Historia de la lengua y literatura castellana, Tomo 1 (part 2 of 3)
=183.= El Códice del Fuero Juzgo impreso por la Academia es el que, según la tradición de Murcia, regaló á aquella ciudad Alfonso X, aunque ello es dudoso (León Galindo, Progreso y vicisitudes del id. castell., pág. 19); de todos modos no ofrece la forma primitiva de la traducción cuanto al castellano y á la ortografía, y aun tiene variantes en el texto respecto del latino. Además de este códice del siglo XIII, la Academia gozó otros siete del mismo siglo, de los cuales dió Galindo la prioridad, por el lenguaje más arcaico, al de Campomanes, y al de Villadiego el segundo lugar, antes del de Murcia. El lenguaje del Fuero Juzgo murciano tiene muchas voces puramente latinas, propias de la erudición de los traductores; algunas arábigas, maravedí (de los Almoravides, siglo XI), alcalde ó alcall por juez, fasta, mezquino, azote; las formas leonesas son muchas y mezcladas con las castellanas y aun las gallegas, como el artículo el, la, lo y o, a, os, as y llo, lla, llos, llas; además, variantes dialectales castellanas como sus y sos, su y so, to y tu, suyo y sua, suyos y suas y suyas, que y qui, o y u y hu (ubi), sin y sen y sien; mas y mays y mes, ni y ne y nin y nen, si y se.
Los códices y ediciones del Fuero Juzgo véanse en el Prólogo de la edición latino-castellana de la Academia Española, 1815.
Fuero Juzgo. Ed. Academia Española, Madrid, 1815. Consúltense: R. de Ureña y Smenjaud, La legislación gótico-hispana, Madrid, 1905; R. de Ureña y Smenjaud, Historia de la literatura jurídica española, Madrid, 1906; M. Rodríguez y Rodríguez, Fuero Juzgo, su lenguaje, gramática y vocabulario, Santiago, 1905.
=184.= Con la subida al trono castellano de Alfonso el Sabio, el año de 1252, puede decirse que pasó á los cristianos y al castellano la sabiduría oriental y todo linaje de sabiduría. Probablemente se deben á sus ruegos, deseos y trabajos, las primeras obras didácticas, que se compusieron, según se cree, durante el reinado de San Fernando (1230-1252), de autores y fechas no averiguadas todavía: Las Flores de Filosofía, en que por estilo sentencioso, á la oriental, Séneca y treinta y siete otros filósofos discurren sobre la moral. El libro de los buenos Proverbios, traducción del libro arábigo de Honein-ben-Ishāk Al-Ibâdi (809-875). El libro de los doce sabios ó Libro de la Nobleza ó Lealtat, que trata el gobierno y educación de los príncipes. Algo más tardías y con mayor probabilidad aconsejadas del Rey Sabio, son las dos obras Poridad de las Poridades, de fuente arábiga, y el Bonium, así llamado del supuesto nombre de su autor, fabuloso Rey de Persia, ó por otro título, Bocados de Oro, obra sacada de la de Abul Uafá Mubashir-bin-Fatik (s. XII). El Libro de los doze Sabios créese haberse traducido en tiempo de San Fernando (1217-1252), y tomó el nombre por los doce sabios que se juntaron para averiguar "lo que todo príncipe et regidor de regno a de fazer en ssi et de commo deve regir et castigar et mandar et conoscer a los de su regno". El libro de Poridat de las Poridades ó Castigos de Aristotil a Alexandre, es traducción del Secreta secretorum. En él se halla una de las cartas atribuidas á Alejandro y otra en el Bonium.
=185.= En 1502 se publicó el Tratado de la nobleza y lealtad, compuesto por doce sabios, por mandado del rey Don Fernando, que ganó á Sevilla, Valladolid. En 1495 se publicaron los Bocados de oro que compuso Bonium, rey de Persia, Sevilla; Toledo, 1502; Valladolid, 1527.
Las Flores de Filosofía son de la misma época que el Libro de los doce Sabios, y están formadas de sentencias sacadas de los mismos originales que los Buenos Proverbios y los Bocados de oro, y así muchas les son comunes. Steinschneider demostró que los Buenos Proverbios fueron traducción de las Sentencias morales de los Filósofos, escritas por Honein-ben-Ishāk (809-875) y conservadas en la Biblioteca de El Escorial (núm. 756) y en la de Munich (núm. 651), y los Bocados de oro del Libro de las Sentencias, escrito por Abul Uafá Mobeshir-bin-Fatik (siglos XI y XII), cuyo manuscrito está en la Biblioteca de Leyden (núm. 1.487), el cual se tradujo al latín, francés é inglés. En la Historia del Cavallero Cifar, fuera de algunos capítulos, están las Flores de Filosofía.
=186.= Flores de Filosofía. Ed. Η. Knust, en Dos obras didácticas y dos leyendas (Soc. de biblióf. españoles), 1878, págs. 11-83. El libro de los Buenos Proverbios. Ed. H. Knust, en Mittheilungen aus dem Eskurial (Bibl. des litt. Vereins in Stuttgart, t. CXLI), Tübingen, 1879, págs. 1-65, 519-537. Libro de los doze Sabios. Ed. (con el título de Libro de la nobleza y lealtad) A. M. Burriel (quizá Miguel de Manuel Rodríguez), en Memorias para la vida del santo rey Fernando III, Madrid, 1800, págs. 188-206; fragmentos reimpresos en M. Lafuente, Historia de España, 1851, t. V, págs. 485-494. Poridat de las Poridades; H. Knust, Jahrbuch für romanische und englische Literatur, Leipzig, 1869, t. X, págs. 153-172 y 303-317. Bocados de oro. Ed. H. Knust, en Mittheilungen aus dem Eskurial (Bibl. des litt. Vereins in Stuttgart, t. CXLI), Tübingen, 1879, págs. 66-489, 538-601.
=187.= Alfonso X, antes de subir al trono, hizo traducir del árabe el Lapidario, el año de 1241, y Kalila et Digna, el 1251, en lenguaje suelto y bien dialogado; su importancia en nuestra literatura es muy grande, por ser el primer libro de fábulas orientales traducido en romance y dechado de los muchos posteriores que en España se escribieron y la primera muestra de narración recreativa en nuestro idioma.
=188.= En el Lapidario de Abolays, traducido por Rabí Jehudah-Mosca-ha-Qaton, se cuentan y describen las virtudes de 360 piedras. Ayudó en la traducción al Rabino el clérigo Garci Pérez.
El libro de Kalila et Digna se tradujo del árabe: "romançado por mandado del infante don Alfonso, fijo del muy noble rey don Fernando, en la era de mill e dozientos e noventa e nueve años". Pero debe haber error en esta fecha de uno de los códices escurialenses, pues el 1261 ó era de 1299 ya era rey, y no infante, don Alfonso. Que se tradujo inmediatamente del árabe lo probaron Gayangos (Escritores en prosa anter. al siglo XV) y Benfey (Orient und Occident, I, pág. 497). En árabe es uno de los textos más clásicos y elegantes de lenguaje y había sido á este idioma traducido en el siglo VIII por Abdalla-ben-Almokaffa con arreglo á una versión pehleví hoy perdida, y hecha por Barzuya de su original sánscrito. También ha desaparecido este original, aunque substancialmente el asunto se halla posteriormente en el Pantchatantra, de un budista del siglo III. Todas las versiones conocidas proceden de la arábiga, y la castellana fué tan famosa, que Raimundo de Béziers se sirvió de ella (1323) hasta donde el mur cuenta su historia en el capítulo quinto. (Véase el año 1493 de este nuestro libro). Del mismo texto arábigo salió la traducción hebraica del italiano Rabí Joel, de la cual procede la latina del judío converso Juan de Capua, con el título de Directorium vitae humanae, segunda mitad del siglo XIII, y de ésta las demás de Europa, menos la castellana. El texto arábigo publicólo Sacy, París, 1816, y después los PP. Jesuitas de Beirut. Bidpai, que es el Esopo oriental, pasa por autor de estas fábulas; pero ellas son mucho más antiguas, no sólo en la India, sino en todas las naciones indo-europeas, y así algunas recogió Grimm entre las germánicas.
=189.= Calila et Digna. Ed. C. G. Allen, Mâcon, 1906; Bibl. de Aut. Esp., t. LI. Consúltense: H. D. L. Ward, Catalogue of Romances in the Department of manuscripts in the British Museum, London, 1893, t. II, págs. 149-181; I. G. N. Keith-Falconer, Kalilah and Dimnah [trad. inglesa con prefacio y notas], Cambridge, 1885; The earliest Englisch version of the Fables of Bidpai, "The Moral Philosophy of Doni", trad. Sir T. North, ed. J. Jacobs, London, 1888; L. Hervieux, Les fabulistes latins dépuis le siècle d'Auguste, París, 1899, t. V; G. Paris, Histoire littéraire de la France, t. XXXVIII (1906), págs. 191-253.
=190.= Dos años después del Kalila et Digna, esto es, en 1253, tradujo el infante don Fadrique, hermano de Alfonso X, el famoso libro arábigo Sendebar, de origen indiano, poniéndole por título Libro de los engannos e los asayamientos de las mugeres, escrito en lenguaje elegante y grave.
=191.= Se han perdido el primitivo texto sánscrito del Sendebar, el persa, en que éste se debió de traducir, y el arábigo, sacado del persa, y del cual salió el castellano. El arábigo citólo Masghudi en el siglo X, al hablar del filósofo indio llamado Sendebad. Del árabe se tradujo al siríaco, de éste al griego (siglo XI) con el título de Syntipas. Tradújose en el siglo XIII al hebreo. Otras formas del mismo libro son el Sindibad-Nameh, del persa (1375), el Baktiar-Nameh ó Historia de los diez visires, que pasó á las Mil y una noches. De la versión hebraica salió el Dolophatos ó Historia septem sapientium Romae, imitación hecha por el monje Juan de Alta Silva en el siglo XIII (ed. Hermann Oesterley, Strasburgo, 1873). En el Dolophatos, del trovero Herbers (ed. Gastón, París, 1876) y en el Erasto italiano se suprimieron trozos é intercalaron otros. Otras versiones españolas son la catalana, publicada por Mussafia (Viena, 1878); la castellana de Diego de Cañizares, á mediados del siglo XV (edic. Oposc. liter. de los siglos XIV á XVI, Socied. Biblióf. esp.); otra de hacia 1530, que se imprime con el nombre de Marcos Pérez (Libro de los siete sabios de Roma, Burgos, 1530; Sevilla, 1538; Barcelona, 1583, 1593, 1621), y la Historia del Príncipe Erasto, hijo del Emperador Diocleciano, traducción del texto italiano por Pedro Hurtado de la Vera, Anvers, 1573.
Libro de los engaños e los asayamientos de las mugeres. Ed. y estudio de A. Bonilla y San Martín, Bibliotheca hispanica, t. XIV; ed. D. Comparetti, en Ricerche in torno al libro di Sindibâd, Milano, 1869; ed. D. Comparetti, Researches respecting the book of Sindibâd, London, 1882 (Publications of the Folk-Lore Society, t. IX).
[Ilustración: ALFONSO X. (Ms. de la Crónica general de la época. Biblioteca Real).]
=192.= De 1524, en que Colón la compró en Medina, es la primera edición conocida de la Historia de la doncella Teodor, que pasó á las Mil y una noches y mucho antes debió verterse del árabe al castellano. Atribúyenla algunas ediciones á un Mosen Alfonso Aragonés; pero no fué seguramente Pero Alfonso el de la Disciplina Clericalis. El texto, publicado por Knust (Tübingen, 1879, Socied. Liter. de Stuttgart), según dos códices de El Escorial, parece del siglo XIV ó anterior. Salvá cita dos ediciones, una de 1535 y otra que supone de 1520. Colón tenía la dicha de 1524 y otra sin fecha. Conocidas son las de Zaragoza, 1540; Toledo, 1543; Segovia y Sevilla, sin fecha; Alcalá, 1607; Sevilla, 1642; Valencia, 1676; Madrid, 1726; Lisboa, 1735.
Otro libro antiguo es el Capítulo de las cosas que escribió por respuestas el filósofo Segundo á las cosas que le preguntó el emperador Adriano, editado por Knust, y cuyo asunto se halla en la Crónica de Alfonso X y en el Speculum historiale, de Vicente de Beauvais.
=193.= ALFONSO X "EL SABIO", rey de Castilla y de León (1221-1284), nació en Burgos, fué hijo de Fernando III el Santo y de doña Beatriz de Suabia; peleó de mozo con los moros, tomando á Cartagena y Lorca, y casó con doña Violante de Aragón (1248), hija de don Jaime I y de doña Violante de Hungría; residió mucho en Toledo, donde juntó los mayores sabios para componer, entre otras obras, las Tablas Alfonsíes, y fué proclamado Rey dos días después de la muerte de su padre (1252). Luego repudió por estéril á su esposa y envió por Cristina, hija del rey de Dinamarca; pero habiendo dado á luz su esposa á la princesa Berenguela, casó á Cristina con el infante don Felipe, electo arzobispo de Sevilla. Falto de recursos, alteró el valor de la moneda, acuñando los burgaleses en vez de los pepiones, que eran de mayor ley. Señoreó á Jerez y Arcos de la Frontera, Medina Sidonia y Lebrija. Nacióle el primogénito, el infante don Fernando de la Cerda, en 1256; volvió en 1261 á guerrear con los moros de Murcia y los venció en Alcalá la Real. En 1262 la flota castellana tomó á Cádiz. Muerto Guillermo de Holanda y vacando el trono de Alemania, presentóse como pretendiente, apoyándole cuatro electores y oponiéndosele los Papas durante diez años; pero las luchas civiles le impidieron lograrlo por las armas. Confederados los descontentos nobles con el Rey de Granada, que había hecho treguas, consiguieron de Alfonso X cuanto le pidieron (1274), y mientras fué á vistas á Beaucarie con Gregorio X, el nuevo Rey de Granada, apoyado de los benimerines, entróse por tierras de Córdoba y derrotó al Gobernador interino don Fernando de la Cerda, que murió luego en Ciudad Real, encargándose de la regencia el infante don Sancho, cuyo ejército fué también derrotado en 1275, pereciendo don Sancho, arzobispo de Toledo. Vuelto Alfonso á España, firmó treguas con los moros y convocó Cortes en Segovia, donde declararon á don Sancho, su hijo segundo, heredero del reino, en daño de los hijos del difunto don Fernando de la Cerda, lo cual llevando á mal doña Violante y temiendo por la vida de sus nietos, se los llevó á Aragón, acción que el Rey calificó de crimen de lesa majestad, mandando á don Sancho matar á los cómplices de la Reina, y por ello fué muerto el infante don Fadrique en Treviño, lo que motivó la intervención de Felipe III, de Francia, á ruegos de su hermana la princesa doña Blanca, viuda de don Fernando de la Cerda, y pidió al Rey cediese al primogénito de los infantes de la Cerda el reino de Jaén, como vasallo de Castilla, á lo que no se avino don Sancho.
En las Cortes de Sevilla de 1271 tornó á aumentar el valor de la moneda para poder guerrear con el de Granada, lo que le malquistó con el pueblo, mientras que don Sancho iba apoderándose del gobierno y el francés proseguía apoyando á los de la Cerda. Juntadas Cortes, se opuso don Sancho á lo del reino de Jaén en forma desabrida, por lo cual su padre le amenazó con desheredarle, respondiéndole el hijo: "Tiempo vendrá en que esta palabra la non quisierades haber dicho". Alzóse, en efecto, con algunas ciudades contra su padre, apoyado de Aragón y Portugal (1282) y convocando Cortes en Valladolid, con asistencia de doña Violante, la nobleza y procuradores de las ciudades, despojaron á don Alfonso del título de Rey, dándoselo á don Sancho, bien que no lo quiso aceptar. Quedó el Rey solamente con Sevilla, que le fué fiel, como lo dice la empresa de su blasón: "No m'a dejado". Martín IV mandó se volviese á su obediencia so pena de excomunión, y Alfonso envió su corona al rey Jacub de Marruecos, el cual le envió 60.000 doblas de oro y vino con un ejército, juntándosele en Zahara. Evitóse la guerra civil por negarse don Sancho á ir contra su padre (1283); pero fué proclamado Rey el año siguiente, en el cual murió don Alfonso.
Condescendencias con un hijo ambicioso y pequeños yerros, cometidos con sana intención, le llevaron á todos estos desastres, añadiéndose, sin duda, su amor á las ciencias y letras, que no suele compaginarse con el cuidado que pide el gobierno, lo cual Mariana cifró en este juicio que de él hizo: "Dumque coelum considerat observatque astra, terram amisit". Si algo erró como rey, la cultura española le debió harto más, acaso más que á ningún otro hombre de nuestra nación. Él fué nuestro primer y más grande legislador, el primero en fecha y uno de los mayores prosistas españoles, el fundador de la prosa castellana, el mejor historiador y el mejor lírico de su época, y sobre todo, el que trajo al castellano la ciencia y la cultura arábigo-judía española y oriental y dió empuje y aun hizo nacer toda la cultura española. Por eso se le han atribuido cuantas obras corrían anónimas, lo cual implica el juicio que de él formó España entera no menos que coronándole con el calificativo de El Rey Sabio.
La literatura castellana, sobre todo, le es deudora de haberse comenzado con él á escribir las leyes y documentos oficiales en romance, haciéndolo él por tan elegante y natural manera, que muchos años y aun siglos habían de pasar hasta que hubiese quien le igualase. Bárbara era y siguió siendo la prosa de los demás romances, cuando Alfonso X levantó tan alto la prosa de la lengua castellana.
La obra de Alfonso X no acaba en lo que él escribió y en lo que otros por orden suya escribieron. Su ejemplo parece bandera enhiesta en lo alto del trono castellano, que no dejan de mirar y seguir los reyes y cortesanos que tras él vinieron. Sin su ejemplo probablemente no se hubiera dado á las letras su sobrino don Juan Manuel, que en su tío se miraba, como se ve por el prólogo al Conde Lucanor, ni su hijo Sancho IV, ni Alfonso XI, ni don Juan II, con toda su corte, hubieran favorecido las letras y dádose á ellas, brillando conforme á su talento, ni el Canciller ni Santillana y todos los demás magnates de aquella semibárbara edad hubieran manejado la pluma á par de la espada, si el Rey Sabio no hubiese ensalzado y entronizado las letras castellanas.
=194.= Don Juan Manuel, prólogo á su Libro de la Caza: "Entre muchos cumplimientos et buenas cosas que Dios puso en el rey Don Alfonso, fijo del sancto et bien aventurado rey Don Fernando, puso en él su talante de acrescentar el saber cuanto pudo, et fizo por ello mucho: así que non se falla que del rey Tolomeo acá ningún rey nin otro honme tanto ficiese por ello commo él. Et tanto cobdició que los de los sus regnos fuesen muy sabidores, que fizo trasladar en este lenguaje de Castilla todas las sciencias, también de teología, commo la lógica et todas las siete artes liberales, commo toda la arte que dicen mecánica. Otrosí, fizo trasladar toda la secta de los moros, porque paresciese por ella los errores en que Mahomad, el su falso Profeta, les puso, et en que ellos están hoy en día. Otrosí, fizo trasladar toda la ley de los judíos, et aun el su Talmud, et otra sciencia que han los judíos muy escondida á que llaman cábala. Et esto fizo porque paresce manifiestamente por la su ley, que toda fué figura desta ley, que los cristianos habemos, et que también ellos commo los moros están en grant error et en estado de perder las almas. Otrosí, romanzó todos los derechos eclisiásticos et seglares que vos diré: non podría decir ningún homme cuánto bien este noble rey fizo, sennaladamente en acrescentar et alumbrar el saber... mandó facer muchos libros buenos en que puso muy complidamente toda la arte de la caza, también del cazar commo del venar commo del pescar. Et puso muy complidamente la teórica et la práctica commo conviene á esta arte. Et tan complidamente lo fizo, que bien cuidan que non podría otro emendar nin enadir ninguna cosa más de lo que él fizo, nin aun facer tanto nin tan bien commo él".
B. Calvo: "En quer cab sai chanz e solatz | pos los manté lo Reis N'Anfos, | mas si per lui tot sol no los | jals agron del tot oblidatz". En su corte, de las más brillantes de la Edad Media, hallaban regalo los trovadores provenzales y franceses Bertrán de Lamanon, Bonifacio Calvo, Aymeric de Belenoi, Giraud Riquier, Foulgues de Lunel, Arnaud Plaques, Bertrán Carbonel, N'At de Mons y otros muchos. Milá y Fontanals, _De los trovadores en España_, Barcelona, 1889, 2.ª ed.; P. Meyer, Encyclop. Britann., XIX, 867; C. Michaëlis de Vasconcellos, Canc. de Ajuda, t. II, c. VII.
=195.= La Estoria d'Espanna ó Crónica general fué compuesta de 1260 á 1268 por orden y traza de Alfonso y continuada en tiempo de Sancho el Bravo. Salvo la diferencia entre prosa y verso, diríase ser uno mismo el autor de ella y el de Mio Cid: la misma sencilla naturalidad, la misma verdad histórica, sin pizca de idealización, la misma desnudez de adornos, la misma reciura de pensar y de describir, de suerte que los hechos pónense de relieve por sí mismos, sin que la fantasía parezca tener parte. Lo tocante al Cid es realmente el propio poema puesto en prosa. La Grande et general Estoria, comenzada en 1270, tomaba por fundamento la Escritura y abrazaba la historia del mundo desde la creación hasta los Apóstoles, pero quedó sin acabar.
=196.= Según la tradición, colaboraron en la Crónica general Egidio ó Juan Gil de Zamora, franciscano y maestro de Sancho IV; Jofre de Loaysa, Martín de Córdoba, Garci Fernández de Toledo y Suero Pérez, obispo de Toledo. Alfonso X diseñó la traza y debió de enmendar, como solía, el lenguaje; pero la variedad de estilos muestra que fué obra de más de uno. Hay fábulas y anacronismos, como la venida de Mahoma á Córdoba, y se citan fuentes arábigas de lo que del Cid se cuenta, como en el c. 911: "Et diz Abenalfarax en su arauigo, onde esta estoria fué sacada". El prólogo es traducción de la Crónica de Jiménez de Rada, el cual, juntamente con Lucas de Túy, fué uno de los autores más consultados, y no menos los cantares de gesta, populares sin duda por aquel tiempo, de los cuales se hallan desleídos en prosa muchos trozos y hasta versos enteros, trasparentándose el asonante.
El texto de la Crónica general fué publicado por Florián de Ocampo, Zamora, 1541, y después varias otras veces; pero Menéndez Pidal lo ha devuelto á su primera extensión, Madrid, 1906, Nueva Bibl. de Autor. Españoles, t. V. Según sus investigaciones, el primer manuscrito derivado del texto original fué la Crónica abreviada, compuesta (1320-1324) por don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X; el segundo es una refundición que encierra una versión de la crónica de Abubekr Ahmed-ben-Mohammed-ben-Musa (Al-Rasi), y que se acabó el 21 de enero de 1344, de donde el práctico rótulo de Crónica de 1344; después hubo otra refundición, que se ha perdido, pero que está representada por la Crónica de veinte Reyes, la Crónica de los Reyes de Castilla y la impresa por Ocampo, que se llama Tercera crónica general.
=197.= Las Siete Partidas, en las que trabajaron Fernando Martínez, Roldán, Jacobo El de las Leyes, es la obra de mayor importancia de Alfonso X, documento preciosísimo histórico, social, lingüístico, literario y, sobre todo, legal.
El Libro de las Tablas Alphonsies se acabó en 1252 y en ellas trabajaron Jehudah-bar-Moseh-ben-Mosca, y Rabí Zag-ben-Zaqut-Metolitolah ó el Toledano. Los catorce Libros del Saber de Astronomía fueron mandados traducir ó compilar por Alfonso X, el cual cuidó del lenguaje, pues como dice en el prefacio del Libro de la Esfera (1259): "tollió las razones que eran sobejanas e dobladas e que non eran en castellano derecho, e puso las otras que entendió que complian, e cuanto al lenguaje enderezóle él por sí".
Otras obras de Alfonso X son el libro de Açedrez ó ajedrez, el de las Tablas e los Dados, y el de Montería ó Tratado de la Venación, que cita don Juan Manuel, y no se ha hallado hasta hoy; el Septenario ó tratado de las siete artes liberales (trivium y quadrivium), enciclopedia de la ciencia de entonces, como el Tresor, de Brunetto Latini, que habrá de verterse poco después.
En 1255 promulgó Alfonso X el Fuero Real. Añadió las Leyes de los Adelantados mayores, que faltaban en el Fuero Real y el Ordenamiento de las Tafurerías en 1276.
Paul Groussac ha puesto en duda la atribución de las Cantigas á Alfonso X, pero aunque algunas ó muchas de ellas sean de otros autores, todavía no se han traído pruebas ciertas contra su autenticidad.
=198.= La edición de la Academia de las Partidas es según el texto más lato, puesto "en otro lenguaje algo distinto del que se usaba un siglo antes", como todos convienen, por Alfonso XI, en 1348. El texto más concreto, y es el de don Alfonso X, se halla en los códices de la Biblioteca Real 2.º y 3.º, y en los escurialenses 1.º, 2.º y 4.º, y en el 1.º toledano, el cual, según el P. Burriel, y según su letra de albalaes, parece escrito en tiempo del mismo rey Alfonso X. El escurialense 4.º está en lemosín, traducido, según se cree, para el uso de los Reyes de Aragón y aun se sospecha que para don Pedro IV, que comenzó á reinar en 1336: este texto del códice lemosín debió, por consiguiente, ser el oficial.
=199.= Los Libros del saber de Astronomía son: 1.º. Libro de la octava sphera et de sus XLVIII figuras, traducido del arábigo por Jehudah-ha-Cohen y el clérigo Guillén, hijo de Remon d'Aspa. 2.º. Libro de la sphera redonda. 3.º. Libro del Alcora ó de la Sphera, escrito en árabe por Costa-ben-Luca, y vertido al castellano por los mismos antes citados, el primero de los cuales añadió un capítulo "sobre el modo de fazer las armiellas et para saber el atacyr et egualar las casas". 4.º. Libro del Astrolabio redondo y Libro del Astrolabio llano, originales de Rabí Zag de Toledo. 5.º. Libro de la Azafea de Azarquel, traducido por Maese Fernández de Toledo y segunda vez por Bernaldo el Arábigo "et don Abrahan, su alfaquí". 6.º. Lámina universal de Ali-ben-Halaf, descrita por Rabí Zag. 7.º. Libro de las Armiellas, del mismo. 8.º. Libro del Quadrante. 9.º. Libro de la Piedra de la Sombra. 10.º. Libro del Relogio del agua. 11.º. Libro del Argent vivo. 12.º. Libro del palacio de las horas. 13.º. Libro del Atacyr, todos ellos de Rabí Zag, y, por último, el 14.º. Libro del Relogio de la Candela, original de Rabí Samuel-ha-Leví. Edic. Rico y Sinobas, Madrid, 1863-1867.
Á su iniciativa se deben, además: la traducción de los Cánones de Albategui, con algunas tablas de Azarquel, hecha por Rabí Zag, que le añadió algunas pruebas de Geometría y Astrología; el Libro complido de los juicios de las estrellas, de Ali-Aben-Ragel, vertido por Moseh-ha-Cohen, y el Libro de las Tres Cruces, traducido por el mismo y por Johan d'Aspa. Estos dos últimos pertenecen á la Astrología judiciaria, así como el de las Formas e imagines de los cielos, apócrifo, según algunos. Atribuyéronle falsamente dos tratados de Alquimia: el Libro del Tesoro y la Clavis Sapientiae. Ya vimos cómo antes había mandado traducir el Lapidario.
=200.= El Fuero Real de Alfonso X imprimióse en los siglos XV y XVI; en este último primero en Zaragoza, 1501, con el comentario del doctor Alfonso Díaz de Montalvo, insigne jurisconsulto de Cuenca (Fermín Caballero, Elogio del Dr. Alf. D. de Montalvo, Madrid, 1870; íd., Conquenses ilustres. III. Dr. Montalvo, Madrid, 1873).
Consérvase el texto castellano de las Cortes de Valladolid, 1258, y de Zamora, 1274, celebradas por Alfonso X.
=201.= Las Siete Partidas, ed. R. Academia de la Historia, Madrid, 1807, 3 vols.; Opúsculos legales, ed. R. Academia de la Historia, Madrid, 1836, 2 vols.; Libros del saber de Astronomía, ed. M. Rico y Sinobas, Madrid, 1863-1867, 5 vols.; Lapidario, ed. J. Fernández Montaña, Madrid, 1881; Cantigas de Santa María, ed. R. Academia Española [prefacio del marqués de Valmar], Madrid, 1889, 2 vols. Consúltense: F. Martínez Marina, Ensayo histórico-crítico sobre la legislación y principales cuerpos legales de los reinos de León y Castilla, especialmente sobre el código de las Siete Partidas, etc., Madrid, 1834; F. Hanssen, Estudios ortográficos sobre la Astronomía del rey Don Alfonso, en Anales de la Universidad de Chile (1895), t. ΧCΙ, págs. 281-312; O. J. Tallgren, Observations sur les manuscrits de l'Astronomie d'Alphonse X, etc., en Neuphilologische Mitteilungen (1908), págs. 110-114; M. Barrington, The Lapidario, etc., en The Connoisseur (London, 1906), t. XIV, págs. 31-36; C. de Lollis, Cantigas de amor e de maldizer di Alfonso el Sabio, en Studj di filologia romanza (1887), págs. 31-66; señora C. Michaëlis de Vasconcellos, Grundriss der romanischen Philologie, t. II, 2. Abteilung, págs. 178-186; H. Collet y L. Villalba, Contribution à l'étude des "Cantigas" d'Alphonse le Savant, en Bulletin hispanique (1911), t. XIII, págs. 270-290; F. Hanssen, Los versos de las Cantigas de Santa María, etc., en Anales de la Universidad de Chile (1901), t. CVIII, 337-373, 501-546; E. Cotarelo y Mori, Estudios de historia literaria, Madrid, 1901, págs. 1-31; G. Daumet, Les testaments d'Alphonse X le Savant, roi de Castille, en Bibliothèque de l'École des Chartes (1906), t. LXVIII, págs. 70-99; Antonio Ballesteros, Sevilla en el siglo XIII (1913), Libro de las Querellas. Consúltese: E. Cotarelo y Mori, El supuesto libro de "Las Querellas" del rey don Alfonso el Sabio, en Estudios de historia literaria, Madrid, 1901, págs. 1-41. [Cf. la crítica de este ensayo, por A. Morel-Fatio en Romania (1898), t. XXVII, pág. 525.]
=202.= La poesía lírica provenzal llegó á las Cortes castellanas de Alfonso IX (1188-1229) y Alfonso X (1252-1284), donde los trovadores hallaron buen acogimiento, cuando ya no había Cortes en Tolosa. Pero sobre todo vino más tarde de Portugal, donde había hallado segunda patria en la corte de don Dionis, que comenzó á reinar el año de 1279. Juntamente con la lírica provenzal vino de Portugal y Galicia la poesía galaico-portuguesa, de origen popular gallego. La provenzal se escribía en versos largos de diez sílabas ó Arte mayor y el asunto era el amor, tratado de una manera casuística y sutilmente sentimental; la galaico-portuguesa propia en versos cortos, redondillas ó Arte menor, el asunto era casi el mismo, pero tratado con más sinceridad y frescura en las llamadas canciones de amigo, de ledino, serranillas y villancicos. El dialecto en que se escribieron en España tales poesías era el mismo galaico-portugués, que entonces no se diferenciaba el portugués del gallego. En este dialecto escribieron, no sólo el Rey de Portugal don Dionis y los Príncipes y señores de aquel reino, como sus bastardos el Conde de Barcellos y Alfonso Sánchez, sino grandes reyes de Castilla como Alfonso X y Alfonso XI, abades de Valladolid como don Gómez García, burgueses de Santiago como Juan Ayras, juglares de Sarria, de Cangas y de Lugo, mezclados con otros de León, de Burgos, de Talavera y hasta de Sevilla, como el llamado Pedro Amigo, uno de los poetas más fecundos y notables del Cancionero de la Vaticana, como dice Menéndez y Pelayo (Antol. poet. lír. cast., t. 3, p. IX). Pero esta lírica fué puramente erudita y de la corte castellana y no llegó al pueblo.
=203.= La lírica provenzal floreció todo el tiempo de las Cruzadas: comenzó con la primera (1095) y en la última (1268) llegó á su mayor perfección. Pasó á Portugal derechamente desde Provenza con el rey Dom Diniz, hijo de Alfonso III y nieto de Alfonso X, educado por un maestro provenzal, Aimeric d'Ebrard, de Cahors. Cabalmente cuando decaía la lírica provenzal, entre 1250 y 1290, llegaba á colmo la lírica portuguesa. Cuantos estaban al servicio de Dom Diniz eran trovadores: Joâo Velho, Martín Peres, Dom Joâo de Alboim. Por su casamiento, entró Dom Diniz en relaciones con el Conde de Provenza, tío de su mujer, y desde que comenzó á reinar (1279) fué su corte centro de los trovadores de León, Castilla y Aragón. Consérvanse de aquel rey 138 canciones, pero al punto se ve la diferencia que las divide en dos clases. Las unas son de corte provenzal, de sentimental casuística amorosa y en endecasílabos lemosinos; las otras son las que él llama Cantares de amigo ó serranillas populares. Las primeras responden á la lírica provenzal; las segundas, á la lírica nacional, llamada gallega, porque no se diferenciaba entonces el portugués del gallego, y porque el pueblo gallego cantaba esta clase de poesías líricas, de metros cortos y aires de serranillas, villancicos, alboradas, baladas, etc. Hay que distinguir, pues, tanto en Portugal como en Castilla, estas dos escuelas: la lemosina ó provenzal y la gallega. De la lemosina dice Santillana en su Carta al Condestable de Portugal: "Los catalanes, valençianos é aun algunos del reyno de Aragon fueron é son grandes offiçiales desta arte. Escrivieron primeramente en trovas rimadas, que son pies ó bordones largos de sillabas, é algunos consonaron é otros no. Despues desto usaron el deçir en coplas de diez sillabas á la manera de los lemosis". Por eso se le llamaba Arte mayor, en contraposición á las redondillas ó Arte menor. Pues bien, esta poesía lírica provenzal y el arte mayor dice luego que pasó á Portugal y Galicia: "E despues fallaron esta arte que mayor se llama é el arte común, creo, en los reynos de Gallicia é Portugal, donde non es de dubdar que el exercicio destas sciencias más que en ningunas otras regiones é provincias de España se acostumbró; en tanto grado, que non ha mucho tiempo qualesquier decidores é trovadores destas partes, agora fuesen castellanos, andaluces ó de la Extremadura, todas sus obras componian en lengua gallega ó portuguesa. Ε aun destos es cierto rescevimos los nombres del arte, asy como maestría mayor é menor, encadenados, lexapren é mansobre... Acuérdome... seyendo en edat non provecta, mas assaz pequeño mozo, en poder de mi abuela Doña Mencia de Cisneros, entre otros libros haber visto un grand volumen de cantigas, serranas é dicires portugueses é gallegos, de los cuales la mayor parte eran del rey Don Dionis de Portugal... cuyas obras aquellos que las leian, loaban de invenciones sotiles é de graciosas é dulces palabras".
El rey Dom Diniz alardea de este arte lemosín:
"Quer'en en maneyra de Provençal fazer agora um cantar d'amor".
(Canc. Vatic., núm. 123).
Instituyó Côrtes de Amor (Canc. Vatic., núm. 597). De esto ha tratado eruditamente Teófilo Braga en varias de sus obras (Curso de Historia de literatura portuguesa, Cancionero del Vaticano, por él editado con eruditísimo estudio, etc., etc.). El portugués y el gallego eran entonces una misma lengua, que, después, sobre todo desde el siglo XV, fueron diferenciándose más y más. El Cancionero de Ajuda tiene las canciones más antiguas y son de tono provenzal, hechas por eruditos. Cansados los poetas cortesanos portugueses de la afectación y artificio casuístico provenzal, pronto se volvieron á las serranillas y cantares de amigo, esto es, á la poesía popular del pueblo gallego y portugués, que era todo uno. Vese bien por el Cancionero de la Vaticana. Por ejemplo, en el número 1043: "Diz una cantiga de vilaão:
"O'pee d'uma torre bayla, corp'e giolo, vedel-o cos, ay cavaleyro".
En el número 1062 se dice al fin: "Esta cantiga fuy seguida por uma baylada, que diz:
"Vos avedel-os olhos verdes, matar-m'edes com eles...".
En las redondillas de Camões se halla una alusión á este añejo mote: "Senâo que tendes os olhos verdes". La serenata de Berceo (Duelo) parécese á la Alvorada, de Pombal:
"Velat, aliama de los Judios, Eya, velar! Que furtan el Fijo de Dios! Eya, velar!".
"Vindas sāo as alvoras, Eh, levad' á alva! Que sāo da Virgen sagrada; Eh, levad' á alva!".
Dom Diniz remedó estos aires populares en los Cantares de amigo, los mejores de la poesía portuguesa. Hoy sobrevive la serranilha, después de sepultar la poesía erudita provenzal y la italiana petrarquesca en Portugal. El Conde de Barcellos, hijo natural de Dom Diniz, dejó en testamento, hecho el año 1350, su Livro das Cantigas á Alfonso XI de Castilla, y así pudo salir de Portugal aquel Cancionero, del cual nos da noticias el Marqués de Santillana á mediados del siglo XV; mientras que el Cancionero de Dom Diniz quedaba en la librería del rey Dom Duarte. El Cancionero que vió el de Santillana en Castilla aparece en Roma desde el siglo XVI: tal es el Cancionero portugués de la Vaticana, que ha publicado Theophilo Braga, Lisboa, 1878.
De la poesía provenzal fueron protectores Alfonso IX (1188-1229) y, sobre todo, Alfonso X (1252-1284), que dió asilo á los trovadores que vinieron de Provenza, cuando ya no hubo Cortes en Tolosa, y no menos á los trovadores portugueses, como Pero Gomes Barroso, Payo Gomes Charrinho, que fué almirante de Castilla. (Véase Díez, Les Troubadours, pág. 61). Giraud Riquier de Narbona le dirigió, en 1275, una poesía acerca del título de juglar y de trovador. Hay en la Vaticana una composición de Alfonso XI:
"En un tiempo cogí flores del muy nobre paraíso".
Las obras poéticas de don Juan Manuel se han perdido, y sin duda cultivó la poesía galaico-portuguesa, según son los metros que usa en el Conde Lucanor. La poesía provenzal entró en Castilla por Galicia y Portugal. Desde 1214 tuvo Castilla relaciones directas con los trovadores. Aimeric de Bellinoi estuvo en la corte de Alfonso IX; Martaquagent y Folquet de Lunel celebraron la elección de Alfonso X como Emperador; Raymundo de Tours le dirigió versos, y Bertrand de Carbonel le dedicó sus composiciones (Ticknor, pág. 47). Pero la imitación provenzalesca sólo fué en Castilla palaciega moda, que no llegó al pueblo, el cual tenía su poesía épica, sus romances, que cantaban los juglares y á veces se trasminaban á la literatura erudita, al Mio Cid, al poema de Fernán González, á las Crónicas. Por ese carácter palaciego se escribía la poesía provenzalesca en gallego ó portugués y nunca en castellano, hasta que la puso en olvido la imitación latina de Dante y Petrarca. En Portugal, donde la vida nacional no tenía tanto arraigo, la poesía de los trovadores, primero sola, luego mezclada con la popular gallega, conservóse hasta el siglo XVI, como se ve en los Cancioneros. El Cancionero Colocci-Brancuti abraza los dos géneros: el provenzal de los eruditos y el popular, también compuesto por los poetas eruditos, pero de origen é imitación juglaresca. Esta segunda vena lírica es la verdaderamente nacional y de ella no hay rastro en el Cancionero de Ajuda, que es de composiciones más antiguas y puramente erudito-provenzales. Las Canciones de amigo se dijeron por repetirse esta palabra con el sentido de amante, así como las de ledino, que parece un diminutivo de ledo, alegre. Balada era especie de danza y su canción, de balar ó bailar, así en gallego, provenzal é italiano. Dista tanto esta poesía lírica popular del Cancionero de la Vaticana de la erudita que encierran los Cancioneros ordinarios, como la épica castellana erudita del mester de clerezia dista del Romancero y del Mio Cid. En las 66 composiciones á la provenzal y las 53 cantigas de amigo de Dom Diniz puede verse bien esta diferencia. Las serranas, vaqueras ó pastorelas, las villanescas ó vilanas, ellas mismas están diciendo ser populares. Satíricas son las Cantigas de maldecir y de escarnio, las de joguete certeyro y las de risaelha (del reir), como las obras de burlas castellanas y los cantares cazurros, de los que el Arcipreste nos ha conservado un ejemplo.
¿Es cierto lo que M. Pelayo afirma (Antol. poet. lír. cast., t. III, pág. IX), que "la primitiva poesía lírica de Castilla se escribió en gallego antes de escribirse en castellano y coexistió por siglo y medio con el empleo del castellano en la poesía épica y en todas las manifestaciones de la prosa"? Cierto es que la hubo y se escribió; pero esta lírica galaico-portuguesa, naturalizada entre algunos eruditos castellanos, ni fué "la primitiva poesía lírica de Castilla" ni mucho menos, como luego añade, parece cierto que "este galleguismo no era meramente erudito, sino que trascendía á los cantares del vulgo. El mismo pueblo castellano, que entonaba en la lengua de Burgos sus gestas heroicas, se valía del gallego para las cantigas de escarnio y de maldecir, como lo prueban aquellos curiosísimos versos
"Rey velho que Deus confonda...".
con que los vasallos de Alfonso el Sabio increpaban al gran rey de Aragón don Jaime I, según nos refiere don Juan Manuel en su Conde Lucanor". Tenemos aquí la eterna cuestión de confundir el habla con la escritura. En primer lugar, en todo el Conde Lucanor, que me he leído para buscarlo, no he hallado nada de los vasallos de Alfonso el Sabio, de don Jaime I ni de los "curiosísimos versos", á lo menos en la edición de Rivadeneyra. Sea de ellos lo que fuere, ¿eran esos vasallos gente del pueblo?, ¿hablaban de por sí ó repetían versos tradicionales gallegos? Vengan pruebas de que el vulgo repetía versos gallegos. Claro está que hablo, no del vulgo de Galicia y aun León ó regiones donde se hablaba más ó menos parecidamente al gallego, sino del vulgo donde sólo se hablaba castellano. Tales pruebas no las conozco, y, por tanto, debo de suponer que el pueblo castellano no era bilingüe. En segundo lugar, el dicho de M. Pelayo supone que en Castilla no hubo poesía lírica propiamente castellana, sino que la primitiva fué allí la gallega. Á principios del siglo XIII, mucho antes de Alfonso X, escribía Berceo el citado cantarcillo de los judíos (Duelo) "Velat, aliama de los Iudios", que no iba á traducir del gallego ni lo cantaban sino en castellano, ni era imitación de la poesía gallega, aunque se le parezca, sino uno de tantos cantarcillos españoles, que yo tengo para mí se cantaron siempre en España. La lírica, los cantares, son tan viejos como los refranes, y la variedad métrica de éstos responde á la de los cantares. Los padres visigodos y los Concilios dan bien á entender que el pueblo los cantó en todo tiempo. Que Galicia fuera tierra particularmente acomodada á la lírica es tan cierto que ahora mismo lo es y la misma lengua gallega, dulcísima cual ninguna de la Península, es tan propia de la lírica, que ella de por sí se es lirismo puro, como es epopeya el idioma castellano. Pero eso no empece para que en el resto de España no hubiese cantares de versos cortos, lírica popular, en una palabra. Los autores que entienden de arte internacional han proclamado que la poesía lírica es de toda la raza ibera. (Teóf. Braga, en la introducción al Cancionero de la Vaticana; Fauriel, Hist. de la Poésie provençale, etc.). En Provenza llegó antes á escribirse; pero el origen ibero de sus primeros habitantes creen ser la raíz del lirismo, popular allí de muy antiguo. El mismo vocablo de balada y bailada, conocido ya por San Isidoro como poesía popular española, aparece en Provenza, Galicia y Portugal y es vocablo ibérico (CEJADOR, Tesoro de la lengua castellana, Labiales). Los pueblos germánicos eran más épicos y originaron la épica del francés ó lengua d'oil; los meridionales de la lengua d'oc fueron líricos, como los gallegos y toda España. Lástima grande que, como menospreciaron la épica popular nuestros eruditos hasta el siglo XV, que, apreciándola, la sacan del pueblo en los romances, así pasasen tantos siglos sin acordarse de la lírica popular hasta que nos la mostró el Arcipreste de Hita y, en parte, Santillana, y tras otro largo sueño volviéronla á sacar de entre el pueblo Juan del Enzina, Lucas Fernández y Gil Vicente en villancicos, églogas y autos. El Renacimiento hizo que muchos poetas la menospreciasen, aunque todavía se aprovecharon de ella los poetas más amantes de la tradición: Castillejo, Alonso de Alcaudete, Gregorio Silvestre, Góngora, Lope y Tirso. Hoy ha vuelto á renacer en Galicia, y algo menos en Castilla de lo que fuera de desear, aunque el pueblo hoy, como siempre, canta tan maravillosamente como jamás los mejores poetas eruditos cantaron.
=204.= Cancioneros portugueses (Theophilo Braga, Cancioneiro portuguez da Vaticana, pág. XCV):
Libro de las Cantigas do Conde de Barcellos, citado en su testamento (1350), dejándolo á Alfonso XI de Castilla, compilación que hizo el Conde de muchos poetas. En el Cancionero da Vaticana hállanse canciones del Conde, de Alfonso XI y del de Ajuda hasta 56, atribuidas á hidalgos de la corte de Dom Diniz.
Cancioneiro de Dom Diniz (Livro das Trovas de El rei Dom Diniz), estuvo en volumen aparte, según se sabe por el Catálogo de los libros del rey Dom Duarte. Fué incorporado en el de la Vaticana desde la canción 79.
Cancioneiro da Ajuda, comienza en la hoja 41, fáltanle las anteriores y al final no está acabado. No entraron en él las canciones de Dom Diniz y parece ser parte de otra colección mayor desconocida.
Cancioneiro de Dom Mencia de Cisneros, el que vió Santillana y contenía las canciones de Dom Diniz y los trovadores del Códice de Roma citados por Márquez.
Cancioneiro da Vaticana, núm. 4.803, con 56 canciones que están en el de Ajuda con variantes notables, lo que prueba que ambos códices vienen de diferentes fuentes. Tiene una parte relativa á los sucesos de la corte de Alfonso IV, que proviene de cancioneros extraños y posteriores al de Ajuda.
Cancioneiro da Ajuda, edic. por Lord Stuart, 1824, y F. A. de Vernhagen, Madrid, 1849, con el título de Trovas e Cantares d'um codice do seculo XIV. Carolina Michaëlis de Vasconcellos, Cancioneiro da Ajuda, Halle, 1904, 2 vols. Cancionero del Vaticano (códice 4803), copia de mano italiana de principios del siglo XVI de un cancionero perdido, edic. E. Monaci, Halle, 1875, con el título de Canzoniere portoghese della Biblioteca Vaticana, Halle, 1875, y Theophilo Braga, Cancioneiro Portuguez da Vaticana, Lisboa, 1878, con introducción y glosario. Cancionero Colocci-Brancuti, de los nombres de sus poseedores Angelo Colocci en el siglo XVI y marqués Brancuti, en cuya biblioteca lo halló Monaci, importantísimo por tener mejores variantes que el de la Vaticana y 470 canciones nuevas; editáronlo Monaci y su discípulo Molteni como tomo segundo del Cancionero de la Vaticana, Halle, 1880. Consúltense: H. R. Lang, Cancioneiro Gallego-Castellano, I, New-York, 1902; A. Jeanroy, Origines de la poésie lyrique en France, París, 1889, pág. 334, etc.
=205.= Entre 1250 y 1271 se escribió el Poema de Fernán Gonçalez por un monje del monasterio de San Pedro de Arlanza, que se cree fundado por su héroe (895?-970). Fué el autor castellano viejo de la montaña de Burgos y tomó el asunto de los Cantares de gesta populares, conservando acaso trozos de ellos y por lo menos, además de epítetos y frases, el brío en la narración, el lenguaje guerrero (c. 316), el ardiente amor á la patria chica burgalesa (c. 58, 159, 174, 260). Este poema ocasionó, sustituyéndolos, la pérdida de los cantares de juglares sobre la leyenda del primer Conde de Castilla; por eso tiene de lo popular y no menos de lo erudito, pues remeda á Berceo y al autor del Alixandre, ostenta erudición bíblica, discursea largamente y moraliza, no desconoce la epopeya francesa (c. 350), y escribe en la cuaderna vía del mester de clerezia. También tomó de la crónica anónima (Epitoma Imperatorum), de la crónica de Lucas de Túy (Chronicon Mundi, acabado el año 1236), de la de Turpin y acaso del tratado De laude Hispaniae.
=206.= Poem. Fern. Gonz., 148: "Sobre todas las tierras meior es la Montanna". El códice escurialense, incompleto al final, muy incorrecto y con otras lagunas, lo conoció Sánchez sin publicarlo; extractáronlo en 1829 los traductores de Bouterweck y se imprimió entero en 1863 por Zarco del Valle y Sancho Rayón, en el tomo I del Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos, col. 763-804, siguiendo la copia de Bartolomé José Gallardo. Volviólo á publicar F. Janer en 1864, Bibl. de Aut. Esp., t. LVII. Edición última, C. Carroll Marden, Baltimore, 1904. Consúltense: C. Carroll Marden, An episode in the Poema de F. G., en la Revue hispanique, 1900, t. VII, págs. 22-27; R. Menéndez Pidal, Notas para el Romancero del Conde Fernán González, en Homenaje á M. y Pelayo, t. I, págs. 429-507.
=207.= En tiempo de Sancho IV el Bravo (1258?-1295), tradujeron por orden del Rey el maestro Alfonso de Paredes, físico del infante heredero don Fernando, y Pero Gómez, su escribano, la famosa enciclopedia escrita en francés Li Livres dou Tresor par Brunetto Latini (publicada en París, 1863), con el título de Libro del Tesoro. Al mismo Pero Gómez atribuyen algunos los 40 versos en la cuaderna vía de los Proverbios en rimo del sabio Salomón, rey de Israel, por lo menos así lo dice el manuscrito más antiguo, aunque no se sabe si es el mismo Pero Gómez ú otro diferente. Otros lo atribuyen á Pedro López de Ayala.
=208.= Fué Brunetto florentino, tenido por maestro de Dante, y no hizo casi más que compilar textos latinos, sobre todo de San Isidoro, de Cicerón y de otras fuentes que ha estudiado el danés Thor Sundby, Della vita e delle opere di Brunetto Latini, traducida, Firenze, 1884. Vino Brunetto en 1260 á Castilla como embajador de los güelfos de Florencia á solicitar protección de Alfonso el Sabio.
Proverbios en rimo del sabio Salomón, Rey de Israel. Ed. A. Paz y Meliá, en Opúsculos literarios de los siglos XIV á XVI, Sociedad de Biblióf. Españoles, 1892.
=209.= JUAN GIL DE ZAMORA, colaborador de Alfonso X, escribió De praeconiis Hispaniae (1278-1282) y Liber illustrium personarum y otras obras (Nic. Antonio). JOSÉ DE LOAYSA, también colaborador del mismo Rey, y Arcediano de Toledo, continuó en castellano la Historia Gothica de don Rodrigo; pero se perdió, y sólo la conocemos por la traducción latina de Armando de Cremona; ed. Morel-Fatio, Bibl. de l'École de Chartes, t. LXIX; G. Cirot, De operibus historicis Joannis Aegidii Zamorensis, Burdeos, 1912.
=210.= En el mismo reinado de Sancho IV se escribió la compilación llamada Lucidario, en 106 capítulos, sacada del Speculum naturale, falsamente atribuido á Vicente de Beauvais († 1264), donde se tratan cuestiones curiosas y algo pedantes de historia natural y física.
El Especulo, Espeio de todos los derechos, que antes se tenía por una especie de esbozo de las Partidas, se atribuye hoy en parte á Sancho IV y á los descontentos del Rey Sabio.
La Gran conquista de Ultramar es obra de fines del siglo XIII y por lo menos se acabó bastante después de la muerte de Sancho IV. Contiene las leyendas del Caballero del Cisne, de Berta y de Mainete. Es la historia de las Cruzadas hasta 1271.
=211.= La Gran Conquista de Ultramar es una adaptación de la Historia rerum in partibus transmarinis gestarum, de Guillermo de Tyro († 1184) y, según Grousac, tiene por fundamento el Roman d'Eracle, versión francesa del libro de Guillermo de Tyro. Tiene trozos de la Chanson de Jérusalem y la Cansó d'Antiocha, refundición de un original perdido que compuso Gregorio Bechada, siendo la primera obra castellana que tiene cosas tomadas de la literatura provenzal.
En torno de la primera Cruzada se formó un ciclo épico cuyas ramas son la Canción de Antioquía, la de Jerusalén, los Cautivos, Helias y la Infancia de Godofredo de Bullón. Á la última pertenece la leyenda del Caballero del Cisne, supuesto antepasado del conquistador de Jerusalén, y que ocupa más de cien capítulos, desde el 47, en la Gran Conquista de Ultramar, y es lo más poético de esta obra. Es el Lohengrin, que en Alemania aparece en 1200.
=212.= La Gran Conquista de Ultramar. Ed. P. de Gayangos, Bibl. de Aut. Esp., t. XLIV. Consúltese: G. Paris, La Chanson d'Antische provençale et la Gran Conquista de Ultramar, en Romania (1888), t. XVII, págs. 513-541; (1890), t. XIX, págs. 562-591; (1893), t. XXII, págs. 345-363; J. F. D. Βlöte, Mainz in der Sage vom Schwanritter, en Zeitschrift für romanische Philologie (1903), t. XXXVII, págs. 1-24; Emeterio Mazorriaga, La leyenda del Cavallero del Çisne, transcripción anotada del códice de la Biblioteca Nacional, 2454, Madrid, 1914; A. Bonilla, Las Leyendas de Wagner en España, Madrid, 1913.
=213.= Á fines del siglo XIII parece compuso la Historia del Cauallero de Dios que auia por nombre Cifar, probablemente un eclesiástico toledano, conocedor de las novelas bretonas, de los lais de María de Francia y de los poemas de Chrétien de Troyes. Es una novela caballeresca con mezcla de picaresca, por sus dos personajes, pues el ribaldo es un verdadero pícaro escudero, un Sancho Panza, y Roboan un caballero andante. Es, pues, el primer ensayo de entrambas clases de novelas, tan españolas y tan divinamente cifradas en el Quijote. Pudo leerlo Cervantes, por haberse impreso en Sevilla, 1512. Sin embargo, está tan cargada de cuentos, apólogos, sentencias y moralidades, que todavía pertenece, en parte, al género didáctico hasta entonces cultivado. Es, pues, obra de transición en la que se mezclan lo caballeresco, lo didáctico y lo hagiográfico.
=214.= Historia del Cavallero Cifar. Ed. H. Michelant, Tübingen, 1872 (Bibl. des litt. Vereins in Stuttgart, t. CXII). Consúltese: C. P. Wagner, The sources of El Cavallero Cifar, en Revue hispanique (1903), t. X, págs. 4-104; M. Pelayo, Oríg. de la novela, página CLXXXVII.
=215.= Año 1275.--RAIMUNDO LULL ó LULIO (1235-1315) nació en Palma de Mallorca, pasó livianamente en amoríos y devaneos su mocedad, á pesar del cargo de senescal que tenía en la corte del Rey de Mallorca y del matrimonio que por orden de éste contrajo. Sólo se convirtió, según la tradición, al penetrar á caballo por la iglesia de Santa Eulalia, durante los oficios, tras la hermosa genovesa Ambrosia del Castello, cuando le descubrió ella su seno devorado por un cáncer. Abandonó casa, mujer é hijos y dióse á penitencias y estudios. Tuvo desde entonces tres intentos: la cruzada á Tierra Santa, la predicación del Evangelio á judíos y musulmanes y hallar un método ó ciencia nueva con que demostrar racionalmente las verdades de la religión á sus opugnadores. Para ello aprendió el árabe, y en el monte Randa imaginó el Arte universal; logró de don Jaime II de Mallorca, en 1275, la creación de un colegio de lenguas orientales en Miramar, para que los religiosos Menores saliesen de él dispuestos á convertir á los sarracenos, fundación que aprobó Juan XXI el año primero de su pontificado. Él mismo describe en Blanquerna la vida de soledad y contemplación que hacía en Miramar y en Randa; pero luego parte para Roma para impetrar de Nicolás III la misión de tres franciscanos á Tartaria y el permiso de irse él mismo á predicar á los mahometanos, y peregrinó por Siria, Palestina, Egipto, Etiopía, Mauritania. Vuelto á Europa enseñó en Montpellier su Arte, y logró de Honorio IV la creación de otra escuela de lenguas orientales en Roma; estuvo dos años en la Universidad de París aprendiendo gramática y enseñando filosofía; instó á Nicolás IV para que predicase la cruzada; fué á Túnez, donde predicó, salvándose por milagro; acudió á Bonifacio VIII con nuevos proyectos de cruzada, y predicó en Chipre, Armenia, Rodas y Malta. Nuevos viajes á Italia y Provenza; más proyectos de cruzadas oídos con desdén por el Rey de Aragón y Clemente V; otra misión á África, donde vuelve por milagro á salvarse. En 1309 la Universidad de París le autorizó para enseñar su doctrina contra los averroístas, y en 1311 se presentó al Concilio de Viena con muchos proyectos. Fué otra vez á Bugia en 1314, y allí logró la palma del martirio, siendo apedreado.
Filósofo famoso, poeta y novelista insigne, teólogo, místico, controversista y apóstol de la fe. Escribió en su lengua nativa y en latín, sobresaliendo literariamente por sus novelas filosóficas Blanquerna (1283) y el Libre apellat Felix de las maravelles del mon (1286); son también notables el Libro del Gentil y de los tres sabios, escrito primero en árabe por Lulio mismo, luego en su lengua, Libre del Gentil e los tres Savis; y el Libre del Orde de Cauayleria.
Tuvo controversias con moros y judíos sobre teodicea racional: Libro del Gentil y de los tres sabios. Liber contradictionis inter Raymundum et Averroistam. Disputatio Raymundi Lulli et Homarii Sarraceni. Obras ascéticas como Libro de las Contemplaciones. Blanquerna. Libro del amigo y del amado. Philosophia Amoris. Liber Proverbiorum, etc., etc., sin contar las poesías en lengua vulgar. Obras filosóficas: Ars Generalis. Ars brevis. Ars inventiva veritatis. Ars Magna, Generalis et ultima. Tabula generalis ad omnes scientias applicabilis. Liber de ascensu et descensu intellectus. Liber de lumine. Ars voluntatis. Ars Amativa boni. Logica Parva. Logica Nova. Liber lamentationis duodecim principiorum philosophiae contra Averroistas. Liber de principiis philosophiae. Liber de anima rationali. Metaphysica Nova. Liber de ente reali et rationis. Liber de homine. Liber de contemplatione. Arbor Scientiae. Tractatus de articulis fidei. De Deo ignoto et de mundo ignoto. Disputatio Raymundi et Averroistae. Liber disputationis intellectus et fidei. Liber de convenientia quam habent Fides et intellectus in obiecto. Ars theologiae et philosophiae mysticae contra Averroem. De ente simpliciter per se, contra errores Averrois. Liber de reprobatione errorum Averrois. Liber quaestionum super quatuor libros Sententiarum. Quaestiones Magistri Thomae Attrebatensis solutae secundum artem, etc. Las primeras cátedras lulianas en Barcelona y Palma se abrieron en 1478 y 1481. Los primeros maestros oficiales del lulismo: Juan Llobet (De Logica et Metaphysica), Pedro Dagui (Janua Artis. Tractatus formalitatum. Metaphysica), Jaime Gener (Januarius. Ingressus rerum intelligibilium Raymundi Lulli. Ars Metaphysica Naturalis, etc.). De Derecho: Ars Principiorum Iuris. Ars de Iure. Ars utriusque iuris. Sobre literatura escribió Retórica. De ciencias: Tractatus de Astronomia. Ars Astrologiae. Liber de planetis. Geometria Nova. Geometria Magna. Liber de circulis. Ars Arithmetica. Ars navigandi (véase M. Pelayo, Ciencia españ., t. I, pág. 105, 3.ª ed.). Seudo lulianos son: De secretis naturae seu de Quinta Essentia. Epistola accurtationis lapidis Philosophorum. Testamentum Novissimum. Cantilena Raymundi Lulli. Elucidatio Testamenti R. L. Lux Mercuriorum R. L. Maioricensis. Liber Mercuriorum. Experimenta R. L... in quibus verae philosophiae chymicae operationes clarissime traduntur. Liber artis compendiosae quem Vademecum nuncupavit. Compendium animae transmutationis artis metallorum. Apertorium. Ars intellectiva super lapidem philosophorum. Practica Ray. Lulli. Magia Naturalis. Tertia distinctio quintae essentiae. Lucidarium totius Testamenti. Liber naturae et Lumen nostre lapidis. Investigatio secreti occulti. Estos tratados de alquimia se le atribuían antes; pero son apócrifos, aunque, de todos modos, como de autores españoles de los siglos XIV, XV y XVI merecen recordarse. Raymundo Lulio no se dió nunca á la alquimia, y así tampoco se le atribuyen más que, falsamente, no pocas invenciones de esta arte. Sobre estos tratados y otros de alquimia, véase José Ramón de Luanco, La Alquimia en España, Crónica Científica, de Barcelona. De Medicina: Liber de principiis Medicinae. Ars compendiaria Medicinae. Liber de regiminibus sanitatis et infirmitatis. El Libro Felix.
=216.= Año 1285.--ARNALDO DE VILANOVA (1240-1311) nació en uno de los pueblos llamados Vilanova, de tierras de Lérida, fué "de terruño ignoble y oscuro", "nada por su origen", había aprendido teología con los dominicos de Montpellier; hebreo, con Raymundo Martí. Sabía el árabe, y de sus maestros en Medicina cita á Juan Casamida y Pedro de Musadi, y fué acaso el más eminente en esta facultad de entre los cristianos de la Edad Media. Se dió á la alquimia, aunque más adelante quemó sus escritos de esta arte. Fué corto de vista, de ingenio vivo, agudo y pronto y no releía sus obras. Llevóle su fama á la corte de don Pedro III de Aragón, el cual, en 1285, "por los muchos servicios que había recibido y esperaba recibir de su amado Físico", le regaló el castillo de Ollers, cerca de Tarragona, y el mismo año le tomó por testigo de su último codicilo. Don Jaime II también le protegió, y no menos su hermano don Fadrique ó Federico, rey de Sicilia, y le llenaron de mercedes. En 1302 don Jaime cedió "á su venerable y amado consejero" la gabela de la sal de Burriana y plena licencia para donar ó legar "á iglesias y lugares religiosos" las casas, censos, honores y posesiones que tenía en el reino de Valencia. En 1299 fué de embajador á Francia, llamándole don Jaime "su consejero y familiar", "físico, canciller y familiar nuestro". Redactó para el reino de Sicilia, por encargo de Federico, unas Constituciones, autorizadas en 1310 por el Rey como leyes. Murió antes de 1312. En 1316 fueron condenadas algunas proposiciones teológicas suyas. Sus obras se publicaron en Lyon, 1504; París, 1509; Venecia, 1514; Lyon, 1520, 1532; Basilea, 1585. Escribió con sentido herético el Comentario del Apocalipsis, el De adventu Antichristi, etc. Son en la de Basilea: En el tomo I, de medicina: Speculum introductionum medicinalium. Aphorismi. De parte operativa. De humido radicali. De conceptione. De simplicibus. Antidotarium. De phlebotomia. De dotibus theriacalibus. Liber aphorismorum. De vinis. De aquis medicinalibus. De conferentibus et nocentibus principalibus membris nostri corporis. De ligaturis. Expositiones visionum quae fiunt in somnis. De regimine sanitatis. Regimen sanitatis. De regimine castra sequentium. De conservanda iuventute et retardanda senectute. De bonitate memoriae. De coitu. Considerationes operis medicinae. Medicationis parabolae. Tabulae quae medicum informant. Breviarium practicae. Practica summaria. De cautelis medicorum. De modo praeparandi cibos et potus infirmorum. Compendium regimenti acutorum. Regulae generales de febribus. Regimen sive consilium quartanae. Consilium sive curatio febris hecticae. Consilium sive regimen podagrae. De sterilitate. De signis leprosorum. De amore heroico. Remedia contra maleficia. De venenis. De arte cognoscendi venena. Contra calculum. Regimen... contra catharrum. De tremore cordis. De epilepsia. De esu carnium. Recepta electuari mirabilis. De ornatu mulierum. De decoratione. Commentum super regimen Salernitanum, etc. En el tomo II. de química: Thesaurus thesaurorum. Novum lumen. Sigilla duodecim pro totidem coelestibus signis. Magisterium et gaudium. Epistola super Alchimiam. Capitula Astrologiae. Flos florum. Atribúyensele otras varias obras, que pueden verse en Nicolás Antonio.
=217.= En el siglo XIII SAN ANTONIO DE PADUA interpretó místicamente y manifestó las concordancias morales de la Sagrada Escritura. El neófito Fray PABLO CHRISTIÁ tuvo controversias con Rabí Moseh Najman, de Gerona, y otros doctores judíos en tiempo de don Jaime el Conquistador. Se hicieron en este siglo las primeras traducciones castellana y catalana de la Biblia. FRAY PONCIO CARBONELL escribió una inmensa Catena ó colección de sentencias de expositores sagrados. El converso ALFONSO DE VALLADOLID (Rabí Abner de Burgos) empleó por primera vez en las controversias bíblicas el castellano, escribiendo el Monstrador de Justicia, el Libro de las tres gracias y el de las Batallas de Dios. FRAY RAMÓN DE LA PUENTE, dominico, natural de Fraga, obispo de Valencia desde 1283, escribió De sacramentis. FRAY MIGUEL DE FRAGA, dominico, De donationibus factis coenobio Praedicatorum Valentiae. En Teología fueron célebres, además del Pugio fidei, el Planeta, obra enciclopédica de DIEGO DE CAMPOS.
SAN PEDRO PASCUAL, obispo de Jaén, en los últimos días del siglo XIII, durante su cautiverio en Granada, escribió Libro contra las fadas et ventura et horas minguadas et signos et planetas. De la historia de Mahomat... y de su secta de los Moros y como se prueva que no es verdadera. De la encarnación de Jesu Christo. De la nacencia de J. C. De cómo adoraron los tres Reyes Magos á N. S. Glossa al Pater noster. Libro en que se prueva que Dios es Trinidad. Explicación de los diez mandamientos. Explicación del Credo. Ms. en dos vols., de Argote de Molina, hoy de El Escorial (Nic. Antonio).
=218.= Entre los primeros escolásticos españoles hay que poner á PEDRO HISPANO, después Juan XXII, que compuso las Sumulas logicales, obra popular en los estudios que aun en el siglo XVI halló comentadores como Esbarroya, Ciruelo, Mercado y Alonso de Vera-Cruz, y fué autor de los bárbaros versos de los modos y figuras del silogismo.
=219.= El filósofo árabe murciano ΑBEN-SABIN respondió á las preguntas filosóficas del emperador Federico II. Las persecuciones de los almohades mataron entre los árabes la Filosofía, la cual pasó á los judíos. El judío SEM-TOB-FALAGUERA tradujo á Avicebrón de arábigo en hebreo, y comentó á Maimónides: Diálogo entre un teólogo y un filósofo sobre la concordia entre la religión y la filosofía. Guía de las ciencias ó principios de la Sabiduría. Tratado del Alma. Apología de Maimónides, etc.
=220.= Intérpretes del Derecho romano fueron el M. JÁCOME RUIZ ó JACOBO DE LAS LEYES, que escribió Flores de las leyes ó Suma legal y el Doctrinal de los pleitos; el M. FERRANDO MARTÍNEZ, MAESTRE ROLDÁN, Las Partidas; BERNARDO COMPOSTELLANO, Apostillae in Codicem et Digestum. Scholia in secundam collectionem Decretalium. Collectio Decretalium ó Compilatio Romana. Lectura Aurea super primum librum Decretalium. Breviarium iuris canonici. Casus super Decretales libri V. Apparatus in Decretales. Summa quaestionum ex Decretalibus. Notabilia novae compilationis Decretalium. JUAN DE DIOS escribió: Cavillationes seu doctrina advocatorum partium et assessorum. Apparatus Decretorum. Breviarium Decretorum. Liber Dispensationum. Summa sub certis casibus Decretalium. Liber iudicum, etc. VICENTE HISPANO: Apparatus super quinque libros Decretalium Gregorii IX. Casus Decretalium, etc. SAN RAIMUNDO DE PEÑAFORT, autor de la compilación de las Decretales, mandada hacer por Gregorio IX: Compilationes Decretalium Gregorii IX. Summa Raymundina. Dubitabilia cum responsionibus. De duello et bello. JUAN GARCÍA, autor del Super Decretalibus libri quinque, fué el primer profesor que tuvo sueldo fijo en Bolonia. D. VITAL DE CANELLAS, obispo de Huesca, autor de la compilación legal, hecha en tiempo de D. Jaime el Conquistador, del Derecho aragonés (1246), la ilustró con glosa: Ad Foros Aragonum Regni Commentaria. El mismo D. JAIME escribió el Libre de la Saviesa. El Maestre PEDRO GÓMEZ BARROSO: Libro de los Conseios et Conseieros de los Príncipes para su buen gobierno.
=221.= La obra filológica de mayor importancia fué en el siglo XIII el Vocabulario Arábigo-Latino, el primero que se conoce, de FRAY RAMÓN MARTÍ (1230?-1286?), dominico, natural de Subirats, en Cataluña, gran teólogo, filósofo, escriturario y filólogo. El Vocabulario ha sido publicado por Sciapparelli, 1871. Fué además autor de la famosa apología contra moros y judíos llamada Pugio fidei, que se publicó en París, 1631.
RAMÓN VIDAL DE BESALÚ escribió Reglas ó dreita maniera de trobar.
=222.= MOHAMAD ABEN-QUICH compuso el Lapidario, libro que va unido á los Lapidarios, de Rabí Jehudah Mosca-ha-Qaton y, como ellos, fué mandado traducir por Alfonso X. Este Rabí tradujo del árabe desde 1241 á 1250, por orden del mismo Rey, con el clérigo Garci Pérez, los tres Lapidarios, de Abolays. Otro Lapidario hay al fin del Poridat de Poridades, que se atribuía á Aristóteles. ABU MOHAMED ABDALLAH-BEN-AHMED ó ABEN-EL-BEITHAR, de Málaga, compuso la Gran Colección de medicamentos y alimentos simples (Almofridat), la mejor obra de botánica y materia médica de la Edad Media.
=223.= En Medicina fué notable ABEN ALJHATIB, que escribió De la peste. Cuestiones de Medicina. De la confección de la triaca. Tratado de Medicina. De la generación del feto. De los medios de conservar la salud. Poema sobre la medicina. Poema sobre los alimentos.
De un judío es el Libro de Isaaque, en castellano, sobre las fiebres, incluso las intermitentes. Un médico toledano anónimo, probablemente judío, escribió uno de los primeros tratados de Topografía médica, vulgarmente conocido por Medicina Castellana Regia; floreció en tiempo de Fernando IV de Castilla.
ÉPOCA DIDÁCTICA (SIGLO XIV)
=224.= Resumen histórico. Reyes de Castilla y de León: Fernando IV el Emplazado (1295-1312). Alfonso XI _el del Salado_ (1311-1350). Pedro I el Cruel (1350-1369). Casa de Trastamara: Enrique II el de las Mercedes (1369-1379). Juan I (1379-1390). Enrique III el Doliente (1390-1407). Los Benimerines vencidos en el Salado (1340). Cisma de Occidente (1378-1417). Fundación del Colegio de San Clemente de Bolonia por el cardenal don Gil de Albornoz (1364).
Literatura francesa. Cronistas, Joinville (1224-1319) y Froissart (1337-1410); poetas, Guillaume de Lorris († 1260) y Jean de Meung († 1305); dramáticos y líricos, Adam de Le Halle († 1286), Ruteboeuf (contemporáneo de Luis y Philippe le Hardi), Eustache Deschamps († 1407).
Literatura provenzal: G. Molinier (hacia 1350), Flors del gay saber ó Leys d'Amors.
Literatura italiana: Petrarca (1304-1374), Rime, Trionfi y obras latinas; Boccaccio (1313-1375), Decamerón, Filocolo, Filostrato, La Fiammetta, Il Ninfale Fiesolano, Ameto, L'amorosa Visione; Francisco de Barberino (1264-1348), I documenti d'Amore, Del reggimento e costumi di donne; Sacchetti (1335-1400); el historiador Villani († 1348), Santa Catalina de Sena (1347-1380), Cartas; Salutati, humanista.
=225.= Tres grandes escritores llenan el siglo XIV: don Juan Manuel, cuentista moralizador; el Arcipreste de Hita, poeta de los grandes del mundo; Pero López de Ayala, nuestro historiador más antiguo. El espíritu de los tres es didáctico y de moralista, no menos que el de Sem Tob, el único poeta de segundo orden, y el de los grandes prelados y demás escritores eclesiásticos de este siglo. Al cual podemos llamar, por consiguiente, Época didáctica, aunque el Arcipreste de Hita, proponiéndose enseñar, además de hacerlo como nadie, narrando apólogos, se levante como vate extraordinario y parezca y sea de hecho un lírico y un dramático de los mayores que ha habido en España.
El lenguaje castellano erudito, el único que de esta época conocemos, se hace más castizo y menos latino en estos autores, cobrando matices y bríos, sobre todo en manos del Arcipreste, merced á su ingenio popular, que le lleva á sacar del habla del vulgo otra más nueva y rica sátira, de la que Berceo y los otros escritores del mester de clerezia sacaban de los libros latino-eclesiásticos. El caudal léxico se enriquece, hácese más doblegadiza y blanda la construcción y el engarce de las frases, prefiérense los vocablos populares á los latino-eruditos y el habla, en suma, toma mayor color y fuerza.
