Rey podía mandar que se tomase residencia a los jueces nombrados por el Almirante; se concedió permiso al dicho Almirante para nombrar un representante suyo en la casa de Contratación; y, por último, se consignó que al Almirante correspondía la décima parte de los productos de las Indias, excepto el almojarifazgo y otros servicios.
Con la misma fecha de la sentencia se dictó Real Cédula ordenando a Miguel de Pasamonte, tesorero de la Isla Española, que entregase anualmente 376.000 maravedises al Almirante, «para su ayuda de costa, en alguna enmyenda y remuneración de lo mucho que a gastado después que vino de las yndias andando en nuestra corte y servicio e en equivalencia de lo que llevava a causa de la gente que se le solía librar.»
Apeló don Diego de la sentencia el 23 de agosto de 1520, y como se opusiese el fiscal, en 24 de abril de 1524 solicitó que se mandasen buscar y traer los procesos incoados el 1500 y 1501, «por los quales constó e pareció que de fecho e contra derecho el almyrante don cristóbal colón ynjustamente hizo ahorcar e matar a ciertos ombres en la ysla española e les tomó sus bienes, de cuya causa el Rey e Reina católicos, de gloriosa memoria, se movieron a le mandar venyr a esta corte detenydo e le quitaron los oficios de visorrey e gobernador.»
Cada vez más intransigente, Don Diego quiso oponerse a las pretensiones de Hernán Cortés y Diego Velázquez, alegando que la gobernación de Yucatán le pertenecía. ¿No era un absurdo creer que por las Capitulaciones de Santa Fe todo lo que se descubriese debía convertirse en feudo de la familia de Colón?
Habiendo muerto Don Diego, su viuda, doña María de Toledo, continuó los pleitos en nombre de su hijo Don Luis, apoyada por su cuñado Don Fernando y por su padre el comendador mayor de León. Después de muchos incidentes, Doña María, la desdichada virreina, como ella se intitulaba, logró que el mismo Don Hernando de Toledo se personase en el pleito, consiguiendo que el 25 de junio de 1527 se declarasen nulas las sentencias dadas en Sevilla y la Coruña; a su vez se mandaba que se vieran y fallaran de nuevo los autos. Hasta el 27 de agosto de 1534 no se dictó sentencia, la cual constaba de 33 capítulos; en ella se reconocía una vez más a los herederos de Cristóbal Colón el derecho al almirantazgo de Indias, extendiéndose su gobierno al Darién, con facultad de poner en éste un teniente; mas se le negaba derecho a la décima del impuesto de almojarifazgo y a parte alguna de los diezmos eclesiásticos.
Vese con toda claridad que los Colones veían premiados sus esfuerzos; pero cuanto más se les concedía, mayores eran sus ambiciones; así que tampoco se dieron por satisfechos con el último fallo. Tanto molestó esta conducta al fiscal Villalobos, que formuló un alegato, queriendo demostrar que las Indias se descubrieron, no por industria de Colón, sino por la de Martín Alonso Pinzón y otros marinos. Sostuvo, del mismo modo, que los reyes otorgaron mercedes y privilegios a Colón, creyéndole descubridor. Terminaba afirmando que la mitad de las honras y provechos correspondían al dicho Pinzón, según el convenio celebrado por ambos marinos antes de emprender el viaje. El Consejo estimó impertinente el alegato, y, con fecha 18 de agosto de 1535, dictó nueva sentencia, reconociendo a los sucesores del Descubridor del Nuevo Mundo el derecho de disfrutar perpétuamente los oficios de virrey y gobernador en la Isla Española y adyacentes, en las provincias de Paria y de Veragua, en Tierra Firme; también percibirían la décima de las rentas reales.
Los defensores de Don Luis Colón, tercer Almirante, volvieron a interponer nueva apelación, y tacharon de injusta la anterior sentencia.
Lejos de imponer a los tenaces litigantes perpetuo silencio, como por el matrimonio de D. Diego Colón con Doña María de Toledo, el Almirante de Indias se había emparentado con las casas más poderosas de la nobleza, se pensó acabar los litigios mediante una transacción. Se ofreció al Almirante el territorio comprendido entre el Cabo de Gracias a Dios y Puerto Bello, y los islotes adyacentes, con título de Duque o Marqués. Vínose al fin a un acuerdo, encargándose Fray García de Loaysa, Cardenal de Santa Susana, Obispo de Sigüenza, Presidente de Indias y Comisario general de la Santa Cruzada, y el Doctor Gaspar de Montoya, del Consejo de Castilla, de dictar un laudo arbitral, como así hicieron el 28 de junio de 1536. Por él D. Luis Colón y sucesores conservarían el título de Almirante de Indias con diez mil ducados de renta en ellas, la isla de Jamaica, con título de Duque o Marqués, 25 leguas cuadradas en Veragua con jurisdicción civil y criminal, y otras preeminencias y rentas para las hijas de D. Diego Colón.