=226.= La Vida de San Ildefonso debió de escribirse á poco de haberse instituido la fiesta del santo en el Concilio de Peñafiel, en mayo de 1302. En sus 1034 alejandrinos procura el autor, beneficiado de Úbeda, imitar la sencillez y unción de Berceo; pero no lo consigue por no tener sentimientos ni orejas de poeta.
=227.= Al final de la Vida declara el autor haber puesto en metro la historia de la Magdalena, cuando era beneficiado de Úbeda. El manuscrito es abominable y del siglo pasado, de donde la publicó por primera vez Janer (1864); el códice original, que estaba en San Martín de Madrid en tiempo de Sánchez, no se sabe dónde para. Ed. Bibl. de Aut. Esp., t. LVII. Consúltense: A. Restori, Alcuni appunti su la Chiesa di Toledo nel secolo XIII, en Atti della Reale Academia delle Scienze di Torino, 1893, t. XXVIII, págs. 54-68.
=228.= Pertenece al mester de clerezia el principal de los monumentos aljamiados, esto es, escritos en romance con letras arábigas ó hebraicas, compuestos por mudéjares, moriscos y judíos, la Historia de Yuçuf ó Poema de José, Hadiç de Yuçuf, que hizo algún mahometano, sacando el asunto, no de la Biblia, sino de la duodécima sura ó capítulo del Corán, con añadiduras tradicionales entre moros y judíos. Escrita para musulmanes esta historia del hijo de Jacob, nada tiene del arábigo más que la invocación á Allah. En ella el principal papel lo hace la infiel esposa de Putifar, llamada aquí Zuleika ó Zalija. Está en la cuaderna vía y se lee con gusto por su apacibilidad.
=229.= Alfonso el Sabio insertó este asunto en su Grande e General Estoria y fué varias veces contado en prosa castellana por nuestros moriscos, como puede verse en un libro publicado recientemente por Guillén Robles. El Yuçuf se conserva en dos manuscritos muy defectuosos, el más antiguo de los cuales y el menos castellanizado permite afirmar que el autor fué algún morisco aragonés de fines del siglo XIII ó principios del XIV. Transcribiólo en letra vulgar Pascual Gayangos, y se lo dió á Ticknor para que lo insertase en los apéndices al tomo III de su History of Spanisch Literature, de donde lo han copiado los demás. Se ha publicado después el texto en letra arábiga. El Poema de José, ed. H. Morf, Leipzig, 1883; M. Schmitz, Ueber das altspanische Poema de José, en Romanische Forschungen, 1901, t. XI, págs. 315-411 y 623-627; Bibl. Aut. Esp., t. LVII (estas ediciones reproducen el Ms. de la Bibl. Nacional de Madrid, la primera en letra arábiga, las otras dos en letra latina), Poema de Yúçuf, ed. R. Menéndez Pidal, en Revista de Archivos, 1902, t. VII, págs. 91-129, 276-309, 347-362 (reproducción del Ms. de la Academia de la Historia de Madrid, en letra arábiga y latina). Consúltense: J. Saraoīhandy, Remarques sur le Poème de Yuçuf, en Bulletin hispanique, 1904, t. VI, págs. 182-193; J. D. M. Ford, The old Spanisch Sibilants, en Studies and Notes in Philology and Literature, Harvard University, 1900, t. VII, págs. 153-159; Μ. Grünbaum, Gesammelte Aufsätze sur Sprach-und Sagenkunde, Berlín, 1901, páginas 548-551, 563-593.
=230.= Sobre los aljamiados, etc.: Francisco Codera y Zaidin, Almacén de un librero morisco descubierto en Almonacid de la Sierra, en el Boletín de la R. Academia de la Historia, 1884, t. V, págs. 269-276; Pablo Gil, Los manuscritos aljamiados en mi colección, en el Homenaje á Codera, Zaragoza, 1904, págs. 537-549; Pablo Gil, Julián Ribera y Manuel Sánchez, Textos aljamiados, Zaragoza, 1888; Francisco Guillén Robles, Leyendas moriscas, Madrid, 1885-1886, 3 vols.; íd., Leyendas de José, hijo de Jacob y de Alejandro Magno, Zaragoza, 1888, Bibliot. de Escritores Aragoneses, t. V; Marcus Joseph Müller, Morisco Gedichte, en el Sitzungsberichte der Königl. bayer. Akademie der Wissenschaften zu München, 1860, Heft I, págs. 201-253; Eduardo Saavedra, Discurso sobre la literatura aljamiada, 1878, en las Memorias de la Real Academia Española, 1889, t. VI, págs. 140-192 y 237-328.
=231.= En 1305 escribió en Monpesier BERNARDO GORDONIO el Libro de medecina. Las tablas de los ingenios. _El Regimiento de las agudas._ _El tractado de los niños con el regimiento del ama._ Las pronósticas. Imprimiéronse en Toledo, 1513; Madrid, 1697.
En 1305 celebró Fernando IV Cortes en Medina del Campo, cuyo texto se conserva, así como el de las de Valladolid, 1307.
Recordemos que en 1309 MOISÉS-BEN-SHEM-TOB, de León, dió á conocer el famoso libro llamado Zohar, en siro-arameo, y parece haberse compuesto en el siglo I.
FRAY PEDRO PERPIÑANO DE RIU, carmelita, escribió por aquel tiempo Super Sententiarum libri IV. Quaestiones Sententiarum libri II. In Psalmos. Sermones varios.
DON GONZALO DE HINOJOSA († 1319) obispo de Burgos desde 1313, escribió Abbreviatio historiarum Regum omnium Christianorum.
FRAY ARNALDO DE ROSIGNOL, valentino, mercedario, escribió hacia 1314 un Comentario al cap. Nunquam y De consecratione.
Hacia 1320 floreció el Doctor DULCÍFLUO ANTONIO ANDRÉS, teólogo escolástico, discípulo de Escoto, franciscano aragonés, escribió Commentarii in artem veterem Aristotelis. In libros sex principiorum Gilberti Porretani. In libros Peri-hermenias Aristotelis. In librum divisionum Boethii. In octo libros physicorum. In XII libros metaphysicae. In quatuor libros Sententiarum.
Hacia 1322 floreció FRAY MIGUEL CARMELL, mercedario aragonés, que escribió In Canticum Canticorum.
D. XIMEN PÉREZ DE SALANOVA, Justicia de Aragón, dicen escribió un tomo de Observantiae; vivió hasta 1330. JAYME HOSPITAL (hacia 1349), Observantiae. Otros comentadores de las leyes aragonesas: JUAN PEDRO DE PATOS, PEDRO LANAJA, MARTÍN DE PERTUSA, JUAN ANTICH BAGES, JUAN DEL RÍO, MARTÍN DE LARRAGA, etc.
El M. PEDRO COMPOSTELANO escribió, hacia 1325, De Consolatione Rationis, parte en verso. FRAY GUILLERMO RUBIO, franciscano aragonés, escribió In quatuor libros Sententiarum.
=232.= El príncipe DON JUAN MANUEL (1282-1348) debe ponerse antes del Arcipreste de Hita, por pertenecer más de lleno á la escuela didáctica y del apólogo, tanto, que es el principal de ella. Nació en Escalona, del infante don Manuel, postrer hijo de San Fernando, y de doña Beatriz de Saboya, hija de Amedeo IV, conde soberano de dicho Estado. Perdió á su padre á los veinte meses, quedando bajo la dirección de su madre, que le dió por mayordomo á Juan Sánchez de Ayala, y por ayos á Gómez Fernández de Orozco y á Alfonso García. Túvole en su casa y cuidó de él don Sancho IV, acrecentando su herencia, con la cual labró el Príncipe su castillo de Peñafiel, su preferida morada, fundando allí mismo un monasterio de dominicos. En 1294, de doce años no cumplidos, entró en tierra de Vera como Adelantado del reino de Murcia, venciendo á los moros granadinos; peleó luego con aragoneses y navarros, que, en paz ajustada en 1289 con los de la Cerda, tomaban villas y castillos en Murcia y Alicante. Antes de los veinte negoció hábilmente, en nombre de la reina doña María de Molina y de su hijo don Fernando, con don Jaime II, logrando en premio la mano de la infanta aragonesa doña Constanza, hija de don Jaime, para dentro de ocho años, por ser muy niña todavía. Su mediación con los Infantes de la Cerda le valió el señorío de Villena. Pero su ambición le lleva á asociarse con el infante don Felipe contra don Juan el Tuerto por la tutoría de don Alfonso XI, y luego se alía con el segundo contra el primero y hasta se declara contra el Rey, la Regente y sus cortesanos, declarándolos reos de muerte. Gracias que el Rey le ganó para sí pidiéndole la mano de su hija doña Constanza, á quien hizo Reina, dándole en cambio castillos y alcázares y el título de Adelantado Mayor de la frontera y del reino de Murcia, con lo cual, satisfecho, entró en el reino de Granada, venciendo á Osmín á orillas del Guadalhorce. Otra vez se levantó contra Alfonso XI, y ésta aliándose con los mismos moros vencidos, añadiendo la "despedida, del Rey", y "desnaturamiento" del reino, usando del "fuero de la tierra". Motivo, el haber encerrado el Rey á su esposa, hija de don Juan Manuel, en el castillo de Toro. En esto murió su mujer, doña Constanza de Aragón, año de 1327. Alióse con doña Juana Núñez de Lara, viuda de don Fernando de la Cerda, y ajustó las bodas de los dos hijos de ésta, tomando él la mano de doña Blanca y ofreciendo á don Juan Núñez, alférez mayor del Reino, la de doña María, hija de don Juan el Tuerto. Luego buscó amistades en Portugal, ofreciendo al infante don Pedro la mano de su hija, la que fuera Reina de Castilla, y fué aceptada. Solicitó, además, y logró el apoyo del rey de Granada Mohammad III y, en fin, metió cizaña entre los privados del Rey, atrayéndose algunos á su bando. Con esto pudo luchar con su sobrino don Alfonso XI, turbando la tierra, hasta tener que humillársele el Rey en 1328, rogándole se le juntase contra los moros, ofreciéndole la libertad de su hija. Aceptado, vuélvese el Príncipe contra los granadinos, venciéndolos en todas partes. Vuelto á Castilla, arremete de nuevo contra el Rey, hace treguas con el moro, desbaratando los planes de don Alfonso. Cansado éste, en 1331, de tío tan tornadizo y revolvedor, dicen le convidó á comer á Villahumbrales, con don Juan Núñez, con propósito de deshacerse de él, como lo hizo con don Juan el Tuerto; pero esquiva el peligro, y más sañudo, hace alianza con don Pedro IV de Aragón. Quiere don Alfonso arrebatarle su hija doña Constanza para impedir la boda con el de Portugal y le sitia en Garci-Muñoz, de donde escapa en 1336 y se "desnatura" otra vez. Así anduvo dos años más, revolviendo en bandos á Castilla, hasta que, mediando su suegra doña Juana Núñez, tuvo por bien allegarse al Rey por centésima vez, ayudándole ésta contra los moros africanos y granadinos y muriendo en paz con todos en 1349, después de asistir á las Cortes de Alcalá mismo, y en agosto ya su hijo don Fernando se halla en el cerco de Gibraltar como señor de Villena. Concurrió don Juan Manuel á la batalla del Salado y á la toma de Algeciras, como uno de los más valientes guerreros de su tiempo. Pocos como él supieron tan gallardamente menear á la vez la pluma y la espada. Pero lo que pasma es ver á un varón tan bullicioso y revolvedor, de tan desapoderada ambición, de entrañas tan vengativas, de altanería tanta, que parecía cebarse en luchas perpetuas con el Rey, con los de su propia casa, con los que el día anterior fueron sus amigos, ponerse á escribir con la serenidad y sosiego de un sabio, que no sabe dejar su rincón ni desnudarse el casero brial. ¿Quién dijera, al leer sus graves escritos, sus patriarcales consejos, sus severas sentencias, que el mismo día de asentar tan apesadumbradamente la pluma en el pergamino le había de volver á ver entre sus mesnadas desnudo el acero en la diestra, encarnizados los ojos de cólera contra su real sobrino ó firmando tan frescamente alianza con el moro enemigo de España ó desnaturalizándose de su patria como un forajido? He aquí un caso en que la vida y carácter de un escritor no solamente no concuerdan y aclaran sus escritos, sino que los contradicen de todo en todo. Este guerrero, este vengativo, este hombre de violentísimas pasiones y desgarrado proceder, escribe con la gravedad de Séneca y la candidez de un niño inocente.
Las obras de don Juan Manuel son: 1. Tractado que fizo don Juan Manuel sobre las armas... (publicado). 2. Libro de los Castigos et Consejos ó Infinido (publicado). 3. Libro de los Estados ó del Infante ó de las Leyes (publicado). 4. Libro del Caballero et del Escudero (publicado). 5. Libro de la Caballería (inédito). 6. Crónica Abreviada (inédito). 7. Crónica complida (inédito). 8. Libro de los Engennos (inédito). 9. Libro de la Caza (publicado). 10. Libro de las Cantigas ó Cantares (inédito). 11. Reglas cómo se debe trovar (inédito). 12. Libro de los Sabios (inédito). 13. Libro del Conde ó Libro de Patronio ó Libro de los Enxiemplos ó El Conde Lucanor (publicado). 14. Tractado en que se prueba por razon que Santa Maria está en cuerpo et alma en Paraiso (publicado). Su mismo autor preparó el texto de sus obras antes de 1335 y lo depositó en el monasterio de dominicos de Peñafiel, pero el tal texto desapareció. No poseemos el Libro de la Caballería, hecho hacia 1320-1322 á imitación del Libre del orde de Cauayleria, de Raimundo Lulio; ni el Libro de los Engennos ó de máquinas bélicas; ni las Reglas cómo se debe trovar; ni el Libro de los Cantares, escritos los tres antes de 1329; ni el Libro de los Sabios, que poco más ó menos fué compuesto por el mismo tiempo. El de los Cantares lo tuvo Argote de Molina (1549?-1597) y quiso imprimirlo después de editar el del Conde Lucanor, donde hay cuartetas de cuatro, ocho, once, doce y catorce sílabas y redondillas octosilábicas. La Crónica Abreviada (entre 1320 y 1324) lo es de la General, de su tío Alfonso X. Perdióse la Crónica complida y acaso está resumida en el Chronicon domini Johannis Emmanuelis. El Libro de la Caza se compuso hacia 1325-1326, y en el c. 8 se habla de dos halcones llamados Lançarote y Galván, lo que muestra que ya se conocían las novelas del ciclo bretón. El Libro del Caballero et del Escudero es imitación libre del Libro del orde de Cauayleria de Raimundo Lulio. La primera parte del Libro de los Estados está fechada en 22 de mayo de 1330 y es obra didáctica alegórica en 150 capítulos. El Libro de los castigos ó Infinido (no acabado) es una colección de consejos á su hijo don Fernando, hecha hacia 1334; en el c. 26 escribe para el monje Juan Alfonso Las maneras de amor, sobre la amistad. De la misma época es el Libro de las armas, de los blasones y privilegios de su linaje.
El Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio, en cuatro partes, la más importante es la primera, en 51 capítulos; la última lleva la fecha de 12 de junio de 1335. Debió de escribirse entre 1328 y 1335, antes del Decamerón, de Boccaccio, que se compuso entre 1348 y 1353. Ambas obras remedaron las Mil y una noches, haciendo don Juan Manuel en su libro de califa con nombre de Conde Lucanor y Patronio de Scheherazada. Son todos ejemplos ó apólogos con su moraleja al fin, en versos que resumen la prosa del capítulo. Es la mejor obra de don Juan Manuel, y en ella se muestra buen cuentista y narrador, conciso y á la vez pintoresco, en hacer resaltar pormenores, hábil en planear y desenvolver con gracia el caso, realista en aplicarlo á las costumbres y gente de su tiempo y muy moral y severo en fondo y forma.
=233.= Advertencia al Libro de Patronio: "Et los libros que él ha fecho fasta aquí son éstos: la Coronica abreviada, el Libro de los Sabios, el Libro de la Caballería, el Libro del Infante, el Libro del Caballero et del Escudero, el Libro del Conde, el Libro de la Caza, el Libro de los Engennos, el Libro de los Cantares. Et estos libros están en el monasterio de los fraires predicadores que él fizo en Peñafiel". Equivocando las últimas palabras, Pascual Gayangos hizo un Libro de los fraires predicadores, de un capítulo del Libro de los Estados. Argote de Molina dividió en dos el Libro del Caballero et del Escudero. El mismo Gayangos hizo otro libro titulado De las maneras del Amor, del final del Libro de los Castigos et Consejos; pero no es más que su final, como allí dice el mismo autor: "et asi lo porné en este libro". En el prólogo que puso don Juan Manuel á sus obras: "Todos los libros que yo fasta aqui he fecho son doce: el primero tracta de la razon por qué fueron dadas al infante don Manuel, mio padre, estas armas, que son alas et leones, et por qué yo et mio fijo legitimo heredero et los herederos del mi linaje podemos facer caballeros, non lo seyendo nos, et de la fabla que fizo conmigo el rey don Sancho en Madrid ante su muerte (Tractado que fiso don Juan Manuel sobre las armas que fueron dadas á su padre el infante don Manuel, et por qué él et sus descendientes pudiesen facer caballeros non lo siendo, et de cómo pasó la fabla que con el rey don Sancho ovo ante que finase)[21]. Et el otro de Castigos et Consejos, que dó á mi fijo don Fernando, et son todas cosas que yo probé. El otro libro es de los Estados. Et el otro es el Libro del Caballero et del Escudero. Et el otro Libro de la Caballeria, et el otro de la Cronica Abreviada, et el otro de la Cronica Complida. El otro el Libro de los Engennos, et el otro el Libro de la Caza, et el otro el de las Reglas como se debe trovar". Aunque antes dijo que eran doce sus libros, no hizo relación más que de once, y aquí olvida dos de los allí apuntados.
De esto resulta que son trece los libros que él nombra; el catorce de la lista lo publicó Gayangos, y Amador de los Ríos le da el título de "Libro sobre la Fe, intitulado ó Fray Remon de Masquefa, que tal vez sea el omitido por el copiante al transferir el prólogo general de todas las obras" (Hist. crít. de la Liter. Esp., 1863, t. IV, pág. 234). Argote de Molina publicó el Conde Lucanor en Sevilla, 1575, del cual se han hecho otras ediciones: Madrid, 1642; Stuttgart, 1840; Barcelona, 1853. Pero la mejor es la de Knust, Leipzig, 1900, sacada del mejor códice (Bibl. Nac., 6.376, antes S-34); la de Krapf, Vigo, 1902, reproduce el códice del Conde de Puñonrostro, hoy de la Academia Española, sin las adiciones de los otros, aunque sólo tiene la primera parte. Los códices son, además de los dos citados, otro de la Nacional (4.236, antes M-100), el de Gayangos, hoy en la Nacional (1.190), y el de la Academia de la Historia (Est. 27, gr. 3, E-78). Gayangos dió á luz los números 4, 1, 2, 3, 13, 14. José Gutiérrez de la Vega publicó el Libro de la Caza, Bibl. Venatoria, Madrid, 1879.
=234.= Leyendo á don Juan Manuel echamos menos lo que después hallamos en la prosa artística del Renacimiento, ese buscar de palabras, frases y metáforas, que condensen más ceñidamente el pensamiento, hagan resaltar un toque, varíen el estilo, ya con mayor atropello, ya con espacioso sosiego, pinten las cosas, distingan colores y sentimientos. Los primeros renacentistas del siglo XV, como Santillana y el de Villena, buscan por otro camino la novedad y la redondez de las lenguas clásicas por medio del hipérbaton, desaforado las más veces, por el uso de latinismos que desvirtúan el lenguaje. En don Juan Manuel no hay la menor huella ni de lo uno ni de lo otro. Escribe con una sencillez de niño que ignora los secretos del arte, no ha caído todavía en la cuenta de que pueda escribirse de otra manera. Estamos en la niñez de la prosa castellana. Véase, por ejemplo, cómo en el Libro de la Caza menudea la conjunción et, cómo corta cada frase de por sí, sin cuidarse de engarzarlas en un todo más armónico. En esto le ganó su abuelo Alfonso X, el cual gasta un ropaje más rozagante para envolver sus reales leyes, un estilo como imperial y cesáreo, y en la Crónica mayor particularidad en los pormenores y en toques de color, que ofrecen escenas tan menudas y sentidas como las de Mio Cid. Don Juan Manuel desconoce la manera de dar color y amplitud á su decir, deja correr la pluma con una sencillez paradisíaca. Acaso se acomode más esta cualidad á los asuntos que trata, al apólogo y á los consejos que da un tan elevado magnate á su hijo y á sus súbditos. Porque esa sencillez y no buscada naturalidad nada tienen de bajo y de arrastrado; antes una señoril elevación y una dignidad ahidalgada mantienen siempre en su punto la llaneza del estilo.
[Ilustración: Crónica de Don Jaime el Conquistador. (Siglo XIV, Códice de Poblet, Biblioteca de San Juan).]
No alardea don Juan Manuel, que bien pudiera, de erudiciones empalagosas, como los autores renacentistas. Su erudición está en los consejos, sentencias y cuentos, á la manera oriental eslabonados, que parecen se traen de la mano unos á otros, sin extremar el enchufado, como en las Mil y una noches acontece. En el lenguaje no faltan voces propias y particulares, mayormente en el Libro de la Caza, aunque no sea tan rico como el del Arcipreste de Hita, que por allegarse más al pueblo y ser tan soberano poeta y juglar de castiza cepa, gana en riqueza de vocabulario á todos los autores de la Edad Media. Tampoco tiene su gracejo, su alegría, y menos su ironía socarrona el príncipe don Juan Manuel, el cual nunca desciende de su gravedad principesca ni se mezcla con la gente villana de plazas y encrucijadas.
=235.= El infante Juan Manuel, Obras, ed. P. de Gayangos, Bibl. de Aut. Esp., t. LI; Libro de las tres razones, ed. A. Benavides, en Memorias de don Fernando IV de Castilla, Madrid, 1860, t. I, págs. 352-362; Libro de los Estados, ó del Infante, ed. A. Benavides, Memorias de don Fernando IV de Castilla, Madrid, 1860, t. I, págs. 444-599; El Conde Lucanor, ed. H. Knust [y A. Birch-Hirschfeld], Leipzig, 1900; El Conde Lucanor, ed. E. Krapf, Vigo, 1898; El Conde Lucanor, ed. E. Krapf, Vigo, 1902; Libro de la Caza, ed. J. Gutiérrez de la Vega, en Biblioteca venatoria, Madrid, 1877, t. III; Libro de la Caza, ed. G. Baist, Halle, 1880; El Libro del Cauallero y del Escudero, ed. S. Gräfenberg, en Romanische Forschungen, Erlangen, 1893, t. VII, págs. 427-550; La Cronica complida, ed. G. Baist, en Romanische Forschungen, Erlangen, 1893, t. VII, págs. 551-556. Consúltense: G. Baist, Alter und Textüberlieferung der Schriften don Juan Manuels, Halle, 1880; R. Menéndez Pidal [recensión de las obras publicadas por los señores Gräfenberg y Baist, en Romanische Forschungen, t. VII], en Revista Crítica, etc., Madrid, 1896, t. I, págs. 111-115; Sra. de Menéndez Pidal, en Romania (1900), t. XXIX, págs. 600-602; F. Dönne, Syntaktische Bemerkung zu don Juan Manuels Schriften, Jena, 1891; F. Hanssen, Notas á la versificación de Juan Manuel, en Anales de la Universidad de Chile (1901), t. CIX, págs. 539-563; A. Giménez Soler, Un autógrafo de don Juan Manuel, en Revue hispanique (1906), t. XIV, págs. 606-607; A. Giménez Soler, Don Juan Manuel (en publicación).
=236.= FRAY GUIDO DE TERRENA († 1342), natural de Perpiñán, general de los carmelitas desde 1318, escribió Super octo libros physicorum Aristotelis. In libros de anima. In XII libros metaphysicae. Quodlibetorum liber I. Quaestionum liber I. Super IV libros Sententiarum. De perfectione vitae. Concordia Evangeliorum. Expositio in tria cantica. De haeresibus. Correctio Decretorum. De vita et moribus Christi, etc.
FRAY JUAN DE CLARAVÓ, catalán, carmelita y obispo de Cerdeña desde 1327, escribió Commentariorum in libros Sententiarum libri IV. Lecturae. Sermones.
ÁLVARO PELAGIO (Peláez, Páez ó Payo), franciscano y escotista, obispo de Silves, escribió en 1330 De planctu Ecclesiae. Apologia pro Ioanne XXII adversus Guillelmum Ockam. Speculum Regum. Collyrium fidei contra hacreses. Summa Theologiae.
Hasta 1336 vivió el M. ALFONSO converso de VALLADOLID, antes Rabbi Abner, que trasladó de hebreo en romance, por mandado de la infanta doña Blanca, señora del monasterio de las Huelgas, de Burgos, el Libro de las batallas de Dios, que había escrito primero en hebreo (núm. 217).
=237.= Año 1343. El Libro de buen Amor, del Arcipreste de Hita, acabado de escribir el año 1343, es el libro más valiente que se ha escrito en lengua castellana. Nuestra literatura ofrece tres cimas, que se yerguen hasta las estrellas y sobresalen entre las obras más excelsas del ingenio humano. El Quijote en el género novelesco, La Celestina en el dramático, El Libro de Buen Amor en el satírico, en el lírico, en el dramático, en todos los géneros, porque todos los confunde la reventazón creadora de un poeta solitario, que alza su voz poderosa en el silencio de una sociedad medio guerrera y medio bárbara. Pero en reciura de músculos, en volubilidad de meneos, en fuerza de rugiente vida, en desenfadada sinceridad y abertura de pecho, el Arcipreste de Hita se adelanta á todos los artistas del mundo. Este hombre es el gigantazo aquel, llamado Polifemo, que nos pintó Homero, metido á escritor. Los sillares con que levanta su obra son vivos peñascos, arrancados de la cumbre de las montañas y hacinados sin argamasa ni trabazones convencionales, de las que no pueden prescindir los más celebrados artistas.
"¡Qué lástima--dice benditamente Martínez de la Rosa--que un hombre de tanto ingenio naciese en un siglo tan rudo!". ¡Acaso--digo yo--naciendo en el que nacisteis hubiera sido de vuestra atildada escuela! Porque ¿quién sabe si vuestro ingenio académico, puesto en el siglo XIV, hubiera volado tan sin pihuelas como el del Arcipreste?
Su boca dice todo lo que encierra su pecho, y el pecho de este poeta primitivo es grande como el universo. ¡Una verdad tan sin tapujos que tumba de espaldas al más arrojado! ¡Un realismo tan cimarrón, que ciega y acobarda al más atrevido! Tan grande, tan colosal es el Arcipreste de Hita, que sobrepujando á toda previsión y escapándose de toda medida, se les ha ido de vuelo á los críticos más avizores y de más firme mirar. El Greco se queda corto en pintura, para lo que en literatura es Juan Ruiz[22]. Su obra, repito, es el libro más valiente que se halla en esta literatura castellana de escritores valientes y desmesurados sobre toda otra literatura.
La obra del Arcipreste es toda suya, personal, originalísima. ¿Que glosó una comedieta latina, que engarzó en su libro fábulas orientales, de todos conocidas entonces, que tomó de la literatura francesa algún fabliau y el tema del combate entre don Carnal y doña Cuaresma? Ésos son materiales en bruto, que el poeta labró, pulió, vivificó con aliento nuevo y no soñado por los autores que tales materiales le ofrecieron.
Levántase el Arcipreste entre dos épocas literarias sin pertenecer á ninguna de las dos, aunque con dejos de la que le precedió: la de los apólogos sentenciosos y últimos vagidos del mester de clerezia, que fué lo que hasta entonces se había escrito, y el renacimiento de torpe y retorcido decir de don Enrique de Villena y del Marqués de Santillana, que vino á poco, seguido de la lírica postiza y desleída de los cortesanos de don Juan el II.
¡Increíble parece que, resonando todavía y retiñendo en lo hondo de los corazones aquel metal de voz de un tan verdadero vate como Juan Ruiz, tuvieran valor de chirriar, no uno, ni una docena de afeminados boquirrubios, sino toda aquella cáfila y enjambre de ahembrados poetillas, cuyas ñoñeces nos conservó Baena en su Cancionero, cerrando la procesión de tan almibarados donceles el por luengos años de más estruendo y más enrevesado y menos delicado y natural poeta que conozco, el famosísimo Juan de Mena!
Pasados los tiempos heroicos de la épica castellana con sus gestas, de las cuales nos ha quedado el más acabado modelo en el cantar de Mio Cid, nació, en los comienzos del siglo XIII, un género de poesía, ni épica ni lírica, que los mismos poetas llamaban mester de clerezia. Clérigos eran, efectivamente, por la mayor parte, porque apenas si la cultura y las letras alcanzaban más que á los clérigos. Fruto de la erudición latino-eclesiástica, por medio de la cual les llegaba por una cierta manera mitológica algo de la antigua historia y de sus héroes, eran aquellos poemas para leídos por monjes y estudiantes de las nacientes universidades; sus voces no llegaban á las mesnadas de guerreros, á las cortes de los reyes ni á las fiestas y regocijos populares. Así era de prosaico y didáctico el tono de aquellas leyendas devotas y poemas de Berceo, del Alixandre, del Libro de Apolonio y otros, á vueltas de cierta candidez y color primitivos, que si no enardece y levanta los pensamientos, agrada, y, sobre todo, contentaba á sus poco leídos lectores y más á sus autores, los cuales despreciaban la verdadera poesía del pueblo, que llamaban mester de juglaria.
Pero la cultura arábiga, fomentada por Alfonso el Sabio, trajo á España el saber grave, diluido en apólogos y sentencias, y de él se alimentó la prosa castellana, llevada á la legislación, á la historia y á la ciencia por el sabio Rey. Á poco, la corriente lírica gallega se derramó por toda la Península, escribiéndose nuestra lírica erudita en aquella dulce lengua, y desaparece el pesado alejandrino, sustituyéndole la riqueza métrica de aquellos cantares cantables y ligeros de la musa, ya erudita, ya popular, venida de Galicia. La sociedad medieval se transformaba á la par de caballeresca en burguesa, y el empuje realista del popular pensar y sentir no pudo menos de llegar á la literatura. Estos cambios se verificaron en el siglo XIV, en que vivió el Arcipreste de Hita. El añejo mester de clerezia se coloreó no poco con estas novedades, y á él pertenecen en el siglo XIV el rabí don San Tob de Carrión y el canciller Pero López de Ayala. No menos pertenece á él nuestro Arcipreste, por la intención moralizadora de su libro y por la doctrina y fábulas orientales de que lo entreveró; pero no menos, antes mucho más, ha de tenerse por poeta popular del mester de juglaria, como él mismo francamente lo proclama, sin desdeñarse por ello (c. 1633):
Señores, hevos servido con poca sabidoria: por vos dar solás á todos, fablévos en juglería.
Con estas palabras, y mucho más con su libro, sus cantares y "cantigas de dança e troteras, para judios e moros e para entendederas, para ciegos y escolares, para gente andariega" (c. 1513, 1514), alzó bandera revolucionaria en el campo de la literatura erudita, injertándole la savia popular, la única que suele y puede engrandecerla. Él fué quien enterró el mester de clerezia, desgarrándose de la tradición latino-eclesiástica; él quien rompió todos los moldes de erudiciones trasnochadas, de ritmos apesadumbrados y de entorpecidos andares; él quien supo aprovechar como nadie en sus apólogos la manera pintoresca y sentenciosa de la literatura oriental, harto mejor que en sus prosas don Juan Manuel, su contemporáneo; él quien dió vida á la sátira moral, harto mejor que el Canciller y el Rabí; él quien llevó á la literatura castellana las cantigas, las villanescas y las serranillas gallegas; él quien zanjó para siempre el realismo de nuestra literatura; él, en una palabra, quien dió vida de un golpe y en un solo libro á la lírica, á la dramática, á la autobiografía picaresca, y, sobre todo, á la sátira en todos sus matices.
El Arcipreste de Hita no puede ser encasillado, como no pueden serlo los pocos altísimos ingenios que se levantan sobre la muchedumbre de los poetas y escritores comunes, por sobresalientes que algunos de ellos sean. Fuélo, sin duda, el infante don Juan Manuel, el único cuya voz puede oirse mientras canta el de Hita; pero entre uno y otro hay un abismo. Porque nuestro Arcipreste, no sólo es el primer poeta de su siglo, sino de toda la Edad Media española, y fuera de España tan sólo el Dante puede con él emparejar.
¿Quién fué este hombre tan extraordinario? Fuera de lo que nos pueda decir su Libro de Buen Amor, no sabemos ni una palabra; y este libro es tan naturalmente artístico y tan irónico y socarrón y en castellano tan viejo y poco conocido escrito, que él y su autor siguen siendo hasta hoy una verdadera quisicosa, un enigma, aun para las personas más doctas. Para Menéndez Pelayo fué el Arcipreste "un clérigo libertino y tabernario"; para Puymaigre, "un librepensador, un enemigo de la Iglesia"; para José Amador de los Ríos, por el contrario, fué "un severo moralista y clérigo ejemplar, que, si es cierto que cuenta de sí propio mil picardías, lo hace para ofrecerse como víctima expiatoria de los pecados de su tiempo, acumulándolos sobre su inocente cabeza" (MENÉNDEZ Y PELAYO, Antología, III, página LXII). Si con tan encontradas opiniones se juzga del hombre, de esperar es que con las mismas se juzgue de su obra, que no ha faltado quien la llamase nada menos que Libro de alcahuetería.
Bien es verdad que todos convienen en tenerle por extraordinario poeta. Pero ¿puede ser poeta tan extraordinario un hombre que va contra el sentir de toda la sociedad cristiana en que vive, como lo supone Puymaigre? Los grandes poetas que conocemos sobresalieron entre sus contemporáneos; pero fueron la voz de toda la sociedad en que vivían, y eso les hizo ser grandes. ¿Puede ser extraordinario poeta un poeta "clérigo, libertino y tabernario; un escolar nocherniego, gran frecuentador de tabernas; un clérigo de vida inhonesta y anticanónica", como dice de él Menéndez y Pelayo? Yo concederé que entre tales hombres pueda darse un poeta; jamás un extraordinario poeta. Los más encumbrados pensamientos y los sentimientos más delicados no andan por las tabernas y lupanares. Si alguien puede creer lo contrario, respeto su opinión; pero me guardo la mía en todo contraria. Si otros creen que un desalmado sin conciencia y sin religión, en un siglo religioso, sobre todo, puede ser poeta excelso, de los de gran talla, de los pocos que se levanten á lo más alto, como yo tengo fué el Arcipreste, tampoco me ofenderé; pero seguiré creyendo que esos altísimos ingenios jamás se dieron sin una honda creencia religiosa en el corazón, fuente la más pura y abundante de la sublime poesía. Pero todo esto es opinar. Lo que en limpio de todo ello se saca es que el valer del Arcipreste y de su libro sigue en balanzas, que el Libro de Buen Amor es todavía un enigma aun para los más doctos y discretos.
Del libro, bien estudiado, se sacan las pocas noticias siguientes, tocantes al extraño personaje de su autor: Llamóse Juan Ruiz (c. 19 y 575). Nació en Alcalá de Henares (c. 326, 1510, 1457). Fué Arcipreste de Hita, villa en la provincia de Guadalajara. Cargo era éste de importancia, como entonces todos los eclesiásticos, y el primero de la villa, puesto que el Arcipreste es cabeza de todos los demás clérigos. Era ya muerto, probablemente, á no ser que hubiera dejado el arciprestazgo, el año 1351, pues en escritura que cita Antonio Sánchez era Arcipreste allí y aquel año un tal Pedro Fernández; todavía parece más probable que hubiese muerto para el año 1348, como deduzco por cierta conjetura de la copla 326. Acabó de componer su libro el año 1343 (c. 1634), siendo ya viejo (c. 1692) y estando preso en Toledo por mandado del Arzobispo de aquella ciudad, don Gil de Albornoz (c. 1671, 1709).
Compuso, por consiguiente, el libro en los últimos años de su vida, preso y lleno de angustias, agraviado é injustamente puesto en prisión, "por causas meramente curiales", dice Menéndez y Pelayo, muy probablemente por falsas delaciones sobre que hablaba contra el Arzobispo, llevadas de parte de los clérigos de Talavera, fuertemente enojados por la sangrienta sátira que contra ellos escribió (c. 1690).
Fué persona leída y entendida en Sagrada Escritura, Derecho civil y canónico, en la erudición latino-eclesiástica de su siglo y en los libros de don Juan Manuel y demás obras que hasta entonces se habían escrito en lengua vulgar.
La biblioteca del Arcipreste debió de ser harto menguada. Por su libro se saca que conocía la Biblia, varias obras canónicas y jurídicas, que menciona en la copla 1152; las Decretales (c. 1148); el Decreto (introducción); el Especulo (c. 1152); el Libro de las tafurerias (c. 556); el Conde Lucanor, del cual sacó el asunto de algunas fábulas; el poema de Alixandre, al cual imita (c. 1266); algún Isopete, del que sacó el de otros apólogos[23]; el Pamphilus, que glosó; los Aforismos de Caton (introducción y c. 44, 568). Á Aristóteles cita en la copla 71; á Tolomeo, en la 124, y á Hipócrates, en la 303; pero, sin duda, de segunda mano.
No tenía ningún clásico latino, ni menos griego, pues aunque cita á Ovidio (429, 446, 612, 891), para él y sus contemporáneos Ovidio Nason era principalmente el Pamphilus medieval, obra de un monje imitador del verdadero Ovidio. Tampoco trae nada su libro de la Disciplina clericalis, del judío converso español Pedro Alfonso, ni del Libro de los engaños ó Sendebar, mandado verter al castellano por el infante don Fadrique, obras ambas que pudiera muy bien haber aprovechado por la comunidad de asuntos y que acaso leyó, pero que es extraño no hayan dejado la menor huella en el Libro de Buen Amor. De la poesía francesa debió conocer algo, aunque no tanto como creyó Puymaigre, pues el cuento de Pitas Pajas probablemente fué español de origen, si no fué invento del mismo Arcipreste (473), y las serranillas tenían su abolengo más en Galicia que en Francia. No habiendo conocido el Roman de la Rose, derramado por toda Europa y de asunto tan parecido al de su libro, ¿qué otra obra francesa iba á conocer?
Pero este maravilloso poeta, si no tenía libros, tampoco los necesitaba. Fué un vidente de la naturaleza, de las almas, de la sociedad en que vivía; un verdadero vate, que estaba por cima de los libros y calaba adonde los libros no alcanzan.
Que fué personaje de cuenta y de gran confianza para el gran estadista, no menor conocedor de hombres y severo y enterizo Arzobispo de Toledo, gran privado del emperador Alfonso XI y del Papa (mis notas á las coplas 1690, 1516), don Gil de Albornoz[24], se ve claramente por la grave comisión que le encargó de llevar sus letras al clero de Talavera, con amplios poderes (c. 1690) para retraer á aquellos clérigos de la suelta vida que llevaban y hacerles apartar de sus mancebas, á ellos y á los seglares de aquella población. Puesto que don Gil fué Arzobispo de Toledo desde el año 1337 hasta el 1350, en que se puso al servicio del Papa en Aviñón, esta comisión fué después del año 1337, algunos años más tarde, sin duda, y el Arcipreste era ya hombre entrado en años, pues él se llama viejo (c. 1692) y de conocido valer, prudencia y severas costumbres. Este hecho incontrastable y cierto de toda certeza es el que ha de tenerse bien en cuenta al juzgar de su persona y de su obra, la cual vino á escribir por las causas y acontecimientos que de todo esto se desprenden y son como siguen.
No debió ser grande la enmienda de los clérigos de Talavera, cuando, á pocos años, escribió el Arcipreste la famosa sátira, que añadió más tarde al final de su libro. Poco después se vió puesto en prisión por causas desconocidas, y lo más probable por las dichas delaciones de aquellos señores (c. 1709). Entonces fué cuando, tomando aquella sátira clerical como boceto de otra mayor, compuso el Libro de Buen Amor, cuyo intento es claramente satirizar á los clérigos de vida airada, que, como aquellos de Talavera, tanto abundaban por España (c. 505). El personaje principal de todo el libro es un arcipreste, como cabeza de clérigos perdidos y más perdido que todos ellos.
Para dar vida dramática á la sátira, habla en primera persona el de Hita, poniéndose así en el lugar del dicho arcipreste abstracto, que personifica toda la perdida clerigalla. De este modo, en forma autobiográfica, va describiendo cuanto á aquellos clérigos solía acontecerles, que se resume en la lucha en su alma y en sus obras entre el espíritu cristiano del amor de Dios ó buen amor, como el Arcipreste le llama, y el espíritu carnal y mundano, que él intitula locura ó loco amor. Llevado de la naturaleza carnal, que el protagonista atribuye al sino, conforme á las doctrinas astrológicas de entonces, busca una tras otra mujeres para sus amoríos, valiéndose de tercerones y de terceronas viejas. La fe cristiana le vuelve una y otra vez á Dios y al buen camino mediante los desengaños, de que la gracia se vale, según la católica teología. Pero suele quedar vencedor el loco amor, porque tal sucede á los hombres de carne y hueso, y el Arcipreste no se espanta de pintar los hechos y la verdad como ella se es.
La idea capital del libro está, por consiguiente, en que pinta al hombre mundano, sobre todo cristiano y clérigo, el cual conoce el mal que hace y se arrepiente; pero que vuelve á caer en los lazos del loco amor, que acaba señoreándole. La unidad de plan no puede ser más clara ni el intento de satirizar á los locos clérigos, naturalmente para aprovechamiento de ellos y de los demás. Pero así como el ingenio poderoso de Cervantes convirtió en sátira de toda la sociedad de su tiempo y aun de toda la humanidad la que pretendió hacer de los libros de caballería, de la misma manera el ingenio del Arcipreste, tan grande acaso como el de Cervantes y, si menos clásico y en todo mesurado, más primitivo sin duda y montaraz, convirtió la sátira de los clérigos en la sátira de la sociedad del siglo XIV y de la humanidad de todos los tiempos. El Libro de Buen Amor es, como dice Menéndez y Pelayo, la Comedia Humana del siglo XIV y la epopeya cómica de la Edad Media.
Un arcipreste erudito, canonista, grave y macizo, ya entrado en años y que sin embargo emprende y lleva á feliz cima semejante obra, hubo de ser de un temple capaz de hacer cara á todos los enemigos que, heridos en lo más vivo, y poderosos por su estado clerical y asegurados en la costumbre, que viene á ser nueva naturaleza y nueva ley y derecho, se le echasen encima ó solapadamente jurasen su perdición y se la tramasen por todas vías. Tal sucedió, y no podía menos de suceder; pero la grandeza de corazón de aquel hombre queda, por lo mismo, fuera de todo debate.
Hay otro género de enemigos todavía peores, el de los mojigatos y escrupulosos, el de los hipócritas, que se espantan y se llevan las manos á la cabeza al leer la realidad de lo que cada día sucede, cuando hay quien sepa pintarla tal cual es, sin medias tintas que la ensombrezcan y suavicen, y que acaso no se espanten de los hechos vistos y tocados, y quién sabe si por ellos mismos cometidos. Este linaje de gentes siguen siendo hoy mismo enemigos del Arcipreste de Hita, aunque parezcan tan anchos de manga como Puymaigre. Mas el alma del Arcipreste era de tan finos aceros y de tan levantados vuelos, que se sobrepuso á todos esos espantadizos y asombradizos grajos. Su pincel se tiñó en los hechos más sangrientos de la realidad y llevó al lienzo el más fiero realismo, chorreando sangre y verdad á puñados.
Pero no es lienzo ni pintura este libro; es piedra berroqueña, grabada á martillazo limpio por un cíclope. La literatura griega es de alfeñique ante esta obra de un verdadero primitivo del arte: sólo Esquilo puede aparearse con él en la fuerza, y sólo asentado entre los primitivos artistas egipcios se halla como en su casa y en compañía de quien le entienda, ó codeándose con un Ezequiel y un Isaías, almas de la misma cantera que la de este hombre verdaderamente varonil y artista colosal.
No es que quisiera ofrecerse como víctima expiatoria de los pecados de su tiempo, como devotamente dijo Amador de los Ríos; es que no era hombre para entender que alguien se espantase de que se atribuyese á sí el papel de clérigo tabernario y libertino.
Todos hemos conocido en nuestra España curas de tan sanas costumbres como de desenfadado buen humor, que están por cima de hablillas y chismografías de barrio y les gusta terciar con todos y chocarrear á sus tiempos y aun tocar la guitarra y cantar flamenco, si á mano viene. De esta madera fué el Arcipreste. Sabía de cantares y tonadas, de cristianos, moros y judíos, que entonces vivían harto mejor hermanados de lo que se figuran los cuáqueros y cátaros que quieren ahora monopolizar la fe católica, tan grande de suyo, que no cabe ni asoma siquiera en pechos tan pequeños y apilongados. Para todos hacía coplas y tañía instrumentos, á lo menos entendía de ellos. Sabía de tonadillas y cantares arábigos. Conocía á entendederas ó ensalmaderas y curanderas, á estudiantes nocherniegos y á ciegos cantadores y les hacía á todos coplas. Calaba las tramoyas de las viejas celestinas, llamadas entonces trotaconventos, grandes cuentas al cuello, enlabiadoras de dueñas, terceronas de clérigos. Todo ello lo tenía muy sabido el Arcipreste y lo pintó tal como lo sabía y no le pasó por pensamiento desdeñarse ni correrse ni menos asombrarse de escribirlo. Porque era un hombre, y los asombradizos de entonces y de ahora no sé lo que serán, pero hombres están lejos de serlo.
Sólo él, grave y regocijado á la par, podía escribir aquel carnaval de abigarrado colorido, en que van pasando todo linaje de gentes con sus locuras y solapadas intenciones, y él les va arrancando sin compasión la careta. Allí, como dice Dozy, los caballeros que vienen presto al tomar de la paga, tarde al partirse á la frontera, jugadores de dados falsos; los jueces poco escrupulosos y los abogados intrigantes y cohechadores; los criados que se distinguen por catorce cualidades, pobres pecadores que guardan muy bien el ayuno cuando no tienen qué llevarse á la boca; las nobles damas vestidas de oro y seda; las delicadas monjas de palabrillas pintadas y sabrosas golosinas, las judías y moras, las villanas de la sierra, chatas y lujuriosas como cabras, de anchas caderas y macizas espaldas.
"La fantasía ingeniosa, la viveza de los pensamientos, la exactitud con que pinta las costumbres y los caracteres, la encantadora movilidad de su ingenio, el interés que acierta á comunicar al desarrollo de su obra, la verdad del colorido, la gracia con que cuenta los apólogos y, sobre todo, la incomparable y profunda ironía, que ni á sí mismo perdona, dice el famoso crítico alemán Clarus (Guillermo Volk), le elevan, no solamente sobre otros poetas españoles que le siguieron, sino sobre la mayor parte de los poetas de la Edad Media en toda Europa".
Menéndez y Pelayo señala como cualidades principales del Arcipreste: "La primera, el intenso poder de visión de las realidades materiales: en el Arcipreste todo habla á los ojos: todo se traduce en sensaciones; su lengua, tan remota ya de la nuestra, posee, sin embargo, la virtud mágica de hacernos espectadores de todas las escenas que describe".
"Es la segunda de sus dotes una especie de ironía superior y transcendental, que es como el elemento subjetivo del poema, y que unido al elemento objetivo de la representación, da al total de la obra el sello especialísimo, el carácter general á un tiempo y personal, que la distingue entre todas las producciones de la Edad Media. La obra del Arcipreste refleja la vida entera, aunque bajo sus aspectos menos serios y nobles; pero en medio de la nimia fidelidad del detalle, que en cada página hace recordar las bambochadas y los bodegones flamencos, pasa un viento de poesía entre risueña y acre, que lo transforma todo y le da un valor estético superior al del nuevo realismo, haciéndonos entrever una categoría superior, cual es el mundo de lo cómico fantástico. En este género de representaciones brilla principalmente el Arcipreste, y es lírico á su modo, con opulencia y pompa de color, con arranque triunfal y petulante verso, sin dejar de ser fidelísimo intérprete y notador de la realidad". (Antol., III, CX).
Pero no admito "la tercera y muy visible dote, la abundancia despilfarrada y algo viciosa de su estilo, formado principalmente á imitación del Ovidio, de cuyas buenas y malas condiciones participa en alto grado, puesto que la riqueza degenera en prodigalidad, y la idea se anega en un mar de palabras...". Ni se formó en Ovidio, ni leyó siquiera un solo verso suyo, ni se le parece en nada más que en ser Ovidio elegantísimo y social poeta, y el Arcipreste poeta insociable y primitivo, de lo más primitivo, bronco y estupendamente salvaje que resolló y echó á este mundo la diosa Madre de la poesía universal, de la cual fueron hijas helénicas las elegantes Musas clásicas que conocemos.
En cambio, añado yo que el Arcipreste no fué poeta de una sola cuerda, como la mayoría de los poetas lo fueron. Á lo aristofanesco de alguna serranilla y de la contienda entre don Carnal y doña Cuaresma, junta el candor de égloga, más natural que el de Teócrito, en otras serranillas; á la vena satírica quevedesca del poder del dinero y de las costumbres de los clérigos talaveranos, caballeros y monjas, la delicada y suave unción de los gozos de la Virgen, en el tono con que los ha cantado siempre el pueblo; á lo dramático y hondamente psicológico de la paráfrasis del Pamphilus, lo sublimemente trágico de la elegía á la Muerte; á lo tristísimamente endechado en las Cantigas á María, lo triunfalmente pindárico del epinicio cantado á Cristo como venciendo á la muerte misma, reina del universo; á lo sentencioso de los consejos de don Amor y á lo oriental de los apólogos, lo muy occidental y jamás igualado cómico del rezo de los clérigos con sus amigotes golfines y en acecho de dueñas y mujerzuelas. Por tal brusquedad de saltos baja y sube nuestro Arcipreste de lo cómico á lo trágico, de lo lírico á lo dramático, de lo idílico á lo satírico y todas las cuerdas pulsa y tañe como poeta consumado, con un garbo y soltura asombrosa, sobresaliendo siempre la fuerza, el color, el sentimiento y la veracidad.
Nada diré acerca del estilo, porque tamaño escritor no podía menos de tenerlo, y lo tiene tan personal y propio como el más pintado de los escritores castellanos. Ni del caudal léxico y gramatical, que es en su tanto el más rico de los escritores de la Edad Media y en su libro, como en ningún otro, puede estudiarse el castellano antiguo. Pero he de añadir que el Arcipreste emplea no pocas voces con el significado aragonés y algunas pura y exclusivamente aragonesas. ¿Bastará para dar razón del hecho el emplearse no pocos aragonesismos en Guadalajara, Segovia y, sobre todo, en Soria?
Dejóse decir Puymaigre (Les vieux auteurs castillans, II, pág. 83) que el Arcipreste fué un discípulo de la literatura francesa y que en nada fué poeta español: "Ruiz n'a guère d'espagnol que sa langue, et encore y mêle-t-il grand nombre de mots d'origine étrangère". Yo, á salida de tal calibre, sólo le respondería que hasta hoy, por lo menos, no se ha dado en Francia escritor alguno del temple, de la fuerza y color que el Arcipreste de Hita; que sus grandes escritores y artistas son de otro jaez; que Juan Ruiz es el artista y escritor más español y más de raza que conozco. Sus cualidades son las de nuestra literatura y enteramente encontradas y opuestas á las de la literatura francesa. Cuanto al "grand nombre de mots d'origine étrangère", el índice de voces de mi edición prueba claramente que ni una sola fué de otra cepa que la castiza y popular castellana. Por fortuna, nuestros tres principales escritores, Cervantes, Rojas y Juan Ruiz, nacieron en el centro de la meseta castellana y á pocas leguas en la misma región toledana, donde se fraguó nuestro lenguaje literario.
La versificación ordinaria del Libro de Buen Amor es el llamado tetrástrofo ó quaderna vía ó alejandrino.
=238.= Alude, en la copla 1088, al Sultán de África, llamado Aly, que sucedió en 1331 á su padre Othman, y envió á España á su hijo Abdel-Melek, que tomó á Granada, y por entonces se apoderó de Tlemecen y Túnez. Proclamó la guerra santa contra España y fué derrotado el 30 de octubre de 1340, á orillas del Salado, cerca de Tarifa. Esta fecha es, pues, anterior á la composición de este libro. El códice S dice que se compuso el 1343, lo cual queda confirmado por este pasaje: teniendo el Arcipreste tan fresco el hecho de pocos años antes, pudo componer este libro el 1343.
En la copla 326 habla de la "Era de mil é treçientos en el ano primero, | Rregnante nuestro señor el leon masillero, | Que vin' á nuestra cibdat por nonbre de monedero". Esta era es la de César, que comienza treinta y ocho años antes de la cristiana, y por ella se contaba en España, esto es, el año 1339 de Cristo. Dentro de los trece años que van del 37 al 50 de aquel siglo XIV, durante los cuales fué Arzobispo de Toledo el cardenal don Gil de Albornoz, hay que poner la prisión en aquella ciudad de nuestro Arcipreste. Acaso alude, pues, aquí á que el año 39 pudo ser su prisión por acusación de los abades y clérigos de Talavera, lobos reales y abogados de fuero. Según S fué compuesto este libro el año 1343, y G y Τ dicen que el año 1330, cuando aún no era arzobispo don Gil. Pudo, pues, estar preso desde el 39 y comenzar á escribir el 43, estando preso, como dice con letra encarnada que escribió su libro, el códice S (c. 1709). Llama al rey Alfonso XI león masillero, esto es, que hace riza y se encarniza y ensangrienta hiriendo á sus enemigos, como lo hizo este rey, verdadero león español, que "si alcanzara más larga vida, desarraigara de España las reliquias que en ella quedaban de los moros" (MARIANA, H. E., 16, 15), pues murió mozo de treinta y ocho años. Dice que vino á nuestra cibdat por nonbre de monedero. En efecto, Alfonso fué á Alcalá dos veces para sacar dinero, que esto es lo que monedero indica aquí, el que labra moneda, y en este caso el que se la procura. Ordenam. Cort. Burgos, 1315: "Que aquellos que son monederos naturales de padre ó de abuelo é saben labrar moneda, que gelo guardemos, et los otros que nunca labraron moneda é lo han por cartas ó previlegios, que gelo revocamos". La primera vez que fué el Rey á Alcalá fué el año 1342, después de Burgos, cuando instituyó las Alcabalas, de donde le llama monedero. Oigamos á Mariana: "Tenía el Rey puesto todo su cuidado y pensamiento en cercar á Algeciras y en allegar para ello dineros de cualquier manera que pudiese. Aconsejáronle que impusiese un nuevo tributo sobre las mercadurías. Esta traza que entonces pareció fácil, después el tiempo mostró que no carecía de graves inconvenientes. Tomado este consejo, el Rey se partió para Burgos... Por la grande instancia que el Rey y estos Señores hicieron, los de Burgos concedieron al Rey la veintena parte de lo que se vendiese, para que se gastase en la guerra de los moros... Á imitación de Burgos concedieron lo mismo los de León y casi todas las demás ciudades del reino... Llamóse á este nuevo pecho ó tributo Alcabala, nombre y ejemplo que se tomó de los moros". (Ídem, 16, 9). Esto pasaba el año 1342 en Burgos; pero el mismo año, ó poco después, fué cuando el Rey vino á Alcalá con el mismo fin, y es á lo que alude el Arcipreste: que vino á nuestra cibdat por nonbre de monedero. En efecto, en las Cortes de la misma Alcalá del año 1348 se lee: "Que librasen los pleitos de las alcavalas los alcalles ordinarios..., ca así lo otorgaramos otras veces en la cibdat de Burgos e aqui en Alcalá de Fenares". También fué á Alcalá el año 1348 á dichas Cortes. Si á esta segunda ida alude el Arcipreste, es claro que todavía vivía el año 1348 y habría que suponer que, habiendo compuesto su obra el año 1343, todavía anduvo retocándola el 1348 y algo después, ya que la copla 326 toma ese año como pasado, que vino. De todos modos, fué el Rey á Alcalá el 1342 ó á principios del 1343, y en esta copla alude á esta ida como cosa pasada. Lo cual confirma que el libro lo compuso el año 1343, como dice el códice S (c. 1709). De la misma copla 326 se comprueba que el Arcipreste era de Alcalá, y con bastante probabilidad se saca que el año 1339 ó era de 1301 fué cuando le pusieron en prisión en Toledo. En las Cortes de Alcalá de 1348 "pidióse el alcalaba. Al principio no se quiso conceder: las personas de más prudencia adevinaban los inconvenientes que después se podían seguir; mas al cabo fué vencida la constancia de los que la contradecían, principalmente que se allanó Toledo, si bien al principio se estrañaba de conceder nuevo tributo. El deseo que tenía que se renovase la guerra y la mengua del tesoro del Rey para poderla sustentar la hizo consentir con las demás ciudades. Concluido esto, de común acuerdo de todos, con increíble alegría, se decretó la guerra contra los moros" (MAR., Η. E., 16, 15). Fué el cerco de Gibraltar, en que murió de landre Alfonso XI, el año 1350. En la copla 554 se habla de que los judíos daban á logro "de tres por cuatro", como hasta entonces estaba ordenado. Pero es el caso que en las Cortes de Alcalá de 1348 se prohibe enteramente á los judíos dar á logro: "e fasta aquí de luengo tiempo acá fué dado á logro sennaladamente por los judíos..., por ende Nos don Alfonso... mandamos e defendemos que de aquí adelante ningund judío nin judía nin moro nin mora non sea osado de dar á logro por si nin por otro". Esta orden significa para mí que el año 1348 estaba ya compuesta la obra del Arcipreste y aun que había muerto, pues no enmendó lo del logro de los judíos "de tres por cuatro". De hecho era muerto para el año 1351, de modo que no sobrevivió á su obra más de tres ó cuatro años.
La era de César ó española de 1381, ó año de Cristo 1343, que se lee en la copla 1634 es el año en que se compuso (c. 1088). Romance era el habla vulgar y cualquiera escrito en ella. Escribiólo para desengaños de muchos, que pueden ser engañados, como el Sendebar ó Libro de los engannos e assayamiento de las mugeres, que tradujo don Fadrique, y para entretener y enseñar nuevas maneras de versificar á los sencillos de corazón que no corrían tales peligros. Esta copla es del mismo Arcipreste y se halla en S y en T. Pero en T se lee: "Era de mill e tresyentos e sesenta e ocho años | fué acabado este lybro por munchos males e daños...". Y aquí acaba T; lo que sigue es sólo de S. Esta fecha de T, ó sea el año 1330, está errada, pues escribió su libro el Arcipreste estando preso y siendo arzobispo de Toledo don Gil de Albornoz (c. 1709), el cual sólo lo fué desde el año 1337.
El severo arzobispo de Toledo don Gil de Albornoz (c. 1516) encargó á nuestro Arcipreste llevase las cartas del Papa á Talavera y las leyese á aquellos clérigos de vida desgarrada. Cómo recibieron estas órdenes es lo que el Arcipreste pinta en la sátira de la copla 1690 y siguientes, que chorrea ironía por todas partes, aunque sin amargura ni ensañamiento, como escrita con el sano propósito de que se enmendasen. No es posible que aquellos clérigos se quedasen sin dar coces contra el aguijón. Piensan, pues, acertadamente los que suponen que ellos fueron los que indispusieron al Arzobispo contra nuestro Arcipreste, haciendo llegar sin duda hasta él chismes y cuentos, acaso que tampoco Su Excelencia se libraba de las críticas del que tan vivas sabía escribirlas. Don Gil de Albornoz, hecho á mandar y á ser respetado, de genio recio y hasta tiránico, daría crédito á las hablillas. Ello es que puso en prisión al Arcipreste, sin que se sepan las razones, "por causas meramente curiales", supone Menéndez y Pelayo; injustamente y agraviado, dice el Arcipreste. En la prisión escribió el Libro de Buen Amor, al fin del cual puso esta sátira, que yo tengo por un como boceto del libro. No que lo hiciera como preparación, sino que, viéndose preso, tomólo como tal para trazar el libro, explayándose en la sátira del clero, que es la trama de todo él, pintando á un arcipreste que los simbolizase á todos, y para que fuera, no seca abstracción, sino persona viva y real, púsose á sí mismo como protagonista. ¿Quién va á creer que todas esas aventuras le pasaron al mismo Arcipreste, cuando consta de lo contrario de algunas, como la de don Melón de la Huerta? ¿Con qué autoridad hubiera pretendido enmendar á los demás, si él hubiera sido uno de tantos? ¿Cómo el severo don Gil de Albornoz le hubiera encomendado cargo tan grave y delicado como el de llevar las cartas del Papa á la clerecía de Talavera? Juan Ruiz era, pues, un Arcipreste muy respetable, á pesar de su regocijado natural, de tan austeras costumbres como pedía la confianza que en él puso su prelado el famoso Albornoz, persona de entereza y gravedad bien conocidas. Hora es ya de no colgar el sambenito de un hombre perdido á un autor, sin otros motivos para juzgar de él que una obra, en que algunos sólo han visto los chispazos más salientes, figurándose salían de un volcán de pasiones mundanas desapoderadas. Para Menéndez y Pelayo fué el Arcipreste "un clérigo juglar, una especie de goliardo, un escolar nocherniego, incansable tañedor de todo género de instrumentos y gran frecuentador de tabernas" (Antolog., III, pág. LXIX), "un clérigo libertino y tabernario" (pág. LXIV); fué "su vida inhonesta y anticanónica" (pág. LXVII), y su obra "una autobiografía picaresca, sin la menor señal de arrepentimiento" (pág. LXVI). Cuanto al intento, "fué un cultivador del arte puro, sin más propósito que el de hacer reir y dar rienda suelta á la alegría que rebosaba en su alma aun á través de los hierros de la cárcel, y á la malicia picaresca, pero en el fondo muy indulgente, aunque contemplaba las ridiculeces y aberraciones humanas, como quien se reconocía cómplice de todas ellas" (pág. LXVII). "De esta levadura herética creemos inmune al Arcipreste, si bien confesaremos sinceramente que hay pasajes de sus obras que hacen cavilar mucho, y hasta sospechar en él segundas y muy diabólicas intenciones" (pág. XCIII). Para Puymaigre fué el Arcipreste "un precursor de Rabelais, un librepensador en embrión, un enemigo solapado de la misma Iglesia á quien servía" (MEN. PELAYO, ibid., LXV). No juzgaré yo á estos dos ilustres escritores: el lector formará juicio del Arcipreste leyendo su libro, y esto basta. Pero lea antes el boceto del mismo, lo que para mí fué como un incentivo para pintar el alma podrida de aquella desalmada clerigalla con sólo ensanchar el marco de este pequeño cuadro de costumbres de los de Talavera. El asunto mismo le llevó á meter en él á toda la sociedad de su tiempo, resultando la gran Comedia Humana del siglo XIV, como el Quijote, sátira de la fantasmagórica caballería, resultó la Comedia Humana del tiempo de Cervantes, ingenio gemelo del Arcipreste de Hita. Si plugo á uno, sin duda al Arcipreste, que veía con lágrimas en los ojos la depravación de costumbres que tan gallardamente satirizó.
=239.= El verdadero título del libro es Libro de buen amor, como se ve por las coplas 13, 3; 933, 2; 1630, 1; no el que Janer le puso de Libro de Cantares, por la copla 3, pues es tan genérico como el de Libro del Arcipreste de Hita, con que el Marqués de Santillana le llamó en su Prohemio. Menéndez y Pelayo (Líric. cast., t. III, pág. LXX) dijo que se ha de tomar "este vocablo amor, no solamente en su sentido literal, sino en el muy vago que los provenzales le daban, haciéndole sinónimo de cortesía, de saber gentil y aun de poesía". No entender el título de un libro es no entender el libro, y el del Arcipreste es tan claro como su título. El intento del Arcipreste, como él dice, es traer al hombre mundano del loco amor deste mundo al buen amor, que es el de Dios. El mismo tuvo el Arcipreste de Talavera, un siglo más tarde, en su Corbacho. ¡Cuán diferente fué el de Jean de Meun en su Roman de la Rose, aunque, según sus palabras, fuera llevar de la fole amor al bone amor! Con tan parecidos vocablos distan tanto una de otra obra como del amor de Dios dista la propagación de la especie, que es adonde tira el famoso Roman francés. El cual ha probado Frederick Bliss Luquiens no haber influido para nada en el libro de nuestro Arcipreste, á pesar de tener asuntos tan comunes á cada paso (The Roman de la Rose and medieval Castilian literature, en Romanische Forschungen, vol. XX, pág. 284). Por eso llama el Arcipreste locura al amor mundano á cada paso. Este intento suyo, encerrado en el título, ha de tenerlo siempre presente el lector si desea entender la mente del que lo escribió y no sacar las cosas de quicio, como lo han hecho la mayor parte de los que de Hita hablaron.
La prosa del principio es un comento del título del libro, en la cual pone su intento de traer á todos al buen amor, que es el de Dios; pero, como el Arcipreste era un verdadero hombre de cuerpo entero, sin las niñerías de mojigatos afeminados ó pillastrones, que siempre los hubo, entendió que había que desenmascarar al hombre mundano y las trapacerías de su loco amor, para que, conociéndolo todo, lo bueno y lo malo, libremente escogiese el buen camino el que de veras y con conocimiento de las cosas se quisiese salvar. Tal es el sentido del salmo que allí glosa con otras palabras de la Escritura y del Derecho canónico y civil: Intellectum tibi dabo, et instruam te in via hac, qua gradieris, te daré conocimiento y te enseñaré el camino que has de recorrer, que es el del mundo, lleno de engaños y con la natural inclinación al loco amor en el cuerpo, pues con él nacemos: así, obrando el bien á sabiendas y peleando contra el mundo y contra la propia naturaleza, firmabo super te oculos meos, pondré complacido mis ojos en ti, que, como bueno, luchaste. La alteza de pensar de este varón fuerte, y que no sabía de embustes, se ve en aquellas palabras que han escandalizado á los que no pican tan alto como él: "en pero, porque es umanal cosa el pecar, si algunos (lo que non los conssejo) quisieren usar del loco amor, aquí fallaran algunas maneras para ello". No intenta llevar á nadie al mal, como se ve por la cortapisa del paréntesis, sino que es una manera de enseñar el cebo á los mismos mundanos para que lean el libro, porque está persuadido de que la verdad no daña jamás á nadie y es don de Dios: intellectum tibi dabo. Nadie como Dios respeta la libertad de todas sus criaturas, y no quiere llevar al cielo á tontos y gente para poco, sino que todos entiendan las cosas y escojan el buen amor, conociendo y despreciando el loco del mundo. Esto dice el salmo y esto intenta nuestro autor, y suponer doblez en él va contra todo derecho y justicia: "las palabras sirven á la intençion e non la intençion á las palabras".
Desde la copla 181 saca al Amor todos sus trapillos sucios, descubriendo los vicios y males, la podre toda que suele colorearse con tan bonita palabra como es la del amor, cuando es malo y vicioso, se entiende. El alegato llega hasta la copla 423, recorriéndose los pecados capitales, cuya raíz es ese amor ó apetito lascivo, cobdicia, que él llama conforme á su valor etimológico de cupiditia, de cupidus, esto es, la concupiscencia ó pecado, hablando en términos de la católica Teología. Está este trozo lleno de sentencias, tan hieráticamente expresadas por el Arcipreste como las mejor cinceladas de Séneca y Salomón. Desmenuza los afectos y sentimientos del alma de los enamorados con bisturí de oro, hasta descubrirnos sus más delicadas fibras. Y todo lo aclara con ejemplos ó fábulas, con comparaciones, que á granel le ocurren, pintorescas y brillantes y de una propiedad maravillosa. Comienza con una pintura del Amor, de sus ardides, mañas y obras.
Dicen que el enxiemplo de la copla 474, etc., viene de un fabliau francés, pero no hay fabliau semejante en la edición Méon ni en otros libros, ni mienta este nombre Gaston Paris, tan puntual en todo. El único lugar donde se cita este cérvido es en el Cancionero de Baena (362), noticia que debo al eruditísimo señor Bonilla: "Señor Juan Alfonso, pintor de taurique, | qual fué Pitas Payas, el de la fablilla". No sé si aquí se aludirá al libro del Arcipreste ó al cuento que sería tradicional. El cuento es graciosísimo y el chapurreado medio gabacho, para darle color, es invención del guasón del Arcipreste, y no porque lo tomara del soñado fabliau francés.
=240.= En Fuyme á doña Venus (c. 583) comienza la admirable glosa de la comedia latina Pamphilus, desde el final de la primera escena: "Ergo loquar Veneri, Venus est mors vitaque nostra". Puede verse impresa en el t. II de la edición de La Celestina, de KRAPF, Vigo, 1900, con una sustanciosa Advertencia, de MENÉNDEZ Y PELAYO, en la cual habla de su bibliografía y del autor desconocido, pues Pamphilus es el nombre del protagonista. El Maurillianus, á quien la atribuyó GOLDASTO en su edición de 1610, se debe á la falsa lectura de M. Aurilliaci, esto es, manuscriptum Aurilliaci, manuscrito de Aurillac. Ni se ha de confundir esta comedia con el estrafalario poema De Vetula, que, como ella, se atribuyó á Ovidio en la Edad Media, como en la copla 891, donde acaba la glosa de ella, se la atribuyó el Arcipreste. Hizo la comedia algún monje del siglo XII al XIII, recogiendo conceptos del Ars Amandi, de Ovidio, é imitándole en sus hexámetros y en no pocas frases, aunque dándole forma dramática. Es un esbozo seco y desnudo, elemental, del cual el Arcipreste sacó tal partido, que convirtió en español el asunto y creó la trotaconventos, dando carne y huesos á la anus abstracta del Pamphilus. FERNANDO DE ROJAS acabó de redondear la vieja y el drama todo, creando La Celestina. "Las figuras antes rígidas, dice M. PELAYO (Advert., pág. 36), adquieren movimiento; las fisonomías, antes estúpidas, nos miran con el gesto de la pasión; lo que antes era un apólogo insípido, á pesar de su cinismo, es ya una acción humana". De esta obrilla Pamphilus sacó el Arcipreste cuanto él dice y otros creen que sacó de Ovidio Nason, pues por de Ovidio la tenía; pero al verdadero Nason no leyó el Arcipreste. Nótese que toma en esta paráfrasis la vez del protagonista Pamphilus y hace su papel, como si todo ello hubiera pasado por él; ni más ni menos que se atribuyó hasta aquí cuanto ha dicho de los mundanos, á quienes trata de corregir, y se lo atribuirá hasta el fin del libro. Ésta es la traza artística é ingeniosa con que quiso dar fuerza autobiográfica al libro, acrecentándole así el brío, color y verdad: ésta es la falsedat que él dijo había en las coplas puntadas (c. 69), y por no tener esto en cuenta juzgaron erradamente el libro y la persona del Arcipreste M. Pelayo, Puymaigre y Puyol, á pesar de entreverlo este último.
=241.= Las serranillas se parecen, como nota Puymaigre, á las pastourelles de los trouvères franceses:
"En une vallée Près de mon sentier Pastore ai trouvée Qui fet a proisier...".
Pero Puymaigre rebaja harto las serranillas del Arcipreste, teniéndolas por parodias bufonescas de las pastourelles. Lo que hay es que aquellos señores de allende escribieron con guantes y para caballeros y damas de castillos feudales, mientras nuestro Arcipreste, poco avenido con idilios, hechizos y églogas fantaseadas, se arrimó más á la naturaleza, sintió ateridas sus manos con los hielos de la sierra, comió el queso y el conejo de soto, dió con serranas chatas y hombrunas á veces, retozonas cual cabras monteses siempre, y no les quiso quitar la chatez, lo cabrío y lo montaraz. Siempre fué más remilgado y de salón el arte francés; más bronco por más natural, harto más rugiente y pizmiento, más real y menos amanerado, en una palabra, el español. Tienen estas serranillas el candor que les basta, huelen á mejorana, á orégano y tomillo; pero también llevan pinceladas vivas, hasta chirriadoras y como buriladas con punta de acero, que á las pastourelles no les sobran. De donde verdaderamente viene, sin salir de España, la vena de esta lírica villanesca es de Galicia, como se ha visto bien claramente por el Cancionero del Vaticano; de allí corre al Arcipreste, que á nadie imita, pero remansa éste, como los demás raudales poéticos, en inmenso lago; después sigue la corriente hasta el Marqués de Santillana, Bocanegra y Carvajal en el siglo XV, y en el XVI se explaya en Gil Vicente, Juan del Enzina y Lucas Fernández, hasta perderse casi en el teatro del siglo XVII, donde asoma de cuando en cuando en las obras de Lope y Tirso, y en estos nuestros tiempos ha vuelto á flor de tierra con el renacimiento de la poesía gallega en la misma Galicia, donde estaba la fuente. Enrique de Mesa escribe hoy serranillas lindísimas los veranos que pasa en el Guadarrama.
En la Pelea de Don Carnal con la Quaresma (c. 1067) tuvo por modelo el Arcipreste el fabliau de la Bataille de Karesme et de Charnage, que se halla en el tomo IV de la colección de Méon (pág. 80); pero sólo tomó la trama general, como suele, dejándose llevar de su brillante fantasía y sobrepujando al modelo, mal que le pese á Puymaigre. Véanse otras parecidas en Rabelesiana, págs. 615-636.
"¿Qué pensar de esta apoteosis, no ya humorística, sino irreverente y sacrílega?". Así pregunta Menéndez y Pelayo sobre la copla 1225 y siguientes, y cree excusarle con responder: "En el Arcipreste no es más que una facecia brutal, en que el poeta, dando rienda suelta á los instintos pecadores de su naturaleza exuberante y lozana, se alegra y regocija ferozmente con la perspectiva de bodas y yantares y juglarias con que le convidaban las ferias de primavera" (Antolog., III, pág. XCII). Tan irreverente y sacrílega apoteosis del Amor la hallaba el Arcipreste en los clérigos, frailes, monjas, caballeros y dueñas de su tiempo, sino que él supo darle forma poética, sacándola de los repliegues de las almas donde se solapaba, á la luz pública del arte. Su penetrante mirada la vió y su ingenio le dió plasticidad poética. ¿Y por eso se ha de atribuir á la persona del Arcipreste como facecia brutal de su alegría y regocijo feroz á la vista de bodas y yantares que le aguardan? Lo que supo ver y pintar en la sociedad que critica ¿hásele de atribuir á él mismo? Viejo é injustamente agraviado y preso escribía todo esto el Arcipreste (c. 1671, 1674, 1677, 1683): ¡bueno estaba él para tales facecias brutales, yantares y bodas!
=242.= Los versos del tetrástrofo del Arcipreste son de catorce sílabas los más y algunos de diez y seis, divididos en dos hemistiquios. Se ha dicho que en aquel tiempo no se admitía la sinalefa, de modo que han de contarse las sílabas con sus vocales. Es cierto; y en vez de la sinalefa suprimían una vocal, lo cual indico yo con el apóstrofo:
"Diz' al leon el lobo qu' el asno tal nasçiera" (c. 903).
Léase, pues sin sinalefa, con sus diez y seis sílabas:
"Vy una apuesta dueña seer en el su estrado" (910).
Sin embargo, no hallo medio de evitar la sinalefa en la c. 911, á no ser que cada hemistiquio forme verso aparte y el primero sea de ocho y el segundo de siete sílabas:
"Nunca vy tal como ésta, ¡sy Dios me dé salud!".
Si se admite lo primero, sería preferible escribir á lo romance la cuaderna vía.
Lo mismo la 912, donde la sinalefa no ha lugar:
"Poco salya de casa: era como salvaje".
Al revés, el primero de siete y el segundo de ocho, si no se omite la e final de guárdeme:
"De mensajero malo ¡guárdeme Santa María!" (913).
Pero no cabe omisión alguna en:
"Que nunca mal rretrayas á furto nin en conçejo" (923). "Ayna yerra ome, que non es apercebudo" (922).
Hay que decir, por consiguiente, que en el tetrástrofo de Hita cabe igualmente el hemistiquio de siete y el de ocho sílabas en sus cuatro combinaciones:
7 + 7, 8 + 8, 7 + 8, 8 + 7.
Fuera de estos casos, la copia está errada por los copistas y admite corrección. Aun algunos hemistiquios de ocho creo yo serían de siete en el original, pues pronunciando el Arcipreste como el pueblo, haría más contracciones, por ejemplo: d' por de, qu' por que, 'l por el, etc. No me he atrevido á llevar al extremo este principio, aunque lo practicó á veces. Alguna que otra hállanse segundos hemistiquios agudos de ocho sílabas; pero sabido es que la sílaba última en todas las métricas se enseña que suena menos fuerte, de manera que pudiera tomarse como por grave esa sílaba aguda final:
"Que fecha la conclusion en criminal acusaçion Non podía dar lyçençia para aver conpusiçion" (370).
Y aun en el primer hemistiquio:
"Qu' el avie poder del rrey, en la su comisión" (371).
Las combinaciones de hemistiquios en cada tetrástrofo son muy variadas.
Ejemplos: 8 + 7, 7 + 8, 8 + 7, 8 + 8 en la copla 931; 7 + 7, 7 + 8, 7 + 7, 7 + 8 en la 930; 7 + 7, 8 + 8, 7 + 8, 8 + 7 en la 933.
No pocas composiciones del Arcipreste se han analizado mal métricamente por no haberse separado bien los versos (véase por ejemplo en Puyol); yo los he dividido como lo están pidiendo ellos mismos.
Conviene particularizar aquí las demás clases de versos y estrofas del Arcipreste, aunque no sea más que para admirar la riqueza que introdujo en esta parte este poeta revolucionario, quiero decir extraordinario, que supo campar por sí é inventar lo que nadie había soñado.
Además del tetrástrofo, han variado como hemos visto en versos de diez y seis y de catorce sílabas en dos hemistiquios, quiso el Arcipreste "dar algunos leçion e muestra de metrificar e rrimar e de trobar; ca trobas e notas e rrimas e ditados e versos que fiz conplidamente, segund que esta çiencia requiere" (Introd.). De hecho nos dió en su libro versos de todas clases y estrofas variadísimas (22 clases de estrofas además del tetrástrofo), como antes de él no se conocían y pocos después de él abarcaron.
Versos dodecasílabos y endecasílabos ha creído hallar Puyol en las coplas 1049-1058 y 1678-1683, respectivamente; pero véanse en su lugar cómo naturalmente han de dividirse. Además, pues, de los versos de catorce y diez y seis sílabas del tetrástrofo, hay los versos siguientes:
Octosílabos en las coplas 1710-1719, 1720-1728, 1650-1660, 987-992, 1668-1672, 1059, 1060-1066, 959-971, 997-1005, 33-43.
Heptasílabos en las coplas 1635-1641, 1678-1683, 1661-1667, 1673-1677, 1684, 1685-1689, 21-32.
Hexasílabos en las coplas 1049-1058, 1642, 1649, 1022, 1023-1042.
Pentasílabos en las coplas 1678-1683.
Tetrasílabos en las coplas 1661-1667, 20-43, 1678-1683.
Mayor es la riqueza de combinaciones de los versos en estrofas y de las estrofas entre sí en toda la composición.
1. Estrofas de diez versos: heptasílabos, menos los 2.º, 5.º, 10.º, y consonantados los 1.º, 4.º, los 2.º, 5.º, los 3.º, 6.º, 7.º, los 8.º, 9.º, y el último con el último de todas las estrofas y con el de la primera, que es de cuatro versos, los tres primeros consonantados (c. 1661-1667).
2. Estrofas de nueve versos octosílabos, consonantando los 1.º, 3.º, 5.º, 7.º y los 2.º, 4.º, 6.º, 8.º, y el último de todas las estrofas entre sí y con el 3.º de la primera estrofa, que es de tres versos, los dos primeros pareados (c. 987-992).
3. Estrofas de ocho versos heptasílabos, consonantando los 1.º, 3.º, los 2.º, 4.º, 5.º, 8.º, y los 6.º, 7.º. Además, el consonante del primer verso de cada estrofa es el mismo del último de la anterior, y la primera estrofa es de cuatro versos, consonantando los 1.º, 4.º y los 2.º, 3.º, (c. 1673-1677).
4. Estrofas de ocho versos octosílabos, consonantando los 1.º, 3.º, 5.º y los 2.º, 4.º, 6.º; luego los 7.º, 8.º, de todas las estrofas entre sí y con la estrofilla primera de cuatro versos (c. 1060-1066).
5. Estrofas de siete versos hexasílabos en combinación de a, b, a, b, a, b, y el final de catorce sílabas agudo, como estrambote, concertando el de todas las estrofas (c. 1049-1058).
6. Estrofas de siete versos: 1.º, 3.º, 5.º y 6.º tetrasílabos agudos consonantados, y 2.º, 4.º y 7.º heptasílabos consonantados (c. 1678-1683).
7. Estrofas de siete versos, consonantando los 1.º, 3.º, 5.º y los 2.º, 4.º, 6.º, 7.º, todos hexasílabos, menos el tetrasílabo último (c. 1642-1649).
8. Estrofas de siete versos octosílabos, consonantando los 1.º, 3.º, los 2.º, 4.º, 7.º y los 5.º, 6.º (c. 959-971).
9. Estrofas de siete versos octosílabos, consonantando los 1.º, 3.º, 5.º, los 2.º, 4.º, 6.º, 7.º (c. 997-1005).
10. Estrofas de siete versos heptasílabos, consonantando los 1.º, 3.º, los 2.º, 4.º, 7.º, los 5.º, 6.º (c. 1635-1641).
11. Estrofas de seis versos heptasílabos, consonantando los 1.º, 2.º, los 3.º, 4.º, y los 5.º, 6.º (c. 1721-1728).
12. Estrofas de seis versos heptasílabos, consonantando los 1.º, 2.º, 4.º, 5.º y los 3.º, 6.º (c. 1685-1689).
13. Estrofas de seis versos, los dos primeros de diez y seis ó catorce sílabas, y los otros cuatro octosílabos, consonantando los 1.º, 2.º, 3.º, 6.º y los 4.º, 5.º (c. 1668-1672).
14. Estrofas de seis versos octosílabos, consonantando los 1.º, 3.º, 5.º y los 2.º, 4.º, 6.º (c. 1710-1719).
15. Estrofas de seis versos, consonantando los octosílabos 1.º, 2.º, 4.º, 5.º y los tetrasílabos 3.º, 6.º (c. 33-43).
16. Estrofas de cinco versos hexasílabos, consonantando los 1.º, 2.º y los 3.º, 4.º, y el 5.º con los cuatro de la primera estrofa (c. 1023-1042).
17. Estrofa de cuatro versos octosílabos, consonantando los tres primeros entre sí, y el cuarto de todas las estrofas con el pareado del principio de la composición (c. 1651-1660).
18. Estrofas de cuatro versos octosílabos, consonantando los tres primeros entre sí y el cuarto de todas las estrofas con la estrofa primera (c. 21-32; 116-120).
19. Estrofa de cuatro versos tetrasílabos, todos consonantados (c. 20).
20. Estrofa de cuatro versos hexasílabos, dos consonantados (c. 1022).
21. Estrofa de cuatro versos de siete sílabas, consonantados 1.º con 3.º y 2.º con 4.º (c. 1059).
22. Estrofa de dos versos octosílabos, consonantados (c. 1650 y 115).
=243.= Don Tomás Antonio Sánchez, en el tomo IV de su Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV (año 1790, Madrid), formó un texto arbitrario de los tres códices, escardó lo que le pareció ir contra la moral, confundió la ortografía y dejó sin explicar la mayor parte del glosario. Janer (t. LVII, Bibliot. Rivadeneyra, 1864) enmendó yerros de lectura y entremetió los trozos suprimidos; pero sólo tuvo en sus manos el códice de Gayoso y fué menos sincero que su predecesor. Ducamin tuvo intención de hacer la edición crítica, pero se entró en el claustro sin hacerla. Le debemos, sin embargo, el mayor servicio que pudo hacer al libro del Arcipreste: hizo la edición paleográfica (Toulouse, 1901), recogiendo en su obra las variantes de los códices G y Τ al pie del texto íntegro del códice S, que tuvo por el mejor. Con este trabajo, que pocas veces habrá que recurrir á los códices, la edición estaba preparada. Adviértase que los códices G y Τ carecen de títulos y divisiones, que se hallan en S, de manera que no son los del Arcipreste.
Los manuscritos principales del Libro de Buen Amor son:
El manuscrito G ó de don Benito Martínez Gayoso, que hoy es propiedad de la Academia Española, y fué escrito el año 1389, esto es, cuarenta años después de escribir el autor su libro. Es, sin duda, el mejor, aunque Ducamin prefiera el manuscrito S por razones secundarias, pues G tiene ortografía más popular y más antigua y sus versos constan mejor que los de S, que se ve ha añadido y cambiado no poco por dar claridad al texto. Yo le sigo siempre que las variantes de los trozos no prueben estar errado.
El manuscrito Τ ó de la catedral de Toledo, que hoy está en la Biblioteca Nacional, concuerda más en todo con G que con S y es de la misma época que G, lo cual comprueba la preferencia que doy á G, pero tiene más erratas.
El manuscrito S ó del Colegio Mayor de San Bartolomé, de Salamanca, que hoy para en la Biblioteca Real, es el más moderno de los tres, de principios del siglo XV, su ortografía más complicada y conserva más trozos que los otros dos. Estas dos razones movieron á Ducamin á darle la preferencia; yo prefiero atenerme al texto más antiguo.
Los tres fueron impresos por Ducamin: S íntegramente, y los otros dos al pie en las variantes. Mi edición se atiene, en cuanto es posible, al texto más antiguo, que es G, corrigiendo por los demás y siempre con la ortografía del texto de donde las palabras se toman. Pero en todos los códices hay muchos versos de deslavazada expresión y en el cuento de sílabas echados á perder, por comezón de aclarar el texto.
=244.= Juan Ruiz. Libro de buen amor [ed. paleográfica Ducamin], Toulouse, 1901 (Bibliothèque méridionale, t. VII); [Libro de cantares], ed. F. Janer, Bibl. de Aut. Esp., t. LXII; Libro de buen amor, ed. y notas de J. Cejador, Madrid, 1913, dos tomos (de la colección de Clásicos Castellanos). Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. III, págs. LIII-CXIII; R. Foulché-Delbosc, recensión de la ed. Ducamin, en Revue Hispanique (1901), t. VIII, págs. 553-557; J. Puyol y Alonso, El Arcipreste de Hita: estudio crítico, Madrid, 1906; O. Tacke, Die Fabeln des Erzpriesters von Hita im Rahmen der mittelalterlichen Fabelliteratur, Breslau, 1911, señora Humphrey Ward, A Mediaeval Spanish Writer, en Fortnightly Review (1876), t. XV (núm. 1), págs. 809-832.
=245.= El año 1344 se escribió la Crónica general de 1344, refundición que incluye una versión de la crónica de Abubekr Ahmed ben Mohammed ben Musa (Ar-Rasi, del s. X), y que por haberse acabado el 21 de enero de 1344, se puede llamar como hemos dicho. La Crónica de Veinte Reyes (desde Fruela II hasta la muerte de San Fernando) se hizo á mediados del siglo XIV, teniendo en cuenta la de Alfonso X y la de 1344; prosificó no pocas gestas ó cantares, sobre todo del Cid.
=246.= La Crónica de Ahmed-Ar-Razi ó moro Rasis es la más notable de las historias escritas en árabe del siglo X. Los suyos le llaman Attaridji, esto es, el cronista por excelencia. Del texto arábigo sólo hay referencias en otros historiadores más modernos y la traducción castellana del siglo XIV, fundada en otra portuguesa hecha por el maestre Mohamad y el clérigo Gil Pérez, y es la llamada Crónica del moro Rasis. Su autenticidad probóla Gayangos (Memoria sobre la autenticidad de la Crónica denominada del moro Rasis, t. VIII de las Memorias de la Real Academia de la Historia, 1850) y Saavedra. Nos ha llegado en códices muy estragados y pasando por dos intérpretes, y parece algo interpolada; pero es la mejor fuente para las leyendas de don Rodrigo y la principal de la Crónica de Pedro de Corral, del siglo XV. Una de las lagunas que tiene ha sido rellenada por la narración que R. M. Pidal halló en una de las redacciones de la Segunda Crónica general, esto es, la de 1344 (Catálogo de la Real Biblioteca. Manuscritos. Crónicas generales de España descritas por R. Menéndez Pidal, Madrid, =1898.= El texto de Rasis, desde la pág. 26 á la 49).
=247.= Año 1348. DON ALFONSO XI, EL JUSTICIERO, ó EL DEL SALADO (1311-1350) comenzó á reinar en 1312, bajo la tutela de su abuela doña María de Molina que mostró su gran prudencia y valor contra las pretensiones de los infantes don Pedro, tío del Rey; don Juan, tío de don Fernando, y don Juan Manuel. Se encargó del gobierno á los catorce años, juntando Cortes en Valladolid y, deshaciéndose de los tutores, se hizo famoso por sus leyes y por las guerras con los moros en Algeciras, El Salado y Gibraltar, en cuyo sitio murió. Publicó el Ordenamiento de Alcalá, á 28 de febrero de 1348 (era de 1386), y lo mandó usar y guardar su hijo don Pedro. Puso en vigor las Siete Partidas. Atribúyesele el Libro de la Montería. Fué, después de Alfonso X, el legislador á quien más debe la jurisprudencia española.
=248.= El Libro de la Montería publicólo Argote de Molina en 1582 y reprodújolo J. Gutiérrez de la Vega, _Bibliot. venatoria_, Madrid, 1877, t. I y II. Consúltese: B. Martín Mínguez, Alfonso XI y el Libro de la Montería, en _La Ilustración Española y Americana_, 1906, t. LXXXI, págs. 190-191. Consérvase el texto de las Cortes celebradas por Alfonso XI en Burgos, 1315; en Valladolid, 1325; en Medina del Campo, 1328; en Madrid, 1329; en Alcalá, 1348, con su famoso Ordenamiento, y en León, 1349.
=249.= Á la primera mitad del siglo XIV pertenece el Poema de Alfonso Onceno (1312-1350), traducción probablemente del gallego, hecha por Rodrigo Yáñez. El autor debió asistir á muchos de los hechos que canta como soldado y juglar, no como poeta erudito. Hay brío y calor, como en ningún otro poema anterior, fuera del Cantar de mio Cid. Consta de 2.455 estrofas de á cuatro versos octosílabos, consonantados el primero con el tercero y el segundo con el cuarto, aunque le falta el principio y el fin y tiene algunas otras lagunas. Es la última muestra de la epopeya castellana del mester de juglaria.
=250.= Descubrió el Poema de Alfonso XI en Granada, por los años de 1573, Diego Hurtado de Mendoza, y publicó un extracto de él Argote de Molina en la Nobleza de Andalucía (1588). Mendoza lo tuvo por una de las antiguas gestas (en su carta de 1.º de diciembre de 1573 á Zurita) y de hecho es la última del mester de juglaria. Nicolás Antonio creyó que su autor era Alfonso XI. El manuscrito, que fué de Mendoza, pasó con su librería á la Biblioteca de El Escorial, donde estuvo hasta 1864, en que Florencio Janer lo publicó, reduciendo á la forma versificada el texto, que está como si fuera prosa. Hállase plagado de faltas en la versificación, debidas acaso al que se supone lo transcribió al castellano, como insinuó Julio Cornu, pues leídos en gallego ó en portugués los versos cojos resultan enteros. Parece, pues, que el Rodrigo ó Ruy Yáñez, que se nombra en la copla 1841 ("Yo Rodrigo Yannes la note | en lenguage castellano") fué un traductor desmañado, natural de Galicia, que castellanizó su nombre de Rodrigo Eannes. Hay otros que suponen fué un portugués el que se esforzó por escribir el Poema en castellano; pero el sonar bien los versos en gallego hace más probable la primera conjetura. Las alusiones á las profecías de Merlín (242-246, 1808...) la corroboran, pues éstas entraron en Galicia con los lays bretones, y no menos lo de "la farpa de don Tristán" (409). El autor de la Crónica de Alfonso XI parece tuvo presente el Poema.
=251.= Poema de Alfonso Onceno. Ed. F. Janer, Madrid, 1863; Bibl. de Aut. Esp., t. LVII. Consúltense: señora C. Michaëlis de Vasconcellos, en Grundriss der romanischen Philologie, t. II, 2. Ableitung, páginas 204-205; señora C. Michaëlis de Vasconcellos, Estudos sobre o romanceiro peninsular: Romances velhos em Portugal, Madrid, 1909, pág. 330.
=252.= La Crónica rimada de las cosas de España desde la muerte del rey don Pelayo hasta don Fernando "el Magno", y más particularmente de las aventuras del Cid, que otros intitulan Cantar de Rodrigo ó también Las mocedades de Rodrigo, es una composición de unos 1.225 versos, los más de diez y seis sílabas, esto es, en romance, con huellas de la cuaderna vía y algunos versos que no son más que prosa cortada (ej. 235-248; 312-313). El autor semierudito tomó del pueblo el metro del romance, el asunto histórico y hasta la manera novelesca que habían traído á Castilla las nuevas leyendas caballerescas, venidas de Galicia y Francia. Es, pues, un largo romance con inspiración popular, hecho por persona algún tanto letrada.
=253.= La Crónica rimada se halla en un manuscrito del siglo XV. La refundición de la Crónica general de 1344 contiene ya en prosa la historia de las mocedades del Cid, tal como la ofrece la Crónica rimada, de manera que parece hubo gestas, mejor diremos romances, que las cantaban, de los cuales salió ó á los cuales alude esta prosa de la Crónica de 1344 y la descuidada Crónica rimada. El autor, que parece debía de ser palentino, tiene del juglar y del erudito. La manera de tratar al Cid en una y otra Crónica muestra que el espíritu caballeroso y aventurero corría ya por España y que ya se debían de cantar romances de este nuevo género novelesco, de los que tantos hay entre los romances viejos del siglo XV. El Cid, mozo de doce años, se combate con el Conde Gómez de Gormaz por haber maltratado éste á los pastores de su padre y robádole su ganado. Mátale, y la más joven de las hijas del muerto, llamada Ximena Gómez, demanda en matrimonio al matador, hecho caballeresco hasta dejarlo de sobra. Cásase Rodrigo contra su voluntad cediendo á los ruegos del rey don Fernando, á quien insulta y jura no besarle la mano á él ni ver á Ximena hasta tanto que no haya salido vencedor en cinco lides: otro rasgo caballeresco. Vencedor en una, se aviene con el Rey; peregrina á Santiago y, al volver, acoge á San Lázaro en figura de leproso, el cual se le aparece en sueños; sóplale en las espaldas y prométele victoria siempre que sienta estremecerse (calentura). En Palencia está aún en pie la iglesia de San Lázaro, mandada labrar por el Cid, y junto á ella hubo el primer hospital de leprosos de España, según allí se dice. Emprende, pues, sus aventuras, vence al Conde de Saboya, coge presa á su hija y aconseja al rey don Fernando que la tome para sí; pártese para París, golpea las puertas, encuentra al Papa, desafía al Rey de Francia y á los doce Pares; asiste á las vistas de los Reyes de Castilla y de Francia, del Papa y del Emperador de Alemania, portándose con altanera fanfarronería; la hija del Conde de Saboya da á luz un hijo, cuyo padre es "el buen rey don Fernando", y para celebrarlo, el Papa solicita treguas de un año, apoyándole el Rey de Francia y el Emperador de Alemania, padrinos del niño. El romántico Cid de la Crónica rimada bien se ve cuánto dista del histórico Mio Cid: el soplo de la novela caballeresca había soplado regañonamente de Galicia. Tal aparece después en no pocos romances y en el teatro, en la Comedia de la muerte del rey don Sancho y reto de Zamora por don Diego Ordóñez, de Juan de la Cueva; en Las mocedades del Cid, de Guillén de Castro; en Las Almenas de Toro, de Lope; en La jura en Santa Gadea, de Hartzenbusch; en Le Cid, de Corneille; en La Légende des Siècles, de Víctor Hugo; en los Poèmes tragiques, de Leconte de Lisle; en los Trophées, de José María Heredia.
La Crónica Rimada se conserva en un códice de la Biblioteca Nacional de París; fué impresa por Francisque-Michel, Viena, 1846; por Ferdinand Wolf, Viena, 1847; por Durán, en el Romancero general, vol. II, Madrid, 1851, Bibl. de Autor. Esp., t. XVI, Apénd. IV, núm. 188.
=254.= El Cantar de Rodrigo. Ed. B. P. Bourland, en Revue Hispanique (1911), t. XXIV, págs. 310-357; Crónica rimada de las cosas de España desde la muerte del rey don Pelayo hasta don Fernando "el Magno", y más particularmente de las aventuras del Cid, ed. Fr. Michel, Anzeige-Blatt für Wissenschaft und Kunst, en Jahrbücher der Literatur (Wien, diciembre 1846), t. CXVI; reimp., en Bibl. de Aut. Esp., t. XVI, págs. 651-664; facsímile del manuscrito de la Bibliothèque Nationale, ed. Archer M. Huntington, New York, 1904. Consúltese: M. Menéndez y Pelayo, Tratado de los romances viejos, Madrid, 1903, t. I, págs. 337-345.
=255.= FERNANDO SÁNCHEZ DE TOVAR ó DE VALLADOLID, predecesor de López de Ayala en la Cancillería de Castilla en tiempo de Alfonso XI, y que acaso alcanzó hasta Enrique II, escribió por orden del mismo Alfonso XI la Chronica del rey D. Alonso "el Sabio", Valladolid, 1604; la Chronica del rey D. Sancho "el Bravo"; la Chronica del rey D. Fernando el IV; la Chronica del rey D. Alfonso XI. Todas en la Bibl. Escor. Creyéronse antes obra de Juan Núñez de Villaizan.
Acaso en 1345, y por lo menos poco antes de 1350, FRAY JOHAN GARCÍA DE CASTRO XEREX (Castrojeriz), de la orden de los frailes menores, confesor de la reina de Castilla, trasladó del latín El Regimiento de los príncipes, por orden de don Bernardo, obispo de Osma (1331-1335), "por honra e enseñamiento del muy noble infante don Pedro, fijo primero heredero del muy alto e muy noble don Alfonso, rey de Castilla, de Toledo, de León". Este Infante fué el que reinó después, llamándose don Pedro el Cruel, nacido en 1334 y que sucedió á su padre Alfonso XI en 1350. La obra latina era De regimine principum, hecha por Egidio Colonna, ó "Gil de Roma", de la orden de San Agustín, que dice la versión, el cual murió en Aviñón en 1316, después de ser Obispo de Bourges y maestro del futuro Felipe IV el Hermoso, de Francia, para quien escribió el libro. Nacido este Rey en 1268 y habiendo sucedido á su padre en 1281, el libro se compuso antes de esta fecha. El trasladador añadió muchas cosas de su cosecha. Imprimióse la traslación en Sevilla, 1494. Consúltese Revue Hispanique, t. XV, pág. 370.
En 1350 se tradujo la Crónica Troyana del Roman de Troie, hecho por Benoît de Sainte-More hacia el 1160.
=256.= Resumamos la historia de las llamadas Crónicas troyanas y cuanto al ciclo troyano atañe. En la segunda mitad del siglo IV, antes de Teodosio (379), compuso Septimius una historia fabulosa de la guerra de Troya, que pasa por traducción de un seudo cretense, Dictys, el cual la escribió en fenicio y fué hallada en tiempos de Nerón en su sepulcro, el cual mandó se vertiese al griego. Así se dice en el prólogo de la redacción latina; pero ésta parece haberse compuesto, sin ser traducción del tal Dictys. En la segunda mitad del siglo V otra Historia de excidio Troiae se publicó, no menos fabulosa, como traducción del seudo frigio Dares, que estaba en griego: el traductor se firma Cornelio Nepote, y la dirige á Salustio; el autor se presenta como testigo ocular. Todo ello es una superchería de aquel tiempo de decadencia. Se han publicado entrambas fabulosas historias juntas, generalmente, F. Meister, Lips., Bibl. Teubner, 1873. En la Edad Media se tuvo por fabuloso á Homero y en cambio se creyó á pies juntillas cuanto decían estas dos fabulosas historias: "Todos aquellos que verdaderamente quisiéredes saber la estoria de Troya, dice la traducción castellana del Roman de Troie, non leades por un libro que Omero fiso... este libro fiso él después más de cient annos que la villa fué destroyda; et por ende non pudo saber verdaderamente la estoria en commo passara. Et fué después este libro quemado en Atenas. Mas leet el de Dytis, aquel que verdaderamente escrivió estoria de Troya en commo passaua por ser natural de dentro de la cibdad, et estudo presente a todo el destruymiento, et veya todas las batallas et los grandes fechos que se fasian, et escrivía siempre de noche por su mano en qual guisa el fecho pasaua". Dictys era de los griegos, Dares de los troyanos, según se decía. Isidoro, Oríg., I, 41: "Historiam primus apud nos Moyses... conscripsit; apud gentiles vero primus Dares Phrigius de Graecis et Troianis historiam edidit, quam in foliis palmarum ab eo conscriptam esse ferunt". Consúltense: H. Dunger, Die Sage vom trojanischen Kriege in den Bearbeitungen des Mittelalters, Dresde, 1869; F. Meister, Ueber Dares von Phrygien, Breslau, 1841; G. Körtin, Dicktys und Dares; ein Beiträge zur Gesch. d. Trojasage in ihrem Uebergange aus d. antiken in die romantische Form, Halle, 1874. También hay una Historia Daretis Frigii de origine Francorum (que pretenden venir de los troyanos), interpolada en tres manuscritos de Fredegario y publicó G. Paris, Romania, 1874. La Historia excidii Troiae es también acaso de origen franco. Un poeta de Turena, Benoît de Sainte-More, compuso con estos materiales, hacia 1160, el Roman de Troie, en más de 30.000 versos pareados de nueve sílabas, y aduló la vanidad nacional con el supuesto parentesco de francos y troyanos. Tradújose al alemán y compendióse en prosa francesa; pero sobre todo corrió por Europa en la traducción latina hecha por Guido delle Colonne, juez de Mesina, con el título de Historia Troiana, comenzada en 1272 y acabada en 1287, callando maliciosamente su verdadero original, refiriéndose sólo á Dictys y Dares y dando al libro una pedantesca apariencia histórica que contribuyó á su crédito entre los letrados (M. Pelayo, Oríg. novel., t. I, pág. CXLV). Todas las variantes, españolas é italianas, de la Crónica Troyana se fundan en la Historia de Guido de Columna ó en el Poema de Benito de Sainte-More. A. Mussafia las distinguió en Ueber die Spanischen versionen der Historia Trojana, Viena, 1817. Ya dijimos del Poema de Alixandre, de Berceo. La traducción castellana del Roman de Troie de 1350 dice: "Este libro mandó facer el muy alto e muy noble e muy escelent rey don Alfonso, fijo del muy noble rey don Fernando e de la reyna doña Costanza. Ε fué acabado de escribir e de estoriar en el tiempo que el muy noble rey don Pedro, su fijo, regnó, all cual mantenga Dios... Fecho el libro postremero dia de diziembre. Era de mill et trecientos et ochenta et ocho años. Nicolas Gonçales, escriban de los sus libros, lo escribí por su mandado". Tradújose esta versión castellana por Fernán Martis al gallego, "era de mill e quatroçentos et onze años", esto es, año de 1373; de ella hay dos códices: el que fué de Santillana y hoy para en la Bibl. Nacional, procedente de la de Osuna, y el bilingüe, gallego y castellano, de la biblioteca de M. Pelayo: de entrambos salió la edición de Andrés Martínez Salazar, La Coruña, 1900, dos vols. Volvió á traducirse el Roman de Troie en castellano por autor anónimo á fines del siglo XIV, con algunos trozos versificados, cuyo códice, también de Osuna, para en la Bibl. Nac. (véase Revue Hisp., 1899), aunque parece anterior á la de 1350 por ciertos arcaísmos del lenguaje. De la Crónica, de Guido de Columna, procede la traducción catalana de Jaime Conesa (1367), y la castellana de Pedro de Chinchilla (1443), cuyo códice está en la bibl. de M. Pelayo. La Crónica Troyana, impresa en el siglo XVI á nombre de Pedro Núñez Delgado, Medina, 1587, toma á Guido por principal fuente y añade otras fábulas.
Crónica Troyana, códice gallego del siglo XIV, etc., ed. M. R. Rodríguez, La Coruña, 1900, 2 vols. Consúltense: J. Cornu, Estoria Troyãa acabada era de mill et quatroçentos et onze annos (1373), en Miscellanea linguistica in onore di Graziadio Ascoli (Torino, 1901), págs. 95-128; A. Mussafia, Ueber die spanischen Versionen der Historia Trojana, en Sitzungsberichte d. k. k. Akademie (Wien, 1871), t. LXIX, págs. 39-62.
=257.= DON GIL ÁLVAREZ DE ALBORNOZ (1310-1367), nacido en Cuenca, consejero de Alfonso XI, Arzobispo de Toledo, Cardenal desde 1350, Legado y cabeza de las tropas de Inocencio VI, para quien reconquistó muchas plazas de su patrimonio. Aniquiló en Italia el poder de Visconti de Milán, como Legado de Inocencio VI por la publicación de las Constitutiones Aegidianae del año 1362, impresas en Venecia, 1568-1571. Fundó el Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles en Bolonia, que se inauguró en 1367. Hizo otras varias Constitutiones, como las diocesanas y provinciales de Toledo (1339), las contra Clericos concubinarios (1342); además el Catecismo, en castellano: Interrogationes et Scrutinia de peccatis publicis para los Visitadores de las Iglesias; en fin, las Constitutiones de 1345: todo ello en la Biblioteca de El Escorial.
FRAY BERNARDO OLIVER, valentino, agustino y obispo de Tortosa hacia 1345, publicó Excitatorium mentis in Deum, traducido por anónimo: Espertamiento ó levantamiento de la voluntad en Dios. Tractatus contra Judaeos.
FRAY GUILLERMO ANGLÉS, valenciano y obispo de Valencia en 1345, escribió Expositio de ordine Missae.
El maestro general GAVER, barcelonés, escribió hacia 1345 Epistola Apologetica. De perfectione eiusdem Ordinis. De caelesti eiusdem Ordinis revelatione ac fundatione.
RODRIGO DE MALLORCA escribió _Eximiae Chiromantiae in Universitate Oxoniensi circa medium saeculi XIV compilati_, ó De praedictionibus.
FRAY NICOLÁS ROSELL († 1362), dominico mallorquín y cardenal desde 1356, escribió De quadruplici iurisdictione Romanae Ecclesiae in regnum Siciliae. De unitate Ecclesiae et schismate vitando. Historia ordinis Praedicatorum, que acabó en Roma el 1357. Otras obras en Nic. Antonio.
En 1356 FRAY NICOLÁS EYMERICH, dominico gerundense, fué nombrado inquisidor de Aragón. Publicó Directorium Inquisitorum, impreso en Roma, 1578. De potestate Pontificis contra haereticos. De duobus Christi naturis et de tribus personis in Deo. De excellentia Christi et B. Virginis. In Pauli ad Galatas et ad Hebraeos. Contra adoratores et advocatores daemonum. Contra calumniantes praeeminentiam Christi et Virginis. Super quatuor Evangelio. Conciones. Contra astrologos imperitos atque contra nigromantes.
Á principios del reinado de don Pedro I y por su mandado se compuso el Becerro ó Libro famoso de las Behetrias de Castilla, que se custodia en la Real Chancillería de Valladolid, en el cual se expresan la naturaleza y origen de la nobleza de España y se describe en todo su esplendor el feudalismo español en el último tercio de la Edad Media. Imprimióse en Santander, 1866, en cuyo prólogo se atribuye á don Pedro I. Tenemos las Cortes celebradas por don Pedro en Valladolid, 1351, con sus varios Ordenamientos; las celebradas por Enrique II en Burgos, 1367; en Toro, 1369 y 1371; en Burgos, 1373, 1374, 1377; las celebradas por Juan I en Burgos, 1379; en Soria, 1380; en Valladolid, 1385; en Segovia, 1386; en Briviesca, 1387; en Palencia, 1388; en Guadalajara, 1390; las celebradas por Enrique III en Madrid, 1391 y 1393.
Hacia 1356 GUILLERMO DESPABORDE, jurisconsulto de Pedro IV de Aragón, escribió De privilegio militari. De pace et tregua. Alphabetum iuris patrii.
DON FRAY ALONSO DE VARGAS (1299-1365), agustino toledano, arzobispo de Sevilla desde 1361, escribió Quaestiones de anima, Venecia, 1565. In librum Magistri Sententiarum, ibid., 1490.
FRAY JUAN BALLESTER († 1374), carmelita mallorquín, general de la Orden, escribió Super libros Sententiarum. Constitutiones sui Ordinis. Sermones. De bello forti militantis Ecclesiae et Anti-christo.
FRAY FRANCISCO DE BACHO († 1372), carmelita catalán, procurador general de la Orden desde 1366, luego provincial, escribió Repertorium Praedicatorum. Super libros Sententiarum. Sermones.
FRAY BERNARDO OLLER, carmelita de Manresa, general y sucesor de Ballester desde 1375, escribió De Ordinis sui origine. De immaculata Virg. conceptione.
=258.= Los castigos y documentos, libro atribuido al rey don Sancho IV, se publicaron malamente en la Biblioteca de Rivadeneyra, 1857. Gran parte está tomado de la traducción del De regimine principum, de Egidio Colonna, hecha cincuenta años después de morir Sancho IV, no sólo de lo que Colonna escribió, sino de lo añadido por el traductor Johan García. No es obra de dicho Rey y se hizo entre los años 1350 y 1369, según Groussac, cuanto á la redacción primitiva, contrahecha y aumentada después, acaso en tiempos de Enrique III.
Castigos e Documentos. Bibl. de Aut. Esp., t. LI. Consúltense: P. Grousac, en Revue Hispanique (1906), t. XV, págs. 212-339; R. Foulché-Delbosc, en Revue Hispanique (1906), t. XV, págs. 340-371.
=259.= El rabino SEM TOB ó SANTOB ó SANTO, que suena buen nombre, fué el primer judío que escribió en castellano y el primero que introdujo en Castilla la poesía gnómica ó sentenciosa, poniendo en 686 cuartetas de versos heptasílabos los Proverbios Morales. Era ya canoso cuando dirigió su obra á don Pedro (1350-1369), de quien algunos le creen médico, sin algún fundamento. Tampoco se sabe si nació en Carrión de los Condes, aunque allí estuviese avecindado. El Teognis castellano supo poner en verso bien rimado, con la gracia y nobleza de este género de composición y con bien apropiadas metáforas y cierto colorido oriental, la doctrina sentenciosa, que en aquel siglo habían tantos tratado en prosa, sacándola de la Escritura y de los libros de origen arábigo, corrientes á la sazón. Peca á veces de alguna oscuridad y sequedad, debidas á su extremada concisión y á las alegorías ó metáforas.
=260.= Sermón comunalmente rimado de glosas y moralmente sacado de filosofía llamó el autor á su obra. Santillana dice de él que fué "grand trovador", que escribió "muy buenas cosas" y "assaz comendables" sentencias. Según el mismo Marqués, escribió Sem Tob otras obras, que desconocemos. Falsamente se le atribuía la Doctrina de la Discriçion, la Revelación de un ermitaño y la Danza de la Muerte. Dos son los textos que tenemos del libro de Sem Tob, tan diferentes, que parecen dos obras: el mejor y más completo es el de la Biblioteca de El Escorial, en 686 estrofas, y es el que editó Janer, poniendo al pie las variantes del otro manuscrito, 627 estrofas, que se guarda en la Biblioteca Nacional y que editó Ticknor. Ambos fueron cotejados por José Coll y Vehí. Proverbios morales, edic. Bibl. de Aut. Esp., t. LVII. Consúltese: Untersuchungen über die Proverbios morales von Santob de Carrión, mit besonderen Hinweis auf die Quellen und Parallelen von doctor Leopold Stein, Berlín, 1900; Μ. Menéndez Pelayo, Antología de poet. lír. cast., t. III, págs. CXXIV-CXXXVI.
=261.= PEDRO DE VERAGUE escribió la Doctrina de la Discriçion, que falsamente atribuyen algunos á Sem Tob. Es un catecismo en 154 estrofas, de tercetos octosílabos, con el último verso de cuatro sílabas. Es de fines del siglo XIV y fué impreso en el siglo XVI (Gallardo).
Foulché-Delbosc ha editado el ms. de El Escorial, IV, b. 21, fol. 88-108, en Rev. Hisp., t. XIV (1906), págs. 565-597; Bibl. de Autor. Esp., t. LVII.
=262.= JUAN FERNÁNDEZ DE HEREDIA, "ilustre vástago de una de las más poderosas familias de Aragón", como escribe Am. de los Ríos (V, 240), nació en 1310, entró en la Orden de San Juan en 1332 y cincuenta y cinco años después fué nombrado Gran Maestro de la Orden; asentó en Aviñón el 1382 y se rodeó de letrados hasta que murió, el 1396, escribiendo durante aquel tiempo obras de historia. Atribúyensele, aunque no todas sean enteramente suyas, sino que las planearía y revisaría, las obras siguientes en castellano aragonés: Versión de las Vidas de Plutarco, ídem de Crosius, ídem de Marco Polo, ídem De Secreto Secretorum, de Aristóteles; Flor de las Istorias de Orient, La Historia de Eutropio, La grant Cronica de Espanya, La grant Coronica de los Conquiridores, de la que ha publicado la Sociedad de Bibliófilos Madrileños las Gestas del rey don Jayme de Aragon, Madrid, 1909. Véase Revue Hispan., 1907, t. XVI, pág. 244; Morel-Fatio, Rom., XVIII, pág. 491.
Johan Fernández de Heredia, _Libro de los fechos et conquistas_, ed. [con trad. francesa] A. Morel-Fatio, Genève, 1885 (Publications de la Société de l'Orient Latin, IV); Gestas del rey don Jayme de Aragón, ed. R. Foulché-Delbosc (Soc. de Biblióf. Madrileños, t. I).
DON PEDRO GÓMEZ DE ALBORNOZ, arzobispo de Sevilla hasta 1372, escribió De la justicia de la vida espiritual (Bibl. Real).
=263.= El CANCILLER PERO LÓPEZ DE AYALA (1332-1407) nació en Vitoria, de padre alavés, Ferrán Pérez de Ayala, y de madre montañesa, Elvira de Ceballos. Entró de paje de don Pedro el Cruel en 1353, fuélo después del infante don Fernando de Aragón, volviendo el año siguiente al servicio de don Pedro, de quien fué partidario hasta 1366, en que fué proclamado rey don Enrique en Calahorra, que, huyendo don Pedro, se pasó con su padre al bando del bastardo. En 1359 recorre como capitán de la flota los mares de Valencia y Cataluña, alcanzando el alguacilazgo mayor de Toledo en premio de su extraordinario valor. Hecho prisionero en Nájera por el Príncipe Negro (1367), se rescató, y tras el fratricidio de don Pedro en Montiel (1369), fué enriquecido y honrado por Enrique II y Juan I. En Aljubarrota (1385) fué preso de los portugueses, pasando quince meses en una jaula de hierro en el castillo de Oviedes, donde trabajó en el Rimado de Palacio y en el Libro de la caza, que compuso en 1386. Rescatado en 1387 volvió á España y formó parte del Consejo de regencia en la minoría de Enrique III (1390-1394) y fué nombrado Gran Canciller de Castilla (1398). En 1402 vió nombrados Merino mayor de Guipúzcoa á su hijo Fernando y Alcalde mayor de Toledo al otro hijo, Pedro. Todavía vivió nueve años dado á la política y á las letras, residiendo, ya en la corte, ya en sus estados de Álava y la Rioja, en los monasterios de que era fundador ó patrono, sobre todo en el de San Juan de Quijana y en el de San Miguel del Monte, cerca de Miranda de Ebro. Murió casi de repente en Calahorra en 1407, después de don Enrique III y cuando se hallaba escribiendo su Crónica. Fué recio de complexión y de musculoso cuerpo, de valor hasta la temeridad, salvo que con reflexión, diestro en la caballería y en las armas, amigo de la caza de cetrería y montería, "muy dado á las mujeres, más de lo que á tan sabio caballero como él convenía", en frase de su sobrino Fernán Pérez de Guzmán.
=264.= Su padre fué rico hombre de Álava, de los que ayudaron á Alfonso XI á apoderarse de su provincia natal. De la hermana del Canciller descendía Fernando el Católico. En su Crónica confiesa su desleal traición: "e de tal guisa iban los fechos, que todos los más que dél se partían habían su acuerdo de non volver más á él". Amontonó señoríos, alcaldías, tenencias, heredamientos y riquezas sin cuento, siendo además árbitro de cuanto se hacía en Castilla. Obtuvo al pasarse á don Enrique el cargo de alférez mayor de la Orden de la Banda, cuyo pendón llevó en la batalla de Nájera; fué de los más favorecidos en el reparto del botín de Montiel, adonde no asistió; en 1369 logró la Puebla de Arciniega, la torre del valle de Orozco, la posesión del valle de Llodio, que traía en litigio su padre; en 1374, los cargos de alcalde mayor y merino de Vitoria y la confirmación del mayorazgo fundado por su padre, que ya entonces era fraile dominico; en fin, la alcaldía mayor de Toledo, en 1375. Como consejero de Enrique II y Juan I mostró su habilidad en misiones diplomáticas en las Cortes de Aragón y de Francia, asistiendo á Carlos VI en la batalla de Rosebeck, por lo que le hizo en 1382 su camarero y le dió una pensión anual de 1.000 francos de oro. Treinta mil doblas de oro pagó por su rescate á los portugueses su mujer doña Leonor de Guzmán, con ayuda de su pariente el Maestre de Calatrava y de los Reyes de Francia y de Castilla. Ajustó las paces entre don Juan I y la casa de Lancaster, representante de los derechos de los descendientes de don Pedro y peroró en las Cortes de Guadalajara de 1390 contra el proyecto de abdicación y repartición del reino que tenía pensado don Juan I. En 1392 ajustó las treguas con Portugal por don Enrique III, que estaba en su minoridad, el cual después, en 1398, le nombró Canciller. Escribió su vida Rafael Floranes y se publicó en los tomos XIX y XX de los Documentos inéditos para la Historia de España.
=265.= El Rimado de Palacio fué compuesto por la mayor parte en la jaula de hierro de Oviedes, como el Libro de buen Amor y el Quijote se compusieron en la cárcel. La desgracia abre los ojos para reconocer las culpas propias y ajenas. Desde la estrofa 903 hubo de escribirse más tarde, cuando ya libre el Canciller pudo poner en su obra más tranquilidad y serenidad, que cuando preso comenzó con la propia confesión para que su crítica de los vicios ajenos tuviese más fuerza, bien así como lo hizo el de Hita. Al acabar su Sermón dice en la estrofa 706 que se hallaba aquejado "de muchas grandes penas e de mucho cuydado". Así el Arcipreste pide á Dios: "Saca á mi coytado desta mala presion". No puede negarse cierto parentesco entre la obra del Canciller y la del Arcipreste: ambos pretenden criticar los vicios de la sociedad, con la diferencia de unos cuarenta años.
El Canciller leyó y remedó al Arcipreste en el intento de la crítica social, en la enérgica franqueza y aun extremada libertad de juicio, en el mudar de metro sobre el fondo del tetrástrofo, dando lugar á las combinaciones métricas de la tradición galaico-portuguesa, en las canciones á la Virgen, en la unidad personal que sirve de trama, en lo variado y al parecer descosido de las partes: "Efemérides del espíritu de su autor", llamó Gallardo al Rimado de Palacio. Ya conocemos la obra del Arcipreste; la del Canciller es un libro más del mester de clerezia, sin pizca de la juglaria, que es el alma del Libro de buen Amor. Obra didáctica como las acostumbradas hasta entonces, "que le hizo caer en cierto prosaísmo ético y pedagógico", como dijo M. Pelayo; nada de lo lírico, de lo dramático y de lo épico, que lo es todo en la obra del Arcipreste. El cual era grandísimo y originalísimo poeta; el Canciller era un puro versificador. El fino humorismo con que el de Hita envuelve la retozona sátira, hasta el punto de haber desconocido los críticos su verdadero intento, se convierte en declarada causticidad en la grave sátira de Ayala. Donde mejor le imita es en la pintura de la simonía (c. 229). Tanto va del espíritu erudito del Canciller al espíritu popular del Arcipreste, del beber en los muertos libros al beber en la vena bullente de la vida, del morar en palacios al corretear por ferias y plazas, del tratar con disimulados cortesanos al andar entre escolares, troteras, moriscas y serranas. Con todo eso, ya que no como poesía, la obra del Canciller sirve como claro documento de la depravación de costumbres durante la malhadada época del cisma de occidente. Con esta obra desaparece el verso alejandrino de la literatura castellana.
Pasaba de los setenta años cuando dió el último toque al Rimado de Palacio; nada tiene de extraño que después de los metros ligeros que en las canciones religiosas empleó, á imitación del Arcipreste, volviese á la cuaderna vía, parafraseando al final de la obra el libro de los Morales de San Gregorio.
=266.= Se ha creído que el Rimado de Palacio lo escribió durante su cautiverio en Inglaterra, fundándose en un manuscrito indicado por Gallardo. Pero, según esto, lo escribió el año 1367. Mas en la estrofa 215 (ed. Janer) se alude al cisma en tiempo de Urbano VI, de modo que estos versos no pudieron escribirse antes de 1378. En la estrofa 811 se dice que el cisma había durado veinticinco años, pasaje que no pudo escribirse antes de 1403. Lo que se dice en la estrofa 853, "que me libre e me tire de entre estas paredes", no pudo escribirse hasta después de 1372, en que el padre de López de Ayala fundó el convento de San Juan de Quejana, á cuyas monjas dominicas dirige estos versos desde el castillo de Oviedes. Todas estas partes de la composición fueron escritas después de 1367, en que el autor cayó preso del Príncipe Negro. Ahora bien, no se sabe que estuviese otra vez en Inglaterra. Su pariente Santillana llama á esta obra Las maneras del Palacio; también se titula El libro de Palacio; pero lo corriente es darle el rótulo que le dió Pérez de Guzmán, Rimado de Palacio.
=267.= Así como el Arcipreste de Hita había nacido poeta y se amañaba mal en la prosa, López de Ayala, versificador moralista sin estro poético, era por naturaleza un gran prosista. Durante su encierro en Oviedes (junio de 1386) escribió el Libro de la caza de las aves et de sus plumages et dolencias et melecinamientos, dirigido á su pariente Gonzalo de Mena, obispo de Burgos, tan aficionado como él á la caza de altanería. Gran fautor de toda buena cultura, tradujo, ya en los ocho últimos años de su vida, las Décadas 1.ª, 2.ª y 4.ª de Tito Livio, de la versión francesa del benedictino Pedro Berçuire († 1362), á instancias de Enrique III. Por sí ó por sus secretarios tradujo el libro De summo bono sive De sententiis, de San Isidoro, los Morales ó Comentario de Job, de San Gregorio el Magno, el De consolatione philosophiae, de Boecio, el De casibus virorum et feminarum illustrium, ó Caída de principes, de Boccaccio, traducción hecha entre 1356 y 1364, continuada por Alonso de Cartagena y Juan Alfonso de Zamora en 1422; la Historia Troiana, de Guido delle Colonne, traducida muchas veces en los siglos XIV y XV, libro de caballerías de asunto clásico, y acaso el Valerio Maximo.
=268.= El título Libro de la caza de las aves et de sus plumajes et dolencias et melecinamientos se halla en la Invocación con que el libro comienza, y en el prólogo al obispo de Burgos don Gonzalo de Mena dice cinco veces Caza de las Aves. Por último, escribe al fin del libro: "Aquí se acaba el Libro de la Caza de las Aves, que fizo Pero López de Ayala en el castillo de Oviedes, en Portogal, en el mes de junio, año del Señor de mill et trecientos et ochenta y seis años, era de César de MCCCCXXIV años". Extraño parece que en la edición de la Sociedad de Bibliófilos Españoles, preparada por Lafuente y Alcántara, y por su muerte acabada por Gayangos, el título sea El Libro de las Aves de Caza, como si fuese un tratado de historia natural. Acerca de las Glosas del Duque de Alburquerque, añadidas á esa edición, léase lo que dice Gutiérrez de la Vega en su hermosa edición, pág. XLVII. Sobre los códices, la Biblioteca Venatoria Española y la Bibliografía Venatoria Española, del mismo Gutiérrez.
En el libro de la Caza se ve su intento siempre de gran moralizador de las costumbres, pues en su ejercicio halla una manera de "tirar á los omes de ocio et malos pensamientos et que puedan aver entre los sus enojos et cuidados algund plazer et recreamiento sin pecado". Libro curioso para la historia de las costumbres de la época, para el conocimiento de este deporte y de su vocabulario particular. Amante de toda cultura, emprendió sus traducciones "por avisar é ennoblecer la gente é nación de Castilla, fizo romanzar de latín en lenguaje castellano algunas crónicas y estorias que nunca antes dél fueron vistas ni conoscidas en Castilla" (Pedro López de Ayala, su nieto, en la Relación fidelísima de su linaje). El texto latino de Livio para el Canciller "estava en latín por bocávulos ignotos et escuros", como dice él al Rey. El intento de sus versiones fué "á bien et á provecho de la republica", entresacando de ellas "dichos de muchos buenos enxemplos et de buenas doctrinas para bien vivir espiritualmente et moral et onestamente." La Crónica Troyana había dejado sus huellas en el Libro de Alixandre y un tal Domingo de Troya se decía haber divulgado la leyenda en España antes de Alfonso el Sabio, en cuyo reinado un eclesiástico hizo una refundición castellana del Roman de Troie, de Benoît de Sainte-More (hacia 1160), de la cual se conserva la copia de Nicolás González, fechada en 31 de diciembre de 1350. Esta versión castellana la tradujo al gallego en 1373 Fernán Martínez. La versión latina de Guido delle Colonne ó Historia Troiana (1272-1287) no es sino una reproducción de la obra de Benoît de Sainte-More. De esta traducción latina de Colonne sacó la suya Ayala en 1358, y en 1367 la suya catalana Jaime Conesa. La leyenda y refundiciones proceden de las latinas de los seudo cretense Dictys y seudo frigio Dares.
=269.= Pero la obra principal del Canciller fué convertir la informe crónica, hasta su tiempo usada, en verdadera historia artística. Acaso él mismo no se percató de ello; sino que aficionado y aun estimulado por el ejemplo de su padre á leer historias, sin querer remedó á Tito Livio, cuyas Décadas había traducido, insertando breves discursos y frases, que encierran los motivos que tenían al obrar los personajes. Conociendo tan de cerca á los Reyes, no se dejaba encandilar por las apariencias; su natural austero y grave no le permite rebajarse ante nadie, no bandearse más á una que á otra parcialidad, y su amor por la moral y la justicia le mantiene en el fiel de la equidad generalmente. Con este criterio escribió sobre los reinados de don Pedro, don Enrique II, don Juan I y don Enrique III, el último no acabado por haberle tomado la muerte cuando había llegado á los acontecimientos del año 1396, y la crónica de este reinado fué después continuada por Álvar García de Santa María (1390-1460). López de Ayala es el primer historiador en fecha, de España, y fuera de ella no lo hubo hasta fines del siglo XV. Es historiador grande y severo, que con cierto instinto ahonda y escudriña en el alma de los personajes, pintándolos además en retratos ceñidos y recios; pónelos en acción haciéndoles declarar por su propia boca sus intentos por medio del diálogo, cartas y arengas, y, sobre todo, prepara los acontecimientos trágicos con maña de habilidoso dramático, haciendo crecer el terror por momentos hasta el desenlace. Tiénesele por sospechoso en lo que atañe al rey don Pedro, de quien deslealmente se apartó; pero convienen con él los cronistas catalanes, como el autor de las memorias de don Pedro IV; los portugueses, como Fernán Lopes; los italianos, como Villani; y los franceses, como Froissart y el biógrafo de Duguesclin. Fuera de este caso, todos concuerdan en tenerle por historiador veraz y de imparcial fidelidad.
=270.= Hasta él no había habido más que Crónicas, la Crónica general, de Alfonso el Sabio; el compendio que de ella hizo don Juan Manuel y las varias refundiciones conocidas; los anales de Alfonso el Sabio, de Sancho IV, de Fernando IV y de Alfonso XI, que fueron escritos por Fernán Sánchez de Tovar, predecesor de López de Ayala en la Gran Cancillería castellana, más bien que por Juan Núñez de Villaizan; La grant Cronica de los Conquiridores (1383), ó historia del Imperio bizantino de 780 á 1118 y crónica de Morea de 1199 á 1377, y La grant Cronica de Espanya (1385), ambas redactadas por orden del gran maestre de la Orden de San Juan de Jerusalén, Johan Fernández de Heredia (1310-1396). Fernán Pérez, padre de López de Ayala, "como era tan grand caballero et tan entendido et mesurado en todos sus fechos, se pagaba de decir bien et apuestamente et otrosi de alcanzar noticias de letras et de estorias de cosas grandes et nobles que en el mundo hubiesen pasado" y había romanceado una "antiqua escriptura", compuesta por "un muy grand caballero de los de Ayala, á quien decían San Velázquez", la cual sirvió al Canciller para escribir sobre "el linaje de Ayala y las generaciones de los señores que vienen de él". Como muestra de su pincel, recuérdese el retrato de don Pedro: "assaz grande de cuerpo et blanco et rubio et ceceaba un poco en la fabla; era muy cazador de aves; fué muy sofridor de trabajos; era muy temprado et bien acostumbrado en el comer et beber; dormía poco et amó mucho mujeres; fué muy trabajador en guerras; fué cobdicioso de allegar tesoros et joyas et aljofar et baxilla de oro et de plata et paños de oro et otros apostamientos". Las cartas que atribuye al "sabidor moro granadino" Ben Alkhatib le sirven para envolver sus máximas morales y políticas. Sobre su manera de preparar los grandes sucesos, recuérdese la profecía de Merlín, interpretada por Ben Alkhatib, y no menos la muerte de Garcilasso de Burgos, el suplicio del rey Bermejo, etc. Próspero Mérimée, con poco más que adobar esta Crónica á la moderna, hizo una historia hermosísima.
=271.= Pero López de Ayala, Rimado de Palacio, ed. F. Janer, Bibl. de Aut. Esp., t. LVII; ed. A. F. Kuersteiner (en prensa); Crónicas de los Reyes de Castilla don Pedro, don Enrique II, don Juan I, don Enrique III, ed. E. de Llaguno y Amírola, en Crónicas españolas, Madrid, 1799, ts. I y II; Crónica del rey don Pedro, Bibl. de Aut. Esp., t. LXVI; El libro de las aves de Caça (Soc. de Biblióf. Españoles), ed. P. de Gayangos, Madrid, 1869; Libro de la Caza, ed. J. Gutiérrez de la Vega, en Biblioteca Venatoria, Madrid, 1879, t. III. Consúltense: R. Floranes Robles y Encinas, Vida literaria de P. L. de Α., en Documentos inéditos (1851-52), ts. XIX y XX; J. Catalina García, Castilla y León durante los reinados de Pedro I, Enrique II, Juan I y Enrique III, Madrid, 1892-1901 [sin terminar]; M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. IV, págs. IX-XXXVII; A. F. Kuersteiner, A Textual Study of the First Cantica sobre el Fecho de la Iglesia in Ayala's Rimado, en Studies in honour of A. Marshall Elliott, Baltimore [1911], vol. II, págs. 237-256; G. Daumet, Étude sur l'alliance de la France et de la Castille aux XIV^e et XV^e siècles (Bibl. de l'École des Hautes Études, fasc. 118), París, 1898; A. Fernández-Guerra y Orbe, Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia en la pública recepción de don Francisco Javier de Salas, Madrid, 1868, págs. 131-200; F. W. Schirrmacher, Ueber die Glaubwürdigkeit der Chronik Ayalas, en Geschichte von Spanien, Berlín, 1902, t. V, págs. 510-532; Ε. Fueter, Ayala und die Cronik Peters des Grausamen, en Mitteilungen des Instituts für österreichische Geschichtsforschung (1905), t. XXXVI. págs. 225-246; A. F. Kuersteiner, The use of the relative pronoun in the Rimado de Palacio, en Revue Hispanique (1911), t. XXIV, págs. 40-170.
=272.= La Revelación de un ermitaño, poema didáctico y anónimo en octavas de arte mayor y con influencia italiana, se escribió en 1382 (verso 3); está tomado el asunto de la Rixa Animi et Corporis. Ed. Bibl. Autor. Esp., t. LVII.
=273.= FRAY GARCÍA DE EUGUI, elegido obispo de Bayona en 1384, compuso la Crónica General de España, publicada últimamente por G. Eyzaguirre Rouse: Crónica General de España, en los Anales de la Universidad de Chile, transcripción del manuscrito de El Escorial.
FRAY GOMBALDO DE ULIGIA († 1384), dominico catalán de Cervera, escribió In libros Sententiarum. De vitis Sanctorum.
FRAY FELIPE RIBOT († 1391), carmelita catalán, escribió De institutione et gestis Carmelitarum. De vivis illustribus Carmelitarum. Sermones. Epistolae.
En 1487 murió PEDRO IV "EL CEREMONIOSO", que parece escribió en romance una Crónica de su tiempo. Por orden suya se compusieron las Ordinations y ceremonias de la Casa Real, en lemosín, promulgadas en 1344 (Bibl. Escor.). También escribió De ordine servando in coronationibus Regum Aragonum (ibid.). (Véase Nic. Ant., l. IX, c. VII, pág. 177).
FRAY FRANCISCO EXIMENIZ († 1409), franciscano y obispo de Elna, aunque escribió en catalán merece citarse por su obra enciclopédica Crestiá (El Cristiano), y más por las otras que se tradujeron al romance. De les dones, cuyo ejemplar del Arcipreste de Talavera se conserva, tradújose y hay Ms. del siglo XV (Gallardo): Aquí comienza el libro llamado de las Donas, compuesto e ordenado por el Maestro fray Francisco Jiménez... En Valladolid, 1542, salió impreso el Carro de las donas, que comprende el "libro de las mujeres...". "Va repartido en cinco libros: los cuatro hizo este Doctor, aunque yo añadí mucho en ellos copilando y sacando doctrina de doctores muy sanctos. Copilé otro libro que trata del aparejo que el hombre cristiano ha de hacer para la muerte: todo junto se llama Carro de las Donas" (Pról. dedicat.). "Un religioso de Sant Francisco, morador en Sant Francisco de Valladolid le tradujo". Gallardo añade: "Véase si el traductor es el padre toledano Gómez García". Comprende además, como dice el título, el "Vita christianorum" y "Memoria eterna". Escribió Eximeniz además el Vita Christi en catalán, traducido por don Fernando de Talavera; Del Angels, traducido al romance: La natura angelica, Burgos, 1490, 1516; Pastoral, Barcelona, 1495; De la temor de Deu, ain (sic) Virtut de justicia, Barcelona, 1509.
DON GONZALO GONZÁLEZ DE BUSTAMANTE († 1392), obispo de Segovia, escribió La Peregrina ó repertorio alfabético del Derecho canónico, romano y español (Bib. Escor.).
PEDRO DE LUNA ó Benedictus XIII desde 1394, escribió, entre otras obras (Nic. Ant.), Libro de las Consolaciones de la Vida humana. De potestate summi Pontificis et Concilii. De horis dicendis per clericos.
Hacia 1397 JUAN FIGUEROLA, canónigo valenciano, escribió Adversas Iudaeos et Thalmudem.
=274.= SAN VICENTE FERRER (1352-1419) parece profesó en los dominicos en 1374, maravilloso varón apostólico. De vita Spirituali, Venecia, 1568. De fine mundi. Suppositionum liber. De sacrificio missae. Tractatus consolationis in fidei tentationibus. Sermones y Cartas, 3 vols., Lyon, 1530, 1539, 1550; Amberes, 1569; Venecia, 1573. Obras completas, Valencia, 1591. Otras en la Biblioteca Nacional.
=275.= En el siglo XIV se escribió, por el MAESTRE AUDALLÁ, De caballos y sus dolencias (GALLARDO). De fines del siglo XIV es el Vergel de Consolación, escrito por FRAY JACOBO DE BENAVENTE, impreso en Sevilla, 1497.
[Ilustración: SEPULCRO DE D. JUAN II. (Cartuja de Miraflores, Burgos).]
NOTAS:
[21] Así lo titula Gayangos al publicar este libro.
[22] "¿Quién creerá que Domenico Greco trajera sus pinturas muchas veces á la mano y las retocase una y otra vez para dejar los colores distintos y desunidos, y dar aquellos crueles borrones para afectar valentía?" Así juzgó el académico pintor Pacheco al Greco; y esta valentía en que lo comparo con el Arcipreste no la ha entendido Azorín. (Los valores literarios, pág. 71).
[23] Véase TACKE: Die Fabeln des Erzpriesters von Hita, in Rahmen der mittelalterlichen Fabelliteratur nebst einer Analyse des Libro de buen amor. Breslau, 1911 (32 págs.).
[24] "Las Grandes virtudes y hazañas de este nuevo Prelado mejor será pasallas en silencio, que quedar en este cuento cortos". MARIANA, Η. E., 16, 5.
ÉPOCA DE DON JUAN EL II
LA POESÍA LÍRICA CORTESANA Y LOS ALBORES DEL RENACIMIENTO (PRIMERA MITAD DEL SIGLO XV HASTA 1454)
=276.= Resumen histórico: Juan II (1407-1454), privado y verdadero gobernante de Castilla don Álvaro de Luna. En Aragón, Alfonso V el Magnánimo (1416-1458), hijo de Fernando I el de Antequera, coronado en el Compromiso de Caspe, conquista el reino de Nápoles, corte de renacimiento para la literatura española.
Literatura francesa: Alain Chartier (1394-hacia 1439). Charles d'Orléans (1391-1465). Villon (1431-1483?). Gringoire (Jeu du Prince des Sots, 1512). Roman de Troïlus (1400). Gerson (Sermons, 1389-1414).
=277.= Á los esforzados Reyes del siglo XIV, que gastan sus aceros en la morisma acabando con su poder, como Alfonso XI en el Salado, ó que tienen á raya á los magnates y luchan entre sí, como don Pedro y su hermano el Bastardo, suceden en el siglo XV Reyes apocados, como don Juan II y Enrique IV el Impotente, á quienes se sobreponen los grandes y hasta los destronan, peleando ellos por la privanza y señoríos y no escarmentando ni con ver caer en el cadalso la cabeza del más poderoso de todos y único verdadero Rey en Castilla durante largos años, don Álvaro de Luna. Las costumbres, de brutales que fueran en el siglo XIV, se hacen refinadas en el XV, dominando la hipocresía y la doblez cortesana. Mientras anda calladamente la intriga por las antesalas entre los grandes ó revienta estruendosamente en los campos de batalla, en manos de los grandes intrigadores y en la del mismo Rey, hollado por sus ambiciones turbulentas, suena la lira cortesana en el tono ficticio y apagado de la escuela galaico-portuguesa, que da sus últimos y moribundos sones en Castilla y á la vez en el no menos ficticio y falso de la escuela italiana comenzada á sonar con intempestivo y descerrajado chirrido. De entrambas escuelas es la lírica de la corte de don Juan II; pero como ecos remedados y por gente cortesana, no contiene más que lo peor de entrambas. El nervio de la galaico-portuguesa había sido lo popular gallego, el aire serrano, candoroso y sentido; de ello sólo quedaba en la poesía de la corte de don Juan II la sencillez de la cáscara, los versos cortos, ligeros y delicados, propios de los cantares populares que aun hoy suenan en todas partes y debieron de sonar en España mucho antes de aquella época.
El alma gallega y popular había volado: á la natural candidez había tomado el lugar la sutileza, al candoroso sentimiento el jugueteo de los conceptos. Más que de la escuela gallega eran aquellos los últimos dejos de la escuela provenzal, llegada á Castilla por Portugal y Galicia. Así acabó en España el influjo de la literatura venido de Francia, primero de la lengua d'oil á la épica, después de la d'oc á la lírica. La literatura italiana, la última en fecha de las literaturas románicas, había resonado á fines del XIII y durante el siglo XIV en las liras de Dante, Petrarca y Boccaccio, con cadencias tan nuevamente elegantes, como viejas de abolengo, puesto que eran las de la antigua Grecia y Roma, que despertaban al mágico poder de aquellos renacentistas de la antigüedad clásica. Micer Imperial y sus discípulos traen por Sevilla á la corte y resto de España, á principios del siglo XV el culto de la Divina Comedia, y tras Dante siguen Petrarca y Boccaccio, apuntando la primera aurora del renacimiento latino. Pero es aurora todavía harto entre tinieblas, ó mejor digamos, la gente cortesana no estaba aparejada para admirar y gozar de tan desusados resplandores; no tenían ojos para ver entre tanta luz y cegaron á sus rayos. La naturalidad del arte griego no podía ser percibida y apreciada por gentes palaciegas que vivían de la doblez y mentira, de la ficción y engaño. Aquella soberana naturalidad llegaba además envuelta en el ropaje del simbolismo, con que Dante la había vestido, porque así lo llevaban los tiempos y las circunstancias políticas en que escribió. Nuestros poetas cortesanos quedáronse con el ropaje y se les escabulló lo que dentro iba. Comenzó además á entrar en España la erudición latina entre prosistas que no sabían latín, y en vez de tomar lo bueno del fondo, también se quedaron con lo de la corteza, que, acomodado al idioma castellano, le cuadraba mal, con los desaforados latinismos y el destartalado trastrueque é hipérbaton de palabras y frases, amén de la fría y farragosa erudición de mitologías y leyendas, que para los españoles eran letra muerta, y horriblemente gravosa y desquiciada por el consiguiente. En urdir alegorías dantescas los poetas sin el alma de la poesía de Dante, y en argamasar suciamente añejas erudiciones en estilo desvencijado, descuartizado y empedrado de voces latinas y de latinos nombres propios los prosistas, se fueron entreteniendo aquellos escritores cortesanos de la corte de don Juan II, hasta que el gusto de las gentes acudió en tiempo de los Reyes Católicos á la vena popular y castiza de los romances y de los cantarcillos de villanos, cuando los eruditos, ahondando en el verdadero clasicismo de Roma y Grecia, fueron echando de ver que el alma del arte antiguo había salido del pueblo de Grecia y que el alma del arte moderno bien podía hallarse en el pueblo de España, que en naturalidad, brío y color no le iba en zaga. Con razón ha podido, pues, llamar M. Pelayo al reinado de Juan II "pórtico de nuestro Renacimiento", aunque él fuese pórtico algún tanto estrafalario y más bien parece revoltijo de materiales, piedras, argamasa, maderos y andamiaje, que amontonan los alarifes al echar los cimientos de ese pórtico. Fué, pues, el reinado de Juan II una época de transición, de poesía galaico-portuguesa harto retrasada, de poesía italiana por demás prematura, de prosa clásica que á los dos pinos que hace da tres trompicones. Todo ello manejado por cortesanos y eruditos, que, tapándose todavía las orejas para no oir á los villanos, aprendían su arte en los libros. Con todo, á la poesía de los villanos se iban acercando, quieras que no. Los versos cortos, que á imitación de la lírica galaico-portuguesa, se menudean tanto y no menos el pie de romance, cortado en hemistiquios ó enteros, eran versos populares castellanos. Poca verdadera poesía se halla en cuarenta y siete años, á pesar de los 218 poetas que contó Amador de los Ríos; pero la versificación es tan varia y rica, que no pocas composiciones se leen con agrado, mayormente cuando algún buen ingenio rodea sutil y galanamente el pensamiento ó cuando algún juglar bufonesco y satírico se olvida del pudor cortesano y deja correr, aunque sea á medio chorro, la vena castiza, que sin pretenderlo se apropia derivándola del pueblo. No á medio, sino á todo chorro salta y se rebulle el habla castiza en la prosa del Arcipreste de Talavera, sobre todo en unos cuantos capítulos de costumbres, en que parece se le envistió en el cuerpo el retozón espiritillo del Arcipreste de Hita. Los dos Arciprestes pertenecen á la cepa castiza y popular, son pintores realistas de empuje, son, sin género alguno de duda, los dos mejores escritores de los siglos XIV y XV. Ellos se bastan, aunque más no hubiera, para representar el verdadero arte en la historia universal de las manifestaciones estéticas, y para eslabonar la áurea cadena cuyo primer eslabón es el Mio Cid, y ha de llegar al siglo XVI engarzando los no menos castizos y maravillosos del Romancero y la Celestina al acabar el siglo XV. Éstas son las cumbres del arte nacional; lo demás son jugueteos y remedos de artes extraños, pesadumbre de estantes, broza de bibliotecas.
=278.= M. Pelayo, Antol., t. V, pág. IX: "La antigua hegemonía literaria de Francia sobre los demás pueblos de la Edad Media estaba definitivamente perdida desde el siglo XIV. Dante, Petrarca y Boccaccio habían destronado completamente á los troveros franceses y á los trovadores provenzales, sin excluir aquellos que en algún modo podían considerarse como maestros suyos. El genio francés, que tanto creó en aquellas edades, no había acertado á perfeccionar nada ni á poner estilo ni acento personal en sus obras. La cantidad había ahogado monstruosamente á la calidad en aquellas selvas inextricables de canciones de gesta, de fabliaux, de leyendas devotas y de misterios dramáticos. En aquella masa informe estaban contenidos casi todos los elementos de la literatura moderna, pero rudos y sin desbastar, esperando el trabajo de selección y la obra del genio individual: Francia, que en los tiempos modernos se ha distinguido principalmente por el don de adaptar y perfeccionar las invenciones y pensamientos ajenos, y por el modo fácil y agradable de presentarlo y exponerlo todo, tenía en la Edad Media cualidades absolutamente contrarias: el don de la invención enorme, facilísima y atropellada, no el de la perfección ni el de la mesura. Por eso la primera literatura de carácter moderno no fué la francesa, sino la italiana, la más tardía en su aparición de todas las literaturas vulgares, la que desde el primer momento pareció reanudar la tradición clásica, en parte conocida, en parte adivinada por secreto influjo de raza... Comunicaciones cada día más frecuentes con Italia aceleraron este movimiento, al cual no fué extraña la asistencia en Roma de algunos prelados y otros doctos varones de nuestra Iglesia á la ida ó á la vuelta de los Concilios de Constanza y Basilea (1414-1431), sobresaliendo entre ellos don Diego Gómez de Fuensalida, obispo de Zamora; el arcediano de Briviesca don Gonzalo García de Santa María; don Álvaro de Isorna, obispo de Cuenca; y más que todos aquel memorable converso don Alonso de Cartagena, obispo de Burgos, cuyo nombre se encuentra mezclado en toda empresa de cultura durante el reinado de don Juan II, y de quien cuentan que dijo Eugenio IV: "Si el Obispo de Burgos en nuestra corte viene, con gran vergüenza nos asentaremos en la silla de San Pedro". Don Alonso de Cartagena, que en Basilea había sostenido los derechos de la Sede apostólica con no menos brío que la precedencia de su rey sobre el de Inglaterra, entró allí en trato familiar con Eneas Silvio, una de las más simpáticas figuras del Renacimiento antes y después de su Pontificado; y ovo dulce comercio por epistolas con Leonardo Aretino, entrando en discusión con él sobre su nueva traducción de la Ética, de Aristóteles; lo cual da á entender que el Obispo burgense no era enteramente peregrino en la lengua griega.