Don Luis no rechazó la sentencia, si bien se consideró perjudicado y logró, por decisión del Consejo, que el Emperador confirmó por Cédula de 6 de septiembre, que se mejorasen las condiciones de la mencionada sentencia. Luego, por otra Cédula de 8 de noviembre, se dió a Doña María de Toledo la cantidad de cuatro mil ducados en oro, pagados por las Cajas de Puerto Rico.
El testarudo D. Luis volvió a sus reclamaciones, y el pacientísimo Emperador, para terminar de una vez para siempre, consintió nuevo juicio arbitral, que decidieron el dicho Cardenal Loaysa y D. Francisco de los Cobos, Comendador Mayor de León, en laudo de 5 de febrero de 1540.
Por último, D. Luis volvió a provocar nuevos incidentes, que terminaron cuando la muerte arrebató la vida del tercer Almirante de Indias.
«Esta rápida exposición de los hechos--escribe el Sr. Becker González--basta para destruir la leyenda de la ingratitud de España con el descubridor y con sus sucesores. Se les dió alta posición política y social, pingües rentas, grandes posesiones territoriales y títulos honoríficos, y lograron enlazarse con una de las principales familias de la nobleza. ¿A qué más se les considera con derecho, y que más podían pretender? ¿Qué más ha hecho nación alguna por sus descubridores, por sus navegantes y por sus conquistadores? ¿Quién no recuerda cómo Inglaterra trató a Raleigh, a Clive y a Hastings, y Francia, a Dupleix y a Lally?»[690].
[690] Obra citada, pág. 217.
U
COMPROMISO DE MAYORAZGO Y DE TESTAMENTO[691].
[691] Archivo de Indias.--Colec. de doc. inéd., tomo XXX, págs. 481-500.
En virtud de real autorización del 23 de abril de 1497 hizo una institución de mayorazgo el 22 de febrero de 1498. El mismo Colón dijo cinco años después que había fundado aquel mayorazgo al objeto de que fuera al mayor provecho para su alma, para el servicio de Dios, para su honra y la de sus sucesores. Este documento es de importancia suma para la historia de Cristóbal Colón. El mismo Almirante dice: «Que siendo yo nacido en Génova, les vine a servir (a sus Altezas) aquí en Castilla...» Más adelante añade: «Mando al dicho D. Diego (su hijo primogénito) o a quien poseyere el dicho mayorazgo, que procure e se trabaxe siempre por la honrra e bienes e acrescentamiento de la cibdad de Génova, e ponga todas sus fuerzas e bienes a defender e alimentar el bien e honrra de la República della, non yendo contra el servicio de la Iglesia de Dios, e alto Estado del Rey o de la Reyna Nuestros Señores e de sus subcesores.»
El carácter del mayorazgo es eminentemente religioso. Manda a sus descendientes que preparen los medios de rescatar el Santo Sepulcro, de mantener la integridad del poder temporal del Papa, de pagar el diezmo a Dios en sus pobres, de establecer un hospital para socorrer a los pobres, de fundar un seminario de misiones extranjeras para la conversión de los pueblos idólatras y de erigir una iglesia en honra de la Inmaculada Concepción. Todo ello se haría bajo la dirección del Sumo Pontífice, y mediante la aprobación lo mismo del Papa que de los Reyes Católicos.
(APÓCRIFO Y SUPUESTO)
TESTAMENTO MILITAR DEL ALMIRANTE D. CRISTÓBAL COLÓN[692].
[692] Ibidem, pág. 501.
Valladolid 4 de mayo de 1506.
Habiéndome honrado con un devotísimo Memorial de preces el Sumo Pontífice Alejandro VI, dándome un gran consuelo en mi cabtividad, en mis batallas e adversidades, quiero que dempues de mi muerte, se entregue por memoria a mi amantísima Patria la República de Génova, e por los beneficios rrescebidos en esta Cibdad, es mi voluntad, que funde en ella un nuevo Hospital de mis rrentas heredadas en Italia, e para la mejor sustentación de los pobres en mi Patria, faltando mi línea masculina, declaro e substituyo en mi Almirantazgo de las Indias, e sus anexidades, por subcesora, a la misma República de San Xorge.
Dado en Valladolid a quatro de mayo de mil e quinientos e seys años. (Está sellado y firmado).
X
CARTA DE AMERRIGO VESPUCCI AL CARDENAL ARZOBISPO DE TOLEDO (JIMÉNEZ DE CISNEROS), DÁNDOLE SU PARECER SOBRE LAS MERCANCÍAS QUE HUBIERAN DE LLEVARSE A LAS ISLAS ANTILLAS[693].
[693] Cartas de Indias, págs. 11-13. Madrid, 1877.
Muy reverendo é magnífico señor: Tengo, pues, de agradezer la confianza que debo a vuestra reverendísima señoría, que non dexaré de dezirle my pareszer, syn que me mueva ynterese alguno, aunque non oviere gana de hablar dello; ya que agora he de responder sobre lo que háse de llevar a las yslas, sy es bien que vaya por una mano y que Su Alteza lleve el provecho, segun que lo haze el rey de Portugal en lo de la Mina de Oro, ó sea, como creo aver entendido ser la manera de pensar de Su Alteza, que cada uno tenga lybertad de yr i llevar lo que quisyere.
Yo hallo grande diferenzia del tracto del rey de Portugal a este dacá, por quel uno es enviar a tierra de moros i a un solo lugar una ó dos mercaderias apreziadas a zierto prezio, y de aquellas le responde los fatores que allá tiene, con el valor del mismo prezio ó con la ropa; y acá es al contrario, porque lo que se ha de llevar a las yslas es diversidad de todas cosas que las personas puedan aver menester, asy de vestyr como vestidos y muchas cosas nezesarias para edifyzios i grangerias, que no tienen quenta ny razon; de manera, que yo averia por muy dificoltoso i casy imposyble que Su Alteza lo pueda mandar hazer desta manera, en espezial que muchas de las cosas que son menester para las yslas, cumple más llevarlas de otras partes que destas, asy como de las yslas de Canaria y las de Portugal, de las quales sacan ganados y vituallas y otras cosas nezesarias; i para cosa seria menester un fator, i ay muchas dellas de que non se podria dar quenta, porque dellas se comen, dellas se dañan y otras se pierden; y desta causa, a my ver, non se podria llevar este negozio por la dicha manera, i sy en espirienzia lo pusyere, el tiempo doy por testygo.
Syempre que Su Alteza tenga algun provecho en la entrada de las ropas que a las yslas se llevaren syn cuidado ny costa, ocurreme uno de dos camynos: el uno, poner un zierto derecho en todo lo que a las yslas se llevase, qual a Su Alteza paresziere, i que cada uno pudiese libremente yr i llevar lo que quisyere; el otro, es encargar esta negoziacion a mercaderes que repartiesen el provecho con Su Alteza i forneziesen todo lo que fuese menester, sin que Su Alteza toviese dello cuidado. I en esta tal companya seria de tener esta orden: que toviese en las dichas yslas cargo de entender en el reszibir i vender de las ropas que allá se enviaren el thesorero de Su Alteza, en companya del fator de los mercaderes, tenyendo cada uno dellos su libro en que, por dos manos, se asentase todo lo que se vendiese.
Y de todas las ropas que se enviasen en cada navio, fuese la quenta de lo oviesen costado, firmada del mercader y del thesorero, o bien de otro factor que Su Alteza deputado a estar en Sevilla o en Cadiz, para que, segun aquella, pudiesen en las yslas soldar quenta de todo lo que llevare cada navio sobre sy, i tomar cada uno su parte de la gananzia, entregandose el mercader del costo de la ropa con costa y fletes, porque desta manera averia orden y conzierto, ny podria aver fraude ny engaño alguno; i para las cosas que se oviesen de llevar de fuera dacá y de las yslas de suso nombradas y saber el costo dellas, el mercader y fator de Su Alteza que estoviese en Sevilla o Cadiz, podria dar el cargo a alguna presona que a ellos paresziere.
Este es my pareszer, remityendome a los que más saben.
De Sevilla, a IX dias del mes de diziembre de mill é quinientos é ocho años.
De vuestra reverendisima señoría humyldemente beso las manos.
Amerrigo Vespucci, piloto mayor.
Sobre. Reverendisymo é magnifyco Señor (el Señor) Cardenal d'España, Arzobispo de Toledo.