"De este mismo Leonardo Aretino recibía cartas filosóficas don Juan II, tan admirador de su doctrina y tan penetrado de la nobleza y excelencia del saber, que, tratando como á príncipe al modesto humanista de Florencia, le enviaba embajadores que le hablaban de rodillas. Si á este infantil y candoroso entusiasmo por las letras humanas se añade la antigua comunicación de la ciencia jurídica por medio de las escuelas de Bolonia y Padua, siempre muy frecuentadas de españoles, y más después de la fundación del Colegio Albornoziano, se verá hasta qué punto comenzaban á ser estrechos los lazos del espíritu entre España é Italia. Fueron ya no pocos los poetas y prosistas castellanos del siglo XV que en Italia recibieron su educación en todo ó en parte: Juan de Mena, Juan de Lucena y Alonso de Palencia descuellan sobre todos, siendo más visible y marcada en ellos que en otros escritores la tendencia al latinismo de dicción y de pensamiento... El Renacimiento español, rezagado en medio siglo respecto del italiano, pasó por un período de vulgarización y de dilettantismo más aristocrático y cortesano que gramatical y erudito, período de traducciones y adaptaciones, en que se procuraba coger el seso real según común estilo de intérpretes. "Si se carece de las formas, poseamos al menos las materias", decía el Marqués de Santillana, que, no bastante noticioso de la lengua latina, empleaba como traductor á su propio hijo, don Pero González de Mendoza, el que fué después gran Cardenal de España. Crecía la afición á los libros, que venían en su mayor parte de Italia, y comenzaban á formarse suntuosas colecciones de códices, descollando entre los más apasionados bibliófilos don Íñigo López de Mendoza y el Maestre de Calatrava don Luis Núñez de Guzmán. Rarísimo aún el conocimiento del griego, como lo había sido en Italia en el siglo XIV, puesto que el Petrarca no lo supo, y Boccaccio sólo pudo alcanzar alguna tintura de él en sus postreros años; lo poco que de aquella literatura pasó en el siglo XV á la nuestra venía por intermedio de los traductores latinos, como es de ver en la Ilíada, de Juan de Mena; en el Fedón, y el Axioco, de Pedro Díaz de Toledo; en el Plutarco y el Josefo, de Alonso de Palencia; en las homilías de San Juan de Crisóstomo y otras obras de padres y doctores eclesiásticos. Á los latinos se los traducía directamente y, por lo común, con extrema fidelidad literal, más que con discreción de sentido, en estilo sobremanera revesado y pedantesco, con afectada imitación ó, más bien, grosero calco del hipérbaton del original. Prototipo de tales versiones es la Eneida, de don Enrique de Villena, con las prolijas glosas que la acompañan, en que vierte el traductor toda la copia de su saber enciclopédico é indigesto. El gusto no estaba maduro aún para que entrasen en la literatura moderna Horacio y los elegíacos, cuyas bellezas requieren más hondo conocimiento de la lengua y civilización greco-romana y más refinado gusto; pero se traducían las obras de carácter narrativo, y así el futuro gran cardenal Mendoza ocupaba sus ocios de estudiante en facilitar á su padre la lectura de las Metamorfosis, de Ovidio, gran repertorio de fábulas mitológicas, al cual llamaban entonces la Biblia de los Poetas, porque de él principalmente se sacaban argumentos y comparaciones y todo género de alardes de erudición profana. Simultáneamente, y muy estimados en su calidad de españoles, pasaban á nuestra lengua Lucano y Séneca el trágico. Era la prosa forma única de estas versiones, sin que haya una sola excepción en contrario, lo cual se explica bien, considerando que en ellas se atendía únicamente á la materia y de ningún modo á los caracteres del estilo poético, que ni el traductor ni sus lectores entendían; y así á Lucano se le traducía, no en concepto de épico, sino de historiador de la guerra civil entre César y Pompeyo, y á Séneca, no como poeta dramático, sino por las máximas y sentencias morales que en sus tragedias se encuentran. La afición á la lectura de los moralistas era carácter especialísimo de este período, como lo había sido de nuestra primera Edad Media, salvo que entonces eran preferidos aquellos libros orientales que suelen revestir la enseñanza con las amenas formas del cuento y del apólogo, y ahora, por el contrario, se daba mayor estimación á la forma directa con que aparece la doctrina en los libros de los moralistas clásicos; y aun entre éstos, más que la rotundidad de los períodos ciceronianos (cuya plena imitación no se logró hasta el siglo XVI), agradaba el vivo y ardiente decir de Séneca y su manera cortada y vibrante. Intérprete lo mismo de Marco Tulio que del filósofo de Córdoba, pero mostrando predilección por el segundo, aparecía á la cabeza de estos moralistas el obispo Cartagena, seguido á corta distancia por su grande amigo el señor de Batres, que se decía el Lucilo de aquel Séneca, y por el doctor Pedro Díaz de Toledo, que dilató sus estudios hasta Platón, y conserva reminiscencias de sus diálogos en su propio Razonamiento sobre la muerte del Marqués de Santillana. Ni estaban olvidados los historiadores, cuya serie había abierto el canciller Ayala trasladando á Tito Livio; Vasco de Guzmán hacía la primera traducción de Salustio; otros vulgarizaban á Julio César, á Orosio y á Quinto Curcio, ya de sus originales, ya de versiones anteriores toscanas y catalanas. Y dándose la mano la antigüedad sagrada con la gentílica, no sólo se traía de la verdad hebraica toda la Biblia por obra de judíos y cristianos, con alto honor de la munificencia y alto espíritu del maestre Calatrava, sino que los libros más fundamentales de San Agustín, San Gregorio el Magno y San Bernardo, los dos famosos tratados ascéticos de San Juan Clímaco y el monje Casiano, la Leyenda Aurea, de Jacobo de Voragine, y otras muchas producciones de la literatura eclesiástica de los diversos siglos, transportadas al habla vulgar, alternaban en las nacientes bibliotecas señoriales con las producciones del mundo clásico, sirviendo como de lazo de concordia entre unas y otras el saber enciclopédico de San Isidoro, perenne institutor de las Españas, de cuyas Etimologías, nunca olvidadas, se hacía por este tiempo curiosísima traducción, muy digna de la estampa. De Italia nos había venido la luz del Renacimiento, y no podían quedar olvidados en este movimiento de traducciones los poetas y humanistas italianos, ora hubiesen escrito en su lengua nativa, ora en la lengua clásica, ó bien en una y otra, como más frecuentemente acontecía. Á todos precedió, como era natural que sucediese, el Alighieri, el maestro de la nueva poesía alegórica, cuya Divina comedia era trasladada en 1427 por don Enrique de Villena, "á preces de Íñigo López de Mendoza", coincidiendo casi con la traducción catalana de Andreu Febreu, terminada setenta días antes. No había llegado en Castilla la época de la dominación poética del Petrarca; pero en cambio el Petrarca humanista y moralista era uno de los autores más leídos y más frecuentemente citados; estaba representado por gran número de códices en la biblioteca del Marqués de Santillana, y corrían ya, vertidos al castellano, antes de terminar el siglo, los Remedios contra próspera y adversa fortuna, las Flores é sentencias de la vida solitaria, el libro De viris illustribus, parte de las Epístolas y las Reprehensiones é Denuestos contra un médico rudo é parlero, obra en que entendió cuando joven el futuro primer Arzobispo de Granada y entonces oscuro bachiller Hernando de Talavera. Pero el más afortunado de los patriarcas de la literatura italiana, en cuanto al número y calidad de versiones que de sus obras se hicieron, fué Boccaccio, que fué traducido casi por entero, ya en las novelas y obras de recreación, como el Decamerone, la Fiameta, El Corbacho y el Ninfal de Admeto, ya en los repertorios, para su tiempo muy útiles, de mitología, historia y geografía, que llevan los títulos de Genealogía de los Dioses, Libro de montes, ríos y selvas, Tratado de mujeres ilustres y Libro de las caídas de los Príncipes. Cada una de las principales obras de Boccaccio forma escuela dentro de nuestra literatura del siglo XV, á excepción del Decamerone, cuya semilla no germina hasta los grandes narradores de la Edad de Oro. Pero de la Fiameta nacen inmediatamente El Siervo libre de amor, de Juan Rodríguez del Padrón, y la Cárcel de Amor, de Diego de San Pedro, primeras muestras de la novela sentimental, y los dos opuestos libros del escritor Certaldo en loor y vituperio del sexo femenino, tienen larguísima progenie, que alcanza desde el Libro de las virtuosas et claras mujeres, de don Álvaro de Luna, hasta el deleitoso y regocijado Corbacho, del Arcipreste de Talavera, que fabla de los vicios de las malas mujeres et de las complisiones de los omes. Al mismo tiempo se acrecentaba con nuevos materiales la antigua serie de apólogos y ejemplos, y desde 1425 las picantísimas facecias, de Poggio Bracciolini, lograron entrada en el Libro de Isopete ystoriado, junto á las fábulas de la antigüedad y á los cuentos de nuestro Pedro Alfonso. Al mismo tiempo que crece el número de traducciones del latín y del italiano, van haciéndose rarísimas las del francés, que tanto abundaron en el siglo XIV. Todavía, sin embargo, el Mar de Historias, de Fernán Pérez de Guzmán, y el Árbol de Batallas, nos dan razón de esta antigua influencia, y no son las únicas, aunque sí las más importantes que pueden citarse. ¿Qué más? Hasta de la literatura inglesa, que debía suponerse tan peregrina y apartada de nuestro conocimiento, vino primero al portugués y luego al castellano un poema de tanta curiosidad como la Confesión del Amante, de Gower, por diligencia de un Roberto Payno (Robert Payne), canónigo de Lisboa, dándonos indicio de que no había sido enteramente inútil para la comunicación intelectual de ingleses y españoles el cruzamiento de la casa de Lancaster con la sangre de nuestros reyes... Apareció, informe aún y embrionario, un nuevo tipo de dicción artificiosamente latinizada, en que, con raras dislocaciones de frase, se pretendía remedar la construcción hiperbática, y con retumbantes neologismos se aspiraba á enriquecer el vocabulario, so pretexto "de non fallar equivalentes vocablos en la romancial texedura, en el rudo y desierto romance, para exprimir los angélicos concebimientos virgilianos". La aspiración era generosa, pero evidentemente prematura y muy expuesta, por ende, á descaminos pedantescos que en la prosa de Juan de Mena y en la del último período de don Enrique de Aragón llegaron á un extremo casi risible. Las poesías de esta época están en el Cancionero de Baena, en el general del Castillo algunas pocas; las más en otros manuscritos, en el de Gallardo ó Academia de la Historia, en dos de la Biblioteca Real, en el de Stúñiga, en el de Ixar, en varios de la Biblioteca de París y en el de Resende.
=279.= DON PABLO DE SANTAMARÍA ó EL BURGENSE (1350-1435), nació en Burgos, judío sapientísimo que de su propia voluntad se convirtió (1300); fué Obispo de Cartagena y Burgos y Patriarca de Aquilea, ayo y consejero de Juan II; habíase antes llamado Rabí Selemoh Halevi. Additiones ad Postillam Nicolai de Lyra super Biblias, etc., obra hecha en 1429, impresa en Maguncia, 1478; Nuremberg, 1493; Leyden, 1590. En 1434 escribió Scrutinium S. Scripturarum sive Dialogus Sauli et Pauli contra Iudaeos, imprimióse en Mantua, 1474; París, 1520; Burgos, 1591. Otras obras no se sabe si se imprimieron, como la Cena del Señor y la Generación de Jesucristo.
=280.= La Vida de Pablo de Santamaría escribió su paisano el agustino Fray Cristóbal Santotis, y en Gallardo, Bibliot., t. IV, col. 493, hay un escrito del siglo XVI acerca de él, de donde copio párrafos: "Fué (Rabí Selemoh) hombre doctísimo en su Ley, y con la continua lección della, ayudado principalmente de la gracia del Espíritu Santo, se convirtió de su propia voluntad el año 1390, que habrá agora 206 años... Después de su conversión... los Sumos Pontífices le honraron con dignidades eclesiásticas y obispados de Cartagena y Burgos y con título de Patriarca de Aquileya; y con hacerle su Legado a-latere; y encomendarle el negocio de la scisma que hubo en su tiempo, de los tres Pontífices. Y el rey don Henrique el III le hizo su Chanciller-mayor, y Consejero de Estado, tratando con él los negocios más graves del Reyno: y en su muerte le encomendó la educación y institución de su hijo (don Juan II), que quedaba de veinte meses; y lo tocante al gobierno de su persona y casa, hasta llegar á los catorce años; y le nombró por su Testamentario... Todo lo cual hizo con tanta satisfacción de la Reina y Reino, que fué elegido por uno de los Gobernadores dél por el infante don Fernando, tío del rey don Juan el II: y el mismo rey don Juan le honró también, y estimó grandemente, conservándole en las mismas honras y oficios, y comunicándole todas las cosas que ocurrían de importancia... Tuvo... cuatro hijos, todos de legítimo matrimonio, llamados don Gonzalo, don Alonso, Pedro de Cartagena y Álvar Sánchez de Cartagena, que fueron varones insignes, imitadores de las virtudes, excelencias y servicios de su padre...". Véase además Rodríguez de Castro, Biblioteca Rabínica.
=281.= En 1402 el judío converso DON JACOB ÇADIQUE, de Uclés, filósofo y médico, que nació en 1350, tradujo del catalán el Libro de dichos de sabios e philosophos e de otros enxemplos e dotrinas muy buenas (Bibl. Escor.).
DON VICENTE ARIAS DE BALBOA, obispo de Plasencia desde 1404, escribió Glossa al Fuero Real y Comentario al Ordenamiento de Alcalá.
=282.= PEDRO DE CORRAL escribió hacia 1403 la Coronica Sarrazyna ó Crónica del rey don Rodrigo con la destruycion de España, que Pérez de Guzmán calificó de "trufa ó mentira paladina"; pero que con todo se leyó mucho, por confundirse entonces la crónica con la novela, gracias al espíritu novelesco y aventurero que reinaba. Tiene mucha semejanza con esta Crónica la Chronica intitulada Atalaya de las Corónicas, obra hecha el mismo año de 1443 y todavía inédita, que se atribuye á Alfonso Martínez de Toledo, y aunque no se parece en nada al Corbacho, la firma del autor basta, y la diversidad de asuntos da razón de la desemejanza de estilos.
=283.= Atribuye Pedro de Corral su libro á Eleastras y Alanzuri, cronistas del rey don Rodrigo, y á un tal Carestas, que dice vivió en el siglo VIII, en tiempo de Alfonso el Católico; pero todo ello es tinglado fantástico, como el que usaron después los autores de libros de caballerías, atribuyéndolos á historiadores que nunca fueron, y bien se burla de ellos Cervantes, atribuyendo su Quijote á Cide Hamete Benengeli. Debió valerse Corral de las Crónicas generales y de la del moro Rasis; pero acudió no menos á la fuente novelesca de la Crónica Troyana y zurció de su caletre otras aventuras caballerescas, haciendo pasar su novela por crónica. Puede decirse que es una novela caballeresca, aunque sus contemporáneos tomáronla comúnmente por historia, el mismo Ausias March, por ejemplo. Antes de 1499 se cree que debió de imprimirse. Hay las ediciones siguientes: Crónica del rey don Rodrigo con la destruycion de España, Sevilla, 1511, 1522, 1527; Valladolid, 1527; Toledo, 1549; Alcalá, 1587; Sevilla, 1587. Consúltese J. Menéndez Pidal, Leyendas del último rey godo, Madrid, 1906.
=284.= En 1404 compuso MOSÉ ÇARFATY y se apropió el Maestro Jacobo de las Leyes, que se las había encomendado hacer, siendo privado de dicho Maestro, las Flores de Derecho copiladas por el Maestro Jacobo de las Leyes (Ms. Escor.).
=285.= Año 1407. Sin duda la literatura caballeresca comenzó á dar sus frutos en el siglo XIV, despertando en los españoles el espíritu aventurero, que les hizo rodear y rodar por el mundo entero en el siglo XVI. De aquí nació la literatura de viajes, aventuras y maravillas, en la cual sobresalen en el siglo XV Clavijo, Díaz de Gómez y Pero Tafur, grandes pintores de tierras, costumbres y hechos extraños, pero de un juicio tan sano y de un realismo tan español, como extravagantes, ultraideales y falsas eran las novelas caballerescas. Es muy de notar cómo supieron sacar el jugo artístico que contenían á vueltas de sus disparates, sobreponiéndose juiciosamente el realismo español á tan fantásticos sueños.
RUY GONZÁLEZ DE CLAVIJO († 1412), escribió la Historia del gran Tamorlan, e Itinerario y enarración del viaje y relación de la embaxada, libro curioso, escrito en suelto y ameno estilo.
[Ilustración: (Del Arte Cisoria, edición Felipe Benicio Navarro).]
=286.= Había enviado Tamerlán á Enrique III dos doncellas, celebrada una de ellas en el Cancionero de Baena (núm. 240) por un poeta anónimo, que, según Argote de Molina, debió de ser Álvarez de Villasandino. Devolvióle el Rey de Castilla la embajada, compuesta de González de Clavijo, Fray Alfonso Páez de Santa María y Gómez de Salazar, los cuales salieron del puerto de Santa María el 22 de marzo de 1403, y, muerto Salazar en el camino, año de 1404, llegaron los demás á Samarcanda el 8 de septiembre del mismo año, y fueron presentados á Tamerlán, el cual, de edad de setenta años, "tan viejo era, que los párpados de los ojos tenía todos caídos", habiendo muerto en febrero del año siguiente, 1405. Antes de esta fecha, en noviembre del 1404, habían salido los embajadores, llegando á Sanlúcar el 1.º de marzo de 1406. Clavijo fué camarero de Enrique III. Mariana dice del Itinerario, "que relatan por menudo los particulares de su embajada y muchas otras cosas asaz maravillosas, si verdaderas". Probablemente el autor dió demasiado criterio á cosas que oyó, pero en lo demás fué verídico.
Ruy González de Clavijo, Vida y hazañas del gran Tamorlan, en Crónicas españolas, Madrid, 1782, t. III; Itinéraire de l'ambassade espagnole à Samarcand en 1403-1406 (texto, trad. rusa y notas), ed. I. Sreznevski, Academia Scientiarum Imperialis (1881), San Petersburgo, t. XXVIII.
=287.= En 1409 FRAY JOFRE GILABERT fundó en Valencia el más antiguo hospital de locos del mundo; Alfonso V de Aragón, en 1425, el de Zaragoza; Marcos Sánchez de Contreras, en 1436, el de Sevilla; el protonotario Francisco Ortiz, en 1483, el de Toledo. El primer lazareto fué el de Mallorca, en 1471; los estudios anatómicos se abren en Zaragoza el 1488.
En 1410 FERNANDO ESTEBAN compuso Reglas de canto plano é de contrapunto é de canto de órgano (Gallardo).
=288.= Año 1415. DON ENRIQUE DE VILLENA (1384-1434), nieto de Enrique II, amigo de toda erudición misteriosa y desusada, retraído entre sus libros como verdadero apasionado del saber, y por el consiguiente poco ducho en las arterías y embustes de la vida mundana, pasó por un ente extravagante y medio nigromántico en vida y después de muerto por un Fausto español, cuya curiosidad científica le entrega al diablo y á las artes mágicas, llegando á ser en la tradición popular un símbolo más legendario que histórico. Fué un sabio desgraciado como todos los sabios, y más si, como él, pretenden luchar con los mundanos y cortesanos que, no siéndolo, tienen por suyo todo el tiempo, que el sabio gasta en su rincón, y se presentan avezados á las intrigas que el sabio no acaba de entender ni menos acierta á manejar cuando se lo propone. Empobrecido y desdeñado de la turbamulta de cortesanos, de no tan ilustre sangre como él y ayunos de sabiduría, desposeído de sus cargos, acabó en el retiro de Iniesta ó de Torralba, sin otro solaz que los libros y la buena mesa, á que fué aficionado como buen epicúreo. Era descendiente, por parte de padre, de la casa real de Aragón, y por la de madre, de la de Castilla; pudo ser poderoso y rico y no llegó á ser Marqués de Villena ni Condestable de Castilla como su abuelo, ni siquiera á disfrutar del condado de Cangas de Tineo, con habérselo otorgado Enrique III. Casó muy mozo con María de Castilla, amante que fué después del mismo rey Enrique III, por lo que le nombró Maestre de Calatrava, llegando para ello hasta á divorciarse, declarando su propia impotencia; pero el Maestrazgo fué mariposa que por más vueltas que dió casi puede decirse que no la llegó á atrapar. En 1414, marquesado, condado y maestrazgo se le habían huído como el humo. Bien lo pintó Fernán Pérez de Guzmán por aquellas palabras: "Este caballero, aunque fué tan grand letrado, supo muy poco en lo que le complía". Murió Enrique III en 1407, y halló desde entonces protector el de Villena en el que había de ser Fernando I de Aragón, pero también se le murió el protector en 1416, sin haber reinado más de cuatro años. Tan sólo la gloria literaria oreó sus sienes, y esto en una sola ocasión y, por cierto, fué bien poca cosa: cuando en 1412, llegado al reino de Aragón en la comitiva del Infante de Antequera, pudo ser presidente de Juegos florales y organizador de justas y mascaradas poéticas en Zaragoza y Barcelona. ¡Y cómo se lo saborea él mismo en el Arte de trovar, contándonos las ceremonias de aquella fiesta de la Gaya Ciencia, remedo pedantesco del ya pedantesco y degenerado Consistorio de Tolosa! Entonces parece que compuso en Zaragoza una farsa alegoría en que dialogaban la Justicia, la Verdad, la Paz y la Misericordia. Murió el Rey, enmudecieron músicos y juglares y el de Villena se retiró á su pobre señorío de Iniesta ó de Torralba, donde escribió la mayor parte de sus obras, hasta que la gota le acabó á los cincuenta años de edad, hallándose casualmente en Madrid.
Hasta en muerte le persiguió el mal hado, pues por orden de don Juan II hizo el Obispo de Segovia, fray Lope Barrientos, un espurgo en sus obras, echando á las llamas las que le pareció. Escribió el Libro de los Trabajos de Hércules, en catalán, el año 1417, traducido al castellano el mismo año é impreso en 1482, novela alegórico-mitológica, de sabor añejo y fondo didáctico, sentencioso, vestido novelescamente como en los libros de Raimundo Lulio y don Juan Manuel, aunque con atisbos dantescos y aun petrarquescos; el estilo más suelto que en las obras posteriores, por menos latino. De 1422 á 1423 compuso un tratado de la consolación, retórico, pedantesco y archilatinizado, sobre todo por el hipérbaton y la manía de posponer el verbo; otro acerca de la lepra, un comentario sobre unos versículos del salmo VIII; las tres obras están sin imprimir. En 1423 compuso el Tratado del arte del cortar del cuchillo, ó como suele llamarse Arte cisoria, curiosísimo documento de los yantares reales de aquel tiempo, el primer libro de cocina que tenemos, anterior más de medio siglo al famoso Libro de guisados, de Ruperto de Nola, y brava mina de voces para el lexicógrafo. Los latinismos son menos y bien se ve que al escribir de tan sabroso menester se chupaba los dedos de gusto. El Libro del Aojamiento ó Fascinología tiene recetas curiosas. Perdiéronse la traducción del tratado de Cornificio Retórica á Herenio, y algunas de sus oraciones y cartas; pero se conservan dos versiones en prosa, la de Virgilio y la del Dante. La de la Eneida es la más antigua que se hizo en ninguna lengua vulgar, hecha de prisa, pues la comenzó el 28 de septiembre de 1427 y la acabó un año y doce días después, en 10 de octubre de 1428, como dice él mismo. El estilo es estupendamente descoyuntado y traspuesto por querer remedar la pompa sonora del original y más por las glosas y paréntesis que añade al texto, de las cuales él estaba enamorado. Dirigióla á Santillana, así como la traducción de la Divina Comedia, y el Arte de trovar, escrito hacia el 1415 y 1417 y retocado hacia el 1430, cuya doctrina se funda en la del Consistorio de Tolosa, esto es, sobre la Gaya Ciencia. Hay, con todo, quien duda le pertenezca esta última obra. No quedan versos suyos.
=289.= Marqués de Villena se le ha llamado; pero habiendo andado toda su vida en pleitos por el dichoso Marquesado, nunca lo gozó. Debiera llamarse don Enrique de Aragón; mas tampoco se le nombra así, por no confundirlo con su contemporáneo el infante don Enrique de Aragón. M. Pelayo, hablando de la farsa hecha en Zaragoza para solemnizar la coronación de don Fernando el Honesto, dice (Antolog., t. V, pág. XXXI): "En el texto de la Crónica de Álvar García de Santa María, copiado por Ustarroz en sus adiciones á las Coronaciones, de Blancas, no se dice que fuese don Enrique el autor de esta representación, como se viene repitiendo por todos sobre la fe de don Blas Nasarre, que quizá encontraría la noticia en alguna otra copia de la misma Crónica. Lo que allí se da á entender es que la representación estaba en catalán y que el mismo cronista Álvar García la tornó en palabras castellanas".
L. Barrientos, Tratado de las especies de adivinanza: "Este libro (del Ángel Raziel) es aquel que después de la muerte de don Enrique de Villena, tú, como rey christianísimo, mandaste á mí, tu siervo et fechura, que lo quemasse á vuelta de otros muchos, lo cual yo puse en ejecución en presencia de algunos tus servidores... é puesto que aquesto fué et es de loar, pero por otro respecto en alguna manera es bueno de guardar los dichos libros, tanto que estuviessen en guarda é poder de buenas personas fiables, tales que no usassen dellos, salvo que los guardassen al fin que en algund tiempo podrían aprovechar á los sabios". No hay, pues, que dar crédito al Centón epistolar, obra apócrifa, como es sabido, del siglo XVII. En la Crónica de don Juan II se dice: "Fray Lope miró los libros é fizo quemar algunos é los otros quedaron en su poder". En el mismo Barrientos y parte en M. Pelayo (Antol., t. V, pág. XXXIII), puede verse el contenido del libro del Ángel Raziel. De pura ciencia es el libro de Astrologia, que debe estar tomado de la doctrina de don Enrique y se guarda en la Biblioteca Nacional; pero un tan curioso sabio, amigo de todo lo desconocido, no podía menos de mezclar con la ciencia algunas supersticiones, y más en aquel tiempo, y así lo afirma F. Pérez de Guzmán y lo comprueba el Tractado del aojamiento ó fascinología. La leyenda sobre don Enrique comenzó en vida; poco después la desarrollaron los alquimistas, que le colgaron no pocos libros apócrifos para darles autoridad, como el del Tesoro ó del Candado, que también se atribuyó falsamente á Alfonso XI. Además la Carta, que dicen fué escrita por los veinte sabios cordobeses á don Enrique de Villena, publicada por José Ramón de Luanco en La Alquimia en España, es otra patraña de los mismos embaucadores. En ella se le atribuyen facultades tamañas como la de embermejecer el sol con la piedra heliotropia; la de adivinar lo por venir por medio de la chelonites; la de hacerse invisible con la hierba andrómena; hacer tronar y llover con el baxillo de arambre y congelar el aire en bola con la hierba yelopia. En la respuesta cuenta don Enrique á sus discípulos que se le aparece Hermes Trismegisto, caballero en un pavón, para entregarle una pluma, una tabla con figuras geométricas, la llave de su encantado palacio y la arqueta de las cuatro llaves, donde se encerraba el gran misterio de la alquimia. Con esto se creyó que había hecho pacto con el diablo, y en el siglo XVI hasta escritores graves lo creyeron, y en el XVII corría la conseja de haber perdido su sombra, con lo cual engañó al demonio, y la de haber aprendido y enseñado las ciencias ocultas en la famosa cueva de San Ciprián de Salamanca, que dió asunto á La Cueva de Salamanca, de Cervantes y de Alarcón; Lo que quería ver el Marqués de Villena, de Rojas; La Visita de los chistes, de Quevedo; La Redoma encantada, de Hartzenbusch, y La hierba de fuego, de Bremón.
Los trabajos de Hércules los acabó en Valencia, escritos en catalán, "á preces é instancia del virtuoso caballero Mosen Pero Pardo", y la versión castellana la hizo "en la su villa de Torralva... á suplicación de Johan Ferrández de Valera, el mozo, su criado... alongando en algunos pasos et en otros acortando, segunt lo requería la obra... por el trocamiento de las lenguas". Quería fuese el libro un "espejo actual á los gloriosos caballeros en armada caballería... e non menos á la caballería moral dará lumbre é presentará buenas costumbres, por sus señales, desfaciendo la texedura de los vicios é dominando la ferocidat de los monstruosos actos, en tanto que la materia presente más es sátira que trágica". "Será este tractado en doze capítulos partido, é puesto en cada uno dellos un trabajo de los del dicho Ercoles, por la manera que los ystoriales é poetas los han puesto; é después la exposición alegórica é luego la verdat de aquella ystoria, según realmente contesció, é dende seguirse ha la aplicación moral á los estados del mundo, é por enxemplo al uno de aquellos trabajos".
Eneida, glosa: "Fasiendose leer la Comedia de Dante, reparó en que alababa mucho á Virgilio, confesando que de la Eneyda avia tomado la doctrina para ella, é fiso buscar la dicha Eneyda, si la fallaria en romance, porque él non era bien instruido en la lengua latina... é fué movido el dicho rey de Navarra (don Juan II) á enviar desir por su carta afincadamente á don Enrique, que trasladase la Eneyda". Tradujo á libro abierto, y maravilla no hierva en mayores yerros. Baena, Santillana y Mena dicen que don Enrique hizo versos; los que se le atribuyen, y Pellicer de Salas y Tovar incluyó en su Biblioteca, no son auténticos, acaso del mismo Pellicer.
El Arte de la Gaya Sciencia, de Villena, trajo á Castilla la doctrina provenzal, que "se remonta al siglo XIII con la Dreita maniera de trobar, de Ramón Vidal de Besalú; adquiere, á mediados del XIV, proporciones de farragosa enciclopedia en los Leys d'amors, de Guillermo Molinier, y pedantesca sanción en el malhadado Consistorio de Tolosa; recibe aplicación á la lengua catalana en los diccionarios rítmicos de Jaime March y Luis de Aversó, que en tiempo de don Juan I trasplantan á Barcelona aquella institución, ya entonces anacrónica y funesta á los progresos de la legitima poesía". (M. Pelayo).
Los Trabajos de Hércules se copiaron bastante y se imprimieron en Zamora, 1483, por primera vez; reproducción fotolitográfica por José Sancho Rayón. Del Arte cisoria, como se tituló en la impresión de 1766 hay dos códices: uno falto de una hoja, en la Biblioteca de El Escorial, y otro completo y no menos antiguo en la de M. Pelayo. El de El Escorial sirvió para sus dos impresiones: la de 1766, publicada por la Real Biblioteca de San Lorenzo, y la muy esmerada é ilustrada preciosamente por Felipe Benicio Navarro, Barcelona, 1879. La Fascinología se publicó en Revista Contemporánea, 1876, t. IV, págs. 405-422. La traducción de la Eneida nos ha llegado entera; pero partida en tres diferentes códices, de Madrid, Sevilla y París. Perdióse el códice del Arte de Trovar, y así sólo tenemos los trozos que imprimió Mayáns en sus Orígenes de la lengua española, y M. Pelayo en la Antología de poet. lír. cast., t. V, págs. 3-17. Villena tradujo para Santillana en prosa la Divina Comedia, entre 1427 y 1428; era del Duque de Osuna y está entera en la Bibl. Nac. (I-i-110); hállase al margen del texto italiano (escrito en Florencia en 1354). Véase Hom. Μ. Pelayo, I, página 269. Santillana ha puesto señales y notas conforme leía y se le ocurrían. Consúltense: E. Cotarelo y Mori, Don Enrique de Villena, Madrid, 1896; M. Schiff, La première traduction espagnole de la Divine Comédie, en el Homenaje á Μ. Pelayo, Madrid, 1899, t. I, págs. 269-307; E. Dorer, Heinrich von Villena, ein Spanischer Dichter und Zauberer, en el Archiv für das Studium der neueren Sprachen und Literatur, 1887, t. XXVII, págs. 129-144.
=290.= Año 1416. MAESTRE JUAN EL VIEJO DE TOLEDO, converso del judaísmo, escribió contra sus antiguos correligionarios la Declaración del Salmo LXXII, y el año de 1416, el Memorial de los misterios de Christo.
En 1419 JUAN DE AVIÑÓN escribió Sevillana Medicina, uno de los más antiguos tratados de topografía médica; imprimiólo Monardes en Sevilla, 1545.
El Maestro ALONSO CHIRINO ó de Guadalajara, natural de Cuenca, físico del rey don Juan II y su alcalde y examinador de los físicos, escribió el tratado llamado Menor daño de medicina, que se imprimió en Sevilla, 1506; Toledo, 1513; Sevilla, 1519, 1538, 1547, juntamente con su Testamento, escrito en Medinaceli el año 1429. FRAY SANCHO PUERTA († 1429), dominico zaragozano, Maestro del Sacro Palacio en tiempo de Benedicto XIII, publicó Mariale. Sermones. Sanctorale. MAESTRO DIEGO DE COBO, Cirugía Rimada. VASCO DE TARANTA, Tractatus Epidemialis, pasa por el primer libro de medicina impreso en España.
=291.= Año 1420. Á la época del de Villena pertenecen dos obras de la antigua escuela didáctica y moral. El libro de los gatos, 69 cuentos, versión hecha por un autor desconocido, de las Fabulae ó Narrationes del fraile inglés Odo de Cheriton († 1247), entre los años 1400 y 1420, en estilo claro y corriente, aunque algún tanto prolijo. La Suma ó El Libro de Exemplos por a. b. c. fué compilado por el DOCTOR CLEMENTE SÁNCHEZ DE VERCIAL (1370?-1426?), arcediano de Valderas en León, y tiene 395 ejemplos, más 72 hallados en 1878 por Morel-Fatio. Escribióse entre 1400 y 1421. También compuso el mismo autor un Sacramental en romance, comenzado en 1421 y acabado en 1425; se imprimió en Logroño, 1504; Toledo, 1527. Además, Breve copilación de las cosas necessarias á los sacerdotes, Sevilla, 1477 y 1478.
=292.= El Libro de los gatos parece ser una mala lectura por Libro de los cuentos. El libro de los Exemplos cree Morel-Fatio que es traducción de uno de los Alphabeta exemplorum, que corrieron en la Edad Media, y hay de la misma época en catalán un Recull de exemplis e miracles, gestas e faules e altres ligendes, ordenades per a. b. c., traducción del Alphabetum narrationum de Etienne de Besançon. En el libro de Vercial, mejor que en el de los Estados, de don Juan Manuel, se recuerda la leyenda del Buddha, acomodada al griego por algún monje cristiano que conocía la refundición árabe, derivada del Lalita-Vistara sánscrito. Tradújose esta historia griega al latín, lo más tarde, en el siglo XII; resumióla hacia 1250 Vicente de Beauvais en su Speculum historiale, libro común entonces, y se hizo popular en todo el mundo con el título de Roman de Barlaam et Josaphat, cuya bibliografía hemos puesto en el párrafo 121.
=293.= El libro de los Gatos, ed. G. T. Northup, Chicago, 1908 (Extracto de Modern Philology, t. V, núm. 4); ed. P. de Gayangos, Bibl. de Aut. Esp., t. LI. Consúltense: H. Knust, Das Libro de los Gatos, en Jahrbuch für romanische und englische Literatur (1865), t. VI, páginas 1-42 y 119-141; L. Hervieux, Les fabulistes latins dépuis le siècle d'Auguste jusqu'à la fin du moyen âge, 1896, t. IV, págs. 106-109; G. C. Keidel, Notes on Æsopie Literature in Spain and Portugal during the Middle Ages, en Zeitschrift für romanische Philologie (1901), t. XXV, págs. 720-730.
=294.= Clemente Sánchez de Vercial. Libro de los exemplos [CCCXCV], ed. P. de Gayangos, Bibl. de Aut. Esp., t. LI; [suplemento], ed. A. Morel-Fatio, en Romania (1878), t. VII, págs. 481-526. Consúltense: Th. de Puymaigre, Les vieux auteurs castillans, París, 1890, t. I, págs. 107-113; The Exempla, or illustrated stories from the Sermones vulgares of Jacques de Vitry, ed. T. F. Crane (Folk-Lore Society Publications, t. XXVI), London, 1890.
=295.= Año 1422. ALONSO DE SANTA MARÍA DE CARTAGENA (1396-1456) nació en Burgos y fué hijo de Pablo de Santa María. En el acta de toma de posesión de la canonjía que tuvo en Burgos (2 enero 1421) se le llama Alonso García de Santa María. Fué cronista de Castilla, deán de las iglesias de Santiago y Segovia, del Consejo Real de Juan II, no muy afecto de don Álvaro de Luna y al cabo contrario; Embajador, con otros tres, en el Concilio de Basilea, donde persuadió la primacía del Rey de Castilla sobre el de Inglaterra; Obispo de Burgos desde 1435, árbitro del Concilio para mediar con el Rey de Polonia y el Emperador de Alemania, concertando las paces. Degenerando en 1438 el Concilio en conciliábulo, retiróse con los españoles á Roma, y Eugenio IV dijo: "Si el Obispo de Burgos viene á nuestra corte, con gran vergüenza nos asentaremos en la silla de San Pedro". Allí se entregó á los estudios del Renacimiento y tuvo polémicas con Leonardo Bruno de Arezo sobre las Éticas de Aristóteles. Vuelto en 1440 á España, convirtió su palacio en "escuela pública de toda doctrina", como decían sus contemporáneos, donde se formaron Alfonso de Palencia, Rodríguez de Almella y los mejores latinos del tiempo de los Reyes Católicos. "Maestro de toda dulce elocuencia, de toda verísima historia y de toda sotil poesía", le llamaron. "Deliciae hispanorum, decus praelatorum, non minus eloquentia quam doctrina praeclarus, inter omnes consilio et facundia praestans", dijo de él Eneas Silvio, después Pío II. Recomenzó los interrumpidos trabajos de la catedral de Burgos, en cuya capilla de la Visitación está su sepulcro gótico, que él hizo labrar en vida. En 1422, siendo deán de Santiago, acabó de traducir, á ruego de Juan Alfonso de Zamora, secretario del Rey, la Cayda de Principes, de Boccaccio, cuyos ocho primeros libros tradujo ó mandó traducir Pero López de Ayala. Imprimióse en Sevilla, 1495; Toledo, 1511.
Libro de Marcho Tulio Ciçeron, que se llama de la Retórica (Ms. de El Escorial). Tullio de officiis et de senectute, en romance; Sevilla, 1501. Cinco libros de Séneca. (De la vida bienaventurada, De las siete artes liberales, De amonestamiento y doctrinas, El primer libro de providencia de Dios.) Sevilla, 1491; Toledo, 1510; Alcalá, 1530; Amberes, 1548, 1552; Madrid, 1627. Como trovador fué juez en justas literarias, escribió canciones y decires; aunque se cree que las que á su nombre traen los Cancioneros son de su padre Pablo de Santa María. En asuntos religiosos: Oracional de Fernán Pérez, Burgos, 1487, escrito á ruegos de Pérez de Guzmán. Apología sobre el salmo Indica me Deus (Ms.). Memorial de Virtudes (Ms. Escorial), escrito en latín y traducido por otro al castellano. Prefación de San Juan Crisóstomo. Además: Anacephalaeosis, Genealogía de los Reyes de España, Emperadores romanos, Reyes de Francia, Pontífices y Obispos de Burgos, Granada, MDXLV (Ms. en El Escorial). Doctrinal de los Caballeros, Burgos, 1487; Sevilla, 1492. Defensorium fidei. El libro de las doce cuestiones, Crónica de los reyes don Alfonso "el Sabio", don Sancho "el Bravo", y don Fernando "el Emplazado" (Ms.). Sobre la pertenencia de las conquistas de Canarias, Tánger, Fes y Marruecos á Castilla. Libro de las mujeres ilustres (Ms.), Allegationes factae per R. P. D. Alf. Cart. in concilio bassilensi sup. conq. Insularum Canariae contra Portugalenses, Anno domini M.CCCC tcessimo V. (Ms. Escorial).
=296.= En la "Alegación en derecho", impresa en 1596, que trae Gallardo (Bibl., t. IV, col. 493) y que hemos citado al hablar de don Pablo de Santa María, dícese: "Don Alonso fué grandísimo cristiano y letrado, tanto que por su virtud y su valor singular y muchas letras, por renunciación del dicho Patriarca su padre, le pasó Su Santidad el obispado de Burgos. Y fué del Consejo del rey don Juan el II, y su Referendario, y Embajador á los Reyes de Portugal, Navarra y Polonia, y al emperador Alberto II, que estando á punto de romperse la batalla entre él y el Rey de Polonia, los concertó. Y en el Concilio basileense, todos los Prelados que allí concurrieron, de sólo él fiaron el sello. Y allí ganó la precedencia para la Corona de Castilla al Rey de Inglaterra. Y la conquista de las Canarias, Fez y Marruecos para la misma Corona al Rey de Portugal. Y luego pasó á hacer reverencia al Papa, el cual, sabiendo su venida, dijo en el Consistorio público de los Cardenales: "Por cierto que si el obispo don Alonso de Burgos viene á nuestra Corte, con gran vergüenza nos asentaremos en la Silla de San Pedro".
=297.= Las obras de don Alfonso de Cartagena, que se hallan en la Biblioteca de El Escorial y pueden verse descritas en la Biblioteca Rabínica, de Rodríguez de Castro, son: Dn. Alfonsi a Carthagena. Episcopi Burgensis rerum Hispanorum, Romanorum Imperatorum, summorum Pontificum, Regum Francorum anacephalaeosis. Francfort, 1603. Tradujeron esta obra al castellano, con notas y adiciones, Fernán Pérez de Guzmán y Juan de Villafuerte, cuyos Ms. están en El Escorial. Incipit tractatus qui dicitur Memoriale virtutum, obra traducida al castellano, Memorial de virtudes, ambas en Ms. de El Escorial. Allegationes factae per reverendum patrem dñm Alfonsum de Cartaiena Epm. burgensem in consillio bassilensi sup. conqsta Insularum Canarie contra Portugalensses Anno domini Μ. CCCC. tcessimo 5.º. Contenplaçion mesclada con oraçion conpuesta en latin e tornada en lenguaje castellano por el rreuerendo don alfonso, obispo de burgos, ssobre el pssalmo del profecta dauid que comiença jusgame dios (Ms. Escor.). Tractado que se llama el oraçional de fernan peres porque contiene Respuesta a algunas questiones que fiso el noble cauallero fernan peres de gusman al muy Reuerendo e vyrtuoso sabio perlado don alfonso de cartajena, de gloriosa e loable memoria, obispo de burgos, tocantes a la fiel e deuota oracion: tiene 58 capítulos, y en el prólogo dice que aunque su correspondencia con Pérez ha sido siempre en latín, escribe este Tratado en castellano para la más fácil inteligencia de todos. Tradujo los libros de Séneca con glosa y otros, cuyo Ms. de El Escorial dice: De la vida bienaventurada. De la divina prouidencia. De la clemencia. De los Remedios de la fortuna. Prouerbios y dotrinas. Tratado de la guerra. Declamaciones. Cορilaçiοn de algunos dichos y sentençias de Séneca sacados de algunos tratados suyos. Dichos morales ó sentençias de Quinto Curcio. Libro que se llama el doctrinal de los Cavalleros. Consúltense: Flórez, Esp. Sagr., t. XXVI; Hern. del Pulgar, Claros varones de Castilla; Crónica de Juan II; Gil González Dávila, Teatro eclesiástico, t. III, pág. 78.
=298.= DON GONZALO DE SANTA MARÍA († 1448), hijo de Pablo de Santa María y hermano de Alonso de Cartagena, escribió en latín la Historia de los Reyes de Aragón (Nic. Ant., t. II, Bibl. vet., pág. 161; Zurita, Anales, l. XII, c. 53).
=299.= Año 1425. RABÍ JOSEF ALBO, de Soria, vecino de Zaragoza, asistió á la famosa disputa que en Tolosa hubo entre cristianos y judíos ante Benedicto XIII, en 1412 y 1413, y fué el único que no quedó convencido entre los rabinos en aquella disputa con Jerónimo de Santa Fe, cuando todos los demás abjuraron; se retiró á Soria, donde, en 1425, escribió Sepher Iqarim ó Artículos, libro de los principios fundamentales, del que se conocen 10 ediciones; Soncino, 1487; Venecia, 1521, 1544. Modificó hondamente el racionalismo de Maimónides y abrió nueva era á la teología judía.
En 1426 escribió BERENGUER DE MONTRAVA, canónigo de Urgel, el Lumen Constitutionum, Usaticorum et Consuetudinum Cataloniae.
=300.= Á principios del siglo XV floreció JAYME CALICIO ó CALLIS, que compuso Commentaria in Usaticos Barcinonenses. Tractatus de praerogativa militari. Tractatus de moneta. Heres solidus. De iurisdictionibus. Extravagantorium Curiarum. Processus soni emissi (somatén). Directorium pacis et treguae. Allegationes super facto luitionis inchoate contra Ecclesiam. Margarita Fisci. Viridarium Militiae. Muchas de estas obras se hallan en la edición de 1556.
[Ilustración: DON ÍÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA, primer Marqués de Santillana. (De un retablo del Hospital de Buitrago).]
=301.= Año 1429. Personificación de la cultura y erudición durante el reinado de don Juan II es DON ÍÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA (1398-1458), primer MARQUÉS DE SANTILLANA que fué después. Nació en Carrión de los Condes, aunque su prosapia paterna era la de los Mendozas de Álava y su madre fué aquella fiera y arrogante rica hembra montañesa, que se llamó doña Leonor de la Vega, á quien debió el conservar su patrimonio contra usurpadores y litigantes y ensancharlo por fuerza de armas, no menos que la educación, por haberle faltado el padre á la edad de siete años, que lo fué don Diego Hurtado de Mendoza, señor de Hita, Buitrago, Guadalajara y el Real de Manzanares, prepotente y acaudalado Almirante de Castilla. Concertóle su madre el matrimonio con doña Catalina de Figueroa, hija del Maestre de Santiago don Lorenzo Suárez. En 1414 se le ve siguiendo á la corte en el viaje del Infante de Antequera á Aragón. Fué de los que, conjurados con el infante don Enrique, Maestre de Santiago, desacataron la majestad real en Tordesillas y Ávila en 1420, obligando á Juan II á velarse con doña María y á convocar Cortes; fué también de los que le cercaron en el castillo de Montalbán, después de lo cual se retrajo á Guadalajara y hubo de transigir en el pleito con la Condesa de Trastamara. Mudando mañosamente de política, hallábase en 1429 en la hueste de don Juan II y del Condestable contra el Rey de Navarra y el Infante don Enrique, defendiendo la frontera por Agreda, y aunque destrozado por el mayor número en los campos de Araviana, fuéle, por su valor, como una victoria, valiéndole la merced de 500 vasallos en tierra de Guadalajara, y después, cuando en 1434 dió don Juan sentencia de confiscación de todos los bienes y estados que en Castilla poseían los Infantes de Aragón, tocóle el señorío de los pueblos de Fuente el Viejo, Armunia, Pioz, Meco, Retuerta y otros, hasta doce. Por entonces, y en aquella campaña, compuso dos de sus primeras serranillas, como en ellas se dice. Luego fué á la montaña, donde compuso otra de ellas; al año siguiente partió para la expedición contra los moros de Granada; pero aunque su mesnada asistió á la batalla de la Higuera, hubo de quedarse él enfermo en Córdoba. Retrájose después á Hita en la disensión que siguió á la victoria, hasta ver libres sus encarcelados parientes. Muerta su madre en 1432 y tras nuevos pleitos con su media hermana doña Aldonza, muerta ésta, logró verse señor del Real de Manzanares en 1442. En 1436 casó á su primogénito con doña Brianda de Luna, sobrina del Condestable, siendo padrino don Juan II, y tres años antes á una su hija con el primogénito de la familia de la Cerda. Rotas las treguas con los moros en 1436, tuvo á su cargo la defensa de la frontera como Capitán mayor del reino de Jaén y ganó victorias, villas y fortalezas, asistido de sus hijos Íñigo López y Pero Laso, hasta obligar á los moros á pedir treguas, que en 1438 les fueron concedidas á condición de entregar 550 cautivos cristianos y pagar en parias 24.000 doblas de oro. De aquel tiempo es la serranilla quinta. En 1441 dió don Juan II la sentencia de Tordesillas desterrando á don Álvaro de Luna, siendo don Íñigo el que había de velar cerca del Rey por el cumplimiento de su palabra, y al volver á llamar al Condestable hubo de recogerse don Íñigo á su castillo de Buitrago. Concurrió por el Rey á la batalla de Olmedo, en 1445, siendo galardonado por él con el título de Marqués de Santillana y Conde del Real de Manzanares. Partidario de doña Isabel de Portugal contra el Condestable, enconóse más y más la enemiga cuando vió que encarcelaba á su primo y mejor amigo el Conde de Alba, y entonces compuso el diálogo filosófico de Bias contra Fortuna, acaso la mejor de sus poesías. Ayudó á la caída de don Álvaro, y, ahorcado éste en Valladolid, puso en sus labios la confesión de sus pecados, acerba ironía y sátira política de las más crueles, el Doctrinal de privados. En 1454 murió don Juan II, á fines del año siguiente la mujer del Marqués, doña Catalina de Figueroa, y pocos meses antes su hijo don Pedro Laso de la Vega; luego, en 1456, su poeta predilecto Juan de Mena, á quien la tradición dice que hizo la sepultura en Torrelaguna, aunque ya en el siglo XVI nada se sabía de su enterramiento. Asistió á las Cortes de Cuéllar, de don Enrique IV, y á la tala de la Vega de Granada, después de lo cual fué en romería á Guadalupe, cantando las loores de la Virgen y se retrajo á Guadalajara, "aparejándose para bien morir", y tras grandes y pías donaciones falleció allí mismo en 1458, siendo enterrado en el monasterio de San Francisco, de aquella ciudad, cerca de la sepultura de su padre y de su mujer, como él mismo lo había dejado ordenado.
=302.= Apenas cerró los ojos su padre, por presto que su madre le hizo reconocer en el señorío de Hita y Buitrago, se apoderó de Guadalajara un hermano del Almirante, el señor de Rello, entabló litigio sobre doña Aldonza de Mendoza, hija del primer matrimonio de don Diego, y encendieron guerra civil en los valles de la montaña los Manriques, señores de Castañeda, aspirando á la posesión de Liébana, Pernia y Campóo de Suso; y su partidario Garci González Orejón invadió el solar de la Vega y atropelló á los habitantes de Potes, aunque fueron rechazados por los de doña Leonor, acaudillados por Pero Gutiérrez de la Lama. La misma señora logró que el Real de Manzanares quedase en secuestro hasta que el Obispo de Sigüenza, nombrado árbitro, decidiese. Aunque el señor de Rello conservó las casas mayores de Guadalajara, reconoció el derecho de su sobrino, obligándose á pagarle dos mil maravedís anuales á manera de alquiler. Por sentencia de los oidores Juan González de Acevedo y Juan Alfonso de Toro fué reconocida doña Leonor, en 1407, por señora de los valles de Carriedo, Villaescusa, Cayón, Camargo, Cabezón y el Alfoz de Laredo; en 1409 se le devolvió la casa y torre de la Vega y por fuerza de armas fueron echados de Liébana los usurpadores. Firmáronse las capitulaciones matrimoniales en Ocaña el 17 de agosto de 1408, aportando la novia 15.000 florines de oro del cuño de Aragón. Por la corta edad de los cónyuges los desposorios no se hicieron hasta 1412, en Valladolid, cuando ya el Maestre de Santiago había fallecido. Hernando del Pulgar erró algo en estos hechos, pues para cuando doña Leonor murió, en 1432, ya había recobrado los estados, de modo que no fué don Íñigo el que los recobró huérfano, sino su madre. Por sentencia de 22 de julio de 1423, el Real de Manzanares fué dividido entre doña Aldonza y don Íñigo, aunque á poco protestó éste contra tal decisión. Sobre la última enfermedad y muerte del Marqués, compuso su capellán, Pedro Díaz de Toledo, un Diálogo, publicado por Paz y Meliá en Opúsculos literarios de los siglos XIV á XVI (Socied. Biblióf. Españoles). Fué querido el Marqués en vida y respetado y glorificado después de su muerte. En vida le había ya honrado Juan de Mena, en su Coronación; después, Diego de Burgos, en el Triunfo del Marqués (Cancionero general de 1511), y Gómez Manrique, en sus Coplas á la muerte del Marqués de Santillana. De aquí que como personaje simbólico, tras el doctor Pedro Díaz de Toledo, que puso en sus labios altas moralidades sobre la inmortalidad, Juan de Lucena le hiciese disertar sobre el sumo bien y la Vita beata. Sus Proverbios fueron glosados por el doctor Pedro Díaz de Toledo, por Luis de Aranda (Granada, 1575: Avisos sentenciosos sobre el modo de conducirse en el trato civil de la gente; 1781, en el t. V del Caxon de Sastre, de Nipho).
Su retrato físico y moral fué trazado por Hernando del Pulgar en sus Claros varones de Castilla. Fué "hombre de mediana estatura, bien proporcionado en la compostura de sus miembros, é fermoso en las faciones de su rostro... Era hombre agudo é discreto é de tan gran corazón, que ni las grandes cosas le alteraban, ni en las pequeñas le placía entender. En la continencia de su persona é en el razonar de su fabla mostraba ser hombre generoso é magnánimo. Fablaba muy bien é nunca le oían decir palabra que non fuese de notar, quier para doctrina, quier para placer. Era cortés, é honrador de todos los que á él venían, especialmente de los hombres de sciencia... Fué muy templado en su comer é beber, y en esto tenía una singular continencia... Era caballero esforzado, é ante de la facienda, cuerdo é templado; é puesto en ella, ardit é osado, é ni su osadía era sin tiento, ni en su cordura se mostró jamás punto de cobardía... Gobernaba asimismo con grand prudencia las gentes de armas de su capitanía, é sabía ser con ellos señor é compañero. E ni era altivo con el señorío, ni raez en la compañía, porque dentro de sí tenía una humildad que le facía amigo de Dios, é fuera guardaba tal autoridad, que le facía estimado entre los hombres. Daba liberalmente todo lo que á él como á capitán mayor pertenescía de las presas que se tomaban, é allende de aquello, repartía de lo suyo en los tiempos necesarios. É guardando su continencia con graciosa liberalidad, las gentes de su capitanía le amaban, é temiendo de le enojar, no salían de su orden en las batallas... Los poetas decían por él que en la corte era grand Febo por su clara gobernación, é en campo Aníbal por su grand esfuerzo. Era muy celoso de las cosas que á varón pertenescía facer é reprensor de las flaquezas que veía en algunos hombres... Solía decir á los que procuraban los deleytes que mucho más deleytable debía ser el trabajo virtuoso que la vida sin virtud, quanto quier fuesse deleytable. Tenía una tal piedad, que cualquier atribulado ó perseguido que venía á él fallaba muy buena defensa é consolación en su casa, pospuesto cualquier inconveniente que por le defender se le pudiese seguir... Este claro varón, en las huestes que gobernó... con la autoridad de su persona é no con el miedo de su cuchillo, gobernó sus gentes, amado de todos, é no odioso á ninguno... Tenía gran fama é claro renombre en muchos reynos fuera de España; pero reputaba muy mucho más la estimación entre los sabios que la fama entre los muchos. É porque muchas veces vemos responder la condición de los hombres á su complexión é tener siniestras inclinaciones aquellos que no tienen buenas complexiones, podemos sin duda creer que este caballero fué en grand cargo á Dios por le aver compuesto la natura de tan igual complexión, que fué hábil para recebir todo uso de virtud, é refrenar sin grand pena cualquier tentación de pecado... Si verdad es que las virtudes dan alegría é los vicios traen tristeza, como sea verdad que este caballero lo más del tiempo estaba alegre, bien se puede judgar que mucho más fué acompañado de virtudes, que dan alegría, que señoreado de vicios, que ponen tristeza".
=303.= Pocas son las obrillas en prosa del Marqués. El Prohemio ó carta, que envió al Condestable de Portugal con las obras suyas, encierra su criterio estético y es como su poética. Es preceptivo é histórico, de más elevados pensamientos que el Arte de trovar, de don Enrique de Villena, que sólo se atuvo á la doctrina provenzal; pero su clasicismo erudito le hace despreciar y calificar de ínfima la poesía popular, de mediocre toda poesía en lengua vulgar y de sublime solamente la escrita en griego y latín. Muchos años habían de pasar y aun siglos hasta que cayera este ídolo y se persuadiese la gente de que los romances son tan idiomas como el latín y el griego y de que la más sustanciosa y digna de aprecio es la poesía popular, aquella "de que la gente baja é de servil condición se alegra". En prosa escribió el Prólogo y las Glosas á los Proverbios, la Carta á su hijo, cuando estudiaba en Salamanca, y la Lamentaçion fecha en Propheçia de la segunda destruycion de España, en estilo enfático. La colección de Refranes que dicen las viejas tras el fuego se le ha siempre atribuido, pero quizá sin fundamento, y á la verdad no cuadra este gusto por lo popular con las aficiones del Marqués. La prosa de Santillana, aunque no tan mala como la de Villena en sus momentos de mayor furor latinizante, se le parece no poco, á causa de la misma tendencia. Partiendo del falso principio de que el romance no era más que latín corrompido é indigno de ser escrito, tendían á allegarlo al latín en voces, construcción é hipérbaton. ¿No era mejor, según eso, no escribir más que en latín? ¡Quién nos diera un cilindro fonográfico del habla popular de entonces! Á buen seguro que era tan realista, briosa, concisa y elegante como ha sido siempre el habla de los españoles.
Los Proverbios de gloriosa dotrina e fructuosa enseñança (1437), son adagios bien rimados para la educación del príncipe don Enrique, sacados de Salomón y otros autores, que cita en el prólogo. Al itálico modo compuso 42 sonetos, que por ser el primer ensayo que se hizo en España merecen respeto y hasta admiración.
De las poesías de Santillana, las mejores son las Serranillas, que hizo por la mayor parte en sus primeros años y son cabalmente las más cercanas al arte popular. Aunque ya no tienen la naturalidad primitiva de los cantos de ledino y canciones de amigo, de la lírica galaico-portuguesa, de las que son tardío remedo, son "canciones más graciosas, como dice Puymaigre, que las de Teobaldo de Champagne y pastorales más lindas que las de Giraldo Riquier". Son idilios condensados, esbozados apenas con cuatro ligeras pinceladas y no sin una puntita de sabrosa malicia, que les da cierta tonalidad humorística, rara en aquellos tiempos. Bien que variado en cuanto cabe, el cuadrito es siempre el mismo y se ve que al lugar común del encuentro de un caballero y una pastora, que tomó el Marqués ya inventado, no tenía grande inventiva para añadir otras escenas, así como ni para detenerse en la descripción, cosas en que tanto sobresalió Teócrito, y aun en España mismo el Arcipreste de Hita, cuyos "excesos de feo realismo", en frase de M. Pelayo, son toques de pintor tan excelso y de poeta tan bravío y maravilloso, que para mí, comparadas á sus serranillas, son las del Marqués dibujos de principiante. Asunto, metro y lenguaje, tómalos éste de la tradición popular, de donde los habían tomado los poetas galaico-portugueses. De la misma fuente proceden los decires y los cantares, que de ellos se diferencian por el estribillo y el tema inicial, aunque llevan ya el sello de la cortesanía delicada que el Marqués supo comunicarles. Ya sobrecargó la dosis del elemento culto en El Sueño, El Triumphete de Amor, El Infierno de los enamorados, y así suenan algo más á hueco y cansan por lo largos. Pero donde abruma es en sus visiones y sueños, debido al uso y al abuso de la mitología, de la historia, de la alegoría dantesca y petrarquesca, envuelta en pedante retórica. La defunssion de don Enrique de Villena es una retahila de sabios y poetas, con los cuales compara á don Enrique, su grande amigo, que le dirigió Al Arte de trovar y la traducción de la Eneida y de la Divina Comedia. Sigue siendo dantesco en la Coronación de Μosen Jordi (1430), en el Planto de la Reyna doña Margarida y en la Visión de las tres virtudes Firmeza, Lealtad y Castidad. No deja de tener brío El Planto que fizo Pantasilea, tomado de la Crónica Troyana, libro muy leído por el Marqués. En la Comedieta de Ρonza (1444), que nada tiene de dramática y es un poema dialogado que lamenta la derrota de los aragoneses por la armada genovesa en 1435, hay clara influencia del Petrarca y dióle el título por el de la Divina Comedia de Dante, á causa de la profecía de la Fortuna, que al final consuela á las Reinas con el brillante porvenir de sus maridos, Alfonso V de Aragón, don Juan, rey de Navarra y el infante don Enrique, que cayeron prisioneros en aquella triste jornada, según la doctrina de que la comedia comienza por trabajos y acaba por alegrías. La erudición apesadumbra esta obra, como las más del Marqués; encierra, sin embargo, algunos trozos briosos y animados. Más dramática es la obra Bias contra Fortuna (1448), hecha para consolar á su primo el Conde de Alba cuando fué encarcelado por don Álvaro de Luna, animándole con la doctrina filosófica de los estoicos, de que el sabio dura constante en medio de los altibajos de la vida, los cuales no le quitan el sosiego de su alma ni le amenguan la verdadera libertad. Consta de 180 coplas de arte menor, armoniosas y bien cortadas. El Doctrinal de Privados (1454) es una invectiva en 53 estrofas contra don Álvaro de Luna, haciéndole confesar sus fechorías con una inquina que en ninguna otra ocasión muestra Santillana, y que no se da por vengada ni con la muerte del Condestable. Este odio sincero le sacó de sus casillas y le hizo escribir una de las mejores páginas por la fuerza y verdad, que no suelen abundar en los escritos eruditos.
Santillana es un poeta que ni remotamente puede compararse con el Arcipreste de Hita. No es original ni en los asuntos ni en la manera de tratarlos, ni en el estilo, en el brío, en el color, en la delicadeza y sentimiento, ni en el lenguaje. Tampoco era un sabio, ni sabía latín ni menos griego, ni supo sobreponerse á las falsas interpretaciones que la erudición de su tiempo daba al arte clásico, ni á la doctrina estética reinante. Fué con todo un artista imitador de cuanto bueno hallaba á mano, un erudito de los mejores de entonces, uno de los que mayor empuje dieron al estudio de las letras y al Renacimiento italiano, trayéndolo á España. Tentólo todo y todo lo hizo adelantar. Admirador de Dante, Petrarca y Boccaccio, les imitó y hasta les copió no pocas cosas, siendo de los más gloriosos precursores de Boscán. Fué un aficionado de las Humanidades, sin llegar á ser humanista, que no los podía haber en aquel siglo. Rodeado de una verdadera corte literaria, encargó á otros versiones de libros de que poderse aprovechar y con que aprovechar á los demás. Conocía la literatura francesa de los siglos XIV y XV, la catalana y la italiana, de la antigua provenzal harto poco y de segunda mano. Lo que no conoció ó menospreció fué la poesía española de origen popular, porque no veía más que la erudita y culta. Ni siquiera el nombre de cantar de gesta suena en sus obras; aun del mester de clerezia sabía bien poco, pues ni nombra á Berceo. Sus aficiones estaban en Italia, y así creyó que sus sonetos serían su más alta gloria, pero se engañó. Santillana vive y vivirá por sus decires y serranillas, no porque fuera el primero que las hizo, ni siquiera el que mejor las hizo, sino porque en aquel siglo no hubo otro que las hiciera mejor desde el Arcipreste, que le sobrepuja de cien codos, hasta Juan del Enzina y Gil Vicente.
=304.= Sobre la Comedieta, dice su autor en el prohemio: "É intituléla deste nombre por quanto los poetas fallaron tres maneras de nombre á aquellas cosas de que fablaron, es á saber: tragedia, satyra, comedia. Tragedia es aquella que contiene en sí caydas de grandes reyes é príncipes, asy como de Hércoles, Príamo é Agamenón é otros atales, cuyos nascimientos é vidas alegremente se comenzaron é grand tiempo se continuaron é después tristemente cayeron. É del fablar destos usó Séneca el mancebo, sobrino del otro Séneca, en las sus Tragedias, ó Johan Boccaccio en el libro De casibus virorum illustrium. Satyra es aquella manera de fablar que tovo un poeta que se llamó Satyro, el qual reprehendió muy mucho los vicios é loó las virtudes; é desta manera después dél usó Oracio é aun por esto dixo Dante: "L'altro è Oracio sátiro, che vene...". Comedia es dicha aquella cuyos comienzos son trabajosos é después el medio é fin de sus días alegre, gozoso é bienaventurado; é desta usó Terencio, Peno é Dante en el su libro, donde primero dice haber visto los dolores é penas infernales é después el Purgatorio é después alegre é bienaventuradamente el Paraíso".
Los pecados capitales del estilo de Santillana son debidos á ser de los primeros que traían á España el renacimiento clásico, lo cual desarma á cualquier crítico, aunque á la vez retraiga á los lectores comunes: la comezón por rebutir sus escritos de nombres mitológicos y erudiciones lejanas, que, no diciendo nada á los lectores españoles, les deja fríos y ahitos de tan trasnochada erudición, y el hipérbaton y voces latinas con que retuerce y enturbia la lengua castellana creyendo ennoblecerla y engalanarla. Eran los primeros pinitos del clasicismo y nada tiene de extraño anduviese á trompicones; mayor culpa les cupo á los que le siguieron, no acabando de dejar esta material imitación y no acertando á beberle al clasicismo su verdadero espíritu, que cabalmente está en la sublime naturalidad y en el arraigo, cuanto al pensar, sentir y hablar, en las entrañas y alma del pueblo y de la raza.
Herrera, en su Comentario á Garcilaso: "No en la edad de Boscán, como piensan algunos (se introdujo la versificación toscana); que más antigua es en nuestra lengua, porque el Marqués de Santillana, gran capitán español y fortísimo caballero, tentó primero con syngular osadía y se arrojó venturosamente en aquel mar no conocido y volvió á su nación con los despojos de las riquezas peregrinas. Testimonio desto son los sonetos suyos, dinos de veneración por la grandeza del que los hizo y por la luz que tuvieron en la sombra y confusión de aquel tiempo".
Sobre sus trabajos dice el Marques: "Á ruego é instancia mía, primero que otro alguno, se han vulgarizado en este reyno algunos poemas, así como la Eneyda, de Virgilio; el libro mayor de las Transformaciones, de Ovidio; las Tragedias, de Lucio Aneo Séneca, é muchas otras cosas en que yo me he deleytado fasta este tiempo é me deleyto é son asy como un singular reposo á las vexaciones é trabaxos que el mundo continuamente trahe, mayormente en estos nuestros reynos". Su capellán, Pedro Díaz de Toledo, puso en romance el Phedon, de Platón, antes de 1450. Su hijo don Pedro González de Mendoza tradujo probablemente á Homero de la versión latina del milanés Pedro Cándido Decimbre, y bien pudiera ser el texto castellano de los cinco primeros libros de la Ilíada vertidos del latino del dicho milanés, y dedicados á don Juan II, que Volmöller ha descubierto. Véase la carta del Marqués á su hijo donde á esto alude. Sobre la biblioteca del Marqués, cuyos restos paran en la Nacional, véase Amador de los Ríos. Todavía dura, aunque no en España, el códice magnífico del Roman de la Rose, que le perteneció. Además de Guillermo de Lorris y su continuador, hállanse citados en sus escritos Michante (Michault), que escribió "un grand libro de baladas, canciones, rondeles, lays é virolays é assonó muchos dellos"; Micer Otho de Grandson (Alain Chartier), "muy claro poeta moderno é secretario deste rey Luis de Francia (Luis XI), que con grand elegancia compuso é cantó en metro el Debate de las quatro damas, la Bella Dama Sanmersi, el Revelle matin, la Grand pastora, el Breviario de nobles é el Hospital de amores, por cierto cosas asaz fermosas e placientes de oir". Todos estos poetas franceses son de la escuela alegórica y pedantesca, cuyo principal monumento es el Roman de la Rose. "Los catalanes, valencianos é aun algunos del reyno de Aragón fueron é son grandes officiales desta arte". Conoció á Pedro March el viejo, al petrarquista Mosen Jordi de Sant-Jordi "el cual ciertamente compuso asaz fermosas cosas, las quales él mesmo asonava, ca fué músico excelente"; á Ausias March, "grand trovador é ome de assaz elevado espíritu". "De los provenzales parece haber conocido las poéticas más bien que los poetas, dice M. Pelayo, y aun éstos sólo de nombre y por citas de los italianos. Así, de Arnaldo Daniel, uno de los poquísimos que menciona (sin duda por haberle encontrado en la Divina Comedia), dice expresamente que no había visto obra alguna".
Los Proverbios de Enigo de mendoça con su glosa se imprimieron, próximamente, en 1490, Zaragoza (Bibliogr. Zarag. del siglo XV). También hizo traducir Santillana del italiano las Tragedias de Séneca (Amador de los Ríos, edic. de Santillana, págs. 639 y 482).
Sobre la biografía de Santillana: Crónica de don Juan II; Tomás Antonio Sánchez, Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XI; Amador de los Ríos, Vida del Marqués de Santillana, en la edición de sus obras; Schiff y M. Pelayo, que se citarán luego.
Centiloquio, impreso en 1496, 1558.
=305.= Marqués de Santillana. Cancionero. Ed. R. Foulché-Delbosc, en Cancionero castellano del siglo XV. Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XIX; Obras, ed. J. Amador de los Ríos, Madrid, 1852; Bias contra fortuna [facsímile de la ed. de Sevilla, 1502, por Archer M. Huntington], New York, 1902; Refranes que dizen las viejas tras el fuego, ed. U. Cronan, en Revue Hispanique (1911), t. XXV, págs. 134-176; Testament du marquis de S., ed. R. Foulché-Delbosc, en Revue Hispanique (1911), t. XXV, págs. 114-133. Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. V, págs. LXXXVIII-CXLIV; B. Sanvisenti, I primi influssi di Dante, del Petrarca e del Boccaccio sulla Letteratura spanuola, Milano, 1902, págs. 127-186; M. Schif, La Bibliothèque du marquis de Santillane, París, 1905 (Bibliothèque de l'École des Hautes Études, fasc. 153); A. Vegue y Goldoni, Los sonetos "al itálico modo" de don Íñigo López de Mendoza: estudio crítico y nueva edición de los mismos, Madrid, 1911.
En 1430 se acabó la "Biblia romanceada, por RABÍ MOSÉ ARRAGEL DE GUADALFAJARA, á petición de don Luis de Guzmán, maestre de Calatrava, con ayuda é información de los muy honorabiles famosos sabios é señores angeles divinos don Vasco de Guzmán, arcediano de Toledo, é el maestro frey Arias de Encinas, guardián del convento é estudio de San Francisco de Toledo, é el maestro fray Juan de Zamora, de la Orden de Predicadores", como puso por título el mismo Mosé Arragel á la famosa Biblia que guarda la Casa de Alba. Véase: Homenaje á M. Pelayo, II, pág. 5; Gallardo, t. IV, col. 1485.
=306.= Año 1432. FERNÁN PÉREZ DE GUZMÁN (1378?-1460?), señor de Batres, sobrino del Canciller Ayala y tío del Marqués de Santillana, fué hijo de Pedro Suárez de Guzmán y de doña Elvira de Ayala. Embajador en Aragón en tiempo de Enrique III, prometíase una gran carrera política. Salvó la vida á Pero Meléndez de Valdés, capitán de la mesnada del señor de Hita, en la batalla de la Higuera; pero en vez de serle recompensado, fué preso, y cayó en disfavor de Juan II. Declarado enemigo de don Álvaro de Luna y sospechoso por su cercano parentesco con el Arzobispo de Toledo don Gutierre Gómez, de los más fervorosos partidarios de los Infantes de Aragón, no podía vivir en aquella corte, donde sólo reinaban, según él, "cobdicia de alcanzar é ganar, engaños, malicias, poca verdad, cautelas, falsos sacramentos é contratos é otras muchas é diversas astucias é malas artes". Era, además, él mismo poco amigo de someterse á nadie, algo áspero de genio, recto en la justicia y aficionado á la lectura y al estudio. Por todo ello se retiró á los cincuenta y seis años de su edad á su señorío de Batres, de donde apenas volvió á salir, habiendo muerto, según se cree, á los ochenta y dos años de su edad.
Fué su consejero y maestro en la voluntaria soledad el obispo de Burgos don Alonso de Cartagena, con quien mantuvo larga correspondencia ascética, filosófica y literaria. Fué en los años de su mocedad aficionado á la poesía y alabado como poeta, aunque lo fué mediano, imitando á su tío el Canciller en la gravedad y en las moralidades, bien que no en el metro, pues empleó las formas cortas de su tiempo. Tampoco sobresalió por la fuerza de su imaginación. Hállanse, con todo, trozos y frases de peregrina fuerza sentenciosa en sus versos, que fueron los más de materia moral ó religiosa y llegaron hasta 13.000, de los cuales los mejores son las Coplas de vicios e virtudes, la lamentación por la muerte de Alonso de Cartagena († 1456) y los Loores de los claros varones de España, en 409 octavas de arte menor.
Pérez de Guzmán fué, ante todo, prosista. Su ingenio grave y sentencioso, parecido al de su tío el Canciller, halló en el trato de don Alonso de Cartagena, obispo de Burgos, lo que más le cuadraba. Llamábale su Séneca, llamándose á sí propio Lucilio, y de hecho el dechado que más al justo venía á su natural era Séneca el moralista, el sentencioso, el grave, cuyas veces hacía á maravilla el famoso Obispo de Burgos. De aquí le vino á Pérez de Guzmán la ocurrencia de hacer traducir las Cartas de Séneca á Lucilio, aunque no del latín, sino de la versión toscana de Ricardo Pedro, ciudadano florentino. Patrocinó la versión de Salustio, de quien fué aficionadísimo, que á "ruego et afincamiento" suyo hizo su primo el arcediano de Toledo, Vasco de Guzmán. También compiló la Floresta de los Philosophos, colección de sentencias, la mayor parte sacadas de Séneca, inédita hasta 1904.
Pero la obra principal de Pérez de Guzmán es el Mar de istorias, dividida en tres partes. La primera trata "de los emperadores é de sus vidas é de los príncipes gentiles é católicos"; la segunda, "de los sanctos é sabios é de sus vidas é de los libros que ficieron"; la tercera, de "las semblanzas y obras de los excelentes reyes de España don Enrique III y don Juan el II y de los venerables prelados é notables caballeros que en los tiempos destos nobles Reyes fueron". En las dos primeras partes la materia está tomada de otras obras y sólo es suyo el estilo, de lo mejor del siglo XV por lo vivo, caudaloso y brillante, mayormente en las descripciones y retratos. La tercera parte es obra enteramente suya. Algo se le pegó el estilo de Salustio; pero sin leer á Tácito, tiene de Tácito.