ÍNDICE
Páginas. PRÓLOGO
Política de España en las Indias. V Plan de la obra. XXXIII Fuentes de conocimiento. XL Exposición de propósitos. LV Descripción geográfica de América. LVIII
CAPÍTULO I
Unidad y variedad de la especie humana.--El evolucionismo. --La selección.--El pithecantropus.--Protohistoria americana.--El salvajismo.--Antigüedad de los indios.--Razas mixtas.--El homo asiaticus y el homo americanus.--Diferencias y semejanzas entre uno y otro.--Algunos pobladores de América son autóctonos.--Razas cultas y salvajes. 3
CAPÍTULO II
Comunicación de América con Asia y con Africa. --Consideraciones acerca de la doctrina de Platón, Teopompo de Quio, Aristóteles, Diodoro Sículo y Séneca. ¿De dónde proceden los indios no autóctonos?--Los egipcios.--Los griegos.--Los fenicios.--Los cartagineses.--Los religiosos budhistas.--Significado y situación de Ophir.--Los hebreos. --Los romanos.--Los etiopes cristianos.--Los troyanos.--Los scythas.--Los tártaros.--Origen de los indios según Fr. García, el Dr. Patrón, Humboldt y Riaño. 15
CAPÍTULO III
Relaciones entre América y Europa durante la Edad Media.--Los vascos españoles y franceses.--Los ingleses o irlandeses.--La Islandia.--Los Sagas.--Las Crónicas.--El islandés Gunnbjorn. --Erico el Rojo en Groenlandia.--Biarne.--Leif en Helluland, Markland y Virland.--Thorvall: sus expediciones; su muerte. --Expedición de Thorstein y Thorfinn.--Thorfinnhudi.--Lucha entre groenlandeses y esquimales.--Regiones visitadas por Leif y Thorfinn.--Gudrid en Roma.--Expedición de Freydisa. --Otras expediciones.--Autenticidad de los Sagas.--La religión católica en el Nuevo Mundo: los obispos; los diezmos de los colonos de Vinlandia.--Las colonias.--Interrupción de las relaciones entre normandos y americanos.--Correspondencia de lugares antiguos con los modernos.--Estatua de Leif en Boston.--Trabajos arqueológicos.--Casas descubiertas en Cambridge.--Leif y Colón según Fastenrath. 34
CAPÍTULO IV
América Meridional: tribus del Océano Atlántico y del Pacífico.--Región amazónica: su situación.--Los tupies y los guaraníes.--Los omaguas, cocamas y chiriguanos.--Los tapuyas. --Los payagüaes, agaces, subayaes y otras tribus.--Tribus que habitaban en el Uruguay: Confederación uruguaya: los charrúas. --Los chanás y otras tribus.--Los arawak.--Los caribes. --Tribus del Alto Orinoco y del Alto Amazonas.--Tribus de las mesetas de Bolivia: los chiquitos,--Región pampeana: tribus del Gran Chaco y de las Pampas.--Los araucanos.--Tribus patagónicas.--Los calchaquíes. 52
CAPÍTULO V
América Meridional.--Región Colombiana.--Tribus del Istmo: los cunas y otras tribus.--Los chibchas.--Reyes de Tunja y de Bogotá.--Tribus de Chiriqui.--Los panches y otras tribus. --Región peruana: tribus principales.--El Perú antes del imperio de los incas. ¿Son indígenas los incas?--Manco Capac y Mama Ocllo.--Cinchi Lloca: su gobierno.--Lloce Yupanqui: su carácter.--Mayta Capac: su pasión por la guerra.--Capac Yupanqui: sus conquistas.--Inca Focca: sus victorias.--Yahuar Huacac: su cobardía.--Huiracocha: sus triunfos.--Urco: su destronamiento.--Titu-Manco-Capac: su cultura.--Yupanqui: sus guerras: concilio en el Cuzco.--Tupac Yupanqui: su poder militar.--Huayna Capac: su crueldad.--Huascar y Atahualpa: guerra civil.--El Inca.--Los incas, curacas y amantas.--Los virreyes.--Los gobernadores.--El ejército.--La religión.--La cultura.--La poesía.--Las comedias y tragedias.--La música y el baile.--La lengua.--La industria.--Vías de comunicación: caminos y correos.--Fuentes.--Acueductos.--Las colonias. --Colonias militares. 66
CAPÍTULO VI