Los vaivenes de la fortuna, los desengaños de la vida y el trato con don Alonso de Cartagena habían robustecido en Pérez de Guzmán aquel su natural, recto ya de suyo, honrado y severo, apasionado del bien y de la verdad, y aun habíale tantico amargado el desdén con que se veía menospreciado de los señores, él tan señor como el que más y como ninguno pagado del orgullo patricio de su sangre. Al poner, pues, los ojos en los poderosos de su tiempo para pintar sus semblanzas, los miró como miró á los del suyo el historiador Tácito, con la misma severidad de juicio, con la misma honradez y rectitud de ánimo, con el mismo espíritu aristocrático, y como Tácito los halló, hallólos Pérez de Guzmán. La misma bravía elocuencia brotó de sus pechos y pasó á sus plumas, empapada en hieles; con la misma penetración ahondaron en las almas y desmenuzaron sus fibras; con parecidos rasgos y recias pinceladas retrataron los personajes. Aunque no le llega á Tácito ni con mucho, es más de maravillar, cuanto no habiéndole leído, resultó un escritor que no deja de tener con él algún parecido. Es más brioso que Plutarco, menos crédulo y menos amigo de anecdotillas y no se le puede comparar en la erudición estupenda de aquel historiador griego, y sí solo en pintar retratos; pero en esto más se parece á Suetonio y en el tono á Tácito cuando habla de los malos, con un pesimismo sufrido y filosófico. La prosa castellana de Pérez de Guzmán es limpia y concisa, grave y bien domeñada.
=307.= En el testamento de Pero Suárez de Guzmán, en 9 de enero de 1381 (1419 de la era esp.), se habla de sus hijos menores Ferrando, María, Aldonza, y de su madre, Elvira Álvarez, ya difunta. De sólo esta fecha se saca que Fernán nació, lo más tarde, entre 1378 y 1380 (no sabemos si fué el mayor); y si su madre, según Amador de los Ríos (VI, págs. 212-214), murió al empezar el 1380, Fernán nacería, lo más tarde, entre 1377 y 1379. Pedro de Guzmán, hijo de Fernán, tomó posesión de los bienes del señorío el 29 de enero de 1461, y declaró que un su apoderado lo había hecho antes en su nombre. Fernán murió, pues, probablemente el 1460, y á lo menos tenía ochenta años.
Las Coplas sobre la muerte de don Alonso de Cartagena se hallan al fin del Tractado que se llama orõnal de fernand perez, Murcia, 1487. Las poesías más antiguas se hallan en el Cancionero de Baena y se remontan al reinado de Enrique III. "Fernán Pérez de Guzmán, mi tío, doto en toda buena doctrina, dice Santillana, ha compuesto muchas cosas metrificadas é entre las otras aquel epitafio de la sepoltura de mi Señor el Almirante don Diego Furtado, que comiença Ombre que vienes aqui de presente. Fizo muchos otros decires é cantigas de amores:" Fuera de los amorosos, requestas, etc., que trae el Cancionero de Baena, escribió "Proverbios de grandes sentencias, é otra obra assaz útil é bien compuesta de las Quatro Virtudes Cardinales", como dijo Santillana. Los Proverbios se publicaron por Ochoa en sus Rimas inéditas del siglo XV; pero están más correctos en el Cancionero que fué de Gallardo, y se componen de 102 coplas redondillas, con sentencias de Séneca y de la Biblia. La Coronación de las Quatro Virtudes, dedicada á Santillana, es obra algo mejor. Á Álvar García de Santa María dirigió Diversas virtudes e loores divinos ó Coplas de vicios y virtudes, fondo principal de la compilación hecha desde fines del siglo XV, con uno ú otro título, sobre todo el de Setecientas... exemplo de bien vivir, añadiendo la Confesión Rimada, los himnos, etc., hasta completar 700 estrofas, para remedar las Trescientas, de Juan de Mena. Véanse estas impresiones: Coplas, Sevilla, 1492; Las Setecientas... por las quales qualquier hombre puede tomar regla e doctrina y exemplo de bien bivir, Sevilla, 1506 y 1509; Las Sentencias, Lisboa, 1512; Las Setecientas, Sevilla, 1516 y 1527; Lisboa, 1541 y 1564. Últimamente, por Foulché-Delbosc, en el Cancionero castellano del siglo XV, Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XIX, págs. 575-759. Los Proverbios y los Claros varones se imprimieron en las Rimas, inéditas, de Ochoa, París, 1844. Las poesías hállanse desparramadas en los Cancioneros del siglo XV, especialmente en los de Baena, Ixar, Gallardo, en tres de la Biblioteca Nacional de París, en el de Llavia (Zaragoza, 1490) y en el General del Castillo. Hay Cancioneros particulares de Fernán Pérez, como el de la biblioteca de los Duques de Gor, en Granada, escrito por Antón de Ferrera, criado del Conde de Alba (1452).
=308.= Las Epístolas de Séneca se publicaron en Zaragoza, 1496; Toledo, 1502 y 1510; Alcalá, 1529; Amberes, 1551. Están trasladadas de la versión italiana del florentino Ricardo Petri, hecha de la francesa.
El Mar de istorias se publicó por primera vez en Valladolid, 1512; Sevilla, 1527 y 1542; Valencia, 1531. La fuente principal de las dos primeras partes fué el Mare Historiarum, de Giovanni Colonna (nació el 1298). La tercera parte fué añadida por Galíndez á su edición de la Crónica de don Juan II, con el título de Generaciones y Semblanzas, con el cual ha corrido después como libro independiente. Generac. y sembl., Valladolid, 1512 (en el Mar de istor.); Logroño, 1516 (en la Crón. de Juan II); Valencia, 1531 (en el Mar de ist.); Sevilla, 1543 (en la Crón.); Pamplona, 1590 (en la Crón.) y 1591 (ibid.); Madrid, 1678 (en el Epítome de la Crón.); 1775 (en el Centón Epistolar); Valencia, 1779 (en la Crón.); Madrid, 1790 (en el Cent.); 1877 (en las Crónicas de los Reyes de Castilla); Mâcon, 1907 (Foulché-Delbosc). Prólogo: "Yo tomé esta invención de Guido de Colupna, aquel que trasladó la Historia Troyana de Griego en Latín, el qual en la primera parte escribió los gestos y obras de los Griegos y Troyanos"; pero Pérez de Guzmán, si se inspiró en esta obra, fué del todo original. Tampoco debió leer el Liber illustrium personarum ó Historia canonica et civilis, de Juan Gil de Zamora, en tiempos de Sancho IV, libro que se le parece: Pérez de Guzmán no debía de leer corrientemente el latín. R. Foulché-Delbosc ha publicado el Mar de Historias en la Revue Hispanique (1907).
Las Generaciones, semblanças y Obras, edic. R. Foulché-Delbosc, Mâcon, 1907; ed. E. de Llaguno Amírola, Madrid, 1775; Bibl. Aut. Esp., t. LXVIII. Consúltense: R. Foulché-Delbosc, _Étude bibliographique sur Fernán Pérez de Guzmán_, en la Revue Hispanique, 1907, t. XVI, págs. 26-55; M. Pelayo, Antología de poet. lír. cast., t. V, páginas L-LXXVIII.
En las Semblanzas: "No pequeña confusión para Castilla, que los grandes, prelados é caballeros, cuyos antecesores á magníficos é nobles reyes pusieron freno, empachando sus desordenadas voluntades con buena é justa osadía por utilidad é provecho del reino é por guarda de sus libertades, que á un hombre de tan baxa condición como éste así se sometiesen. Y aun por mayor reprehensión e increpación dellos digo que no sólo á este simple hombre, más á una liviana é pobre mujer, ansi como Leonor López, é á un pequeño é raez hombre, Hernán López de Saldaña, ansi se sometian é inclinaban, que otro tiempo á un señor de Lara ó de Vizcaya non lo hacían ansi los pasados. Por causa de brevedad no se expresan aquí muchas maneras é palabras desdeñosas é aun injuriosas, que los susodichos dijeron á muchos grandes é buenos: lo qual es cierta prueba é claro argumento de poca virtud é mucha cobdicia del presente tiempo; que con los intereses é ganancias que por intercesión de ellos avian, no pudiendo templar la cobdicia, consentían mandar é regir á tales que poco por linajes é menos por virtud lo merecían... Ca, en conclusión, á Castilla posee hoy é la enseñorea el interesse, lanzando della la virtud é humanidad". De don Juan II dice que ni antes ni después de la muerte del Condestable "hizo auto alguno de virtud y fortaleza en que mostrase ser hombre". De Enrique III dice que era "asaz de buena disposición..., blanco é rubio, é la nariz un poco alta; pero cuando llegó á los diez y siete años hobo muchas y grandes enfermedades, que le enflaquecieron el cuerpo é le dañaron la complesion, é por consiguiente se le dañó é afeó el semblante", "muy grave de ver é de muy áspera conversación, ansi que la mayor parte del tiempo estaba solo é malenconioso", de no mucha discreción, pero "á los rreyes menos seso y esfuerzo les basta para regir que á otros hombres, porque de muchos sabios pueden haber consejo".
La Floresta de philosophos, publicada en la Revue Hispanique, 1904, según el único Ms. de la Nacional (P. 156, hoy 4.515), se atribuye á Fernán Pérez de Guzmán: tiene muchas sentencias de Séneca.
=309.= En 1431 entregó á Eugenio IV ANDREAS DE ESCOBAR, benedictino, Obispo de Megara, su Gubernaculum Conciliorum. En 1437 compuso el Tractatus copiosus contra quinquaginta Graecorum errores.
El cardenal y obispo de Cesárea JUAN DE SEGOVIA, uno de los que ilustraron el Concilio de Basilea (1431-1442), copiló las Concordantias biblicas vocum indeclinabilium. De processione Spiritus sancti ex Filio. De summa auctoritate Episcoporum in universali Concilio. De actis Concilii de Basilea. De immaculata Virginis Deiparae conceptione, impreso en Bruselas, 1664. De mittendo gladio spiritus in Saracenos. Con él ilustraron el Concilio Juan de Torquemada y Juan Polemar, además de Alonso de Cartagena, árbitro del Concilio.
JUAN POLEMAR Ó PALOMAR, que asistió al Concilio de Basilea, archidiácono barcelonés, capellán de Eugenio IV y oidor del Sacro Palacio, escribió Contra Basileense Concilium. Positio super possessione bonorum temporalium ab Ecclesia. Pro temporalitate et iurisdictione Ecclesiae, etc.
JUAN DE CASANOVA, natural de Barcelona, que entró en la Orden dominicana ya de edad madura, en 1403, y murió en Florencia, en 1436, maestro del Sacro Colegio, Obispo de Cerdeña y de Elna, confesor de Pedro V de Aragón, cardenal desde 1430: Contra schismaticos Basileenses. De potestate Papae supra Concilium. Obras dirigidas á Eugenio IV (1431-1447).
En 1433 FRAY LOPE FERRÁNDEZ, agustino, escribió Espejo del alma. De la Penitencia (Bibl. Escor.; Nic. Ant., Bibl., II, 236).
=310.= Año 1434. El Libro del Passo honroso defendido por el excelente cavallero Suero de Quiñones fué redactado por el notario PERO RODRÍGUEZ DE LENA, testigo del famoso torneo que sostuvo aquel caballero con nueve otros contra cuantos aventureros se presentaron, el año de 1434. Resumiólo en 1588 el franciscano Juan de Pineda.
=311.= El espíritu aventurero, debido en parte á las leyendas caballerescas, pusieron de moda en España los torneos y justas, como las que se celebraron en la plaza de la Petite Brétagne y en la Cousture Sainte-Catherine, cerca de París, á las cuales asistió Pero Niño, en tiempo de don Juan II, como aventurero. Don Álvaro de Luna y Santillana tomaron parte en ellos. Aventureros como Suero de Quiñones tuvimos, entre otros, en España, á Juan de Merlo, Gonzalo de Guzmán, Juan de Torres, J. de Polanco, Mosén Pero Vázquez de Saavedra, Gutierre Quixada, Mosén Diego de Valera y Diego García de Paredes. El más famoso de los celebrados en España fué el llamado Paso honroso, de Suero de Quiñones, caballero que votó llevar al cuello todos los jueves una anilla de hierro en señal de servidumbre para con su dama y se presentó á defender con otros nueve el puente de San Marcos, de Orbigo, cerca de León, contra cuantos campeones extranjeros le disputasen el paso. Duró la justa desde el 10 de julio hasta el 9 de agosto de 1434 y describióla Lena, que se halló presente, con los pormenores de un proceso verbal. Quedaron heridos Suero de Quiñones y ocho de los suyos; murió uno de los contrarios, y otro, por haber bien librado, juró de no cortejar más á las monjas de allí adelante. Setecientos combates se tuvieron con un sinnúmero de peripecias, que se leen con gusto, sobre todo en Juan de Pineda. Passo honroso defendido por el excelente cavallero Suero de Quiñones. Copilado de un libro de mano, etc.; Salamanca, 1588 [facsímile por Archer M. Huntington, New-York, 1902]; ed. Real Academia de la Historia, 1783 (compendio hecho por fray Juan de Pineda del libro de Pedro Rodríguez de Lena, libro que no se ha publicado íntegramente).
=312.= En 1434 DIEGO DE LOBRAÑAN, criado de Alfonso González de León, contador del Rey, tradujo el Valerio Maximo. (Nic. Ant., Bibl., II, 237).
En 1435 JUAN XIMÉNEZ CERDÁN, Justicia de Aragón de 1390 á 1423, escribió una famosa carta sobre su oficio de Justicia de Aragón. Hacia 1437, el Justicia MARTÍN DÍAZ DE AUX ordenó las Observancias, de Salanova, Hospital y otros. (Nicol. Antonio, Bibl., II, págs. 237 y 242).
=313.= En 1436 acabó de escribir RAIMUNDO SABUNDE el Liber Creaturarum seu Naturae seu Liber de Ηomine, ...inchoatus et inceptus in alma universitate venerabilis studii Tholosani, anno Domini millesimo quadringentesimo tricesimo quarto et completus et terminatus in eadem universitate anno 1436 in mense Februarii, undecima die, quae fuit die sabbati, como ya había notado Nicolás Antonio (Bibl. vet., II, pág. 215). Tal dice el códice de Tolosa. D. Reulet, Un inconu célèbre, Recherches historiques et critiques sur Raymond de Sabonde, París, 1875. El autor murió el mismo año 1436, como se dice en la nota final del códice tolosano, y en ella se le llama Sibiude. Desde el abad Trithemio (1498), Montaigne, todos lo tuvieron por barcelonés; Reulet le ha querido hacer provenzal, pero sin pruebas (M. Pelayo, Cienc. esp., t. II, pág. 283, 3.ª ed.). Se imprimió en Deventer, 1484; París, 1509, aunque se supone hubo edición anterior. Púsolo en mejor latín Pedro Dorland: Viola animae, Milán, 1517, traducida al castellano por fray Antonio de Arés: Diálogo de la naturaleza del hombre, 1616. También lo tradujo Juan Amós Comenio al latín: Ocultis fidei, Amsterdam, 1661. Trithemio dice que escribió además Quaestiones Controversae. La bibliografía del Liber Creaturarum, en la Revista de Instrucción pública, 1857, por Suárez Bárcena. Sabido es que Montaigne lo tradujo al francés en el siglo XVI, haciendo gran caudal de nuestro filósofo, cuya obra dijo que estaba "basti d'un espaignol baragouiné en terminaisons latines"; pero "trop riche et trop beau pour un auteur duquel le non soit si peu cogneu". En los libros de actas de la Universidad de Tolosa se lee: "Raymundus Sabunde, in Universitate Tolosana medicinae professor, defunctus anno 1436".
=314.= Año 1437. JUAN DE TORQUEMADA (1388-1468), dominico á servicio del Papa (1431), fué enviado por Eugenio IV al Concilio de Basilea y al de Florencia (1439), donde fué de los redactores del decreto de unión de la Iglesia griega; como Cardenal (1439) asistió á la Asamblea de Bourges (1440), y fué Obispo de Palestrina (1455) y de Sabina (1464). Compuso 27 obras impresas y 14 manuscritas. Meditationes, Roma, 1467, 1473; Foligno, 1479; Albi, 1481. Expositio brevis et utilis super toto Psalterio, Roma, 1470; Ausburgo, 1472; Maguncia, 1474. Tractatus de aqua benedicta, Roma, 1475. Quaestiones spiritualis convivii delicias praeferentes super Evangeliis tam de tempore quam de Sanctis, Roma, 1477. Commentarii in decretum Gratiani partes V, Lyon, 1519, 6 vols.; Venecia, 1578; Roma, 1726. Obra acabada en Roma el 1451. Summa de Ecclesia, Salamanca, 1560. Contra errores perfidi Mahometii, Roma, 1606. De corpore Christi adversus Bohemos, otros libros contra los Hussitas. Contemplationes. Apología de las Revelaciones de Santa Brígida. Quaestiones de praeceptis iuris naturalis. De Deo. Super decreto unionis Graecorum in Concilio Florentino edito, Venecia, 1561. Tractatus contra Concilium Basileense. Tractatus de decreto irritante, factus in Concilio Basileensi. Quod non liceat appellare a Concilio ad Papam. De veritate conceptionis b. Virginis, pro facienda relatione coram Patribus Concilii Basileae anno Domini MCDXXXVII. Flores sententiarum D. Thomae, etc., etc.
=315.= Año 1438. ALFONSO MARTÍNEZ DE TOLEDO (1498-1470?), ARCIPRESTE DE TALAVERA, nació probablemente en Toledo, debió de estudiar en Salamanca, tomando el grado de Bachiller en Decretos, pasó luego al reino de Aragón, donde estuvo de 1420 á 1430, poco más ó menos, y vuelto á Castilla logró el Arciprestazgo de Talavera. Escribió en 1438, siendo capellán de don Juan II, el Corbacho ó Representación del amor mundano, ó como el autor quiso que su libro se llamase, el Arcipreste de Talavera. En 1443 escribió la Chronica intitulada Atalaya de las Corónicas, que contiene los grandes hechos de los Godos y Reyes de España sus subcesores, escrita por Alfonso Martínez de Toledo, Arcipreste de Talavera y Capellán del Rey Don Juan el Segundo de Castilla, que comprende la historia de España desde Walia hasta don Juan I, ambos inclusive. En 1444 acabó de escribir las Vidas de San Isidoro y San Ildefonso, ilustrándolas con algunos escritos de ellos. En 1448 era ya Racionero de la iglesia de Toledo y capellán de la Capilla de los Reyes, de la misma iglesia, y allí debió de morir hacia 1470.
=316.= Él mismo dice tenía cuarenta años al escribir, en 1438, el Corbacho. En nota ológrafa, que puso en un ejemplar de la Crónica Troyana, se lee: "Ego Alfonsus Martini, archipresbiter Talaverensis... porcionarius eclesiae Toletanae, eadem oriundus civitate". En la Vida de San Ildefonso dice: "O cibdadano del cielo emperial | Ildefonso de Toledo natural, | ruega á Ihu X[=ρο] eternal | por mi Alfon aunque non tal, | porque nascí pecador | donde tu fueste señor". De su estancia en Valencia véase edic. 1901, pág. 266; en Tortosa, pág. 71; en Barcelona, pág. 72. Ediciones del Corbacho, con varios títulos, sobre todo: El Arcipreste de Talavera, que fabla de los vicios de las malas mugeres ᘔ complexiones de los hombres, Sevilla, 1495 (desconocida, cítala Panzer); Sevilla, 1498; Toledo, 1499, 1500, 1518, 1529; Sevilla, 1547; Madrid, 1901 por la Socied. Biblióf. Españoles.
El autor quiso que su libro "sin bautismo sea por nombre llamado Arcipreste de Talavera, dondequier que fuere levado". Pero cada editor mudó el título á su talante. Pérez Pastor tomó para su edición de 1901 del Corbacho el códice iij-h-10 de la Biblioteca de El Escorial, citado por Gallardo (t. III, 666), que es del siglo XV, anotando las variantes de las ediciones incunables de Sevilla, 1498, y Toledo, 1500, con las que corrige y completa el códice, el cual parece escrito en 1466; pero el libro, según su epígrafe, fué compuesto por Alfonso Martínez de Toledo, Arcipreste de Talauera, en hedat suya de quarenta annos, acabado a quinze de Março, anno del nascimiento del Nuestro Saluador Ihesu X.º de mil e quatroçientos e treynta e ocho annos. Copia de un original de la Chronica, coetáneo del autor, y que sacó Pedro Rodríguez Campomanes, está en la Academia de la Historia, y merece publicarse. Un códice de las Vidas hay en la Nacional (1178); otro en El Escorial (b, iij, 1); otro en la biblioteca de M. Pelayo. El cargo de Capellán en Toledo, etc., se halla en nota autógrafa que puso en su ejemplar de la Crónica Troyana, que para en la casa de Alba. Hay documento (Archivo de la capilla de los Reyes Nuevos) donde firma el primero como el más antiguo de los capellanes, año de 1466. Pérez Pastor (edic.): "El Léxico del Arcipreste de Talavera es tan variado y original, que desde antiguo llamó la atención de los eruditos, ya porque algunas voces usadas en este libro no se encuentran en ningún autor de los que han escrito en castellano, ya también porque el autor tomó muchas palabras y frases del lenguaje popular y recogió no pocas del mismo arroyo". Es probable que á Martínez de Toledo deba atribuirse una de las versiones castellanas de los libros De summo bono, de San Isidoro, que se hallan en la Biblioteca Nacional.
=317.= Es el Corbacho un "tratado contra las mujeres, que con poco saber, mezclado con malicia, dicen é facen cosas non debidas", "reprobación del loco amor", "compendio breve y muy provechoso para información de los que no tienen experiencia de los males y daños que causan las malas mujeres". Es, pues, una sátira de costumbres, como la obra del de Hita y como la Celestina, pero en prosa, y sin ser drama, sino tratado. Corbacho, por otro nombre, á imitación de Il Corbaccio ó Laberinto d'Amore y el tratado De claris mulieribus, obras ambas de Boccaccio, pero sin la exageración con que en la primera se ensaña en ellas y las alaba en la segunda. Además, es sátira sin alegorías, más desinteresada y general, más amena, regocijada y chistosa. Eslabones de una misma cadena de las obras maestras de la literatura castellana son el Libro de Buen Amor, el Corbacho, La Celestina, el Lazarillo y el Quijote, todos satíricos, de asunto ético, de habla castiza y popular, todos imitadores, cada cual de su predecesor.
=318.= La critica mordiendo y el panegírico ensalzando á las mujeres, fué tema común de aquel tiempo desde que Boccaccio compuso sus dos obras. Así Juan Rodríguez del Padrón escribió el Triumpho de las donas contra el Corbacho, de Boccaccio, y no menos Diego de Valera en su Defensa de virtuosas mujeres, y don Álvaro de Luna en el Libro de las virtuosas e claras mujeres; en cambio, Jaime Roig las satiriza en el Libre de les dones, y Francisco Eximenis en el Libro de las Donas.
=319.= El estilo y lenguaje del Arcipreste de Talavera no es peor ni mejor que el de los demás escritores de su tiempo en gran parte de sus libros; pero hay unos cuantos capítulos en el Corbacho que sufren el cotejo con los mejores trozos de La Celestina y del Quijote. No hay que asombrarse: Cervantes imitó La Celestina y Rojas imitó el Corbacho en esos trozos. Cuando se abaja á recoger á puñados los dichos cortados, elípticos, de rompe y rasga de las comadres del barrio y de la plaza, entonces es cuando toda prosa anterior y aun posterior, salvo los trozos semejantes de las dos grandes obras dichas, queda enteramente oscurecida. Allí se ve la pujanza realista, el nervio, el donaire, el gracejo del habla castellana en toda su desnudez del uso vulgar, sin las veladuras que los eruditos suelen echarle, sin la sosera con que la deslíen, y mucho más sin los retorcijones hiperbáticos del clasicismo de los Villenas y Santillanas. Fué el de Talavera, en prosa, en esos momentos, lo que el de Hita en verso, porque entrambos bebieron en la misma fuente el habla vulgar sin cortapisas ni artificios. Y nótese que esos trozos se oyen hoy en día por ahí, sin quitar una hilacha; ¡cuántos siglos haría que el pueblo se expresaba de la misma manera y los clérigos del mester erudito lo despreciaban! Tan lozana y fresca es esa manera de decir del Arcipreste como si hoy se escribiera, tomándola por medio del fonógrafo de entre las tías que salen á solejar á la puerta de la calle, á juntar delantales, como ellas dicen. Hay que hacer hincapié en esto, porque el criterio moderno de apreciar lo popular y ponerlo muy por cima de lo erudito queda tan resplandecientemente probado con la prosa de un Arcipreste como con el verso del otro.
=320.= M. Pelayo, Oríg. novel., t. I, pág. CX: "La literatura castellana del siglo XV nos ofrece un singular escritor, que, sin ser novelista, ni haber cultivado el apólogo más que ocasionalmente, influyó como pocos en el desarrollo de la literatura novelesca, transformando el tipo de la prosa, sacándola de la abstracción y aridez didáctica, de que sólo don Juan Manuel, aunque por diverso camino, había acertado á librarse, vigorizando los lugares comunes de moral con la observación concreta y pintoresca de las costumbres, y derramando un tesoro de dicción popular en el cauce de la lengua culta. La lengua desarticulada y familiar, la lengua elíptica, expresiva y donairosa, la lengua de la conversación, la de la plaza y el mercado, entró por primera vez en el arte con una bizarría, con un desgarro, con una libertad de giros y movimientos, que anuncian la proximidad del grande arte realista español. El instrumento estaba forjado: sólo faltaba que el autor de la Celestina se apoderase de él, creando á un tiempo el diálogo del teatro y el de la novela. La obra del Arciprestede Talavera fué de las más geniales que pueden darse: no tiene más precursor en Castilla que el Arcipreste de Hita, á quien algunas veces cita, y en cuyo estudio parece empapado... Se parecen (los dos Arciprestes) en lo opulento y despilfarrado del vocabulario, en la riqueza de adagios y proverbios, de sentencias y retraheres, en la fuerza cómica y en la viveza plástica; en el vigoroso instinto con que sorprenden y aprisionan todo lo que hiere los ojos, todo lo que zumba en los oídos; el tumulto de la vida callejera y desbordada... Salvo algunos textos históricos, cuya excelencia es de otra índole, no hay prosa del siglo XV que ni remotamente pueda compararse con la sabrosa y castiza prosa del Corbacho. Castiza he dicho con toda intención, porque en sus buenos trozos no hay vestigio alguno de imitación literaria, sino impresión directa de la realidad castellana. Es el primer libro español en prosa picaresca: la Celestina y el Lazarillo de Tormes están en germen en él".
=321.= Alfonso Martínez de Toledo. Arcipreste de Talavera, ed C. Pérez Pastor, Soc. de Biblióf. españoles, 1901. Consúltense: Arturo Farinelli, _Note sulla fortuna del Corbaccio nella Spagna Medievale_, Halle, 1905, Miscelanea Mussafia.
=322.= Año 1438. JUAN DE MENA (1411-1456), nació en Córdoba, fué nieto del señor de Almenara Rui Fernández de Peñalosa é hijo de Pedrarias, regidor ó jurado de aquella ciudad. Quedó huérfano muy pronto y con mediana asistencia de los suyos, de modo que pasó mal su mocedad y sólo comenzó los estudios cuando tenía veintitrés años, los cuales hizo en Salamanca, Córdoba y Roma, no sabemos á la sombra de quién. Vuelto á España, tuvo en la corte el cargo de Secretario de cartas latinas, después el de Veinticuatro de Córdoba y el de Cronista regio. Valióle la amistad de Santillana, que le honró en vida y en muerte y fué el poeta más valido de don Juan II y de don Álvaro de Luna, á quienes no fué, como otros, desleal. Fué dulce en sus palabras y modales, pálido, enfermizo y gran trabajador. Corren dos variantes acerca de su muerte. Valerio Romero dice que de un "rabioso dolor de costado"; Fernández de Oviedo (Quincuag., pte. II, est. 13), que "una mula le arrastró e cayó della de tal manera, que murió en la villa de Torrelaguna", pero todos convienen en que en Torrelaguna murió y fué sepultado.
Á pesar de haber sido el cronista de Juan II, no tuvo parte en la Crónica de aquel Rey y sólo tenemos de su pedantesca é infame prosa el comentario á su poema de la Coronación y el breve compendio de la Ilíada en romance, tomado de las Periochae de Ausonio y del seudo Píndaro tebano, donde gana al mismo Villena en hinchazón y erudición intempestiva. En los versos cortos no se diferencia de los demás poetas cortesanos de su tiempo. Las coplas de Lo claro escuro encierran una tal mezcla de conceptismo sutil y de oscuridad enigmática, que se adelantó más de un siglo á Góngora, su compatriota.
La Coronación ó Calamicleos (1438), en 51 quintillas dobles, es ya un poema alegórico en que se finge arrebatado al Parnaso y ve coronar á Santillana; pero se detiene más hablando "de la miseria de los malos y de la gloria de los buenos, por que un contrario puesto cabe otro, más reluzga". Para más imitar á Dante piérdese el poeta en bravía selva, yendo á parar al infierno, donde contempla "los tormentos de los damnados". Tan oscuro hacen este poema la rimbombancia y las descabelladas alusiones á la historia, á la fábula y á la astronomía, que tuvo que añadir su correspondiente comentario "literal, alegórico y anagógico" á una obra, que según dice, pertenece al género "cómico y satírico", porque empieza por el infierno y acaba en el cielo, como la Divina Comedia, esto es, porque empieza por males y acaba en bienes, al modo de la Comedieta de Ponza. El comento regocija á veces por lo cándido, pueril, pedante, y la prosa y los versos desregocijan por el hipérbaton, los horribles latinismos y la erudición. Las Coplas contra los siete pecados mortales, que en los códices llevan el título de Debate de la Razón contra la Voluntad, son algo mejores, ó si se quiere, menos malas que el poema de la Coronación. Es la última obra que hizo Juan de Mena, y no está acabada; no tiene los latinismos y extravagancias eruditas de sus demás obras, pero es seco, adusto y sin rasgo poético alguno. Continuaron este sermón rimado Gómez Manrique, Pero Guillén de Segovia y fray Jerónimo de Olivares, de la Orden de Alcántara, añadiendo las disputas de la Gula, Envidia y Pereza y la sentencia de la Prudencia.
La única gloria poética que suelen reconocer á Mena estriba en El Laberinto de Fortuna (1444), ó como los editores después le llamaron Las Trezientas, por las estancias que unos dicen tuvo en los manuscritos, aunque otros afirman no tener más que 297. Es tradición añeja que don Juan II deseó fuese el número de estancias igual al de los días del año, según dice Hernán Núñez (1475-1553) en el comentario que publicó de este poema en 1499, y que así Mena compuso hasta 24 de las 65, tomándole la muerte antes de llegar á este número. Según investigaciones de Foulché-Delbosc, semejante anécdota no tiene fundamento y las 24 añadidas no son de Mena, cortesano por temperamento y por oficio; con las otras tres, que dicen faltaban á las 300 en los manuscritos, hacen parte de un poema fragmentario independiente, escrito por un desconocido que juzga severamente la debilidad del Rey. Es un poema alegórico el de Mena, tan frío y abstracto como todos los que compusieron los imitadores de la Divina Comedia, cuya grandeza está en la fuerza plástica descriptiva, siendo la alegoría un medio secundario para darle unidad; mientras que sus imitadores, no sabiendo ser poetas en la descripción particular, lo reducen todo al camino alegórico, amontonando cosas y vocablos que aluden á recónditas y frías erudiciones. Los personajes y escenas del Dante son vividas, tomadas de la realidad ó creadas por el pueblo cristiano, no abstracciones de vicios y virtudes ó mitologías traídas de allende, al pueblo enteramente ajenas. El camino del bastardeamiento lo abrió Petrarca en sus Triunfos, con la personificación del Amor, la Castidad, la Fama, el Tiempo, etc. Juan de Mena no poseía la visión poética de Dante ni el ingenio y gusto de Petrarca, y así se quedó con la huera corteza de la alegoría y con las secas abstracciones, amontonando de su cosecha indigestas erudiciones y plagando sus versos de voces latinas y retorciendo el habla con el hipérbaton. Hay, cierto, grandeza en algunos trozos y versos bien sonantes, pero nada más, en este poema tan celebrado por los eruditos de su siglo y del siguiente, fárrago indigesto, sin pizca de verdadera poesía, que todavía admiran algunos literatos. Dicen que Mena fué aficionadísimo de Lucano y de hecho le alude y le saquea, mayormente en sus erudiciones, y es tan ampuloso como él; pero su pincel no era nada fino y sus tintas demasiado aguadas, para que ni de lejos se le pueda comparar con su antiguo compatriota. Mena supo como nadie rimar en el arte mayor: es su único merecimiento. El Laberinto tuvo necesidad de glosa y comentario como los demás poemas, porque al fin y al cabo es un verdadero laberinto. Hízolo cumplidamente el Comendador Hernán Núñez y luego el Brocense; pero una obra poética que recién escrita necesita comentario, más tiene de enigma que de poesía.
Juan de Mena es más poeta que Villena y Santillana y, por lo mismo, es mayor duelo que, enredado en la poesía erudita y dantesca, no hiciera más que frías alegorías repletas de vanas erudiciones, sin poner los ojos en las almas y en el mundo que le rodeaba, donde la verdadera poesía siguió oculta por no saberla él sacar, teniendo verdaderas facultades para ello. El habla literaria, prosaica y poética, por la comezón de latinizarla, salió tan manchada y tan retorcida de sus manos, que fueron menester algunos años para que otros ingenios, acudiendo al puro minero popular, la desencostrasen de tan bárbara inmundicia. Si la erudición vale para algo en poesía, vióse en Mena hasta dónde puede alcanzar. ¡Á ese emporcamiento del lenguaje le llamaron algunos propósito de crear una lengua poética! Y no nos vengan con que algunas de sus extravagantes voces latinas han llegado á usarse después, porque los eruditos que las generalizaron hicieron con ello tanto daño al idioma como Mena y eran de la misma escuela erudito-pedantesca.
=323.= No se sabe si son suyas las Memorias de algunos linajes antiguos e nobles de Castilla que va escribiendo Juan de Mena... por mandado del muy ilustre señor don Álvaro de Luna, que se halla en el códice K-161 de la Biblioteca Nacional; aunque sólo unas veinte hojas de más de ciento que hubo de tener. Seis códices se conocen de la Ilíada, de Mena, cinco en la Biblioteca Nacional, y uno en la de M. Pelayo; se imprimió en Valladolid, 1519. En el Cancionero, de Herberay des Essarts, del cual publicó la parte inédita Pascual Gayangos en el t. I del Ensayo, núm. 484, de Gallardo, hay una docena de poesías de Juan de Mena; las Otras no son suyas; otras hay en el Cancionero general, en el de Baena, Stúñiga, Gallardo, etc., además de las que suelen hallarse con sus tres poemas mayores. Las Coplas de ¡Ay, Panadera! (1445) es imposible que sean de Mena; si lo fueran, hubiera sido verdadero poeta una vez en su vida, poeta popular y satírico. Pero no es esa su vena, y así no me persuado sean suyas tampoco las coplas "Sobre un macho que compró de un Arcipreste", que, con no ser cosa del otro jueves, son populares y de un donaire que no es el suyo. ¿Las hizo acaso alguno sobre la leyenda de su muerte? Si son de Mena, con ser bien poca cosa, es lo único legible hoy en día que compuso.
La continuación de Olivares á las Coplas de los siete pecados mortales es la que ha solido imprimirse en las ediciones de Mena; las de los otros dos poetas están en sus propios Cancioneros, inédito el de Guillén de Segovia. En el Cancionero, de Gallardo, y en otro códice de M. Pelayo: "Fenesce este tractado fecho por Juan de Mena et presentado al rey don Juan II, nuestro señor, en Tordesillas, á veynte e dos días de febrero, año del Señor de mill e quatrocientos e quarenta e quatro años". Según M. Pelayo, tenía 300 estancias; pero las tres últimas parecen realmente añadidas después, así como las 24 que se siguen aparte en las impresiones.
=324.= Escribieron la biografía de Mena el comendador Griego en la Vida de Juan de Mena, puesta al frente de las Trescientas de la edición sevillana de 1499, y un discípulo de Hernán Núñez, Valerio Francisco Romero, en unas estancias de arte mayor, que con título de Epicedio (canto fúnebre) compuso á la muerte del mismo Comendador y andan al fin de sus Refranes, Salamanca, 1555. Juan de Lucena, Vita beata: "Muchas veces me juró por su fe (son palabras que pone en boca de Santillana) que de tanta delectación componiendo algunas vegadas detenido goza, que olvidados todos afferes, trascordando el yantar y aun la cena, se piensa estar en gloria". "Trahes magrescidas las carnes por las grandes vigilias tras el libro (le dice don Alonso de Cartagena): el rostro pálido, gastado del estudio, mas no roto y recosido de encuentros de lanza". Crón. de don Alv. de Luna, tít. 95: "Era coronista del Rey e tenía cargo de escrebir la historia de los reynos de Castilla, fizo en estos días al nuestro Maestre...". No queda rastro del "suntuoso sepulcro", que dicen le levantó Santillana, y en el siglo XVI escribía Fernández de Oviedo: "Yo espero en Dios de ir pronto á España y le tengo ofrecida una piedra con epitafio", y en 1781, en su viaje por España, sólo halló Ponz una piedra en las gradas del presbiterio con la pedestre inscripción: "Patria feliz, dicha buena, | escondrijo de la muerte, | aquí le cupo por suerte | al poeta Juan de Mena". La gloria de Juan de Mena fué inmensa entre los escritores eruditos de aquellos tiempos. Unos añaden y alargan sus obras, otros las glosan y comentan, todos le respetan y le tienen, sobre todo, en cuenta tratándose de la versificación de arte mayor. Acaso en lo bien que lo manejó estribaba toda aquella nombradía, inexplicable para el que busca al poeta y no al versificador. En las artes de trovar es el dechado citado por todos. En la de Juan del Enzina apenas se alegan otros ejemplos que los de Mena. Nebrija, Gram. castellana, l. IV, c. VII: "Por el poeta entendemos Virgilio e Juan de Mena". Castillejo invoca su autoridad contra los petrarquistas. En la carta del Bachiller de Arcadia: "Hizo trescientas coplas, cada una más dura que cuesco de dátil: las cuales, si no fuera por la bondad del Comendador Griego, que trabajó noches y días en declarárnoslas, no hubiera hombre que las pudiera meter el diente ni llegar á ellas con un tiro de ballesta". Jerónimo de Arbolanches, Epístola á Melchor Enrico, en Las Habidas (1566): "No sé yo hacer, como hizo Joan de Mena, | coplas que se han de leer á descansadas, | el cual, como tenía preñada vena, | trescientas dellas nos dejó preñadas...". Lo que de Mena pensaron H. Núñez y el Brocense puede verse en sus Glosas sobre el mismo poeta. Véanse además Argote de Molina, Discurso sobre la poesía castellana, que va en su edición de El Conde Lucanor (1575), Mariana, Hist. de Esp., l. XXI, c. XVI, y Cervantes, Quijote, II, 44.
=325.= De La Coronación hay una edición gótica, del siglo XV, con su glosa, sin lugar ni fecha, probablemente de Zaragoza, 1499; Toledo, 1504; Sevilla, 1512, 1520 y 1534; Valladolid, 1536. Glosa sobre las trezientas del famoso poeta Juan de Mena, compuesto por Hernand Núñez de Toledo, Comendador de la Orden de Santiago, Sevilla, 1490 y 1499. Las CCC del famosissimo poeta Juan de Mena con su glosa y las cinquenta con su glosa: e otras obras, Granada, 1505, y Salamanca, 1505. Las Trezientas se publicaron además en Zaragoza, 1506 y 1509 (con glosa anónima); Sevilla, 1512; Zaragoza, 1515; Sevilla, 1517, 1520, 1528, 1534; Valladolid, 1540; Amberes, 1552; Alcalá, 1560 y 1566; Salamanca, 1582 (con notas del Brocense). Obras de Juan de Mena, Sevilla, 1528 y 1534; Valladolid, 1536 y 1540; Toledo, 1547; Amberes, 1552 y 1554; Alcalá, 1566; Amberes, 1582; Salamanca, 1582. Las CCC de Juan de Mena, Zaragoza, 1489 (Bibliogr. Zaragozana del siglo XV); Sevilla, 1496, 1499 (dos, 28 agosto y 7 de octubre, la primera con glosa de Fernán Núñez; la segunda sin ella, así como sin ella salieron las otras dos de 1489 y 1496).
=326.= El verso por excelencia de Juan de Mena es el verso de arte mayor, que lo trabajó más que ninguno de sus predecesores. Es de origen gallego, como dijo Santillana, y sirvió durante todo el siglo XV para la poesía erudita y elevada. Responde al decasílabo francés con cesura después de la quinta, y sin duda vino de Francia, no derechamente, sino mediando Galicia, como se ve por las Cantigas:
"Por ende un miragre | aquesta reyna Sancta fes muy grande | á una mesquina".
Y en el Cancionero del Vaticano (núm. 462):
"Baylemos nos ja todas, todas, ay, amigas, Sō aquestas avelaneyras floridas; Ε quem por velida como nós velidas, Se amigo amar, Sō aquestas avelaneyras floridas Verrá baylar".
Parécese al endecasílabo anapéstico ó de gaita gallega, propio de la muñeira, esto es, al endecasílabo con acento en 4.ª y 7.ª. Es tan evidente el parentesco entre el dodecasílabo y el endecasílabo anapéstico, como el que ambos metros tienen con el decasílabo de los himnos (verso de nueve sílabas de los franceses). La octava, con estos versos formada, parece fué obra de los castellanos en el siglo XIV y se halla por primera vez en el Deytado sobre el cisma de Occidente, del canciller Ayala. Duró hasta mediado el siglo XVI, en que le sustituyó el endecasílabo italiano. Han tratado del arte mayor Morel-Fatio, L'Arte mayor et l'Hendécasyllabe dans la poésie castillane du XV^e siècle et du commencement du XVI^e, extracto de la Romania, t. XXIII, París, 1894; M. Pelayo, Antol. de poet. lír. cast., t. XIII, pág. 199, etc.; Milá y Fontanals, Obras, t. V, pág. 324, etc.; Cascales, Tabl. poét., Madrid, 1779, pág. 99; Alonso López Pinciano, Philosoph. ant. Poetica, Madrid, 1596, pág. 286; Juan del Enzina, Arte de poes. cast.; Nebrija, Gram. castellana; sobre todo Foulché-Delbosc, Revue Hisp., 1902, pág. 75, etc., traducido por Bonilla, Juan de Mena y el Arte Mayor, Madrid, 1903.
Juan de Mena, Cancionero, ed. R. Foulché-Delbosc, en Cancionero Castellano del siglo XV, 1, Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XIX, páginas 120-221; El Laberinto de Fortuna, ed. R. Foulché-Delbosc, Mâcon, 1904.--Consúltense: R. Foulché-Delbosc, Étude sur le "Laberinto" de Juan de Mena, en Revue Hispanique (1902), t. IX, págs. 75-138 [con disertación sobre el arte mayor y bibliografía de Mena]; A. Morel-Fatio, L'arte mayor et l'hendécasyllabe dans la poésie castillane du XV^e siècle et du commencement du XVI^e siècle, en Romania (1894), t. XXIII, 209-231; John Schmitt, Sul verso de Arte mayor, en Rendiconti della Reale Accademia dei Lincei (classe di scienze morali, storiche e filosofiche), 5.ª serie, Roma, 1905, t. XIV, págs. 109-133; F. Hanssen, El Arte Mayor de Juan de Mena, en Anales de la Universidad de Chile (1906), t. LXVIII, págs. 179-200; M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. V, págs. CXLVIII-CCVI; B. Sanvisenti, I primi influssi di Danti, del Petrarca e del Boccaccio sulla letteratura spagnuola, Milano, 1902, págs. 81-125; C. R. Post, The sources of Juan de Mena, en The Romanic Review (1912), t. III, págs. 223-279.
=327.= Año 1439. JUAN RODRÍGUEZ DE LA CÁMARA ó DEL PADRÓN, por el lugar en Galicia de su nacimiento, es el último de los trovadores de la escuela gallega. Nació á fines del siglo XIV y murió á mediados del XV, de familia antigua y linajuda, pero sin muchos haberes. Educado en los libros de caballerías del ciclo bretón y en los de linajes, que no eran menos fantásticos, entró al servicio del cardenal don Juan de Cervantes, gallego de origen y Obispo de Segovia en 1442 y Arzobispo de Sevilla en 1449, como trovador suyo, y parece le acompañó al Concilio de Basilea, donde ya estaba aquel prelado en abril de 1434. Entre los familiares del Cardenal se contaban El Tostado, Juan de Segovia y Eneas Silvio, después Pío II, con quienes sin duda adquirió su caudal clásico, no menos que en sus viajes por Italia en compañía del mismo Cardenal. También parece estuvo en Tierra Santa, quizá como consecuencia de amores desventurados en la corte de Castilla, después de dejado el servicio del cardenal Cervantes, siendo acaso paje de don Juan II, y haciendo de vergonzoso en palacio con una "grand señora", á quien "prendió por señora y juró su servidumbre", y ella cada día le mostraba más "ledo semblante"; pero perdióle la soltura de su lengua y el confiarse á un amigo, pues sabido por ella el quebrantamiento del secreto, se indignó de suerte que él se retrajo "al templo de la gran soledat, en compañía de la triste amargura, sacerdotisa de aquélla", y se desahogó haciendo tan duras penitencias como Beltenebrós en la Peña Pobre y escribiendo El siervo libre de Amor. No hay en esta novela romántico-caballeresca alusión alguna á fecha posterior á 1439, y para cuando se compiló el Cancionero de Baena, que fué antes del 1445, ya había entrado fraile Juan Rodríguez, no se sabe si en Jerusalén. Ignórase igualmente qué dama fuese aquélla, y hay quienes han escrito novelas creyendo fuese uno doña Juana, mujer de Enrique IV y madre de la Beltraneja, otro doña Isabel de Portugal, segunda mujer de don Juan II, aunque los dos fantasean como novelistas. Ello es que Juan Rodríguez, si no murió trágicamente, como también soñaron otros, sufrió largo y penoso destierro, hasta que en el claustro de Herbón, que contribuyó á edificar con sus bienes patrimoniales, halló tranquilidad entre los franciscanos. Su vida fué, pues, una novela romántica y tal es el fondo biográfico, sin duda, de su obra principal, El siervo libre de Amor (1439-1440), como de un nuevo Macías, de quien él se dice amigo y fué su dechado de vida. Esta novela romántica en prosa y en verso se divide alegóricamente en tres partes: "la primera parte prosigue el tiempo que bien amó y fué amado, figurado por el verde arrayán..., la segunda refiere el tiempo que bien amó y fué desamado, figurado por el arbor de paraíso..., la tercera y final trata el tiempo que no amó ni fué amado, figurado por la verde oliva...". Es una obra en que hay que distinguir dos partes, la de su autobiografía y la novela caballeresca y sentimental Estoria de los dos amadores Ardanlier e Liesa, de pura invención. La primera está inspirada en la Fiammetta, de Boccaccio; la segunda, en las ficciones del ciclo Bretón, incluso el Amadís de Gaula, en los viajes aventureros de españoles, como don Pero Niño "á la dolce Francia", de Mosén Diego de Valera á Hungría, Polonia y Alemania, y en acontecimientos románticos reales. No es obra caballeresca enteramente, pues juega más el amor que el esfuerzo, ni hay elementos sobrenaturales de magia y encantamientos, sino del género de la novela sentimental, como la Cárcel de Amor y la Menina é Moça de Bernardim Ribeiro.
El Triunfo de las donas en elogio de las mujeres, refutando á Boccaccio, cuya sátira feroz contra ellas en Il Corbaccio ó Laberinto d'Amore fué muy leído é imitado en el siglo XV, fué dirigido por Juan Rodríguez á la reina doña María y trae 50 razones sobre las excelencias de la mujer sobre el hombre, con muchas autoridades "divinas, naturales y humanas", que en sus manos resultan á veces chistosos disparates. La cadira del honor ó Tratado de la nobleza ó fidalguía es un panegírico, y en él alude á otra obra sobre lo mismo, el Oriflama, cuyo manuscrito había dejado en Padua ó Venecia. También se cree tradujo las Heroidas de Ovidio, que se conocen con el título de Bursario, que le dió su autor.
Fuera de las seis composiciones líricas insertas en El siervo libre de Amor, consérvanse unas 14 en los Cancioneros, general, de Baena, de Stúñiga, de Herberay des Essarts y los dos de la Biblioteca Real. Todas son de amores, menos la mejor de ellas, la Flama del divino rayo, himno de su conversión; de las otras recordemos Los siete gozos de Amor, Los diez mandamientos de Amor, la canción Ham, ham, huyd que ravio. Pero la prosa de Juan Rodríguez es mejor que sus versos, y su vida romántica, más curiosa que sus versos y su prosa. Con ser gallego, no se sabe escribiese más que en castellano, al cual trajo el sentimentalismo apasionado y misterioso y el sentimiento de la naturaleza, cosas propias de su raza y elementos verdaderamente poéticos siempre y más extraños en aquella sociedad cortesana de poetas cultos y eruditos. La erudición, que también le sobra á Juan Rodríguez, la debe al clasicismo, que aprendió en Italia. Si fuesen suyos los tres romances del British Museum, del Conde Arnaldos, Rosa florida y la Infantina, sería el primer poeta que puso su nombre á un romance y de los mejores poetas de su siglo; pero el ritmo afeminado y lánguido de Juan Rodríguez hace dudar sean suyos tales romances.
=328.= El apellido Cámara parece en el Tumbo de la iglesia Iriense, dado á conocer por el P. Fita y el canónigo Ferreiro (Monumentos antiguos de la Iglesia Compostelana, pág. 6, Madrid, 1883; Recuerdos de un viaje á Santiago, por el P. Fita y don Aureliano Fernández Guerra, Madrid, 1880, cap. VIII). Probablemente nació en La Rocha, lugar cerca de El Padrón, y donde pone las principales escenas de su novela El siervo libre de Amor. Tuvo gran reputación entre los genealogistas, quienes citan un nobiliario suyo, que no se conoce. Hay quien cree que viajó hasta por el extremo Oriente. Las palmas que crecen en el huerto de los franciscanos de Herbón dicen los gallegos que las trajo él de Tierra Santa. La pasión con la dama cree M. Pelayo fué ilícita y adúltera, como solían serlo los amores trovadorescos, y tal creía en el siglo XVI el que forjó sobre ellos una novela, suponiendo fuese la tal dama la reina doña Juana: hállase en un códice de la Biblioteca Nacional, y publicóla Pedro José Pidal en la Revista de Madrid (noviembre de 1839), reproducida en las notas del Cancionero de Baena y en las Obras de Juan Rodríguez del Padrón. Pero ni Juan Rodríguez era aragonés, como allí se dice, ni el tiempo concuerda, como ni el del que cree fuese doña Isabel de Portugal, cuyo matrimonio con don Juan II fué el 1447, cuando para el 1445 estaba compuesto el Cancionero de Baena, donde se lee: "Juan Rodrigues del Padrón quando sse fué meter frayre á Jerusalén..., en despedimiento de su señora" (núm. 470), de modo que fuera allí ó en otra parte donde se metió fraile, para entonces ya lo era. Hízose popular su vida y amor romántico. Garci Sánchez de Badajoz escribió, hablando del infierno simbólico: "Vi también á Juan Rodríguez | del Padrón decir penando: | "Amor, ¿por qué me persigues? | ¿no basta ser desterrado? | ¿aún el alcance me sigues? | Este estaba un poco atrás, | pero no mucho compás, | de Macias padeciendo, | su misma canción diciendo: | "Vive, leda, si podrás". Canción que trae Baena, la recuerda la novela anónima y la cita Valdés en el Diálogo de la lengua. Su trágica muerte se inventó igualmente para asemejarle á Macías, de quien se decía amigo y el único "merescedor de las frondas de Dafne". Sobre su profesión, Wadingo, Scriptores Ordinis Minorum, artículo Fr. Juan de Herbón: "Minorum subiit institutum in patria, ubi, concessis facultatibus coenobio construendo, vitam duxit religiosissimam. Floruit sub annum 1450". Del Siervo libre de Amor sólo hay una copia muy incorrecta en el códice Q. 224 de la Bibl. Nac., de donde se sacaron las dos ediciones: la de Manuel de Murguía, en su Diccionario de escritores gallegos, Vigo, 1862, y la de Paz y Meliá, en las Obras de J. Rodríguez, 1884. Del Triunfo de las donas se conocen dos códices: el de la biblioteca del Duque de Frías y el de la Nacional. De la Cadira los hay en el Museo Británico, en la Academia de la Historia y entre los manuscritos de la casa de Osuna, hoy en la Nacional. El portugués Fernando de Lucena tradujo al francés el Triunfo (1460), del cual hay dos manuscritos: uno en la Biblioteca de Bruselas; Brunet cita una edición de 1530.
=329.= Juan Rodríguez de la Cámara, Obras, ed. A. Paz y Meliá. Soc. de Biblióf. Españoles, 1884, 2 vols.; Lieder des Juan Rodríguez del Padrón, ed. H. A. Rennert, en Zeitschrift für romanische Philologie (1893), t. XVII, págs. 544-558. Consúltense: A. Mussafia, Per la bibliografia dei Cancioneros spagnuoli, en Denkschriften der Kaiserlichen Akademie der Wissenschaften (Philosophisch-historische Classe), Wien, 1902, t. XLVII, págs. 20-23; B. Sanvisenti, I primi influssi di Dante, del Petrarca e del Boccaccio sulla Letteratura spagnuola, Milano, 1902, págs. 328-333.
=330.= En 1439 PEDRO FERNÁNDEZ DE VELASCO, conde de Haro, escribió el Seguro de Tordesillas, Milán, 1611; Madrid, 1784. A. Paz y Meliá, La Biblioteca del Conde de Haro (en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos).
En 1439 GUILLERMO DE MONSERRAT, escribió Commenti super Pragmaticam Sanctionem Caroli VII Galliae Regis anno 1439. De Potestate Generalis Concilii ac de Episcoporum elecione. De Reservationibus per Papam ex rationali causa factis. De Regia praerogativa in electivis dignitatibus.
En 1439 TOMÁS MIERES compuso Apparatus super Constitutionibus Curiarum Generalium Cataloniae, impreso en Barcelona, 1533, 1610. De homagio et oppressionibus. Usantiae et consuetudines civitatis Gerundensis. Scholia et interpretationes in constitutiones Cataloniae. De Privilegio militari.
=331.= Año 1440. El bachiller ALFONSO DE LA TORRE, al parecer natural de Burgos, agregado al colegio de San Bartolomé, de Salamanca, en 1437, compuso la Vision deletable de la philosophia e de las otras sçiençias, hacia el año 1440, en excelente prosa castellana, con soltura y brío, aunque manteniéndose en el lenguaje erudito, sin remedar el del pueblo como el autor del Corbacho. Es una enciclopedia de las artes liberales en forma de alegoría, en la que hablan la razón, la sabiduría, la naturaleza, al modo que en el tratado de Boecio.
=332.= Compuso su obra á ruegos de Juan de Beamonte, prior de la Orden de San Juan de Jerusalén y preceptor del príncipe Carlos de Viana (1421-1461). Imprimióse una versión italiana en 1556, hecha por Domenico Delfino, el cual la dió por obra propia, hasta el punto de que en 1663, Amberes, el judío Francisco de Cáceres tradujo al castellano esta versión italiana, ignorando el original.
Alfonso de la Torre, Visión deletable de la filosofía y artes liberales, metafisica y filosofia moral. Bibl. de Aut. Esp., t. XXXVI. Consúltese: J. P. Wickersham Crawford, The Seven Liberal Arts in the "Vision Delectable" of Alfonso de la Torre, en The Romanic Review (1913), t. IV, págs. 58-75.
=333.= Año 1441. El CARDENAL JUAN DE CARVAJAL (1400?-1469), natural de Trujillo, parcial de don Álvaro de Luna, á cuya muerte pasó á Roma, donde fué gobernador, y embajador (1441-1448), legado en la Dieta de Maguncia, embajador en Hungría y Alemania (1455), legado en Venecia. Escribió, sobre todo desde 1441, Defensio sedis apostolicae, Relatio compendiaria legationum suarum, Epistolarum volumen, Orationes sacrae et profanae. Consúltese López, De rebus gestis S. R. E. Card. Carvajal commentarius, Roma, 1754.
En 1442 FRAY GONZALO DE OCAÑA tradujo las Omelias que fizo el bienaventurado Sant Gregorio papa sobre el libro del Sancto Profeta Ezequiel y los Dialogos de Sant Gregorio (M. S., véase Gallardo), La Vida y Pasión de N. S. Jesucristo, historias de las festividades, etc., Zaragoza, 1516. Fué prior del Monasterio de Santa María de la Sisla, de la Orden de San Jerónimo.
Entre 1440 y 1450 ALFONSO DE SAN CRISTÓBAL, dominico, escribió la traducción y glosa moral y ascética de los libros de Vegecio (Bibl. Escor.).
=334.= Año 1443. ALFONSO DE MADRIGAL, llamado El Tostado (1400? † 1455), doctorado en Salamanca á los veinticinco de edad, obispo de Ávila, El Abulense, fué símbolo de los escritores más fecundos, habiendo escrito 24 tomos en folio, según la edición de Venecia, 1615. Defensorium trium propositionum contra Juan de Torquemada (1443). De Sanctissima Trinitate. De statu animarum post mortem. Liber de quinque figuratis paradoxis. Cuestiones sobre la filosofía natural y moral (en castellano). Breviloquio de amor y amicicia. Comentó todos los libros históricos de la Sagrada Escritura. Véase Nicolás Antonio, Bibl., II, 255. En castellano: Commentario sobre Eusebio (sobre su Crónica), Salamanca, 1506, 5 vol. Tratado de los Dioses de la gentilidad, Salamanca, 1506; Burgos, 1545. Confessional, Sevilla, 1521; Logroño, 1529. Artes y instrucción para todo fiel Christiano como ha de dezir Missa, Zaragoza, 1503, etc. Publicóse la Parte primera del Tostado sobre el Eusebio en español, en Salamanca, 1506; la Segunda, en 1506; la Tercera, en 1507; la Cuarta y Quinta, en 1507.
=335.= Al entrar triunfalmente en Nápoles Alfonso V de Aragón el año 1443, abre de par en par á los españoles las puertas de Italia y del Renacimiento clásico. De guerreras y comerciales puramente, que habían sido hasta entonces las comunicaciones entre ambas Penínsulas, se convierten en literarias, familiares y amistosas. La corte de Alfonso V fué centro de humanistas italianos; de aragoneses y catalanes, que se hacen sus discípulos; de poetas cortesanos, de teólogos, filósofos y sabios de todo género. Las composiciones poéticas de aquella corte las recogió, no se sabe quién, en el Cancionero de Stúñiga, así llamado por ser la primera con que comienza de LOPE DE STÚÑIGA. Hasta ocho poesías suyas hay en el volumen, aunque faltan las mejores, especialmente políticas, que se hallan en otros Cancioneros manuscritos. De su padre hay dos en el de Baena (418, 576). JUAN DE TAPIA celebró los amores del Rey con Lucrecia Aniano. PEDRO TORRELLAS ó TORROELLA, mayordomo del Príncipe de Viana, cultivó en castellano el género burlesco y mofador, siendo famosas sus Coplas de las calidades de las donas, ó "de maldecir de mujeres", en las que las puso cual digan dueñas; fueron refutadas por Suero de Ribera, Juan del Enzina y otros. MOSÉN JUAN DE VILLALPANDO, caballero aragonés, fué el único poeta del siglo XV que hizo sonetos después de Santillana, pero en versos de arte mayor y rimas cruzadas. JUAN DE DUEÑAS, castellano de azarosa y larga vida, compuso una fantasía alegórica de la NAO DE AMOR, estando preso en la torre de San Vicente. Quejóse contra Juan II de la poca justicia, que sólo compraba el que tenía "bien poblado su bolsón", y de que los judaizantes esquilmaban al pueblo. Escribió un diálogo en 1438, El pleyto que ovo Juan de Dueñas con su amiga, á manera de paso dramático. JUAN DE ANDÚJAR compuso en versos de arte mayor Loores al rey don Alfonso, y fué poeta alegórico, admirador de Dante, de quien imitó en la Visión de Amor los cantos IV y V del Infierno. El mejor de todos es CARVAJAL ó CARVAJALES, que suena algo á popular en la naturalidad y ligereza, sobre todo glosando letrillas corrientes entre el pueblo, en las graciosas serranillas, algo á lo Santillana y algo á lo Hita por el desenfadado realismo. También probó á cantar hazañas y lo hizo en son guerrero. JUAN DE VALLADOLID ó JUAN POETA, judío converso, se ganaba la vida recitando sus versos y los ajenos, como "ciego juglar, que canta viejas fazañas, | que con un solo cantar | cala todas las Espannas", como dice motejándole Montoro, y vió el cielo abierto cuando oyó cuán bien trataba Alfonso V á los poetas, y así se fué allá y corrió además por Mantua y Milán, de 1458 á 1473 como bufón, improvisador y astrólogo, sucediéndole peregrinas aventuras, de las cuales la última fué caer, al volver á España, en manos de cosarios, que le vendieron en Fez, donde estuvo cautivo, hasta que, rescatado, tornó á la corte de Castilla á ser hazmerreir de los palaciegos poetas, que hacían chacota de sus desgracias y de su antigua condición de judío. Algunas de sus coplas están en el Cancionero de obras de burlas provocantes á risa, con las que á él le endilgaron, desde Antón de Montoro hasta el Conde de Paredes, padre de Jorge Manrique. Baste mencionar algunos otros, como MOSÉN JUAN RIBELLES, catalán; PEDRO DE SANTAFÉ, FERNANDO DE LA TORRE, burgalés; SUERO DE RIBERA, GONZALO DE CUADROS, el CONDE DE CASTRO, MOSÉN JUAN DE MONCAYO, MOSÉN HUGO DE URRÍES, traductor del Valerio Maximo; DON JUAN DE SESSÉ, DON PEDRO MANUEL DE URREA, que merece capítulo aparte.
=336.= B. Croce, La Corte Spagnola di Alfonso d'Aragona a Napoli, 1894: "Entonces fué revelado á los españoles el nuevo aspecto de la vida italiana y poco después empezaron á conocer los italianos la nueva vida española". "Semi-barbari et efferati homines" llamó Boccaccio á los castellanos, y Dante, en el De vulgari eloquio, confundía nuestro idioma con el provenzal. El gran político cardenal don Gil de Albornoz desbarató á los tiranos que devastaban á Italia y volvió á las manos del Papa el patrimonio de San Pedro; pero Alfonso V españolizó la Italia meridional y, convirtiendo su corte en escuela y tertulia de los mejores ingenios de Italia y Aragón, echó el puente por donde el renacimiento entrase de lleno en España, cabalmente en el punto y hora en que la cultura de las humanidades llegaba allí á su colmo. Acerca de esta comunicación de ideas entre ambos pueblos durante aquel reinado, consúltense: Amador de los Ríos, Hist. de la lit. esp., t. VI; Burckhardt, La cultura italiana en el Renacimiento; Gothein, Desarrollo de la cultura en el Sur de Italia, Breslau, 1886; B. Croce, obra citada (vol. XXIV de los Atti della Accademia Pontaniana di Napoli); José Jordán de Urríes, Los poetas aragoneses en tiempo de Alfonso V, Zaragoza, 1890; Antonio Rubió y Lluch, El Renacimiento clásico en la literatura catalana, Barcelona, 1889; M. Pelayo, Antología, t. V, página CCLXIII, el cual dice: "Entonces empieza el segundo Alfonso V, el Alfonso de los humanistas, que es complemento y desarrollo, no negación ni contradicción, del primero; el que con aquella misma furia de conquista, con aquel irresistible ímpetu bélico con que había expugnado la opulenta Marsella y la deleitable Parténope, se lanza encarnizadamente sobre los libros de los clásicos; y sirve por su propia mano la copa de generoso vino á los gramáticos; y los arma caballeros; y los corona de laurel; y los colma de dineros y de honores; y hace á Jorge de Trebisonda traducir la Historia Natural de Aristóteles; y á Poggio la Ciropedia, de Xenophonte; y convierte en breviario suyo los Comentarios, de Julio César; y declara deber el restablecimiento de su salud á la lectura de Quinto Curcio; y concede la paz á Cosme de Médicis á trueque de un códice de Tito Livio; y ni siquiera se cuida de espantar la mosca que se posa media hora en su nariz mientras oye arengar á Giannozzo Manetti. Es el Alfonso V que, preciado de orador, exhorta á los príncipes de Italia á la cruzada contra los turcos, ó dicta su memorial de agravios contra los florentinos en períodos de retórica clásica; el traductor en su lengua materna de las Epístolas, de Séneca, y el más antiguo coleccionista de medallas después del Petrarca".
Los principales humanistas italianos de aquella corte fueron el Panormita, el Fazio, Lorenzo Valla y Eneas Silvio (después Pío II). De los españoles que se hicieron sus discípulos véase Pedro Miguel Carbonell, De viris illustribus catalanis suae tempestatis. Todos ellos, maestros y discípulos, escribían en latín. Otros eran los poetas cortesanos, que escribían en castellano y algunas veces en catalán.
=337.= Los primeros humanistas españoles son los de la corte de Alfonso V de Aragón en Nápoles (1416-1458): Ferrando Valentí. Luciano Colomer, De Grammatica libri IV. Jayme García, que corrigió el texto de Terencio. Jayme Pau, Apostillas al Derecho Romano. Juan Ramón Ferrer, De laudibus scientiarum. Jerónimo Pau, De fluminibus et montibus Hispaniae. De Viris illustribus Hispaniae, etc. Los poetas cortesanos eran bilingües, catalanes los más, versificaban en castellano más que en su lengua propia. El Cancionero de Stúñiga (1872) es el que más nos ha conservado sus versos, además del general, de Hernando del Castillo (1511); el de Obras de burlas provocantes á risa (1519); el de Herberay des Essarts, y el de la Academia de la Historia ó de Gallardo, de quien antes fué. El códice M. 48 de la Biblioteca Nacional sirvió para la publicación del de Stúñiga; y hay otros dos en la Biblioteca Casanatense de Roma y en la Marciana de Venecia (Mussafia, Ein Beitrag zur Bibliographie der "Cancioneros" aus der Marcusbibliotek in Venedig, en Sitzb. d. phil. hist., CI, LIV, Band. I).
Lope de Stúñiga, comendador de Guadalcanar, hijo del mariscal Íñigo Ortiz y biznieto de Carlos el Temerario, rey de Navarra, apadrinó á su primo Suero de Quiñones en el Paso honroso y rompió lanzas con otros caballeros. Versificó fieramente contra don Álvaro de Luna, como en el Decir sobre la cerca de Atienza, hecho en 1446; hizo un monólogo el año anterior, estando preso, y coplas delicadas, como la Gentil dama esquiva, muy glosada después. La leyenda forjó que Torrellas había muerto á manos de mujeres en pago de sus invectivas. Cuéntase en el Tractado de Grisel y Mirabella, compuesto por Juan de Flores á su amiga, Sevilla, 1529: "Una dama llamada Brasayda, de las más prudentes del mundo en saber y en desenvoltura y en las otras cosas á graciosidad conformes, la cual por su gran merecer se habia visto en muchas batallas de amor y en casos dignos de memoria, y un caballero de los reynos de España, al qual llamaban Torrellas, un especial hombre en el conocimiento de las mujeres ó muy osado en los tratos de amor e mucho gracioso, como por sus obras bien se prueba", aboga por las mujeres ante el rey de Escocia; pero vence el que aboga por los hombres, para su mal, pues reina y damas asen de él, átanle de pies y manos y le atormentan despiadadamente: "É fué luego despojado de sus vestidos, é atapáronle la boca por que quexar no se pudiesse, é desnudo fué á un pilar bien atado, é allí cada una traía nueva invención para le dar tormentos; y tales ovo, que con tenazas ardientes, et otras con uñas y dientes rabiosamente le despedazaron. Estando assi medio muerto, por crecer más pena en su pena, no lo quisieron de una vez matar, porque las crudas é fieras llagas se le resfriassen é otras de nuevo viniessen; é después que fueron assi cansadas de atormentarle, de gran reparo la reina é sus damas se fueron allí cerca dél porque las viesse, é allí platicando las maldades dél, é trayendo á la memoria sus maliciosas obras... dezían mil maneras de tormento, cada qual como le agradaba... Ε assi vino á sofrir tanta pena de las palabras como de las obras, é después que fueron alzadas las mesas, fueron juntas á dar amarga cena á Torrellas... Ε después que no dexaron ninguna carne en los huesos, fueron quemados, de su ceniza guardando cada cual una buxeta por reliquias de su enemigo. Ε algunas ovo que por joyel en el cuello la traían, porque trayendo más á memoria su venganza, mayor placer oviessen". Otras tres composiciones de Torrellas pueden verse en los números 173, 175 y 856 de la edición de los Bibliófilos Españoles. Juan de Dueñas tuvo que acogerse á los Infantes de Aragón. En sus versos nos cuenta sus andanzas y peligro en que estuvo de renegar la fe por "una fermosa gentil judía".
=338.= Cancionero de Lope de Stúñiga. Ed. Marqués de la Fuensanta del Valle y J. Sancho Rayón, Colección de libros españoles raros ó curiosos, t. IV. Consúltense: B. Croce, La lingua spagnuola in Italia, Roma, 1895; B. Croce, Primi contatti fra Spagna é Italia, Napoli, 1894; B. Croce, Ricerche ispano-italiane, Napoli, 1898; G. Mazzatinti, La biblioteca dei re d'Aragona in Napoli, Rocca S. Casciano, 1897; A. Farinelli, en Rassegna bibliografica (1899), t. VII; Cancionero de obras de burlas provocantes á risa. Ed. L. de Usoz y Río, Londres, 1841.
=339.= PEDRO JUAN BELLUGA († 1468), nacido en Valencia, floreció en el reinado de Alfonso V de Aragón, "el Bártolo valenciano", como le llamaron algunos, estudió en Bolonia. Speculum principum, impreso en París, 1530. Singularia iuris.
Cocinero de Alfonso V de Aragón fué RUPERTO ó ROBERTO DE NOLA, que escribió en lemosín y tradujo al castellano el Arte de Cocina, Toledo, 1577.
Por este tiempo FRAY BERNARDO FONTOVA, cartujo valentino, confesor de doña María, la esposa de Alfonso V de Aragón, escribió Tratado espiritual de las tres vías: purgativa, iluminativa y unitiva. Menosprecio de las cosas visibles. Escuela de la Divina Sabiduría.
=340.= El PRÍNCIPE DON CARLOS DE VIANA (1421-1461), hijo de don Juan II, rey de Aragón y de Navarra, escribió estando preso en el castillo de Monroy la Crónica de los Reyes de Navarra, que editó don José Yanguas y Miranda, secretario de la Diputación provincial de Navarra, en Pamplona, 1843. En el retiro de Nápoles tradujo las Éticas de Aristóteles, de la latina de Leonardo de Arezzo, dedicadas al rey don Alonso V, su tío, impresas en Zaragoza, 1509, por Georges Coci, alemán, en un tomo en folio: La philosofia moral del Aristotel: es a saber Ethicas: Polithicas y Economicas, Çaragoça. "Acábanse los diez libros de la Ethica de Aristotil los quales fueron transladados por el muy ilustre don Carlos principe de Viana primogenito de Navarra etc. Y síguense los ocho libros de la politica del mismo Aristotil: los quales agora nuevamente han sido trasladados de latin en romance de la traslacion de Leonardo Aretino". Vid. G. Desdevises-du-Dézert: Don Carlos, prince de Viana.
=341.= Hacia 1444 floreció FRAY BARTOLOMÉ CATÁNEO († 1462), de Mallorca, franciscano, que escribió Homiliae et sermones multiplices pro universis anni diebus.
En 1444 JUAN ALFONSO DE BENAVENTE, profesor de Derecho canónico en Salamanca, recitó la Repetitio super cap. Sufficit De poenitentia; en 1446 la Repetitio De ieiunio. Otra en 1455; en 1456 copiló los Canones Poenitentiales y Actus Confessoris. Véase en la Bibl. Escorial y Nic. Antonio. Escribió De poenitentiis, Salamanca, 1502; Burgos, 1516. Oratio de Scientiarum laudibus. De memoria et pronuntiatione. In Aristotelis Ethicam et rhetoricam. De arte studendi legendique. In Evangelio. Y otros muchos tratados, más de sesenta.
El cardenal JUAN DE MELLA (1397-1467), nacido en Zamora, escribió: Elucidarium. Contra gravamina illata clero per Ioannem Regem Portúgalliae. Mss. en Roma.
=342.= La Crónica particular del Cid, de fecha desconocida, pero de la misma época, no se publicó antes de 1512, por Juan López de Velorado, abad de San Pedro de Cardeña. Se funda en la Crónica general de Alfonso X, pero está tomada derechamente de una refundición de ella, titulada Crónica de Castilla. Tiene cantares prosaizados y leyendas populares, que avaloran mucho su estima, y debían de correr en romances, como corrieron en los posteriores que conocemos; su valor histórico es nulo. Sus ediciones en el año 1512 de esta historia.
=343.= Véase esta clasificación (Fitzmaurice-Kelly, Hist. de la lit. españ., 1913):
[Ilustración]
Primera Crónica general de Alfonso X. | +----------------+------------------+ | | Segunda Crónica general de 1344 Refundición perdida (con elementos (refundición con adiciones). de la Crónica de 1344). | +-----------------------+--------+------------+ | | | Crónica de veinte Reyes. Tercera _Crónica _Crónica de general_. Castilla._ | _Crónica particular del Cid._
Crónica particular del Cid. _Chronica del famoso cavallero Cid Ruydiez Campeador._ Nueva ed. por D. V. A. Huber, Stuttgart, 1853: facsímile de la ed. de 1512 por Archer M. Huntingnton, New York, 1903.
=344.= DON LOPE DE BARRIENTOS (1382-1469), dominico, nacido en Medina del Campo, confesor de Juan II, Obispo de Segovia, Ávila y Cuenca, Canciller de Castilla: Tratado del caso y fortuna. Tratado del dormir y despertar y del soñar y de las adivinanzas y agüeros y profecías. Tratado del adivinar y de sus especies y del arte mágica. Llave de la sabiduría, etc. (Nicol. Antonio).
=345.= Hacia el 1445 compiló JUAN ALFONSO DE BAENA el Cancionero de Baena, con poesías de unos 60 versificadores, de los que mantenían la tradición gallega y de los novadores á la italiana, esto es, alegóricos al modo de Dante, abarcando los reinados de Enrique II, Juan I, Enrique III y la larga minoridad de Juan II, durante la regencia del Infante de Antequera y de la reina doña Catalina. El compilador fué judío converso y su intención, la de dar placer y solaz al mismo rey don Juan, á los Prelados, damas y caballeros de su corte. Al pasar aquí el lirismo de Galicia á Castilla, los poetas trasladaron más lo artificioso, que cuadraba con su genio cortesano, que no lo popular, la serranilla, la cantiga de amigo ó de ledino. El provenzalismo nunca se generalizó en España, y sólo llegó á ella en el siglo xv por mediación de la escuela gallega; ni conoció Santillana á Arnaldo Daniel ni el de Villena á Ramón Vidal de Besalú, cuanto menos los demás poetas castellanos.
=346.= El más antiguo poeta del Cancionero de Baena parece ser PERO FERRÚS, exceptuando al canciller Ayala, su amigo; tenemos de él cinco composiciones, en las que cita los héroes bíblicos, greco-romanos y caballerescos, entre éstos á Amadís, con la advertencia de que ya se leían tres de los cuatro libros que componían la obra, refundida después por Garci Rodríguez de Montalvo. El más copioso (más de un centenar de versos) y de más valer que Ferrús, es el burgalés ALFONSO ÁLVAREZ DE VILLASANDINO ó de ILLESCAS, gran decidor, según Santillana, y demasiadamente ponderado por su amigo Baena, que le atribuye gracia infusa. Alquilaba su arte, de que vivía, á cuantos le pedían coplas, y se enamoraba por su cuenta á cada paso, poéticamente por lo menos, ya de reinas é infantas, ya de moras plebeyas, carnal ó platónicamente. Procaz é insolente cuando denuesta, hasta frisar y aun pasar de lo soez, no le embarazó para ser el poeta más buscado de la corte y llegar á ser caballero de la Banda. Perdió al juego sus dineros, y con los años, la sal de sus versos, y vióse anticuado, y además, ya en 1424, "viejo, cano, calvyllo y lleno el rostro de arrugas y el cuerpo de bizmas de socrocio". No pasa Villasandino de ser el más fácil versificador del Cancionero de Baena.
Aunque algo menos, no deja de serlo GARCI FERRANDES DE JERENA y tan descuadernado de vida como Villasandino. Perdiéronle las moriscas juglarescas, enamorándose de una "pensando que avia mucho tesoro", casóse con ella perdiendo el favor en la corte de Juan II y "falló que su mujer non tenia nada". Metióse despechado á ermitaño fingido y simulando peregrinar á Jerusalén, dió con su cuerpo en Málaga, donde se circuncidó abrazando el mahometismo, hasta que trece años después, el 1401, volvió del reino de Granada viejo, pobre y cargado de hijos, habidos los más en la hermana de su mujer, y arrepentido, acabó en Castilla entre los escarnios de los poetas, sus antiguos compañeros. Sus poesías, peores que las de Villasandino, y es bastante decir.
El COMENDADOR FERNÁN SÁNCHEZ TALAVERA filosofa como escéptico y fatalista, proponiendo la cuestión de predestinados y precitos, en la que tomaron parte el canciller Ayala, un paje de Juan I, Ferrán Manuel de Lando, un monje de Guadalupe, fray Alonso de Medina, un judío converso y escribano del Rey, Garci Álvarez de Alarcón, un médico moro de Guadalajara, Mahomat-el-Xartosse, un franciscano de León, fray Diego de Valencia. Pero el desir "que está muy bien fecho é bien ordenado é sobre fermosa invencion", que dice Baena, de Sánchez Talavera es el que compuso á la muerte del almirante Ruy Dias de Mendoza, parecido á las coplas de Jorge Manrique, y no menos el que compuso sobre las "vanas maneras del mundo".
FRAY MIGIR, capellán del Obispo de Segovia, es autor de un sermón fúnebre que don Enrique III dirige á los mortales desde su tumba de Toledo.
Atildado versificador era el ARCEDIANO DE TORO, que escribió tres poesías en gallego y el testamento satírico. Gallego de escuela, lengua y nacimiento, poeta insípido y sólo famoso por la leyenda trágica del amor adúltero, fué MACÍAS, si hemos de dar crédito á Juan Rodríguez del Padrón, que dice fué su mayor amigo este extraño personaje, acaso de realidad más legendaria y simbólica que efectiva. Puede verse en la Antología de M. Pelayo (t. IV, pág. LVIII...). Fuera de Rodríguez del Padrón y Fernán Pérez de Guzmán, de quienes ya se trató, los demás de la escuela gallega, ó si se quiere provenzal, son poetillas de menor cuantía ó Mecenas aristocráticos.
La escuela toscana de los imitadores de Dante y más adelante de Petrarca y Boccaccio, preparó el Renacimiento en España. El más antiguo y como fundador de la escuela sevillana fué el genovés, en Sevilla avecindado, MICER FRANCISCO IMPERIAL, el mejor poeta del Cancionero de Baena, primer imitador de Dante, predecesor de Boscán y manejador del endecasílabo italiano; pero fué poeta que no sabía volar por sí, sino con las plumas arrancadas á la Divina Comedia, pegadas peor ó mejor á su propósito. Tal es el Desyr de las Siete Virtudes, su mejor y más larga poesía, casi traducción á retazos del Paraíso y Purgatorio. Siguiéronle, si no en el endecasílabo, que no vuelve á sonar desde Santillana, en la alegoría dantesca, por lo menos, un enjambre de sevillanos, que luego trajeron la innovación á la corte castellana, y que por lo menos sustituyeron á la degenerada y paliducha poesía cortesana de la antigua escuela galaico-portuguesa, nuevo calor de vida, tonos vivos y brillantes y hasta atrevimientos desusados y pompas de juveniles arreos. El más señalado fué RUY PÁEZ DE RIBERA, "ome muy sabio y entendido", aunque, acaso por lo mismo, reducido á pobreza, con ser vástago de la ilustre familia de Perafán de Ribera, Adelantado de Andalucía, cuyos descendientes fueron Marqueses de Tarifa y Duques de Alcalá. De la pobreza soberbia y malsufrida sacó aquellos fuertes y bien sentidos versos del Proceso que ovieron en uno la Dolencia é la Vejez é el Destierro é la Pobreza, y otros de lástimas y dolencias.
DIEGO y GONZALO MARTÍNEZ DE MEDINA, hijos del tesorero mayor de Andalucía, eran de los Medinas sevillanos, de los cuales Diego se hizo al cabo fraile Jerónimo en Buenavista y escribió acaso la poesía contra el amor mundanal; Gonzalo sobrepujó á su hermano y satirizó y mordió fieramente á prelados y jueces, validos y encumbrados, "ome muy sotil é intrincado en muchas cosas é buscador de muy sotiles invenciones", y sobre todo, "muy ardiente é suelto de lengua".
Citemos solamente al dominico FRAY LOPE DEL MONTE, al franciscano FRAY ALONSO DE LA MONJA, á los cordobeses GÓMEZ PÉREZ PATIÑO y PEDRO GONZÁLEZ DE UCEDA, luliano el último y autor de una fantasía humorística ó sueño fantástico y de una disputa entre los colores, Amore indice.
El que llevó á Castilla la innovación dantesca fué FERNÁN MANUEL DE LANDO, doncel que fué de Juan I y de valimiento en la corte durante la menor edad de Juan II, "imitó más que ningún otro á Micer Francisco Imperial, fiçο asymesmo algunas invectivas contra Alonso Álvarez", dice Santillana, y contra "letrados e frayles faldudos", podía haber añadido, que "fablaban sin orden como tartamudos". En la contienda tomaron parte varios poetas y hasta Baena, que califica la poesía de Lando de "borruna, desdonada, muy salobre y de madera flaca", llevando, en cambio, muy buenos palos del guerrero Ferrán Manuel, y bien merecidos, porque el pelo de la dehesa de su bajo nacimiento no pudo desecharlo nunca en la corte, soltando chocarrerías groseras y torpezas en las muchas contiendas que su vanidad literaria y su insolencia promovieron con Lando, Villasandino, don Juan de Guzmán, Íñigo de Estúñiga, Pero García de Herrera, Álvaro de Cañizares, Gonzalo de Quadros, Soria, Vinuesa, Ruiz de Toro, García de Ría y con todo bicho viviente. Era, aparte de esto, de sutil ingenio y gran versificador, con lo cual, junto con sus rastreras artimañas, se hizo un justador de cuidado en las lides cortesanas.
=347.= En el Cancionero de Baena hallamos los últimos ecos de la escuela galaico-portuguesa en Castilla y los primeros sones del arpa alegórica dantesca, que vaticinan la venida del Renacimiento italiano. Época de transición en los asuntos, en la manera, en el estilo, en el lenguaje y en la métrica. Nada hay, por consiguiente, de acabado y macizo en aquella cáfila de poetas que bulleron en la corte de casi cuatro reyes; pero se ve que una nueva aurora apunta, lo pulido se baraja con lo grosero, como las primeras luces batallan con las nieblas de la noche que se va. Abusan de la alegoría, como niños que no dejan de las manos los primeros días el juguete que acaban de regalarles; hacen, con todo, esfuerzos por elevar el pensamiento, por colorear y robustecer el estilo, por crear el lenguaje poético, por domeñar el nuevo metro. Si no lo consiguen del todo, no son menos loables sus esfuerzos. "Gracias á la influencia de Italia y también de la antigüedad latina, escribió Puymaigre (La Cour Littéraire, t. I, pág. 97), pudo la poesía española del siglo XV producir páginas como entonces no se escribían en Francia, muy alejada todavía de los modelos italianos y latinos: sólo un siglo después las mismas relaciones produjeron entre nosotros efectos análogos, pero menos brillantes".
Los metros del Cancionero pueden reducirse al endecasílabo, con acentuación sáfica, y á veces cojitranco, no sé si debida la cojera al amanuense; y al dodecasílabo de cuatro cadencias con cesura intermedia, dispuesto en estancias de ocho versos y comúnmente llamado metro de arte mayor ó verso de Juan de Mena, aunque ya lo había usado el canciller Ayala. No se sabe ni cómo ni cuándo nació ó entró en Castilla este segundo metro ni la estrofa. Tal vez es indígena y nació del trímetro yámbico senario, como dijo Nebrija, que también los llamó adónicos doblados. Aparecen por primera vez los versos de doce sílabas en las Cantigas; pero no las estancias de ocho versos:
"Por ende un miragre aquesta reyna sancta fes muy grand á una mesquina".
(Cant. XXVI).
Las coplas de arte mayor, aunque no combinadas como después, se entrevén por primera vez en Hita (De la Pasión, copla 1049). Digo se entrevén, suponiendo interna la rima, que por estar bien manifiesta, yo he dividido en los verdaderos senarios ó adónicos doblados de Nebrija:
"Myércoles á terçia El cuerpo de Xristo Judea l' apreçia: Es' ora fué visto Quan poco lo preçia Al tu Fijo quisto Judas el que l' vendió, su discípulo traydor".
"La Poetrya é gaya sciencia, dice Baena en el prólogo, es una escriptura é composicion muy sotil é byen graciosa, é es dulce é muy agradable á todos los oponientes é rrespondientes della é componedores é oyentes, la qual sciencia es avida é rrecebida é alcanzada por gracia infusa del Señor Dios, que la da é la embya é influye en aquel ó aquellos que byen é sabia é sotyl é derechamente la saben fazer é ordenar é componer é limar é escandir é medir por sus pies é pausas é por sus consonantes é syllabas é acentos é por artes sotiles é de muy diversas singulares nombranzas, é aun assymismo es arte de tan elevado entendimiento é de tan sotil engeño, que la non puede aprender nin aver nin alcanzar nin saber byen nin como debe, salvo todo ome que sea de muy altas é sotiles invenciones é de muy elevada é pura discreción é de muy sano é derecho juycio é tal que haya visto é oydo é leydo muchos é diversos libros é escripturas é sepa de todos lenguajes é aun que aya cursado cortes de Reyes é con grandes señores é que aya visto é platicado muchos fechos del mundo é finalmente que sea noble fidalgo é cortés é mesurado é gentil é gracioso é polido é donoso é que tenga miel é azúcar é sal é ayre é donayre en su rrasonar é otrosy que sea amador é que siempre se prescie é se finja de ser enamorado, porque es opinion de muchos sabios que todo ome que sea enamorado, conviene á saber, que ame á quien deve é como deve é donde deve, afirman é disen que tal de todas buenas doctrinas es dotado". Aquí está el criterio de la poesía de aquel tiempo y de los poetas del Cancionero: poesía cortesana de amores cortesanos hecha sutil y cortesanamente por cortesanos polidos, algo leídos y mejor apuestos. El Cancionero de Baena es de un valor que no tiene precio, no por las poesías, que pocas veces son otra cosa que versificaciones, sino porque nos pinta la sociedad literaria y cortesana de casi cuatro reinados, la historia interna en gran parte del siglo XV. Es un rico monumento histórico y filológico, más bien que poético.
=348.= El original del Libro de Trovas, presentado por Baena á don Juan se conservaba todavía en la Cámara Real de la Reina Católica, según consta por el inventario de sus libros. La copia única que dura la examinó en El Escorial Rodríguez de Castro; sacada para los trabajos de una comisión literaria que entendía en continuar la colección de Tomás Antonio Sánchez, fué vendida por los herederos de José Antonio Conde, uno de los de la Junta, y adquirióla en subasta en Londres la Biblioteca Nacional de París en 1.140 francos; allí sigue clamando por su dueño. Ed. P. J. Pidal, Madrid, 1851, sacada de las copias de Eugenio de Ochoa sobre todo, con muchas faltas, y Glosario en que trabajó Pascual de Gayangos, é Introducción de Pidal; F. Michel, Leipzig, 1860, 2 vols., sin consultar el manuscrito de París. Consúltense los estudios de Pidal en su edición; Leopoldo A. de Cueto, Revue de Deux Mondes, 15 mayo 1853; Milá y Fontanals, Opúsculos literarios, t. I; Fernando J. Wolf, Studien; José Amador de los Ríos, Hist. de la Liter. Esp., t. V; Puymaigre, La Cour Littéraire de don Juan II, t. I: M. Pelayo. Antología de Poet. lír. castell., t. IV, págs. 38-45.
=349.= Garci Fernández de Gerena. Consúltese: L. Dolfuss, Études sur le moyen âge espagnol, París, 1894, págs. 287-309.
Francisco Imperial. Consúltense: P. Savj-López, Un imitatore spagnuolo di Dante nel' 400, en Giornale Dantesco (1896), t. III, págs. 465-469; M. Chaves, Micer Francisco Imperial: apuntes bio-bibliográficos, Sevilla, 1899; R. Sanvisenti, I primi influssi di Dante, del Petrarca e del Boccaccio sulla Letteratura spagnuola, Milano, 1902.
Macías. Poesías, ed. H. A. Rennert, en Μacias, _o Namorado_, a Galician trobador, Philadelphia, 1900; Cancioneiro Gallego-Castelhano, ed. H. R. Lang, New-York-London, 1902. Consúltese: M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. IV, págs. LVII-LXII.
=350.= En 1445 se escribieron las Coplas de ¡Ay panadera!, que algunos atribuyen á Juan de Mena y otros á Rodrigo de Cota. Ed. B. J. Gallardo, Biblioteca, t. I, col. 613-617.
=351.= En 1446 compuso DON ÁLVARO DE LUNA el Libro de las claras e virtuosas mugeres, impreso en 1891 por la Sociedad de Bibliófilos Españoles con un prólogo de Menéndez y Pelayo. Pero para ello no se tuvieron en cuenta los dos manuscritos de la Biblioteca Salmantina y del Real Palacio, coetáneos del autor, sino sólo el de Villaumbrosa. Teniéndolos en cuenta reimprimiólo don Manuel Castillo en 1909, con el proemio de Juan de Mena, que trae el manuscrito del Palacio Real, y con un vocabulario. Imita á Boccaccio: "E dize el dicho iohan vocaçio que" (página 151). El estilo es noble; la construcción, corriente; bien rodado el período, sin los tropiezos ni latinismos de otros escritores de su tiempo.
=352.= Año 1447. GUTIERRE DÍAZ DE GÁMEZ ó DÍEZ DE GAMES (1379?-1450), viejo abanderado y leal servidor de Pero Niño, escribió la historia verdaderamente maravillosa y entretenida de su señor desde 1379 hasta 1446, con el título de El Victorial, libro sin acabar, comenzado probablemente hacia 1431 y publicado en 1782, con bastantes lagunas, por Llaguno y Amirola, con el título de Crónica de don Pero Niño, conde de Buelna. El autor levanta de modo á su héroe, le hace tan valiente, tan caballero, tan agradable y bienafortunado, que se deja querer del lector como de cuantos le trataron. Escribe con alteza de sentimientos, con erudición bien ajustada, en estilo tan llano y sin embargo tan artístico, pintoresco y elocuente á veces, que se lee esta obra de viajes con el afán de una novela moderna. Como su amo, era hombre experimentado, leído y conocedor de la alta sociedad, no sólo de España, sino de Francia é Inglaterra.
=353.= Fué Pero Niño conde de Buelna desde 1431; tuvo á su soldada, como trovador de sus juveniles amoríos, á Álvarez de Villasandino (Cancionero de Baena, 10, 32, 33, 42), y compuso su propio epitafio, en el cual dice que "fué siempre vencedor e nunca vencido, por mar e por tierra".
Gutierre Díez de Games. Crónica de don Pedro Niño, Conde de Buelna, ed. E. de Llaguno y Amirola, en Crónicas españolas, t. III, Madrid, 1782; ed. L. Lemcke, Bruchstücke aus den noch ungedruckten Theilen des Victorial, Barburg, 1865; trad. francesa de A. de Circourt y Th. de Puymaigre, París, 1867 [contiene los pasajes suprimidos por E. Llaguno y Amirola].
=354.= Año 1449. PEDRO DÍAZ DE TOLEDO, que floreció en tiempo de Juan II y vivía en 1499 ya muy viejo, oidor, referendario y consejero de Juan II, capellán del Marqués de Santillana, canónigo de Sevilla (1477), provisor de Toledo (1483), primer obispo de Málaga (1487). Dialogo e Raçonamiento en la muerte del marqués de Santillana, de filosofía y erudición bíblica y gentílica (Ms. de la bibl. del Duque de Osuna). Comentario á los proverbios de Santillana y á los proverbios de Séneca (antes de 1450). Introducción al libro de Platón llamado Fedón (Ms.). Tradujo algunas obras de Aristóteles. Véanse, acerca de Díaz de Toledo: A. Paz y Meliá: Opúsculos literarios de los siglos XIV á XVI (Madrid, 1892); y A. Bonilla: Ion, diálogo platónico, traducido del griego (Madrid, 1901).
=355.= Año 1450. DON PEDRO (1429-1466), condestable de Portugal y después Rey de Aragón (1464-1466), á quien Santillana dirigió su célebre Carta, fué por causas políticas echado de Portugal (1449), vivió en Castilla siete años (1449-1456), durante los cuales aprendió el castellano. Escribió Coplas del contempto del mundo, una Satyra de felice e infelice vida, imitación del Siervo libre de Amor, de Rodríguez de la Cámara; una Tragedia de la insigne Reyna doña Isabel, con recuerdos de Job, Boecio y Boccaccio, en diálogo, en prosa y verso. Es el más antiguo portugués de la literatura castellana, salvo el autor del Poema de Alfonso XI, si fué portugués también. Es tan mal escritor en prosa como Mena y su discípulo en verso, con sus defectos y algunas de sus virtudes. En todas sus obras no hace más que desahogar la melancolía y desengaños de su propia vida. La prosa latinizante é hiperbatónica es á veces de lo más detestable que puede caer en gusto humano.
=356.= El Condestable fué hijo del famoso infante don Pedro, segundo de los hijos del maestre de Avis, infatigable viajero, de quien nuestro vulgo dice que anduvo "las siete partidas del mundo", y cuyas aventuras corren en un libro, todavía reimpreso en 1873, Historia del infante don Pedro de Portugal, y hay ediciones de Burgos, 1564; Zaragoza, 1570; Sevilla, 1595, etc.; murió víctima de la perfidia en la sorpresa de Alfarrobeira (1449). Ha tratado de él Oliveira Martins, Os Filhos de don Joāo, Lisboa, 1891. Por orden de éste su padre, grande amigo de don Álvaro de Luna, envió en su ayuda á su hijo el condestable de Portugal, aunque llegó tarde, cuando ya la contienda se había decidido por las armas en Olmedo. Allí le festejaron los vencedores y, sobre todo, el Marqués de Santillana. La Satyra de felice e infelice vida ha sido publicada por A. Paz y Meliá en el tomo de Opúsculos literarios de los siglos XIV á XVI, de los Bibliófilos Españoles, 1892. La Tragedia la analizó Bellermann, Die alten Liederbücher der Portugiesen, Berlín, 1840, págs. 29-31. Editóla C. Michaëlis de Vasconcellos en el Homenaje á M. Pelayo, Madrid, 1899; t. I, págs. 637-732. Las Coplas, en el Cancionero de Resende; antes se atribuían, con el autor del Cancionero, al "infante dom Pedro, filho del rrey dom Joam da gloriosa memoria". M. Pelayo dice que son las mejores coplas de aquel Cancionero, y Oliveira Martins que son "el documento poético más notable de la literatura portuguesa de su tiempo". Pueden verse en la Antología, de M. Pelayo, así como cuanto se refiere á este autor en el t. VII, página cx, y t. II, pág. 263.
=357.= El Condestable de Portugal es el mejor de los poetas del Cancionero de Resende, donde están las poesías de los poetas portugueses cortesanos del siglo XV, casi todos bilingües y discípulos de Mena y Santillana. Hay allí algunas composiciones de trovadores castellanos, como Juan Rodríguez de la Cámara y Juan de Mena, y otras de portugueses en lengua castellana, como de don Juan de Meneses, Mayordomo mayor de los reyes don Juan II y don Manuel; de Fernán de Silveira, de Álvaro de Brito Pestana, de Duarte de Brito, de don Juan Manuel, hijo natural del Obispo de Guarda, y nieto del rey don Duarte; del Conde de Vinioso, de Antonio Méndez de Portalegre, de Ferreira, de Fernán Brandam, de Jorge Resende, de Francisco Omen, de Duarte de Resende, de Luis Enríquez, de García de Resende, autor del Cancionero, y de otros muchos, hasta ciento cincuenta.
=358.= En la primera mitad del siglo XV se escribió la Danza de la Muerte, que con la Totentanz de Lübeck (1463) y la Danse Macabre de los Santos Inocentes de París, proceden de un original francés que todavía no se conoce. Tras un breve prólogo llama la Muerte á los mortales de todos estados á sus espectrales festejos, forzándolos á tomar parte en la danza. Las 33 víctimas, un papa, un emperador, un cardenal, un rey, etc., alternando siempre los del estado eclesiástico con los del seglar, le responden en octavas.
=359.= Con razón dice M. Pelayo que esta obra es una concepción exótica entre nosotros. "No parece sino que la alegría y la luz de nuestro cielo y el espíritu realista de la misma devoción peninsular ahuyentaban de España como de Italia estas visiones macabras, estas fantásticas rondas de espectros, este humorismo de calaveras y cementerios, que en regiones más nebulosas, en Alemania y en el Norte de Francia, informa un ciclo entero de composiciones artísticas, y no sólo se escribe, se representa, se danza, sino que se pinta, esculpe y graba, y reaparece dondequiera: en las letras de los misales y de los libros de trovas, como en las vidrieras de las catedrales; y llega á obtener en aquella universal pesadilla del siglo XIV cierto género de siniestra realización histórica con las danzas de epilépticos y convulsiones de San Guy, que interrumpían con lúgubre y tremenda algazara el silencio de la noche y la medrosa paz de los cementerios. Nada de esto llegó á España sino muy tardíamente y por vía erudita" (Antología de poet. líric. cast., t. III, pág. CXXXIX). De sus dos elementos, el trágico y terrorífico, el elemento de la Muerte misma, bañado todavía por los últimos reflejos del paganismo septentrional, ni arraigó ni podía arraigar en España. Pero sí el de la igualdad de todos ante la Muerte, que cuadraba con nuestro espíritu democrático, dando lugar á la sátira social. Este segundo es el que sobresale en la refundición castellana presente y en otra de fines del siglo XV ó comienzos del XVI, aumentada y ensanchada.
Hay quien la atribuye á esta época juzgando por la forma de los versos, que dicen revelan progreso respecto de los tanteos de Ruiz y de López de Ayala; yo creo que en Juan Ruiz hay tanta ó mayor perfección métrica y no menos en algunos trozos de López de Ayala. La importancia de esta obrilla está en ser un tanteo de drama, puesto que alternan la muerte con un predricador, dos donzellas, el padre santo, el emperador, el cardenal, el rrey, el patriarca, el duque, el arzobispo, etcétera, etc., con personas de todos estados y oficios, hasta el recabdador, el sacristán y el santero, convidándoles ella á entrar en la danza á todos, hasta treinta y tres, dándoles á entender que todos habrán de morir.
Publicó la primera Danza de la Muerte Ticknor en los apéndices al tomo III de su History of Spanish Literature, New-York, 1849; después, con mayor cuidado, Janer, en París, 1856, y en el tomo de Poetas anteriores al siglo XV; últimamente, con todo esmero, R. Foulché-Delbosc, Barcelona, 1907, y C. Appel, Beiträge zur romanischen und englischen Philologie dem X deutschen Neuphilologentage überreicht von dem Verein akademisch gebildeter Lehrer der neueren Sprachen in Breslau, Breslau, 1902, págs. 1-41. Consúltese: W. Seelmann, Die Totentänze des Mittelalters, Leipzig, 1893. La segunda la reprodujo Amador de los Ríos en los apéndices del tomo VII de su Historia de la literatura española, transcribiéndola del rarísimo ejemplar impreso por Juan Varela, de Salamanca, en 1529, que se guarda en el archivo capitular de Sevilla. Pasó al drama en el siglo XVI en un auto sacramental del segoviano Juan de Pedraza; después en el auto de las Cortes de la Muerte, comenzado por el placentino Miguel de Carvajal y acabado por Luis Hurtado de Toledo y á él alude el Quijote (II, 11); transformóse en el Diálogo de Mercurio y Carón, en manos de Juan de Valdés y en las tres Barcas, en las de Gil Vicente.
=360.= Hacia el 1450, según Nicolás Antonio (Bibl., II, 247), el zaragozano PEDRO DE CAVALLERIA escribió Zelus Christi contra Iudaeos, Saracenos et Infideles, Venecia, 1592.
Hacia 1450 JUAN DE SAHAGÚN, cazador del rey don Juan II, escribió De las aves que cazan. Comentólo Bertrán de la Cueva, duque de Alburquerque (Nic. Ant., Bibl., II, 274).
JOSEPH-BEN-SEM-TOB, averroísta segoviano, nacido el 1420, escribió en hebreo Gloria de Dios ó tratado del supremo bien y del objeto final de la ciencia. Sabiduría excelsa. Tratado del intellecto hylico ó de la conjunción del entendimiento agente con el hombre. Comentario sobre el De Anima, de Aristóteles; otro sobre Del Entendimiento, de Alejandro de Afrodisia, y otro á la Ética á Nicómaco, de Aristóteles. Su hijo Sem-Tob-ben-Joseph fué comentador de Aristóteles y Maimónides: Tratado sobre la causa final de la creación. Ídem sobre la materia prima y sus relaciones con la forma, etc.
=361.= FERNANDO DE CÓRDOBA (1425-1486?), doctor en teología, medicina y artes, gran polemista, de descomunal memoria, hablaba y escribía el latín, griego, arábigo y caldeo; venció á todos los contrincantes de Francia é Italia en Roma; sabía música, matemáticas y astronomía. Escribió De Pontificii Pallii mysterio. Commentaria in Almagestum Ptolomaei. Alberti Magni opus de Animalibus, Roma, 1478. Verum quo pervenerit aut qualem vitae habuerit finem nihil certi scribitur In Apocalypsim S. Ioannis Apostoli aliaque opuscula. De Artificio omnis scibilis (Ms. Bibl. Nac.). Trató de conciliar Platón con Aristóteles. Gozó del aprecio de Sixto IV y Alejandro VI, además del de Juan II, rey de Castilla. Consúlt.: J. Renom, Vida de Fernando de Córdoba y Bocanegra, Madrid, 1717; A. Bonilla, Fernando de Córdoba y los orígenes del renacimiento filosófico en España (Discurso de ingreso en la R. Acad. de la Historia y contestación de M. Pelayo), Madrid, 1911.
=362.= Del siglo XV fué el Libro de Cetreria que fiso EVANGELISTA, corriendo fortuna por el Golfo de León, por no estar ucioso.
FRAY DIEGO DE HERRERA, santanderino, jerónimo, In libros metaphysicorum Aristotelis commentaria. In Boetii libros de consolatione (Nic. Ant., Bibl., II, 252).
[Ilustración: DON ENRIQUE IV. (Códice de 1467, en Stuttgart).]
ÉPOCA DE LOS REYES CATÓLICOS
EL ARTE POPULAR. EL RENACIMIENTO Y LOS HUMANISTAS (SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XV, 1454 HASTA 1516)
=363.= Resumen histórico: Enrique IV el Impotente (1454-1474). Isabel de Castilla y Fernando de Aragón ó los Reyes Católicos (1474-1504). Juana la Loca (1504-1507) y Felipe el Hermoso († 1506). Regencia de Fernando de Aragón (1507-1516).
Literatura francesa: Villon (1431-1483?). Jean Marot. _La Passion_ (de Gréban, 1450; de J. Michel, 1486). Farce de Pathelin (hacia 1470). Gringoire (Jeu du Prince des Sots, 1512). Les Cent Nouvelles nouvelles (1450-1460). La Sale (Jehan de Saintré, 1459). Commynes (1447-1511). Erasmo (1467-1536; Adagios, 1500).
Literatura italiana: Pulci (Morgante, 1466-1483). Boiardo (Orlando innamorato, 1494). Lorenzo el Magnífico. Angelo Poliziano (Orfeo, 1471; Stanze per la Giostra, 1475). Savonarola, Sermones (1452-1498). Masuccio, Cuentos (1460-1470). Sannazaro, la Arcadia (1489-1504).
=364.= ÁLVAR GARCÍA DE SANTA MARÍA (1390-1460), judío converso, hermano de Pablo de Santa María (1350-1432), regidor de Burgos y del Consejo del rey don Juan el II, de quien se hizo mucho caudal y confianza y fió el infante don Fernando, cuando fué á ser Rey de Aragón, el Registro del Consejo de los Gobernadores que dejaba en Castilla, fué el que primero bosquejó y tuvo más parte probablemente en la Crónica de don Juan II, como dijo Lorenzo Galíndez de Carvajal en la edición primera que hizo en 1517; algunos otros tuvieron parte en ella, probablemente Pedro Carrillo de Albornoz, Diego de Valera y Lope Barrientos. Es notable como historia oficial y escrita en buen lenguaje, imitando á López de Ayala. No menos bien escrita está La Crónica de don Álvaro de Luna, impresa por primera vez en Milán, 1546, por Álvaro de Luna, biznieto del Condestable, antes atribuida al mismo Álvar García, pero de autor desconocido. Es obra parcial en favor del héroe, "del mejor caballero que en todas las Españas ovo en su tiempo".
=365.= Galíndez de Carvajal (1472?-1560?) añade que tomaron parte en la Crónica de Juan II Mena, Rodríguez de la Cámara, Pedro Carrillo de Albornoz, Diego de Valera y Lope de Barrientos, y que el último se había alzado con el crédito del trabajo, aunque todo el texto fué retocado por Fernán Pérez de Guzmán. Su dicho tiene probabilidad, con tal de descartar enteramente á Mena, Rodríguez de la Cámara y Pérez de Guzmán.
La Crónica de don Juan II no es de Fernán Pérez de Guzmán, como se ha creído por el dicho de Galíndez, su editor, pues en el prólogo de las Generaciones, en que el Señor de Batres, ya de edad bien adelantada (por los años 1455 ó 56), lejos de manifestar propósito de escribir la crónica de su tiempo, dice que "aunque quisiesse non sabria, et si sopiesse non estava ansy instruydo nin enformado de los fechos como era necessario á tal acto". Aunque dudaba la escribiese bien el cronista oficial, la Crónica resultó fidedigna. Escribiéronla varios, sobre todo el más antiguo, Álvar García de Santa María, que historió los trece primeros años del reinado. Después de refundida varias veces la publicó Lorenzo Galíndez de Carvajal, Logroño, 1517; Sevilla, 1543; Pamplona, 1590 y 1591; Epítome de la Crónica de don Juan II, Madrid, 1675; Crónica de don Juan II, Valencia, 1779; Madrid, 1877 (Bibl. Aut. Esp.); Colección de documentos inéditos para la Historia de España, ts. XCIX y C.
Crónica de don Álvaro de Luna, ed. J. M. Flores, en Crónicas españolas, Madrid, 1775, t. V.
=366.= ANTÓN DE MONTORO ó el ROPERO DE CÓRDOBA (1404-1480), así llamado por el oficio de sastre que tuvo, nació en Montoro y se convirtió del judaísmo á la religión católica, floreciendo en los reinados de Enrique IV y de los Reyes Católicos como coplero de verdad, sobresaliendo en la sátira y poesía burlesca, no sin sales y donaires y siempre con la naturalidad y sinceridad que le ponen á cien codos por cima de Mena y demás poetas eruditos. Es el primer poeta que se allega al pueblo y bebe en su decir la fuerza satírica, aunque por lo mismo á veces algún tanto grosera.
=367.= En una composición dirigida á la Reina Católica en 1474, dice haber cumplido setenta años. No reniega, antes confiesa su origen judío; pero parece se convirtió de veras, pues tiene á veces unción religiosa. Sus émulos, como Guevara, Hernán Mexía y el comendador Román le burlaban, aconsejándole se dejase de las Musas y empuñase "la vara de su remendería"; pero otros, que conocieron su valor poético, le animaban á que dejase tan abatido oficio, que hacía despreciar sus versos, así Alfonso Velasco. Siguió él siendo sincero sastre y sincero poeta, y aunque dirigía versos á quienes le pudiesen socorrer y no llevaba á bien ver más favorecidos á otros peores poetas que él, fuera de la dura sátira que hizo contra Juan de Valladolid "porque pidió dinero al Cabildo de los Abades de Córdoba", no puede decirse que se rebajó ni que infamó su poesía. Fué grande admirador y amigo de Juan de Mena y de don Íñigo López de Mendoza; pero para el que no se pague de frías y afectadas erudiciones y aprecie más la personalidad de un poeta que escribe naturalmente y no sin chiste, buen humor y mordacidad cuando conviene, valía como poeta mucho más que todos ellos. Lope de Vega dice de sus "agudos epigramas" que "tienen tantos donaires y agudezas, que no les hace ventaja Marcial en las suyas" (Introd. á la Justa Poét. de San Isidro). El códice que encierra más poesías suyas es el de la Biblioteca de la catedral de Sevilla ó Colombina del siglo XV, del que se sacó una copia incorrecta que se halla en la Nacional (Dd-61, fol. 123...); pero hay que ver además dos Cancioneros de la Biblioteca Real y otro de la Nacional de París (586 del Catal. de Morel-Fatio), el Cancionero de obras de Burlas y las diversas ediciones del Cancionero general.
Cancionero de Antón de Montoro, edic. E. Cotarelo y Mori, Madrid, 1900. Consúltense: Pedro J. Pidal, Introd. al Canc. Baena, pág. XXXIII, etcétera; J. Amador de los Ríos, Histor. de la liter. esp., t. VI, págs. 150-160; M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. XI, págs. XX-XXXVIII; R. Ramírez de Arellano, Antón de Montoro y su testamento, en Revista de Archivos, etc. (1900), t. IV, págs. 484-489; R. Ramírez de Arellano, Ilustraciones á la biografía de Antón de Montoro, en Revista de Archivos, etc. (1900), t. IV, págs. 923-935.
=368.= Año 1453. JUAN ÁLVAREZ GATO (1430?-1496), madrileño, emparentado con el linaje de Luján, fué hijo de Luis Álvarez Gato, señor del mayorazgo de su apellido en Madrid y alcaide de sus reales alcázares en tiempo de don Juan II, á quien había servido en la guerra de Granada y en Olmedo. Fué el hijo armado caballero por el mismo Rey (1453) y tuvo hacienda en Pozuelo de Aravaca, donde le visitó varias veces el mismo don Juan II, que le trataba de amigo. Enrique IV se valió de él para sosegar las diferencias entre Toledo y el Conde de Fuensalida, fué mayordomo de la Reina Católica, murió después de 1495 y fué sepultado en la iglesia del Salvador, capilla de Nuestra Señora de la Antigua. Su mujer se llamó Aldonza de Luzón, de quien no tuvo hijos, pasando el vínculo, por él fundado, á la familia de su hermano Fernán Álvarez Gato, comendador de Villoria en la Orden de Santiago. Escribió "coplas viciosas de amores, pecadoras y llenas de mocedades... habla en cosas de razón y al cabo espirituales, provechosas y contemplativas". En las eróticas hay fantasía viva y risueña y un decir algo picante, entre las tonterías amorosas, poco sinceras, y las frías alegorías que entonces se usaban. La versificación es fácil y graciosa, tanto que Gómez Manrique dijo de él que "fablaba perlas y plata". Hizo lindas glosas á cantarcillos sagrados y profanos, sobre todo, populares. En sus últimos años "se despidió del mundo" y se dió á componer coplas espirituales, que no son tan buenas como las amorosas de su mocedad.
Amigo de Álvarez Gato, y de parecida, aunque no tan fecunda vena, fué el capitán HERNÁN ó FERRAND MEXÍA, veinticuatro de Jaén. Su mejor composición fué la sátira contra las mujeres, imitación mejorada de la que hizo Torrellas. Escribió, además, en prosa, el Nobiliario Vero (Sevilla, 1492), libro de heráldica de los mejores y más antiguos que tenemos.
=369.= En la Miscelánea, del portugués García de Resende, se dice que Álvarez Gato, "hombre de criar e tratar caballos e mulas, vino á privar tanto que le dió el Rey renta y estado cerca de sí. No hizo jamás bien á su padre y yendo con el rey camino, topando á su padre que venia con dos jumentos cargados, el padre se quitó el bonete y el hijo non le miró. Súpolo el rey y mandóle echar de la corte, diciendo que quien non era para facer bien á su padre non se podía su señor fiar de él". Quien tan mal informado estaba del linaje y oficio del padre no puede ser creído en esta leyenda y en los villanos sentimientos, tan opuestos á los que muestran los versos del poeta. Cayó temporalmente en desgracia de don Beltrán de la Cueva, pero la causa la pone el mismo Álvarez Gato: "Al tiempo que fué herido Pedrarias por mandado del rey don Enrique, paresciole muy mal (al autor), porque era muy notorio que le fué gran servidor, y por esta causa hizo las coplas siguientes". En ésta y en otra sátira se despide de la corte por no ver el abatimiento real.
Las poesías eróticas solamente pasaron al Cancionero general, y faltan, por haberse perdido, las cinco primeras hojas, en el códice de la Biblioteca de la Academia de la Historia. Amador de los Ríos, en las ilustraciones del tomo VI de su Historia crítica, puso íntegro el índice de sus 82 poesías. Véanse algunas en Gallardo, t. I. Cancionero de Juan Álvarez Gato, edic. R. Foulché-Delbosc, en Cancionero Castellano del siglo XV, 1912, t. I, págs. 222-269 (Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XIX); Cancioneros inéditos, ed. E. Cotarelo y Mori, Madrid, 1901. Consúltense: señora C. Michaëlis de Vasconcellos, Nuevas disquisiciones acerca de T. A. G., en Revista Lusitana (1902), t. VIII, págs. 241-244; M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. VI, páginas XXXIV-LIV.
Sobre Mexía véase la Relación de los fechos del Magnifico Condestable Miguel Lucas de Iranzo, en el Memorial Histórico Español, t. VIII, pág. 382. Ximena, en sus Anales de Jaén, pág. 115, le atribuye cierta obra sobre los pobladores de Baeza. Sus poesías se hallan en el manuscrito de su amigo Álvarez Gato y en el Cancionero de Castillo (núms. 115-124, edic. Biblióf. Españ.). Cancionero, ed. R. Foulché-Delbosc, en Cancionero Castellano del siglo XV, I, Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. XIX, págs. 269-287; Der Spanische Cancionero des Brit. Mus., ed. H. A. Rennert, Erlangen, 1895.
=370.= Año 1455. PERO TAFUR (1410?-1484?), descendiente de Pedro Ruiz Tafur, que con Martín Muñoz y Ruiz de Argote sorprendió la Axarquía de Córdoba, en donde estaba avecindado, nació en Sevilla y parece se crió en casa del Maestre de Calatrava don Luis de Guzmán, bajo cuyas banderas militó (1431-1432), cuando era frontero de Jaén. Con licencia de don Juan II partió de España (1435) y viajó por Italia, Judea, Chipre, Egipto, Rodas, Frigia, Grecia, Tartaria, Suiza, Alemania, Flandes, Borgoña y Francia, y vuelto á Córdoba (1439), acabó de ordenar y pulir la narración de sus viajes por los años que median entre la muerte de don Juan II (1453) y la de Ladislao el Póstumo de Hungría (1457), ignorándose el de su propia muerte. Joven, rico é hidalgo, fué regalado por el Papa, el Emperador de Alemania y por las personas de cuenta en todas partes. Su obra Andanças é viajes de Pero de Tafur por diversas partes del mundo avidos (1435-1439), es amena en la descripción, atinada en las observaciones, animada en las aventuras, desembarazada y llena de buen humor en el estilo, llana y corriente en el lenguaje.
=371.= Andanças é viajes de Pero Tafur. Edic. de M. Jiménez de la Espada, Madrid, 1874, de la Colección de Libros españoles raros ó curiosos, t. VIII. Consúltese: R. Ramírez de Arellano, en el Boletín de la Real Academia de la Historia, 1902, t. XLI, págs. 273-293.
=372.= Año 1456. ALFONSO DE PALENCIA (1423-1492), sirvió al obispo de Burgos, Alonso de Cartagena; después, varios años, en Italia, al cardenal Bessarion (1403?-1472). Protegido primero por Enrique IV, se pasó luego al bando opuesto, encarnizándose en sus antiguos amigos. No conoció el griego; pero fué consumado latino y Enrique IV le nombró su cronista y Secretario de cartas latinas en 1456, sucediendo en este cargo á Juan de Mena.
Escribió en latín el año de 1456, aunque la nota final diga erradamente 1457, y tradujo luego al castellano La guerra campal de los perros contra los lobos, alegoría satírica, probablemente, de las luchas civiles de aquel tiempo. En 1459 el Tratado de la perfección del Triunfo militar, también alegórico, aunque mezclando otras cosas. En 1490 publicó el primer Diccionario latino-castellano, Universal vocabulario en latín e en romance collegido por el cronista Alfonso de Palenzia, Sevilla. En 1491 tradujo del latín á Plutarco, Varones ilustres de Plutarco, y en 1492 á Josefo, Josefo, de Bello Judaico, Sevilla, 1492, 1522; corregido por Erasmo. En latín escribió Gesta hispaniensia ex annalibus suorum dierum, que abraza de 1440 á 1474 y ha publicado Paz y Meliá, traduciéndolas al castellano juntamente con un relato de la guerra de Granada, que abraza del 1480 al 1489, no pudiendo acabarlo por haberle tomado la muerte en marzo de 1492. Opus Synonimorum, acabado en 1472.
Como historiador, Alfonso de Palencia es parcial, hasta sacar sangre á los del bando contrario con su acerada pluma. Corre otra historia de aquel tiempo en castellano, escrita por uno de la misma bandería de Alfonso de Palencia y pinta los acontecimientos de una tan parecida manera, que se sospecha si la escribiría él mismo. Fué de ingenio observador y perspicaz, escribió el castellano con brío y empuje; pero todavía latiniza como los demás sus contemporáneos, aunque la mordacidad sincera le haga sacar del romance más vivos chispazos que á otros.
JUAN DE OLID es el autor probable de la Relacion de fechos del condestable Miguel Lucas de Iranzo, que se ha atribuido también á Diego Gómez y á Pedro de Escavias. Tiene buenas pinturas de costumbres.
=373.= Alfonso de Palencia. Dos tratados, ed. A. M. Fabié, en Libros de antaño, t. V; Crónica de Enrique IV, trad. española de A. Paz y Meliá, Madrid, 1904-1912, 5 vols. publicados. Consúltense: W. L. Holland, Zur Geschichte Castiliens, Bruchstücke aus der Chronik des Alonso de Palencia, Tübingen, 1850; G. Cirot, Les Décades d'Alfonso de Palencia, la Chronique castillane de Henri IV attribuée à Palencia, en Bulletin Hispanique (1909), t. XI, págs. 425-437.
Crónica del Condestable Miguel Lucas de Iranzo. Ed. P. de Gayangos, en Memorial histórico español, Madrid, 1855, t. VIII.
[Ilustración: DON GÓMEZ MANRIQUE. (Monasterio de Fres-del Val).]
=374.= Αño 1458. GÓMEZ MANRIQUE (1412?-1490?), poeta, orador político, caballero leal y esforzado y personaje de tanta cuenta en la historia de su tiempo, que de sus hechos están llenas las crónicas de Enrique IV y de los Reyes Católicos. Nació en Amusco, de tierra de Campos, siendo quinto hijo del adelantado mayor del reino de León don Pedro Manrique y de doña Leonor de Castilla, nieta de Enrique II y camarera mayor de la reina doña María, que, viuda en 1446, vivió en Calabazanos desde entonces, para cuyo convento compuso su hijo la Representación del nacimiento de Nuestro Señor. De genio blando y conciliador, fué elegido árbitro en muchos casos, aunque por su misma docilidad siguió á su hermano mayor el conde de Paredes, don Rodrigo, penúltimo maestre de Santiago, en las empresas guerreras, en que fué vencedor veinticuatro veces. Púsose con todos los de su casa de parte de los Infantes de Aragón y entre los adversarios de don Álvaro de Luna: fué herido en Maqueda en 1441 entre los sitiadores y asistió al asalto de Cuenca en 1449. Fundóle su madre, en el testamento otorgado en 1440, un mayorazgo. Con todos los Manriques se puso del bando opuesto á Enrique IV y tomó la voz del infante don Alonso y luego de doña Isabel, asistiendo al juramento de los Toros de Guisando en 1468 y prestando el suyo, en sus manos, en Cervera, don Fernando, escoltándole hasta Dueñas y recibiendo en sus manos el pleito homenaje de los príncipes Fernando é Isabel en Valladolid, el 1469, siendo fiadores el Arzobispo de Toledo y el Almirante. Fué elegido por don Fernando para ir á desafiar en Toro, año de 1475, al Rey de Portugal y nombrado Corregidor de Toledo y defensor del Alcázar, puertas y puente contra el turbulento arzobispo Carrillo, en que se portó como bueno y desbarató con su elocuencia y cuidado las tramas del Arzobispo, que tuvo que rendirse á los Reyes. Defendió á los judíos y reedificó el puente de Alcántara en 1484 y las Casas Consistoriales, muriendo en aquel regimiento probablemente en 1490, fecha de su testamento, en el que ordenó le sepultasen en el monasterio de Santa Clara de Calabazanos. Preciábase más de las armas que de las letras, aunque tuvo gran facilidad en versificar y afición á los estudios, con no menor modestia que aprovechamiento. Consérvanse 108 composiciones de discreteos amorosos, preguntas ó "requestas", al uso de la antigua escuela galaico-portuguesa; de felicitaciones ó "estrenas" y "aguilandos"; jocosas ó de burlas y son las más ligeras. Pero son mejores las morales y graves, sentenciosas y políticas, como las de Santillana y Mena, á veces alegóricas, como la conocida de El Planto de las Virtudes e Poesía, por el Magnífico señor don Íñigo López de Mendoza, que dedicó á la muerte del primero el año 1458. Su mejor obra acaso sean los Consejos á Diego Arias de Ávila, favorito de Enrique IV, cuya imitación en las famosas Coplas de su sobrino Jorge Manrique no puede desconocerse, tanto en los pensamientos cuanto en el metro. Sus contemporáneos preferían las Coplas del mal gobierno de Toledo ó Exclamación e querella de la Gobernación, glosadas por Pedro Díaz de Toledo (Cancionero de Góm. Manr., t. II, pág. 230). Antes de 1478 dirigió á los Reyes Católicos un largo doctrinal de buen gobierno, sencillo y elegante. La Prosecución continúa las Coplas de los siete pecados mortales, de Juan de Mena.
Pero la principal novedad de Gómez Manrique es la Representación del Nacimiento de Nuestro Señor, compuesta para el monasterio de Calabazanos, verdadero drama litúrgico, sencillo y candoroso, terminado con un cantar de cuna ó "canción para callar al niño", compuesto sobre el tono del popular "Callad, fijo mío, chiquito". Algo se le parecen las Lamentaciones fechas para Semana Santa, diálogo entre la Virgen, San Juan y la Magdalena. También fueron representaciones los dos Momos, uno de los cuales, escrito el 1467 por mandamiento de la infanta doña Isabel, fué de hecho representado por la misma Infanta y sus damas. Gómez Manrique es, por consiguiente, predecesor de Juan del Enzina como fundador del teatro español.
=375.= Sobre la vida de Gómez Manrique véanse las Crónicas dichas y Salazar, Casa de Lara, t. II, págs. 531-542. Es curioso el inventario de sus bienes, descubierto y conservado por Gallardo, Canc. de Góm. Manrique, t. II, pág. 326, donde pueden verse los libros que tenía, ninguno impreso, con ser del año 1490, y ninguno de Dante ni Petrarca, aunque sí de Boccaccio, historiadores y moralistas. Su facilidad en versificar era tal, que "solía hacer en un día quince ó veinte trovas sin perder sueño ni dejar de hacer ninguna cosa de las que tenía en cargo"; aunque "esto no podré decir que aya fecho en el estudio de las sciencias ni arte de la poesía, porque yo éstas nunca aprendí nin tove maestro que me las mostrase, de lo qual las obras mías dan verdadero testimonio". Tan poca estima hacía de sus obras, que debemos su conservación á su amigo y deudo don Rodrigo Pimentel, conde de Benavente. El códice ornado é historiado y con la divisa de Gómez Manrique entre sus follajes, que era una cabeza de laúd ó viola con seis clavijas y esta letra: "No puede templar cordura lo que destempla ventura", que posee la biblioteca particular de Su Majestad, pudiera ser el que le envió su autor á petición suya. El de la Nacional (V-236) acaso es más antiguo, pero falto de folios. Con ellos y los Cancioneros preparó su edición Paz y Meliá, Madrid, 1885, 2 vols. Consúltese: Menénd. Pelayo, Antología de poetas líricos castellanos, t. VI, páginas CIV-CLI.
=376.= El año 1458 hacen memoria los carmelitas de FRAY BERNARDO DE MONTESA, de Calatayud, escritor de su Orden, que compuso: In librum Divi Thomae Aquinatis "De quatuor virtutibus cardinalibus" Commentaria. In librum Ioannis Patriarchae Hierosolymitani "De institutione monachorum" elucidationes. In librum Philippi Ribboti. De peculiaribus gestis Carmelitarum" (Nic. Ant., Bibl., II, 272).
FRAY ALONSO DE ESPINA, de los menores de la observancia, rector de la Universidad de Salamanca y ministro de la Inquisición, sabio judío converso, escribió en 1458 Fortalitium Fidei, contra los judíos, Nuremberg, 1494; Lyon, 1511, 1525; Cambray, 1629. Sermones de nomine Iesu XXIV. De fortuna (Ms. Escor.). Fué el que asistió á don Álvaro de Luna en el cadalso.
ALFONSO DE OROPESA, monje jerónimo de Guadalupe, escribió Lumen fidei ad revelationem gentium. Sermones dichos en los capítulos generales de 1459, 1462, 1465 y 1468.
=377.= Año 1462. DIEGO RODRÍGUEZ DE ALMELA (1426?-1492?), arcipreste de Santibáñez, capellán de la reina Isabel y después canónigo de Cartagena, compuso en 1462 y publicó en 1487 el Tractado que se llama copilación de las batallas campales que son contenidas en las historias escolásticas ᘔ de España, Murcia, y el Tractado que se llama Valerio de las Estorias escolásticas ᘔ de España, Murcia, 1487: son dos obras diferentes. Compendio Historial, presentado á los Reyes Católicos en 1491 (inédito, Bibl. Nac., P-I, y Bibl. M. Pelayo), obra que merece imprimirse.
=378.= Otras ediciones: Valerio de las istorias escolasticas, Medina, 1511. Valerio de las historias escolasticas de la sagrada escriptura y de los hechos de españa con las batallas campales: copiladas por fernan perez de guzman, Toledo, 1527. Como en ésta, atribúyese ya en todas las demás á Pérez de Guzmán y todas llevan el mismo título, Sevilla, 1527, 1536; Toledo, 1541; Sevilla, 1542, 1551; Madrid, 1568; Medina, 1574; Salamanca, 1587; Madrid, 1793.
Pról. (Murcia, 1487, Valerio de las Estorias...): "Como yo estoviese de edad de catorce años en servicio del muy Rev. mi Señor don Alfonso de Cartagena, de gloriosa memoria, obispo de Burgos, & por su merced me mandase aprender Gramatica, algun tanto introducto en ella, como en su cámara hobiese muchos libros de diversas sciencias Teologales, & de Filosofia, Leys, & Canones; & asi mesmo muchas Estorias & Cronicas, asi de la Sacra Escriptura, como de Emperadores, Reyes & Principes, señaladamente de los de España, por no estar ocioso (que de la ociosidad no se sigue virtud alguna) segund flaqueza de mi engenio, & poquedad de mi saber; dime a leer en las Estorias de la Sacra Escriptura, principalmente en la Biblia, & en el libro de las Estorias Escolasticas, & en las Crónicas de los Reyes de España desde su poblacion fasta el tiempo presente... En su vida (del Obispo de Burgos) cognoscí ser su deseo que, como Valerio Maximo de los fechos Romanos & de otros libros fizo una Copilacion de nueve libros, poniendo por titulo todos los fechos, adaptante a cada título lo que era consiguiente a la materia, sacado de Tito-Livio, & de otros Poetas & Coronistas; que asi Su Merced entendia facer otra Copilacion de los fechos de la Sacra Escriptura & de los Reyes de España, de que cosa alguna Valerio non fabló: lo cual él ficiera en Latin, escripto en palabras scientificas, & de grand elocuencia, si viviera. Yo, porque mi sciencia es poca, propuse el su deseo escribir en nuestra Lengua Castellana... yo segund mi ingenio lo mejor que pude, de los dichos libros & algund tanto de otros tractados ordenados por el dicho mi señor Obispo, adaptando cada cosa a su título, principalmente los fechos de la Sacra Escriptura & despues los de España, fice esta copilacion asi mesmo en nueve libros, & cada libro dividido por títulos, & cada titulo por capítulos...". Y en la "Respuesta" á la "Carta & Coplas quel Señor Protonotario" le envió, pone: "De Burgos a 23 de marzo año 1462... Diego Rodriguez de Almella, vel de Murcia, Arcipreste de Val de Santivañes".
Consúltese: G. Cirot, Les histoires générales d'Espagne entre Alphonse X et Philippe II (1284-1556), Bordeaux, 1905, págs. 16-18, 53-54.
=379.= Año 1463. JUAN DE LUCENA († 1506), eclesiástico que estuvo en Roma al servicio de Pío II, acomodó y tradujo libremente al castellano el Diálogo de felicitate vitae, escrito en 1445 por su contemporáneo Bartolommeo Fazio († 1457), dándole por título Libro de vida beata, escrito el año 1463 é impreso el 1483; Burgos, 1502. Es un diálogo moral entre él, Santillana, Juan de Mena y Alfonso de Cartagena, obispo de Burgos, acerca de la felicidad. El propósito de remedar á los clásicos antiguos fué loable; la ejecución, desastrada por lo latinizante del estilo y vocablos. Después escribió su Epístola exhortatoria á las letras, elogiando á la Reina Católica.
=380.= Como Fazio, erudito italiano, dirigió su libro á Alfonso VI de Aragón, hijo natural de su antiguo protector Alfonso V, dirigió el suyo Lucena á "su celsitud cesarea de Enrique IV de Castilla". Los críticos alaban "lo acabado de la forma, más bien que el fondo" (Fitzmaurice-Kelly), "la recherche d'une élégance et d'une noblesse toute classique est sensible dans ce dialogue" (E. Mérimée). Cicerón ponía en elegante latín sus diálogos, huyendo de todo helenismo; Lucena afecta latinismos, huyendo de la elegancia de su propio idioma, que la hubiera hallado, como el autor del Corbacho, si como él la hubiera buscado donde estaba, que es en el habla popular. Lucena no es más que un renacentista, ciego imitador, que cree que la elegancia del castellano consiste en latinizarlo.
Juan de Lucena. Libro de Vida beata, ed. A. Paz y Meliá, en Opúsculos literarios de los siglos XIV á XVI, Soc. de Biblióf. Españoles, 1892, págs. 209-220.
=381.= Entre 1465 y 1473 salió el libelo político y personal intitulado Coplas del Provincial, por consistir en la alegoría de un Provincial, que llegado al convento pasa revista á los frailes y los halla á todos que no hay por dónde cogerlos, esto es, á los cortesanos todos, encubiertos debajo de nombres más ó menos transparentes. Groseras, soeces, son las más de las 149 coplas; pero algo de bueno yace en el fondo del cenagal, la sinceridad de la obra, la verdad, siquiera peque de mordacidad y de mal gusto. No es poco asome entre tanta poesía hechiza y huera del reinado anterior, una punta de naturalidad, fundamento único de todo verdadero arte.
Tan natural, aunque de mucho mayor gusto, son las Coplas de Mingo Revulgo, alegórico diálogo en dialecto rústico sayagués ó de Salamanca, que satiriza veladamente la misma época, pero principalmente al mismo Rey y á don Beltrán de la Cueva. Su oscuridad necesitó pronto de comentario ó glosa, que la hicieron, entre otros, Hernando del Pulgar, Juan Martínez de Barros, vecino de Madrid y natural del Real de Manzanares, y otro autor anónimo (Bibl. Gallardo). Desconócese el autor de estas Coplas, como el de las anteriores.
=382.= En la copla 4.ª de las del Provincial "fray Duque de Alburquerque" es Beltrán de la Cueva, y el título no lo hubo antes de 1465; en la 5.ª se supone vivo Miguel Lucas de Iranzo, "conde sin condado", que fué asesinado el 22 de marzo de 1473. Se han atribuido las Coplas á Rodrigo de Cota, á Antón de Montoro, á Hernando del Pulgar, á Diego de Acuña, á quien se atribuye también la continuación de ellas. El manuscrito de la Academia de la Historia lo achaca á varios á la vez. Ello es que el Provincial dió "en la mitad del fiel", como dijo Alonso de Palencia en sus Décadas latinas, y de hecho los últimos nueve años del reinado de don Enrique IV no desdicen gran cosa de su retrato.
Sobre las Coplas de Mingo Revulgo léase lo que dice Hernando del Pulgar en su glosa: "La intención de esta obra fué fingir un Profeta ó adivino, en figura de pastor, llamado Gil Arribato, el cual preguntaba al pueblo (que está figurado por otro pastor, llamado Mingo Revulgo) que cómo estaba, porque le veía en mala disposición. Y esta pregunta se contiene en la primera y segunda copla. El pueblo (que se llama Revulgo) responde que padece infortunio, porque tiene un pastor, que, dejada la guarda del ganado, se va tras sus deleites y apetitos; y esto se contiene en las siete coplas siguientes, desde la tercera hasta la décima. En las cuatro coplas que se siguen muestra cómo están perdidas las cuatro virtudes cardinales, conviene á saber: Justicia, Fortaleza, Prudencia y Temperancia, figuradas por cuatro perras que guardan el ganado. En las dos coplas siguientes, desde la catorce hasta la diez y seis, muestra cómo perdidas ó enflaquecidas estas cuatro perras, entran los lobos al ganado y lo destruyen. En las otras dos siguientes, que son diez y siete y diez y ocho, concluye los males que generalmente padece todo el pueblo. Y de aquí adelante el pastor Arribato replica, y dice que la mala disposición del pueblo no proviene todo de la negligencia del pastor, mas procede de su mala condición. Dándole á entender que por sus pecados tiene pastor defectuoso, y que si reynase en el pueblo Fe, Esperanza y Caridad, que son las tres virtudes teologales, no padecería los males que tiene... Después... muestra algunas señales, por donde anuncia que han de venir turbaciones en el pueblo, las cuales... declara que serán guerra y hambre y mortandad... Le amenaza y amonesta que haga oración y confesión, y satisfacción, y que haga contrición, para excusar los males que le están aparejados... En la última y primera alaba la vida mediana, porque es más segura, y en treinta y dos coplas concluye todo el tratado".
Coplas del Provincial. Ed. R. Foulché-Delbosc, en Revue Hispanique (1898), t. V, págs. 255-266. Consúltese: R. Foulché-Delbosc, Notes sur les Coplas del Provincial, en Revue Hispanique (1899), t. VI, páginas 417-446.
Coplas de Mingo Revulgo, ed. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. III, págs. 5-20.
La glosa de Juan Martínez fué compuesta el 1564; la de Hernando del Pulgar salió con la edición más antigua de las Coplas, y se conserva de ella un ejemplar en la Biblioteca Nacional de Lisboa. Mariana atribuyó las Coplas de Mingo Revulgo al glosador Pulgar (Hist. Esp., 23, 17), y siguióle Sarmiento (Memor. para la Hist. de la poesía, número 872); pero no es bastante la razón que dan de haberlas él glosado. Consúltese: Revue Hispanique, t. V, págs. 255-266 y t. VI, págs. 417-446, donde se publican dos Comentarios y una imitación del siglo XVI: Coplas del Provincial segundo, por don Diego de Acuña, hermano del poeta vallisoletano don Hernando de Acuña.
=383.= Año 1467. MARTÍN GARCÍA, aragonés, tenía probablemente hecha su traducción del Catón en 1467 y no fué á residir á Aragón hasta el 1480; su impresión en Zaragoza es probable y debió hacerse á fines del siglo XV ó comienzos del XVI. (Bibliogr. zaragozana del siglo XV, pág. 183).
=384.= Año 1468. DIEGO ENRÍQUEZ DEL CASTILLO, segoviano, capellán y consejero de Enrique IV, escribió la Historia del rey don Enrique el quarto, en estilo algo retórico, pero á veces con diestras pinceladas.
=385.= Enríquez del Castillo cayó prisionero en Segovia poco después de la victoria de Enrique IV en Olmedo (1467) sobre el pretendiente Alfonso, y á pesar del salvoconducto, que se le dió, le detuvieron y tomaron sus papeles, entre ellos el relato de la batalla, que al pretendiente no contentó, por lo que le amenazó con la muerte. Entregaron los escritos á Alfonso de Palencia, cronista del opuesto partido, para que los corrigiese, el cual dice los llevó al Arzobispo de Toledo, Carrillo (1422-1482), uno de los que peor librados salían en la batalla. El autor confiesa que, privado de sus borradores, confió á la memoria los trece primeros años del reinado de Enrique IV, y aun más tarde él mismo modificó su Historia, de modo que las ambigüedades y la retórica encubren ó velan los verdaderos sentimientos del autor. Desconócese la fecha de la primera edición; la de 1787 es la segunda.
Diego Enríquez del Castillo. _Crónica del rey don Enrique el Quarto_, ed. J. M. Flores, en Crónicas españolas, Madrid, 1787, t. VI; Bibl. de Aut. Esp., t. LXX.
=386.= Año 1468. RODRIGO ó RUY SÁNCHEZ DE ARÉVALO (1404-1470 ó 1480) nació en Santa María de Nieva, fué catedrático de Derecho civil y canónico en Salamanca, después deán de León (1448) y de Sevilla (1455), embajador de Juan II y Enrique IV, que le envió á Roma (1456), donde estuvo hasta que murió, retenido por Calixto III, nombrado gobernador del castillo de Santángelo por Paulo II (1464) y obispo de Zamora, Calahorra y Palencia, y antes de Oviedo por Nicolás V. Speculum vitae humanae, Roma, 1468, de los primeros libros impresos, reimpreso después 12 veces en el siglo XV y otras hasta 1683 (Francfort), traducido al francés dos veces, al alemán, al castellano (Zaragoza, 1481). El excelente libro intitulado Speio de la vida humana. De origine ac differentiis principatus imperialis et regalis, Roma, 1521. Compendiosa Historia Hispanica (hasta 1463), Roma (sin fecha, después en 1470) (Ms. de la Bibl. Nacional). Compendio llamado Vergel de los príncipes (Ms., Gallardo), Madrid, 1900. De mysterio S. Trinitatis. De pace et bello et de necessitate et utilitate bellorum. De Castellanis et custodibus arcium et castrorum et de ducibus exercitus bellorum et de eorum officio. De Monarchia Orbis. Clypeus sive defensio Monarchiae. De regno sive de principatu divisibili aut indivisibili. Suma de la Policia que fabla como deben ser fundadas et hedificadas las cibdades et villas. Fabla otrosy del buen regimiento et recta policia que deve hacer todo regno ó cibdad asy en tiempo de paz como de guerra. Defensorium Status ecclesiastici (Ms. de la Bibl. Nacional). De Paupertate Christi et Apostolorum. Super commento Bullae depositionis Regis Bohemiae per Paulum II. De Remediis afflictae Ecclesiae militantis. De Auctoritate Rom. Pontificis et Generalium Conciliorum. De Appellatione a sententia Rom. Pontificis non bene informati ad eumdem bene informatum (la combate). De Remediis schismatis. Muchos de éstos y otros Ms. están en la Biblioteca Vaticana. Consúltese Gallardo, t. IV, col. 444-445, 1421-1422, 1563; Nic. Ant., Bibl., t. II, pág. 298.
=387.= En 1470 Flor de virtudes, escrito por autor anónimo, y que comienza con una Teoría del Amor.
JUAN MENESES DE SILVA ó BEATO AMADEO (1435-1482), franciscano portugués: De Revelationibus et prophetiis.
Hacia 1470, según Nicolás Antonio (Bibl., II, 296), floreció LOPE SALINAS, franciscano en Burgos. Espejo de superiores religiosos. Escuela de la perfección regular hasta subir al perfecto amor de Dios. Antídoto de los abusos y males que relaxan la vida monástica. Conferencias espirituales.
MARTÍN ALFONSO DE CÓRDOBA, natural de esta ciudad, agustino, catedrático de teología en Salamanca, en Francia y en Valladolid, murió en Córdoba hacia 1476. Escribió: In divi Pauli epistolas commentaria et quaestiones. Logica et philosophia. Apocalypsis explanatio. Hexaemeron. De prospera et adversa fortuna. Alabanzas á la virginidad. Vergel de nobles doncellas, publicado en 1542.
=388.= Año 1473. PEDRO GUILLÉN DE SEGOVIA (1413-1474?) nació en Sevilla y vivió en Segovia en el tiempo de sus adversidades y además en un pueblo de la Sierra, junto á Pedraza. Sus primeros años, en los del reinado de don Juan II, fué dichoso, probablemente gracias á don Álvaro de Luna, después de cuya muerte escribió con tendencia apologética el Dezir que fizo sobre la muerte de don Álvaro de Luna. Defiéndele de la "crueza, tiranía" y "usurpar la señoría del Rey", que le achacaron, levantándose luego á consideraciones morales sobre la caducidad de las cosas humanas. La caída del Condestable y luego la muerte de Santillana y Mena, sus principales protectores, debieron de causar la pérdida de sus bienes, de donde metido á copista de escrituras ajenas, en diez años perdió también casi del todo la vista, y estando para matarse le animó un fraile observante en confesión y dióle para el arzobispo Carrillo una carta comendatoria y él le llevó además, el año 1473, 58 estancias á manera de memorial alegórico, con huellas del libro De consolatione philosophiae, de Boecio. Bien acogido por el Arzobispo, llegó á ser su contador y escribió su panegírico en el prohemio de la Gaya. Su hijo Diego Guillén de Ávila, canónigo de Palencia, tradujo á Frontino y dirigió á la Reina Católica un poema laudatorio. Sus versos amatorios son pocos; los más, sagrados y morales, y algunos, políticos. De los primeros, el Dezir sobre el Amor; de los últimos, el Dezir que fizo á Enrique IV y el Dezir que fizo sobre la muerte de don Álvaro de Luna. Replicó á la Querella de la Gobernación y á los Consejos, de Gómez Manrique, de quien se muestra discípulo, y continuó Los siete pecados mortales, de Mena. Su mejor obra de este género es el Discurso de los doce estados del mundo, en 36 coplas, especie de sátira social al modo de las Danzas de la muerte y parecida á las Setecientas, de Fernán Pérez de Guzmán. Donde muestra más fuerza en los afectos y facilidad en la versificación es en Los Siete Salmos penitenciales trovados, única composición que pasó al Cancionero general. Compuso el más antiguo Diccionario de rimas que tenemos, á imitación de los provenzales y catalanes, sobre todo, del Libre de concordances, de rims e de concordans apellat Diccionari, de Jaime March, y del Torcimany, de Luis de Aversó. Tal es La Gaya de Segovia ó Silva copiosísima de consonantes para alivio de trovadores.
=389.= El mismo Guillén dice: "Un dia nebuloso, que manso llovia, | naciste en Sevilla... | el año de trece". "Ventura y fortuna mostrando el revés, | falleme en Segovia con sobra de enojos". "Si vuesa prudencia querrá saber quien | es este que yase de palmas en tierra, | mandad preguntar por Pero Guillen | allende Pedrasa bien cerca la sierra". "Mostrome fortuna su prospera cara, | seyendo en el tiempo de mi joventud | fermosa, riente, alegre, muy clara, | dándome bienes en gran multitud". "Buscando las cabsas Fortuna malvada | por donde mas dapnos causar me podria, | quitó al Marqués, llevó á Juan de Mena, | maestros fundados de quien aprendia". Sus desgracias en la "Suplicacion que ordenó" para el Arzobispo Carrillo y en sus coplas: "Veo mis hijos por casas ajenas, | mi honra y mi fama del todo perdida". La Suplicacion alude al cerco de Torija de 1473, al que concurrió el Arzobispo Carrillo. Dos códices se conservan de sus poesías: el de la Biblioteca Real (VII-D-4 antigua y 2-F-5 mod.), y el de la catedral de Sevilla, del que hay copia en la Nacional (Ms. 241). La Gaya se halla en el manuscrito de la Biblioteca del Cabildo de Toledo, que hoy pertenece á la Nacional, donde hay además un incompleto extracto hecho por el P. Burriel.
=390.= Las Coplas de Guillén de Segovia en el Cancionero general del Castillo (ed. Soc. Biblióf. españ., 1882); Poesías, ed. H. R. Lang, (en prensa). Consúltense: Fernando de la Vera, Traducción en verso del Salmo L de David "Miserere mei Deus" y noticia de versiones poéticas que de dicho Salmo se han hecho en lengua castellana y de sus autores, Madrid, 1879, págs. 104-133; O. J. Tallgren, La Gaya o Consonantes de P. G. de S., etc., en Mémoires de la Société néo-philologique de Helsingfors (1906), t. IV, págs. 1-49; H. R. Lang, A propos of "Caçafaton" in the Rhyme Dictionary of P. G. de S., en Revue Hispanique (1906), t. XVI, págs. 12-25; Η. R. Lang, The so-called "Cancionero" of P. G. de S., en Revue Hispanique, 1906, t. XIX, págs. 51-81.
=391.= El año 1474 es célebre por el advenimiento de los Reyes Católicos y la introducción de la imprenta en España, habiéndose publicado con aquella fecha en las prensas de Lamberto Palmart, de Valencia, el primer libro intitulado Obres o trobes en lahors de la verge María. Estas trobas fueron escritas por 44 poetas, catalanes los más, pero en lengua valenciana, menos Francisco de Castalvi, Francisco Barceló, Pedro de Civillar y "hum Castellá sens nom", que lo hicieron en castellano. Siguieron el Certamen poetich, el Comprehensorium, el Salustio. Desde 1476 tuvieron imprentas Barcelona, Zaragoza y Sevilla, desde 1480 Salamanca, desde 1482 Zamora, desde 1483 Toledo y Valladolid, desde 1485 Burgos, desde 1487 Murcia. Desde 1485 había en Lisboa tipografía hebraica.
Con harta razón escribió el Cura de los Palacios que en tiempo de los Reyes Católicos "fué en España la mayor empinación, triunfo é honra é prosperidad que nunca España tuvo".
[Ilustración: LOS REYES CATÓLICOS. (Capilla de los Reyes, Granada).]
Aunáronse por manera maravillosa el varonil espíritu de justicia para poner á raya á los desaforados magnates en doña Isabel y su señoril afición y amparo de las artes y todo linaje de cultura, con el genio político y la bizarría militar de don Fernando. El abatimiento del poder real y los desmanes de los señores pedían los extremos de rigor, que algunos hoy condenan, pero que fueron los únicos que podían poner coto, como lo pusieron, á las desapoderadas ambiciones de los grandes, y eran necesarios para afianzar el poder real, asegurar las vidas y haciendas y abrir la nueva era de paz y de justicia en todas las clases y órdenes de la sociedad.
La política y el valor militar hicieron la unidad nacional, uniendo para siempre Aragón á Castilla, venciendo á Portugal, desarraigando la morisma, recobrando el Rosellón, incorporando á Navarra, reconquistando á Nápoles, abatiendo el poder francés en Italia y en el Pirineo, abriendo camino en Orán para el señorío de África, descubriendo nuevos mundos, preparando la anexión á la monarquía de nuevas provincias en Europa é imponiendo la hegemonía española en todo el mundo. La estimación que á las artes y buenas letras se otorgaba en la corte atrajo á los de fuera y despertó los ingenios españoles, echando las zanjas, no menos que del señorío político, del engrandecimiento artístico y literario de nuestro siglo de oro.