América Central.--Primeros habitantes del país.--Los mayas. --Los quichés y cakchiqueles.--Fundación de la monarquía quiché.--Lucha entre quichés y cakchiqueles: batalla de Guanhtemalan.--Lucha entre cakchiqueles y otros pueblos. --Estado interior de Guatemala y relaciones exteriores. --Pedro de Alvarado en el país.--Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.--Estado social de los quichés. --Cultura de los habitantes de Honduras, Nicaragua, Panamá y Costa Rica.--Las Antillas, en particular Haytí y Cuba: artes e industria. 84
CAPÍTULO VII
América Septentrional.--Obscuridad de la historia de México en sus primeros tiempos.--Los quinametzín.--Los quinamés. --Los nahuas, xicalancas y almecas: su origen.--Los chichimecas y fundación de su imperio.--Los toltecas: su peregrinación; su asiento en Tula.--Tribus menos importantes. --Relaciones entre chichimecas y toltecas.--Monarquía tolteca en Tula.--Las tres monarquías; Quetzalcoatl; su doctrina. --Tetacatlipoca y otros reyes.--Los chichimecas se apoderan de Tula.--Reyes toltecas en Tula.--Cultura de los toltecas. --Los chichimecas: su vida.--Gobierno de Xolott.--El feudalismo.--Tribus que invaden el imperio.--Nopaltzin y Huetzin.--El reino de Tezcuco.--Los aztecas: su procedencia. --Las casas grandes de Gila.--Los aztecas antes de establecerse en México y Tlatelolco.--Quinantzin y Techotlalazin.--Las 75 provincias.--Ixtlilxochitl: guerra civil.--Rivalidad entre Tezcuco y México.--Netzahualcoyotl. --Los reinos confederados.--Guerra civil.--Los españoles en Tabasco.--Moctezuma II.--La religión y la guerra.--El jefe del clan, el capulli y el tlacalecuhli.--Las fratias y la tribu.--Consejo Tribal.--La industria.--El Calendario.--Obras públicas.--La escritura.--Ciencias religiosas. 95
CAPÍTULO VIII
América Septentrional.--Tribus mejicanas.--Los shoshoneamus.--Los comanches: sus costumbres.--Tribus sonoras: los pimas, los ópatas y los tarahumares: sus costumbres.--Tribus iroquesas: sus costumbres.--Confederación iroquesa: religión e industria.--Los esquimales: su carácter y costumbres.--Los algonquinos y athabascos.--Los navajos y los apaches.--Los sioux o dakotas.--Los muskokis.--Los creeks y otros pueblos.--Los californios.--Los tlinkits.--Los pieles-rojas.--Región de los pueblos.--Los chinuks.--Situación y costumbres de los pueblos citados. 122
CAPÍTULO IX
Estado social de los indios.--La antropofagia.--El emperador en México y en el Perú.--Los caciques.--La policía.--Los mercados.--La Hacienda.--La administración de justicia.--Los tributos.--Incas, curecas y amantas.--El Interregno.--El clan, el sachem y el Consejo.--Nomen y totem.--La tribu.--Confederaciones tribales.--El matrimonio: monogamia; poligamia; adulterio; divorcio.--Los hijos.--Los ancianos.--Las viviendas.--Instituciones civiles.--La propiedad en México y en el Perú.--La sucesión: tutela, curatela y adopción.--Esclavitud.--Leyes penales y de procedimientos.--Leyes sociales y administrativas.--Las postas entre los nahuas y entre los peruanos. 140
CAPÍTULO X
Instituciones militares.--El arco y la flecha.--La lanza, los dardos, las jabalinas, las hondas y otras armas.--Las armas defensivas: escudo, peto, cota y casco.--Armas de las razas cultas y de las salvajes.--Las fortificaciones.--Banderas.--Música militar.--Organización de la fuerza armada.--La guerra.--Los tambos o cuarteles-pósitos.--La táctica y la estrategia.--Premios y castigos.--Leyes militares.--La paz en los pueblos salvajes y en los cultos. 153
CAPÍTULO XI