No son gérmenes tan sólo los que el reinado de los Reyes Católicos apuntan. Aunque los Boscanes y Garcilasos en poesía y los Guevaras y Valdés en prosa esperasen para venir los tiempos del Emperador, La Celestina y el Romancero, la Cárcel de Amor y el Diálogo de Cota, las obras de Jorge Manrique y Juan del Enzina, de Diego de Valera, Hernando del Pulgar, de Torres Naharro, Gil Vicente y Alonso de Herrera, son de esta gloriosa época de los Reyes Católicos. Jamás la sencilla naturalidad, la desafectada elegancia, el fresco realismo, la señoril gravedad se manifestaron con tan juvenil frescura y pujanza tan varonil como en la literatura de aquella época. Nebrija, Hernán Núñez y Sobrarias asientan los cimientos de las humanidades. Los dos Montalvos abren nueva era á la jurisprudencia el uno, á la novela caballeresca el otro. Íñigo de Mendoza y Juan de Padilla fundan la poesía mística, y un sinnúmero de anónimos anuncian la mística prosaica. Juan del Enzina y Lucas Fernández, los López y Calderones de aquella época, según ha dicho un crítico, si no tan grandes en extensión y amplitud, en cantidad y variedad, son, en cambio, más sencillos y delicados, más castizos y nacionales en asuntos, estilo y lenguaje, más populares y menos eruditos, más naturales y menos afectados, más del terruño y personales y menos metafísicos y exagerados. La égloga y el villancico, la comedia pastoril y de costumbres entraron en sus obras por un cauce tan natural y tan nacional como la gran comedia y la levantada tragedia en la jamás igualada Celestina. Y es que en la época de los Reyes Católicos la persuasión del propio valer en la gente española, despertada al estruendo de tantos triunfos y maravillosos acontecimientos, la hizo volver sobre sí, y sacudiendo de sí los escritores las puerilidades en que hasta entonces se habían entretenido, sobando los sosos y ficticios decires de la muerta y erudita escuela galaico-portuguesa, las no menos extranjerizas trovas de la simbólica imitación dantesca y petrarquesca, á lo Juan de Mena y sus discípulos, sacaron del fondo popular y verdaderamente nacional los tesoros enterrados y hollados soberbiamente siglos había por los antiguos eruditos, y aliándose los eruditos con los populares, haciéndose todos unos, comenzaron á cantar y á escribir en romance puro y castizo, desenterraron la épica nacional del Romancero, ennoblecieron las villanescas y cantarcillos populares, pintaron los rufianes y celestinas, las hembras del partido y los pastores, tal cual eran en España, haciéndoles hablar el popular lenguaje; en una palabra, dejándose de extrañas erudiciones y de imitaciones falseadas, nuestros escritores sacaron del pueblo el arte verdaderamente nacional, que yacía menospreciado y desconocido. Eso y nada más que eso es el Romancero, la Celestina, las Églogas y farsas de Juan del Enzina y Lucas Fernández, la mística de Íñigo de Mendoza y Juan de Padilla, el lenguaje de Pulgar, Valera y Herrera.
El Renacimiento italiano coloreó después esas cristalinas y nacionales aguas, dándoles ciertos elegantes tornasoles, que volvieron á encandilar á nuestros eruditos, y desviados de la vereda natural y segura, que es la popular, tornaron á despepitarse por todo lo extraño, desbocándose sin freno en la afectación y en el artificio hasta despeñarse en el gongorismo y conceptismo en el siglo XVII. Por eso para mí, si la literatura del siglo XVI es oro, la del último cuarto del siglo XV son puros diamantes, y el oro de los Valdés, Leones, Teresas, Quevedos, Góngoras y Lopes es el que supieron sacar del minero castizo y popular, y la mayor grandeza de Cervantes débese á que supo hermanar cual ninguno el metal español con el clásico greco-romano, tomando de éste lo exquisito de su elegancia y de aquél lo acendrado de su realismo.
=392.= "Dos grandes hechos que aceleraron su progreso durante este reinado, dice M. Pelayo (Antol., t. VI, pág. CLXXIX), y abrieron las puertas de una nueva era. Estos hechos son la influencia triunfante de los humanistas y la introducción de la imprenta en nuestro suelo". Tiene razón, si de la cultura en general se trata y de la erudición; pero M. Pelayo, como erudito y humanista, no suele tener ojos más que para cuanto á esa cultura y erudición clásica atañe, y no ahonda en el elemento popular, raíz única del verdadero arte literario, que es el nacional. Las grandes obras literarias del reinado de los Reyes Católicos deben muy poco al clasicismo y á la erudición exótica. Ya las hemos citado. Toda su fuerza y valer les viene del elemento popular y castizo que sus autores supieron apropiarse. Baste un ejemplo. Lo tomado de la erudición clásica en la Celestina es lo único que la mancilla, el hablar humanístico y el extemporáneo aludir á erudiciones greco-romanas; lo que la hace inmortal es el realismo español, los caracteres castizamente dibujados y el habla popular. Nada se diga de las escenas sayagüesas de Lucas Fernández y Juan del Enzina, de los cantarcillos populares, del vulgar lenguaje, ni del Romancero, popular hasta los tuétanos. Una literatura que tan personales y nacionales obras produce no puede llamarse literatura en germen, como la llama el mismo M. Pelayo por apreciar más la literatura erudita del siglo XVI; es una literatura en plena madurez y rebosando savia y vida. Claro está que asuntos, estilo y lenguaje huelen á no acabados, cuando con los del siglo XVI se comparan; pero lo mismo acaece con los del siglo XVI, comparados con los del XVII, y siempre sucede que toda época anterior ofrece un lenguaje y una manera de pensar y sentir que parecen imperfectas cuando con las de la época siguiente se cotejan. Por eso los literatos de la edad de plata en Roma apreciaban más su manera más rebuscada que la de la edad de oro del tiempo de Augusto. No es ese el verdadero y seguro criterio para juzgar del valor estético de las obras de arte, porque con él tenía razón Scalígero en preferir Virgilio á Homero y Estacio á uno y otro. El criterio moderno, más democrático y justo, da la preferencia á la mayor personalidad y á la mayor naturalidad y fuerza de la expresión, que nacen del mayor arraigo en el pueblo y espíritu nacional. Por esta nota es grande la literatura del tiempo de los Reyes Católicos, como es grande su política é historia, mayor en el fondo que la de sus sucesores, que recogieron el fruto y extendieron incomparablemente más la fama y gloria del nombre español. El mismo M. Pelayo no deja, sin embargo, de notar que "advertiremos al propio tiempo síntomas de novedad y de transformación, si no en los metros, en el espíritu; maridaje frecuente de lo vulgar con lo erudito, desarrollo visible de los elementos musicales del lenguaje y un lento infiltrarse de la canción popular en la lírica cortesana, que hasta entonces la había desdeñado". Compárense los diversos géneros literarios de esta época con los del siglo XVI y se verá claramente la diferencia. La épica es aquí el Romancero, que es la verdadera épica nacional. La épica del siglo XVI puede decirse que es la novela caballeresca, acomodada al espíritu aventurero y caballeresco de aquel siglo de empresas quijotescas. La lírica del tiempo de los Reyes Católicos es igualmente la popular de villancicos y cantares, que se hallan sobre todo en nuestros dramáticos egloguistas y en el Cancionero de Barbieri; en cambio la lírica del siglo XVI es la traída de Italia por Boscán y Garcilaso, la égloga latina, la canción y el soneto, lírica extraña, en los pensamientos y en el verso endecasílabo italiano, que hace nos parezca fría toda la lírica clásica del siglo XVI, porque realmente lo es, menos cuando se acerca á la manera castiza, como en Baltasar del Alcázar, á veces en Cetina y otros. La dramática del tiempo de los Reyes Católicos son las escenas pastoriles ó populares de Enzina, Vicente, Rojas, mezclándose ya en éste la dramática clásica. En el siglo XVI hay varias corrientes: la de las églogas dichas, la imitación de la Celestina y la de escenas populares, que también sigue mezclándose con el italianismo, hallando su perfección esta tercera corriente en Lope de Rueda y Cervantes en cuanto se atienen al entremés, á los pasos, escenas de costumbres y de caracteres, que es lo verdaderamente nacional. La dramática del siglo XVI no es, pues, más que continuación de la de fines del siglo XV. Son, por consiguiente, más nacionales y recias, más naturales y frescas las manifestaciones del arte épico, lírico y dramático del tiempo de los Reyes Católicos; en el siglo XVI sobrepuja el clasicismo latino é italiano, hay mayor elemento extraño, convencional, afectado; es más para los eruditos que para el común de los españoles. En el siglo XVII estos defectos se extreman mucho más y se urbaniza el arte, dejando el campo y encerrándose en las ciudades. Á la novela caballeresca sustituyen los grandes poemas épicos, imitaciones y calcos del poema clásico; la lírica italo-latina cae en el conceptismo y el gongorismo; tras el teatro del paso y entremés viene la comedia española, en que á los elementos castizos en Lope y en Tirso sobrepujan los afectados, convencionales, metafísicos, de enredos y pundonores ciudadanos de estos dos mismos grandes autores, de Calderón y de los demás. Solamente la prosa tarda más en perfeccionarse, puede decirse que llega á entera sazón en el siglo XVI, no habiendo tenido tiempo para aclararse y posarse en la época de los Reyes Católicos; en el siglo XVII se empobrece, se poetiza bárbaramente, se esquina y oscurece á fuerza de sutilezas, metáforas y concisiones, que van contra la naturalidad. En suma, durante el reinado de los Reyes Católicos señorea en el arte literario lo popular y castizo; en el siglo XVI lo italo-latino ó renacentista; en el XVII, los consiguientes frutos del renacimiento extremado, que son la afectación en el pensar ó conceptismo y en el decir ó gongorismo. El romance, el villancico, la égloga dramática son arte campestre, al aire y al sol; el poema clásico, el soneto, la comedia de capa y espada son arte urbano, casero, académico: el primero es arte nacional y para todos; el segundo, arte para ciudadanos cultos.
=393.= Después de apuntar con algunos tenues destellos en la primera mitad del siglo XV, amanece de lleno el renacimiento para España en la época de los Reyes Católicos y continúa alumbrándola hasta los primeros comienzos del siglo XVII: es la edad de oro de nuestra literatura. Cinco épocas pueden distinguirse durante este influjo renacentista. La primera es la que acabamos de recorrer; la de los Reyes Católicos es la segunda, que podemos llamar de los humanistas. En ella florecen casi todos los más insignes que tuvo España; durante ella, toda persona que desea instruirse estudia las lenguas y literaturas de la antigüedad; en ella se traducen al castellano los principales libros griegos, latinos é italianos; cuantos desean pasar por cultos remedan en romance el período y el hipérbaton latino, con mejor ó peor fortuna, al modo de los personajes cultos de la Celestina. Hierve el nuevo mosto con pujanza, mezcladas sin clarificarse las ideas y las maneras de decir. El castellano literario se enturbia y alborota como en fuerte mareta: pocos autores salen airosos en el estilo terso y acabado, á no ser cuando se asen al habla popular, que contrasta, sesga y tranquila, los embates de la erudición. Pero el renacimiento no hace en España los efectos que en Italia, no sólo porque la ola resurte acá, ya rota acullá por vez primera, sino porque halla al espíritu español en un momento muy otro del que halló al espíritu italiano en el siglo XIV. Allí el renacimiento conmovió hasta los cimientos de la sociedad aniñada y encogida de la Edad Media; el paganismo se temió barriese la civilización cristiana del suelo italiano. Zozobraron hasta las creencias en la inmortalidad del alma, en Cristo Redentor y aun en Dios, padre de sus criaturas; un frío deísmo desvarió las cabezas de no pocos renacentistas, ya que el politeísmo no tenía fuerza para alzar la voz en demanda de sus antiguos fueros. Á las creencias cristianas tomaron el lugar las supersticiones, la astrología judiciaria, los talismanes. El goce pagano del vivir desenfrenó las pasiones, que ensangrentaron á Italia con no interrumpidas tragedias. El espíritu español hallábase, por el contrario, en el máximum del esfuerzo con que, sacudida la modorra de los últimos reinados, mejor dicho, encauzadas aquellas energías tan baldíamente derrochadas en luchas palaciegas y de señores de estados entre sí y con los reyes, empleáronse en las empresas más aventureras que jamás los españoles mismos soñaron: en echar de todo en todo de la patria á los moros, en vencer á Francia y conquistar á Italia, en descubrir un mundo nuevo. Colón, arrodillado al desembarcar en desconocidas playas; Cortés, aherrojando con cadenas de oro á Moctezuma; Pizarro empinándose y señalando con el dedo en la pared de la prisión del Inca la raya hasta donde había de llenarla de oro en polvo; los soldados de Valdivia dejando sus miembros helados en los desfiladeros de los Andes; la reina Isabel entrando sobre su hacanea por las puertas de Granada, ondeando en el alcázar y minaretes la morada bandera de Castilla; Gonzalo de Córdoba echando á puntapiés tras los Alpes la última rezaga de franceses; las prensas, en todas las ciudades de España, sudando tinta regeneradora, es un cuadro que pocas veces ha tenido su parejo con pinceladas de tamaña valentía. España se empinaba de repente. El empuje del espíritu español en tales circunstancias hubo de rebatir y contrastar el elemento afeminado y anticristiano del renacimiento, abrazando tan sólo el ansia de conocer la antigüedad clásica y enamorándose de su arte, sin dejarse mellar por la idea pagana. Dejaremos para sus propios lugares las otras tres épocas renacentistas: la del Emperador, la de los Felipes II y III y la de Felipe IV: otras no menos notables circunstancias hicieron que jamás entrara en España con el renacimiento clásico el espíritu pagano, que tan hondo caló en Italia y aun en el resto de Europa. España era harto española en tiempo de los Reyes Católicos para que del renacimiento admitiese idea alguna pagana, desmoralizadora ó destructora de la religión católica; sólo admitió el arte, la amplitud del humanismo, que dentro del cristianismo encajaba al propio; las doctrinas democráticas, que ya aquí vivían como en tierra bien sazonada; la unidad política, las tendencias imperialistas y absolutistas, buenas al principio, dañosas después; el respeto al individuo, más evangélico todavía que pagano; la mayor suavidad de costumbres, la finura en el trato, la rebusca del galano decir.
La cultura clásica entra de lleno en España con los humanistas italianos que vienen á ella, y los humanistas españoles que van á educarse á Italia. Fernando el Católico fué instruido clásicamente por Vidal de Noya; la reina Isabel aprendió el latín con doña Beatriz Galindo, protegió los estudios é hizo que el príncipe don Juan saliese "buen latino", como escribió Oviedo, y no menos sabían latín las infantas. "Non vedes quantos comienzan aprehender, mirando su realeza?", dice Lucena; "jugaba el rey, eran todos tahúres: estudia la Reina, somos agora estudiantes". El almirante don Fadrique Enríquez trajo á España, en 1484, á Lucio Marineo Sículo; el Conde de Tendilla, embajador en Roma, trajo, en 1487, á Pedro Mártir de Angleria, que comentó en Salamanca las sátiras de Juvenal, entrándole á la cátedra en hombros sus discípulos. Antonio Geraldino enseñaba á la infanta Isabel, y su hermano Alejandro á las demás infantas.
Con los trabajos mucho más serios de nuestros humanistas y con los estudios de la Universidad de Alcalá, en el primer tercio del siglo XVI, la cultura greco-latina se derramó por toda España, y no sólo la enseñaban los profesores oficiales, sino otros muchos particulares, como en Segovia, Juan Oteo, maestro de Andrés Laguna; en Soria, el bachiller Pedro de Rúa; en Valladolid y en Olmedo, Cristóbal de Villalón; en Toledo, Alfonso Cedillo, maestro de Alejo Venegas; en Calahorra, el Bachiller de la Pradilla; en Santo Domingo de la Calzada, Pedro Lastra; en Sevilla, Diego de Lora y Cristóbal de Escobar; en Granada, Pedro Mata; en Écija, Andrés el Griego. Aun de las señoras mencionan Lucio Marineo y el Gynecaeum Hispanae Minervae, de Nicolás Antonio, á doña Juana Contreras, Isabel de Vergara, Antonia de Nebrija, la Condesa de Monteagudo, doña María Pacheco, doña Mencía de Mendoza, marquesa de Zenete, doña Lucía de Medrano, que tuvo cátedra pública de clásicos latinos en la Universidad de Salamanca, y la famosa señora conocida por La Latina, doña Beatriz Galindo (1475?-1534), maestra en latín de la reina Isabel. El renacimiento no secó de repente las demás fuentes que alimentaban la cultura española. La filosofía la traían antes los nuestros de París, y siguieron trayéndola hasta que hubo aquí más grandes filósofos, como hubo más grandes teólogos que en París. La jurisprudencia siguió trayéndose del Colegio de San Clemente, de Bolonia, hasta que nuestros jurisperitos sobrepujaron á los venidos de Bolonia. No hay más que notar el lugar de impresión de las obras que citaremos para echar de ver los autores amamantados en aquellos centros de estudios.
=394.= Hay quien entiende por arte clásico aquellas obras pensadas con estudio, meditadas con espacio, como cosa grave y seria en la vida; aquel planear dando su justo lugar á los miembros; aquel pensar con sensatez y escribir con corrección; pesar las palabras, medir su cadencia, aquilatar su propiedad, engarzar sonoramente las frases, colorir de metáforas apropiadas el estilo, limar y retocar cien veces la expresión, refrenar la imaginación y contener la vivacidad y rauda del sentimiento, en una palabra, tener en la mano á la continua la regla y el compás de manera que, dominando siempre la inteligencia al corazón y á la fantasía, en todo se vea la mesura, la continencia del pensador y del escritor. Esto será talento equilibrado, ingenio discreto, ordenado y sano artista, si se quiere, y que, sin duda lo trajo el Renacimiento; pero no es ese el artista clásico verdadero. Otros entienden por arte clásico la pura imitación de griegos, latinos é italianos y aun franceses, la mucha lección de los antiguos, la erudición mitológica é histórica que revista hasta los pensamientos modernos. Mucho de esto hubo en la época del Renacimiento en Italia y en España; pero tampoco es más que arte de reflejo y de pueril remedo, que tenía que parar, como paró, en el culteranismo. El arte clásico ni rebaja el alto ingenio, reduciéndolo á discreto talento, ni menos á discípulo de una clase de retórica ó á erudito anticuario.
Arte clásico es el puramente griego, al cual se le acercaron, sin emparejar con él más que rarísimas veces, algunos romanos y algunos renacentistas. Arte clásico en España ha de hacerse con asuntos españoles, como con asuntos griegos se hizo arte clásico en Grecia; como aquél hundía sus raíces en las creencias populares de la Hélada, ha de arraigar aquí en las populares creencias españolas. Ha de ser sincero y natural, porque la naturalidad y verdad son el sano y verdadero fundamento del arte, huyendo de todo embuste de convenciones, erudiciones extrañas, efectismos hechizos y postizos y fines interesados que lo bastardeen y avillanen, y, sobre todo, de la afectación, que rebusca caminos extraordinarios y exquisitos para pasmar por lo inesperado y fuera de uso. Pero la nota distintiva del arte clásico, helénico, digamos, dentro de las dichas condiciones, que lo son de toda arte verdadera, es un cierto idealismo, no simbólico ni lejano, sino natural é inmediatamente nacido de la realidad, contemplada por el hombre pensador, que no es frío fotógrafo de la naturaleza. Suelen oponer al arte idealista el arte naturalista ó realista, y de hecho pueden notarse una y otra tendencia, exagerada en muchas obras de arte; pero no ha de creerse que el arte helénico ó clásico verdadero sea contrario al arte que remede y tome cuanto pueda del natural y de la realidad, antes es su fundamento, bien que harto desconocido por los seudoclasicismos que fuera de Grecia han señoreado las literaturas posteriores. El idealismo que distingue al arte clásico es como el alma que el ingenio del artista sopló dentro de lo natural y real vivificándolo, humanando, por decirlo así, lo material; mejor digamos divinizándolo y endiosándolo, porque aquel ideal clásico consistía en levantar, no sólo la naturaleza física, sino las acciones humanas mismas hacia la naturaleza sobrehumana, que concebían ser la vida de sus dioses, hacia aquella soberana serenidad y plácido reposo, que ideaban orear las cimas del Olimpo, morada de los inmortales, bañándoles de alegre beatitud sin mezcla de las perturbaciones y rastreros apetitos, que empañan, cuando no enlodan, á los tristes que vivimos en casas de lodo y piedra. La sana y robusta concepción de la vida, con la alegría del vivir, que hoy dicen, sólo creían competir de lleno á los bienaventurados, que así llamaban á los moradores del Olimpo, y esa vida plácida y serena, esa belleza inmarcesible y sin mancilla, que Platón llamó la idea de la belleza, era la que fantaseaban los artistas griegos como ideal del arte y la que supieron infundir en sus obras, alzando de esta manera de la tierra la naturaleza insensible hasta humanarla primero por el antropomorfismo de su mitología y endiosarla después á ella y á la misma humanidad y acciones humanas y como emparentándolas con los dioses. Tal es la serenidad y grandeza más que humana que destella de las estatuas griegas, de la epopeya, de la tragedia, que no parece sino que sosiega el ánimo del que contempla aquellas obras de arte, y le concierta y le asienta los afectos desasentados y desconcertados, bañándole todo en una sana placidez, reflejo de la que respiran en el Olimpo los inmortales. Clásicos entre los modernos son fray Luis de León y Cervantes, Hugo Fóscolo y Leopardi, Andrés Chénier y Goethe, en las Elegías Romanas y en Ifigenia. El mismo Eurípides decayó algún tanto de la soberana alteza clásica, según le reprochaban los mismos críticos griegos, por expresar demasiado humanamente las pasiones, desdiciendo de la antigua é ideal serenidad. De aquí aquella armonía en el plan, en los pensamientos, en el estilo, tan contraria á las disonancias del que llamaron romanticismo en el siglo XIX; de aquí aquella paz del alma que mostraban los artistas clásicos, tan lejana á la agitación y tumulto de los nervios, que hoy tanto se pretende; de aquí aquel "buscar el reflejo de los universales, como dice M. Pelayo, y el sello y la impresión de las leyes eternas é inmutables", en una palabra: la idea, en el sentido platónico, mientras que muchos hoy anhelan por lo particular, lo mudable, el accidente, la aberración; de aquí el seguir el desarrollo lógico y no sustituirle con el interés de la curiosidad, el golpe mecánico y brutal del efecto y "creer, como añade el mismo autor, que el arte acaba en el conflicto y en el problema moral, cuando precisamente allí empieza, sin que esa lucha deba ser otra cosa que el prólogo necesario para que triunfe la perenne sophrosyne y reduzca, domeñe y purifique los inferiores afectos de terror y compasión, levantando el alma de las miserias de la vida con la majestad solemne de un cántico sagrado ó de una iniciación religiosa". (Estud. de crít. liter., Mart. de la Rosa).
=395.= Comparadas las literaturas griega, latina y castellana en los asuntos predilectos, la griega se distingue principalmente por el asunto religioso de su mitología, ya desenvolviendo las leyendas de sus dioses, ya las de sus héroes, hijos de ellos. La Ilíada, la Odisea, la tragedia, el epinicio, la lírica coral, no salen de este círculo. La oratoria y la historia tienen naturalmente sus materias propias, así como la filosofía. La literatura latina, en cuanto se acerca á la griega y es su imitación en la poesía de su mejor época, revolotea en torno de la misma mitología; pero en lo que tiene más de romana atiénese á la política, ya en la oratoria, ya en la jurisprudencia, ya en la historia, tres ramas que nacen del tronco puramente romano, del "Tu regere imperio populos, romane, memento". El asunto más favorecido de la literatura castellana es sin duda la moral práctica. Desde Séneca á Gracián, pasando por los dos Arciprestes, por Rojas, Mateo Alemán, Cervantes y Quevedo, desde la mística, digamos mejor ascética, hasta la picaresca, desde la novela hasta el teatro, domina la nota ética en todos los tonos.
Cuanto á la cualidad estética principal, la literatura griega se distingue por el ideal ya declarado, por la mesura, el límite, el ne quid nimis; la latina, por el color oratorio y retórico; la castellana, por la fuerza del realismo. De aquí que la elegancia y la sutileza lleven la prima en Grecia, la redondez y grandeza en Roma, el empuje de tonos y colores en España. Y es que los dioses y los héroes habían de cantarse con serenidad olímpica; la urbs, con la ampulosidad de su dominio, y las costumbres ó moral práctica, con el brío y color de la realidad de la vida. Por eso sobresale Grecia en la epopeya y en la tragedia; Roma, en la oratoria y la jurisprudencia; España, en la ascética, en la picaresca y en la comedia. La epopeya y la tragedia bastardearon al salir de Grecia, convirtiéndose en ejercicios eruditos; la oratoria, al pasar á España, llegaba ya convertida en retórica, por la pérdida de las libertades republicanas, y retórica siguió siendo en España. Lo nacional aquí fué la picaresca, la ascética y la comedia, géneros verdaderamente nuevos, hasta la última, que en sus procedimientos, hallados por Lope de Vega, y aun antes por los primitivos dramaturgos, nada debe á los del teatro griego y son enteramente contrarios. La novela española se espacía en manos de Cervantes sobre la italiana del Boccaccio como el águila sobre los pájaros de la arboleda. La novela cervantina no es, con todo, más que la condensación de los demás géneros literarios que pintan y critican las costumbres.
=396.= El renacimiento español no está, como el renacimiento italiano, en la pura imitación de lo greco-romano, y más de lo romano que de lo griego; ni menos, como el renacimiento francés, en el falseamiento de lo griego por el espíritu cortesano y el apocado tinte de elegancia de salón, que le dió el seudoclasicismo; ni como la filología moderna alemana, en el amazacotado almacenaje de una ciencia greco-romana al menudeo, verísima, pero que amontona eruditamente todos los cascotes que quedaron entre sus ruinas, habiendo volado el espíritu estético que las alentaba. El alma nacional española era entonces demasiado grande para entretenerse en juguetear imitando hasta el fondo pagano; era sobrado aventurera y rodeadora de mundos antes desconocidos para acorralarse en frivolidades cortesanas; era harto bullidora y briosa para encerrarse en museos y bibliotecas, clasificando hechos, apurando citas y cerniendo erudiciones. El alma española borboteaba entonces bríos y energías por todo el mundo, estaba henchida de hechos y realidades tan hazañosas que casi tocaban á las más desaforadas aspiraciones que fantaseada, estaba empapada en los sentimientos más hondos del cristianismo, hasta el estoicismo en lo moral, la intransigencia en el dogma, el misticismo en el pensamiento. Tenía que ser el renacimiento español, por consiguiente, de empuje, personal y característico, realista y exagerado de tintas y sentimientos, espiritual y cristiano hasta el arrobo. Mal cuadraba la serena objetividad, la belleza superficial de la pura forma, nota distintiva del arte clásico, á una alma ensimada en la lucha interior cristiana de vicios y virtudes y arrobada en la contemplación de la nada del hombre y del universo, de la inmensidad y eternidad de Dios y de la vida futura.
Por la fuerza de la personalidad ó conocimiento del propio valer nacional el renacimiento clásico espoleó en España el renacimiento del arte popular ó, mejor digamos, lo hizo salir del pueblo y lo llevó al arte erudito, á la literatura escrita. Por el vivaz realismo no pudo aquí prosperar lo simbólico, ni el remedo é imitación, ni idealismo de ninguna especie, sino que se coloreó más y más, y más y más rechinante y sincero fué el arte. Por el espíritu cristiano y místico no pudo encarnar en nuestra arte el espíritu mundano y material del puro alegre vivir de la gentilidad, sino que la hizo romántica, mística y espiritual. Por la bandera que levantó contra la Reforma protestante, á causa de tener que reprimir el Emperador las revueltas de sus súbditos alemanes, no entró en España el descreimiento y el paganismo; antes el arte se hizo cada vez más católico y espiritualista. Por todo lo cual alguien ha negado hubiese en España renacimiento. ¿Cómo iba á revivir el espíritu pagano y material en el pensar y en el ceñirse á la forma exterior en una nación cuya divisa era el cristianismo, esto es, lo más espiritual y místico, lo más contrario al paganismo? Si eso nada más es el renacimiento, no hubo renacimiento en España. Pero hubo aquí cierto afortunado consorcio del hondo pensar cristiano, eterno y espiritual, con la delicadeza y blandura de las elegancias en la expresión y forma que trajo el renacimiento. ¿Quién no lo ve en la poesía de León y en la prosa de Cervantes? ¡Cuán en estrecho nudo no se enlazan y funden lo espiritual y místico del pensar en la oda á la Ascensión, por ejemplo, con la horaciana elegancia, digo más, con la serenidad helénica de la expresión! ¡Cuán maravillosamente no se casan en el Quijote la áurea amplitud y exquisito humanismo de la expresión clásica y el pensar hondamente cristiano y castizamente popular de todos los personajes de la novela! Y no solamente en la exterior forma de decir está el espíritu clásico, sino en el humanismo del tratar y concebir las cosas, con tal de no descantar un punto del dogma y de la moral cristiana. Las elevaciones platónicas se armonizan en el pensar cristiano nacional con las precisiones aristotélicas y escolásticas por manera más levantada que en Cicerón, por ejemplo, merced á la inmensa capacidad que dentro de la doctrina cristiana, más dilatada que el universo, puesto que retrae en su tanto la infinidad del Criador de todo, halla toda manera de pensar que esté limpia de error y toda manifestación estética de cualquier pueblo y siglo que sea. Nuestros autores entraron á saco en Grecia y Roma y se apropiaron cuantas preseas hallaron de valor, y mucho antes que otros pueblos trajeron al arte nacional cuanto hallaron en el inmenso mar de la literatura hebraica y en sus comentadores, los Santos Padres. Tanto de hebraico como de clásico tiene Fray Luis de León, y nuestros místicos y ascéticos sobrepujan á los Padres de la Iglesia más elocuentes en fundir armoniosamente el pintoresco y popular realismo español con los elementos de doctrina y forma, sacados tanto de los gentiles como de los judíos. En esto consiste la grandeza de nuestra llamada mística, la obra más española y característica de la literatura castellana, hoy poco conocida á fondo por ser tan extraña al pensar moderno, material y anticristiano. El empuje renacentista, sin embargo, arrolló no pocas veces el arte nacional, como sucedió con las frías novelas pastoriles clásicas, que estuvieron un tiempo de moda á fines del siglo XVI, quedando arrumbada la poesía pastoril de nuestros primeros dramaturgos Enzina y Vicente, y acabó con todo el arte nacional en el siglo XVII, pues hijuelas del clasicismo fueron el gongorismo y el conceptismo, como naturales frutos de un arte ajeno, de la imitación y de la afectación consiguiente, y así su más propio nombre fué el de culta latiniparla, que le dió Quevedo. Y ésta es la razón, por muchos no vislumbrada, de haber sobrevenido este mal gusto y decadencia á todas las literaturas de Europa y al mismo tiempo, como que era consecuencia del arte clásico, postizo y de imitación, que señoreó en todas partes y tenía que nacer cuando el brío personal de las nacionalidades, tan robustas antes, venía ya á menos. Durante el siglo XVI nuestra nación sintióse tan fuerte, que sacó del clasicismo el provecho que podía de él sacarse; pero en descaeciendo el espíritu nacional, á principios del siglo XVII, no bastaron los mayores ingenios, Góngora, Tirso, Quevedo, Gracián, para contrarrestar los naturales efectos de un arte extraño y fueron arrollados por él, antes bien, sin querer, fueron ellos los que le rindieron parias y vasallaje más que nadie, fueron ellos mismos autores de la culta latiniparla, del mal gusto, de la decadencia literaria. "El renacimiento español no tiene la frialdad ni la objetividad materialista ni esa semicondición de pastiche, que hace antipáticos y secundarios al renacimiento francés y al italiano. En la arquitectura plateresca, al revés, hay calor y sentimiento, cierto misticismo sereno, discreto y amable y una gran sinceridad. El renacimiento italiano y francés, principalmente el primero, interrumpieron la evolución lógica del arte; los hombres de aquella época, como se sabe, pretendieron resucitar el arte griego y el romano, sin pensar en que catorce siglos de cristianismo habían ya ahondado su espíritu en el corazón de la humanidad. Así, los dioses de los artistas del renacimiento no evocan jamás los dioses griegos y romanos, y sus santos, pintados sin fe, simulan zurdamente la santidad. Nada de esto sucedió en España. La arquitectura plateresca, que continúa en cierto modo el arte medieval, es cristiana, castiza y realista, y se diría que ha surgido espontáneamente, como una expresión natural del estado de las almas". Así Manuel Gálvez (El Solar de la raza). Todavía se echa esto mejor de ver en la pintura. Mientras la italiana paganiza sus santos, desnudándolos de aquel celestial misticismo de Fra Angélico para engrosarles muslos y espaldas á lo Miguel Ángel y materializarlos enteramente, la pintura española llega al más alto grado de expresión cristiana y mística, y ni los pintores españoles que van á Italia traen de allí el paganismo, sino ciertos toques de humanismo y delicadeza, de grandeza olímpica y serenidad clásica, que saben maravillosamente casar con el realismo español y el misticismo cristiano, ni los pintores italianos que vienen á España tienen valor para persistir en su paganismo, cuanto menos poder para imponerlo á los españoles, antes se españolizan en el grado que admiramos en las obras del Greco. Lo que pasó en arquitectura y en pintura puede servirnos de ejemplo para entender lo que en literatura pasó. Nuestros autores de los siglos XV, XVI y XVII tomaron del clasicismo lo que nuestros pintores, quedando hondamente cristianos y realísticamente españoles. Ahora bien, esto no es decir que no hubo renacimiento en España, como algunos por ahí propalan, sino que lo supieron los españoles aprovechar mejor que nadie, no desnacionalizando ni despersonalizando el arte, como italianos y franceses, no paganizándolo ni descristianizándolo, sino reforzando y retocando el arte realista y cristiano con los elegantes matices del humanismo clásico. Que si por clasicismo y humanismo, si por renacimiento entienden el olvidar las cualidades nacionales y el espíritu cristiano, para echarse en brazos del paganismo y del culto á la materia, cierto no hubo semejante renacimiento en España y ni fuera bueno lo hubiera, porque para arquitectura, escultura, pintura y literatura de mera imitación clásica, de feo maridaje entre Cristo y Belial, entre el espíritu cristiano y el de la pura carne, hartos monumentos nos dejaron los italianos y franceses, quedando, por supuesto, siempre muy por bajo de los dechados que imitaban, como tiene por ley que acontecer en toda imitación; pero no hubiéramos tenido el arte realista y místico, que en escultura, pintura y literatura admiran cada vez más los entendidos y que sobrepuja en valer estético á todo el clasicismo imitativo del renacimiento, como tiene que sobrepujar lo personal á lo prestado, lo vivido á lo copiado, lo natural á lo postizo, lo popular y nacional á lo erudito y extraño.
=397.= Como acaso no faltará quien halle contradicción entre el realismo, que caracteriza la literatura y el arte español, y el misticismo cristiano, que es su verdadero espíritu, aunque el que tal contradicción halle da muestras de no conocer el arte español, conviene aclarar entrambos conceptos, de suyo clarísimos. El espíritu del arte español es cristiano y por consiguiente más ideal todavía que el que animó al arte helénico, cuanto nuestra religión es más sobrehumana y rebasa las lindes mismas del humano entendimiento. Todo el ideal platónico y olímpico de Grecia es nada si se compara con el soberano ideal de nuestro Dios infinito, y de su Iglesia y de la doctrina del Evangelio, que Jesús trajo al mundo, y con la inmortalidad de las almas. Pero el modo de expresión, en que el arte consiste, puede ser más ó menos realista y concreto. El Apolo de Belvedere, por ejemplo, es un hombre perfectísimo, cual los griegos alcanzaban á concebirlo y cual su ideal de la humanidad sana, olímpica y serena supo tallarlo. La escultura del San Francisco, de Alonso Cano, en la catedral de Toledo, lleva consigo un ideal todavía superior, el ideal del santo cristiano, que está muy por cima del ideal del dios olímpico pagano. Ved, con todo, qué expresión de hombre real y de vida tiene la estatua de San Francisco. El Apolo no vive, ni tiene pupilas siquiera, es el hombre idealizado; el San Francisco es el ángel humanado, es el ideal cristiano tan realistamente expresado, que es hombre vivo. Los griegos dejaban sin pupilas sus estatuas cabalmente porque por ellas sale la vida del alma, y ellos pretendían expresar hombres endiosados tan serenos y sin la lucha de las pasiones humanas como concebían á sus dioses en el Olimpo. Los cristianos pintaron esa lucha en los ojos de sus esculturas porque pretendieron expresar hombres vivientes en este mundo, sin por eso dejar de poner en ellos el espíritu del ideal misticismo que les animaba. Esto de los ojos es un símbolo, pues en todo lo demás, gestos y posturas, los griegos expresaban la misma serenidad olímpica, y los cristianos, las luchas del alma y de la vida. Y esa serenidad es el sello de la arquitectura griega, así como esa vida y espíritu es el sello de la arquitectura cristiana. La expresión de la realidad viviente es del arte cristiano, pero, sobre todo, del arte español, el cual, con todo eso, expresa el más elevado ideal cristiano, el misticismo, pero de otra manera más encubierta, como latiendo debajo de aquella forma viva y realista en la cual se encarna. Más común es todavía exagerar la adustez y la tristeza del arte español, pero no es menos falso. Adusto y triste es lo cristiano para el mundano, para la carne, para el que sólo busca carnales deleites. Tales son hoy día los que hallan adusto y triste el arte español. Los libros de San Juan de la Cruz están rebosando alegría, pero alegría espiritual, con tratar del renunciamiento á todos los placeres mundanos. El arte español se hizo para españoles, para cristianos; los modernos, mundanos y paganos, no saben entenderlo, porque no saben leer el alfabeto cristiano, que no es arte, sino expresión, y se lee una obra de arte como se lee un libro. Para los extranjeros modernos y para los extranjeros anticatólicos antiguos el arte español está en algarabía y así lo hallan triste y adusto, como tan opuesto al concepto que tienen formado de la vida. Pero ¿hay nada más apacible que las Moradas, que fray Luis de León, que la Subida al monte Carmelo? ¿Hay cosa más luminosa y alegre que la Noche escura? ¿Hay catedral más graciosa que la de León, más elegante que la de Burgos, más esbelta que la de Sevilla, más triunfal que la de Toledo? ¿Dónde está en estas catedrales españolas la adustez, la tristeza? Claro está que tristes y adustas las hallará la bailarina parisiense que se viniese á verlas; pero yo os aseguro que no menos tristes hallaría sus bailes parisienses si pudiera irlos á ver un San Juan de la Cruz. Ahora, comprendido el contraste que hay entre el espíritu cristiano de la España antigua y de su arte y el de los pueblos europeos de aquella misma época, que se habían pasado al campo de los herejes y de los de hoy todavía más anticristianos que aquéllos, incapaces de comprender la alegría del triunfo del cristiano sobre el mundo, del desasimiento de todo sobre los placeres de la carne, fácil cosa será de ver por qué llamaron y llaman adusto y triste al arte español los que no tuvieron ó no tienen el añejo y cristiano espíritu de aquellos españoles. Y lo que más es, con esto mismo se comprenderá el porqué de la negra leyenda forjada antiguamente entre los herejes de los Países Bajos, de Inglaterra y Alemania, sobre España, sobre su crueldad y sobre la adustez de su arte, y, en una palabra, se comprenderá la razón de la inquina de la civilización moderna contra la España que fué y aun la España que es, en cuanto la creen heredera de aquélla en el espíritu cristiano. Éste es el punto capital en materia de crítica cuando se trata de cosas españolas. Gracias que las luchas religiosas no llegan á algunas almas serenas de pensadores modernos, los cuales van cayendo en la cuenta y admirando cada vez más el arte personalísimo español. Pío Baroja, novelista nada reaccionario, ha escrito: "Salamanca parece demostrar en sus calles que el pueblo español, además del brío y de la violencia en la vida y en el arte, guardaba un fondo de gracia suave, hoy quizá perdida". Las fachadas de San Esteban y de la Universidad dan un terrible mentís, efectivamente, á los que tienen por adusto y sin gracia el arte español y ponen bien de manifiesto el feliz desposorio del arte místico y realista nacional con el arte del renacimiento, y Salamanca, respirando hondo misticismo español y elegante alegría clásica, vale más que cualquiera de las grandes ciudades europeas, si la espiritualidad que allí todavía se huele y se palpa vale algo más que el burgués materialismo que á ellas fríamente las embellece.
=398.= Año 1474. RODRIGO DE COTA DE MAGUAQUE, llamado el tío y el viejo, para distinguirle de otro más joven, fué toledano y judío converso, que azuzó al populacho contra los de su nación, lo cual afiló la pluma de su antiguo correligionario Antón de Montoro para endilgarle las coplas de Gentilhombre de quien so. Murió antes de 1495, ignorándose la fecha de su nacimiento. Lo que le inmortalizó fué el Diálogo entre el amor y un viejo, en 70 estrofas de nueve versos cada una, obra que pudo y hemos visto representar en Madrid, y de hecho es un pequeño drama filosófico, que va derecho al desenlace, de acción sencilla, estilo natural, lenguaje castizo, lucha de pasiones.
Tuvo imitadores y aun añadidores. Así en un códice de la Biblioteca Nacional de Nápoles, hallado por Alonso Miola. Así Juan del Enzina en El Triunfo del Amor, en la Égloga de Cristino y Febea.
=399.= Su origen judío se saca de unos versos suyos, dados á luz por Foulché-Delbosc en la Revue Hispanique, 1894, marzo, y cuyo manuscrito está en la Nacional (K-97), y parece fueron escritos después de 1472. En el Cancionero de 1511 se describe así el argumento del Diálogo: "Obra de Rodrigo de Cota, á manera de diálogo entre el amor y un viejo, que, escarmentado de él, muy retraído, se figura en una huerta seca y destruída, do la casa del Placer derribada se muestra, cerrada la puerta, en una pobrecilla choza metido, al cual súbitamente paresce el Amor con sus ministros; y aquél humildemente procediendo y el Viejo en áspera manera replicando, van discurriendo por su fabla, fasta que el Viejo del Amor fué vencido", y luego burlado del Amor y despreciado como una espuerta de huesos, con el consiguiente contraste dramático.
Además de incluirlo todas las ediciones del Cancionero general, se imprimió con las Coplas de Jorge Manrique, con las de Mingo Revulgo y las Cartas de refranes, de Garay, por ejemplo, en las ediciones de Alcalá, 1564; Madrid, 1632. También en el libro de Refranes, de Oudin, París, 1609; Lyon, 1614; Bruselas, 1634, etc. Reimprimióse, con La Celestina, por Amarita, en 1822; en los Orígenes, de Moratín; en la Floresta, de Bölh de Faber; en el Romancero, de Durán.
=400.= Rodrigo de Cota de Maguaque. Diálogo entre el Amor y un Viejo, Biblioteca Oropesa, t. IV, reimp. en Cancionero general de Hernando del Castillo, ed. Soc. de Biblióf. Españoles, 1882, t. I, págs. 297-308; Εpithalame burlesque, ed. R. Foulché-Delbosc, en Revue Hispanique (1894), t. I, págs. 69-72. Consúltense: A. Miola, Un testo dramatico spagnuolo del XV secolo, etc., en In memoria di Napoleone Caix e Ugo Angelo Canello. Miscellanea di filologia e linguistica (Firenze, 1886), págs. 175-189; M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, t. VI, págs. CCCLXXVI-CCCLXXXIV; A. Bonilla, Anal. de la lit. esp., 1904, pág. 164.
En 1475 JUAN MARBRES, catalán, canónigo de Tortosa, escribió Quaestiones in octo libros Physicorum, Padua.
=401.= Año 1476. JORGE MANRIQUE (1440?-1479), señor de Belmontejo, hijo cuarto del conde de Paredes, don Rodrigo, y de su primera mujer doña Mencía de Figueroa, sobrino de Gómez Manrique, nació probablemente en Paredes de Nava, cabeza del señorío de su padre, en la provincia de Palencia. Partidario, como todos los suyos, del infante don Alonso, derrotó cerca de Ajofrín á don Juan de Valenzuela, recobrando para don Álvaro de Estúñiga, su primo, el Priorato de San Juan, de que le había querido desposeer don Enrique IV. Asistió en 1474 á la elección de Maestre de Santiago, que en Uclés hicieron en favor de su padre, logrando él mismo uno de los trecenazgos de la Orden. Defendió en 1475 el campo de Calatrava por la Reina Católica contra el Marqués de Villena, sostuvo con su padre el asedio de Uclés contra el mismo y el Arzobispo de Toledo, quedando el castillo por el Maestre. Con Pedro Ruiz de Alarcón tuvo como capitán una compañía de hombres de armas en 1478 en la campaña contra el mismo Marqués de Villena; pero, según cuenta Hernando del Pulgar, "se metió con tanta osadía entre los enemigos, que por no ser visto de los suyos para que fuera socorrido, le firieron de muchos golpes y murió peleando cerca de las puertas del castillo de Garci-Muñoz, donde acaeció aquella pelea". Fué sepultado en la iglesia vieja del convento de Uclés, donde vió su sepultura Garibay.
Sus poesías erótico-cortesanas son como las comunes de sus coetáneos, aunque se distinguen por cierta sencillez agradable. Las que le han hecho célebre son las por antonomasia llamadas Coplas de Jorge Manrique por la muerte de su padre (1476), una de las poesías más delicadamente sentidas y más conocidas de todo el mundo entre cuantas se han hecho en España. De las 43 coplas, 17 tratan del elogio fúnebre del Maestre, con entonación de verdadero himno triunfal, no con lloriqueos ni sentimentalismos más ó menos afeminados, como preparación que son para elevarse en alas del mismo soplo filosófico y cristiano, que bullía en el pecho de los escritores bíblicos y en nuestra España en el pecho del Arcipreste de Hita, á las soberanas alturas desde donde se abarcan los estragos de la muerte y la deleznable caducidad de las cosas humanas. Semejante alteza de pensamientos, expresada con desusado brío, con verdad rajante, con colores de fuego, ha inmortalizado estas Coplas, que sobrepujan al género común elegíaco, entretenido en los sentimientos personales del poeta, pues ensanchando la consideración y generalizando el dolor á toda la humanidad, toma un tinte de eternidad que frisa en lo que llamamos sublime.
El asunto es tan común, que no hay para qué devanarse los sesos buscando las fuentes de donde lo sacó; lo original de Jorge Manrique está en haber sabido tratarlo con la verdad con que sintió la muerte de un tan esclarecido varón y padre suyo, de suerte que dejándose de las erudiciones trasnochadas y frías con que otros lo habían antes de él tratado, vistió con la gracia serena y melancólica gravedad de su propio genio los hechos desgraciados que él mismo había contemplado durante su vida. De aquí el color, el realismo, la verdad en suma, que lleva hasta el fondo del alma los levantados pensamientos y el dolor universal en que su personal dolor se transforma, que sosegada y melancólicamente va cayendo en ella con impresión inenarrable. El metro es acomodadísimo con aquellas caídas de pie quebrado en que parecen á vueltas derrumbarse las grandezas humanas.
=402.= Sobre la vida de Jorge Manrique véase Luis de Salazar, Historia de la Casa de Lara, 1. X, c. XV. Alonso de Fuentes, en su Libro de los cuarenta cantos (1550), dedicó un romance á la muerte de Jorge Manrique, que concuerda con la narración de Pulgar y prueba que Mariana confundió el encuentro en que murió el poeta con otro anterior en que fué desbaratado por Pedro de Baeza en el Cañabete. Las poesías de Jorge Manrique son unas cincuenta, que se hallan en el Cancionero, de Hernando del Castillo (1511), dos reproducidas en el Cancionero de obras de burlas provocantes á risa (1519) y otras en los Cancioneros de Toledo (1527), y Sevilla (1535). Juan Valera, traduciendo de Schack en el metro de Jorge Manrique la elegía que el poeta rondeño Abul-Beka hizo en tiempo de San Fernando y de don Jaime el Conquistador para llorar la pérdida de Córdoba y Sevilla, Valencia y Murcia, afirmó que "Jorge Manrique hubo de conocer los versos del poeta arábigo". Pero prescíndase del metro, que ilusiona más de lo que parece, y leída la elegía arábiga en árabe ó en otras traducciones prosaicas, como la francesa de Grangeret de la Grange del 1828, la castellana de León Carbonero y Sol, la alemana de Schack, ya no es tan ceñida la semejanza. El empleo de la interrogación es cosa que tan naturalmente ocurre al cantar la poquedad y fin de las glorias mundanas, que no puede considerarse sino como casual en ambas composiciones. Los pensamientos, las sentencias, las imágenes de las Coplas se hallan en cuantos libros se leían en el siglo XV, de la Escritura, de los Santos Padres, de los moralistas y poetas castellanos, como puede verse en Menéndez y Pelayo. Ticknor, Hist. de la lit. esp.: "Son versos que llegan hasta nuestro corazón, que le afectan y le conmueven, á la manera que hiere nuestros oídos el compasado son de una gran campana, tañida por mano gentil y con golpes mesurados, produciendo cada vez sonidos más tristes y lúgubres, hasta que por fin sus últimos ecos llegan á nosotros como si fueran el apagado lamento de algún perdido objeto de nuestro amor y cariño". Longfellow, en su excelente traducción de las Coplas: "Es un modelo en su línea, así por lo solemne y bello de la concepción como por el noble reposo, dignidad y majestad del estilo, que guarda perfecta armonía con el fondo". Lope de Vega dijo que merecían estar escritas con letras de oro. Mariana las califica de "trovas muy elegantes, en que hay virtudes poéticas y ricos esmaltes de ingenio y sentencias graves á manera de endecha".
La más antigua edición parece ser la del Cancionero llamado de fray Íñigo de Mendoza, probablemente de Zamora, hacia el 1480; después se imprimió en las Coplas de Vita Christi, Zaragoza, 1492; en el Cancionero de Llavia, Zaragoza (siglo XV). Añadiéronse al Cancionero general desde el 1535, por lo menos. Hiciéronse siete glosas en verso y una en prosa. La del licenciado Alfonso de Cervantes, corregidor que fué de Burguillos, Lisboa, 1501, y última edición, Cuenca, 1552. La de Luis de Aranda, vecino de Úbeda, Valladolid, hacia el 1552. La del capitán Francisco de Guzmán, León de Francia (sin fecha); Amberes, 1558, 1598; Madrid, 1799. La del cartujo don Rodrigo de Valdepeñas, prior del Paular, Alcalá, 1564, 1570, 1588; Sevilla, 1577; Huesca, 1584; Madrid, 1614, 1632. La del Protonotario Luis Pérez, natural de Portillo, cerca de Valladolid, Valladolid, 1564. Cerdá y Rico reimprimió estas cuatro glosas en 1779. Además las dos de Jorge de Montemayor, una con sus Obras, Amberes, 1554, y en pliego suelto, Valencia, 1576; otra en pliego de la Biblioteca Nacional de Lisboa; y la de Gregorio Silvestre, la mejor de todas, en sus Obras, Granada, 1582, etc. Fray Pedro de Padilla, Jardín Espiritual (1585), y Camões, Carta terceira, las imitaron. Tradújose al latín en dísticos (Gallardo); en inglés, Revista de Edimburgo, 1824 y Longfellow, Boston, 1833; en francés algunas estrofas por Maury, L'Espagne Poétique, 1826, y Puymaigre (1873). Luis Venegas de Henestrosa les puso música, Libro de cifra nueva para tecla, harpa y vihuela, Alcalá, 1577.
Jorge Manrique. Coplas por la muerte de su padre, ed. R. Foulché-Delbosc, Madrid, 1912; ed. Biblioteca Oropesa, t. II. Consúltese: Μ. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. VI, páginas CIV-CLI.
=403.= Los Fueros de Aragón fueron impresos entre 1476 y 1481. Véase Bibliografía zaragozana del siglo XV, por un bibliófilo aragonés (don Juan M. Sánchez).
En 1476 acabó JUAN DE SOCARRATS In feudorum consuetudines Cataloniae Principatus Commentaria, impresos en 1551.
=404.= Año 1477. MOSÉN UGO DE URRÍES tradujo el Valerio Máximo, transferido del latín en lengua francesa por maestre Simón de Hedin maestro de santa theologia, Zaragoza, 1495. En esta edición se dice que la traducción fué hecha el 1467; pero ya notó Latassa que no se hizo hasta el 1477. Efectivamente, en 1466 fué Urríes enviado de Embajador de Alfonso V de Aragón á Inglaterra y en 1477 lo fué, no sólo de Inglaterra y Borgoña, sino también de Flandes, y hallándose tres años después desempeñando esta triple embajada en Brujas hizo la traducción, por haberle prestado el duque Carlos de Borgoña un ejemplar de la versión que Simón de Hedin y Nicolás de Gomiesa hicieron en francés del original latino. (Bibliograf. zaragozana del siglo XV.) Además Sevilla, 1514; Alcalá, 1529.
=405.= Año 1477. ALONSO DÍAZ DE MONTALVO murió muy viejo después de 1492, ejerció cargos con don Juan II y Enrique IV y fué consejero y oidor de los Reyes Católicos, por cuyo encargo coleccionó las leyes y ordenanzas conocidas con el título de Ordenamiento Real. Suyas son las glosas del Fuero Real y de las Partidas. En 1477 publicó el Repertorio alfabético del Derecho. En 1484, las Ordenanças reales de Castilla ú Ordenamiento Real ó de Montalvo, Huete; Zamora, 1485; Burgos, 1488; Zaragoza, 1490: se duda si tuvo fuerza de ley. Los Reyes Católicos formaron un cuaderno de decisiones, que se publicó en las Cortes de Toro de 1505, al jurarse á doña Juana, su hija: son las Leyes de Toro. Libro de Leyes, Zamora, 1484, 1485; Venecia, 1501. Las Siete Partidas glosadas, 1491. Fuero Real Glossado, 1500, al cual acompañan los curiosos opúsculos De Consilio Regis, De los que no obedecen al mandamiento del Rey, De Doctrina addiscendi, Del procedimiento contra el reo ausente, De la excelencia del matrimonio, De la potestad del Papa y del Rey ó Emperador, De la unidad de los fieles, De la conversación con mujeres, etc. Consúltese: Elogio del Dr. Alf. D. de Montalvo, por Fermín Caballero, Madrid, 1870; del mismo, Conquenses, Madrid, 1873.
=406.= Año 1479. EL MAESTRO PEDRO DE OSMA, catedrático de Prima en Salamanca, en la segunda mitad del siglo XV. Trabajos de corrección del texto de la Vulgata. Escribió De confessione (libro herético), que refutaron Ximénez de Préxamo, Juan López, Pedro Díaz de la Costana, etcétera. Super libros Metaphysicorum, después traducido al castellano. De comparatione Deitatis propietatis et personae disputatio seu repetitio. Commentaria in simbolum quicumque vult salvus esse. In ethicos Aristotelis libros Commentaria, Salamanca, 1496. El arzobispo Alonso Carrillo juntó en Alcalá á los mejores teólogos de su diócesis y, después de oídos, condenó como heréticas las proposiciones de Osma (1479), y Sixto IV confirmó la sentencia.
Don Francisco de Toledo, obispo de Coria, escribió, en tiempos de Sixto IV (1471-1484), Theologico-iuridicum contra eos qui ad dividenda et conferenda privatis factionibus regna impotenter aguntur, commentarium. Conciones.
=407.= Año 1480. FRAY ÍÑIGO DE MENDOZA, franciscano, cuya libertad evangélica, vena satírica y privanza cortesana le granjearon envidias y detracciones por parte de algunos trovadores menos atendidos ni atendibles, fué el poeta más leído de su tiempo, y con razón, pues á la facilidad y suavidad en el versificar juntó un tono satírico sincero, una unción devota, sencilla, y, lo que más es, supo hermanar la cortesana elegancia de los antiguos trovadores eruditos con el arte popular, que en los anteriores poetas andaba todavía como en manos del vulgacho y con fray Íñigo sube á los estrados. Fué de los primeros, en efecto, que contribuyeron á enlazar en estrecho nudo las dos tendencias artísticas, la clásica ó erudita y la popular, á injerir en la fría vena de los trovadores cortesanos aquella sangre popular por ellos menospreciada, cuyas pocas muestras conservadas del Mio Cid, del Arcipreste de Hita, etc., son la única verdadera y eterna poesía que admiramos entre el fárrago erudito, seco y leñoso de la poesía medieval castellana. Él fué quien levantó el romance, cuyo origen se desconoce, por desconocerse toda la poesía popular anterior, menospreciada por su homónimo el Marqués como propia de la gente "de baxa e servil condicion", quien lo sacó de la oscuridad y lo llevó á los palacios. Esta savia popular en el fondo y en la forma hizo se leyesen tanto sus versos, porque los llenó de verdadera poesía. El desposorio de la musa erudita con el arte popular, inconsciente y por lo mismo natural y humano, quedaba consumado: desde entonces, hubo en España poesía verdadera.
Las obras de fray Íñigo son, ante todo, el poema de Vita Christi, después el Sermón trovado sobre las armas del rey don Fernando, el Dictado en vituperio de las malas mujeres y alabanza de las buenas, las Coplas en loor de los Reyes Católicos, la Cena que Nuestro Señor fizo á sus discípulos, el Dechado de la reina doña Isabel, la Justa razón contra la sensualidad, los Gozos de Nuestra Señora, la Pasión del Redentor, las Coplas al Espíritu Santo, y la Lamentación á la quinta angustia, quando Nuestra Señora tenía á Nuestro Señor en sus brazos. La más celebrada fué el Vita Christi, que llega solamente á la degollación de los inocentes, con ser bien larga, á causa de las digresiones morales y satíricas con que está salpicada la narración. Está en quintillas dobles por la mayor parte, y contiene además himnos, romances y villancicos, y una escena dramática del ángel con los pastores de Belén, precedente de las de Juan del Enzina hasta en el lenguaje casi sayagüés y ciertamente pastoril y popular, como que se inspiró en las Coplas de Mingo Revulgo, y lo confiesa el autor al hablar de la Circuncisión.
=408.= El apellido Mendoza lleva á suponerle emparentado con el Marqués de Santillana, por lo menos mediante adopción en el bautismo ó deudo espiritual, tomando el nombre de su padrino, como solía acontecer. Un Vázquez de Palencia "endereza" ciertas coplas "á su amiga, porque le envió á pedir la obra de Vita Christi", le llama "frayle revolvedor" y afortunado en amores; otro galán, no menos descontento del "lindo frayle de palacio" le achaca cosas todavía peores: "No con risueño mirar | viendo gracia en la mujer, | desealla festejar, | y dalle bien á mostrar | que cartas le yran á ver... | no las monjas requerir | muchas veces á menudo". La reina Isabel no hubiera admitido en su corte fraile tan relajado ni en los versos de fray Íñigo se halla más que entereza de carácter, unción religiosa, cristiana libertad y piedad sincera.
Las primeras ediciones de las obras de fray Íñigo no llevan fecha y son de los libros más raros. Así la gótica del ejemplar de El Escorial, probablemente hecho en Zaragoza, en 1482: Vita xpī fecho por coplas... a peticiō de la muy virtuosa señora doña juana de Cartagena; el Sermon trobado que fizo fray yñigo de mēdoza al muy alto y muy poderoso principe rey y señor el rey dō fernãdo rey de Castilla y de aragon sobre el yugo y coyundas que su alteza trahe por devisa; el Dezir (de Jorge Manrique) por la muerte de su padre, Regimiento de Principes (de Gómez Manrique). Sus obras fueron el fondo principal de varios Cancioneros, los más antiguamente impresos en España. Hay uno que parece ser de Antón de Centenera, impresor de Zamora: Vita Christi, etc., con las Coplas de Jorge Manrique y las de Juan de Mena. El mismo impresor publicó en 1482 el Vita Christi y el Sermon trobado. Otros cancioneros de fray Íñigo, con las Coplas de Jorge Manrique y de Mena, son los de Juan Vázquez, Toledo, 1486, y de Paulo Horus de Constancia, alemán, Zaragoza, 1492 y 1495. Las Coplas de Vita Christi, Sevilla, 1506, en el Registro de la biblioteca de don Fernando Colón. Los Cancioneros generales tienen pocas poesías de fray Íñigo. En El Escorial hay un cancionero manuscrito de sus principales obras (III, K. 7). Un libro en prosa trae Gallardo: Comiença un tratado breve y muy bueno de las cerimonias de la misma cō sus contēplaciones compuesto por fray Íñigo de mēdoça, 1499.
Íñigo de Mendoza. Cancionero, ed. R. Foulché-Delbosc, en Cancionero Castellano del siglo XV, I, Nueva Bibl. de Aut. Esp., XIX, páginas 1-120.
=409.= En 1480 se tradujo la Chronica quae dicitur fasciculus temporum (hecha por Wernero Rolewink en Colonia), Sevilla.
En 1480 NICOLÁS BONETO, del orden de los Menores, escribió Postillas in Genesim. Commentarium in IV Libros Sententiarum, Barcelona, 1493. De Conceptione B. Mariae. Formalitates e doctrina Scoti.
En 1480 MAURO ANTONIO SORBÉS publicó Noticia práctica agrimensoria.
=410.= En 1481 y 1490 se publicó el Cancionero de Ramón de Llabia, Zaragoza (Bibliogr. zarag. del siglo XV).
En 1481 TERESA DE CARTAGENA, monja, escribió Arboleda de los enfermos. Admiración de las obras de Dios. (Ambas obras en El Escorial).
En 1481 ALFONSO NÚÑEZ DE TOLEDO escribió Vencimiento del mundo (Bibl. Escor.).
En 1481 LUIS FENOLLET escribió La Historia de Alexandre scrita de Quinto Curcio Ruffo, Barcelona.
DON JUAN DE MOLES MARGARIT, cardenal, obispo de Gerona, llamado EL GERUNDENSE (1404-1484), escribió en los cuatro últimos años de su vida Paralipomenon Hispaniae libri X, obra de mucha erudición sobre antigüedades españolas, que publicó el hijo de Nebrija con otras de don Rodrigo Toledano, la Anacephalaeosis, de Alfonso de Cartagena, etc., en Granada, 1545. Corona Regum ó De Regis officio atque optimo imperio (Ms. de El Escorial). Vid. P. Fidel Fita: El Gerundense y la España primitiva (Discurso; Madrid, 1879).
=411.= Año 1482. MOSÉN DIEGO DE VALERA (1412-1487), probablemente hijo ó nieto de Juan Fernández de Valera, regidor de Cuenca y criado de la casa de don Enrique de Villena, que le dedicó algunas de sus obras, como la Consolatoria; no poseía más que "un arnés y un pobre caballo". Desde la edad de quince años se crió en palacio entre los donceles de don Juan II y del príncipe don Enrique, asistió (1431) á la campaña de la Vega de Granada y á la batalla de la Higuera, al sitio de Huelma (1435), al pie de cuyos muros fué armado caballero por el frontero de Jaén, Fernán Álvarez, señor de Valdecorneja; salió de España (1437), asistiendo al sitio de Montreal con Carlos VII, de Francia, y queriéndole asalariar Alberto en la guerra civil que en Bohemia traía con los husitas ó tabaritas ó calixtinos, respondióle que "no era allí venido á ganar sueldo, más á le servir en aquella guerra como cada uno de los continos de su casa". Señalóse en ella con otros españoles y sobre ellos en la cortesía caballeresca y patriótica, como cuando, cenando con el rey Alberto, osó decir el conde Roberto de Sailly, sobrino del Emperador, que el Rey de Castilla no podía usar armas reales por haberlas perdido don Juan I en Aljubarrota, como lo probaba la bandera que guardaban los portugueses en el monasterio de Batalha, pues de hinojos y pedida licencia al Rey, dijo que había dos géneros de armas, "de linaje e de dignidad", y que éstas sólo con la dignidad real podían perderse, ofreciendo sustentarlo en campo abierto, y el Rey dióle la razón añadiendo que no sólo merecía nombre de caballero sino de doctor, y desde allí le regaló y honró, y al volverse á Castilla le dió la Orden del Dragón de Hungría, la del Tusón ó Tusinique de Bohemia y la del Águila Blanca de Austria, con más 200 ducados de acostamiento para el viaje y una carta para el Rey de Castilla, el cual le dió de su parte el collar de la Orden de la Escama, el yelmo del torneo, cien doblas de oro y el dictado de Mosén. Ofrecióse á romper una lanza en el paso honroso del árbol de Carlomagno, defendido por Pedro de Beaufremont, señor de Charny, junto á Dijón, y rompióla con Tibaldo, señor de Rougemont, y con Jacques de Chalaux, señor de Amavila, saliendo de entrambos vencedor con gran honra y prez, regalándole el Duque 12 tazas y dos jervillas de plata del peso de 50 marcos. Fué enviado con misiones diplomáticas al rey de Francia, Carlos VII. Famosa es la carta que exhortando á la paz escribió desde Segovia en 1441 al Rey, estando al servicio del príncipe don Enrique, llena de gravedad y cortesía, libertad y modestia, como todas las que después escribió, de las cuales la más celebrada es la de 1448. Asistió como Procurador por Cuenca á las Cortes de Valladolid (1448), donde llevó con entereza la contraria á la propuesta del Rey, y concesión de los demás, contra los enemigos de don Álvaro de Luna, y luego escribió al Rey á Tordesillas con mayor fuego y hasta descomedimiento, de lo cual sacó dejar enojado al Rey y tomarle á su servicio el conde de Plasencia, don Pedro Destúñiga, vengándose de don Álvaro, de quien estaba quejoso, ayudando á la conjura que le despeñó de su valimiento y le llevó al cadalso, y aun dicen que redactando la carta del Rey á las ciudades y señoríos del desgraciado Condestable. De la corte de Enrique IV, no obstante su cargo de maestresala, vivió alejado, como se ve por la carta que siendo Corregidor de Palencia escribió en 1462 al Rey, denunciando "los fechos tocantes á la guerra y gobernación de sus reinos", y con esto abandonó del todo su servicio, arrimándose á los Estúñigas y luego á la casa de Niebla, cuando don Pedro de Estúñiga casó con doña Teresa de Guzmán, hija del Duque de Medinasidonia, viviendo deste entonces en Andalucía, en Sevilla y en el Puerto de Santa María, donde fecha casi todas sus últimas cartas á los Reyes Católicos, aconsejándoles con una libertad que maravillosamente casaba con la modestia y cortesía. La última es del año 1486, y ya nada volvemos á saber de él. Sus 27 Epístolas enviadas en diversos tiempos é á diversas personas, encierran discretísimos consejos, sana doctrina y honda política y cortesana; el estilo y lenguaje, de lo mejor que se escribió en prosa en el siglo XV. Nada hay en ellas de los latinismos y extravagancias de Villena, Santillana y Lucena; es de la escuela de Fernán Pérez de Guzmán y de Hernando del Pulgar. El Memorial de diversas hazañas ó Crónica de Enrique IV, está tomado de las Décadas latinas de Alonso de Palencia. Publicóse el Memorial por Cayetano Rosell y por vez primera en el tomo III de Crónicas de los Reyes de Castilla. (Bibl. Rivadeneyra). Pero su mejor obra histórica es la Corónica de España ó Corónica Abreviada ó Valeriana, dirigida á la Reina Católica é impresa en Sevilla el año 1482; Tolosa de Francia, 1489; Zaragoza, 1493; Salamanca, 1495, 1499, 1500. Al final de la Corónica Abreviada dice "que la acabó en el Puerto de Santa María la víspera de San Juan de 1482, á los sesenta y nueve años de su edad". Merece reimprimirse, pues fué obra de donde en el siglo XVI tomaron muchas cosas los entendidos. Fué la primera Crónica general que se imprimió, sacada de la segunda Crónica general, ó sea la de 1344, pues la primera de Alfonso X era tan desconocida entonces como hasta poco ha, y además añadida con otras patrañas de otros libros, que todas las aceptó sin crítica alguna. Cuanto al reinado de don Juan II, todo es de su cosecha, pues la Reina no le dejó leer la Crónica que ya tenía en su cámara. Escribió además la Genealogía de los reyes de Francia, tomada de la Crónica Martiniana; un breve tratado sobre los Orígenes de Roma y Troya, otro Tratado de los linajes nobles de España, y algún otro opúsculo de asunto genealógico, inéditos hasta hoy.
Imprimióse el célebre Tratado de las armas ó de los rieptos é desafíos, dos veces por lo menos, sin año ni lugar señalado, y es un elegante doctrinario de las leyes caballerescas de Europa. También se imprimieron el de las Preeminencias y cargos de los Oficiales de armas y el Ceremonial de Príncipes. Se le atribuye la traducción del Árbol de las batallas, libro francés de Honorato Bonet.
Entre los doctrinales de moral ó política, son de notar el de la Providencia contra Fortuna, muchas veces impreso al final de los Proverbios de Santillana, Sevilla, 1494; el Breviloquio de Virtudes, el Doctrinal de Príncipes, inédito; la Exhortación á la paz, la Defensa de virtuosas mujeres y el Espejo de verdadera nobleza. Hay coplas suyas en los Cancioneros, pero son malas.
Es, en suma, Diego de Valera, el mejor prosista que hubo hasta él, el lenguaje llano y natural, sin la menor afectación, fluido y ameno, brioso y apasionado á veces, siempre noble y sincero.
=412.= Diego de Valera. Epístolas... con otros cinco tratados del mismo autor, ed. J. A. de Balenchana, Soc. de Biblióf. Españoles, 1878; Memorial de diversas hazañas, Bibl. de Aut. Esp., t. LXX. Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. V, páginas CCXXVI-CCLVI; G. Cirot, Les histoires générales d'Espagne entre Alphonse X et Philippe II (1284-1556), Bordeaux, 1905, págs. 40-44, y Bulletin Hispanique (1900), t. XI, pág. 447.
=413.= En 1482 el DOCTOR PERO DÍAZ DE TOLEDO publicó los Proverbios de Séneca con la glosa, Zamora; Zaragoza, 1491; Sevilla, 1495, 1500; Toledo, 1500; Sevilla, 1512, 1528, 1535; Amberes, 1552; Medina, 1552, 1555. Sábese que no son proverbios de Séneca, sino que están tomados de la Formula vitae honestae de San Martín de Braga, como ya lo advirtieron el Petrarca y Floranes, y provienen de los del mismo Publilio Siro, del tiempo de César y Augusto. También: Proverbios del Marqués de Santillana, glossados por el doctor Pedro Díaz de Toledo, Amberes, 1552, juntamente con los anteriores de Séneca.
En 1482 el andaluz BARTOLOMÉ RAMOS DE PAREJA publicó _De Música_, obra que renovó la música con su teoría del temperamento.
En 1483 y 1489 se publicó El confesonario, juntamente con el Arte de bien morir, Zaragoza. Acaso es el mismo libro siguiente: Tractado del confessor, Zaragoza, 1490 y 1492: es traducción del libro de San Antonino de Florencia (Bibliogr. zarag. del siglo XV). No sé si es la misma obra que, anónima y de 1490, lleva por título Un tratado breve de confesión, copilado por un Reverendo maestro en sancta theologia, Valladolid, 1492. Después salió La summa de confession llamada defecerunt de fray Anthonino arçobispo de florençia del orden de los predicadores. En romançe, Zaragoza, 1496, 1497 y 1498?, 1520 (Bibl. zarag. siglo XV); Sevilla, 1492, 1503. Arte para bien confesar, Zaragoza, 1510, por un fraile jerónimo; Burgos, 1526; Alcalá, 1532; Burgos, 1558; Zaragoza, 1564. Hay quien dice que el autor fué el doctor don Pedro Fernández. (Véase lo que se dice en el número siguiente 414).
=414.= Año 1483. RODRIGO FERNÁNDEZ DE SANTAELLA ó MAESE RODRIGO (1444-1509) nació en Carmona, alcanzó en Bolonia los títulos de maestro en Artes y en Teología y vivió en Roma durante los pontificados de Sixto IV é Inocencio III; vuelto á España, fué protonotario apostólico y canónigo de Sevilla, donde fomentó los estudios de Derecho canónico, tanto, que llamaron Colegio de Maese Rodrigo al de Santa María de Jesús, donde se hacían; fué además confesor de los Reyes Católicos, y falleció en 1509, á los sesenta y cuatro años de edad, de modo que nació en 1444 ó 1445. Véase Joaquín Hazañas, Maese Rodrigo, 1444-1509; Sevilla, 1909. En 1483 y 1489 se publicó el Arte de bien morir, juntamente con El confesonario, Zaragoza (Bibliogr. zarag. del siglo XV). En la librería de Fernando Colón había un Arte de bien morir ("Costó en Sevilla 14 maravedís") y debe ser el de Santaella. Vocabularium ecclesiasticum, Sevilla, 1499, 1515; Zaragoza, 1523; Alcalá, 1527; Sevilla, 1529; Alcalá, 1529; Zaragoza, 1530, 1538, 1540, 1546, 1549; Sevilla, 1550; Toledo, 1559; Salamanca, 1561; Alcalá, 1572. Manual de doctrina necesaria al visitador y á los clérigos, Sevilla, 1502. Libro de Marco Polo veneciano y de las cosas que vido en las partes orientales, traducido de latín, Sevilla, 1502; Salamanca, 1518; Logroño, 1529. Tratado de la inmortalidad del alma, Sevilla, 1503. Sermones de San Bernardo traducidos, Logroño, 1511 y 1529. Del modo de bien vivir en la religión cristiana, Salamanca, 1515. Cosmographia introductoria en el libro de Marco Paulo Véneto, Sevilla, 1518; Logroño, 1529. Ms.: De ignotis arborum atque animalium apud Indos speciebus et de moribus Indorum. Dialogus contra Impugnatorem coelibatus et castitatis. Lectiones sanctorum per totius anni circulum, Sevilla, 1503.
=415.= Año 1484. LUCIO MARINEO SÍCULO ó de Sicilia (1460-después de 1533), fué discípulo de Pomponio Leto, vino á España en 1484, traído por el almirante don Fadrique Enríquez; fué profesor de Elocuencia y Poesía latina en Salamanca (1484-1496), acompañó á Nápoles al Rey Católico (1507) como capellán. Dejó curiosa correspondencia en 17 libros y compuso De rebus Hispaniae memorabilibus, Alcalá, 1530 (texto castellano); Alcalá, 1530 y 1533 (textos latinos); Alcalá, 1539 (cast.); Francfort (lat.); Madrid, 1587 (cast.). Epistolarum libri XVII, Valladolid, 1514. Grammatica brevis ac per utilis, Alcalá, 1532. Consúltense: G. Noto: L. Marineo umanista siciliano, Catania, 1901; G. Noto, Moti umanistici nella Spagna al tempo del Marineo, Caltanissetta, 1911; P. Verrua, Precettori italiani in Ispagna durante il regno di Ferdinando il Catolico, Adria, 1907.
Desde 1484 hasta la expulsión de los judíos, en 1492, fué ministro de Hacienda de Fernando el Católico en España el doctor de la segunda escuela rabínica española ISAAC ABARBANEL ó ABRAVANEL (Isaac Barbanella), padre del famoso León Hebreo. Nació en Lisboa en 1437, después de haber ejercido el mismo cargo con Alfonso V de Portugal, acusado de tener inteligencias secretas con España, tuvo que venir á Toledo. Murió en Venecia, 1508. Escribió mucho comentando la Biblia, de historia y en defensa de los judíos, que le llamaron el sabio y el príncipe. Sus obras trae su amigo Isaac Aboab, otro judío algo cabalista, de los expulsados de España, y se reimprimieron en su lengua original y en latín. Las principales: Rosh Amanah ó Principio y fundamento de la Fe, 1506, obra de teología racional, fundada en Maimónides. Miphehalot Elohim ó Las obras de Dios, 1592, sobre la creación, la eternidad del mundo, contra Aristóteles. Respuestas sobre la Guía, de Maimónides, 1574, etc.
En 1484 JAIME PÉREZ DE VALENCIA, agustino, publicó Psalmorum expositio, Valencia. Canticorum, 1486 (Véase Nic. Antonio).
=416.= Año 1485. HERNANDO DEL PULGAR (1436?-1493?), cronista y secretario de los Reyes Católicos, que no ha de confundirse con Hernando Pérez del Pulgar (1415-1531?), fué el mejor prosista de aquel reinado. En 1485 y 1486, Burgos, se publicaron sus 32 Letras á personas ilustres, modelos de estilo epistolar, más natural y noble que el de las cartas de Guevara y menos rebuscado que el de Eugenio de Salazar, llevando la palma, por consiguiente, á todos cuantos cartas imprimieron. El año 1486, Toledo, publicó el Libro de los claros varones de Castilla, parecido á la obra de Pérez de Guzmán; pero de estilo más ceñido, brioso, elegante y rítmico y lenguaje más castizo y perfeccionado. Escribió además la Chronica de los muy altos y esclarecidos reyes catholicos don Fernando y doña Isabel, cuyo manuscrito dejó á Nebrija para que la tradujese al latín, como lo hizo, publicándose en 1545-1550. El original castellano publicólo en 1565 el nieto de Nebrija, atribuyéndolo, por equivocación, á su abuelo. También glosó las Coplas de Mingo Revulgo, Sevilla, 1506.
=417.= Las dos obras, Letras y Claros varones, se imprimieron después juntas en Zaragoza, 1493; Sevilla, 1500. En la biblioteca de don Fernando de Colón se hallaba el Libro de los Claros varones d'España, "Costó 29 mrs. en Medina del Campo, por julio de 1518". Además, el mismo en Alcalá, 1528; Zamora, 1543; Valladolid, 1545. Los Claros Varones de España. Y las 32 cartas, Amberes, 1632. Cuyo editor, Juan Meursio, puso al frente: "Á los aficionados á la lengua española: Veo hacer tal estimación á todos deste libro por la dulzura del estilo, por la libertad o (diciéndolo como ello es) por la verdad con que está escrito, por las muchas noticias de que se compone, así de personas singulares como de sucesos y casos peregrinos... Fué Hernando de Pulgar uno de aquellos grandes varones que florecieron cuando se premiaban las letras y las armas igualmente: edad de oro y siglo dichoso, como nos lo dicen las historias. Gozó el cuerpo místico de la Monarquía Española en aquella sazón, para ser en todo perfeto y cabal, de dos Pulgares, ilustres y dignos de toda veneración: el uno por su valor, esfuerzo y valentía: el otro (que es el nuestro) natural del Reino de Toledo, por sus estudios, escritos y vigilias... me animaré á imprimir su Historia, trabajo tan superior, que se contentó Antonio de Lebrija con pasarle á la Lengua Latina, con ser el sujeto que todos sabemos". Lucio Marineo Sículo, De laudibus Hispaniae, l. VII: "Ferdinandi Pulgarii eloquentia atque moralis philosophia magna fuit ac laudabilis: siquidem sermone hispano plura edidit eleganti facundia et uberrima dicendi copia; in eo enim opere, quod De Viribus illustribus inscripsit, plurimum et ingenii et doctrinae et scribendi artis ostendit. Permulta quoque memoratu digna composuit, in quibus magnam quidem laudem promeruit". A. Morales, Discurso sobre la lengua cast.: "El estilo familiar de Hernando del Pulgar en sus Cartas, ¿quién no le alaba y goza en él mucho del donaire que en las epístolas de los Latinos se siente? Él mismo, en la Historia, tiene harto primor, y en imitar en ella á los Latinos y tomarles siempre prestado algo á su propósito le sucedió dichosamente". Eug. Ochoa (edic. de las Cartas): "Las Letras de Fernando del Pulgar puede decirse que enseñan á conocer los hombres más que la mayor parte de nuestras historias juntas. Brillan en ellas una grandeza sin pompa y una cultura sin afectación: desaparece el arte en fuerza de su noble sencillez. No hay voces superfluas ni reflexiones inútiles: la locución es rápida y donosa; mas siempre valiente, así para decir lo bueno como lo malo. Pulgar pinta siempre de un rasgo: nunca retoca lo que una vez sale de su pluma. Es uno de los escritores castellanos más castizos, discretos y elegantes".
Hernando del Pulgar. Claros varones de Castilla, ed. de Llaguno Amírola, Madrid, 1775; Crónica de los señores Reyes Católicos, Bibl. de Aut. Esp., t. LXX; Letras, Bibl. de Aut. Esp., t. XIII; A. Bonilla, Anales de la Literatura española, Madrid, 1904.
=418.= Año 1485. MICER GONZALO GARCÍA DE SANTA MARÍA, zaragozano, murió después de 1510 y nació antes de la mitad del siglo XV, "no sólo famoso doctor en Derecho civil y de muchas letras, porque entre los estudios y abogacías de gran importancia se ocupó mucho tiempo en escribir la sucesión y conquistas de los príncipes de la Casa Real de Aragón" (Zurita). Fué además jurado de Zaragoza en 1502, lugarteniente del Justicia y abogado del arzobispo Alonso de Aragón. Con permiso de su mujer se hizo cartujo en 1510. Colección, Orden y Corrección de las Constituciones Provinciales y Sinodales del Arzobispado de Zaragoza desde 1328 á 1495; Zaragoza, 1542, reimpresión, añadidas las Constituciones hasta este año. Historia de los reyes de Aragón, traducción del latín de la de Gualberto Fabricio. Árbol de la sucesión de los reyes de Aragón. La Supleción general de los modernos á la Cosmografía y Crónica de la parte de Asia antigua de Fr. Grifon, versión del italiano hecha en 1485. Tratado de las diez cuerdas de la Vanidad del Mundo, Zaragoza, 1494, traducción del latín, de San Agustín. Fori Aragonum abbreviati et observantiae, die 15 Martii 1494. Publicó Dialogus pro Ecclesia Dei contra Sinagogam, de autor desconocido. Vidas de los Santos Padres Religiosos..., trasladadas por San Jerónimo y agora de nuevo reconocidas é historiadas (hacia 1400, Bibliogr. zarag. del siglo XV), ó sea Vitae patrum en romance, Zaragoza, 1511 (Morel-Fatio, Bulletin Hispanique, t. X, pág. 43). Los Evangelios e epistolas siquier liciones de los Domingos e fiestas solemnes de todo el anyo e de los Santos e Apostoles: evangelistas: martires: confessores: virgines: e finados: e la glosa o apostilla sobre ellos. La qual obra fué acabada de trasladar por micer Gonçalo Garcia de sancta maria jurista ciudadano de çaragoça, Zaragoza, 1485. El Caton en latin e en romançe, Zaragoza, 1493 y 1494. El libro de las quatro cosas postrimeras: conviene saber de la muerte: de las penas del infierno: e del juhizio: e de la gloria celestial. El qual libro llaman muchos Cordial, Zaragoza, 1491. De quatuor novissimis, Zaragoza, 1496. Cordial de las quatro cosas postrimeras, Zaragoza, 1499; Alcalá, 1526. El autor fué Dionisio Cartujano, y el trasladador, el doctor Micer Gonzalo García de Santa María.
En 1485 GONZALO GARCÍA DE VILLADIEGO, burgalés, Doctoral de Toledo (1476), nombrado Obispo de Oviedo, publicó De legato Sedis Apostolicae, Roma. Contra haereticam pravitatem y De irregularitate, Salamanca, 1496. El segundo se publicó además en Salamanca, 1519. De origine, dignitate et potestate S. R. E. Cardinalium eiusque vicecancelarii, Roma; ibid., 1672 en el t. XIV del Tractatus Doctorum.
En 1485 FRAY ANDRÉS GUTIÉRREZ DE CEREZO († 1503), benedictino y abad de Oña (1495), que hizo aquella claustra, publicó Grammatica, Burgos; ibid., 1496; Logroño, 1506; Burgos, 1545. Paucissimi sudores in laudem Virginis Mariae, Venecia, 1491. Vida de S. Victores (lat. y cast.).
=419.= Año 1486. EL MAESTRO ELIO ANTONIO DE NEBRIJA (1442?-1522) ó LEBRIJA, nació el 1442 ó el 1444 en Nebrija ó Lebrija, pasó en 1456 á Salamanca, donde cursó Matemáticas con el maestro Apolonio, Física con Pascual de Aranda y Ética con Pedro de Osuna. Fué á los diez y nueve años de su edad á Italia, donde estuvo doce estudiando Humanidades, lenguas hebrea y griega sobre todo, en el Colegio español de Bolonia. Vuelto á España, fué preceptor del sobrino del arzobispo Fonseca, en Sevilla, y en 1473 se presentó en Salamanca, emprendiendo la reforma de la enseñanza, desempeñando su cátedra hasta 1488, que se entregó á escribir bajo la protección de don Juan de Zúñiga, maestre de Alcántara, bien que, muerto éste en 1505, volvió á la cátedra. En 1508 fué nombrado cronista y catedrático de la Universidad de Alcalá. Volvió á Salamanca en 1509, donde explicó hasta 1513, en que, habiéndosele negado injustamente la cátedra primaria de Humanidades, se fué á Sevilla á desempeñar la de San Miguel; pero llamóle presto Cisneros á Alcalá, colmándole de distinciones y ocupándole en la Políglota, trabajo en que murió en 1522.
[Ilustración: NEBRIJA EN SU ESCUELA. (Elegancias romanzadas, imprenta de su hijo, Granada).]
=420.= Prefac. al Vocabulario: "Fué aquella mi doctrina tan noble, que aun por testimonio de los envidiosos y confesión de mis enemigos, todo aquesto se me otorga, que yo fui el primero que abri tienda de la lengua latina y osé poner pendon para nuevos preceptos... y que ya casi de todo punto desarraigué de toda España los Doctrinales, los Peros Elias y otros nombres aun mas duros, como los Gualteros, los Ebrardos, Pastranas y otros no sé qué apostizos y contrahechos gramáticos, no merecedores de ser nombrados. Y que si cerca de los hombres de nuestra nación alguna cosa se habla de latin, todo aquello se ha de referir á mí. Es, por cierto, tan grande el galardon deste mi trabajo, que en este género de letras otro mayor no se puede pensar". "El más grande de los humanistas españoles", como le llamó Fitzmaurice-Kelly. Su padre, Juan Martínez de Cala é Ηinojosa; su madre, Catalina de Xarava y Ojo, descendientes en cuarto grado de los caballeros Juan Martínez de Cala y Lorenzo de Xarava, que conquistaron á Sevilla y Lebrija. Sobre su biografía, véanse Introductiones latinae, en la segunda edición de Paz y Meliá, en Revista de Archivos, 1898; Pedro Lemus y Rubio, Revue Hisp., t. XXII, pág. 459 (Ms. de la parroquia de Santa María de Lebrija y núm. 8.470 de la Bibl. Nac. son sus fuentes). Él se cita Nebrissensis, y en sus obras se lee Lebrixa. De su nacimiento, en el prólogo de su Interpretacion de las palabras castellanas en la lengua latina: "Mas aunque se me allega ia el año de cincuenta & uno de mi edad: porque nací un año antes que en tiempo del rei don Juan el segundo fué la prospera batalla de Olmedo", ó sea en 1444. Él añade que fué á Italia de diez y nueve años, donde dice estuvo diez, y en Sevilla tres con el Sr. Fonseca; como éste murió en 1473, en esta fecha, según la cuenta anterior, tendría treinta y dos años, los cuales quitados de 1473, dan 1441, como de su nacimiento, y no el de 1444. Hay, pues, contradicción en sus palabras ó la batalla de Olmedo no fué el año que se cree. En el Ms. de la Bibl. Nac. se lee: "1441. En este año nació el Mtro. Antonio de Lebrixa..." En la misma Interpretación...: "y dexando agora los años de mi niñez passados en mi tierra debaxo de bachilleres & maestros de grammatica & logica: dexando aquellos cinco años que en Salamanca oi en las mathematicas a Apolonio: en la filosofia natural a Pascual de aranda, en la moral a Pedro de osma, maestros cada uno en su arte mui señalado: luego que me parecio que segun mi edad sabia alguna cosa sospeche lo que era & lo que el apostol S. pablo liberalmente confesso de si mesmo: que aquellos varones aunque no en el saber: en dezir sabian poco. Assi que en edad de diez & nueve años io fue a italia: no por la causa que otros van: o para ganar rentas de iglesia: o para traer formulas del derecho civil & canonico: o para trocar mercarias: mas para que por la lei de la tornada despues de luengo tiempo restituiesse en la possession de su tierra perdida los autores del latin: que estauan ia muchos siglos avia desterrados de españa. Mas despues que alli gaste diez años en los deprender: pensando ia en la tornada: fue combinado por letras del mui reuerendo & assi sabio varon D. Alonso de fonseca arçobispo de seuilla: el qual la primera vez que me vio: & mando que fuesse suio: despues de muchas cosas humanamente prometidas: allende de que me dio ciento & cincuenta florines de renta: me mando dar por mui copiosa racion cada dia. Mas porque gran parte del tiempo S. gastaua en los oficios divinos: mucha esso mesmo en los negocios del reino, & tan bien alguna en su dolencia: porque por espessos entreualos de tiempo era fatigado de estranguria: todos aquellos tres años que goze de su familiaridad ninguna otra cosa hize sino reconocer toda mi gente: & por exercicio a percibirme para enseñar la lengua latina: co si diuinara que con todos barbaros se me aparejava alguna grande contencion: Asi que despues que fallecio i aunque triste & lloroso comence a ser libre: nunca dexe de pensar alguna manera por donde pudiesse desbaratar la barbarie por todas las partes de españa tan ancha & luengamente derramada. I... Assi io para desarraigar la barbarie de los ombres de nra nacion: no comence por otra parte sino por el estudio de salamanca: el qual como una fortaleza tomada por combate: no dudava io que todos los otros pueblos de españa vernian luego a se me rendir. Donde teniendo io dos cathedras publicamente salariadas: lo qual antes de mi aun ninguno alcanço quanto provecho hize doze años leiendo: otros lo juzgaran mejor & mas sin passion a lo menos sentirlo an los venideros. En el qual tiempo arrebatamente publique o mas verdaderamente se me caieron de las manos: dos obras de grammatica. Las quales como fuessen por un maravilloso consentimiento de toda españa recebidas: conoci que para el edificio que tenia pensado harto grandes & firmes cimientos auia echado: & que non faltava ia otra cosa sino los materiales por donde tan grande obra creciesse. Lo qual por una providencia divina assi se hizo. Que como ia no estuviesse en mi mano dexar la vida començada: porque despues de casado e avidos hijos avia perdido la renta de la iglesia ni pudiesse ia bivir de otra parte sino de aquel escolastico salario: vra mui magnifica. S. lo remedio todo con las muchas & mui onorificas mercedes dandome ocio & sossiego de mi vida. I porque toda la cuenta destos siete años despues que comence a ser vro. vos sea manifiesta hezimos cuatro obras diversas en una mesma obra. La primera en que todas las palabras latinas & griegas mezcladas en el latin breve & apretadamente bolvimos en castellano, la cual obra dedique a. V. M. S. assi como unas primicias deste mi trabajo. La segunda que agora esso mesmo intitulo de vro. mui claro nombre: en el cual por el contrario con igual brevedad boluimos en latin las palabras castellanas. La tercera, en que ponemos todas las partes de la grammatica con la declaracion de cada palabra, obra repartida en tres mui grandes volumenes. La quarta esso mesmo repartida en otros tantos volumenes en la qual interpretamos las palabras del romance & las barbaras hechas ia castellanas, añadiendo una breve declaracion en cada una. Añadimos tanbien la quinta obra en que apretamos debaxo de reglas & preceptos la lengua castellana que andava suelta de las leies del arte. La qual dedicamos a la mas esclarecida de todas las hembras & assi de los varones la reina nuestra señora. No quiero agora contar entre mis obras el arte de la grammatica que me mando su alteza contraponiendo renglon por renglon el romance al latin: porque aquel fue trabajo de pocos dias: & porque mas use alli de oficio de interprete que de autor. I si añadiere a estas obras los commentos de la grammatica sera acabado... Mas aunque se me allega ia el año de cincuenta & uno de mi edad: porque naci un año antes...". Así en la primera edición de su Diccionario español-latino; mas por otra obra suya (Epithalamium in nuρtiis clarissimorum lusitaniae principum Alphonsi ac helisabetha iunioris), impresa en Salamanca en 1491, se saca que estuvo en Sevilla en la boda del príncipe don Alfonso de Portugal con doña Isabel de Castilla en 1490. Otras obras por él no mencionadas son las Introducciones á los libros de Cosmografía, Venecia, 1486; las Repeticiones I y II, primeras manifestaciones de la Filología en España, de las cuales en la segunda, dedicada á don Juan de Zúñiga, trata De corruptis hispanorum ignorantia quarundam litterarum vocibus, expuesta en 1486; y la Brevissima commendatio, prosodia latina, impresa por primera vez en Salamanca, 1493. Después de 1495 publicó la 3.ª ed. de las Introductiones, y en los comentarios á su dedicatoria de dicha obra á la Reina dice estar escribiendo las Antigüedades de España y su propósito de interpretar la Biblia. En 1498 se hallaba en Sevilla buscando casa donde dar sus lecciones. En 1502 le encargó Cisneros la revisión de los textos griegos y latinos de la Biblia, y en ella trabajó hasta 1504, aunque sin dejar de reimprimir en 1503 la Repetitio De vi ac potestate litterarum y las Sátiras de A. Persio, por mandado de don Juan de Zúñiga, designado ya Arzobispo de Sevilla. Antes escribió sus Ecphrases in Virgilii, como lo da á entender en la dedicatoria al comento de Persio. En 1504 escribió á su discípulo Escobar desde Medina del Campo, en donde se hallaba la corte, y á principios de mayo de 1505 vuelve á la Universidad de Salamanca. En la Apologia earum rerum, etc., dedicada á Cisneros, se halla la causa de haber dejado el cargo en la publicación de la Biblia y se defiende de algunas calumnias de que fué víctima por haber propuesto la corrección de algunos textos. La Apologia debió de escribirse de 1504 á 1506, pues ya en 1495 deseaba darse á interpretar la Biblia, y en la dedicatoria de la Apologia dice: "Omnes vigiliae meae, Pater Amplissime, quas ab hinc decennio sacris litteris impendi". En 1506 expone su Repetitio tertia: De peregrinarum dictionum accentu. En 1506 publicó el Lexicon iuris civilis, en cuya dedicatoria á don Juan de Fonseca vemos tenía acabadas las Antigüedades de España. En 1507 debió de imprimir la Repetitio V, que leyó en Salamanca, y en agosto estaba en Logroño (carta á Sobrarias). En 1508 publicó allí mismo otra edición de las Introductiones, aumentando la del 1495, y que se reimprimió después en 1510 y 1514. Habiendo visitado la Universidad de Salamanca el entonces obispo de Málaga don Diego Ramírez por orden del Rey, una de las providencias que tomó fué la de que se interpretasen los poetas cristianos juntamente con los gentiles, y entonces publicó Nebrija las obras de Prudencio, dedicadas á dicho señor Obispo. Se le expidió la cédula nombrándole cronista en Valladolid á 21 de marzo de 1509, teniendo Nebrija sesenta y ocho años. En 1510 leyó en Salamanca la Repetitio VI, De mensuris, y publicó los comentarios al Carmen Paschale, de Sedulio, impresos antes (1508?) en Zaragoza; en 1511 se le concedió licencia para imprimir los comentarios á Terencio y los Libri minores, que publicó dirigidos á don Juan de Fonseca, y en 15 de junio recitó en la Universidad la Repetitio VII, De ponderibus. En 1512 se hallaba en Burgos, según se saca de la publicación de los opúsculos históricos impresos en casa de Federico Alemán, y en la misma imprenta acabó la segunda edición del Diccionario latino, aumentado, y en Salamanca recitó la Repetitio VIII, De numeris. También en 1512 se reimprimieron las Introductiones y en Logroño los comentarios á Prudencio. Según la dedicatoria de la 2.ª ed. del Diccionario latino tenía inédito el Vocabulario de las Sagradas Escrituras é inédito lo dejó. De julio á noviembre de 1513 debió de estar en Sevilla; en marzo, en Salamanca, donde leyó su Relectio nona de accentu latino, que se imprimió en Sevilla el mismo año. En el mismo de 1513 fué nombrado catedrático de Retórica en Alcalá. Publicó en 1515 la Artis Rhetoricae compendiosa coaptatio ex Aristotele, Cicerone et Quintiliano; en 1516 la Tertia Quinquagena con la Apologia, los Segmenta ex epistolis Petri, Pauli, etc., las Elegancias romanzadas y el tomito que contenía Passio domini hexametris versibus composita. Eiusdem passionis threnos per Philippum Beroaldum. Vitae et martyrum coronae per anni circulum. Vitae quorundam per divum Hieronymum scriptae. En 1517 se acabaron de imprimir las Reglas de Ortografía, que dedicó á don Lorenzo Galíndez de Carvajal. Muñoz (Elogio, pág. 21) dice que vió Andrés Resende, discípulo de Lebrixa, una Gramática griega suya. Murió en Alcalá, "repentina paralysi" (Paulo Jovio, Elogia viror., Basilea, 1561, pág. 149), "repentinamente de apoplexia" (J. Huarte, Examen de Ingenios, Alcalá, 1640, f. 136). En el Ms. 8.470: "enterrose en la iglesia de S. illefonso encorporada en el colegio mayor y hizosele muy suntuoso enterramiento, como á la verdad él lo merescia. Tiene su capilla á la mano derecha como entramos hacia el coro junto". "Nota puesta por un curioso en un libro impreso y copiada por don Juan de Iriarte". Y con diferente letra, en un papel que se halla entre los mismos apuntes: "Mro. Antonio Moya clerigo dixo a 23 de octubre de 1522 que el Mro. Lebrixa murio nueve dias despues de S. Juan de Junio de dho. ano de 22 que lo sabe porque dos dias despues de fallescido hicieron sus honores en la iglesia del Colegio de Alcalá, e pedrico a sus honras el Dor. Ciruelo". Puede verse además en el Registro de escrituras (Arch. Hist. Nac., 3, f. 112). Casó en Salamanca con Isabel de Solís y tuvo de ella seis hijos varones y una hembra, el mayor Marcelo, que fué á Flandes y luego se retiró á las Brozas, donde compuso las Triacas.
=421.= Principales obras de Nebrija. Introductiones in latinam grammaticam, seu de Sermone Latino cum commentariis, 1481, refundida en 1486, 1496; Sevilla, 1501; Logroño, 1503; Lyon, 1508; Logroño, 1510; Venecia, 1512; Logroño, 1513; Barcelona, 1523; Alcalá, 1523, 1530; Sevilla, 1532; Zaragoza, 1533; Alcalá, 1533; Lyon, 1541; Tolosa, 1545; Zaragoza, 1547, 1549, etc. Epithalamium, Salamanca, 1491. Dictionarium Latino-Hispanicum et Hispanico-Latinum, 1492; Sevilla, 1506; Zaragoza, 1514; Sevilla, 1516; París, 1519; Alcalá, 1520, 1532; Valencia, 1533; Granada, 1536; Amberes, 1545; Granada, 1552, 1554, etc.; París, 1532 (texto latino-francés). Gramática sobre la lengua castellana, Salamanca, 1492; Alcalá, 1517. Aurea expositio hymnorum una cum textu, Zaragoza, 1502, 1508; Logroño, 1508; Zaragoza, 1510; Logroño, 1510; Zaragoza, 1515, 1516, 1520; Alcalá, 1526, 1528; Zaragoza, 1528; Logroño, 1529; Granada, 1541, 1549; Zaragoza, 1560, etc. Aulii Persii Flaccii satyrae cum interpretatione, Sevilla, 1503; Toledo, 1512; Alcalá, 1514, 1517, 1521, 1526; París, 1527; Alcalá, 1529; Granada, 1585. De vi ac potestate litterarum, Salamanca, 1503, 1509. Lexicon iuris civilis, Salamanca, 1506, 1511; Amberes, 1523; Lovaina, 1535; Lyon, 1537; París, 1537; Lyon, 1572; París, 1594, etc. Paschale Sedulii cum commento, Zaragoza, 1508; Salamanca, 1510; Lyon, 1512; Zaragoza, 1515; Alcalá, 1524, 1531; Granada, 1553. Apologia earum rerum quae illi obiiciuntur, Salamanca, 1510; Granada, 1535. Aurelii Prudentii Clementis opera cum commento, Logroño, 1512; Amberes, 1540. Ad artem litterariam introductiones, Venecia, 1512. Opuscula quaedam, Burgos, 1512. De accentu latino aut latinitate donatum, Sevilla, 1513; Valencia, 1518. Artis rhetoricae compendiosa coaptatio, Alcalá, 1515, 1529; Granada, 1583. Scholia in epistolas Pauli, Petri, Iacobi et Ioannis, Alcalá, 1516, 1525; Granada, 1545. Elegancias romanzadas, Antequera, 1516, 1576. Quinquagenae, Alcalá, 1516; París, 1520; Granada, 1535; Basilea, 1543; Amberes, 1600. Reglas de la ortografía castellana, Alcalá, 1517. Lexicon artis medicamentariae, Alcalá, 1518. Lexicon sive parvum vocabularium, Barcelona, 1523. Publii Terentii afri poetae comici lepidissimae comodiae, Zaragoza, 1524. Scholia in opuscula quae vulgo sancturale nuncupatur, Alcalá, 1524, 1527. Homiliae in evangelio, Alcalá, 1526; Granada, 1541, 1549; Basilea, 1569. Orationes ex divino 1529. Libri minores de novo correcti, Alcalá, 1525, 1528, 1529; Granada, 1549, 1569. De mensuris, de ponderibus et de numeris, Alcalá, 1525, 1529. Libri minoris de novo correcti, Alcalá, 1525, 1528, 1529; Granada, 1545. De digitorum supputatione, Granada, 1535. Rerum a Ferdinando et Elisabeth decades duae necnon de Bello Navarrensi, Granada, 1545, 1550; Francfort, 1573, 1579. (En la divinatio ad Ferdinandum, dícese al fin: "Ex municipio Complutensi ad idus Aprilis. Anno salutis Christianae. M. D. IX"). Ecphrases in Virgilium admodum familiares, Granada, 1546. De litteris graecis, Zaragoza, 1563. Sapientum dicta vafre et acutissime nunc denuo recognita et emendata, Antequera, 1578. Onomasticum propriorum nominum, Barcelona, 1585. Otras obras, en Nicolás Antonio, Mayans, etc., no llevan indicaciones tipográficas. La Crónica de los Reyes Católicos, Valladolid, 1566, atribuyósele por haber hallado el manuscrito su nieto Antonio de Nebrija entre los otros papeles de su abuelo; pero restituyóse á su autor, Fernando del Pulgar, en la edición de Zaragoza, 1567, según se hizo constar en el prólogo de la Crónica. La Tabla de la diversidad de los dias y horas y partes de hora en las cibdades, villas y lugares de España y otras de Europa, que les responden por sus paralelos, compuesto por Antonio de Nebrija, "diómela el mismo autor en Alcalá de Henares, anno 1517", dice Fernando Colón en su Registro.
=422.= ANTONIO DE LEBRIXA, Gramática castellana [reprod. fototípica de la ed. príncipe de 1492], ed. E. Walberg, Halle a. 1, 1900. Consúltense: A. Paz y Meliá, Códices más notables de la Biblioteca Nacional, en Revista de Archivos, etc. (1898), t. II, págs. 8-12; R. Chabás, Documentos, en Revista de Archivos, etc. (1903), t. VIII, págs. 493-496; (1903), t. IX, págs. 56-66; P. Lemus y Rubio, El maestro Elio Antonio de Lebrixa, I, en Revue Hispanique (1910), t. XXII, págs. 459-508; H. Suaña, Elogio del Cardenal Jiménez de Cisneros, seguido de un estudio crítico-biográfico del Maestro Elio Antonio de Nebrija, etc., Madrid, 1879; I. Bywater, The Erasmian pronunciation of Greek and its precursors, etc., Oxford-London, 1908.
=423.= ARIAS BARBOSA († 1530?), portugués, discípulo de Angelo Policiano y maestro de Hernán Núñez, el Comendador Griego, que le eclipsó, tuvo la gloria de ser el más antiguo de los helenistas españoles y el que por primera vez enseñó griego en la Universidad de Salamanca, ayudando á Nebrija en su empeño de renovar los estudios. In Aratoris presbyteri Poema. De Prosodia Relectio.
=424.= Año 1487. PEDRO MÁRTIR DE ANGLERIA ó Anghiera (1459-1526) vino á España en 1487, traído por el Conde de Tendilla, embajador en Roma; comenzó comentando á Juvenal en Salamanca; anduvo en la corte de los Reyes Católicos y de sus sucesores desde 1488 á 1526; asistió á la guerra de Granada y fué canónigo y prior en aquella ciudad, primer abad de la Jamaica sin residir en ella, embajador al Sultán del Cairo, miembro del Consejo de Indias; enseñó las artes liberales á la juventud cortesana española y se carteó con Papas, Cardenales, Príncipes, magnates y letrados, y escribió Opus Epistolarum, Alcalá, 1530, donde iba redactando al día cuanto veía y le impresionaba. Sobre América escribió De Orbe novo Decades, Alcalá, 1516, 1530, recogiendo todo lo raro y agradable de conocerse. Su latinidad no era muy excelente; pero todavía pudo escribir, aunque algo exageradamente, que "suxerunt mea litteraria ubera principes Castellae fere omnes".
=425.= Año 1488. JUAN LÓPEZ DE SEGOVIA (1440-1496), catedrático de Salamanca, deán de Segovia, sufrió muchas persecuciones (hay quien dice haber sido judío converso) hasta encerrarlo en el castillo de Santángelo (1487), donde fué conocido y apreciado. Escribió en 1488 De matrimonio et Legitimatione, que le hizo famoso; fué nombrado vicario general del Arzobispado de Siena. De Libertate Ecclesiastica. De Confoederatione Principum (1495), De Bello et Bellatoribus (1496). De haeresi, que insertó Montalvo en las Partidas (tít. 26, part. 6).
PABLO DE HEREDIA, judío converso aragonés, escribió _Corona Regia_, sobre la Concepción de la Virgen, dedicada á Inocencio VIII; un tratado apologético contra los judíos, _De mysteriis fidei_, y tradujo al latín una carta de Rabí Neumias á su hijo R. Haccana, llamada Epistola secretorum.
En 1488, próximamente, publicó BERNAT DE GRANOLLACHS De la muy noble arte: e sciencia de Astrologia, Zaragoza (Bibl. Escor.). Lunario, Zaragoza, 1495 (?).
En 1488 PEDRO DAGUI ó DE GUI, mallorquino y capellán de los Reyes Católicos, publicó varias obras lulianas.
En 1488 publicóse en catalán la _Historia del Conde Partenoples_, Tarragona.
En 1488 PEDRO GARCÍA, de Játiba, maestro en París de Teología, impugnó las conclusiones de Pico de la Mirandola _Determinationes magistrales contra conclusiones apologales Ioannis Pici Mirandulani Concordiae Comitis_, al papa Inocencio VIII, que le había enviado el Apologeticum librum, de Juan Pico.
=426.= En 1489 se publicó la Historia de la linda Melosina, Tolosa, (traducida del francés del libro de Juan de Arras, impreso en Ginebra, 1474); Valencia, 1512; Sevilla, 1526.
En 1489 se publicaron, traducidas, las fábulas de Aviano: El libro de ysopete ystoriado, Zaragoza (Bibl. Escor.).
En 1489 se editó el Pentateuco hebraico en Portugal, con los comentarios de Rabí Moseh-bar-Najman.
Hacia el 1489 floreció el judío averroísta aragonés ABRAHAM BIBAGO-BEN-SEM-ΤΟB, hijo de Sem-Tob-Bibago; escribió Disertaciones filosófico-religiosas, Salónica, 1522. Filosofía de la religión de los judíos, Constantinopla, 1621. Comentario á los Analíticos Posteriores, de Aristóteles.
=427.= Año 1490. HERNÁN NÚÑEZ DE TOLEDO (1475?-1553) nació en Valladolid (1475?), su padre estaba empleado en la tesorería real (Marineo), estudió en Valladolid y á los quince años de edad fué admitido en la Orden de Santiago (Nic. Antonio); en 1490 logró una beca del Colegio de San Clemente, de Bolonia; volvió á España y fué preceptor (1498) en casa de los Mendozas en Granada. Antes había terminado la Glosa del Laberinto de Mena, que se publicó en 1490, dedicada al Conde de Tendilla. En Granada estudió las lenguas clásicas y orientales (Herrera). En 1505 publicó en Granada la segunda edición de la Glosa, y en 1509, en Sevilla, la traducción de la Historia de Bohemia, escrita en latín por Eneas Silvio, dirigidas ambas al mismo patrón. Llamóle Cisneros como censor de su imprenta de Alcalá (Herrera) y trabajó en la Políglota, siendo pronto nombrado catedrático de retórica en la Universidad recientemente fundada. Desde entonces se firmó Hernán Núñez y Comendador griego, en latín Fredenandus Nunius Pincianus.
Publicó en Alcalá textos griegos con versiones yuxtalineales, admirables para aquel tiempo (Ch. Graux). Cuando las Comunidades, se puso del bando de los Comuneros; pero no fué comprendido en la lista de proscripción después de Villalar (Alcocer): mas no estando bien en la Universidad, partióse á Salamanca, donde al irse Nebrija fué nombrado catedrático de griego en 1523 (Villalobos). Llegado á los cincuenta, se entregó solamente al estudio. En 1527 añadió la retórica á la enseñanza del griego y explicó á Plinio. Sus ediciones críticas de Séneca, Plinio y Mela le hicieron famoso en toda Europa. En 1548 se jubiló (Dormer, Unamuno), y en 1549 entregó al impresor Canova sus Refranes, pero no salieron hasta 1555. Enseñó, parece, hebreo en la Universidad, después de jubilado; desde 1552 no salió de casa por sus achaques (León de Castro) y murió el 1553.
=428.= En su Glosa de las trezientas se lee por hernand nuñez de toledo comendador de la orden de santiago, en la primera edición de 1499, y Hernand núñez de Toledo Cauallero de la orden de Santiago, en la segunda de 1505, ambas publicadas por él en Sevilla y Granada. Que el autor de la Glosa fuese realmente Hernán Núñez de Guzmán, Comendador griego, vallisoletano, puede verse en Hernando Alonso de Herrera, en el lugar que después citaremos. Véase Revue Hispan., 1904, pág. 164.
Las notas de Núñez á Séneca y la edición fueron obra de mucho trabajo y crítica sagaz, "germanae criticae exemplar" (Lipsio), "vir diligentissimus et accuratissimus" (Otto Rossbach, Symbolae ad Senecae filii libros recensendos et emendandos); aprovechó los códices españoles de Salamanca.
Gaspar Scioppio, el can de los gramáticos, que no perdona á nadie, tiene á Núñez como "príncipe de la filosofía peripatética, á nadie inferior en la más recóndita noticia de las letras griegas y latinas".
En la Disputatio adversus Aristotelem aristotelicosque sequaces, de Hernando Alonso de Herrera, Salamanca, 1517, se pinta bien á H. Núñez: "Sexto anto. hernand nuñez de valladolit y georgio valla de plazencia... Hernand nuñez que por otro nombre se dize el comendador, ombre nascido para letras y saber, con tanta ansia y quasi rauia dende su ternez asio de la sciencia que escalentado de amor como el platon, dos vezes peregrino a las italias, no para cargar de beneficios como hazen los mas, o para empringarse en rentas, mas la primer vez como abeja acuciosa para cojer el primor del latin en su misma floresta do nasce para traerlo de tan lexos pastos aca, la segunda para sacar de cuajo y raiz los cinco lenguajes griegos y su antiguo conoscimiento de cosas fue a darse un verde de lo griego y no a darse a los vicios y no contento con estos gastos y trabajos por parecerse, a quanto yo creo, a juan pico de la mirandola nueva luz de los letrados no holgo con su prestez de ingenio hasta que se vio docto en lo hebreo, caldeo y aravigo. el que quisiere saber quanto supo y quanto auie leido en lo divino y humano en su moçedad hasta que le apunto el boço de la primera barua que borbollones hondos de saber echa de si, lea la glosa que compuso en romançe en que declaro las trezientas de juan de mena, poeta cordoues, como hizo landino sobre dante y petrarcha. bien puedo yo dar muy cierto testimonio de lo que agora dire como testigo de vista, quando ambos a dos el y yo estauamos en granada, estaua el enamorado del ayunar y desuelarse del beatissimo padre sant jeronimo porque quasi nunca se le quitaua su libro de las manos y queriendo el trasladar en si las costumbres santissimas de todas las noches del año quan luengo es se le passauan sin cena en tal manera se yua consumiendo que desgouernandose el estomago de sangostido aunque el es ombre de robusta complexon por poco se quedara a buenas noches ya leuaua los terminos de homero y didimo. Sus grandes virtudes deste letrado conosciendolas el reuerendissimo cardenal porque este es el primer ombre que en españa sabe tantas lenguas, de todos muy quisto por su merescer, le dio cargo de la emprenta de alcala, como hizo ptholomeo philadelpho a eratostenes. quando yo embie esta obrezilla a mi hermano que biue en alcala con desseo que alli se imprimiesse, oue plazer que viniesse a sus manos y el de su officio por ver si era bueno o malo començolo de leer, y desque entendio la materia de la quistion dio una bozezilla diziendo...".
=429.= Obras de H. Núñez: Las CCC del famosissimo poeta Juan de Mena, Zaragoza, 1490, 1506 (véase Mena). Glosa de las trezientas, Sevilla, 1499; Granada, 1505; Zaragoza, 1506, 1509; Sevilla, 1512; Zaragoza, 1515; Sevilla, 1517, 1520, 1528, 1534; Valladolid, 1536, 1540; Toledo, 1548; Amberes, 1552 (dos edic.); Alcalá, 1566. Colaboró en la Biblia políglota de Alcalá en 1514. Basilei Magni oratio hortatoria ad pueros quo pacto ex Graecis iuventur libris, Compluti, 1519, 1543. Moschus graece et latine, Compluti, 1519. L. Annaei Senecae opera, Basilea, 1529; Venecia, 1536; Lyon, 1555; Basilea, 1557, 1573; París, 1587, 1598, 1607, 1619, 1627. Castigationes in Pomponium Mellam, 1542. Observationes Fredenandi Pintiani... in loca obscura et depravata Hist. natur. C. Plinii, cum retractationibus quorundam locorum Geographiae Pomponii Melae, Salmantica, 1544; Amberes, 1547; Francfort, 1569; Génova, 1593; Heidelberg, 1593; Génova, 1615, 1616, 1631; Leyde, 1669; Leipzig, 1788-1791; París, 1829-1833. Pomponii Melae de situ orbis, Antverpiae, 1582; París, 1588; Leyde, 1722, 1748, 1782; Leipzig, 1807. Hizo la versión latina del texto de los Setenta, inserta en la Políglota Complutense. Publicó los 6.000 refranes dos años después de morir el autor, esto es, el 1555, un su compañero de Salamanca, que debió de ser León de Castro; después salieron en Madrid, 1619, con el título de Refranes de la lengua castellana, que coligió y glosó el Comendador Hernán Núñez. En 1578 publicó Francisco Roniero Epicidio en la Muerte del Maestro Hernán Núñez, Salamanca, 1578, tras la obra: Refranes ó proverbios en romance, que nuevamente coligió y glosó el Comendador Hernán Núñez, Profesor eminentísimo de Retórica y Griego en Salamanca. Salieron, pues, además de la edición princeps de Salamanca, 1555; ibid., 1578; Valladolid, 1602, 1611; Madrid, 1618, 1619; Lérida, 1621; Madrid, 1804. Consúltense: R. Foulché-Delbosc, Le Commandeur Grec a-t-il commenté le Laberinto, en Revue Hispanique (1903), t. X, págs. 105-116; P. Groussac, Le commentateur du "Laberinto", en Revue Hispanique (1904), t. XI, págs. 164-224; J. Ortega Rubio, Fernando Núñez de Guzmán (El Pinciano), estudio biobibliográfico, en Revista Contemporánea (1902), t. CXXIV, págs. 513-525.
=430.= En 1490 se publicó en catalán el Libro del valeros e strenu caualler Tirant lo blanch, cuyas tres primeras partes fueron escritas por JOHANNOT MARTORELL, y la cuarta por JOHAN DE GALBA. Martorell dice que comenzó á escribirlo en 1460, Barcelona, 1497. "Es uno de los mejores libros de caballerías que se han escrito en el mundo, para mí el primero de todos después del Amadís". Así M. Pelayo, cuyo estudio sobre él véase en Oríg. novel., t. I, pág. CCLI. Sobre el juicio de Cervantes en el Quijote, véase Cejador, Leng. Cerv., II, voz estilo, donde se declara este tan oscuro pasaje. Tradújose al castellano, Valladolid, 1511, única edición. Vid. Juan Givanel, Estudio sobre la novela T. lo B. (en el Archivo de las Investigaciones Históricas).
En 1490 se publicó la Istoria del noble Vespasiano, emperador de Roma; como ensalço la fe de Jesu Cristo porque lo sano de la lepra que el tenia e del destruymiento de Jherusalem et de la muerte de Pilatos, Toledo; Lisboa, 1496; Sevilla, 1499, edición reimpresa por A. Bonilla, en sus Libros de Caballerías, y por Foulché-Delbosc, Revue Hisp., 1909.
El CARDENAL PEDRO GONZÁLEZ DE MENDOZA, arzobispo de Toledo, en 1490 escribió _Constitutiones et Statuta Collegii Sanctae Crucis_, erigido por él en Valladolid, y, según Salazar de Mendoza, tradujo á Salustio, y en latín y castellano, la Odisea, de Homero, y compuso la Genealogía de la casa de Haro.
En 1490 el R. M. FRAY JUAN LÓPEZ, dominico, publicó El libro de los evangelios del aviento fasta la dñica in passione, escrito en Zamora. Defensorium Fidei Christi contra garrulos praeceptores. Tratamiento de la penitencia según la Iglesia Romana.
En 1490 el R. P. PRESENTADO FRAY VICENTE DE MAZUELO publicó, "trasladado de francés", El Pelegrino de la vida humana, Tolosa; el "componedor que fue un muy notable rreligioso & letrado muy profundo llamado fray Guillelmo de guilleuila de la abadia de chalis çerca de la çibdad de Sant lis". Es el Pélerinage de la vie humaine, de Guillermo de Guileville.
En 1490, próximamente, se imprimió la Ethica de Aristoteles, del BACHILLER DE LA TORRE, Zaragoza; Sevilla, 1493. (Véase Gallardo).
En 1490, próximamente, se imprimió, por primera vez en castellano, el Contemptus mundi, Zaragoza (Bibl. Escor.). Libro primero de Juan gerson chanceller de Paris: de remedar á xro, Sevilla, 1493. Contemptus mundi (en castellano), Toledo, 1512.
Á fines del siglo XV, en tiempos de Inocencio VIII († 1492), ALFONSO DE SOTO escribió _Glossa Perpetua ad Regulas Cancellariae Innocentii VIII Papae. Tractatus de futuro Concilio. Tractatus Iubilaei. Tractatus Camerariatus._
=431.= Año 1491. DIEGO (FERNÁNDEZ) DE SAN PEDRO, tal vez judío, estuvo al servicio de don Pedro Girón, maestre de Calatrava, en nombre del cual desempeñó la alcaidía de Peñafiel, donde escribió en los comienzos del reinado de los Reyes Católicos una obrita poco apreciada hasta poco ha, pero que es una de las más lindas joyas de la prosa castellana de todos tiempos, la Cárcel de Amor, dirigida al Alcaide de los Donceles, don Diego Hernández, é impresa el año 1492. El Tractado de amores de Arnalte y Lucenda se había publicado el año anterior de 1491 y había sido dirigido "á las damas de la reyna nuestra señora". Son novelas psicológicas, sentimentales y medio caballerescas. Saben, en parte, á la Vita Nuova, de Dante; á la Fiammeta, de Boccaccio; al Siervo libre de amor, de Rodríguez del Padrón; pero con un elemento caballeresco y melancólico, que les da un tono nuevo y es propio de nuestro escritor.
Era Diego de San Pedro no mediano poeta, cuyas coplas pueden leerse en el Cancionero general, y ciertamente gran versificador, de oído muy delicado. Bien se echa de ver en su prosa, muy semejante á la cervantina en lo armoniosa y dulce, aunque más repulida y hasta rebuscada. Construye el período, breve ó largo, con singular maestría, contraponiendo sus miembros como un sofista del siglo de Protágoras y Gorgias, y rematándolo con caída de pendiente suave y sonorosa. Es un novelista sentimental y simbólico, dantesco, que hoy pasaría por un cumplido parnasiano, en la forma y sonsonete, aunque más natural, afectuoso y tierno. De una redacción antigua del Amadís dicen que procede la Cárcel de Amor. Por lo menos, sabe que trasciende á novela caballeresca, bien que sin los maravillosos é inverisímiles casos de este linaje de escritos. Esta exquisitez de forma se advierte en no pocos escritos del siglo XVI y á menudo en el mismo Cervantes, que sin duda leyó é imitó á Diego de San Pedro, no menos que Rojas, bien que éste con menor felicidad, pues nunca su prosa erudita le llega, por más que parezca pretenderlo.
Escribió además versos, que hay en los Cancioneros, y el bufonesco y soso Sermón de amor, en prosa, Alcalá, 1511 y 1540, y en las ediciones de la Cárcel de Amor, de Medina, 1547 y Venecia, 1553. Convertido de sus pasatiempos y devaneos, compuso el Desprecio de la Fortuna (Zaragoza, 1509), en verso, obra grave y filosófica (n.º 263 del Canc. gral.); la Pasión de Nuestro Redentor y Salvador Jesucristo, en quintillas fáciles y devotas (Bibl. Rivad., Cancionero y Romancero Sagrados, número 969); Las siete angustias de Nuestra Señora (Medina, 1534).
=432.= "La Cárcel de Amor es el Werther's Leiden de aquellos tiempos", dijo justísimamente Luis Usoz en su prólogo al Cancionero de Burlas. Hasta en el empleo de la forma epistolar en que está escrita la mayor parte de la Cárcel de Amor se parece á la novela de Goethe, y mucho más en las tintas lúgubres del cuadro, en lo frenético y desgraciado de la pasión del héroe y en el suicidio con que acaba. Nicolás Núñez, de quien hay coplas en el Cancionero general, añadióle un remate consolatorio con canciones y villancicos, que se imprimió en casi todas las ediciones. Pero, si pueden advertirse defectos en la trama de la novela, el estilo y lenguaje, elegante siempre y sonoro, sentencioso y expresivo, y no pocas veces elocuente y fogoso, es merecedor de toda alabanza.
Hasta 25 veces se imprimió en el siglo XVI la Cárcel de Amor, á pesar de haberla prohibido la Inquisición por algunas expresiones exageradas y disparates teológicos, como que las mujeres "no menos nos dotan de las virtudes teologales que de las cardinales", y que todo el que está puesto en algún pensamiento enamorado cree en Dios con más firmeza, "porque pudo hacer aquella que de tanta excelencia y fermosura les parece", por donde viene á ser tan devoto católico, "que ningun Apostol le hace ventaja". Influyó mucho dentro y fuera de España y fué traducida al italiano (1513), al francés (1526) y del francés al inglés (1540) por Lord Berners. Véase Juan M. Sánchez, Bibliogr. Aragonesa (pág. 78). Publicóse por primera vez la Cárcel de Amor en Sevilla, 1492; Burgos, 1496; Logroño, 1508; Sevilla, 1509; Zaragoza, 1516; Burgos, 1522; Zaragoza, 1523; Sevilla, 1525; Burgos, 1527; Venecia, 1531; Medina, 1544, 1545, 1547 (con su Sermón de amores y sus versos); París, 1548; Venecia, 1553; Amberes, 1556, 1560, 1576, 1598 (con la Cuestión de amor); París, 1567, 1581, 1595, 1616; Lyon, 1583 (en español y en francés, traducción de Gil Corrozet). De la traducción italiana se citan las ediciones de Venecia, 1513, 1514, 1515, 1521, 1525, 1530, 1533, 1537, 1546, 1553: hízola Lelio Manfredi y por ella se hizo otra versión francesa, anterior á la de Gil Corrozet, París, 1526, 1527; Lyon, 1528, 1537; París, 1533, 1552, 1567, 1581. Bernardo de Vallmanya la tradujo al catalán, Barcelona, 1493.
El Tractado de amores de Arnalte y Lucenda se imprimió en Burgos, 1491, y por segunda vez en Burgos, 1522, de cuya edición hay ejemplares en el British Museum y en la Bibliothèque Nationale de París, y ha sido impresa por Foulché-Delbosc, juntamente con su biografía, en la Revue Hispanique, t. XXV, con tirada aparte. El mismo autor ha reimpreso la edición de Sevilla de 1492 de la Cárcel de Amor, 1904, en la Bibliotheca Hispanica, t. XV. Además M. Pelayo, en la Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. VIII; además, Sevilla, 1525; Burgos, 1527. Traducciones francesas: París, 1539; Tolosa, 1546; París, 1546, etc.; inglesas: Londres, 1575 (de la de Burgos, 1491), 1591, 1597, 1598.
Diego de San Pedro, Cárcel de Amor [reimpr. de la ed. de 1492], ed. R. Foulché-Delbosc. Bibliotheca Hispanica, t. XV; Nueva Bibl. de Aut. Esp., t. VIII; Arnalte y Lucenda, ed. R. Foulché-Delbosc, en Revue Hispanique, t. XXV.
En 1491 se publicó Flor de Virtudes, obra de Cherubino da Spoleto, según se cree comúnmente, traducida no se sabe por quién, Zaragoza (Bibliogr. Zarag. del siglo XV). Otra edición sin pie de imprenta, de Zaragoza, probablemente de 1499; Toledo, 1502; Sevilla, 1534.
En 1491 se editó el Targum de Onkelos, en Portugal. De la misma época son los comentarios literal y cabalístico de RABÍ ABRAHAM SABAH al Pentateuco (Ramillete de Mirra), al Cantar de los Cantares, etc.
DIEGO DEZA (1444-1523), dominico, catedrático de Teología en Salamanca, obispo de Zamora, Salamanca, Palencia y Jaén; arzobispo de Sevilla y Toledo, amigo y defensor de Colón en la junta de Salamanca, preceptor del príncipe don Juan, inquisidor general (1499-1506). Defensiones ab impugnationibus magistri Nicolai de Lira..., Sevilla, 1491; Medina, 1517. Statuta seu instructiones... a variis sacri tribunalis ministris observandae, Sevilla, 1500. Statuta alia a ministris sacri tribunalis celebranda, Medina, 1504. Synodus ab ipso Hispali celebrata, Sevilla, 1512, Novarum deffensionum doctrinae Angelici doctoris beati Thomae de Aquino super quatuor sententiarum quaestiones, Medina, 1517. Inéditas: La exposición del Padrenuestro, Monatessaron y Super orationem dominicam. Contra Llorente le defendió M. Pelayo, Heterodoxos, ts. II y III. Véase J. Echard, Scriptores Ordinis Praedicatorum, 1719-1721. A. Cotarelo: Fray Diego Deza, Madrid, 1904.
=433.= Año 1492. JUAN DEL ENZINA (1469-1529) nació en el lugar llamado La Encina, cerca de Salamanca, donde estudió con Antonio de Lebrixa las Humanidades. La mayor parte de las obras de su Cancionero, las bucólicas y las ocho de la primera edición, "fueron hechas desde los catorce años hasta los veinte y cinco" (Dedicatoria á los Reyes Católicos). Entró muy joven como músico al servicio del duque de Alba don Fadrique Álvarez de Toledo, en 1492, fecha de su imitación de las églogas de Virgilio. En 1496 publicóse el Cancionero, cuyas ocho piezas dramáticas fueron representadas por aquel entonces dentro de casa de su señor, tomando parte el poeta, y con la música y letra de los villancicos que componía para solazarle y se hallan en el Cancionero musical de la biblioteca de Palacio, descifrado é ilustrado por Barbieri. En la edición de 1509 llegaron los dramas á 12. Pretendió en balde en 1498 la plaza de Chantre de la catedral de Salamanca, y en 1502 se hallaba en Roma, de donde volvió á Salamanca con un beneficio en aquella ciudad, concedido por Alejandro VI y habiendo compuesto en Roma la Égloga de Plácida y Victoriano y representado allí otras de sus obras. En 1509 se le dió posesión de un arcedianazgo y de una canonjía en Málaga, donde, por seguir sin ordenarse, sus émulos lograron excluirle algún tiempo del Cabildo y reducirle á la mitad su prebenda, aunque era tan estimado que llevó la representación del Cabildo en el Concilio Provincial de Sevilla de 1512 y logró permiso para ir á Roma, donde estuvo en aquel año y en el de 1514 hasta la primavera de 1516, siempre apoyado allí y en España por el Papa León X, que le nombró Prior de León en 1519. Tenía cincuenta años y mudado de mundano y frívolo en otro hombre, para prepararse al sacerdocio, peregrinó á los Santos Lugares, saliendo de Roma en la primavera de aquel año, embarcándose para Venecia en Ancona, y de allí para Jafa, diciendo su primera misa en el Monte Sión. Vuelto á Roma en 1521 publicó su viaje con título de la Trivagia, de ningún valor literario, la última obra que dió á luz.
=434.= Nació en 1469, ya que tenía cincuenta años cumplidos al ir á Jerusalén el 1519, según él dice en la Trivagia: "Los años cincuenta de mi edad cumplidos... | terciado ya el año de los diez y nueve, | después de los mil y quinientos encima". Gil González Dávila, Histor. de las antigu. de la ciud. de Salamanca, 1602, pág. 576, dice que murió en 1534, añadiendo que fué enterrado en la catedral y que se le erigió un monumento. Sobre su patria, Encina, Gallardo se fundó en un villancico suyo: "¿Es quiza vecina | de allá, de tu tierra? | --Yo soy del Encina, | y ella es de la sierra". El mismo poeta distingue su nacimiento de su crianza: "Aunque sós destos casares, | de aquesta silvestre Encina, | tu sabras dar melecina | á mis cuitas y pesares, | pues allá con escolares | ha sido siempre tu crio" (en Salamanca). Por el Pleito del Manto pudiera acaso sacarse que fué su padre Pedro Torrellas el versificador enemigo de las mujeres. La doctrina métrica de su Arte de la poesía castellana es la de la Gramática Castellana de Nebrija, el cual publicó el Arte latino en 1481, época en que Enzina debía estudiar en Salamanca. De su vida estudiantil da muestras en el Auto del Repelón; del gusto humanístico, en las Bucólicas. Debió recomendarle al de Alba su hermano don Gutierre, cancelario de la Universidad de Salamanca, cuando allí estudiaba Enzina. Que entró como familiar en el castillo de Alba de Tormes en 1492 se saca de una égloga de Navidad, aquel año representada, en la que se muestra "muy alegre é ufano, porque sus señorias le habían ya recebido por suyo". Otra fué representada delante del príncipe don Juan, á quien dedicó las Bucólicas, y al morir, en 1497, compuso la Tragedia trovada, poema en coplas de arte mayor. Su pretensión á la chantría se ve en la égloga de las grandes lluvias, y acaso por eso quiso buscar fortuna en Italia, donde en tiempo de León X fué acaso cantor de la capilla pontificia y allí compuso, según dice Valdés, la Égloga de Plácida y Victoriano, que Juan de Valdés prefería á todas sus demás obras, quién sabe si por lo que imitó de la Vigilia de la enamorada muerte, de Garci Sánchez de Badajoz, principal razón que tuvo probablemente el Santo Oficio para poner la Égloga en su Índice, aunque había sido representada en 1513 en Roma en casa del Cardenal de Arborea, "donde se habia recitado en español una comedia de Juan de la Enzina", asistiendo á ella "più puttane spagnuole che uomini italiani", como se lee en curioso documento italiano. Qué personajes asistieran á tal orgía se ve por los que asistieron al banquete que, escribe Stazio Gadio al Marqués de Mantua, había dado el Cardenal, su primo, siendo comensales el Cardenal de Aragón, el cardenal Sauli, el cardenal Cornaro, el marquesito Federico Gonzaga, algunos obispos, caballeros y "la cortesana Albina". (A. Graf, Attraverso il Cinquecento, Torino, 1888, págs. 264-265, refiriéndose á la carta publicada por Luzio en su Memoria sobre Federico Gonzaga ostaggio alla corte di Giulio II, en el Arc. della R. Società Romana di storia patria). La Égloga debió, pues, escribirse para esta fiesta, en los primeros días de agosto de 1513. El Cardenal de Aragón le alcanzaría el beneficio ó ración de la catedral de Salamanca, que el Papa Alejandro VI le concedió el 15 de septiembre de 1502, según documento del archivo de la Iglesia de Salamanca, comunicado en 1867 á Manuel Cañete. En la bula se le llama "Clérigo salmantino, Bachiller, familiar de S. S. y residente en la curia romana". Rafael Mitjana nos ha dado noticias de su vida en Málaga, que pueden verse extractadas en M. Pelayo, Antología de poetas lír. cast., t. VII, págs. XI-XII. En 1514 sacó bulas del papa León X "sobre la diligencia de su ausencia, para que estando fuera de su iglesia, en corte de Roma, por suya propria cabsa ó ajena, no pudiese ser privado, molestado ny perturbado, no obstante la institucion, ereccion ó estatutos de la dicha iglesia" (de Málaga). Al volver á España en mayo de 1516 recibió una carta en que el Obispo de Málaga don Diego Ramírez de Villaescusa, presidente que había sido de la Chancillería de Valladolid y á la sazón capellán mayor de la reina doña Juana, le intimaba bajo penas comparecer en Valladolid para tratar ciertos negocios, que no conocemos, pero que no le pararon daño alguno, gracias á la protección del Papa, á quien debió por aquellos días el nombramiento de "Sub-Colector de Espolios de la Cámara Apostólica", cargo lucrativo y holgado, que le permitió continuar faltando á la residencia todo aquel año y el siguiente y librarse, finalmente, de ella, mediante permuta que hizo con don Juan de Zea, del Arcedianazgo mayor de Málaga, por un beneficio simple de la iglesia de Morón. Así se notificó al Cabildo en 1519 con carta real y bula de León X. Pero sin tomar acaso posesión del nuevo beneficio, fué de nuevo agraciado por el Papa con el Priorato mayor de León, del cual se posesionó por procurador, siguiendo él en Roma, según el acta capitular de 14 de marzo de 1519, descubierta por Juan López Castrillón y publicada en el Cancionero de Barbieri, pág. 29. Sus intentos al ir á Tierra Santa y su edad se leen al principio de la Trivagia, y en este itinerario poético, que publicó á su vuelta á Roma el 1521, pueden seguirse sus jornadas. Navegó en compañía de don Fadrique Enríquez, marqués de Ribera y adelantado mayor de Andalucía, que, vuelto á Sevilla, edificó la Casa de Pilatos. La Trivagia es la última de sus composiciones conocida, obra tan devota como trivial, en 213 coplas de arte mayor, publicada en Roma en 1521, luego en Lisboa, 1580; Sevilla, 1606; Lisboa, 1608; Madrid, 1733 y 1786, debiendo la mayor popularidad de todas sus obras á ser libro de viajes y devoto. En 1526, según las actas capitulares de la catedral de León se hallaba en aquella ciudad, y allí vivió hasta el 1529, honrándole el obispo don Pedro Manuel y el Cabildo y acrecentándole su haber con generosas dádivas. En 1529 estaba ausente de León Juan del Enzina, como se ve por otra acta, y aquel mismo año murió, no se sabe dónde, sucediéndole en 1530 García de Gibraleón en el priorato.
=435.= Como músico sobresale Enzina en la subordinación de la preciosa música de sus villancicos á la letra y poesía, de la cual es acompañanta, que la engalana y no la oscurece. Como poeta, por ser músico, brilla sobre todo en los villancicos y composiciones ligeras, hechas para cantarse, y en todos los demás versos es más musical que pintoresco. El Arte de la poesía Castellana, que encabeza el Cancionero, pertenece á la tradicional escuela provenzal y añade las doctrinas humanistas del Arte en romance de su maestro Antonio de Nebrija. El trovador se engrandece tomando nombre de poeta y los modelos se hallan en la Italia antigua y moderna; olvidándose de la poesía juglaresa castellana y de la lírica provenzal cortesana, madre de la italiana, mientras explica las galas de la técnica provenzal. Las Bucólicas, la primera traducción libre de las Églogas virgilianas en coplas de arte menor, octosílabos de pie quebrado generalmente, están llenas de gracia, brío y desenvoltura, y en el rústico decir sayagués ó salmantino, á menudo llegando á ser tan parodias de las de Virgilio como lo fueron las de éste de los Idilios de Teócrito por el mismo procedimiento del simbolismo. En el Cancionero "las poesías sagradas, como dice M. Pelayo, valen menos que las profanas y las composiciones largas menos que las cortas, y los versos de arte mayor mucho menos que los villancicos y las glosas". Tiene el fino oído musical y el sentimiento de la naturaleza y de la vida rústica, en lo que se asemeja á Virgilio; con su frescura de imaginación da lindas pinceladas, su sencillez le allega al pueblo, el habla rústica añade un realismo y un tan sabroso dejo de candor, que suplen á la falta, en lo devoto sobre todo, de hondo sentimiento poético.
Del género alegórico dantesco y petrarquesco son, entre otras obras, el Triunfo del Amor, el Triunfo de la Fama, compuesto en 1492 para celebrar la rendición de Granada, y en que imita á Juan de Mena; la Tragedia trovada á la dolorosa muerte del príncipe don Juan, en 1497; pero lo artificioso de tamaño idealismo, que tan embaucados trajo á los literatos del siglo xv, no tenía arraigo en el natural realista y popular de Enzina. Tan sobado era entre cortesanos el asunto del Testamento de Amores, de la Confesión de Amores y de la Justa de Amores, y harto mejor se hallaba con las coplas ligeras de ocasión y de sociedad, donde ponía su punta de picante sátira, de burla regocijada y de inofensiva chispa, entre las que siguieron siendo famosos los llamados Disparates trovados, de Juan del Enzina, la Almoneda, el Juicio sacado de lo más cierto de toda la astrología, imitado por todos los Juicios del año posteriores, llenos de perogrulladas. Pero donde Enzina está como en su propia hacienda es en la que lo ha sido siempre del pueblo español, en los cantares, que, aun leídos sin la melodía con que los acompañaba él y los acompaña el pueblo, son lo más galano, sentido y castizo que produjo siempre la musa popular española. De hecho no pocos deben ser populares y más viejos que Enzina, el que de ellos se enamoró, los recogió y supo remedar otros propios por el estilo. Algunos son dialogados, los más pastoriles, de un candor de niño, bien que sazonados con la misma salsa maliciosa, que nunca suele faltar en los cantares del pueblo español. Juan del Enzina es el maestro de la bucólica puramente española, sin rastro de la égloga romana, ya bastardeada de la primitiva siciliana. El verso es corto; el estilo y lenguaje, sin afeites eruditos. Pocas veces llegaron á pareársele aun el mismo Lope, Góngora y Quevedo, sobre todo en la frescura y naturalidad.
Acerca de sus piezas dramáticas, no parece se representó ninguna en público ni menos por cómicos asalariados, sino en casa de los Duques de Alba las dos más antiguas, en 1492, apenas entrado él á su servicio, y son las representaciones de la Pasión y de la Resurrección, diálogos sencillos, que en la forma y asunto semejaban todavía á los misterios y dramas litúrgicos, representados hasta entonces solamente en los templos; pero ya con algunos elementos profanos y realistas, parecen luego las tres églogas de Navidad, de género pastoril, como indica este nombre, tomado de Virgilio juntamente con el sentimiento de la vida rústica, que felizmente supo casar con las costumbres y habla de los villanos de su tierra. Este lenguaje, que en poco difería del habla de Sayago, por lo que se le llamó dialecto sayagüés, era el que se hablaba sustancialmente en la provincia de Salamanca, bien que Enzina y los que le siguieron supieron armonizarlo con el común castellano, forjando de esta manera la lengua pastoril, que decía Rodrigo de Reinosa, á veces algo rebultados los barbarismos, como en el Auto del Repelón, que M. Pelayo enlaza con los juegos de escarnio de la Edad Media, y es, ciertamente, el primero en fecha de nuestros entremeses. El martes de Carnestolendas de 1494 se representaron otras dos, y en 1494 y 1495, las dos en requesta de unos amores. En 1497 se representó delante del príncipe don Juan la que Gallardo llamó El triunfo del Amor. La segunda manera del arte dramático de Enzina comienza á su vuelta de Italia con la Égloga de Fileno y Zambarda, y la Farsa de Plácida y Victoriano, representada en Roma, y la Égloga de Cristino y Febea. Hay en ellas mayor complicación, más fuerza en la pintura de personajes y más nervio en la expresión. Las pocas comedias italianas que se habían hecho hasta entonces debieron de influir poco en este adelanto; en cambio, tomó mucho, y aprendió más, de la Cárcel de Amor y de La Celestina, que salieron por aquel tiempo.
Las obras musicales de Encina se hallan en el Cancionero musical de Barbieri, que las halló en número de 68, con otras, hasta 460, en un manuscrito de los siglos XV y XVI en la biblioteca del Palacio Real. Allí están la mayor parte de los villancicos con que acaban sus piezas dramáticas. "Cuando todos los compositores de Europa, dice Barbieri, procuraban en sus obras hacer gala de los primores del contrapunto, con desprecio casi absoluto del sentido de la letra, hallamos en el Cancionero muchas composiciones en las cuales la música se subordina de una manera muy notable á la poesía. En esto Juan del Enzina se muestra á gran altura, siendo sus obras dignas de particular estudio; alguna de ellas se adelanta de tal modo á su siglo, que parece escrita en el presente". Cuanto al juicio de Enzina como poeta lírico y dramático, estamos hoy bien lejos de asentir al de Hernando de Herrera, que en las Anotaciones á Garcilaso se dejó decir, llevado de su criterio erudito y humanista, estas palabras: "Tocó esta fábula (de Tántalo) aquel poeta Juan de l'Enzina, con la rudeza y poco ornamento que se permitía en su tiempo". "Juan de l'Enzina siguió este mismo lugar en su égloga V; pero tan bárbara y rústicamente, que ecedió á toda la ignorancia de su tiempo". Tamaños juicios se dieron siempre de los autores primitivos en las épocas eruditas, y lo que para semejantes jueces librescos era rudeza y poco ornamento, es naturalidad y sencillez para los que saben juzgar de las cosas; lo que ellos llaman bárbaro y rústico es lo recio y popular, lo no bastardeado con artificios melindrosos y convencionalismos urbanos.
=436.= De la edición primera de 1496 hay ejemplar en la Academia Española; en la Nacional los hay de 1505 y 1516; en la Biblioteca Imperial de Viena vió Wolf otro de 1509 y otro tuvo Gayangos; de 1507 dice que vió otro en la biblioteca de la Reina Asenjo Barbieri; de la de 1501 en la del Gran Ducado de Wolffenbuttel. Plácida y Victoriano se imprimió en Roma, 1514, como dijo Moratín, y tuvo ejemplar sin lugar ni fecha en su colección Pedro Salvá: no se halla en los Cancioneros. Ríos atribuye á Enzina la Tragedia á la muerte de don Fernando é Isabel y dice se halla en algunas ediciones; pero la última fué del 1516, año en que murió el Rey á 13 de enero, de modo que no pudo incluirse en ediciones anteriores y no se halla en la de Coci de 1516. Las de 1496, 1501 y 1505 tienen las mismas ocho representaciones; la de 1507, dos más; la Égloga trovada y la Representación... ante... el príncipe don Juan, que Colón llama Representatio amoris en su Registro; la de 1509 además la de Fileno, Zambarda, etc., y el Aucto del Repelón; la de 1516 es como la de 1507. La tragedia Á la dolorosa muerte del Principe Don Juan se halla encuadernada al fin del Cancionero de 1496 de la Academia Española. "Tabla de las obras que en este Cancionero se contienen (edición de 1496), hechas por Juan del Enzina desde que hubo catorce años, hasta los veinte y cinco años.--Primeramente: Un prohemio (en prosa) á los Reyes nuestros señores, foja 1. Otro prohemio al Principe nuestro señor, f. 2. El arte de trovar, f. 3. Un prohemio al duque y duquesa de Alba, f. 6. La Bucolica de Virgilio, con dos prólogos al principal, y uno á los Reyes nuestros señores, y otro al Principe, f. 31. El triunfo de fama, f. 49. Unos disparates, f. 57. El triunfo de amor, con un prologo al principe, á don Garcia de Toledo, hijo primogenito del duque de Alba, f. 61. Un abecé de amores á una dama, f. 70. Testamento de amores, f. 75. Confision de amores, á su amiga, f. 79. Porqué de amores, f. 82. Glosas de motes, f. 84. Canciones, f. 85. Romances (son cuatro), f. 87. Canciones con sus desechas, f. 88. Villancicos de devocion, f. 88. Villancicos de amores... (son 28), f. 87. Villancicos pastoriles... (son 16), f. 96. Representaciones (son ocho), f. 103". Las ocho son: I. "Representacion en la noche de navidad, adonde se introducen dos pastores, y el uno entró primero en la sala á donde el Duque y Duquesa de Alba estaban, y llegó á presentar en nómbre de Juan del Encina una obra de la mesma fiesta enderezada á la Duquesa, mostrándose muy dichoso porque le habian ya recebido por suyo; y el otro entró despues y comenzóse á razonar con él en nómbre de los detratóres y maldicientes". II. "Otra en la mesma noche donde se introducen cuatro pastores, en nombre de los cuatro evangelistas, que hablan de la natividad de nuestro Salvador". III. "Otra á la pasión de nuestro Redentor, á donde se introducen dos hermitaños y una muger llamada Verónica, que hablan de su preciosa pasión y muerte; y un ángel que les vino á consolar con esperanza de la resurección". IV. "Otra de la resurección de Cristo á donde se introducen Josef de Alarimatia, y la Magdalena; y los dos discípulos que iban al Castillo de Emaús, que hablan de la resurección, y un ángel que les acrecentó el alegria". V. "Otra en la noche postrera de carnal, á donde se introducen cuatro pastores mostrando gran pesar y tristura, por que se sonaba que el Duque de Alba su señor se habia de partir á la guerra de Francia". VI. "Otra en la mesma noche y por los mesmos pastores comiendo y beviendo y festejando mucho aquella fiesta". VII. "Otra en recuesta de unos amores, á donde se introducen un escudero, y un pastor, y una pastorica recuestando del uno y del otro sobre cual la ternia por amiga". VIII. "Otra á donde se introducen los mismos de arriba y otra pastora que era esposa de aquel pastor; y todos juntamente deseando de ser pastores, se tornaron del palacio".
=437.= Cancionero de las obras de Juan del Enzina, Salamanca, 1496; Sevilla, 1501; Burgos, 1505, 1508; Salamanca, 1507 y 1509; Zaragoza, 1512 y 1516. Todas ediciones rarísimas; la más completa, la de Salamanca de 1509. Teatro completo, ed. F. Asenjo Barbieri, Madrid, 1893; Arte de poesía castellana, reimpreso por M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. V, págs. 30-47; Cancionero musical de los siglos XV y XVI [contiene 68 poesías de Enzina], ed. F. Asenjo Barbieri, Madrid, 1904; Cancionero de Uppsala, ed. R. Mitjana, Uppsala, 1909. Consúltense: M. Menéndez y Pelayo, Antología de poetas líricos, etc., t. VII, págs. I-C; E. Cotarelo y Mori, Estudios de historia literaria, Madrid, 1901, págs. 103-181; R. Mitjana, Sobre Juan del Enzina, músico y poeta: nuevos datos para su biografía, Málaga, 1895; E. Díaz Jiménez y Molleda, Juan del Enzina en León, Madrid, 1909, donde se hallan los documentos que prueban la fecha de su muerte; J. P. Wickersham Crawford, The Source of Juan del Encina's Égloga de Fileno y Zambarda (Revue Hispanique, XXX).
=438.= Juan del Enzina es el principal representante de los dramaturgos eruditos que supieron llevar á la literatura erudita la lírica ó cantares de la literatura antiquísima del pueblo y la dramática, que desde los más antiguos tiempos cultivaba el pueblo, ya en misterios religiosos, representados en templos y procesiones, con el natural acompañamiento del elemento humano de personajes, tipos, costumbres, etc., ya en juegos de escarnio, chacotas y momos, ó escenas puestas en acción para burlarse unos de otros y tomar un rato de broma. Así nacieron la verdadera lírica y la verdadera dramática, como la épica verdadera, para la literatura erudita, en esta época en que los autores supieron apreciar lo popular en todos los géneros literarios.