Lenguas americanas: su número.--Lengua de los habitantes de la Tierra del Fuego: el yahgan.--Lenguas que se hablaban en las Pampas y en el Gran Chaco.--Lengua charrúa.--Lenguas de la América Meridional: grupo atlántico y grupo andino.--El goagiro arawak.--El tapuya, el tupí y el guaraní.--Lengua chiquita.--El chibcha, el quichua y el aimará.--Otras lenguas.--Lenguas de la América Central.--El maya-quiché y el nahuatl o azteca.--El otomi y el pama.--Lenguas de la América Septentrional: el cahita y otros.--El ópata y el dacota.--El chiglet y otros.--Partes de la oración en las lenguas americanas.--La escritura.--El lenguaje de los gestos. 162
CAPÍTULO XII
Las ciencias y letras entre los indios.--Las matemáticas, la geografía y la astronomía.--La medicina.--La religión: el dios de los indios.--Los sacerdotes y hechiceros.--El diablo.--Las plegarias.--Las ofrendas.--Los sacrificios.--La penitencia.--El cuerpo humano.--El alma.--La inmortalidad.--Los sueños.--La vida futura.--Las sepulturas.--Los duelos.--El Diluvio.--Las letras, la oratoria, la poesía, el drama «Ollanta»: el baile drama «Rabinal-Achi.» 173
CAPÍTULO XIII
Las bellas artes entre los indios.--Carácter de las bellas artes en México y en el Perú.--Materiales empleados en los monumentos.--Las pirámides.--Relaciones entre los monumentos de América y los del Antiguo Mundo.--Los templos: el de México.--Los palacios.--Monumentos de Mitla.--Ruinas de Palenque.--Oratorios de Ocotzingo.--Estatuas de Palenque.--Pirámides de Aké.--Los monumentos de Yucatán y de Honduras.--Consideraciones sobre los teocallis.--Su semejanza con otros del Asia.--La falsa bóveda en América.--La arquitectura en el Perú: monumentos pre-incásicos y de los incas.--El templo del Cuzco.--Otros edificios.--La arquitectura peruana y la del Viejo Continente.--La escultura.--El dibujo y la pintura.--La música en México y en el Perú.--Las bellas artes en Bolivia y en la América central.--El canto: el areito. 185
CAPÍTULO XIV
La industria.--La metalurgia.--La minería.--Los curtidos.--Los tejidos.--La cerámica.--Los colores.--Otras industrias.--La agricultura.--La ganadería.--El comercio.--La moneda. 200
CAPÍTULO XV
Alimentación del indio.--El canibalismo.--Bebidas embriagadoras de los indios.--El fuego: modo de obtenerlo.--La luz.--Las lámparas.--Las casas de los indios.--Las aldeas.--Las viviendas del salvaje.--El vestido.--Los adornos.--La caza y la pesca.--Las canoas o piraguas.--Los juegos de azar.--El juego de pelota. 209
CAPÍTULO XVI
Reyes de Castilla a fines de la Edad Media: Enrique II, Juan I, Enrique III, Juan II y Enrique IV.--Reyes Católicos.--Cultura literaria en aquellos tiempos.--Cristóbal Colón en España. 221
CAPÍTULO XVII
Descubrimientos anteriores al del Nuevo Mundo.--El Preste Juan.--Viaje de Marco Polo.--«De imagine mundi» de Pedro de Ailly.--Supuestas cartas de Toscanelli a Colón.--Expediciones de Enrique el «Navegante».--Viajes de Diego Gómez.--Los conocimientos geográficos en aquella época.--La astronomía.--Viajes de Diego Cao.--El cosmógrafo Behaim: su famoso globo.--Expedición de Bartolomé Díaz.--Viajes de Covilham y Paiva. 234
CAPÍTULO XVIII
Cristóbal Colón: su patria y familia.--Colón en Portugal: su matrimonio.--La familia de su mujer.--Alonso Sánchez de Huelva.--Cultura de Colón.--La esfericidad de la Tierra.--La Academia de Toledo.--Rogerio Bacon y Raimundo Lulio.--Proyecto de Colón de ir directamente a la India por Occidente.--La librería de Colón.--Junta convocada por Juan II y presidida por el obispo de Ceuta: opinión del conde de Villarreal. 247
CAPÍTULO XIX
Cristóbal Colón en Palos y en la Rábida.--Colón en Sevilla.--El duque de Medinasidonia y el duque de Medinaceli.--Colón en Córdoba: se presenta a los Reyes.--Retrato moral y físico de Colón.--Amigos y enemigos del genovés.--Política exterior e interior.--Junta de Córdoba.--Junta de Salamanca.--Colón ante los Reyes en Alcalá de Henares.--Beatriz Enríquez de Arana.--Proposiciones presentadas por Colón a los Reyes Católicos.--Colón en la Rábida.--Los consejeros de Colón.--Juan Pérez ante Doña Isabel.--Tratado entre los Reyes Católicos y Colón.--El Almirante en la Rábida.--Martín Alonso Pinzón.--Santa María, la Niña y la Pinta.--Convenio entre Colón y Pinzón. 275
CAPÍTULO XX
Primer viaje de Colón.--Incidentes más importantes que ocurrieron durante el viaje.--Disgusto de algunos marineros.--El 11 de octubre de 1492.--Rodríguez Bermejo es el primero que grita ¡Tierra!--Guanahaní (San Salvador), Santa María de la Concepción, Fernandina, Isabela (Saometo), Cuba (Juana) y Española (Haití).--El cacique Guacanagari.--Fuerte de Navidad--Vuelta de Colón a España.--Colón en Lisboa y en Palos.--Colón en Sevilla y en Barcelona.--Breves de Alejandro VI.--Castilla y Aragón en el descubrimiento. 292
CAPÍTULO XXI
Segundo viaje de Colón.--Prisa de los Reyes en que se realizase.--Junta de Tordesillas.--Personas notables que acompañaron al Almirante--Descubrimientos: la Dominica y otras islas.--El Fuerte de Navidad.--La Isabela.--Insurrección general.--El comisario regio Juan de Aguado.--Colón en España.--Preséntase a los Reyes en Burgos.--El comerciante joyero Mosén Jaime Ferrer. 311
CAPÍTULO XXII
Tercer viaje de Colón.--Relación de este viaje hecha por el mismo Almirante.--¿Supo Colón que había hallado un Nuevo Continente?--Colón en Haití: anarquía en la colonia: los repartimientos.--Enemiga al Almirante en la Española y en la corte.--El comisario regio Bobadilla en Santo Domingo.--Proceso contra Colón.--Carácter y cualidades del Almirante.--Colón es preso y cargado de cadenas.--Ingratitud general con Colón.--Preséntase a los Reyes en Granada.--Nicolás de Ovando, gobernador de la Española. 326
CAPÍTULO XXIII
Cuarto y último viaje de Colón.--Muerte de Bobadilla, Roldán y otros en alta mar.--Conducta de Ovando con Colón.--Ovando en Xaragua.--Anacaona: su muerte.--Colón en las playas de Jamáica.--Diego Méndez y Bartolomé Fieschi.--Escobar en auxilio de Colón.--Conducta de Ovando con Colón y de la Reina con los indios.--Repartimientos de indios.--Colón en España.--Insurrección de los indígenas.--Diego Colón en la Española.--Censuras a la política de Cristóbal Colón en Santo Domingo. 336
CAPÍTULO XXIV
Ultimos días de Colón.--Colón en Sanlúcar y en Sevilla.--Sus padecimientos físicos y morales.--Conducta del Rey Católico con Colón.--Preséntase Colón a D. Fernando en Segovia.--Carta del Almirante a D.ª Juana y a Felipe el Hermoso.--Colón en Valladolid.--Testamento del Almirante.--Su muerte.--Celebración de sus exequias.--Sus restos en el convento de San Francisco.--Juicio que de Colón formaron sus contemporáneos.--Firma de Colón.--Casa donde murió Colón.--Traslación de sus restos a la Cartuja de Santa María de las Cuevas en Sevilla, luego a la Catedral de Santo Domingo, después a Cuba y últimamente a la Catedral de Sevilla.--Religiosidad de Colón.--Su carácter, según Herrera.--Opinión de los Reyes Católicos.--Opinión de Bolívar.--Colón, según algunos escritores de nuestros días. 354
CAPÍTULO XXV
Descubrimientos posteriores al del Nuevo Mundo.--Viajes de los Cabot bajo la protección de la Corona de Inglaterra.--Vasco de Gama bajo la protección de D. Manuel de Portugal.--Expedición de Alonso de Ojeda al Nuevo Mundo.--Juan de la Cosa y Américo Vespucio forman parte de la expedición.--Viaje de Pero Alonso Niño.--Viaje de Vicente Yáñez Pinzón.--Expedición de Diego de Lepe.--Relación de Américo Vespucio.--El portugués Pedro Alvarez Cabral en el Brasil y en la India. 377
CAPÍTULO XXVI
Expedición de Rodrigo de Bastidas.--Expedición de Alonso de Ojeda.--Viajes de Américo Vespucio al servicio de Portugal.--Colón y Vespucio en Sevilla.--Vespucio al servicio de España.--Origen del nombre América.--Expediciones de Cristóbal y Luis Guerra, y de Juan de la Cosa.--Real Cédula en favor de Bastidas.--Capitulación hecha con Ojeda.--Capitulación con Yáñez Pinzón.--Viajes de Yáñez Pinzón y de Solís.--Privilegio en favor de Nicuesa y de la Cosa.--Viajes de Ojeda y de Nicuesa.--La Española, Cuba y Puerto Rico en aquellos tiempos.--Expedición de Ponce de León a la Florida y luego a Biminí.--Pérez de Ortubia en Biminí y Ponce de León en Puerto Rico. 392
CAPÍTULO XXVII
Descubrimiento y exploración del Grande Océano u Océano Pacífico por Núñez de Balboa.--Balboa antes del descubrimiento.--Balboa y Enciso.--Lucha entre los amigos de Balboa y de Enciso.--Nicuesa en Santa María la Antigua.--Muerte de Nicuesa y Enciso sale para España.--Balboa y el cacique Careta.--Descubrimiento del Pacífico.--Pedrarias gobernador de la colonia del Darién.--Enemiga entre Balboa y Pedrarias.--Muerte de Balboa.--Pedrarias toma la provincia de Paque. 407
CAPÍTULO XXVIII
Expedición de Juan Díaz de Solís.--Segundo viaje de Solís.--Expedición de Francisco Hernández de Córdova.--Viaje de Juan de Grijalba a Yucatán.--Famoso viaje de Fernando de Magallanes alrededor del mundo.--Juan Sebastián El Cano. 419
CAPÍTULO XXIX
Expedición de Espinosa: funda a Panamá.--Expediciones ordenadas por Pedrarias.--Gil González Dávila se dirige a Nicaragua.--Ciudades fundadas por Hernández de Córdova.--Andagoya en el Perú.--Segundo viaje de González Dávila desde Santo Domingo a Nicaragua y Yucatán.--Expedición de Cristóbal de Olid: su muerte.--Pedro de Alvarado sale de México para Guatemala.--Expedición de Rodrigo de Bastidas a Colombia.--Expedición a Venezuela.--Nueva Cádiz.--Famosa expedición de Francisco de Orellana al río Amazonas.--Luchas de Orellana con los indígenas.--Las Amazonas.--Importancia de la expedición.--Segunda expedición de Orellana: desgracias de este navegante y su muerte. 430
CAPÍTULO XXX
Expedición de Juan da Nova.--Segunda expedición de Vasco de Gama a la India.--Expediciones de Alfonso y de Francisco de Alburquerque.--Francisco de Almeida es nombrado virrey de la India.--Gobierno de Alfonso de Alburquerque: toma de Goa y de Malaca.--Sucesores de Alburquerque.--Vasco da Gama virrey de la India: su muerte.--Sucesores de Vasco da Gama.--Los portugueses en las Molucas.--Antonio de Abreu sale para las Molucas.--Aventuras de Serrao.--Viaje de Tristán de Meneses.--Viaje de Antonio Brito.--Portugueses y españoles en Tidor.--Gobierno de Brito.--Gobierno de García Enríquez. 439
ÍNDICE DE APÉNDICES
Páginas Páginas en que del se cita. apéndice. -------- --------- A. X 451 B. XVI 453 C. XXII 455 D. XXXI 456 E. XLVI 460 F. 149 462 G. 150 467 H. 266 469 I. 285 475 J. 298 476 L. 300 481 M. 305 482 N. 307 483 O. 309 487 P. 314 489 Q. 336 501 R. 342 505 S. 355 510 T. 356 512 U. 357 518 X. 396 519
PAUTA
PARA LA COLOCACIÓN DE LAS LÁMINAS DE ESTE TOMO.
Páginas.
Leif Erikson. 40
Isabel la Católica. 223
Fernando el Católico. 229
Enrique el Navegante. 238
Colón. 247
Santa María de la Rábida antes de su restauración. 277
Fr. Bartolomé de las Casas. 332
Vasco Núñez de Balboa. 407
GRABADOS
INCLUÍDOS EN LAS PÁGINAS DE ESTE TOMO.
Páginas.
Cráneo neolítico. 7
Tipo esquimal. 42
Primera representación gráfica conocida de los aborígenes americanos. 52
Caribe. 59
Indio peruano. 73
Tipos mayas. 84
Mujer esquimal. 129
Apache. 132
Indio del río de San Juan. 137
Teocalli en Palenque. 190
Escultura en las ruinas de Copán. 196
Dibujo propiciatorio. 198
Américo Vespucio. 327
Sebastián Caboto. 378